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~ DIOS TIENE UN CORDERO PROVISTO ~
1Leamos del—del Libro de San Marcos, creo que he decidido leer y hablar un ratito sobre eso, el versículo 46 del—del capítulo 10. Pongámonos de pie en respeto a la Palabra, mientras leemos. La Palabra es Dios. Todos sabemos eso. Uds. se ponen de pie para rendir homenaje, lo cual deberían hacer; Uds. se ponen de pie para saludar la bandera mientras que pasa; por qué no hacerlo ante la Palabra de Dios cuando está siendo leída? Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y enseguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
2Oremos. Gran Espíritu Santo, vivifica esta Palabra a nosotros, en este pequeño drama de esta noche. Que podamos ver esta escena siendo vivida una vez más, y que al hacerlo, cobremos fe de que Dios aún vive, y es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Lo pedimos en el Nombre de Jesús, Su Hijo amado, nuestro Salvador. Amén. Pueden sentarse.
3Nuestro tema en esta noche es: Dios Tiene Un Cordero Provisto.
4Esta mañana tuvimos un tiempo muy tremendo, mientras que vimos a Jesús entrar a Jericó. Y encontramos que había un hombrecito allí llamado Zaqueo. Él—él se subió en un árbol sicómoro y se camufló, porque él no creía que Jesús era un profeta. Pero su esposa era discípula de Jesús, y ella había estado orando por él. Y cuando Jesús pasó debajo del árbol, se detuvo, alzó la mirada y lo llamó por su nombre, y le dijo: “Desciende, hoy voy a casa contigo”. Y yo pensé que en esta noche sería bueno, también, mientras estamos aquí, que continuáramos con Jesús. Esta mañana le pedimos a Él que se fuera con nosotros, y nosotros queríamos irnos con Él, así que sigamos con Él a través de Jericó.
5Ahora, esta noche, nuestra escena comienza en el mismo lugar, en Jericó nuevamente, y ya Jesús está en la casa de Zaqueo, disfrutando de Su—Su comida. Es un día frío de octubre, y todavía es muy temprano por la mañana, y el viento está bajando por la—la montaña. En Judea se pone muy frío allá arriba, temprano en la mañana, especialmente en esa época del año.
6Y el país en ese tiempo, así como es allá en los países antiguos, está lleno de mendigos. Ellos se ponen a mendigar en las esquinas de las calles. Yo… Allá en aquellos países, las calles aún se llenan de mendigos. En la India, oh, en África, y en muchos lugares, aún tienen mendigos; cojos, rencos, ciegos, secos. Y algunas veces son personas que no pueden mantenerse, a sí mismos, y simplemente mendigan, se sientan allí y a veces mueren de hambre.
7Yo, en la India, he pasado por las calles, con un poco de dinero que esa gente me había dado, y lo cambié de dólares a rupias. Y tratando de—de repartirlo, pues, ellos tuvieron que buscar a una milicia para que me sacara de la calle; me estaban atropellando. Y había mujercitas pobres tiradas allí, muriéndose del hambre. Había un niñito que ya tenía la carne pegada a los huesos, debido al hambre, y se le veía donde se unía el cráneo. Y le entregaban el niño a uno, tratando de que uno se llevara al niño para que no muriera. Pero si uno tomaba a este, qué de aquel, y de este, qué de…? Oh, hermano!, es, Ud.—Ud.… Si Uds. vieran… Lo que nosotros desechamos aquí en el bote de la basura, casi alimentaría a esa gente. Uds. sencillamente no se dan cuenta de cuán rico es este país, cuando ven al resto del mundo muriéndose de hambre.
8Y está lleno de mendigos. Y hoy, al abrirse nuestra escena, había un… Encontramos que en Jericó, normalmente todos estos mendigos vienen a la puerta norte, que bajaba desde Jerusalén. Jericó no era una ciudad muy rica. Pero Jerusalén, el gran lugar famoso del templo, de estilo propio, y—y todos los ricos se habían mudado a Jerusalén, y ella era una gran ciudad prestigiosa. La gente que provenía de allí era bastante adinerada. Los mercaderes y demás, cuando ellos llegaban, de día, estos mendigos tenían sus puestos; era una ley no escrita, cada uno de ellos sabía donde tenderse para su, mendigar por su pan, por su limosna.
9Y ellos tenían que llegar allí temprano cuando llegaran los mercaderes, porque tal vez ese hombre ayudaba a un solo mendigo por día, tenía una moneda que se metía al bolsillo antes de irse. Y, por supuesto, en ese tiempo, Roma gobernaba en Palestina, y la moneda que circulaba era el denario romano. Así que tenían una—una monedita que él le lanzaba al primer mendigo, quizás, y eso era todo por ese día. Él no podía darse el lujo de darle—darle a todos los mendigos. De modo que el primero que le salía al encuentro, desde luego, obtenía la moneda. Así que ellos tenían sus lugares fuera de las puertas, incluso antes de que la gente entrara a la ciudad, los turistas, y demás. Y ellos se colocaban especialmente hacia esa puerta del norte, para pedirles a los turistas que venían desde allí.
10Y mientras vemos en esta mañana de la cual estamos hablando, el sol ya empezaba a levantarse, eran como las nueve, y hubo un mendigo ciego que llegó un poco tarde.
11Él había pasado una mala noche. Era ciego. Había estado ciego desde que era un muchachito. Y había llegado tarde. Él no… Él se quedó dormido esa mañana, debido a que toda la noche había estado soñando que podía ver otra vez. Y él había dado vueltas en la cama. Y—y que él podía ver, él pensaba que podía ver, y despertarse con esta desilusión, que él no podía ver. Realmente, sólo había sido un sueño.
12Y él se había encaminado hacia su lugar. Y cuando llegó allí, (ahora, esto es un drama, para llegar a mi punto) no había nadie allí. Algo extraño había sucedido. No eran más de las nueve y media, más o menos, o las diez, y—y no había más mendigos allí. Normalmente toda persona estaba en su lugar. Él no sabía qué había ocurrido en la ciudad; como veíamos esta mañana en nuestro desayuno, y hablábamos. Jesús había pasado por la puerta y había entrado a la ciudad, y—y mucha gente había ido a averiguar de qué se trataba todo aquello, y los mendigos se habían ido. Pero él no sabía esto debido a que había llegado tarde. Así que podríamos verlo a medida que empieza a llamar a nombres distintos, pero no—no había nadie allí. Era una escena un tanto solitaria. Él pensó, bueno, que quizás los—los oficiales romanos los habían corrido del lugar, o algo. No escuchaba a nadie, así que él… Hacía un poco de frío, y él estaba andrajoso, su ropa estaba bastante desgastada.
13Y él anduvo tanteando hasta que se encontró una roca que estaba expuesta al sol, que posiblemente se había desprendido de los muros cuando Dios derribó esas viejas murallas en los días de Josué. Él se sentó sobre esta roca y trataba de meditar en su sueño la noche anterior, cuán real sería si es que pudiera ver. Pero, él—él no podía ver. Era ciego. Y empezó a meditar en estas cosas, y en su mente volvió a la niñez.
14Uds. saben, a—a mí me gusta hacer eso, sentarme y meditar en las cosas que han pasado, cosas agradables, en las victorias que he visto al Señor alcanzar, y—y en esos tiempos.
15Y Bartimeo, como le conocemos de nombre, soñando esa noche que había recibido su vista, él empezó a meditar en cuán real sería si pudiera ver de verdad. Él pensó: “Oh, hace tanto tiempo que estoy ciego que ni sé cómo moverme de nuevo”. Así que se puso a meditar acerca de muchos años atrás, cuando él era un muchachito. Él solía jugar allá afuera, al lado de la colina, es en la ribera donde desciende el Jordán; y el valle queda allí abajo, donde ellos cultivaban granos. Y digamos que él vivía al lado de la colina. Y él recordaba lo lindo que era, y durante la primavera, observar las—las florecitas mientras crecían; y cómo es que él recogía puñaditos de ellas y se sentaba a contemplar los hermosos cielos azules.
16Uds. saben, la ceguera es una cosa horrible. Cuando yo veo a un hombre ciego, mi corazón se conduele de él. Pero, sin embargo, yo conozco una ceguera que es peor, la ceguera espiritual; cómo es que Dios hizo al hombre para—para visualizarlo a Él, y ellos no pueden hacerlo.
17Una vez estuve en el zoológico de Cincinnati, mi hijita y nosotros estuvimos allí. Como Uds. saben, yo soy un gran amante de la naturaleza. Vi que habían atrapado a un águila y lo habían metido en una jaula, y ese pobre animal! Yo escuché un ruido; y llevaba a Sara de la mano, y—y fuimos a esa jaula. Y allí estaba esta gran ave, ensangrentada por toda la cara, se le habían desprendido todas las plumas. Yo pensé: “Qué escena más lastimosa!”
18Él se agachó. Caminó hacia atrás al otro lado de la jaula. Pegó un salto y aquí venía, batiendo sus alas nuevamente, para—para golpear la cabeza contra el lado de la—de la jaula, batiendo las alas para arriba y para abajo, tratando de salir de la jaula, golpeaba y se salían las plumas. Pero él estaba aprisionado. Volvió a caer al suelo y se quedó allí, y sus ojos daban vueltas, miró hacia arriba y vio los cielos azules para los cuales él había nacido. Uds. saben, él es un ave celestial. Pero, vean, cierto logro sabio del hombre lo había puesto en una jaula.
19Yo estuve allí mirándolo. Pensé: “Yo daría cualquier cosa si pudiera comprarlo. Si pudiera comprarlo, lo soltaría y le diría: “'Vete, amigo, a ti—a ti te gustará eso. A mí también. Sé libre y ve allá arriba. Tú perteneces allá arriba. Tú naciste para eso'”. Yo pensé: “Esa es la escena más lastimosa que yo haya visto”.
20Levanté a Sara, la sostuve en mi brazo y le dije: “Cariño, he allí una de las peores escenas que tus ojos jamás mirarán”.
21Me quedé allí, meditando. Pensé: “No, yo—yo conozco una escena peor que esa. Mira allí en esa colina; esos hombres con una lata de cerveza en la mano, mujeres con pantalones cortos, y con un cigarrillo”. Cuando ellos en realidad nacieron para ser hijos e hijas de Dios, y allí están en una jaula de pecado en la que satanás los ha metido. Es lastimoso, están ciegos espiritualmente, enjaulados; tal vez pertenecen a cierta iglesia, cantan en un coro, pero sin embargo están enjaulados en el pecado.
22Y Bartimeo trataba de acordarse del tiempo cuando era un muchachito, cómo es que más o menos cuando eran las dos de la tarde, su hermosa madrecita judía lo llamaba: “Bartimeo”. Él casi podía oír su voz otra vez, a medida que hacía eco por las colinas, y él venía corriendo. Y ella salía al porche de enfrente y agarraba la vieja mecedora, y lo subía a sus brazos. Y él recordaba cómo miraba los ojos lindos de ella, y la madre tan bella que él tenía. Y cómo es que ella acostumbraba mecerlo para que se durmiera, para que tomara su descanso de la tarde. Y al hacer eso, ella le contaba historias, historias de su pueblo, y de los grandes y poderosos profetas que había habido entre ellos. Y cómo es que a él le encantaba eso, le encantaba escucharlo.
23Es una lástima que las madres sienten a sus niños frente a un programa de televisión de algún escándalo de Hollywood; en vez de hacer la misma cosa, contarles historias bíblicas.
24Pero ella era una genuina madre hebrea, y le contaba historias al pequeño. Ella le decía, le contaba acerca de Dios enviando al gran y poderoso profeta, Moisés, cuando ellos eran esclavos allá en Egipto. Dios le había prometido al Padre Abraham que Él los libertaría. Y Él se le apareció a un—un—un gran profeta que Dios levantó entre ellos, llamado Moisés. Y Él vino en la forma de una Columna de Fuego, y envió a Moisés a Egipto, y las grandes y poderosas señales y maravillas bajo las cuales él los había sacado a ellos. Y cómo es que en el desierto, sin pan ni nada que comer, sin embargo ellos estaban caminando en la línea de obediencia, y Dios hizo llover pan del cielo.
25Y puedo oír al pequeño Bartimeo decir: “Madre, un momento. Dios debe tener a todos Sus Ángeles trabajando allá arriba, y Él tiene hornos enormes por todos los cielos, y los Ángeles trabajan sobre tiempo, preparando el pan, y lo empujan sobre el…”
26“No, cariño, tú eres demasiado joven para entender. Mira, Jehová no tiene que hacer eso. Jehová no tiene que tener hornos. Él es un creador. Él simplemente lo habla, y así es”.
27Entonces qué vamos a decir acerca de Jesús, cuando lo vemos a Él tomar la misma cosa? Debe haber algo piadoso en cuanto a Él. Hoy en día alguien trata de hacerlo a Él sólo un profeta, o un hombre común y corriente, o un filósofo, un buen maestro. Él no era nada menos que Dios manifestado en carne.
28Allí mientras ella le hablaba y le contaba acerca de cómo es que viniendo a través del—del—del gran desierto, el cual en ese tiempo estaba justo al otro lado del Jordán, y cómo es que en la época de la primavera, en el mes de abril, cuando la nieve se derretía, arriba en Judea, y todas las aguas de la montaña bajaban, y todo el Jordán estaba—estaba lleno de agua, los grandes remansos en el fondo del río. Parecía como que Jehová era un mal guía, al llevar a Su pueblo en ese tiempo cuando los ríos estaban desbordados, estaban peores. Cómo es que ellos serían capaces de construir un puente para cruzarlo? Y el pequeño Josué, o el pequeño… Josué no.
29Pero el pequeño Bartimeo pudiera haber dicho: “Mamá, cómo lo hizo Él?”
30Dijo: “Cariño, recuerda que Jehová aún es el creador. Él simplemente habló y el…”
31A Dios le gusta hacer cosas en un… cuando están en desorden, y mostrar que él es Dios. En plena primavera! Cuando en la época de verano, uno probablemente pudiera cruzar el Jordán muy fácil allí, hay un vado desde la ciudad. Nosotros sabemos eso, por medio de los espías que fueron allá y vinieron a éste. Pero Dios permitió que todos los valles se llenaran de agua, y entonces vino y utilizó su gran poder del Cielo e hizo un camino seco a través de él. Allí estaban las rocas justo debajo, donde Josué había hecho que ellos las apilaran, como un memorial a Jehová, de cómo es que su pueblo fue cuidado. Y él…
32Otra que a él—a él le gustaba mucho, era acerca de la--la mujer Sunamita. Él se acordaba de eso. Y su madre solía contarle la historia de la Sunamita, y del gran profeta, Elías, en su día, y de cómo es que esta mujer había sido amable con este profeta. Sin embargo, ella no era exactamente una Israelita. Ella era una Sunamita.
33Así que ella creía que Elías era un profeta, un gran profeta del Señor. Entonces cuando… Un día ella le dijo a su esposo: “Hagámosle un pequeño aposento al lado de nuestra casa, y mostrémosle amabilidad, porque él es un— él es un gran hombre.
34Y cómo es que un día cuando Elías y Giezi, su siervo, llegaron y ellos habían visto toda esta bondad, él le dijo a Giezi: “Anda y—y—y pregúntale: ‘Qué podemos hacer? Puedo hablar con el rey o con el capitán en jefe?'”
35Ella respondió: “No, yo habito en medio de mi pueblo. Todo está bien”.
36Pero Giezi dijo: “Ella es estéril. Ella es vieja, su marido es viejo, y ellos no tienen hijos”. Y dijo…
37Y Elías debe haber visto una visión. Él dijo: “Ve y dile: ASÍ HA DICHO JEHOVÁ, ella va a tener un varoncito”. Y, en nueve meses, vino el varoncito.
38[Espacio en blanco en la cinta—Ed.]… de edad, él estaba con su padre, afuera en el campo, en la cosecha, y debió haberle dado una insolación. Él gritaba: “Mi cabeza! Mi cabeza!”. Y su padre lo mandó para la casa. La madre lo cargó sobre sus piernas, y lo meció, y posiblemente le dio todos los remedios que había para darle. Pero el muchachito se puso peor hasta que finalmente, como al mediodía, murió.
39Y cómo es que esa madrecita no iba a ser derrotada! Cuando el padre llegó, y todos los vecinos vinieron y estaban llorando y gritando, el pequeñito estaba muerto, pero aun así ella tenía fe en este profeta, un profeta hebreo; y ella era una gentil. Ella dijo: “Enalbárdame una mula, y—y no—no—no te detengas, sino déjame ir a esa cueva donde vive este profeta, allá en el Monte Carmelo”.
40Y su esposo dijo: “No es luna nueva ni día de reposo, y él no estará allá”. Ella dijo: “Todo estará bien”. Dijo: “Ve pues”.
41Y cuando Elías la vio venir, él y Giezi salieron de la cueva, y miraron, parados allí. Y ahí venía ella. Él dijo: “Aquí viene la Sunamita, y ella está angustiada, pero Dios no me ha revelado el motivo, a mi corazón”.
42Uds. saben, Dios no le dice todo a sus profetas, sólo lo que Él quiere que ellos sepan.
43Entonces él—él miró, y dijo: “Ella está…” Dijo: “Sal a su encuentro, y pregúntale: 'Está todo bien contigo? Está todo bien con tu esposo? Está todo bien con el niño?'” Y esta es la parte que a mí me gusta, también.
44Cuando Giezi se encontró con ella, le preguntó: “Está todo bien contigo? Está todo bien con tu esposo? Está todo bien con el niño?”
45Ella respondió: “Todo está bien”. Un niño estaba muerto, un esposo gritando, lágrimas bajaban sobre su corazón, pero, “Todo está bien”. Ella había venido delante del hombre que pudo hablarle y bendecirla, y, ella tuvo al bebé, seguramente Dios le revelaría el por qué se lo llevó”. “Jehová dio, Jehová quitó, bendito sea el Nombre del Señor!” Ella quería saber el por qué.
46Y entonces cómo es que ella se acercó y cayó a los pies de Elías, y Giezi la levantó; eso no era conveniente para su maestro. Ella reveló lo que pasaba y Elías fue y levantó al muchachito, al poner su cuerpo sobre él.
47Y quiero que Uds. se fijen también en la fe de esa madre. Ella acostó al niño en la cama donde Elías había estado durmiendo. Quiero que Uds…
48Quiero aclarar la idea de Pablo aquí, a mi manera de verlo. Uds. saben, Pablo ponía pañuelos sobre los enfermos y afligidos, y delantales. Yo no creo que Pablo estaba fuera de las Escrituras. Yo pienso que fue de aquí de donde él sacó eso. Recuerdan qué fue lo primero que Elías le dijo al—a Giezi? “Toma mi báculo y ve y ponlo sobre el niño”. Él sabía que todo lo que él tocaba era bendecido. Recuerden que Pablo no oraba por los pañuelos. Ellos simplemente los llevaban de su cuerpo. Esa era la fe de la gente.
49Así que, ven Uds.?, él dijo: “Toma mi báculo y (si alguien te saluda, no le saludes) ponlo sobre el niño”.
50Pero la fe de la mujer no estaba en el báculo; estaba en el profeta. Y ella dijo: “No te dejaré hasta que… Vive tu alma que no—no te dejaré”.
51Entonces Elías, para deshacerse de ella, tuvo que ir con ella. Así que entró y colocó su cuerpo sobre el niñito muerto, y éste estornudó siete veces y volvió a la vida.
52Oh!, qué—qué historia tan tremenda era ésa para este pequeño Barti-… Bartimeo, cuando él era un—un—un muchachito. Cómo es que a él solía gustarle esa historia, porque era una resurrección de un muchachito.
53“Pero eso fue en los días pasados”, le dice el sacerdote ahora. “Ay, esos eran los días cuando Israel tenía grandes hombres poderosos, cuando grandes profetas poderosos anduvieron en la tierra”. Pero los sacerdotes decían: “Saben, Jehová ya no necesita profetas”. No solamente dicen eso los sacerdotes. Pero—pero ellos lo dijeron en ese entonces: “Jehová ya no necesita profetas. Él nos dio la ley, y nosotros construimos una iglesia, un templo, y eso es todo lo que necesitamos”. Y más o menos así ellos lo creen hoy, pero Jehová sigue siendo Jehová y Él no puede cambiar Su manera de ser; Él es Dios, y no cambia. Ahora, ellos creían que eso—eso era todo lo que ellos—ellos necesitaban.
54Y así que mientras él estaba sentado allí soñando despierto, por decirlo así, meditando al respecto, y sus ojos ciegos se levantaron hacia el sol caluroso; de repente, él escucha el chasquido de las pezuñas de una mulita que venía caminando por el—el camino rocoso, viniendo desde Jerusalén, por los adoquines, entrando. Él escuchó con atención, y había alguien con sandalias en los pies que venía corriendo delante de la mula. Y él sabía que ése debía ser un hombre rico, porque viajaba en mula y tenía también a un siervo para guiarla.
55Así que él se levanta, sabiendo que tenía que conseguir un poco de dinero para--para vivir. Entonces se levanta y se pone el manto alrededor, y era un pequeño manto andrajoso, y sale hacia la calle, diciendo: “Quisiera una limosna. Llegué tarde esta mañana. Quisieran darme una limosna, por favor? Yo soy ciego”.
56Y oímos que viene una voz áspera: “Apártate, mendigo! Yo soy el siervo de Jehová. Soy un sacerdote. Vengo de Jerusalén, enviado por la asociación, para detener esa reunión de sanidad que va estar aquí esta mañana en—en Jericó. Tengo que reunirme con los hermanos de aquí y ocuparme de que esa cosa no siga engañando al pueblo. Hay un profeta falso en la tierra, ven? Nosotros… hemos sabido que él está en Jericó esta mañana, y yo voy en camino. Apártate de mi camino!” Sacerdote. “Y, muy bien, siervo, ándale” Y la mulita se fue trotando nuevamente.
57Entonces el mendigo regresa tanteando su camino hasta que encuentra la roca y se sienta. Él continuó su sueño, y entonces se puso a pensar: “Allá en ese caminito donde yo estaba parado; no hace mucho tiempo, ese grande y poderoso profeta, Elías y Eliseo, vinieron, agarrados de los brazos, yendo hacia el Jordán. Y el Jordán iba a abrirse de nuevo. Y al otro lado, había un carro de Fuego y caballos de Fuego, amarrados a una rama allí, para este profeta cansado, Elías, para llevárselo a casa. Y él debía ver esto, el joven Eliseo. Eliseo había de mirar atrás y ver el ministerio delante de él, que tenía por delante. Él tenía que mantener sus ojos sobre este profeta”.
58Y yo me imagino que Bartimeo dijo: “Si yo tan sólo hubiera vivido en aquel día, y hubiera estado sentado aquí, yo hubiera salido corriendo hacia esos profetas, caído sobre mi rostro y habría dicho: 'Oh, profeta de Dios! Ora por mí, y Jehová me devolverá la vista'. Pero el sacerdote dice: 'Eso, ya no existe tal cosa. Nosotros no tenemos eso. Jehová ya no sana por Su poder. Nosotros tenemos doctores y cosas que hacen eso. Y ya no necesitamos eso. Así que Jehová no sana. Eso fue en los días pasados. Nosotros simplemente guardamos la ley. Nos enfermamos, y morimos y vamos al Cielo, y eso es todo. Eso es todo lo que necesitamos'”.
59A medida que se ponía a pensar, entonces se recordó. Ni a quinientas yardas de donde él estaba sentado; después de que Israel había cruzado y acampado, y todos estaban colocados en orden, las tiendas estaban todas en sus lugares, esperando las órdenes para marchar hacia Jericó. Y posiblemente la roca en la que él estaba sentado era una de las que Jehová había hecho volar de los—de los muros.
60Y dijo: “Imagínense! No hace mucho tiempo, un poderoso guerrero, Josué, aquel grande y poderoso siervo de Dios, cruzó el río, en la primavera, armó las tiendas, justo enfrente del enemigo. Un día, mientras estudiaba su estrategia de ataque contra Jericó, una tarde mientras salía a caminar, o una mañana, inspeccionando las puertas, y lo grande que eran. Se podían hacer carreras de carrozas encima de ella, caballos, en fila de varios, alrededor de la puerta. Cómo es que Josué estaba mirando. Él miró parado frente al muro, y allí estaba un Varón con Su espada desenvainada. Josué sacó su espada y le salió al encuentro. Josué exclamó y dijo: 'Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?' Él respondió: 'No, Yo soy el Príncipe de las huestes de Jehová'. El poderoso Josué tiró su espada al suelo, se quitó su yelmo y cayó ante Sus pies”.
61El ciego Bartimeo pensaba: “Eso no fue ni a quinientas yardas de donde estoy sentado ahora mismo. Donde la poderosa hueste de Jehová, el Príncipe de las huestes, y Josué se inclinó a Sus pies. Oh, si tan sólo yo hubiera estado allí en esas tiendas, ciego entonces, yo le hubiera pedido a ese Príncipe poderoso de las huestes de Jehová que me diera la vista, y Él lo hubiera hecho”. Él no se imaginaba que ese mismo Príncipe estaba a menos de cien yardas de él.
62Allí es donde cometemos nuestras fallas en esta noche. Tratamos de poner toda la gloria, y a Cristo, allá atrás en otra edad. La Biblia dice que: “Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. Él está en este edificio en esta noche, igua como cuando anduvo en Galilea o en Jerusalén.
63Ese gran Príncipe estaba saliendo de la casa de Zaqueo, y la gente estaba—estaba esperándolo afuera.
64A los pocos minutos, él escucha un ruido, y ese ruido tenía una voz mezclada.
65Unos decían: “Hosanna al Profeta que viene en el Nombre del Señor! Bendito es el Profeta de Galilea, el Siervo de Jehová!”
66Otros decían: “Fuera con tal Persona! No permitiremos nada de Esto por aquí en esta ciudad”. Y mientras salían, algunos de ellos les arrojaban frutas podridas, a medida que Él pasaba por la puerta.
67Y él—él nunca había escuchado algo como eso, entonces dijo: “Qué sucede? De qué se trata todo este ruido? Qué es lo que pasa por aquí?” Y la gente empujaba.
68Al poco rato él escuchó la voz de ese mismo sacerdote que fue a buscar a la asociación para que no permitiera la reunión. Él le escuchó decir: “Me dicen que Tú resucitas a los muertos. Aquí arriba en la colina tenemos todo un cementerio lleno de ellos, veámoste subir allí y resucitar algunos delante de nosotros”.
69Pero, Uds. saben, Él se dirigía hacia Jerusalén, iba subiendo para ser crucificado. Todos los pecados del mundo estaban sobre Él, y Él estaba yendo a Jerusalén para ser ofrecido como sacrificio. Y ellos le escarnecían y se burlaban de Él; algunos de ellos le bendecían, y otros le maldecían. Así como sucede prácticamente en toda reunión donde Él está, unos están a favor de Él, y otros están en contra. Pero parecía como que eso no le molestaba a Él. Él estaba decidido a terminar Su carrera. Y Él seguía caminando, firmemente, a medida que avanzaba, mirando hacia Jerusalén. Doce hombrecitos lo tenían cercado allí, tratando de contener a las multitudes. Unos trataban de tocarle. Y otros gritaban y se burlaban de Él, y—y así sucesivamente.
70Y la multitud le pasó por encima al anciano ciego, quien es nuestro personaje en esta noche, y ellos lo habían tumbado al suelo. Y pensemos que hubo una jovencita hermosa que pasó, y quizás había sido hermana de Rebeca, la de nuestra historia de esta mañana, o era una—una creyente en Cristo. Y ella los vio empujando al anciano, y vio que él era… ellos fueron desconsiderados con él. Pero siendo que ella era una creyente en Jesús, eso la hizo ser amable a ella. Siempre lo hace. Hace que seamos considerados con los ancianos y con aquellos que están necesitados. Ese anciano había sido empujado al suelo, y ella se inclinó para levantarlo. Ella…
71Él quizás le dijo a ella, algo así: “Jovencita, yo noto, por su voz, que Ud. es una jovencita”.
72“Sí, lo soy. Quiere ponerse de pie, señor? Creo que ellos pudieran lastimarlo a Ud.”
73Él dijo: “De qué se trata todo ese—ese alboroto? Qué es todo eso confuso, toda esa confusión aquí afuera? De qué se trata todo esto?”
74“Pues”, dijo ella: “no se había enterado Ud. que Jesús de Nazaret, el Hijo de David, está en la ciudad? Ése es Él que está pasando por aquí, el Profeta de Galilea. Quiere decir que Ud. no sabía?” “No, yo—yo—yo jamás había escuchado de Él”.
75“Bueno, déjeme decirle lo que sucedió esta mañana en la ciudad. Conoce Ud. a Zaqueo, el hombre del restaurante?” “Sí”.
76“Él siempre había sido un poco crítico. Su esposa era una creyente. Y esta mañana, Zaqueo estaba en un árbol para ver pasar a Jesús. Todos nosotros sabemos que Él es el Profeta. Y cuando Él pasó, se detuvo, miró hacia arriba y llamó a Zaqueo por su nombre; nunca antes había estado en Jericó”.
77El anciano mendigo se animó. Él dijo: “Entonces eso es el cumplimiento de Deuteronomio 18:15, 'Jehová nuestro Dios levantará un profeta semejante a Moisés'. Ése debe ser Él. Si es Él, adónde está Él ahora?” “Él está como a cien yardas bajando la calle”.
78Ya lo había pasado de largo, pensó él. Así que empezó a clamar: “Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. Ten misericordia de mí, oh Hijo de David. Mientras estás pasando, ten misericordia”.
79Ahora, físicamente, Él nunca hubiera podido escuchar su voz, por causa de todo el alboroto. Algunos le alababan, unos le bendecían, y otros le maldecían. Y, el alboroto, Él nunca hubiera podido escucharlo.
80Pero Él era la Palabra. Y cuando un alma está clamando; como aquella mujer con el flujo de sangre, que tocó Su vestidura. La Biblia dice que: “Él se detuvo”. Eso lo detuvo a Él. Piensen en eso, sólo piensen en eso; que el—el llamado de ése ciego, de ese anciano mendigo insignificante, y con los pecados del mundo y la carga sobre Él, yendo a Jerusalén para convertirse en una ofrenda por el pecado, sin embargo, el llamado de una sola alma humana hizo que Él se detuviera y se quedara quieto.
81Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Un solo llamado, en esta noche, lo traerá a Él a la escena, igual como sucedió en aquel entonces. Cómo es que Él sigue siendo el mismo!
82Recuerdo una noche viniendo de Dallas, Texas. Hace varios años. Me quedé varado en—en Memphis. Y ellos (la aerolínea) me pusieron allí en un hotel muy famoso, el Hotel Peabody. Y me dijeron que me llamarían a la mañana siguiente, a tiempo de coger la limosina, para regresar al avión.
83Y yo había dormido bien durante la noche; me levanté a la mañana siguiente, había escrito algunas cartas e iba a la oficina de correo, para enviarlas. Salí y empecé a bajar por la calle. Y de repente, sentí que Algo me dijo: “Detente y regresa”.
84Bueno, Uds. saben cómo es que la gente tiene ciertas impresiones. Y pensé: “Bueno, probablemente eso es lo que fue”.
85Seguí un poco más adelante, y Eso continuaba diciéndome: “Detente y regresa”.
86Bueno, yo—yo llegué hasta una esquina, había un enorme policía Irlandés allí en la esquina, y yo no… Yo estaba mirando las cañas de pescar y cosas, en una vitrina. Y quizás me detuve allí mucho rato por lo que él pudiera ponerse sospechoso de que yo estaba tratando de agarrar una de esas cañas, así que me di la vuelta y comencé a caminar de regreso. Y caminé, más rápido, más rápido, y pasé junto al hotel, y seguí bajando hacia el río, bien lejos. Yo no sé, creo que pudiera encontrar el lugar, esta noche. Y pensé: “Bueno, se está haciendo tarde, pero Algo…”
87Creen Uds. en ser guiados por Dios? [La congregación dice: “Amén”.— Ed.] Y mientras seguía caminando, yo—yo… Se estaba haciendo tarde y yo sabía que tenía que darme prisa, pero Algo me decía: “Sigue, sigue”.
88Y cuando se me hizo casi demasiado tarde como para regresar y tomar mi avión, pensé: “Bueno, yo—yo debo seguir esta guianza”. Y resultó que iba cantando este cantito (yo acababa de encontrarme con Uds. la gente pentecostal), acerca de: Ellos estaban reunidos en el aposento alto, Y todos oraban en Su Nombre, Y bautizados en el Espíritu Santo, Y poder para servicio vino.
89Alguna vez habían oído ese cántico? “Y estoy contento que puedo decir que soy uno de ellos”. Yo estaba tratando de repetir eso una vez más, diciendo: Ven, mi hermano, busca esta bendición Que limpiará tu corazón de pecado.
90Y mientras iba bajando por la calle, miré, y había una sureña típica reclinada sobre una pequeña cerca, y había una casita de gente de color allí, era como una cabañita encalada, estaba asomada sobre la cerca. Ella tenía una camisa de hombre amarrada en la cabeza.
91Y yo dejé de cantar y seguí caminando. Yo no sabía adónde iba; Él simplemente dijo: “Sigue, sigue caminando”. Entonces cuando llegué muy cerca de ella, vi que ella estaba como sonriendo. Yo la miré y volteé mi cabeza y seguí caminando.
92Ella dijo: “Buenos días, pastor”. Ahora, en el sur, pastor quiere decir “ministro”. Y yo—yo dije: “Buenos días, señora”.
93Miré hacia atrás y pensé: “Cómo supo ella que yo era un pastor?” Y yo no tenía Biblia ni nada. Me volteé y le pregunté: “Cómo supo Ud. que yo era pastor?” Ella dijo: “Yo sabía que Ud. iba venir”. Y yo dije: “Para mí eso es algo extraño”.
94Y—y ella dijo: “Alguna vez ha leído Ud. acerca de la mujer Sunamita?” Yo dije: “Oh, sí señora”.
95Ella dijo: “Ud. sabe, ella no… ella era estéril, no podía tener hijos”. Yo dije: Sí señora, recuerdo la historia”.
96Dijo: “Y ella le prometió al Señor, que ella iba a criar a ese niño para el Señor, por supuesto”. Y dijo: “Ud. sabe, yo era esa clase de mujer”. Ella dijo: “Yo no podía tener hijos, mi esposo y yo”. Y dijo: “Yo le prometí al Señor que si Él me daba un bebé, yo lo criaría para Él”. Dijo: “Él me dio el bebé”. Y dijo: “Yo crié a ese muchacho lo mejor que pude, para que le sirviera al Señor”. Ella dijo: “Pero, Ud. sabe”, dijo ella: “él se juntó con las malas compañías, y contrajo una—una—una enfermedad en su cuerpo”. Y dijo: “El doctor ya le ha puesto todas las inyecciones que puede suministrarle. Y ya se le ha ido hacia adentro”, dijo: su sangre mide más de cuatro, enfermedad venérea”, sífilis. Y continuó diciendo: “Parte de la sangre se le filtra a través del corazón. Su corazón tiene orificios en él”. Y dijo: “Él está acostado ahí adentro, inconsciente”. Y dijo: “Un doctor estuvo aquí, hace dos días, y dijo: 'El no volverá a despertar. Él está acabado'”.
97Y dijo: “Yo no soporto ver a mi bebé morir de esa manera. Y dijo: “Entonces yo—yo—yo oré toda la noche: 'Señor, si vas a llevártelo… Tú me lo diste; pero yo—yo—yo quiero oírlo decir que él es salvo; y así sabré que volveré a encontrarme con él'”. Y dijo: “Yo—yo oré, e hice una oración como la que hizo la mujer Sunamita”.
98Y dijo: “Yo—yo me quedé dormida y tuve un sueño”. Ella dijo: “Y le dije al Señor, dije: 'Tú me diste el bebé'. Y dije: 'Yo era como la mujer Sunamita, pero dónde está Tu profeta?' Y dije, Él dijo: 'Mira quién viene ahí'. Y vi a un hombre blanco con un sombrerito puesto al lado de su cabeza, y llevaba puesto un traje gris, viniendo por la calle”.
99Y dijo: “Eso fue como a las cuatro de esta mañana”. Ella dijo: “Desde entonces, yo he estado parada aquí”. Él sigue siendo Dios. Él responde en ambos extremos.
100Yo dije. “Mi nombre es Branham. Yo oro por los enfermos. Alguna vez ha escuchado Ud. acerca de mi ministerio?”
101Ella dijo: “No señor, pastor Branham, yo nunca había oído de Ud.” Y ella dijo: “No desea pasar?”
102Y cuando fui a abrir el portón… Había una pequeña cerca ahí, y el portón tenía la punta de un arado colgando en él, como allá en Arkansas. Estaba al otro lado del río, de todos modos, así que Uds. saben cómo era eso. Entonces abrí el portón y entré.
103Y cuando entré a ese hogar… Yo he estado en palacios de reyes, tres o cuatro reyes diferentes; el rey de Inglaterra, el rey Gustavo de Suecia, en muchos palacios, he ido allí a orar con ellos. Y he estado en unos de los hogares más finos, me supongo, en Hollywood. Pero nunca me sentí más bienvenido que en ése. Un cuartico sencillo, dos cuartos, una cocinita en la parte de atrás, una pequeña habitación aquí, y una camita con cabecera de madera. No había fotografías de mujeres obscenas en la pared. Pero sí había un letrero ahí que decía: “Dios bendiga nuestro hogar”.
104Miré, y ahí estaba acostado un muchacho negro, enorme, parecía tener unos dieciocho años, grande, fuerte, un muchacho de apariencia saludable. Y él tenía la cobija en la mano, y estaba haciendo: “Mm! Mm!”. Y yo dije: Qué le sucede?”
105Ella dijo: “Él—él piensa que está en un mar oscuro, perdido. Y dice, él se mantiene diciendo que está 'perdido en el mar', y no puede hallar su camino. Él piensa que está remando un bote”. Dijo: “Él ha estado haciendo eso durante dos o tres días”. Y dijo: “Yo—yo no puedo permitir que él muera de esa manera”. Dijo: “Quiere orar por él?” Yo dije: “Sí señora”.
106Empecé a hablar acerca de la sanidad. Ella no estaba interesada en eso. Ella solamente quería oírlo decir que él era salvo. Eso era todo en lo que ella estaba interesada, que él fuera salvo. Y yo—yo dije que él es…
107Ella se acercó y lo tomó por la cabeza y lo echó hacia atrás, lo besó en la mejilla y le dijo: “Dios bendiga al bebé de mamá”.
108Yo estaba parado allí observando eso, y pensé: “Sí, sí, así es”. No importaba cuánta desgracia había él traído a la familia, cuán lejos había llegado, no importaba en qué problema se encontraba, él seguía siendo el bebé de mamá”.
109Y yo pensé: “La Biblia dice: 'Una madre puede olvidar a su niño de pecho, pero Yo no puedo olvidarme de ti. Estás…' Cuánto amor hay! 'Vuestros nombres están grabados en las palmas de Mi mano'”
110Ella lo besó. Nos arrodillamos. Yo me coloqué al pie de la cama. Puse mis manos sobre sus pies y estaban calientes, húmedos.
111Y yo—yo dije: “Señora, quiere Ud. orar primero?” Y, amigo mío, yo sabía que ella había hablado con Él antes. Oh, qué oración le hizo ella a Dios! Entonces ella dijo: “Quiere Ud. orar?” Y yo dije: Sí señora”.
112Yo dije: “Padre celestial, tengo cuando menos una hora de retraso para ese avión. Tú me dijiste que—que viniera hasta aquí, y yo seguí caminando. Y luego yo no sé si es aquí donde Tú me querías, o no, pero aquí es donde yo me he detenido. Si Tú me enviaste a orar por este muchacho…” Y en ese momento, él dijo: “Oh, mamá! Ella le dijo: “Qué quiere el bebé de mamá?”
113Dijo: “Está habiendo luz en el cuarto”. Como en cinco minutos, él estaba sentado en la cama.
114Yo salí rápido y me fui. Pensé: “Bueno, solamente puedo tomar un taxi, eso es todo, y esperar un día, o hasta cuando pueda tomar otro avión”.
115Exactamente cuando iba entrando por la puerta, con dos horas y algo de retraso, lo escuché decir: “Última llamada para el vuelo 67, para Louisville, Kentucky”.
116Qué? Qué? La soberanía de Dios! Ven? La oración y fe de esa pobre e insignificante mujer negra, hizo que ese avión aterrizara y lo detuvo allí. Él es el mismo Dios que pudo detenerse y voltearse hacia un mendigo ciego en el— en los muros de Jericó. Él es el mismo Dios de ayer, hoy, y por siempre. Es la fe que lo hace. Él quiere que Ud. lo crea.
117A propósito, como dos años después, yo estaba pasando por allí en un tren, yendo, regresando a Phoenix. Y, Uds. saben, ellos le cobran demasiado a uno por esos emparedados, yo generalmente trato de bajarme en una estación para comprarme unas hamburguesas, una bolsa llena, para aguantar hasta llegar, ya que ellos le cobran a uno 75 centavos de dólar por un emparedado pequeñito que está rebanado tan delgado que sólo tiene un lado en él. Y—y es malísimo. Así que me bajé en Memphis. Y si alguien ha estado alguna vez en Memphis, sabe cómo es que el tren se detiene en la plataforma giratoria aquí. Yo me bajé y fui allí a un puesto de hamburguesas. Oí que alguien dijo: “Hola, pastor Branham!”
118Miré alrededor y ahí estaba este pequeño maletero parado allí, con su rostro en alto. Yo dije: “Hola, hijo”, y empecé a regresar. Dijo: “Ud., Ud. no me reconoce, verdad?” Yo dije: “No, creo que no”.
119Dijo: “Sabe, Ud. fue un día a mi casa”. Y dijo: “Mi mamá había estado parada afuera, y Ud. le dio una palmadita en la espalda, estaba mojada”. Yo dije: “Tú no eres aquél muchacho?”
120Dijo: “Sí, lo soy”. Él dijo: “Sí, yo—yo soy ese muchacho”. Él dijo: “Yo— yo no sólo estoy sano”, sino dijo: “Yo—yo—yo también he sido salvo desde entonces”. Así que, eso, eso fue todo.
121Oh, sublime gracia! El mismo Dios, que un mendigo ciego pudo detenerlo a Él, una pequeña e insignificante mujer negra pudo hacer que un avión aterrizara. Sus oraciones y fe en Dios! Ella estaba creyéndolo.
122Jesús se detuvo. La fe de ese mendigo ciego lo detuvo a Él en Su caminar. Me gustaría tener unas cuantas noches, para predicar ese tema: “Y entonces Jesús se detuvo”. Pero allí Él se detuvo y dijo: “Tráiganlo acá”. Amén.
123Yo estaba leyendo una historia acerca del ciego Bartimeo, hace algún tiempo, cuando estuve estudiando la historia Bíblica. Probablemente sea una leyenda, pero decía que él siempre había creído en la sanidad. No importaba lo que decía el sacerdote, él con todo creía en ella. Decía que él era un hombre casado, tenía una esposa, y una niñita a la que él nunca había visto. En ese entonces ella tenía como unos dieciséis años de edad. Él nunca la había visto a ella. Decía que lo que él hacía para—para…
124Uds. saben, Uds. tienen que tener algo un poco distinto a los demás, cuando Ud. está mendigando, o Ud. no puede llamar la atención de la gente. En India, ellos—ellos dejan que una de estas pequeñas magostas maten a una cobra, y alguna otra cosita que ellos hacen para llamar la atención. Yo vi un— un mono agarrar un palo y golpear la pelota, al otro lado de la calle, una u otra cosa, para llamar la atención, entonces ellos les dan dinero.
125Y decía que Bartimeo tenía dos tortolitas que hacían, daban volteretas, como pequeñas… una por encima de la otra, y eso entretenía a la—la gente, los turistas, y ellos le daban a él dinero.
126Y dice que una noche su—su esposa se puso muy enferma. Y ellos habían traído al doctor, y el doctor dijo: “Bartimeo, no hay nada que yo pueda hacer. Ella, yo no puedo quitar esa fiebre”.
127Y dice que él se orientó palpando la pared, salió de la casa, y dijo: “Jehová, yo te amo. Yo te creo. Yo no tengo nada que ofrecerte. Aquí tengo dos tortolitas, por las cuales obtengo mi sustento. Pero si Tú tan sólo permites que mi amada esposa se quede conmigo para ayudarme a criar a mi hija; yo soy ciego, y no puedo ver; si Tú tan sólo permites que mi esposa se ponga bien de manera que ella pueda ayudarme, yo Te prometo que mañana haré un gran sacrificio. Yo tomaré a mis dos tortolitas y las ofreceré como mi sacrificio”.
128Bueno, dicen que su esposa se puso bien. Él tomó las tortolitas y las ofreció.
129Algún tiempo después de eso, su muchachita se enfermó. Ella también estaba al borde de la muerte, y él salió para orar nuevamente. Él dijo: “Jehová, no me queda nada, pero yo tengo mi cordero”. Y en esos días, un cordero guiaba a los ciegos como lo hace el perro guía hoy, ellos eran instruidos para guiar a los ciegos. Y él tenía un cordero que lo guiaba a su puesto donde él mendigaba. Él dijo: “Jehová, lo único que me queda es este cordero”. Y dijo: “Si tan sólo Tú permites que mi muchachita viva, aunque yo nunca la he visto, pero ella es un gran consuelo cuando yo le acaricio el cabello con mis manos”. Y dijo: “Ella me ama y yo la amo”. Y dijo: “Jehová, si tan sólo Tú le permites vivir, yo—yo Te daré mi cordero como sacrificio”.
130Su hija se puso bien. Y ahí estaba él, yendo al templo con el cordero. El sacerdote salió y se paró sobre el balcón y le preguntó: “Ciego Bartimeo, adónde vas esta mañana?”
131Él respondió: “Voy al templo, a ofrecer este cordero como sacrificio”.
132“Oh”, dijo él: ciego Bartimeo, tú no puedes hacer eso”. Dijo: “Yo te daré dinero, y ve a los—los puestos, y cómprate un cordero y ofrécelo”.
133Él dijo: “Es que yo no le prometí a Dios un cordero. Yo le prometí a Dios este cordero”.
134Él dijo: “Pero, ciego Bartimeo, tú no puedes ofrecer ese cordero, porque ese cordero es tus ojos”.
135Él dijo: “Si yo cumplo mi promesa a Jehová, Él proveerá un cordero para mis ojos”.
136Él tuvo, esta mañana fría de octubre, un Cordero había sido provisto para los ojos del ciego Bartimeo. Dijo: “Tráiganlo acá”. Él puso Sus manos sobre sus ojos, y ese Cordero provisto por Dios abrió sus ojos”.
137Amigos, Uds. saben, se pudiera decir mucho más en esta historia, acerca de Él yendo a la crucifixión, pero continuaremos eso después en alguna ocasión. Saben Uds. que ese mismo Cordero ha sido provisto en esta noche para sus ojos también? Ese mismo Cordero está aquí en esta noche. Dios lo proveyó. Él no tiene ningún otro. Ése es el Cordero provisto por Dios. Creen Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
138Miré mi reloj y ya faltan como veinte minutos para las diez, y yo iba procurar terminar a las nueve en punto, salir a las nueve y treinta, a la hora normal.
139Pero inclinemos nuestros rostros por un momento. Quiero todos los ojos cerrados, y sus rostros inclinados. Sean muy reverentes por un momento.
140“Oh Jesús, Hijo de David”, clamó el mendigo: “ten misericordia de mí”. Y él no quiso quedarse tranquilo. Él—él tenía… él—él tenía que llamar Su atención. Y no creen Uds. en esta noche que nuestro mismo clamor lo traerá a Él a la escena nuevamente? Lo hizo en aquel entonces. Por qué no lo haría otra vez?
141Ahora mientras inclinan sus rostros y sus corazones, yo quiero que clamen a Él: “Jesús!” No lo llamen Hijo de David, porque Él no es Hijo de David para Uds. “Jesús, Señor, ten misericordia de mí. Abre mis ojos ciegos. Yo he oído a este ministro que está con nosotros en esta noche, decir que Tú prometiste manifestarte a la simiente de Abraham, en los últimos días, de la manera como lo hiciste a Abraham y a su simiente de aquel día. Tú lo prometiste, que Tú eres la Palabra.
142“En las últimas noches, yo—yo he estado notando cosas extrañas. Yo sé que Él dijo en San Juan 14:12: 'El que cree en Mí, las obras que Yo hago él también las hará'. Aquella mujer tocó Su vestidura, y Él supo cuál era su problema, porque ella ejerció ese grado de fe. Pues, creer que Él era, Su fe en lo que ella había hecho, Él la declaró sana a ella, al decirle: 'Tu fe te ha salvado'. Y un hombre ciego junto a la puerta de Jericó, la misma cosa. Un hombre en un árbol, esta mañana, sus pecados le fueron perdonados.
143“Cordero, abre mis ojos ciegos para que yo pueda reconocer que estoy en Su Presencia. Que Él está aquí. Tú dijiste: 'Donde estuvieren dos o tres congregados en Mi Nombre, Yo—Yo estoy en medio de ellos'. Abre mis ojos ciegos y ten misericordia de mí, Oh Cordero de Dios”.
144Y mientras Ud. ora así, si hay alguna duda en su mente, si ha habido alguna duda en algún… Ahorita mismo estamos en la víspera de un gran servicio de sanidad. Si ha habido alguna duda al respecto, no desea Ud. que Él le quite todas las escamas de sus ojos, para que pueda entender claramente?
145Estas pocas noches que yo he estado procurando, con todo mi corazón, de hacer que Ud. vea algo, que Él le está dando Su última señal a la iglesia, antes de volverse hacia los judíos. La Novia gentil ha de ser llamada.
146[Alguien habla en otra lengua, y luego da una interpretación—Ed.] Amén. Ahora, si entiendo bien, mientras Uds. oraban, el Espíritu Santo habló y luego dio la interpretación, Dios dándole a Uds. una invitación.
147Cuántos aquí quisieran que el Cordero provisto por Dios le abriera los ojos, para que Uds. puedan verlo a Él presente aquí ahora? Quisiera levantar la mano y decir: “Dios, abre mis ojos ciegos. Que el velo sea quitado de mi corazón, Señor, para que yo pueda entender?”
148Y ahora, cómo será Él conocido? Cómo le conoceremos? Por Su naturaleza, por lo que Él hace, Sus obras. Él dijo: “Yo soy la vid y vosotros sois los pámpanos”. Ahora, la rama lleva el fruto, no la vid. La vid le da vigor a la rama. Y si la rama alguna vez echa, o la vid echa una rama que tenga uvas en ella; la próxima vid que salga, o la rama que salga de esa vid, tendrá uvas en ella. Si la primera iglesia que salió de esa vid, fue una iglesia pentecostal, con todos los dones, si eso realmente llega a producir otra rama, escribirán otro Libro de Hechos tras ella. Y eso fue lo que tuvieron en los días de los apóstoles, y la edad apostólica nunca terminó.
149Pedro dijo, en el Día de Pentecostés: “Arrepentíos, cada uno de vosotros, y bautícense en el Nombre de Jesucristo para la remisión de pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, para los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Y mientras que Dios siga llamando, la edad apostólica aún continúa adelante. “porque la promesa”, la promesa como fue entonces, “es para vosotros, y para vuestros hijos, para los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.
150Señor, abre nuestros ojos y permítenos ver a ese Cordero provisto. Tú prometiste que el… que te revelarías en los últimos días, como lo hiciste en Sodoma, cuando el Hijo del hombre estuviere siendo revelado. Te rogamos Dios, que lo concedas ahora. Somos Tus súbditos, Señor. Somos Tus vides.
151No somos dignos, no somos dignos de pedir nada; pero si pensáramos en eso, entonces seríamos tan pequeños, seríamos tan inservibles. Pero, Señor, cuando miro Allá arriba y veo que hay un Cordero provisto para mí, hay un Cordero provisto, entonces Dios no me ve a mí, Él ve a mi Cordero. Y yo sé que no hay nada malo en ese Cordero. Ya ha sido aceptado.
152Ahora, Señor, haz que la Palabra de Dios se manifieste a Sí misma en nuestro medio, esta noche, que la fe de este Bartimeo que está aquí, cada uno de ellos, y las mujeres con los flujos de sangre, y sea lo que fuere, y el Simón Pedro, y los demás que están aquí, que están necesitados, los Zaqueos en el árbol. Manifiéstate Señor, a través de carne humana. Permite que Tu Palabra se haga viva entre nosotros, esta noche, para que sepamos y veamos que Tú eres Dios. Y que cada ojo ciego sea abierto al entendimiento, Señor, para que cuando este gran servicio de sanidad comience, todos ellos puedan ser sanados. Todos estos niñitos, y—y gente con muletas, y—y lo que esté mal con ellos, con los bastones blancos, que ellos puedan salir de aquí así como el ciego Bartimeo. Él recibió su vista. Concédelo Padre. Lo pedimos en el Nombre de Jesucristo. Amén.
153Ya hemos orado. Y ahora—ahora solemnemente ahora, silenciosamente, crean. Ahora, lo que yo… Este pequeño drama, lo que es, o es la verdad, o no lo es. Y Cristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Ahora, cómo lo reconocería Ud. a Él?
154Qué tal si aquí apareciera un hombre con un manto, y con la barba y el cabello como lo pintan a Él los artistas, cicatrices de clavos en Su mano, y sangre saliendo de Su rostro? Ése no sería Jesús. No. Él está sentado a la diestra de la Majestad. Cuando Él venga, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará. Pero—pero cómo lo reconocería Ud. a Él? Cualquier hipócrita pudiera pintarse a sí mismo de esa manera y actuar así. Seguro.
155Pero cómo lo reconocería Ud. a Él? Cuando Ud. ve Su naturaleza, Su Palabra siendo manifestada y haciendo exactamente lo que siempre ha hecho, entonces Ud. sabe que ése es Él. Es correcto eso? “Las obras que Yo hago”.
156Ahora, vea, permítase a sí mismo creerle a Él ahora. Vamos. No permitan que su mente se le entorpezca, como dice la gente. No hagan eso. Uds. no vienen a Dios a la ventura. Uds. vienen a Él, inteligentemente, con Su Palabra. Traigan la Palabra delante de Uds. y digan: “Señor, Tú hiciste la promesa. Yo Te he pedido que abras mis ojos. Permite que mi fe detenga al Señor Jesús en esta noche. Que Él se voltee hacia mí y me diga como Él lo hizo a aquella mujer, hace muchos años”. Y Uds. crean con todo su corazón.
157Ahora, hasta donde puedo ver, en la audiencia, no hay una persona que veo que conozca. Todos Uds. son desconocidos.
158Y a veces Uds. piensan que son sólo la gente que está aquí al frente que la recibe. No, no… No me importa donde Ud. esté, sólo crea. No me importa, en cualquier lugar en el edificio. Él sabe quién es Ud. y en donde está.
159Vean ahora si Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, si su fe puede detenerlo a Él, como lo hizo Bartimeo. Ud. no tiene que ser un mendigo. Ud. no tiene que gritar como él lo hizo. Es la fe lo que lo detuvo a Él. “Tu fe!” Él no dijo: “tu grito te ha salvado”. “Tu fe te ha salvado”. Vean, “Tu fe te ha salvado”. Muy bien. Bendito sea el Señor!
160Me pregunto si ese ministro sentado allí, el hermano anciano que ha estado predicando por sesenta y cinco años, quisiera hacerme un favor? Quisiera hacerlo, señor? Ponga su mano sobre esa mujer sentada a su lado, y el problema de corazón la dejará. Muy bien, eso es. Ud. lo cree, hermana? Muy bien, eso es todo.
161Qué tocó ella? Yo nunca la había visto a ella, pero sucedió. “Si puedes creer!” Creen Uds. ahora? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
162Lo identifica eso a Él? Están abiertos sus ojos? Entonces mírenlo a Él, Él es maravilloso, el poderoso conquistador! No hay nada, ningún credo, ninguna denominación, ningún científico, ni nada, que pueda detenerlo a Él. Él es Dios. Amén. Yo reto a que toda persona aquí lo crea, que Él está presente ahora.
163Cuántos han visto alguna vez esa fotografía del Ángel del Señor en el papel, que ellos tienen en Washington? Él está parado aquí mismo en esta plataforma en este momento. Correcto! Yo sé que está aquí. Yo lo sé. Yo no soy un fanático. Estoy lejos de eso. Yo les estoy diciendo a Uds. la Verdad Escritural. Uds. créanlo y vean lo que sucede.
164Aquí, aquí está otra vez. Esta damita de color sentada allí al final, mirando alrededor. Realmente, ella desea un favor de parte de Dios. Ella es una ministra, y ella está orando para que Dios la ayude en su ministerio. No es eso correcto, señora? Levante la mano, si eso es correcto. Yo nunca la había visto, ella es tan desconocida para mí como lo era esa mujercita de color allá en Tennessee, en aquella ocasión.
165Hay un hombre de color sentado allí mirándola a Ud., contentísimo por eso. Cree Ud. que yo soy el siervo de Dios, señor? Lo cree? Esa mujer lo tocó a Ud. así como ellos lo hicieron, dijo: “Ten ánimo”. No soy yo llamándolo a Ud., sino Él llamándolo a Ud. Si Ud. cree eso con todo su corazón, esa diabetes de azúcar le dejará. Lo cree Ud.? Amén. Muy bien, entonces Ud. puede recibirla. Amén. Alabado sea el Señor! Eso es. Qué tocó él? Él no me tocó a mí. Él lo tocó a Él.
166Aquí, aquí está un muchacho joven, blanco, sentado aquí, mirándome. Hay un gran deseo en su corazón. Yo no lo conocía a Ud., pero Ud. está buscando el bautismo del Espíritu Santo. Correcto, Ud. lo cree Ud.? Crea, Ud. lo recibirá. Lo cree Ud., joven? Muy bien, puede recibirlo si Ud. lo cree.
167Aquí está una mujercita bien atrás aquí. Ella está sufriendo. Es su brazo izquierdo. Ella lo ha tenido quebrado. Tiene un nudo en él, el brazo izquierdo. En su brazo derecho, ella tiene neuritis y reumatismo. Eso la va a dejar. Señora Council, cree Ud. con todo su corazón? Cree Ud. que Dios hará…? Ud. es sanada. Jesucristo la hace sana.
168Yo nunca había visto a esa mujer ni había oído acerca de ella, en toda mi vida. Jehová sabe que eso es verdad. Amén.
169Aquí está una damita de color, sentada aquí. Ella padece de complicaciones, muchas cosas. Por un lado, Ud. tiene problema con sus ojos. No por causa de que Ud. use lentes; pero sus ojos se les están echando a perder, de todos modos. Ud. tiene artritis. Si eso es correcto, mueva su mano. Ud. tiene dolores en el pecho. Es correcto eso? Mueva la mano. Ud. tiene un problema estomacal. Si eso es correcto, mueva la mano. Cree Ud. que Él la sanará? Cree Ud. que Dios puede decirme quién es Ud.? Edna Gerald. Si Ud. lo cree con todo su corazón, créalo, y puede recibir su sanidad. Amén.
170Creen Uds. que Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
171Qué de esta mujer sentada aquí al final, la segunda fila aquí, mirándome directamente? Ella tiene problemas con sus pies. Cree Ud. que Dios sanará sus pies? Si lo cree, levante la mano. Yo no la conozco a ella, nunca la había visto.
172Qué de la dama sentada junto a ella? Ud.…? Mire hacia acá, hermana. Cree Ud. que yo soy el siervo de Dios, con todo su corazón? Ud. tiene una neuritis que le está molestando. Si eso es correcto, mueva su mano. Ahora Ud. puede ser sanada.
173La dama sentada junto a ella, lo cree Ud., con todo su corazón? Ud. también está sufriendo. Cree Ud. que Dios puede decirme cuál es su problema? Problema de riñón. Si eso es correcto, mueva su mano.
174La dama sentada junto a ella, cree Ud.? Ud. sufre de un problema nervioso, y de sus ojos. Si eso es correcto, mueva su mano.
175La dama sentada junto a ella, cree Ud., hermana? Ud. está cubierta por una sombra. Ud. tiene problemas estomacales, es cáncer en el estomago. Cree Ud. que Dios la sanó? Amén.
176Cree Uds.? Pueden sus ojos abrirse y creer que Él es el Hijo de Dios? Entonces, si lo creen, pónganse de pie y acéptenlo a Él, y créanlo con todo su corazón, que Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. “Oh Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” No me pases, oh gentil Salvador, Oye mi humilde clamor; Mientras que a otros están visitando, No me pases a mí por alto. Tú, el Arroyo de todo mi consuelo, Más que la vida para mí, A quién tengo yo en la tierra aparte de Ti? O a quién en el Cielo sino a Ti?
177Qué ha sucedido? Su fe, así como aquel mendigo ciego, lo ha llamado a Él a la escena. Amén. Lo creen? [La congregación dice: “Amén.—Ed.] Oh, no hay necesidad para una línea de sanidad. Cuántos creen que son sanos, de todos modos? Levanten la mano, alábenlo! Amén. Uds. son sanados.
178Jesucristo está en medio nuestro, el Mismo que anduvo por Jericó, que conoció a Zaqueo por su nombre, que conoció a Bartimeo. El mismo Señor Jesús, en la forma del Espíritu Santo, está aquí, esta noche, haciendo las mismas cosas que Él hizo, probando infaliblemente que Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. No permitan que credos, y las teologías, y las temporadas de frío, les ahoguen. Uds. están en la Presencia de Jesucristo, Quien es hecho manifiesto entre Uds. Amén. Yo lo creo con todo mi corazón. Amén.
179Acepten su sanidad y digan: “Alabado sea el Señor! Yo la acepto”.
180Entonces cantemos las alabanzas a Él. “Yo Le Amo, Yo Le Amo”. Lo aman Uds. a Él? [La congregación dice: “Amén.—Ed.] “Porque Él a mí me amó”. Lo aman Uds. a Él? Yo le amo,
181Adórenlo a Él ahora en Su Presencia. Uds. saben que Él tiene que estar aquí. … le amo Porque Él a mí me amó Y me compró mi salvación
182Eso también fue sanidad. Eso es parte de su salvación. Dónde lo hizo Él? En el Calvario, en la cruz del Calvario. Con todos nuestros corazones! Yo le amo, yo le amo, Díganlo en serio. Adórenle! Porque Él a mí me amó Y me compró mi salvación Allá en la cruz.
183Oh, no lo aman Uds. a Él? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Salude de mano a alguien, diciendo: “Alabado sea el Señor!” Si Uds. se aman el uno al otro, Uds. lo aman a Él. Voltéense y saluden de mano a alguien, diciendo: “Alabado sea el Señor! Alabado sea el Señor! Estamos contentos de estar aquí, hermano, contentos de estar en la Presencia del Señor Jesús”. Amén. Amén. Maravilloso! Oh!
184Pablo dijo: “Si yo canto, cantaré en el Espíritu”. Adoremos en el Espíritu, otra vez. Cantemos en el Espíritu. Yo le amo, yo le amo, (aleluya) Porque Él a mí me amó Y me compró mi salvación Allá en la cruz.
185Oh, no lo aman Uds. a Él? No es Él maravilloso? Canten! Maravilloso, maravilloso, Jesús es para mí, Él es un Concejero, Príncipe de paz, Dios Fuerte; Me salva, me guarda de todo pecado y vergüenza, Maravilloso es mi Redentor, alabado sea Su Nombre! Maravilloso, maravilloso, Jesús es para mí, Él es el Concejero, Príncipe de paz, el Dios Fuerte es Él; Me salva, oh, me guarda de todo pecado y vergüenza, Maravilloso es mi Redentor, alabado sea Su Nombre!
186Qué pudiera suceder ahora mismo, así, en la Presencia de Dios? Una vez estuve perdido, ahora he sido hallado, libre de condenación, Jesús da libertad y una salvación plena; Me salva, me guarda de todo pecado y vergüenza, Maravilloso es mi Redentor, alabado sea Su Nombre! Oh, cantémoslo como que lo decimos en serio! Maravilloso, maravilloso, Jesús es para mí, Él es el Concejero, Príncipe de paz, Dios Fuerte es Él; Me salva, me guarda, oh, de todo pecado y vergüenza, Maravilloso es mi Redentor, alabado sea Su Nombre! Oh, no le hace eso algo a Uds., los limpia por dentro? [La congregación se regocija—Ed.] Compañerismo, oh, qué sentir! Yo no cambiaría esto por todo el dinero que Uds. pudieran amontonar, todo lo demás. Boten eso, pero denme a Jesús. Oh, vaya! Sí señor. Compañerismo!
187Oh, cuán dulce es andar en este camino de peregrinos, apoyados en el Brazo eterno, saber que aquí está Él! Oh, amor a primera vista, algo dentro de nosotros que clama! Oh, algo como un—un… la tapa siendo quitada de un pozo artesiano, y está echando agua a chorros; y entre más echa, más fría y fresca se pone. Amén. Oh, Él es maravilloso! No es cierto? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Yo lo amo a Él. Uds. no? [“Amén”.] Oh, hermanos!
188No se aman Uds. unos a otros? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Ahora todos Uds. los metodistas saluden de mano a los pentecostales, y Uds. bautistas, y sean muy amigables. Si Uds. no pueden hacer eso, Uds. no lo aman a Él. Eso es correcto. Porque, ellos lo aman a Él, Uds. lo aman a Él; Él los aceptó a Uds. con sus maneras peculiares, Él aceptó al otro, así que simplemente estemos de acuerdo ahora. Oh, no es Él maravilloso? [“Amén”.] Nosotros lo creemos con todos nuestros corazones.
189Oh, cantémoslo otra vez, este himno antiguo de la iglesia: “Yo Le Amo, Yo Le Amo”.
190Yo simplemente no puedo cansarme de decir eso, porque Él me amó a mí primero. Él me amó, siendo yo el hijo de un borracho miserable, en las cunetas, pobre, deliberadamente ciego, amante del pecado, y Él bajó por Su gracia. Yo no tuve nada que ver con ello. Él me escogió. Sí. Cómo puede ser? Cómo puede un abrojo ser cambiado a un trigo? Se requiere del poder de Dios. Amén. Yo lo amo a Él. Oh, yo—yo me siento algo religioso ahora mismo, yo mismo. Yo—yo—yo me siento bien.
191Yo sé que Él está aquí. Es Él. Él lo prometió. Él, Él está aquí en nuestro medio. Cuánto le amo! Él es maravilloso. Le hace sentir bien a uno el saber que no tenemos que conjeturar al respecto. Aquí está Él, identificándose a Sí mismo en la Palabra, como Él siempre lo ha hecho, haciéndolo que sea Él; no algún credo, no alguna cosa mítica sino el Mismo Dios viviente. Cómo se dio Él a conocer? No allá en Sodoma, sino a Abraham; y ahora a la Simiente de Abraham, después de Él, eso muestra que nosotros somos la Simiente de Abraham. Amén. Oh, hermanos! Yo me siento muy bien, ahora mismo. Yo le amo, (Oh, qué lluvia de bendición!) Yo le amo, Porque Él… Sólo piensen; antes de que Uds. lo amaran a Él, Él los amó a Uds.!
192Señor Jesús, concede la sanidad de estas personas, Padre, que ellos sean sanados, todos y cada uno de ellos. Te lo pido en el Nombre de Jesucristo, Señor, para Tu gloria. Amén. Allá en la cruz.
193Oh, inclinemos nuestros rostros ahora, dulce y quietamente. Saben, nosotros simplemente somos niños, de todos modos. Somos los hijos de Dios. Han visto alguna vez lo libre que es un niño cuando está cerca de su padre? Su padre lo está observando, ven? Tarareémoslo. [El Hermano Branham empieza a tararear Yo Le Amo—Ed.]
194El solo hecho de verlo a Él parado aquí, la gran Columna de Fuego! Él dijo: “Yo vine de Dios, y voy a Dios”. Él era el Logos que estuvo con Moisés en el desierto, la Columna de Fuego. Él murió en el Calvario y resucitó. Y cuando Pablo iba camino a Damasco, esa misma Columna de Fuego lo derribó al suelo; él preguntó: “Quién eres, Señor?” Él respondió: “Yo soy Jesús”.
195Él vino de Dios; Él fue a Dios. Se identificó con nosotros por la prueba científica, por la prueba de la iglesia, por todo. “Yo…” Produciendo Su misma cosa, declarando Su Palabra. Él es el intérprete. [El Hermano Branham tararea Yo Le Amo—Ed.]
196No sería un tiempo maravilloso para que Él viniera ahora mismo, miráramos para todos lados y los viéramos a todos siendo cambiados, yéndose? En algún momento Él lo hará. [El Hermano Branham tararea Yo Le Amo—Ed.]
197Ahora con nuestros rostros inclinados, muy lentamente. [El Hermano Branham tararea Yo Le Amo—Ed.]
198Recuerden los servicios en la mañana. Si Ud. es un desconocido aquí, y no tiene una iglesia; estos pastores tan finos, ellos creen este mismo Evangelio o no me hubieran recibido a mí aquí. Son bienvenidos para ir a sus iglesias. Que tengan un buen servicio mañana, un buen descanso esta noche, y entonces regresen mañana en la tarde para el servicio de sanidad.
199[El Hermano Branham tararea Yo Le Amo—Ed.] Muy bien. Dios le bendiga, hermano.