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~ MIRANDO HACIA JESUS ~
1…de la Biblia de Dios. Sabiendo esto, que si mis palabras fallan, las Suyas no. Así que, yo quiero leer una—una Escritura del Libro de Isaías. Tengo algunas Escrituras anotadas aquí, y unos cuantos comentarios que me gustaría mencionar, tan rápido como sea posible, y luego entrar directamente a tener la línea de oración por los enfermos nuevamente, en esta noche.
2Quiero aprovechar esta oportunidad, mientras abrimos en Isaías 45, quiero aprovechar esta oportunidad para agradecerle a todos los ministros que han cooperado en esta reunión.
3El Hermano Shores, un amigo mío muy apreciado, él representa a las Asambleas de Dios, aquí en la ciudad. El Hermano Outlaw, otro precioso amigo mío, de la iglesia del Nombre de Jesús. El Hermano Fuller, de los independientes, otro precioso amigo mío. No solamente estos tres hombres, ellos representan los tres grupos mayores, sino otros ministros para los que he ministrado, anteriormente, en otras campañas, todos han cooperado y se han reunido, y la gente ha venido. Ciertamente confío, hermanos míos, que muchas de su gente que estaban enfermas y necesitadas, hayan recibido ayuda durante este tiempo. Estoy seguro de haber intentado todo lo que sé hacer, y estoy seguro que el Espíritu Santo confirmará lo que ha sido dicho y hecho.
4Así que, que el Señor les bendiga ahora mientras abrimos en la Biblia. Isaías 45, comenzando con el capítulo 22—o el versículo 22. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará.
5Yo sé que eso no es mucha lectura de la Escritura, pero eso es suficiente porque Ella es Eterna. Ella es la Palabra de Dios. Y si yo habría de llamar esto un tema, como por veinte minutos, o treinta, me gustaría decir, quiero titularlo: Mirando Hacia Jesús.
6Ése ha sido el llamado por años: “Mirad a Mí, los términos de la tierra”. Me gustaría darle la vuelta a eso, un poquito, y decir: “Mirad especialmente hacia Mí al final de cada sistema mundial”, porque Él siempre se da a conocer de una manera tan real al final de un sistema mundial cuando está llegando a su fin. “Mirad a Mí, todos los términos del mundo”, diría yo. La Escritura dice: “Los términos, términos de la tierra”, términos está en plural, “los términos de la tierra”.
7Muchos dicen: “Nosotros hemos oído esto por muchos años: ‘Mirad a Mí, mirad a Mí’”. Bueno, eso es cierto. Pero la cosa, la pregunta es: ¿qué ve Ud. cuando mira? A Ud. se le ha pedido eso por mucho tiempo: “Mirad a Mí”.
8Se oye que la gente dice: “Miren”. Si ellos mencionan la palabra miren, quiere decir: “Prestar atención, levantar la mirada, o mirar a, y tener cuidado”.
9Y ahora aquí Dios está diciendo: “Mirad a Mí. Yo soy Dios, y no hay otro”.
10Yo me pregunto, en un tiempo como en el que estamos viviendo hoy, ¿a qué pudiéramos mirar que fuera más sólido que Dios? Dios es la Palabra, así que acudan hoy a la Palabra de Dios, para hallar su respuesta. La Biblia tiene la respuesta para este día; la ha tenido para otros días. Ella la tiene para siempre, porque Ella es Cristo el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
11La Biblia tiene la respuesta, porque la Biblia es la revelación de Jesucristo, siendo revelado desde la fundación del mundo. Él ha sido revelado en la forma de profetas, Él ha sido revelado en la forma de reyes, Él ha sido revelado en la forma de dadores de leyes, puesto que eso es lo que es Él: Rey, Profeta, Dador de Ley, y Dios. Ahora, Él dijo: “Mirad a Mí”.
12Y Uds. dicen: “Yo he hecho eso”. Depende de lo que Ud. haya visto, determina lo que Ud. mira, es dónde y para qué lo busca Ud. a Él. ¿Qué están Uds. mirando? ¿Qué propósito tienen Uds. al mirarlo a Él? Depende únicamente de lo que Uds. buscan, eso es lo que encontrarán.
13Normalmente la gente viene a una reunión, a una asamblea religiosa, algunos van en busca de una gran multitud con la cual estar. Algunos... ¡Oh, me duele decirlo, pero es la verdad! Algunos van a la iglesia solamente para mostrar la ropa que tienen. Algunos van a la iglesia porque dicen: “Esta es la iglesia más grande de la ciudad; o tiene—tiene la mejor reputación; una cierta clase de personas asiste a esta iglesia”, entonces eso—eso está mal. ¿Ven? Uds. no están mirando a la cosa correcta para lo cual fue establecida la iglesia. Dios dijo: “Mirad a Mí”.
14Mucha gente va a los servicios simplemente para ser vistos. Y a veces la gente va a los servicios... Es lamentable decir esto, y pasamos bastante tiempo en eso. Pero ellos van a la iglesia con la mente ya decidida, antes de ir. Si se dicen ciertas cosas, o algo sencillamente es contrario a la idea de ellos, rápidamente se levantan y se van. Ellos simplemente no lo toleran, porque ya tienen su propia idea de lo que tiene que ser.
15Por esa misma razón fue que Jesús no fue comprendido cuando Él vino a la Tierra. Si ellos tan sólo hubieran escudriñado la Palabra de Dios, en vez de su—de su tradición de aquel día, ellos hubieran sabido que Él era el Hijo de Dios. Pues la Biblia declaró clara y plenamente Su venida, y Él vino según la plena revelación de la Palabra.
16Y cada generación lo revela a Él en la revelación plena que ha sido asignada para ese tiempo.
17Esta generación debe revelar a Jesucristo. Esa es la revelación de Él que está prometida en la Palabra; debe ser revelada a esta generación. Si las iglesias no la reciben, alguien se levantará y la recibirá.
18Pues, Juan dijo: “Dios puede de estas piedras levantar hijos a Abraham. No penséis decir dentro de vosotros: ‘A Abraham tenemos por padre’; porque Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras”.
19“Porque lo que Dios ha dicho, Dios es plenamente poderoso para cumplir lo que Él prometió hacer. Nuestro padre Abraham reconoció eso, y en contra de esperanza él creyó en esperanza; y tampoco dudó de la promesa de Dios, por incredulidad; sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, porque Dios le había hecho a él la promesa”.
20Él nos ha hecho una promesa a nosotros para este día. Él nos ha hecho a nosotros una promesa. Y es tan cierto que nuestra promesa hoy será revelada, como lo fue para Abraham, pues nosotros somos los hijos de Abraham; “Habiendo muerto en Cristo, somos la Simiente de Abraham, y herederos con Él según la promesa”.
21Tantas personas vienen, cerradas en su opinión, asisten a una reunión del Evangelio Completo, o cualquier otra reunión, y ellos esperan sólo unos momentos, hasta cuando algo sea dicho con lo que no están de acuerdo, luego se levantan y se van. Ellos simplemente no se quedan a oír más. Ellos tienen... No se quedan para ver si así era, o cuál es la Verdad del asunto.
22Ahora, nosotros decimos: “¿Es ese espíritu...? ¿De dónde vino eso?”. Siempre ha estado. Eso viene desde el Génesis. Ha sido así a través de la Escritura. Muchas veces...
23Cuando Pablo le hablaba a un grupo de personas, una vez, mejor dicho, pues, ellos—ellos le escuchaban atentamente mientras él permanecía dentro de la ley. Pero cuando él comenzó a hablar de la revelación, de la visión Celestial, eso rápidamente cambió de parecer a la congregación. Ellos se levantaron a gritos. Si tan sólo hubieran oído lo que ese hombre decía, él estaba revelando la Verdad de Dios por la Palabra.
24Hace un tiempo, en una ciudad grande, en estos Estados Unidos, yo fui invitado a un avivamiento. Sólo hubo unas—unas pocas personas allí que asistieron. Probablemente, durante todo el avivamiento, no hubo más personas de las que hay en este recinto en esta noche. Yo pensé: “Bueno, daré un—un desayuno, un desayuno gratuito”. Y tomé mi ofrenda de amor, para hacer el desayuno gratuito para algunos de los creyentes ecuménicos allí en la ciudad; y les dije que asistieran, quería hablar con ellos y contarles de mi propósito de estar allí: para ayudar a la ciudad; para ayudar a los enfermos; para ayudarlos a ellos, a toda iglesia.
25Bueno, esa mañana, cuando el Dr. Lee Vayle fue mi orador en la campaña, él me había presentado a la—la audiencia después del desayuno, y yo tomé el—este texto: “Yo no fui desobediente a la visión Celestial”. Casi de inmediato, me fijé que un ministro miró su reloj, se extendió hacia el otro individuo, meneó la cabeza, se levantó y se fue. Antes de que yo hubiera dicho seis u ocho palabras, casi una tercera parte de ese grupo ministerial se había ido. Antes de completar cinco minutos, sólo hablando de lo que dijo Pablo (de que él “no había sido desobediente a la visión celestial”, porque Dios lo había llamado a esta obra), ellos vieron inmediatamente en donde yo iba a basar mi pensamiento. No quedó más de una tercera parte del grupo. Ahora, eso ni es brindar consideración Cristiana, siendo un hombre que invoca el Nombre de Jesucristo.
26Digo esto con todo respeto, sin embargo lo digo para que penetre. Yo tuve más comprensión, y un mejor compañerismo, con un montón de hechiceros africanos que con ese grupo de ministros esa mañana. Ellos le dieron más consideración a la Palabra de Dios, e hicieron preguntas, por la… para que yo pudiera darles la esperanza que llevo por dentro, la esperanza de Vida Eterna.
27Estos ministros no tenían tiempo para eso en lo absoluto. Rápidamente, tan pronto como uno decía algo, ellos se iban. Y así es. Ya lo han decidido en la mente, sólo se quedan por cierto tiempo, y eso es todo lo que quieren saber. Si una sola Palabra no está de acuerdo con alguna cosita insignificante que ellos creen, ellos no pueden quedarse a escucharlo hasta el final. Esa es la razón por la cual ellos no le pudieron creer a Jesucristo en Su primera venida. Por esa razón es que ellos fallarán en verlo a Él en la Segunda.
28Ellos fallan en verlo a Él cada vez. Siempre lo han hecho. Él se reveló en Moisés, se reveló en Noé, se reveló en Elías, en todos los profetas, y ellos fallaron en verlo cada vez. Jesús dijo: ¿Cuál de vuestros padres no ha puesto a los profetas allá en los sepulcros que ahora adornan?”. Eso es verdad. Siempre ha sido verdad. Aún hoy es verdad.
29Y sin embargo, en medio de todo esto, se nos manda a mirar. “Mirad a Él todos los términos de la tierra”.
30A veces ellos vienen, un hombre lo juzgará a uno por la clase de ropa. Si uno no usa ropa ministerial, y así por el estilo, entonces queda fuera, ellos no tendrán nada que ver con uno. Algunas veces quieren mirar para ver la clase de educación que uno tiene; si es que uno habla las palabras correctamente, si uno se para correctamente, cómo uno usa los sustantivos y los pronombres.
31Francamente, yo no sé cuál es el sustantivo o el pronombre. Yo no podría decirles. Así que eso, eso queda descartado para mí, y yo—yo simplemente no sé. Yo no podría diferenciar entre un sustantivo y un pronombre. Yo podía cuando estaba en la escuela, pero he olvidado eso hace mucho tiempo.
32Yo conozco una sola cosa, y es a Jesucristo en el poder de Su resurrección, eso es todo de lo que sé hablar. De los adjetivos y los pronombres, yo no sé nada. Y pienso que para eso es que nosotros nos reunimos en reuniones como ésta, es para conocerlo a Él; no para saber los sustantivos y los pronombres, sino conocerlo a Él, a Jesucristo, en el poder de Su resurrección.
33Ahora, algunas personas cuando miran hacia Jesús, ellos miran y lo ven a Él, miran y lo ven; y cuando ellos lo ven a Él, ellos solamente ven en Él un fundador de la iglesia, o un—un—un organizador de la iglesia, o quizás un—un credo para una iglesia. Eso es lo que muchas personas buscan ver en Jesús. Él tan sólo es un nuevo credo que le fue añadido a una doctrina antigua. Ahora, muchas personas miran y lo ven a Él de esa manera.
34Algunos miran y lo ven a Él como un mito, San Nicolás. O, algunos de ellos lo ven a Él como algún hecho histórico que Dios hizo hace muchos años. Algunos de ellos todavía lo miran a Él como un bebé en un pesebre.
35Pero, la pregunta es: ¿Qué ve Ud. cuando lo mira a Él? ¿Ve Ud. la segunda persona de la trinidad, o ve Ud. una trinidad, tres en Uno? Uds. solamente lo verán a Él cuando lo miren a través de la Palabra. Esa es la única manera de conocerlo, porque Él es la Palabra. Ella lo revelará a Él mismo. Depende de lo que Ud. ande buscando.
36Si Uds. lo buscan a Él para discutir, entonces están buscando mal. Él no discutió; no era conveniente que Él discutiera.
37Recuerden, Uds. lo ven a Él a medida que lo miran a través de Su Palabra, y lo reconocen. Ahora, Uds. no podrán verlo a Él hasta que sus ojos sean abiertos a esa realidad. Dos hombres pueden mirar la misma Escritura y estar en desacuerdo; uno tiene que estar en lo correcto, y el otro errado.
38A veces hay cosas aconteciendo a nuestro alrededor que no podemos comprender; otros dicen que ven cosas, otros no ven nada al respecto.
39Fíjense allá en Dotán, aquel día cuando Eliseo había sido rodeado por el ejército sirio. Y su criado fiel, Giezi, que vivía con él, le servía, le cocinaba y le mantenía la ropa limpia, le derramaba agua en las manos; estaba allí con él día y noche, le oía enseñar y predicar. Y esa mañana cuando él despertó, miró afuera y vio el ejército sirio por todos lados; él dijo: “¡Ay, padre mío, mira la oposición que tenemos, todo el ejército sirio!”.
40Vean, Elías, cuando él se levantó y miró, vio algo que Giezi no vio. Y entonces oró: “Dios, abre los ojos de este joven”. Ahora, sus ojos estaban bien abiertos, pero él dijo: “Abre sus ojos para que vea”. Y cuando sus ojos, espiritualmente, le fueron abiertos, todas las montañas estaban llenas de carros de Fuego y Ángeles alrededor de ese profeta. Vean, fue diferente cuando sus ojos se abrieron.
41Ahora, la gente mira la Palabra literalmente, (y así es como Uds. deben mirarla), no obstante, Ella se declara literalmente y espiritualmente. El Espíritu hace que la Palabra cumpla la promesa. En otras palabras, Ella es una Simiente, el Espíritu le da Su Vida. Él le da la unción, le da a Ella Su—Su arranque, como la lluvia se lo da a la semilla que está enterrada en el suelo. Ella brota a Vida. Y cuando Uds. miran a Jesús como la Palabra prometida de la hora, entonces eso les será revelado a Uds. Si lo miran a Él, Uds. verán que Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, el mismo Cristo.
42Una porción de la Palabra de Dios ha sido asignada a cada generación, desde Génesis. Dios siempre envía a alguien. Por lo regular los eclesiásticos la enredan tanto que la llevan a tradiciones y demás, como fue en la venida de Jesús, y entonces Dios envía un profeta. “La Palabra del Señor viene al profeta”, él la revela. Él es apedreado, o expulsado, echado; y luego, después de un tiempo de haber muerto, ellos edifican su tumba y dicen que fue un gran hombre. Ellos viven en la sombra de lo que él fue en el pasado, y rechazan la Palabra que avanza hoy.
43Así es el hombre: él siempre está hablando de cuán grande es Dios y de lo que Él ha hecho; de cómo, qué cosas Él va a hacer, y sin ver las cosas que Él está haciendo ahora mismo. ¿Ven? Lo mira a Él en la historia, lo mira a Él en la profecía; pero olvida que Él está haciendo lo mismo ahora que hizo en aquel entonces. Pero es lo que está en el hombre.
44Notamos a los discípulos, una vez, después de... Bueno, fue la primera mañana de Pascua. ¡Qué mañana! ¡Jesús, levantado de entre los muertos, caminando entre las flores! Y dos amigos, Cleofas y uno de sus amigos iban camino a Emaús. Y ellos iban por allí, conversando, con el corazón apesadumbrado. Y un Hombre salió del monte, y caminó con ellos el resto del día, hablándoles de Cristo. Y esa tarde, ellos le pidieron, Él hizo como que iba a seguir de largo, pero ellos le pidieron que entrara. Él lo hizo
45Y, cuando entró, Él hizo algo allí como lo había hecho antes de Su crucifixión y resurrección. Antes de que fuera crucificado, ellos lo vieron a Él hacer eso igual como lo hizo allí. Ellos reconocieron que era Él, aunque habían estado con Él todo el día y no habían reconocido Quién era.
46Es posible hoy, que buenos hombres, hombres finos, caminen con Cristo, leyendo Su Palabra, y aún no reconozcan que ésta es la hora en que ciertas cosas de esta Biblia se deben cumplir. Es la hora en la que estamos viviendo, el tiempo está a la mano cuando estas cosas deben ser hechas. Está escrito, y por lo tanto tiene que ser cumplido, por cuanto Dios lo prometió. Sí, nuestros ojos deben ser abiertos para ver la Palabra. Ahora, Uds. pueden mirar la Palabra...
47Los fariseos tenían trazada esa Palabra de manera exacta, de cómo es que vendría el Mesías. Ellos creían estar en lo correcto. Y Él nació allí y caminó entre ellos; y ellos lo condenaron cuando Él les dijo: “Escudriñen las Escrituras, porque en Ellas os parece que tenéis la Vida Eterna, y Ellas son las que dan testimonio de Mí”. “Escudriñad las Escrituras”. Ellos dijeron: “Nosotros somos discípulos de Moisés”.
48Él dijo: “Si Uds. fueran discípulos de Moisés, Me conocerían, porque Moisés escribió de Mí”.
49Y así fue. Moisés dijo: “Jehová vuestro Dios os levantará profeta como yo, un dador de ley, y así, y un profeta y a él oirá la gente”.
50¿Ven? Si ellos hubieran conocido los escritos de Moisés, lo hubieran conocido a Él. Ellos pensaron que conocían los escritos de Moisés, pero (¿ven?), ellos no los conocían. ¿Ven? Ellos fueron cegados a ese mismísimo hecho.
51Entonces sólo con unas pocas Palabras de Él, de esa manera, ¿qué hicieron ellos? Saltaron y dijeron: “Este Hombre tiene demonio. ¿Viene a enseñarnos a nosotros? ¿De qué escuela viene? Nosotros no tenemos registro de Él. ¿Con qué tarjeta de compañerismo andará Él?”. O algo por el estilo, era la pregunta.
52Pero ellos fallaron en mirar y ver que el mismo Dios que prometió la Palabra estaba vindicándola allí mismo por medio de esa Persona de Jesucristo, pues Él era la Luz de la hora. Él era la Luz en la cual la gente debía caminar. Y, solamente la Palabra de Dios produce Luz. Solamente la Palabra de Dios produce Luz.
53La Palabra de Dios produce el Sol. La Palabra de Dios produce la tierra. La Palabra de Dios produce el aire. Todo es la Palabra de Dios hecha manifiesta, todo lo que tenga una realidad.
54Cuando Él estuvo aquí, Él dijo: “Yo soy Dios, y fuera de Mí no hay otro”. Algunos miraron. Tomemos a algunos que miraron.
55Una vez Isaías, un profeta joven... La última vez aquí en Phoenix hablé acerca de él, para—para los hombres de negocios, creo que fue. Cómo es que él se había estado apoyando fuertemente sobre el hombro del rey, Uzías, y vemos que Uzías se envaneció todo y fue herido con lepra. Luego Isaías tuvo que ir al templo y orar, y decir, confesar que él era un pecador. Y él vio venir los Querubines, con las alas cubriendo sus rostros santos, y los pies, y con alas volaban, y clamaban: “Santo es Jehová Dios”. Cuando Isaías le echó un vistazo a Jesucristo, esto es lo que él vio. Él no vio a un hombre común y corriente. Él no vio a un filósofo.
56Como la mayoría de nuestras iglesias protestantes de hoy, creo que sesenta y ocho u ochenta y seis por ciento de ellas, en una encuesta, negaron que creían. Ellas niegan el nacimiento virginal de Jesucristo; ¡nuestros predicadores protestantes! Eso es cierto. Esto es sacado de las estadísticas. Ellos niegan rotundamente el nacimiento virginal. Ellos realmente no creen que fue virginal. Así que, entonces, Isaías no vio algo así. Algunos de ellos, dijeron: “Él fue un buen hombre”. Algunos de ellos, como algunas de nuestras denominaciones hoy, dicen: “El fue un buen hombre, seguro, no hay falla en Él; pero, déjeme decirle, Sus Palabras no pueden ser establecidas o creídas hoy”.
57Bueno, cualquier creencia y cualquier fe que es establecida fuera de la Palabra de Dios, deje eso a un lado. Jesús dijo: “La palabra de todo hombre fallará, más la Mía no. Los cielos y la tierra pasarán, pero Mi Palabra nunca pasará”.
58Así que, por lo tanto, cualquier credo o cualquier cosa que no sea edificada sobre esta Palabra de Dios, ¡sobre toda la Palabra de Dios! Jesús dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra”. No sólo una Palabra aquí y una Palabra allí, y de una cosita aquí y allá, y juntar Eso; sino de “¡toda Palabra que sale de la boca de Dios!”. ¡El hombre debe tomar toda Palabra de la Biblia! La juntan… Ella ya está junta; sólo léanla y créanla, pónganla por obra y Dios la honrará.
59Ahora, nos damos cuenta que Isaías (cuando él miró), ¿qué viste, Isaías? Él vio a Uno que era llamado: “Consejero, Príncipe de Paz, Dios fuerte, Padre Eterno”. Eso fue lo que él miró.
60Me gustaría mencionar a otro hombre, a Daniel; cierta vez tú tuviste la oportunidad de verlo. Un gran profeta, ¿qué viste? Él dijo: “Yo vi una Piedra cortada del monte, no por manos, la cual rodó contra los reinos del mundo y los desmenuzó en pedazos, y fueron llevados por el viento como tamo de las eras del verano. Y la Piedra fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra”. Eso fue lo que él dijo acerca de Él.
61Por lo tanto, Él gobernará el mundo, algún día. La gente está luchando hoy por un gobernante mundial; cada nación quiere su idioma, sus—sus ideas; cada denominación desea que su grupo esté sobre los demás. Pero viene uno, y ése será Jesucristo. Él es el Gobernante del universo; ningún otro sino Dios mismo.
62Nabucodonosor, un día, había hecho una cosa malvada, él arrojó a tres jóvenes creyentes en el horno ardiente. Y cuando abrió la puerta para ver cómo les iba allí, él vio al cuarto Hombre adentro del horno. Y ¿qué viste cuando miraste, Nabucodonosor? Dijo: “Él se veía como el Hijo de Dios”. Eso fue lo que vio cuando él miró el crimen que había cometido, había Uno que se veía como—como el Hijo de Dios.
63Ezequiel echó un vistazo un día, él dijo: “Yo lo vi, también, y Él era una Rueda en medio de la rueda, girando en medio del aire”. Así se veía Él para Ezequiel.
64Juan, el más grande de todos los profetas, él fue el que presentó a Jesús. Jesús dijo que él era “mayor que cualquier otro hombre que había nacido”. ¿Habrán pensado Uds. por qué sería? Todos los otros hablaron acerca de Él. “La Palabra del Señor viene al profeta”, eso es así dice la Biblia, y con todos los otros profetas eso les vino a ellos en visiones. Pero cuando la Palabra vino a Juan, era Carne. Jesús era la Palabra; Él es la Palabra. Él siempre fue la Palabra, pero aquí fue donde la plenitud de Dios “fue hecha carne y habitó entre nosotros”. Cuando Él vino a él en el agua, él era un profeta. Y si la Palabra es hecha carne, tiene que venir al profeta. La Palabra, donde quiera que esté, tiene que venir a un profeta, porque al profeta es que viene la Palabra. Y Juan era el profeta de ese día.
65Y cuando la Palabra vino a Él, salió allí al agua y dijo: “Yo quiero ser bautizado”.
66Y Juan dijo: “Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿y por qué Tú vienes a mí?”.
67Él dijo: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”.
68¿Habrán pensado Uds. por qué Juan dijo eso? ¿Por qué Juan le diría eso a Jesús? ¿Por qué? Porque eso... Les era conveniente a ellos. Ellos eran...
69Allí estaba el—el profeta y la Palabra, y la Palabra había venido al profeta, ahora era conveniente para ellos que toda justicia fuere cumplida. ¿Qué aconteció? Entonces Juan bautizó a Jesús. Pues, Juan siendo profeta y conociendo la Palabra, el sacrificio debía ser lavado antes de ser presentado, y por eso es que Juan bautizó a Jesús.
70Juan miró, y vio. ¿Cómo sabía él que éste era Jesús? Él vio una paloma, lo cual le había sido dicho a él por el Espíritu de Dios. “Y sobre Quien veas descender el Espíritu, y que permanece sobre Él, Ése es el que bautizará con el Espíritu Santo y Fuego”.
71Noé miró. Vemos aquí que hubo otro hombre que miró, llamado Noé—Noé. El miró y vio la justicia de Dios sobre... El justo juicio de Dios, mejor dicho, siendo derramado sobre una generación perversa, negadora de la Palabra. En su visión (siendo que Noé era profeta), Dios le había dado una visión de cómo construir el arca; y le instruyó cómo hacer la construcción, cómo debía ser construida. En esto, ¿cómo podría Noé, a menos que esta visión fuera la Palabra de Dios, cuando él vio esta ira e hizo una vía de preparación?
72Siempre, antes de que venga juicio, se hace una preparación. Siempre es así la Palabra de Dios.
73Y cuando él estaba construyendo la Palabra de Dios, dando testimonio de que su visión era cierta y que él la creía, mofadores se burlaron de él, y así por el estilo. Pero Noé había mirado al futuro y visto que la justicia de Dios tenía que requerir de juicio sobre la gente, y él construyó un arca para salvar a los de su propio hogar. Cuando miró, él vio la ira venidera de Dios, y él hizo preparativos para que la gente escapara de esta cosa.
74Así también Juan el Bautista; él hizo preparativos para el escape.
75Y así también el Espíritu Santo, hoy, al precursar la Venida de Jesucristo, está haciendo una construcción, el Cuerpo de Jesucristo. Nosotros somos bautizados dentro de Eso; no por un credo, no por denominación o un estrechar de manos; sino: “Por el Espíritu de Dios es que somos bautizados en el Cuerpo de Jesucristo”, una construcción que resistirá los juicios, porque ya ha sido juzgada. “Cuando Yo viere la Sangre, pasaré de vosotros”. Sí. Noé, él miró y vio lo que venía.
76Moisés miró un día y vio una Columna de Fuego. Eso le llamó la atención. Este gran teólogo, él había corrido con todo su entrenamiento teológico, y lo que entendía (según su madre) de la Palabra Misma. De cómo es que él había de libertar a los hijos de Israel. Pero cuando intentó a su manera, él falló. Y esto a pesar de que su madre le había instruido cabalmente en lo que debía hacer, y en lo que él haría, y la razón por la cual Dios lo había levantado. Todo este conocimiento, tan bueno como lo era, y es bueno, pero aún, tenía que ser puesto a un lado. Eso era sólo la mecánica.
77La mecánica no es lo que pone en marcha el automóvil. Es la dinámica que lo pone en marcha.
78La mecánica no pone en marcha a la iglesia; es la dinámica, el Espíritu Santo que entra en esta Palabra. No es un seminario que les enseña a Uds. toda la teología y las interpretaciones del griego. Sino que es la dinámica del Espíritu Santo en eso, para encender Eso y traerlo a cumplimiento y para hacerlo vivir, exactamente lo que la Palabra prometida es para esta hora. No la mecánica, ¡la dinámica! Se requiere mecánica y dinámica, la Palabra y el Espíritu, Ellos son lo que da Vida.
79Lo que Dios prometió para la hora, esperen que sea cumplido. Uds. deben mirar hacia Él, porque Él es la Palabra. Y la única manera de que Uds., puedan mirar la Palabra, es mirando hacia Él. Miren hacia Él, Él es la Palabra, y la Palabra prometida para este día debe ser cumplida en este día. El tiempo de Noé no se podría cumplir en este día; tan sólo era un tipo; el tiempo de Moisés, y así sucesivamente. Pero éste es el día en el que Dios ha prometido estas cosas que ahora disfrutamos, estas cosas que nosotros ahora estamos viendo, de las que el mundo se ríe; este gran poder trascendental del Espíritu Santo que puede transformar el corazón de un pecador; que puede tomar a un miembro de iglesia, tibio, y concederle un testimonio que encienda la iglesia, de donde él salió. Es la dinámica entrando en la Palabra.
80Como he dicho con frecuencia, yo he hallado dos clases de personas: Una de ellas es el fundamentalista; posicionalmente él sabe donde está en Cristo, por causa de la Palabra, pero él no tiene fe en lo que está haciendo. Él no ha recibido el Espíritu Santo. Luego encuentro a los pentecostales, muchos de ellos han recibido el Espíritu Santo, pero no saben quiénes son. Es como un hombre que tiene dinero en el banco y no sabe escribir un cheque, y el otro sabe escribir un cheque y no tiene dinero en el banco. Si se pudiera juntar a esos dos, si Uds. pudieran hacer que el pentecostal se diera cuenta de quién es, y que regresara a la verdadera Palabra plena de Dios; con ese bautismo del Espíritu Santo encendería otra vez el mundo en un nuevo avivamiento pentecostal. Hermano, hermana, eso es verdad.
81“Mirad hacia Mí, todos los términos de la tierra, porque Yo soy Dios, y no hay más”.
82Oh, nosotros podemos discernir el comunismo, podemos discernir todo lo demás, pero ¿me pregunto si podemos discernir la porción de la Palabra que ha sido asignada por Dios para este día? ¿Me pregunto si podemos ver la señal que Dios nos dijo que estaría aquí en la Tierra para este día? ¿Me pregunto si lo veríamos?
83Sí, regresemos nuevamente a Moisés. Él estaba todo... tenía toda la mecánica del asunto, pero un día, en una zarza ardiente, él oyó a un Hombre hablar con una voz humana, una Columna de Fuego ardiente allá en una zarza, hablar en una voz humana, y decir: “YO SOY EL QUE SOY. Y he oído el clamor de Mi pueblo. Yo recuerdo Mi Palabra y he descendido para librarlos. Y te estoy enviando a ti para que lo hagas”. Qué hombre tan diferente fue ése, tan pronto como recibió la... Él ya tenía la mecánica, pero recibió la dinámica en eso. “Ciertamente, Yo estaré contigo”. Eso fue todo lo que se necesitó para que Moisés fuera, él miró y vio, en la zarza ardiente.
84Más adelante en la jornada, encontramos a Israel cuando salían. Ellos también miraron y vieron una serpiente de bronce. Y en esta serpiente de bronce que fue levantada para su enfermedad... Ellos habían pecado, y vieron a una serpiente de bronce. En esta serpiente de bronce ellos vieron, en tipo, el juicio que Dios cargaría sobre Jesucristo, de morir por todos nosotros pecadores indignos, culpables. Eso fue lo que él vio.
85Los discípulos lo miraron a Él, una vez, estando en dificultades allá en el mar, y ¿qué vieron? Ellos vieron su ayuda. Ellos vieron ayuda viniendo por medio de Él.
86Marta, un día cuando ella sufrió una muerte en la familia; su propio hermano estaba muerto, Lázaro, el único hermano que ella tenía. Ella miró hacia Él en el tiempo de la muerte, y ella vio la resurrección y la Vida. Eso fue lo que ella vio en Él. Ahora, parecía como que Él la había rechazado; Él se había ido cuando su hermano murió. Pero nos damos cuenta, que de repente, Él se enteró... después de que el muchacho ya estaba muerto y enterrado por cuatro días, él ya hedía.
87Marta sabía que había algo en Él que era distinto. Ella había leído la Escritura. Ella creía que Él era el Hijo de Dios, Emmanuel, Dios manifestado. Ella sabía que Él era el representante de Dios. Y ella sabía que si Elías pudo resucitar a un bebé muerto, y él apenas siendo una porción de la Palabra, para esa hora; Cristo era la plenitud de la Palabra, ella sabía con certeza que Él tenía el poder para resucitar a su hermano. Y cuando ella acudió a Él en la hora de muerte, en desconsuelo, ella encontró la resurrección y la Vida cuando miró hacia Él. Ella no lo miró a Él para criticarlo, ni para preguntar por qué no había venido, ni para cuestionarlo a Él.
88Uds. nunca deben cuestionar la Palabra de Dios. Eso fue lo que metió en problemas a toda la raza humana, cuando Eva dudó si Dios cumpliría o no toda Su Palabra. Yo digo en esta noche, hermanos, que ha llegado el tiempo en que tenemos que creer toda Palabra que Dios ha escrito. Ella es totalmente la Verdad. “El hombre vivirá de toda Palabra que sale de la boca de Dios”.
89Ahora, vemos que María encontró la resurrección y la Vida.
90Así también Jairo, el pequeño sacerdote, un creyente secreto, que cuando él vio a Jesús y lo miró a Él, él encontró la resurrección y la Vida.
91La gente con hambre miró hacia Él, un día, y encontró pan de sustento; un tipo hoy de que los que tienen hambre pueden hallar el Pan de Vida, no encontrar un credo. Uds. no encuentran un fundador, Uds. no encuentran un reformador; Uds. encuentran la Vida cuando encuentran a Cristo, el Pan de Vida.
92El ladrón moribundo miró hacia Él en la hora de angustia, y ¿qué encontró? Él encontró su perdón. ¿A quién más podía él mirar? El gobierno romano no le iba a perdonar. Nadie más le iba a perdonar. Pero él miró hacia Jesús, en su angustia, y encontró a Alguien que pudo perdonarlo.
93Mi hermano, hermana, en esta noche, si Ud. está colgando como lo estaba él allá, en la balanza de condenación, y sabiendo que si Ud. muere esta noche como un miembro de iglesia, tibio, o un pentecostal tibio, o cualquier cosa que Ud. sea, Ud. sabe para donde va. Mire hacia Él, en esta noche, Aquél que puede liberarlo. Alguno esta noche, si Ud. solamente tiene una membrecía nada más, y no sabe lo que significa que la resurrección de Cristo viva en un corazón humano, mire hacia Él; Él es Dios, y no hay más. Ud. hallará el perdón como lo hizo este pobre ladrón enfermo de pecado, colgando allí en la Cruz.
94Los enfermos miraron hacia Él. ¿Qué hallaron? Ellos hallaron a un sanador. En esta noche los enfermos aún pueden mirar hacia Él y hallar un sanador. Ellos hallaron en Él lo que fue representado en la serpiente de bronce; si ése era el tipo, éste fue el antitipo. Los ciegos miraron y pudieron ver. “El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. Hebreos 13:8.
95El poeta miró una vez, para ver qué podía ver. La ciega Fanny Crosby miró una vez, para ver lo que ella podía ver. Siendo ciega, aquí está su respuesta: Tú, el Torrente de todo mi consuelo, Más que la vida para mí, ¿A quién tengo en la tierra aparte de Ti? ¿O a quién en el Cielo sino a Ti?
96Cierta vez Eddie Perronet, al no poder vender sus cantos, él se puso a pensar en qué hacer. Y entró de nuevo en su oficina, y esa inspiración cayó sobre él, el Espíritu Santo; él agarró la pluma, miró y lo vio a Él en poder, y él escribir y redactó el canto: ¡Aclamen todos el Poder del Nombre de Jesús! Que los Ángeles postrados caigan; Traigan la diadema real, Y corónenlo a Él Señor de todo. Eso fue lo que vio en Él. ¡Oh, hermanos!
97Pedro, un pescador local; cuando su hermano había estado asistiendo al avivamiento de Juan el Bautista, Andrés. Ellos habían estado hablando acerca de lo que sería el Mesías, y discutiéndolo. Su padre le había dicho que se levantarían muchos fanáticos, un poco antes del Mesías, “pero tú lo conocerás, Él será un profeta. El Señor dijo que ‘Él será un profeta’. A nosotros se nos ha enseñado a creerles a nuestros profetas”.
98Y finalmente, un día, con toda la persuasión que Andrés pudo, él por fin logró que Pedro viniera a oírlo a Él, ya que Él iba a tener una reunión allá en la costa una mañana. Él fue allá para oír la Palabra de Dios. Y cuando él llegó ante la Presencia de Jesucristo, ¿qué vio Pedro cuando Él lo miró? Él dijo: “Tú, tu nombre es Simón, y eres el hijo de Jonás”. Eso lo concluyó para siempre. Él supo que la Palabra de Dios había sido cumplida.
99Natanael una vez, un verdadero creyente en el Antiguo Testamento, esperaba ansiosamente la venida del Mesías. Él fue traído por Felipe, un amigo suyo, a la Presencia de Jesús, estando de pie sobre una plataforma (un cajón, tronco, lo que haya sido), orando por los enfermos. Y cuando Natanael entró en la línea de oración, o lo que haya sido, y pudo verlo a Él por primera vez, oyó una voz que vino a él, diciéndole: “He aquí un israelita en quien no hay engaño”.
100Él dijo: "Rabí, ¿cuándo me conociste? ¿Cuándo fue que me viste?".
101Él dijo: “Antes de que Felipe te llamara, cuando Yo estaba… cuando tú estabas debajo del árbol, Yo te vi”.
102¿Qué fue lo que confesó Natanael que vio? ¿Qué dijo él? “Tú eres el Cristo. Tú eres el Rey de Israel. Tú eres el Hijo de Dios”. Eso fue lo que él vio, cuando vio la verdadera Palabra de Dios para ese día. Cuatrocientos años sin un profeta, y verlo conociendo los propios pensamientos que estaban en su corazón, y lo que él había hecho; él sabía que Ese no podía ser nada menos que el Mesías. Nosotros no lo habíamos tenido, ellos no lo habían tenido, y fue prometido, y todos sabían que el tiempo estaba a la mano.
103Nosotros también sabemos la misma cosa hoy, sabemos que Jesús prometió estas cosas. Él dijo: “Como fue en los días de Lot, así será en la venida del Hijo del Hombre, así será, cuando Él venga”. Nosotros vemos estas cosas aconteciendo.
104¿Qué ven Uds. cuando miran? ¿Verán, pensarán en mitología, o— o ven alguna clase de—de telepatía, o qué piensan Uds., lo mismo que ellos allá en el pasado? Cuando los fariseos lo miraron a Él, ¿qué dijeron ellos? “Este hombre tiene un demonio”. La misma gente mirando la misma Persona; seres humanos: Uno vio al Hijo de Dios, una Palabra prometida siendo vindicada, y el otro lo llamó demonio. ¿Qué ve Ud.? ¿Qué ven Uds. hoy cuando miran el poder del Espíritu Santo entrar en un edificio, cumpliendo Su promesa para estos postreros días de lo que Él haría? ¿Qué ven Uds. cuando miran? Si Uds. ven la Palabra de Dios vindicada, entonces es el Espíritu Santo de Dios. Sí señor.
105Natanael vio la Palabra prometida por la cual él había vivido, ver la promesa ungida hecha carne. Moisés el profeta lo había dicho. Aquel Moisés, profeta ungido, había prometido esa Palabra. Una mujer junto al pozo, un día.
106Mucha gente lo había rechazado a Él. Los fariseos y los saduceos lo habían llamado “demonio”. Ellos dijeron: “Él ha hecho esto por adivinación. Él era un espíritu maligno; Él estaba loco. Él no tenía lugar adónde ir: ése era el problema con Él, que no era más que un— un hombre renegado”.
107¿Qué sucedió? ¿Qué sucedió? Él pasó por Samaria, y por la ciudad de Sicar. Y cuando salió allá, un día, y se sentó allí en ese lugarcito tan—tan panorámico. Hubo una mujer que salió a sacar agua para beber, y ella dijo... Y Él la oyó a ella. Ella oyó una voz que dijo: “Mujer, dame de beber”. Y Él... Ella miró y ¿qué vio?
108Primero, ella no podía entender eso. Ella lo cuestionó a Él: “No se acostumbra que Uds. samaritanos le—le pidan, o que Uds. judíos le pidan tal cosa a los samaritanos”. Dijo: “Pero mujer, ¡si supieras Quién es el que te habla!”.
109Ahora recuerden, había una pequeña Luz, una simiente de Vida allí que había sido predestinada desde la fundación del mundo. Ella estaba esperando Eso. Ella estaba harta y cansada de toda su teología y cosas que ellos habían dicho. Pero ella estaba esperando algo, porque sabía que vendría un Mesías. Y Él dijo: “Ve, trae a tu marido y ven aquí”. Ella dijo: “No tengo”. Dijo: “Tú has dicho la verdad. Cinco has tenido”.
110Rápidamente, esa semillita brotó a Vida. ¿Qué vio ella? Ella vio la señal del Mesías, en un Hombre. Ella vio la Palabra prometida manifestada. Ella dijo: “Señor, me parece que eres profeta. No hemos tenido uno por cientos de años. Nosotros sabemos que nos es prometido que el Mesías vendrá, y cuando venga, Él nos dirá esto. Eso será lo que Él hará”. ¿Ven? ¿Qué vio ella? ¿Qué vio ella? Ella vio la señal que fue prometida para ese día, manifestada.
111El Espíritu Santo es prometido para este día, el poder de Su resurrección; una Iglesia en la que “estas señales seguirán a los que creen”. Jesús prometió: “Y las cosas que Yo hago vosotros también las haréis”. ¿Qué ve Ud. cuando mira?
112Cuando Uds. van a la iglesia el domingo en la mañana, ¿buscan Uds. un órgano fino, un ministro bien vestido, un coro en túnicas, un montón de mujeres con pintura? ¿Qué buscan Uds., alguna clase de sociedad en las iglesias? Uds. pertenecen a esto y a eso. ¿Qué buscan Uds.? Eso es más o menos lo que se ve. Escuchen esto: con razón, cuando uno lleva el Evangelio claro, y ve el Espíritu Santo entrar y manifestarlo entre un montón de personas chapadas a la antigua, eso es extraño para Uds., es difícil que Uds. lo crean.
113Como dije la otra noche acerca de José: “Fue difícil para él pensar en que María estuviera embarazada. ‘¿Cómo podría ser el caso, una mujercita santa como ésa, y ella decir que Gabriel la había visitado?’”. Pero eso era muy fuera de lo común. Algo así era muy fuera de lo común. Eso nunca antes había ocurrido.
114Allí es donde habita Dios, en lo inusual, para la mente carnal. Pero para aquéllos que creen que Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, todas las cosas son posibles. Toda Palabra que Él ha prometido será cumplida. Son las cosas inusuales que lo hacen a Él Dios. Él va hacia lo inusual; Él lo hace todo fuera de lo común para las personas. Sí señor. Muy bien.
115La mujer lo miró a Él, y ella vio la señal del Mesías, Dios manifestado en carne. Muchos de la misma gente miraron y no vieron nada.
116Los incrédulos en los días de Noé, ¿qué vieron ellos? A un fanático, trabajando en lo que él llamó un barco. Eso fue todo lo que ellos vieron. Y el propio barco fue construido según una visión del Dios Todopoderoso. La propia cosa en la que él estaba martillando, su mensaje que él predicaba, él construía según su mensaje; daba testimonio que él era justo y que estaba mirando hacia adelante. Él vivió lo que predicó.
117Eso es lo que nosotros debemos hacer hoy. Ningún hombre tiene el derecho de predicar hasta que sea lleno del Espíritu Santo. ¡Correcto! Los teólogos y matemáticos, y demás, se lo pueden descartar con sus explicaciones. Pero si un hombre ha llegado a estar en aquella parte del desierto, en ese lugar sagrado, y ha conocido a Dios igual como Moisés, no existe hombre que le pueda quitar eso. ¡Él sabe! Él fue el que estuvo allí. No hay nadie que pueda decirle algo al respecto. Él estuvo allí. Por eso fue que Jesús les mandó a Sus discípulos: “No prediquen hasta que no hayan subido a la ciudad de Jerusalén y que hayan sido investidos con Poder desde lo Alto, luego seréis testigos Míos”. Eso fue lo que ellos vieron. Sí señor.
118Noé. Ellos no pudieron ver nada; ¿qué hicieron después de haber hecho eso? Ignoraron la Palabra de Dios y trajeron juicio sobre sí mismos. Eso es correcto.
119Yo digo juntamente con Jack Moore, no citándolo, sino diciéndolo, porque pienso que ahora es muy apropiado. Jack Moore dijo: “Si Dios no hunde a América y la quema, Él tendrá que levantar a Sodoma y a Gomorra y disculparse por haberlas quemado”. Y esa es la verdad.
120Dios es justo. Su Palabra tiene una recompensa justa, y Él ciertamente juzgará al mundo por su acción en contra de Su Palabra hoy. No importa cuántas asambleas tengamos, cuántas asambleas religiosas tengamos, eso no es. ¡Es esta Palabra!
121Miren, no han habido tiempos más religiosos que lo que existía en el día cuando Jesús vino a la Tierra. ¡Oh, todo estaba absorbido en religión y tradición, y todo eso está mal!
122Así también fue con Amos, el pequeño predicador calvo; nosotros no sabemos de dónde vino él. Sus dos ojitos se entrecerraron cuando pasó sobre la colina y miró hacia Samaria. Ella era una gran ciudad de turistas, como Phoenix. Muchas de las personas venían de todo el mundo, a mirar, a mirar esta gran ciudad, lo hermosa que era. ¡Oh!, allí acontecía de todo, clubes nocturnos y era un verdadero lugar de alboroto, “un lugar para vivir", decían ellos. Pero cuando este muchachito campesino, tocado por el Espíritu Santo, bajó por allá, él no tenía a nadie que fuera por delante e hiciera arreglos para sus reuniones; él no tenía avisos colocados, ni denominación que se afiliara con él, ni a nadie que lo respaldara. Pero cuando él pasó sobre la colina y entrecerró esos ojitos, mirando esa ciudad, él vio algo que ninguno de los demás vio. Todos ellos vieron el alboroto y cuánta cosa de la ciudad; pero él vio el inminente juicio de Dios, y él profetizó contra eso. Ellos lo llamaron “loco”. Pero once años después, todo sucedió exactamente como él lo había dicho.
123Hombres que pueden mirar a la iglesia por el rumbo en que va hoy, y la gente por el rumbo en que va, y ¿predecir bendiciones para el futuro? Yo predigo juicio, sólo eso. El Dios justo requiere juicio, por haber ignorado Su Palabra. Él es justo al venir e identificarla delante de nosotros, y cumplirla. Pero siendo un Dios justo durante todas las edades, Él no puede cambiar Su plan. Él nunca cambia Su plan. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Sus caminos son los mismos; Su Palabra es la misma; en todo Él es el mismo. Él está lleno de misericordia cuando alguien está dispuesto a arrepentirse, pero juicio viene si Uds. no se arrepienten.
124Faraón, cuando él miró; y un supuesto fanático, un supuesto profeta fanático, con muchas declaraciones de liberación, eso fue lo único que él vio; pero los israelitas vieron la mano de Dios sobre Moisés. Sí señor.
125El hombre rico miró y vio, tenía potenciales, pero su organización significaba más que lo que él era capaz de llevar a cabo en cuanto a Eso. ¿Desde dónde dio su siguiente mirada? Él miró desde el infierno. Exactamente. Le vino juicio. Esa fue la siguiente ocasión que él miró. Así será también con muchas personas hoy.
126El soldado romano echó una mirada una vez, cuando crucificaron a Jesús. Él miró para ver lo que Él había hecho, pero entonces era demasiado tarde.
127Amigos, América hará eso, también. Algún día ellos van a mirar, y dirán: “Verdaderamente ése era el Hijo de Dios”, pero será demasiado tarde. Ellos se habrán reído y burlado por última vez.
128Él sólo pudo mirar en ese momento y ver dónde pudo haber sido salvo, pero entonces era demasiado tarde. Él había crucificado al Príncipe de Vida.
129Y tantas veces hoy, la gente rechaza a Jesucristo de sus corazones, cuando ellos lo ven a Él claramente vindicando Quién es, aquí mismo entre nosotros. Sí señor.
130Pilato echó una mirada un día, y quedó convencido, pero su política significaba demasiado. Él sencillamente no pudo, él no pudo pararse en contra de eso.
131Lutero echó una mirada y vio la justificación. Él salió con eso. Luego ellos se organizaron.
132Luego vino Wesley, él vio la santificación cuando miró a Cristo, de que la iglesia tenía que ser santificada. Y siguió con la sant-…
133Los pentecostales llegaron y presenciaron la restauración de los dones. ¿Qué hicieron todos ellos? Igual que los católicos, se organizaron, lo llevaron nuevamente a eso.
134¡Oh Dios! Un día yo eché una mirada y cuando lo hice vi el Alfa y la Omega. Yo vi el Principio y el Fin. Yo vi a Jesucristo el mismo ayer y... Yo vi a un Perdonador de mi pecado. Yo vi a Alguien que tomó mi lugar. ¡Vaya! ¿Qué ven Uds. cuando miran?
135Ahora mismo estoy viendo a un anciano, amigo mío, Bill Dauch, sentado aquí. El hombre ya anda en sus noventa y dos años. Hace unos días, no hace mucho, mejor dicho, hace como seis meses, él sufrió una falla cardiaca masiva y un infarto, a la vez.
136“El doctor dice que se está muriendo”. Su esposa me llamó y dijo: “Hermano Branham, venga. Él se está muriendo. Bill es su amigo”. Y dije: “Muy bien, lo haré”.
137Y en camino hacia su casa, yo oraba: “Dios, me pesa ir a decirle ‘adiós’. Sé que si sobrevive hasta que yo llegue, podré decirle ‘adiós’”. Estaba bajo oxígeno, una falla cardiaca masiva, de noventa y un años. Salí de la estación de gasolina, y miré, y al hacerlo, vi a Bill que venía por la calle y me saludó de mano.
138Aquí está él sentado esta noche. El doctor que le dijo eso, ya está muerto. Y aquí está el mismo Bill Dauch, de Lima, Ohio, viajando por celliscas y nieve, asiste a toda reunión donde voy. ¿Por qué? Nosotros miramos y vimos algo. Ese mismo Dios del cual hablé anoche, allá en Colorado, en el tiempo de la tormenta, yo miré y vi que Él era el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
139Aquí está el Sr. Way, un inglés, sentado aquí en este lado, aquí ahora mismo, acabo de verlo sentado aquí. Él ha venido desde Indiana. Él es inglés. Su esposa es una—una enfermera graduada. ¡Él es un buen hombre! Un día yo hablé con él. Yo estaba predicando en una reunión; él se ofendió con lo que yo dije, en su corazón, y cuando lo hizo, cayó muerto allí mismo en la congregación. Él allí murió. Su esposa lo agarró y le tomó el pulso; sus ojos, su rostro se le escureció, sus ojos... no fingía, los ojos se le brotaron y se le voltearon hacia atrás de la cabeza. Yo dije: “Permanezcan quietos”. Lo miré allí abajo, y pensé: “¡Oh, allí está tendido ese hombre, muerto!”.
140Bajé, puse mis manos sobre él y estaba tan frío como ese escritorio. Él estaba muerto. La Sra. Way dijo: “¡Oh, Hermano Branham, él está muerto! ¡Él está muerto! Gritando a voz en cuello.
141Yo aparté la mirada. Vi la resurrección y la Vida. Hice la oración que Jesús me dijo que hiciera, y el Hermano Way se levantó. Aquí mismo está él sentado en esta noche, levantado de entre les muertos, está sentado aquí esta noche.
142Eso es correcto, Sr. Way, si se pusiera de pie sólo por un momento, para que la gente vea. Y aquí está Bill Dauch sentado aquí.
143¿Qué es? Es porque nosotros miramos hacia Él, que es el mismo que resucitó a Lázaro, Él es el mismo que era allá. Él es el mismo ayer, hoy, y por les siglos. Sí, Él no cambia.
144Aquí está sentado un pequeño predicador frente a mí, llamado Blair. Su hijo estuvo en un accidente el otro día; y su esposa está sentada allí, se limpian ahora los ojos, por las lágrimas. Ellos me llamaron por teléfono, y él me dijo: “Hermano Branham, nuestro hijo estaba en un automóvil y éste cayó por la colina, y él se encuentra magullado, con conmoción cerebral y de todo. Está casi muerto, apenas respira”. Dijo: “¿Oraría Ud.?” Yo dije: “Oremos”.
145Y comencé, miré (esto fue por teléfono), y comencé a orar. Dije: “Señor Dios, ¿qué les digo a ellos?”. Yo vi a un niño que iba, corría y saltaba una cuerda, corría de esa manera por allí. Yo dije: “Él va a estar bien”. Y él está aquí esta noche. Y ellos están sentados aquí. ¿Por qué? Porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
146¡Miren! ¡Miren! ¿Qué ven Uds. cuando lo miran a Él? Yo veo al mismo Sanador. ¡Amén! Yo veo al mismo que caminó en Galilea. Yo lo veo a Él en Su poder. Yo lo veo a Él discerniendo los pensamientos y los secretos del corazón, mostrando—mostrando la señal antes del tiempo del fin. ¡Cómo pudiéramos ir a través de esta audiencia y a través de las naciones, diciéndolo que Él es hoy!
147¿Saben Uds. lo que yo pienso? Como dijo el anciano negro una vez, en el tiempo de la esclavitud. Un día, él vino por ahí, y dijo: “Saben, la... Ahora soy libre”. Entonces se puso a decir eso entre los otros esclavos, y los esclavos dijeron...
148Y eso llegó al dueño. Y el dueño dijo: “Entra aquí, Sam”. Dijo: “¿Qué es eso que andas diciendo allá entre los esclavos?”. Él dijo: “Amo, yo soy libre”. Dijo: “¿Cómo es que eres libre?”.
149Él dijo: “Yo soy libre de la ley del pecado y la muerte, porque Jesucristo me ha hecho libre”. Él dijo: “Sam, ¿hablas en serio?”. Él dijo: “Sí”.
150Dijo: “Iré allá a firmar por tu libertad, y dejaré que vayas y le cuentes a tus hermanos acerca de eso”.
151El anciano predicó por años y años. Finalmente un día, él llegó a su puerta, él tenía que partir de esta vida. Y mientras estaba postrado en su cama, en coma por unos días, muchos de sus hermanos blancos vinieron a—a verlo, a darle la despedida, pues él había sido un soldado valiente para Cristo. Mientras estaba postrado allí en la cama, él volvió en sí, miró alrededor, y preguntó: “Mose, ¿no te has, o... ?”. “Sam, ¿aún no te has muerto?”.
152“No”. Dijo: “Tuve que regresar”. Él dijo: “Pensé que ya estaba allá”. Dijo: “Yo—yo—yo debí haberlo soñado”. Dijo: “Pensé que estaba allí. Y cuando yo estaba parado allá”, dijo, “un Ángel... Me acababan de pasar por la puerta, y”, dijo, “un Ángel se acercó y dijo: ‘Sam, ven y recibe tu corona, ven y recibe la túnica’”.
153Él dijo: “No me hable de corona ni de túnica, sólo permítame pararme aquí y mirarlo a Él por un millón de años”. Él vio en Él Aquél que lo había liberado del pecado y de la muerte. Él vio allá Aquél que lo había acompañado en las buenas y en las malas. ¡Oh, Dios!
154La otra mañana, yo estaba acostado en mi cama. Yo tenía... Uds. conocen la historia de mi vida. Yo tenía un perro viejo, lo llamábamos Fritz. Él me envió a la escuela; con las pieles de zarigüeya y demás. Bueno, yo solía llevármelo todas las mañanas. Me despertaba, por allá bien arriba en una pequeña cabaña, lo oía ladrando a lo lejos allá en el valle. Él nunca me mintió. Yo siempre iba a donde él estaba y me tenía algo.
155Uds. saben, una mañana de estas lo oiré ladrar por allá en el cañón. Tendré que ir a mirar qué es lo que tiene. Todo estará bien.
156Escuche, hermano, déjeme decirle. Sólo hay una cosa para ver cuando Ud. mira a Jesucristo, es ver a Dios en Él, el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Yo creo que, Él está aquí esta noche para hacer por nosotros lo mismo que Él hizo allá. Inclinemos nuestros rostros por un momento mientras oramos. ¡Oren!
157¿Habrá uno aquí esta noche, que diría: “Hermano Branham, pídale a Dios que sea misericordioso conmigo? Yo quiero mirar y verlo a Él de manera diferente. Yo lo he mirado a Él y he conjeturado. Yo lo he mirado a Él y me he quedado pensando. Yo lo he mirado a Él y he cuestionado. ¿Realmente se interesará Él de mí? ¿Me ama Él? ¿Serán ciertas todas estas cosas que se han dicho de Él? Yo quiero saber si eso es verdad. ¿Le pediría Ud. a Él que me lo revele a mí esta noche?”. ¿Levantaría Ud. su mano? El Señor lo bendiga. ¡Qué bueno! Por todas partes.
158Precioso Señor, hay tanto escrito acerca de Ti. Nosotros sabemos que Tú eres el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Rogamos, Señor, que esta noche cuando miremos, que nosotros veamos a Jesucristo. Tú prometiste en Tu Palabra que las obras que Tú hiciste, nosotros también las haríamos. Prometiste en los postreros días, que Tú estarías aquí otra vez sobre la Tierra en la forma del Espíritu Santo; la iglesia estaría llena del poder: el Espíritu Santo. Tú dijiste: “Aún un poquito, y de nada le aprovechará al mundo mirar, porque ellos no lo verán. Pero vosotros lo veréis, porque Yo estaré con vosotros, aun en vosotros, hasta la consumación”.
159Señor Jesús, mientras aún hay oportunidad para que el hombre mire, que ellos miren en esta noche y lo vean a Él en el poder de Su resurrección. Él no está muerto, sino que vive para siempre, listo para interceder por los que se dispongan a confesarlo. Concédelo Señor. Y que todas estas peticiones que se han hecho, sean concedidas. Padre, concede estas cosas, en el Nombre de Jesucristo. Amén.
160Ahora es tiempo de orar por los enfermos. Yo he orado por Uds., crean que Dios responderá.
161Ahora, yo creo que Billy dijo que repartió más tarjetas de oración. ¿Eran las B? Las B. Muy bien. No tenemos tiempo; me pasé un poquito del tiempo, perdónenme. Solamente tengo unos minutos. B, ¿dónde fue que—dónde fue que quedamos, anoche? ¿Dónde quedamos, dónde quedamos anoche? [Alguien dice: “Las recogimos todas”.—Ed.] ¡Oh! ¿Las recogimos todas? Entonces simplemente empezaremos desde la B, número uno. Muy bien.
162Número uno, ¿quién…? [Espacio en blanco en la cinta.—Ed.]… tres, cuatro, cinco.
163Alguien vigile ahora. Baja acá, Billy, algunos de Uds., rápidamente, pues ya no tenemos tiempo. Nosotros sólo... y no se demoren. A veces son sordos y no pueden oír, y, o quizás no puedan levantarse, o algo. Si es así, pues, nosotros...
164Número uno, dos, tres, cuatro, cinco. Muy bien, pasen aquí adelante, por favor. Allí está la uno, dos, tres, cuatro… Correcto. Discúlpeme, señor. Seis, siete, ocho, nueve, diez, que ahora se pongan de pie. Seis, siete, ocho, alguien, ocho, nueve, diez. Ocho, nueve... Muy bien. Uno, dos, tres, cuatro cinco... siete, ocho, nueve, diez. Muy bien, de la diez a la quince, pónganse de pie; las B, bien, ésas son todas las tarjetas que han sido repartidas. Quince, muy bien, de la quince a la veinte, pónganse de pie. De la uno hasta la veinte, en las tarjetas de oración, tomen su lugar por acá. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve. Así es. Veinte al veinticinco.
165¿Cuántos no tienen tarjeta de oración? Sin embargo le creen. Mientras ellos pasan a ocupar su lugar, mientras esos veinticinco lo hacen, que pasen los primeros veinticinco, permítanme preguntarles. La Biblia dice, en el Libro de los Hebreos, que “Jesucristo es nuestro Sumo Sacerdote”. ¿Lo creen? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] “Uno que puede compadecerse de nuestras enfermedades”. ¿Vamos nosotros a permanecer torpes, en este día, y ver a nuestro Sumo Sacerdote dándose a conocer Él mismo entre nosotros, y luego nosotros permanecer como el ganado bruto que es conducido? No señor. Estemos alerta y en acción, con valor ante cualquier contienda. No sean como ganado bruto que es conducido. ¡Sean héroes! Uds. allí miren hacia acá y crean. Miren en la Escritura, lo que Él prometió. Muy bien. No tomaremos mucho tiempo, entraremos directamente en la línea de oración. Oremos nuevamente.
166Señor Jesús, ahora está en tus manos. Yo estoy en Tus manos. Señor, toma la Palabra, en la que has dicho: “Como fue en los días de Sodoma”, una de las que hice referencia en esta noche. Tú dijiste en San Juan 14:12, cuando le hablabas a Tus discípulos de Tu partida, Tú dijiste: “El que en Mí cree, las obras que Yo hago, Él las hará también”.
167La Biblia dice que “Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras, en otro tiempo habló a los profetas, o habló a los padres por los profetas, en estos postreros días por Su Hijo, Jesucristo”. Y Él es la Palabra. Nosotros sabemos que los profetas vinieron, el Espíritu vino sobre ellos e hizo que esa Palabra viviera para esa generación; maldijeron los reyes, trajeron juicio, trajeron justicia, salvaron a los perdidos; los profetas, a los cuales vino la Palabra.
168Ahora en este día postrero, Señor, Tú lo prometiste. Tú dijiste: “Como fue en los días de Sodoma”, mientras Abraham estaba sentado allá en el calor del día, la pequeña Iglesia llamada a salir. Nosotros miramos hoy por el mundo, Padre, vemos exactamente a Sodoma, a gentiles pervertidos, tibios. Y vemos a estos tres ángeles apareciendo ante Abraham.
169Dos de ellos bajaron allá a la iglesia tibia: Lot; para tratar de llamarlos a que salieran. Dos fueron allá (el Billy Graham moderno), para llamarlos a que salieran; sin milagros, sólo les cegaron los ojos. Predicar el Evangelio hace eso.
170Pero hubo Uno que se quedó acá con el grupo de Abraham, tipificando a los elegidos, los llamados fuera que no estaban en Sodoma; habían nacido afuera de Sodoma, la verdadera Iglesia, la Simiente de Abraham de hoy. Y cuando este Hombre, que les hablaba a ellos, dijo: “¿Dónde está Sara, tu mujer?”. Le respondió: “Ella está en la tienda detrás de Ti”.
171Y Él dijo: “Voy a visitarte según el tiempo de la vida”. Y ella se rió.
172Él dijo: “¿Por qué se ha reído ella?”. Discernió lo que ella estaba diciendo y pensando dentro de sí, con Su espalda hacia la tienda donde ella estaba.
173Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, nos ha dicho en Su Palabra: “Como fue en aquel día, así será en la venida del Hijo del Hombre”.
174Y es una cosa muy extraña, Padre, que no ha habido un reformador en todas las edades, que haya ido a Sodoma, con un nombre terminando en “h-a-m” hasta hoy; Tu siervo, Billy Graham, está allá en Sodoma haciendo su labor.
175Ahora Padre, ruego que salves a la Simiente de Abraham que está aquí esta noche, llénalos con el Espíritu Santo, del Hijo precioso prometido. Inmediatamente después de esto, Dios manifestado en carne obró esta señal, luego vino el hijo prometido a la escena. Dios, hemos estado esperándolo ya por dos mil años, la Simiente de Abraham. Muchos ya duermen; ésta es la séptima vigilia, nosotros esperamos que el clamor venga en cualquier momento: “He aquí, viene el Novio”.
176Concede esta noche, Padre, que el entendimiento de la gente sea abierto; que ellos vean que esta señal fue prometida, un poco antes del Hijo venidero. También, así como la serpiente de bronce tipificó a Cristo, así el hijo que venía y la señal de su venida (en lo natural) tipificó lo espiritual: de Jesús que venía hoy, la Simiente Real de Abraham. Concédelo Señor. Lo pedimos en el Nombre de Jesús, mientras nos encomendamos a Ti. Amén.
177Me gustaría decir una cosa antes de que oremos por los enfermos. Mucha gente tiene la impresión equivocada en cuanto a un don. Un don no es algo que Dios le da a uno para salir y decir: “Bien, saldré por acá y escogeré esto, y tomaré eso y haré esto”. Ésos no son los dones. Muchas personas piensan así, pero tienen la impresión equivocada. Un don de Dios es sencillamente saber cómo hacerse uno mismo a un lado para que Dios pueda usarlo; eso es todo lo que es un don. ¿Ven? Mientras uno esté en sí mismo...
178¿No dijo Jesús mismo: “El Hijo no puede hacer…?”. San Juan 5:19, “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo”. Él pasó por ese estanque donde estaban todos esos lisiados, y sanó a un hombre con problema de la próstata, o algo (una enfermedad) retardado. Él dijo: “No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; eso también lo hace el Hijo igualmente”. “No soy yo”, dijo Él, “que hace las obras; es Mi Padre que mora en Mí, Él hace las Obras”.
179Ahora, Uds. personas sentadas allá afuera, no se atrevan a mirar hacia ningún hombre. Uds. miren hacia Cristo. Es a Él. Pero Él prometió en los postreros días que Él mismo se manifestaría en carne humana, como hizo allá en Sodoma. Ahora en la carne suya, en mi carne, simplemente abramos nuestros corazones y apartemos nuestros propios pensamientos, y permitamos que la Palabra tome su curso en nosotros, en esta noche, luego veremos los grandes dones de Dios de Su Espíritu manifestados delante de nosotros.
180Sean muy reverentes. Que nadie salga. Guarden mucho silencio y oren. Estoy seguro que Uds. lo podrán apreciar.
181Y si hubiera alguien aquí que cree que esto es un engaño, yo le reto a que venga aquí a la plataforma. ¡El que sea! Entonces, si tiene miedo de hacerlo, no diga nada al respecto.
182En el Nombre de Jesucristo, yo tomo a todo espíritu aquí bajo mi control, para declarar la Palabra de Dios.
183Aquí hay un cuadro en esta noche como en San Juan el capítulo 4. Un hombre y una mujer se encuentran, me supongo que por primera vez. Yo no la conozco a Ud. Tal vez Ud. me conozca a mí por los periódicos y—y de oídas, pero yo no la conozco a Ud. Ud. sabe eso. Nosotros somos desconocidos el uno para el otro, como cuando nuestro Señor se encontró con una mujer junto al pozo; un hombre y una mujer encontrándose, hablando.
184Pero, si yo viniera como uno, o algunos de nuestros hermanos, diciendo: “Dios me dio un don de sanidad”,…
185¿Saben Uds. cuál es el don de la sanidad? Fe en la sanidad. ¿Ven? Uno simplemente libera su fe, para orar por alguien; un don de sanidad no es más. Todo ministro debe tenerlo, todo el mundo (¿ven?), debiera tener el don de sanidad. El Poder que lo sana a Ud. está por dentro de Ud., el Espíritu Santo, Ud. simplemente tiene que permitirle que obre. Eso es todo.
186Así como la vida que está en el árbol. Uno no tiene que vaciar las manzanas en el árbol, para hacerlo que produzca manzanas. Sencillamente es sembrado en la tierra, y él bebe y produce.
187Bueno, así es como se hace con el Espíritu Santo. Está dentro de Ud. Uno simplemente bebe de la fuente inagotable de Jesucristo, y Eso hace producir los frutos del Espíritu. ¿Ven?
188Ahora yo estoy parado aquí sin conocerla; Dios lo sabe. Ud. es completamente desconocida.
189Ahora, si yo fuera y le impusiera las manos, y dijera: “Hermana, Ud. va a sanar”. Ud. podría creerlo y eso estaría bien. Pero ahora, ¿qué si Él viene...? Vea, aquello fue en los días pasados, allá en los días pentecostales.
190Nosotros estamos viviendo más allá de eso hoy. Nosotros estamos más allá de Pentecostés, igual que con los metodistas y luteranos. Estamos próximos a la venida del Señor, donde el ministerio que Jesucristo ejerció, Él mismo, tiene que ser así exactamente. Es como la piedra de corona en la pirámide, tiene que estar tan pulida a tal grado que toda piedra encaje perfectamente. Y la iglesia tiene que llegar a esa condición para recibir la Piedra de Corona, luego llevarse la cosa por completo en la resurrección, cuando el Cuerpo sea resucitado.
191¿Lo creen Uds.? ¿Creen Uds. que estas cosas que les digo son la verdad? ¿Es así? Si el Señor Jesús me dice algo que Ud. ha hecho, algo que no debió haber hecho, algo que anda mal en Ud., o lo que pudiera ser, financiero, doméstico, yo no sé; cualquier cosa que sea, ¿Ud. creerá, (verdad), que yo soy Su siervo?
192Ud. es cristiana. ¿Ve? Le hablé sólo para encontrar su espíritu. ¿Ve? Así fue como Él hizo allá junto al pozo; Él dijo: “Dame de beber”. Ud. es una cristiana. Ud. es una creyente. Correcto. ¡No es una viajera sino una creyente! Muy bien. El problema suyo, su problema principal está en su cuello. En la parte de atrás de su cuello Ud. tiene un crecimiento, y ese crecimiento le está ejerciendo presión. Eso le está dañando los ojos y demás. ¿Es verdad eso? Eso es ASÍ DICE EL SEÑOR. Correcto. Si Ud. lo cree, eso la dejará. [La hermana dice: “Eso es verdad”.—Ed.] Dios la bendiga. Siga adelante.
193¿Cómo le va, señor? Yo no lo conozco a Ud. Somos desconocidos el uno para el otro. Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Si puedo relajarme, lo suficiente para que el Espíritu Santo pueda usar mis labios y mis ojos, igual como...
194¿Alguna vez han tenido un sueño? Seguro. Hay una—una parte de uno, uno tiene que estar inactivo en los cinco sentidos. Uno tiene— uno tiene una conciencia y una subconsciencia. Su primera conciencia está aquí, y su subconsciencia está por acá. Ud. tiene que estar inactivo en los cinco sentidos, para llegar acá a soñar; pero cuando Ud. regresa, aquello queda marcado en esto al grado que uno recuerda lo que soñó.
195Ahora, videntes, profetas, su subconsciencia no está allá; está aquí mismo. Uno no se sale de sus cinco sentidos; uno está parado, uno está de pie, soñando. Y si Ud. dijera suéñeme... Si yo le dijera a Ud.: “Suéñeme un sueño”, Ud. no podría hacerlo; ni tampoco puedo yo ver una visión para Ud. Se requiere a Dios para que haga eso. Pero, yo no me duermo para verlo, yo me paro aquí y lo veo; eso es un don de Dios. Si yo logro hacer a un lado la primera conciencia, Dios usará la otra conciencia si Él tiene algo que decir. Eso depende de Él.
196Pero si yo puedo, con la ayuda de Dios... Si Jesús estuviera parado aquí con este traje que Él me dio, si Ud. estuviera enfermo Él no lo podría sanar; no, Él ya hizo eso cuando murió. Pero, yo no sé la razón por la que Ud. está aquí; Ud. simplemente es un hombre. Tenemos aproximadamente la misma edad, y sólo—sólo estamos parados aquí en la plataforma, conociéndonos por primera vez. ¿Cree Ud. que Dios puede revelarme sus deseos, o lo que Ud. ha hecho, o sus impedimentos? Si Él puede decirle a Ud. lo que ha sido, Él puede decirle lo que será. ¿Cree Ud. eso?
197Yo no quiero tomar demasiado tiempo, pero he predicado duro y uno tiene que... el tiempo, nervioso, uno tiene que realmente relajarse, porque no hay nada que yo pueda hacer a menos que Él me lo muestre.
198Sí, aquí está. La Luz viniendo sobre el hombre. Muy bien, señor. No señor, Ud. no está aquí por sí mismo, Ud. está aquí por alguien más, y es una hija. Y esa hija vive en California, y ella ha sufrido un accidente automovilístico, hace algún tiempo. Y Ud. está queriendo que yo… Ud. está parado aquí para que yo ore por ella, porque aún sigue afectada por eso. Y escuche, déjeme decirle algo: ese accidente automovilístico no fue en California; fue en Dallas, Texas, donde ocurrió el accidente automovilístico. ¿Es correcto eso? Ella va a estar bien. No lo olvide, yo la veo que se va caminando. Muy bien, crea. Vaya y crea ahora, hermano. Dios lo bendiga.
199¿Cómo está Ud., señora? Yo soy un desconocido para Ud. No nos conocemos el uno al otro; somos completamente extraños. ¿Cree Ud. que Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos? ¿Ud. le cree a Él? Ahora, si el Espíritu Santo puede decirme algo acerca de Ud., lo cual Ud. sabe que yo no sé, entonces eso la haría creer, ¿no es así? Ud.… Ud. tiene complicaciones. Ud. tiene muchas cosas, pero lo principal es que Ud. está a punto de ser operada debido a un tumor, y ese tumor está en su costado. Correcto. ¡Eso es correcto! Ud. está aquí para que se ore por eso. Si yo pudiera decirle cuál es su nombre, ¿creería Ud. que yo soy Su profeta, o creería que eso sería correcto? Señorita Holman, siga por su camino regocijándose. ¿Ve? Dios la bendiga. Crea ahora, no dude.
200¿Cómo está Ud., señora? Somos desconocidos. Ud. es más joven que yo; somos tan sólo una mujer y un hombre.
201Un momento, todos sean muy reverentes. El Espíritu del Señor se ha movido de aquí.
202Este hombre sentado aquí, con anteojos, tiene un problema espiritual en su mente; Ud. no sabe qué hacer. Ud. está todo confundido. Crea y Ud. saldrá bien. Sí señor. ¿Hará eso? Muy bien. Sean reverentes.
203Aquí hay una damita, sentada justamente por aquí, ella está mirando de esta manera, con sus manos así, orando. Ella tiene una mano mala, por la que está orando. Si Ud. cree, sí, Dios se la sanará. Yo no la conozco, Ud. no me conoce a mí, pero Ud. tocó Algo. Ud. no me tocó a mí; Ud. está a veinte pies de mí. Jesucristo la sana. Su fe la sana.
204¡Si ése no es este mismo Jesús, el Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras enfermedades! ¿No creen Uds. que eso es así? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
205Discúlpenme, es que tengo que seguir Eso por donde va.
206Ya me estoy debilitando (¿ven?), sólo con una... Uds. saben, nuestro Señor, una vez una mujer tocó Su vestidura y Él dijo...
207Perdónenme. Esta señora de color sentada aquí, orando; problema de la vejiga, alta presión sanguínea. Crea señora y eso la dejará. Amén.
208Yo miré y había una señora de color parada aquí (¿ven?), su fe atrajo Eso inmediatamente. Amén.
209Esa señora allí detrás de ella, con asma. Si cree que Dios la sanará de esa asma, también puede recibirlo, si lo cree.
210Ud. tiene un gran deseo en su corazón, y es un—un deseo legítimo. Ud. quiere un bebé. Y la razón que no puede tenerlo, es que tiene un problema femenino. Y eso es verdad. [La hermana dice: “Eso fue lo que puse en la tarjeta”.—Ed.] Muy bien, ¿cree ahora que Ud.... que Dios se lo dará? [“Sí. Eso es correcto”.] Si el Señor Jesús me dice quién es Ud., ¿creerá? [“Sí”] Sra. Lambert. [“Es correcto”.] Ahora vaya, crea. ¿Le hace eso creer? [“Amén”.] Que ella lo reciba, Dios, en el Nombre de Jesucristo. ¡Tenga fe!
211Señor, somos desconocidos el uno para el otro, pero Dios nos conoce a los dos. ¿Cree Ud. que el Señor Jesús me revelará sus problemas? ¿Lo cree? Ud. no es de aquí, Ud. no es de Arizona. Ud. es de lejos hacia al este, de Michigan. Correcto. Ud. tiene alta presión sanguínea, endurecimiento de las arterias, es medio sordo. Eso lo ha dejado. Regrese a Michigan, el Señor Jesús lo sana. ¡Tenga fe en Dios!
212La señora sentada por acá, orando por su padre. Él tiene el mal de Parkinson. Y el... Lo veo ahora, y él tiene la sombra. No sólo tiene la sombra de muerte, sino la de muerte Eterna, porque él no es salvo. Eso es verdad. ¿Cree Ud. que Dios lo salvará y lo sanará? Si Ud. tiene la suficiente fe para tocar a Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, ciertamente Ud. podrá aceptar eso.
213Ahora, ¿me haría Ud. un favor? Ponga su mano sobre esa mujer al lado suyo. Ella está orando por su hermano. Sí. Ese hermano está enfermo, y también él es un alcohólico. Eso es verdad. Sólo crea, él dejará de beber y se recuperará. “¡Si puedes creer, todo es posible!”
214La señora sentada aquí, orando, aquí mismo frente a mí, tiene su rostro inclinado. Puedo decirles, ella está orando: “Señor, permite que ésa sea yo”. La señora es... Ella está orando por una amiga, y esa amiga se encuentra aquí en el hospital muriendo con cáncer; y también por ella misma. A ella se le va a pasar. Sra. Kelly, póngase de pie y acepte la sanidad, en el Nombre de Jesucristo. Yo nunca había visto a la mujer en mi vida.
215¿Cree Ud. que Dios sana problemas cardíacos? ¿Cree que Él le sana el suyo? Muy bien, entonces siga adelante, diciendo: “Gracias, amado Dios”.
216Es difícil para Ud. levantarse por la mañana, Ud. está tan tieso debido a esa artritis. No será así mañana si Ud. tan sólo lo cree y sigue adelante. Sí señor.
217Muy bien, señor. Ud. necesita una transfusión de Sangre del Calvario, eso cura la diabetes y de todo. ¿Cree Ud. que Él hace eso? Muy bien, la suya se puede curar, también, si tan sólo cree con todo su corazón.
218Venga aquí. Ud. es nerviosa, eso es lo que ha causado su problema. Ud. tiene un estómago ulcerado. ¿Cree Ud. que Dios lo sanará? [La hermana dice: “Sí, lo creo”.—Ed.] Yo quiero mostrarle algo. Me voy a quitar el reloj por un momento. Siendo nerviosa es muy difícil, pero Ud. es un alma buena. Deme su mano. Yo quiero tomar la mano suya. Quiero que mire la mano mía. Ahora observe, voy a poner la mano suya sobre la mía. Ahora lo ve, ¿ve esas cosas moviéndose allí encima, algo como pequeñas vibraciones? [“Sí, las veo”.] Eso es esa úlcera viva. Ahora observe, quite su mano, ahora regresa a la normalidad. Ahora pondré mi mano allí, no hace eso, ¿verdad? [“No”.] Pero al poner la mano suya encima, allí está de nuevo. ¿Ve? [“Sí”.] Ahora, hay algo allí simbolizándolo, lo cual Ud. realmente puede ver con sus propios ojos. ¿Es correcto? [“Sí. Amén”.] Levante la mano para que la audiencia vea que eso es cierto.
219Aquí, la audiencia puede verlo. Ponga su mano aquí. Ahora quite su mano, señora; ahora ponga su mano allí de nuevo. Es una úlcera viva. Es tejido, algo comiendo tejido. Eso es causado por el nerviosismo, se esparce. Ud. también tiene problemas femeninos. Muy bien.
220Ahora, aquí, ahora en esto es cuando uno tiene que tomar la iniciativa, sólo para que esta señora lo sepa.
221Ahora quiero que la audiencia mantenga sus rostros inclinados, y oren, porque eso va del uno al otro. Cuando uno tiene que... Jesús dijo: “En Mi Nombre echarán fuera demonios”. Ahora mantengan sus rostros inclinados si no quieren una úlcera. ¿Ven?
222Ahora aquí, quiero que mire. Ud. tiene la úlcera, ahora vigile mi mano y vea que yo no mueva mi mano.
223Padre Celestial, que Tus misericordias y gracia sean sobre esta mujer, para sanarla. Ella está observando mi mano. Ella está mirando, Padre, para ver si hay cambio alguno. Y sé que su fe, siendo nerviosa, yo ruego, Dios, que Tú la ayudes. En el Nombre de Jesús, ayúdala.
224Ahora, la señora (aún no he abierto los ojos), pero la señora sabe que mi mano aún permanece igual como estaba. ¿Es cierto eso, señora? [La hermana dice: “Sí señor”.—Ed.] Ahora mírela muy de cerca.
225Miren, esto no se hace como espectáculo. Esto se hace para declarar que Jesucristo cumple Su Palabra. Ahora, Él dijo: “En Mi Nombre echarán fuera demonios”.
226Ahora voy a mantener mi mano firme. Y quiero que observe, no es por la forma en que sostengo mi mano. ¿Ve? Ella está igual como siempre. ¿Puede ver cómo se hincha? [La hermana dice: “Sí”.] Se pone peor cada vez. [“Sí”.] Porque la tengo ahí. Toda mi mano está entumecida, hasta el codo. Ahora Ud. sólo mírela por un momento.
227Señor Jesús, no es como espectáculo (no debemos hacer eso), sino para que Tu Palabra sea cumplida. Tú nunca sanaste a la gente sólo para mostrar que eras Dios, sino que era en cumplimiento a la Palabra. Y de esa manera es que yo… por lo que yo lo hago en esta noche, Padre, es mi fe para creer que esta mujer buena puede ser sanada de este demonio.
228Satanás, te conjuro, en el Nombre de Jesucristo, Quien triunfó sobre toda enfermedad, y está bajo Sus pies. Y como Su siervo, yo tomo la iniciativa. En el Nombre de Jesús, deja a la mujer, sal de ella.
229Ahora, yo no he movido mi mano. La señora me sirva de testigo. Algo le sucedió a mi mano, ¿no es así? [La hermana dice: “Sí”.—Ed.] Si eso es verdad, diga: “Amén”. [“Sí. Amén”.] ¿Se ha ido, no es así? [“Sí. Amén. Eso se ha ido”.] Ud. queda sana. [“¡Aleluya”!] Ahora allí está. [“¡Gracias, Jesús”!] Ahora mire aquí. Yo pongo mi mano, ahora ponga encima Ud. su mano, permanece normal. [“Sí. Amén”.] Ud. ha quedado sana. [“Sí. Amén. Aleluya”.] Continúe, vaya y coma su cena, Jesucristo la sana. “¡En Mi Nombre echarán fuera demonios!”. Sí.
230¿Cree Ud., hermana? ¿Cree? ¿Cree Ud. que Dios le puede quitar esa condición asmática y sanarla? Muy bien, siga su camino, diga: “Gracias, Señor Jesús; yo te creo con todo mi corazón”.
231¿Cómo está Ud., señor? El corazón le ha estado molestando, es como un bloqueo causado por lo nervioso; golpea, dos golpes, uno en... dos en un lado, y uno al otro. Muy bien, señor, eso termina ahora. Vaya. Su fe lo sana, señor. Vaya, creyendo con todo su corazón. Muy bien.
232Otro estómago, enfermo. ¿Cree Ud. que Jesús le sana? Sólo vaya y diga: “Gracias, Señor Jesús”. Créalo. Si Él puede decirle lo que Ud. es, ciertamente Él puede sanarle.
233¿Qué si yo no le dijera ni una sola palabra a Ud., sólo le impusiera las manos, creería Ud. que ha sanado, sentado allí en esa silla? ¿Creería? Váyase y diga: “Gracias Señor”. Es lo que Ud. crea.
234Venga. ¿Cree Ud. que Dios sanó ese problema de la espalda en ese momento, sentado allí? Muy bien, Ud. puede seguir adelante, diga: “Gracias Señor”. Crea con todo su corazón. Vaya y crea.
235Señor, si Dios no lo sana, un día Ud. quedará lisiado, así, caminando con un bastón, debido a esa artritis. ¿Por qué no lo acepta a Él ahora mismo? ¿Lo cree? Siga su camino y diga: “Gracias Señor”. Y pisotee esa cosa, y siga su camino regocijándose.
236Jesús le sana la espalda y le da la salud. ¿Lo cree Ud.? Muy bien, siga su camino, diciendo: “Gracias, amado Dios”.
237Venga aquí, señora. Ahora ¿a qué le está temiendo? La razón que Ud. está temerosa, es porque es el tiempo de la menopausia para Ud.; sabe lo que quiero decir, el cambio en las damas. Y todo, en la tarde, Ud. se agota; no puede hacer sus labores, Ud. se cansa mucho. ¿Verdad que eso es cierto? [La hermana dice: “Es cierto”.—Ed.] Muy bien. Eso ya está bien. Vaya, su fe la sana.
238Otro, nervioso, pero Ud. ha sido nervioso toda su vida, ha sido un poco nervioso desde cuando era más joven; era nervioso andando por ahí. Pero parece que ahora algo se ha apoderado de Ud. Ud. está oprimido todo el tiempo. ¿Verdad? No será así más, si Ud. me cree ahora mismo, como el profeta de Dios. Vaya y crea.
239¿Cuántos allá creen de todo corazón? Pongan sus manos el uno sobre el otro. En el Nombre de Jesucristo de Nazaret, yo conjuro a todo hombre y mujer aquí a poner las manos el uno sobre el otro.
240Si la Palabra de Dios, parte de Ella es correcta, toda es correcta. Jesucristo dijo: “En—en Mi Nombre echarán fuera demonios”. “La Palabra de Dios discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
241Jesús dijo: “Sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”. Todo creyente aquí, dígale “Amén” a eso. [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Entonces, Uds. son creyentes; oren Uds. por el que tiene su... Oren por el que tenga las manos sobre Ud., pues ellos están orando por Ud. Oremos juntos y derrotemos al enemigo, y que toda persona enferma aquí sea sanada, en la Presencia de Jesucristo.
242Dios Todopoderoso, Autor de la Vida, dador de toda buena dádiva, envía Tus bendiciones sobre estas personas.
243Satanás, tú has perdido la batalla, Jesucristo está aquí. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Los cristianos tienen sus manos el uno sobre el otro. Ellos están orando la oración de fe.
244Tú dijiste: “Estas señales seguirán a los que creen”. Cada uno de ellos dijo: “Amén”, ellos creen. Ellos acentuaron el deseo de Tu corazón, cuando Tú dijiste: “Estas señales seguirán a los que creen”. Ellos tienen sus manos puestas el uno sobre el otro.
245Tú estás derrotado, satanás. Sal de ellos, en el Nombre de Jesucristo. Abandona este lugar y abandona este edificio, en el Nombre de Jesucristo.
246Todo hombre y mujer que cree que un creyente le tiene puestas las manos, la oración de fe ha sido orada, y está dispuesto a olvidar su enfermedad, olvidar sus pensamientos al respecto, y aceptar la Palabra de Dios para que entre en su corazón: pónganse de pie y acepten su sanidad, en el Nombre de Jesucristo. ¡Amén y amén! Levanten sus manos ahora y denle a Él la alabanza, pues todo ha terminado.