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~ SUS PALABRAS INFALIBLES ~
1…De manera que todos podamos estar en una actitud de oración por los enfermos. Ahora, también queremos orar por la próxima convención de los Hombres de Negocio aquí, que comenzará el próximo jueves por la noche. Ellos van a tener unos buenos oradores en esta con-… [Espacio en blanco en la cinta.—Ed.]
2Tucson, por supuesto, yo vivo en Tucson ahora. Este es mi segundo año allí. Y yo siempre he dicho que: “Estoy viviendo en Jerusalén”.
3No pude lograr que un policía (anoche me levantaron una infracción) creyera que eso era Jerusalén. Yo iba por la carretera subiendo aquí por el Crucero Apache y una de las luces se me apagó, una de las luces delanteras, el cambio. Y yo estaba tratando de llegar a una gasolinera, y la otra también se apagó. Resultó que miré detrás de mí y vi su luz roja. Él me detuvo y me preguntó: “¿Sabe Ud. por qué lo detuve?”. Yo dije: “Sí señor, una de esas luces está apagada”. Él dijo: “Así es”. ¿Sabe Ud. que es una violación hacer eso?”
4Yo dije: “Sí señor, pero yo—yo—yo no podía llegar a una estación. Yo no encontraba ninguna. Yo estaba tratando de encontrar una”. Él dijo: “¿De dónde es Ud.?”. Yo dije: “De Jerusalén”. Él dijo: “¿De dónde? ¿De dónde?”. Yo dije: “De Jerusalén”. Dije: “Yo…” Él miró mi licencia y me dijo: “¿Es Ud. un ministro?” Yo dije: “Sí señor”. Dije: “Yo soy de Jerusalén”. Dijo: “¿Dónde queda eso, en ultramar?”.
5Yo dije: “No señor”. Eso queda aquí al subir la colina, y es lo que Uds. llaman Tucson. Yo estaba aquí en Jericó, ministrando en el valle”.
6Fue realmente un milagro que él no me levantara una infracción en ese momento, ¿verdad? Pero él—él me dio una—una pequeña advertencia: “Apresúrese y mande arreglarlo, o…” [Espacio en blanco en la cinta.—Ed.]
7Señor Jesús, nos encomendamos a Ti para este servicio. Recuerdo todas las cosas que Tú me has dicho, y todas las cosas que Tú has hecho delante del pueblo, por lo cual te damos alabanza y gloria. Recuerdo el otoño pasado, viniendo hacia acá, como a unas quinientas millas al norte de aquí, cuando Tú me mostraste aquella montaña y me dijiste: “Regresa a orar por los enfermos hasta que sea el tiempo”. Y aquí estoy Señor. No es a estas personas aquí; yo no estoy orando a ellas. Yo estoy orando es a Ti. Y aquí estoy a Tus órdenes en esta noche, para hacer tal como Tú me mandes. Ayúdame ahora, Padre, te lo pido en el Nombre de Jesucristo. Amén.
8Ahora abramos la Biblia, en el Libro de San Mateo, para tomar un texto. Y leamos San Mateo, el capítulo 24, y los versículos 32 al 35, inclusive. De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
9Me gustaría tomar un pequeño texto de allí, acerca de esto: Sus Palabras Infalibles De Promesa. Nuestra fe está basada en Esto mismo, en la Palabra infalible de promesa. El hombre a través de las edades ha confiado en Esto, en las promesas de Dios.
10Ahora, si Ud. alguna vez en su vida ha venido a un servicio de sanidad y ha querido prestar toda la atención posible, le pido que lo haga hoy. Nosotros queremos ver que el Señor se glorifique.
11Y yo creo verdaderamente que cada Palabra de Dios, cada promesa que Él hizo, es verdad.
12Y es para cualquiera que lo acepte. Ahora, hay algunos que tratan de aceptarlo, pero no pueden. Hay otros que pueden aceptarlo. Y otros lo obtienen sin ni siquiera esforzarse mucho. Ahora, nosotros tenemos que predicar el Evangelio de que “la sanidad es para todos”, no obstante sabemos que no es así. Es para todos, si pueden recibirla, pero sabemos que no todos pueden recibirla. Yo sólo quiero ser tan sincero con Uds. como pueda.
13Nosotros tenemos que predicar salvación de la misma manera, que: “la salvación es para todos”, pero sabemos que no todos la pueden recibir. No todo hombre puede ver estas cosas. Jesús dijo: “Bienaventurados vuestros ojos que pueden ver, vuestro entendimiento, porque hay muchos que no pueden entenderlo”.
14Y la sanidad Divina es para gente que cree. Pero Ud. no puede creer hasta que haya Algo dentro de Ud. que le haga creer.
15Y luego, “si se hubieran hecho las obras”, dijo Jesús: “en Sodoma y Gomorra, que se hicieron en las ciudades de Capernaum y en aquellas ciudades”, por las cuales Él había pasado, Él dijo: “ellas hubieran permanecido hasta este día”.
16Y yo digo: “Si las obras—las obras poderosas que se han hecho en Phoenix, se hubieran hecho en Sodoma, ella hubiera permanecido hasta este día, y no estuviera en el fondo de la Sal…del Mar Muerto”.
17Ahora, es debido a que todo hombre que está enfermo se esfuerza por echar mano de ella. Pero si tan sólo ellos se detuvieran por un momento y trataran de considerar lo que la Palabra significa...
18La fe viene por el oír la Palabra, la Palabra de promesa. Si Ud. no tiene una promesa, entonces Ud. aventura en base a su propia fe. Pero si Ud. puede tomar una promesa de Dios, entonces ésa es la promesa de Dios para Ud.
19La mujer que tocó Su manto no tenía promesa para eso. Pero su fe, sin tener una promesa, obtuvo su sanidad.
20Ahora, si ella pudo obtener su sanidad por su fe, sin tener una promesa en lo que ella estaba haciendo, ¡cuánto más deberíamos nosotros obtener nuestra sanidad, mediante la fe en una promesa que Dios está manifestando y vindicando delante de nosotros, y que la ha traído a nosotros por Su Palabra, vino y confirmó Su Palabra!
21Fíjense en estos niñitos que acabo de presentar. Ambos son un milagro de Dios que sobrepasó a la ciencia médica. ¿Ven? ¡Sólo mediten en las cosas que han acontecido!
22Ahora, ¿hace Dios acepción de personas? Ciertamente que no. Si Él sana a uno, Él sanará al otro. Solamente hay una cosa que Ud. tiene que hacer, y es apropiarse de esa fe. Y esa fe es algo que Ud. sabe; no algo a lo que Ud. trata de atinarle. ¡Ud. lo sabe! Algo sucede. Ahora, a través de las edades, la gente ha descansado sobre esto.
23La razón por la cual escogí este texto aquí por unos minutos, es por lo que Él dice que: “El cielo y la tierra pasarán, pero Mis Palabras no pasarán”. Y Él había hecho una promesa aquí, que esa generación, ellos… Dijo: “Esta generación no pasará hasta que todas estas cosas acontezcan”.
24Si hubiere un incrédulo aquí sentado, ésa es una de las más grandes piedras de tropiezo en las que cae el incrédulo. Ellos piensan que Jesús se estaba refiriendo a la generación a la cual Él le estaba hablando. Ahora, aclaremos eso para así poder entrar en el texto.
25Ellos le hicieron a Él tres preguntas. Si Uds. se fijan en el 24, aquí en el principio del capítulo 24 leemos estas Palabras: Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron los discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.
26Ahora, eso fue cuando Él todavía estaba en la ciudad, en el templo. Muy bien. Y estando él sentado en el monte…
27Él salió del templo y subió al monte de los Olivos. …sentado en…monte de los Olivos, sus discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?
28Ellos le hicieron tres preguntas, y Él se las contestó en la medida en que se las hicieron. Tres preguntas, ¿ven? Primero: “¿Cuándo será el tiempo en que no quedará piedra sobre piedra?”. Y: “¿Cuál será la señal de Tu Venida?”. Y: “¿Cuándo será el fin del mundo?”. Tres preguntas. Y Él contestó las tres preguntas.
29Grandes estudiantes hoy colocan esa primera pregunta cuando Él dijo: “Orad para que vuestra huída no sea en invierno, ni en día de reposo”, ellos colocan eso en una fecha futura de la Venida del Señor en el fin del mundo.
30Eso sucedió en el año 70 d.C, cuando el gran soldado romano, o gran ejército, Tito y su grupo llegaron allí, ese gran general de Roma, y sitió los muros tal como Jesús se los había predicho. “Y cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, entonces el que esté en el campo no regrese a la ciudad”. Ahora, ¿de qué serviría…?
31Y algunas personas tratan de apoyar sus doctrinas sobre eso, que cuando Él venga, la gente todavía estará viviendo en las horas del día de reposo, guardando los días de reposo. Bueno, si la—si la Venida es universal, Ud. no podría estar guardando el día de reposo, porque en un lado es el día de reposo, y en el otro es un día después del día de reposo. ¿Ven?, así que eso no es eso. El guardar el día de reposo fue para un pueblo en el desierto, no para la Iglesia universal. ¿Ven? Y todas estas cosas diferentes, es que ellos toman esas Escrituras sin tener el Espíritu Santo para trazarlas correctamente y mostrar lo que ellas son.
32Pero en mi humilde opinión, esto es a lo que Jesús se estaba refiriendo cuando Él dijo: “Esta generación”, en otras palabras, “la generación que viere a la higuera echando sus retoños”. ¿Ven? Él dice aquí: “Y cuando la higuera está empezando…está tierna, y echa sus— sus ramas, Uds. dicen que el verano está cerca. Asimismo, (¿ven?), cuando Uds. vean todas estas cosas, reconozcan el tiempo. Cuando Uds. vean todas estas tres preguntas cumplidas, es que el tiempo está a la puerta. “¡La generación que viere a la higuera!” Y la higuera siempre es “Israel”. “Y cuando Israel regrese a su patria y llegue a ser una nación, ésa generación no pasará hasta que todas estas cosas sean cumplidas”.
33Y amigos cristianos, en esta noche, con este gran enredo en las Escrituras, que cree la gente que está enredada, nosotros estamos viviendo hoy para ver el mero… Todo lo que Él dijo se está cumpliendo aquí, y únicamente la cosa que sigue es Su Venida.
34Israel ya está en su patria. Ella es una nación independiente. Ella tiene su propia moneda, su propia bandera, es miembro de las Naciones Unidas. Ella es una nación; por primera vez, después de dos mil quinientos años, de haber sido una nación. Y Jesús prometió que “La generación…” Y en la Biblia, una generación comprende cuarenta años. Desde el tiempo en que Israel llegó a ser una nación, hasta cuarenta años, dentro de ese término de tiempo, Él vendrá. Y si eso es verdad, entonces eso trae la Venida.
35Bueno, y otra cosa, cada dos mil años algo ha sucedido en la tierra; la política y todo cesa, Dios tuvo que enviar ayuda desde el Cielo. Los primeros dos mil años, el mundo fue destruido con agua, los segundos dos mil años, Cristo vino; y este es 1964, y se dice que estamos diecisiete años retrazados.
36Ahora, Uds. pueden ver que está a la puerta. La cosa que sigue es esperar la Venida del Señor. Todas las otras señales están armonizando perfectamente con eso. Por eso es que en esta noche yo estoy procurando que la gente se quede exactamente en la Palabra prometida. Únicamente con lo que la Palabra dice, quédense con Eso.
37Ahora, cuando yo vine a Cristo, yo sabía que tenía que tener un fundamento en el cual pararme. Yo fui ordenado en la Iglesia misionera bautista. Luego cuando vi que la doctrina de la Iglesia misionera bautista era tan contraria a la Escritura, entonces no pude poner, basar mis esperanzas en la doctrina de la Iglesia misionera bautista. Entonces pensé que iría a la iglesia de mi madre, ella era metodista. Y pensé que iría allá. Pero me encontré en la misma situación. Y pensaba que si Jesús venía por los metodistas, Él ciertamente dejaría a los bautistas. Y si Él venía por los bautistas, Él dejaría a los metodistas. Pero en ambos grupos encontré gente fina. Y yo me preguntaba, si Él viene por una iglesia, ¿cuál iglesia sería, de las novecientas y tantas organizaciones distintas? Él no lo hace así. Él no va juzgar a la gente por medio de la iglesia.
38Él va a juzgar a la gente por medio de Jesucristo. Y Jesucristo es la Palabra. En San Juan el primer capítulo dice: “En el principio era el Verbo”. Cuando Dios… En el principio, antes que fuera una Palabra, era un pensamiento. “Y entonces en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Todo era Dios.
39Y entonces cuando Dios habló Su Palabra, lo que sería, predestinó a Su Iglesia, antes de la fundación del mundo, “Que aparecería delante de Él, sin mancha y sin arruga”. Y el reloj está avanzando hacia eso. ¡Y Ella estará allí, una Iglesia, una Iglesia gloriosa, sin mancha y sin arruga! Yo estoy confiando que todos los aquí presentes en esta noche sean miembros de esa Iglesia. Y únicamente hay una sola manera de entrar en esa Iglesia, y no es por ninguna denominación, Ud. entra a Ella por el nuevo Nacimiento. Ud. dice: “Bueno, yo creo eso”.
40Pero si Ud. realmente lo cree, entonces Ud. acentuará cada Palabra de esta Biblia con un “amén”, todo lo que dice la Biblia; porque Ella es Cristo, y Ud. es parte de Cristo, y el Espíritu Santo revela esta Verdad. Cada edad ha tenido su asignación de Palabra para ser cumplida.
41Dios siempre envía un profeta. La Palabra viene al profeta; la Palabra escrita, un discernidor de los pensamientos del corazón. ¿Se habían fijado Uds.? El profeta, de la manera que él sabía que era un profeta, era porque la Palabra de Dios discierne los pensamientos que están en el corazón, predice cosas, es uno que predice y declara el futuro. ¿Alguna vez han buscado en el diccionario, en el antiguo diccionario Hebreo, para ver lo que significa la palabra “vidente”? Es aquel que tiene la revelación Divina de la Palabra escrita. Y de la manera cómo él es vindicado, es que él prevé las cosas que él predice y llegan a suceder.
42Ahora, ¿cómo cuadra esto con la Escritura? Perfectamente. “Si hay alguno entre Uds. quien es espiritual o profeta, Yo Jehová me manifestaré a él, le hablaré en visiones. Y si estas cosas llegan a suceder, entonces es Dios. Pero si no llegan a suceder, entonces no lo escuchen; no le tengan temor, simplemente ignórenlo”. ¡Pero la Palabra de Dios siempre es correcta! Por lo tanto, así era como ellos sabían si el hombre que estaba hablando tenía o no la revelación correcta de la Palabra, de la Palabra Divina que está escrita, y era porque la Palabra del Señor venía a él. Ahora, nosotros permanecemos Allí, nos ponemos nosotros mismos y nuestra confianza sobre esta Palabra.
43Ud. dirá: “Hermano Branham, sólo hubo profetas en el Antiguo Testamento”.
44Dios, en la Biblia, en el primer capítulo de Hebreos, dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por Su Hijo, Jesucristo”. ¿Ven?, es Jesucristo. Y Jesús es la Palabra, ¿ven?, y Él revela Su Palabra por medio de Jesucristo. La Palabra lo revela a Él mismo, Él hace a la Palabra vivir. Allí es en donde la gente falla en reconocerlo a Él.
45Así fue como la mujercita en el pozo lo reconoció a Él. Sí, ella lo reconoció rápidamente. Tan pronto como Él le dijo a ella algo acerca de sí misma, ella dijo: “Señor, paréceme que Tú eres profeta. Ahora, nosotros sabemos que el Mesías vendrá. Y cuando Él venga, Él nos dirá estas cosas, nos mostrará todas las cosas”. Él le dijo: “Yo soy El que te habla”.
46¿Cómo podía ella negar Su afirmación, cuando la obra ya se había hecho primero? La obra vindicó primeramente que Él era ese Profeta. Ellos no habían tenido profetas por cientos de años. Y éste Hombre tenía que ser un profeta; y—y lo decía, vindicándose a Sí mismo, de que Él era ese Mesías prometido. Con razón esa mujercita pudo correr a la ciudad y decir: “Venid, ved a un Hombre que me ha dicho las cosas que he hecho. ¿No será éste el Mesías, el Mesías mismo?”.
47Ahora, nosotros creemos que Dios, en las edades en que Él ha asignado una porción de Su Palabra, esa porción, esa Palabra va a ser revelada en Su Verdad. Va a ser vindicada, porque Dios lo ha prometido así. Y Ella es, Ella siempre es la verdad.
48Noé. Fue difícil para la gente de aquellos días entender a Noé. Él escuchó a Dios hablar. Él sabía que era la Palabra, porque él era profeta de Dios. Dios lo envió a proclamar: “¡Viene un gran diluvio!”. Él se puso a construir el arca, en el tiempo de crítica. A Noé no le importaba cuántos criticaban. Él era la luz de ese día. Él era la Palabra de Dios manifestada para ese día, pues Dios destruyó a la gente.
49Moisés, un gran teólogo altamente pulido, un gran hombre, nacido para ser un profeta; sin embargo, con toda su teología y sus—sus conocimientos académicos sobre Dios, no pudo liberar a los hijos de Israel por medio de conocimiento.
50¿Ven Uds.? El profeta no puede actuar por conocimiento. Él tiene que actuar por inspiración. ¡Inspiración!
51Y cuando la Palabra del Señor vino a él en el desierto, en una zarza ardiendo, le dijo y le reveló las palabras que Él le había hablado a Abraham. ¿Qué estaba Él haciendo? Estaba mostrándole la Palabra escrita para esa hora, y luego llamó a Moisés para esa obra. Y él tuvo miedo de ir a liberar a Israel con un ejército, pero después fue con una vara en la mano y libertó a Israel. El—el…
52Dios lo hace tan misteriosamente, que simplemente hace que la mente carnal se salga de su órbita. No puede pensar más. ¿Lo han notado Uds.?
53Juan el Bautista, parado en el agua, él era un profeta, el precursor, entre los profetas y el Hijo de Dios que vendría. Juan entró al agua y dijo… Él no tuvo miedo de decirle a la gente: “¡Ahora mismo hay Alguien entre Uds.!” ¡Piensen en la seguridad que él tenía! “Hay uno en vuestros medios en estos momentos, a Quien vosotros no conocéis. Yo no soy digno de llevar Su calzado. Él será Aquel que los bautizará con el Espíritu Santo y Fuego”.
54Él estaba en medio de la gente en ese momento. Juan sabía que Él tenía que venir en su generación, porque él vio su posición en la Escritura, vio al Espíritu de Dios sobre Él. “Yo envío Mi mensajero delante de Mi faz, para preparar el camino”. Y él sabía que la venida del Mesías estaba a la mano.
55Así que mientras el profeta estaba de pie en las aguas, profetizando, la Palabra vino a él. ¡Jesús era la Palabra! Así fue como el profeta lo reconoció a Él, porque Él era la Palabra, por la señal que se le había dado a él. “Yo lo conocí, porque Aquel que me dijo en el desierto, ‘Ve y bautiza con agua’, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él es el que bautizará con Espíritu Santo y Fuego’”. Y cuando la Palabra vino, la señal vino junto con la Palabra, al agua.
56Jesús mismo, cuando Él vino, Él sabía que Él era la Palabra. Él, Él estaba seguro de eso porque cuando Él tenía apenas doce años de edad, un muchachito, lo encontramos (como estaba predicando ayer) en el Templo, discutiendo con los sacerdotes. Su conocimiento podía sobrepasar sus tradiciones, y Él estaba enseñándoles a esos hombres. Y cuando Su propia madre vino a Él, e hizo una… dijo una palabra que era incorrecta, observen a la Palabra corregir el error.
57La Palabra siempre corrige el error. ¡Si la gente tan sólo pudiera ver eso hoy, que la Palabra corrige el error! La cosa entera está llegando a ser un error. Pero la Palabra de Dios es la que está correcta. Él dijo: “El cielo y la tierra pasarán, mas Mis Palabras no pasarán”.
58Y la Palabra que está profetizada para este día corrige el error del día. ¿Entienden Uds.? La Palabra Misma corrige el error. La gente dice hoy: “Oh, unámonos a esto. Vayamos al Concilio. Hagamos todas estas cosas”. Eso es un error. Y la Palabra regresa y corrige ese error, identificándose Ella misma, la hora, y el tiempo de la hora. Sabemos que esas cosas son verdad.
59Ahora, voy a darles un pequeño testimonio personal en los siguientes diez minutos, si el Señor lo permite, un pequeño testimonio personal. Lo cual… Si no estoy equivocado, creo que el Hermano John Sharrit… no sé si él está en el edificio o no, en esta noche. No lo he visto. Él es un amigo muy personal, un precioso hermano. Él estuvo conmigo en los primeros años del ministerio.
60¿Cuántos de Uds. estaban aquí la primera vez que yo vine a Phoenix hace dieciséis años? Veamos sus manos. Miren eso, prácticamente una tercera parte de la gente. ¿Cuántos de Uds. recuerdan que cuando yo oraba por los enfermos, extendía mi mano— la gente ponía sus manos sobre—sobre mí, y entonces cualquier cosa que se decía era lo que ellos tenían? ¿Cuántos recuerdan eso?
61¿Y cuántos de Uds. recuerdan que les dije que el Ángel del Señor, en esa Columna de Fuego, que—que se encontró conmigo allá y me dijo que si yo “era sincero”, sucedería que “conocería hasta los secretos del corazón?”. ¿Cuántos recuerdan que dijo que sería de esa manera?
62Ahora, ¿cuántos recuerdan que Él prometió que eso continuaría? Y no hace mucho, en una visión, Él prometió referente a ese jalón de la cuerda, cuando me dijo: “Tú no puedes enseñarle cosas sobrenaturales a los bebés pentecostales.” Y cuando yo hice el tercer jalón, Él dijo: “No le digas nada a nadie acerca de éste. Tú has estado tratando de explicar ése otro. No le digas nada a nadie acerca de esto. Éste es el gran jalón final”. ¿Cuántos recuerdan que eso fue profetizado?
63¿Ven? Él nunca falla. Esas cosas sucedieron, uno, dos, tres, exactamente como estaban.
64Ahora, en Phoenix, eso sucedió cuando la señora Waldroff aquí había muerto en una línea de oración, debido a que tenía cáncer en su corazón, y fue sanada. Ella por lo general viene a las reuniones. Es posible que ella esté aquí en estos momentos. Y entonces… La señora Hattie Waldroff. Después averiguamos que su doctor tenía el testimonio de ello, le había hecho las—las fotografías, o no las… ¿Cómo se le llama a eso, radiografía? La radiografía de eso, en donde la—la mujer tenía el cáncer. Y ella está viva hoy. Y eso hace dieciséis años. Ahora, estoy seguro que el señor… Sí, allí está la señora Waldroff, allí mismo. Eso es correcto. [Alguien dice: “Eso fue hace diecisiete años este marzo”.—Ed.] Hace diecisiete años este marzo. Allí está una dama que estaba muerta y volvió a vida, tenía cáncer en el corazón. Porque eso fue ASÍ DICE EL SEÑOR. Ahora, fíjense en esos tiempos.
65Yo fui a California, y me parece que el Hermano John Sharrit estaba conmigo en ese entonces. Hoy estaba pensando, meditando en eso, viniendo para acá. Estoy casi seguro que él sí estaba. Mi esposa y yo… y mi Rebeca, una señorita hoy, ya para graduarse este año; ella era una niñita, y yo la cargaba en mis brazos. Y fuimos también, fuimos a Catalina, íbamos a Catalina después de que la convención terminó, simplemente tomaríamos el barco para ir y venir, sólo para decir que estuvimos en el mar. Y la noche antes de que partiéramos, una o dos noches…
66Paul Melickian, la mayoría de Uds. lo conocen. Paul Melickian. Me parece que él está con el capí-… ¿Cómo? [Un Hermano dice: “Madera”.—Ed.] ¿En dónde? [“Madera”.] Madera, California. Su madre y su padre, ambos, habían sido sanados en las reuniones. Viajé en avión hasta aquí para visitarlos, y ellos fueron sanados.
67La esposa de Paul acaba de dar a luz a—a un niño. Una gente armenia muy fina, y ellos me llamaron allá, la esposa estaba enferma y querían traerla. Yo dije: “Muy bien, vengan”. Así que ellos la llevaron allá. Y esa noche… Ella, y mi esposa y yo, y creo que estaba el Hermano Sharrit. No estoy seguro.
68¿Está el Hermano Sharrit aquí? Si él estaba… ¿Fue así, Hermano Sharrit? ¿Estaba Ud. allá, aquella noche? Eso es correcto. Allí está el testigo. Yo—yo estaba tratando de ver si el Hermano John estaba aquí.
69Miren, ella puso su mano sobre la mía y rápidamente vibró. “Y miren, ella tiene una vida que la va a matar, una vida maligna”. Y yo dije: “Ud. tiene flebitis”. Bueno, ella no tenía síntomas de eso en ese entonces. Pero un par de días después, el doctor la estaba tratando debido a su flebitis. Ella dijo: “Eso es maravilloso, Hermano Branham”.
70Ahora, voy a tener que decir algunas cosas aquí que—que van a ser incómodas. Pero yo—yo debo decir la verdad, no importa lo que sea. A mí siempre me dolía tener que decir que mi padre era un contrabandista de licor. Me dolía decirlo, pero es la verdad. Sí. Si hay algo incorrecto, corrijámoslo aquí ahora mismo, y no esperemos hasta llegar Allá. Y a mí—a mí me gusta decir las cosas buenas, pero debemos decir las malas también.
71Mi esposa estaba en el cuarto, una mujercita de pelo negro. Y la señora Malicki dijo: “Qué extraño como se pone su mano”. Y preguntó: “¿Se pone así con cualquier mano?”. Yo dije: “No señora”. Dijo: “¿Puede Ud. explicarlo?”. Yo dije: “No señora”.
72No, uno no puede explicar nada de lo de Dios. Uno no puede explicar las obras de Dios. Uno no puede explicar a Dios. Dios no tiene explicación. Si tuviera, nosotros no tuviéramos que creer en Él por fe.
73Yo dije: “Las obras de Dios son inescrutables. ¿Ve?”. Yo dije: “Es una obra de Dios que yo no puedo explicar”. Y ella dijo: “Bueno, yo… Eso ciertamente es maravilloso”. Y—y yo dije: “Bueno, voy a poner mi mano y Ud. verá que nada sucederá”.
74Yo dije: “No hay nada malo con mi esposa. Pon tu mano cariño”. Y tan pronto como su mano tocó la mía, (mi propia esposa), yo dije: “Tú tienes un quiste en el ovario izquierdo”. ¿Recuerda eso, Hermano Sharrit, en el cuarto, aquella noche?
75Bueno, dos años después de eso, nació mi pequeña Sara, cuatro años después que Becky. Yo le dije al doctor, esto… Todos ellos han tenido que nacer por cesárea, debido a que ella no puede tener bebés normalmente, ella fue igual, la familia de ella es así. Y le dije al doctor: “Revise el ovario izquierdo de mi esposa cuando Ud. la opere y vea si no hay un quiste en él”.
76Él dijo: “Hermano Branham, nosotros, yo—yo le echaré un vistazo”. Pero cuando eso… Cuando él regresó, dijo: “Yo no vi nada, Hermano Branham”. Yo dije: “Muy bien”.
77Cuatro años después, mi pequeño José vino a la escena. Yo—yo la tomé de la mano, y todavía estaba allí. Y dije: “Doctor, examine ese ovario izquierdo nuevamente, ¿podrá?”.
78Y él dijo: “Sí, Hermano Branham”. Lo examinó y… dijo: “No, no hay nada allí”.
79Yo la tomé de la mano y dije: “Pero allí está, allí está. Mira, esto lo prueba”. Él no pudo encontrarlo. Bueno, eso quedó así, pasaron años.
80El año pasado, nosotros, fue nuestro vigésimo segundo año de estar casados. Y yo había estado en un viaje de cacería, cada luna de miel. Y yo siempre voy a un lugarcito allá arriba de la montaña, y hago una pequeña oración allí, y le ofrezco mi agradecimiento a Dios por darme una esposa tan buena. Mi esposa ha sido una persona muy especial para mí, así que yo hago eso cada año.
81Cuando vinimos aquí a Arizona por mandato del Señor… Y Uds. lo vieron en el periódico, yo tenía la fotografía aquí, se la estaba enseñando a alguien hoy en la tarde, cómo es que la revista lo publicó. Y yo me paré aquí mismo en esta plataforma, y le dije a toda persona aquí presente: “ASÍ DICE EL SEÑOR. ‘Algo va a suceder. Yo vi una constelación de siete Ángeles que se encontraron conmigo al norte de Tucson’”. ¿Recuerdan eso? ¿Cuántos de Uds. estaban aquí cuando yo dije eso hace años? Muy bien. Y Uds. saben que sucedió exactamente de la misma manera.
82La revista inclusive publicó la fotografía: “Una Luz misteriosa vista a veintisiete millas de altura; a treinta millas de altura y veintisiete millas de largo”. Y la humedad únicamente sube como a ocho o nueve millas de altura, Uds. saben, y ellos no pudieron entender lo que era. Yo nunca dije nada al respecto, lo dejé así; ya que no hubiera hecho ningún beneficio, ninguno.
83Lo mismo sucedió con la luz que ellos fotografiaron, el Ángel del Señor, y todavía no lo creen.
84Y ahora… Así que al venirnos para acá, yo estoy constantemente en reuniones, haciendo todo lo que puedo por el Señor. Pero no hago todo lo que debería, yo—yo sé que cometo muchos errores.
85Y mi esposa ha tenido que ser tanto madre como padre, ambas cosas, para esos niños, porque yo salgo. Y su decisión… Un padre y una madre deberían estar de acuerdo en las decisiones que toman con respecto a sus hijos. Pero yo no estoy allí, siempre estoy en el servicio del Señor. Y mi esposa ya tiene cuarenta y cuatro años de edad, sólo diez años menor que yo. Y yo regresé de una de las reuniones y estaba cansado. De esto hace un poco más de dos años, me parece, cuando llegamos aquí. Yo había estado ausente y estaba muy cansado.
86Y mi hijito José, él es como todo niño, va a la escuela en donde él oye de todo. Y un día cuando yo llegué, él dijo algo que irritó a su madre. Y—y luego corrió hacia mí. Ahora, ella sabía—él sabía que iba a recibir una paliza de parte de ella. Así que ella me dijo, dijo: “Billy, dale una paliza”.
87Y él me abrazó y me dijo: “Papi, lo siento mucho”. Él conocía mi punto débil. Así que yo dije: “Oh, cariño, olvidémoslo. No puedo”.
88Y entre mi esposa y yo, (con esta Biblia delante de mí), nunca ha habido discusiones en nuestra vida. Pero de pronto, estando ella en ese tiempo nervioso de su vida, ella cerró con fuerza la puerta en mi cara. Y dijo: “Entonces tú deberías de cuidarlo por un tiempo”, y cerró la puerta con fuerza, y entró.
89Yo pensé: “¡Pobrecita! Es que ella ya tiene suficiente consigo misma”.
90Salí y dije: “José, ven acá”. Dije… Lo agarré y le dije: “Papi debería darte una paliza. Tú sabes eso. Pero”, dije: “viendo que te has arrepentido. ¿Ves? Pero recuerda, un día de estos mi—mi paciencia se va a agotar. Y ese—ese arrepentimiento, tú tendrás que dar frutos dignos de arrepentimientos y probarme que lo dices en serio. ¿Ves? Si tú me amas, entonces vas a obedecerme”.
91Así que salí y dije: “Voy a lavar el polvo del parabrisas de mi automóvil. Y empecé a lavar el parabrisas.
92Y al hacerlo, una Voz me dijo: “Ve y dile a ella que lea Segunda de Crónicas 22”.
93Yo pensé: “Yo—yo—yo… Yo no sé cómo fue que pensé en eso”. Pensé: “Bueno, yo simplemente me imaginé eso”. Y seguí lavándolo.
94Y Eso vino nuevamente, muy fuerte, “¡Ve y dile!”. Pues, eso me asustó.
95Yo entré y lo leí. ¿Y saben lo que es? Es cuando María se burló de Moisés porque se había casado con una muchacha etíope. Y Dios dijo: “Hubiera sido mejor que tu padre hubiera escupido tu rostro, que hacer eso”. ¿Ven? Y él los llamó, dijo: “Ve y trae a María, ella está herida con lepra”. Dijo: “Ve y trae a María”. Y Moisés… Y la Columna de Fuego descendió en el tabernáculo. Moisés se quedó allí. Y Dios les habló. Él dijo: “Si hubiere entre vosotros quien sea espiritual o profeta, Yo Jehová me daré a conocer a él. Yo le hablaré a él en visiones, me revelaré en sueños y demás”. Él dijo: “Pero en cuanto a Moisés mi siervo, no hay nadie como él en la tierra”. Él dijo: “¿No tuvieron Uds. temor de Dios?”. Y María siendo una profetiza, fue herida con lepra. Y Moisés intercedió por ella, y ella vivió.
96Entonces, eso me asustó a mí. Yo lo había olvidado. Yo, yo no—yo no lo tomé en cuenta, pero Él sí. Él fue el que lo notó. Esa era mi esposa, yo moriría en cualquier momento por ella. Pero Dios se fijó. Ahora, esto es la verdad, mi Biblia estando aquí frente a mí.
97Yo entré. Y ella había entrado al cuarto y había cerrado la puerta, y estaba cosiendo en la máquina de coser. Yo toqué la puerta y le dije: “Amor, quiero hablarte un momento”. Ella dijo: “¿Qué quieres?”.
98Yo dije: “Amor, abre la puerta ahora mismo. Yo tengo palabra del Señor”. Eso la serenó un poco, y me abrió la puerta.
99Entré y le dije: “Amor, tú sabes cuánto te amo, yo—yo—yo no le di importancia a eso.” Ella dijo: “Pues Bill, si… ¡Yo estoy muy nerviosa!”
100Yo dije: “Lo sé, pero a Él no le gustó eso. Eso no le agradó a Él. Él me dijo allá en el árbol, ése árbol que está allá, esa palmera que está allí enfrente de la casa, me dijo que entrara y te leyera esta Escritura”. Y se la leí.
101Y Dios es mi testigo, en unos pocos días le dio un dolor en el lado izquierdo. Tuvimos que irnos a casa. Estaba empeorando. Yo oré por ella pero siguió empeorando.
102La llevé a un doctor amigo mío en Louisville, el Doctor Schoen, un especialista. Él la examinó y le dijo: “Señora Branham, dígale al Hermano Branham que quiero verlo”. Ella dijo: “Doctor, ¿qué encontró Ud.?” Dijo: “Prefiero decírselo a él”.
103Así que Meda me llamó y yo fui. Y él me dijo: “Hermano Branham, ella tiene un quiste en el ovario izquierdo del tamaño de una nuez”. Nos regresamos a casa y le dije: “¿Te acuerdas?”.
104Ella dijo: “Eso sucedió cuando estábamos con el Hermano Sharrit, allá en California, si no estoy equivocada. Hace ya dieciséis años que me dijiste eso”. Yo dije: “Es verdad”. Ahora simplemente se está manifestando”. Ella dijo: “Bill, ¿crees tú que esto sea por lo que hice aquella mañana?” 105Yo dije: “No sé cariño, yo—yo sencillamente no puedo decir”. Bueno, nos abrazamos y empezamos a llorar delante del Señor. Me metí al cuarto y empecé a orar por ella, con todo mi corazón.
106Llamé de nuevo al doctor Schoen y le pregunté: “Doctor, ¿qué deberíamos hacer?”. Él dijo: “Deberíamos sacarlo”. Yo dije: “Sólo déjelo así un poco más”.
107Él dijo: “Le diré, Hermano Branham, tal vez sería mejor mandarla con un especialista de mujeres, un buen amigo. Él es cristiano también”.
108Yo le pregunté: “¿Bueno, y Ud. doctor?”. Él quería quitarse el caso de sus manos, ¿ven?
109Él dijo: “La voy a mandar para allá”. Él me aprecia y respeta mi obra por el Señor. Y le contó a este otro doctor al respecto
110Y yo la llevé para allá. Ellos la examinaron y dibujaron un diagrama de eso, dibujaron un diagrama y—y qué, del tamaño que era. Dijo: “Tráigala de nuevo como en treinta días”.
111A los treinta días la llevé otra vez y había cambiado del tamaño de una nuez al de un limón, así de rápido. Y todos esos años, permaneció así.
112Entonces el Señor me habló y me envió otra vez para acá, y regresé aquí.
113Luego cuando regresamos en otra vacación, le hicieron otra radiografía y estaba del tamaño de una naranja. Él me dijo: “Señor Branham, yo ciertamente aprecio su fe en el Dios Todopoderoso”. Él dijo: “Yo también soy cristiano. El doctor Schoen me dijo que Ud. es un sanador por fe”.
114Yo dije: “Él simplemente no entendió. Yo no soy sanador por fe”. Dije: “Yo sencillamente creo en Dios”. Y dije: “Nosotros entendemos este caso”. Y él—él dijo: “Señor Branham, Ud. tiene una buena esposa”. Yo dije: “Lo sé muy bien”.
115Dijo: “Si eso se pone blando, se volverá maligno y entonces Ud. no va a tener esposa”. Y yo dije: “Comprendo eso, doctor”. Dijo: “¿Está Ud. en contra de que se le saque?”.
116Yo dije: “No señor. Pero”, dije: “es que nosotros tenemos una razón. Sólo espere un poco más, ¿quiere?”.
117Y él me dijo: “Bueno, le diré”. Dijo: “Me dijeron que ahora Ud. está viviendo en Tucson”. Y me habló del especialista, dijo: “Él es amigo mío”. Dijo: “Una vez yo me mudé a Tucson, y traté de vivir allí”. Él dijo: “Pero el clima era muy seco para mí”. Dijo: “Este hombre es el mejor que hay en todo el oeste de Mississippi. Así que él dijo: “Voy a enviarle las radiografías, el diagrama y todo, a él”. Así que lo envió a Tucson.
118Y ese hombre, cuando llegamos aquí, treinta días después, volvimos a examinarla, (el doctor), y dijo: “Está del tamaño de una toronja, está creciendo mucho. Hay que sacarlo de inmediato”.
119Bueno, yo tenía que salir. Fui al norte, y tomé mis vacaciones. Regresé y salí para Nueva York, para la ciudad de Nueva York, con el fin de tener un avivamiento en el Auditorio Morris. De regreso, tuve que detenerme en Louisiana, donde el Hermano Jack Moore.
120Llamé a mi esposa la noche en que pasé, y ella me dijo: “Cariño, mañana tengo que ir a ver al—al doctor nuevamente, para hacerme un examen”. Y dijo: “Bill, yo no he podido mover mi pierna izquierda esta semana. Me sobresale a través del vestido”. Hacia afuera, así, estaba hinchado, crecía muy rápido. Y dijo: “Me duele tanto que ni siquiera estirar mis manos”. Dijo: “Esta semana he tenido que dar un paso a la vez y moverme de esa manera”.
121Y le dije: “Cariño, él va querer sacarlo”. Y dije: “Si lo hace, va a ser en temporada de Navidad, y no vamos a poder regresar acá, a casa”. Y ella dijo: “Lo sé”. Dijo: “Bueno, ¿qué debemos hacer?”.
122Yo dije: “Bueno, dile que si lo puede dejar para después de la Navidad. Entonces haremos que te operen inmediatamente después de Navidad. Porque quiero que regreses a casa nuevamente antes que vayas al hospital”.
123Y entonces ella dijo: “Bueno, voy a ir mañana como a las tres”, algo así. Y eso sería diferente en la hora nuestra. Ella dijo: “Después que tengas tu primer servicio en Shreveport, llámame”. Yo dije: “Muy bien”.
124Una amiga de allá, una cristiana muy fina... Ellos estuvieron aquí el domingo, no creo que estén en esta noche. Ellos vienen. Norman, la señora Norman. Señor y señora Norman, ¿están Uds. aquí? No sé si ellos están aquí o no, el Hermano y la Hermana Norman, de Tucson. Ella fue la que… Creo que no pueden venir todas las noches, pero me supongo que estarán aquí mañana por la noche. ¿Está el hermano de la Hermana Norman aquí? Creo que él vino. ¿Está él aquí? ¿Hay…? La familia, ¿hay alguien aquí de la familia Norm-…? Oh, sí, seguro. Allí están, en la parte de atrás. Sí. Muy bien. Ella fue la que llevó a mi esposa donde el doctor.
125Ahora, la mañana en que salí… En nuestro hogar, nosotros siempre nos levantamos y cuando vamos a orar… cuando vamos a salir, tomamos a los niños y todos nosotros nos juntamos hacia la fotografía de Jesús, en nuestra sala de enfrente, el Rostro de Cristo a la edad de treinta y tres, por Hofmann. Y todos nos reunimos allí, los niños, y cada uno de ellos ora por mí. Mi esposa ora por mí, y luego yo oro por ella. Luego salgo para ultramar, o a donde sea. Y nos encomendamos al Señor, para Su servicio.
126Uds. saben, una vez yo perdí una esposa, la mamá de Billy, siendo yo joven. Y ya había estado allí en la casa por dos o tres días, y Uds. saben, los niños y todos allí, todos se habían ido. Me sentía solo y eso trajo todos aquellos recuerdos.
127Y me levanté temprano esa mañana, Billy y Loyce ya estaban esperándome. Me arrodillé y jalé un viejo taburetito turco. Me arrodillé, levanté el rostro y dije: “¡Oh, cuánto los extraño!”. Dije: “Padre Celestial, voy a salir en estos momentos a Shreveport. Te ruego que me ayudes allá. Y bendíceme, dame almas, Señor, para Tu Reino. Úsame en cualquier manera que Tú desees. Yo estoy en Tus manos”. Dije: “Allá al otro lado del desierto está mi fiel esposita esperando en esta mañana. Ella está yendo allá, para prepararse para esa operación”. Yo dije: “Señor, yo le dije anoche, que le dijera al doctor que la pospusiera para después de Navidad. ¿Hice mal? ¿Se volvería eso maligno? Si hice mal en decirle que le rogara al doctor que esperara, y si en ese tiempo el tumor se volviera maligno y la perdiera, yo nunca me perdonaría eso”.
128Yo dije: “Señor, yo he hablado contigo durante estos dos años, sí, dieciséis años, pero”, dije: “durante los dos últimos años desde que esto sucedió”. Dije: “Padre, ella nunca ha fallado en ser una verdadera esposa para mí. Cuando yo me preparo para salir a los servicios, ella nunca se ha quejado, ni una sola vez. Siempre tiene mi ropa limpia y mis camisas lavadas y todo, tiene todo listo para mí. Y luego cuando regreso a casa estoy tan cansado que no puedo… Y generalmente una mujer desearía que su esposo estuviera con ella. Y cuando llego, la gente empieza a venir, ¿y qué es lo que hago? Me voy en un viaje de cacería o de pesca. ¿Se ha quejado ella alguna vez? Ni una sola vez. Va y alista mi ropa y deja que me vaya, diciéndome: ‘Está bien’. Pobrecita ella, con cuarenta y cuatro años de edad, con el cabello canoso, parada entre el público y yo”. Yo dije: “Dios, ella no quiso hacer eso aquella mañana. Ella realmente no quiso hacer eso, Padre. Sus acciones muestran que ella no quiso hacerlo. Ella simplemente estaba nerviosa”.
129¡Dios es mi testigo, esa es la quinta vez que eso ha sucedido! Desde lo de las ardillas, y luego en Kentucky; luego los niños Wright allá, después aquella tormenta en la montaña, de lo cual no tengo tiempo para contarles en esta noche; y esta vez, ¡así de cierto! Allí vino esa Luz, quedó suspendida allí y me dijo: “Ponte de pie.” Y yo me paré. Él dijo: “Lo que tú digas, así será”.
130Yo dije: “La mano de Dios disolverá el tumor antes que la mano del doctor lo pueda tocar”.
131Haré que la señora Norman esté aquí mañana por la noche. Yo no la llamé, era… Billy y Loyce estaban esperándome. Seguimos para Shreveport, esperando hablarle por teléfono cuando llegáramos allá.
132Ella ya había ido donde el doctor. Y la señora Norman tuvo que ayudarla, y la enfermera, a ponerse la bata en el cuarto, para que saliera a subirse a la mesa de operaciones. Y ellos acercaron las máquinas, con los diagramas y radiografías, y demás cosas. Él dijo: “¿Cómo se ha sentido, señora Branham?”. Él dijo…
133Y el doctor, nosotros habíamos abierto la carta, para ver lo que él había escrito en ella, a este doctor. Decía: “La señora Branham es una mujer muy fina, y su esposo es también un hombre fino. Él es un sanador por fe pero no está en contra de que Ud. la opere. ¡Doctor, ese tumor debe ser sacado de inmediato!” Eso fue lo que nosotros habíamos leído, ¿ven?, “Ese tumor debe ser sacado de inmediato o la señora Branham morirá”.
134Y entonces, justo en el momento en que el doctor se acercó para levantar la sábana y tocar su costado, Algo muy frío recorrió todo su cuerpo y el tumor despareció. El tumor ya no estaba. Y el doctor… Ella estaba allí acostada, y él tocó y le preguntó: “¿Señora Branham, ¿el tumor estaba en el lado izquierdo, verdad?” Ella dijo: “Sí señor, allí estaba”.
135Él entonces la colocó de nuevo bajo la máquina de radiografías, fue y buscó sus diagramas, revisó de nuevo todos los exámenes y dijo: “Señora Branham, yo no puedo explicarlo, pero el tumor ya no está allí. Ese tumor ha desaparecido”.
136Ahora, esa es la verdad, ¡créanme! El Dios Todopoderoso que está aquí sabe que es la verdad. Vean, ¡tal como se dijo! Pero “la mano del doctor”, dijo ella, “no estaba así de lejos” de ella, cuando Algo frío recorrió su cuerpo. Ella apenas podía… Tuvo que ser ayudada por la señora Norman y ellos, a subirse a la mesa de operaciones, y las personas de allí pueden contarles a Uds. al respecto. El diagrama y las radiografías y todo lo que confirmaba el tumor estaba allí. Y no había ni una sola señal de eso. Y ella no ha tenido ni un solo síntoma desde entonces. Eso fue como dos semanas antes de la Navidad.
137¡Dios aún permanece fiel a Su Palabra! “Los Cielos y la tierra pasarán, mas Mis Palabras no pasarán”. Dios, que puede crear ardillas, que puede quitar tumores, Él sigue siendo el mismo Dios en esta noche, porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. ¿Creen Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] El Padre Celestial, Quien es mi testigo, con esta Biblia sobre mi corazón, sabe que eso es palabra por palabra tan cierto como sé decirlo. Amigos, ¿de qué me serviría a mí decir algo errado? ¿Para qué estoy yo diciendo esto? Para que les dé ánimo a Uds. para creer.
138Ahora, ¡ese gran don! Yo he tratado de explicar los otros y decir cómo se hacía. Éste no puede ser explicado. Sólo esperen. No estará en operación tan perfectamente por ahora. Pero esperen a que ese Concilio de Iglesias traiga esa persecución, entonces es cuando sucederá. Esa es la razón por la cual regreso entre Uds., para orar por los enfermos. Yo nunca he sabido de una sola cosa que Él me haya dicho en mi vida que no haya sucedido todavía, con excepción de esa especie de edificio o carpa en donde habrá un pequeño recinto allí, y a donde yo tendría que entrar y orar por los enfermos. Hasta donde yo sé, eso aún no ha sucedido. Esa es la única cosa que yo sé.
139Y cuando Él dijo esas Palabras, para que lo dijera, el Padre Celestial sabe que estando parado aquí en esta noche, Él podría matarme aquí mismo en esta plataforma. Sí señor, Él ciertamente podría hacerlo y yo sé eso, estoy muy consciente de eso. Y sé que hay tantas historias hoy, lo cual, yo—yo no soy responsable por ellas. Yo únicamente soy responsable por lo que yo digo. Yo, yo tengo que responder por lo que yo digo. Y esa es la verdad. Y el Padre Celestial sabe que esa es la verdad.
140Ahora, ¿creen Uds. que Jesucristo el Hijo de Dios murió por sus pecados y que fue herido por sus transgresiones y que por sus llagas Uds. fueron sanados? ¿Lo creen Uds.? [La congregación dice: “¡Amén”.—Ed.] En este día, cuando parece que todo está negro, obscuro y sombrío, pero sin embargo ¡Jesucristo sigue siendo el mismo! ¿No creen Uds. eso? [“Amén”.] ¡Él está aquí en esta noche!
141Yo quiero que alguien se levante y me diga de algo que yo haya hablado en el Nombre del Señor, con excepción de aquello, que no haya sucedido. ¡Y cuántos cientos de veces que Uds. lo ha visto a Él decirlo, y nunca falló! ¿Qué es lo que estoy tratando de decirles? Que es totalmente imposible que un ser humano pueda hacer eso. Es Jesucristo entre el pueblo. Es Cristo entre nosotros.
142Hoy, cuando las denominaciones están diciendo: “Venga aquí, y vaya allá”, es la vieja tendencia de alguna escuela o algo; lo cual está perfectamente bien, eso tiene que estar allí, es parte de la sinfonía.
143Pero, para mí, Él está vivo en esta noche, tan poderoso y fuerte, para hacer real cada Palabra, como lo hizo allá en el pasado. Oremos:
144Señor Jesús, Tú dijiste: “Los Cielos y la tierra pasarán, pero Mis Palabras no”. Así fue como los discípulos supieron que Tú eras Quien eras, porque Tú discerniste los pensamientos que estaban en los corazones. La Biblia dice en Hebreos 4, que “La Palabra de Dios es más viva y eficaz, más penetrante que toda espada de dos filos, y que incluso discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. La Palabra de Dios en los profetas, hizo la misma cosa. En todas las edades que han pasado, hizo la misma cosa. En el tiempo del Señor Jesucristo, Ella hizo la misma cosa. Padre, Dios, permite que Tu Palabra hable, en esta noche, para que los enfermos puedan ver que Tú estás interesado en su sanidad y que los has sanado, Padre, y permíteles tener fe para creerlo. En el Nombre de Jesús. Amén.
145Ahora, mientras el pianista y la organista, por favor, suavemente, muy suavemente, tocan: “Sólo creed”.
146Y Billy, se me olvidó preguntarte, ¿qué números repartiste? [El Hermano Billy dice: “Las A, del uno al cien”.—Ed.] Las A, del uno al cien. Váyanse poniendo de pie.
147A, del número uno al número cinco, pónganse de pie si pueden. Si no pueden, sólo levanten la mano. Número uno al número cinco. Uno, dos, tres, cuatro, creo que son todos, vengan aquí. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, A. Mientras ellos vienen, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, pónganse de pie si pueden. Seis, siete, ocho, nueve, diez, ¿podrían ponerse de pie? Tarjetas de oración, seis siete, ocho, nueve, diez. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez. Muy bien, once, doce, trece, catorce, quince. Vengan por este lado, sigan viniendo. Correcto. Muy bien, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte.
148Ahora, el muchacho viene, algunos de ellos, y reparten las tarjetas, las revuelve todas, y no sabemos en dónde han quedado los números, ni nada. Uds. mismos lo ha visto a él revolviendo las tarjetas. Él le da a Ud. la tarjeta que Ud. quiera, y—y así Ud. sólo es llamado por la tarjeta.
149No necesariamente Ud. debe tener una tarjeta. Sólo crea, allí en donde Ud. está. Uds. saben, Uds. han estado en las reuniones, Uds. saben de qué se trata todo. Muy bien.
150En dónde me quedé, ¿veinte? [Alguien dice: “Veinte”.—Ed.] Veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco. Muy bien.
151¿Cuántos están enfermos y no tienen una tarjeta de oración?, déjenme ver sus manos. Muy bien. Por todas partes del edificio, muy bien, crean en estos momentos.
152Ahora, ¿qué estamos tratando de decir? ¿Qué estamos tratando de representar? A Jesucristo. ¿Cuántos entienden eso? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Cuántos saben que en los días de Su visitación a nosotros en la tierra, que Él era Dios manifestado en—en un cuerpo llamado Jesús, que era Dios en un Hombre? Eso es correcto. No era sólo un profeta, ¡Él era Dios! Y Él… Los profetas tenían su parte de la Palabra, su parte de la Palabra, la parte que les fue dada a ellos para esa edad. ¡Pero Él era la plenitud de la Palabra! ¿Cuántos saben eso? [“Amén”.] Él era la Palabra Misma. Ahora, hay una porción de la Palabra asignada para hoy. ¿Es correcto eso? [“Amén”.] Eso sería Él otra vez. ¿Es correcto eso? [“Amén”.] ¡Así que eso lo hace a Él el mismo ayer, hoy!
153¿Cuántos tenemos? [Alguien dice: “Veinticinco”.—Ed.] Veinticinco, llamemos hasta allí. Ahora, si llegamos más allá de eso, y Uds. desean, hay más tiempo; yo tengo como veinte minutos o algo así. Traemos… Ahora, recuerden, si hay gente aquí que tiene tarjeta de oración, guarde esa tarjeta de oración. Vamos a orar por cada persona que venga, que venga y tenga tarjeta de oración si Ud. se queda con nosotros. Aunque tenga que correr día y noche, los llamaré. Con la ayuda del Señor, seguro que los llamaré.
154¡Ahora, si tan sólo me dieran su completa atención! ¿Cuántos hay aquí, que están sentados allá, que creen que Uds. tienen fe suficiente para tocarlo a Él? Eso está muy bien. Sí. No dejemos que eso sea en vano, amigos.
155Ahora, aquí hay una dama que está sentada en una silla de ruedas, y hay un hombre allá sentado en una silla de ruedas. Puedo ver que ellos están enfermos. Por supuesto, ellos no están enfermos, sino tal vez están afligidos. No se desanimen hermana y hermano. Uds. saben que si yo pudiera, si yo los pudiera sanar, Uds. saben que yo lo haría, ¿no es cierto? Ciertamente lo haría. Si no, yo no tengo—yo no tengo ningún negocio parado aquí atrás. Yo sería de corazón cruel, si pudiera levantarlos de esa silla de ruedas y no hiciera, yo sería una persona cruel.
156“Bueno”, dice Ud.: “Con un don de Dios, Ud. debería hacerlo de todas maneras”. Esperen un momento. No, eso dice porque Ud. no lee la Escritura correctamente.
157Jesús pasó por donde habían miles de inválidos, cojos, ciegos, mancos y secos, y nunca lo tocaron. Y fue a un hombre que tal vez tenía un problema de la próstata, o algo así. Él tenía un retraso, lo había tenido por treinta y cinco años. Él podía caminar. Podía… Treinta y ocho años, creo que era. Vean, Hay algunos de Uds….
158Por supuesto, ¿qué si ésa sentada allí fuera mi esposa, o mi madre, mi esposa, mi hija, ¿ven?, o mi hermano, mi padre sentado allí? Oh, si algo pudiera hacerse, yo ciertamente quisiera que se hiciera. ¿Ven?
159Pero, Uds. saben, pudiera haber tal vez alguien sentado allí que se viera muy saludable, pero mucho más cercano a la muerte que lo que ellos están; con un problema cardíaco o cáncer, ¿ven?, más cerca de la muerte. ¿Pero es más difícil para Dios sanar al cáncer, o al inválido? No hay diferencia. Él solamente requiere es que, “Si Ud. lo cree”.
160Ahora, yo pudiera venir en estos momentos y demostrarles a Uds. que no soy yo el que lo hace. Si yo pudiera hacerlo, yo haría un espectáculo de ello, me imagino. Yo diría: “Déjenme traer a este hombre y a esta mujer aquí a la plataforma, para mostrarles cuán gran siervo de Cristo soy”. Yo diría palabras como estas: “¡Levántate y camina!” ¿Ven? A mí me gustaría hacer eso. Toda la audiencia gritaría y diría: “¡Alabado sea Dios! ¡Qué tremendo y poderoso siervo de Dios es el Hermano Branham!” ¿Ven? No, eso es, eso estaría mal, ¿ven? No obstante Jesús puede sanar a ambos en esta noche.
161Pero, ¿ven?, cuando una persona está un poco inválida, ellos empiezan a, muy adentro… (no es que ellos quieran pensar así), pero por dentro empiezan a pensar: “Yo no tengo remedio, ¿ven?. Yo—yo nunca podré lograrlo”. No hagan eso. No hagan eso. ¿Ven? Uds. créanlo. Y si yo pudiera, yo… Pero miren, si Uds. tan sólo quitan toda esa duda de su corazón, no dejen que entre nada que pudiera estorbarle.
162[Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Encogido y afligido, desde el nacimiento, enderezarse e irse caminando, normal y sano. ¿Ven? Esas son declaraciones de doctores y de los hermanos de la Clínica Mayo. Y Uds. lo vieron en la revista Selecciones, no hace mucho tiempo, acerca de Donny Morton, el milagro de Donny Morton. Ese niñito allá en California, en Las Asambleas de Dios, allá en esa escuela, en la escuela Bíblica del Suroeste, ese niño estaba tan torcido y afligido que aun el doctor John Hopkins y los hermanos Mayo dijeron: “No existe una posibilidad terrenal para él”. Pero el Señor es ASÍ DICE EL SEÑOR. Eso fue diferente, ¿ven? No se vaya sin esperanza.
163Ahora, vamos a orar los siguientes minutos. Nos quedan como doce minutos, tal vez podamos terminar la línea de oración. Y si termino con estos, y tengo más tiempo… Yo prometí despedir a las nueve y media. Uds. vigilen la hora. Muy bien. Entonces nosotros, los que nos falten hoy, continuaremos mañana por la noche.
164Ahora, todos estarán orando. Y todos Uds. allá, que no tienen tarjetas de oración, o que tienen tarjetas de oración, o lo que sea, empiecen a orar. ¿Ven? Su fe hará exactamente lo que Jesús hizo en los días pasados. Ud. puede tocar Su manto. Ahora, sean todos muy reverentes, no se muevan. Sean muy reverentes, sólo por un momento.
165Venga, señor. Somos desconocidos el uno al otro, me supongo. Si yo pudiera ayudarlo, lo haría. Ud., Ud. sabe eso. Yo—yo estaría contento de hacerlo, pero no puedo. Francamente es por alguien más por lo cual Ud. está parado aquí, que quiere que se ore por él. [El hombre dice: “Sí señor”.—Ed.] ¿Cree Ud. que Dios puede sanarlo a él? [“Sí señor”.] Ellos no están presentes en estos momentos [“No señor”.] Ellos están lejos de aquí. [“Sí señor”.] Es un caso de cáncer. [“Sí señor”.] ¿Es correcto eso? [“Sí señor”.] ¿Cree Ud. que ellos serán sanados? [“Sí señor. Lo creo”.] Vaya, y será hecho, si Ud. lo cree. Eso es todo lo que tiene que hacer. ¿No es eso maravilloso? Dios le bendiga.
166¿Cómo está Ud.? Somos desconocidos el uno al otro. Es sólo un hombre que vino aquí. Yo no lo conozco a Ud., nunca lo había visto. Pero, Ud. está aquí… Esta, esta Biblia preciosa, contiene la promesa; Ella, Ella es la Palabra de Dios [El hombre dice: “Eso es correcto”.— Ed.] Y la Biblia dice allí que: “La Palabra de Dios discierne los pensamientos, los deseos e intenciones del corazón, y demás, ambas cosas, declara esta Palabra que está escrita, la vindica ser verdad al predecir, y Dios la hace real”. [“Amén”.] Así como Él dijo: “Sea la luz, y fue la luz”. [“Eso es correcto”.] Yo sólo estoy diciendo eso para hablar con Ud., al igual que nuestro Señor habló con la mujer junto al pozo, así como Él vio a Simón y así sucesivamente.
167Ud. ha tenido unos problemas. Ud. ha tenido una operación. Se le volvió a abrir. [El hombre dice: “Eso es correcto”.—Ed.] Ud. entiende lo que quiero decir, y el por qué yo no lo puedo decir aquí. [“Sí señor. Eso es correcto”.] Y Ud. entiende el por qué. ¿No es así? [“Correcto”.] Es verdad. Yo no puedo decirlo aquí, pero Ud. lo sabe. Yo sentí cuando Ud. se preguntó: “¿Irá él a decir eso, o si…?” Algo así. [“Es correcto”.] No, yo no lo diré, porque no puedo decirlo aquí. Pero todo estará bien ahora. [“¡Gracias Jesús!”.] Vaya y créalo. Tenga fe en Dios.
168¿Cómo está Ud. señora? ¿Cree Ud. a Jesucristo, el Hijo de Dios? ¿Cree Ud. que yo soy Su siervo? [La mujer dice: “¡Claro que sí!”.— Ed.] Le agradezco eso. Si hubiera alguna manera de ayudarla, yo lo haría. Solamente hay una manera que pueda ayudarle, y es por lo que yo veo. Yo solamente puedo… Lo que yo veo, eso digo. Y si yo no puedo verlo, bueno, entonces yo… yo no puedo decirlo, por supuesto, hasta que lo vea, porque tiene que venir de Él. Es un Divino… Es un don Divino de Dios, que viene de Dios.
169Su problema está en su ojo. Ud. tiene un crecimiento en su ojo. No puedo verlo, pero está en su ojo izquierdo. [La mujer dice: “Es verdad”.—Ed.] Para que Uds. sepan esto ahora, siendo que alguien allá pudiera decirlo. Veo que ella tiene más problemas. Ella tiene problemas con su pecho izquierdo, también, [“Es verdad”.] Es correcto, ¿verdad? [“Es verdad”.] Ahora, Ud. lo sabe. Mire, si esto la tiene asombrada, permítame decirle. Ud. no es de aquí. Ud. es de lejos de aquí. Ud. es de Louisiana. [“Es verdad”.] Regrese y crea en Dios, y Ud. puede ser sana de eso. Amén. Crea con todo su corazón. Tenga fe en Dios. No dude. Sólo crea. ¿Cómo está Ud.? Ud. en verdad está oprimido.
170Ese hombre que esta allí, está sufriendo también de opresión. El que está sentado mirándome a mí, vestido con un traje gris, medio canoso. Está tiene una opresión, ¿no es así señor? Se ha ido de Ud. en estos momentos, todo ha terminado. ¡Alabado sea Dios! ¿Qué fue lo que él toco? A mí no.
171Eso incluso le dio ánimo a ese hombre que está detrás de él. Ud. no ha querido creer que tenía tuberculosis, complicaciones. ¿Acepta Ud. a Jesús ahora como su Sanador? Muy bien, Ud. puede recibir su sanidad. Amén. Créalo con todo su corazón. Amén. Esa es la manera de hacerlo. ¡Oh, qué maravilloso!
172¿Todos Uds. están creyendo? Está entre los hombres en esta noche, ¡está viniendo por la fila de los hombres!
173El hombre que está sentado allá detrás de él, está preguntándose acerca de todo esto. Ud. tiene artritis. ¿Cree Ud. que Dios lo puede sanar? ¿Cree Ud.? ¡Entonces Ud. puede recibirlo! ¡Oh, hermanos!
174Mujeres, Uds…. Pareciera que está entre los varones, sigue moviéndose entre los hombres en esta noche. ¡Maravilloso! ¡Gracias sean dadas a Dios!
175Aquí está otro hombre, sentado aquí con una hernia doble. ¿Cree Ud. que Dios puede sanar esa hernia? Amén. Entonces Ud. puede recibirla.
176El otro hombre, el segundo detrás de él, también tiene una hernia. ¿Cree Ud. señor? Ud. también puede recibirla, si tan sólo lo cree. Amén. ¡Aleluya!
177¿Cree Ud. en Dios? Sólo tenga fe. No dude. No hay distancia para Dios. ¿Creen Uds. eso? [La congregación dice: “¡Amén!”.—Ed.]
178Aquí está un hombre sentado. Lo estoy apuntando con mi dedo. Él trae lentes, tiene pelo canoso. Él es diabético. Si él creyera con todo su corazón, Dios lo sanaría. Su esposa está sentada a su lado. Sí, ponga su mano sobre ella, ella tiene problemas del colon. Ponga su mano sobre ella y crea con todo su corazón, y ambos pueden ser sanos. ¿Creen Uds.? [La congregación dice: “¡Amén!”.—Ed.]
179Su problema es un coágulo sanguíneo. Está en su brazo izquierdo. [La mujer dice: “Es verdad”.—Ed] Ud. tenía cáncer. [“Es correcto”.] Fue operada. [“Sí”.] Le dieron un medicamento. [“Sí”.] El medicamento hizo que este coágulo sanguíneo se le viniera aquí, dejándola en una condición muy seria. ¿Cree Ud. que Dios la sanará? [“Sí”.] Entonces sea hecho con Ud. conforme ha creído. En el Nombre del Señor Jesús, que ella sea sanada.
180Ud. se ve como una mujer sana, fuerte. ¿Ud. cree que Jesucristo, el Hijo de Dios, vive? [La mujer dice: “Sí, yo lo creo”.—Ed.] ¿Cree Ud. que Él está aquí en esta noche? [“Sí, yo lo creo”.] Si yo pudiera decirle lo que le pasa, ¿creería Ud. en Él con todo su corazón? [“Sí”.] Ud. está programada para una operación. [“Sí”.] Es un problema de mujer. (“Sí”.) Problema femenino. [“Sí”.] Problema de mujeres. [“Sí”.] Ud. tiene que ser operada. [“Sí”.] Con Ud. está alguien que verdaderamente necesita ser operado, también, es una persona joven. [“Sí”.] Eso es correcto. [“Sí”.] Eso es exactamente la verdad. Ud. también tiene a alguien por quien está orando, y ese es su esposo. [“Sí”.] Él no es salvo. [“¡Oh, así es!”] Y él no está aquí. Crea Ud. con todo su corazón, y él será salvo, y Ud. no necesitará esa operación. [“¡Oh!”.] Váyase y crea, con todo su corazón. Amén. Amén. ¡Tengan fe en Dios!
181Puedo ver de la manera que Ud. está caminando. Sólo Dios sana el cáncer. Pero Dios sabe cómo hacerlo. ¿Cree Ud. que Él lo hará por Ud.? [La mujer dice: “Sí. Sí”.—Ed.] Entonces yo pongo mis manos sobre Ud., mi hermana, en el Nombre de Jesucristo, para su sanidad. Amén. Váyase ahora, no dude, crea con todo su corazón.
182Venga, hermana. Ud. tiene una condición asmática y problemas de mujer. ¿Ud. cree que Dios la sanará? [La mujer dice: “Sí”.—Ed.] En el Nombre de Jesucristo, vaya y sea sana, para la gloria de Dios. Amén. Muy bien.
183Diabética. ¿Cree Ud. que Dios le dará salud, la curará y hará…. y la sanará? [La mujer dice: “Sí, yo lo creo”.—Ed.] En el Nombre de Jesucristo, vaya y sea sana. Si Ud. cree en Dios, poniendo mis manos de esa manera, tiene que suceder.
184Sí, señor, problema de espalda y problema de estómago. ¿Cree Ud. que Dios lo sanará? [El hombre dice: “Sí, señor”.—Ed.] Entonces váyase en el Nombre de Jesucristo, y sea sano para la gloria de Dios. ¿Todos creen? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
185¿Cómo está Ud., señor? Por supuesto Ud. sabe que tiene un problema glandular, y eso le ha ocasionado un problema cardíaco. ¿Cree Ud. que Dios le sanará su corazón y le dará salud? [El hombre dice: “Amén”.—Ed.] Váyase, en el Nombre de Jesucristo y sea sano.
186Quiero mostrarle a Ud. algo. Me quitaré este reloj, me lo quitaré. ¿Ud. cree que Dios puede sanar un problema pulmonar, y darle a Ud. la salud? [La mujer dice: “Sí”.—Ed.] Muy bien, seguro que Él puede. ¿Se fijó cómo sucedió eso? Muy bien, el Señor le bendiga, váyase y sea sana, en el Nombre de Jesucristo.
187Ahora, permítame tomar su mano. Quiero que Ud. mire mi mano, se ve normal como la mano de muchos otros hombres. ¿Es correcto eso? Yo puse mi mano sobre ella y ahora cambió, se hinchó, aparecieron pequeñas bolitas sobre ella. Ud. tiene un estómago ulcerado. ¿Cree Ud. que Dios lo sanará? ¿Acepta Ud. su sanidad ahora? [El hombre dice: “La acepto”.—Ed.]
188Señor Dios, en el Nombre de Jesucristo, sana a este hombre. En este momento, Señor, quítalo de él, para que él pueda ver y saber que es verdad. Yo… Está escrito en la Biblia: “En Mi Nombre echarán fuera demonios, los que crean”. Señor, yo creo. En el Nombre de Jesucristo, haz que este demonio se vaya de mi hermano. Amén.
189Veamos su mano otra vez. Ya no se ve como se veía, ¿verdad? [El hombre dice: “No, no se ve”.—Ed.] Ud. está sano. ¡Vaya y está bien!
190Condición asmática. ¿Cree Ud. que Dios le sanará? [El hombre dice: “Sí”.—Ed.] Vaya y respire, en el Nombre del Señor Jesucristo, y sea sanado. Amén. Tenga fe.
191Dios sana problemas de espalda, y le da salud al hombre. ¿Cree Ud. eso? [El hombre dice: “Amén”.—Ed.] Muy bien, váyase y diga: “Gracias Señor Jesús. Y ¡yo seré sano!” [“Aleluya”.] Solamente no dude; con todo su corazón. Amén.
192¿Qué si yo le dijera a Ud. que ha sido sanado desde que estaba sentado en la silla? ¿Lo creería Ud.? [El hombre dice: “Sí”.—Ed.] Muy bien, váyase por su camino regocijándose, diciendo: “Gracias, Señor Jesús,” y Ud. recibirá lo que ha pedido. Muy bien.
193Venga, señor ¿Cree Ud.? [El hombre dice: “Sí, yo creo”.—Ed.] Quiero mostrarle, se mirará en sus manos. Digame… Mire mi mano aquí, no hay nada mal en ella. ¿Se fija aquí? [“No veo nada”.] Ahora ha cambiado, y se ha hinchado y han aparecido pequeñas cosas blancas sobre ella. [“Sí”.] ¿Le gustaría comer su cena, y volver a sentirse bien? [“Sí”.] ¿Cree que Ud. puede? [“Sí”.] ¿Cree Ud. que estas cosas que Ud. ve vienen de Dios? [“Sí, claro que sí”.] Ahora vuelva a mirar su mano… mi mano otra vez, ya no está allí. Entonces Vaya y coma. Su fe lo hizo, hermano.
194Digamos: “Alabado sea el Señor”, todos. La congregación dice: “¡Alabado sea el Señor!”.—Ed.] ¡Él sigue siendo el mismo ayer, hoy! ¿Creen Uds. que si ponemos manos sobre los enfermo, ellos sanarán? [“Amén”.] ¡Claro que creen!
195¿Cree Ud. eso, hermana? [La mujer dice: “Sí, señor”.—Ed.] En el Nombre de Jesucristo, váyase y sea sana y restaurada para la—la gloria de Dios. Amén.
196Oh Señor Dios, Creador de los Cielos y la tierra, con todas las cosa que están sucediendo aquí en el edificio en esta noche, sabemos que Tú estás aquí. Permite que el Poder de Dios sane a mi hermana, para Tu gloria. Amén.
197Venga ahora, crea. ¿Cree Ud. con todo su corazón? [La mujer dice: “Sí”.—Ed.] Entonces Ud. no tiene que seguir paralizada. En el Nombre de Jesucristo, que ella vaya y sea sana, para la gloria de Dios. Amén. Vaya ahora y no dude, crea con todo su corazón.
198Ambos, corazón y estómago; el estómago le causa al corazón. Señor Jesús, sana a mi hermano. Te lo pido en el Nombre de Jesucristo. Amén.
199Esa es de la manera que solíamos hacerlo, hace tiempo, orando, Uds. saben.
200Ud. realmente no tiene nada por qué estar nervioso, ¿verdad? ¿Verdad? Para nada. Pero Ud. sí está, de todas maneras. Esto es correcto. Todos ellos allá afuera, casi todos ellos tienen la misma cosa. Lo están. Permítame mostrarle.
201¿Cuántos allá están nerviosos? Levanten sus manos. Pongan sus manos en alto.
202¿Cómo llamaría Ud. a toda esa multitud? ¿Ve?, no podría. Pero permítame mostrarle a Ud. que Dios es el Sanador, porque yo sé que Ud. va a ser sanado. ¿Ve? Francamente, ya ha terminado, en estos momentos. Correcto. Amén. Esa sombra se fue de ella, en estos momentos. Vaya, regocíjese y diga: “¡Alabado sea el Señor!” amén.
203¿No quisiera Ud. volver a respirar bien? Y, claro, ¿no sería eso maravilloso? ¿Cree Ud. que Él puede? [La mujer dice: “¡Oh!”.—Ed.] Entonces váyase y hágalo. En el Nombre de Jesucristo, sea hecho. Amén.
204Ahora, Ud. sabe que tiene que recibir ayuda, o morirá. Lo matará a Ud. si no recibe ayuda. Dios está aquí para ayudarlo. ¿Cree Ud. eso? Permítame mostrarle qué cosa tan maligna es ésa. Permítame tomar su mano aquí. Ud. está consciente de eso, que era un cáncer. ¿Estaba Ud. consciente de que tenía el cáncer? [El hombre dice: “Sí”.—Ed.] ¿Creerá Ud. conmigo con todo su corazón? Este hombre morirá si Dios no lo sana. Era cáncer.
205Oh, Dios, la Palabra dice: “En Mi Nombre echarán fuera demonios”. Y si Tú lo has hecho por otros, Señor Jesús, hazlo por este hombre aquí. Permite que el Poder del Dios Todopoderoso venga sobre él y le salve la vida, para la gloria de Dios. En el Nombre de Jesucristo. Amén.
206Váyase y olvídese de ello, sólo diga: “Gracias Señor,” y vaya y sea sano para la gloria de Dios.
207Ahora, Ud. realmente necesita una operación, eso es correcto, debido a un tumor. Pero si Dios pudo sacar el tumor de mi esposa, lo puede sacar de Ud. ¿Cree Ud. eso? ¿Cree que esa historia que conté hace un rato, es verdadera? Aquí está mi mano puesta sobre la Biblia, que es verdad. Ahora Ud. sabe que el Espíritu Santo está aquí. Yo no lo conozco a Ud., yo nunca lo había visto. Pero si yo puedo decirle a Ud. cuál es su problema, es porque tiene que haber Algo aquí diciéndomelo a mí. Bueno, es esa misma Cosa que quitó el tumor de mi esposa, ¿ve? Ahora, ¿cree Ud. que si yo oro y pongo mis manos sobre Ud., el tumor lo dejará a Ud.? ¿Va Ud. a creerlo con todo su corazón? Muy bien, venga aquí. Todos Uds. crean conmigo ahora.
208Señor Jesús, permite que Tu gracia y misericordia sean sobre esta mujer. Mientras yo pongo mis manos sobre ella, y a la Luz de la Palabra de Dios, que este tumor sea condenado y que la mujer viva para la gloria de Dios, en el Nombre de Jesucristo. Amén. 209Dios le bendiga. Váyase creyendo y diga: “Gracias, Señor”, y todo se irá.
210Ahora, ¿cómo estamos de…? Nos hemos pasado tres minutos de la hora. Me pasé tres minutos. Mañana por la noche terminaré a tiempo, Carl.
211¿Cuántos aman al Señor? [La congregación dice: “¡Amén!”.— Ed.] ¿Cuántos creen que estas personas están sanas? [“¡Amén!”.] Mañana por la noche trataré de tomarlo un poquito diferente, y mostrarles a todos Uds. nuevamente cómo trabaja esto y cómo opera, si el Señor lo permite. Dios bendiga a cada uno de Uds.
212¿Hay alguien aquí que esté convencido que son pecadores, y que quieran servir a Jesucristo como su ayuda, y aceptar a Jesús, como su Salvador? ¿Les gustaría pasarse aquí en estos momentos y permitirnos que oremos con Uds.? Nos encantaría hacer eso. La invitación está abierta, y aunque hemos dedicado estos servicios para sanidad, sanidad Divina, pero no son del todo para sanidad. Nosotros oramos por los enfermos, y también… por las personas enfermas del pecado, lo cual es primero. Queremos que pasen. Vengan aquí sólo por un momento, párense con nosotros en oración. Nos encantaría orar por Uds., hacer todo lo que pudiéramos para ayudarlos. ¿Vendrán? ¿Hay un pecador en el edificio, que quisiera tomar una decisión en esta noche y decir: “Iré y aceptaré a Jesucristo como mi Salvador personal. Quiero ser salvo en esta noche?”.
213Dios le bendiga. Aquí viene un hombre. Dios le bendiga. ¿Hay otro? ¿Habrá otro? Así es como me gusta ver a la gente venir. Venir así abiertamente y decir: “Yo estoy mal. Quiero estar bien”.
214Y mi hermano, hermana, delante de estas quinientas o seiscientas personas, o las que hayan aquí (yo no sé), pero estas personas que están aquí saben que es la verdad. Nunca el Señor me ha dejado decir nada errado en esa profecía. ¿Cuántos dirán: “Eso es verdad?” Levanten sus manos como testigo. [La congregación dice: “¡Amén!”.—Ed.] ¿Ven? Siempre es correcto.
215Él lo salvará a Ud. si Ud. viene con una fe sencilla, y lo cree. Él conoce el secreto del corazón. ¿Por qué hice ese llamamiento justo en este momento, cuando pareciera que todo el auditorio está haciendo contacto conmigo? Es porque Algo me dijo: “Haz un llamamiento”. ¿Cómo sé yo que esta no será la última oportunidad para estos hombres? Tal vez haya más aquí. Si los hay, ¿vendrán Uds. mientras inclinamos nuestros rostros? Venga señor, Dios le bendiga. Qué bueno. Señor sánalo, restáurale, y haz esto—esto por él.
216Vengan, ¿alguien más? Tres. “En la boca de tres testigos, conste toda palabra”
217Ahora, hermanos, estando Uds. parados allí, están haciendo la cosa más valerosa. La gente que está enferma hará cualquier cosa para sanar. Pero cuando un hombre se da cuenta que está enferma de pecado, ésa es la peor enfermedad.
218Estas personas vinieron aquí en esta noche, yo sé que hubo unos dos cánceres que desaparecieron mientras que estábamos parados aquí. Es verdad. Yo vi las sombras yéndose. Y yo no soy un fanático. Yo sé que es verdad. Muchas personas fueron sanadas. Pero tal vez, algún día, si ellos viven mucho tiempo, ellos volverán a enfermar; quizás tengan pulmonía. Algo tiene que llevárselos de esta vida, la muerte tiene que hacerlo.
219Ahora, pero lo que Uds. están haciendo en estos momentos, Uds. van a aceptar Vida Eterna. Mire lo que dijo Jesús: “El que oye Mis Palabras”. Oír significa “entender”. ¿Ven? “El que oye Mis Palabras, y cree en Él que me envió, tiene vida Eterna, y no vendrá a juicio, mas ha pasado de muerte a Vida”. Uds. están haciendo la cosa más noble que alguna vez hayan hecho.
220Yo le voy a pedir a la congregación que se pongan de pie, en memoria de esto, mientras oramos. Algunos ministros pudieran pasar y poner sus manos conmigo sobre estos hombres; y—y yo estaría gozoso si Uds. lo hicieran, si lo hacen. Vengan aquí y pongan sus manos sobre ellos. Todos reverentes.
221Padre Celestial, entrando en Tu Presencia Divina; no bajo emoción, sino bajo el liderazgo del Espíritu Santo, en la hora de la sanidad Divina. Cuando ellos vieron a Jesús hacer estas mismas cosas, ya hace dos mil años hoy, y ellos lo miran a Él haciéndolas hoy, muchos actúan como lo hicieron en aquel entonces. Dice que: “Muchos creyeron en Él, por causa de Sus obras”. Muchos creyeron en Él en esta noche, por causa de Sus obras.
222Aquí están tres almas preciosas, tres hombres. Tal parece, Señor, que generalmente son mujeres. Pero en esta noche, han sido hombres, en toda la reunión. Y rogamos Padre Celestial, que Tú recibas sus— sus confesiones, mientras ellos confiesan que han estado errados, y desean tener Vida, y tenerla más en abundancia, a través de Jesucristo. Quita cada mancha oscura de pecado. Escúchame Señor, mientras oro. Yo los encomiendo en Tus manos. Y por la autoridad de Tu Palabra, que dice que: “El que a Mí viene, no le echo fuera”, entonces Tú debes recibirlos, Señor, porque ellos han venido, y Tu Palabra dice que Tú no los echarías fuera. Y ellos han venido, creyendo que Tú los perdonarás. Y desde esta noche en adelante, ellos Te servirán el resto de sus días, separándose ellos mismos del pecado.
223Te ruego, Padre Celestial, que derrames el Espíritu Santo sobre ellos, que los llenes de Tu Poder Divino; que ellos no solamente sean Cristianos, sino que sean instrumentos de—de servicio, llenos totalmente del Espíritu Santo, para que puedan llevar el Mensaje a otros.
224Señor Jesús, yo los encomiendo a Ti ahora, en base a Tu Palabra, que prometió que ellos serán “perdonados”. Tú dijiste: “Yo lo resucitaré en el día postrero”. Y yo sé que Tus Palabras son verdaderas, acabamos de estar hablando de Ellas. Ella nunca falla. Y la Palabra vino a estos hombres en esta noche, y ellos han venido a seguir la Palabra. Y yo sé que en esta unión aquí, de perdón, Tú lo has hecho, pues Tus Palabras no pueden fallar. En el Nombre de Jesús. Con nuestros rostros inclinados.
225Para Uds., mis hermanos que están parados aquí en esta noche: Uds. hicieron la única cosa que podían hacer. Cuando Ud. está convencido que está errado, entonces Ud. está culpable de pecado, de algo que Ud. hizo mal. Existe una sola vía de perdón, y es a través de la Cruz. Y Uds. han venido aquí esta noche, delante de toda esta gente, para aceptarlo a Él como su Salvador, convencidos de que están errados, culpables; convencidos de que Él está bien, y de que Ud. está errado, que es culpable. Y Él murió por los pecadores. Para eso vino Él a la tierra, para morir por los pecadores; pidiéndoles una sola cosa, que acepten gratuitamente aquello por lo cual Él murió. ¿Harán Uds. eso? ¿Lo aceptarán Uds. a Él como su Salvador? Dejen sus pecados detrás de Uds., y acéptenlo a Él ahora como su Salvador personal. Si Uds. lo aceptan, únicamente levanten sus manos derechas hacia Él: “Yo lo acepto”. Dios les bendiga.
226¡Eso significa que todo ha terminado! Si Uds. creen que yo soy el siervo de Dios, entonces esto es de acuerdo a Su Palabra: “Sus pecados han quedado detrás de Uds., se han ido. Están en la Mar del Olvido, Él nunca más los recordará. Uds. son nuevas criaturas en Él, en esta noche”. Ahora, que…
227Estos hermanos aquí vendrán y pondrán sus manos sobre Uds. Y algunos de Uds. ministros que están aquí cerca, vengan, pongan sus manos también, y bendigámoslos, para que ellos reciban el Espíritu Santo. Acérquense.
228Padre Celestial, llena a este buen hermano con el… Llena a este, mi hermano, con el bautismo del Espíritu Santo. Llena a mi hermano, Señor, en esta noche, con el Espíritu Santo. Concede esto, en el Nombre de Jesucristo, mientras los encomiendo a Ti, como siervos Tuyos. Amén.
229Ya pueden levantar sus rostros. Estos hombres han aceptado a Cristo como su Salvador; los pecados pasados han sido perdonados. Ésa es la Palabra del Señor. ¿Cuántos saben que eso es verdad? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
230Ahora, yo quiero que Uds. se volteen hacia la audiencia, amigos. Él dice: “Si tú te avergüenzas de Mí delante de los hombres, Yo me avergonzaré de ti delante del Padre. El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre y de los santos Ángeles”. Levanten sus manos indicando que Uds. confiesan que Jesucristo es su Salvador, y que lo aceptan hoy a Él como su Salvador. Uds. aquí hermanos levanten sus manos, Uds. que acaban de pasar al altar, levanten sus manos para que la audiencia pueda ver. “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre y de los santos Ángeles”. Ahora, mientras inclinamos nuestros rostros para despedir…
231Yo quiero que cada uno de Uds., los que puedan, vengan aquí y saluden de mano a estos hermanos. E invítenlos a sus iglesias, algunos de Uds. pastores, para que prosigan con ellos, desde aquí, a recibir el bautismo del Espíritu Santo. 232 Dios les bendiga. Dios les sane. Que Dios les conceda gracia en abundancia, es mi oración sincera. Inclinemos nuestros rostros ahora mientras… creo que el hermano Rose viene para despedirnos en oración. Muy bien, Hermano Rose.