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~ LAS INVERSIONES ~
1…de tener estos pocos minutos con Uds. pueblo. Y estoy agradecido con el Hermano Pearry, por esta invitación para estar aquí, y por toda la cooperación de Uds.
2Creo que esta es nuestra tercera visita a su hermosa ciudad. Siempre hemos encontrado que la gente aquí es amigable, y siempre hablan, listos para saludar, ya sea que lo conozcan a uno o no. He visitado algunos de los negocios, y qué lindos. Parece que siempre es distinto a como es allá en el norte frío; ellos me ven a mí entrar, lo esperan a uno, salen y eso es todo. Pero uno rara vez visita un lugar que donde alguien le diga a uno: “¡Gracias! ¡Vuelva a visitarnos!”. A mí me gusta eso.
3Entonces, pienso que el Hermano Pearry aquí, como le llamaría, simplemente… Yo soy más viejo que su padre, así que me supongo que puedo llamarle Hermano Pearry. Casi no conocíamos al muchacho, sólo que mi hijo Billy Paul nos lo presentó, ya que fue a la escuela con él. Pero si hay alguien en esta ciudad, o en los alrededores, al alcance de la televisión, que se perderá en el último día, no será porque el Hermano Pearry no haya hecho todos los esfuerzos por tratar de traer la gente a Cristo. Él ciertamente no dejó ni una sola piedra que no haya removido. Y considero este un gran privilegio el estar aquí.
4Cuando el Hermano Pearry me preguntó si yo quería “hablar en un pequeño banquete” que él iba a tener, y donde iban a estar algunos de sus colegas… Bueno, yo ciertamente no soy un orador. Yo—yo no reclamo ser eso, pero pensé que lo haría. Sería un honor para mí, después de tener una invitación como esa, para hablarle a los—los… sus colegas de negocio.
5Yo tengo el privilegio de viajar internacionalmente, alrededor del mundo. Y hablo bastante para los grupos de Hombres de Negocio del Evangelio Completo. Y sé que este es sólo un pequeño tiempo de compañerismo, así que me gustaría expresar algo que en una ocasión fue chistoso. Hubo un hombre, después de que terminé de hablar… todos eran hombres de negocios. Y entonces, allí afuera hubo un hombre que se me acercó y dijo: “Ud. es un predicador, ¿no es cierto?”. Y yo dije: “Sí señor”.
6Él dijo: “¿Qué hace Ud. andando entre estos hombres de negocios?”. Yo dije: “Yo soy un hombre de negocios”. Él entonces dijo: “Oh, ¿verdad?”. Y yo dije: “Sí, yo soy—yo soy un hombre de negocios”. Dijo: “¿En qué clase de negocio está Ud., señor?” Y yo dije: “Seguridad Vida Eterna”.
7Y él no me entendió bien. Yo lo dije rápido. Él dijo: “Oh, el—el Seguro Vida Eterna”. Yo nunca dije seguro, yo dije seguridad, y él… Pero no le dije. Y él dijo: “La Vida Eterna”, dijo: “no sé. No creo que haya oído de eso antes”. Yo dije: “Es una lástima”. Dijo: “Bueno”, dijo él: “¿dónde queda la oficina principal?”. Yo dije: En el Cielo”.
8Aún estoy en ese negocio. Me gustaría hablar sobre una póliza con cualquiera de Uds., esta noche después de que termine el servicio. Yo estoy muy entusiasmado con mi trabajo. Y, así que, yo nunca dije “seguro”, yo dije “seguridad”. [El inglés, las palabras “seguro” y “seguridad” suenan muy parecidas.—Traductor.]
9Un seguro está bien, entiendan. Yo recuerdo… Claro, en estos momentos no tengo ninguno.
10Recuerdo que después de que me casé, un día mi esposa y yo estábamos sentados en la casa. Y un buen amigo mío… Mi hermano es un vendedor de seguros, el Western-Southern. Este muchacho era un vendedor para el Prudencial. Yo fui a la escuela con él, es un muchacho excelente. Su—su hermano escribe El Aposento Alto, pues, yo creo que él es un ministro bautista, y él escribe artículos en el pequeño periódico llamado El Aposento Alto. Son gente excelente. Así que cierto día él vino a visitarme, y dijo: “Billy, yo—yo entiendo que en cierta ocasión te engañaron con esto de los seguros”. Y yo dije: “Sí”.
11Él dijo: “¿Eso te hizo sentir amargura hacia ellos?”. Yo dije: “No, no exactamente”. Él dijo: “Pensé que vendría a hablarte sobre una póliza, Billy”.
12Y yo dije: “Bueno”, dije: “Gracias Wilmer”, dije: “pero yo—yo tengo seguridad”. Y él dijo: “Oh, lo siento”.
13Mi esposa me miró como si yo fuera un hipócrita. Ella sabía que yo no tenía ninguno. Me miró muy sorprendida. Yo dije…
14“Oh”, dijo él: “lo siento, Billy”. Él debió haber pensado que yo lo tenía con mi hermano Jesse. Y dije… Mi esposa me miró. Y él… Dije: “Sí, yo tengo seguridad”. Él entonces preguntó: “¿Con qué compañía estás?”. Y yo le dije lo mismo: “La Vida Eterna”. Y él dijo: “Oh”, dijo: “¿es ésa?”.
15Y yo dije: “Sí. Yo tengo: ¡Bendita seguridad, Jesús es mío! ¡Oh, qué anticipo de gloria Divina! Soy heredero de salvación, comprado por Dios, nacido de Su Espíritu, lavado en Su Sangre. 16 Él dijo: “Billy, eso está muy bien. Aprecio eso. Pero no te enterrará aquí en el cementerio”.
17“Pero”, dije yo: “me sacará. No me preocupa…” Ajá. Sí. No me preocupa entrar; el asunto es salir.
18Me gustaría hablarles sobre una póliza, después del servicio, si… Estoy seguro que es correcta.
19Ahora, normalmente hago que la gente se ponga de pie cuando leemos la Palabra, pero, esta noche, trataré de omitir eso ya que es tan—tan difícil que Uds. se pongan de pie. Pero antes de leer la Palabra, inclinemos nuestros rostros por unos momentos, mientras hablamos con el Autor de la Palabra. Ya hemos estado bromeando entre nosotros, y relajándonos, o, como decimos: “soltando la melena”. Así que ahora enfoquémonos en el lado sagrado, y en la sinceridad, y dirijamos nuestros corazones hacia el Cielo mientras abrimos la Palabra. Cualquier hombre que es capaz de mover sus manos puede abrir la Biblia, pero realmente no hay nadie que pueda abrir el entendimiento sino el gran Espíritu Santo. Así que hablemos con Él.
20Nuestro Padre celestial, ciertamente estamos muy contentos, esta noche, de estar reunidos aquí con este grupo de personas, de este lado de la Eternidad, y de tener este compañerismo tan fino. Y mientras nos sentamos alrededor de estas mesas, esta noche, mirándonos unos a otros, compañeros de negocios y—y cristianos, estamos consientes de que llegará otro tiempo cuando nos reuniremos. Confiamos de que todos estemos Allá, todos presentes en aquella gran Cena de bodas en el aire, cuando salga el Rey, enjugue toda lágrima de nuestros ojos, y diga: “Bien hecho, mis buenos y fieles siervos, entrad al gozo del Señor, que ha sido preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.
21Señor, si hubiere algunos que no Te conocen de esa manera, ruego en esta noche que algo sea hecho o dicho que haga que cambien su manera de pensar, y se vuelvan hacia Ti; sea que estén presentes aquí, o por el—medio de la televisión, o por medio de las cintas que estarán saliendo desde aquí.
22Bendícenos a todos ahora, y bendice la lectura de Tu Palabra. Dirige nuestros corazones y nuestros pensamientos hacia el final de esta vida, y cuál será nuestra condición en aquel momento. Pues estamos seguros, Padre, de que todos nosotros tenemos que partir de este mundo. Somos mortales, y permítenos mirar hacia el Inmortal, el Único que puede darnos Vida más allá de ésta. Lo pedimos en el Nombre de Su Hijo Jesucristo. Amén.
23Me gustaría llamar su atención, por unos momentos, a la lectura de la Palabra de Dios. Quisiera comenzar leyendo del Evangelio de San Marcos, creo que el capítulo 10, y empecemos desde el versículo 17. Y al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla… le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
24Que el Señor añada Sus bendiciones a la Palabra mientras procuramos sacar de esto un texto y contexto. Ahora, pensando sobre el tema de estar entre gente de negocios, y pienso que la gente de negocios siempre está interesada en—en buenas inversiones, así que, durante los próximos momentos me gustaría tomar el texto de: Las Inversiones.
25Un buen hombre de negocios siempre anda buscando una—una buena inversión segura. Si no es así, entonces él no es un buen hombre de negocios. Él debe buscar algo que sea real.
26Y quisiera hablarles sobre la invitación que les hice hace unos momentos, acerca de esta póliza de Vida Eterna, ya que me presenté a mí mismo como un—un hombre de negocios. Yo tengo un negocio, y me gustaría hablarles al respecto por unos momentos. Tengo unas cuantas Escrituras anotadas aquí, y el texto. Me gustaría usar estas por unos momentos, estas notas.
27No es un—un buen negocio apostar. Cualquier hombre sabe eso, que el apostar no es un buen negocio, debido a que es correr el riesgo. Ud. nunca, o rara vez ve a un apostador… Un día él es un hombre rico, y al día siguiente él está mendigando. Así que Uds. arriesgan mucho, al—al apostar. Yo pienso que un—un—un jugador está—está simplemente viviendo impulsivamente, y sin mirar hacia el futuro, o él no estaría apostando.
28Y tampoco creo en estas inversiones para hacerse rico de la noche a la mañana, por medio de un negocio no identificado. Ahora, cualquier hombre de negocios no tomaría un riego como ese, tal vez en sus—sus ahorros de toda la vida, sus ganancias, y Ud. no lo invertiría en algo que le promete riqueza rápida. Y que no está identificado. Alguien llega con alguna clase de idea, que: “Miren, nosotros—nosotros tenemos un cierta empresa aquí”, y eso no tiene antecedente. Yo pienso que un hombre en sus cabales sería tonto al tratar de hacer una inversión en una compañía como esa.
29Porque, una vez yo tuve un amigo que—que intentó una cosa así. Y, cuando lo hizo, él—el perdió todo lo que tenía, y perdió las ganancias de toda su vida. Estaba a punto de jubilarse, y pensó: “Bueno, yo—yo correré este riesgo”, debido a que parecía que él sabía de lo que estaba hablando. Pero, descubrió que la—la compañía sólo era una compañía ficticia, y sin acciones ni nada, así que el pobre hombre perdió todo lo que tenía.
30De manera que, si un hombre quiere hacer una buena inversión, él primeramente debería averiguar sobre tal compañía, o lo que fuere donde él va a hacer su inversión, y darse cuenta de lo que él va a hacer. Pienso que toda persona que piense de manera sensata haría eso.
31Y por otra parte, antes de que continúe, quisiera decir que no es una buena idea guardarse el dinero en el bolsillo. Mucha gente dice: “Yo—yo simplemente lo guardaré en mi bolsillo, y yo—yo… y así lo tengo”. Pero, saben, Uds. hombres de negocios y mujeres, Uds. no piensan de esa manera. Eso no es bueno, ya que pudiera ser robado.
32Lo mejor es ponerlo en circulación. Como dijo el Señor, una vez, Él le dio tantos talentos a muchos, y tales cosas, y luego él… Ellos hicieron una inversión con eso. Y a aquellos que hicieron una buena inversión, Él les dio los beneficios. Pero aquel hombre que dijo: “Yo—yo simplemente lo guardé. Yo—yo no quise arriesgarme. Yo— yo—yo lo guardé en mi bolsillo. O, lo enterré en algún lado”. Él entonces le quitó lo que le había dado a él, y se lo dio al que había obtenido más beneficios, que lo había puesto en una buena inversión. Y esa es la manera de nuestro Señor hacer las cosas.
33Ahora, pero si Ud. fuera a invertir en algo que quisiera estar seguro, Ud. buscaría una buena empresa, confiable, que ha sido comprobado que le pagará correctamente. Ahora, esa es una buena inversión segura. Después de que Ud. ha examinado a esa empresa, conoce su antecedente, conversó con alguien que ha hecho negocios con esta empresa, y oye el testimonio de todos: “Es cien por ciento. Ellos siempre están al día con sus beneficios. Y—y existe un gran recurso de capital que lo respalda, de manera que la compañía no va a quedar en bancarrota”. Esa es una buena inversión segura. Y ahora, a través de toda la vida, a la gente se le ha enseñado eso.
34Ahora, esta noche estamos hablando sobre la Escritura, de un jovencito hebreo, que era un—un tipo de muchacho adinerado. Sin duda que él posiblemente provenía de un buen hogar. Su testimonio probaba que él había venido de un—un buen hogar. Él fue llamado, en la Biblia: “El joven rico”. Voy a cambiar eso esta noche, sólo un poquito, y decir: “Un joven de negocios rico”, por causa de que él tenía un negocio, y estaba interesado en—en los negocios. Y sin duda que su padre había sido un gran hombre de negocios exitoso, o él probablemente no hubiera tenido lo que tenía. Pero él fue criado para—para ser un hombre de negocios.
35Y él vio algo en este Hombre joven de Galilea, este Profeta joven llamado Jesús de Nazaret. Sin duda que él había oído a su sacerdote hablar acerca de Él, y quizás en contra de Él. Pero cuando él miró por primera vez al Señor Jesús, había algo con respecto a Él que era diferente a cualquier otro hombre.
36Y yo digo esto, como cristiano, que ciertamente eso no ha cambiado. Tenemos grandes teólogos en el país, por todo el mundo, los hemos tenidos durante miles de años, que pueden presentarnos un—un credo. Y ellos están bien instruidos en esos credos, y una iglesia que es—que es una iglesia bien establecida. Pero sin embargo, esa no es la—la póliza de la que estoy hablando en esta noche. Yo estoy hablando es acerca de la Vida Eterna.
37Y este joven, sabiendo que él era miembro de la iglesia, pero veía en Jesús algo diferente. Así que a él se le dio la oportunidad de hacer una inversión, cuando encontró a Jesús y vio lo que Él estaba haciendo. Y había leído su Biblia, y vio en Jesús aquello que él había escuchado a sus profetas leer en su iglesia, y lo que ellos eran. Y sin duda que él había estudiado eso. Y entonces cuando él vio en este Jesús de Nazaret, lo cual se creía entre la gente de que él era el Profeta, él vio algo en este Hombre que lo identificaba con las Escrituras.
38Y yo pienso que hoy eso no ha cambiado mucho. Lectores de la Biblia y amantes de la Biblia: cuando nosotros realmente podemos entender en nuestro intelecto, lo que fue Jesús y lo que Él es, eso cambia nuestra actitud por completo. No hay nadie como Él, sin importar cuán bueno. Dijimos que entendemos que Él… Suponemos que Él no tuvo muchos estudios, hablaba como un hombre común, vestía como un hombre común, y vivió entre hombres comunes. Pero sin embargo, había algo tan sobresaliente en cuanto a este Hombre, y eso llamó la atención de este joven. Tanto así, que, él quizás tenía toda la riqueza del mundo que necesitaba y usaría durante su vida, y él estaba muy satisfecho con eso. Pero él vio que este Hombre miró al futuro y les dijo a ellos las cosas que iban a venir, y se identificó a Sí mismo en la Escritura, y Dios se identificó a Sí mismo en el Hombre.
39Ahora, no hay un hombre que viva, que esté en su mente cabal, que no esté siempre preguntándose de dónde vino, quién es, y adónde va. Se han escrito muchos libros, filósofos se han levantado y han caído. Pero solamente hay un Libro que le dice a Ud. quién es, de dónde vino, y hacia dónde va, y ése es la Biblia. Ése es el único Libro. De todos los libros tan buenos que tenemos, Ud. pudiera echarlos a la basura, a cada uno. Esto es la Verdad. Cualquier cosa contraria a Esto no es correcta. “El cielo y la tierra pasará, mas Mi Palabra no pasará. La palabra de todo hombre sea mentira; la de Dios sea verdadera”.
40Y cuando Ud. ve algo tan claramente ante Ud., y las Escrituras prometidas para ese día, lo que ese Mesías habría de ser. Y este joven vio eso identificado por Dios, eso entonces hizo a Jesús completamente distinto a cualquier otro hombre que él había visto alguna vez. Así que, a él se le dio la oportunidad.
41Cuando él encontró al Señor Jesús, y tal vez lo vio a Él en Sus reuniones y en Su servicio, corrió hacia Él y cayó a Sus pies, mostrando que su actitud de acercamiento era la correcta.
42Y él dijo: “Maestro bueno, ¿qué podría hacer yo para tener Vida Eterna?”. Ahora, ese es el asunto que está en discusión. No era su dinero, ni: “¿Podría yo unirme a su iglesia, Señor? O ¿podría yo pertenecer a su organización?”. Sino: “¿Qué debo hacer para tener Vida Eterna?”. Esa era la pregunta.
43Y a él se le dio la oportunidad de recibirla, pero él tomó una decisión precipitada. Él estaba… la rechazó. Él no estaba interesado, cuando se dio cuenta de lo que eso conllevaba. Él se dio cuenta que para poder hacer esto, él tenía que renunciar a su popularidad. Porque, yo me atrevería a decir que Jesús no tenía buena fama y no era creído entre el noventa o el noventa y cinco por ciento del pueblo. Se tenía la creencia equivocada de Él como alguna “persona de espíritu maligno”, y fue llamado “Belcebú”, por muchos, un demonio.
44Y, sin embargo, las Escrituras lo identificaban a Él perfectamente. Él se refirió a ellas, diciendo: “Escudriñad las Escrituras, porque en Ellas os parece que tenéis la Vida Eterna. Y Ellas son las que dan testimonio de Mí, o dicen Quién soy Yo”.
45Este joven hebreo, siendo criado en un hogar, y sabiendo que la Biblia les había—había dicho claramente, los pergaminos. Jehová Dios había dicho que: “Si se levanta uno entre Uds., que es espiritual, o profeta, Yo Jehová me manifestaré a él en visiones. Y si lo que él dice se cumple, entonces oigan a ese profeta, pues Yo estoy con él. Pero si no se cumple, entonces no le presten atención”.
46Ese es un lenguaje sencillo. Es pensar sensatamente. Si él lo dice, y no sucede, entonces es una mentira; Dios no lo dijo. Pero si él lo dice, y sucede realmente, eso es verdad; y no hay nada más, más cierto que la verdad.
47Así que este joven había visto esto en el Señor Jesús, y sabía que Él tenía las llaves de esta Vida Eterna, pero él rechazó su oportunidad de hacer su inversión. Él no estaba interesado en tal inversión. Aunque el…
48Él estaba bien identificado que era el Hijo de Dios. Había sido identificado perfectamente. La virgen había concebido, dio a luz al Hijo. Él había hecho cada señal que el Mesías había de hacer.
49Pero para poder aceptarlo a Él, él tenía que apartarse de su tradición. Él tenía que apartarse de ella.
50Nos gustaría decir eso sólo de… este muchacho judío, pero es una lástima que también tengamos que ver eso hoy, de la misma manera. Es un gran precio. Podemos referirnos a las iglesias de hoy día. Muchas veces, gente que se llaman creyentes, y no están dispuestos a separarse y a apartarse de las cosas del mundo, como se le pidió a este joven gobernante que lo hiciera, para tener la póliza de Vida Eterna. Sin embargo, después, nosotros también lo vemos bien identificado por medio de la Escritura, que las Pólizas aún están siendo dadas a todo aquel que desee recibirla.
51Como ya dije, él vio algo en Jesús que ningún hombre tenía, pero el precio era tan grande que él no quiso pagarlo.
52Es la misma cosa hoy día. Según creo yo, esta noche yo quizás le esté hablando a diferentes denominaciones: metodistas, bautistas, presbiterianos, católicos romanos, judíos ortodoxos, buda, y cuánto más, esa es la gente de negocios de las ciudades. Pero hay… realmente, cuando Ud. ve algo con sus propios ojos, que las Escrituras identifican ser verdad, nosotros seríamos la gente más irracional que, si estamos interesados en la Vida Eterna, rechazarla. Sería una—una decisión precipitada como la que tomó este joven. Muchas veces, aun nuestro clero hoy comete este mismo error fatal, a través de eruditos pulidos en credos, que lo saben de principio a fin. Pero recuerden, esos sacerdotes en aquel día también conocían los pergaminos, de principio a fin, pero fallaron en ver lo que vio este joven.
53Y él estaba interesado en—en que Jesús le diera Vida Eterna. Pero cuando se dio cuenta de lo que le iba a costar, él entonces no estaba interesado.
54Saben, la Biblia nos dice, en esta edad en la que estamos viviendo… Como nos ha explicado aquí nuestro precioso Hermano Pearry, que él creía que estábamos en los últimos días. Yo ciertamente creo eso firmemente con todo mi corazón. Yo creo que la Escritura lo identifica.
55Creo que—que—que la ciencia lo identifica. Los científicos dicen: “Faltan tres minutos para la media noche”. El—el… Nuestros programas que vemos por la televisión y—y por la radio, y—y cómo está comportándose nuestra gente, es…
56Como hice un comentario aquí o en alguna otra parte, que eso me recuerda… todo el alboroto que ellos hacen, me recuerda a un muchachito pasando por un cementerio, de noche, silbando, para procurar hacerse creer que él no tiene miedo, pero sí lo tiene.
57Eso es lo que pasa con todo en lo cual nosotros nos enfocamos hoy día, todas nuestras boberías. Estamos procurando hacer que la gente piense que no sabemos que la hora está a la mano, pero sabemos que sí lo está. Nuestro… El Pentágono lo sabe. Todos, todos nosotros sabemos que hay algo a punto de suceder. Uno, uno puede sentirlo en la misma atmósfera, y sabemos que está a la mano.
58Y nuestra Biblia nos dice, en Apocalipsis capítulo 3, que la iglesia en esta edad va estar identificada así como este joven rico, hebreo. Esta Edad de Laodicea es “rica, no tiene necesidad de nada”. Si diere la casualidad de que hubiese ministros aquí, o estudiantes de la Biblia. Esta es la Edad de Laodicea. Y dice: “Porque yo soy rica, me siento como una reina, no tengo necesidad de nada”. Lo triste de esta cita Escritural es…
59Si viéramos a un hombre o a una persona en la calle, que estuviera ciego y desnudo, miserable y pobre, ésa sería una—una escena horrible. No hubiera nadie que no corriera hacia él tan rápido como pudiera, y le dijera: “Amigo, Ud. está desnudo. Ud. debe—Ud. debe… Ud. está descubierto. Entre, rápidamente, y—y déjeme darle ropa. Y le llevaré a alguna parte para ver si puedo conseguir un médico, para que le devuelvan la vista”, o trataría de hacer algo por esa persona.
60¿Qué si Ud. se encontrara con una persona así, y ellos se dieran la vuelta hacia Ud. y le dijeran que se ocupara de sus propios negocios? Ellos ni siquiera saben que están en esa condición. Ahora, si Ud. está así, y lo sabe, no es tan malo. Pero cuando Ud. está en esa condición, y no lo sabe, esa es la parte lastimosa. Uno no puede decírselos.
61Y esta Escritura tiene que cumplirse, así como todas las Escrituras deben cumplirse. La Biblia dice que ésta sería la condición en los días postreros. Ellos han rechazado a Jesús, y Él estaba del lado afuera de la iglesia, tratando de entrar. Lo rechazaron, tan rotundamente como lo hizo este joven hebreo. Y esta era la iglesia gentil, la iglesia Novia, llamada a salir, la llamada “iglesia cristiana” en los últimos días, pero ellos lo echaron a Él fuera por la misma razón que lo echó fuera este joven hebreo, de negocios. El precio era demasiado grande. Ellos no pudieron aceptarlo.
62La Biblia dice aquí que ellos eran “ricos”, dice que “no tenían necesidad de nada”. Este joven era rico, no tenía necesidad de nada. “Nosotros somos una denominación muy fina que tiene construida grandes logias. Nosotros tenemos la hermandad. Tenemos esto, aquello, o lo otro. Hemos tenido nuestros credos por cientos de años. Estamos cómodos. No tenemos necesidad de nada. ¡No nos digan nada al respecto!”.
63Bueno, esa es una actitud más arrogante que la que tomó este joven. Él no tomó ese tipo de actitud. La Biblia dice que: “Jesús le miró y le amó”.
64Me pregunto hoy, si en medio de toda nuestra confusión y nuestra mundanalidad, y aun así tratando de mantener nuestra profesión cristiana, si no es el amor de Dios lo que constriñe al ministerio a mantenerse en el campo. Me pregunto si no es la misma cosa, como lo encontramos a Él aquí llamando a la puerta, tratando de entrar. Ahora, vemos estas cosas, que a través de todas las edades ha sido de esa manera.
65Ahora, para ahorrar tiempo, hablando de la póliza nuevamente, sólo lo estoy bosquejando temporalmente para Uds.
66Ahora, este muchacho rico, él no pidió unirse Su iglesia. Él—el pertenecía a la iglesia. Eso lo demostró.
67Jesús le dijo: “Guarda los mandamientos. Tú los conoces. No adulteres. No robes. No mientas, defraudes. Y—y no, y—y entonces honra a tu padre y a tu madre”.
68Y este joven demostró ser un—un buen muchacho, culto, no simplemente lo que llamaríamos hoy, un—un bribón. Él era un tipo de muchacho fino, había sido criado en un buen hogar. Él dijo: “Maestro, he hecho todo esto desde que era un muchacho, toda mi vida”. ¿Se fijan?, eso mostraba que sus padres eran buenos padres. Él asistía a una iglesia que creía en guardar los mandamientos. Pero sin embargo, aunque estaba en la iglesia, guardando los mandamientos, eso aún no respondía lo que él vio en Jesús. Él sabía.
69Con nuestro credo y con nuestra iglesia, y guardando los mandamientos, aun así, eso no nos da Vida Eterna. No dio en aquel entonces, ni la da hoy. Hay algo que Ud. tiene que hacer.
70Ahora, nos damos cuenta que no era porque él no fuese un miembro de iglesia. No era porque él no tuviese una buena moral. Él la tenía.
71Pero nosotros pudiéramos ser un miembro de iglesia, tener una buena moral, y aun así no obtener la Vida Eterna. No es conocer la Palabra; algunos de ellos son teólogos, eruditos, maestros de la escuela dominical, expositores de la Biblia, pero eso no significa nada. Satanás conoce esa Biblia mejor que cualquiera de nosotros. La Biblia dice: “Conocerlo a Él es Vida”, no conocer la Palabra. “Conocerlo a Él es Vida”. Satanás también cree y tiembla. Pero nosotros tenemos que tener la experiencia de una muerte, sepultura, y resurrección, de nuestra vieja vida, a la nueva Vida que viene a través de Cristo. Viene únicamente por medio del Espíritu Santo, la nueva Vida.
72Ahora, investiguemos algunas de estas personas a través de las edades, que han tenido esta póliza, y veamos si paga o no paga. Entonces quisiera traerles, como les dije al principio, que Ud. debería consultar con alguien cuando Ud. va hacer una inversión; y vean lo que sucede, que si paga bien. Ud. debería hacer eso en su negocio. Quiero hablarles de algunos de los que han tenido esta póliza.
73Quiero enfocar su atención, esta noche, en Génesis, en un profeta llamado Noé. Aunque él fue probado en todo aspecto que pudo, en toda forma que satanás pudo probarle, para hacerle renunciar a esa póliza; pero Noé tenía la promesa de Dios, la póliza de Vida, por cuanto Dios le dijo que todo lo que estuviera fuera de esa arca sería destruido, y aunque eso parecía un tanto fuera de lo común para la gente de pensamientos modernos de su día.
74Eso es lo que hace el Evangelio hoy día. Es lo fuera de lo común, porque Dios es fuera de lo común. Su Palabra es interpretada fuera de lo común, según como nosotros la interpretamos a veces.
75Pero, como he dicho antes, Dios no necesita que nadie interprete Su Palabra. Él Mismo la interpreta al–al hacer que se cumplan las cosas que Él dijo que haría. Él interpreta Su propia Palabra. Él no necesita de nuestra interpretación. Nuestra interpretación son nuestras propias ideas humanas que le damos a Ella.
76Cuando Dios dijo: “Sea la luz”, y fue la luz, eso no necesita ninguna interpretación.
77Dios dijo: “Una virgen concebirá”, y así fue. Eso no necesita ninguna interpretación.
78Jesús dijo: “El Hijo del Hombre va a Jerusalén y será entregado en manos de hombres pecadores. Ellos le crucificarán, y al tercer día resucitará”. Eso no necesita ninguna interpretación.
79Él dijo: “Un poquito y el mundo no Me verá más; empero vosotros Me veréis, porque estaré con vosotros, y en vosotros, hasta el fin del siglo, hasta la consumación”. Él está aquí. Eso no necesita ninguna interpretación. Es Su promesa.
80“Las obras que Yo hago, vosotros también las haréis. El que cree en Mí, las obras que Yo hago él también las hará”. Eso se encuentra en San Juan 14:12. Y sabemos que eso es verdad, así que no necesita ninguna interpretación.
81Noé, con la Palabra de Dios, se aferró a Ella, debido a que él era un portador de póliza de seguro de Vida, seguridad de Vida. Él tenía la póliza. Él era agente de esa póliza, y salió por todas partes. Pero por causa de que aquello no era popular, él no pudo convencer a nadie a que la poseyera, sólo a su propia familia. Él era… Su—su póliza parecía ser anticuada, para la gente. Parecía estar en contra del razonamiento científico de aquel día. “Lluvias cayendo del cielo”.
82Recuerden que jamás había llovido sobre la tierra. El mundo estaba en posición vertical. Eso lo podemos probar hoy, que una vez estaba de esa manera. Y Dios regaba la vegetación por medio de riegos, con manantiales que provenían de la tierra.
83Ahora, la ciencia, en aquel día, probablemente eran más inteligentes de lo que son hoy, ya que ellos construyeron las esfinges y las pirámides, y—y demás, cosas que nosotros no podemos intentar hacer hoy. No tenemos poderes que pudieran—pudieran hacerlo, pero ellos lo construyeron. Y me supongo que ellos tal vez dispararon hacia la luna con radar o lo que sea que ellos tenían en aquel día.
84Jesús dijo: “Como fue en los días de Noé”, otra civilización semejante a aquella, “así será en la venida del Hijo del Hombre”.
85Vemos donde hace poco han desenterrado un sistema moderno de riego, acá en México, y no existe ninguna historia al respecto. Vean, pudiera haber sido procedente de alguna otra edad pasada.
86Jesús dijo: “Como fue en aquel día”, hombres listos, inteligentes. Pero si fue así, entonces habrá una póliza de Vida que será ofrecida a la gente. Él así lo dijo.
87Y Noé, él tal vez no podía explicarlo. Como había dicho la ciencia: “Nosotros podemos tomar los instrumentos y probar que allá arriba no hay agua. Señor, Ud. está fuera de sus cabales”. Pero aun así él sabía que la Voz que le había hablado era Dios.
88Así que si Dios había dicho que: “Iba a caer agua de arriba”, aunque no había agua, Dios es Elohim, el Autoexistente. Él es el Todosuficiente. Si Él dijo: “Puede haber agua allá arriba”, Él es capaz de poner agua allá arriba, para cumplir Su Palabra.
89Nuestro padre Abraham, el cual es el padre de muchas naciones. Si diere la casualidad de que hubiere gente judía sentada cerca, me pregunto cómo fueron introducidos los gentiles, Abraham era el padre de muchas naciones. “Y él no dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios”. Él también tenía una póliza. Dios le había dado una promesa, de ser padre de muchas naciones; no solamente de las naciones hebreas, sino de otras naciones, de las cuales él sería padre.
90Noten, cuando lo hizo, la promesa que Dios le dio a él era precipitada, radical. Él tenía setenta y cinco años de edad, y Sara tenía sesenta y cinco, antes de que se le diera la promesa. Pero él se separó de los incrédulos, porque él sabía que era el heredero de justicia por la voluntad de Dios, ¡y no importaba cuánto tiempo tardara!
91Tal vez pasó el primer mes y él le preguntó a Sara: “¿Cómo te sientes?”. “No hay diferencia”.
92Dijo: “De todas maneras tendremos al bebé. Dios lo dijo. Anda y haz los escarpines. Ten todo listo. Dios dijo que lo tendríamos y eso lo concluye”. Pasó el primer año. “Cariño, ¿cómo te sientes?”. “Nada diferente”.
93“Bueno, va a ser un milagro mayor de lo que sería si hubiera ocurrido el primer mes”.
94Vean, ella tenía como diez años de haber pasado la menopausia cuando la promesa fue dada. Ellos no tenían hijos. Ella era infértil, y él estaba estéril. Así que ellos… Pero él aún tenía esa póliza, porque era la Palabra de Dios, una promesa. Él no iba a separarse de ella. Y la Biblia dice que: “Abraham no dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios; sino que se fortaleció, dando alabanza a Dios; sabiendo esto, que, Él era poderoso para hacer lo que ha prometido”. Así que el niño nació, por cuanto él tenía la—la póliza.
95Noé tenía su póliza, y ella le salvó la vida. Ese fue el pago. No solamente la vida de él, sino también la vida de su familia; pagó, al salvarlos a ellos.
96Hablemos de otro inversionista en este seguro de Vida Eterna. El profeta Daniel, cuando, como le llamaríamos… Si me disculpan, como una expresión mundana; creo que no debería usarla, aquí en el púlpito. Pero es la única manera en que sé decirlo: “cuando todo está en contra”. El rey Nabucodonosor había venido y se había llevado a los hijos de Israel por causa de que ellos se habían alejado de Dios. Ellos se habían alejado; aunque seguían ofreciendo todos sus sacrificios.
97Cuando Dios les pidió que ofrecieran corderos, becerros, y demás. Cierto hombre, un buen judío, iba por el camino, con un becerro gordo o—o—o con un corderito bajo el brazo. El día de la expiación, él iba a ofrecerlo por su pecado. Él era sincero cuando mataba a ese cordero, y el sacerdote lo degollaba. Él ponía sus manos sobre él, sabiendo que esa vida era quitada para salvarle la vida a él. Él era sincero en eso. Y mientras que él fuera sincero, todo estaba bien. Pero llegó el tiempo en que aquello se convirtió en una tradición familiar. Entonces Dios dijo, envió un profeta en la escena, llamado Isaías, Él dijo: “Vuestros sacrificios y fiestas solemnes son una hediondez en Mi nariz”.
98Allí es donde hemos llegado nosotros. Nos hemos unido a la iglesia. Lo cual está bien, nosotros hacemos esas cosas. Pero, si uno les pregunta: ¿Es Ud. cristiano? “Yo soy metodista. Yo soy bautista. Yo soy presbiteriano, pentecostal, o algo más”. Es una tradición. No existe nada de entrar en sinceridad. No se paran firmes para cuadrar con las Escrituras y cosas. Viven de cualquier manera que ellos quieren. Si tienen un pastor que trata de corregirlos, lo echan fuera. No tienen nada que ver con él si no puede meter a Hollywood en la iglesia; fiestas, reuniones para jugar bunco, venta de comidas, y todo lo demás; permitir que las mujeres se comporten de cualquier manera que ellas quieran, inmoralmente, de todo. La atracción sexual se convierte en una—una tendencia moderna. Es una desgracia.
99Jesús le dijo a aquella mujer… Ud. pudiera ser tan virtuosa como pudiera serlo, pero dará cuenta por adulterio en el día del juicio, Ud. que se pone esa ropa. Jesús dijo: “Cualquiera que mirare a una mujer, para codiciarla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”. Y no importa qué tan inocente sea Ud., ese pecador dará cuenta por adulterio, y Ud. fue la que se presentó. Uds. cristianas, ¿será que no tienen vergüenza? Uds. deberían comportarse como hijas de Dios.
100Y Uds. hombres, miembros de la iglesia, diáconos, hasta ministros, que les permiten a sus esposas hacer eso, Uds. deberían de ser hijos de Dios. Ese no parece el comportamiento de un hijo de Dios con la naturaleza de su Padre en él. Tienen miedo de decir algo porque la organización los excomulgaría. Correcto.
101Daniel se propuso en su corazón de que él no iba a arruinar su inversión. Él se propuso: “No importaba lo que el mundo, cuán rico se haga el rey, y cuánto trate de desviarme a las cosas del mundo, yo no voy a hacerlo. Yo no voy a arruinar mi inversión”.
102Oh, mundo cristiano, no arruines tu inversión que has hecho en la Vida Eterna. La contaminarás.
103Daniel se propuso no hacerlo. Y pagó, al salvarle la vida cuando fue echado al foso de los leones. Su inversión realmente valió la pena.
104Los jóvenes hebreos estaban decididos a que no adorarían un ídolo. Y pagó, al salvarles la vida en un horno de fuego.
105Luego viene Simón Pedro, un fariseo fino que había sido enseñado por su padre, que llegaría el día en que—que vendría el Mesías. Por todas las edades, el pueblo judío lo había esperado. Y no cabe duda de que su padre le había dicho: “Hijo…” Yo—yo leí una pequeña historia una vez, acerca de ello, pudiera haber sido ficción. No digo que sea auténtica.
106Pero él dijo: “Yo he esperado el tiempo del Mesías venidero”. Y dijo: “yo—yo—yo sé que antes de que llegue ese momento, habrá toda clase de ismos, cosas falsas aconteciendo. Pero, hijo, como hebreo, nosotros somos enseñados, como hebreos, a creer a nuestros profetas, pues la Palabra del Señor viene a los profetas, y sólo a él. El Señor dijo: ‘Yo no hago nada sin que primero se lo revele a mis profetas’. Y este Mesías, de acuerdo con Moisés: ‘Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios’. Y el Mesías no será un educador. Él no será una denominación. Él será un profeta, y la Palabra del Señor será con Él”. Andrés había oído a Juan hablar acerca de uno como ése, que vendría, “el bautizador”.
107Pero entonces, cierto día, Simón mismo llegó ante la Presencia de Jesús de Nazaret. Y tan pronto lo miró, le dijo: “Tu nombre es Simón, y tú eres hijo de Jonás”. Él aceptó una póliza rápidamente. Él supo que ése era el mesías. Esa fue la Escritura vindicada de su día, el Mesías. ¿Cómo fallaron los otros en verlo?
108Allí había uno, llamado Felipe, quien recorrió como quince millas, alrededor de la montaña, para llegar hasta un hombre llamado Natanael. Ellos habían tenido estudios bíblicos juntos. Tal vez su conversación fue algo así, cuando lo encontró debajo de un árbol, orando. Él dijo: “Natanael”. Desde luego, siendo un caballero que seguía a Jesús; cualquiera que siga a Jesús será un caballero. Así que él lo encontró orando; él—él esperó un rato. Pero si se fijan, él nunca le habló acerca de sus olivares o cosas así. Él fue directo al punto: “Ven y ve a Quien hemos hallado, a Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Dijo: “Mira, ¿de Nazaret podría salir algo bueno?” Él dijo: “Ven y ve”.
109Esa es la mejor respuesta que cualquier hombre pudiera darle a otro. “Ven y averigua por ti mismo. No te quedes en la casa a criticar. Ven e investígalo tú mismo”.
110Por el camino, su conversación pudiera haber sido algo así. Quizás Natanael dijo: “Sabes, hemos estado esperando un Mesías, por años. Tú sabes, Felipe, cómo hemos estudiado esto. Pues, yo creo que si el Mesías viene, Dios arreglará la escalera desde el Cielo y dejará bajar esa gran escalera hasta aquí mismo en el patio de nuestro templo donde está Caifás, nuestro sumo sacerdote, y dirá: ‘Aquí estoy’”. ¿Ven? Pero esa no es la manera en que dijo la Escritura que Él vendría.
111El solamente vendra de la forma en que las escrituras lo dicen. El viene un profeta justamente como lo fue Moises. Un hombre ordinario, un pastor de ovejas.
112Noten, y cuando él llegó ante la Presencia del Mesías, y Él estaba en la línea u orando por los enfermos, o lo que sea que Él estaba haciendo. Vemos que el Mesías lo mira y le dice: “He aquí un Israelita en quien no hay engaño”.
113Ahora, Uds. quizás piensen que fue debido a que él estaba vestido de esa manera. Pero recuerden, toda la gente del oriente vestía igual, turbante y barba, y así por el estilo. Recuerden que Jesús también caminó con ellos, yendo a Damasco, todo el día, después de su resurrección, y ellos ni siquiera lo reconocieron. Él estaba vestido de la misma manera.
114Vemos entonces que en esta gran Presencia de Él, él dijo: “Rabí”. Este joven hebreo tan fino dijo: “Rabí, ¿cuándo me conociste? ¿Cuándo llegaste a conocerme, y sabes que soy un—un Israelita, honesto, y la reputación que tengo? Tú no me habías visto antes. ¿Cómo me conociste?”.
115Y Él le dijo: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, te vi”.
116Él aceptó una póliza. Cayó a Sus pies como lo hizo este otro joven, y dijo: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios. Tú eres el Rey de Israel”. Hoy su nombre es inmortal.
117Hay una mujercita, tal vez hable de ella por causa de las damas que están aquí cerca. Esta damita no era como Uds. En contra de ella había una—una tacha moral de parte de la iglesia. Quizás era una muchachita que había sido echada a la calle, incorrectamente. Tal vez sus padres no habían cuidado de ella. Ella era mitad judía y gentil; ella era una Samaritana.
118Recuerden, sólo existen tres razas de gente, si nuestra Escritura está correcta.
119Y que Dios me perdone por decir “si” está correcta. Ella sí está correcta. Es Dios Mismo. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros”. “El mismo ayer, hoy, y por los siglos”. Así que esta damita había sido echada fuera.
120Primero quiero explicar acerca de esto del pueblo de Cam, Sem y Jafet. Nosotros los gentiles éramos paganos en esos días, estábamos adorando ídolos, pero el judío y gentil estaban esperando un Mesías. Y Él solamente viene a aquellos que le están esperando. 121Hoy, a veces nosotros decimos que le estamos esperando, e invertimos millones y billones de dólares en cosas, y construimos instituciones y demás. Yo me pregunto. Y misioneros en el campo muriéndose de hambre, yo los conozco, que están allá en esta noche, predicando, sin tener un par de zapatos. Invertimos millones y millones de dólares en tonterías, y entonces, pues, nuestras propias acciones condenan nuestro testimonio.
122Pero esta jovencita, tal como la conocemos, ella era una Samaritana. Jesús iba camino a Jericó, la cual está situada debajo de Jerusalén. Pero Él fue a Samaria y llegó a una ciudad llamada Sicar, y mandó a los discípulos a comprar víveres, comida. Y mientras ellos fueron, esta jovencita llegó a buscar agua, y Él—Él le dijo: “Tráeme de beber”.
123Ella miró alrededor, y viendo que Él era judío, le dijo: “No es costumbre que Tú me pidas eso”. Dijo: “Tú eres judío”.
124Él dijo: “Pero si supieras con Quien estás hablando, tú me pedirías a Mí de beber y Yo te daría agua que no tienes que venir a sacarla aquí”.
125Entonces la conversación continuó, con respecto a la religión, y finalmente Él hizo contacto con su vida. Él dijo: “Ve, busca a tu marido, y ven acá”. Ella dijo: “No tengo marido”.
126Dijo: “Has dicho la verdad; porque has tenido cinco, y con el que ahora estás viviendo no es tu marido”.
127Ahora, unos días antes de eso, los maestros y rabinos de aquel día, los hombres que debieron haber tenido mejor conocimiento, dijeron: “Él es belcebú. Él hace eso por medio de un espíritu maligno”. Ellos tenían que darles razón a sus congregaciones. Así que ellos inventaron y dijeron: “Es un espíritu maligno”.
128Y Jesús dijo: “Yo les perdono por eso”, (la expiación no había sido hecha). “Pero cuando venga el Espíritu Santo y haga la misma cosa, hablar en contra de Eso jamás será perdonado”, y nosotros sabemos que eso sucedió cuando Tito, después de que ellos habían rechazado el Espíritu Santo, Tito quemó el templo y esparció a los judíos por todo el mundo. Y ahora ellos se están reuniendo nuevamente, está cumpliendo la Escritura. Fíjense ahora en esta jovencita.
129Cuando, esos judíos vieron eso acontecer, y lo llamaron: “un espíritu maligno, un espíritu inmundo”, dice la Biblia: “llamando el Espíritu de Dios, haciendo la obra, un Espíritu inmundo, un demonio”, como un adivino o alguna persona maligna.
130Y entonces, rápidamente, esta mujer supo que no era así. Cuando Él dijo: “Ve y llama a tu marido”. Ella dijo: “No tengo ninguno”.
131Él dijo: “Has dicho la verdad, porque cinco has tenido, y con el que vives no es tu marido”.
132Fíjense en esto. Rápidamente ella dijo: “Señor, me parece que Tú eres profeta”. Recuerden, ellos no habían tenido profetas por casi quinientos años. Malaquías había sido el último profeta hebreo. “Nosotros sabemos que el Mesías viene, y ésta será la identificación del Mesías. Sabemos que cuando Él venga, esto es lo que Él hará”. Jesús le dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.
133Ella aceptó una póliza. Ajá. Y entró a la ciudad, para esparcir las buenas Nuevas, que ella había encontrado al Mesías. Ella tenía Vida Eterna por cuanto había creído en Él. ¿Cómo lo sabía ella? Ella vio la identificación de la Escritura manifestada por Él.
134“Sabemos que cuando venga el Mesías… Por cuatrocientos años no hemos tenido un profeta, y, cuando Él venga, ese será el próximo hombre en la escena. Cuando Él venga, nosotros le reconoceremos, porque ÉL hará esa misma cosa”.
135Dijo: “Yo soy Él”. Ella aceptó una póliza. Ella estaba interesada en ella.
136Nicodemo. Unos momentos, ya para terminar. Nicodemo, un rabí, un hombre como de ochenta años de edad. Él había estado convencido de que había algo con respecto a Jesús que era diferente a los demás, y él quería una póliza. Así que vino de noche, a buscar la póliza, y encontró el banco abierto para hacer negocios. Ajá.
137Siempre está abierto. Está abierto en un banquete. Está abierto allá afuera en la calle. Está abierto dondequiera que haya alguien dispuesto hacer negocios, esta póliza y el que la tiene. Él encontró que el banco está abierto. Él aceptó una póliza.
138Ahora sabemos, en Lucas 24: 49, después de que Jesús había escogido a Sus discípulos, ellos eran portadores de la póliza de Vida Eterna. Así que ahora, Uds. saben, en una póliza de seguros normal, ellos siempre pagan beneficios. Ellos ya habían sido aceptados y escogidos por Jesús, y entonces fueron a Jerusalén, esperando hasta el Día de Pentecostés, para obtener sus beneficios. Y pagó, con el bautismo del Espíritu Santo, y poder para manifestar a Jesucristo.
139Metodistas, bautistas, presbiterianos, ortodoxos, sea quienes sean, que reclaman ser cristianos, ¿por qué no hacen lo mismo? ¡Uds. creen en el Señor Jesucristo y se hacen miembros de la iglesia! ¿Por qué no suben a Pentecostés y obtienen sus beneficios, el poder del Espíritu Santo? Aquellos portadores de la póliza los obtuvieron. Uds. también pueden, si lo creen y lo creen de verdad.
140Pedro al hablarles, dijo: “La promesa es para vosotros y para vuestros hijos, para los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llamare”. Ellos querían saber qué hacer. Él dijo: “Arrepentíos y bautícense cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Era una promesa.
141Así que si Ud. solamente es un confesor, en esta noche, y nunca ha obtenido sus beneficios, ¿por qué no trae su póliza, esta noche? Y permítame conversarlo con Ud. por un momento. Arrodíllese conmigo por unos minutos y averigüe si no es así. Sea sincero al respecto. Pagará ahora mismo, si Ud. verdaderamente tiene una póliza. Él reconocerá la póliza, (su fe), si Ud. dice que está en Dios. Si está en Dios y en Su Palabra, y no en alguna iglesia o en un credo denominacional, pero sólo cree en Jesucristo, ella pagará. Él conoce Su Propia póliza.
142Traigamos a otro personaje sólo por unos momentos. Hubo otro hebreo rico que se encontró con Jesús un día después de su muerte, sepultura, y resurrección.
143Si hubiere un hebreo aquí, en esta noche, o dondequiera que se encuentre, el hecho de que Él haya sido crucificado no es excusa para que Ud. no pueda encontrarse con Él aquí mismo, así como—como el joven rico se encontró con Él. Si Ud. quiere una póliza, Él está aquí para hacer negocios.
144Hubo un hombre llamado Saulo, y él fue enseñado en todas las grandes enseñanzas y tradiciones de su pueblo. Gamaliel fue su maestro, uno de los más excelentes maestros hebreos de la época. Y Saulo era tan celoso de esto, a tal grado que apedreó a Esteban, o lo aprobó, presenció su muerte, o la aprobó. Guardó los mantos de aquellos, mientras que aprobaba, teniendo autoridad de parte del sumo sacerdote para echar a la cárcel a toda aquella gente que tenía esa póliza, debido a que sus ancianos le habían dicho que: “Este Hombre no era ningún profeta. No había nada en este Hombre sino que sólo era un radical”. Y él tenía cartas en sus bolsillos, yendo allá, porque había oído que había algunos en Damasco que tenían esta póliza. Y ellos habían obtenido intereses de ella, y ellos verdaderamente estaban haciendo cosas.
145Y el sumo sacerdote le dijo: “Saulo, tú eres un hombre celoso. Toma esta autoridad, de parte mía, ve allá y arréstalos a todos, ya que no son más que radicales, no hay nada en ellos. Anda y átalos, y échalos a la cárcel. Si tienes que matarlos, mátalos, no hay problema. ¡Ve a buscarlos!
146Saulo dijo: “Su señoría, señor, santo padre, yo iré”. Y fue.
147En el camino hacia allá, él iba acercándose a la ciudad como a las once del día. De repente, salió de los cielos la Columna de Fuego, y lo derribó al suelo. Él se levantó para mirar, y allí estaba esa Columna de Fuego delante de él.
148Ahora, para probarles eso a Uds. Él era hebreo, y nunca hubiera adorado nada o llamado “Señor” a nada, a menos que supiera que era el Señor. Y él sabía, como maestro bajo Gamaliel, que el Ángel del Señor, el cual era el Logos que salió de Dios, lo cual era Cristo que los guió a través del desierto, estaba en la forma de una Luz, una Columna de Fuego. Y cuando lo derribó al suelo, y él alzó la mirada y la vio allí, él dijo: “Señor”. Ahora, él nunca hubiera llamado a nada “Señor”, sino a Eso. Pero, siendo hebreo, él sabía que Ése era Jehová. Es por eso que él tuvo la revelación, podía decir que Jesús del Nuevo Testamento era Jehová del Antiguo. Esa fue su revelación, ya que él había visto a Jehová. Y él dijo: “Señor, ¿quién eres?”.
149Él dijo: “Yo soy Jesús, y dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. Y él aceptó una póliza.
150Comparen a esos dos hombres, juntos. Un joven rico, hebreo, que quiso aferrarse a sus tradiciones, y otro que estaba convencido. Uno de ellos lo vio a Él como un hombre, que Dios fue hecho carne para poder morir y quitar el pecado.
151La sangre de corderos y demás, la vida que estaba allí no podía venir sobre el creyente, debido a que era la vida de un cordero, no tiene alma en ella, es una vida animal. Pero éste era Dios Mismo, y, entonces si llegamos a nacer de ese Espíritu, somos hijos e hijas de Dios, la Vida que estaba sobre nuestro Sacrificio. Comparen a esos dos hombres juntos.
152Lo vio vindicado, que Dios estaba en Cristo. La misma Columna de Fuego que había llevado a Su pueblo a través del desierto, y los llevó hasta allá, los alimentó todo el día. Recuerden, cuando Jesús estuvo en la tierra, Él dijo: “Yo salí de Dios, y voy a Dios”. Él era esa Columna de Fuego que llevó a los hijos a través del desierto.
153La Biblia dice que: “Moisés tuvo las riquezas de Cristo como mayor tesoro que las de Egipto”. Él abandonó Egipto, para seguir a Cristo.
154Cuando Él estuvo aquí, esa Columna de Fuego estaba representada en Él, Dios. Él dijo: “Si Yo no hago las obras de mi Padre, entonces no me creáis. Las obras les dicen a Uds. lo que Yo debo hacer. Si Yo no hago eso, entonces no lo crean. Pero si Uds. no pueden creer en Mí… Ellos dijeron: “Tú eres—Tú eres un hombre y te estás haciendo Dios”.
155Dijo: “Si Uds. no pueden creer en Mí, crean las obras. Ellas dan testimonio de Mí”. ¿Ven?
156Ahora, cuando Él estuvo muerto, fue sepultado, se levantó, y ascendió, aquí lo encontramos a Él nuevamente en esa Columna de Fuego. Él había venido de Dios, y fue a Dios.
157Él aún es el Mismo, el Mismo hoy. Noten, seguro, el Mismo que fue.
158Y cuando Pablo, o Saulo (en ese entonces), reconoció que Dios Jehová, la Columna de Fuego del Antiguo Testamento, se había llamado a Sí Mismo Jesús, él aceptó su póliza. Él estaba listo para ella entonces.
159¡Qué decisión más descabellada, la de ese joven rico! ¡Qué…! Cómo él debió haber… ¿Qué, cómo pudo él hacer eso? [Espacio en blanco en la cinta.—Ed.]
160¿Qué daría Ud. a cambio por su alma? Después de todos sus edificios, y Ud.—Ud. deja eso para que sus familiares se peleen al respecto, y todo, ¿qué de esa alma y adónde estará Ud.? Recuerde, Ud. estará en algún lado, de aquí a miles de años. Esta pudiera ser una oportunidad para que Ud. tome su decisión.
161Fíjense qué error tan grave este negocian-… Qué—qué hombre de negocios tan malo fue él, al tratar de aferrarse a una tradición, cuando le había sido demostrado y vindicado que Aquí estaba la Vida Eterna, y él presenció lo mismo al preguntarle a Jesús al respecto.
162Pablo la aceptó. Sabemos cómo él salió. Como la gente del día, a ellos les gusta la opinión popular, y la alabanza del hombre en vez de la honra de Dios. A Pablo no le importaba la alabanza del hombre. Él quería la honra de Dios.
163Sigamos a este joven por un momento antes de terminar. Sigámoslo. El próximo lugar donde encontramos a este joven, ¿saben Uds. lo que le sucedió? Él nunca llegó a ser un indigente, por hacer esto. Él nunca llegó a ser un mendigo en la calle. Él aumentó en bienes. Él había rechazado la oportunidad.
164Muchas veces, la gente hoy se ríe y se burla del Espíritu Santo, luego continúan y crecen en sus negocios. Saben, perdonen esta expresión… pero cuando se burlan, dicen: “¡Pues, mírenme! Si hubiera algo en Ello, vean, pues, me sucedería, algo me sucedería”.
165Saben, hay un—un—un proverbio que dice: “Los necios caminan con zapatos claveteados con tachuelas, en donde Ángeles temen pisar”.
166Este joven gobernante prácticamente hizo eso. ¿Ven? Él cometió un—un grave error, y vemos que eso nunca afectó sus negocios. Él creció. Se hizo más popular, obtuvo más bienes. Dos damos cuenta, después de un tiempo, que él se había hecho tan grande al grado que tuvo que construir graneros nuevos para almacenar sus cosas.
167Y debido a que la iglesia ha rechazado el Espíritu Santo, en estos últimos días, ha crecido. Y ahora Uds. están entrando al Concilio Ecuménico, exactamente lo que dijo la Biblia que Uds. harían. Ahora Uds. verdaderamente son Laodicea: “rica y aumentada en bienes”, exactamente como estaba aquel joven.
168Él fue un tipo de la iglesia, rechazando. Pablo fue un tipo del que aceptó. Los dos tuvieron la oportunidad, como la tienen Uds. en esta noche, y la tengo yo.
169Él creció en bienes. Igual la iglesia, la Edad de Laodicea, ha crecido en bienes. Y recuerden, él se hizo tan grande, se hizo tan popular, al grado que aun los monarcas, la gente grande, empezaron a venir. Y en cierta ocasión él preparó un gran banquete.
170Y había un portador de la póliza de Vida Eterna, allí en su bazar, y nos damos cuenta de que él estaba echado junto a la puerta. Oh, él quizás le barrería unas migajas. Él nuevamente tuvo la oportunidad, un testigo, Lázaro le testificaba. Pero él simplemente barría las migajas: “Oh, bueno, intentaré esto, tomaré esta moneda de un cuarto de dólar, o lo que sea”, Uds. saben. Esa es más o menos la actitud de 1964. “Oh, yo ayudaré un poquito. Eso está bien, sólo déjenlo que se vaya, ¿ven?”.
171Pero él tenía la póliza. “Los pobres en espíritu”, Mateo 5 nos dice que ése es el candidato, “de ellos es el Reino de los Cielos”.
172Él siguió creciendo en bienes, y haciéndose más grande y más popular, y un gran hombre, pero por fin le llegó su pago. Por fin le llegó. En la tierra él tuvo un gran pago. Sin duda que él tuvo un gran servicio fúnebre. Vino el gran predicador denominacional, probablemente habló grandes palabras acerca de él. A lo mejor izaron la bandera a media asta. Hombres finos de negocios lo cargaron hasta su sepultura. Pero dice la Biblia que “en el infierno”, le llegó su pago por rechazar la póliza de Vida Eterna.
173“En el infierno alzó sus ojos, estando en tormentos”. Y él miró a lo lejos, al otro lado de la gran sima, la cual dijo Jesús que ningún hombre ha cruzado ni cruzará jamás, y vio al portador de la póliza de Vida Eterna, siendo consolado, del otro lado. Ambos. Uno la había aceptado. Ambos tuvieron su día de pago. El que barría las migajas tuvo su día de pago. Y ahora el rico llegó a ser el mendigo: “Permite que ese asegurado venga acá y toque mis labios con un—un poco de agua, porque estas llamas me están atormentando”.
174No cometa Ud. el mismo error, hombre de negocios. Ud. es mortal así como lo fueron ellos. Ud. tiene que tomar una decisión. Haga su inversión ahora. Hágala firme. “Haced firme vuestra vocación y elección”. Acepte una de las pólizas. 175Fíjense sólo—sólo un momento o dos más, si pueden. Cuando Moisés, quien abandonó, siendo un rey de Egipto, un Faraón, teniendo en gran estima el reproche de Cristo. Faraón miró a ese pueblo como un montón de adoberos, pero Moisés los miró como un pueblo que tenía una promesa. ¿Cómo los mira Ud., al pueblo de Dios?
176Moisés tuvo su día de pago. Miren a los portadores de su féretro. La Biblia dice que eran “Ángeles”. ¿Por qué? Más nadie podía llevarlo a donde él iba. Ellos fueron los portadores de su féretro.
177Allá estaba Elías, en el tiempo en que todas las mujeres se cortaban el cabello, como lo hace la señora Kennedy y las demás hoy en día. Se pintaban la cara, Jezabel. El rey y todo el pueblo se habían vuelto mundanos; también la iglesia. Y Dios envió a un profeta llamado Elías, para que condenara esa cosa. Después que él se puso viejo y estaba cansado, ya estaba listo para irse a Casa, y ni siquiera tuvo que morir. Su día de pago llegó, también, Dios simplemente le envió un carro y unos caballos, y se lo llevó a los Cielos.
178Esteban, quien se paró frente al Sanedrín, les habló claro y les dijo: “Oh, Uds. duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos, que rechazan la póliza, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo. Como lo hicieron vuestros padres, así también hacéis vosotros”. En su muerte, él tuvo un pago. Él alzó la mirada y vio los Cielos abiertos, y a Jesús parado del lado derecho.
179Moody, de los últimos días, hace como cien años, un zapatero de Chicago, casi no sabía escribir su nombre. En cierta ocasión el periódico envió a entrevistar a Moody. Su ministerio era tan sobresaliente, que ellos querían verlo a él poner en el periódico lo que lo había logrado; qué había en cuanto a Moody, qué clase de predicador debía ser, y un predicador dinámico. Así que enviaron a hacerle una entrevista, para escribirla en su editorial. Y Moody ni siquiera pudo leerla, después de que la escribieron, así que su encargado tuvo que leérsela. Y él dijo…
180Así era como decía el editorial. Decía: “¿Por qué querría alguien ir a escuchar a Dwight Moody predicar? Es más de lo que puedo decir”. Decía: “Primeramente, él es el hombre más feo que yo haya visto jamás, calvo y con las patillas que le colgaban”. Y decía: Él es tan—él es igual de ancho como es de alto”. Y decía: “Cuando él trata de predicar, él no sabe leer. Y cuando predica suena como chillido, habla por la nariz y tiene un ceceo”.
181Cuando él terminó, el señor Moody simplemente se encogió de hombros, y dijo: “Claro que no. Ellos vienen a ver es a Cristo”. Así que eso fue todo. No importaba lo que eran los críticos, él tenía una póliza.
182Y cuando él estaba muriendo, y el doctor dijo: “Esa es la muerte que ha llegado, señor Moody”.
183Él se levantó y dijo: “¿A esto le llama muerte? Este es el día de mi coronación”. ¿Ven? Él tenía la póliza.
184Mi buen amigo Paul Rader. Cuando yo era un muchachito, yo fui—yo fui ordenado en la iglesia Misionera Bautista, y Paul Rader también era bautista misionero, así que, en Fort Wayne, cuando yo solía ir a escucharlo predicar. Más tarde, llegó aquí a la costa oeste y tuvo tantos problemas, y finalmente hubo tantos problemas que enfermó, y a la larga eso lo llevó a contraer cáncer, y estaba muriendo. Él y Lucas habían andado juntos toda la vida, se mantuvieron juntos como mi hijo y yo.
185Así que cuando Paul estaba muriendo, el instituto Bíblico Moody envió un cuarteto, y ellos estaban parados allí. Paul tenía un sentido del humor. Y él estaba… El poderoso… El instituto Bíblico Moody, con este coro, había enviado allí, (o un cuarteto), y ellos estaban cantando: “Más Cerca, Mi Dios, De Ti”.
186Paul se volteó y se quitó la sábana. Él dijo: “¿Quién se está muriendo, yo o Uds.?”. ¿Ven? Él dijo: “Levanten esas persianas, y cántenme unas buenas alabanzas evangelísticas, alegres. Y ellos empezaron a cantar: Junto a la cruz do Jesús murió, Junto a la cruz do salud pedí, Ya mis maldades Él perdonó, ¡A Su Nombre Gloria!
187Paul preguntó: “¿Dónde está mi hermano Lucas?”. Lucas estaba en la otra habitación. Él no quería ver a su hermano morir. Dijo: “Díganle que venga acá”.
188Entonces Lucas entró. Muchos de Uds. lo conocieron, un hombre enorme y fornido. Él entró. Paul estiró la mano, acostado en la cama, y tomó a Lucas de la mano y lo miró a la cara, dijo: “Lucas, nosotros hemos andado lejos juntos. Pero, imagínate Lucas; dentro de cinco minutos yo estaré parado en la Presencia de Jesucristo, vestido en Su justicia”. Sosteniendo las manos de su hermano, su póliza pagó.
189El anciano Doctor Bosworth, que estuvo aquí la última vez, conmigo, la penúltima vez, ochenta años de edad, apenas regresando del África. Recibí una llamada para “ir a Miami”. Casi le destrocé los neumáticos a mi automóvil, para llegar allá. Dijeron que “él estaba muriendo”. Así que me di prisa para llegar hasta él. Yo sabía que él era portador de una póliza. Fui allá.
190Entré a la habitación allí. El hombrecito calvo con sus brazos levantados, sus bracitos huesudos. Yo corrí hacia él y caí sobre mi rostro, y clamé: “¡Padre mío, padre mío, carros de Israel y su gente de a caballo!”. Puso sus manos sobre mí y me bendijo. Yo dije: “Hermano Bosworth, ¿puedo orar por Ud.?” Dijo: “No”. Dijo: “Yo no estoy enfermo”. Yo dije: “¿Qué le pasa, Hermano Bosworth?” Dijo: “Simplemente me estoy yendo a Casa”.
191Yo dije: “Lo sabía”. Y dije: “Quiero preguntarle algo, Hermano Bosworth”. Dije: “¿Cuándo fue el momento más grande de su vida y de su ministerio? Ud. ha estado sirviéndole a Dios antes de que yo naciera. Hemos estado juntos en los campos misioneros. Hemos estado en tormentas, en el aire y en el mar. Ud. estuvo a mi lado cuando había demonios a cada lado, y hechiceros. Y fue de gran regocijo cuando vimos a Dios paralizarlos parados allí. ¿Cuál fue la emoción más grande de su vida?”.
192Él dijo: “Este momento”. Él estaba a punto de cobrar su póliza. Él dijo: “Todo lo que he vivido, Hermano Branham, ha sido para Jesucristo, y en cualquier momento Él entrará por la puerta para llevarme a Casa”.
193Sí, esos fueron portadores de póliza que dieron todo lo que tenían, y lo invirtieron en la Perla de gran precio. ¿No quiere Ud. también invertir en esta noche, mientras inclinamos nuestros rostros?
194No puedo ver a través de la audiencia. No sé qué está…cuántos, o quiénes están mirando, a través del circuito cerrado de televisión en esta noche. Voy a pedirle, amigo, no permita que estas sean palabras ociosas. Ud. es un mortal. Ud. tiene que morir. Ud. lo sabe. Y tal vez su tiempo llegue antes de la mañana. Yo no soy… una persona que está muy a favor del persuadir; y, porque Jesús dijo: “Todo lo que el Padre me ha dado vendrá”. Si hay un lugar en el corazón para esa póliza, en esta noche, ¿no desea Ud. aceptarla? Esa póliza es Cristo, la póliza de amor que Dios le ofrece a Ud., para que Su Palabra se haga viva en su corazón, haciéndole parte de Él. Él es la Palabra. Acéptelo en su vida. ¿No quiere Ud. hacerlo, y hacer esta gran inversión?
195Hasta donde puedo ver, no veo sino como a diez pies de mí, o quince. Voy a pedirles que levanten las manos si quisieran aceptar una de las pólizas de Vida Eterna. Diga: “Yo la quiero, Hermano Branham. Recuérdeme en sus oraciones. Ud. no ve mi mano, pero Dios sí”.
196Nuestro Padre Celestial, esta sencilla, tosca, pero verdadera historia de vida. Yo lo hablé de esta manera, Señor, para que la gente, la gente de negocio, la entendiera mejor, de que es algo que está representado aquí en la tierra. Por esa razón la llamé una póliza. Perdóname si estuvo mal que la llamara así. Pues, estamos ahora en un—un momento muy sagrado, donde sin duda que hay muchos pensando seriamente ahora, sabiendo que ellos también tienen que tener un pago de lo que sea que tengan aquí, y ellos pueden ver lo que significa rechazar.
197Ahora, aquel joven, según sé, siendo quizás tan popular entre la gente, él permaneció en la iglesia, él guardó los mandamientos, él no cometió adulterio, ni robó, ni hizo esas cosas, pero en su propio corazón él sabía que no tenía Vida Eterna. Que aquellos, Señor, quienes están tratando de encontrarse contigo, para obtener Vida Eterna, basados simplemente en esas cualidades morales, que ellos en esta noche reciban la invitación, y se queden sobre sus pies, y digan: “Señor, yo haré todo lo que Tú me pidas que haga”. Concédelo Señor.
198Todos ellos son Tuyos ahora. Encomiendo todo a Ti. Y si la simiente ha caído en alguna parte, Señor, sobre algún suelo, alguna simiente predestinada, que por muchos años ha estado hambrienta y sedienta, quizás haya caído en alguna parte en esta noche. Que ellos reciban Vida, Padre, porque lo pido en el Nombre de Jesucristo.
199Y mientras permanecemos con nuestros rostros inclinados, voy a pedirle al Hermano Pearry, si lo desea, que venga aquí y se encargue de lo que resta del servicio.