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~ ASI CONVIENE QUE CUMPLAMOS TODA JUSTICIA ~
1Siempre es un privilegio venir a la casa del Señor. Nunca ha habido una ocasión en mi vida en la que me haya pesado venir a Su casa. Es un… Pero me supongo que esta mañana es uno de los tiempos más difíciles al que he llegado. Sí, eso es correcto. Hay cosas que suceden en la vida (sabemos eso), que tenemos que enfrentar. Y debemos recordar que eso les sucede a todos.
2Y estamos muy agradecidos en esta mañana, (yo lo estoy), y sé que mis hermanos y hermana están muy agradecidos con Dios, al saber que nuestra madre es salva.
3Ella está anciana, y ya habíamos estado esperando esto por algún tiempo, porque ella es una madre de muchos, y eso ha quebrantado su vida. En los tiempos de mi madre, no tenían las cosas que ahora tienen para atender a las madres cuando ellas tenían a sus niños. Tal vez mi mamá tenía uno de sus hijos en la mañana, y por la tarde, ese mismo día se tenía que levantar a lavar la ropa. Pero hoy día ellas permanecen en el hospital por varios días, con toda clase de medicamentos, lo cual es… Estamos agradecidos por tales cosas que pueden ayudar a estas—estas madres y a todos.
4Ella está muy, pero muy cerca de la muerte en estos momentos. Y yo… [El Hermano Branham llora—Ed.] Es—es un poquito difícil esta mañana, pero no obstante, yo—yo había prometido estar aquí. Y estoy…
5Miren, yo no puedo decir que mi madre está partiendo. Frecuentemente he dicho esto, y muchos son testigos, acerca de las visiones. Yo he dicho: “Si mi propia madre estuviera muriéndose, y ella me mirara directo al rostro y me preguntara: ‘Billy, ¿qué—qué es lo que va a ser de mí?’”, yo he dicho, “a menos que Dios me lo dijera, yo no sabría”. Yo—yo no podría decir.” Y esa mismísima cosa ha sucedido. Si mi madre va a partir, Él ciertamente no me lo ha hecho saber.
6Antes que mi padre muriera, yo vi una visión de que él se iba a morir. Cuando yo todavía era un pecador, vi a mi hermano, el primero, cuando él se iba a morir.
7Howard, yo le dije a todos Uds. dos o tres años antes que él muriera, acerca de su partida.
8Pero acerca de mi madre, Él no me ha dicho ni una sola palabra. Y si ella va a partir, es algo de lo cual yo no sé nada. Sin embargo, tuvimos… El doctor ha dicho que él no sabe cómo ella sobrevivió hasta este último domingo. Y ella está muy mal. Pero, sin embargo, cuando yo estaba…
9Hace como un mes, al igual que lo hice con la Sra. Broy… A mí siempre me gusta estar pendiente de las personas, para… sabiendo que están cerca para partir, para saber si están listas. Debemos estar seguros de esto. No nada más queremos decir: “Bueno, tal vez todo esté bien”. Queremos estar seguros que todo esté bien.
10Una mañana yo tuve una conversación larga y buena con mi madre. Ella me dijo: “Billy, ya yo—yo he vivido lo suficiente que debería vivir”. Ella dijo: “Yo no tengo nada más por qué vivir”. Dijo: “Tengo que partir”. Y dijo: “Yo prefiero irme y estar con tu padre, y con los otros hijos que están allá. A todos Uds. los veo seguido”.
11Y cuando la estaban subiendo a la ambulancia para llevársela al hospital para darle glucosa…. Porque ella no podía comer nada, tuvieron que darle glucosa por sus venas. Y le dije cuando la estábamos subiendo a la ambulancia, le dije: “Mire, mamá, todo está bien”. Ella dijo: “Yo estoy anhelando irme”.
12Y yo dije: “Mamá, si Ud. estuviera dejando un tesoro en la tierra de cien millones de dólares a nosotros sus hijos, o si nos dejara una casa que abarcara de ciudad a ciudad, no se compararía nada con este testimonio que Ud. nos está dejando, de que: ‘Yo estoy lista para irme’”. El saber eso, es un tesoro que el dinero no puede comprar.
13Así que por lo tanto, a la luz de eso, yo me paro con toda confianza, creyendo estas cosas que he predicado. Eso sostendrá a mi madre, sostendrá a la madre de otra gente, nos sostendrá a todos nosotros. Yo no podría decir: “Dios, no te la lleves”. Porque sé que tan pronto como su alma mortal deje este cuerpo, ella tiene otro esperando, y ella será una mujer joven otra vez, unos minutos después de haber partido de aquí.
14¿Alguna vez han notado Uds. a un niño cuando nace? Sus pequeños músculos se contraen y se sacuden bruscamente. Pero cuando nace, él llega a ser un espíritu, y luego un alma viviente. Y tan pronto como el alma sale de ese cuerpecito, hay otro esperándolo. ¿Ven? Porque, primero Dios hace el alma y el espíritu; y van a los cuerpos. Y—y cuando partimos de aquí, lo único que cambiamos es nuestro lugar de morada y vamos a otro. “Porque si este tabernáculo terrestre se deshiciere, tenemos otro ya esperando.” Así que, ese es nuestro consuelo.
15Ahora, oremos. Nuestro glorioso Padre Celestial, ¿qué pudiéramos hacer en estas horas de tremenda necesidad, si no fuese por Ti? Pero nuestra esperanza está edificada en nada menos que la Sangre de Jesús y Su justicia. Y estamos tan contentos de saber que hay una Tierra más allá del río, que cuando Tú hayas terminado con nosotros, en esta tierra, únicamente cambiamos nuestros lugares de morada, a esa gloriosa Tierra allá, en donde no hay enfermedad ni angustia, muerte ni separación. Estaremos siempre Contigo y con nuestros seres queridos. Así que, te damos las gracias por esta gloriosa esperanza que está hoy en nuestro seno.
16Y me parecía difícil esta semana, Señor, el venir aquí; no el servirte, sino sabiendo que estoy nervioso y me preguntaba si sería capaz de abordar este Mensaje en esta mañana para la iglesia, el cual siento que Tú has puesto en mi corazón ¡Cómo el enemigo me ha traído dando vueltas y vueltas con él! Pero he llegado hasta aquí de lejos, hasta el púlpito, en Tu Nombre. Y me encomiendo, con el Mensaje y todo, en Tus manos, y sé que Tú eres más que capaz de llevarlo a cada corazón, y de proveer todo lo que necesitamos. Lo encomendamos todo a ti en estos momentos, y nosotros mismos, para Tu servicio; mis labios como Tu portavoz, y los oídos como Tu receptor. Bendícenos Señor.
17Y que otras madres, y otros padres, y aquellos que lo serán en los días por venir, si el mundo perdura, que ellos se preparen y sepan también que algún día llegarán a esta hora a la que mi madre ha llegado. Te pido, Dios, que ellos hagan sus preparativos hoy. Porque no hay una cosa que importe más en el mundo. Dinero no lo puede comprar, popularidad no lo puede sostener, nada puede ayudar, sino Dios, y sólo Dios. Y nos aferramos a Su inmutable mano, sabiendo que Él ha dicho: “Por Jehová son ordenados los pasos del justo”. Así que este poco sufrimiento que hoy tenemos en esta vida, será tan insignificante. Como el poeta lo ha expresado: “Los afanes del camino parecerán nada, cuando lleguemos al final del camino”
18Y ayúdanos, Señor, a proseguir a la meta del supremo llamamiento, sabiendo que algún día en el gran más Allá, nos encontraremos en el dulce más Allá. Bendice Tus Palabras ahora. Bendice a Tus siervos. A cada hijo de Dios que está aquí, que sus corazones sean suavizados y conmovidos en esta mañana. Y Padre, yo mismo necesito algo de eso. Te pido que lo concedas, todas estas cosas, en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.
19Miren, me fijé que tenemos aquí un montón de pañuelos. Y estoy… oraré por ellos en un momentito.
20Vengo de un viaje de cacería en el cual estuve cazando con un hombre allá cerca de Alaska. Uds. saben, esta temporada del año es la temporada que yo reservo, (el otoño), para restablecerme, preparándome para las temporadas de servicios que están por delante.
21Yo no soy muy fuerte; bueno, lo digo en cuanto a mis nervios. Yo tengo un—un sistema nervios muy malo. Y comprendo que se requiere ese tipo de sistema para llevar a cabo el ministerio que el Señor me ha dado. Uno no puede tener todo glorioso en la tierra. Físicamente, estoy agradecido por un cuerpo fuerte. Pero mi sistema nervioso, debido a que uno obra allí en la línea entre lo natural y lo sobrenatural, y eso—eso lo hace pedazos a uno. Y yo nunca he tratado de sentarme y explicarles eso a mis congregaciones, porque no lo entenderían. Porque yo mismo no lo entiendo. Pero aun los doctores, me examinaron y me pusieron esa prueba de presión para los nervios; dijeron que nunca habían visto algo igual a eso (¿ven?), cómo se movía de un lugar, y se iba completamente al otro. Yo no entiendo sus investigaciones científicas y… o lo que ellos han hecho, sus maneras de hacer las cosas. Pero sé que un día hubo algo que me sucedió cuando Cristo tomó el control de mí; yo fui cambiado.
22Y yo simplemente quisiera decir esto; tal vez me fortalezca. Pareciera ser una cosa rara de la cual hablar esta mañana. Pero antes de entrar a mi Mensaje, (para calmarme un poco), me gustaría decir que… Cuando anuncié que iba a estar aquí, yo no sabía que mi madre iba a estar enferma.
23Y también anuncié tener el servicio de esta noche. Dios mediante, nosotros… yo estaré aquí esta noche, predicando, si eso está bien con el pastor. [El Hermano Neville dice: “¡Sí, señor!”.—Ed.] Y quiero predicar esta noche sobre: El Consolador Ha Venido. Y eso es para el servicio de esta noche. Y tendremos servicio de Santa Cena esta noche. Y todas las personas están cordialmente invitadas a venir y—y tomar la Santa Cena con nosotros esta noche, y para escuchar el mensaje.
24Fue la primavera pasada que el Señor nos dio unos momentos muy gloriosos, cuando estuve allá en Alaska, o mejor dicho, cerca de Alaska, en Columbia Británica, en reuniones. Y yo—yo siempre he amado la naturaleza.
25¿Me pueden oír bien allá atrás? ¿Pueden…? Si pueden, levanten sus manos, los que están allá atrás.
26Yo siempre he amado la naturaleza. Cualquiera que conoce a nuestra familia, sabe que… Mi madre que en estos momentos se está muriendo, su madre era india. Y mi conversión nunca cambió eso, y yo… mi amor por la naturaleza, y estoy contento por eso, porque es un lugar en donde yo veo a Dios. No voy sólo por el hecho de salir a cazar, es—es para estar solo con Dios. Y yo cazo solo.
27Y mientras estuve allá, conocí a unos guías excelentes. Esos son los hombres, que en Canadá y otros lugares, antes de que Ud. pueda salir al desierto, la comisión de caza le asigna a Ud. un guía. Y ese guía tiene que estar con Ud.
28Y conocí a un hermano Cristiano maravilloso, un joven pentecostal, que era un guía famoso en Canadá. Su esposa era una mujer salvada gloriosamente. Y él tiene como unos cuarenta años de edad, y tienen cinco hijitos, muchachitos, de dieciocho años hasta los dos años de edad. Y se le había concedido un área grande de quinientas millas del Camino Alcan, asignada como su espacio para guiar.
29Había algunos indios allí que no se querían mudar y eran muy arrogantes, y pusieron un letrero que decía: “Si Ud. entra aquí, habrá derramamiento de sangre”. Pero sin embargo nosotros pasamos el letrero y entramos allí, porque yo les quería hablar a esos indios. Después de todo, la tierra era de ellos antes de que fuera nuestra, Uds. saben. Y la primavera pasada pasé un buen tiempo con ellos, hablándoles del Señor Jesús.
30Y un anciano, el padre de la tribu, tenía cerca de cien años. Y él tenía su… Entiendo por qué él no se quería mudar. Ellos entierran a sus muertos en un tronco, y el tronco lo cuelgan en un árbol. Tenían a dos pequeñitos enterrados allí. Con razón él no se quería mudar. Entiendo por qué él no quería irse. Y la reserva, el—el gobierno de Canadá, (el Dominio de Canadá) dijo que si ellos se ponían arrogantes, los iban a sacar a la fuerza y hacerlos que se fueran. Bueno, uno lamentaría que les hicieran eso; sus niños están allí colgados en los árboles.
31Y así que, sin embargo, los ríos nos bloquearon y no pudimos llegar al área en donde íbamos a cazar osos pardos. Y el Sr. Southwick, se pronuncia Southwick, era el guía; y él… Y yo estaba con un ministro, Eddie Byskal. Y así que, su hijo… El Sr. Southwick tenía un—un hermano menor, entre los veinticinco y treinta años de edad, que estaba seriamente enfermo de epilepsia.
32El Sr. Southwick acababa de convertirse en Cristiano, hacía como un año. Había sido un vaquero antes, y son algo ásperos (¿ven?), en su manera de vivir. Pero él acababa de convertirse en Cristiano, y estaba creyendo. Y él dijo: “He leído tus libros, Hermano Branham”. Y continuó insinuando acerca de su hermano que tenía epilepsia. Él dijo: “¡Oh, si tan sólo te pudiera traer a mi hermano!” Bueno, Uds. saben cómo eso lo hace sentir a uno; uno está imposibilitado, no puede hacer nada, y uno se pregunta cómo pudiera pasar todo eso.
33Luego, en Canadá generalmente los hombres que… Uds. hombres que van a viajes de cacería, saben referente al trato de los caballos (y a mí me encantan los caballos y los animales), ellos por lo general atan el cabestro a la cola del otro caballo y los dejan caminar así unos tras otros, el grupo en línea. Pero allá Ud. no puede hacer eso, debido a lo arcilloso del terreno rocoso, pues se podría resbalar un caballo y perderlos a todos. Así que, nosotros tuvimos que dejarlos caminar solos y rodearlos para meterlos al sendero.
34Y yo iba cabalgando muy atrás, en un caballo joven, tratando de rodear a los que se desviaban y meterlos al sendero. Y el Espíritu Santo, en Su gracia, descendió. Le metí las espuelas a mi caballo, y pasé al grupo y llegué al frente en donde el Sr. Southwick estaba guiando a lo largo de los arbustos, y le dije: “¿Bud?” Y él dijo. “Sí, Hermano Branham”. Yo dije: “¿Tomaría Ud. mi palabra?” Él dijo: “Tomaría todo lo que tú dijeras”.
35Yo dije: “Tengo ASÍ DICE EL SEÑOR para ti”. Yo dije: “Ve y trae a tu hermano al Fuerte San Juan”, el cual estaba como a unas setecientas u ochocientas millas de distancia, “tráelo aquí a la carretera”. Él vivía en una choza vieja con un utensilio de calefacción lenta como estufa, y tenía sus hijos allí. Y dije: “En cuanto él tenga un ataque epiléptico, arráncale la camisa de un tirón; te voy a dar algo que tú hagas. Arrójala al fuego, y di: ‘Esto lo hago en el Nombre de Jesucristo” Él dijo: “Lo haré”.
36Así que él se fue, mandó a traer a su hermano, y lo trajo allí. Y esa mañana él tuvo que salir de guía con un hombre de la conservación forestal. Y su hermano por lo general tenía dos o tres de esos ataques por día, y los tenía desde que era un muchachito. Y su esposa le tenía mucho miedo a él cuando tenía esos ataques, porque se ponía violento; era un joven muy fuerte.
37Y él tuvo un ataque después que Bud se fue; y en lugar de saltar por la ventana, como ella lo hacía, sacando a sus hijos de allí, ella saltó y se montó a horcajadas y le arrancó de un tirón la camisa; una mujercita llena del Espíritu Santo, le arrancó de un tirón la camisa, y la echó en el fuego, y dijo. “Yo hago esto en el Nombre de Jesucristo”. Desde entonces él no ha tenido otro ataque. Eso fue la primavera pasada.
38En muchas ocasiones, yo sé que ha sido un poquito difícil. Personas quienes no entienden dicen: “Hermano Branham, ¿por qué va Ud. a un viaje de cacería?” ¿Ven? Sencillamente no lo entienden. No hay necesidad tratar de explicarlo, ¿ven? Uno alcanza a otras personas allí que nunca las podría alcanzar de otra manera.
39Hace como dos meses, o no tanto así, que desperté una mañana. Creo (no estoy seguro), que lo conté a la mayoría de la iglesia. Hay muchos aquí que me han oído contar esto antes que sucediera. Y en la visión que vi, vi un animal grande, que parecía un venado. Y tenía cuernos altos y grandes. Y estaba… Yo tenía que rodear una roca de arcilla, de esta manera, para llegar a él. Y era un animal muy famoso. Era un animal de trofeo. Y había un hombre que miré que tenía puesta una camisa verde de cuadros. Y entonces, viniendo, después de que había matado el animal… Escuché una voz que decía: “Esos cuernos miden cuarenta y dos pulgadas de alto”. Eso es como así de alto. Y era un animal gigantesco. Y viniendo de regreso, miré un grande, enorme oso pardo de puntas plateadas.
40Ahora, ese es el oso famoso. Hay cuatro en la familia de los osos pardos. Uno es el punta plateadas, que es el famoso. El siguiente es llamado kadish, el nombre nativo, que es el negro con orejas redondas. El segundo… El tercero es el oso pardo regular, que es entre negro y café, un oso enorme. Y el siguiente es el Kodiak, el cual únicamente se encuentra en la isla de Kodiak y—y en Alaska occidental; es grande, gigantesco, el más grande de todos los osos, pero es un oso pardo. Pero el puntas plateadas es negro, y lo blanco… lo plateado está en la punta de su pelo. Él es el famoso, muy, pero muy nervioso, y de “mal genio”.
41Le disparé al oso en el corazón y lo maté, pero fui cuestionado cómo lo iba a hacer, pues yo traía un rifle pequeño. Y yo les había contado a los hermanos. ¿Cuántos de Uds. aquí me escucharon contar acerca de esto antes que sucediera? Levanten sus manos. Bueno, por supuesto, la mayoría. ¿Ven?
42Y así que entonces el Sr. Arganbright me llamó y quería que fuera a Alaska. Bueno, en lugar de ir a Alaska, me sentí guiado a hacer este viaje, ir con Bud, porque ya se lo había prometido.
43Cuando llegué allá le conté a su esposa y a toda la gente que estaba allí, acerca de estas cosas que Él me había dicho. Pero yo dije: “¿Quién de Uds. tiene una camisa verde de cuadros?” Y nadie tenía una. “Bueno”, yo dije: “Entonces a lo mejor será en otro viaje que haré; pero en alguna parte, el Señor me lo va a dar, exactamente”. Así que dije: “Yo pensé que quizás sería en este viaje”.
44Bueno, continuamos en el viaje. Y el primer día, llegamos a lo alto, por encima del límite de la vegetación arbórea, en donde no hay pinos, allá arriba en los glaciares, con nuestros caballos. Y el segundo día, cazamos un poco y encontramos muchas ovejas con cuernos enroscados de tres cuartos de circunferencia y demás, pero no era lo que yo quería.
45¡Y Uds. hablan de compañerismo, todos nosotros siendo pentecostales, y teniendo el Espíritu Santo! ¡Disfrutamos unos momentos maravillosos allá arriba, viendo esos colores cambiar, y esas montañas, y estando allá muy arriba en donde sólo Dios vive! Y ¡qué momentos tan maravillosos! No nos acostábamos hasta la una de la mañana, glorificando a Dios, y disfrutando unos momentos gloriosos.
46Y el segundo día, salimos, y como a unas seis millas, por detrás de los glaciares, vimos unos carneros grandes. Y dijimos que: “Bueno, regresaremos, y a la mañana siguiente, al amanecer estaremos en camino”.
47Así que salimos a la mañana siguiente, antes del amanecer; y para las nueve de la mañana llegamos allá en donde los habíamos visto en los glaciares.
48Pero al ir subiendo, vi por primera vez un caribú salvaje. Yo nunca había visto uno. Los había visto domesticados, en Laponia y otros lugares, pero no un caribú salvaje; el cual no es… Caribú es el nombre nativo; pero es un “venado”. Y así que por lo general tienen cuernos más amplios, de esta manera; uno sale enfrente de su nariz, y luego uno sale enfrente de él; y luego los cuernos se entrelazan, con otro cuerno más o menos así de ancho. Bud me había dicho: “Quizás…”
49Yo dije: “No, no. Él…” Yo dije: “No era un caribú, porque no tenía esa clase de cuernos. Pero esa mañana, subiendo, bueno, yo había visto la hembra y su cría y nos fuimos por un lado, y miré un caribú macho, joven, corriendo.
50Y el Hermano Eddie, queriendo alimentar a los indios en donde él está como misionero… Ese es un hombre fino; él proviene de un hogar encantador, y su esposa proviene de un hogar excelente. Y sus brazos están adoloridos y “comidos” de picaduras de pulgas, y de vivir allá con los indios y cosas así, tratando de traer a Cristo a los indios. ¡Se necesita gracia para hacer eso! ¡Vivir allá comiendo mantequilla de maní y melaza, y dormir en esas chozas donde las chinches y las pulgas y todo, prácticamente se lo comen, así, para traer el Evangelio de Jesucristo! Y así que el Hermano Eddie bajó rodeando la montaña.
51Cuando vi la gran montaña con su cumbre cubierta de nieve, me senté allí por dos horas, asombrado, y pensé: “Señor Dios, permíteme vivir aquí durante el milenio”. ¡El ver esos árboles amarillos al pie de la montaña, y la maleza rojiza, y todo eso, armonizando con esa enorme montaña con su cumbre cubierta de nieve, reflejándose en el lago allá abajo! Hay algo respecto a eso que uno podía sentarse allí y llorar y llorar y llorar, porque sólo Dios puede pintar eso. No hay nada que pueda hacerlo. ¿Ven?
52Yo estaba sentado allí, y me puse a pensar: “Bueno, ¿qué pasaría con el Hermano Eddie?”
53Fui a donde estaba Bud, y él estaba sentado allí también regocijándose al contemplar eso, como por dos horas. Nos levantamos y vi la cámara de película de Eddie que estaba tirada allá arriba. En la cumbre de esas montañas no hay nada más que musgo para caribú, únicamente musgo, es más allá de donde los pinos no crecen.
54Y lo miré debajo de la montaña. Él había puesto sus dedos de esta manera, estaba acechando a un joven caribú macho. Bueno, él—él mató el caribú. Lo preparamos, y subimos otra vez a la montaña. Y bajé lo suficiente como para agarrar un poco de agua.
55Y estaba mirando alrededor con los binoculares. Y de pronto, como a dos millas de distancia, allí estaba mi animal. Lo vi. Dije: “¡Ése es él! Ése es”. Dije: “Miren esto: ¿ven esa roca de arcilla que tenemos que rodear? Yo dije: La única cosa es la camisa verde de cuadr-..” Y miré, y Eddie tenía puesta una camisa verde de cuadros. Y dije: “Eddie, yo pensé que tú…”
56Él dijo: “Hermano Branham, yo no… Mi esposa ha de haberla puesto allí”. Él dijo: “Me puse una camisa limpia esta mañana, pero yo no sabía… Mi esposa ha de haberla puesto allí”. Dios nunca falla en nada. Él es perfecto. Él tenía allí la camisa verde de cuadros.
57El guía dijo: “Hermano Branham, yo no sé cómo vas a poder llegar allá”.
58Yo dije: “¡A mí no me interesa si está a cincuenta millas de distancia, él es mío!” Dije: “Él me pertenece”. Y empezamos a rodear esa roca de arcilla, oh, muy empinada, yendo por los lados.
59Y llegamos allá y maté al caribú grande. Y—y en lugar de tener cuernos más amplios, tenía puntas; nunca había visto uno como ése. ¿Ven cómo—cómo—cómo hace Dios las cosas?
60Así que le dijimos a los muchachos que bajaran el valle y llevaran los caballos y recogieran la carne, y que nos encontraran abajo cuando bajáramos. Pues el Hermano Bud miró alrededor y dijo: “La visión del Hermano Branham, si ella fue cierta acerca de que mi hermano iba a ser sanado de epilepsia, él matará ese animal sin importar en dónde se encuentre”. Así que él dijo: “Uds. simplemente encuéntrennos allá; nosotros lo obtendremos yendo hacia allá”.
61Así que cuando le quitamos toda la piel… la piel y los cuernos y todo, serían como unas ciento veinticinco libras; pero no toda la piel del cuerpo, sino solamente una porción de la piel. Así que entonces él dijo: “Mira, Hermano Branham”, dijo, “te quiero preguntar algo”. Dijo: “Casi no le podía quitar la piel aquí”, y él y yo lo estábamos haciendo, uno a cada lado. Él dijo: “¿Tú dices que estos cuernos miden cuarenta y dos pulgadas?” Yo dije: “Sí señor”. Él dijo: “A mí me parece que son como de noventa pulgadas”. Y yo dije: “Son cuarenta y dos pulgadas”. Y él dijo: “Tengo una cinta para medir en mi bolsa de montura”. Yo dije: “Muy bien, tú verás que es exactamente eso”.
62Él dijo: “Entonces, de acuerdo a lo que tú me has dicho, en alguna parte entre aquí y donde encontramos a los muchachos, y uno tendrá puesta una camisa verde, tú vas a matar un oso pardo de puntas plateadas”. Él dijo: “Yo nunca he visto uno, y he vivido en estas montañas toda mi vida”. Yo dije: “Pero es ASÍ DICE EL SEÑOR”. Dijo: “¿Sabes tú en dónde está?”
63Yo dije: “No; pero él está en alguna parte entre aquí y donde están los muchachos”. Nosotros podíamos ver allá abajo donde ellos estaban, como a tres millas allá en el límite de la vegetación arbórea. Yo dije: “Lo mataremos”. Miren, ¡eso es algo tremendo!
64Él dijo: “Entonces llegaremos allá abajo dentro de una hora y media. ¿Y tú me quieres decir que vas a encontrar un monstruo oso pardo, uno de puntas plateadas, en alguna parte entre aquí y donde están los muchachos?” Yo dije. “Eso es de acuerdo a Su Palabra”. Él dijo: “Él está allí”.
65Así que subimos el caribú a la silla del caballo, y sus cuernos pasaban nuestras cabezas, y lo arrastrábamos. Y bajamos la montaña, hasta que llegamos a los glaciares. Y cuando llegamos a los glaciares, teníamos tanto calor, que tuvimos que meternos un momento en los glaciares para refrescarnos. Pasamos por los glaciares, bajamos hasta que llegamos a donde el agua salía por debajo del glaciar y bajaba y se metía en los pinos. Nos sentamos para descansar.
66Volteé y miré. Y le dije: ¡Mira Bud! Parecía una vaca como a dos millas de distancia.
67Él se puso los binoculares, miró y dijo: “¡Hermano Branham, créame, es un oso de puntas plateadas!” Dijo: “¡Míralo brillar en el sol!”
68Yo dije: “Ése es él”. Dije: “Bueno, vamos a matarlo”. Y eso es lo que hicimos: fuimos y lo matamos. De acuerdo a la visión, era muy tarde para quitarle la piel entonces; tuvimos que esperar hasta el día siguiente.
69Entonces después que matamos el oso pardo, y regresamos abajo, él entonces dijo: “Y tú dices que esos cuernos…” Dijo: “Si esos cuernos miden cuarenta y dos pulgadas, Hermano Branham, me voy a desmayar”.
70Yo dije: “Tú no tienes que desmayarte, pero miden cuarenta y dos pulgadas; eso es lo que miden”. Así que llegamos abajo al…
71Yo pensé que en la visión… Como Uds. saben hermanos y hermanas que levantaron sus manos hace un rato, que me oyeron contar esto antes que sucediera, que yo había dicho: “Debe haber sido Billy Paul”; era un jovencito (¿recuerdan todos Uds. que dije eso?), la mano pequeña de alguien. Pero el muchacho de él tiene dieciocho años de edad, y es del mismo tamaño que Billy Paul. ¿Ven?
72Y cuando llegué allá abajo, allí estaba Eddie con su camisa verde de cuadros puesta. Vi esa mano pequeña recorriendo el cuerno, y cuando él fue y tomó la cinta de medir y la puso allí, y la sostuvo, ese jovencito puso sus manos. Yo dije: “Mira Eddie, esas manos pequeñas sobre el cuerno”. Y cuando él tiró de la cinta de esa manera, me miró y se puso muy pálido y dijo: “¡Hermano Branham, mira esto! ¡Justo cuarenta y dos pulgadas exactamente!
73Ud. podría decir: “Hermano Branham, ¿por qué relata Ud. eso en la escuela dominical?”
74Yo estoy diciendo esto por esta razón. Allá en el Antiguo Testamento, los hombres sabios de la antigüedad y profetas de aquellos que han partido, ellos adoraban al Dios del Cielo, quien les mostraba visiones. Ellos amaban a Dios, que a través de Su gracia los llamó a ellos. Ellos anhelaron una Ciudad que estaba en alguna parte. ¡Era algo que estaba dentro de ellos! Ellos dejaron sus casas y llegaron a ser peregrinos, porque buscaban una Ciudad que estaba en alguna parte. Ellos dijeron cosas que nosotros vemos que están sucediendo hoy en día.
75Ese mismo Dios que los amó, y que por Su gracia hizo esas cosas por ellos, es el mismo Dios a quien nosotros servimos aquí en este tabernáculo esta mañana, haciendo las mismas cosas. Y existe en nuestro seno un anhelo por esa Ciudad, en alguna parte adonde ellos se han ido. Y por medio de Su Palabra y por medio de las señales de Su Poder, con el mismo Espíritu y las mismas profecías, la misma cosa que Él hizo allá en el pasado por ellos, Él las está haciendo hoy por nosotros. Y Uds. las ven con pruebas infalibles, que es Dios y la verdad de Dios.
76Así que en dondequiera que esté esa gran Ciudad, y en dondequiera que ellos estén reunidos, yo estoy esperando ver a mi madre que se está muriendo, y a todos Uds. con ellos, allá en esa Ciudad con aquellos: Abraham, Isaac, Jacob, Daniel, Isaías, Jeremías. Porque la misma gracia de Dios que los amó a ellos, y les dio visiones, y les mostró cosas por venir, es el mismo Dios hoy, haciendo la misma cosa por nosotros. ¡Es la Verdad infalible! Es la Verdad, amigo.
77Nuestro Padre Celestial, estamos agradecidos. La razón que Tú quisiste que tuviera esas cosas, me supongo, Señor, fue que Tú sólo me estabas dando valor sabiendo que venía un gran golpe, yo no sé; Tú sí lo sabes. Y yo sé que ya no soy un joven; ya no soy el muchachito que solía agarrarse del delantal de mi mamá. Ahora soy un hombre de edad mediana. ¡Oh, cuánto te amo, Señor! ¡Cuánto creo en Ti! Danos gracia. Ayúdanos a enseñar Tu Palabra, para que otros puedan ver y aprender y conocerte a Ti. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
78Como texto en esta mañana… Yo creo que eso es todo lo que tenía que… Bueno, en el servicio de esta noche tendremos el servicio de la Santa Cena, lavamiento de pies y lo demás; eso es todo… Los he invitado a Uds. para que se queden y estén con nosotros. Antes de entrar a nuestro texto en esta mañana, abramos nuestra Biblia en San Mateo, el capítulo 3, para leer una porción de las Escrituras. Quiero comenzar en el versículo 10 del capítulo 3 de San Mateo.
79Sé que muchos están parados y lamentamos eso, pero si alguno de Uds. cambiaran lugares con algunos de ellos de vez en cuando, yo… Perdónenme por ser… por tomar mi tiempo, pero yo… Uds. entienden. Ahora, leamos la Escritura. Y ya también el hacha está puesta a la raíz del árbol: por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego. Su aventador está en su mano… limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. Entonces Jesús vino de Galilea… al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Y… le dejó.
81Me gustaría tomar el texto de esas palabras allí en el versículo 15. Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.
82Con mucha frecuencia me he preguntado por qué—por qué Jesús de Nazaret… Y en muchas ocasiones se me ha preguntado. ¿Por qué un hombre como Jesús tendría que ser bautizado? ¿Por qué esta Persona tendría que ser bautizada como un acto de arrepentimiento y de confesión, cuando Él era el Santo Hijo del Dios viviente, sin mancha, y puro? ¿Por qué esta Persona sería bautizada al igual que un hombre que viene…? El bautismo es después de la confesión. Él no tenía ningunas confesiones que hacer, porque Él era Dios. Y, Él… ¿Por qué tendría que ser bautizado como lo fue, “para arrepentimiento”, ya que Él no necesitaba arrepentirse porque Él era el Dios infalible? “En el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho; pero el mundo no le conoció”. ¿Por qué tendría Él que ser bautizado?