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~ DESESPERACIONES ~
1Permanezcamos de pie ahora mientras inclinamos nuestros rostros. Señor Jesús, simplemente estamos creyendo ahora. Tú nos has dicho que simplemente creamos, y ahora creemos. Y te damos las gracias y la gloria por lo que ya hemos oído y visto, lo cual ancla nuestra fe. ¡Cuánto te agradecemos por una oportunidad más de venir a ministrar a aquéllos que están necesitados! Ahora te ruego, Dios, que suplas nuestras necesidades en esta noche, de acuerdo a Tu promesa. Te lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
2Estamos muy contentos en esta noche por este privilegio de regresar otra vez al tabernáculo, para—para… con el Evangelio del Señor Jesús resucitado. Y llegué un poquito tarde. Acabo de atender un caso especial que llegó de emergencia desde Michigan. Y el Señor hizo algo maravilloso para ella en ese momento. ¡Oh, cómo es que Él conoce todas las cosas y las expone tan…! No hay necesidad de decirle, Él sabe; sabe exactamente lo que es. Así que estamos muy agradecidos. Esas personas condujeron todo el día para llegar hasta aquí; y por lo tanto, estamos muy agradecidos por eso. Ahora, no olviden los… ¿Está grabando la cinta? [El Hermano Neville dice: “Para eso es el interruptor de luz allí”.—Ed.] ¡Oh! El interruptor de luz. Ya veo. No olviden los—los servicios esta semana entrante, el miércoles en la noche, y el próximo domingo en la mañana, y el domingo en la noche. Si se encuentran por allí, en la vecindad, estoy seguro que a ellos les daría mucho gusto recibirlos aquí. Y miren, oren por mí, mientras sigo el camino a otras partes, y espero volver pronto.
3Quiero agradecerles a todos por su amabilidad y por los recuerdos de lo que Uds. han hecho conmigo. Y un hermano acaba de enviarme un traje nuevo, desde una pequeña iglesia en Georgia. Y—y esas personas… simplemente es maravilloso. También quiero agradecer a esas personas de Kentucky, con las que estuve la semana pasada en las vacaciones: Y por todo lo que el Señor hizo allá por nosotros, vimos Su mano tan poderosa, en lo que Él hizo.
4Miren, confiamos que los volveremos a ver muy pronto, tan pronto yo pase por acá, camino a Nueva York para la reunión. Será en la Iglesia Stone con el hermano Vick, comenzando creo que el doce de noviembre. Y pasaremos por aquí unos días antes de esa fecha. Luego volveremos a pasar, camino a—a Shreveport, Louisiana, con el hermano Jack Moore. Será para el Día de Acción de Gracias, la semana del Día de Acción de Gracias; para estar allí en Shreveport. Creo que está en la cartelera, allá atrás en los anuncios.
5Y luego esperamos estar con algunos de los amigos sureños después de Navidad. Y estaremos en Phoenix en enero. Y esperamos también la llamada del exterior, para poder preparar las reuniones en el extranjero. Están trabajando ahora en eso, en este último mes (el hermano Borders está comunicándose con ellos), para dar inicio a una gira mundial completa tan pronto como la podamos tener lista, pero tenemos que esperar ciertas condiciones.
6Las multitudes son tan tremendas allá, que no podemos acomodarlas en edificios; tenemos que tenerlas al aire libre. Y a veces ellos vienen, pues los números son casi increíbles, a veces hasta quinientas mil personas. Eso es medio millón de personas en una sola reunión; no el total de los que han asistido durante cierto número de días, sino en una sola reunión. Uds. saben, por lo general los evangelistas cuentan la gente dando el total de los que han asistido durante seis semanas. ¿Ven? Pero nosotros—nosotros contamos sólo los que asistieron allí ese día, esa sola vez. Y entonces muchas veces no hay lugar para sentarlos, Uds. saben, sencillamente hay que acomodarlos así al aire libre. Y tenemos que escoger las estaciones cuando no esté lloviendo y cayendo a cántaros. Y esa pobre gente sentada al aire libre… He visto a mujeres sentadas allá afuera con agua escurriendo de su cabello, personas bien vestidas, y simplemente—simplemente permanecer bajo esa lluvia todo el día. Sencillamente permanecer allí, y con el agua cayendo a cántaros, y tronando y relampagueando, y las tormentas soplar, y ellos mecerse recostados allí unos contra los otros de esa manera, sentados allí, esperando hasta que uno venga a orar por ellos. ¿Ven? Ahora, Uds. saben que Dios honra una fe como ésa; Él la honra.
7Uno tiene que hacer algo que Dios pueda honrar. ¿Ven? Hay que demostrárselo. La gente que consigue todo tan fácil, ellos por lo general no… Ellos—ellos no se esfuerzan por eso, ¿ven Uds.? Hay que… El don es gratuito, es cierto, pero Ud.—Ud. tiene que…
8Pareciera ser que, Uds. saben, es como dicen: “Si Ud. nació con la cuchara de plata en la boca”, Uds. han escuchado eso, “que no se aprecia”. No obstante, cuando hay que hacer un esfuerzo, uno le aprecia el valor.
9Ahora Uds. con las cintas allá adentro, preferiría que—que… pienso ahora que yo… Esta mañana, el mensaje de esta mañana fue, para mí, el Mensaje más sobresaliente de todo mi ministerio; el de esta mañana (¿ven?), el Mensaje más sobresaliente de todo mi ministerio. Algún día les contaré cómo llegó. Y sé que todo ha venido obrando por meses y meses y meses, hasta llegar a ese solo Mensaje, escalando hacia ese punto. Ése fue el tiempo culminante para eso, ¿ven Uds.? Y es un…
10Miren, estoy seguro, o confío, que captaron lo que significa la Señal. ¿Ven? La Señal es la muestra que la Sangre ha sido aplicada; que, el precio pedido, requerido de Dios, Jesús pagó ese precio al derramar Su Propia Sangre. Él hizo eso. Luego, de Su Vida vino el Espíritu Santo. Y cuando la Sangre es aplicada a Ud., el Espíritu Santo es una Señal de que el precio por Ud. ha sido pagado; Dios lo ha recibido a Ud., y ésa es la Señal. Recuérdenlo, ésa es la Señal. Ahora, hay mucha gente que no, ellos—ellos no saben lo que es esa Señal, ¿ven? Y hay que predicarlo como si nadie lo supiera (¿ven?), para que de esa manera todos lo entiendan.
11Es igual como predicar la salvación, tenemos que predicar la salvación de tal manera que todos, como si fuese para todos, lo cual sabemos que no lo es. Tenemos que predicar la sanidad Divina como si fuese para todos, sin embargo sabemos que no lo es. ¿Ven? Jesús vino para salvar aquellos que estaban en el Libro de la Redención desde antes de la fundación del mundo. Él únicamente vino a salvar a ésos. ¿Quiénes son? Yo no lo sé. ¿Ven? Pero Uds.… Nadie podría tener fe si no predicamos que es para cualquiera; y lo es, nadie puede venir a menos que Dios le haya llamado. Esa es la verdad. Por lo tanto, hay muchas personas que no serán salvas. Sabemos eso. Ellos, bueno, Dios sabía eso desde antes que comenzara el mundo, que ellos no serían salvos.
12Hay muchos que no serán sanados (¿ven?), muchos no serán sanados. Sencillamente no pueden, no lo pueden captar. Ellos no saben lo que es. Muchos sí lo serán. Sin embargo, nosotros lo predicamos para todos, por cuanto no sabemos quién sea esa persona; simplemente no sabemos. Es para cualquiera, sin embargo, algunas personas no pueden captar esa fe.
13Miren, es igual con esta Señal. La Señal, hemos hablado de la Señal todo el tiempo, pero ahora es la manifestación de la Señal. ¿Ven?
14Ahora, en ocasiones nosotros lo hemos permitido. Los luteranos permitieron: “Aceptando la Palabra; aceptando a Cristo como Salvador personal”. Los metodistas dijeron: “Cuando estén tan gozosos que griten; eso es”. Los pentecostales dicen: “Hable en lenguas y entonces lo tiene”. Y nos damos cuenta que todo eso estaba errado. ¿Ven? La Señal es la Ficha. Es Ud. y Cristo como personas juntas. ¿Ven? Es el Espíritu Santo, la Vida de Él en Ud., obrando Su—Su Propia Vida a través de Ud. Y es tanto para el rico como para el pobre, o cualquiera que La reciba. Ahora recuerden, la Señal es lo que Ud…
15Ud. va a la compañía de ferrocarril y compra su pasaje. Hay un precio, un costo. Digamos que cuesta cincuenta centavos para viajar en esta—esta línea de autobús, o del tren; de aquí a—a Charlestown, Indiana, cuesta cincuenta centavos. Pues, bien, la compañía reparte fichas para que… ¿Ven? Miren, lo que hace, Ud. va y alguien le compra el pasaje, cincuenta centavos. Ellos le dan una ficha que le otorga el derecho de abordar ese tren hasta su destino, adonde sea que vaya ese tren. ¿Ven? Eso le da a Ud.… Ésa es una ficha.
16Ahora, en este caso, la sangre era la ficha. Literalmente, ella tenía que ser aplicada, porque la química era lo único que ellos tenían, pues era la sangre de un cordero, un animal; la sangre de un cordero. Entonces la vida que estaba en la sangre, esa vida había salido, por tanto, la sangre había sido derramada. ¿Lo ven? La vida había salido, pero no podía regresar sobre el creyente porque era de un animal. Pero eso sólo hablaba de una buena conciencia, de que vendría un Ser, un Sacrificio perfecto. Y para que fuese un Ser perfecto, el Juez en plenitud, el Dios del Cielo vino a ser el Sacrificio; Juez, Jurado y Abogado. ¿Ven? Él vino a ser el Sacrificio. Y entonces cuando Su Vida salió, lo cual era Dios… Y allí viene la palabra: “Les daré Vida Eterna”. Ahora, en el griego… Sé que estoy hablándoles a eruditos, veo a dos o tres. ¿Ven? Y yo… Y la palabra allí en el griego, es Zoe; Z-o-e, en el griego, que significa: “La Propia Vida de Dios”. “Y le daré Zoe, Mi Propia Vida”. Cristo y Dios eran Uno.
17Entonces, la Vida que estaba en Cristo es el Espíritu Santo (no la tercera Persona sino la misma Persona), en la forma del Espíritu Santo, viniendo sobre Ud. como una Señal, de que su vida y su pasaje están pagos; Ud. ha sido aceptado. Hasta que no llegue esa Señal, a Ud. no le es permitido viajar por esa autopista, no le es permitido subir al… en la—la compañía de autobús; a Ud. no le es permitido abordar hasta no poder presentar esta ficha, y esa ficha es su pasaje. Y miren, Eso muestra que la Sangre ha sido derramada y aplicada a Ud.; el precio le ha sido aplicado y Ud. tiene la Señal de que la Sangre le ha sido aplicada y Ud. ha sido aceptado. ¿Lo captan ahora? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]¡Oh, vaya! ¡Oh!
18Ahora fíjense, no hay una cierta evidencia. ¿Ven? Uds. dicen: “Hermano Branham”, lo capté de sus mentes, (¿ven?), “¿cómo sabré?”. Mire, ¿qué era Ud., y qué es ahora? Allí está como lo sabe. ¿Ven? ¿Qué era Ud. antes que esta Señal fuese aplicada? ¿Qué es Ud. después que ha sido aplicada? ¿Cuáles eran sus deseos antes, y cuáles son sus deseos después? Ud. entonces sabrá si la Señal ha sido aplicada o no. Y estas otras cosas automáticamente van con Eso. ¿Ven?
19No—no es como hablar al respecto, y decir: “Las lenguas son la evidencia”. Miren, yo llevo… yo compro un par de zapatos, la lengüeta no es el zapato; ella sólo viene con el zapato, ¿ven? Ella sólo viene con el zapato, ¿ven? Ahora, es igual con la Señal. La Señal es Cristo. Pero hablar en lenguas, y echar fuera demonios, y hacer esas cosas, y predicar, y lo que sea, es la evidencia, Eso está allí, es cierto, pero eso—eso no lo es. Vean, es un don de Eso. Si yo les dijera que…
20Ud. me dice: “Yo—yo lo quiero a Ud., hermano Branham”, y yo le doy a Ud. un regalo, ¿ven? Pues, ése no soy yo, sino mi regalo. Y las lenguas son un don del Espíritu Santo, no el Espíritu Santo mismo; sino un don del Espíritu Santo.
21Y el diablo puede personificar cualquiera de esas cosas, pero él no puede ser el Espíritu Santo. ¿Ven? Él puede personificar estos dones, pero él no puede ser el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo es la Señal de que la Sangre ha sido aplicada, por cuanto sigue a la Sangre desde allá del Libro de la Redención. ¿Lo ven? Ése fue el propósito de Él venir. Eso es lo que Él siguió en cada edad. En cada edad Él ha seguido eso, para asegurarse que fuese manifestado y que ellos no fuesen perfeccionados sin nosotros. Y ahora el Espíritu Santo entero visita a la Iglesia, manifestando a Dios en carne humana; igual como hizo antes de Sodoma, la quema allí, lo cual fue un tipo. Entonces con Abraham, Él se le apareció.
22Y todas las cosas que Él no ha hecho a través de las edades, en las edades de la Iglesia, Él las está haciendo ahora. Regresando a la Palabra, porque mensaje tras mensaje tras mensaje, tiene que terminar en la Palabra completa. Y en los postreros días, los Siete Sellos siendo abiertos, eran para atar todo cabo que había quedado suelto allí, y así juntar todo esto en un solo Cuerpo grande de la Novia; por lo cual, aquellos que vivieron allá atrás no fueron perfeccionados hasta que esta Iglesia no sea perfeccionada (este grupo Novia de los últimos días), para así traerlos a ellos y juntamente sean todos levantados. ¿Ven?
23La Señal, Jesucristo, el Espíritu Santo, está en medio nuestro. Debemos reverenciar eso. Nosotros—nosotros—nosotros—nosotros no podríamos humillarnos lo suficiente. Quitarse los zapatos o arrodillarse, no lo haría; no sería—no sería suficiente para satisfacer eso, no sería suficiente de parte nuestra, ¡solamente lo haría una vida que produce el fruto del Espíritu!
24Ahora, ¿cuál es el fruto del Espíritu? ¿Ven? Amor, gozo, paz.
25¿Recuerdan lo de esta mañana? La preparación: envió al mensajero con el Mensaje. Lo siguiente que Él hizo después de enviar al mensajero con el Mensaje, Él envió la Columna de Fuego como vindicación. Lo siguiente fue, después de eso, fue una constela-… o una consolación. ¿Ven? Uno sabía que era correcto, porque le trajo paz. Tenemos paz para con Dios, por medio del Señor Jesucristo. ¿Ven?
26Ahora, en esta noche vamos a orar por los enfermos, y creo que tendrán la Santa Cena. ¿Van—van a tener bautismos, servicio bautismal? [El hermano Neville responde: “No”.—Ed.] Sólo la Cena, la Santa Cena. Y queremos que se queden para la Santa Cena.
27Y dentro—dentro de treinta y cinco o cuarenta minutos queremos haber terminado y estar listos para la Santa Cena. Y ahora, mañana es el día del Trabajador, entonces podrán descansar. Ahora, dije que ésas eran nuestras intenciones, ¿ven? No sabemos a qué hora. Quiero estar seguro y aclarar eso.
28Ahora, esta mañana les dije que como no permanezco con Uds., yo— yo pienso que tuvimos otro Mensaje de dos o tres horas esta mañana. Pero— pero yo—yo apenas comenzaba, y pensé continuarlo en esta noche, pero eso simplemente fue demasiado tremendo. No sé si la gente lo haya captado o no. Espero que lo capten, por todas partes. Espero que hayan hecho unas buenas cintas de eso, para que esto corra; para que sea conocido, que yo creo, con todo el Mensaje que he traído, que éste ha sido absolutamente ordenado por Dios, excluyendo los… por supuesto, la comisión normal, como los Siete Sellos y lo demás, eso fue directamente la Palabra de Dios. Refiriéndome a un Mensaje para predicar, yo creo que ése lo fue (¿ven?); que—que ése era el necesario para que siguiera esos Siete Sellos.
29Ahora fíjense en lo que ha salido después de los Siete Sellos: la unión de la gente, señales de unión; la destellante luz roja en los últimos días, la señal de las mujeres siendo más bonitas, y los hombres, lo que ellos harían. Todas éstas, señales del Espíritu Santo apuntando a algo, luego volvemos aquí mismo para la coronación de todos esos Mensajes desde los Siete Sellos. Es coronado en este asunto en particular, la Señal; de que nosotros estemos bien (¿ven?), sólo para examinarnos y ver si estamos en la Fe.
30Ahora, el Señor les bendiga. Y miren, antes de—antes que abramos la Biblia, para orar por los enfermos… Preguntamos esta mañana: ¿Por cuántos se oró el domingo pasado en la noche, que—que—que fueron sanados, que recibieron la sanidad durante la semana? Y prácticamente todos aquí levantaron la mano, los cuales estuvieron en la reunión el domingo pasado en la noche. Ahora, eso es algo, Uds. entienden. Es algo que, es… estoy captando esto para mí mismo.
31Hubo un niño, me acaban de contar, que vino de Chicago, una Sra.… Es esa señora, Pecklinpaugh, Peck-… La Sra. Peckinpaugh de—de… Ella es una hermana Cristiana muy fina. Y ella trajo a alguien, a-a un muchacho (según tengo entendido, a un niño o algo), que—que los—ni los médicos sabían lo que tenía. Sus pulmones estaban tan mal, o alguna cosa, que—que ellos no podían… no podían matricularlo en la escuela o algo. Él estaba muy, muy grave. Y dijeron que el Espíritu Santo, inmediatamente después del Mensaje, le habló a ese niño, y lo llamó, le dijo sus enfermedades y todo eso, y declaró su sanidad. Y esta semana él fue (la madre o los padres o el que haya sido), lo llevaron nuevamente al médico, y éste dijo que tenía un par de pulmones nuevos (¿ven?), un par de pulmones nuevos. Y según tengo entendido, que los-los padres o alguien hizo una llamada de larga distancia, de alguna manera, para hacerlo saber a la congregación. ¿Ven? Ahora, Dios, el Creador, puede crear un par de pulmones.
32Yo—yo sinceramente creo que estamos al—al borde de una de las cosas más poderosas que jamás haya impactado la Tierra desde los días del Señor Jesús. ¿Ven? ¿Ven? Pero ahora solamente podemos ser conocidos a medida que… será algo tan humilde. ¿Ven? Vean, lo que el hombre llama poderoso, Dios lo llama “abominación”. Pero lo que el hombre llama necedad, Dios lo llama “poderoso”. ¿Ven? Entonces vigilen eso (¿ven?), será tan humilde que a Uds. no se les pasará… que se les pasará si no tienen la Señal allí para examinarlo, ¿lo ven? ¿Ven?
33¿Quién hubiera pensado que los montes saltaron como carneritos, y las hojas aplaudieron, cuando un profeta salió del desierto; lo cual fue hablado por Isaías mil doscientos… o setecientos doce años antes? Con su rostro todo barbado, y un pedazo de piel de oveja, sin ni siquiera un púlpito en donde predicar, excomulgado de todas las iglesias, y parado en las riberas del Jordán, gritando: “¡Arrepentíos!”. Y llamó a la gente un montón de “víboras”, serpientes. Pero eso era lo que Dios había dicho, que cuando Él viniera, “los montes saltarían como carneritos”. ¿Ven? Los humildes lo vieron y se gozaron.
34¿Cómo podrían entender ellos que un… ese gran Mesías, que fue profetizado desde el principio del Libro, en el Génesis, que vendría como un Salvador? Todo sacrificio, y los profetas, y todo había apuntado a Él. Y luego cuando Él vino, aparentemente de un nacimiento ilegítimo, con un padre que supuestamente ni se había casado con Su madre. ¿Ven? Y la mujer fue hallada encinta, con el bebé, antes de que ellos siquiera se casaran. Y criarse en ese ambiente, y nacer en un—un pequeño… Pues, en la Biblia dice un establo; pero un establo, en aquellos días, era una cueva atrás—cavada atrás en una pared. Yo conocí un lugar de ésos allá en Arizona en una ocasión, cazando. Había un establo debajo de un cerro de piedras. Y en algo así fue donde nació Jesús, en una hendidura en el cerro como establo, en un pesebre de heno y paja, en un establo de vacas (¿ven?), donde estaba el ganado.
35Y fue criado como ayudante de carpintero, y ¿cómo podía Ése ser el poderoso Jehová? Mas lo era, ¿ven? Lo era. ¿Ven? Era una Persona muy rara. Pero (¡Oh!), siendo sólo un niño, Él dejó asombrados a los sacerdotes porque conocía esa Palabra. ¿Por qué razón? Él era la Palabra. ¿Ven? Él era la Palabra. Él nunca escribió un libro. Él nunca escribió una-Él nunca escribió una sola palabra. La única palabra que Él escribió, me supongo, Él la borró, en la—en la arena, cuando una mujer había sido sorprendida en adulterio. Él nunca escribió una palabra. ¿Por qué? ¡Él era la Palabra! ¿Ven? Él era la Palabra. Él no tenía que escribirla, Su Vida la vivía. Él era la Palabra. Si Él… “Si Yo no hago las obras de Mi Padre, entonces no me crean”. ¿Ven? “Si no hago exactamente lo que la Palabra dice que Yo haría, entonces Yo no soy la Palabra. Pero si…”. Eso es lo que Él quiso decir. Él es la Palabra.
36Entonces prepárense ahora para el—el servicio de sanidad y la Santa Cena que sigue. Nos gustaría que nos acompañen, si pueden. Si no pueden, despediremos de inmediato.
37Y no olviden, oren por mí y oren por mi esposa, la mujer más amorosa en todo el mundo, y—y por mis hijos. Pues los he reclamado, a cada uno, para el Señor Jesús.
38Miren, Becky [Rebeca] está en esa edad de “ricketta”, Uds. saben, y simplemente es una—una “adolescente”, como solíamos llamar eso. Y pues ella está atravesando por esa edad. Pero, miren, ella es una muchacha muy amorosa, le—le doy gracias al Señor por eso; no fuma, no bebe, ni anda de ociosa, nada. Pero simplemente es que atraviesa esa edad, ella—ella es despreocupada. Ella no quiere ir a la iglesia, y si lo hace, se sienta allá atrás y mastica chicle, se levanta y sale. Eso, ¿ven? Yo quiero verla llena del Espíritu Santo.
39Quiero ver a José, quiero que ese muchacho… Creo que algún día cuando yo no pueda caminar más al púlpito, quiero tomar esta Biblia gastada y entregársela, decirle: “José, sigue con Ella, hijo”. Entonces estaré listo para subir. Quiero oír un viento soplar en algún lugar, levantar la mirada, despedirme y partir. Oremos.
40Dios Padre, nuestra vida entera está envuelta en Eso, pues eres Tú, y Tú eres nuestra Vida. Ahora hay algunos aquí, Señor, que—que incluso poseen esa Señal de la cual hablé. Ellos han poseído esa Señal, y sin embargo están enfermos. Y quiero hablar esta noche sobre darles ánimo, para—para animarlos a tomar esos derechos dados por Dios. Ellos tienen el derecho de derrotar a ese diablo. Él ya está derrotado, y solamente los está engañando. Yo los estoy reclamando, Padre.
41Ahora ayúdame a hablar la Palabra. Habla a través de mí, Señor, por medio de estos pocos apuntes que tengo anotados aquí, y las pocas Escrituras que tengo anotadas. Ruego que me ayudes, Señor, y que entres en la Palabra y les des fe a ellos para la gloria de Dios. Lo ruego el Nombre de Jesús. Amén.
42Ahora rápidamente, quiero que abran la Biblia en el Libro de Jeremías, el capítulo 29, si gustan leer; o si no, sólo apúntenlo. Jeremías, el capítulo 29. Y vamos a comenzar con el versículo 10 de Jeremías, el versículo 10 del capítulo 29. También, leeremos de Lucas el capítulo 16, comenzando con el versículo 14.
43Ahora, voy a darles mi tema, mientras están—están—están buscando. Mi tema esta noche es Desesperación. Y yo… Desesperación, y miren, Uds. saben lo que es desesperación. Y ahora vamos a leer de Jeremías el capítulo 29, el versículo 10. Porque así dijo Jehová; Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros… (¿No es dulce eso?)… dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones, y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar ¡De nuevo a Pentecostés! Yo mismo incluí eso. No dice así; quería referirle eso a la Iglesia. Lucas 16, comenzando en el versículo 15, o el versículo 16. La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. “Todos se esfuerzan por entrar en Él”. No se entra allí fácilmente, sino que hay que esforzarse para entrar. ¿Ven? Miren, “Cuando me buscareis de todo vuestro corazón, entonces me hallaréis”.
44Y Él prometió que regresaría y traería a la gente, la cual había esparcido por toda la tierra (después de esos setenta años), de nuevo a Jerusalén de donde habían salido; y Él lo hizo exactamente de esa manera. Es correcto.
45Miren, vamos a hablar sobre—sobre Desesperación por unos momentos. Por lo general se requiere de un estado de emergencia para llevarnos a la desesperación. ¿Ven? Lástima que tiene que ser así, pero los seres humanos son tan perezosos en su mente, que se requiere de una emergencia. Algo surge, y cuando sucede, entonces los—los lleva a esa desesperación. Y en realidad, al hacer eso en la desesperación, saca a relucir realmente lo que Ud. es. Eso muestra de lo que Ud. está hecho, en ese momento de desesperación. Generalmente saca a relucir todas las cosas buenas que hay en uno.
46En la hora de la muerte, he escuchado a personas cuando sabían que morían, las cosas que guardaron en secreto toda la vida, ellos, en desesperación, intentan confesarlas. ¿Ven? Y tratan de… “Toma esto y arreglarlo; ve, por favor; ve y hazlo” (¿ven?), en desesperación. Ellos debieran haber hecho eso mucho antes (¿ven?), no esperar hasta la hora de la emergencia. “¿Harías esto y esto por mí?” La emergencia causa desesperación; cuando debiéramos hacerlo sin tener la emergencia.
47Ahora, hallamos, en esta noche, que estamos tomando los símbolos de la Pascua. Y la Pascua fue tomada en una emergencia, en tiempos de desesperación. Ud. puede ver en—en Éxodo, el capítulo 12 y el versículo 11, del capítulo 12, creo que es, que dice: “Y así habéis de comerlo: ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro báculo en vuestra mano” (¿ven?), uno está comiendo en desesperación.
48Ellos habían visto la gran mano de Dios. Ellos habían visto todos Sus milagros, y luego se habían reunido bajo la muestra de la Señal. Y estando bajo la muestra de la Señal, tomaron la comunión en—en desesperación, porque sabían que en ese tiempo Dios estaba a punto de herir con juicio.
49Y era un tiempo estremecedor. Era un tiempo cuando todo hombre se estaba examinando, porque la Palabra del profeta no había fallado ni una sola vez; había probado ser veraz. Lo que él decía, sucedía exactamente como lo decía. La Columna de Fuego aún estaba allí. Y entonces, el profeta había anunciado que Dios solamente pasaría por alto cuando viera la señal sobre la puerta. Y hubo una desesperación.
50Me imagino que los niños estaban… cuando vieron esas grandes alas negras descender de los cielos, como un humo asentándose sobre la ciudad, los gritos que salían de todas las casas, los niños seguramente se acercaron a sus papás y dijeron: “Papá: ¿estás seguro que estamos bajo la señal?”. Y él podía ir a la puerta, mirar sobre los postes, el dintel, y decir: “Hijo, ¡Eso es de acuerdo a Su Palabra!”. “Recuerda que soy tu hijo mayor. Papá, ¿estás bien seguro?”.
51“¡Yo estoy bien seguro! Esto es de acuerdo a lo que nos ha dicho el profeta, y él tiene la Palabra del Señor. Dijo: ‘Cuando vea la sangre, pasaré de vosotros. Tomen un cordero por casa’. Yo los he reunido a todos Uds., hijos. Tú eres mi hijo mayor, mi primogénito. Ése es el que está muriendo allá afuera; pero allí está la sangre. Eso fue según el ASÍ DICE EL SEÑOR. Así que descansa, hijo mío, descansa tranquilo, porque Dios ha hecho la promesa. ¿Ven?”. “Pues, papá, ¿por qué tienes puestos los zapatos? ¿Por qué tienes el báculo en la mano? ¿Por qué tienes un pedazo de pan en una mano y un cordero en la otra? ¿Para qué esas hierbas amargas y cosas? ¿Por qué las comes? ¿Por qué te corre sudor del rostro?”. “Hijo, la muerte está a punto de caer”. ¿Ven? Fue en un momento de desesperación.
52Miren, yo creo que estamos viviendo en los días en que nosotros… O más bien, los días en que vivimos deberían hacer que la Iglesia entre completamente en desesperación. Yo creo, después del Mensaje esta mañana de parte de Dios, no de mí mismo, yo creo que eso debiera llevar toda esta congregación a la desesperación; de que ya hemos jugado lo suficiente. Hemos asistido a la iglesia lo suficiente. Tenemos que hacer algo.
53¿Cómo es que podemos ver grandes señales y maravillas obradas en otros, y qué de nosotros? Eso debiera provocar un estado de desesperación, en el cual nos definamos, delante de Dios. Las señales de Su Venida debieran traer a toda esta congregación, siendo que lo hemos leído de la Palabra… Y el Espíritu Santo nos ha dicho: “Ve a tal lugar, y tal y tal cosa sucederá”, no diciéndonos lo que sería, pero que sucedería; luego ir allá y verlo suceder de esa manera. Los diarios lo anuncian, las revistas lo publican, muestran la fotografía. Regresamos aquí y vemos aquellos grandes misterios escondidos en la Biblia, abiertos a nosotros, en un campo nuevo del que ni siquiera sabíamos antes, y armoniza perfectamente con la Venida del Señor Jesús.
54Luego, al concluir los Mensajes, ver la acción del gran Espíritu Santo, verle descender visiblemente ante la gente, aun tomarle fotografías. Verle obrando y mostrando que no es el hombre, no es solamente algún predicador, no es una congregación en particular; es el Espíritu Santo mostrando lo mismo que mostró cuando estaba encarnado en el Cuerpo de Jesucristo. Ahora está encarnado en el Cuerpo de Su Novia. Eso debiera llevarnos a la desesperación.
55Esas personas habían visto la mano de Dios. Y esa noche de Santa Cena, ellos la tomaron con… en desesperación, porque sabían que algo estaba por acontecer; y también nosotros sabemos que algo está por acontecer. Y recuerden: La Venida del Señor será una salida repentina y secreta. Él vendrá y se la llevará como ladrón en la noche. Y el sólo pensar que alguien, que repentinamente haya miembros de nuestra familia desaparecidos, ¡y Ud. se ha quedado atrás! Eso debiera llevarnos a la desesperación, que por la gracia de Dios, nosotros no seamos dejados atrás. “Si hay algo que no quiero… No, no me dejes, Señor”.
56Hace unos días estaba escuchando a Mel Johnson entonar ese canto: Acuérdate de mí cuando las lágrimas caigan, sí, Acuérdate de mí cuando no se hallen los amigos; Y cuando cruce este río del Jordán, Cuando estés pasando lista, acuérdate de mí.
57Yo quiero que mi nombre aparezca escrito allá en el Libro de la Vida del Cordero. Quiero que Él se acuerde de mí cuando sea pasada la lista. Esto me lleva a mí a la desesperación, es decir, como dijo Pablo: “No sea que, habiendo predicado el Evangelio a otros, yo mismo venga a ser un—un reprobado, sea un—un desechado”. Podría suceder. Así que eso me lleva a un estado desesperado, de desesperación, al pensarlo, que después de todos estos años de predicar, que yo sería posible que yo… ¿Llegaría yo al lugar donde podría fallarle? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué debo hacer ahora? Y eso me lleva a un estado nervioso. ¿Qué puedo hacer? Eso me lleva a los montes y a los valles. Y es difícil, porque, cuando estoy con la gente, tengo que ser todo para todos los hombres, para quizás ganar algunos para Cristo, sin embargo, con esa Señal siempre delante de mí. ¿Ven?
58Y veo cosas que se aproximan, y uno no lo puede decir a la gente. Uno ve diferentes cosas, y a uno le es prohibido. Esas visiones que ellos piden, muchas veces se arrepentirían si uno se las contara, y uno sabe que no debe hacerlo. Y luego uno entra tan profundamente en las visiones, al punto que todo llega a ser una visión, y eso lo lleva a uno a un estado nervioso. Uno— uno mira y dice: “Pues, ¿estaré en una visión? Como estar aquí, “¿Será esto una visión? ¿Dónde estaré parado realmente?”. ¿Ven? Uno—uno se sobrecarga, se excede uno mismo. Y uno se entera de cosas acerca de la gente que no desearía saber. La gente que desea estas cosas, de poder conocer estas cosas, no se da cuenta del costo de ese tipo de ministerio. Uds. no saben lo que implica. Eso entonces lleva a desesperación: “Señor Dios, sé que tendré que dar cuenta”.
59Jack Moore me dijo en una ocasión: “No me gustaría tener que dar cuenta como tendrá que hacerlo Ud. en el Día del Juicio”. Dijo: “Dios ha puesto estas personas en sus manos, y Ud. tendrá que rendir cuenta por cada una de ellas. Ud. será responsable por su ministerio”. Eso fue hace quince años, o quizá dieciocho. Y desde entonces, he estado en desesperación. ¿Qué haré? “Permíteme decir solamente lo que Tú digas, Señor. Permíteme decirles la Verdad, o no decir nada”. Eso me pone en desesperación.
60Luego ver venir estas señales, viendo al Espíritu Santo llevarnos allá, y traer estos Sellos, y exponerlos de esa manera. Traer las Edades de la Iglesia y exponerlas; y luego descender en una gran Columna de Fuego allá, y—y revelarse Él mismo. Y luego descender en lo que seguía, los Siete Sellos, y revelarlo; incluso publicarlo en los diarios y las revistas. Luego venir y tomar los ángeles de Dios, aquellos siete ángeles con siete Mensajes, y confirmar exactamente lo que dice la Biblia. Entonces durante ese tiempo, venir y traer esos Sellos… esas señales, destellos del tiempo del fin, y traerlo a la gente y decirles lo que significa, y todo al respecto; y el Señor obrando allí mismo, mostrándose Él mismo presente. Y entonces, directo a como lo de esta mañana, venir y requerir esa Señal en toda persona. Ahora, Uds. son mi gente. Uds. son a quienes amo, a éstos y aquellos que están escuchando las cintas, de esa manera. ¿Ven entonces la desesperación a la que eso me lleva?
61Desesperación. Las señales de Su Venida debieran llevar a todo miembro de Cristo a desesperación ahora, por nuestras almas, por nuestro— nuestro—nuestro bienestar en el más allá. Pues, ¿de qué servirá si ganamos el mundo entero? ¿Con qué estamos, con qué fin estamos viviendo? ¿Con qué fin trabaja Ud.? ¿Para qué come? ¿Para qué se esfuerza? Para vivir. ¿Y para qué está viviendo Ud.? Para morir. Y Ud. no está en condición de vivir hasta que esté en condición para morir. Eso es verdad.
62Y nosotros vemos tantos milagros de sanidades que eso debería llevarnos a la desesperación.
63Si ese niñito… ¿Estaré viendo a la Sra. Peckinpaugh? ¿Es Ud. la Sra. Peckinpaugh? ¿Es Ud. la que trajo aquel niño aquí, cierta vez? Pues, aquí mismo está sentada la mujer de la que hablaba. Di un vistazo hacia allá y la vi.
64Ahora, si Dios pudo hacer eso por aquel niño, eso entonces debería llevarles a Uds. a una desesperación.
65Un hombre de New Albany, quizás esté aquí en esta noche. Él es un buen amigo de mi Hermano Roberson. Él trajo un niño aquí. Creo que su esposa tuvo cáncer en una ocasión y fue sanada. Y—y ahora, el niño tiene asma al punto que está en una condición muy grave. El amiguito casi con cáncer en la garganta. ¿Ven? Y entonces él trajo al niño; sí, veo su mano alzada atrás, allá atrás, se oró por él esta mañana, ¿ve Ud.?
66¡Desesperación! Cuando la esposa estaba a punto de morir de cáncer, él sabía que Dios la podía sanar. Y si Dios pudo sanar a la esposa, Dios puede sanar al niño. Y eso lleva a un estado de desesperación. ¿Ven? Ud. tiene que venir; y cuando esté desesperado, entonces Dios va a escucharle. Pero si Ud. es perezoso, y no le importa si Él lo hace o no, pues, eso ya es diferente. Ud. dice que es sincero, pero se requiere desesperación para lograrlo.
67Yo creo que la razón por la cual no tenemos desesperación es por falta de amor, de Dios, del amor de Dios. Yo pienso que el amor de Dios produce desesperación. Si Dios está en Ud., la Señal morando en Ud., y Ud. ve la condición de los tiempos, y la gente ahogándose en pecado como lo están, eso lo llevará a la desesperación. Yo creo que lo hará.
68Ahora la Palabra dice claramente, si desean anotar esto, en Gálatas 5:6, que: “La fe obra por el amor”. ¿Ven? “La fe obra por el amor”. Y la única manera en que Ud. puede tener fe, es al tener el amor primero. Porque, después de todo, la fe es el incentivo del amor. Un incentivo, eso es exactamente lo que—lo que es la fe; es un incentivo para amar. Ahora, Ud., si Ud. no tiene amor, no puede tener fe. ¿Ven?
69¿Cómo puede Ud. tener fe en su esposa si no la ama? Y eso es Filio. Ahora, ¿cómo será en el Ágape, para con Dios? ¿Cómo podrá existir si Ud. no ama a Dios? Si Ud. dice que ama a su esposa y nunca se lo dice, y nunca se sienta y le crea el amor, se lo expresa, la besa, la abraza, y le dice que ella es la mejor cocinera en todo el país, y todo lo que Uds. saben, y cuán bella es, y cuánto Ud. la ama; si Ud. no hace eso, ella nunca lo sabrá. Es así de esa manera. Si en verdad Ud. la ama, se lo expresa.
70De esa manera es que lo hacemos con Dios. Cuando le amamos, se lo decimos. Nos sentamos y le adoramos y le veneramos; y (¿ven?), el amor nos impulsa a eso.
71Miren, ¿qué tal si hay algo que se tenga que hacer por su esposa? Pues, Ud. se desesperaría por hacerlo. ¿Qué si alguien le dice que su esposa tiene cáncer? ¿Qué si alguien le dice que su—su esposa tiene tuberculosis, y está a punto de morir? Con todo, uno, Ud.—Ud. haría lo que fuera. ¿Ven? Eso lo pondría a Ud. en desesperación.
72Y así mismo es con esto. Nosotros debemos tener amor antes de tener fe. Y la fe… Cuando tenemos amor genuino, ¿qué hace? Impulsa nuestra fe al frente de la batalla para Dios. ¿Ven? El verdadero amor piadoso por Dios y por Su Palabra y por Su pueblo, impulsará la fe allá. El amor se aferra de la fe y simplemente: “¡Tú puedes hacerlo, vamos!”. Y sale al frente, porque eso es lo que produce el amor.
73Juan 14:23, Jesús dijo: “El que me ama, Mi Palabra guardará”. Ahora, no se puede guardar Su Palabra sin tener fe en lo que Él dijo. Así que (¿ven?), si él ama a Dios, entonces guardará la Palabra de Dios. Si Él dijo: “Yo soy el Señor que te sana”, él lo cree. El amor hace que él lo crea, porque el amor lo domina todo. “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, entonces no soy nada, ¿ven? Aunque tuviera toda la fe para mover los montes y no tengo amor, no es nada”. El amor lo domina todo, porque Dios es amor, un Dios de amor. Miren, ¡sí, señor! “Si”, dijo Jesús, “Si alguien me ama, Mi Palabra guardará”.
74Sabemos y es verdad que Dios vendrá a un alma desesperada. Ahora, todos sabemos eso. Pero por lo general se necesita algo que nos lleve a eso, a ese desespero, a la desesperación. Se requiere de algo para causar eso.
75Nos damos cuenta, en Santiago 5:15, que la Biblia lo dijo. “La oración ferviente”, lo cual es desesperación, “la oración ferviente del justo puede mucho. Cuando un hombre justo, un hombre bueno, entra en angustia”, o ansiedad del alma, o angustia, cualquiera; yo—yo creo que “ansiedad” es mejor palabra. Angustia o ansiedad, como Ud. quiera decirle. Pero cuando un—un—un alma entra en—en desesperación, en angustia, la oración eficaz de un hombre que puede mostrar la Señal, eso obra algo. ¿Ven?
76Notemos aquí también lo que dice la Biblia, en Santiago 16, 5:16, dice, si…: “Confesaos vuestras ofensas”, corrigiendo todo, preparándose para eso, “confesando vuestras ofensas unos a otros”. No—no teniendo ofensas… Pídales a personas que oren por Ud., confesando nuestras ofensas unos a otros y orando el uno por el otro. Allí lo tienen. Con amor, amor que significa que tengo confianza, que puedo confesarle a Ud. mis faltas; y Ud. también puede confesarme sus faltas. Y yo le amo lo suficiente que oraré por Ud. y Ud. ore por mí; y permaneceremos con eso, en oración eficaz, hasta que sea contestado. Eso es, es desesperación. Eso es lo que debemos tener todo el tiempo.
77Tomemos ahora algunos ejemplos Escriturales de eso, que han sucedido, como por otros quince minutos, Dios mediante.
78Jacob, él era un hombre que al principio fue un poco… un muchacho despreocupado. Él llegó a pensar en su mente que sabía que la primogenitura significaba todo para él, y no le importó cómo tenía que obrar para conseguirla, entretanto la obtuviera. Y después que la obtuvo, pensó que todo estaba bien, por cuanto tenía la primogenitura. Él pensó que la cosa estaba resuelta. Él fue a su hermano cuando éste tenía mucha hambre, que regresaba del campo, de trabajar con el ganado y de cazar venados. Y su hermano, él—él necesitaba una olla de potaje, arveja silvestre y—y cosas guisadas. Hubiera sido una gran tentación cuando un hombre tiene hambre, después de caminar todo el día. Y su hermano le dijo: “Estoy que me desmayo. Dame un poco de esto”. Y le dijo: “Pues, yo… si me juras que recibiré la primogenitura”. ¿Ven? A él no le importó la manera de conseguirla, entretanto la obtuviera. Y él pensó, cuando obtuvo la primogenitura, que eso lo era todo.
79Pentecostés, ¡allí es donde Uds. fallaron! Pensaron que porque habían nacido del Espíritu, nacido del Espíritu de Dios (la primogenitura), que eso era todo; pero eso sólo lo inicia. ¿Recuerdan en el Mensaje de-de A Él Oíd, cómo es que el hijo, después de nacer en la familia, llegaba a ser reconocido como un hijo? Tenía derechos a la primogenitura, pero tenía que ser probado, entrenado desde niño. Y si no probaba ser un hijo obediente a la voluntad del padre, entonces tenía que… pues, no recibía la—la… no era… no llegaba a ser heredero. No heredaba nada, sin embargo era un hijo, pero no heredaba nada si no se interesaba en el trabajo del padre.
80Y así mismo cuando el Espíritu Santo cayó sobre la gente pentecostal y ellos comenzaron a restaurar los dones y demás cosas que había en la iglesia; pensaron, por haber nacido del Espíritu, que eso era todo. Pero vean, existe la colocación de un hijo. Y después que este hijo probaba ser un verdadero hijo, entonces él era llevado a un lugar público, y luego se preparaba todo, y cambiaba mantos, y se sentaba arriba; y entonces se realizaba el posicionamiento del hijo, y que había heredado todo lo que el padre tenía.
81Dios hizo lo mismo con Su Hijo en el Monte de la Transfiguración. A Él le cubrió la… por la nube, y fue transfigurado, y Su vestidura brilló como el Sol, y una Voz dijo: “Este es Mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia”, Moisés y la ley habían fallado; pero Éste es Él, “A Él oíd”. Él fue colocado. ¿Ven?
82Miren, Jacob pensó, que al tener la primogenitura, todo estaba hecho. Así también la gente pentecostal, y comenzaron a organizar los—los unitarios, trinos, y trinitarios, y toda clase de organizaciones, y al discutir y criticarse, probaron que la Señal no estaba siendo desplegada. Malicia, envidias, peleas (¿lo ven?), a eso fue a parar.
83Ahora (¿lo ven?), Jacob pensó igual. Pero una noche, temiendo por su propia vida, la desesperación se apoderó de él, al percatarse de que allí al otro lado de ese río, “mi hermano espera para matarme. Él lo hará”. Vean, la primogenitura que él había conseguido, era precisamente lo que iba a causarle la muerte. Y a veces la mismísima cosa que Uds. reciben como el Espíritu Santo, y lo es, y cuando han nacido de nuevo del Espíritu, si Uds. no vigilan, eso mismo les condenará al final. Es cierto. Las mismas aguas que salvaron a Noé, condenaron al mundo. La cosa que—que Ud. llamaría fanatismo, podría ser lo que le condene a Ud. al final del camino.
84Miren, Jacob sabía que su vida se acercaba al fin. Él recibió un mensajero que le dijo que su hermano, con cuatrocientos hombres armados, venía a encontrarlo, se enteró que él—que él venía en camino. El temor se apoderó de él. Él envió hombres adelante con bueyes, y ganado y corderos para hacer una ofrenda de paz con Esaú. Luego, después de eso, despachó otro grupo con otra carga de cosas. Más tarde despachó otro grupo con otra carga de cosas, procurando llegar a él primero, para tratar de apaciguar su ira. Luego se puso a pensar: “Eso no lo detendrá, porque segura mente es más rico que yo, él no lo necesita”. Entonces tomó a sus esposas y a sus hijos pequeños y los envió al otro lado, para que Esaú viera a esos niños pequeños y a sus esposas. Y seguramente que no mataría a sus propias sobrinas y sobrinos pequeños. Entonces, él aun no podía hacerlo. Dios sabe cómo atrapar a un hombre. Jacob cruzó el arroyo. Allí se inclinó de rodillas. Uds. saben, él había sido un engañador, anteriormente. Disculpen la expresión, pero algo como… él era un Jacob. Jacob significa “engañador”, y eso era él. Pero algo tenía que sucederle. Allí en desesperación, allí cuando la muerte estaba ante él…
85Puede ser que hay hombres y mujeres sentados aquí esta noche, que la muerte está ante Uds. Y la única manera que Uds. podrán lograr lo que quieren, es venir en desesperación. “¡Yo tengo que recibirlo esta noche! Lo recibo ahora o fracasaré. Mañana es demasiado tarde. ¡Yo tengo que recibirlo ahora mismo!”. Cuando Ud. ore por el Bautismo del Espíritu Santo, la Señal, no diga: “Bueno, pasaré a intentarlo. ‘Señor, es que estoy un poco cansado’”. ¡Oh, válgame Dios! ¡Quédese en el asiento! Ni siquiera—ni siquiera lo intente. Si Ud. viene, diciendo: “Pasaré por la línea de oración. Pónganme aceite en la frente, veré si eso me ayuda en algo”. Más vale que Ud. se quede donde está. Mientras Ud. no llegue a ese lugar, hasta que toda la iglesia llegue a ese lugar (entre la vida y la muerte, Ud. tiene que tenerlo o perecerá), entonces Dios vendrá a la escena. Se requiere desesperación para traer a Dios a la escena.
86Jacob lloró como nunca antes. Clamó desesperadamente hasta que consiguió audiencia con Dios. Y cuando lo hizo, él luchó; no por quince minutos. Él luchó para retenerlo a Él en su alma, a lo largo de toda la noche; y con todo eso sabía que él no tenía la bendición, y fue capaz de aferrarse hasta que llegó la bendición. Él luchó desesperadamente hasta que llegó la bendición. Luego, y cuando él vio… hasta que Dios llegó a la escena. Y entonces en desesperación: “No te dejaré ir”, cuando comenzó a sentir que la bendición descendía sobre él. Muchas personas dicen: “¡Gloria a Dios, ya lo tengo!”. Está engañado en cuanto a eso. ¡Seguro! Alguien dijo: “¡Oh, me siento tan bien, hermano Branham, fui allá y oré!; ¡oh, sentí escalofríos!”. Y eso podría haber sido Dios. “Yo vi una gran luz ante mí”. Eso también podría haber sido Dios, pero no es acerca de eso que estoy hablándoles.
87La Biblia dice, en Hebreos el capítulo 6: “La lluvia cae sobre los justos e injustos, por igual”. Ahora tomen el trigo, y tomen la cizaña, y pónganlos en el campo. Y la lluvia realmente es enviada para el trigo, sin embargo la lluvia cae sobre la cizaña igual que sobre el trigo. Y la lluvia, y la cizaña se gozará por la lluvia tanto como el trigo; y es la misma lluvia. El mismo Espíritu Santo puede caer sobre un incrédulo y hacerlo comportarse exactamente igual que un creyente. Pero por sus frutos se conocen; de eso estoy hablando, ésa es la Señal. Y Da-…
88Y Jacob, más bien, en desesperación, dijo: “Lo sé, te he palpado, estás aquí conmigo, pero no te dejaré ir”. Alguno lo ve bien, y a la primera sensación, se levanta saltando, corre por el pasillo, dice: “Lo tengo, Lo tengo, Lo tengo”. ¡Oh, no! No, no. No. Jacob permaneció allí hasta que algo sucedió, eso lo hizo caminar diferente, lo convirtió en una persona diferente, porque permaneció hasta que sucedió. Y él pudo… La Biblia dice: “Él se aferró hasta que venció”. ¿Cómo puede un hombre vencer a Dios? Pero se puede. Ud. puede lograrlo. Un hombre puede vencer a Dios.
89Una vez hubo un hombre llamado Ezequías, a quien el profeta le había dicho: “ASÍ DICE EL SEÑOR, vas a morir”. Ezequías volvió su rostro hacia la pared, y en desesperación clamó con gran lloro: “¡Señor, considérame! Yo he andado delante de Ti con íntegro corazón, y necesito quince años más”, después de que Dios le había dicho que algo iba a suceder; él se iba a morir. Y en desesperación, él cambió el programa de Dios. Fue en desesperación, él lloró amargamente en desesperación.
90Jacob se mantuvo allí hasta que vino la bendición, y cambió su nombre de “un engañador” a “un príncipe con Dios”. Aun la nación fue llamada por su nombre. ¡Sí, señor! ¿Qué fue? Los resultados vinieron porque él entró en desesperación al respecto. Y al día siguiente cuando se encontró con Esaú, él no necesitó guardias. Salió directo allá y se encontró con él. ¿Ven? ¿Por qué? Porque él entró en desesperación hasta que obtuvo la seguridad. Y manténgase Ud. en desesperación hasta que obtenga esa seguridad. Si no, ni venga para que se ore por Ud., tampoco pase al altar. Espere hasta que le sea de vida o muerte, entonces algo sucederá. ¡Seguro, en desesperación!
91Ruth desesperó, en una ocasión, cuando estaba al lado de Noemí. ¿Tendría que regresar a su pueblo, a todo lo que amaba, y a todo lo que ella— ella adoraba, a sus dioses y a su pueblo, o se aferraría a Noemí? ¿Qué debía hacer ella? Entonces entró en desesperación y clamó: “Adonde tú vayas, yo iré, donde tú vivas, yo viviré; donde tú mueras, yo moriré; donde seas sepultada, sepultaré yo… seré yo sepultada. Y tu Dios será mi Dios”. Allí está la cosa, ¡desesperada! Dios la bendijo, le dio un hijo, a Obed. Obed engendró a Isaí. Isaí engendró a… a través de Isaí vino Jesús. ¡A raíz de la desesperación!
92Como la ramera, Rahab, ella desesperó. Sabía que le esperaba la muerte, se encontraba bajo juicio. Y ella entró en desesperación, dijo: “Los esconderé a Uds. espías, haré lo que sea, sólo juren por su Dios que mi casa permanecerá”. Allí lo tienen. Él dijo: “Voy a… Si tomas esta señal, así será”.
93Eliezer entró en desesperación cuando le fue encomendada la responsabilidad de encontrar una novia para Isaac. Eliezer de Damasco fue un gran hombre. Él había hallado gracia con Abraham, y Abraham le tenía confianza para que saliera en busca de una novia, la clase de novia correcta para su hijo, Isaac. Por allí vendría Cristo.
94Miren, Eliezer, siendo un hombre espiritual, sabía lo que significaba esto. La esposa para ese—ese hombre tendría que ser la clase de mujer correcta. Y ahora ¿cómo la iba a escoger? En la hora de su desesperación, cuando llegó a la ciudad, él oró y dijo: “¡Señor Dios!”. Así se hace. Cuando Ud. se desespere, póngase a orar. “¡Señor y Dios, permite que la primera joven que llegue y le dé de beber al camello y me dé de beber, ésa sea!”. Él oró en su hora de desesperación.
95Rebeca, esa hermosa doncella, llegó y le dio de beber al camello. Y entonces él le dijo: “No me detengas en mi viaje”. Ella tuvo que llegar a un tiempo de decisión: Si se iría. Ella fue un tipo de la Novia. ¿Se—se iría ella y se casaría con un hombre que ni siquiera había visto? Miren, eso es algo muy tremendo. Nunca siquiera lo había visto, y sólo había oído de él por medio de su siervo.
96Eso es un tipo de la Novia. Uds. nunca han visto a Cristo, pero escuchan por medio de Sus siervos de lo que Él es. Venden todo, dejan sus casas y todo lo que sea necesario, para ir a encontrarlo a Él. Ahora fíjense, y ella tomó la decisión, un tipo de la Novia, dejó su hogar denominacional (¿ven?), para ir.
97Jonás, lanzado por la borda durante una tormenta, en lo profundo de la mar, en el vientre de una ballena. Toda esperanza de sobrevivir había desaparecido. Pero sucedió que recordó lo que dijo Salomón, cuando dedicó el templo: “Señor, si alguno llegare a estar afligido en cualquier lugar, y llegare a mirar hacia este templo y orare, entonces escucha”. Y dando vueltas en el vientre de la ballena, logró arrodillarse, me imagino, con el vómito de la ballena cubriéndolo. Allí él oró en desesperación. Y allí, desesperado; sólo le quedaba un poco de oxígeno para respirar en el vientre de aquella ballena. Y en esos últimos respiros que tomaba, quizás ni sabía cómo orientarse, dijo: “Señor, creo que estoy mirando arriba hacia Tu templo”. Y quedándole apenas unos pocos respiros, en desesperación, él oró, bajo esas circunstancias. Nunca había ocurrido antes, pero él estaba desesperado. Él oró, y Dios lo mantuvo vivo por tres días con sus noches, y lo dejó precisamente en el lugar donde tenía que dar su mensaje. ¡Desesperación!
98Ana, una mujer estéril, en la Biblia, ella quería un hijo y entró en ayuno por él. Y ella ayunó y oró a tal grado que el sacerdote en el templo pensó que estaba borracha. ¡Por la desesperación en que ella se encontraba! Mientras que las demás mujeres se preocupaban por la clase de sombrero que la otra traía puesto; y Uds. saben cómo es; y la otra mirando qué clase de ropa lucían, y hablando de las cosas que sucedían en la granja; pero no así con Ana. Ella se abrió paso entre toda la multitud y fue hasta el altar. Ella había estado ayunando; quería que su reproche le fuese quitado. ¡Qué diferente es hoy! Casi es un reproche tener un hijo. En ese entonces el reproche consistía en—en no tener uno. Y ella se arrodilló. Y no tuvo en cuenta a los dignatarios del templo. Ella no se percataba del sacerdote tan distinguido mientras salía allí. Estaba tan agobiada que las lágrimas le rodaban por las mejillas, y lloraba en desesperación: “¡Oh Jehová Dios, dame un hijo! ¡Dame un hijo!”.
99Y noten, ella no fue egoísta. Cuando Dios la oyó, y dio respuesta a su oración y le dio el hijo, ella se lo devolvió a Dios. Y por cuanto ella estaba dispuesta a no ser egoísta después que Dios había respondido su petición, Él le dio un profeta. ¡Oh, ésa fue una bendición adicional! ¡Oh, Él sencillamente está lleno de ellas, de esas cositas adicionales que Él da! No sólo un hijo, sino un profeta. Y no había surgido visión manifiesta por muchos, muchos años en Israel. Samuel, el primer profeta en muchos, muchos años, por una madre que desesperó; porque no podía tener hijos, y había pasado ya la edad de concebir, quizás tenía sesenta o setenta años. Y oró en desesperación, ¡ella tenía que tener este hijo! ¿Qué fue? Dios le había hablado, no cabe duda.
100Y Ud. no podrá desesperarse hasta que Dios le hable. ¡Oh, Iglesia, levántate y sacúdete! ¡Pellízcate la conciencia, despiértate en esta hora! ¡Debemos entrar en desesperación o perecemos! ¡Hay algo que viene de parte del Señor! Yo lo conozco como ASÍ DICE EL SEÑOR. Algo está en camino, y más vale que desesperemos. Es asunto de vida o muerte. Pasará por en medio nuestro y no lo veremos.
101Porque ella no fue egoísta, le fue dado un profeta.
102La mujer Sunamita tenía un niño que había venido por la Palabra que el profeta había hablado sobre ella; aunque era una anciana como también su marido. Ellos no tenían hijos, pero ella había sido amable con este—este profeta. Y ella sabía que él era un varón de Dios. Ella percibía que él era honorable, un verdadero hombre. Él podía entrar a la casa aun cuando no estaba su esposo, y en lo que fuera; era un hombre santo. Podían ver que él era una persona honorable. Ella lo había visto obrar señales y maravillas. Ella le había escuchado relatar cosas que habían sucedido. Él era un hombre honorable, santo. Ella le dijo a su marido: “Veo que este hombre que ha llegado aquí con nosotros es un hombre santo”. El ama de casa, sabía que él era un hombre santo. Y ella le edificó una casita al lado, para que él no se sintiera apenado. Él podía llegar cuando deseara y así. Ella colocó allí una—una camita, y una— una jarra con agua y demás, para que él pudiera lavarse y tener algo qué tomar. Y probablemente mandaba a la criada, o a alguien, al mozo con-con comida para él, y pasaba y le daba el—el buen día, o algo así.
103Y entonces, Elías vio esta amabilidad hacia él. Y escrito está: “Por cuanto lo hicisteis a uno de estos Mis pequeñitos, a Mí lo hicisteis”. Así que ella vio eso; la mujer estaba honrando a Dios al honrar a este profeta, puesto que veía a Dios en el profeta. Y entonces, ella no quería nada a cambio por hacerlo, en su corazón no lo hacía por algo. Ella sólo lo hacía porque amaba a Dios. Ella no lo hizo por alguna bendición; ella simplemente lo hizo.
104Miren, Elías entonces dijo: “Ve y pregúntale, ¿le hablo al rey por ella?, soy un amigo íntimo; o quizás con el general, lolo conozco muy bien. ¿Habrá algún favor, algo que pueda hacer por ella? Quiero darle algo por la manera en que se ha portado conmigo. Ella—ella me ha alimentado. Me ha permitido dormir en las camas. Y—y ella ha sido muy bondadosa con nosotros. ¿Pues qué podré hacer?”. Ella respondió: “No, yo simplemente habito en medio de mi pueblo. Nosotros—nosotros estamos abastecidos. Tenemos cómo subsistir y es suficiente. No necesitamos nada”. Entonces Giezi le dijo: “Pero ella no tiene hijos”.
105Apenas Giezi vio eso, no cabe duda que el profeta vio una visión, pues dijo: “ASÍ DICE EL SEÑOR: Ve y dile: en el tiempo apropiado, o el tiempo adecuado, a un año desde hoy, ella abrazará un hijo”.
106Y el hijo nació. Cuando tuvo unos doce años… ¡Cuánto no amaría esa pareja anciana a este niño, su único hijo! Y un día él estaba cortando trigo, con su papá. Debe haber sido al mediodía, y me supongo que le dio una insolación, porque él comenzó a quejarse: “Mi cabeza”. Y se enfermó más y más. Su papá tuvo que llevárselo del campo, pero fue tal la emergencia allí, que encomendó a un siervo, y lo mandó a casa.
107La madre lo cargó en su regazo hasta el mediodía, y él murió. Noten, su único hijo, el cual le había sido dado por Dios, mediante la oración y la promesa de un profeta y el ASÍ DICE EL SEÑOR. Ella sabía que algo andaba mal en algún lugar. Eso no tenía sentido. ¿Cómo fue que Dios le dio ese hijo y permitió que ella—ella amara tanto a ese bebé? Y siendo que ella no lo había pedido; tenía demasiada edad para tenerlo. La mano de Dios tuvo que pronunciarlo. Un hombre lo habló, el profeta. Y este niño allí en esta condición, había muerto, su único hijo. Entonces ella le dijo al mozo: “Enalbarda un asno y guía, y no te detengas por nada. Si alguien trata de detenerte, no digas ni una palabra, y dirígete directo al Monte Carmelo. Allá en una cueva en algún lugar, bien escondida, está un siervo del Altísimo Dios; el que me dijo: ‘ASÍ DICE EL SEÑOR’, que tendría el bebé. Yo quiero saber por qué Dios ha hecho esto”. Entonces él dijo… “Ve directamente y ni revises el asno. Déjalo que corra con todo lo que tenga. Déjale que corra hasta que llegues”. ¡La desesperación!
108Y Elías el profeta se puso de pie, miró y dijo: “Allá viene la Sunamita, y algo anda mal con ella. Dios no me lo ha revelado; no sé qué sucede”. Le dijo: “Ve, recíbela. Tengo… Démonos prisa. Algo anda mal”. El profeta sintió desesperación, la desesperación de la mujer. ¿Ven Uds.? Ellos se estaban reuniendo; uno queriendo saber cuál era la Palabra del Señor, y el otro sin saber cuál era la Palabra del Señor. Allí lo tienen. Uno queriendo saberlo, y el otro no lo sabía. La mujer quería saberlo, pero el profeta no lo sabía. Dijo: “Dios no me lo ha revela do. Yo no sé qué decirle cuando llegue”. Así que ella ya casi estaba allí para ese momento. Él levantó la mano, dijo: “¿Tienes paz? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien a tu hijo?”.
109Miren, esa mujer había llegado al fin de su desesperación. Ella dijo: “¡Todo está bien!”. ¡Gloria! “¡Todo está bien”! Su desesperación había terminado. Ella había hallado al siervo del Señor. Si él no hubiera estado allí, ella hubiera continuado aún en desesperación; pero (¿ven Uds.?), él estaba allí. Ella dijo: “¡Todo está bien!”. Eliseo pensó: “¿Pues, qué estará sucediendo ahora?”.
110Entonces ella corrió y se postró a sus pies. Eso se veía un poco raro así que Giezi simplemente la levantó. Él le dijo: “Déjala, no lo hagas”. Elías le dijo a su siervo: “No lo hagas, déjala, algo anda mal, Dios me lo ha encubierto”. Entonces ella le declaró que el niño estaba muerto.
111Miren, el profeta no sabía qué hacer. Él dijo: “Giezi, toma este báculo, con el cual he caminado”. Él sabía que lo que él tocaba era bendecido, porque no era él, era Dios en él. Él sabía quién era él. Él sabía que él era un profeta. Entonces levantó este báculo y dijo: “Giezi, toma esto y ve y ponlo sobre el niño. Y si alguno te hablare, desespérate. Y no saludes a nadie, y no dejes que nadie… sólo sigue adelante, no hables con nadie. Ponlo sobre el niño”.
112Pero la mujer, eso no puso fin a su desesperación. Eso no dejó satisfecho el motivo de su viaje. Ella dijo: “Vive Jehová, que—que no te dejaré hasta que vayas y le ministres al niño”.
113Entonces Elías entró en desesperación. Y se dirigió allá, él y la mujer. Y cuando llegaron allá, la… toda la gente estaba en el patio, clamando y llorando. Y la mujer había hecho lo más correcto que se podía hacer. Ella había tomado al niño y lo había tendido en la cama donde Elías había dormido. Eso era tan efectivo como su báculo. Y él no despertó allí, así que eso no iba a funcionar. Ella quería saber de algo distinto.
114El profeta entró. Y ahora él está en desesperación. ¿Ahora qué hará él? Y nos damos cuenta en la Biblia que él se paseó de un lado a otro, desesperado. “No sé qué otra cosa hacer, Señor. Aquí estoy. Tú me dijiste que le hablara eso a esa mujer, y ASÍ DICE EL SEÑOR. Y fue exactamente como se lo hablé, porque Tú me lo dijiste. Ahora ella se encuentra con este problema, y yo no sé qué hacer. Allí tendido está el niño muerto. ¿Qué puedo hacer, Señor?”.
115No hay duda que el Espíritu Santo dijo: “Si Dios mora en ti, acuéstate sobre el niño”. De inmediato, él se detuvo, puso sus manos sobre las manos del niño, su nariz sobre la suya y asimismo sus labios sobre los suyos. Y cuando se acostó sobre él, el niño estornudó siete veces. La desesperación había terminado. El niño volvió a la vida, porque la desesperación condujo a esa madre al profeta, y la desesperación condujo al profeta al niño. Y la desesperación de ambos trajo a Dios a la escena. Con el amor hacia Dios, y el amor por su pueblo, hizo bajar el amor de Dios, e impulsó la fe al frente de batalla, y así la obra fue consumada. Caso cerrado. ¡Amén! Así es. La desesperación hace eso. ¡Seguro! Ella no se iba a ir.
116El ciego Bartimeo pensó que Jesús lo pasaría por alto, sentado allí a la puerta, un mendigo ciego, pidiendo limosna. De repente, él oyó un alboroto; Jesús estaba pasando. Él preguntó: “¿Quién pasa?”. Alguien lo empujó, derribándolo. Él dijo: “Por favor, alguien que me diga, ¿quién está pasando?”. Una de ellos, tal vez una mujercita amable, discípula, le preguntó, dijo: “Señor, ¿no sabe Ud. quién es el que está pasando?”. “No. He oído algunos decir: ‘Acá hay un cementerio lleno de muertos. Si levantas muertos, ve levanta ésos’. ¿Será acaso éste algún blasfemo o alguien?”. “¡No! ¿Acaso no ha oído Ud. acerca de ese Profeta de Galilea, ese Profeta joven llamado Jesús de Nazaret?”. “No”. “Bueno, Ud. sabe, en la Biblia dice, en nuestros pergaminos, que el Hijo de David sería levantado para sentarse allí. Ése es Él”. “¿Ése es Él? ¿Ése es? ¿Y está pasando por aquí?”. La desesperación lo llevó a gritar: “¡Oh Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. No me pases, Oh, tierno Salvador, Oye mi clamor humilde; Mientras a otros estás visitando, No me pases a mí por alto. “¡Oh, Jesús”! Algunos dijeron: “¡Cállate! Haces demasiado ruido”.
117Pero él estaba desesperado. Si Él se le pasaba, él quizás nunca tendría otra oportunidad. Tal vez nosotros tampoco; ésta muy bien podría ser la última noche. ¡Desesperación! Él gritó: “¡Oh, Jesús!”. No importó quién le dijera que parara, él clamó de todas maneras, sólo que más fuerte. Cuando le dijeron que se callara, eso hizo que clamara más fuerte. Él estaba desesperado. Nadie podía detenerlo. “¡Tú, Hijo de David, ten misericordia de mí”! Y clamaba en desesperación.
118Y el Hijo de Dios, con los pecados del mundo sobre Sus hombros, camino a Jerusalén para ser ofrecido, en ese momento, como sacrificio por todo el mundo, de repente se detuvo. Desesperación, un clamor desesperado detuvo al Hijo de Dios. Dijo: “¿Qué quieres que haga por ti?”. ¡Oh! Respondió: “Señor, que recobre la vista”. Le dijo: “Sigue tu camino, tu fe te ha salva do”. Eso fue suficiente. ¡La desesperación! Cuando en desesperación se está a punto de recibir algo, al más mínimo contacto, la fe le echa mano. ¿Ven? Él no dijo: “Ahora un momento, un momento, paren un momento, déjenme comprobar si puedo ver. No me he visto las manos por muchos años, vamos a comprobar si las puedo ver. ¡Todavía no veo nada!”. Cuando Jesús dijo: “Tu fe te ha salvado”, eso fue suficiente. Eso era todo lo que él quería.
119La desesperación clama por algo, y cuando ese algo (no importa lo insignificante), es recibido, entonces se cree allí mismo; porque la fe es receptiva cuando la está estimulando la desesperación. ¿Ven? El amor allí se mezcla con eso y lo trae a realidad. La desesperación lo hace. El ciego Bartimeo recibió la vista rápidamente.
120Pedro, estaba muy perturbado, una noche sobre el mar, cuando entró en desesperación. Y comenzó a clamar: “¡Algo anda mal, veo un fantasma que camina hacia mí!”. La barca estaba a punto de hundirse. Él dijo: “Si eres Tú, Señor, manda que yo vaya a Ti sobre las aguas”. Y él se bajó de la barca y comenzó a caminar; y se atemorizó al comenzar, y empezó a hundirse, y desesperación… No obstante, un error, tratando de seguir los mandamientos de Dios… Espero que la iglesia capte eso. El hombre estaba haciendo lo que Dios le había dicho.
121Mire, Ud. Cristiano en esta noche, Ud. está en el puesto del deber, tratando de seguir la guianza del Espíritu Santo; y le ha atacado un cáncer, o quizás le ha atacado una—alguna muerte (un cáncer, tuberculosis, cualquier cosa que sea); estando en el puesto del deber, Ud. tiene el mismo derecho que tuvo Pedro. “¡Señor, sálvame o pereceré”! Él clamó en desesperación, y una mano se extendió y lo levantó. Eso mismo lo tienen Uds. Y él gritó: “¡Sálvame, Señor!”. Él oyó mi clamor desesperado, De las aguas me sacó, ahora seguro estoy. ¿Ven?
122¡Así es, cuando Ud. clama!
123Tal vez esta mujer, madre, lo que fuera para ella, un hijito, o un nieto, o sobrino, lo que fuera, clamó en desesperación. Dios oyó.
124Luego hallamos, que al hundirse, Dios le oyó. En el puesto del deber, él comenzó a hundirse. Él falló. No importa si Ud. falla, eso no tiene nada que ver; todos fallamos. Para comenzar, somos una falla. Pero ahora tenemos a Alguien parado con mano fuerte, que puede alcanzarnos y llevarnos sobre el agua.
125Si Ud. ha cometido un error (alguna mujer que haya cometido un error, algún hombre que haya cometido un error, algún muchacho o muchacha que haya cometido un error), ¡no se hunda! Clame, en desesperación: “¡Señor, sálvame o pereceré!”. Entre en desesperación al respecto. Dios le oirá. Él siempre oye al alma desesperada; eso es lo que estoy tratando de decirles.
126Nuestro amado Señor, Jesús mismo, en el campo de la más grande batalla, en el Getsemaní, Él clamó en desesperación. ¿Debía Él cargar con los pecados del mundo, o debía simplemente quedarse en la tierra, con Sus discípulos amados, lo cual Él quería hacer? Pero observen Su humildad cuando se humilló; “No se haga Mi voluntad, sino la Tuya”, se humilló ante la Palabra, a la Palabra prometida del Dios del Cielo. Noten, luego, Él fue un poco más allá. Y si Él fue un poco más allá, ¿cuánto más allá deberíamos ir nosotros? ¿Ven? Y noten, la Escritura dice aquí, en Lucas, que Él oró sinceramente. Hermano, hermana, si Jesús tuvo que orar sinceramente, ¿cuánto más tendremos nosotros que orar sinceramente? Si Cristo, el Dios del Cielo, hecho carne, tuvo que orar sinceramente, entonces ¡cuánto más nosotros, pecadores salvos por gracia, debemos orar sinceramente! Si—si la decisión condujo al Hijo de Dios a la desesperación, ¿qué hará con Ud. y conmigo? Desesperadamente debemos clamar.
127Dios, en estos últimos días, manifestado ante nosotros por medio de Sus grandes señales y poder, debería hacernos desesperar. Correcto. Y Su voluntad de sanarnos y salvarnos, debiera llevarnos a todos a una desesperación por llegar a esa Piedra de Sanidad. Correcto.
128Fíjense, si Florence Nightingale… La bisnieta de la difunta Florence Nightingale que fundó la Cruz Roja. Uds. han visto su fotografía en un libro, pesaba como treinta libras. El cáncer se la había comido. En Londres, Inglaterra; ellos la trajeron desde África, a Londres, Inglaterra. Y allí, en desesperación… El hermano Bosworth le respondió por correspondencia y le informó, dijo: “No podremos ir a África”.
129Ella escribió su respuesta, a través de la enfermera escribió y dijo: “No pueden moverme. No puedo hacerlo”. Mostré la fotografía. Uds. han visto la foto. Sólo que tuvimos que cubrirla con un papelito. Apenas tenía un pequeño cordón por la cintura. Pensé que quizá alguien, al ponerlo en el libro, de pronto criticarían porque ella estaba… su cuerpo estaba tan expuesto allí, que… y le pusimos una cosa pequeña por aquí. Ella sólo tenía un-un pequeño trapo, una toalla puesta sobre, sobre sus caderas. Pero arriba, no tenía nada. Y aunque… Pero pensamos en ponerle un pedazo de papel y fotografiar la… fotografiar aquello. Evita que la gente que no tiene la posición correcta en su mente, en su pensamiento, me critiquen al poner esa foto en el periódico.
130Y entonces cuando el médico dijo que no podía ser movida, y ella supo que yo iba a visitar Inglaterra, pidió que la pusieran en una camilla y la subieran en un avión y la trajeran a Londres, Inglaterra, y que enviaran a un guardia al avión antes que fuésemos al Palacio de Buckingham; mandaron un guardia allá para que yo fuera a orar por ella. Y ella ya estaba tan grave que ni siquiera pudo hablarme. Tuvieron que levantarle las manos para ponerlas en las mías.
131Uds. saben cómo es Londres; algunos de Uds. soldados han estado allí. Siempre tiene tanta neblina. Y me arrodillé allí cerca de una ventana, y ella… Y las lágrimas caían. Ella quería… Yo no me explico cómo tuvo suficiente humedad para producir lágrimas. Sólo era huesos, forrados de piel; y sus—sus piernas a la altura de las caderas, no parecían tener, para mí, más de dos pulgadas de ancho o tres pulgadas. Sus venas estaban contraídas. ¡Cómo podía estar viva, no me lo explico! Uds. después vieron su foto.
132Me arrodillé al lado de la cama. Ahora, ella estaba desesperada; ya fuera que yo pudiera ir o no, ellos la iban a traer de todas maneras. Y llegué allá, sentí dolor en el corazón al ver la fe de esa pobre criatura moribunda, y oré con todo mi corazón. Y cuando comencé a orar, una tortolita vino volando a la ventana, comenzó a caminar de un lado al otro, arrullando. Y pensé que era una mascota. No llevaba en Inglaterra sino una hora, yendo apenas del aeropuerto allá. Y yo pensaba que era una mascota. Y cuando me levanté, y dije: “Amén”, ella se fue volando. Y empecé a preguntar a los hermanos si habían escuchado esa paloma. Y ellos estaban hablando de eso, y cuando empecé a decir: “¿Vieron Uds.?, lo que significa esa paloma…”. Entonces me salió: “¡ASÍ DICE EL SEÑOR, Ud. vivirá y no morirá!”. Y ella está viva hoy. ¿Por qué? La desesperación. La desesperación llevó a la mujer a decidirse: Vivir o morir. La desesperación preparó todo para que ella llegase allí al mismo tiempo que yo. Y como señal de Dios, Él envió una paloma, para dar el ASÍ DICE EL SEÑOR. ¡Desesperada!
133Cuando la hermana, la anciana Hattie Waldorop de Phoenix, Arizona, ella venía por la acera, en mi primera campaña. El médico y su esposo la traían; cáncer en el corazón. Ella había tomado su decisión, al intentar llegar allí a la reunión, pero ella estaba tan grave que… ya no podía respirar, la sangre se le devolvía por el corazón donde el cáncer le había comido parte del corazón. Miren, ¡cáncer de corazón! Eso fue hace como dieciocho, diecinueve años, quizás veinte, fue en 1947 que sucedió.
134Miren, ella le dijo a su esposo y al médico: “Aunque me muera en esta línea, de todas maneras llévenme hasta allá”. La desesperación. Ella perdió la conciencia. Yo no creo que estuviera muerta; ella dice que sí. Miren, puede ser que haya sido así. Tal vez ella escuche esta cinta, ¿ven? Miren, yo— yo—yo… Ella, ella dice que estaba muerta; yo no sé. Me dijeron: “Hay una mujer muerta que traen en la línea”. Y cuando la mujer llegó, estaba sin vida. Y cuando la trajeron, la Palabra del Señor vino; y yo fui e impuse manos, y ella se levantó, y se fue a casa caminando. Eso fue, diría yo, fácilmente, hace dieciocho años, y ella sigue tan sana y saludable… Ella estará en Tucson para recibirme cuando llegue allá. La desesperación: “Aunque muera en el camino, de todas maneras llévenme hasta allá. Él sanó a otros, Él me sanará a mí”. ¡Dispuesta!
135Que nuestros corazones estén llenos de amor en este día, y sinceros, y en desesperación. Más adelante podría ser demasiado tarde.
136Jairo en una ocasión tenía una hija pequeña que se estaba muriendo. Él era un creyente fronterizo. Él le creía a Jesús, pero temía confesarlo, porque lo echarían de la sinagoga. Pero el médico vino cierta mañana, y dijo: “Ella se está muriendo”. La desesperación llegó. Por su cargo, él no podía ser visto junto a Jesús de Nazaret, porque perdería su posición de sacerdote. Pero déjenme decirles, cuando llegó la emergencia, eso le lanzó a la desesperación. Puedo verle buscando desesperadamente su bata de sacerdote y su gorrita y ponérsela. Y allí venía él a través de la multitud, abriéndose camino; donde había una mujer que acababa de tocar Su vestidura, y todo eso, y todos ellos estaban gritando. No obstante, él logró llegar y dijo: “Maestro, mi hijita yace al borde de la muerte. Maestro, Maestro, mi hijita está al borde de la muerte, y si tan sólo vienes y le pones Tus manos, ella vivirá”. ¡Oh, vaya! La desesperación impulsa a decir cosas a veces, nos impulsa a hacer cosas. Lo pone a uno en acción. Su hija se salvó por causa de la desesperación.
137Desesperemos nosotros, como esa mujercita con el flujo de sangre. La Biblia dice que ella había gastado todo su dinero en médicos, y sin embargo, no pudieron ayudarla. Ella había comenzado a sangrar demasiado en el tiempo de la menopausia, y era un flujo de sangre que no se detenía. Quizás vendieron la granja, las mulas, los caballos y lo demás que había, y nada podía ayudarla. Y sus sacer dotes le habían advertido de nunca acercarse a tal cosa como ésa. Pero una mañana miró allá hacia abajo. Ella vivía en la parte alta de la ribera, allá arriba donde tenía la granja, y allá vio un gran gentío congregándose alrededor de un Hombre, y preguntaron: “¿Qué será eso?”. Respondieron: “Ése es Jesús de Nazaret”. La desesperación entró. Ella dijo: “Soy insignificante. Yo-yo… Pero si tan sólo tocare el borde de Su vestidura, entonces sanaré”. Y ella avanzó en medio de todo crítico y todo lo demás; pero entonces llegó al lugar, ella tocó Su vestidura, en desesperación. Y cuando eso ocurrió, Él se dio la vuelta y dijo: “¿Quién me ha tocado?”. Y todos ellos lo negaron; sin embargo, Él miró alrededor. Estaba poseído con un gran don de Dios, Él era Dios. Y Él halló a la mujercita y le dijo que su flujo de sangre había cesado. La desesperación la impulsó a hacer eso.
138Fue la desesperación que impulsó—impulsó a la reina del Sur. Ella oyó que el don de Dios obraba por medio de Salomón. La desesperación la impulsó a eso.
139¡Desesperados! Ésos fueron seres humanos, como Ud., como yo. Ellos no eran diferentes a Ud. y a mí. Ellos tenían cinco sentidos. Comían y bebían, y todo eso, igual que nosotros, vivían y morían. Ellos eran seres humanos.
140Esto la llevó a tal desesperación que hasta llevó consigo parte de su reino. Esto la llevó al punto que no pensó en los ismaelitas que podían robarle en el desierto; ella por noventa días sobre los lomos de un camello cruzando el desierto de Sahara. ¡La desesperación! Ella iría de todas maneras. Y cuando llegó allá, nada le fue oculto a Salomón, el cual pudo decirle las cosas que ella deseaba saber. ¡La desesperación! Jesús dijo: “Ella se levantará en el Día del Juicio, con esta generación, y la condenará, porque Uno más grande que Salomón ha estado presente”. ¡La desesperación!
141Para terminar diría esto: No hace mucho, estando en México, pude ver un caso de desesperación. Acababa de llegar a la plataforma, allá en un lugar grande, y la gente había estado allí desde las nueve de esa mañana, y era casi las diez de esa noche. Un anciano ciego, la noche anterior, totalmente ciego por casi treinta años, recibió su vista, y había ido testificando por la ciudad aquel día. Había un arrume de ropa vieja, extendido por quizá treinta o cuarenta yardas, así de alto, de chales viejos. Había quizás cuarenta o cincuenta mil personas allí. Y sombreros viejos y chales, (¿A quiénes pertenecían?) supongo que eso tendrían que decidirlo entre ellos. Y estaba lloviendo a cántaros.
142Y ellos me bajaron con una cuerda, por una pared, y así llegué a la plataforma. El ministro… El hombre que está sentado aquí, ellos le trajeron… (Él y su hija llegaron desde Michigan hace unos momentos, nos referimos al hermano Arment). Le recordamos aquí. Él se encuentra en las Calles de la Gloria en esta noche. El hermano Arment estaba allí, y se quitó el abrigo y se paró bajo la lluvia, y se lo dio a ponerse al hermano Jack Moore, porque Jack estaba temblando. Él siendo sureño estaba a punto de congelarse, en esa lluvia fría allí en México. Y allí se encontraba él parado.
143Y Billy Paul vino a mí, mi hijo, y dijo: “Papá, tendrás que hacer algo. Hay una mujercita mexicana allá con un bebé muerto que murió esta mañana. No tengo suficientes ujieres para mantenerla fuera de la línea”. Si poner las manos sobre ese hombre ciego le recobró la vista, poner las manos sobre su bebé muerto le devolvería la vida. Ella era católica. Y ella, ellos no podían detenerla. Y el Hermano Espinoza y ellos le habían dicho: “No tenemos más tarjetas de oración. Ud. tendrá que esperar hasta otra noche”.
144Ella dijo: “Mi bebé está muerto. Ha estado muerto desde esta mañana. Yo tengo que entrar allí”. Y ella iba a venir, con o sin tarjeta de oración. Y había como trescientos ujieres alineados allí. Y ella se les pasaba entre las piernas, brincaba sobre sus espaldas y corría con este bebé muerto y se caía entre ellos. Para ella no tenía importancia; ella estaba tratando de llegar allí. Ella estaba desesperada. Dios le había habla do a su corazón, de que “el Dios que podía dar vista, podía dar vida”. ¡Oh, vaya! Ella estaba desesperada. ¡Algo ardía en ella!
145¡Oh, personas enfermas!, si dejaran que eso mismo ardiera en Uds. por unos momentos, y observen lo que sucederá, esa clase de desesperación. El Dios que pudo sanar a este niño la otra noche, pudo sanar a esa señora con cáncer, sanar a este hombre, y hacer esto, lo de la Srta. Florence Nightingale, ¡oh, decenas de miles de cosas! Él, todo eso, es evidencia indiscutible; resucitando muertos y sanando enfermos, y cuántas cosas más. Si Él es Dios que puede hacer eso, Dios ayer, Él es Dios hoy. Desespérese, y entonces Ud. logrará algo.
146Entonces en esa desesperación, ella continuaba avanzando. Yo le dije al Hermano Jack Moore, le dije: “Ella no me conoce, nunca me ha visto. Ella no sabe quién está acá en la plataforma. Esa mujercita católica, pues, no podía hablar una sola palabra en inglés, ¿entonces cómo habría ella de saber quién es?”. Le dije: “Vaya Ud. y ore por el bebé, y con eso quedará satisfecha y se irá”. Dije: “Y así no causará…”. Pues era un alboroto constante allá. Ella brincaba, y todos comenzaban a gritar. Ella corría hasta sobre los hombros de la gente, y se caía entre ellos. Así avanzaba unos pies, y trataban de sacarla; y por aquí se metía ella entre las piernas, aferrada a este bebé, haciendo disgustar a los ujieres y causando de todo. Nada le importaba, ella iba a llegar hasta allá arriba. ¡Ella tenía que llegar allá! No importaban los obstáculos, ella iba a llegar allí. Causó que el ministro…
147Ahora, ¿no es esa historia como la de la mujer Sunamita? Sólo que eso no fue hace tres mil quinientos años; eso fue hace como tres años o cuatro. ¿Ven? Puede suceder igual con ellos en esta noche. Cuando la misma desesperación surja, impulsará la fe y el amor al frente de la batalla, para reclamar lo que Ud. quiere, porque es una promesa de Dios que Ud. puede recibirlo. Es exactamente correcto.
148Me di la vuelta; yo siendo el ministro, o el evangelista allí. Di media vuelta. Sentí compasión por esa mujer, pero no tuve desesperación. ¿Ven? Di media vuelta y pensé: “Pues, el Hermano Jack va a orar por ella y así—así todo estará bien”. Entonces volteé hacia la audiencia. Dije: “Ahora como estaba diciéndoles, la fe…”. Y miré hacía allá, y allí estaba una visión. Vi sentado allí a un pequeño bebé, un pequeño de rostro moreno, un bebé mexicano sin dientes. Estaba sonriendo conmigo, sentado allá. Yo dije: “Un momento. Un momento”. La desesperación de ella llevó al Espíritu Santo a cambiar mi tema, a cambiar lo que veía y mostrarme a su bebé sentado allí. Eso trajo al Espíritu de regreso. Dije: “Un momento. Un momento. Tráiganme al bebé”. Aquí venía, mojada, empapada, con una cobijita blanca y azul, tenía una pequeña forma muerta así de larga. Ella cayó de rodillas, con un crucifijo en la mano, o un rosario, para rezar estas “Ave Marías”. Le dije: “Guárdelo, eso no es necesario”. Y ella se acercó adonde yo estaba, y gritó y exclamó: “Padre, padre”. Le dije: “No diga eso. No lo diga. ¿Cree Ud.?”. Y él se lo dijo a ella en español, de que si ella creía. “Sí”, ella creía. Él le preguntó por qué era que ella creía. Ella dijo: “Si Dios pudo darle a ese anciano la vista, Él puede darle la vida a mi bebé”. Amén. La desesperación la llevó a eso. No fue nada de mi parte; yo sólo vi la visión. Yo dije: “Señor Jesús, vi una visión de un pequeño bebé, podría ser éste”. En ese momento él pateó con sus pies, hizo: “¡Waa! ¡Waa! ¡Waa!”. Yo dije: “Vayan con ella al médico. Obtengan una declaración escri- … escrita del médico: ‘Ese bebé murió’”. Y el médico escribió la declaración: “La respiración del bebé; su corazón se detuvo esta mañana, en mi oficina a las nueve en punto, murió de una doble neumonía”. ¡Oh, el bebé está viviendo en México esta noche, hasta donde sé! ¿Por qué? La desesperación cayó sobre el corazón de una madrecita, clamando por su hijo, que había visto a Dios obrar… sanar los ojos ciegos de un hombre, y sabía que Él podía resucitar al bebé muerto.
149¡Desesperación! “Cuando me buscareis de todo vuestro corazón, entonces escucharé”. ¿Ven?
150¡El Reino! “La ley y los profetas fueron hasta Juan. Desde entonces, el Reino de Dios ha sido anunciado, y quienquiera se esfuerza a entrar en él”. Uno no simplemente se para por allí y dice: “Levántame por el cuello, Señor, y empújame hacia adentro”. Uno se esfuerza por entrar Allí. Uno se desespera, es entre la Vida o la muerte.
151Desearía tener tiempo para otra historia, que me viene ahora a la mente, de una mujer, una niña que se encaminó mal, y de cómo ella había comenzado de nuevo muchas veces y demás, hasta que le dije: “Hermana…”. Ella se levantó y dijo: “Yo-yo creo que estaré bien”. Le dije: “¡No, no! Quédese allí”. Y entonces, de repente, ella comenzó a orar bajito, y después lo hizo más y más alto. Después de un rato ella entró en desesperación, clamó: “¡Oh Dios, sálvame!”.
152Alcohólicos Anónimos no la pudo curar; no pudo hacerlo ninguna otra cosa. Pero esos grandes ojos oscuros me miraron, y lágrimas caían de sus mejillas; ella dijo: “Algo ha sucedido”. ¡Oh, seguro! ¡Sí, señor! Algo sucedió. Ella desesperó.
153¡Entremos en desesperación por esto; es de vida o muerte!
154Si Ud. no puede desesperarse, no pase por aquí. Si Ud. está desesperado, venga aquí y observe, Ud.-Ud. lo recibirá tan pronto llegue aquí.
155Oremos. En desesperación vigile por el Reino de Dios; vendrá sobre Ud.
156Nuestro Padre Celestial, te ruego en el Nombre de Jesús: Sé misericordioso de nosotros, Señor. Y comienza en nosotros una desesperación. ¡Oh! Señor Dios, ten misericordia de nosotros, lo pido, y permite que la gente te busque en esta noche con corazón desesperado. Nosotros sabemos que estás aquí, Señor. Eres el mismo ayer, hoy y por los siglos.
157Y ahora estas personas que tienen la Señal, que han pasado de muerte a Vida, han cambiado de la vieja vida mundana a una vida nueva; así ha sido. La Sangre ha sido aplicada; y Dios, dales la Señal de muestra. Que tomen ahora esa Señal en sus manos, los que están enfermos; que digan: “Yo soy un producto comprado por Dios. Yo estoy en Cristo, y en Él no hay enfermedad. Estoy en Cristo, y en Él no hay pecado. Estoy en Cristo, y en Él no hay incredulidad. Yo renuncio a todo lo que el diablo me ha dicho. Recibo mi Señal por mis… ‘Él, herido fue por mis rebeliones, molido por mis pecados; el castigo de mi paz fue sobre Él; y por Sus llagas, yo fui curado’. Y ahora poseo la Señal, que Dios me ha reconocido, el propósito de esa Persona, comprado por la Sangre del Señor Jesús. Y yo poseo la Señal de Su muerte en mis manos, porque Él ha resucitado de nuevo, y yo soy Suyo y Él es mío. Prosigo con fe determinada, que desde esta noche en adelante, yo le creo a Dios, y seré sanado al llegar allí y al cumplir los requisitos”. Porque las últimas Palabras que salieron de Sus labios, fueron éstas: “Si sobre los enfermos ponen sus manos, éstos sanarán”. Concédelo, Señor. Que la desesperación entre, porque lo pido en el Nombre de Jesús. Amén. Sí, seguro, yo le creo; Sí, seguro, yo le creo; Sí, seguro, yo le creo; Que Jesús me sane hoy. ¡Oh, sí, seguro, yo le creo!; Sí, seguro, yo le creo; Sólo píenselo: “¡Estoy decidido!”. Sí, seguro, yo le creo; Que Jesús me sane hoy.
158¿Lo creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] “¡Estoy decidido! Estoy decidido, por la gracia de Dios, que no me detendré hasta que ese Algo me impacte. Y paso ahora a que me impongan las manos”. Miren, Dios nunca nos ha fallado. Y creo que el Gran Médico ahora está cerca. Yo le creo al Dios que escribió la Palabra, le creo al Dios que hizo el Sacrificio; yo creo que la Señal de ese Dios, que nos limpia de todo pecado en esta noche (la Señal, Su Propia Vida) está aquí con nosotros. “Yo estaré con vosotros, aun hasta el fin del mundo. Un poco y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis, porque Yo estaré con vosotros, aun en vosotros, hasta el fin del mundo”. ¿Lo creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Estoy confiando en Él. Yo creo que Él lo hará. ¿Uds.? [“Amén”.]
159Ahora, tan pronto doy inicio a eso, veo visiones apareciendo, amén; grandes visiones del Señor, hablando de grandes cosas. ¡Amén! Si doy inicio a eso, estaremos aquí toda la noche. ¿Van a creerlo? ¿Lo creen? ¡Amén! Yo lo creo con todo mi corazón.
160La damita sentada allá cerca del Hermano Palmer, ella es desconocida para mí. Ella es de Georgia y sufre de un problema femenino. Si ella puede creer que Dios la sanará, Él lo hará. Nunca he visto a la mujer en mi vida, pero eso es lo que le sucede a ella.
161Esa mujer, no sé si habrá escuchado el Mensaje antes, pero mientras yo predicaba aquí, la vi. Ud. sólo créalo y vea si eso no es verdad. Amén. ¡Si tan sólo Ud. cree! Eso es correcto.
162La dama sentada acá atrás, con problemas de la columna, sufriendo bastante, su nombre es la Sra. Wisdom. Si Ud. cree con todo su corazón, Jesucristo la sanará. Nunca he visto la mujer en mi vida, pero ella está sentada allí, sufriendo. Ella luce un vestido amarillo. ¿Es eso correcto? Muy bien. ¿Somos desconocidos el uno al otro? Sí. Muy bien, señor. Vaya a casa y sea sana, Jesucristo le sana. Amén.
163Otra mujer acaba de captar eso, es problema de columna, sentada por acá. Ella tiene problemas de la columna. Ella tiene un niño, y él tiene problemas en la cabeza. Ajá. Eso es correcto. Sra. Parker es su nombre. Y si Ud. cree con todo su corazón entonces Jesucristo les sanará a los dos. ¡Amén! Somos desconocidos el uno para el otro. Así es exactamente. ¡Amén! Crea con todo su corazón.
164Aquí está un hombre mayor, sentado atrás, de Michigan. Él está teniendo complicaciones en sus oídos. ¡Oh! Él se imagina voces, un problema espiritual. ¿Es eso verdad? Ud. está creyendo que-que… Ud. no sabe si es Dios, o qué será lo que le está hablando. Ud. oye ruidos en sus oídos. Yo soy completamente desconocido para Ud. Si es así, levante las manos, y si eso es lo que está ocurriendo. Eso nunca le molestará más, Jesucristo le ha sanado. ¿Le creen Uds. al Gran Médico? [La congregación se regocija y dice: “Amén”.—Ed.]
165Yo le hablaría a Ud., pero siendo de Noruega no entiende; es idioma noruego. Ajá. Muy bien, dígale que vaya a casa, creyendo, hermana, si Ud. sabe cómo decirlo. Dígale que el problema de su cabeza le dejará. Ahora, Uds. saben que yo no lo conozco. Él ha venido desde Noruega, para que se ore por él. Regrese un hombre sano. Amén.
166¡Oh! “¡Jesucristo el mismo ayer, hoy y por los siglos”! ¿Qué es? Es esa Columna de Fuego; es el Espíritu Santo; es esa Señal, que Jesucristo vive. Y cuando la gente, allá hace mucho tiempo, le vieron hacer esas cosas, Él captó sus pensamientos porque Él es la Palabra. “Y la Palabra es más cortante que toda espada de dos filos, y es discernidora de los pensamientos y las intenciones de sus corazones”. Amén.
167Vi un destello de agua, y a este joven viniendo. Él oyó y leyó un libro allá, y envió correspondencia en noruego. Él comenzó a entender; alguien le habló. Él está teniendo problemas, pero si cree con todo su corazón, el Señor Jesús le sanará. Él ha venido desde muy lejos, y esto a pesar de que es un muchacho pobre, esforzándose por entrar. Y le pondremos manos, en unos momentos.
168¿Creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¡Amén! ¡Qué maravilloso! ¡Oh, vaya! “¡El gran Médico ahora está cerca”! Hermana, ¿dónde está la Hermana Ungren, y la otra hermana en el piano? Quiero que pasen rápidamente, por favor, y nos den un himno, “El gran Médico está cerca, el Jesús compasivo”.
169Quiero que la gente en esta fila aquí, que desean oración, por favor vengan por este lado acá; sólo una fila a la vez. hermano Neville, encárguese Ud. de eso por favor. ¿Dónde está el hermano Capps o alguno de esos directores de himnos? ¿Qué tal el Hermano Ungren, o el Hermano Capps, o alguien que pase aquí, que cante, guíenos en este himno, por favor? ¿Está el hermano…? ¿Dónde está alguno de esos hermanos? Bien. Muy bien, señor, así está bien. Muy bien. ¡Todos en oración!
170Recuerden, ¡desesperación! ¿Ven lo que hará la desesperación? La desesperación lo impulsará hasta del otro lado del mar. La desesperación le impulsará desde otro estado. La desesperación le impulsará a ir a cualquier lugar. Un padre anciano precioso y su hija, en desesperación, intentaron entrar, y entraron y se sentaron a pesar de todo; hace unos momentos el Espíritu Santo dio la cosa aquí en la reunión, un poco antes de que yo llegara aquí. ¡Oh! Él tiene toda potestad, Es nuestro Jesucristo. La tierna voz del Salvador, Nos habla con… Señor Jesús, concede, oye la oración de Tu siervo, Señor. Te ruego que te encuentres con cada uno de éstos y los sanes, para Tu Gloria, en el Nombre de Jesús. …a los muertos vida. Él tiene toda potestad, Puede sanar la enfermedad; Lleno de gracia y de bondad. Sólo aquéllos ahora que están desesperados, que verdaderamente saben que van a sanar… Sólo piensen, hasta donde sé, un cien por ciento sanaron, del domingo pasado en la noche, fueron sanos esta semana. Nos habla…
171Vigilen, Él viene. ¿Ven?, Él ya les ha sanado. Él trae Su Palabra, Él la confirma, Él muestra Su Presencia. Nadie puede hacer estas cosas aparte de Dios; Uds. lo saben. Ésa es la señal del Mesías. Y Uds. saben que yo no soy ningún Mesías, así que es Él. Ahora aquí Él se los ha probado todo a Uds. Miren, eso debería llevarlos a la desesperación. Eso debería electrificar este lugar y tocar a… No, sería como un—un—un—un fósforo para un barril de pólvora. ¡Seguro! Y debería hacer explotar la fe, y—y el amor y el desespero impulsar aquellas personas directamente a entrar en el Reino de Dios, a creer con todo el corazón. ¿Creen ahora, todos Uds.? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Muy bien. Ahora, Billy, trae tú las…
172Tony, mírame un momento. Hace tiempo que no te veo, pero estás enfermo. Sufres de algo como disentería. Eso es cierto. Eso va a cesar, te va a dejar. Vi a esa cosa siguiéndolo, cuando él pasaba por allí. Ahora mismo no hay nada que pueda ser escondido de Dios. No he visto… Hace meses que no veo a Tony, supongo, pero veo que él tiene eso. Él lo tenía; ya no.
173Inclinemos nuestros rostros. Ningún ojo abierto. Ningún ojo mirando. Estemos todos en oración. Y Billy Paul o el Hermano Neville, alguno, llamará las filas siguientes cuando sea el momento. Ahora todos en oración. Vamos a intentarlo ahora; la fila del centro vendrá por su lado izquierdo cuando sean llamados, y también lo hará la-la fila izquierda por acá a su lado izquierdo cuando sean llamados. El Hermano Neville les llamará. Miren, ¿me pregunto si a algunos hermanos aquí les gustaría pararse aquí para colocar las manos conmigo sobre estas personas mientras pasan? ¿Algunos de Uds. hermanos ministros? Pueden pasar con toda confianza a pararse conmigo si quieren hacerlo. No es algo particular. Uds. tienen el mismo derecho de orar por los enfermos como yo. Yo sé que el Espíritu Santo está aquí. Cualquiera que no crea eso, hay algo errado en ellos.
174Muy bien, creamos ahora con todo nuestro corazón, que Dios concederá estas cosas que pedimos. Ahora, tengan fe. No duden. Y todos oren, el uno por el otro. ¿Qué dice la Biblia? “Confesad vuestras faltas unos a otros; orad el uno por el…”.
175Y Uds. que están pasando por la línea, tan pronto estas manos los toquen, vayan de aquí muy gozosos y alabando a Dios porque están sanos. Muy bien, todos en oración mientras el Hermano Capps dirige los himnos. Señor Jesús, ayúdanos ahora. Oro en el Nombre de Jesucristo, que el Espíritu Santo toque a cada persona, y que ellos sean sanados ahora mientras seguimos Tus mandamientos de poner las manos sobre el enfermo. Tú dijiste: “Ellos sanarán”. Nosotros lo creemos, Padre, en el Nombre de Jesús. Amén. Muy bien, todos en oración ahora mientras empezamos a orar. Primero, hay un niño enfermo en silla de ruedas. Pongo las manos sobre el niño, en el Nombre de Jesucristo, para que él pueda ser sanado. Sí, señor. En el Nombre de Jesucristo… [El hermano Branham y los ministros ponen las manos sobre los que están en la línea, pero las oraciones son inaudibles. La congregación ora y canta El Gran Médico.—Ed.] Lleno de gracia y de bondad, Es nuestro Jesucristo.
176¿Cuántos de Uds. creen que Dios lo ha hecho? ¿Uds. tienen la certeza en su corazón, están seguros y firmes que Dios ha contestado sus peticiones por cuanto han obedecido Su Palabra? Está hecho. Está concluido. Está—está hecho. Créanle a Él con todo su corazón, que es una obra terminada.
177Ahora vigilen esta semana, y cuando regresen de nuevo, observen lo que habrá sucedido.
178Supongo, que la próxima vez que regrese, si el Señor lo permite, estaré pasando la línea de oración por uno de estos cuartos, en ese pequeño cuarto al que debo llevarlos, ¿ven Uds.? Yo creo que eso está llegando ahora (¿ven?), esa hora.
179Quiero llegar al punto cuando pueda traer las personas una a la vez, tratar individualmente con ellos, hasta escudriñarlo y encontrarlo, y entonces proceder así, permaneciendo allí con ellos hasta ese punto.
180Dios les bendiga a todos. Estamos muy contentos de que estuvieran aquí. Tienen… ¿Son persistentes ahora? ¿Tienen…? ¿Están Uds. en desesperación? La desesperación que tuvieron por su sanidad, ¿habrá cesado ya, estando en amor y fe y confianza de que Dios hará lo que Él prometió hacer? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Dios lo hará. De esos niños, hay dos o tres de ellos aquí esta noche, en sillas de ruedas, yo… Nosotros creeremos por ellos, ellos tan sólo son niños; que ellos también van a ser sanados. Ellos van a estar bien. ¿Lo creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¡Amén! “Ellos sanarán”. Tienen que sanar. Dios lo dijo. Y estamos en desesperación, y ahora vamos a creer, que será hecho.
181Ahora, nuestros servicios implican una cosa tras otra. Ahora vamos a despedir la audiencia por aquellos que tienen que viajar. Y según veo, faltan ocho para las diez. Y si tienen que partir, estamos—estamos contentos de que estuvieran aquí, y queremos que regresen y estén con nosotros. Los demás, después que nos pongamos de pie, se sentarán de nuevo; y los que se marchan, salgan tan silenciosamente como puedan. Y entonces tendremos el servicio de Santa Cena inmediatamente después de eso. Están invitados a quedarse si pueden. Si no pueden, Dios los bendiga. Oren por mí. Yo oraré por Uds. Y recuerden, mantengan aplicada la Señal, y desespérense por esforzarse a entrar al Reino de Dios. ¡Amén! Ahora vamos a cantar nuestro himno de despedida por favor, y, lleva El Nombre De Jesús Contigo, mientras nos ponemos de pie. …Nombre de Jesús contigo, Hijo de pena y dolor; Te dará gozo y consuelo, …adondequiera que vayas. Nombre precioso, ¡Nombre precioso! Oh, cuán dulce, oh, ¡cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo; Nombre precioso, oh, cuán dulce, ¡cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo. Estréchense la mano, digan: “El Señor le bendiga, mi hermano y hermana peregrina”. Profunda, sincera y reverentemente, y amigos Cristianos en lazos de compañerismo, estréchense las manos, hermano y hermana. Dios los bendiga a todos, juntos. ¡Maravilloso! Yo le amo, Yo le amo Porque Él me amó a mí primero, Y me compró la salvación En el madero del Calvario. ¡Hasta que nos encontremos! ¡Hasta que nos encontremos! Hasta que nos encontremos a los pies de Jesús; ¡hasta que nos encontremos! ¡Hasta que nos encontremos! ¡Oh, hasta que nos encontremos! Dios sea con Uds. hasta que volvamos a encontrarnos. ¡Hasta que nos encontremos! ¡Hasta que nos encontremos! Hasta que nos encontremos a los pies de Jesús, ¡hasta que nos encontremos! ¡Hasta que nos encontremos! ¡Hasta que nos encontremos! Dios sea con Uds. hasta que volvamos a encontrarnos. [El Hermano Branham comienza a tararear: Hasta Que Nos Encontremos—Ed.]
182Esta dulzura y compañerismo de la gran Señal de Dios, el Espíritu Santo, que Él ricamente habite con todos Uds. hasta que nos volvamos a ver. La gracia de Dios vaya con Uds., que quite la muerte de delante de Uds.; despejándoles sus caminos para que vean siempre a Jesús ante sus rostros, y Uds. no sean movidos.
183Padre Celestial, te encomendamos este servicio, y el servicio esta mañana, esos servicios y lo que ha sido hecho, y toda la gloria sea para Ti, dándote las gracias y la alabanza por salvar a la gente, y por sanar a la gente, y por darnos Tu amplia gracia a la cual todos miramos. Sálvanos. ¡Cuánto te agradecemos por esto! Permanece con nosotros hasta que nos volvamos a ver. Permanece con nosotros en la Santa Cena. Lleva el timón para aquellos que manejan, Señor, a sus hogares. Guíales durante este desorden de los días festivos, que ningún daño ni peligro venga a ellos. En el Nombre de Jesucristo lo pedimos. Amén. Muy bien, Lleva El Nombre De Jesús Contigo, de nuevo ahora. Lleva el Nombre de Jesús… (Quedan despedidos, en el Nombre)… contigo Como un escudo para cada trampa; Cuando las tentaciones a tu alrededor… ¿Qué se hace entonces? Sólo susurra ese Nombre santo en oración. Nombre precioso, ¡Nombre precioso! Oh, cuán dulce, ¡oh, cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo; Nombre precioso, ¡Nombre precioso! Oh, cuán dulce, ¡oh, cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo. Ante el Nombre de Jesús arrodillados, Cayendo postrados a Sus pies, Rey de reyes en el Cielo le coronaremos, Cuando nuestra jornada culminada esté. ¡Nombre precioso, oh, cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo; Nombre precioso, oh, cuán dulce, ¡cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo.
184Miren, antes de que se sienten, mientras la congregación se aquieta ahora para el servicio de Santa Cena… Si no me equivoco, ¿no es éste el hermano Blair, el ministro que conocí en Arkansas no hace mucho? Sí, pensé que era. No estaba seguro. Ud. estaba aquí con un niño para dedicar, un pequeño, esta mañana. Sí pensé… ¿No me encontré con Ud. no hace mucho, allí en Hot Springs, Arkansas? Con Ud. fue que… Algo estaba a punto de suceder, y el Espíritu Santo lo dijo. ¿No es así? Bien. Fue que… Recordé eso allá, pensé: “Ése es el hermano”. Me alegra mucho que esté aquí, Hermano Blair.
185Ahora voy a pedirle al hermano Blair que ore para que Dios nos limpie para la Santa Cena que se llevará a cabo. ¿Lo haría, Hermano Blair? [El Hermano Richard Blair ora.—Ed.] Sí. Sí Señor. Concédelo Señor. Sí Señor. Sí Señor. Sí Señor. Sí. Sí. Amén. Pueden tomar asiento, todos.
186Y ahora en el órgano, hermana, si toca: Hay Una Fuente Llena De Sangre. Y pueden dar inicio a su… llévenlos allí, lo que sea necesario. Muy bien, la lectura ahora, si tan sólo somos—nos aquietamos por un momento. ¿Sí, hermana? [Una hermana dice: “Necesito mi pañito”.— Ed.] Muy bien, hermana, sólo busque aquí hasta que lo encuentre, no hay problema, está allí. ¿Es ése? Muy bien, hermana.
187Muy bien, ahora el hermano Neville leerá el orden de la Santa Cena. Y luego los ujieres pasarán, por si hay extraños aquí, por cada asiento, y harán pasar hilera por hilera, mientras pasamos, y fila por fila, para la Santa Cena.
188Y miren, mediten ahora. Recuerden, Israel la comió en desesperación, y durante el viaje no hubo ni uno enfermo entre ellos, hasta que terminaron los cuarenta años. Esto también es sanidad Divina. El Señor les bendiga, hermano Neville. [El hermano Neville lee la siguiente Escritura, Primera de Corintios 11:23-32.—Ed.] Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comieres este pan, y bebieres esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la Sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. Más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. [El hermano Neville dice: “El Señor bendiga la lectura, la Palabra”. El hermano Branham entonces levanta la bandeja con el pan partido.—Ed.]
189Tengo aquí pan preparado conforme a la ley, arrugado y partido, representando el cuerpo de Jesucristo; por—por medio de este velo rasgado tenemos acceso al lugar Santísimo.
190Nuestro Padre Celestial, este pan ha sido preparado para representar ese Cuerpo molido y rasgado. Que cada uno de nosotros, a medida que lo recibimos, que sea como si verdaderamente hubiésemos hecho este acto. Y que obtengamos el perdón para nuestros pecados, y el acceso al lugar Santísimo, para vivir en Tu Presencia en nuestra vida futura; y todos los días que vivamos aquí en la tierra, y para estar Contigo en la Eternidad para siempre. Concédelo, Padre. Bendice este pan destinado para ese propósito. En el Nombre de Jesús. Amén.
191[El hermano Branham levanta la bandeja con pequeñas copas con vino.—Ed.] La Biblia dice: “Después de haber tomado y partido el pan, de igual manera tomó la copa, y después de haber cenado, dijo: ‘Ésta es la copa del Nuevo Pacto en Mi Sangre, la cual es derramada por Uds.’”. Que el Señor añada Sus bendiciones sobre esto mientras oramos.
192Señor Jesús, tengo aquí la sangre de la vid, el jugo de la uva. Y Padre, es en representación de esa preciosa Sangre que nos limpia, que de Allí vino la Señal. Yo Te doy las gracias por Ella, Padre, y por este símbolo. Tú dijiste: “El que bebiere y comiere de Esto tiene Vida Eterna, y Yo le resucitaré en el día postrero”. Te agradecemos por esta promesa. Y Padre, te pedimos que limpies juntamente nuestros corazones, que podamos ser dignos por la… nuestra fe; sabiendo que en nosotros no somos dignos, pero nuestra fe no fallará, que estamos aceptando perfectamente la Sangre de Jesucristo. Concédelo Padre.
193Y santifica el vino para este propósito destinado. Que cualquiera que bebiere este vino en esta noche, y participe de este pan, tenga fortaleza para el viaje que está por delante. Concédelo Señor. Que estén saludables y fuertes, y llenos de Tu Espíritu, hasta que venga Jesús. Amén.