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~ TESTIMONIO ~
1Gracias Hermano Don. Esta es una sorpresa un tanto súbita. [Alguien dice: “Agradable”.—Ed.] Bueno, es una… [“Amén”.] Gracias, quien sea que haya dicho eso. [“Fui yo”.] Muchas gracias.
2Yo estaba disfrutando esas canciones. ¡Vaya, a mí me gusta escuchar eso! Uds. saben, a mí me gustan los buenos cantos, y oigo bastante de eso cuando vengo aquí. Generalmente yo no… Cuando vengo para tener servicios de sanidad o algo así, yo tengo que mantenerme un poco solo, (a solas), y entonces los muchachos graban estas cintas. Y después, cuando llego a casa, o cuando tengo trabajo que hacer en la oficina, entonces me siento y escucho esas cintas, una y otra vez. Y oigo todo lo que se dice.
3Me siento contento de ver al Hermano Gerholtzer aquí en esta mañana, un viejo amigo del Evangelio; hace muchos años estuvo en esta misma obra, orando por los enfermos, quizás años antes de que yo supiera acerca de orar por los enfermos. Y entonces… Y otros hombres aquí, amigos personales. Vi mucha gente aquí anoche, del tabernáculo en Jeffersonville. Así que estamos muy contentos.
4Y conocí al Hermano Young Brown. Yo dije: “El Hermano Jack dijo que el nombre de él era ‘Young’, y le queda bien”. Cuando él me dijo que tenía sesenta y tantos años de edad, yo casi no podía creerlo. Él no ha cambiado nada desde la primera vez que estuve aquí en Shreveport. Eso es correcto, se ve igual.
5Bueno, Dios es bueno con nosotros. Y a mí—a mí me gustan esas… la manera como cantaron esta mañana, con—con esa profundidad; algo que es real, algo que—que—que tiene significado. Uno puede absorberlo. Yo—yo casi no pude contenerme de llorar en voz alta, cuando los oí cantar esa alabanza, algo con respecto al Salmo 23 allí. Y entonces—entonces venir, y este canto tan bonito que ellos acaban de cantar, el trío allí. El sólo pensar en la…
6Hay algo en eso, que uno siente en su interior, sus emociones palpitando, sabe de que el Reino de Dios está cercano. Todas estas cosas de las que hemos hablado y nos hemos preguntado, ahora están a punto de suceder. Quizás algunos de nosotros durmamos antes de que llegue ese tiempo, pero eso no impedirá nuestra resurrección, porque, eso concede el—el privilegio de venir antes de aquellos que serán transformados.
7“La trompeta de Dios sonará, y los muertos en Cristo resucitarán primero; luego nosotros los que vivimos, los que habremos quedado”. ¿Se fijaron Uds. en el orden de la resurrección? “Seremos arrebatados juntamente con ellos”. Nosotros nos encontramos los unos con los otros antes de encontrarnos con Él. “Seremos arrebatados juntamente para encontrarlos… con ellos, para encontrarnos con el Señor en el aire”.
8Vean, Él es Dios, y entonces cuando Él quiere ser adorado… esa es Su propia naturaleza, es de ser adorado, porque Él es Dios. Y Él sabe que si nosotros estuviéramos allá, estaríamos mirando de reojo, para ver si el otro está allá, pero… y no sería la manera completa de libre adoración. Cuando estemos de pie allí, y—y sabiendo que nos hemos encontramos el uno con el otro primero, y nos saludamos, y entonces estaremos al lado de Aquel que causó todo eso, ¡y cantaremos los cantos de la redención! Como el Hermano Jack muchas veces hizo la afirmación: “Cuando los ángeles den la vuelta a la tierra, con rostros inclinados, no sabiendo de lo que nosotros estamos cantando”. Vean, porque ellos nunca fueron redimidos”. Pero nosotros tuvimos que ser redimidos, y cómo es que le coronaremos Rey de reyes y Señor de señores”.
9Yo no sé qué decir. No pensé en nada que decir; simplemente subí aquí. Creo que es tiempo de testimonios, sólo para dar un testimonio. Así que, esta noche, si el Señor lo permite, creo… miré el pequeño programa, y yo… para los—los servicios, y creo que debo traer mi mensaje esta noche, sobre la Pascua o, perdónenme, mensaje de Acción de Gracias esta noche. Y entonces queremos tomar quizás el resto de la semana, si el Señor lo permite, para orar por los enfermos. Queremos que se reúnan después de este pequeño jubileo de Acción de Gracias, lo cual es una conmemoración de una gran reunión que fue celebrada aquí una vez en Shreveport, unos… hace como tres años, cuando Uds. tuvieron esta revelación de venir para acá. ¡Y el Señor realmente bendijo tan poderosamente aquí en esa reunión! Y yo—yo estoy confiando que el Señor continúe, y que pueda haber almas salvas aquí hasta que el último nombre esté en el Libro en la estación de registros de Dios allá en las alturas; aquellos que han aceptado a Cristo como Salvador, y que fueron llenos con Su Espíritu.
10Inclinemos nuestros rostros ahora por un momento. Estoy pensando en una Escritura aquí.
11Señor Jesús, somos el pueblo más agradecido en esta mañana, pero sin embargo estamos limitados en cuanto a la expresión. Si nuestros corazones pudieran transmitir lo que nosotros—lo que nosotros deseamos, no sabemos cómo nos comportaríamos. Y allá, con razón Tú dijiste: “No habría espacio suficiente para contener las bendiciones que Dios derramaría sobre nosotros”. Estamos agradecidos por esto. Y rogamos, Señor, mientras inclinamos nuestros rostros en adoración a Ti, que recibas nuestra acción de gracias. Hay tantas cosas por las cuales tenemos que estar agradecidos, y no podríamos expresarlas, pero simplemente decimos: ¡Gracias a Dios!”
12Y sobre todas las cosas por las cuales estamos agradecidos, está aquel gran Don de Dios al mundo, cuando Dios dio a Su Hijo, para hacer un camino para nuestra redención. ¡Estamos tan agradecidos por eso! Y nosotros abrazamos Eso, y hemos desde… Señor, yo puedo recordar, desde que era un muchachito, es para Eso que he vivido. Y ahora cuando estoy envejeciendo, sé que el sol se ocultará, no muchas veces más, hasta que yo sea convocado, e iré a disfrutar aquello por lo cual he vivido. Yo sé Señor, que hay muchos conciudadanos del mismo Reino, que esperan de la misma manera, esta mañana, que llegue esa hora. Pues aquello por lo que hemos salido en la jornada, para servirle a Él y tratar de dirigir a nuestro prójimo hacia una Vida Eterna, esa gran hora pronto llegará. Nosotros podemos de alguna manera sentirlo dentro de nosotros, que está—está más cerca de lo que tal vez podamos imaginarnos.
13Y rogamos que nos bendigas ahora, y continúes con Tus bendiciones que nos has estado dando en esta mañana. Y ahora mientras leemos una porción de Tu Palabra, uno o dos versículos, te rogamos que el gran Espíritu Santo tome estos versículos, y un testimonio, para Su honra. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
14Pensé en un texto aquí, creo que se encuentra en—en Corintios, Segunda de Corintios 9, versículo 14 y 15. … en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. ¡Gracias a Dios por su don inefable!
15Pablo aquí está hablando de la gracia de Dios que está en Uds., el Don inefable del Espíritu Santo que mora entre el pueblo. Él estaba agradeciéndole a Dios por lo que ellos tenían, el Espíritu Santo que había descendido sobre estas personas, el Don inefable de Dios, tan rico y puro.
16Ahora bien, yo—yo no tengo nada en mi mente, exactamente, así que pensé que tan sólo daría como un pequeño testimonio de mi experiencia con Cristo en los últimos días. ¡Ha sido sumamente glorioso!
17Toda mi vida, Uds. la conocen. Uds. me han escuchado, muchos de Uds. Y yo pensé que diría esto para algunas de las personas del tabernáculo que están sentadas aquí. En… Mi congregación allá en el tabernáculo está compuesta como de tres naciones, en la mañana, cuando nosotros hablamos: México, Canadá, Estados Unidos. Prácticamente cada… Aquí el otro día había veintiocho estados diferentes, para un pequeño servicio de escuela dominical, ¿ven?, veintiocho estados diferentes representados. Yo quiero decir esto para la gloria de Dios. Al viajar, yo pienso que… Por medio de la oración y súplicas, siendo los rechazados que éramos, rechazados por el mundo eclesiástico así llamado hoy en día, ese tabernáculo se ha convertido en el cuartel general de la gracia de Dios más poderoso de cualquier lugar en el mundo que yo conozco. Yo nunca he visto tanto, de lo que el Señor está haciendo allí. Sencillamente es inefable cómo… lo que Él está haciendo allí, en humildad, la gente llegando de todas partes. Y estamos agradecidos por esa pequeña estación, donde algunas personas de todo el país se reúnen para disfrutar de la gracia, y—y esparcir gracia a los demás.
18Ahora, toda mi vida, parecía que yo quería ir para el oeste. Y muchos de Uds. han oído las historias y escuchado las cintas.
19El ministerio de las cintas es una cosa mundial, en todas partes. Yo pienso que es una manera que Dios tiene de esparcir el Mensaje allá entre las tierras paganas, en aquellos lugares donde tienen que ser traducidas. En Alemania, y en otras partes, ellos tienen cintas que llevan para sus congregaciones de cientos y cientos de personas; y se colocan unas cositas en los oídos, y tocan una cinta. Y mientras yo estoy hablando, el ministro se mantiene de pie allí haciendo las mismas expresiones, en el otro idioma, y trayendo eso delante de centenares. Y cientos están siendo salvos y sanados, simplemente a través de las cintas que salen para todo el mundo. Todas en inglés, pero siendo traducidas en muchos, muchos idiomas diferentes, en tribus alrededor del mundo. Nosotros recibimos noticas de ellos, a través del correo.
20Y ahora, estoy diciendo que esto va a ser un testimonio personal para la gloria de Dios, para que así Uds. puedan entender en las próximas noches, lo que yo quiero decir, si el Señor lo permite. Uds. entenderán. Como estaba tratando de decir anoche: el mundo está llegando a un punto en que se está cayendo en pedazos, políticamente, socialmente, económicamente. Ud. dirá: “¿Economía? ¡Más dinero!”
21Sí, pero ¿de dónde va a venir? Nosotros debemos impuestos que se pagarán de aquí a cuarenta años. Ella está en quiebra, está en bancarrota, la nación; no solamente esta nación, sino todas ellas. Y no hay manera alguna de volver a obtenerlo. Es una trampa armada exactamente para hacer que esta nación entre en algo. Y todos Uds. están conscientes de eso. Pues, ¿quién tiene la riqueza del mundo? ¿Quién la posee? [Alguien dice: “Roma”.—Ed.] Seguro, ella la tiene. Roma la posee. Y cuando lo hagamos, cuando quedemos en la quiebra, en vez de estos grandes comerciantes del tabaco, whiskey, y demás, como… Tengamos que conseguir el dinero, lo que tendremos que hacer es, o cambiar la moneda o pedir prestado el dinero. Y cuando lo hagan, estarán vendiendo la primogenitura nuevamente, exactamente, es tan perfecto, y es precisamente lo que dice la Escritura al respecto.
22Me gustaría conseguir un lugar, en cualquier momento, si el Señor lo permite, cuando una carpa entre en la escena. Y yo creo que eso será dentro de poco, muy pronto recorreré el mundo. Tengo reuniones mundiales aproximándose ahora, y me gustaría conseguir un lugar donde pudiera quedarme por más o menos seis semanas, y simplemente tomar esas cosas y estudiarlas, ¿ven?, minuciosamente, a través de las Escrituras.
23¡Y es impresionante ver la hora en que estamos viviendo! Me asusta. Me da miedo, no porque… En mi corazón, las campanas de gozo están sonando, sabiendo que la Venida del Señor está tan cercana. Pero lo que me asusta, es saber que muchos no están preparados para la hora que estamos encarando. Esa es la parte lastimosa.
24¿Cuántos alguna vez han oído la historia de las ardillas allá en aquella oportunidad? Muchos, oh, por supuesto, me supongo, en todas partes. Algo así aconteció el otro día. Y yo estaba… Uds. han oído la historia acerca de las montañas, al venir bajando, cuando el Señor escribió esas cosas en las montañas el otro día. Mi, mi vida…
25Yo no soy un predicador. Cualquiera sabe eso. Yo no soy un predicador. Pero estoy constituido en una—una forma espiritual, para—para observar cosas y ver cosas moverse, y prevenir a la gente de cosas que van a suceder. Y es simplemente… Estoy hecho de esa manera. Yo no puedo evitar eso, así como Ud. no puede evitar ser lo que es. Pero Dios nos ha colocado a cada uno en el Cuerpo para hacer ciertas cosas. Y yo vigilo cada pequeño movimiento, cada objetivo, cada motivo, porque todo es gobernado por… gobernado por espíritus.
26Esta iglesia fue colocada aquí con un propósito. Hay un espíritu detrás de esta iglesia. Ciertamente. Un espíritu detrás de su hogar, detrás de cada edificio. Detrás de todo hay un espíritu, un motivo, y un objetivo. Si esta iglesia viene aquí para exaltar algún sistema humano o algo así, entonces su motivo no está correcto; pero si está puesta aquí para tratar de lograr algo para el Reino de Dios, entonces el motivo y el objetivo, ambos, están correctos, si los motivos están dirigidos en ese sentido.
27Ahora, yo he estado pensando, desde el principio del ministerio, y la primera, segunda, y tercera etapa del ministerio. Cuando vine a Shreveport la primera vez, yo les dije a Uds. que el Señor… que Uds. colocarían sus manos encima, como si fuese sobre mi mano, y significaría lo mismo. Y el Espíritu Santo no falló ni una sola vez, sino que les dijo exactamente lo que estaba mal con Uds. En aquel entonces yo les dije a Uds. eso. Él me dijo aquel día que: “Habría un tiempo cuando tú conocerás el secreto del corazón”, no sabiendo que la Palabra dice que así sería. Yo no sabía eso. Pero la Palabra verdaderamente dice que: “La Palabra de Dios es un discernidor de los pensamientos y las intenciones del corazón”, Hebreos, capítulo 4.
28Ahora, esa Palabra, (¿ven Uds.?), Uds. nunca deben dejar esa Palabra. Uds. deben quedarse exactamente con esa Palabra, de la manera como está escrita. No le pongan ninguna interpretación privada. Sólo díganla exactamente de la manera como está escrita. Eso es la Palabra de Dios, y eso es Dios. Dios y Su Palabra son la misma cosa, exactamente la misma cosa.
29Y como dije anoche: hay una porción de la Palabra trazada para cada edad. Y hay una unción que desciende, que proyecta esa porción de la Palabra para esa edad. Y vean en dónde estamos nosotros hoy. Lean lo que deberíamos estar haciendo, y entonces sabrán cuán lejos estamos. Yo sólo veo que falte una cosa: la Venida del Señor Jesús en cualquier momento, un Rapto para la Iglesia, y nos encontraremos con Él en el aire. Ahora, estas cosas tienen que acontecer en este día, así como Él prometió que haría.
30Y ahora, hace como cinco años que eso cumplió su tiempo. Cada una de esas etapas cumplió su tiempo. Y Él dio visiones, y muchos de Uds. que escuchan las cintas, y demás, saben que vendría una etapa más, y Él simplemente dibujó eso de una manera tan perfecta. Hay hombres sentados aquí mismo en este momento, a quienes estoy mirando, que estaban allá y vieron eso acontecer de la manera más perfecta que yo haya visto en mi vida. Y hasta sacaron fotografías de Eso, de lo que el Señor Dios dijo que acontecería. Y nosotros fuimos allí mismo, y ahí estaba Eso, exactamente como Él dijo. Como…
31Como la del 17 de marzo, la edición de marzo de la revista Life, Uds. vieron ese círculo de Luz en los cielos, a treinta millas de altura, y veintisiete millas de largo. Pues sólo hay humedad hasta cerca de nueve millas de altura, y ellos ni siquiera pueden entender lo que era.
32Y justo de pie debajo de eso, un hombre que está presente aquí en este momento, estaba de pie allí a mi lado, cuando siete Ángeles descendieron de parte de Dios, visiblemente de pie allí mismo, y me hablaron acerca del tiempo del fin, y estas revelaciones y cosas del Libro de Apocalipsis, los Siete Sellos, y dijeron: “Regresa a casa, y uno a uno traerá el Mensaje”. Eso—eso es correcto. Y Aquello subió y empezó a ponerse blanco a medida que subía, bien alto; y hubo un estruendo que sacudió las montañas, a tal grado que rocas, del tamaño de una—de una—una cubeta, cayeron de las montañas, de esa manera.
33Y no había nada alrededor. Aun el periódico dijo que ellos investigaron para ver si había un avión supersónico, un avión, o algo así. No había nada, ningún avión ahí, ni nada. Además, un avión supersónico no podría hacer eso.
34Y entonces fue predicho que sería de esa manera, seis meses antes de que sucediera, seis meses. Y ahí estaba Aquello. Y la ciencia lo está investigando hoy, ahí mismo en Tucson y en distintos lugares, ellos no pueden entender qué era eso allá arriba. Y entonces, si Uds. consiguen la revista y miran, Uds. podrán ver que hasta las formas de sus alas todavía están allá a medida que ellos van subiendo, los siete Ángeles. Y nosotros sabemos que estas cosas son correctas, amigos. Oh, si alguna vez hubo un tiempo en que la iglesia debiera estar en profunda sinceridad, debería ser ahora mismo. ¡Ahora!
35Pero eso me afectó, dentro de mi persona. Durante cinco años me había preguntado qué estaba mal. Yo sentía en mi corazón como si estuviese—yo estuviese totalmente abatido con respecto a algo, y yo—yo no lograba entender qué era. Durante el tiempo de este grande abatimiento, y demás, yo simplemente anduve de un lado a otro, a través del país.
36Y el gobierno me mantuvo bajo una investigación porque cuando teníamos las reuniones, alguien redactaba un cheque a nombre de “William Branham” y yo simplemente lo firmaba y lo entregaba. Y entonces nosotros obtuvimos un paquete de todas—todas nuestras reuniones, y cuando ellos revisaron eso y se dieron cuenta de que se destinaron para pagar la campaña… Sin embargo, cuando yo firmaba mi nombre en él, yo identificaba el cheque como si fuese para mí mismo, y ellos me consideraron como “deudor de trescientos mil dólares al gobierno”. Y no me dejaban salir, y tuve que quedarme aquí, y así por el estilo, por mucho tiempo para investigar todo esto. Y—y yo no soy, todo fue… ellos dijeron: “Sí, se destinó para la campaña, pero la gente hicieron el cheque a nombre suyo. Y cuando Ud. lo endosaba, Ud. se identificaba con el cheque, y Ud. debe impuestos de eso. Aunque Ud. lo hubiera tenido un solo segundo en su mano, todavía es suyo porque Ud. lo endosó”.
37Yo no sabía eso. Yo no conozco toda la mecánica de estas leyes y cosas así. Yo debía tener un sello para sellarlo, en vez de firmarlo. Cuando yo lo firmaba, quería decir que era mío. Y ellos entonces abrieron el paquete y encontraron allí que fue colocado directamente en el fondo monetario y gastado de esa manera. Yo percibo un salario de mi iglesia de cien dólares a la semana. Allí está sentado un síndico, sentado allí mismo, que sabe que eso es correcto. Y eso es todo lo que yo recibo de eso. Y lo demás va directamente para las campañas.
38Ahora, yo me sentí como si estaba abatido, durante los últimos cuatro o cinco años. Bien, recientemente fui a Canadá en un pequeño viaje de cacería. Y cuando fui, el Señor me ayudó allí a conducir una tribu entera de indígenas al Señor Jesús. Y tengo que regresar cuando los—cuando los—los arroyos se descongelen, allá arriba, y demás cosas, para bautizar a la tribu entera en el Nombre del Señor Jesús; por causa de la sanidad de una mujer indígena que estaba muriendo de un infarto, a quien el sacerdote no quiso visitar, bien adentro en las selvas donde tuve que andar cuatro horas, a caballo. Hay aquellos sentados aquí ahora, que estaban presentes cuando eso sucedió.
39Y entonces al volver, yo tuve que hacer una parada en Colorado para visitar algunos amigos míos allí, algunos ministros. Yo soy un— soy guía en Colorado, e iba a llevarlos en un viaje de cacería. Dos o tres de esos hombres, tres o cuatro, cinco de ellos están presentes aquí en este momento, que saben esto. Y este año el clima en Colorado ha estado muy seco, así como en toda la nación. Y los incendios estaban muy… iban a ser muy terribles, así que retrasaron la temporada de cacería por un tiempo.
40Pero mientras estábamos allá arriba, salió un aviso de que—que se aproximaba una ventisca. Y es peligroso estar en las montañas en un tiempo como ese, pues yo he visto ocasiones en que uno ni siquiera podía ver su mano frente a uno, por horas y horas, y treinta pies de nieve cayeron de una sola vez, en el lapso de unas pocas horas, encima de la persona, y ella perece. Así que les dije a mis hermanos, esa mañana cuando salíamos, yo dije: “Miren, la ventisca…”
41Prácticamente cien hombres, o más, habían ido más lejos que nosotros. Y ahí venían jeeps, camionetas y todo, saliendo, pues ellos sabían lo que iba a suceder. No quedó nadie allá sino sólo el vaquero, el cual inverna allí.
42Y nosotros éramos los únicos dos, la única camioneta que se quedó. Y yo les pregunté a los hermanos. Ellos dijeron: “Vamos a quedarnos”. Así que entonces, “Muy bien”, dije yo: “ahora estén preparados”. Y salimos y conseguimos… Un ministro metodista y yo fuimos a comprar un poco más de pan y otras cosas, mientras pudiéramos encontrarlas; fueron como unas treinta millas de ida y de vuelta. Entonces regresamos. El Hermano John y los demás sentados aquí… ellos oyeron eso y se fueron; salieron en ese instante, entonces empezó a caer la ventisca. Pero nosotros íbamos a quedarnos, y yo iba a ir a Tucson para una reunión, y llamé a mi esposa y le dije que nos… que si yo no llegaba allá, que alguien más tomara mi lugar.
43Y a la mañana siguiente salimos. Yo dije: “Miren, cuando…”, estaba bastante nublado, “oigan la lluvia caer, o cualquier cosa así, regresen al campamento lo más rápido que puedan, porque dentro de diez, quince minutos, ya no podrán ver su camino de regreso”. Así que dejé a esos hombres ubicados allí, y me fui caminando por la cima de la loma, tratando de hacer que los venados bajaran hacia ellos.
44Y yo había… unos cuantos días antes de eso, al ajustar la mira de mi rifle, en Tucson; al subir allá, se desajustó un poquito hacia la derecha. Le disparé a un venado grande que había estado buscando por muchos años, y le pegó muy arriba, y él había muerto allá abajo y yo no podía encontrarlo. El tiempo se estaba poniendo feo.
45Yo pensé: “Subiré allá y echaré una mirada”. Y cuando llegué a la cima de la montaña, noté que la lluvia había comenzado, la cellisca estaba cayendo, y las enormes gotas de nieve del tamaño de un dólar de plata cubrían todo, y los vientos soplaban mucho. Yo sabía entonces que todos iban corriendo de regreso al campamento. Bueno, esperé unos instantes y pensé: “Yo nunca podré encontrar ese venado en este momento, bajo esta tormenta”.
46Así que seguí adelante, empecé a bajar la montaña, apenas podía ver a unos diez pies frente a mí. Y más o menos… me faltaban como cuatro millas o más, para llegar al lugar. Conociendo… bajé de la montaña, conociendo bien la región, pues había conducido ganado allí por años y años. Bajando la montaña, llegué como a media milla de la depresión entre las montañas, donde cruzaba así, del otro lado de la loma donde yo estaba. Y había…
47Yo había estado sintiendo esa carga tan horrible. “Yo he llorado. He orado. He confesado. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué es lo que he hecho?”. Como si Ud. hubiese hecho algo muy malo; como si Ud. hubiese herido a alguien, y sabe que debería enmendarlo. ¿Por qué me sentía redargüido? Yo no sabía. Dije: “Señor, si tan sólo Tú me lo revelas, yo lo enmendaré. Pero ¿qué es lo que hecho sino pararme y predicar, y hacer todo lo que he sabido hacer? Y he tratado de vivir de una manera limpia, honrada, y exactamente de acuerdo con Tus Palabras. Pero ¿qué he hecho yo?”. Y aun así esa carga no disminuía, año tras año. Yo pensé sobre eso en la montaña, aquella mañana, y empecé a bajar.
48El día anterior también había sido mi aniversario, mi esposa y yo nos habíamos casado veinte años antes de eso. Y yo nunca he estado en casa en nuestro aniversario de boda. Y yo siempre subo hasta la montaña, a un lugarcito donde hay álamos temblones. En nuestro primer año de casados, yo no tenía suficiente dinero para irnos en un pequeño viaje de luna de miel, y entonces hacer también un viaje de cacería, así que me llevé a mi esposa en un viaje de cacería como luna de miel. Así que como que hicimos ambas cosas al mismo tiempo.
49Y recuerdo a una jovencita, yo—yo la agarraba y la levantaba por encima de troncos, y cosas así. Y llegamos a un lugarcito, y le saqué una foto, y siempre fue agradable. Yo pienso en eso, y recuerdo su cabello negro y cuán bonita era ella; y ahora canoso y lo que le causaron sólo unos años.
50Yo pensé: “Creo que subiré hasta allá, pero es—es muy difícil”. La nieve caía terriblemente entonces.
51Yo sabía que tenía que regresar, porque habían anunciado por la radio: “¡Se aproxima una severa ventisca!” Lo habían anunciado por radio a través de la nación. No sé si Tom Simpson está presente aquí esta mañana, o no. Viniendo de Canadá, le dijeron por radio que ni siquiera pasara por aquella región en lo absoluto. Todo el mundo decía: “No pase por allá. Vaya por el otro lado, porque una terrible ventisca está pasando por allí”.
52Empecé a bajar la montaña, pensando en eso, y eran como las diez de la mañana. Y de repente, tan claro como Uds. oyen mi voz, una Voz dijo: “Detente, da media vuelta y regresa”.
53Ahora, yo no podría decir esto entre personas que son incrédulas. Uno tiene que contárselo solamente a creyentes, y entonces, porque esto… los incrédulos nunca lo entenderán. Uds. tienen que tener una mente espiritual para entender las cosas espirituales. La Palabra es espiritual. Se interpreta espiritualmente. Y Ella es—Ella es la Palabra de Dios. Me detuve y pensé: “Si regreso allá arriba, otra milla más, así como está rugiendo la tormenta…”
54David Wood me había hecho un emparedado, y, ¡qué emparedado! Creo que él se estaba desquitando conmigo por yo haberle hecho uno a su padre en una ocasión. Nosotros no teníamos nada sino algunas cebollas, miel, y pan, y… yo puse todo junto, y nos preparamos un emparedado. Él casi no pudo comerse el suyo, y pienso que por eso estaba tratando de desquitarse conmigo, entonces él puso…Yo—yo no sé qué clase él… Y al ir subiendo la montaña, la lluvia caía tan rápido, y se mojó, y se volvió una gran bola de masa. Yo pensé: “Bueno, me comeré eso y esperaré”.
55Y mientras estaba parado allí, pensé: “Eso no fue nada. Yo simplemente me lo imaginé. Probablemente fue un viento que estaba soplando por entre esos árboles, meciéndolos”. Y empecé a caminar. Yo simplemente no podía caminar, y pensé: “Bueno, yo—yo creo que regresaré”.
56Y escuché Eso nuevamente: “Regresa al lugar de donde viniste”. Dijo eso. Empecé a subir la montaña y me detuve. Pensé: “Quizás yo…” Me—me estaba dando miedo de volver a donde estaba, porque los vientos estaban tan terribles.
57A veces Dios nos hace hacer cosas que—que parecen muy peligrosas y fuera de lo común. ¿Qué tal Moisés, con aquella vara, y yendo a tomar posesión de Egipto? Y en todo nos damos cuenta que es así, que Dios pide lo imposible, ¿ven? Así que Él hace lo imposible, para que el hombre sepa que no es él, sino que es Dios que lo está haciendo.
58Subí nuevamente para la cima de la montaña, orientándome a través de los árboles que se movían por el viento. Me senté y agarré mi escopeta, para evitar que la mira se pusiera… hacia arriba así. Los osos andan en tiempos como esos. Entonces puse la mira debajo de mi camisa, de esta manera, y me senté por un momento. Pensé: “¿Qué estoy haciendo sentado aquí?”
59Pero Dios obra de maneras misteriosas, para realizar Sus maravillas. Ellas son inescrutables para la mente carnal. Ella nunca lo capta. Y cuando regresé y me senté, estuve sentado allí meditando en Dios. “Me pregunto por qué regresé”. Yo pensé: “¡Vaya!, es hora de regresar al pie de la colina, esa tormenta se pone cada vez más terrible, cerrándose, no se podía ver mucho frente a uno”. Y ahora, si Uds….
60Uds. no tienen que creer esto, pero esto es verdad. Una Voz me habló y dijo: “Yo soy el Señor Dios. Yo he creado los cielos y la tierra. La naturaleza me obedece”.
61Entonces me quedé sentado allí por un rato, y me quité el sombrero. Y esa Voz, en algún lugar, yo no podía ver Aquello. Yo solamente podía oírla. Estaba por allí entre esos árboles, en alguna parte. Pensé. Generalmente se ve esa Luz de la cual todos Uds. tienen conocimiento, generalmente Ella está allí, pero yo miré para todos lados y no pude ver la Luz. Yo dije: “¿En dónde estás Tú, oh Dios, mi Creador?” Miré alrededor. No podía oírla más, oír Su Voz. Esperé unos minutos.
62Él dijo: “Yo soy el Señor Dios que hice que hablaras aquellas ardillas a existencia”. Y todos Uds. saben acerca de eso. Y Dios me es testigo, con esta Biblia delante de mí, en esta mañana de Acción de Gracias, si eso no es verdad, Dios puede hacer que yo caiga muerto en la plataforma en este momento. Vean, es cierto. Él aún es el mismo Creador, un Dios—Dios que pudo proveer un carnero para Abraham, puede proveer. Él sigue siendo Jehová-Jireh. ¡El Señor puede proveer!
63¿Dónde consiguió Abraham ese carnero? Fíjense, un viaje de tres días, apartado de la civilización, en la cima de la montaña donde no hay agua ni nada. Él tenía necesidad de un carnero, y ahí estaba un carnero en el desierto, enganchado por los cuernos. Y Abraham había ido por allí y recogió rocas, por todo ese lugar, para hacer este altar; pero Dios aún seguía siendo Jehová-Jireh: el Señor proveerá para Sí mismo.
64¡Lo que sea que Él ha prometido, Él es capaz de hacerlo! Eso es esa Palabra allí, creo que en Marcos 11:22, “Si dijereis a este monte”. Yo—yo no podía entender eso. Uds. conocen la historia al respecto.
65Y Dios me es testigo de que eso es verdad. Él dijo: “Yo soy Aquel que proveyó eso, aquellas ardillas”, dijo Él. Ahora, cuando… Yo puse atención otra vez para ver lo que Él iba a decir. Nada se detuvo; el viento seguía aullando. Yo—yo tengo que morderme, porque…
66Permítanme decirles algo. Las mentes muy espirituales están a un paso de la demencia. ¿Sabían Uds. eso? Una investigación científica les dirá eso. Aquí están Uds. aquí abajo, lentos y pesados; después Uds. se tornan un poco más espirituales, entonces se ponen más o menos así; luego se ponen como una hacha embotada; y después como una navaja afilada. Ahora, Uds. saben de qué lado se encuentran allí. Si un hombre intenta elevarse a sí mismo hasta allí, ciertamente se irá hacia el lado equivocado. Si Dios lo eleva hasta allí, él está muy por encima de la persona común. Es allí donde visiones y cosas se manifiestan. Es allí donde está el Reino de Dios. Poetas, profetas, y todos eran considerados neuróticos.
67El mismo Jesús fue llamado un “loco”. Dijeron: “Nosotros sabemos que Tú estás fuera de sí y tienes demonio”. Fuera de sí significa “loco”. Fíjense en todos los poetas y profetas a través de las edades, habían sido considerados así, que de modo extremo intentan… Si Ud. intenta forzarse para llegar allí, Ud. está acabado, Ud. jamás lo logrará. Se requiere que una Mano se extienda desde la Gloria, y lo coloque a Ud. en ese borde, entre las cosas correctas y las incorrectas. Y estando parado en esos bordes es donde uno mira hacia la Tierra de Beula del otro lado.
68Entonces en esa misma hora, Aquello habló de nuevo, en ese mismísimo momento, sentado allí. Él dijo: “Yo soy Aquel que se paró en la barca aquella noche, e hizo que los vientos y las olas se calmaran”. Dijo: “Ponte de pie y reprende esta tormenta, y ella obedecerá exactamente lo que tú dijeres”. Eso fue aquella tercera etapa del ministerio llegando. Ha venido acercándose por años. Y parece que hay algo que me mantiene preocupado, yo pienso: “Oh, no…” Pero eso es exactamente lo que Él hizo. Y esto es Él nuevamente, es exactamente Su Espíritu de nuevo, exactamente.
69Pero he tenido tantas imitaciones carnales del otro, que me da miedo el sólo pensar en eso. Porque Uds. tendrán eso, con toda certeza. Siempre existen las multitudes mixtas. Y esa imitación carnal tiene que seguirle. Le siguió en los días de Él; le siguió en los días de Moisés; le seguirá en cada día. Le seguirá en este día cuando el Espíritu Santo está intentando hacer la obra. Pero aún así, si una persona es espiritual, la imitación carnal solamente engrandece la correcta, Aquella, el—el verdadero artículo de Dios.
70Y de pie allí, en aquella hora, yo me levanté y dije: “Señor Dios, gran Creador de la naturaleza, yo creo que eso eres Tú hablando. Ni una sola vez me has mostrado algo que estuviera errado, y ni una sola vez me has permitido decir algo que no haya acontecido”.
71Yo dije: “Por lo tanto, le digo a esta tormenta que está rugiendo, ‘Vete a tu lugar. Regresa, deja esto en paz’. Y yo ordeno que el sol brille por las próximas cuatro horas, hasta que estos hombre puedan conseguir sus trofeos de caza, y yo pueda ayudarlos a conseguirlos, y salir de estas montañas”.
72Y el Señor Dios, Quien es mi juez solemne en esta mañana; esa lluvia y cosas meciéndose, en cuestión de unos instantes no había nada de eso. Yo miré y había un viento viniendo del otro lado, del otro lado de la cima de la montaña, y levantó esas nubes así de rápido. En cuestión de apenas unos minutos, el sol salió, a través de la cima, y estaba brillando tan lindo a más no poder.
73De la misma manera como sucedió en Alemania. Uds. se acuerdan de la historia en Alemania. Cuando aquellos brujos, quince de un lado, cortaron… tomaron una tijera y cortaron una pluma, la apuntaron hacia atrás de esta manera, y se levantaron allí haciendo sus encantamientos, y dijeron que harían que un viento se llevara la carpa, de treinta mil personas. Y el Hermano Arganbright estaba parado allí. Y ahí venía la tormenta, una nube levantándose. Yo estaba parado allí al lado del Hermano Lowster. Muchos de Uds. lo conocen, el alemán nacido aquí en América que es mi intérprete allá. Y él—él estaba de pie allí. Yo dije: “No interprete esto”. Pero dije: “Señor Dios, Tú me diste una—una visión y me enviaste a Alemania. Estos brujos han causado esta tormenta. Tú eres el Dios de la creación, ¡que sea conocido de que Tú eres Dios!”. Nadie sino los que podían entender inglés, y no había una docena allí, que sabían de lo que yo estaba hablando.
74En ese mismo momento la carpa se levantaba de esta manera, con treinta mil personas debajo de ella, saltaba para arriba y para debajo de esa manera, se aquietó, y las nubes y los truenos se fueron rugiendo. En menos de cinco minutos el sol estaba brillando, cuando cerca de quince mil alemanes vinieron al Señor Jesucristo. Él todavía es Dios. Él sencillamente es Dios tanto como siempre lo fue.
75Bueno, mientras estaba parado allí en esa colina… Salimos como cuatro días después, cualquiera aquí sabe que es verdad, no hubo ni siquiera una nube en el cielo, a partir de esa hora, por cuatro días.
76Cuando yo bajé y salí para comprar gasolina… cuando salimos de las montañas, yo dije: “El tiempo ha estado bastante seco”.
77Dijo: “Sí, ha estado seco”. Dijo, él dijo: “Estábamos esperando que viniera una tormenta el otro día, pero no sabemos, la cosa se detuvo”. ¿Ven?
78Fui hasta el otro lado de Colorado, me detuve para comprar gasolina. Billy Paul, mi hijo allá atrás, andábamos juntos. Yo dije: “Vamos a ver si se detuvo aquí”.
79Entré y dije: “Buenos días”, entonces empezamos a conversar con el hombre. Él dijo: “Buenos días”. Y él… Yo dije: “¡Ciertamente es un día muy bonito!”
80Él dijo: “Sí, el sol está saliendo, caliente otra vez”. Dijo: “Ciertamente hizo un sol terrible aquí este verano”.
81Y yo dije: “Sí”. Dije: “Bueno, eso es en toda la nación”. Él dijo: “Sí, entiendo”. Y yo dije: “Ya casi está llegando la temporada de las tormentas por aquí”.
82Él dijo: “¿Sabe qué?” Dijo: “Todos los periódicos, radio, y todo lo demás, anunciaron que se aproximaba una tormenta el otro día. Las nubes vinieron y la tormenta comenzó. Y de repente, no sabemos qué le sucedió, se fue completamente”.
83Él todavía es Dios, tanto Dios como siempre lo fue. Pero ¿cómo puede un hombre decir esas cosas a menos que Dios primero le diga que lo diga? Vean, no bajo alguna impresión, sino que Ud. sabe lo que está diciendo, entonces hágalo. Pero espérese, no trate de decir: “¡Oh, esa es la manera!” Mucha gente, pienso yo, y—y dones de Dios… Espere hasta saber que es, hasta que Ud. sepa que es Dios. Vea, espere hasta que venga esa Voz, y Ud. la escuche, y la conozca, la vea, entonces Ud. puede decir: “Es ASÍ DICE EL SEÑOR”. Si no es ASÍ DICE EL SEÑOR, entonces es la impresión suya, es lo que alguien más piensa. La gente le pide a la gente: “Diga esto para mí. Haga esto para mí”. ¿Cómo puede uno hacerlo, si Ud. es sincero con Dios, hasta que Dios primero le diga? ¿Cómo puedo yo decirles: “Así dice Jack Moore”, y Jack Moore no me ha dicho nada a mí? ¿Lo ven? Primero tiene que venir de Dios, no impresión. Tiene que ser Dios, y entonces acontecerá, porque entonces es ASÍ DICE EL SEÑOR.
84Ahora, no todo el mundo tendrá eso. No señor. No será de esa manera. Nunca fue de esa manera. Nunca será de esa manera. Dios lidia con un individuo. Él lo hizo así en los días de Noé. Él lo hizo así en las días de—de Josué. Él lo hizo así en los días de Moisés. Él siempre lo ha hecho así. Él nunca formó un sistema. Ha sido un individuo, porque dos hombres no son iguales, en ningún tiempo. Vean, Él nunca más lo hizo. Pero no todo el mundo tiene que ser Moisés. Ellos no lo entendían; ellos simplemente seguían. Y el Espíritu Santo… si un hombre es ungido por Dios, los guiará a Uds. a seguir al Espíritu Santo y a la Biblia, pues Él es Aquel que hace estas cosas, Jesucristo en la forma del Espíritu Santo obrando en el pueblo.
85Parado allí, empecé a bajar de regreso. Me paré allí y lloré. No pude evitarlo, al ver lo que había sucedido allí en ese lugar, en un momento.
86Y los hermanos allá… ahora, ¿cuántos estaban, hay alguien aquí? Sé que Fred Sothmann y los otros que están aquí, estaban allá arriba; no, Fred estaba conmigo en otro lugar. ¿Hay alguien aquí ahora, que estaba allá arriba? ¿El hermano Banks Wood y ellos ya están aquí? ¿Hay alguien aquí aparte de Billy Paul que estuvo allá? Estos muchacho acababan de irse, sí, y el Hermano Wood, y el Hermano Taylor, o… se me olvidó el nombre del otro hermano, cuatro o cinco de ellos estaban parados allí. Estos hermanos aquí, el Hermano Martin acababa de irse, se fue el día antes, por causa de la tormenta que se aproximaba. Todos Uds. se acuerdan de la tormenta, el anuncio, ellos dijeron que se aproximaba. [Un hermano dice: “Nosotros nos encontramos con ella”.—Ed.] Disculpe, ¿qué dice? ¿Uds. se encontraron con ella? [“Nosotros nos encontramos con ella”.] Uds. se encontraron con ella.
87Entonces… Y ahora fíjense. Estando parado allí, yo pensé: “Bueno, creo que bajaré la colina”.
88Y yo—yo hice un voto a Dios, hace unos años, saliendo con los Hombres de Negocio del Evangelio Completo, de que: “Yo no mataría caza para otra persona, a menos que fuese una emergencia”. Yo sencillamente no lo haría.
89Y, sí, era el Hermano Jack Palmer, ¿está él aquí? El Hermano Jack, él era de Georgia, él viene aquí regularmente. Él estaba parado allí. Y la noche anterior, él dijo: “Hermano Branham, consígame un venado”.
90Y, oh, yo me estremecí, porque yo—yo sabía que había hecho un voto de que no haría eso, cuatro o cinco años antes, porque sólo en ese año había matado diecinueve alces. Sólo para esos hombres de negocios que se quedaban sentados conversando acerca de sus negocios. Yo tenía que salir y matar la caza para ellos. Y eso no parecía… era como si me colocase en una clase de asesinos, pero yo no quise hacerlo. Yo los llevaré hasta donde está, pero no le dispararé. Así que le prometía Dios que no haría eso.
91Así que yo había llegado...dejado el lugar, regresando, empecé a bajar la colina, y una Voz me habló y me dijo: “¿Por qué no caminas conmigo?”
92Y yo dije: “Señor Dios, si eres Tú, yo sé que sólo la mano de Dios podría disipar esas nubes y hacer lo que Tú has hecho aquí”. Y el sol caliente brillando, secándome la camisa, y vapor subiendo de ella. Y dije… Una gran catedral, bosque virgen, Uds. saben. Y dije: “Yo creo que entonces caminaré por aquí, Señor, si Tú no tienes una dirección determinada. Yo quería subir allá y mantenerme de pie sólo unos minutos como un pequeño memorial para mi esposa, de nuestra— nuestra primera y única luna de miel, (Uds. saben), en la que tuvimos oportunidad de ir. Y yo la llevé a ella en un viaje de cacería, y aquí estoy yo este año nuevamente, cazando con estos hermanos; y ella allá en Tucson, tratando de mantener las cosas andando”.
93Empecé a bajar por allí, y empecé a meditar. Ahora, esto va a parecer muy gracioso. Y me daré prisa porque sé que su servicio comienza dentro de aproximadamente diez minutos. Y entonces yo iba bajando por allí, y estaba pensando: “Oh, ¿por qué será que ella nunca me dijo una palabra en cuanto a yo ir a algún lugar?” Y en esta mañana quiero contarles lo que sucedió, en unos minutos. Yo—yo…
94Todo hombre debería pensar esto. Yo—yo pienso que no hay una mujer en el mundo como mi esposa. Ella es una persona maravillosa, piadosa, se queda en casa. Ella siempre ha tenido lista mi ropa. Yo salía de viaje, todo; llegaba y decía, bromeaba un poco con ella, decía: “Yo soy tu esposo. ¿Eres tú mi esposa?” Y de esa manera, y besaba a los niños, y me arrodillaba y hacía una oración. Y me ponía la ropa, (para evitar tener que perder la mente, por causa de las multitudes y cosas), salía y me iba a pescar o cazar, lejos de ella. Ella ha tenido que soportar todo eso sola, ella misma.
95Y entonces me puse a pensar: “Bueno, tal vez cuando esté en casa, lo único que yo siempre… lo único que yo conozco es a Dios y Su Palabra. Y yo estoy constantemente hablando sobre Ella”. E iba yendo por allí, y me vino un pensamiento, dijo: “Bueno, tal vez ella sólo deja vayas porque eso—eso mantiene alejada a la gente, y así por el estilo. Y ella puede tener un poco más de paz cuando tú estás ausente”. Y yo empecé a acompañar ese pensamiento. Hice: “Um”, de esa manera, y al hacerlo, vi las patillas en mi rostro, de más o menos una semana, y ellas estaban más de la mitad canosas. Yo pensé: “Bill, Tú estás… tú sabes para dónde estás yendo. Tú vas en dirección de salida, ves, tú te estás poniendo viejo. Y tú ya cruzaste esa marca de los cincuenta”. Entonces yo simplemente estaba pensando así, yendo con mi rifle colgando en el hombro, andando de esa manera.
96Y de repente, algo sucedió. Parecía que, en todo principio, yo era muchacho otra vez. Yo no sé lo que ocurrió mentalmente, o lo que fue. Y miré, estando de pie frente a ella, y allí enfrente de mí, y allí estaba ella, exactamente de la manera como era cuando me casé con ella. Yo coloqué mi arma en el suelo. Me froté los ojos. La miré y ella extendió sus brazos así, me miró. Yo incliné mi cabeza.
97Porque yo estaba subiendo allí para un pequeño—un pequeño memorial por nuestro aniversario; de pie al lado de esos árboles, un montón de arbolitos allá arriba, álamos temblones, tal como había en los bosques del norte cuando nosotros subimos a la cordillera Adirondack. Y yo siempre subo allá, todo día veintitrés de octubre, cuando estoy por allá.
98Y allí estaba ella. Yo había colocado mi rifle en el suelo, miré allí. Me detuve un minuto, e incliné mi cabeza. Miré para atrás, y ella aún estaba parada allí con sus brazos extendidos. Y pensé: “Seguramente que no me he vuelto loco”. Miré otra vez. Pensé: “¿Por qué sería esto?” Allí estaba yo, un hombre joven. Me miré las manos, y dije… “Señor, mi responsabilidad en el mundo, de traer Tu Mensaje, seguramente esto es algo que me sucedió”. Volví a mirar, y eso entonces se desvaneció.
99Agarré el rifle y me lo puse en el hombro. Y dije: “Tal vez esto sea Tú haciéndome saber la razón, a ella realmente se le parte el corazón cuando yo… cuando yo llego, y salgo de cacería, y cosas así”.
100Pero cuando empecé a caminar, volví a quitarme el sombrero. Dije: “Dios, yo sé que Tú estás aquí. No hay duda en mi mente de que Tú estás aquí. Y yo Te creo, cada Palabra. Tú, Tú haces que el sol brille sobre mi espalda. Tú eres el que haces estas cosas. Tú eres un Creador. Yo, yo he sido tan lento, parece que tengo temor de tomar el frente. Tengo temor de hacer algo errado”. Dije: “Hay una cosa que Te voy a pedir que hagas. Quita esta carga de mi corazón. No hay necesidad de que yo trate de confesar más, porque por cinco años yo he clamado constantemente a Ti. ¿Qué es lo que he hecho? Dime lo que es”.
101Y yo estaba subiendo la pequeña colina entonces, muy cerca de donde iba a mantenerme de pie por unos minutos, sólo para darle gracias al Señor por mi esposa y por un matrimonio exitoso que Dios nos había dado, y por el amor que teníamos el uno por el otro, a través de estos años, y por nuestro hijos. Yo hago eso cada veintitrés de octubre. Y había un álamo temblón pequeño, oh, como de diez pulgadas de grueso, había crecido más o menos de esta manera, y se había virado como en forma de L, y subido. Y mientras iba subiendo la colina, me puse muy débil, y me recosté de ese árbol, de esa manera.
102Y pude oír algo cayendo sobre las hojas, sólo un momento. Ahora, las hojas ya se habían secado cuando llegué allá, como trescientas o cuatrocientas yardas. Miré y era agua que salía de mis propios ojos, goteaba por la barba canosa y caía al suelo. Dije: “Oh Dios, qué—qué fracaso soy”. Y estaba parado allí en esa condición. Dije: “Yo—yo confío que seas misericordioso con ella”. Dije: “Yo—yo no soy digno de pedir misericordia”. Dije: “Sé que me estoy poniendo canoso, y algún día yo—yo tendré que partir, Señor”.
103Y me supongo que la gente piensa que es una locura, pero yo—yo encuentro a Dios allá en esos lugares. Es ahí—es ahí donde esto es real para mí. Yo… Es tan—tan real como lo es aquí, y francamente, aún un poco más, porque, (Ven), todos Uds., una parte. Allá, parece que estoy con Él a solas, no hablando con nadie sino con Él.
104Y mientras estaba parado allí, oí el arbusto quebrarse, y levanté un poco la cabeza; tenía puesta una camisa roja, y una tira roja alrededor de mi—mi sombrero, un pañuelo rojo envuelto alrededor de uno de esos sombreros del oeste. Y yo—y yo miré, y ahí estaban dos, tres venados parados muy cerca de mí, llegaron allí; yo vestido así de rojo. Todo ese tiroteo allá, cien hombres, me supongo que les habían disparado cuarenta veces; pues, claro, ellos se habrían desparramado en el acto. Pero no. Ellos simplemente se quedaron mirándome.
105Y eran carne muy buena, dos cervatos ya crecidos y una gama grande. Y algo me dijo: “Allí está un venado para el Hermano Evans, uno para el Hermano Welsh, y uno para el predicador metodista. Allí está exactamente lo que el Señor Dios te ha dado ahora. Ellos no pueden escapar. No hay manera que puedan hacerlo”. Yo tenía el rifle colgando aquí mismo sobre el hombro. Y antes de que ellos siquiera pudiesen dar la vuelta, yo los hubiera matado a todos tres, (¿Ven?), de esa manera, antes de que pudieran moverse. Ellos estaban en mis manos. Y yo… Y yo—yo pensé: “Allí están ellos, tres exactamente. Será fácil rodarlos colina abajo aquí, y luego cargarlos”. Y pensé: “Eso sería muy fácil. Allí está los tres, entonces de allá podríamos irnos a casa, arrancar y salir de las montañas”. Y cuando los miré allí, ellos estaban parados, mirándome, muy tranquilos, como a quince yardas, veinte. Bueno, yo simplemente me quedé quieto.
106Y no sé si Uds. cazan venado o no, pero ellos son raros, cuando ellos—ellos no… o no están seguros, ellos ponen las patas así, hacen… [El Hermano Branham coloca sus pies en posición, y luego los reposiciona—Ed.]
107Y entonces ellos me miraban. Yo pensé: “Bueno, ahí está. Lo único que tengo que hacer es colocar el rifle en posición y sería el fin de ellos—de ellos”.
108Y entonces me acordé que le prometí a Dios que no lo haría. Y me acordé de eso. Pensé: “No, no puedo hacerlo. Eso no es correcto. Yo le prometí a Dios que no lo haría”. Y cuando Ud. hace una promesa, manténgase con ella. Dios espera eso de Ud. Y allí pensé: “Bueno, perfectamente en mis manos, pero sin embargo yo le prometí a Él que no lo haría”.
109Yo dije: “Vete madre, toma tus bebés y vete al bosque, pásala bien. A mí también me gusta esto. Tú estás en mis manos, pero no voy a matarte”. Y ellos se acercaron un poco más. Oh, qué inusual es eso para un venado. Y ellos me miraban, Uds. saben, y volteaban la cabeza. Y yo parado allí vestido de rojo, con un rifle en la mano. Y ellos llegaron tan cerca que casi podían… yo podía darles de comer con la mano. Y ellos simplemente olfatearon por allí, por unos momentos, se dieron la vuelta, se apartaron un poquito. Se detuvieron, y vinieron otra vez.
110Algo seguía diciéndome: “Ellos están en tus manos. Están en tus manos. El Señor los ha puesto en tus manos”. Yo dije: “Pero yo prometí, yo prometí que no lo haría”.
111A partir de ahí, pensé: “Tú sabes, una vez David fue guiado directamente al lado mismo donde estaba Joab y… o donde estaba acostado el rey Saúl. Y Joab le dijo: ‘Jehová lo ha entregado en tus manos’. Pero él dijo: ‘Dios me libre de tocar a Su ungido’” ¿Ven? Vean, Uds. deben vigilar cuando hacen una promesa.
112Y entonces yo dije: “Yo le prometí a Dios que no lo haría, así que no lo haré”.
113Yo dije: “Madre, toma tus hijos y váyanse al bosque. No voy a molestarlos. Uds. están en mis manos, no pueden escapar si tuvieran que hacerlo. Pero yo—yo no voy hacerles daño. Váyanse al bosque”. Y ellos regresaron otra vez, alrededor de mí. Y yo me quedé parado allí. Y pensé: “¿Qué es esto? Es algo extraño”.
114Yo soy una persona de la naturaleza. Yo—yo—yo observo a Dios en la naturaleza, la puesta del sol y el amanecer; es una muerte, la vida, la—la sepultura; la muerte, la resurrección nuevamente, todo. Como los árboles, cómo es que Job habló acerca de esconderse en el sepulcro: “Que Él me guardase en un lugar secreto”. Y ver la savia abandonar los árboles, y bajar hasta el sepulcro de las raíces, y volver a subir en la primavera: la resurrección. Todo hablando de vida y de la resurrección.
115Y mientras estaba parado allí observándolos, ellos se acercaron más y más. Luego se dieron la vuelta y se fueron al bosque. Y yo me quedé parado allí, como atónito.
116Y cuando ellos se marcharon, esa Voz habló nuevamente, ese sol brillando sobre mi espalda, dijo: “Te acordaste de tu promesa, ¿verdad?”.
117Yo dije: “Sí Señor, me acordé de mi promesa. Yo sé que ese eres Tú. No puedo verte Señor, pero Tú estás aquí en algún lado”. Dije: “Yo no te veo, pero escucho Tu Voz. Yo sé que estás aquí”.
118Dijo: “Tú guardaste tu promesa, te acordaste de tu—tu promesa. Yo también me acordaré de la Mía. Nunca te dejaré ni te desampararé”.
119¡Oh, hermanos, yo no me he sentido igual desde entonces! Bajé de la montaña. Toda la tarde, hubo visión tras visión, sucediendo. Yo bajé. Parece como que todo ha sido diferente a partir de ese momento. Una—una carga se fue.
120Con respecto a… cuando el ministerio vino a mí al principio, sintiendo las—las manos de las personas, lo que sucedía era que había una vida en ellas, y—y nosotros sabemos cómo se daba eso.
121Una noche en California, yo estaba sentado con la familia Malicky, el Hermano Moore lo recuerda y el Hermano Brown, la familia Malicky. Y la damita iba a contraer flebitis debido al parto. Y yo—yo hice que ella extendiera su mano, dije: “Allí está, vea esa vibración. ¿Ve?” Y yo dije: “Ud.—Ud. va contraer flebitis”. Yo dije: “Ya está obrando en Ud.” Y ella la contrajo, casi perdió la vida.
122Y el Hermano Malicky me dijo, dijo: “Hermano Branham, ¿cómo es que Ud. hace eso? Yo dije: “No sé. Yo no puedo decirle cómo es. Es Dios”.
123Entonces yo extendí mi mano de esta manera. Yo dije: “Miren, aquí está mi esposa, yo sé que no hay nada malo con ella. Coloca tus manos sobre la mía, cariño”. Ella lo hizo, y allí vibró un tumor, debido a un problema femenino. Y yo dije: “Querida, tú tienes un tumor, cariño, en las glándulas femeninas”. Y ella dijo: “Yo—yo no siento ningún síntoma”.
124Yo dije: “Querida, aquí está en mi mano. Levanta la mano”. Ella la levantó y luego la puso de nuevo. “¿Ves eso?”
125Bueno, cuando nos fuimos, llegamos a casa, nosotros tenemos un excelente médico amigo nuestro; yo fui a la escuela con él. La llevamos para hacerse un examen. Dijo: “Billy, no hay nada malo con ella”. Dijo: “ella está bien. no hay tumor allí”.
126Yo dije: “Sam, yo no quiero dudar de tu palabra, (¿ves?), porque tú la examinaste, pero hay un tumor allí”.
127Todo el mundo, por tres o cuatro años, cuando yo voy a hacerme un examen físico, cuando voy para el extranjero, ella va conmigo para hacerse un examen físico. Y cuando fue, no llegó a aparecer.
128Y hace como dos años, yo llegué un día, (ahora, yo—yo debo decir toda la verdad). Vean, no se quiere pasar nada por alto, se debe decir toda la verdad. Y yo les he expresado a Uds. mi amor por mi esposa. Pero sin embargo tenemos que vigilar en esas cosas. Les estoy diciendo la verdad. El Padre Celestial, que es mi testigo aquí en este momento, sabe que es verdad. ¡Oh, en la casa, cómo es que es esto, aquello, y de todo! La pobrecita está pasando por el cambio de la vida en este momento, la menopausia.
129Y por los últimos dos años, hace aproximadamente dos años, cuando nos hicimos un examen médico, entonces el médico encontró un tumor en el ovario izquierdo. Había crecido más o menos del tamaño de una—de una nuez. Él dijo: “Déjeme examinar eso nuevamente, Hermano Branham”. Dijo: “Dentro de unos tres meses, si eso empieza a crecer, habrá que sacarlo”. Bueno, entonces nosotros…
130Pero un poco antes de eso… tengo algo que contarles. Lo había olvidado. Un día yo llegué de la casa, y había entrado para hacer algo, y me di la vuelta y salí. Y dije… Ella dijo: “¿Puedes ir al centro conmigo, Bill?” Y yo dije: “En este momento no, querida”.
131Y ella dijo: “¿Qué vamos hacer con respecto a Rebeca, una cierta cosa?” Yo dije: “Bueno, cariño, yo no sé qué hacer”.
132Hubo algo que surgió, y ella estaba tan nerviosa que casi no podía controlarse. Gente en la casa toda la noche. Y como anteanoche, incluso a la una de la madrugada, ahí había gente adentro, alrededor de la casa, alrededor de las ventanas y cada… Así que entonces ella estaba muy nerviosa, y me dijo algo ásperamente que no debió haber dicho. ¿Ven? Ella dijo: “Entonces, Bill, tú siempre estas viajando, y yo tengo que cuidar a los niños sola”. Ella dijo: “Tú nunca estás aquí. No podemos tomar nuestras decisiones juntos. O tú estás fuera, viajando…” Y ella comenzó a llorar, entró y cerró la puerta.
133En ese momento yo dije: “¡Oh, pobrecita!” Dije: “Vaya, yo debería…” Y salí.
134Y Él dijo: “Lee Segunda de crónicas 22”. Fue cuando María reprendió a Moisés por casarse con una muchacha etíope; hubiera sido mejor que su padre hubiera escupido en su rostro, que hacer eso.
135Y yo—yo volví a entrar, dije: “Querida, tú dijiste la cosa incorrecta”. Y ella estaba llorando. Yo dije: “Tú dijiste la cosa incorrecta, cariño. Dios va hacer que pagues por eso. Tú no debiste hacer eso. Yo mismo estoy muy nervioso. Tú no debiste haber dicho eso”.
136Y ella dijo: “Bueno, Bill, es que yo—yo me pongo tan nerviosa”. Y yo simplemente me di la vuelta y me fui, porque sabía que ella no estaba en condiciones de aceptarlo, así que retiré.
137Y el examen siguiente, como un mes después de eso, mostró el tumor.
138El año pasado, ahí vino eso nuevamente. Cuando ella intentó de nuevo, ahora estaba del tamaño de una naranja. El médico dijo: “No la haga esperar más. Hay que operarla. Ése es un tumor que crece rápido, es maligno. Si se sale de ese ovario y se implanta en el costado, ¿qué va hacer Ud.? Yo dije: “Doctor, nosotros tenemos fe en Dios”.
139Yo nunca le comenté eso a la iglesia, ni nada, simplemente lo dejé pasar. Empezamos a orar, y yo dije: “Señor Dios, ayúdanos por favor. Te ruego que nos ayudes”, y así de esa manera. El tumor crecía cada vez más.
140Entonces, cuando salimos para ir a Tucson, nuestro médico en casa le envió un recado a un médico amigo de él allá, dijo: “Si… Ud. debe sacarle ese tumor a la Sra. Branham de inmediato”. Dijo: “Si no lo hace, va volverse maligno”. Le dijo, dijo: “El tumor ya ha crecido, en el lapso de un año, del tamaño de una nuez al tamaño de más o menos una toronja”, se había puesto tan grande. Allí estaba, sobresaliéndole en el costado de ella, de esa manera. Y el otro día…
141Ella—ella pospuesto ir; yo dije: “Trata…” Nosotros oramos, lloramos, suplicamos, de todo, y nada sucedía. Entonces ella iba, tenía que el último… veamos, ayer. Sí, ella fue ayer donde el médico para el examen final. Yo dije: “Bueno, no quisiera hacerlo, pero es probable que tengamos que ceder. Y entonces, cariño, tú—tú tendrás que—que ceder, tener la… hacer que te lo extraigan, porque se está poniendo tan grande, nuestra fe no es suficiente”.
142Entonces, anteayer, antes de yo salir, sabiendo… ella dijo: “No me llames sino hasta que tengas el servicio para el Hermano Jack esa noche, entonces dime qué clase de reunión tuvieron, y cómo está la gente allá en Shreveport. Entonces”, dijo: “Yo te diré lo que dijo el médico”. Yo dije: “De acuerdo, cariño”. Y colgué.
143Ayer, anteayer, cuando iba saliendo de allá, en casa, entré y… Siempre que salimos, todos los niños y todos nosotros nos reunimos y nos arrodillamos allí en el cuarto, y oramos. Y el Señor, le decimos al Señor… Cuando voy a salir para el extranjero, yo digo: “Señor Jesús, cuida de mi familia”. Y ellos oran por mí, que Dios me ayude, y que podamos encontrarnos nuevamente. Entonces todos los niños empiezan a llorar y demás, Uds. saben, porque, Uds. saben cómo es.
144¿Dicen que el presidente Kennedy fue abaleado? Yo he tenido que ser guardado muchas veces de ser abaleado con un arma de mira infrarroja, y tal vez a una distancia de trescientas o cuatrocientas yardas, de noche. Ellos pueden ver igual como si fuera de día, a través de esa mira de localización en la noche. Y he estado en países católicos donde radicales y todo lo demás, allá en México donde ellos mandaron a decir allá atrás, y enviaron un comunicado, mensajes por telegrama escritos por todo lugar: “Esta noche te mataremos”, y así por el estilo, de esa manera, entrando y saliendo, y buscándome. Y quizás algún día me maten. Eso está bien. Pero yo tengo Algo que cuidará de mí cuando llegue ese momento. ¿Ven?
145Y entonces cuando me preparaba para salir otra vez, estando solo, el otro día, me arrodillé, anteayer, y me arrodillé en el cuarto. Y miré alrededor. Hacía dos días que estaba allí, solitario, nadie allí en la casa. Y dije: “Padre Celestial, yo—yo ruego que Tú tengas misericordia ahora, y me ayudes. Voy a ir a Shreveport para hacer todo lo que pueda para ayudar Tu Reino”. Dije: “¡Cuántas veces mi esposa y yo nos hemos arrodillado aquí en el cuarto de esta manera! Nosotros oramos. Y hoy estoy muy nostálgico por ella”. Y dije: “Mañana ella va, y quizás yo no podré terminar mis reuniones, ya que ella tal vez será llevada al hospital, por causa de este enorme tumor que te hemos pedido que lo quites. Ha crecido cada vez más, a tal grado que ahora debe ser extraído”. Y dije: “Yo—yo te he implorado”.
146Y dije: “Señor, si ella dijo algo indebido, cuando ella… cuando allí, yo estaba nervioso. Si ella dijo algo indebido”, dije: “Señor, sólo piensa, ella en ninguna ocasión, ni una sola vez ha dicho algo por yo ir a Tus reuniones”. Yo dije: “Tú… Ella siempre ha tenido mi ropa limpia y preparada; y me toma de la mano, y llora, ora y dice: ‘¡Si yo tan sólo pudiera hacer algo para ayudar al Señor!’” Y dije: “Señor, mira su condición. Y no—no lo hagas. No, por favor no, Señor”. Y yo—yo dije: “Dios, ayúdala, te ruego que tengas misericordia de ella. Y si ella tiene que pasar por esa operación, ayúdala a pasar por eso, Señor. Y yo la perdiese ahora, yo no sé lo que haría. Yo—yo soy un anciano. ¿Qué podría yo hacer para criar a esos niñitos? Ten misericordia de ella, Señor. Tú sabes cuánto la amo”. Y dije: “Yo— yo sólo te ruego que la ayudes”.
147Y mientras oraba, oí Algo decir: “Ponte de pie”. Y yo simplemente seguí orando, porque yo—yo—yo pensé que quizás me lo había imaginado. Y mientras seguí orando, Algo dijo: “Ponte de pie”. Y dejé de orar, y miré hacia arriba. Y el cuadro de Cristo, el que…
148A mí nunca me gustó mucho el cuadro de Sallman. A mí—a mí me gusta el cuadro de Hofmann: El Rostro de Cristo A La Edad De Treinta y tres, Uds. saben. Y yo tengo un cuadro de eso, porque cuando yo lo vi a Él en la visión en aquella ocasión, era exactamente así que Él se veía. Y allí estaba, yo lo coloqué de manera que él estuviera mirándome directamente cuando yo estuviera orando, en este cuadro.
149Y yo miré hacia arriba, y miré el cuadro. Y miré para todos lados. Pensé: “¿Qué fue eso, ‘Ponte de pie?’” Yo pensé: “Bueno, me pondré de pie”. Y me puse de pie.
150Exactamente esa misma Voz que habló allá en la colina aquella noche, Aquel mismo que siempre viene. Yo dije: “Señor Dios, ¿fuiste Tú hablándole a Tu siervo?”
151Él dijo: “Sólo di la palabra, y no habrá más tumor”.
152Me quedé parado allí un ratito, para recobrar mi compostura. Muchos de Uds. aquí saben, y la gente del tabernáculo sabe lo que era… que ella tenía eso. Yo dije: “Entonces yo digo, en el nombre del Señor Jesucristo, que ese tumor la deje”. Había estado molestándola tanto, que ella había estado en cama por tres o cuatro días, por causa de eso. Yo dije: “Ellos ni siquiera encontrarán rastro de eso. Pues el Señor mi Dios, que es Creador, que puede detener vientos y tormentas, y puede reprender los mares, y producir eso, Él es el Creador de los cielos y la tierra. Y yo le amo y creo en Él, y yo creo que esta hora ya está acercándose cuando estas cosas han de acontecer. Y Tú, que pudiste crear una ardilla y traerla a existencia, podrías quitar a un enemigo de la existencia”. Yo dije: “Cuando el diablo se envolvió en la tormenta… Los vientos son creación de Dios. El agua es creación de Dios. Pero el diablo entró allí, eso fue lo que lo hizo, y causó un—un espasmo en el mar, de esa manera”. Yo dije: “Tú pudiste calmarlo. Y Tú que pudiste calmar eso, puedes quitar el tumor de mi esposa. Y yo digo que eso ha sido hecho ahora mismo, nunca más será encontrado. Está concluido”.
153Yo salí de allí con seguridad, le conté a mi hijo y a mi nuera. Nos vinimos. Y anoche yo vine aquí rápidamente para tener la reunión, y me regresé, la llamé. Y ella aún no sabía nada al respecto. Yo no le conté.
154Y cuando ella llamó, ella estaba muy contenta. Ella dijo: “Billy, tengo algo que decirte, cariño”. Ella dijo: “No quedó ni un solo rastro de ese tumor en ninguna parte. El médico dijo que no pudo encontrar absolutamente nada”. Ella dijo: “¡Yo me alegré tanto! Y la Sra. Norman y muchas de las hermanas aquí, dos o tres de ellas, estaban conmigo aquí en el cuarto”. Ella dijo: “El médico dijo: ‘¡Y Ud. quiere decir! Yo no puedo entender. Hace un mes, había un tumor allí del tamaño de una toronja’. Y dijo: Sra. Branham, tenga la confianza de que ya no hay ni un solo rastro de tumor en Ud.”
155¡Es el Señor nuestro Dios! ¿Un día de acción de gracias? ¡Oh, gracias a Dios por el don de Jesucristo, ese Don supremo que es el mismo ayer, hoy, y por los siglos! Eso es verdad. Yo no creo en tomar juramentos por los cielos o por la tierra, o nada más. Pero con la Biblia sobre mi corazón, y Dios a Quien amo, sabe que cada palabra de eso es solemnemente la verdad. ¡Día de acción de gracias! Yo pensé que mañana tendría, o en los próximos días, yo tendría que incluso dejar la reunión, para ir. Ni siquiera pude prometerle a la gente que estaría de regreso en el tiempo de navidad, en casa, para mis hijos, para traerlos de regreso a casa nuevamente para la navidad, temblando en lo profundo de mi corazón, que una operación le esperaba a mi esposa, con un tumor del tamaño de una toronja. Y allí estaba.
156Y la propia Palabra de dios, que dijo: “Di lo que quieras y así será”.
157Y yo dije: “El tumor ha desaparecido. Ellos nunca más lo encontrarán”.
158Y hoy día desapareció. El mejor cirujano y los mejores médicos que había en este equipo en Tucson, Arizona; cuando hace unos días había un gran…un enorme tumor así. Y el mismo médico no pudo encontrar ningún rastro de eso en lo absoluto, y escribió una declaración de voluntad propia así, que: “La Sra. Branham no tiene ninguna señal de tumor, en ningún lugar en lo absoluto”.
159¡Oh, acciones de gracias a Dios! Este es un día de acción de gracias para mí. Al saber, por encima de eso, que algún día aquella carita con que me casé allá, gloria a Dios, algún día estas marcas de muerte, de vejez, desaparecerán, y estaremos allá en la semejanza de la juventud, y para nunca más envejecer. Y el don de Dios, a través de Jesucristo, del Espíritu Santo que ahora hemos recibido, es lo que nos da esto, esta ancla.
160Y vean eso hoy, amigos. Se habla de un pueblo agradecido. Nosotros deberíamos ser el pueblo más agradecido de todos en el mundo. Además de la sanidad, además de estas cosas que están aconteciendo, ¿qué es eso? Es una seguridad absoluta que el mismo Dios, por la misma naturaleza, la misma Columna de Fuego, el mismo Ángel de Dios, el mismo Jesús de ayer, de hoy y por los siglos, está haciendo las mismas cosas, por el mismo Poder, a través del mismo Nombre. ¡Qué ancla del alma, firme y segura! Que el Señor Dios del Cielo los bendiga ricamente, a cada uno. Inclinemos nuestros rostros.
161Señor, yo estoy tan agradecido, Señor, yo—yo no sé qué decir. Sencillamente no puedo expresarlo. Cuando ese himno fue cantado hace un rato, y esas personas cantando esa canción, mi corazón saltó de alegría. Y ahora, Padre Celestial, Tú sabes que estas cosas son verdad. Tú sabes, de lo profundo de mi corazón, que es la verdad. Yo no tengo motivo, Señor, para decirles nada sino lo que es correcto. Y te ruego, Dios, que hoy… pueda mi corazón sentir al ver a todos estos hermanos cristianos y hermanas aquí, que son mis hermanos y hermanas en los lazos de Cristo, se regocijen conmigo, con acción de gracias, por mi pequeña compañera [Espacio en blanco en la cinta.— Ed.] librada. [Espacio en blanco en la cinta.—Ed.]… la tierra alaba a Dios. ¡Que la naturaleza alabe a Dios! Que todo lo que respire alabe a Dios y sea agradecido por este gran tiempo que tenemos.
162Amado Padre celestial, veo que hay un muchachito sentado aquí en una silla de ruedas. Hay otros aquí que están enfermos y necesitados. Y así como Tú eres el Dios de salvación para nuestras almas, Tú eres el Dios que sana todas nuestras dolencias y aflicciones. Y Tú todavía eres… con estos testimonios, apenas uno o dos, cuando llegan a ser millares, los cuales Tu siervo te ha visto obrar y hacer, sin una sola mancha en ello, en ninguna parte. Y nosotros sabemos que Tú todavía eres Jehová Jireh, y Tú ya has provisto el Sacrificio por la sanidad. El mismo Dios que quitó el tumor del costado de mi esposa, Tú eres el mismo Dios aquí en Shreveport como lo eres en Tucson; y sin embargo yo estaba a millas, a dos mil millas de ella en ese momento. Yo te ruego Dios, que Tu santa Presencia llene este tabernáculo hoy, con Poder de sanidad que sane a toda persona enferma que está aquí, para que estas bendiciones de acción de gracias continúen sonando, de punta a punta, por todo el país, Señor, de que Tú eres el mismo de ayer, de hoy, y por los siglos. Concédelo Dios Eterno.
163Ahora, mientras Uds. están aquí, pongan sus manos los unos sobre los otros y oren. Conéctense por medio de una unidad de fe en la Presencia de Dios, y recuerden que cada uno de Uds. es privilegiado. Dios juzgará, ya sea que les haya dicho la verdad o no. ¿Ha fallado eso alguna vez? ¿Alguna vez les he dicho algo que no haya sucedido?
164Como dijo Samuel en aquella oportunidad cuando iban a hacer rey a Saúl. Él dijo: “¿Alguna vez les he dicho algo que no haya acontecido? ¿Alguna vez les he pedido dinero para mi comida?” “No Samuel, pero de todas maneras queremos un rey. De todas maneras queremos nuestro rey terrenal”. Y Samuel sabía que Dios era el Rey de ellos.
165Déjenme decirles en esta mañana, amigos, yo les soy testigo: ¿Alguna vez han visto el don de Dios fallar una sola vez, sobre lo cual leímos esta mañana? No señor. Es Jesucristo, no puede fallar. La ciencia lo ha demostrado. La iglesia lo sabe. Y Él está aquí ahora mismo, en este mismo momento. Él está aquí. Y lo único que falta es que su fe tome esa Palabra y se la unja a Ud. mismo, y Él le sanará.
166Y con sus manos los unos sobre los otros, clamen a Dios de todo corazón, y digan: “Señor Dios, creador de cielos y tierra, Tú que puedes detener la tormenta, hace dos mil años, Tú lo hiciste y lo haces nuevamente en este mismo momento. Y Tú detienes mi enfermedad. Tú me sanas. Y yo estoy agradecido en mi corazón por Ti, el Dios Todopoderoso”.