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~ ZAQUEO, EL HOMBRE DE NEGOCIOS ~
1Todos han estado testificando esta noche, hablando de esas grandes experiencias. Yo verdaderamente me gozo con esas cosas. Y parece que todos tuvieron un poco de sentido de humor en sus testimonios.
2Y yo quisiera añadir esto al mío. Como la dama de color que quería testificar no hace mucho, ella dijo: “Anciano, ¿puedo testificar?” Yo dije: “Adelante”.
3Y ella dijo: “Yo—yo—yo no soy lo que yo—lo que debería ser, y—y yo—y no soy lo que quiero ser”, ella dijo: “pero tampoco soy lo que era antes”.
4Así que entonces, más o menos así es como yo me siento entre un grupo como éste. Yo no soy lo que debería ser, o lo que quiero ser, pero una cosa sí sé: yo no soy lo que era antes. Y prosigo al blanco del supremo Llamamiento.
5Es muy bueno estar aquí. Hemos tenido uno de los mejores momentos de compañerismo con nuestros hermanos, allá en el Valle de Maricopa, estas últimas dos semanas. Estoy bastante ronco. Y hemos visto a nuestro Padre Celestial hacer grandes cosas por nosotros. Y estamos haciendo esto sólo para hacer que la gente se ponga a orar, y esperando que venga el gran clímax durante esta convención. Cuando…
6Escuché que iba a tener el privilegio de venir a este capítulo, con mi buen amigo, el Hermano Tony. Y he preguntado tres veces esta noche, ¿cómo se pronuncia ese nombre? Y yo—yo simplemente no puedo pronunciarlo. Así que simplemente “Tony”, si está bien así. Yo pienso que aquí no somos demasiado formales, de todos modos, ¿verdad? Uds. saben, eso como que es piadoso. Uds. saben, la Biblia dice que: “Dios no tiene forma”. Así que nosotros no tenemos ninguna formalidad.
7Al ver las grandes cosas que nuestro Padre Celestial ha hecho por nosotros esta semana, estamos contentos de venir y compartir estas bendiciones en este capítulo, y de poder conocer algunos hermanos, y a Uds. de aquí de esta parte de—de Arizona. Lo cual, aquí todos sabemos que ésta es la capital. Yo les he dicho a ellos toda la semana que Phoenix simplemente era “los suburbios” de Tucson, siempre. ¿Ven? Ellos no lo creen, pero les damos la bienvenida a nuestro compañerismo. Esto es así, porque nosotros estamos mucho más altos. Ellos tienen que mirar hacia arriba para vernos a nosotros, ¿ven Uds.?, aquí arriba en Tucson. Así que todos Uds. vengan para acá, y nosotros iremos a visitar Phoenix ahora, la próxima semana, o al final de esta semana, para este tiempo de compañerismo allá.
8Hubo algo tremendo que sucedió justo antes de yo venir en este viaje. Quisiera tomar sólo unos momentos del tiempo porque pienso que valdría la pena. Yo…
9Al viajar todos estos años y tratando de pararme en la brecha entre distintas organizaciones y gentes, los Hombres Cristianos de Negocios fue como un pequeño oasis para mí, al creer que Dios hizo a todas las naciones de una sola sangre. Y yo—yo creo eso. Yo creo que Su pueblo está en todas las iglesias. Si Él es Dios, en lo absoluto, Él es Dios de toda la raza humana, Dios de la creación. Y Él ciertamente puede… Observen los desiertos y las montañas, y podrán ver lo que Él ama, porque Él se expresa a Sí Mismo en Su creación. Y nosotros podemos ver que hay un Dios. Y estas personas, los Hombres de Negocios del Evangelio Completo, cuando yo voy a sus capítulos, a predicar para ellos, eso entonces me da a mí una oportunidad para hablarles a todos los diferentes grupos juntos.
10Me llamaron a, (como diríamos en una expresión mundana), “batear de suplente” en lugar de Demos Shakarian. Y se imaginan tal responsabilidad. Pero hace unos días estuve en Cincinnati, y la Hermana Shakarian, (según entiendo) fue operada. El Hermano Miner Arganbright, uno de los oficiales, pasó por allí y dijo: “Venga conmigo a Cincinnati”.
11Yo dije: “Tengo centenares de personas esperando aquí, de todo el mundo, postrados en esos hospitales y cuartos, esperando que yo ore por ellos. Han estado esperando por entrevistas, quizás por dos o tres años, esperando, y finalmente llegaron aquí”. Y él dijo: “Bueno, sólo venga conmigo rapidito por unos minutos”.
12Yo dije: “Bueno, ¿a qué hora es el desayuno?” Está como a ciento veinte millas, creo yo, de donde vivo. Y él dijo: “Bueno, comienza como a las ocho en punto”.
13Yo dije: “Bueno, le diré algo. Iremos allá entonces como a las cuatro, y estaremos allí para el desayuno. Me regresaré rápidamente”.
14Y cuando llegué allá, el Hermano Shakarian no estaba ahí. Y cuando entré, dijeron: “¡Justo lo que estábamos esperando!” Y entonces esa noche, en algún momento, tuve que volver a casa.
15Durante ese tiempo, hubo un ministro bautista que acababa de recostarse en el hombro de Billy, mi hijo, y dijo: “Ud. no entiende, señor”. Él dijo: “Mi esposa se está muriendo”.
16Y él dijo: “Bueno, señor, cuando papá regrese”. Dijo: “Nosotros estamos obligados a estas personas, de atenderlas”.
17Uds. saben, en la línea de oración, muchas veces, al pasar, y quizás ofrecemos una oración. Pero a veces hay casos que van más profundo que eso. Vean, Dios sana con condiciones, y a lo mejor hay algo en la vida de esa persona. A mí no me importa cuánta medicina les suministre el médico, ellos nunca sanarán hasta que esa cosa situación sea aclarada.
18Si Ud. fuera al consultorio de un doctor y le dijera que Ud. estaba enfermo, y le dijera cuáles son sus síntomas, y él estuviera apurado, él probablemente le daría a Ud. una pequeña receta con algún anestésico en ello, de alguna especie, alguna aspirina. Ese doctor simplemente está tratando de deshacerse de Ud. en ese momento, debido a que él no tiene tiempo. Un doctor verdaderamente bueno, antes de darle a Ud. la medicina, diagnosticaría el caso cabalmente hasta hallar lo que estaba mal, luego le da la medicina a Ud.
19Y a veces encontramos a gente pasando por estas líneas de oración, a través de toda la nación, y ellos llegan así rápido y piensan que el Señor debería sanarlos en el acto. Pero es que tal vez hay algo allí, y nosotros permanecemos delante del Señor hasta que Él revela eso, lo que eso es. Hay algo que tiene… Hay una—hay una razón para todo. Y uno tiene que hallar la razón, primero, y luego puede ver con qué trabajar.
20Y este joven siguió insistiendo. Y llegué a la mañana siguiente a eso de las dos. Y como a las cinco, mi hijo me llamó y dijo: “¿Conoces a una muchacha llamada Jean Dyer?” Yo dije: “Jean Dyer, me suena conocido”. Él dijo: “Ella dijo que acostumbraba tocar el piano para ti”.
21“Oh”, yo dije: “¿no es ése el doctor Dyer, el cirujano, un cirujano famoso aquí en Louisville?”
22Dijo: “Así—así es. Bueno, su hija Jean está muriendo en el hospital San Eduardo en… o, mejor dicho, en el hospital San Antonio, en Louisville”. Y dijo: “Su esposo ha permanecido todo el día ahí en los escalones”. “Bueno”, yo dije: “Trataré de acomodar esa petición hoy mismo”.
23Dijo: “Mira, ella no sabe que tiene cáncer. No se lo digas”.
24Así que finalmente, ese día, cuando llegué allí al cuarto… una damita muy fina.
25Ella había tocado el piano para mí en el… cuando yo estuve en el auditorio, cuando vi a la gente del Hermano Allen, aquí esta noche. El Hermano Allen acababa de salir de ese mismo auditorio en Louisville. Y Jean Dyer era la pianista en la iglesia de la Puerta Abierta, la antigua sinagoga. Así que ella había visto algunas grandes cosas que el Señor había hecho. Ella le contó a su padre.
26Él simplemente dijo: “Eso es pura psicología. Ese hombre solamente le está leyendo la mente a la gente. Hay… Él simplemente le atinó a eso”.
27Ella dijo: “Papá, no puede ser que todo el tiempo le atine”. ¿Ven? Dijo: “Sencillamente no puede ser”. “Bueno”, él dijo: “Jean, olvídate de esa cosa”.
28Y ella estaba comprometida con un muchacho excelente que en ese tiempo estaba yendo al seminario bautista. Ella se casó y se mudó a Rockford, Illinois, en donde estaba el hogar de este muchacho. Y de una u otra forma ella trató de mantener su testimonio. Pero el muchacho se fue a trabajar en el mundo, y después de un tiempo casi se apartó del Señor.
29La muchacha tenía un—un problema femenino. Ella se regresó a casa con su padre. Él sabía que ella necesitaba una operación. Él encontró en ella lo que llaman… Yo no conozco el término médico de ello, pero… porque sé que hay un par de doctores sentados aquí en este momento. Así que, se llama, algo así como el tumor de color chocolate. Y es un… Adentro, cuando él lo sacó, debe haber derramado un poco de ello. Y las células eran malignas. Ellos la cosieron, y le hicieron unos rayos x y terapia.
30Así que, cuando ella llegó a casa, continuó teniendo dolor y molestia.
31Un año después, ella regresó para que le hicieran una histerectomía completa. Y cuando le extrajeron los órganos, encontraron que el cáncer le había llegado hasta el colon y lo había envuelto. No había nada que pudiera hacerse. Ellos intentaron con rayos x nuevamente. No funcionó. Entonces la llevaron al hospital y le dijeron que sólo tenía un problema femenino severo, y que estaban tratando de curarlo. Y la muchacha se estaba muriendo.
32Su esposo lo supo. Así que él vino y había conseguido algunos de mis libros que Jean había leído. Y entonces él empezó a venir al hospital, y se los leía a ella.
33Y cuando fuimos a orar por ella, me estuvo contando al respecto. Yo dije: “Jean, él es un buen muchacho”. Yo no quería dejar… Guardé el secreto, porque yo sabía que—que él… Ella no sabía que tenía cáncer. Así que, dos días después, ellos le iban a hacer una—una colostomía. Al llevar…
34Antes de subir a la muchacha, bueno, ellos me permitieron ir a orar por ella. La vi en un cuarto. Y tan pronto como yo… había una enfermera incrédula de guardia; tenían tres enfermeras, en turnos de cada tres horas. Y tan pronto pudimos deshacernos de la enfermera, y hacer que saliera del cuarto, para que pudiera ocurrir una visión… oramos con ella un ratito allí, y yo la vi. Ella tiene cabello oscuro. Tan sólo tiene como unos treinta y seis años de edad. El cabello negro se había vuelto canoso. Ella estaba parada en la visión.
35Yo dije: “Jean, mira. Voy a ser muy sincero contigo”. Yo dije: “Tú has estado lo suficiente en las reuniones y sabes que yo no te diría nada en el Nombre del Señor a menos que así fuese”. Dije: “Mira, Jean, tú tienes cáncer”. Ella dijo: “Yo lo sospechaba, Hermano Branham”.
36Y yo dije: “Esa operación de pasado mañana es una colostomía. Pero no te preocupes. Yo he visto una visión de parte del Señor, y tú vas a estar bien”. Y ella se regocijó. Me fui a casa.
37Y al día siguiente ellos iban a, el día después, mejor dicho, ellos iban a llevarla esa mañana para la colostomía, y tuvieron que—tuvieron que esperar unos minutos después que la habían preparado, y demás, y estaba lista para irse. Y hubo… Ella tuvo esa sensación normal que deben tener los seres humanos a esa hora, y la llevaron al baño, y ella tuvo una completa evacuación normal. El doctor estaba muy sorprendido. Él la revisó de nuevo. A la mañana siguiente… Ellos dejaron eso así, cancelaron la operación. El doctor Humes, un especialista muy fino, cirujano, amigo mío, era el que iba a realizar la operación.
38Y a la mañana siguiente ella tuvo de nuevo una completa evacuación normal. Y su padre, el Dr. Dyer, me llamó por teléfono. Y entre sollozos, dijo: “Hermano Branham, yo he sido un crítico de lo que Ud. está hablando”. Él dijo: “Pero ahora soy un creyente de que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob aún vive”.
39Él siempre fue Dios, y sigue siendo Dios. Y sabemos que Él es tan grande aquí en Tucson como lo es en cualquier parte, porque Él es omnipresente, omnipotente, e infinito, y sabemos que Él lo puede hacer todo.
40Ahora, para no retenerlos tanto… Generalmente, muy rara vez, cuando yo… Si yo fuera a predicar, oh, me aseguraría en dejarlos salir dentro de seis horas. Eso es un sermón corto. Pero esta noche no voy hacer eso. Tengo servicios mañana en la noche, la noche siguiente, y así. Trataremos… Estoy a punto de salir nuevamente para ultramar, si el Señor lo permite, enseguida.
41Quiero decirle a toda la gente aquí, amigos, que tal vez hay algunos de Uds. a los cuales he conocido antes, y tal vez hay muchos aquí a los que no he conocido antes. Les saludo en el Nombre de nuestro Señor Jesús, el Hijo de Dios. Que Su paz esté siempre con Uds.
42Y algunas veces, al hablar en estos capítulos, eso hace que la gente diga… así como mis hermanos ministros aquí…
43Una vez alguien me dijo, dijo: “Billy, pues, ¿qué—qué haces tú relacionándote con ese grupo de hombres de negocios?” Dijo: “Yo pensé que tú eras un predicador”. “Oh”, yo dije: “Yo—yo soy un hombre de negocios”. Él dijo: “¿Un hombre de negocios?” Yo dije: “Así es”. Dijo: “Yo—yo—yo no sabía eso”. Yo dije: “Sí, yo soy un hombre de negocios”. Dijo: “¿En qué clase de negocio estás?”
44(Yo lo dije rápido para que él…) Dije: “Yo estoy en la seguridad de Vida”. Él dijo: “¿Cómo?” Yo dije: “La seguridad de Vida”. Él dijo: “¿Qué quieres decir?” Yo dije: “La seguridad de Vida Eterna”.
45Miren, si algunos de Uds. quisieran hablar sobre un póliza conmigo, estaré contento de verlos después del servicio. Yo—yo estoy aquí para hacer negocios.
46Me acuerdo de un amigo mío, su nombre era Snyder. Nosotros fuimos juntos a la escuela. Y ahora, hablando de seguros… Yo tengo un amigo que trabaja en el negocio de los seguros. También tengo un hermano en el negocio de los seguros, pero yo—yo realmente no tengo ningún seguro. Así que este Wilmer Snyder, un amigo mío, amigo de la niñez, vino a verme no hace mucho, y él dijo: “Oye Billy”, dijo, “quisiera hablarte acerca de un seguro”.
47Yo dije: “Mira Wilmer”, yo dije, “te diré algo. Hablemos de cacería”. Él dijo: “No. Yo quiero hablar acerca de seguros”.
48Bueno, a él también tuve que decírselo rápido. Yo dije: “Yo tengo seguridad”. No seguro; seguridad, ¿ven Uds.? [En inglés, las palabras “seguro” y “seguridad” suenan muy parecidas.—Traductor.]
49Y mi esposa me quedó mirando como diciéndome: “Pues, tú eres un mentiroso”. Ella sabía que yo no tenía ningún seguro.
50Y él dijo: “Oh, discúlpame Billy”. Dijo: “Eso es correcto. Tu hermano es un agente. Yo conozco a Jesse”. Y yo dije: “Bueno”, dije, “no es con él exactamente”. Él dijo: “¿Qué clase de seguro tienes?” Y yo dije, dije: “Yo tengo el Vida Eterna” Él dijo: “Vida Eterna…”
51“Pues”, dijo él: “No creo haber oído de esa compañía”. Dijo: “No. Es extraño”.
52Y yo dije: “Aquí está de lo que se trata, Wilmer”. Yo dije: “Es bendita seguridad, Jesús es mío. ¡Oh, qué anticipo de la gloria Divina! Soy un heredero de la salvación, comprado por Dios, nacido de Su Espíritu, lavado en Su Sangre”.
53Él dijo: “Eso está muy bien, Billy, pero eso no te pondrá aquí en el cementerio”.
54Yo dije: “Pero sí me sacará. A mí no—a mí no me preocupa mucho entrar ahí. Yo estoy pensando es en salir”.
55Ahora, si Ud. está preocupado, hablaré con Ud. al respecto. Sólo hablaremos un poco de las Escrituras, aunque sean hombres de negocios. Pero yo me he identificado a mí mismo como un hombre de negocios junto con Uds.
56Y muchos de mis hermanos ministros allá, vi que se levantaron, hace unos momentos. Y quizás en algún momento, si el Señor lo permite, me gustaría reunirme con el grupo y venir a tener una buena reunión de unidad con los ministros de aquí. Conozco a un hermanito aquí. Lo conocí. Creo que su nombre era Whittle. Una vez estuvimos juntos. Miren, también pronuncié eso mal. Él me hizo saber que no había problema.
57Y Uds. saben que mi nombre es Bran-ham. Alguien me dijo, dijo: “¿Es…? Hermano Bran-ham, ¿es Ud. algún pariente de Abraham?” Yo dije: “Soy su hijo”.
58“Padre de naciones. Estando muertos en Cristo, somos simiente de Abraham, y herederos con él según la promesa”. Eso es la Escritura.
59Miren, no tengo el tiempo para retenerlos aquí, para predicar, porque el hotel Ramada no les permitiría usarlo otra vez.
60Recuerdo que al principio cuando llegué entre el pueblo pentecostal, hace años, yo estaba en Mishawaka. Y había dos grupos de ellos. Uno se llamaba “las Asambleas Pentecostales del Mundo”; y el otro, “las Asambleas Pentecostales de Jesucristo”, creo yo. Y ellos tenían sus convenciones en las tierras del norte, por causa de que había segregación, y entonces los hermanos de color podían asistir a la reunión. Yo los observé todo el día, lo peculiares que eran, al parecer no sabían cómo comportarse dentro de la iglesia. ¡Oh! Yo estaba sentado allí, y Uds. saben, nosotros los bautistas tratamos de portarnos algo religiosos dentro de la iglesia. Pero esos hombres no tenían modales bautistas en lo absoluto, ni modales de ninguna iglesia. Ellos corrían, chillaban, gritaban, la cara se les ponía morada. Y yo pensé: “¡Vaya, vaya!” Y empecé entonces a fijarme en la manera cómo se estaban comportando.
61Y entonces él dijo: “Todos los ministros a la plataforma. Todos los ministros, sin importar la denominación, suban a la plataforma para esta noche”. Había como quinientos de nosotros sentados en la plataforma. Así que él dijo: “Simplemente levántense, digan su nombre y siéntense”. Cuando llegó mi turno, yo—yo dije mi nombre y me senté. Y así continuaron. Al poco rato, tenían a un varón… Ese día habían tenido unos predicadores muy finos. Oh, ellos eran verdaderamente eruditos, y hombres genuinos. Yo sabía que no tenía ningún negocio allá arriba, con mi educación de séptimo grado, parado allí delante de esos hombres, cuando ellos iban a hablar sobre teología.
62Pero pensé: “Bueno, para la reunión de esta noche, ellos de seguro tendrán a su predicador más prominente para la noche”.
63Y así que, al poco rato, ellos dijeron que el anciano fulano de tal iba a predicar. Y el que salió era un anciano de color. Parecía que tenía ochenta y cinco años. Y él traía puesto uno de esos largos, lo que allá en el sur llamábamos “sacos de predicador”, Uds. saben; tenía cola como de golondrina, Uds. saben, con esas rayas. Un pequeño margen de cabello blanco alrededor de su cabeza. Y tuvieron que ayudar al anciano a salir, era muy anciano.
64Y él llegó allí y tomó su texto de Job. Él dijo: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Hazme saber sobre qué están fundadas sus bases”. Dijo: “¿Cuándo alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban los hijos de Dios?”, dijo, “¿dónde estabas tú?” Dios hablándole a Job.
65Bueno, ese día todos los hermanos habían estado hablando acerca de la Vida de Cristo, y de la venida de Juan, cerrando la brecha, y así por el estilo, en una forma muy erudita.
66Pero este anciano no predicó de nada de lo que estaba ocurriendo aquí abajo en la tierra. Él lo llevó a Él más allá en el pasado como unos diez millones de años antes de que el mundo fuera formado alguna vez. Y lo llevó… en lo que estaba ocurriendo allá en el Cielo, y luego bajó por el arco iris horizontal. Él hizo todo eso en lo que parecía ser cinco minutos y casi sin respirar. Y cuando terminó, dio un salto al aire como de tres pies, (me pareció a mí), pegó los tacones de los zapatos, y vino corriendo por allí. Y él tenía el doble de espacio del que yo tengo. Él dijo: “Uds. no tienen suficiente espacio aquí arriba para que yo predique”, y se sentó.
67Yo pensé: “Eso es lo que yo necesito. Si eso hace a un hombre anciano sentirse de esa manera, ¿qué me hará a mí si yo llego a encontrar esa fuente de juventud?”
68¡Un anciano de ochenta y cinco años de edad, y podía actuar de esa manera! Bueno, ¡vaya!, cuando él subió allí, estaba como aguantándose. Pero me di cuenta que cuando el Espíritu lo tocó, él renovó su juventud como el águila, Uds. saben.
69Ahora, en el libro de San Lucas, me gustaría leer un versículo o dos, decir unas palabritas aquí, para armonizar con algo que se dijo, y así todo junto, y los himnos que se han cantado. Y que el Señor añada Sus bendiciones a la lectura de San Lucas 19. Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. … sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.
70Debe haber sido una noche muy mala. El hombrecito no había dormido en lo absoluto. Él simplemente rodó y dio vueltas en la cama toda la noche. Todos nosotros estamos familiarizados con esa clase de noches: no podemos descansar, no podemos conciliar el sueño. Y él simplemente rodó y dio vueltas toda la noche.
71Uds. saben, su esposa Rebeca era una creyente, y ella estaba interesada en su esposo el cual tenía un negocio en Jericó. Y sin duda que él pertenecía a muchas sociedades de aquel día. Y Rebeca había conocido a un— un profeta llamado Jesús de Nazaret, el cual decían que era el Hijo de Dios. Y ella estaba interesada en que su esposo conociera a este Hombre.
72Porque, ella sabía que el pueblo judío había enseñado que: “Si un hombre era un profeta, lo que él dijera se cumpliría. Pero si lo que él decía no se cumplía, entonces no le oigáis”. Dios les había dejado la Palabra a ellos, por medio de Sus profetas. Así era como se identificaba a un profeta.
73Y el gran legislador, Moisés, él también había dejado el mandamiento: “El Señor vuestro Dios levantará un Profeta semejante a mí. Sucederá que todo aquel que no escuche a este Profeta será cortado de entre el pueblo”.
74Y Rebeca estaba plenamente convencida, cuando ella vio que Jesús de Nazaret podía pararse y decirle a las personas las cosas que estaban en sus corazones, predecir cosas que iban a suceder, y sucedían exactamente de la manera en que Él lo dijo, nunca falló ni una sola vez. Y Él estaba correctamente en la Palabra de Dios. Ella lo creyó.
75Pero Zaqueo, su esposo, había estado confundido. Y, bueno, lo cierto del caso es que él nunca había visto a Jesús.
76Y eso ciertamente es algo que está mal, tratar de juzgar a una persona antes de oírlo. Eso no se debe hacer nunca. Muchas veces aún somos culpables de eso, en este día. Oímos de un cierto hombre, y, aún antes de oírlo, nosotros—nosotros sin embargo… ya pronunciamos nuestro juicio sobre él, basado en la opinión de alguien más. Y eso no es bueno. Nosotros deberíamos ir, ver por nosotros mismos.
77Como se dijo una vez: “¿De Nazaret podría salir algo bueno?”
78Cuando Felipe fue a ver a Natanael y lo encontró debajo de un árbol, y él dijo: “Ven y ve a Quién hemos hallado, a Jesús de Nazaret, Hijo de José”.
79Él dijo: “Mira, ¿podría salir algo bueno de Nazaret?”
80Él le dio una de las mejores respuestas que podía darle: “Ven y ve”. No se queden en casa para criticar. Vengan, vean por Uds. mismos.
81Y cuando él vino, Jesús lo vio acercándose y dijo: “He aquí un Israelita en quien no hay engaño”.
82Él dijo: “Rabí”, que quiere decir maestro, “¿cuándo me conociste?”
83Él dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, te vi”.
84Eso fue suficiente. Dijo: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios. Tú eres el Rey de Israel”, debido a que él vio la misma palabra que—que Moisés había dicho que acontecería. No habían tenido un profeta por cuatrocientos años, y aquí estaba un Hombre exactamente en la Palabra.
85Cómo debe haberse sentido esa mujercita junto al pozo de Samaria, cuando un día ella salió a buscar un poco de agua, y allí estaba un Hombre sentado, un judío. Él debe haber lucido como de cincuenta años de edad, aunque sólo tenía treinta. Su trabajo debe haberle envejecido.
86Cuando ellos estaban celebrando la fiesta de—de los tabernáculos, todos se estaban gozando. Y Jesús clamó, como fue citado hace un rato: “Venid a Mí”. Y entonces empezó a dar Su gran discurso.
87Y los—y los judíos le dijeron: “¿Quieres decir que Tú has visto a Abraham? Tú eres un Hombre que no tienes más de cincuenta años ¿y dices que has visto a Abraham? Ahora sí sabemos que estás loco”. Y la palabra loco allí quiere decir “demente”. “Nosotros sabemos que Tú estás loco. Tú tienes un demonio”.
88Él dijo: “Antes que Abraham fuese, Yo soy”. Ése era el YO SOY que le habló a Moisés en la zarza ardiente.
89Y nos damos cuenta que cuando Él estaba sentado… Él tenía necesidad de pasar por Samaria. Porque, Israel ya había oído el mensaje, y Él ahora estaba yendo a las tres razas: Los judíos, gentiles, y samaritanos; el pueblo de Cam, Sem, y Jafet. Y Él… El Evangelio tenía que ser presentado a ellos. Y Él vino a la ciudad llamada Sicar, y estaba sentado allí junto al pozo. Y envió a Sus discípulos a la ciudad, a comprar comida.
90Y salió una mujercita. Hoy en día la llamaríamos, bueno, quizás “la luz roja”, o algún nombre inmundo. Uds. saben a lo que me refiero. Y ella entonces vio a Jesús… quiero decir, ella nunca vio a Jesús sentado… Simplemente un Hombre judío común y corriente sentado contra la pared del pequeño pozo que quedaba al final de la calle del… donde venían de la ciudad a buscar su agua. Este Hombrecito sentado allí, inadvertido. Ella vino tal vez como a las once del día, a sacar el agua, el agua de la familia para ese día. Y ella bajó el balde para sacarla, y, antes de que pudiera subirla con la manivela, escuchó a alguien decir: “Tráeme de beber”.
91Ella miró y vio que era un judío. Y ella quizás dijo algo como esto: “Señor, no es costumbre que Tú digas una cosa como esa. Yo soy samaritana. Tú eres judío. Y nosotros no tenemos ningún… Aquí hay una segregación. Nosotros no tenemos tales tratos los unos con los otros”.
92Y Él continuó hablando. La conversación siguió su curso, sobre si ella adoraba en Jerusalén. Él dijo: “Nosotros los judíos sabemos lo que adoramos, porque la salvación es de los judíos”. Y la conversación siguió así por un rato. Y al poco rato Él le dijo: “Ve, trae a tu marido y ven acá”. Ella dijo: “No tengo marido”.
93Dijo: “Tú has dicho la verdad, porque cinco maridos has tenido, y con el que ahora vives no es tu marido”.
94Ella dijo: “Señor, paréceme que Tú eres profeta”. Ahora, vean, ellos no habían tenido profeta por cuatrocientos años, desde Malaquías. Dijo: “Paréceme que Tú eres profeta. Nosotros sabemos que cuando el Mesías venga, Él nos dirá estas cosas. Ésa sería la señal de un profeta. Cuando el Mesías venga, Él nos dirá estas cosas”. Jesús dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.
95Ella corrió a la ciudad y dijo: “Venid, ve a un Hombre que me dijo las cosas que yo he hecho. ¿No será éste el propio Mesías?” ¡Cómo es que esa Luz alumbró primero sobre una mujercita en esa condición!
96¡Qué—qué reprensión fue eso para los sacerdotes del templo de aquel día, los cuales lo vieron a Él hacer esa misma cosa, y lo llamaron: “Belcebú, un demonio, un espíritu inmundo haciendo estas obras!” Cuando las Escrituras estaban vindicando claramente que sería el Mesías. Ahora, nosotros…
97Rebeca había visto todo esto, y estaba ansiosa de que su esposo pudiera sentarse en una ocasión en donde estaba Jesús. Y ella se enteró que Él iba a estar en Jericó, su ciudad, ese día. Y se puso a orar por él. Yo espero que haya muchas Rebecas aquí esta noche, que Uds. oren por sus esposos, para que en algún momento Jesús se les cruce en el camino. Y ella había orado toda la noche, como lo haríamos un drama.
98Y Uds. saben, cuando alguien empieza a orar por Ud., en sinceridad, Ud.—Ud. no puede descansar. Ud. sabe que algo está ocurriendo.
99Y entonces ya casi de día, diríamos… Zaqueo tenía la costumbre de levantarse bastante tarde, porque, diremos que él quizás tenía un restaurante, y él dejaba el… su—su administrador, y demás, cuidaba de su negocio. Pero esa mañana él se levantó bien temprano, se arregló bien, y se puso las mejores vestiduras. Y Rebeca, después de haber orado toda la noche, y viendo que él estaba muy inquieto…
100Y escucha, Rebeca, cuando veas a tu Zaqueo poniéndose así como inquieto, sólo recuerda que Dios está contestando tu oración, ¿ves? Así es como sucede. Cuando lo veas poniéndose de tal manera que no te puede dar una buena respuesta, sólo recuerda, sigue esperando. No tardará mucho cuando Dios pasará cerca de él.
101Él se puso muy inquieto. Cuando se levantó, se puso sus mejores vestiduras. Y puedo ver a Rebeca voltearse y decirle: “Zaqueo, te levantaste muy temprano esta mañana, mi amor”.
102“Oh, sí. Yo sólo… uh, uh, uh”, Uds. saben. “Yo—yo pensé que saldría a coger un poco de aire fresco”.
103Pero, él tenía en su mente: “Yo no pude quitarme a ese Individuo de la mente. ¿Saben lo que voy a hacer? Voy a ir allá a la puerta de la ciudad cuando Él entre. Y cuando entre por esa puerta, voy a cantarle unas cuantas verdades, por sacar a mi esposa a estas reuniones donde se comportan de esa manera. Voy a decirle lo que pienso acerca de Él”. Saben, la gente por lo regular se forma esa clase de complejo, Uds. saben, sólo al oír algo.
104Así que él se arregló todo y se fue sigilosamente. Miró atrás hacia la casa, para ver si alguien estaba mirando, y parecía como que nadie estaba mirando. Pero Rebeca lo estaba observando por la hendidura de la ventana, viendo lo que él hacía. Y en vez de doblar hacia su restaurante, él siguió hacia la Calle Derecha.
105Uds. saben, por lo regular Uds. encuentran a Jesús en la Calle Derecha. Correcto. ¡Allí mismo en su negocio! Si Ud. desea encontrarlo a Él, sea honesto, sea sincero, sea honrado con Dios y con los hombres, sea honrado con sus vecinos.
106Así que él se va por la calle, porque sabía que Él había de entrar por esta puerta en particular. Él había sido retardado un poquito esa mañana, porque dos hombres ciegos necesitaban sanidad, como nos dicen las Escrituras, y Él los había sanado a ellos. Y cuando llegó a la puerta por donde se suponía que Jesús iba a entrar… Uds. saben, la Biblia dice que: “Él era corto de estatura”. Y cuando llegó allí, algunas de esas personas enormes estaban paradas allí, y él ni siquiera podía encontrar un lugar donde subirse para verlo a Él. La gente estaba encaramada en las paredes y en todos lados.
107Uds. saben, hay algo al respecto, que, cuando Jesús llega, eso siempre llama la atención de algún modo. Ellos estaban allí, listos para cantar. “¡Hosanna!” Y ellos…
108Él dijo: “Oye, aquí no me verán, y yo no podré verlo a Él, debido a que Él quizás caminará en medio de la calle, con guardaespaldas, y yo no podré ver a este Individuo. Pero yo no creo que Él sea profeta, pues me han enseñado que los días de profecía y los días de los milagros pasaron”. Uds. saben, los tiempos no han cambiado mucho desde entonces.
109Si Dios alguna vez fue Dios, Él aún es Dios. Si Él no es, entonces Él nunca fue Dios. Ud. no puede decir que Él es Dios una vez, pero que la siguiente no es Dios. Él no se hace más viejo. Él no puede cambiar Su modo de pensar. Él tiene que permanecer con Sus decisiones. Por lo tanto, Ud. puede tener la certeza de que lo que Él dijo, eso hará. Eso es lo que…
110“Abraham le creyó a Dios, y llamó las cosas que eran contrarias como si no fuesen. Las cosas que parecían reales, lo que sus ojos podían ver, pero era contrario a la Palabra de Dios, y él—él… él no… ni siquiera las tomó en cuenta. Él las llamó como si no fuesen. Él le creyó a Dios”. Él no esperó un solo día. Él siguió caminando a través de la vida, veinticinco años, antes que Isaac aun naciera. Y él se fortalecía, cada vez más.
111Hoy nosotros reclamamos ser por la gracia y por la misericordia y la adopción por Cristo, que llegamos a ser la Simiente de Abraham, y no podemos confiar en Dios veinticuatro horas. Pero la Simiente real de Abraham se aferra de la Palabra de Dios y nada va a moverla de allí.
112Dios le dijo a Abraham, cuando él tenía setenta y cinco años de edad, y Sara tenía sesenta y cinco, que ellos iban a tener un bebé. Bueno, ellos fueron y compraron todos los alfileres y pañales, y se prepararon para eso. Correcto. No había nada que iba a detenerlos. Ellos lo sabían.
113Pasaron los primeros veintiocho días. Él dijo: “¿Cómo te sientes, Sara?” “Nada diferente”. “¡Gloria a Dios! De todas manera vamos a tenerlo”. “¿Cómo lo sabes?” “Dios lo dijo, y eso lo concluye” El próximo mes. “¿Cómo te sientes?” “No hay diferencia”.
114“Bueno, ahora el milagro será mayor que nunca”. Dos meses más tarde. ¿Ven? Veinticinco años: “¿Cómo te sientes, Sara?” “Nada diferente”. “¡Gloria a Dios! De todas maneras lo tendremos. Dios lo dijo”.
115Y entonces nos llamamos a nosotros mismos la Simiente de Abraham. Lo que Dios dijo, Dios es poderoso para cumplir, para hacer lo que Él dijo que haría. Yo no puedo cumplir mi palabra todo el tiempo. Uds. tampoco. Pero Él sí tiene que hacerlo, para ser Dios.
116Así que, nos damos cuenta que este hombre no creía eso, este pequeño hombre de negocios de la ciudad de Jericó. Él tenía un tremendo negocio. Él pensaba que estaba bien. Tenía favor con los sacerdotes y con la sinagoga. Tenía favor con las iglesias, y con los del club Kiwanis, y—y con muchas de las organizaciones de aquel día, como diríamos. Sin embargo, eso aún no quiere decir que conocía a Dios.
117Prosperidad no siempre quiere decir que Dios está con uno. Algunas veces es todo lo contrario.
118Dios dijo: “Cuando estabas sentada en el campo”, le dijo a Israel, “en su propia sangre, entonces ella estuvo dispuesta a servirle a Él. Pero cuando tuvo suficiente, (así pensaba ella), entonces ya no quería tener más nada que ver con Él, le dio la espalda a Él”.
119Isaías obtuvo ese ejemplo del rey Uzías, pues Uzías fue un gran hombre mientras se mantuvo humilde delante de Dios. Él nunca jugó a la política. Él se quedó con Dios, y Dios lo bendijo. Su reino le seguí al de Salomón. Pero, ¡cuando él se volvió egocéntrico!
120Eso es lo que pasa con la gente hoy en día. Nunca permitan Uds. que eso suceda con esta organización de hombres de negocios, o llegarán a ser polvo como los demás. Siempre que un pueblo llega a un lugar en que—que la prosperidad empieza a cegarle los ojos para la Palabra de Dios, ellos están destinados a la ruina.
121Uzías era un gran hombre, pero un día trató de tomar el lugar de un predicador, para entrar a quemar incienso. Y el sumo sacerdote, junto con muchos de los otros sacerdotes, fueron y le dijeron: “Tú no debes hacer eso. Tú eres un laico”.
122Y Uds. hombres de negocios recuerden eso también. A nosotros los predicadores nos cuesta mucho mantener esta Cosa en orden. No es para laicos. Los laicos tienen su lugar, pero el púlpito es para el hombre que ha sido ordenado. “Dios coloca en la Iglesia hombres para estas cosas”.
123Y vemos entonces que él tomó el incensario y entró de todas maneras. Y Dios lo hirió con lepra, y murió leproso. Vean, ¡cuando él se enalteció!
124Zaqueo estaba casi en esa condición. Él era próspero. Él estaba en la buena con el rabí. Él estaba en la buena con todas las sociedades. Así que él pensó, que si se metía en problemas, lo apoyarían, el Sanedrín estaba con él. Él se para en la puerta. Él va hacer algo ahora. Él va a salir y va agarrar a este Individuo, y a decirle en Su cara: “Tú eres un profeta falso. Tú no vales la pena. Tú solamente estás usando una telepatía mental, y engañando a la gente”. Vean, él nunca se detuvo a leer la Palabra. Allí es donde se comete el error hoy en día.
125Si Israel hubiese hecho eso en vez de hacer lo que hicieron, hoy ellos estarían en mejores condiciones. Pero tenían que hacerlo de esa manera. Tenía que cumplirse que sus ojos serían cegados, para que nosotros tuviéramos una oportunidad. Si no hubiese sido por eso, ¿en dónde estaríamos nosotros? Noten.
126Pero cuando él llegó allá, se da cuenta que él ni siquiera podía ver nada. Él no podía ver la calle, porque había mucha gente reunida alrededor, en todas partes. Así que él piensa: “¿Saben qué? Él va a subir… Me dicen, Rebeca me dijo que hoy Él iba a comer donde Lavinski”. Espero que aquí no haya ningún Lavinski. Ése era el restaurante de su competidor. Ajá. “Así que él quizás iba a comer en su restaurante. Y yo sé que para llegar allá, tendríamos que bajar, doblar la Calle Derecha aquí, y bajar por la avenida Aleluya”, así lo llamaremos.
127Esos son nombres improvisados, pero sólo hago eso para hacer mi drama. “Y tenemos que doblar la esquina aquí, salir de la Calle Derecha, a la avenida Aleluya”. Si Ud. sigue por esa calle el tiempo suficiente, saldrá a la avenida Aleluya. Ud. se mantendrá derecho.
128Así que él baja rápidamente. Él dijo: “Yo soy pequeño de estatura”. Se arregló su personita, se alisó la barba, se aseguró de que estuviera bien perfumado; las uñas bien pulidas. Se paró en la esquina y dijo: “Lo veré cuando Él pase por aquí, y le diré lo que pienso de Él cuando pase”. Así que se para en la esquina.
129Y se puso a pensar: “¿Saben qué? Ese mismo grupo lo seguirá a Él. Ellos estarán aquí mismo, y ellos simplemente… Yo soy tan pequeño que nunca podré verlo, así que no haré mucho parado aquí. Aquí no estaré mejor que estando allá. Y, Uds. saben, creo que, ¿saben lo que haré? Aquí hay un sicómoro, así que creo que simplemente me subiré en este sicómoro. Y entonces así lo podré ver, y le daré una buena mirada cuando pase por aquí. Él nunca me verá allí arriba en ese árbol. Y hay una rama que sale allí; yo me subiré a esa rama y lo miraré cuando Él aparezca, y cuando desaparezca. Podré ver bien a este Individuo”.
130Y entonces, de repente empezó a darse cuenta de lo alto que estaba la primera rama, y estaba un poquito fuera de su alcance.
131Uds. saben, realmente, el primer paso está un poquito fuera de nuestro alcance. Nosotros tenemos que aceptarlo por fe. Sí. Es un poquito más de lo que la mente humana puede explicar. Uno no puede explicar a Dios. Si lo hace, entonces ya no es aceptado por fe. Uno tiene que creerle a Él. “El que a Dios se allega tiene que creer que le hay, y que Él es Galardonador de los que le buscan”.
132Así que encontramos que este hombrecito muy famoso, uno de los negociantes de la ciudad, él dijo: “Ahora, ¿cómo subiré?” Y quizás el recolector de la basura aún no había pasado esa mañana, y habían unos botes en la esquina, llenos de—de la carroña de la ciudad. Así que ellos… Él dijo: “Si yo pudiera levantar ese bote, podrían alcanzar y agarrar la rama”.
133Es extraño, cómo es que Dios hace que los hombres hagan cosas ridículas. Pero, Uds. saben, si están decididos que desean ver a Jesús, Uds. harán cosas ridículas, si están decididos que quieren hacerlo; si Uds.—si Uds. realmente son sinceros, Uds. en verdad desean saber de qué se trata.
134Y esa era la opinión de Zaqueo. Él quería averiguar de qué se trataba todo esto de lo que él había estado escuchando. Él entonces dice: “Bueno, no hay nadie alrededor, así que iré y agarraré ese bote de basura y lo jalaré hasta acá, y con esto alcanzo hasta el—el árbol. Y luego puedo subir a la primera rama, y subir y estar por encima de la calle cuando Él pase”. Pero cuando empezó a jalar el bote, estaba demasiado pesado para jalarlo. Él era un hombre bajito, pequeño de estatura. Lo único que podría hacer entonces era cargarlo. Ahora, él tenía puesta su ropa fina.
135¿Ven cómo hace el diablo? Él trata de poner de todo en su camino. Así que él—él pondrá de todo, cada duda, cada falta que él pueda, para impedir que Ud. vea lo que es la Verdad. Él es bueno haciendo eso.
136“Yo tengo puesta mi mejor ropa”, quizás dijo. “Y miren, yo—yo, si yo agarro ese bote de basura, me ensuciaré”.
137Uds. saben, hay algunas personas que piensan que sentarse en una reunión como ésta pudiera ensuciarlos un poquito, entre la sociedad y la celebridad de la ciudad. Pero si Ud. en verdad está decidido a ver a Jesús, Ud. vendrá de todas maneras. Correcto. Así que sólo hay una cosa que hacer, si un hombre está decidido a ver a Cristo, no hay nada que vaya a detenerlo.
138Así que él se agacha y agarra este bote de basura, y ahí viene. Justo cuando lo tenía bien abrazado en sus brazos, sus competidores doblaron la esquina, dos o tres de ellos. Dijeron: “Pues, miren a Zaqueo. Él ha cambiado su posición. Ahora trabaja para la ciudad”. Me imagino que su carita se la puso bien roja.
139Yo me pregunto, esta noche, si el jefe entrara y viera a algunos de Uds. hombres de negocios aquí, sentados en una reunión como ésta que es llamada “santos rodadores”, me pregunto si la cara de Uds… Bueno, Uds. ya están identificados, así que vale más que se queden quietos ahora. Zaqueo ya lo tenía en sus brazos; él ya había cedido. Y Uds. ya han entrado aquí, así que es mejor que se queden quietos, continúen con ello hasta el final, sentados allí.
140Él tenía el brazo alrededor del bote de basura. ¡Qué cosa para un hombre de negocios! Aquí viene él con su cara enrojecida. Y ellos diciendo: “Pues, a que no saben, Zaqueo…” Uds. saben, había estado bastante duro, el negocio, así que él se da cuenta: “Oigan, aquí está él. Ahora está trabajando para la ciudad. Yo sé, yo sé que su negocio está mal, miren la clase de trabajo que consiguió”.
141Él estaba decidido a ver a Jesús, costara lo que costara. Él había oído al respecto, y quería averiguar por sí mismo.
142Ojalá que todo hombre pudiera tomar esa actitud. Si Ud. ha oído de Él, averigüe. Él no está muerto. Él está vivo, tanto aquí en este lugar esta noche como lo estuvo en las riberas de Galilea. “He aquí, Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo. Las obras que Yo hago, vosotros también las haréis”. Si eso no es así, entonces Él es un Mesías falso; Él no era el—el Mesías que debía ser. Pero si Él verdaderamente mantiene y cumple Su promesa, Él todavía es el Dios que se da a conocer al pueblo. Él tendría que hacer las mismas cosas que hizo. Ésa es Su manera de hacer las cosas. Él tendría que manifestarse de la manera como lo hizo en aquel entonces. Hebreos 13:8, (Pablo hablándole a los judíos), dijo: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. Por lo tanto, Él debe ser el mismo en principio, el mismo en poder, el mismo en todo lo que Él era. Él tiene que ser el mismo hoy.
143A veces vemos las obras de Dios, y yo sé que hay hipocresía mezclada en ello. Cuando Uds. encuentran un dólar falso, ¿qué le dice eso a Uds. hombres de negocios? ¿Renunciarán Uds.? ¿Sacarán Uds. todo el dinero del banco y lo arrojarán en el—en el río porque encontraron un dólar falso? Ese dólar falso solamente significa que hay un dólar genuino del cual fue hecho. Y pentecostés está lleno de imitaciones carnales. Pero ¿qué significa eso? Que hay uno verdadero allí en alguna parte. Es alguien tratando de imitar algo que otra persona realmente tiene. Es únicamente una fuente de ingresos. Únicamente es de Algo que es genuino, detrás de esa cosa, que alguien está tratando de imitar.
144Así que encontramos que Zaqueo agarra este bote de basura. Y sus competidores se reían de él, yendo por la calle. Pero eso no importaba. Él estaba decidido a ver a Jesús. Entonces él tendría una opinión en cuanto a Él.
145Si pudiéramos tener ese sentir entre nosotros, si tan sólo pudiéramos estar decididos, que vamos a averiguar de qué se trata todo Esto, si acaso es la Verdad. “Si Dios es Dios, servidle”. Elías el profeta dijo eso, en la cima del monte Carmelo. “Si Dios es Dios, servidle. Si Baal es Dios, servidle”. Si Jesucristo no puede declararse como el mismo que fue siempre, entonces Él no resucitó de entre los muertos.
146Si nosotros tratamos de traer a la gente únicamente en base a una atracción psicológica, si sólo podemos cambiarlos de metodistas a bautistas, o de bautistas a pentecostales, ¿qué es eso? Es un montón de psicología. Correcto.
147El Dios vivo que creó los Cielos y la tierra aún es el mismo Creador. Él todavía es, en principio, el mismo Dios que siempre fue. Yo estoy contento que vi a Dios antes que la iglesia echara mano de mí, el saber que el Tal existía.
148Yo veo sus discusiones, y los líos, y contiendas. Siempre ha sido así, todos. Ellos tuvieron la misma cosa, a través de toda la Escritura.
149Pero este hombrecito quería ver a Jesús, y estaba decidido a hacerlo. Él era un hombre de negocios, y quería hacer negocios correctamente. Así que él, cuando se decidió… Su esposa estaba en casa orando, y la oración de Rebeca lo estaba siguiendo. Y el hombrecito tuvo que subirse al árbol. Él tuvo que treparse al…
150No quise decir eso. Esa es una expresión sureña, “trepar”. ¿Cuántos saben lo que es “trepar un árbol?” Bueno, ¿cuántos de Uds. Kentuckianos están por aquí de todos modos?
151Él tuvo que treparse al árbol, subir el árbol. Y aquí está, sentado allí ahora en el árbol, limpiándose la basura de su traje nuevo; sacándose las astillas de las rodillas y las manos, donde se había subido al árbol. Pero no importa lo que sucediera, él estaba decidido a ver a Jesús. Y si Ud. realmente está…
152Escúchenme. Si Uds. en verdad están decididos a verlo a Él, a Uds. no les importa por lo que tengan que pasar, cuánta crítica, o lo que digan los demás. Si Uds. quieren ver a Jesús, harán cualquier cosa para verlo a Él. Uds. esperarán su turno. Uds. harán lo que tengan que hacer, con tal de que puedan verlo a Él.
153El problema es que hoy, ellos no están lo suficientemente sedientos. No hay suficiente sed y hambre por la gente. Yo creo que la iglesia debiera estar un poco más saladita de lo que está.
154La sal crea una sed. La sal es el sabor si hace contacto. “Pero si la sal ha perdido su sabor, ya no sirve para nada”, sino que se convirtió en una organización. Correcto. Pero Ud. tiene que tener sabor en ello. El sabor es la sal, la fuerza.
155Si un hombre ve a Cristo viviendo en Ud., eso hará que él tenga sed de ser como Ud. Eso hará que él vea a Jesús en Ud., hará que él vea a Dios.
156¿Cómo sabían aquellos que Moisés era de Dios? [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Y ellos sabían que Dios estaba con él.
157Ahora, nos damos cuenta, como dijo Pedro el Día de Pentecostés acerca de… “Varones de Israel, cómo Uds…” Acusó a aquella generación por crucificar al Hijo de Dios. Dijo: “Uds… Jesús de Nazaret, Varón aprobado por Dios entre Uds., vindicado por Dios, por medio de señales y maravillas las cuales Dios hizo por medio de Él; Uds. tomaron al Príncipe de Vida, y le crucificaron con manos inicuas”.
158¿No expresó bien Nicodemo todos los sentimientos de ellos? Fue un prestigio social de pertenecer a algo, lo que les impidió a ellos ver a Jesús. Le dijo: “Rabí, nosotros sabemos que Tú eres un Maestro que has venido de Dios, porque nadie podría hacer estas cosas si Dios no fuere con él”. Ellos lo reconocieron. Pero por causa del prestigio social, ellos se avergonzaban de admitirlo.
159Ellos debieron haber sido como el hombre ciego a quien Jesús sanó. Ellos dieron: “Este Hombre es un pecador”.
160Él dijo: “Es una cosa extraña. ¿Uds. son los líderes del día, y no saben de dónde vino este Hombre?” Dijo: “Si Él es pecador o no, yo no lo sé. Pero esto sí sé: que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Eso es. Eso era algo que él sí sabía.
161A mí me agrada el testimonio de hombres que se paran en medio de la gente y dicen: “Yo sé que hay Algo. Algo me sucedió a mí”.
162Como traté de decir acerca de la hermana de color: “Yo no soy lo que quiero ser, ni lo que debo ser, pero no obstante, yo sé que no soy la que era antes”. Algo se había apoderado de ella.
163Zaqueo, sentado allí arriba, en qué enredo estaba, sentado allí arriba. Y Uds. saben…
164Escúchenme: Hombres que le creen a Dios, de todas maneras se enredan. Ellos hacen cosas que son absolutamente contrarias a la tendencia del día.
165Escuchen a Moisés. Un día, un pastor de ovejas. Un gran guerrero en Egipto, para libertar a su pueblo, y había fallado. Luego se convirtió en un pastor de ovejas, por cuarenta años. Un hombre bien anciano, establecido, un hombre excelente, tenía una esposa y un bebé; Séfora, Gersón. Ahora, nos damos cuenta que después que Dios lo encontró, y él vio a Dios en la zarza ardiendo, al día siguiente él tenía a su esposa sentada en una mula con un niño en la cadera. La barba blanca se le movía con el viento. Tenía una vara torcida en la mano para guiar a esta mula; el viento soplaba. Su cabeza calva le brillaba en el sol caliente, yendo rumbo a Egipto. Alguien le decía: “Moisés, ¿qué estás haciendo?”
166“Voy a Egipto, a conquistarlo”. Una invasión de un solo hombre, pero él lo hizo. ¿Por qué? Porque Dios le dijo que lo hiciera. Esa es la razón. Vean, parecía—parecía una locura. Porque el hombre había huido del lugar, y ahora estaba regresando para allá mismo.
167Así es como la gente encuentra a Dios, decidida a verlo.
168Ahí estaba él sentado. Al poco rato, se puso a pensar: “¿Saben?, Rebeca me dijo que este Hombre era un Profeta. Eso lo dudo mucho. Yo no creo en eso. Yo no creo que haya profetas en este día. Si así fuera, mi sacerdote me lo hubiese dicho. Mi sacerdote es uno de los siervos de Dios, así que él me lo hubiera dicho”. Eso está bien.
169Pero, vean, la religión organizada del mundo nunca aceptó a un mensajero de Dios, en ningún momento, nunca lo hizo. ¿No les dijo Jesús a ellos: “Fariseos ciegos, Uds. adornan las tumbas de los profetas, y Uds. fueron los que los pusieron a ellos allí? ¿A cuál de los profetas no envió el Padre que Uds. no mataran y los pusieran en la tumba, porque él anunciaba la venida del Justo?” ¿Ven?
170Allí entonces… Encontramos que ahí está él sentado allá arriba. ¿Saben qué? Yo espero que este drama no suene ridículo, pero voy a imaginarme que él dijo: “Miren, esperen un momento, si por casualidad ese Individuo me ve sentado aquí arriba en esta rama…” Y él se sentó donde dos ramas se cruzaban. Y allí estaba sentado, pensándolo bien.
171Ése es un buen lugar donde sentarse, donde el camino de Ud. y el de Dios se encuentran. Ése es un buen lugar para pensarlo bien. Y yo espero que toda persona aquí, que nunca se ha encontrado con Él, y sabe que Ud. realmente no ha nacido de nuevo del Espíritu de Dios, que Ud. está sentado en esa rama en esta noche. Pero Uds. hombres de negocios, ojalá que Uds. se encuentren en donde estamos tratando de decir que estaba Zaqueo, arriba del sicómoro, con las ramas en donde dos caminos se encontraron, el de Ud. y el de Dios.
172Y él dijo: “¿Saben lo que creo que haré? Acomodaré estas ramas aquí y me camuflaré”. Él se cubrió todo, y dejó una ventanita por donde mirar, Uds. saben, una hoja, que pudiera bajarla y dijo: “Lo veré cuando venga, pero Él nunca me verá a mí. Él nunca sabrá que yo estoy aquí arriba”.
173Entonces mientras estaba allí sentado pensando al respecto, al poco rato venía un ruido por la esquina.
174Es una cosa extraña, pero en todas partes donde Dios está, parece que hay mucho ruido. Eso es extraño, pero así es.
175Uds. saben, Isaías, en el templo, después de la muerte de Uzías, él estaba allá. Y escuchó un ruido, y todo el templo se estaba meciendo. Las columnas se movieron de sus lugares. Y habían Ángeles, Serafines, allí, (que son Querubines, quemadores del sacrificio) para darle al arrepentido el paso al altar. Esos grandes Seres, superiores a los Ángeles, con Sus alas sobre Sus rostros, y alas sobre Sus pies, y volando con dos alas y clamando: “Santo, santo, santo, es el Señor Dios Todopoderoso”.
176Si un Ángel se cubre su santo rostro, para encontrarse con Dios, ¿cómo vamos nosotros a tomar un credo y cubrirnos con eso? Se va requerir de la Sangre de Jesucristo para cubrirnos, entonces somos hijos. No una moda de esto, o una moda de aquello, sino la Sangre. Dios siempre ha… Su único lugar para encontrarse con el hombre para compañerismo es bajo la Sangre derramada, donde el germen de Vida…
177En antiguo sacrificio bajo la—la ley Mosaica, ellos traían un animal. Y cuando rompían la célula de sangre de este animal, (el cordero), el adorador adoraba. Pero la vida que estaba sobre el animal no podía regresar sobre el adorador, debido a que era la vida de un animal sin alma. Y no podía volver sobre el adorador. Por lo tanto eso era solamente una—una cubierta. Sólo era algo que duraría hasta cierto tiempo.
178Pero entonces cuando las venas de Emmanuel fueron rotas… Jesús no era judío ni gentil. ¿Ven? El sexo masculino produce el germen a través de la hemoglobina, y la célula de sangre proviene del varón. La hembra…
179Y Uds. gente católica, no para estar en desacuerdo con Uds., pero Uds. la llaman a ella: “María, la madre de Dios”, ¿cómo podría Dios tener una madre? Ella fue una incubadora. Ud. dice: “Bueno, el—el óvulo proviene de la mujer”.
180Pero el óvulo no provino de María. Si el óvulo provino de María, entonces tuvo que haber una sensación, y miren en donde ponen Uds. a Dios. Pero Dios creó tanto el óvulo como la célula de sangre.
181Él no era judío ni gentil. Él era Dios, nada menos. Él era Dios manifestado en carne. ¿No dijo Él, según leemos en la Escrituras, que: “Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo al mundo?” Él era Emmanuel. Él dijo: “¿A Mí quién…?”
182Él dijo aquí en las Escrituras, mejor dicho: “¿Quién puede redargüirme de pecado? ¿En dónde he fallado en hacer exactamente lo que estaba escrito de Mí? Escudriñad las Escrituras porque a vosotros os parece que tenéis la Vida Eterna en escudriñarlas, y Ellas son las que dan testimonio de Mí. Y si Yo no hago las obras de Mi Padre, entonces no me creáis. Pero si Yo hago las obras, aunque no podáis creerme a Mí, creed las obras que Yo hago, pues ellas dan testimonio de Quién soy Yo”.
183¡Oh, al Cristiano de hoy día le falta tanto para llegar a los privilegios que Dios le ha dado y las cosas de la Biblia! ¡Cómo me gustaría tomar un texto de allí! Pero el tiempo no lo permite.
184Él escuchó el ruido y se levantó. Él dijo: “Bueno, eso debe ser que vienen esos santos rodadores”. Bajó la hoja y esperó un momento. Al poco rato se dio cuenta que venían por la esquina.
185Debe haber habido un hombre grande y fornido allí en frente. Puedo verlo, un hombre más o menos alto, corpulento, de hombros derechos, como de sesenta y cinco años de edad, caminando con un palo en la mano. Ése debe ser al que llamamos, a quien Él llamó: “Simón”, y le dio otro nombre, Pedro, que significa “confesión”, o “piedrita”.
186Detrás, doce hombres alrededor de Él. La gente salía corriendo para tocar al—al Rabí a medida que Él pasaba. Puedo oírlos decir: “No toquen al Rabí. Él ha estado cansado. Ha predicado toda la noche. Virtud ha salido de Él. Está ronco de tanto predicar. No toquen a nuestro Maestro. Él debe irse ahora. Él tiene que almorzar. Es hora de que Él coma. Y por favor, no lo toquen. Háganse a un lado, por favor, y dejen que el Maestro pase”.
187Ahí está Él parado. Y cuando Zaqueo, (nuestro nombre de negocios de Jericó), cuando él logró ver a Jesús por primera vez, Él se veía diferente a cualquier hombre que él había visto alguna vez.
188Insertemos una cosita aquí. Quizás una señora salió con una pequeña bebé. Zaqueo mira hacia allá para ver quién es. “Oh, yo recuerdo cuando el doctor estaba en la casa el otro día. Yo estaba parado allí cuando el sacerdote también estaba allí. El doctor dijo: ‘La niña no puede vivir. Pónganla en el cuarto y cierren todas las puertas. No dejen que entre el aire’. Y aquí esa familia fanática ha oído de este Hombre falso que se llama a Sí Mismo un profeta de Galilea. Viniendo aquí, y trayendo a esa bebé, pues, esto, las autoridades civiles deberían llevárselo. Yo me encargaré de eso, cuando nos reunamos, la junta. Veremos si un hombre que sigue algo tan fanático como eso, si acaso no podremos restringirlo. Es que está desequilibrado en la mente”.
189Y puedo ver al hombre salir corriendo y decir: “Yo tengo aquí una niña moribunda, señor. ¿Permitiría Ud. que el Profeta lo toque? Yo creo que Él es el profeta de Dios. Yo lo he visto a Él en otras reuniones, y he oído de Él, y yo sé”. “No. Lo siento. Es que hay tantos”.
190Pero, al poco rato, sale la mujercita cargando a la niña, y la niña está sin vida. “Sólo deje que Él la toque. Eso es todo lo que quiero. Yo le creo a Él. ¡Yo creo que si Él toca a mi bebé!”
191“Nosotros sencillamente no podemos hacer eso, señora”. Él estaba lejos de ellos, pero se detiene Su caminar. Y entonces puedo ver a Zaqueo retirar su hoja y mirar. Dijo: “Traigan a niña aquí”.
192Cuando llevaron a la niña allá, apenas un cuerpecito, hirviendo de lo caliente que estaba. Le quitaron la cubierta. Pone Sus dedos sobre ella. La madre parada allí, con sus ojos judíos tan bonitos. Las lágrimas le corrían por las mejillas. Y el padre parado allí, con sus manos alzadas, creyendo. Y Él pone Su dedo sobre la niña, y la fiebre la dejó. La pequeñita saltó de los brazos de su madre y se fue calle abajo.
193Zaqueo cambió de parecer. “Debe haber algo real acerca de este Hombre. Pero será mejor que tenga cuidado. Será mejor que baje mi hoja para que Él no me vea. Él viene hacia acá.
194Ud. no puede darle una verdadera mirada a Jesucristo y seguir siendo el mismo. Hay algo acerca de Él que es distinto a todos los otros hombres. Cuando Ud. alguna vez lo oiga a Él hablar, Ud. será como los soldados romanos: “Nunca habló hombre como éste”.
195Los sacerdotes hablaron de algo. El hombre todavía tiene la misma naturaleza. Nosotros la tenemos hoy. El hombre siempre está alabando a Dios por lo que Él hizo, y esperando por lo que Él hará, pero ignorando lo que Él está haciendo. Así es la naturaleza del hombre. Siempre ha sido esa naturaleza.
196Pero si un hombre mira alguna vez a Jesucristo, él nunca será el mismo, si puede verlo a Él manifestado.
197Es por eso que cuando Ud. está sellado con el Espíritu Santo, el sello está por ambos lados del papel, tanto yendo como viniendo. Ellos pueden ver el caminar, el hablar, la Vida de Cristo reflejándose en eso, en Su pueblo. Ese fue el propósito de Su muerte, para que la Iglesia pudiera continuar Su obra. Pero nos hemos enredado con tantas cosas.
198Ahora, nos damos cuenta que mientras Él empezó la marcha, caminando por la calle… Zaqueo levanta su hoja un poco más porque quiere poder mirarlo bien mientras que Él pasa por allí. Miren, él está todo cubierto, bien camuflado. Y al poco rato, él tiene que levantarse así, para mirar. Jesús estaba pasando justo debajo de él.
199Justo al pasar, Jesús se detuvo, miró hacia arriba y dijo: “Zaqueo, date prisa. Desciende del árbol. Hoy voy a casa contigo para almorzar”. ¡Qué diferencia! Él sabía que ése era un profeta que el Señor Dios había levantado. No solamente sabía que él estaba en el árbol, sino sabía cuál era su nombre.
200La Biblia dice que: “la Palabra de Dios es más cortante que toda espada de dos filos, que penetra hasta partir el tuétano del hueso, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo fue hecho carne y habitó entre ellos. Y le contemplamos, el Unigénito del Padre”.
201Allí estaba Él, la Palabra de Dios, manifestada a este Zaqueo. Él se bajó rápidamente del árbol, para arrepentirse.
202Zaqueo, hombre de negocio aquí esta noche, recuerde, Ud. no puede esconderse bajo hojas de higuera. Él sabe exactamente en dónde Ud. se encuentra. Él lo conoce a Ud. Él conoce su nombre. Él sabe porqué Ud. está aquí. Él sabe todo al respecto. Correcto.
203Y nosotros que nos hemos encontrado con Él, y le conocemos, y llegamos a ser Sus discípulos, nosotros sabemos lo que Él es y lo que Él hace por la gente. Nosotros sabemos que Él sigue siendo el mismo.
204Zaqueo descendió en una actitud arrepentida. Él dijo: “Si… Señor, si he defraudado a alguien, lo pagaré. Tomaré mi dinero y le daré a los pobres”. Vean, él ya había encontrado esa Perla de gran precio. Él había encontrado algo que era más que su negocio. Él había encontrado algo, ese Algo.
205Y todo hombre trata de lograr algo. Pero si Ud. pierde la Vida Eterna, ¿qué habrán hecho por Ud. todos sus logros? El tesoro más grande que un hombre puede encontrar es hallar liberación.
206Como dije, en el Antiguo Testamento, cuando la célula de sangre era liberada del cordero, no podía volver sobre el adorador, por lo que él salía con el mismo deseo de pecar. Pero en este caso, cuando por fe nosotros ponemos nuestras manos sobre la célula de Sangre que fue rota en el Calvario; no judía, ni tampoco fue la célula de sangre de un gentil. Fue la Sangre de Dios, y cuando esa Vida salió de allí, trajo la Vida de Dios a nosotros, la cual es Vida Eterna. La palabra griega que se usa allí es Zoe, lo cual significa: “La Propia Vida de Dios”, y es la misma Vida que estaba en Cristo, que era Dios.
207El cuerpo era un Hombre, por supuesto. ¡Pero Dios, el Creador, Quien hizo al primer hombre! ¿De dónde vino él si Él no lo hizo? Dios el Creador, sin la ayuda de nada, creó a Adán. Dios el Creador, hizo al hombre, Cristo Jesús, Su Hijo, en el vientre de María. Y Él era Emmanuel. Y cuando el pecado…
208No por cuanto Él tenía que morir, la puso. Sino por cuanto el pecado tocó la lanza que atravesó Su corazón, entonces algo ocurrió. La Vida volvió sobre el adorador. Y ¿qué es eso? “Entonces ya no tenemos consciencia de pecado”, dice el escritor de Hebreos. “El deseo de pecado ha desaparecido”. Entonces, ahora somos libres.
209Zaqueo; cuando ellos vieron a Jesús subiendo el Gólgota, para ser crucificado...
210Sin duda que el diablo siempre había dudado de Él. El diablo dudó de Él la primera vez que le vio, cuando Él fue al desierto, después que el Espíritu Santo vino sobre Él. Dijo: “Si Tú eres el Hijo de Dios, muéstranos un milagro. Convierte estas piedras en pan”. Ese diablo aún no ha muerto. “Muéstrame un milagro”. Jesús dijo: “Escrito está, que: ‘No solamente de pan vivirá el hombre’”
211Cuando lo apresaron allá en el huerto, el grupo del diablo, aquellos soldados romanos, le ataron las manos tras Él, y le golpearon, le golpearon en la espalda con las varas y látigos, para cumplir la profecía de los profetas. “Porque Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestra iniquidad, el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Sus llagas fuimos nosotros curados”. Y mientras Él estaba inclinándose…
212Y los soldados ataron un trapo alrededor de Su cabeza, y le golpearon en la cabeza con una caña. Y se la pasaban unos a otros, y dijeron: “Si Tú eres Profeta, dinos quién te golpeó y te creeremos”. ¡Esa burla, y el escupitajo de los soldados borrachos sobre Su rostro!
213El diablo dijo: “Ese no puede ser Dios. Ese no puede ser ni siquiera un profeta. Él es un engañador”. No sabiendo que las Escrituras tenían que cumplirse.
214Entonces, cuando lo vemos a Él subiendo al Calvario, mirémoslo. Yo quiero que esta audiencia capte una visión de Él. Regresemos, a hace mil novecientos años, por un momento, y préstenme su atención. Está oscuro sobre Jerusalén. ¿Por qué? Los sacrificios fueron rechazados por Jehová. Algo está a punto de suceder. Cuando la sangre es quemada sobre el altar, Dios la rechaza. El verdadero Sacrificio va subiendo por la calle. Puedo oír que algo va golpeando. Miro hacia abajo, y allí va esa áspera cruz, bajo la pena capital romana, de un Hombre que no había hecho nada.
215Y puedo ver a una mujercita correr delante y decir: “¿Qué ha hecho Él sino sanar a vuestros enfermos y levantar a los muertos?”
216Alguien la abofeteó en la cara, y dijo: “¿Creerían Uds. a esa mujer antes que creer a vuestro sacerdote? ¡Que muera tal Hombre!”
217Miren Su abrigo. Hay pequeñas manchas rojas en todas partes, en la espalda. Mientras sube más la colina, esas manchas se hacen cada vez más grandes. Al poco rato, todas se convierten en una sola. Hay algo salpicando contra Él. ¿Qué es? Es Su Sangre. Y la cruz va borrando las huellas del que la carga.
218Puedo ver la abeja de la muerte llegar allí, zumbando alrededor de Él. “Lo aguijonearé ahora. Si Él fuera profeta, tendría—hubiera hecho algo allá cuando le escupieron en el rostro. Si Él fuera profeta, no haría lo que está haciendo ahora. Yo sé que lo aguijonearé”.
219Uds. saben, toda abeja, todo insecto, tiene un aguijón, y ese aguijón es una cosa dolorosa.
220Y la muerte tiene un aguijón en ella. Pero Dios tuvo que ser hecho carne. Él podía aguijonear a un profeta y retenerlo. Él podía aguijonear a un hombre justo y retenerlo. Él aguijoneó a David y lo retuvo. Pero acá está Dios, y él no lo sabe. Esta abeja sale del infierno, y zumba alrededor de Él. “Lo aguijonearé”.
221Pero cuando una abeja llega a anclar su aguijón lo suficientemente profundo, esto le saca el aguijón a ella.
222Y cuando esa abeja de la muerte podía anclar su aguijón en un hombre como yo, o como Ud., ella podía salirse con la suya. Y había un—un cuerpo preparado; pero cuando ancló ese aguijón en Jehová, la carne de Dios, creada, no por algún deseo sexual. Cuando ella se ancló en esa carne, perdió su aguijón. Entonces ella ya no tiene aguijón.
223Con razón ese gran San pablo podía pararse, cuando ellos estaban construyendo un lugar allí con qué cortarle la cabeza. Él dijo: “Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Sepulcro, ¿dónde está tu victoria? Mas gracias sean dadas a Dios, Quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Sí.
224Oh, cuando un hombre en verdad capta esa visión, todo lo demás es secundario. Su negocio es secundario, todo lo demás. No, no importa mucho. Ud. únicamente va a permanecer aquí sólo por breve tiempo, pero Eso es primero. “¿De qué le aprovechará al hombre si pierde, si ganare todo el mundo y perdiere su alma?”
225¡Zaqueo! ¡Oh, Zaqueo! Tal vez no sea Rebeca la que está en casa, orando, pero quizás es una madre que ya pasó más allá del velo. Sus oraciones aún están en el altar de Dios. Si tal es el caso, Zaqueo, sal de detrás de esas hojas de sicómoro esta noche: esa corona de ese credo denominacional al cual te estás aferrando, sin el Nuevo Nacimiento; ese algo de lo que te estás aferrando, y tú nunca has tenido ninguna evidencia de que Dios estaba en ello. Él sabe exactamente en dónde te encuentras. ¿Por qué no lo haces? Inclinemos nuestros rostros por un momento.
226Dios Todopoderoso, el grande y terrible Jehová que rugió desde el Monte Sinaí, a tal grado que el pueblo dijo: “Hable Moisés y no Dios, para que no muramos”. Habla esta noche, nuestro Padre Celestial, en misericordia y perdón, a los corazones de las personas que no te conocen. Y hazles saber que éste es el tiempo. Que, ellos quizás están detrás de sus negocios. Tal vez hay hombres de negocios aquí, Padre, que—que realmente no te conocen. Ellos quizás sí pertenecen a la iglesia, y no decimos nada malo de eso. Pero ellos nunca han nacido de nuevo. Ellos realmente no saben lo que es.
227Y nosotros sabemos que ni una jota ni una tilde pasará de Tu Palabra. Tú dijiste: “Los cielos y la tierra pasarán, mas Mi Palabra no pasará”. Y Tú dijiste: “El que no naciere del agua y del Espíritu no entrará en el Reino”. Yo ruego, Padre, que Tú le hables a corazones en esta noche, en este momento. Que hombres y mujeres piensen seriamente, en este preciso momento, sabiendo que estamos viviendo en las horas finales.
228Israel está en su patria, el gran calendario de Dios. Ella está regresando, buscando: “¿Dónde está el Mesías?”
229Sabemos que cuando José se dio a conocer a sus hermanos, que él despidió a los gentiles de los atrios. Su esposa e hijos estaban en el palacio. Tiene que haber un rapto de los gentiles, para que Israel se dé a conocer. Luego vendrá un tiempo de lamentos, gritos y clamor: “¿Dónde recibiste esas heridas?”
230Él dijo: “En la casa de Mis amigos. De Mis amigos es que he recibido estas cicatrices en Mi mano”, en la casa donde realmente debería ser aceptado, cuando Él se dé a conocer nuevamente a Israel.
231Dios, mientras los gentiles tienen una oportunidad, que ellos se arrepientan rápidamente y vengan a Ti.
232Mientras tenemos nuestros rostros inclinados, Zaqueo, yo quiero que seas muy sincero por un momento, y también las Rebecas. En este mensajito entrecortado, si ha habido algo que le habló a su corazón y le dijo: “Yo nunca he recibido esa experiencia de—del Espíritu Santo, el Evangelio completo, pero quisiera tenerla. Yo quiero que me recuerde en oración, Hermano Branham. Yo voy a levantar mi mano, no a Ud., sino a Dios”. Diga: “Ore por mí”. Y terminaré la oración, recordándolo a Ud. Dios le bendiga. Dios le bendiga, a Ud., a Ud., a Ud., docenas de manos.
233Ud. dirá: “Hermano Branham, ¿sirve eso de algo?” Claro que sí. “¿Por qué?”
234Vean, la ciencia dice que Ud. de hecho no puede levantar su mano. ¿Por qué? Porque la gravedad de la tierra mantendría su mano abajo. Pero Ud. tiene un espíritu de vida en Ud. Y esa vida que está en Ud., otra Vida vino a ella y dijo: “Tú estás mal”.
235Y Ud. rompió las reglas de la ciencia, y levantó esa mano al Creador, y dijo: “recuérdeme”. Él lo hará. Si Ud. realmente dijo eso en serio, Él tomará la palabra de Ud. Dios le bendiga allá atrás. ¿Habrá alguien más antes que terminemos? Sólo voy a ofrecer una palabrita de oración, oraré en un momento. Dios le bendiga señor. Dios le bendiga. ¿Alguien más?
236[Una hermana en la congregación cita unas Escrituras—Ed.] Amén. De misericordias, esta pequeña sierva levantándose bajo el Espíritu, declarando una promesa.
237¿Levantaría—levantaría su mano si aún no lo ha hecho? Y diga: “Sólo…” Eso es todo lo que les voy a pedir que hagan. Sólo levanten su mano, reconozca que Ud. está mal, y quiere misericordia. La Casa está abierta. “Hay una Fuente en la casa de David, abierta para el pecado y la inmundicia”. ¿Lo aceptará Ud. esta noche, alguien más, antes que terminemos ya? Ha habido cuarenta o cincuenta manos que se han levantado en el edificio, de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, levantaron sus manos. Muy bien. Dios le bendiga, señor. Muy bien. Oremos.
238Señor Jesús, yo creo que estas manos fueron levantadas en la más profunda sinceridad. Tú conoces sus objetivos. Tú conoces los motivos de ellos al hacerlo así. Y yo ruego, Padre Celestial, que Tu Divina misericordia repose sobre cada uno de ellos. Que esta noche sea un tiempo de cambios. Que ellos puedan bajar de ese árbol de fariseísmo de estilo propio. Que ellos bajen de ese árbol, delante de Jesucristo, y digan: “Señor, si yo hice mal, estoy dispuesto a enmendarlo”. Y que desde esta pequeña sala de banquete esta noche, Padre, Tú vayas a casa con ellos, también, y cenes con ellos, y permanezcas siempre con ellos a través de la vida y por toda la Eternidad. ¿No concederás Tú esto, mientras yo ofrezco mi oración a Ti a favor de ellos?
239Tú dijiste: “Nadie puede venir a Mí si Mi Padre no le trajere primero. Y todo lo que el Padre me ha dado vendrá a Mí”. Tú prometiste eso.
240Y ahora, Señor Dios, éstos son dados como trofeos de gracia y amor. Ellos están en Tus manos, y nadie te los puede arrebatar. Con sincera honestidad en sus corazones, con la sincera confesión que ellos han hecho, que quieren apartarse de los caminos del mundo, a los caminos de Dios, por sus vidas.
241Te pido oh Señor que los recibas, mientras yo intercedo por ellos, parado ante Tu gran Trono Blanco. Por fe nos paramos allí, contemplando el Trono de marfil de Dios, con un Sacrificio Sangrante delante de Él, haciendo intercesiones en base a nuestra profesión. Ayúdalos Padre. Yo los presento delante de Ti como regalos de amor, en el Nombre de Jesucristo. Amén. Amén.
242Ahora, cada uno de Uds. que levantaron la mano, quiero pedirles que hagan algo por mí. Yo quiero que se vean con algunos de estos ministros aquí, y les digan que Uds. han aceptado a Cristo como su Salvador, y quieren ser bautizados, y quieren ser llenos del Espíritu Santo. Y Dios les concederá eso a Uds.
243Miren, yo estaba pensando en algo más, pero no tendremos tiempo, porque ya—ya son como cinco minutos para la hora en que debemos cerrar el lugar, pero nosotros—nosotros agradecemos su paciencia.
244Y todas las manos de Uds. que se levantaron, miren, yo no supe exactamente en dónde estaban, por todos lados. Pero cuando Ud. levantó la mano, seguramente que Ud. lo hizo en serio. Ud. no levantaría la mano sólo por hacerlo. Y si lo hizo, eso es hipocresía. Levanten la mano. Nunca hagan nada a menos que realmente sean sinceros al hacerlo. Y cuando Ud. toma esa decisión, y en lo profundo de su corazón Ud. dice que lo ha hecho así, entonces camine sinceramente con ello. Dios le honrará.
245Oigan, a propósito, ¿alguna vez supieron qué sucedió con Zaqueo? ¿Quisieran saber qué sucedió con él? Él llegó a ser miembro de la Asociación de Hombres de Negocios del Evangelio Completo de Jericó. ¿No desean Uds. unirse también?