Photo

~ POR QUE CLAMAS, DI ~
1¡El Señor les bendiga! Permanezcamos de pie por un momento mientras inclinamos nuestros rostros. ¿Hay una petición especial? Si quieren, denla a conocer mientras levantan sus manos hacia Dios, y por medio de eso digan: “Señor, Tú conoces mi necesidad”.
2Padre Celestial, ciertamente que somos un—un pueblo privilegiado en esta mañana, al estar reunidos en la casa de Dios, cuando sabemos que hay tantos que desearían estar en la casa de Dios en esta mañana, pero están en los hospitales y en camas debido a que están enfermos. Pero Tú nos has dado este privilegio a nosotros de estar aquí hoy. Y en ningún momento hemos venido, Señor, para ser vistos el uno del otro, aunque amamos el compañerismo el uno con el otro; pero eso lo podríamos hacer en nuestros hogares. No obstante hemos venido aquí para tener compañerismo con Aquel que nos ha reunido como hijos y hermanos amados.
3Te damos las gracias. Y la única forma que conocemos de tener compañerismo correctamente contigo es alrededor de Tu Palabra. Tu Palabra es la Verdad. Nos reunimos aquí para recibir fortaleza espiritual. La necesitamos Señor. Debemos tener fortaleza para soportar las cruces que cargamos. Y rogamos que envíes al gran Espíritu Santo hoy para que nos fortalezca a todos. Concede las peticiones de Tu pueblo mientras se han congregado y han levantado sus manos hacia Ti, diciendo así que tienen necesidad de tales cosas. Responde a cada uno Señor.
4Te agradecemos por salvarle la vida a nuestra Hermana Ungren anoche, en el accidente en la carretera hacia acá. Tú fuiste bondadoso con ellos, Señor, y te agradecemos por eso. Y ahora rogamos, Padre Celestial, que Tú continúes con nosotros y nos ayudes a cada uno de nosotros mientras seguimos en la jornada. Danos Tu poder protector y la—la fe de saber que Tu presencia que nunca falla estará con nosotros. En aquella hora cuando no podamos ayudarnos a nosotros mismos, sabemos que “Los ángeles de Dios acampan alrededor de los que le temen a Él y nos llevarán para que en ningún momento tropiece nuestro pie en piedras”. Y rogamos ahora que nos des de Tus bendiciones para la Palabra, y habla a través de nosotros, y en nosotros, en el Nombre de Jesucristo. Amén.
5Estoy agradecido que esté brillando el sol de afuera, el sistema solar. El tiempo estaba muy mal esta mañana. Y yo pienso que en esta parte del país en particular, tenemos demasiado clima tenebroso y sombrío. Y ver el sol brillando, saliendo así, es muy bueno.
6En la reunión familiar de hoy, me encuentré con mis hermanos, y ellos están allá en la casa de mi hermana, y algunos de los parientes alrededor de la ciudad y otras partes. Los Branham son un número bastante grande. Si todos los de Kentucky se reunieran aquí, me imagino que tendíamos que alquilar la ciudad; es que hay tantos de ellos. Pero es un pequeño regreso a casa. Nosotros solíamos reunirnos todos en la casa de mamá, y ella era como el poste de amarre que nos mantenía juntos. Pero Dios se llevó ese poste de amarre al Cielo, y yo espero que todos podamos reunirnos allá algún día.
7Ahora, yo hablé el otro día y dije: “¿Saben?, yo creo que reduciré mis mensajes dominicales a unos veinte minutos, y—y, o treinta, y luego oraré por los enfermos”. Y esta mañana me acordé de eso.
8Y anoche pensé, cuando la Hermana Downing me llamó y me dijo que, llamó a Billy y le dijo que ella y la Hermana Ungren, mientras venían hacia acá, habían resbalado en la carretera y habían tenido un accidente. Y mientras Billy todavía estaba en la ventana, ahí, no sé qué hora era, quizás alguna hora de la madrugada. Yo había estado dormido por algún tiempo. Miré hacia la casa del Hermano Wood y las luces estaban apagadas. Me arrodillé para orar, y cuando lo hice, Algo me dijo: “Todo está bien”. Entonces le dije a Billy: “Dile a ella que todo estará bien”, así pensaba yo. Me siento contento de verlas aquí hoy, y sentadas en la casa del Señor, después del incidente en la carretera.
9Son personas que lo aman tanto a uno, que viajan cientos de millas para escuchar el Evangelio, y entonces pensé: “Un mensaje de veinte minutos, y tan lento como soy yo, eso no serviría de nada”. Así que pensé que yo simplemente…así de largo.
10Entonces al oír al Hermano Ungren, su hijo, esta mañana, cantando: “Cuán Grande Eres Tú”. Él tiene… Él significa más para él en esta mañana que lo que significaba ayer por la tarde, por cuanto el gran Dios del Cielo libró a su amada y preciosa madre y a su hermana.
11Ahora, hoy estamos esperando tener un gran tiempo en el Señor. Y yo tenía dos o tres textos distintos, que estaba considerando, y no, yo no podía decidir sobre cuál hablaría en esta mañana. Uno de ellos era: “Echando vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. Ahora, si Él tiene cuidado ¿por qué no vosotros?”.
12Y luego otro, Billy Paul, o no Billy Paul… Mi otro hijo, José, me trajo este texto ya hace mucho. Él estaba sentado en el cuarto un día, y mirando hacia la fotografía, él dijo, Billy… O, a José le gustan mucho los barcos, Uds. saben cómo son los niños; barcos y caballos. Y él me dijo: “Papá, ¿tiene Jesús un barco? Y yo dije: “Yo no sé”.
13Entonces después que él se levantó y salió, yo me puse a pensar: “¿Tiene Él un barco?”. Y de ahí saqué un texto y lo punté aquí en mi libreta: “¿Tiene Jesús un barco?” Y me puse a pensar. Cuando Él estuvo aquí en la tierra, Él tuvo que pedir prestado un vientre en donde nacer, una tumba en la cual ser sepultado, un barco de donde poder predicar, pero Él es el Piloto del viejo barco de Sión. Claro que Él tiene. Pero esos textos en los que estaba meditando, pienso que los puedo predicar después, antes de que salgamos para regresar.
14Uds. saben, a mí me gusta predicar desde aquí del tabernáculo, porque es nuestra propia iglesia. Aquí nos sentimos con libertad de decir lo que el Espíritu Santo diga. En otros lugares, aunque el hombre quiera hacer que uno se sienta bienvenido, uno se siente como un poquito incómodo por causa de que—que uno está en la iglesia de otra persona, y uno quiere ser lo suficientemente caballero para respetar sus—sus ideas y sus doctrinas.
15Tuvimos un tiempo maravilloso esta semana allá en la casa del Hermano Burcham. Y entré a la fábrica donde fabrican el queso. Veo que él y su esposa y sus hijos están presentes en esta mañana. Y yo siempre pensaba que una fábrica de queso sería así como otros lugares donde he estado, oh, todo desordenado y sucio. Hermanos, yo puedo decir una cosa, Uds. pueden tener la seguridad de que ese lugar no es sucio. Ese fue el lugar más limpio en donde yo haya entrado, y especialmente en una fábrica. Y yo no sabía; pensaba que quizá hacían cien libras de queso al día. Y hacen seis toneladas cada día, y con tres de las fábricas andando. Yo pensé: “Oh, vaya, ¿quién se come todo ese queso?”
16Pero el Señor ha bendecido a este hombre. Tuve el privilegio de estar en su hogar, es un hogar muy hermoso, una esposa muy fina y consagrada. Y no hay ninguna razón porqué ellos no deben vivir cada día para Cristo, así como lo están haciendo. Conocí a sus hijos, y son hijos muy finos. Estamos muy agradecidos por este compañerismo que tenemos el uno con el otro.
17Me enteré que su primer pastor era un—un hombre a quien yo conozco, el Hermano Gurley, un hombre muy fino de la fe Pentecostal Unida al cual conocí hace años allá en Jonesboro, Arkansas. Y yo no sabía que ellos eran… que ése era su pastor.
18Ahora, recuerden el servicio de esta noche. Y entonces, si el Señor lo permite, el próximo domingo esperamos hablar nuevamente. Y luego pienso que es el domingo que sigue que tengo que ir a Chicago. Luego estaré fuera por algún tiempo, tengo que llevar a la familia nuevamente a casa, o allá a Arizona para que ellos, los niños se puedan matricular en la escuela nuevamente. Y entonces dejaremos de molestar al pastor, quitándole los servicios.
19Así—así que estamos muy agradecidos con Hermano Neville por su hospitalidad, Uds. saben, por—por haberme invitado. Y él es tan, no… Yo amo al hermano, un hombre así, donde no hay nada de engaño, nada de egoísmo, es puro Cristianismo genuino. A mí me gusta eso.
20Ahora vamos a leer algo de la Escritura y luego haremos los comentarios. Y yo no sé a qué hora salgamos, en estos Mensajes largos, pero pienso… Yo estaba hablando el otro día acerca de hablar tan extenso, y alguien dijo: “Bueno, mire, si Ud.—si Ud. solamente hablara por unos pocos minutos; y de todas maneras Ud. habla como en misterios”, dijo: “Nosotros—nosotros jamás podríamos entenderlo”. Dijo: “Pero siga hablando, que más adelante todo encaja”, dijo él. Así que quizás es así como el Señor desea que lo hagamos. Inclinémonos nuevamente.
21Señor, Tu Palabra está abierta aquí sobre el púlpito, y sabiendo que algún día la cerraremos por última vez, entonces la Palabra será hecha carne. Y también estamos—estamos agradecidos por este tiempo en esta mañana. Y ábrenos, por medio de Tu Espíritu Santo, el contenido de esta Palabra que habremos de leer. Que el Espíritu Santo nos enseñe hoy las cosas que debemos saber. Y que luego nosotros, a cambio, pongamos atención a cada palabra, y que la pesemos profundamente. Y luego que aquellos que estén escuchando por medio de la cinta, que ellos pongan atención. Y que podamos captar lo que el Espíritu Santo nos está tratando de revelar. Porque nos damos cuenta que si Tú nos unges, entonces la unción no es en vano. Es para un propósito, para obrar para bien, para el Señor. Y que nuestros corazones y nuestro entendimiento sean abiertos Señor.
22Que tengamos libertad para hablar, y libertad para escuchar, y acceso a la fe, para creer lo que hemos escuchado, a medida que proviene de la Palabra de Dios; que nos pueda ser atribuido como Vida Eterna, en aquel gran Día que está por venir. Bendícenos hoy. Redarguyenos cuando estemos errados. Haznos saber las fallas que tenemos y bendícenos en el camino que es correcto, para que sepamos en qué dirección ir, y cómo debemos comportarnos en ese mundo actual; para que así en nuestro vivir aquí, podamos honrar a Jesucristo, Quien murió para darnos Vida en el gran porvenir. Pedimos esto en el Nombre de Jesús. Amén.
23Ahora, yo quiero leer sólo de dos lugares de la Escritura, en esta mañana. Y una de ellas se encuentra en el Libro de Éxodo. Francamente, ambas son del Libro de Éxodo. Una en el capítulo 13, los versículos 21 y 22. Y la otra está en el capítulo 14, los versículos 10, 11 y 12. Ahora leeré de Éxodo 13:21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.
24Ahora en Éxodo 14, y el versículo 10. Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. Y entonces dijeron… Moisés: ¿No había…? (perdonenme). Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto.
25Voy a leer unos versículos más. Y Moisés dijo al pueblo: No temáis… Ahora escuchen bien aquí. …Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. …Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Dí a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco. Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería; y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique en Faraón, en sus carros y en su gente de a caballo. Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas. e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros. Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo. Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios.
26La Palabra de Dios es tan grande y tan buena que no hay manera de dejar de leerla. Ella simplemente llega a ser Vida, a medida que la leemos. Yo pienso que en este texto de esta mañana, aunque está siendo grabado, yo quiero decir esto aquí al principio: se halla, me hallo a mí mismo. Y la razón de que yo… Ayer, mientras estudiaba, encontré este tema, y luego pensé: “Si el Señor lo permite voy a hablar sobre eso porque me habla también a mí”. Y espero que nos hable a todos nosotros, para que podamos ver, y nos haga llevantar la vista; y que estudiemos un poco y comparemos el día que era entonces, el… con el día de hoy.
27Deseo tomar tres palabras como texto, y esas son: ¿Por qué Clamas? ¡Di! Dios le dijo a Moisés, aquí en el versículo 15: “¿Por qué clamas a Mí? Di a los hijos de Israel que marchen”. Y: ¿Por qué Clamas? ¡Di!
28Ahora bien, tenemos aquí un gran tema, y trataré de apurarme para terminar lo más pronto posible, como dirija el Espíritu Santo. Y deseo pensar en el… en este texto, de Moisés clamando a Dios en tiempo de problemas; y Dios reprendiendo a Moisés, ahí mismo cuando los problemas estaban en—en camino. Y parece que es natural que una persona clame. Y luego qué—qué reprensión es que Dios se dé la vuelta y lo reprenda por decirlo, por clamar a Él. Parece que es una cosa muy dura.
29Muchas veces cuando miramos las Escrituras, a nuestra propia manera de verlo, parece muy dura. Pero si la estudiamos por un tiempo, nos damos cuenta que el único sabio Dios sabe lo que Él está haciendo. Y Él sabe cómo hacer estas cosas y cómo lidiar con el hombre. Él conoce lo que hay en el hombre. Él, Él lo conoce. Nosotros no. Nosotros sólo conocemos el lado intelectual. Él sabe lo que en verdad hay en el hombre.
30Moisés nació en este mundo como un muchacho dotado. Él nació para ser profeta, un libertador. Él nació con el equipo ya en él, así como todo hombre que viene al mundo nace con este equipo, como yo creo firmemente en el—en el preconocimiento de Dios, la predestinación.
31“No queriendo Dios que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”. Pero, siendo Dios, Él tenía que conocer, y “conoce el fin desde el principio”. ¿Ven? Si no es así, entonces Él no es infinito; y si no es infinito, entonces no es Dios. Entonces ciertamente Él no quería que nadie pereciera, pero conociendo Él—Él quién perecería y quién no perecería. Esa es la razón, el mero propósito por el cual Jesús vino a la tierra, fue para salvar a aquellos que Dios había visto por su previo conocimiento que deseaban ser salvos, ¿ven?, porque el mundo entero estaba condenado. Y yo no veo cómo lo podríamos enseñar de otra forma a parte del preconocimiento de Dios, y la Biblia claramente dice que Él “conoce el fin desde el principio”, y lo puede declarar.
32Por lo tanto, cuando una—una persona trata de ser algo que no es, solamente están haciendo una imitación, y tarde o temprano eso lo alcanzará a Ud. Sus pecados lo alcanzarán. Ud. no puede cubrirlos. Hay una sola cobertura para el pecado, y esa es la Sangre de Jesucristo, y Ella no puede ser aplicada a menos que Dios lo haya llamado a Ud. desde la fundación del mundo. Para eso fue derramada esa Sangre; no para pisotearla, y burlarse de Ella, y mofarse de Ella, y—y hablar mal de Ella, y—y demás. Fue con un propósito definido. Correcto. No para que se jugase con Ella, ni para que fuera personificada al decir que los pecados están cubiertos cuando no lo están. Y ningún hombre puede lograr que sean cubiertos sus pecados si su nombre no fue colocado en el Libro de la Vida del Cordero antes de la fundación del mundo. Jesús mismo dijo: “Ningún hombre puede venir a Mí si Mi Padre no le trajere. Y todo lo que el Padre me ha dado”, (tiempo pasado), “vendrá a Mí”. Correcto. Así que no pueden hacer que la Palabras mientan. Ellas están ahí para Verdad y para corrección.
33Y Moisés nació con un don de fe; Moisés tenía una gran fe. Más adelante la vemos manifestarse en él. Y él nació en una gran familia, sabemos que su padre y su madre provenían de la familia de Leví. Lo cual, aquí en este relato, antes de esto, en el Libro de—de Éxodo, tan hermosamente muestra la vida de este gran personaje. Y él era uno de los—los personajes más grandes de la Biblia, porque él fue estrictamente un tipo del Señor Jesús.
34Él tuvo un nacimiento muy raro, así como el Señor Jesús. Él nació en tiempo de persecusión, como el Señor Jesús. Él nació para ser un libertador, como el Señor Jesús. Él fue escondido por sus padres, apartándolo del enemigo, como el Señor Jesús. Y él llegó a su tiempo de servicio, como el Señor Jesús. Él fue un líder, como el Señor Jesús. Él fue un profeta, como el Señor Jesús. Y él fue un dador de leyes, como el Señor Jesús.
35Y hallamos que él murió sobre la Roca, y él debió haber resucitado y todo, porque, ochocientos años depués, él estaba parado sobre el Monte de la Transfiguración, hablando con el Señor Jesús. ¿Ven? Los Ángeles se lo llevaron. Nadie sabe en donde está sepultado. Aún el diablo no sabía eso. Francamente, yo no creo que él haya sido sepultado. Yo—yo creo que Dios se lo llevó, y—y él murió sobre la Roca que él había seguido todos los días de su vida.
36Y él fue un tipo perfecto de Cristo. Él fue rey sobre el pueblo. Él fue un dador de leyes. Él fue un—él fue un sustentador para el pueblo. En—en tipo, él fue todo lo que fue Cristo.
37Bien, entonces vemos que él nació con este gran don y estas cualidades ya en él, entonces solo faltó que Algo se cruzara con eso para traer esa cosa a Vida.
38¿Ven?, la simiente de Dios en realidad es colocada en nosotros desde la fundación del mundo. Y cuando esa Luz por primera vez pega en esa simiente, la trae a Vida, pero primero la Luz tiene que pegar en la simiente.
39Como he enseñado muchas veces de la mujercita junto al pozo, ella en aquella condición. Aunque era una—una persona de mala fama, aunque su—su vida estaba degradada, y ella se encontraba en esa condición por cuanto las tradiciones nunca la habían tocado, pero sin embargo, cuando esa Luz pegó en ella por primera vez, ella rápidamente la reconoció, porque había algo ahí con que responder. “Cuando un abismo llama a otro abismo”, tiene que haber un abismo en algún lugar para responder a ese llamado.
40Y Moisés aquí nació profeta, pero él fue criado en una escuela intelectual ahí en el palacio de Faraón. El Faraón Seti, bajo el cual él fue criado, era un hombre que aún tenía honor, y creía que José era profeta del Señor. Pero luego se levantó Ramesés después de Seti, y a Ramesés no le importaba José. Y entonces, ahí es cuando comenzó el problema, cuando se levantó a un Faraón que no conocía a José.
41Pero estas grandes cualidades, hablemos de ellas un poco, y, antes de llegar a la parte principal del texto. Yo tengo una forma muy rara de fijar el texto, y luego edificar hacia ese fin, y que el Señor nos ayude en esta mañana mientras edificamos.
42Moisés, habiendo nacido con este gran don de fe, luego él fue ungido y comisionado allá en la zarza ardiente, para liberar al pueblo de Dios. Ahora, ¡vean qué grandes cualidades tenía este hombre! Él nació para cierta cosa. Dios tenía un propósito en ello.
43Dios tiene un propósito al estar Uds. aquí ¿Ven? Si Uds. solamente pudieran ser—llegar a ese lugar, entonces cuántos problemas le ahorrarían a Dios y también a Uds. mismos.
44Moisés nació, y después él fue traído al—al lugar donde fue ungido. Y noten, la simiente ya estaba ahí con una concepción intelectual de toda la fe con la cual él nació para liberar a este pueblo, sin embargo eso nunca vino a Vida hasta que pegó en ella la Luz de la zarza ardiente; hasta que él vio, no algo de lo cual había leído, pero algo que él había visto con sus ojos; Algo que le hablaba a él, y él le podía responder. ¡Oh, cómo trajo eso las cosas a Vida!
45Yo pienso que cualquier hombre con un... o mujer, muchacho o muchacha. Y yo pienso, en una concepción intelectual de lo que ellos piensan que es la Palabra, y así por el estilo, nunca pueden pararse en un fundamento completo hasta que se hayan encontrado con esa Luz, la cual trae esa Palabra a una realidad.
46Yo pienso que ninguna iglesia en la práctica, no importa cuán intelectual y fundamental pueda ser, esa iglesia no puede prosperar hasta que lo Sobrenatural se dé a conocer entre esa gente, y ellos lo vean. Algo con lo cual ellos puedan hablar, y que les responda, lo cual vindica esta Palabra escrita.
47Ahora recuerden, cuando Moisés se encontró con esta zarza ardiente, esa Palabra fue vindicada perfectamente. Era la Palabra. Moisés no tenía que preocuparse: “¿De qué se trata esta Voz? ¿Quién es este Ser que está aquí?”. Porque Dios ya había escrito en la Escritura, en Génesis, que: “Tu descendencia morará en tierra ajena, pero regresarán después de cuatrocientos años, y volverán a este país nuevamente, porque la—la maldad del amorreo aún no ha llegado a su colmo”. Ahora, cientos y cientos de años antes, Dios había dicho que: “Israel morará y será maltratada en un país extranjero y ahí se quedará por cuatrocientos años. Pero Dios, con una mano fuerte, lo sacará”. Así que puedeen ver, con esta zarza ardiente...
48Moisés conocía esto, intelectualmente. Y la simiente que nació en él, estaba en su corazón. Y él intentó con su experiencia intelectual en la Palabra, de tratar de—de—de sacarlos, de liberarlos, porque él sabía que había nacido para ese propósito. Él sabía que era el tiempo. Todas las Escrituras decían que ya habían estado ahí cuatrocientos años.
49Así como nosotros sabemos hoy, como un hombre me preguntó hace unos momentos acerca de la Venida y el Rapto. Nosotros sabemos. Ya se nos ha acabado el tiempo, el tiempo del Rapto está a la mano, y estamos esperando la fe de rapto que puede unir a la Iglesia y darle fuerza Sobrenatural, la cual puede cambiar estos cuerpos en que vivimos. Cuando vemos a un Dios que puede levantar a un muerto del piso aquí o allá afuera en el patio, y lo vuelve a la vida nuevamente y lo presenta ante nosotros; cuando vemos a un Dios que puede quitar un cáncer que se ha comido a un hombre a tal grado que es una sombra, y lo levanta a ser un hombre fuerte y sano, eso debiera infundir fe de rapto al pueblo, que, cuando esa Luz relampaguee del Cielo, y la trompeta suene, el Cuerpo de Cristo será reunido rápidamente y será cambiado en un momento y llevado a los Cielos. Sí, tiene que suceder algo semejante a eso. Y nuestras escuelas de teología nunca podrán producir eso, sin embargo intelectualmente están bien. ¡Pero uno tiene que encontrarse con esa Luz! Uno tiene que encontrar ese Algo.
50Y ahí estaba Moisés, basando su gran llamado en la Palabra, y fue grande, hasta que un día él se encontró con esta Luz, y la misma Palabra le respondió. Entonces él recibió su unción. Eso ungió lo que él tenía por dentro, aquello de adentro, lo—lo intelectual que lo creía, la fe que estaba basada en su creencia en Dios, que le había separado de su madre. Y ahora cuando él llega a la Presencia de esta Luz, Eso ungió aquello que él creeía. ¿Ven? ¡Qué unción! Y él fue comisionado.
51Ahora, nosotros sabemos que intelectualmente él había escuchado a su madre. Él sabía lo que iba a acontecer, y él sabía que él estaba viviendo en ese mismo día. Pero ahora se dio cuenta que era un fracaso, él entonces pudo haber... su pudo haber retrocedido un poco. Pero luego, cuando él llegó ante la zarza, Dios dijo: “Yo he escuchado los clamores de Mi pueblo, y me he acordado de Mi promesa a sus padres, Abraham, Isaac y Jacob, y he descendido”. “Yo”, ahí, el—el pronombre personal, “Yo he bajado a liberarlos”.
52Y ahora, permítanme añadir esto, si es que... Que Dios me perdone si suena sacrílego. “Yo no obro sobre la tierra, sino solamente a través del hombre. Yo—Yo—Yo soy la Vid; vosotros sois los pámpanos. Y Yo sólo me declaro cuando puedo hallar a un hombre. Y te he escogido a ti, y te estoy enviando a ti para salcarlos” ¿Ven? Ahora noten: “Yo seré en tu boca, y Yo... tú toma esta vara”.
53Y Moisés dijo: “¿Puedo yo ver una evidencia de que me estas enviando y que me has ungido, y que harás estas cosas?”. Dijo: “¿Qué tienes en la mano?”. Él dijo: “Una vara”. Dijo: “Tírala al suelo”. Y se convirtió en una serpiente. Él huyó.
54Él dijo: “Recógela”. Volvió a convertirse en una vara. Dijo: “Mete la mano en tu seno”. La sacó y estaba leprosa. La volvió a meter y fue sanada.
55Dice: “Él vio la gloria de Dios”. Moisés ya no tenía más preguntas. ¿Notaron Uds. que él no corrió nuevemente al desierto? Él sabía que estaba ungido. Él sabía que, todas estas cosas que tenía en su corazón, estas grandes cualidades tan finas, y él... ahora estaban ungidas. Él, él estaba listo. Él estaba listo para salir. Así que salió hacia Egipto.
56Dios había dicho: “Yo estaré contigo”, así que eso—eso lo concluye. Si: “Yo estaré contigo”, eso es todo lo que Moisés tenía que saber, por este gran llamado que tenía en su corazón. Y ahora Dios le había dicho: “Yo estaré contigo”.
57Ahora, Dios también había vindicado sus—las afirmaciones de Moisés. Moisés afirmó: “Yo me encontré con el Señor, y me dijo que les dijera a Uds.: ‘YO SOY’ me ha enviado”. ¿Ven?
58Ahora, ellos dijeron: “Aquí está un hombre, otro judío, probablemente uno de estos fanáticos que ha estado apareciendo todo el tiempo con toda clase de planes para sacarnos de la esclavitud”. Y Uds. saben cómo es la gente cuando son esclavos, o en cautiverio o algo, siempre están apareciendo toda clase de maniobras, Uds. saben, para hacerlo
59Así que Moisés, Dios le prometió a Moisés: “Yo estaré contigo. Yo estaré en ti. Mis Palabras serán tus Palabras. Tú habla Mis Palabras y solamente di lo que Yo digo”.
60Y ahora, cuando Moisés fue y les hizo este llamado, y se paró ante Faraón, y le dijo: “El Señor Dios de los Hebreos ha dicho: ‘Saca a los hijos’”. Y éste no quería dejarlos ir. Entonces él—él hizo una señal ante los ancianos y ante Faraón, y las señales que Dios hizo. Él dijo: “Miren, mañana, como a esta misma hora, se pondrá el sol. Habrá oscuridad por todo Egipto”, y así sucedió, exactamente. Y luego él dijo: “Habrá—habrá moscas sobre la—sobre la tierra”, y él extendió su vara y llamó a las moscas, y las moscas aparecieron. Y él profetizó, y todo lo que él profetizó, se cumplió exactamente de esa manera. Era Dios. ¿Ven?
61Dios lo había llamado desde su nacimiento, puso cualidades en él, de gran fe, y luego bajó con Su Presencia y ungió esa gran cosa dentro de él, y lo envió con Su Palabra, y él estaba correctamene vindicado en cuanto a sus afirmaciones. No importaba cuántos charlatanes se habían levantado, ni cuántas otras cosas habían suucedido, Dios estaba hablando a... Moisés estaba identificado. Moisés, lo que Moisés decía, Dios lo honraba. Quiero que nunca se les olvide esa Palabra. Lo que Moisés decía, Dios lo honraba, porque la Palabra de Dios estaba en Moisés. “Yo seré en tu boca; ella hablará lo correcto”. Ahora, lo que Dios dice—lo que Dios dijo lo hablaba a través de Moisés, y eso confirmaba y vindicaba sus afirmaciones.
62También le fue dicho por su madre, acerca de su nacimiento misterioso, y cómo es que el tiempo estaba a la mano cuando estaba tan cercana la hora en que habría una liberación. Amram y—y Jocabed, hijo e hija de Leví, comenzaron a orar a Dios para que enviara un libertador. Y requiró... Cuando uno ve que se está acercando el tiempo de la promesa, eso pone a la gente a orar y a hambrear. Y no cabe duda que—que Jocabed le había relatado muchas veces, su madre; y siendo también su tutora, según conocemos el relato. Y le había dicho cómo es que ella había orado. “Y, Moisés, cuando tú naciste, hijo, tú fuiste un niño hermoso. Tú eras distinto. Algo ocurrió en tu nacimiento”.
63Yo presenté un drama sobre esto no hace mucho, para los niños, y dije: “Mientras Amram estaba en la habitación orando, él vio un Ángel sacar Su espada y la apuntó hacia el norte, y dijo: ‘Tú tendrás un hijo y él llevará al pueblo hacia el norte, a la tierra prometida’”. Presentando así un drama para los pequeños de manera que ellos lo entendieran; porque sus intelectos no están desarrollados al mismo nivel como los de Uds. los adultos, donde pueden captar las cosas que el Espíritu Santo les revela.
64Ahora, aunque su madre le había contado estas cosas, y él las sabía, sin embargo él necesitaba otro toque. La—la enseñanza estaba bien, pero él necesitaba un contacto personal.
65Eso es lo que el mundo necesita hoy. Eso es lo que la iglesia necesita hoy. Eso es lo que necesita toda persona que es hijo e hija de Dios. Para llegar a ser eso, Ud. Necesita un contacto personal, ¿ven? Algo. No importa, Ud. sabe que la Palabra es verdad, Ud. sabe que está correcta; pero luego cuando hace contacto, y luego Ud. ve que se hace la cosa, Ud. entonces sabe que está en el camino correcto. ¿Ven? Y vigilen, siempre será Escritural. Cuadrará perfectamente con la Escritura, porque esto así lo hizo.
66La oración de Amram estaba perfetamente en línea con la Escritura. Sus oraciones estaban en línea con la Palabra prometida. Dios prometió hacer aquello en ese tiempo. Ellos oraron por eso, y les nació un niño hermoso. Y ellos...
67¡Miren! ¡Oh, cómo yo amo esto! Vean, en la misma hora cuando Faraón estaba matando a todos los niños, ¿ven?, matándolos con la— con la espada, la espada de los guardias; ellos, ellos mataban a estos niños a puñaladas, y se los lanzaban a los cocodrilos, los cuerpecitos, hasta que quizás los cocodrilos ya estaban bien gordos a base de los cuerpos de los niños hebreos. Pero la Biblia dice, que: “Los padres no temieron el mandato de Faraón de matar a los niños”. Ellos no. Ellos no tenían miedo porque para comenzar, ellos habían visto algo en este niño. Ellos lo vieron, que esta era la respuesta a la oración.
68Y ahora, Moisés tenía todo esto como respaldo, así que Moisés sabía que él fue enviado con el mismo propósito de librar a los hijos de Israel.
69¿Ven?, todos los antecedentes se van acumulando. Cuando Ud. recibe algo, y puede traer la Biblia, diciendo: “Esto va a ocurrir”, y así ocurre; “y esto va a suceder en este tiempo”, y así acontece; entonces todo eso se va acumulando y nos forma el cuadro.
70Oh, cómo este Tabernáculo en esta mañana, cómo nosotros siendo el pueblo de esta hora, Hermano Neville, mientras vemos nuestro cabello poniendose canoso, y nuestros hombros encorvándose, cuando vemos el mundo zigzagueando y tambaleandose como está, y ¡cómo podemos mirar alrededor y ver que la promesa se está acercando! Es que, es... Yo pienso, muchas veces, si alguien llegara a esto así de repente, y no lo entendiera, o más bien sí lo entendiera, y llegara así de repente, ¡casi lo enviaría hasta la Eternidad, con una cosa tan raptadora! Y que nunca lo conociera, y así, oh, pasar por las cosas que hemos visto y conocemos y entendemos, y llegar a todo eso así de repente; el hombre, o la mujer, muchacho o muchacha, probablemente levantaría sus manos y diría: “Señor Jesús, vámonos”, ¿ven Uds.? ¡Oh, cómo es que la hora está tan cercana!
71Moisés, sabiendo que nació para ese propósito, miraba por las ventanas y observaba a esos hebreos mientras trabajaban; luego miraba acá en la Escritura y decía: “Y morarán allá cuatrocientos años (¿ven?), pero Yo los libraré con una mano poderosa”. Luego cuando él volvió después de haber sido comisionado, ungido, sabiendo que había nacido... Y su fe miró, por fe él miró esa gente y sabía que ellos eran los hijos de Dios, porque el mundo... así decía la—la Palabra. Ellos no eran del mundo, y no eran como los demás. Ellos eran distintos. Y eran maniánicos y fanáticos para el—el encanto altivo de Egipto; y él debía ser el hijo de Faraón, tomando control del reino, y el que seguía. Pero él, había algo dentro de él, una—una fe genuina que no se fijaba en esas cosas, el encanto que él había de heredar. Él más bien se fijaba en la promesa de Dios, y sabía que el tiempo se estaba acercando. ¡Y qué debe haber pensado ese hombre!
72Algún día yo quisiera hablar de eso con él, cuando lo encuentre del otro lado. Ud. dirá: “¡Hermano, eso es una locura!”. No, no lo es. Por la gracia de Dios, yo lo voy a conocer a él. Sí señor. Algún día yo hablaré con él. Con Moisés mismo. Y cómo quisiera hacerle la pregunta de cómo, ¡cómo fue cuando él vio su preparación!
73Cómo habrá sido la frustración, el diablo diciendo: “Ah, el pueblo no te va a creer. Ajá. No—no hay nada en eso”.
74Pero cuando esa simiente llegó a Vida allá, algo lo tocó, y entonces él sabía que algo iba a suceder. Él sabía. Miró su reloj y vio qué hora era, y entonces sabía, y cómo debe haber pensado mientras observaba. Ahora, cuando él hubo juntado todo esto, todas las grandes cosas que había visto; el tiempo Escritural, las oraciones de su madre y su padre, y que había tenido un nacimiento peculiar, un niño raro. Y, por todo el camino había habido algo dentro de él.
75Y ahora, se va y trata de pensar que tomaría su entrenamiento militar de su escuela, y librar a los hijos, pero eso falló.
76Luego se va al desierto y se casa con una—una hermosa joven etíope, y tuvieron un muchachito llamado Gersón.
77Y cierto día, mientras cuidaba el rebaño, de repente vio una zarza ardiente arriba en la cumbre de la montaña, ardiendo. Y subió allá. Y no una cosa intelectual, no una—una imaginación, no un engaño, ni una ilusión óptica, pero en él... Ahí estaba el Dios de Abraham, en una Luz, una Columna de Fuego ahí en una zarza, aquel Fuego, como ondas que salían, pero no dañaba a la zarza. Y la Voz de la Escritura, la Voz de Dios, habló a través de ahí y dijo: “Yo te he escogido a ti. Tú eres el hombre. Yo te levanté para este propósito. Te estoy probando aquí mismo por medio de señales, que tú vas a librar a los hijos porque Mi Palabra tiene que ser cumplida”.
78¡Oh, Su Palabra para este día tiene que ser cumplida! Nosotros estamos viviendo en la hora. No importa lo que nadie más diga; la Palabra tiene que ser cumplida. Los cielos y la tierra pasarán pero no Su Palabra.
79Ahora, cuando Moisés hubo juntado todo esto, y vio en toda dirección, eso ungió su fe. ¡Oh, hermano! ¡Qué pensamiento! Esto mismo, en sí, viendo la Escritura apuntando directamente a lo que era, y Dios hablando, y la evidencia de ello, allí, eso ungió la fe que había en él, para ponerse a trabajar.
80¿Qué debiera hacer eso con nosotros? Nosotros necesitamos un arrepentimiento. Nescesitamos un avivamiento. Lo digo por mí mismo. ¿Ven? Yo necesito una sacudida. Necesito algo. Dije que en esta mañana estaba hablando conmigo mismo, o de mí mismo. Yo— yo—yo necesito un despertar.
81Y cuando pienso en aquella grande evidencia, todo tan perfectamente presentado allí, y eso ungió la fe de Moisés. Y, (¡oh!), él vio que no había nada...
82Aquí, él huyó de Egipto, cuando en realidad, él pudo haber dado inicio a un—un motín o algo, y él pudo haber—él pudo haberse levantado y dado comienzo a una revolución en Egipto, y pudo haber tomado un ejército y peleado, pero, ¿ven Uds.?, y hubiera tenido muchos miles a su lado. Pero en vez de eso, él tenía miedo de hacer eso, aun con ejércitos a su lado.
83Pero aquí viene de nuevo, cuarenta años después, a la edad de ochenta años, solamente con un palo en la mano. ¿Por qué? Lo que había estado ardiendo en su corazón había llegado a ser una realidad. Entonces estaba ungido, y sabía que tenía el ASÍ DICE EL SEÑOR. Ahora no había nada que lo podía detener. Él no necesitaba ningún ejército. Dios estaba con él. Eso es todo lo que él necesitaba; a Dios con él.
84Oh, cuando Ud. sabe que Dios le ha enviado a hacer una cierta cosa, y Ud. la ve acercándose allí, no—no hay nada que pueda tomar su lugar. Eso es todo.
85Me acuerdo de ocasiones cuando el Señor me ha dicho que ciertas cosas iban a acontecer, y luego yo me acercaba y la veía allí mismo, cómo... ¡Oh, qué sensación! La situación ya está bajo control, eso es todo, ¿ven?, por cuanto Dios lo dijo.
86Me acuerdo, muchos de Uds. se accuerdan del muchachito que fue resucitado allá en Finlandia, resucitado de haber estado muerto, había sido matado por un automóvil. Y yo me paré ahí al lado del camino, y comencé a alejarme del muchachito, y me detuve y miré hacia él nuevamente. Y algo puso su mano sobre mi hombro, y yo pensé que era el Hermano Moore, pero no había cerca nadie cerca de mí. Y yo miré hacia allá nuevamente, y luego miré hacia la montaña y vi... Yo dije: “Bueno, yo he visto esa montaña en alguna parte, pero no vinimos por aquí. Subimos por otro lado. ¿Dónde está ese cerro?”.
87Y miré y vi ese automóvil ahí, chocado; vi al muchachito ahí con su... tirado ahí, con un—el corte de pelo estilo cuadrado, como diríamos aquí. Los ojos ya voltedos, como estuvieron los del Hermano Way el otro día cuando él cayó. Y el piecito había traspasado la media, donde se le quebró la pierna. Y le estaba saliendo sangre por los ojos, por la nariz y por los oídos. Y vi sus pantaloncitos cortos; con los botones aquí por un lado de su cinturita; y tenía esas medias largas como usábamos aquí hace muchos años.
88Yo miré alrededor, y ahí estaba exactamente, exactamente como el Espíritu Santo me había dicho dos años antes, cuando todos Uds. lo apuntaron en sus Biblias, a través de la nación, que sucedería. Oh, ahí, entonces la situación está a la mano. No importa cuán muerto esté, no importa lo que otra persona diga; todo está concluído. ¡Él tiene que volver!
89Yo dije: “Si este niño no se levanta de esta condición muerta, entonces yo soy un falso profeta, soy una mala representación de Dios. Porque allá en mi tierra natal, hace dos años, Él me dijo que esto sucedería. Y aquí estos ministros, y todos, esto está escrito en la guarda de nuestras Biblias, y aquí está exactamente. Léanlo aquí de la guarda, cómo es que ‘sería en una región con piedras, y así sucesivamente, será matado, y en... estará del lado derecho de la carretera’”. Yo dije: “Allí está. Nada lo puede detener. La situación ya está bajo control”.
90La fe que estaba dentro de mi corazón fue ungida. ¡Oh, si tan sólo yo pudiera explicar eso! La fe que Dios... que yo tenía en Dios, la cual me dijo, y nunca había fallado, me dijo: “Ahora la situación está bajo control. Aquí está exacamente lo que te mostré hace dos años, y aquí está exactamente todo en orden. La única cosa que tú tienes que hacer es hablar la palabra”. Y el muchachito resucitó de los muertos. ¿Ven?
91Yo estaba pensando, mirando allá hacia el Hermano Fred Sothmann sentado allí, y el Hermano Banks Wood y los demás. El otro día allá en la—en la carretera hacia Alaska, cómo fue que me paré aquí en la iglesia y les conté a todos Uds. acerca de un animal que parecía tener cuernos de venado, midiendo cuarenta y dos pulgadas, y un oso pardo de puntas plateadas. Yo nunca había estado allá antes, y cómo es que la... que yo iba a cazar a este, y cómo iba a ser, y cuántos estarían conmigo, y cómo estarían vestidos. Todos Uds. lo saben, semanas y semanas antes de que sucediera.
92Y ahí, cuando entré allí, sin saberlo, ahí estaba ese animal. Y me acerqué, y—y él... era imposible. Si un cazador conoce, o está escuchando esta cinta, cómo es que uno no puede llegar de frente a un animal, él saltaría y huiría. Pero él no lo hizo.
93Y ahí está en la pared de mi estudio. Ahí está el oso de puntas plateadas, exactamente en la forma. Y una—y una regla colocada ahí, una cinta métrica, para mostrarlo exactamente. Y un cuerno se encoge cuando menos dos pulgadas o más, de cuando está en el animal a cuando se seca, pero éste nunca encogió. Todavía mide exactamente cuarenta y dos pulgadas. ¿Ven? Ahí está el oso de puntas plateadas, mide siete pies de largo, exactamente, y todo exactamente como fue, ahí están ahora mismo.
94Pero cuando este hombre me dijo a mí: “Ahora mire, Hermano Branham, ya tenemos este animal del que Ud. habló, pero Ud. me dijo que cazaría un oso pardo de puntas plateadas antes de que llegáramos al pie de la colina, allá adonde están aquellos muchachos, el que tiene la camisa verde”.
95Yo dije: “Es ASÍ DICE EL SEÑOR. Dios lo dijo”.
96“Pero Hermano Branham”, dijo él: “yo puedo ver por todo esto aquí, por millas, y no hay nada. ¿De dónde va a aparecer?”.
97Yo dije: “No me toca a mí cuestionar eso. ¡Dios lo dijo! Y Él es Jehová-Jireh. Él puede traer un oso ahí. Él podría colocar uno ahí”. Y lo hizo. Y ahí está. Es una situación bajo control.
98Y cuando Moisés vio que había sido levantado para este propósito, y se había encontrado cara a cara con este gran Dios Quien había hecho el llamado, y lo había ungido e identificado, y había dicho: “Moisés, este es tu llamado. Te estoy enviando a ti, y te voy a mostrar Mi gloria. Y aquí estoy en esta zarza ardiendo. ¡Ve allá! Yo estaré contigo”. Él ni siquiera necesitaba una vara. Él tenía la Palabra, la Palabra vindicada, y para allá fue. Eso ungió la fe que estaba en él.
99Y nos unge a nosotros cuando vemos que estamos vivendo en los últimos días, cuando vemos que están ocurriendo todas estas señales que vemos, las cuales son mencionadas en la Escritura, que ocurrirían en los últimos días; desde el Cielo, hasta los poderes políticos, y la naturaleza de la gente, y la desmoralización del mundo, y entre las mujeres, y lo que harían en los últimos días, y lo que harían los hombres, y lo que harían las iglesias, lo que harían las naiones, y lo que haría Dios. Y lo vemos todo claramente aquí ante nosotros.
100Oh, eso nos unge la fe. Nos lleva allá a esas grandes esferas. ¿Ven? Nos—nos separa de las otras cosas del mundo. ¿Ven? No importa cuán pequeños seamos, qué tanta minoría seamos, ni cuánto se rían de nosotros o qué tanto se burlen de nosotros, eso no importa. Eso es todo. Nosotros lo vemos. Hay algo por dentro de nosotros. Fuimos predestinados para ver esta hora, y nada nos va impedir verla. ¡Amén! Aquí Dios lo ha dicho. Ya—ya ha sucedido. Lo vemos. ¡Oh, cómo le damos gracias a Dios por esto! Oh, entonces produce fe en uno cuando vemos estas cosas suceder aquí.
101Ahora, nuevamente leemos que: “Moisés tuvo por mayor riqueza el vituperio de Cristo que los tesoros de Egipto”. Ahora, él estimó el—el vituperio de Cristo.
102Ahora recuerden: “El vituperio de Cristo”. ¿Ven?, existe un vituperio en servir a Cristo. Si Ud. es muy popular con el mundo, entonces Ud. no puede, no está sirviendo a Cristo. No, Ud. no puede. Porque, ¿ven Uds.?, existe un vituperio que va con ello. El mundo siempre ha vituperado.
103Allá, hace miles de años, había un vituperio que iba con ello. Y Moisés llegaría a ser Faraón, él era el que seguía para ser Faraón, el hijo de Faraón. Y él era el siguiente Faraón, con favor entre el pueblo, sin embargo, él “consideró...” Estimar significa “considerar”. “Él consideró como mayor riqueza el vituperio de Cristo que todo lo que Egipto podría darle”. Egipto estaba en sus manos. Sin embargo, él sabía que tomar el camino de Cristo era un vituperio, pero él estaba tan contento en saber que había algo dentro de él, que le hizo considerar este acercamiento de Cristo, vituperio de Cristo, (mejor dicho), mayor que todo el encanto que él—él había heredado. Él tenía una herencia dentro de él que era mucho mayor que lo que la herencia de afuera le había dado.
104¡Oh, si nosotros pudiéramos ser así hoy, y permitir al Espíritu Santo ungir aquello que tenemos por dentro, esa fe, hacia una vida piadosa, consagrada a Cristo!
105Ahora, con esta fe que él tenía, él notó, y él tuvo ese vituperio como un honor.
106Hoy alguien puede decir: “Oye, ¿eres tú uno de aquella gente, de aquellos?”. “Ah, ah, bueno, ah”. Ud. se avergüenza un poco de ello.
107Pero él lo tuvo como mayor riqueza que el mundo entero, porque había algo en él y él podía hablar claramente y decir: “Sí, yo—yo estimo esto. Este es un gran honor. Estoy contento de ser uno de ellos”. ¿Ven? Estoy contento de ser contado como hebreo y no como un egipcio”.
108Los cristianos de hoy en día deberían decir lo mismo: “Yo estoy contento de considerarme cristiano, de abstenerme de las cosas del mundo y del orden del mundo. No solamente como miembros de iglesia, sino como un cristiano que ha nacido de nuevo, que vive de acuerdo a las Escrituras. Aunque fuere llamado ‘fanático’ por los mismos miembros de la iglesia, sin embargo, yo—yo—yo estimo eso como cosa mayor—mayor que si fuera la persona más popular de la ciudad o de la nación. Prefiero ser eso que presidente de los Estados Unidos, o—o rey de toda la tierra. ¿Ven Uds.? Yo—yo estimo eso tanto, porque Dios en Su misericordia, me vio antes de la fundación del mundo—mundo, me vio, y—y colocó ahí una simiente, para que mi fe pudiera volar por encima de estas cosas del mundo. Y ahora Él me ha llamado, y yo—yo estimo mi lugar”.
109Como dijo Pablo, que él estimaba su oficio con alto... ¿ven?, y oh, que Dios lo había apartado de ser un gran maestro como Gamaliel. Pero Pablo había sido llamado a ser un sacrificio para Cristo. ¿Ven? Ahora, la misma cosa.
110Noten, con tal fe, él nunca confío en su vista, en lo que podía ver. Ahora, él sólo veía ahí un montón de—de gente trabajando con barro, esclavos, en prisión, siendo matados cada día, azotados con látigos, escarnecidos, sus creencias religiosas eran “fanaticas”. Y ahí estaba sentado en el trono un Faraón, el cual no conocía ni tenía ningún aprecio de su religión. Él no conocía nada al respecto. Él era un pagano, así que él simplemente... ¡Qué cuadro de hoy día! Y ahí está, una religión distinta. Y cómo era que si—si este Moisés, aunque estaba en el mismo lugar con el presidente, o con el—o con ese gran hombre, Faraón, para tomar su lugar cuando muriera, y ya era un anciano. Sin embargo, Moisés pensaba que aquel llamado... Él observaba todo aquello, y lo hacía por la misma ventana que Faraón, porque estaba en su hogar.
111Y Faraón se asomaba y miraba a esa gente que levantaban sus manos, y ellos agarraban látigos y los azotaban hasta morir porque estaban orando. Los traspasaban con espadas si fallaban o desobedecían a cualquier hora, y les hacía trabajar hasta que sus cuerpos débiles se caían, y luego no les daban suficiente para comer. “Bueno, ellos no eran más que un montón de fanáticos, casi ni humanos”.
112Sin embargo, Moisés, con esa fe en él, los contemplaba y decía: “Ellos son el pueblo bendecido por Dios”. Amén. Me gusta eso. Con tal fe, sus ojos no se enfocaron en el encanto de Egipto, se enfocaron en la promesa de Dios. Su ojo de águila, ojo de fe, podía ver mucho más allá que el encanto de Egipto. Él, recuerden, él ya estaba llegando a ser un águila. Él era un profeta, y su ojo de águila miraba por encima de esas cosas. ¡Oh, cómo me gusta eso! ¡Ja! ¡Hermano!
113Cómo hoy en día, los cristianos confían en sus sentidos, y en lo que pueden ver, o en lo que puedan entender, en vez de en su fe, confían en lo que pueden ver con el ojo y todo el encanto. Como Uds., las mujeres, siempre les estoy llamando la atención a que deben dejarse crecer el cabello, no deben pintarse, y portarse como damas y cristianas. Uds. miran en las calles y ven a las mujeres de hoy en día vestidas inmoralmente. Bueno, Uds. piensan: “Pues, ella pertenece a la iglesia, ¿por qué no puedo yo hacer eso?”. ¿Ven? “Y ella se corta el cabello, ¿por qué—por qué no puedo yo hacer eso? Bueno, ella parece ser tan dulce e intelectual, y tiene una personalidad que yo ni tengo. Bueno, ¿por qué no puedo yo hacer aquello? Yo debiera hacerlo”. Cuando Ud. hace eso, Ud. paraliza su fe. ¿Ven? Ud. no le da una oportunidad a su fe para que crezca. Comience con eso, como he dicho.
114Alguien dijo: “Hermano Branham, el país, la gente lo consider a Ud. como profeta. Ud. no debe estar regañando así a las mujeres y a los hombres por estas cosas. Ud., Ud. debiera estar enseñandoles a—a cómo profetizar y recibir dones”.
115Yo dije: “¿Cómo puedo enseñarles álgebra cuando ni siquiera se saben el abecedario?”. ¿Ven?
116Ahora, empiece Ud. desde allí. Límpiese para que cuando salga a la calle, cuando menos parezca una cristiana, ¿ven?, y luego empiece a comportarse como una. ¿Ven? Y Ud. no lo puede hacer por sí misma. El caso es que Cristo tiene que morar en Ud. y si esa simiente está ahí y la Luz da en la simiente, va a brotar a Vida. Si no llega a Vida, es que no había nada ahí para llegar a Vida. Porque, de seguro se probó cierto en otros, ¿ven?, viene a Vida inmediatamente cuando la Luz da en ella.
117Esa es una reprensión para las mujeres, yo lo sé, para las que están escuchando esta cinta, o que la escucharán. Hermana, es una reprensión. Así debe ser. Debe ser, porque eso demuestra. A mí no me importa qué ha hecho Ud.; Ud. puede haber sido religiosa toda su vida, Ud. quizás vivió en la iglesia, su padre quizá sea un ministro, o su esposo puede ser un ministro, pero mientras Ud. desobedece la—la Palabra de Dios, eso muestra que ahí no hay Vida. Cuando Ud. ve la cosa siendo presentada, y la Vida del Espíritu Santo, fíjese cuando eso llega a otros. Fíjese en lo que ellos hacen, cuando les es presentado. Con razón, ¿por qué...?
118Qué—qué reprensión para aquellos Fariseos que llamaron a Jesús, cuando él podía percibir sus pensamientos, les llamó “belcebú”.
119Y aquella pequeña prostituta dijo: “Pues, este Hombre es el Mesías. La Escritura dice que Él hará esto”. ¿Ven?, esa simiente predestinada estaba ahí, y cuando la Luz dio en ella, brotó a Vida. Uno no lo puede impedir. Uno no puede esconder la Vida.
120Ud. puede agarrar y vaciar concreto sobre un montón de grama, y matarla en el tiempo de invierno. En la próxima primavera, ¿a dónde es que tiene más grama? Por toda la orilla del concreto. Porque esa semilla fertilizada, debajo de esa piedra, cuando el sol comienza a brillar, Ud. no la puede detener. De alguna manera dará sus vueltas y saldrá por la orilla de aquello y levantará su cabeza para la gloria de Dios. ¿Ven Uds.? No se puede esconder la vida. Cuando el sol pega en la vida botánica, ésta tiene que vivir.
121Y cuando el Espíritu Santo da en la Vida Escritural que hay en un hombre, ahí mismo produce su fruto. [El Hermano Branham truena sus dedos.—Ed.] ¿Ven?
122Entonces, a pesar de qué tan fiel y honesta sea Ud., cómo dice Ud. que no es, y hablando, diciendo que estaban... Estas mujeres vistiéndose con esta—esta ropa inmunda y cosas allí afuera, simplemente es una desnudez en la misma calle. Aunque Ud. no piense que lo esté haciendo, Ud. no puede hacerse creer a sí misma. Ud. puede probar que es inocente de adulterio, pero en el Libro de Dios Ud. está cometiendo adulterio. Jesús dijo: “Cualquiera que mirare a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Y Ud. se presentó de esa manera. ¿Ve? Ud. no lo puede ver a menos que esa Vida esté ahí.
123Ud. se fija en otra persona, Ud. mira y dice: “Bueno, yo conozco a la Hermana Jones. El hermano Jones es un... Él es un ministro. Su esposa hace esto y hace aquello”.
124A mí no me importa lo que aquel hace; Esta es la Palabra. Jesús dijo: “La palabra de todo hombre sea mentira y la Mía sea verdadera”. Es la Biblia. Y cuando Esa Luz en verdad da en ella, tiene que brotar a Vida. Tiene que llegar a Vida.
125Ahora, el gran ojo de Moisés, su ojo de águila, miró más allá del encanto de Egipto.
126El genuino creyente cristiano hoy en día, no importa lo que diga la iglesia, lo que diga alguien más, cuando la Luz da en él, ellos pueden ver la vindicación misma de Dios, la Columna de Fuego colgando ahí, y las señales y maravillas que prometió, la Escritura siendo colocada, entonces viene a Vida; no importa cuán pequeño sea, ni cuántos estén en la minoría. El grupo de Dios siempre ha sido la minoría. ¿Ven? “No temáis manada pequeña—pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”. ¿Ven? Ellos lo captan. Dios está obligado a hacerlos llegar de toda denominación, de toda orden en todas partes, para verlo, si es que están ordenados a Vida.
127Fíjense en Simeón, ordenado a Vida. Cuando el Mesías entró al templo, en la forma de un bebé en los brazos de Su madre; Simeón estaba en otro cuarto aparte, leyendo. El Espíritu Santo lo levantó, porque él estaba esperando. Esa Vida estaba en él. Él dijo: “Yo no moriré hasta que vea el Ungido del Señor”. Y ahí estaba el Ungido del Señor en el templo. El Espíritu Santo lo guió de su puesto del deber, afuera, y caminó por ahí y tomó aquel niño, y dijo: “Permite el— permite que Tu siervo se despida en paz, porque mis ojos han visto Tu salvación”.
128Había una ancianita ciega allá en el rincón, llamada Ana, la cual servía al Señor de día y de noche. Ella también estaba prediciendo: “El Mesías viene. Lo puedo ver venir”. Sin embargo estaba ciega. En ese mismo tiempo cuando él estaba ahí... Esa Vida que estaba en ella, que estaba prediciendo: “¡Estará aquí! ¡Estará aquí! ¡Estará aquí!”. Luego, esa misma Vida, la Luz entró al edificio en la forma de un Bebé, como: “un hijo ilegítimo”, envuelto en Sus pañales, pasando por el edificio. Y el Espíritu Santo cayó sobre esa ancianita ciega, y ella vino por medio del Espíritu, guiada por en medio de la gente, y se paró junto a Este Bebé; y bendijo a la madre y al Bebé, y les dijo cuál sería su futuro. ¿Ven? ¡Ordenados a Vida! ¿Lo ven?
129Fíjense en ellos, no había ni una docena. Sólo se salvaron ocho almas en los días de Noé, casi nada, pero todos los que fueron ordenados a Vida entraron en aquel tiempo. ¿Pueden ver cómo obra el Espíritu Santo en cada edad sacando a la gente?
130Ahora, hallamos que la fe de Moisés lo llevó a vigilar lo que sería, no lo que fue. Fíjandose en el mañana en vez de en el día de hoy. Fijándose en la promesa en vez del encanto.Fijándose en el pueblo en vez de la organización. ¿Ven? Dios hizo eso.
131Lot podía ver la prosperidad del encanto allá en Egipto, o allá en Sodoma. Lot podía ver las posibilidades de una—de una cantidad de—de dinero. Lot podía ver las pers-... posibilidades de eso cuando él miró hacia Sodoma y posiblemente él podía llegar a ser... Siendo que él era hebreo, él quizás llegue a ser un hombre grande ahí, porque él era una gran figura intelectual, y era el sobrino de Abraham, por lo tanto él escogió salir hacia Sodoma. El intelecto de Lot lo dirigió a ver el encanto de—de la prosperidad. El intelecto de Lot lo llevó a ver las bendiciones del—del encanto. Pero su fe fue tan paralizada por todo esto, que él no pudo ver el fuego que iba a destruir ese tipo de vida.
132Y asimismo es la gente hoy en día. Ellos ven las posibilidades de pertenecer a una gran organización, ellos ven las posibilidades de estar bien socialmente con la gente de la ciudad, pero nunca puden ver la posibili-... Ellos no pueden ver que su fe está paralizada. Permítanme repetir eso para que no se vaya a malentender. Las mujeres de hoy, ellas, como he dicho, ellas desean—desean comportarse como las actrices de cine. Los hombres de hoy desean comportarse como los humoristas de la televisión.
133Los predicadores de hoy parecen querer hacer que sus iglesias sean como alguna logia moderna de alguna clase, con miembros y todo. Ellos ven las posibilidades de quizás llegar a ser un obispo o algún superintendente general, o algo así, si se van con la corriente de la iglesia; dejando atrás las Escrituras, cuando está colocado claramente ante ellos, completamente vindicado por el poder de Dios, y por medio de la Palabra viva de Dios viviendo en el pueblo. Sin embargo, ellos no la desean, dicen: “No nos queremos involucrar con algo como eso”. Les costaría su tarjeta de compañerismo. Les costaría su orden denominacional. Sin embargo, son hombres honestos, como Lot, sentados en Sodoma, sabiendo que eso está errado. ¿Ven? ¿Ven? ¿Que hacen al hacer eso? Paralizan la poca fe que tenían. No puede funcionar.
134Ahora, Moisés cedió todo aquello y se... su fe paralizó al mundo.
135O su fe paralizará el encanto, o el encanto paralizará su fe. Ahora, Ud. tiene que escoger uno o el otro. Y Ud. puede ver que la Biblia no cambia. Dios no cambia. Él es el Dios incambiable.
136Y ahora hallamos, hoy en día, que la gente de este día, ¿ven?, ellos miran hacia las cosas grandes, la gran organización. “Yo pertenezco a tal y tal”. ¿Ven? Y van allá, y fíjense, son igual que la gente de la calle. No existe ninguna diferencia. Tienen un poco de algo intelectual, y así siguen. Cuando uno habla de sanidad Divina, la Columna de Fuego, la Luz de Dios, ellos dicen: “Eso es algo mental”.
137El otro día, un hombre estaba mirando la fotografía del Ángel de Señor, era un ministro bautista, y se rió. ¿Ven?, eso—eso es blasfemia. ¿Ven? No hay perdón para eso.
138Eso lo dijo Jesús, ¿ven? Es blasfemia; cuando uno ve que está obrando las mismas obras que hizo Cristo. Y Él dijo.... Cuando ellos vieron esas obras en Cristo, Él era el Sacrificio, y a Él le llamaron: “Belcebú, un demonio”, porque lo estaba haciendo. Y ahora dicen... Él dijo: “Yo los perdono por eso. Pero cuando venga el Espíritu Santo para hacer las mismas obras, si hablan una palabra en contra, nunca les será perdonado, en este mundo ni en el venidero”. ¿Ven? Una sola palabra es todo lo que se tiene que hablar en contra. ¿Ven? Y entonces...
139Porque si esa vida, si Ud. ha sido ordenado a Vida Eterna, entonces esa Vida brotaría cuando Ud. lo viera. Ud. lo reconocería, así como la mujer junto al pozo, y mucho más. Pero si no está ahí, no puede brotar a Vida, porque no existe ahí nada con qué llegar a Vida. Como decía mi madre ancianita: “Al nabo no se le puede sacar sangre”, porque no tiene sangre. Ahora, esa es la misma cosa.
140Y eso paraliza la poca fe que uno tiene. Lot podía ver todo el encanto, pero no tenía suficiente fe para poder ver el fuego que iba destruir a ese encanto.
141Me pregunto si la tenemos hoy. Me pregunto si nosotros, como también las mujeres que desean ser populares, que desean comportarse como las—las demás mujeres en la iglesia, si ellas ven que desean actuar como las demás. Ellas—ellas pueden ver las posibilidades de ser una—una—una mujer más bonita, al estar pintada. Ellas pueden ver a una mujer más bonita, tener una apariencia más joven, al cortarse el cabello y comportarse como alguna de las demás, o como la actriz de cine. Pero me pregunto si eso no les ha paralizado la fe, al saber que la Biblia dice que: “Una mujer que hace eso es una des... una mujer deshonrosa”, y, “una mujer que se viste con ropa de hombre es una abominacción ante Dios”, pantalones largos, y todo lo demás, y pantalones cortos que se están poniendo. Y—y la cosa llega a una condición tan insensible hasta que llega a ser la rutina normal de la gente que lo hace. Me pregunto si no paralizan la poca fe que Uds. tenían aun para asistir a la iglesia, ¿ven? Eso es lo que hace.
142Lot hizo eso, y lo paralizó a él, y también paralizó a su gente allá. Ellos no lo podían ver.
143Pero Abraham, su tío, con una—una fe vindicada, él no se enfocó en el encanto, y ni quería tener nada que ver con eso, aunque tenía que vivir una vida difícil y solitaria. Y Sara vivió allá en el desierto donde la vida era difícil, en tierra estéril. Pero ellos no se fijaron en el encanto ni en la posibilidad de llegar a ser populares.
144Sara, la mujer más hermosa en todo el país, así dice la Biblia. Ella era hermosa, la más hermosa de todas las mujeres. Y ahora, ella hasta se quedó y obedeció a su marido, a tal grado que lo llamaba su “señor”, a la cual hace referencia la Biblia aun acá en—en el Nuevo Testamento; donde dice: “De la cual vosotras habeis venido a ser hijas si hacéis el bien, obedeciendo la fe”. ¿Ven?, llamaba “señor” a su marido.
145Y el Ángel del Señor visitó su templo y... o su pequeña carpa ahí, y le dijo. Ni siquiera tenían una casa donde vivir; viviendo en esas tierras estériles. Y ahí lo tienen. ¿Pueden ver los días nuevamente siguiendo el mismo patrón que hubo entonces?
146Ahora, Moisés con su gran fe, nuevamente podría decir “no” a las cosas presentes del mundo presente, y así hacer una elección justa. Él escogió sufrir las aflicciones con el pueblo de Dios. Él escogió tomar ese camino. ¿Por qué? ¡Su fe! Él vio la promesa. Él vio el tiempo del fin. Él miraba hacia el día de mañana, y dio rienda suelta a su fe. Y no le puso atención a lo que sus ojos veían en las posibilidades presentes, que él era un Faraón y que iba a ser el Faraón. Él se enfocó en el día de mañana.
147Oh, si tan solo la gente pudiera hacer eso, si no vieran el mundo presente. Si Ud. se fija en el mundo presente, hace una elección con ello. Esconda los ojos de eso, y mire la promesa de Dios, en el día de mañana.
148Por medio de su fe, él pudo escoger. Él escogió ser llamado el hijo de Abraham, y rechazó ser llamado el hijo de Faraón. ¿Cómo podía él hacerlo, cuando todo el reino...? Egipto tenía dominado a todo el mundo. Él era el rey del mundo, y era un joven de cuarenta años de edad, listo para tomar el trono. Pero él nunca se fijó en su inteli-...
149Fíjense en las mujeres que habrían estado a su alrededor, día tras día, harenes de ellas. Fíjense en el encanto; sentándose a beber vino, y presenciando la desnudez mientras bailaban, y le abanicaban con un... Y mujeres de todo el mundo, y las joyas y los tesoros, y su ejército allá. Lo único que tenía que hacer era sentarse comer su alimento tan fino, y decir: “Envíen un... envíen la guarnición número tal y tal del ejército a tal y tal lugar, y tomen esa nación. Me parece que la quiero”. Eso era todo lo que tenía que hacer. Sentado ahí, y ellas abanicándole, y abrir la boca; y permitir que las—las mujeres hermosas, desnudas, le vaciaran el vino en la boca, dándole su comida, abrazándolo, todas las mujeres más bellas del mundo. Todo el encanto que fuera posible, Él lo tenía todo ahí a su lado.
150Pero, ¿qué hizo él? Él quitó la vista de todo eso. Él sabía que el fuego ya estaba liso para eso. Él sabía que la muerte estaba por ese camino. ¿Ven? Él sabía que así era. Y él enfocó la vista en un grupo de gente despreciada y rechazada, y por fe él escogió sufrir el vituperio de Cristo, y se llamó a sí mismo: “yo soy hijo de Abraham. Yo no soy hijo de este Faraón. Aunque me hagan obispo, o diácono, o arzobispo, o papa, yo no soy hijo de esta cosa. Yo soy hijo de Abraham, y me separo de las cosas del mundo”. ¡Amén, amén, y amén! ¡Por fe, él hizo eso!
151Él rechazó todo el encanto. Él rechazó las posibilidades de ser el próximo obispo, él rechazó las posibilidades de llegar a ser el próximo arzobispo o el próximo superintendente general en la próxima elección, o lo que fuera, él rechazó todo eso. Él rehusó mirarlo.
152“Ahora, si yo llegare a ser el obizpo, yo entraría y la gente diría: ‘Santo Padre’, o—o ‘Doctor Fulano de tal’, o—o—o—o ‘Anciano Fulano de tal’. Cómo es que ellos, todos los ministros en la reunión, me darán palmadas y dirán: ‘Oye, muchacho, ese tipo sí es algo tremendo, te digo. Oh, sh-sh-sh, hagan silencio, aquí viene el obispo, ¿ven? Lo que él diga, eso es ley. ¿Ven?, aquí viene el Fulano de Tal’”. La gente da la vuelta al mundo para ser el... para ver al papa, y besar el pie y los anillos, y así sucesivamente. Cómo, qué posibilidad para el católico, qué posibilidad para el protestante, de ser obispo o superintendente general, o algo, algún hombre grande en una organización.
153Mirando, aunque, pero, ¿ven Uds.?, el ojo de fe mira por encima de todo eso. Y uno puede ver el fin de eso allá, lo cual, Dios dice que todas las cosas serán destruidas. Fe, ese ojo de águila, lo levanta a uno por encima de todo eso, y uno puede ver el día de mañana, no hoy, y uno escoge ser llamado el hijo de Abraham.
154Faraón, sin nada de fe, vio a los hijos de Dios como “fanáticos”. Nada de fe, él los hizo esclavos porque él no temía lo que decía. Él no le temía a Dios. Él pensaba que él mismo era dios. Él pensaba que sus—sus dioses a los cuales él servía, que él mismo era un obispo, que era el superintendente general principal, sus dioses eran los que lo habían hecho. “Nada de importancia a esta Cosa aquí”, entonces los hizo esclavos. Él se rió de ellos, se burló de ellos. Así como la gente ha hecho hoy, la misma cosa, exactamente.
155La fe de Moisés los veía a ellos en la tierra prometida, un pueblo bendecido. Quizás fuera una batalla difícil llevarlos hasta la promesa, pero Moisés escogió ir con ellos. Cómo podría permanecer yo en ese punto, pero se me está acabando el tiempo. ¿Ven?
156Noten, quizá sea una cosa muy difícil hacer que esa gente dé la media vuelta. “Tú tienes que ir y vivir con ellos, tienes que ser uno de ellos, y ya son tan intelectuales que no los puedes mover. (¿Ven?) Pero tiene que haber algo que suceda allá. Tiene que haber algo sobrenatural que se manifieste ante ellos. Va a ser una cosa muy difícil. Las organizaciones te van a rechazar, y todas estas cosas te van a suceder. Es—es terrible, lo que tienes que hacer, pero sin embargo, “decídete”.
157“Yo soy uno de ellos”. Sí. Su fe hizo eso. Su fe se encendió. Sí señor. Él lo vio. Era una cosa difícil hacerlos llegar a esa promesa, pero de todas maneras, él escogió ir con ellos. Sin importar lo que ellos hicieran con él, y cómo ellos lo rechazaron, él fue de todas maneras. Él iba a salir con ellos.
158Miren, ojalá estén leyendo. Muy bien. De todas maneras vaya con ellos. Haga, sea Ud. uno de ellos, correcto, porque es su deber. Quizá sea una batalla dura, y mucho por donde pasar, pero de todas maneras vaya.
159Pero su fe lo llevó a escoger el lado de la Palabra, y no el encanto. Él tomó la Palabra. Eso hizo la fe de Moisés. Cuando la fe ve lo peor de Dios... Recuerden, aquí estaba el encanto del mundo, lo más alto, el rey del mundo. Y ¿a dónde estaba la promesa de Dios? En el hoyo de barro, unos adoberos.
160Pero cuando la fe, cuando la fe ve lo peor de Dios, lo estima mayor y de más valor que lo mejor que el mundo puede ofrecer. Sí señor. Cuando la fe lo mira, cuando la fe lo puede ver, cuando fe en la Palabra puede ver la Palabra manifestada, entonces es más que todo el encanto y el arzobispado y todo lo demás de que se pueda hablar. Fe lo hace. ¿Ven? Uno puede ver lo peor, lo despreciado, lo rechazado, lo que pueda ser; cuando eso esté en su peor condición, sin embargo, la fe lo estimará un millón de millas más allá que lo que el mundo puede producir. ¡Amén! Así es como cantamos ese canto: “Yo escogeré el camino con los pocos despreciados del Señor”. ¿Ven? ¡Oh, hermano!
161Porque, ¿ven Uds.?, la fe puede ver lo que Dios quiere que se haga. Oh, espero que esto penetre. La fe no se fija en el tiempo presente. La fe no ve esto aquí. La fe mira para ver qué desea Dios, y obra según eso. Eso hace la fe. Ella puede ver lo que Dios desea, y lo que Dios desea que se haga, y por ese medio es que opera la fe.
162Fe es una visión de largo alcance. No baja su mira. Se mantiene en el blanco. ¡Amén! Cualquiera que es bueno para disparar sabe eso. ¿Ven? Que es de largo alcance. Es un—es un telescopio. Es un binocular, con el cual no se mira aquí alrededor. Uno no usa los binoculares para ver qué hora es; ¿ven?, uno no los usa así. Pero se usan los binoculares para mirar allá lejos.
163Y la fe hace eso. La fe levanta lo binoculares de Dios, ambos, ambos lados, el Antiguo y el Nuevo testamento, y ve toda promesa que Él ha hecho. Y la fe lo ve allá lejos, y la fe escoge eso a pesar de lo que diga el tiempo presente aquí. Ella mira allá al final. No ajusta la mira para ver hacia acá. Ella mira allá lejos. Ella mantiene el hilo cruzado perfectamente centrado en la Palabra. Eso hace la fe. Esa es la fe que está en un hombre la que hace esas cosas.
164Ahora, fíjense. Lo que Faraón llamó, o llaman, lo que Faraón llamó grande, Dios llamó: “¡abominación!”. Faraón pudo haber dicho: “Mira Moisés, aquí, pues, tú eres el próximo faraón. Te—te entrego este sepulcro a ti cuando yo parta. Yo te daré este cetro. Es tuyo. ¿Ves? Ahora, esto es grandioso. Tú vas a ser un gran hombre, Moisés. Tú serás el obispo. Tú vas a ser esto, aquello o lo otro. No nos abandones. Quédate aquí”. Pero, ¿ven Uds.? Él llamó a eso grande, y Dios dijo que era una “¡abominación!”
165Ahora, Uds. mujeres, póngase a pensar por un momento, y Uds. hombres también. Lo que el mundo llama grande, Dios llama “inmundicia”. ¿No dice la Biblia que: “Es una abominación que la mujer se vista con vestidura de hombre?”. Y Uds. piensan que son muy sabias al hacerlo. ¿Ven? Uds. simplemente están exhibiendo carne femenina para el diablo, eso es todo. Así que, no lo hagan.
166Y ¡Uds. hombres, que viven corriendo tras las cosas del mundo, y se arriman y abrazan esto tanto! Y Uds. hombres, sin suficiente brío en sí mismos para hacer que sus esposas y cosas dejen de hacer eso, ¡qué verguenza! ¿Y se hacen llamar hijos de Dios? A mí me parecen sodomitas. ¿Ven? No para herir sus sentimientos, pero sólo para decirles la Verdad. El amor es correctivo. Siempre es así. La madre que no cuida de su hijo, y no lo corrige ni lo castiga, y no lo hace obedecer, realmente no es una madre para él. Correcto.
167Ahora, fíjense en lo que ocurre ahora. Moisés vio esto por medio de su visión. Y Faraón dijo que: “Esto es grande”. Dios dijo: “Es una abominación”. Entonces Dios... Moisés escogió lo que dijo Dios. 168 Ahora, noten que la fe ve lo que Dios desea que Ud. vea. ¿Ven? La fe ve lo que Dios ve.
169Y los razonamientos y los sentidos ven lo que el mundo desea que Ud. vea. Noten el razonamiento: “Pues, sólo es el sentido humano. Es muy—muy razonable que esto... Bueno, ¿no es esto igual de bueno?”. ¿Ven? Eso es exactamente, cuando Ud. hace uso de los sentidos, los cuales son contrarios a la Palabra, ¿ven?, entonces eso es lo que el mundo desea que Ud. vea.
170Pero la fe no ve eso. La fe ve lo que dijo Dios. ¿Ven? Uds. saben, hay que desechar todo razonamiento.
171Razonamientos, sentidos de razonamiento, ven lo que el mundo desea que Ud. vea, grande denominación. Bueno, ¿es Ud. Cristiano? “Oh, yo soy—yo soy presbiteriano, metodista, luterano, y pentecostal, lo que sea. Yo soy esto, aquello, o lo otro”. ¿Ven?, esos son los sentidos. “Yo pertenezco a la primera iglesia, ¿ve Ud.? Oh, yo soy católico. Yo soy—yo soy esto, y aquello”. ¿Ven?, así dicen. Ahora, eso, esos son los sentidos. A Uds. les gusta decir eso porque es una denominación, algo grande. “Bueno, nosotros—nosotros—nosotros tenemos más miembros, casi, que cualquier iglesia en todo el mundo. ¿Ven? Nosotros...”
172Pero solamente existe una iglesia verdadera, y no se puede unir a ella. Uno nace en ella. ¿Ven? Y si Ud. nace en ella, el mismo Dios viviente obra a través de Ud., dándose a conocer. ¿Ven? Ahí es donde mora Dios, en Su Iglesia. Dios asiste a la iglesia todos los días, Él vive en la iglesia. Él vive en Ud. Ud. es Su iglesia. Ud. es Su iglesia. Ud. es el tabernáculo donde Dios mora. Ud. mismo es la iglesia del Dios viviente. Y si el Dios viviente vive en Su ser viviente, entonces sus acciones son de Dios; si no es así, entonces Dios no mora ahí. Él no lo haría a Ud. comportarse de esa manera, cuando Él dice aquí en la Palabra, Su plano: “No lo hagas”, luego Ud. va y lo hace. ¿Ve? Eso es incorrecto. Cuando Ud. niega el asunto, eso muestra que la Vida ni siquiera está en Ud. ¿Ve? Correcto.
173La fe guió a Moisés al camino de la obediencia. Noten, Moisés hizo... Ahí está el joven Faraón, ahí está el joven Moisés, ambos con la oportunidad. Moisés vio el vituperio del pueblo y lo tuvo como mayor tesoro que todo lo que tenía Egipto. Y, guiado por fe, él siguió lo que le mostraba su fe en la Palabra, y eso lo guió al camino de la obediencia, y finalmente a la Gloria, inmortal, para nunca morir, en la Presencia de Dios. La vista y los sentidos, y el encanto, guiaron a Faraón a su muerte, y la destrucción de Egipto, su nación, y nunca más se ha levantado.
174Ahí lo tienen. Al mirar esto, uno muere. Al mirar Aquello, uno vive. Ahora, hagan su elección. Eso es lo mismo que Dios puso delante de Adán y Eva allá en el Huerto del Edén. ¿Ven? Por fe, uno tiene que escoger.
175Ahora noten, la vista guió a Faraón a su muerte, y a la destrucción de su ciudad.
176Moisés, con su fe, nunca tuvo temor de Faraón. ¿Ven? A él no le importaba lo que decía Faraón. A él no le importaba nada lo de Faraón, como tampoco les importaba a sus padres sus amenazas. Cuando a Moisés le fue confirmado de que él era esa persona que habría de liberar a Egipto... o de sacar a Israel de Egipto, a él no le importaba lo que decía Faraón. Él no le tenía miedo. ¡Amén, amén, amén! ¿Ven lo que quiero decir? [La congregación dice: “Amén”.— Ed.]
177En la fe no existe el temor. La fe sabe al respecto. Como siempre he dicho: la fe tiene unos músculos bien grandes y pelos en el pecho. La fe dice: “¡Cállense!” y todo el mundo se calla. Eso es todo. “¡Yo sé en dónde estoy parado!” Los demás dicen: “Bueno, miren, tal vez él sí sabe”. ¿Ven?
178Pero uno tiene que ponerse de pie y mostrar los músculos. Eso es todo. La fe lo hace. 179 Noten, Moisés nunca le tuvo temor a Faraón después de que Dios hubo vindicado su llamado. Cuando Moisés creía que había sido llamado para eso, pero cuando Dios le dijo allá: “Así es”, y bajó y mostró ante Faraón y todos los demás que en realidad era enviado para hacerlo, Moisés nunca más le temió a Faraón.
180Pero noten, Faraón empleó su sabiduría con Moisés. Fíjense. Él dijo: “Te diré algo, yo—yo haré un acuerdo contigo”. Después de que las plagas ya se lo habían comido, él dijo: “Yo haré un acuerdo contigo. Váyanse a adorar por tres días. Váyanse hasta cierto punto, y no se vayan a pasar de ahí”. Pero, Uds. saben, el... esos fueron los sentidos de Faraón los que le dijeron eso, ¿ven?, “Váyanse hasta cierto punto, y no se pasen de ahí”.
181¿No tenemos a esa clase hoy en día? “Si Ud. solamente se une a la iglesia, eso está bien”.
182Pero, Uds. saben, la fe que tenía Moisés no creía en una religión “hasta cierto punto”. Él dijo: “Todos vamos a salir. Vamos a proseguir hasta la meta. Correcto. Vamos hacia la tierra prometida. No vamos a salir por aquí y formarnos una denominación, y parar ahí. Vamos a proseguir hasta llegar”. Amén. “Yo voy a seguir hasta la tierra prometida. Dios nos la ha prometido”.
183¡Cuántos Faraones tenemos hoy en día parados en los púlpitos, cabecillas de organizaciones! “Ahora, si solamente hacen esto y hacen aquello, eso es todo. Bien, ¿ven?, hasta cierto punto”. Pero Moisés dijo: “¡Oh, no! ¡No, no! ¡No, no!”. ¿Ven?
184Faraón dijo: “Bueno, ¿por qué no? Si van a tener esa clase de religión, les diré qué deben hacer, tú y los ancianos vayan a adorar, ¿ves? Tú y los ancianos vayan y adoren. Porque Uds. pueden tener esa clase de religión, pero no lo vayan a hablar entre la gente”.
185¿Saben Uds. lo que dijo Moisés? “No quedará aquí ni una pezuña. Nosotros vamos a ira hasta allá. ¡Todos vamos! Yo no iré si no van ellos. Y, mientras estoy aquí, no dejaré de molestarte”. Amén. “Yo no iré si ellos no pueden ir, eso es todo”. ¡Oh, qué siervo tan valiente! Amén. “Yo me los quiero llevar conmigo. ¿Simplemente porque yo lo tenga, y me siento y digo: ‘Bueno, miren, esto está bien?’ No señor. Deseamos al pueblo también. Todos iremos”. Amén. Él dijo: “Ni siquiera vamos a dejar atrás una oveja, ni nada. No dejaremos ni una sola pezuña. Todos saldremos hacia la tierra prometida”. ¡Amén!
186“¡Cada uno de nosotros! Ya sea una ama de casa, o una—una sirvienta, o una ancianita, o un joven, o un anciano, o lo que sea Ud., de todas maneras vamos a salir. No se va a quedar ni uno sólo”. Amén. “Todos nosotros vamos a salir, y no nos vamos a detener para nada”. Corecto. ¡Vaya! Aquellas religiones ciertamente estaban en debate allá, ¿verdad? ¡Oh, hermano!
187No, Moisés no creía en esta religión de “hasta cierto punto”. No, él no creía en eso. Así es. Sí señor. ¡Oh, hermano!
188Podríamos quedarnos todo el día en eso, pero al rato tengo que llegar a mi texto y comenzar a predicar.
189Noten, noten esto. ¡Cuán hermoso! ¡Oh, yo amo esto! Uds. saben, por fin Faraón dijo: “¡Váyanse!”. Dios simplemente lo molestó tanto con la voz de Moisés. Él trajo plagas a todo. Él hizo todo lo que se pudo hacer. Él paró el... hizo que se pusiera el sol a medio día. Él hizo todo lo demás. Él—él oscureció los días. Él trajo ranas, pulgas, piojos, todo lo demás, fuego, humo, y muerte a las familias, y todo lo demás. Él hizo todo hasta que, por fin, Faraón tuvo que decir: “¡Váyanse! Tomen todas sus cosas, y váyanse”. ¡Oh, hermano! ¡Alabado sea Dios!
190Estoy tan contento que un hombre puede servir a Dios a tal grado que el diablo no sabe qué hacer con él. Correcto. Simplemente obedecieron a Dios a tal grado que el diablo dijo: “¡Oh, vaya, váyanse! Ya—a no quiero oír más de esto”. Correcto. Ud. lo puede hacer, a tal grado.
191¿Ven? Ahora, si—si Dios no hubiera respaldado a Moisés, entonces él hubiera llegado a ser un hazmereír. Pero ahí estaba Dios, confirmando. Todo lo que él decía se cumplía.
192Y Faraón tenía que mantener su posición, porque, Uds. saben, él era el obispo, entonces él—él se tenía que quedar ahí. Él no lo podía negar. Él no podía decir que no, porque ya estaba sucediendo. ¿Ven? Él no podía—no podía negarlo, porque ya estaba sucediendo. Entonces por fin dijo: “¡Oh, váyanse! Ya no te quiero escuchar más. ¡Vete de aquí! ¡Toma todo lo que tienes y vete!”. ¡Oh, hermano!
193Ahora, aquí hallamos a Moisés, después de que Dios había hecho tanto a su favor, y le había mostrado tantas señales y maravillas. Ahora, por estos próximos quince minutos, coloquemos esto aquí. Y fíjense bien. Moisés llegó a este lugar en donde él...
194Dios había dicho: “Yo estoy contigo. Tus palabras son Mi Palabra. Moisés, Yo te lo he probado. Tú, cuando no había nada de moscas en la tierra, era fuera de tiempo, y tú dijiste: ‘que aparezcan moscas’ y aparecieron las moscas”. Eso es creación. ¿Quién aparte de Dios puede traer oscuridad sobre la tierra? Él dijo: “‘Que haya oscuridad’, y hubo oscuridad. Tú dijste: ‘aparezcan las ranas’”, y las ranas se metieron hasta la casa de Faraón, en las camas, e hicieron grandes montones de ranas. ¡Creador! “Y Yo te he hablado a ti Moisés, y—y he hecho Mi Palabra crear a través de tus labios. En realidad te he hecho un dios ante Faraón”. Sí señor. “Yo he hecho todo esto”.
195Y aquí llegaron a un lugar donde se les presentó una pequeña prueba, y Moisés comenzó a clamar: “¿qué haré?”
196Quiero que noten. Esto aquí es una gran lección. Yo amo esto, ¿ven? Vean, Moisés, si leemos aquí correctamente que Mo-... Cuando los hijos estaban en la línea del deber comenzaron a temer porque veían que venía Faraón.
197Dios había hecho todo perfectamente. Ahora, Él había hecho que empezaran la jornada. Él tenía reunida a la iglesia. Ellos habían sido llamados fuera. Habían salido de toda denominación. Todos se habían juntado. Moisés había vuelto y dijo: “Señor, ¿qué debo hacer?”
198Él decía: “Bueno, ve has esto”. Muy bien, seguía. “Ahora, Moisés, tú sabes que te he llamado para hacer esto”. “Sí Señor”.
199“Muy bien, ve habla esto, y así será”, y ahí venían las moscas. “Habla para que venga esto”, y ahí venía. “Has esto”, ahí venía. ¡Todo era ASÍ DICE EL SEÑOR, ASÍ DICE EL SEÑOR, ASÍ DICE EL SEÑOR! Ahora se mete en un problema...
200Y Dios dice: “Ahora los tengo caminando en su jornada. Todos han sido llamados fuera. La iglesia está unida, así que los tengo en su jornada. Ahora, Moisés, llévalos hasta allá. Te lo he dicho. Me voy a sentar y descansar por un tiempo”.
201Moisés dijo: “¡Oh Señor, mira lo que viene, aquí viene Faraón! El pueblo está todo... ¿Qué debo hacer yo? ¿Qué debo hacer yo?”. Fíjense, ¿no es así el ser humano? Sí Señor. Comenzó a clamar: “¿Qué debo hacer?”
202Aquí vemos a Moisés, expresando completamente su naturaleza humana, siempre deseando que Dios esté detrás de uno, empujándolo hacia alguna cosa. Ahora, así somos nosotros hoy en día. Uno desea que Dios, después de que hemos visto todo lo que hemos visto, sin embargo, desea que Dios lo empuje a hacer algo. ¿Ven?
203Moisés sin mucha preocupación, había dicho: “Dios te iré a preguntar a ver qué me dices. Sí, sí, Tú lo has dicho. Bueno, muy bien, yo también lo diré”. ¿Ven?
204Pero aquí, Dios lo había ordenado para este trabajo, ya había probado que estaba con él. Y aquí estaba, se le presentó una circunstancia, y él comenzó a clamar: “¿Qué puedo hacer? Señor, ¿Qué puedo hacer?
205Ahora recueden, él ya había profetizado, porque había dicho: “Estos egipcios que Uds. ven hoy, no los verán más”. Y luego, inmediatamente comenzó a clamar: “Dios, ¿qué podemos hacer?”. ¿Ven? Después de que ya había hecho un buen trabajo en profetizar. ¿Ven?, ya les había dicho lo que iba a suceder. Si la Palabra de Dios estaba en él, estaba en él. Y cuando él estaba relatando aquello, en realidad así ocurrió. Lo que él dijo ya iba a ocurrir, y aquí estaba clamando: “¿Qué voy a hacer?”
206¡Oh, si así no son los seres humanos! ¡Si ese no soy yo! ¡Si ese no soy yo! ¿Ven?
207Él ya había probado: “Lo que tú digas sucederá. Yo estoy contigo”.
208Y aquí una circunstancia se presentó de repente. “¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer, Señor? Oye, Señor, ¿dónde estás? Mira, ¿me estas escuchando? ¿Qué debo hacer?”. Y Él ya lo había ordenado, y lo había vindicado, había probado y había obrado todo a través de él. Y aquí: “¿Dios? ¡Oh, hermano! Completamente expresando, el hombre desea descansar y dejar que Dios empuje.
209Y, sin embargo, él sabía que Dios lo había ungido para este trabajo, para hacer esto, y Dios claramente había vindicado sus afirmaciones. Era el tiempo en que el pueblo debía ser liberado. Dios, a través de Sus milagros y maravillas, los había unido en un sólo grupo. ¿Me entienden? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Los había unido a todos en un sólo grupo, había vindicado sus afirmaciones. La Escritura había dicho tal cosa; aquí estaba la señal, aquí estaba la evidencia, todo lo que él decía. Luego él vino entre ellos como profeta. Lo que fuera, cualquier cosa que él decía, Dios lo honraba, aun hasta crear y producir moscas, y trajo cosas a existencia. Y todo cuanto Él le había prometido, ahí lo hizo.
210Pero él quería esperar el ASÍ DICE EL SEÑOR. ¿Ven? Él debiera haber conocido que la mera vindicación de su llamamiento era ASÍ DICE EL SEÑOR. Su trabajo, al cual había sido ordenado, era: ASÍ DICE EL SEÑOR. ¿Pueden captarlo? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¡Um! ¿Por qué esperaba él por el ASÍ DICE EL SEÑOR?
211Él quería: “Señor, ¿qué puedo hacer? He aquí, he traido estos hijos hasta aquí. Aquí está la circunstancia, Faraón está en camino. Todos van a morir. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?” ¡Um! ¡Um!
212Él ya había predicho lo que iban a hacer. Él ya había dicho exactamente lo que, lo que harían. Él pronosticó el final de la misma nación en que fue criado. Ojalá entiendan. [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Ven? Moisés ya había dicho: “No los verán más. Dios los va a destruir. Ellos ya se han burlado de Uds. lo suficiente. Dios los destruirá”. Él ya había predicho lo que les iba a suceder.
213Luego: “Señor, ¿qué debo hacer?”. ¿Pueden ver ahí la naturaleza humana?” ¿Ven? “¿Qué debo hacer? Voy a esperar el ASÍ DICE EL SEÑOR”. Sí señor. “Veré lo que dice el Señor, luego lo haré”.
214Recuerden, se había levantado un Faraón que no conocía a José, en ese tiempo, en ese mismo tiempo, Uds. saben. ¿Ven? ¿Ven? Y Moisés se paró y predijo el fin de esa nación.
215Y aquí estaba en el mero lugar donde debiera suceder, luego él clamó: “Señor, ¿qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?”. ¿Ven? ¿No son así los seres humanos? ¿No es esa la naturaleza humana? “¿Qué debo hacer?” ¡Ja!
216Él ya había profetizado. Dios había honrado todo lo que él había dicho, y él fue llamado para el trabajo, entonces ¿por qué tenía él que decir: “qué debo hacer?”. Ahí estaba una necesidad; sólo era cuestión de que él lo hablara. Dios deseaba que Moisés pusiera a trabajar aquel don de fe que Él le había dado. Dios lo había vindicado. Era la verdad. Y Dios deseaba que Moisés, deseaba que el pueblo viera que él estaba con Moisés.
217Y él, allá al principio, él esperaba, decía: “Ahora, Señor, yo apenas soy un bebé. Quiero que me digas”. “Sí, yo iré y haré esto. Yo tengo ASÍ DICE EL SEÑOR”. “Hermano, ¿es eso ASÍ DICE EL SEÑOR?”
218“Sí, sí”, Hermano Moisés, “Eso es ASÍ DICE EL SEÑOR. Sí”.
219“Muy bien, ahora sí lo tenemos, ASÍ DICE EL SEÑOR”. Y aconteció. Nunca falló una sola vez. Nunca falló
220Y aquí está en las circunstancias, aparece de nuevo. Ahora lo tiene allá en la jornada. La iglesia ya está llamada afuera, la tiene en la jornada, y están avanzando. Y entonces Moisés comenzó a clamar: “Señor, ¿es esto ASÍ DICE EL SEÑOR? ¿Qué debo hacer?”. Muy bien.
221Dios quería que Moisés tuviera fe, la cual Él le había dado, en el don que Él claramente había—había vindicado. Dios le había probado claramente a Moisés y al pueblo que era Él, por medio de la Palabra y por medio de las cosas que se habían dicho y que se habían cumplido. Estaba claramente identificaddo. No había necesidad de que él se preocupara más acerca de eso. ¿Ven? No había porqué pensar él más en eso, porque ya todo estaba aclarado. Él ya había hecho estas cosas. Y ya había probado, por medio de moscas y pulgas, que Él habló cosas a existencia, que la Palabra de Dios estaba en él.
222Entonces aquí está él ahora yendo a preguntar qué debe hacer, cuando las circunstancias están ahí frente a él. ¿Ven? ¡Oh, hermano!
223Ojalá esto penetre hasta lo más profundo de nosotros, y podamos ver en dónde estamos. ¿Ven? ¿No les hace sentir como así de pequeño? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Al pensar acerca de Moisés relatando sus faltas, fijémonos en las nuestras. Sí. ¿Ven?
224Ahí estaba él, parado allí, ¿ven?, y sabía que las Escrituras decían que esa era la hora y el día cuando eso debiera suceder, y sabía que Dios se había encontrado con él en la Columna de Fuego. Y había bajado ante el pueblo y había obrado estos milagros. Y todo lo que él había dicho, todo había acontecido, aun hasta traer cosas a existencia. Haciendo las cosas que sólo Dios podía hacer, mostrando que su voz era la Voz de Dios.
225Y aquí estaba la circunstancia frente a este pueblo que él estaba levantando, dirigiendo hacia la tierra prometida, y luego ahí estaba, clamando: “¿Qué debo hacer?”. Ese es un ser humano, queriendo simplemente...
226Como me dijo el Hemano Roy Slaughter, creo que está sentado ahí afuera de la puerta, me contó una vez acerca de alguien que me había hecho algo. Y yo dije: “Bueno, yo hice esto, y ahora es así”.
227Él dijo: “Hermano Branham, permita que se recarguen en su hombro hoy, y mañana los va a estar cargando”. Y exactamente así son los seres humanos. Hoy se recargan en su hombro, y mañana los está cargando.
228Eso es, eso es lo que estaba haciendo Moisés. Dios lo tenía que cargar después de que lo había ordenado y lo había probado para hacerlo. Y la gente debiera haber dicho: “Moisés, di la Palabra. Te vimos hacerlo allá. Dios te honró allá, y tú eres el mismo hoy”. Amén. ¿Ven? “¡Hazlo!” Amén. Él lo debiera haber sabido, pero no fue así. Muy bien. Así como fue entonces, así es hoy. Nos damos cuenta de eso. Entonces él dijo: “Mo-...”
229Dios debe haber tenido suficiente de eso. Dios debe de haber estado harto de aquello. Él dijo: “¿Por qué estás clamando a Mí? ¿Qué, no te he probado mi idenificación? ¿No te dije que te había enviado para esta obra? ¿No te dije Yo que fueras e hicieras esto? ¿No te prometí yo que haría esto; que estaría con tu boca, y que Yo hablaría a través de ti y que haría esto, y que tú mostrarías señales y maravillas? ¿No te prometí hacerlo? ¿No he hecho exactamente, y no he destruido todo enemigo a tu alrededor? Y ahora, aquí estás frente al Mar Rojo, en pleno cumplimiento del deber, haciendo lo que dije que hicieras, y aún estás llorando y clamando a Mí. ¿No me crees? ¿No puedes ver que yo te envié para hacer esto?”. ¡Oh, si ese no es el ser humano! ¡Hermano! Así que Él seguramente ya estaba bien harto de todo aquello.
230Y Él dijo: “Tú sabes que tienes necesidad. Tú sabes si es que vas a llevar a estos hijos a la tierra prometida. Así es, exactamente. Te tienen arrinconado aquí. No hay otra cosa que puedas hacer. Así que hay una necesidad. ¿Por qué clamas a Mí? ¿Por qué me estás mirando a Mí? ¿Por qué me estás llamando a Mí? ¿No lo he probado ante el pueblo? ¿No te lo he probado a ti? ¿No lo he declarado Yo? ¿No es Escritural? ¿No prometí Yo llevar a este pueblo hasta aquella tierra? ¿No te llamé Yo y te dije que lo haría? ¿No te llamé, y te dije que te había enviado para hacerlo, y que no eras tú, que era Yo? Y que yo iría y que estaría con tus labios, y lo que tú dijeras, yo lo vindicaría y lo probaría. ¿Acaso no lo he hecho?”.
231“Entonces, cuando cualquier cosita se presenta, ¿por qué te comportas como un bebé? Debieras ser un hombre. ¡Dile a este pueblo”, (amén), “luego avancen!” Amén. Ahí lo tienen. “No clames. ¡Di!” Amén. Ahí lo tienen. “No clames. ¡Dí! Amén. Oh, a mí me gusta eso. “¿Por qué estás clamando a Mí? Dile a este pueblo, y procedan hacia adelante hacia su objetivo. Lo que sea, si es enfermedad, o lo que sea, si es levantar a los muertos o lo que fuera, ¡di! Yo lo he probado. Dile al pueblo”.
232¡Qué lección! ¡Qué lección, Oh hermano, en esta etapa de la jornada en dónde estamos nosotros parados! Fíjense en dónde estamos nosotros ahora, sí señor: en el Tercer Jalón. Noten, estamos aquí a las puertas, de la Venida del Señor.
233Él estaba ungido para ese trabajo, y todavía esperaba el ASI DICE EL SEÑOR. Dios se habrá fastidiado de eso. Él dijo: “Ya no clames más. ¡Dí! Yo te envié”.
234¡Oh Dios, lo que esta iglesia debiera ser en esta mañana! Con la vindicación perfecta de Dios, con la Columna de Fuego y las señales y las maravillas, todo igual a como fue en los días de Sodoma. Él dijo que eso volvería.
235Aquí está el mundo en su condición. Ahí está la nación en su condición. Ahí están las mujeres en su condición. Ahí están los hombres en su condición. Ahí está la iglesia en su condición. Ahí está todo. Los elementos, las señales, los platillos voladores y todo en los cielos, y toda clase de cosas misteriosas, y el mar rugiendo, las enormes olas, el corazón de los hombres desfalleciendo de temor, perplejidad del tiempo, angustia entre las naciones, la iglesia apostatando.
236Y el hombre de pecado levantandose, que se pone por encima de todo lo que se llama Dios, el que se sienta en el templo de Dios, mostrándose oh, hermano, y ha venido a esta nación. Y la iglesia se ha organizado, y todas ellas se han unido, como prostitutas a la ramera, y así todo en el camino de la prostitución.
237Prostitución, ¿qué es? Decirles a las mujeres que se pueden cortar el cabello, decirles a las mujeres que pueden vestirse en pantalones cortos, decirles a los hombres que pueden hacer esto y que pueden hacer aquello; y los predicadores, ellos hacen esto, y un evangelio social y tantas cosas. ¿No pueden ver? ¡Eso es cometer adulterio contra la verdadera Palabra de Dios!
238Y Dios nos ha enviado su Palabra verdadera, sin denominación, sin nada de ataduras, y nos ha dado la Columna de Fuego, el Espíritu Santo que ha estado con nosotros por treinta años. Y todo lo que Él ha predicho y hablado, se cumplió exactamente como él lo hizo.
239Dile al pueblo, y avancemos. Amén. Tenemos un objetivo. La Gloria. Avancemos hacia Ella. Estamos camino a la Tierra prometida. “Todas las cosas son posibles a aquellos que creen”. “Dile al pueblo. ¿No lo he probado? ¿No me he fotografiado entre Uds., y todo lo demás, y he hecho todo lo que se puede hacer, para probar que estoy con Uds.? ¿No lo anunciaron las revistas hace apenas unas semanas, cuando tú dijiste aquí en este púlpito lo que acontecería aquí, aun tres meses de antemano, y ahí sucedió y fue vindicado? Aun la ciencia sabe acerca de esto. Y todo lo que Yo he hecho, y aún estás esperando. Dile al pueblo que prosigan hacia su objetivo”. Amén.
240¿No le dijo Natán a David…? El profeta Natán, en una ocasión estaba ahí, contemplando a David, el rey ungido, y dijo: “Haz todo lo que está en tu corazón, porque Dios está contigo”. Le dijo a David: “Haz todo lo que está en tu corazón. Jehová está contigo”.
241Josué estaba ungido para tomar la tierra para Dios y para Su pueblo. El día era corto. Él necesitaba más tiempo para cumplir el trabajo para el cual fue comisionado y ungido. Josué era un hombre, pero estaba ungido. Dios le dijo: “Así como fui con Moisés, así estaré contigo”. Amén. “Esa tierra se las voy a dar. Y quiero que tú vayas allá y liquides a los amalecitas, y—y a los Het-... A todos los demás, a los filisteos, y a los ferezeos, y a todos aquellos, liquídalos. Yo estoy contigo. Yo... Ningún hombre se parará frente a ti todos los días de tu vida. Ningún hombre te podrá molestar. Entra allá pues”. Y Josué sacó la espada y dijo: “¡Síganme!”
242Llegó allá, y ahí estaba peleando. Y ¿qué sucedió? Él derrotó al enemigo. Había un grupito aquí y otro grupito allá. Cuando llegaba la noche, todos se reunían y se reforzaban, y venían como una sola fuerza contra él. Y el sol se estaba poniendo. Él necesitaba más luz. El sol se estaba poniendo. Él no se cayó de rodillas para decir: “Señor Dios, ¿qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?” ¡Él habló! Él tenía una necesidad. Él dijo: “¡Sol, detente!”. Él no clamó a nadie. Él mandó: “¡Sol, detente! Yo tengo necesidad de esto. Yo soy el siervo de Jehová, ungido para este trabajo, y tengo esta necesidad. Detente y no dejes de brillar... Y, luna, quédate donde estás”, hasta que peleó toda la batalla y derrotó a todos aquellos. Y el sol le obedeció.
243No hubo clamores. Él le habló al sol, dijo: “Deténte, ¡sol, quédate ahí! Y luna, quédate donde estás”. Él no clamó: “Señor, ¿ahora qué puedo hacer? Dame más luz del sol”. Él tenía necesidad de la luz del sol, así que lo mandó, y el sol le obedeció. ¡Oh, hermano! Él mandó que el sol se detuviera.
244Sansón, ungido, criado, ordenado por Dios, le fue dado un don de poder, fue ordenado a que destruyera la nación de los filisteos. Ordenado, nacido en la tierra, ungido por Dios, para destruir a los filisteos. Y un día lo capturaron allá en el campo sin su espada, sin lanza. Y mil de aquellos filisteos armados llegaron de una sola vez a donde él estaba. ¿Acaso se arrodilló él para decir: “Oh, Dios, yo estoy esperando una visión? Oh, Jehová, ¿qué debo yo hacer? ¿Muéstrame qué debo hacer?”. Él sabía que tenía una necesidad. Él no pudo hallar otra cosa sino un hueso de la quijada de una mula, y con eso abatió a mil filisteos ¡Amén!
245Él nunca clamó a Dios. Él empleó su don ungido. Él sabía que había sido enviado para ese trabajo. Él sabía que había nacido para eso. Él sabía que estaba ungido con un don, y abatió a mil filisteos. Él no clamó a Dios. Dios lo había ordenado y había vindicado que así era, por medio de las otras cosas que había hecho. Y él era un siervo ungido y vindicado por Dios, para destruir a los filisteos y lo hizo. No importaban las circunstancias, él lo hizo. Él nunca anduvo preguntando nada. Ese era su trabajo. Eso... Dios estaba obrando a través de él; levantó ese hueso de quijada de mula y empezó a golpear a los filisteso. Cómo es que la...
246Pues, un sólo golpe con esa cosa, cuando pegara en uno de aquellos cascos de bronce de pulgada y media de grueso, eso hubiera dejado ese hueso en millones de pedazos. Y él abatió a mil de ellos, y los mató, y aún lo tenía en la mano.
247No hizo ningunas preguntas. Él no clamó. Él habló. Él los derrotó. ¡Oh, hermano! “Tomar a los filisteos, ¿podré yo tomar a los filisteos, Señor? Yo—yo sé que me has enviado a hacerlo, Señor. Sí, Señor, yo sé que me enviaste para destruir a esta nación de los filisteos. Ahora, aquí hay mil de ellos a mi alrededor y yo no tengo nada. Señor, ¿ahora, qué—qué voy a hacer?”. ¡Oh, hermano! Nada le iba a molestar. Él estaba ungido para ese trabajo. No hay nada que le pueda dañar a Ud., ni una sola cosa. ¡Aleluya! Él sólo tomó lo que tenía y los abatió. Correcto.
248Cuando el enemigo lo arrinconó, dijeron: “Ahora lo tenemos dentro de las paredes, ahora sí lo tenemos. Lo tenemos aquí adentro ahora con esta mujer. Ya tenemos la puerta cerrada, todo, por todos lados, y él no puede escapar. Lo tenemos”.
249Sansón no clamó: “Oh, Señor, me tienen todo encerrado con esta denominación”. ¡Ja! “¿Ay, qué voy a hacer? Me he unido con ellos. ¿Qué voy a hacer?”. Él nunca hizo eso.
250Él simplemente salió, derribó la puerta, se la puso en el hombro y se fue con ella. ¡Amén! Él estaba ungido para el trabajo. Él era llamado por Dios. A él no lo cercaron. ¡No, de ninguna manera! Él se llevó las puertas. Él no tuvo que orar al respecto. Él no le preguntó a Dios si debiera hacerlo o no. Estaba en el cumplimiento del deber. ¡Amén, amén, amén! En plena línea del deber. “¿Por qué clamas a Mí? ¡Habla, y continúa!” ¡Amén! “No clames. ¡Di!” Él ya había dejado de gemir y llorar. Debí tener suficiente edad para hablar. Correcto. Él sabía que su don ungido de poder podía destruir a cualquier filisteo que se le opusiera. Amén.
251Pero, ¿Ven Uds.?, nosotros no sabemos eso. Nosotros todavía somos niñitos con el biberón en la boca.
252¡Él lo sabía! Él sabía que Dios lo había levantado para ese propósito, y nada lo iba a estorbar a él, todos lo días de su vida. Nada podía destruilo a él. Así como Moisés, él fue levantado para este propósito. Nada lo iba a detener. Ningún amalecita ni nadie más lo iba a detener. Él estaba camino a la tierra prometida. Sansón sabía que estaba en el camino.
253Josué sabía que él iba a tomar la tierra. Él estaba vindicado. La Palabra de Dios lo había prometido, y ahí estaba el Espíritu Santo vindicándolo.
254Él estaba en camino, así que nada le iba a estorbar el camino. No señor. En pleno cumplimiento del deber, y con Dios, nada se le iba a interponer en el camino. Así que levantó las puertas y se las puso sobre el hombro, pesaban como a cuatro a cinco toneladas, y se fue hasta la colina y se sentó sobre ellas. Nada se le iba a interponer en el camino. Él tenía un don ungido de Dios. Él no tenía que clamar: “Dios, ¿qué debo hacer?”. Él ya estaba ungido para hacerlo. Eso era ASÍ DICE EL SEÑOR: “¡deshaste de ellos!”. ¡Aleluya! “¡Deshaste de ellos! Ye te he levantado para ese propósito”. Amén.
255“Señor, ¿qué debo hacer? Eh, ¿qué voy a hacer aquí frente al Mar Rojo?”.
256“¿No te dije que te había dado una monaña por señal aquí?”. Tú vas a volver a esta montaña, y vas a llever a los hijos a la tierra. ¿No te he llamado para ese propósito? ¿Por qué estás preocupado de que otras cosas se interpongan en el camino? ¡Di, y comienza a caminar!” ¡Amén y amén! “Sí, yo te llamé para ese propósito”.
257David, él sabía que estaba ungido, y estaba vindicado como uno que tenía buena puntería. Él sabía que ellos sabían que tenía buena puntería. David estaba ungido. Él lo sabía. Y cuando él se paró frente a Goliat, él no se puso a clamar: “Oh, Dios, ¿qué debo hacer ahora? Espera, ¿debo yo—yo...? Yo sé lo que hiciste en tiempos pasados. Me permitiste matar a un oso, y me permitiste matar a un león. Pero, ¿qué de ese Goliat que está allí?” ¡No! Él nunca hizo eso. Él simplemente habló. ¿Qué dijo? “Tú serás como eran ellos, ante tus ojos”. Él habló y procedió.
258Él nunca ofreció una oración. Él no ofreció nada. Él sabía que estaba ungido. Amén. Él estaba ungido, y aquella honda había probado ser lo correcto. Él tenía fe en su unción. Él tenía fe que Dios podía dirigir esa piedra directamente al centro de aquel yelmo, el único lugar a donde podía ser herido. Ahí estaba parado.
259Él sabía que tenía buena puntería. Amén. Él sabía que Dios lo había hecho así. Amén. Él sabía que había matado el león, él sabía que había matado el oso, pero eso era con la posesión de su padre terrenal. ¡Esta era posesión de su Padre Celestial! Amén. Él no se arrodilló para decir: “¿Debo...Qué debo hacer ahora, Señor?”. Él habló y dijo: “Tú serás como el león y el oso, y aquí vengo”. ¡Amén! ¡Gloria a Dios! Sí señor. Él habló y avanzó para enfrentarse a este Goliat. ¡Oh, hermano!
260¡A pesar de su tamaño! Uds. saben, él era un hombrecito de apariencia rubia. No era muy grande. No era muy guapo de parecer, un individuo pequeño, encogido. La Biblia dice que era rubio. Ahora, a pesar de su tamaño y su supuesta habilidad de hacer aquello.
261Uds. saben, el obispo le dijo, dijo: “Mira hijo, aquel hombre es un teólogo. ¿Ves?, él es un luchador, Él nació luchador y él es un... Él ha sido luchador desde su juventud; y tú no eres rival para él”. Y sus hermanos de dijeron: “Oh, muchacho travieso. Vienes quí para hacer una cosa como esta, regrésate a casa”.
262Eso no le molestó a él. ¿Por qué? Él sabía que estaba ungido. “El Dios que me libró del león, el Dios que me libró de las garras de aquel oso, cuánto más me librará Él de este filisteo. Aquí voy. Yo voy a tí en el Nombre del Señor Dios de Israel”. Amén. No tuvo que orar; ya estaba preparado en oración. Dios ya lo había preparado desde antes de la fundación del mundo. Él estaba ungido para ese trabajo. Él sólo tenía que hablar y avanzar. Oh, eso es todo. ¡Oh! Él no...
263Con respecto a sus hermanos denominacionales, aquellos burlones parados allí también, Uds. saben. Oh sí. Ellos estaban parados allí burlándose y riéndose y diciendo... Sus hermanos, Uds. saben, y decían: “Ah, ah, ah, tú no puedes. Tú, tú lo que eres es un travieso”. Pero eso no lo molestó a él en nada. “Tú quieres ser distinto a todos lo demás. Tú lo que quieres es jactarte”. Si eso fuera para jactarse, así hubiera sido. Pero es que ellos solamente se fijaban en el lado intelectual.
264David sabía que el aceite de la unción estaba sobre él. Amén. Para él, aquello no importaba nada. Él dijo: “Aquel filisteo terminará igual que el oso y el león, así que aquí voy”. Él lo predijo antes de que sucediera. ¿Qué hizo él? Mató al oso. Mató al león. Él derribó al león con... ¿Con qué? Con la—con la honda, y tomó un cuhillo, y luego el oso. El león, él mató al león con un cuchillo. Es lo mismo que hizo con Goliat. Lo tumbó con una piedra, y luego sacó su misma espada, y le cortó la cabeza, ahí ante todos. ¿Qué predijo antes que sucediera? “Y tú serás como uno de ellos”. ¿Por qué? Él habló la Palabra que así sería, y luego avanzó para que se cumpliera. Amén. ¡Oh, hermano! Él habló, luego se hizo cargo de la situación aquel día.
265Si ha habido algún tiempo cuando el hombre debiera hablar, es ahora. Ya para terminar, sólo unos momentos más si pueden aguantar unos momentos más. Tengo unas cosas más apuntadas aquí, algunas Escrituras a las cuales quiero llegar.
266Pedro en ningún momento clamó, cuando halló a un hombre que tenía suficiente fe para ser sanado, acostado junto a la puerta llamada la Hermosa. Él nunca se arrodilló para orar toda la noche, y, o para orar todo el día, alguna oración bien larga, para decir: “Señor, yo ruego ahora que Tú le ayudes a este pobre cojo. Yo veo que tiene fe. Yo sé que él es un creyente. Y yo le he preguntado y él—él... Yo— yo—yo... Él dice que tiene fe, que creería lo que yo le dijera. Y yo le he contado acerca del... acerca de lo que Tú hiciste, y yo—yo pienso ahora Señor, que—que... ¿Me podrás dar un ASÍ DICE EL SEÑOR para él?”
267No, él sabía que él era un apóstol ungido. Él sabía que Jesucristo lo comisionó: “Sanad a los enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad fuera demonios. De gracia recibisteis, dad de gracia”. Él dijo: “¡Pedro, ve y has eso!”. Él no tuvo que prepararse en oración. Él había sido comisionado.
268¿Qué dijo? Él dijo: “¡En el Nombre de Jesucristo!”. Él pronunció el Nombre de Jesucristo y el hombre simplemente se quedó allí. Y entonces lo levantó de la mano, y dijo: “¡Ponte de pie!” y lo sostuvo hasta que sus tobillos recobraron fuerzas, y comenzó a caminar. ¿Por qué? Él nunca tuvo una reunión de oración de toda la noche. Él nunca clamó a Dios. De los labios de Jesucristo, él sabía que en verdad él estaba ungido para este trabajo. Sí. Él habló y lo levantó, porque sabía que era un apóstol ungido para ese propósito.
269La gente que se postraba en la sombra de Pedro, no dijo: “Oh, ven apóstol Pedro, y clama sobre nosotros, y ora la oración de fe a Dios por nosotros”. No, no, ellos nunca dijeron eso. Ellos sabían que él era el apóstol ungido y vindicado de Dios. Por lo tanto dijeron: “Solamente permítenos acostarnos en su sombra. Ud. no tiene que decir una sola palabra. Lo sabemos, lo creemos”. ¡La Vida estaba en ellos! El apóstolo no podía llegar a todos ellos. Y ellos mimos, ellos son una parte del asunto.
270Moisés dijo: “No soy yo el único que va. Todos nos vamos”. Todos tenemos algo que hacer. Todos tenemos que estar ungidos.
271Y ellos vieron aquel apóstol parado ahí, y le vieron sanar a los enfermos y hacer las cosas que hizo. Ellos sabían que no podía llegar a ellos. Dijeron, ellos nunca dijeron: “Pedro, ven y—y ofrece una oración, y luego espera hasta que tengas el ASÍ DICE EL SEÑOR, luego ven y me lo dices. A ver qué dice el Señor”. Ellos dijeron: “Si solamente podemos estar donde nos toque su sombra, porque el mismo Dios que estaba en Jesucristo está en él, y vemos las mismas obras. Así que tocaron el borde de la vestidura de Jesús y les pasó Su sombra. Y Jesús está en este hombre. Si esa sombra puede pasar sobre nosotros, seremos sanos”.
272Y la Biblia dice que todos ellos fueron sanos. No tuvieron ninguna oración de toda la noche, diciendo: “Señor, ¿si voy allá y me acuesto en la sombra de este apóstol?” No, ellos lo sabían. La Luz había pegado en ellos. Sus corazones estaban llenos. Su fe fue destada. Amén. Ellos lo creían. Ellos lo habían visto. Fue igual con los pañuelos de Pablo. Ahora, para terminar.
273Jesús no se puso a clamar cuando le tajeron al muchacho maníaco, el que tenía la epilepsia y que se caía al fuego. Él nunca dijo: “Padre, Yo soy Tu Hijo, y ahora Tú me has enviado aquí para hacer tal y tal, y tal cosa. ¿Podré Yo sanar a ese muchacho?”. Él nunca dijo eso. Él dijo: “¡Satanás, sal de él!” Él habló, y el muchacho fue sanado.
274Cuando Él se encontró con Legión, que tenía dos mil demonios, no era Jesús el que estaba clamando. Eran los demonios que clamaban: “Si nos vas a echar fuera”, (oh, hermano), “permítenos entrar en aquel hato de cerdos”.
275Jesús nunca dijo: “Ahora, Padre, ¿soy yo capaz de hacer esto?” Él dijo: “Sálgan de él”, y los demonios salieron volando. Seguro, Él sabía que era el Mesías.
276Frente a la tumba de Lázaro, este ya tenía cuatro días de muerto. Ellas dijeron: “Señor, si hubieras estado aquí, él no hubiera muerto”.
277Él dijo: “Yo soy la resurrección y la Vida”. ¡Amén! No dónde, cuándo, o cómo. “El que creyere en Mí, aunque estuviere muerto, vivirá” Amén. Él sabía Quién era. Él sabía Qué era. Él sabía sabía que era Emanuel. Él sabía que era la resurrección. Él sabía que era Vida. Él sabía que en Él moraba la plenitud de la Deidad, corporalmente. Él vio a esa gente ahí, y Él había visto lo que Dios le dijo entonces que hiciera, y ahí estaba. Él fue allá.
278Él nunca dijo: “Ahora, esperen, me voy a arrodillar aquí. Todos Uds. arrodíllense a orar”. Él dijo: “¿Creen Uds. que Yo puedo hacer esto?”. Amén. Él lo pidió.
279No era Él; eran ellos. “Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Hijo de Dios que habría de venir al mundo”. ¡Oh, hermano! Ahí está Él identificado. Algo tiene que suceder.
280“¡Lázaro, sal fuera!”. Él habló, y un muerto salió. No fue: “¿Podré?”. Él simplemente habló. Cuando la fe fue hallada, la cosa sucedió.
281Él habla, Él habló, y los ciegos vieron, los cojos caminaron, los sordos oyeron, los demonios clamaron y salieron, los muertos fueron resucitados, de todo. ¿Por qué? No se puso a orar. Él era el Mesías ungido. Él era ese Mesías. Él sabía lo que Él era. Él conocía Su posición. Él sabía para qué fue enviado. Él sabía que el Padre lo había identificao como el Mesías, para el creyente. Y cuando Él se encontró con el creyente que tenía fe, Él simplemente habló la Palabra. Los demonios huyeron. Sí señor. “¡Di! No calmes ¡Di!” Amén.
282Y Él conocía Sus derechos dados por Dios, pero nosotros no los conocemos. Él sabía lo que Él era. Nosotros no sabemos.
283Moisés se había olvidado. Sansón entendió. Otros entendieron. Josué entendió. Moisés se olvidó. Dios tuvo que llamarle la atención. Le dijo: “¿Por qué estás clamando a Mí?”. Yo te envié para hacer ese trabajo. Habla, y prosigue hacia el objetivo. Yo te dije que vendrías a esta montaña. Toma a estos hijos y dirígelos. Simplemente habla, no me importa qué esté en tu camino, apártalo. Yo te doy autoridad para hacerlo. Yo hablé... Tú has hablado moscas y pulgas, y la creación, y cosas como esas. Ahora, ¿por qué estás clamando a Mí? ¿Por qué has venido ante Mí clamando de estas cosas? Simplemente di, y mira cómo se mueve, eso es todo”. ¡Oh, hermano! ¡Oh, cómo lo amo yo!
284Aquí, Jesús, todo lo que Él decía, Él simplemente hablaba la Palabra, y así fue. Dios lo había vindicado perfectamente como Su Hijo. “Este es Mi Hijo amado en quien tengo complacencia. A Él oíd”.
285Obsérvenlo. Me gusta esto. Cuán valientemente, cuán majestuosamente se paró delante de Sus críticos. Amén. Él dijo: “Destruyan este templo, y ¿Yo rogaré al Padre, para ver qué quiere Él hacer al respecto?”. “Destruyan este templo, y Yo lo levantaré en tres días”. No fue: “Espero hacerlo; trataré de hacerlo”. “¡Yo lo haré!” ¿Por qué? Porque así decía la Escritura.
286La misma Escritura que dice que Él levantaría Su cuerpo, nos da a nosotros la autoridad, el Poder. ¡Amén! “En Mi Nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; si tomaran en las manos serpientes, o si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán”. “¿Por qué clamas a Mí? Di, y avanza”. Oh, valientemente yo... “Destruyan este templo, Yo lo levantaré nuevamente”. ¡Oh!
287Y ahora recuerden (estamos terminando), era Él mismo. Era Él, el que dijo, en Juan 14:12, el... “El que en Mí cree, las obras que Yo hago, él las hará tambien” ¿Correcto? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Fue Él, el que lo dijo.
288Fue Jesús el que dijo en Marcos 11:24: “Si dijereis a este monte”, no si orareis a este monte. “Si dijereis a este monte: ‘Quítate’, y no lo dudares en vuestro corazón, sino que creyereis que lo que habéis dicho será hecho, entonces podéis recibir lo que habéis dicho”. Ahora Ud., si Ud. lo dice presuntuosamente, no sucederá. Pero si algo por dentro de Ud., que Ud.—Ud. está ungido para ese trabajo, y tiene conocimineto que es la voluntad de Dios hacerlo, y lo dice, tiene que suceder. “Si vossotros...”
289Fue Él quien dijo esto: “Si permanceis en Mí, y Mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que quereis, y os será hecho”. ¡Oh, hermano! ¡Oh, hermano! ¿Pueden ver lo que digo? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
290Perdonen esto, pero está presionando dentro de mí. Tengo que decirlo. Fue Él quien dijo, allá en el bosque aquel día: “No has cazado nada”. Y Él creó tres ardillas paradas ahí ante nosotros. ¿Qué es? Solamente hablando la Palabra, dicendo: “Estarán ahí, y ahí, y ahí”, y aparecieron. Fue Él quien hizo eso.
291Charlie, Rodney, fue Él, allá en Kentucky; y Nellie, Margie, y los demás de Uds. Fue Él, el mismo Dios que estuvó allá y le habló a Moisés y le dijo: “¿Por qué clamas a Mí? ¡Di la Palabra!”. Fue Él quien los trajo a existencia. Es Él. Es Él. ¡Oh, hermano!
292Fue Él quien dio la visión hace como un año, que dijo que iríamos allá, y estos Siete Sellos, y cómo es que le habría un—un—un—un gran trueno que daría comienzo y estarían en la forma de una pirámide. Y ahí la revista Look... La revista Life lo publicó, está en la pared ahí adentro. Fue Él quien dijo eso.
293Fue Él cuando yo iba por aquel camino aquella noche y vi aquella gran serpiente mamba a punto de atacar a mi hermano. Y Él dijo: “Has... te ha sido dado Poder para atarla, o cualquier otra”. Fue Él quien dijo eso.
294A mi canosita esposa sentada allá atrás. Fue Él quien me despertó aquella mañana en la habitación, y estaba en el rincón y dijo: “No temas hacer cualquier cosa, o ir a cualquier lugar, o decir cualquier cosa, porque la Presencia de Jesucristo que nunca falla está contigo a donde sea que fueres”.
295Fue Él allá en el Cañón Sabino, hace como tres meses, cuando yo estaba orando, pensando en qué iba a suceder. Yo estaba parado ahí y una espada cayó en mis manos, y dijo: “Esta es la espada del Rey”. Fue Él.
296Fue Él que me dijo: “Como fui con Moisés, así te enviaré a ti”.
297Fue Él quien me habló hace treinta años, allá en el río, siendo apenas un joven. Parado ahí como un joven predicador, en el río, hace treinta años, parado ahí cuando bajó esa Luz de los cielos y se mantuvo ahí, la misma Columna de Fuego, y dijo: “Así como envié Yo a Juan el bautista para precursar la primera venida de Cristo, tu mensaje precursará la Segunda Venida”, para todo el mundo. ¿Cómo podría ser cuando mi propio pastor se rió y se burló de eso? Pero sucedió exactamente de esa manera. Fue Él quien lo dijo. ¡Sí señor!
298Oh, cómo fue Él, el que habló en profecía, en la visión: “Acontecerá”. Fue Él, el que dijo: “Si alguno entre vosotros profetiza, o ve una visión, y lo dice, y tal cosa acontece, entonces recuerden, no es él, soy Yo. Yo estoy con él”. ¡Oh, hermano! ¡Cómo podría yo continuar y decir es Él, es Él, es Él!
299Es Él, el que bajó. Cuando yo les dije que la Columna de Fuego estaba allá sobre el río, y no podían creerlo. Fue Él, allá entre aquellos, cuando aquel predicador bautista, ante treinta mil personas aquella noche, en el Coliseo Sam Houston, cuando se tomó la fotografía del Ángel del Señor, parado ahí. Fue Él, el mismo ayer, y hoy y por los siglos.
300Fue Él quien predijo a dónde estarían estas cosas. Fue Él quien dijo esto. Fue Él quien hizo estas cosas. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Él ha hecho todo exactamente como dijo que lo haría. Amén.
301¿Por qué debo esperar? Dios ha vindicado la Palabra. Es la verdad. Salgamos en la jornada. Caminemos. Caminemos con el Señor. Poniendo a un lado todas las dudad, todos los pecados. Limpien la casa, lávenla.
302Como la visión de Junior Jackson, no había quedado nada, sólo lámparas; o más bien su sueño, si él está presente. No quedaba nada sino lámparas, y éstas tenían una banda de oro, en el sueño que me dio la otra noche. ¡Oh, hermano!
303Hermano Collins, no se preocupe por aquel pescado, era blanco. Ud. simplemente no sabía cómo lidiar con él.
304Pongan a un lado todo lo que sea contrario a esto. Recuerden, esto es Verdad a pesar de cuán fanático parezca a veces, y todo lo demás. Muévanse al mismo paso con esto. Es el Espíritu Santo. El mismo Dios que levantó a Jesucristo de entre los muertos, el mismo que puede hablar las cosas a la existencia, el mismo que vivió en los días de Moisés, es el mismo hoy.
305Su llamado en estos últimos días, Él lo ha vindicado. “Así como fue en los días de Sodoma, así también será en los días de la Venida del Hijo del Hombre”. Él ha... Allá está Sodoma. Allá está un Billy Graham y un Oral Roberts. Y la iglesia está avanzando por medio de las mismas señales que Él prometió, en ambos lugares, y ahí están. Es Él, el que lo dijo.
306Oh, Señor, concédeme valor, esa es mi oración. Ayúdame, Oh Señor Dios. Tengo que parar aquí, se está haciendo tarde.
307“¿Por qué clamas a Mí? ¿Por qué estás clamando a Mí cuando Yo he probado estar contigo? ¿No he sanado Yo a los enfermos?”, así nos diria Él. “¿No les he dicho cosas que han sucedido exactamente? Su pastor no puede hacer eso. ¡Yo! Él no puede; él es un hombre. Soy Yo, el Señor”, como Él diría. “Yo soy el que hice esto. Yo soy quien le dice estas cosas que debe decir. No es él. Es Mi Voz. Yo soy quien levanta a sus muertos cuando caen. Yo soy quien sana a los enfermos. Yo soy quien predice estas cosas. Yo soy quien salva. Yo soy quien dio la promesa”.
308Que Dios me conceda valor para tomar esa espada de la Palabra que Él puso en mi mano hace como treinta y tres años, y que la mantenga firme y marche hacia adelnte, hacia el Tercer Jalón, esa es mi oración Inclinemos nuestros rostros.
309Padre Celestial, la hora se hace tarde, pero la Palabra se hace más preciosa. A medida que la vemos, Señor, vez tras vez, la Presencia de Cristo que nunca falla, siempre llega aquí con nosotros. ¡Cómo te agradezco Tu bondad! ¡Cómo nos has librado y has sido... y nos has bendecido, cómo te agradecemos eso!
310Mientras tengo estos pañuelos en mi mano, Señor, son de gente que tiene fe, y cree Esto. Concede que todo demonio, toda enfermedad se aparte de esta gente. Y yo reto a todo espíritu aquí presente; todo espíritu maligno, que no sea de Dios, todo espíritu de enfermedad, toda dolencia y aflicción. No estamos en la sombra de algún hombre, lo cual estaría bien, pero estamos en la sombra del Evangelio, el Evangelio vindicado.
311A medida que la gran Columna de Fuego se mueve de aquí para allá, por todo este dificio, la misma por medio de la cual Dios miró, y el Mar Rojo cedió su curso, e Israel pasó. Pero ahora mientras Él mira, está rociada con la Sangre de Su propio Hijo, cuando la misericordia y la gracia... Que seamos obedientes. Que hoy mismo dejemos de estar diciendo—clamando. Que nos demos cuenta que nos has llamado para esta obra. Esta es la hora. Yo lo digo en el Nombre de Jesucristo, que toda enfermedad deje este lugar.
312Que todo hombre y toda mujer, que invoca el Nombre de Jesucristo, consagre su vida nuevamente hoy mismo. Yo consagro la mía, Señor, sobre el altar de la oración. Me postro y me averguenzo y volteo mi rostro hacia la tierra de donde me tomaste. Señor Dios, estoy avergonzado de mi flaqueza y mi incredulidad. Perdónamelo, Señor. Dame valor. Danos valor a todos.
313Me siento como Moisés, todos estamos en camino de salida. No queremos dejar ni uno sólo. Señor, queremos llevarnos a todos. Son tuyos. Yo los reclamo para Ti. Señor, bendice a este pueblo hoy. Concédelo. Y, Padre, bendíceme a mí juntamente con ellos, y Tu Nombre sea bendecido y Tu gloria será Tuya. Concédenos esta fe eterna, Señor, mientras nos consagramos a Ti ahora mismo.
314Yo, con esta Biblia y aquí en este púlpito, te entrego mi vida, Señor. Estoy dependiendo de toda promesa que Tú has dado. Yo sé que cada una será confirmada. Yo sé que son Verdad. Dame el valor para hablar estas palabras. Señor, dame valor. Dirígeme en lo que debo hacer y decir. Te entrego mi ser, con esta iglesia, Señor, en el Nombre de Jesucristo. Amén. Mi fe... hacia Ti, Tú, Cordero del Calvario, Salvador Divino; Escúchame ahora mientras oro, Quita todos mis pecados, Oh, permíteme a partir de este día ¡Ser enteramente tuyo!
315Ahora, pongámosnos de pie, quietamente mientras lo tarareamos. [El Hermano Branham y la congregación empiezan a tararear: Mi Fe Espera En Ti.—Ed.] ... hacia Ti, Tú, Cordero... Levantemos nuestras manos ahora hacia Él. Oh, Salvador... Conságrense a Dios ahora mismo Escúchame ahora mientras oro, Quita todas mis dudas, Oh, permíteme a partir de este día ¡Ser enteramente tuyo!
316Ahora, todos juntos, con nuestras manos en alto. [La congregación repite esta oración después del hermano Branham.—Ed.] Señor Jesús, [Señor Jesús,] ahora yo, [ahora yo,] me consagro a Ti, [me consagro a Ti,] para una vida de servicio, [para una vida de servicio,] más pura, [más pura,] más fe, yo clamo, [más fe, yo clamo,] que yo, [que yo,] sea un siervo más aceptable, [sea un siervo más aceptable,] en mi vida que queda por delante, [en mi vida que queda por delante,] de lo que he sido, [de lo que he sido,] en la vida que ha pasado. [en la vida que ha pasado.]. Perdona mi incredulidad, [Perdona mi incredulidad,] y restáuranos, [y restáuranos,] la fe, [la fe,] que una vez fue dada a los santos. [que una vez fue dada a los santos.] Entrego a Ti mi ser, [Entrego a Ti mi ser,] en el Nombre de Jesucristo. [en el Nombre de Jesucristo.]
317Ahora mientras inclinamos nuestros rostros: Mientras camino por el oscuro laberinto de la vida; Y el dolor se extienda a mi alrededor, Sé Tú mi guía; Manda que la oscuridad se convierta en día, Quita todos mis temores; Y no permitas que nunca, Me aparte de Tu lado.
318Mientras inclinamos nuestros rostros. ¿Sienten que el Mensaje de esta mañana les ha sido de provecho? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Les ha dado ánimo? [“Amén”.] Si pueden, levanten sus manos a Dios, diciendo: “Dios, te doy gracias”. [“Dios, te doy gracias”.] Yo tengo ambas manos levantadas, porque siento que—que me ha ayudado a mí. Me ha dado valor.
319Algunas cosas que dije, no pensaba que las iba a decir, pero ya se dijeron. Fue una reprensión para mí. Me hallé. No en la manera que pensaba, pero me hallé culpable de siempre estar clamando, en vez de hablar.
320Dios, ayúdame de esta hora en adelante, que yo sea un siervo más consagrado.
321No solamente ruego por mí mismo; también ruego por Uds. Que así juntos, como el Cuerpo de Cristo, llamados fuera del mundo, estamos haciendo los preparativos para la Tierra prometida, que Dios me dé valor para hablar el camino, para hacer claro el camino, para que Uds. no yerren en la senda. Dejenme decirles que por la gracia de Dios, yo seguiré las pisadas sangrientas de Aquél que fue antes que nosotros. Y esta cruz consagrada llevaré, Hasta que la muerte me libre, Y entonces ir al Hogar, donde una corona tendré, Hay una corona para mí.
322Padre, te entregamos esto, nuestra consagración, en el Nombre de Jesucristo, Tu Hijo. Amén.
323[Un hermano empieza a hablar en otra lengua. Espacio en blanco en la cinta.—Ed.]
324Damos gracias a Dios por esto. Lleven una vida consagrada. Entregénse a la dulzura y la humildad. Caminen en el Espíritu. Caminen, hablen, vístanse, compórtense como cristianos, humildes y dulces. Ahora, no permitan que esto falle. La Voz de Dios habla a través de la Palabra, habla a través de dones. Mientras viene un don, otro lo expresa, viene otro don y expresa la misma cosa. ¿Ven?, eso cuadra exactamente con la Palabra y con la hora. Dios está con nosotros. ¡Cómo le agradecemos esto! Ahora, si nuestra...
325Con nuestros rostros inclinados, si nuestra hermana nos puede dar el tono de: Lleva el Nombre de Jesús contigo, Como un escudo ante cada trampa; Y cuando las tentaciones se acumulen a tu alrededor, Simplemente susurra ese Nombre santo en oración.
326Sólo, sólo hagan eso, hablen la Palabra, y pronuncien Su Nombre. Cantemos ahora mientras somos—mientras somos despedidos. Lleva el Nombre de Jesús contigo, Como un escudo…y de dolor; Te dará gozo y consuelo, Oh, llévalo adondequiera que vayas. Nombre precioso…
327Ahora, saludémonos de mano, y digamos: “Estaré orando por ti hermanos, y tú ora por mí”. ...cielo; Nombre precioso, Nombre precioso, ¡oh, cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo…
328Ahora con nuestros rostros inclinados, cantemos este próximo verso: Lleva el Nombre de Jesús contigo, Como un escudo ante cada trampa; Cuando las tentaciones se acumulen a tu alrededor, Susurra ese Nombre santo en oración. Nombre precioso, Nombre precioso, ¡oh, cuán dulce! ¡Oh, cuán dulce! Esperanza de la tierra y goz del Cielo; Nombre precioso, ¡oh, cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo.
329Con nuestros rostros inclinados, y también nuestros corazones, dándonos cuenta que Jesús dijo: “El que oye Mis Palabras y creyere en Él que me envió, tiene Vida Eterna, y no vendrá a Juicio, sino que ha pasado de muerte a Vida”. Sabiendo que por la gracia de Dios, nosotros poseemos eso en nuestro ser; con esta consagración a Él en esta mañana, que nuestras vidas cambiarán de este día en adelante, que seremos más positivos en nuestro modo de pensar. Nos esforzaremos por vivir en tal dulzura y humildad, que, creyendo que lo que le hemos pedido a Dios, Dios lo concederá a cada uno. Y no hablaremos mal el uno del otro, ni de nadie. Oraremos por nuestros enemigos y los amaremos, haremos bien a aquellos que nos hacen mal a nosotros. Dios es el Juez de quién está correcto y quién no. Con la...
330En base a esto, y con nuestros rostros inclinados, voy a pedirle a nuestro buen amigo, el Hermano Lee Vayle, que él despida a la congregación con una palabra de oración. Hermano Vayle.