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~ EL HOMBRE MAS VIL QUE CONOZCO ~
1Una vez mi hijo Billy Paul iba a hablar en una... se iba a dirigir a una congregación en Minneapolis, Minnesota. Y la… Él no es un ministro. Él es como su papá. Pero él dijo: “En primer lugar, yo estoy asustado”. Así que, me supongo que eso es algo semejante a la manera que me siento esta mañana, al estar parado aquí ante estos hombres del Señor, Sus siervos, y el subirme aquí después de que tales hombres como el hermano Oral Roberts, Velmer Gardner, y otros grandes siervos del Señor han estado aquí predicando...
2Y luego, yo estaba viendo la hora y oyendo los anuncios. Me toma como unas seis horas para predicar, así que yo—yo no pudiera tener tiempo esta mañana para eso. Normalmente empiezo como a las siete y media de la noche y los despido como a la una o a las dos de la mañana. Así que casi no tengo el tiempo. Quizás trataré de hacer eso mañana en la tarde.
3De modo que es un privilegio estar aquí esta mañana. Considero esto un gran honor que los hermanos me han dado por medio del Señor, el poder venir aquí y dirigirme a este desayuno maravilloso esta mañana. Mirándolos, veo que sin duda han tenido un verdadero desayuno, confío que sea ambos, espiritualmente y físicamente.
4Y miren, hemos tenido un tiempo muy glorioso en los últimos nueve días aquí por todo el Valle Maricopa de Phoenix, y Tempe, y Mesa, Sunnyslopes, con este grupo de ministros en sus iglesias. Consideramos esto un gran privilegio, el ir… el ser precursor de esta gran convención, dirigiéndome a ellos y diciéndoles que estamos esperando que suceda en esta reunión lo mucho más abundantemente de todo lo que pudiéramos hacer o pensar.
5El Hermano Williams me acaba de decir que uno de sus familiares fue salvo anoche, el cual había sido un… había estado muy metido en el pecado. Y nosotros estamos… Si ese hombre está aquí esta mañana, yo le doy gracias a Dios por Ud., mi hermano, y por todos aquellos que fueron salvos. Y mi deseo es que si hay algunos aquí que no son salvos, que ellos hagan la misma cosa en esta mañana y—y que sean salvos.
6Hablando de visiones, yo he... Eso más o menos ha sido el…ha sido mi ministerio que él Señor me ha dado. Porque no estando suficientemente equipado con una educación y lo demás, quizás yo no me pudiera clasificar como un clérigo. Pero en esta manera, yo puedo ser capaz de hablar a la gente y no… Sólo digo lo que sé, y luego Él confirma lo demás. Así que entonces, si tanto así está correcto, y Él dice que está correcto, entonces lo demás también está correcto. Lo que…Ellos saben cómo hablar, como quizás yo no sé
7Yo amo al Señor porque Él es tan misericordioso cuando nosotros no lo merecemos. Y si embargo Él es tan misericordioso. Eso ha sido una de las maravillas de mi vida, y de mi experiencia, ha sido el ver que cuando nosotros somos tan indignos, y sin embargo Él nos visita de todas maneras. Y Él pasa por encima del hecho de que no somos dignos y nos da Sus bendiciones de todas maneras.
8Como todos saben que… Como muchos de Uds. quizás saben, que… Y me acabo de enterar de otro hermano que va pasando por un tiempo de profundo dolor, como el que yo he pasado por haber perdido a mi madre. Yo no pienso que la perdí; más bien pienso que ella simplemente se fue adelante de mí. Y supe que murió la hija del hermano Rolph McPherson. ¿Es correcto eso, hermano? ¿Alguien ha…? ¡Vaya!, eso contristó mi corazón cuando una hermana me lo dijo. Yo ni siquiera lo sabía.
9Por lo general, Dios en Su misericordia me muestra a mis familiares antes que se vayan. Mi padre, él murió en mis brazos, y yo encomendé su alma a Dios. Mis hermanos… El Hermano Shakarian y yo, y muchos de los hombres aquí, estábamos en ultramar (creo que fue el año pasado), allá en Jamaica, Kingston, cuando una mañana en un desayuno el Espíritu Santo entró, y yo dije: “Miren, Su Presencia está aquí. Para que lo sepan Uds., ¿ven a esa señora que va allá con eso en su brazo? Llámenla aquí por un momento”. Le dije su condición. “¿Ven al joven acercándose aquí ahora? Él tiene una cierta cosa”, y lo que le estaba molestando.
10Y en ese momento, miré hacia abajo y vi a una persona que se estaba muriendo, y un hombre joven parado, sufriendo una convulsión o vomitando sangre. Y yo dije: “Llamen a Billy Paul de inmediato”. El hombre joven estaba vomitando sangre. “No lo dejen subir hoy a la Montaña Azul. Yo no sé lo que significa esto”. Y luego después, nos enteramos que era mi suegra muriéndose en ese momento, y mi cuñado estaba parado allí vomitando sangre.
11En unas cuantas semanas, al principio de agosto, yo llegué, y el hermano Arganbright me llamó para ir a Alaska con él en un viaje de cacería y para establecer un capítulo. Bueno, el Señor me había mostrado una visión (miren, es horrible tener que mencionar esto; espero que no suene sacrílego) de un viaje de cacería que iba a tomar, y que iba a cazar… y lo que yo iba a cazar, quién iba a estar conmigo, y cómo iba él a estar vestido, y todo eso exactamente; habría un oso pardo de puntas plateadas de nueve pies; y habría un caribú con cuernos de 42 pulgadas.
12Y cuando él me llamó, yo dije: “Eso suena como que es la visión, pero permítame orar primero al Padre”. Y yo la había anunciado a la iglesia y en muchos lugares. Cientos de personas sabían al respecto. Así que eso de ir a Alaska me sonaba muy bien, pero el Espíritu Santo continuaba previniéndome de no ir. Y Uds. nunca deben ir en contra del liderazgo del Espíritu Santo.
13Entonces, unos días después, un hombre que estaba en Columbia Británica, quien era un recién convertido, cuando yo estuve allá en la primavera, tenía un hermano que había tenido epilepsia toda su vida. Y estábamos allá en ese entonces en una cacería después del servicio. Él siempre le había pedido a Dios que yo viera una visión con relación a su hermano; él nunca había estado en una de las reuniones. Pero estando cabalgando, nosotros estábamos reuniendo los caballos. El hermano Eddie Byskal (el cual pienso que está aquí esta mañana) y yo estábamos atrás, reuniendo los caballos. Y casualmente miré a lo largo de la montaña, y miré a su hermano, y cómo era él, y qué debería hacer para su sanidad. Y le metí las espuelas a mi caballo rápidamente y cabalgué hasta allá, y puse mi mano en la parte trasera de la silla del guía. Yo dije: “Tu hermano…”, se lo describí. Dijo: “Eso es correcto”. Yo dije: “Ve, y tráelo. Envía por él para que venga aquí. Y luego tú lo dejas solo hasta que él tenga uno de esos ataques epilépticos”. Él dijo: “El tiene cuatro o cinco de ellos al día, y los ha tenido toda su vida”. “Tan pronto como él tenga uno, arráncale la camisa de un tirón, y échala al fuego, y di: ‘Esto hago en el Nombre de Jesucristo’. Eso lo dejará”.
14Y él trajo a su hermano. Y él acababa de salir de la casa. Ese día él tenía que empezar a “cortar lugares” para que los cazadores pudieran entrar; es lo que nosotros llamamos “despejar el sendero”.
15Y su esposita es le tenía mucho miedo a… Ella era una mujercita pentecostal. Y se encontraba muy al norte en Racing River, como a unas quinientas o seiscientas millas de la civilización. Y la esposita… Cuando el muchacho tuvo el primer ataque (ella generalmente era la primera que salía por la ventana, pues ella tenía miedo), pero saltó y cayó a horcajadas sobre él, le arrancó la camisa de un tirón, y la echó en la salamandra, y dijo: “Esto hago en el Nombre de Jesucristo”. Él nunca ha tenido uno desde ese entonces. Y así que él me escribió una carta y dijo: “Venga”.
16Bueno, allá… Para servir tiempo… ahorrar tiempo mejor dicho (hay muchos sentados aquí que saben de esto; fue dicho de antemano), fue exactamente (yo tengo la declaración en mi bolsillo) un oso pardo de puntas plateadas de nueve pies, en el lugar exacto, en el tiempo exacto; también el caribú. Y el guía dijo: “¿Quiere Ud. decirme que de aquí a allá…? Nosotros podemos ver hasta donde está aquel hombre parado con la camisa de cuadros puesta de la cual Ud. nos dijo. ¿En un lugar de aquí allá Ud. va a matar a un oso pardo de puntas plateadas de nueve pies?” Yo dije: “Es ASÍ DICE EL SEÑOR”. Él dijo: “¿Cómo será eso?” Yo dije: “Eso no es mi negocio saberlo. Eso es… Él ya lo dijo. Yo sólo obedezco lo que Él dijo”.
17Y así que, yendo hacia allá, estábamos en el… estábamos como a tres millas bajando la montaña; ni siquiera había un árbol ni nada, sino sólo musgo de caribú, por arriba del límite de la vegetación arbórea. Cuando estábamos a media milla… Él iba cargando la cabeza en esos momentos. Nos turnábamos; pesaba como unas ciento cincuenta libras. Así que estábamos… Él dijo: “¿Dijo Ud. que estas iban a medir exactamente 42 pulgadas?” “Exactamente”. Y cuando llegamos adonde la silla de montar y tomamos la cinta de medir, fueron exactamente 42 pulgadas. Y a media milla de distancia del resto del grupo, él dijo: “Bueno, hermano Branham”, dijo, “ahora el oso aparecerá en un lugar, a una distancia de media milla del resto del grupo”. Yo dije: “Eso es correcto”. Volteé. Yo dije: “¿Qué es eso parado allá?” Allá estaba, mirándonos directamente: un oso pardo de puntas plateadas de nueve pies. Y aquí está la declaración del guía, la tengo en mi bolsillo.
18Al volver a casa, mi madre estaba enferma. Fue la gracia de Dios. Yo tenía otros tres viajes planeados con los hermanos, pero Él sabía que no sería capaz de tomarlos. Miren, mi madre me dijo: “Billy, me voy al Hogar”. Yo dije: “No, mamá”. Dije: Si Ud. va irse al Hogar, Dios no me lo ha dicho”
19Y entonces ella se puso peor y peor. Y finalmente, el Señor llamó su alma al Hogar. Y yo… Sólo para mostrarles a Uds. lo que la verdadera bendición pentecostal significa: cuando ella estaba tan débil… Yo guié a mi madre a Cristo, la bauticé. Y cuando ella estaba tan débil que ya no podía hablar… Ella continuaba hablando acerca de la dulzura del Señor. Dijo que ella me vio parado en una visión, un hombre muy anciano, aferrado a la cruz, extendiéndome hacia abajo por ella.
20Y entonces cuando estaba partiendo, unos momentos antes que partiera, ella ya no podía hablar. Yo dije: “Mamá, Ud. ya no puede hablar. Pero como hijo suyo, yo le quiero preguntar: ‘¿Es Jesús tan dulce para Ud. ahora, como lo fue cuando Ud. lo recibió a Él en la forma del Espíritu Santo? Si… Ud. se está muriendo ahora, mamá. Ud. no puede vivir más de cinco minutos. Y si Jesús es tan dulce para Ud., aunque Ud. no pueda hablar, parpadee muy rápido’”. Y ella parpadeó, y las lágrimas le rodaron por las mejillas. Algo como un vientecito entró en el cuarto, y su preciosa alma fue llevada al Hogar.
21Yendo a casa le pregunté al Señor por qué—por qué Él no me lo mostró. ¿Acaso sería porque con mis otros familiares yo estaba de viaje en diferentes lugares? Y entonces agarré la Biblia, así, y dije: “Padre…” La Señora Domico (oh, ella quizás esté en esta reunión; ella asiste a todas), ella acababa de regalarme una Biblia de letras rojas. Yo no creo en tomar la Palabra de Dios y hacerla una ouija. Pero yo estaba tan quebrantado, recogiendo su ropa allá en el hospital. Y ella era una persona amorosa. Abrí la Biblia y dije: “En alguna parte aquí, Tú me puedes consolar”, y el versículo era: “Ella no está muerta sino que duerme”.
22Así que a la mañana siguiente, como a las nueve, mientras estaba sentado en la habitación llorando (nos estábamos preparando para ir allá para ver cómo había sido tendida), se abrió una visión ante mí. Yo vi grandes multitudes de niños inválidos acostados juntos, y yo estaba cantando una alabanza: Traedlos. Y en el lado… El—el lugar era tan grande, que estaba inclinado de esta manera, estaba elevado en la parte de atrás para que la gente de atrás pudiera ver hasta enfrente. Y miles de personas estaban reunidas.
23Y yo vi a una mujer de renombre que entró, aunque ella estaba vestida a la manera antigua, con una falda larga, y las cositas alrededor del cuello, y un sombrero grande ladeado, y mucho cabello compuesto hacia arriba, por detrás. Así que yo la vi caminando atravesando el edificio y, o mejor dicho por el lugar. Este no era un edificio; era afuera. Y allí había un palco a cada lado, como en donde las celebridades se sientan. Y en unos instantes ella estaba en ese palco, inclinando su rostro al saludar a la gente. Y yo entré al púlpito e iba a predicar. Y la señora volteó para inclinar su rostro hacia mí, así. Cuando ella tenía su rostro inclinado, yo incliné el mío. Yo estaba a cinco pies de ella. Y cuando ella levantó su rostro, era mi madre, hermosa, joven. En ese momento, igual que hubo aquí, hubo un trueno y un relámpago y un rugir, y una Voz dijo: “Ya no te preocupes por ella. Ella está igual a como estaba en 1906”. Yo fui y busqué en la Biblia vieja de la familia para averiguar qué había sucedido en 1906, y ese fue el año en el que ella era la novia de mi padre. Así que hoy ella es parte de la Novia del Señor Jesús, de la cual yo soy un miembro. Algún día volveré a verla.
24Y estoy seguro que la hermana y el hermano McPherson en su pérdida… Y quiero decirles que el hermano Tommy Hicks me llamó hace unos días, cuando recién llegué aquí a Phoenix. Él perdió a su hermano. Me imagino que ya ha sido anunciado, por uno de nuestros hermanos. Él se mató instantáneamente en México. Y el Hermano Tommy tuvo que volar para identificar a su hermano, quien no era una persona salva. Y el pobre Tommy estaba llorando como si se le iba a desgarrar el corazón.
25Y yo confío que—que nunca tengamos esa experiencia, sino que todos podamos estar preparados en ese día para encontrarnos con Cristo, porque si nosotros—si nosotros no estamos preparados… No es difícil partir cuando se está preparado, pero, oh, cuando no se está preparado…
26Y recuerden: esos… Eso no era sólo… Uno no sueña esas cosas así nada más, sino que uno las ve, y ciertamente son realidades. El viejo será joven allá para siempre. Ya no habrá vejez, ni rastro de pecado, ni rastro de vejez. ¡Qué alentador es para nosotros el saber que hay una Tierra más allá del río!
27Ahora me gustaría que nos acercáramos a Él inclinando nuestros rostros e inclinando nuestros corazones. Mientras… Yo… Sólo para un pequeño drama, como por lo general me gusta presentar en el desayuno de los Hombres de Negocio… Deseo leer una Escritura, y antes de leerla y de orar, me gustaría preguntar si hay alguien aquí que tenga una petición, que le gustaría que sea recordada, sólo levante su mano a Dios, sea cual sea la petición. Oh, es—es una audiencia necesitada, un mundo necesitado. Oremos.
28Nuestro Padre Celestial, mientras entramos y salimos de entre la gente, estamos concientes del hecho que algún día nosotros vamos a dar nuestra última caminata. Algún día nos encontraremos unos con otros por última vez en la tierra. Y cada vez que nosotros los ministros subimos al púlpito, nos preguntamos si habrá otra oportunidad para presentarte a Ti a nuestra congregación, no sabiendo la hora en la cual eso pudiera venir. Y, Señor, pedimos esta mañana que seas misericordioso. Y mientras leo Tu bendita Palabra, te pido que la Simiente caiga en los corazones de las personas, para que ellos la reciban. Y si hubiere algunos aquí hoy, Señor, que no son salvos, que ellos puedan ser salvos hoy. Que ellos tomen esa decisión toda suficiente esta mañana, al aceptar al Hijo de Dios como su Salvador. Aquellos que están cansados en el Camino, y que se han salido del camino, tráelos de nuevo, Señor. Y aquellos que están en el Camino, tráeles gozo, y paz, y satisfacción por su gran aceptación del—del Señor Jesús en tiempos pasados.
29Sabemos que la gente ha estado sentada aquí desde las siete esta mañana, cansada. Pero que Tú los refresques, Señor, con lluvias de bendiciones desde el Trono Celestial de nuestro Padre. Dales, oh, Dios, lo ellos necesitan para la hora. Y ahora, con la lectura de Tu Palabra, me encomiendo yo mismo a Ti, oh, Señor, y que el Espíritu Santo traiga lo mucho más abundantemente de la Palabra. Tú conoces la petición detrás de cada mano que fue levantada. Te pido, Padre, que bendigas esa petición. Concédeles el deseo de su corazón. Bendice esta reunión, este momento de compañerismo, cuando hombres y mujeres de todas las profesiones y condiciones sociales por toda la nación, y fuera de la nación, se han reunido aquí en este gran lugar llamado Phoenix, “levantado de la nada”. Que el Espíritu Santo tome a Su iglesita esta mañana, y haga un—un Phoenix de Ella. Que la levante hoy por medio de milagros, y señales, y maravillas del Dios Viviente durante esta convención.
30Todos los que sean bautizados esta tarde allá en esa piscina, o en dondequiera que sea, que el Espíritu Santo se mueva sobre las aguas y tome control de la persona a medida que ellos salen. Pues sabemos que la comisión nos es dada por medio de la Palabra de Dios que no puede fallar. En el gran sermón de Pedro en el Día de Pentecostés, en la inauguración de la Iglesia, él dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Señor, Tú todavía estás llamando hoy. Y sabemos que el Espíritu Santo descenderá en este valle, y sobre esta agua esta tarde, y le concederá a esa gente los deseos de su corazón, sellándolos dentro del Reino de Dios. Concédelo Padre. Bendice esta convención, bendice a cada hombre, joven, o jovencita; que tenga una palabra que decir, que sea fructífera para el resto de nosotros. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
31Miren, sólo por unos momentos de su tiempo… Y le voy a pedir al hermano Shakarian, o a alguno de ellos, que… Yo soy un sureño, lento para empezar. Así que yo era…Mi familia me dice que yo vine al mundo algo tarde. Yo siempre he llegado tarde. Cuando estaba predicando en una iglesia de los Hermanos Unidos no hace mucho, llegué como una hora tarde. Uds. saben, ellos son puntuales. Así que el pastor se paró y dijo: “Audiencia: ahora les voy a presentar a Uds. al ‘retrasado’ Sr. Branham”.
32Yo llegué tarde a mi boda. Mantuve a mi esposa esperando como por unas o dos horas; tuve que atender una llamada de un enfermo. Miren, si tan sólo puedo llegar tarde para mi funeral, esa es la cosa principal. Bueno, yo estoy tan contento que sí hay Uno que llega a tiempo, y Ese es Dios y Su Mensaje; siempre llega a tiempo.
33Ahora, mañana en la tarde, si es la voluntad del Señor, yo les hablaré, estaré predicándoles a Uds. si es la voluntad del Señor. Miren, si les gustaría leer el texto, o anotarlo, para esta mañana, para un drama sencillo, me gustaría que leyeran San Lucas 7:36. Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a comer.
34Muy sencillo... Todos nosotros estamos familiarizados con la historia. Miren, yo creo que debe haber sido como al atardecer cuando el mensajero llegó. Él estaba cansado; sus pies estaban polvorientos; su cabello estaba enmarañado con polvo y sudor, debido a que había corrido la mayor parte del día. Él tenía un—un deber que cumplir, y tenía que apresurarse para hacerlo. Así que él probablemente había ido a Capernaum: “Sí, Él estuvo aquí hace unos días, pero se fue”. Entonces se fue a Nazaret, y así sucesivamente, ciudad tras ciudad. Finalmente ya avanzada la tarde, el sol se estaba poniendo, estando cansado, con sus pies adoloridos, agotado, finalmente se había encontrado con Aquel que estaba buscando, con Jesús de Nazaret. ¡Oh, si tan sólo nosotros pudiéramos hacer eso: correr de ciudad en ciudad, de lugar a lugar, hasta que por fin estemos en Su Presencia.
35Debió haber sido Felipe… Felipe era como el guardia de afuera, aparentemente. Ellos se encontraban con él primero, antes de llegar a los otros apóstoles. Digamos por ejemplo, que Jesús estaba sentado en alguna parte, y allí estaba Juan recostado en Su seno, representando el amor, y Pedro, representando la fe; eran los que estaban más cerca de Jesús. Así que Felipe probablemente trajo a ese mensajero a—a, digamos que a Pedro. Y Pedro lo llevó ante la Presencia de Jesús.
36Y Él estaba cansado. Había estado predicando todo el día, y quizás Su voz estaba algo ronca, ronca con lo adolorido y el polvo del día, al pisar la gente la tierra y el polvo levantándose; y Su fuerza ya había disminuido, después de que Él se había parado y hablado a la gente de la Palabra de Dios. Al observarlos y ver cómo ellos estaban hambrientos y sedientos, Él les explicaba cómo Dios ejecutó todas Sus grandes obras.
37¡Oh, a mí me hubiera gustado mucho haber estado allí para escuchar eso! Sin duda, yo creo que toda persona aquí hubiera deseado estar allí, para oír lo que Él tenía que decir, para escuchar Su doctrina, cuál era Su doctrina, y cómo Él se expresaba, y qué tipo de voz tenía, y mirar Su rostro y—y verlo ejecutar Sus obras, y discernir los pensamientos de la gente, y decirles de las diferentes cosa y de las enfermedades que tenían, y pronunciarlos sanos. ¡A mí me hubiera gustado mucho haber estado allí! ¡Oh, qué cosa! Me hubiera gustado haber visto eso.
38Y quizás Él acababa de haber predicado un sermón de… Uds. saben, la primera doctrina de Jesús, ¿Saben cuál era? “Os en necesario nacer de nuevo”. Esa fue Su primera doctrina: “Os es necesario nacer de nuevo”.
39Así que Él a lo mejor regresó al Génesis y empezó, y dijo: “En el principio, Dios dijo: ‘¡Sea!’, y fue. Y Él dijo. ‘Que todo lo que he hablado a existencia produzca según su género’. Y así fue”. Luego Él quizás trajo algo como esto, diciendo: “Bueno, ahora que produjo eso… Pero sin embargo, Uds. pueden tomar estas semillas y cruzarlas, y pueden obtener lo que se llama un—un producto híbrido; es hermoso, es muy bonito, pero no es el original. Si Uds. las dejan en paz, regresarán a su género otra vez”.
40Y un producto híbrido no puede soportar la dureza y el tratamiento que un original puede soportar. Bueno, una vaca Longhorn mataría de hambre a una de sus Herefords allá en la pradera en el invierno. Ella puede sobrevivir igual que un venado. Pero su Hereford híbrida, su Brahma—Angus híbrida se moriría allí. Hay que mimarlas.
41Y Él… Si Él estuviera aquí hoy día, yo creo que Él nos hubiera dicho algo igual. Nosotros no únicamente hemos cruzado la fruta, y los animales, sino que hemos cruzado la religión: hay que mimarlos y consentirlos. No es lo original. Nosotros tratamos de tomar la Palabra de Dios y cruzarla con algo más, y cruzarla acá, y llegan a ser un montón de bebés delicados a los que hay que mimar, y ellos no pueden soportar la Palabra verdadera. Él pudiera haberles estado diciendo algo así.
42Luego Él pudiera haber dicho: “¿Ven Uds.?, realmente sus vidas son híbridas. El Padre dijo: ‘No tocaréis el árbol’. Pero satanás dijo: ‘No les dañará’. Así que por lo tanto, la vida de Uds. ahora está en una condición híbrida”. Y esa vida no puede regresar a ella misma, porque… no se puede reproducir.
43Por ejemplo, Uds. pueden tomar un burro y cruzarlo con el caballo y la yegua, y producirá una mula. Pero la mula… La mula y el mulo no pueden tener un bebé mulo. Uds. los tienen que seguir cruzando.
44Lo mismo sucede con el maíz: es hermoso, pero Uds. leyeron la revista “Selecciones”, que todas estas cosas híbridas le están produciendo cáncer a la gente y todo lo demás. Pollos híbridos… Ellos dicen que en veinte años, si no detienen eso, ¿qué sucederá? Las mujeres ya no podrán tener bebés. Ellas están llegando a ser más fuertes… se están reduciendo, se están volviendo más estrechas en las caderas, no pueden tener bebés.
45Dejen las cosas como están. Dejen a Dios en paz. Lo mismo es con Su Palabra: déjenla como está. No traten de añadir algo para que concuerde con un credo. Déjenla exactamente como Dios lo dijo. Créanla. Eso producirá un Cristiano robusto, fuerte, no un bebé que tiene que ser mimado denominacionalmente, consentido, llevando una carta de una iglesia, de una denominación a otra. Cuando Él pone su nombre en el Libro del Cielo, eso lo concluye para siempre.
46Jesús debe haber dicho: “Miren, para poder regresar a lo original, Dios tiene que hablar otra vez”. Eso es lo que Él hace cuando les da a Uds. un Nuevo Nacimiento. Su vida vieja llegó a su fin, y Uds. han regresado a la Palabra original del Señor. Si Uds. no han regresado, Uds. están cruzados con iglesias, con denominaciones. Pero cuando Dios habla Su Paz y el Espíritu Santo, entonces Uds. han regresado otra vez a la familia original de Dios. Uds. no tienen que ser mimados entonces. Uds. son Cristianos robustos que pueden soportarlo.Pueden ir a la cruz, al horno de fuego ardiendo, o al foso de los leones, o a lo que pudiera ser, por cuanto la Palabra del Dios Viviente está ardiendo en su corazón y en su alma. Y todos pudieran descarriarse, todos pudieran volverse en contra suya y todo lo demás, pero eso no los detendrá para nada. Esa Palabra rigurosa de Dios se queda allí mismo, cuando Él habla esa Voz original en su corazón: “¡Tú eres mío!”
47Me imagino que quizás fue algo así, no sé, pero Él pudiera haber estado hablando así. Y Su voz estaba ronca, Sus labios estaban resecos, Su rostro estaba rojo debido a los rayos directos del sol de Palestina, el cual es muy ardiente. Y entonces quizás Felipe y Pedro estaban esperando hasta que Él terminó. Y entonces quizás Él dijo esto al final: “Buscad, y hallaréis”. Y cuando Él terminó eso, Pedro quizás dijo: “Señor, aquí está un hombre que ha sido enviado de un cierto lugar por un cierto hombre, y él desea hablar Contigo”. Y Él lo miró y le dijo: “Dime pues”.
48Nunca está muy cansado, sino que Él siempre está listo para oír todo lo que Uds. quieran decir. Él es el mismo hoy. No importa cuán tarde sea en la noche, cuán agotado Él pudiera estar, Él todavía está listo para contestar cualquier cosa, cualquier pregunta que Uds. le hagan a Él.
49Y él dijo… Ese mensajero quizás pensó que este era el momento en el cual su viaje había terminado. Así que él le dijo: “El cardenal Fulano de tal, el obispo Zutano de tal, el fariseo, mi amo, va a tener una gran fiesta. Y él te ha honrado a ti, porque mi amo es un gran hombre; y él te ha honrado a ti, pues veo la multitud que te rodea”. En otras palabras: “Veo la manera como Tú estás vestido, y sin embargo él quiere que Tú vengas y lo visites en esta fiesta en tal y tal fecha”.
50Jesús siempre va adonde lo invitan. No importa dónde sea, Él irá. ¡Oh, Él fue a un foso de leones en una ocasión, y a un horno de fuego ardiente! Creo que fue David el que dijo: “Si en el Seol hiciere mi estrado, allí Tú estás”. Él irá al más pobre, al más rico, al más inmoral, al más cruel, al más vil. Él irá a cualquier parte que sea invitado. No importa cuáles sean sus condiciones y la posición que tengan en la vida, Él todavía irá. Para mí, eso lo hace a Él Dios: humilde. “Yo estaré allí. Ve, dile a tu amo que Yo estaré allí en tal y tal fecha. Yo estaré allí”.
51¡Ese mensajero de lo más miserable!, ¿cómo pudo él haber hecho eso? Ojalá yo hubiese podido tomar su lugar. Él le dio la espalda al Señor y se alejó con un sentir de satisfacción de que había complacido a su amo. Muchas veces nosotros somos culpables de eso. Estamos tan interesados…
52Yo estaba leyendo en Los Padres De Nicea, El Concilio Posniceno, que San Agustín de Hipona estando con San Martín un día mientras él lo estaba visitando en el monasterio. Allá en el jardín del patio de atrás, Dios le dio a él la oportunidad de recibir el Espíritu Santo, igual que San Martín lo recibió. Pero él lo rechazó; estaba tan interesado en los—en los dogmas de Roma al grado que no pudo recibir el Espíritu Santo. Muchas veces nosotros llegamos a estar así: tan interesados en otras cosas. A veces nos preocupa tanto la hora, que somos traídos a la Presencia del Señor Jesús y nos vamos.
53Cierto hombre me causó curiosidad la otra noche en la plataforma cuando él estaba hablando acerca de que había ido a una de las convenciones llevándose su whisky y sus cigarros. Eso es todo lo que él sabía acerca de una convención. Pero yo estoy tan contento que él aceptó la oportunidad. Muchas veces nosotros no hacemos eso, no aceptamos la oportunidad.
54Este mensajero dio el mensaje, y estuvo en la Presencia del Señor Jesús, y todavía fue lo suficientemente torpe, si pudiera decirlo así, para irse, y pensar que él había hecho todo lo necesario. Algunas veces nosotros vamos a la escuela y obtenemos un Ph.D o LL.D., vamos a una reunión pentecostal y… para decirles que los días de los milagros ya pasaron porque el obispo nos envió para decirles eso, y nos apartamos de la mismísima realidad de que estamos en la Presencia de Jesucristo.
55¡Qué oportunidad le dio Dios a ese hombre, a ese pobre hombre miserable! Ojalá yo hubiera podido estado allí. Yo primeramente me hubiera postrado a Sus pies, antes de decir algo acerca de lo que el cardenal quería. Yo hubiera dicho: “¡Señor Jesús, sé propicio a mí, pecador!” Esa hubiera sido la primera cosa en mi vida, sabiendo que Él era Vida, y que el único Recurso para llegar a Dios era por medio de Él. Yo lo hubiera aceptado a Él, primero le hubiera permitido ser mi Salvador personal, y dejar para después la misión que el cardenal me hubiera dado, o el papa, o el encargado de distrito, o quien fuera que me hubiera encomendado la misión; yo primero hubiera buscado a Cristo.
56Yo pienso que eso debería ser el único deber de todo hombre y mujer que asiste a estas reuniones, sin importar lo que alguien más dijo. Uds. han sido traídos ante la Presencia de Cristo. No importa cuán exitosos sean, o cuán fracasados estén, no importa cuán grande, o cuán pobres sean, no importa lo que Uds. sean, a la primera oportunidad póstrense a Sus pies y digan: “¡Señor, sé propicio a mí, pecador!” Luego vayan, díganles a los hombres de negocio que a Uds. les gustaría unirse a sus filas. Pongan a Dios primero.
57¡Este hombre de lo más miserable!, ¡cómo lo miraríamos a él esta mañana si pudiéramos abrir la cortina, y ver si esa fue su actitud continuamente, el apartarse de la Presencia de Cristo, cuando él había tenido la oportunidad de pararse al lado de Él! ¡Qué persona tan miserable es esa aún hoy día, porque él todavía vive en alguna parte! Y ese pudiera ser Uds. y yo después de esta reunión hoy. Depende de nuestra actitud cuando estamos en Su Presencia. Siempre acéptenlo.
58Pero él le dio la espalda al Señor y se fue, sintiendo alivio, satisfacción, de que él había hecho lo que se le dijo que hiciera. Algunas veces no es bueno hacer lo que a uno se le dice que haga, como lo fue en este caso.
59Así que entonces nos damos cuenta que él debe haberse apresurado para regresar y traer la noticia de que había cumplido la comisión: “Lo encontré; yo—yo sé quién. Yo lo conocí, y se lo dije. Y yo tengo Su promesa de que Él estará aquí. Él estará aquí. Él dijo que estaría aquí”.
60Miren, algo anda mal con esta escena. Algo anda mal en alguna parte. Esos fariseos no gustaban de Jesús. Ellos lo odiaban. Ellos no podían encontrar Su Nombre en su lista denominacional. No podían encontrar ninguna de sus escuelas de teología a la que Él hubiese asistido. Pero Él sí asistió a una; no a la de ellos, sino a la de Dios. Así que nos damos cuenta que esos fariseos lo odiaban. Él no tenía cooperación de parte de ellos. Ellos lo despreciaban.
61Y Uds. no pueden juntarse para tener compañerismo a menos que tengan algo en común. Esa es la razón que amamos venir a estas reuniones. Nosotros tenemos algo en común: el Espíritu Santo, el amor fraternal, tenemos comunión unos con otros mientras que la Sangre de Jesucristo nos limpia de todos nuestros pecados. Tenemos compañerismo; tenemos algo en común.
62Cuando Uds. ven a una… a gente joven con gente anciana, cuando Uds. ven a una niñita pegada a su abuela todo el tiempo, algo anda mal; hay demasiada diferencia en sus edades. Uds. saben, las jovencitas, las de dieciséis años de edad, a ellas les gusta masticar sus chicles, Uds. saben, y cosas así como a las otras, y hablar acerca de sus novios. Y a las—y a las damas de más edad, a ellas les gusta hablar acerca de coser, y cortar y coser, y cocinar, y lo demás. Y a las niñitas les gusta jugar a las muñecas, a los niños les gusta jugar a las canicas, a los trompos, y todo lo demás. Pero cuando Uds. ven a una niñita pegada a su abuela, Uds. sencillamente se imaginan que la abuela tiene una bolsa de dulces en alguna parte. (Pues algo anda mal), o ella es la consentida de la abuela.
63Así que ese fariseo debe haber tenido, lo que nosotros llamamos en la calle ‘una jugada oculta’, al invitar a Jesús, porque él lo odiaba. No había compañerismo. Yo me imagino que él le dijo a los hombres de renombre en su vecindario: “¿Conocen Uds. a ese supuesto profeta? Nuestra gente sabe que eso es telepatía. Nosotros sabemos que él es un adivinador. Y que no hay nada en él”.
64Uds. saben, todos ellos no murieron. Muchos de ellos aún viven. “Nosotros sabemos que ellos… nosotros no le creemos a él; nuestra—nuestra asociación ya lo ha denunciado. Así que, ¿saben qué? En esta cierta fiesta que voy a celebrar, voy a ver si logro que él venga aquí, y probaremos que él no es nada. Probaremos que él no es lo que dice que es. Así que lo traeremos aquí”. Y en mi opinión, esa era la carta que él tenía bajo la manga. Oh, estos fariseos…
65En aquel entonces habían solamente dos clases de gente: los ricos y los pobres. Así que ellos—ellos realmente podían hacer una fiesta. ¡Oh, hermanos, cómo la podían hacer! Ellos escogían, seleccionaban la temporada más apropiada del año, quizás cuando las uvas estaban todas maduras en los viñedos. Y la flor del jazmín que daba el olor en la noche, y el olor de los naranjos en flor llenaba el aire, y llenaba el valle de la fragancia del—del olor. Y luego ellos tomaban y asaban un cordero. ¡Oh, era una exquisitez! Asaban ese cordero. Y—y la gente pobre lo olía por toda la ciudad, y se le hacía agua la boca al oler ese cordero que se estaba asando.
66Pero uno únicamente podía asistir por invitación. Ellos tenían todos sus patios cercados y demás. Y probablemente salían al patio grande de atrás. Y era un tiempo verdaderamente selecto para su así llamado compañerismo que esos sacerdotes y esos jerarcas tenían juntos. Y ellos sólo invitaban a las celebridades. Así que ya Uds. pueden ven que Jesús estaría fuera de lugar allí. Cualquiera lleno con el Espíritu estaría fuera de lugar allí. Así que ellos—ellos tenían todas sus discusiones de otras cosas.
67Y eso es algo que me gusta de una reunión de los Hombres de Negocio, no únicamente adonde los hombres de negocio, sino en donde sea que no se sienten y hablen acerca de cómo pueden obtener un poquito de este lado, y cortar un poquito de este, y robarle a Pedro para pagarle a Pablo, ellos dicen, Uds. saben, y tales cosas. A mí me gusta donde uno viene y habla acerca de Jesús y acerca de Dios, y acerca del Espíritu Santo, y del poder, y la resurrección, y la Venida del Señor. Eso es lo que a mí me gusta de los Hombres de Negocio.
68Pero ese hombre, él tenía una clase de carácter diferente. Y él tenía… él preparó todo, lo selecto. Y sin duda les envió un aviso a todos los sumos sacerdotes, y a los obispos, y a los demás: “Miren, Él va a venir. Estén aquí. Miren, nosotros probaremos de una vez por todas que no hay nada en este hombre. Y vengan todos. Uds. no lo han visto a Él. Y esperamos encontrar quizás algo en lo cual lo podamos acusar”.
69Así que finalmente todo estaba en orden. El día señalado llegó para la—la fiesta. Y la… o mejor dicho, esa mañana todo estaba en orden y todo estaba preparado. Y, ¡oh, cómo prepararon ellos todo aquello! Todo exactamente…
70Esa mañana, muy temprano, todos los siervos estaban de pie con sus toallas en los brazos, los que iban a servir. El animal ya había sido matado y se estaba asando en la parrilla en el patio de enfrente. Y todos los vinos estaban puestos en botellas especiales y en jarros especiales; las copas estaban por dondequiera en la mesa. Y todos los siervos estaban listos para servir a la multitud que vendría.
71El sistema de transporte era una cosa muy rara. Ellos tenían tres formas de transporte. El ejército viajaba en carruajes. El hombre rico viajaba en una mula. El pobre caminaba. Así que ellos tenían diferentes siervos allí para atender a los invitados a medida que llegaban. Verdaderamente estaban muy bien ordenados. Miren, mantengamos nuestras mentes concentradas.
72Y a medida que vemos, quizás el hombre que iba a atender los carruajes de los soldados que llegaban, ellos—ellos tenían un lugar en donde cuidaban de sus… en donde quitaban los arreos de sus caballos y los ponían en un establo y les daban comida. Y el que atendía a los ricos llevaba a sus asnitos y los cuidaba. Y—y luego ellos tenían otro hombre allí. A él lo llamaban el “lavador de pies”. Él era un criado, el hombre que recibía el pago más bajo de todo el grupo, un criado, un lavador de pies, el trabajo más bajo de todos.
73Y algunas veces cuando nosotros pensamos que somos alguien… Y la más alta Jerarquía del Cielo se hizo carne en un Siervo lavador de pies, cuando Él vino a lavar los pies de mortales. Dios siempre toma a los—los don nadie para hacer alguien de ellos. Ese es el problema con la gente hoy día; ellos están tratando de ser alguien. Uds. deben llegar a ser un don nadie. Dios toma algo que no es nada, para hacer algo de ello, y eso prueba que Él es Dios. Cómo es que había este trabajo más bajo de lavar los pies de la gente, y Jesús tomó ese trabajo, el más bajo que había en la tierra, para llegar a ser un—un ejemplo.
74Él no tenía que hacer eso. Él podía sacar un pez y de la boca sacar una moneda, o—o hablar a los montes y derramarían oro por millones de toneladas. Él podía sacar agua de un pozo y convertirla en el vino más delicioso del país. Él podía tomar cinco panes y dos peces, y alimentar a cinco mil. Él no tenía que hacer eso. Pero Él vino para ser un ejemplo de la manera que la gente pentecostal debería ser; tomó el trabajo más bajo. Oh, seguro. Eso es lo que… Pero nosotros tratamos de tomar el más grande. Si no podemos ser obispos, doctor, presbi-… o algo así, las posiciones más elevadas, las cosas más grandes… ¡Oh, qué cosa!, estamos—estamos llenos de cosas grandes.
75Cuando me invitan como en esta ocasión, yo no vengo a mimar y a consentir a la gente. Yo oro y digo: “Dios, ese es Tu pueblo. ¿Qué puedo decir cuando veo cosas infiltrándose?”. Entonces el Espíritu Santo me empieza a decir: “¡Corrige esto!” ¿Ven?, nosotros queremos algo grande. Dios toma algo pequeño.
76Elías oyó el viento recio que soplaba, los truenos, los relámpagos, y el terremoto, y no lo inquietó. Pero lo que lo atrajo a él fue un Silbo apacible y delicado. Eso hizo que el profeta se cubriera el rostro y saliera a oír a Dios. Yo me pregunto si nosotros, gente pentecostal, no hemos confiado demasiado en vientos que soplan, en mucho ruido, en lugar de recordar, o mejor dicho, de estar oyendo ese Silbo apacible y delicado. Oímos tanto alboroto, que no podemos tomar tiempo para escuchar ese Silbo apacible y delicado.
77Como Uds. saben, una carreta sale al campo, rueda sobre lo escabroso del camino haciendo “bump”, “bump”, “bump”, haciendo toda clase de ruido, rechinando y rechinando y saltando. Pero al regresar está cargada con cosas buenas. Ella pasa lo mismo escabroso del camino, y ni se mueve. Nosotros deberíamos estar cargados. Mientras haya malicia entre nosotros, mientras haya diferencia entre nosotros, todavía no estamos cargados.
78Tomemos por ejemplo la cizaña, nunca se inclina. Pero cuando crece el trigo, se sostiene en el aire, y es sacudida por el aire, tiene levantada su cabeza. Pero cuando la espiga está cargada, se inclina. Yo pienso que ese el problema con todos nosotros hoy, las iglesias. No nos asociamos lo suficiente en—en verdadera humildad, no en una humildad falsa, sino en algo que Uds. se queden allí hasta que algo les suceda a Uds. ¡Humildad! Hay demasiado viento y trueno, y no lo suficiente de esos Silbos apacibles y delicados. Yo pienso que eso es verdad. Nosotros miramos y vemos que es verdad, debido al fruto que produce sobre nuestro pueblo. Por alguna razón no es como solía ser.
79Regresemos a nuestra historia. Tomaremos eso el domingo. Fíjense, encontramos a esos fariseos… a este fariseo preparando todo para su “gran fiesta”, como la llamaríamos, la gran comida que él iba a hacer. Y miro al—al hombre listo allí para tomar los carruajes de los soldados, y el otro tomando el asno del hombre rico.
80Y—y en Palestina, ellos usan un vestido en lo exterior, lo cual es un manto. En lo interior, ellos usan un vestido interior que llega hasta la rodilla. Y cuando ellos viajaban en aquellos días, ellos subían los montes y—y los cruzaban, acortando el camino. Y cuando hacían eso, los caminantes y los que tenían bestias de carga, caminaban por el mismo sendero.
81Y yendo las bestias por el camino donde ellos caminaban, y—y luego ellos siendo que se acostaban en la tierra, el polvo se empezaba a acumular. Y en donde las bestias habían cruzado la región, había un olor en el polvo. Y a medida que la—la gente caminaba, y con ese vestido largo moviéndose suelto, causaba un viento, y eso levantaba el polvo, y se acumulaba en sus piernas, y en sus rostros. Y ellos no estaban presentables como invitados si olían de esa manera. Así que tenían un—un criado lavador de pies que era el que recibía a los invitados en la puerta. Y cuando alguien llegaba con su tarjeta de invitación, él tenía toda una repisa llena de lo que nosotros llamaríamos algo como pantuflas, hechas de textil o—o de alguna clase de tela. Y las sandalias de aquellos días eran algunas veces un pedazo de madera, como las que tenemos que llamamos sandalias romanas, con un pedazo de cuero entre la cual iba el dedo. El—el pie estaba expuesto entonces al—al polvo. Y ellos iban caminando, y llegaban a ese lugar, para dar su… para honrar su invitación. Y ellos se agachaban y les quitaban esas sandalias y las guardaban en un lugar con el nombre de ellos, y de la repisa tomaban otro par de sandalias blandas, y las ponían en sus pies, y entonces estaban listos para entrar. Oh, sus alfombras algunas veces eran muy gruesas y tenían grandes tapetes colgados con decorativos. Ellos tenían un hermoso decorado en sus hogares. Eran gente rica.
82Y luego la siguiente cosa que esta persona hacía, era… lavaba los pies de ellos. Y, luego la siguiente cosa que sucedía, él pasaba al siguiente invitado, y él estaba parado con una toalla en su brazo, con una pequeña botija en su mano. Luego él—él derramaba aceite en su mano, permitiéndole que él se frotara detrás de sus oídos y en su cuello, porque su rostro estaba ardiendo. Él estaba sucio. Y entonces él tomaba esa toalla y le limpiaba bien el rostro. Y—y él se sentía bien, ya no tenía mal olor, y estaba ungido con perfume, y eso era costoso, muy costoso.
83Me dicen que ellos lo obtienen de muy arriba en las montañas donde ellos toman esas manzanitas después que la rosa se ha secado. Y las manzanitas… Y es una cosa muy costosa. Igual a lo que la Reina de Sabá le trajo a Salomón: especias, nardo puro y demás. Y de eso hacían este perfume.
84Y ellos se relajaban por medio de… ellos estaban… Los pies estaban lavados, el olor ya no estaba en ellos, ese sol ardiente y ellos con ampollas en el rostro… Ellos estaban refrescados. Luego la siguiente cosa… El primer paso, el segundo paso, ahora el tercer paso. Miren, yo pudiera predicar sobre eso por un rato, pero yo—yo no tengo el tiempo, de cómo eso es justificación, santificación, el bautismo del Espíritu Santo.
85Entonces cuando ellos entraban, se encontraban con el invitado, o mejor dicho, ellos se encontraban con el—el anfitrión. Y era algo así (póngase de pie, hermano Demos). Después (¿ven Uds.?), que era lavado, perfumado, entonces él—él ya no se avergonzaba del olor. Él tenía puestos los zapatos blandos para caminar en las grandes alfombras persas. Él estaba ungido; él olía bien; no tenía esa hediondez de los animales, sino que estaba perfumado. Entonces ellos se acercaban de esta manera. (Venga aquí, Hermano Demos). Yo he estado en el oriente. Miren, toman esta mano así; luego se abrazaban de esta manera. Luego se palmeaban la espalda uno al otro cuando el anfitrión se encontraba con el invitado. Entonces eso era lo que era llamado la bienvenida. ¿Ven?, él había sido lavado, perfumado, y recibía el beso de bienvenida. Ellos se besaban en el cuello. Se le daba el beso de bienvenida. Entonces él era un hermano completamente aceptado.
86Así es en la iglesia cuando son lavados por la Sangre del Cordero, perfumados por el Lirio del Valle, y besados por el Padre. Entonces somos invitados bienvenidos. Oh, hay tanto que se pueda decir en ese punto. Pero para no retenerlos mucho… no quiero cansarlos.
87Pero cuando… Entonces al darle el beso de bienvenida, él—él estaba en casa. Él no tenía que preocuparse de nada. Él iba y agarraba un emparedado bien grande del refrigerador, se quitaba los zapatos, se acostaba en la cama, y hacía todo lo que él quería hacer. Él estaba en casa. 88 Y cuando Dios nos recibe con un beso en Su reino, estamos en casa. Todo está bien. Todo terminó entonces. Hemos sido lavados por la preparación que Él preparó para nosotros: Su Sangre; un olor suave, perfumado por la santificación que quita la hediondez del mundo (¡aleluya!; me siento algo religioso en estos momentos), quitando la hediondez del mundo, o los deseos del mundo. ¿Ven? si el mundo todavía está en nosotros, entonces algo anda mal.
89Con razón no podemos tener un verdadero avivamiento Pentecostal. Con razón hay algo que falta. El invitado no ha entrado exactamente bien. ¿Ven Uds.?, Jesús enseñó eso en una ocasión, con respecto a los vestidos, y Él dijo: “Este hombre fue encontrado allí sin haber sido preparado, y fue atado y echado en las tinieblas de afuera”. Hay tanto que se pudiera decir sobre esto.
90Pero así era como ellos lo hacían. Entonces estaban en casa, se sentían como un hermano. Uds. no se pueden sentir como un hermano cuando todavía desean al mundo. Uds. no se pueden asociar aquí en las cosas del mundo, engañando, mintiendo, robando, Uds. mujeres cortándose su cabello y usando pantaloncitos cortos y todo, luego todavía sentirse en casa cuando la Palabra de Dios está siendo predicada. Se supone que Uds. son pentecostales, se supone que están llenos con el Espíritu Santo.
91Alguien me criticó no hace mucho, dijo: “¿Por qué no deja a esa gente en paz?” Dijo: “La gente piensa que Ud. es un profeta”. Yo dije: “Yo no soy profeta”. Dijo: “Bueno, ellos piensan que Ud. lo es. ¿Por qué no le enseña a esa gente, a esos pentecostales, cómo recibir estas cosas, cómo recibir grandes bendiciones espirituales y entrar en la Presencia de Dios y también ver visiones? Si Ud. los dejara en paz…” Yo dije: “¿Cómo puedo enseñarles álgebra cuando ni siquiera se aprenden el abecedario?”
92¿Cómo pueden ellos aceptar cosas espirituales cuando ni siquiera tienen la decencia común para limpiarse? No lo digo para lastimarlas, sino para ser honesto con Uds. Cosas deshonrosas que la Biblia dice que Uds. no deberían hacer, sin embargo nos asociamos con ellas. Seguro. ¿Ven? Uds. no pueden ser bienvenidos. No señor. Uds. están fuera de lugar con la Palabra, y Él es la Palabra. Miren, esto es suficiente por ahora. Hablaremos de eso en alguna otra ocasión.
93Pero fíjense, mientras continuamos. Uds. dicen: “¿Qué le pasa a Ud.?” Bueno, Uds. hombres que les permiten a ellas hacerlo, eso muestra de lo que Uds. están hechos. Algunas de Uds. mujeres, esposas de pastores, actúan de esa manera y se visten de esa manera. ¿Qué pasa? Uds. están tratando… ¿Su esposo le permite hacerlo? ¡Oh, hermano! ¿Qué pasa? Algunos de estos cortes de cabello “estilizados” que Uds. tienen tratando de actuar como la primera dama de la nación. Jezabel también era la primera dama de la nación. Algunos de sus pastores no le decían nada al respecto, pero ellas tenían a Elías allí que de seguro se mantenía firme en eso. Ese era el pastor de ella. Ella no lo quería creer. Las guió…
94Fíjense, nos damos cuenta que ellos tenían que estar listos y preparados para entrar. ¿Cómo sucedió eso? Nosotros lo vemos a Él ahora sentado en el salón, sin ser lavado, sin ser ungido, sin el beso de bienvenida, sentado en la casa del cardenal. Quiero hacerles una pregunta. ¿Qué le pasó a ese criado lavador de pies? ¿Dónde estaba él? ¿Cómo pudo él pasar eso por alto? ¡Qué oportunidad, y la perdió! ¡Oh!, yo creo que si hubiera estado allí y hubiera sabido que Él venía, yo hubiera estado en una escalera de tijera en alguna parte vigilando que Él llegara. [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]. ¡El honor de lavar Sus pies, el honor! Pero de alguna manera él lo pasó a Él por alto, lo dejó que pasara.
95¿Dónde estaba el hombre con el aceite de la unción? Pero de alguna manera Él estaba allí y estaba sucio. Me duele decirlo pero allí estaba Jesús con los pies sucios. Uds. saben, los franceses lo llaman a Él ‘Jésus’, ‘Jésus’. ‘Jésus’ con los pies sucios; a nadie le importaba lo suficiente como para lavarle Sus pies. 96 “¿Qué tiene eso que ver con nosotros, hermano Branham?” Él fue y llegó a tiempo. Él siempre llaga a tiempo, nunca llega tarde. Nosotros clamamos por un avivamiento, y Él viene. Alguien empieza a alabar al Señor, o a llorar, y lo echan fuera de la iglesia. ¿Ven? Él nunca es bienvenido. ‘Jésus’ con pies sucios.
97Oh, ¿por qué se ensució Él? Él se ensució al venir, porque Él fue invitado a venir. Y hoy es igual, cuando Él viene lo llaman “santo rodador”, algún nombre escandaloso. ¿Por qué soportó Él esa clase de trato? Porque nosotros lo invitamos a Él a que viniera, y Dios vino en la forma de carne humana. Él vivió aquí en la tierra. Él llegó a ser eso para que… Nosotros invitamos a Dios a venir, y luego cuando Él viene, ellos no lo quieren. Ellos no lo querían a Él. Muchas veces nosotros no lo queremos a Él. Él interfiere con nuestro sistema denominacional. Él interfiere con la posición social que tenemos con las otras iglesias. Que Dios tenga misericordia de nosotros pobres fariseos miserables.
98Lo que nosotros necesitamos es el poder del Espíritu Santo de nuevo dentro de las iglesias, y de nuevo dentro de la gente, para que puedan tener el poder Pentecostal antiguo que limpia la iglesia desde el conserje hasta el pastor. Eso es correcto. ¡Amén! Eso es lo que necesitamos. Pero oramos por ello, y cuando viene: “¡Oh, no! Eso interfiere con mi posición social”. ¿Ven? Oh, seguro, corta algo de la dignidad. Si Uds. no tienen allí a fulano de tal, la gente no viene. Jesús dijo: “Ninguno puede venir a Mí, si Mi Padre no le trajere”. Fíjense bien en otra: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí”. Mantengan limpia la cosa.
99Nosotros no podemos compararnos con el mundo. Estamos haciendo mal, al tratar de actuar como el mundo. No nos podemos comparar con ellos. Y no tenemos negocios de estar allá en sus terrenos. Tráiganlos a nuestro terreno. Nosotros tenemos algo que ellos no tienen. Si empezamos a actuar como ellos, entonces ellos saben que nosotros—nosotros estamos diciendo algo que no tenemos. Dejen que el—que el mundo venga a nosotros, no que nosotros vayamos tras el mundo. Dejen que el mundo…
100Uds. saben, Hollywood brilla, pero el Evangelio resplandece. Hay mucha diferencia entre brillar y resplandecer. ¡Resplandezcan, no brillen con la apariencia externa, sino resplandezcan en el interior por medio del Espíritu Santo, con dulzura, mansedumbre, bondad, paciencia, y amor! Resplandezcan, no brillen. El brillo es del mundo.
101La iglesia se asemeja mucho a como era en los días de Ester. Ester no aceptó perfumarse como—como las otras mujeres. Ella se atavió con ropa decorosa, con ese atavío interno, el del corazón. Y el rey dijo: “Pongan la corona sobre su cabeza”. Ester fue un tipo de la Iglesia de hoy día, aquellos que están listos para salir fuera y ataviarse ellos mismos con la dulzura del Espíritu Santo, no perfumándose y ni ataviándose como el mundo, tratando de compararse con ellos, sino con ese atavío interno, el del corazón, ese es.
102Fíjense, nos damos cuenta que ‘Jésus’ estaba allí sentado con los pies sucio. Ellos no se habían fijado. ¿Cómo entró Él? ¿Cómo pasó Él por alto…? ¿Cómo pudo el criado lavador de pies pasarlo a Él por alto? ¿Cómo pudieron los demás pasarlo a Él por alto? Yo no sé cómo. Pero Él estaba sentado allí con los pies sucios. Nadie estaba haciendo nada al respecto. Oh, el fariseo, él y el otro, el obispo, y el arzobispo, y el cardenal, y todos los demás estaban allí brindando con sus copas, y bebiendo los—los vinos finos, y—y hablando acerca de las cosas de—de Israel, pero fallaron en ver al Dios de Israel.
103Así es hoy. Nosotros queremos la iglesia más grande que hay en la ciudad o…Y a toda la gente le gusta reunirse en la iglesia más grande que hay en la ciudad. Todas estas cosas grandes, donde van los que tiene la mejor ropa, y todo lo demás. Y algún pobre hombrecito está predicando el Evangelio allá en la esquina de la calle, o allá en algún lugar en un callejón, en una iglesita, y Uds. no se quieren asociar con él. ¿Qué es lo que pasa? ¡Algo anda mal! Van allá donde el resto de la gente actúa de esa manera y se viste de lo mejor. Es lamentable que eso esté entrando en nuestras filas. ¡Correcto!
104Lo que nosotros necesitamos es humillarnos. Lo que necesitamos en un rebautismo del Espíritu Santo, con el amor y el poder de Dios para sacar ese mundo de nosotros, y nos traiga de nuevo a ataviarnos otra vez con la Palabra, con el lavamiento del agua por la Palabra. Volvamos de nuevo a Cristo, en vez de tomar el modelo del mundo, tratando de actuar como la primera dama y—y todas esas otras cosas, como algunos obispos, y demás. Que no importe eso. Quieran ser como Jesús, ‘Jésus’.
105Miren, piénsenlo. Todos estaban parados alrededor de la cerca después que la fiesta había empezado, por la fragancia del cordero y—y el… y todo. No había nadie en las calles. Todos estaban parados, mirando hacia adentro, con sus bocas haciéndoseles agua, deseando saborear un bocado del cordero. Ellos no podían entrar. No. Ellos eran los pobres, la basura, lo de afuera. Y allí estaba uno adentro que estaba vestido y se miraba como ellos que estaban afuera. ¡Algo andaba mal en alguna parte! Él estaba sentado allí, sin tener ellos la decencia de lavarle Sus pies, ni—ni para darle un beso de bienvenida; sólo lo dejaron sentado allí, sin nadie alrededor de Él. Sus discípulos no pudieron venir, ellos no fueron invitados. Pero allí Él estaba sentado, mirando alrededor.
106Miren, escuchen. Muy a lo lejos en la calle, en la parte más baja de la ciudad, allá en el distrito de la luz roja, doblamos a la derecha, y subimos por un callejón. Hay unos escalones viejos en la parte de atrás que rechinan. Y a medida que uno los sube, rechinan y crujen. Abrimos la puerta, y encontramos allí a una mujercita. Oh, yo no creo que ella quiso ser mala. Quizás ella tuvo unos padres buenos, y tomó el camino equivocado. O quizás ella era una muchacha buena, y algún Judas de cabello liso, un Judas de cabello ondulado, arruinó la reputación de la damita.
107Yo siempre estoy criticando a las mujeres. Voy a defenderlas por un rato. Hay muchas buenas muchachas que se han ido por mal camino debido a algún Judas perfumadito yendo por allí con su cabello alisado, y con su boca medio abierta; yendo por allí con alguna cosita de… con uno de esos automóviles de Ricky o de Elvis allí en la calle. Tiene una cita con una muchachita porque ella piensa que él es atractivo, y le da a ella un cigarrillo, la lleva a un salón de baile
108Yo me he encontrado con miles de ellas, sus pobres vidas fracasadas y arruinadas. No siempre es la culpa de ellas. Nunca se enamore de un muchacho así, hermana. ¡No se meta con él! El no vale la pena. Si él no está lleno con el Espíritu Santo…. Yo voy a decir algo; no lo digo como un chiste, porque este no es un lugar para chistes, pero es algo que sucedió en mi iglesia. Este es un lugar para el Evangelio. Nosotros tuvimos a una muchacha en nuestra iglesia hace tiempo, una muchachita bonita, amable. Cuando menos pensó ella se cortó su cabello. Eso es en contra de las reglas. Sí señor. Cuando ella hace eso, la Biblia dice que es una mujer deshonrosa. Apártense de ella. La Biblia dice que una mujer que se corta el cabello es deshonrosa. Miren, ¡esa es la Palabra! Dios sabe que eso es correcto.
109Si el Espíritu Santo está en Ud. y no cuadra con eso, ¿qué clase de Espíritu Santo es ese? ¿Ven? El Espíritu Santo mismo en Uds., las hace vivir lo que Uds. son. Si el Espíritu Santo no está de acuerdo con la Palabra, y Uds. lo llaman el Espíritu Santo, entonces no es el Espíritu Santo de Dios. Uds. tienen otra clase de espíritu.
110Hoy día tenemos toda clase de espíritus. La gente dice: “Cierre sus ojos, abra su boca, reciba algo”. Uds. sí reciben algo. Pero miren lo que Uds. obtienen después de que lo reciben. ¡No haga eso! Vengan a Dios sensatamente, con toda inteligencia, aferrándose a la Palabra. Reciban el Espíritu de Dios, y los hará caminar en línea con Dios. Seguro.
111Esta muchachita empezó a salir con algún pequeño Elvis. Después de algún tiempo yo le pregunté, le dije: “Marta, ¿por qué—por qué haces eso? ¿Qué es lo que ves en ese muchacho? Él fuma. Yo lo he visto fumando en el terreno de la iglesia”. “Oh”, ella dijo: “Hermano Branham”, dijo, “Ud. sabe”, dijo, “él tiene un cabello ondulado muy bonito”. Dijo: “Y él sencillamente huele tan bien”.
112Miren, esa no es una razón para escoger a un novio. Yo dije: “Pero él no es salvo”. Yo dije: “Es preferible andar con un muchacho que oliera a corral de ganado, y que tuviera pies como de un vagón, pero que tuviera el Espíritu Santo”. Sí, yo preferiría eso, que uno de esos fulanitos. Ella finalmente terminó en el camino errado, quizás igual que esta pobre muchacha. Algún muchacho la guió a ella por el mal camino. Entonces desde allí empezó ella. Si Ud. ya ha empezado, hermana, hay esperanza si Ud. sólo se encuentra con este Hombre del cual estoy hablando. Quizás ella no había tenido la oportunidad.
113Así que ella empezó a caminar por la calle en su rutina habitual. Y no ve a nadie. ¿Dónde están todos? Y ella pasa otra esquina y otra esquina. ¿Dónde están todos? No hay nadie hoy. Al poco rato ella huele ese aroma. Su pobre estomaguito vacío empieza a tener hambre. Ella se abre paso entre la multitud, hasta llegar a la puerta del fariseo, y ve al obispo, y a los cardenales, y a todos ellos allí, bebiendo de las copas. Y se abre paso hasta llegar a la cerca, y la gente se empezó a alejar de ella; algunos de ellos era peores que lo que ella era. ¡Eso es correcto!
114Engreídos, no comprenden que toda mujer que tomó el camino errado tenía alguna razón para hacerlo. Todo hombre que tomó el camino errado… Y muchas veces nosotros pensamos que valemos tanto, que no queremos asociarnos con los vagos de la calle. No tenemos tiempo para detenernos y hablarles a ellos un momento. Y ¿luego nos llamamos Cristianos?
115Sí, ella se abrió paso para llegar a la cerca, y estaba mirando para todos lados a través de la cerca. Tenía hambre. Y ella miraba, estaba observando. Por acá en el rincón estaba el fariseo. Ella podía oír esa gran carcajada: “Jo-jo-jo” allá en el rincón. Miró allá, y él estaba brindando en la copa ese vino fino y selecto, y el cordero se estaba asando, y la cena casi estaba lista para ser servida. Y—y estaba mirando para todos lados de esa manera. Y al poco rato sus ojos se enfocaron en Alguien (¡oh, que todos podamos captar ese cuadro ahora!), sentado en el rincón, sin ser notado. Y ella debe haber captado Su mirada. Nadie que lo mire a Él a los ojos, puede nunca más sentirse el mismo. Ella lo vio. Y pensó: “¿Quién es Ese? Hay algo diferente acerca de Él”. Y así es. Nunca hubo alguien como Él. Nunca puede haber alguien como Él. Él era distinto a los demás. Y allí estaba Él sentado. Ella miró, y la gente se alejaba de Él. Y ellos… Ella se fijó que Sus pies no estaban lavados; Su rostro todavía estaba quemado por el sol y reseco.
116Si tan sólo pudiéramos nosotros ver eso hoy día (y Uds. saben a lo que me refiero), verlo a Él sentado en deshonra, como el mundo le hace hoy día a Su pueblo. Ellos no quieren asociarse con ellos. Ellos son iguales que… Si Uds. dicen: “Pentecostés”, ¡hermano!, ellos se alejan. Si Uds. dicen: “Espíritu Santo”, ¡oh, qué cosa!, ellos se alejan de ello.
117Lo que nosotros necesitamos hacer es lavar Sus pies, ungirlo, para que podamos levantarnos en el poder de Su resurrección, quitar esa deshonra de Él (¡amén!), hacer que el mundo se avergüence de ellos mismos, con el poder de Su Vida en nosotros, como criaturas diferentes, no como aquellos allá en el mundo; esos son ceniza de cañón. Esos no son nada sino cenizas atómicas. La Iglesia es una criatura nacida de nuevo.
118Allí Él estaba sentado. Así se veía Él allí en esa clase de multitud. Y así es como se mira un hombre o una mujer llenos del Espíritu genuino de Dios ante los ojos de tal grupo. Fíjense. Ella lo miró. Ella pensó: ¿Saben quién es Ese? Ud. aquí: ¿es ese el Profeta de Galilea?” “¡Oh, es Él!”
119Oh, su corazón empezó a latir rápidamente. Hay algo cuando uno encuentra a Jesús, que su corazón empieza a actuar raro. Va a recibir un nuevo Amo ahora mismo. Su corazón empezó a latir rápidamente. “Oh, Ese es el—el que estaba allá en el pozo donde estaba aquella mujer de Sicar. Ese es el que encontró a la mujer que era igual de inmoral que yo, y le dijo que tenía muchos maridos, y le perdonó sus pecados. Oh, Él nunca me perdonaría a mí. Yo soy muy desventurada. Pero no es correcto que Él esté sentado allí de esa manera. Él es el Dios de la Eternidad. Él es el único Salvador. No es correcto que lo traten a Él de esa manera”. Y se le ocurrió una idea. Yo espero que Uds. tengan una.
120Se fue por la calle tan rápido como pudo, llegó al pequeño callejón, y se fue por el callejón, hasta llegar por los escaloncitos que rechinaban: “Criic”, “Criic”, y los sube; abre la puertita que rechinaba, después de quitarle el cerrojo, entra, se pone de rodillas en el piso. Piensa: “Estoy de rodillas”. Ella mete su mano debajo de la cama, saca una cajita, y abre la cerradura, y quizás está en un pedacito de su media. Ella la saca; la sacude. Allí está todo su sustento. Eso es todo lo que ella tiene. Pero ella está lista para darlo.
121Me pregunto si nosotros somos así de sinceros. No la señalen con el dedo a ella, si Uds. no son así de sinceros. Todo lo que ella tenía, estaba dispuesta a darlo. Y ella se lo lleva a su seno, y ella… su corazón está lleno de gozo. De repente, algo le es presentado a ella: “Mira, Él es un Profeta. Yo creo que Él es un Profeta. A mí no me interesa lo que el rabí diga, lo que el cardenal o el obispo digan. Yo creo que Él es de quien Moisés habló. Yo creo que Él es el Profeta que nos iba a visitar en estos días. Y Él siendo Profeta, Él sabrá de dónde obtuve yo ese dinero. Él sabrá los—los medios que usé para obtener este dinero. Pero esto es todo lo que tengo”.
122Seguro que Él los conoce a Uds. Él les puede decir desde este púlpito ahorita todo acerca de Uds. Sí señor. ¿Lo creen? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Yo puedo probárselo a Uds. ¡Amén! Perdónenme. Él sabe de lo que Uds. están hechos. Él sabe que estas palabras algunas veces los chamusca. Él sabe todo en cuanto a Uds.
123Pero eso era todo lo que ella tenía. Eso es todo lo que Él espera de Uds. Sólo denle su todo a Él, todo su corazón, voluntad, y popularidad, posición social. Pongan todo eso en Él, no importa lo que hayan hecho. Pero ella dijo: “Esta es mi única oportunidad, y yo la voy a aprovechar”. Quizás sea la última oportunidad para Uds. Más vale que la aprovechen mientras están en esta convención. No se vayan a casa sin ella, pues yo creo que Uds. lo van a ver a Él moverse de la misma manera. Él ya se está moviendo. Uds. lo van a ver a Él de una manera más grande que ésta. Uds. van a ver Su Palabra hecha manifiesta.
124Fíjense. Y ella dijo: “Es todo lo que tengo, así que es todo lo que puedo dar”. Eso es todo lo que Él espera. “Hermano Branham, yo soy—yo soy…” A mí no me interesa lo que Ud. sea, lo hipócrita que haya sido, lo buen miembro de iglesia que sea, lo santurrón que Ud. pueda ser en esta mañana delante del pueblo. Simplemente dé lo que Ud. tenga. Eso es todo lo que Él espera. Él aceptará eso.
125Ella va por la calle; dijo: “Bueno, es fácil. Iré porque hay algo dentro de mí diciéndome que lo haga”. Eso es cuando es real; no cuando Ud. lo está fingiendo, sino algo real. Ahí viene ella por la calle. Y mira alrededor, y recuerda que Lavinsky tiene la mejor tienda de perfumes en la ciudad. Así que ella entra. La campanita suena y uno se levanta, mira para ver quién es. “Bueno, ¿qué es lo que quieres?” Respondió como uno de estos hombres antes que ellos llegaran a ser Hombres Cristianos de Negocio. Eso es ser mal negociante. “¿Qué quieres? (A mí no me gusta que una persona como esa esté en mi tienda)”. “Yo quiero lo mejor que Ud. tenga”. (¡Oh, qué cosa!) “¿Lo mejor que yo tenga?” “Sí. Es para una—es para una cierta Persona. Es para una ocasión especial”.
126Así es como lo queremos. Lo mejor que se pueda obtener, lo mejor que podamos dar. No sólo tres minutos al día en oración, sino lo mejor que Uds. puedan dar.
127“¡Oh, yo quiero lo mejor que Ud. tenga!” Bueno, él sabía que una mujer como ésa realmente no tenía el dinero suficiente para comprar eso. Así que, ella quita el nudo de su mediecita, y dijo: “¿Cuánto cuesta el mejor?” “Veinte piezas. Ese es el mejor que tengo”.
128Ella quita el nudo de su mediecita, y—y el dinero suena. Oh, por supuesto, eso es diferente. Se dice que “no hay ganancia en mantener a José en la tierra”… él está listo para ganar dinero, Uds. saben. Así que él va allí y lo cuenta. “Oh, sí, exactamente veinte piezas de denarios romanos”. Eso es lo que costaba. “¿Qué vas a hacer con esto?” “Oh, esto es para una Persona especial”.
129Él entonces extiende su mano al estante y le da a ella el frasco de alabastro. Ella la pone en su seno. Regresa otra vez, mira allá adentro; ve al fariseo y a todos ellos parados alrededor en una tal conglomeración de—de pompa. Y ve a ‘Jésus’ todavía sentado allí con los pies sucios. Nadie le había prestado atención a Él. “¿Cómo voy a entrar? Ellos me echarán fuera cuando entre por la puerta”. Pero, Uds. saben, había algo dentro de ella, diciéndole a ella que entrara. Ella quería hacerle un servicio a Jesús.
130Y si Uds. le quieren hacer un servicio a Jesús, no hay suficientes obispos y cardenales en la tierra que los detengan de entrar en Su Presencia. ¡Correcto! No hay suficientes denominaciones e hipócritas en el país que los detengan, ni suficientes demonios en el infierno que les impidan a Uds. entrar, si Uds. le quieren hacer un servicio a ‘Jésus’.
131Ahí viene. Ella da la vuelta sigilosamente. Ve al guardia de la puerta voltear su espalda. Pasó a hurtadillas por la puerta. Allí avanza muy rápidamente. Eso es correcto. Cuando Ud. entre, vaya directamente a Él. No pierda el tiempo. No empiece a hablar, para ver lo que este dice, y lo que dice esta organización, y lo que esa diga. Vaya directamente a Jesús. Llegue a ‘Jésus’. No ponga atención a lo que digan los demás. Vaya a Él rápidamente.
132Así que ella se acerca rápidamente. Ella se paró, dice la Biblia, detrás de Él. Ella empezó a pensar: “¡Oh!, ¡oh!, ¡yo estoy en la Presencia de Dios!” Un sentir extraño siempre viene sobre Uds. cuando vienen con esa actitud. Pero si Uds. vienen con la actitud que tenía ese fariseo, tendrán el mismo sentir que él tenía: “No hay nada en ese hombre”. Pero sólo vengan con esa actitud, que Uds. quieren ver a ‘Jésus’. Y vean la clase de sentir que viene sobre Uds. Dejen que ese viejo corazón se derrita dentro de Uds. esta mañana hacia Él. Escuchen Su Silbo apacible y delicado. Habrá una actitud diferente.
133Ella se acerca sigilosamente. Él estaba sentado allí. Ella pensó: “¡Oh, ¡oh, estoy tan nerviosa! No sé qué hacer. Si me pongo delante de Él, quizás Él me pudiera correr de aquí. ¡Oh!, ¿qué…? Bueno, yo no soy nada—yo no soy nada de todas maneras”. Miren, cuando Uds. empiecen a pensar que no son nada de todas maneras… Si Uds. tienen miedo de que vayan a arruinar su prestigio, entonces vale más que no se acerquen en primer lugar. “Yo no soy nada para empezar”.
134Así que ella rápidamente se puso enfrente de Él y lo miró. Entonces ella estaba cerca. Así es cuán cerca Ud. quieren llegar, sólo para mirarlo a Él de más cerca. Quizás Uds. lo están mirando a Él de muy lejos. Uds. lo están mirando a Él muy allá en el pasado, hace dos mil años. ¿Qué de Él en esta mañana? Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos: el mismo poder, las mismas señales. “Las obras que Yo hago, vosotros las haréis también”. El Hermano Demos hace un rato la citó de la versión King James: “Aun mayores haréis”. Pero la traducción correcta, y cualquiera lo sabe, es: “Aun más haréis”, no mayores. Ninguno pudiera hacer mayores, pero sí más de las mismas obras grandes. Él resucitó a los muertos y detuvo a la naturaleza. Nada mayor se pudiera hacer, pero sí más.
135¿Por qué? Porque Él está en Su Iglesia universal, la gran Santa Iglesia Católica Apostólica de Pentecostés, alrededor del mundo, ‘Jésus’ en cada miembro. En ese entonces Él estaba únicamente en un solo Hombre, o sea Dios. Pero ahora, Dios está en toda Su Iglesia. En esta misma hora gente está siendo sanada. En este mismísimo minuto gente está recibiendo el Espíritu Santo. Si Él estuviera parado únicamente aquí, solo, en la forma de un hombre como Él estuvo en aquel entonces, Él únicamente le pudiera estar hablando a esta audiencia. Pero ahora Él le habla a todo el mundo, por medio del Espíritu Santo.
136Así que, allí estaba ella en Su Presencia. Ella se puso delante de Él. Puedo ver esos ojitos mirarla a ella, y el corazón de ella estaba a punto de desfallecer. “Allí está el Hombre que perdonó a aquella mujer y conoció su corazón. Él sabía de aquella mujer de Samaria, de Sicar. Él—Él sabía que ella tenía cinco maridos, y sabe lo culpable yo soy”. Él lo sabe. Él sabe lo culpable que son Uds. Él sabe lo vil que somos cada uno de nosotros. Él nos conoce.
137Ella lo miró a Él en la cara, y reconoció eso. Miren, ella no miró al fariseo, ni miró la lista para ver cuántos miembros pertenecían a la iglesia, para ver si ella se uniría o no. ella miró a ‘Jésus’. Ella se sintió culpable, y no pudo contener más sus lágrimas. Y miró hacia abajo a los pies de Él, y las lágrimas empezaron a caer en los pies de Él. Ella estaba muy avergonzada. Se postró de rodillas; ella… Él la vio. Ella no podía contener más sus lágrimas.
138Hay algo al respecto, que cuando Uds. se acercan a Jesús, Uds. empiezan a llorar, no con una fría… Para mí no tienen valor esas confesiones “almidonadas” y frías, y el poner su nombre en un libro y unirse a la iglesia. Uds. tienen que morir a sí mismos, y nacer de nuevo.
139Y las lágrimas empezaron a caer en los pies de ‘Jésus’, y ella no tenía nada con qué enjugarlos. Así que, con su cabeza inclinada, llorando, sus—sus hermosos rizos que ella tenía peinados así arriba de su cabeza, Uds. saben, cayeron. Ella empezó a regar Sus pies con sus lágrimas, y a enjugarlos con su—su cabello. Algunas de nuestras hermanas pentecostales, al cortarse todo su hermoso cabello, se tendrían que parar de cabeza para obtener el cabello suficiente para regar Sus pies, para enjugarlos. ¡Correcto!
140Pero Él… Ella, aún en su condición (¡no la condenen!), ella tomó su cabello, y empezó a enjugar Sus pies. Ella alzó sus ojos. Oh, si Él hubiera movido un pie, si ella… Si Él hubiera pestañado, ella de inmediato hubiera salido de allí. Pero ‘Jésus’, cuando Uds. están tratando de hacer algo para Él, Él sencillamente los dejan que lo hagan. Yo amo eso. Él simplemente se quedó quieto y la miró. Y ella trató de decir: “Yo—yo…”, y enjugando Sus pies. ¡Qué hermosa agua con qué regar Sus pies: lágrimas de arrepentimiento!; fue mejor que lo que Él pudiera haber obtenido de ese fariseo, de las aguas denominacionales, hechas por sí mismo. Él estaba recibiendo aguas de arrepentimiento; sus grandes lágrimas saladas caían en Sus pies. Ella regaba y enjugaba Sus pies con su hermoso cabello, diciendo: “¡Oh, no lo puedo expresar!” Ella estaba… “Yo—yo…”, y enjugando Sus pies. Entonces llegó el momento que ella… “¡Oh, no lo puedo expresar!”
141¡Qué cosa! ‘Jésus’ sólo la observaba. Al poco rato ella sacó el frasco de alabastro. Le daba vergüenza ponerse de pie y derramarlo sobre Su cabeza. Ella pensó: “Si tan sólo me puedo sentar a Sus pies, eso bastará”.
142Algunos de Uds. quieren ser “importantes”. Estar a los pies de Él, basta para mí. Su Palabra es suficiente. Mientras yo sepa que estoy en Él, y que Su Palabra está en mí, eso me basta. Cuando yo llegue Allá, si sólo puedo poner mis manos en Sus pies, eso—eso me bastará. Eso estará bien, eso es todo lo que pido. Yo pienso que de esa manera nos sentimos todos. Lavando Sus pies con lágrimas de agua de arrepentimiento; con eso es que Él quiere que laven la—la tierra que esté en Él: con arrepentimiento; no con penitencia, sino con arrepentimiento.
143Lavando Sus pies, enjugándolos con Su cabello; luego ella nerviosamente metió su mano, tomó el frasco de alabastro, y lo golpeó; estaba muy nerviosa. Y lo quebró en un extremo, y lo derramó todo sobre Sus pies; y estaba muy nerviosa. Y—y luego ella otra vez empezó a enjugar Sus pies. [El Hermano Branham hace unos sonidos de besos—Ed.]. “Yo—yo quiero…” Y levantó la mirada. Ella se fijó entonces que Sus ojos no estaban en ella. ¿Qué estaba sucediendo todo ese tiempo en el salón? No se hacía ni un solo movimiento. ¿Qué estaba pasando? Todo se detuvo. Oh, yo puedo ver a ese—ese fariseo engreído, el pícaro más vil del país. ¡Oh, él está sonrojado! Él fue muy humillado. Alguien dijo: “Amén”. Bueno, si alguien dijera: “Amén” en su iglesia, él diría: “¡Mmm!” Ud. lo perturba a él. Un poco del poder de Dios… Si sucede que dice una palabra… Él cometió un error en alguna parte, y dijo: “Jesucristo vino a salvar pecadores”. Y si alguien dijera: “¡Gloria a Dios!” “¡Oh! ¡Mmm! ¡Ujieres, sáquenlos! (Sí). Ellos me perturban”. Pero ellos me perturban a mí cuando no lo dicen.
144Así que—así que allí… Él fue humillado, oh, demasiado… Oh, él fue… (Tengo que terminar). Él fue muy humillado. Él lo estaba mirando a Él, y él dijo entre sí, haciéndole señas a esos cardenales: “¿Ven Uds.?, se los dije. Si ese hombre fuera profeta, Él sabría qué clase de mujer es esa”.
145Claro que Él lo sabía. Ella estaba millones de veces en mejor condición que él, aunque él era un miembro de iglesia. Ella era una prostituta. ¡Vergüenza deberían tener Uds. miserables, pobres miembros de iglesia que no saben más de Dios que eso! Humillado, dijo: “Yo se los dije, se los dije. ¿Ven? Si Él fuera profeta, si fuera profeta, Él sabría eso. ¡Él no es profeta!”
146Pero Jesús podía discernir sus pensamientos. Así que Él se levantó. La mujercita se quedó allí, su cabello colgándole sobre sus hombros, como hasta la cintura; las lágrimas le habían marcado su rostro al rodarle, y—y la grasa estaba por toda su boca de besar Sus pies; grandes y hermosos ojos cafés… Me pregunto, ¿qué va a decir Él? Él baja la mirada hacia ella.
147Él dijo: “Simón, una cosa tengo que decirte”. ¡Oh, pobre hipócrita miserable, engreído profesando ser un siervo de Cristo! “Una cosa tengo que decirte. Tú me invitaste a venir aquí, y Yo vine. Yo dejé mi itinerario ocupado”. Él siempre lo deja. Correcto. Él vino aquí. Él está aquí ahora. Seguro. “Yo dejé mi itinerario ocupado porque tú me invitaste a venir. Y cuando llegué a la puerta, tú no lavaste Mis pies; tú no ungiste Mi cabeza; y tú nunca me diste un beso de bienvenida. Pero esta mujer, desde que ha estado aquí, no ha hecho nada sino regar Mis pies con lágrimas y enjugarlos con sus cabellos. Ella me ungió”.
148Ahora, ¿qué va a hacer Él? Allí está ella parada, sus grandes ojos mirándolo a Él. ¿Cuál es el veredicto? ¡Oh, Dios, permite que ese sea mi veredicto! Permite que eso sea lo que yo oiga cuando trate de hacerle a Él un servicio. Aunque tenga que decir cosas a mi gente que me hace pedazos por dentro, pero de todas maneras tengo que hacerle a Él un servicio. Está escrito en la Palabra. Yo debo hacerlo. Nosotros debemos hacerlo, hermanos. Sin importar cuál sea el precio, nosotros tenemos que hacerlo. Es un servicio que Dios requiere. ¡Prediquen la Palabra!
149Mírenla. Ella estaba pasmada. “¿Qué va a hacer Él, condenarme?” Entonces Él miró y dijo: “Y Yo le digo a ella que sus muchos pecados le son perdonados. Sus muchos pecados le son perdonados”. [Espacio en blanco en la cinta.—Ed.]
150Ese es el veredicto que yo quiero oír. Yo quiero tratar de hacer la obra de Dios toda mi vida. Uds. quieran tratar de hacer lo mismo. Y al final el veredicto será la misma cosa: “Tus muchos pecados te son perdonados”. Inclinemos nuestros rostros por un momento.
151Nosotros lo hemos invitado, y Él ha venido. En todas las iglesias esta semana estando con mis hermanos, hemos orado: “¡Jesús, ven a estar aquí!” Yo me paré en la cumbre de la Montaña Sur el otro día, y le dije a mi esposa: “Mira allá abajo por todo ese valle. ¿Cuántas veces en la última hora el Nombre de Dios ha sido tomado en vano? ¿Cuántos adulterios fueron cometidos desde anoche en ese valle?” Ella me dijo: “Billy, bueno, ¿por qué viniste aquí entonces?”
152Yo dije: “Cariño, pero allá por todo ese valle grande de Maricopa (que un día no era nada sino cactos y lagartijas), ha habido muchas oraciones que han subido en las últimas veinticuatro horas. Verdaderos santos de Dios, nacidos de nuevo, están orando para que el pecador venga a esta convención”.
153Y Él ha venido. Él está aquí. Yo sé que Él está aquí. Hagámoslo bienvenido con nuestras lágrimas, provenientes de nuestros corazones endurecidos y fríos. Lavemos Sus pies esta mañana. Digámosle que lo amamos, que le vamos a servir de ahora en adelante. Oigamos ese gran veredicto Eterno: “Tus muchos pecados te son perdonados”.
154Voy hacerles una pregunta solemne. Quiero que lo hagan de corazón. Si hay hombres y mujeres aquí (lo cual, sí hay), que no han vivido bien para con Dios, y les gustaría oír el veredicto que esa mujer oyó ese día: “Tus muchos pecados te son perdonados”, ¿levantarían sus manos? Miren, no mire nadie. Permítanme a mí y al Señor mirar. Levanten su mano. Dios le bendiga. Dios le bendiga. Dios le bendiga. Dios le bendiga, por todas partes.
155Ahora, miembros de iglesia, Uds. aquí que saben que no han nacido de nuevo… Y sin embargo ‘Jésus’ está aquí. Uds. saben que estarían avergonzados si sucediera que Él los hiciera a Uds. gritar alabándole, o si los hiciera testificarle a alguien. Levanten la mano y digan: “‘Jésus’, lo siento. Yo quiero ser un verdadero Cristiano nacido de nuevo, a partir de hoy”. Levanten la mano. Dios le bendiga. Dios le bendiga.
156Ahora, algunas de Uds. mujeres pentecostales con el cabello cortado, ¡vergüenza debiera darles! Miren, Uds. saben que están mal. Si Uds. no lo sabían hasta hoy, ahora lo saben. ¿Están Uds. avergonzadas de eso? Si es así, levanten la mano. Que nadie mire. Dios le bendiga. Se requiere ser una verdadera dama para hacer eso. Dios le bendiga. Correcto. Dios le bendiga. Seguro que Uds. están avergonzadas. Seguro que Uds. están avergonzadas.
157¿Me quieren decir que Uds. tienen el cabello cortado y no se avergüenzan de ello? ¿Están tratando de agradar al hombre en vez de a Dios? ¿No comprenden Uds. que mientras no… que Uds. nunca desde este día en adelante serán capaces de ir más adelante con Dios? Esta es la cosa que Uds. pasan por alto, esto aquí mismo.
158¿Dicen Uds. que tienen el Espíritu Santo, que danzan en el Espíritu, y hablan en lenguas? Uds. han puesto mucho su confianza en eso, en vez de en ese Silbo apacible y delicado. Uds. pueden tener emociones mentales, pero su vida prueba lo que Uds. son. ¿Pueden Uds. obtener uvas de una planta de calabaza y pepinos de una planta de sandía? Uds. saben que están mal. Levanten su mano. Sean lo suficientemente dama para hacer eso. Muchas de Uds. no han levantado su mano, muchas de… Dios les bendiga; ahora hay un montón de ellas.
159Uds. hombres que permiten…Algunos de Uds. predicadores, ¡vergüenza les debería dar! Uds. predicadores del Evangelio Completo que permiten que su esposa haga una cosa como esa, ¡vergüenza les debería dar! Dios tenga misericordia de su alma, hermano, por no tener la decencia suficiente para predicar el Evangelio. ¿Le tiene miedo a ella?
160¿Qué de algunos de Uds. que fuman cigarrillos, que todavía reclaman ser pentecostales, que todavía toman un trago social con el patrón? Algunos de Uds. hombres de negocio que todavía no han renunciado a sus cosas del mundo, Uds. quieren… Uds. tienen que beber un traguito social en Navidad. ¡Vergüenza les debería dar! ¡Vergüenza les debería dar! ¿No saben Uds. que ‘Jésus’ los va a condenar en aquel día? Uds. saben que están mal.
161Algunos de Uds. aun han pasado por alto la Palabra en estos últimos días. Las iglesias se están volviendo formales. Algo anda mal. Su congregación no se parará por… Yo sé que algunos de Uds. predicadores son inocentes. Uds. van allí y predican la Palabra tan duro como pueden. Esa congregación… ¡preséntesela, hermano! Dios los hará responsables a ellos.
162Algunos de Uds. no lo han amado a Él como deberían. Algunos de Uds. son verdaderos Cristianos honorables, y no lo han amado a Él como debieran. Y Uds. saben que son culpables. Uds. no oran lo suficiente. Yo voy a levantar mi mano ahora. Yo no oro lo suficiente. Yo estoy avergonzado de mí mismo. Yo estoy avergonzado de mi vida. Yo le pedí a Él que viniera a esta reunión y estoy—estoy—estoy avergonzado de mi vida delante de Él. Yo me incluyo con Uds. Estoy avergonzado de mi vida delante de ‘Jésus’. Bendito sea Él. Él vino desde el Cielo esta mañana para visitarnos, vino a nosotros para conversar, para hablarnos. Él nos está hablando ahorita, ese pequeño Silbo apacible y delicado en nuestro corazón. Pudiera ser que no haya vientos recios soplando. Nosotros hemos tenido mucho de eso.
163Velemos nuestros rostros en esta mañana con vergüenza. Yo estoy avergonzado de reclamar ser Pentecostal, con la vida que vivo. Estoy avergonzado de no tener más poder en Su Presencia. Estoy avergonzado de no ser un mejor ejemplo de un Cristiano delante de mi familia. ¡‘Jésus’, ten misericordia de mí! Dios, yo no estoy sin falta. Yo también necesito corrección, y Tu Espíritu Santo me está hablando.
164Queremos hablar Contigo, Señor. Queremos que tú nos perdones. Nosotros queremos ser verdaderos Pentecostales, Señor. Queremos ser verdaderamente llenos con el Espíritu. No nos avergonzamos de las lágrimas; no nos avergonzamos de Ti de ninguna manera. Y esta mañana Tú nos has visitado, y nosotros queremos lavar Tus pies. Queremos entregar nuestras vidas a Ti. Nosotros—nosotros queremos ser Cristianos verdaderos. Queremos el fruto del Espíritu en nuestras vidas: mansos, bondadosos, amándonos unos a otros, perdonándonos unos a otros. “Dios nos perdonó a nosotros en Cristo”. Nosotros queremos ser como Él. Él fue nuestro ejemplo.
165Todos los que tienen ese deseo en sus corazones, que les gustaría inclinar sus rostros esta mañana en Su Presencia, sabiendo que nosotros también somos culpables, que les gustaría lavar Sus pies también, ¿se pondrían de pie quietamente ahora? Dios les bendiga. Mi esposa solía cantar una alabanza: “Querido Jesús, te amo, te amo. Si alguna vez te amé, querido Jesús, es ahora” Inclinemos nuestros rostros ahora, todos.
166Nuestro Padre Celestial, nosotros—nosotros hemos sido tan—tan indiferentes hacia Ti. Te hemos tratado mal. Hemos tratado mal la causa. Hemos sido indiferentes. [Una mujer empieza a clamar—Ed.]. Yo oro por esa pobre mujer en estos momentos, que el diablo se la está tratando de llevar. Ve tras ella, Espíritu Santo. No la dejes sola. Ve tras ella, Jesús. Ese diablo clamando, ¡que él salga en el Nombre del Señor Jesús! Que esa pobre alma perdida sea salva.
167Lo sentimos, Señor. Muévete sobre nosotros con Tu Espíritu Santo. Llénanos con la bondad de Dios. Derrama Tus bendiciones, Señor. Estamos— estamos lavando nuestros corazones con el agua de la Palabra. Entra a nuestras vidas, Señor. Siéntate en nuestra mesa. Siéntate y cena con nosotros hoy, Señor. Te aceptaremos a Ti ahora como nuestro Salvador. Te tomaremos como nuestro Guía y nuestro Rey. Y permite que el Espíritu Santo bañe nuestras almas en Su Presencia, dándonos amor, y misericordia, y entendimiento.
168Que todo ministro tome un nuevo agarre. Que los Hombres de Negocio, que esta organización, que todo miembro de iglesia, toda persona aquí sienta a Jesús tomar Su lugar en el corazón de ellos en este momento. Concédelo Señor. Te amamos y te entregamos nuestras vidas; te damos la bienvenida a la convención. Vamos a bautizar a la gente aquí esta tarde. Vamos a hacer llamamientos al altar. Te vamos a alabar con alabanzas. Te vamos a alabar con la Palabra. Te vamos a alabar con todo lo que tenemos, para darle a saber a la gente que no nos avergonzamos del Evangelio de Jesucristo, porque es poder de Dios para salvación.
169Nos iremos de aquí viviendo vidas diferentes, porque Tú nos visitaste. Nosotros no trataremos de ser como aquel fariseo. Nosotros sabemos que Tú eres el Rey de los profetas. Tú eres el Dios—Profeta que habla en nuestros corazones ahora. Y te pedimos que disciernas nuestros corazones, y nos reveles nuestras causas que están impidiendo el gran movimiento de Dios en este último día, que desde aquí salgan ministros ungidos, hombres ungidos y mujeres ungidas con tal inspiración en ellos del amado Señor Jesús, a tal grado que estalle un avivamiento por todo el continente. Concédelo Señor.
170Sabemos que Tú has venido a nuestra invitación, y te vamos a hacer tan bienvenido como sabemos hacerlo, en la vida de cada uno. Permaneceremos firmes con esa bendición en nuestro corazón, Señor, diciendo que te amamos, Señor Jesús. Te bendecimos. Tú estás por encima de toda—de toda organización. Tú estás por encima de las cosas del mundo. Tú estás por encima de nuestro vestir. Tú estás por encima de nuestra… de todo. Tú eres Dios. Tú estás por encima de nuestras emociones. Tú eres Dios. Y te amamos con todo nuestro corazón. Recíbenos, oh, Señor, mientras levantamos nuestras manos a Ti para darte alabanza. El gran Rey de Gloria está sentado en nuestros medios en esta mañana. Te alabamos y nos encomendamos a Ti. En el Nombre del Señor Jesús, bendecimos a esta gente.
171¿Le aman? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Consagran de nuevo sus vidas a Él, hombres y mujeres? Levanten sus manos y digan: “Jesús, yo también oré que Tú vinieras a esta convención. Ahora me consagro a Ti. Desde esta hora en adelante permíteme ser completamente Tuyo. Que mi caminar, mi hablar, y mi asociación pruebe que yo estoy sellado por el Espíritu Santo, por la manera en que vivo, hablo, y camino”.
172Denos un tono en el piano: Yo Le Amo. ¿Lo dicen de veras? Digan: “Amén”, si es así. [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Realmente aman esta expresión para Jesús mientras la cantamos juntos? Todos juntos a la manera antigua ahora. “Yo le amo, yo le amo, porque Él me amó a mí primero”. Todos juntos ahora, cantémosla. Yo le amo, yo le amo, Porque Él me amó a mí primero; Y me compró mi salvación, En… (Hay tantos que ni siquiera los puedo contar… La mujer…)
173Esperen un momento, sólo para relajarnos; continúe tocando. Satanás había interrumpido a la mujercita, la sacó del edificio. El Espíritu Santo la agarró allá afuera y la trajo de regreso. Ella está en la reunión ahora, relajada. “En Mi Nombre echarán fuera demonios”. El poder está en la dulzura y la humildad. Eso es lo que hace que las cosas sean grandes; porque es humilde y dulce.
174¿No le aman? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Miren, todos juntos otra vez con nuestros ojos cerrados y nuestras manos levantadas hacia el Cielo, con todo su corazón. Yo… [El Hermano Branham habla con alguien—Ed.] Dios le bendiga ahora. Ella estaba yendo…