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~ DESDE ESE ENTONCES ~
1Muchas gracias hermano. Buenas noches, amigos. Es un privilegio estar de nuevo en la casa del señor en esta noche del sábado, disfrutando de las bendiciones del señor.
2Quiero decir que ciertamente disfrutamos unos momentos maravillosos esta mañana en ese desayuno. A mí me encanta… a mí me encanta el amor. Y eso es el... Cuando... Dios es amor, y cuando él proyecta su amor hacia nosotros, entonces, ¡oh, cuán dulce es, sólo el tener compañerismo alrededor de las cosas buenas de dios! ¡es tan maravilloso!
3Ahora, me imagino que soy un poquito ruidoso para uds. Canadienses conservativos. Así que, perdónenme por mi manera quizás algo ruda de venir a la plataforma y por los hábitos que tengo. Así que....
4Alguien me preguntó en una ocasión, dijo... Estábamos hablando acerca de las nacionalidades, y él dijo: “Hermano Branham, ¿de qué nacionalidad es Ud.?” Yo dije: “Soy irlandés”. Y dije: “Bueno, si el... Si un irlandés puede ser salvo, entonces hay esperanzas para todo el mundo; toda la raza humana tiene una oportunidad, si un irlandés puede ser salvo”.
5Así que, viniendo aquí con Uds. noruegos, y escandinavos, y alemanes, y todos los demás, ciertamente es una cosa maravillosa para nosotros venir y tener compañerismo alrededor de las bendiciones de Dios. Y Uds. saben, allá en la–la gran Tierra, nosotros no seremos ni noruegos ni irlandeses; seremos diferentes en ese entonces. Seremos cambiados. Estoy tan contento por eso.
6Desde que me convertí y le entregué mi vida al Señor Jesús hace unos treinta años, cuando apenas era un jovencito... Y si tengo algo que me pesa en la vida, mi más grande pesar es que... Tengo muchas cosas que me pesan, pero mi más grande pesar es que no le entregué mi vida al Señor Jesús cuando era más joven. Yo tenía tal vez como unos veinte años de edad cuando tomé esa decisión.
7Pero si yo hubiera hecho eso cuando tenía la edad de este muchachito sentado allí, creo que quizás hubiera podido ganar más almas para Él. Y si soy rechazado al final del camino, y Él no me permite entrar, yo–yo lo amaré a Él de todas maneras. Pues yo lo amo a Él porque lo amo.
8Le pedí al Hermano Mercier que trajera algunos de los libros del testimonio de la visión que el Señor me dio recientemente. Quiero llamarla una visión, porque estoy un poquito renuente en decir que fue algo más. Pues sonaría como que yo estaba tratando de imitar a un–un gran apóstol, a Pablo, quien fue arrebatado al–al tercer Cielo.
9Pero yo estaba acostado en la cama cuando sucedió, y había dormido bien durante la noche. He tenido muchas visiones, como sabemos, pero ésta no era como ninguna que he tenido. Pero yo siempre le tenía un poquito de temor a la muerte. Amo tanto a la gente, a tal grado que yo pensaba... No tenía temor de que no era salvo, sino que yo–yo no quería ser un espíritu. Quería ser una persona todo el tiempo. Y así que cuando estaba... donde haya sido que yo estaba, no estaba muy lejos, otra dimensión en alguna parte.
10Y cuando nosotros dejamos este cuerpo, no somos espíritus. “Si este tabernáculo terrestre se deshiciere, tenemos uno ya esperando”. ¿Ven? Dios tiene otro tipo de cuerpo, donde somos tan reales como lo somos aquí.
11Desde entonces, eso ha quitado todas esas ideas raras de mi mente. Y ahora, si no fuese por mis hijos y por la causa del Evangelio... Bueno, yo diría primero el Evangelio, y luego mis hijos y esposa, mis amados aquí, yo le daría la bienvenida en cualquier momento. Porque Allá no había enfermedad, ni pesares, ni–ni pecado, ni nada. Era perfección.
12Y, ¡oh, cuánto amo pensar eso! Y cuando yo estaba Allá, pensé: “Si yo pudiera regresar, constreñiría a la gente a que venga Aquí. Yo los persuadiría de cualquier manera que pudiera, para que vengan a este Lugar”. Amigos, no se pierdan Eso. Eso es–Eso es lo más grandioso de todo. Uds. han perdido todo....
13Ud. pudiera haber sido un hombre de negocio muy exitoso. Ud. pudiera haber sido un buen hombre o una buena mujer, muchacho o muchacha, pero no se pierda el Cielo. Crea en el Señor Jesucristo con todo lo que está en Ud.
14Y miren, yo no soy muy formal, porque, Uds. saben, Dios no tiene formalismo. La Biblia así lo dice. Así que nosotros no tenemos nada formal. En nuestro hogar, nosotros... no hay nada formal. Tengo tres pequeñitos encantadores en el hogar, y Billy, mi hijo, está conmigo. Y somos sencillamente una gran familia de gente que amamos al Señor con todo nuestro corazón.
15Tengo un muchachito como de... él cumplió... Ayer él cumplió seis años de edad. Y... Pero seis años antes de que viniera, el Señor me dijo que tendría ese hijo, y que debía llamarlo José. Y el muchachito ya está viendo visiones y habla cosas que realmente se cumplen perfectamente. Apenas....
16Algún día, yo tendré que... Espero caminar con él al Jordán, y enganchar mi carro, y subir. Yo espero que él exclame: “¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!”
17Mis muchachitas (una de ellas ya no es tan pequeña). Ya tiene catorce. Ellas son las consentidas de papi; Uds. saben cómo amamos a nuestros hijos.
18Hace tiempo, estaba pensando... Conocí a un amigo esta tarde, o un hombre que se presentó como el Sr. Pedigrew. Él tiene el nombre de un fino ministro bautista, amigo mío, en Louisville, Kentucky, el Dr. Pedigrew.
19Un día mientras predicaba, estaba recordando una ocasión cuando... El Hermano Pedigrew siempre fue muy diplomático en su predicación. Él era muy preciso y terminaba en el momento exacto, Uds. saben. Y–y usaba muy buena gramática, como si él hubiera enseñado a Webster [autor de un diccionario en inglés–Traductor.] Y–y yo–y yo usaba mis antiguos modismos sureños, y todo eso. Y él dijo: “Billy, yo creo que tú pudieras pulir un poquito tu gramática”.
20Yo dije: “Pues, déjeme decirle, doctor”, dije, “yo fui... Me imagino que eso es correcto”. Dije: “Pero yo fui criado en una familia de diez hijos, y no recibí educación. Desde que el Señor me llamó no he tenido tiempo para pulirme en eso”.
21Él dijo: “Bueno, yo pienso que la gente te apreciaría más. Tú usaste esa expresión esta noche, dijiste... Tú dijiste: ‘La gente pasando por este pólpito...’” Y dijo, él dijo: “La gente te apreciaría más, si tú hubieras dicho ‘púlpito’”.
22Yo dije: “Señor, en eso Ud. tal vez tenga razón. Pero yo no estoy de acuerdo con Ud.” ¿Ven? Yo dije: “A esa gente a la que le hablo allá en la audiencia no le importa si digo ‘pólpito’ o ‘púlpito’, mientras que yo viva la clase correcta de vida y produzca aquello de lo que estoy hablando. Eso es lo principal”. Eso es lo principal.
23La cosa no está en la gramática. Está en una vida rendida. Muchas veces ponemos demasiado énfasis en eso. Ponemos énfasis en tener tanto de gramática, y tanto de... Eso es lo intelectual. Dios no es intelectual, Él es espiritual. Y eso es... Nosotros creemos a Dios por el Espíritu, por fe.
24Como una pequeña parábola: una noche yo había... venía a casa y las niñas estaban esperándome, la pequeña Sara, y Rebeca que es la mayor. Y ellas siendo las consentidas de papi, estuvieron esperándome hasta tarde, y sus ojitos… el hombre arena [personaje de un cuento que hace dormir a los niños—Traductor.] les salpicó algo en sus ojitos, Uds. saben, y les dio sueño. Y su mamá las acostó.
25Yo llegué como a las tres de la mañana, después de un gran servicio. E iba de un lado al otro del piso, y–y descendiendo gradualmente, bajando de esa gran dimensión Allá, a aquí abajo.
26¿Ven?, el–el hombre común vive aquí abajo, el Cristiano vive un poquito arriba de eso, por encima de las cosas del mundo. Pero en esto, uno va más allá de eso y entra en visión. Uno no puede explicarlo. No hay necesidad de tratar de explicarlo.
27Y amigos, si nunca los veo otra vez, eso es verdad. Yo no puedo responder por imitadores o por comparaciones carnales. Pero sí sé lo que es verdad. Dios es Dios. Él es tan real como siempre lo fue. Y sabemos que tenemos comparaciones carnales e imitaciones y lo demás. Eso... Bueno, todo eso se encuentra en toda clase de vida. Uds. tienen que recordar eso.
28Así que llegué como a las tres de la mañana, y traté de acostarme. Dormí como por una hora, y no pude dormir más. Así que me fui a la sala y me senté en la–la silla. Y estaba sentado allí; era ya para amanecer. Y después de un rato, yo... allá en el cuarto de las niñas, las cobijas “volaron” por un momento, y la pequeña Rebeca había despertado, y ella pensó: “Bueno, ya es hora de que mi papi esté en casa”.
29Así que, ahí venía por la casa corriendo tan rápido como podía. Y eso despertó a Sara. Ella era un poco más niña entonces, como de este tamaño. Y no sé si sus hijos lo hacen o no, como los míos, como yo siempre lo tenía que hacer, nosotros usábamos la ropa de alguien más que nos la pasaba, y–y Uds. saben lo que quiero decir con eso. Y así que, Sara estaba usando las pijamas de Rebeca. Y ellas tenían pies en ellas, Uds. saben, y los pies eran como tanto así de largos para sus piecitos. Y ella casi se caía al venir corriendo.
30Y Rebeca podía ganarle a ella. Ella era de piernas más largas, y corrió, y saltó cayendo a horcajadas en mi pierna derecha, así, y me abrazó por el cuello, y gritó: “¡Mi papi, mi papi!” ¡Oh!, Uds. saben cómo hace eso que se sienta su corazón.
31Entonces, antes que la pequeña Sara pudiera llegar allí, la pequeña de ojos cafés como así de alta, Rebeca volteó abrazándome (y ella me hizo recordar a la gran iglesia elegante que siempre está allí primero, Uds. saben), ella volteó, estando en mi pierna, y miró a Sara, y le dijo: “Sara, hermana mía, quiero que sepas una cosa: yo llegué aquí primero, y yo tengo todo a papi y no hay nada que quede para ti”.
32Bueno, la pobre Sarita, me hizo recordar a—a la pequeñita que está avanzando con dificultad, Uds. saben. Su boquita, sus labiecitos se voltearon hacia abajo, y sus ojitos cafés empezaron a aguárseles. Miré hacia allá y le guiñé el ojo y le hice señas, así, y saqué mi otra pierna.
33Y ahí venía ella con esas pijamas con grandes pies como de conejo, Uds. saben, y saltó sobre mi pierna. Y estaba tambaleándose; no podía sostenerse; sus piernas eran demasiado cortas. ¿Ven? Me hace recordar a la nueva iglesita que no ha estado aquí por mucho tiempo, el creyente, Uds. saben. Y vi que la pequeñita podía caerse, estando de esa manera a ahorcajadas en mi pierna.
34Así que, la abracé y la apreté contra mí. Ella tenía su cabecita reclinada contra mí. Y después de un rato, ella se irguió, y esos grandes ojos miraron a Becky, y dijo: “Rebeca, mi hermana, yo también tengo algo que decirte”. Ella dijo: “Puede ser verdad que tú tienes todo a papi, pero quiero que sepas una cosa: papi me tiene toda a mí”. Así que—así que nosotros…
35Yo quizás no sea muy elegante al predicar ni muy correcto en el inglés, pero mientras que Él me tenga todo a mí, eso es todo lo que me importa. Mientras que Él pueda sostenerme y decirme qué decir, qué hacer, lo hago de la manera que sé. Así que, eso–eso es todo.
36Así que ahora, queremos anunciar que mañana en la tarde, a las... si es la voluntad del Señor, tenemos nuestra reunión de clausura. Estuve muy contento de encontrarme con el pastor aquí esta noche, de las tres noches de reunión que tuvimos allá en Grande Prairie; disfrutamos unos momentos tan preciosos con esas personas Cristianas finas allá, disfrutando igualmente el compañerismo con Uds. aquí.
37Y le dije a él, a Chris, que si no conseguíamos ese oso pardo, quizás yo regresaría este otoño y me detuviera aquí brevemente otra vez. Así que... Y alguien me estaba diciendo hoy, hermano, que uno de los que cazan con trampas, de los hermanos indios, sabe dónde hay uno enorme con pies grandes. Me pregunto qué tamaño de silla de montar usaría yo si la pudiera poner sobre él. Y así que quizás regresemos por él, si nosotros... Voy a salir ahora para descansar. Yo estoy... he estado ya por seis meses en servicio, y estoy muy cansado y nervioso. Así que, oren por mí. Si Uds. quieren orar por alguien que necesita oración, entonces oren por mí, para que....
38Uds. saben, Jesús les dijo en una ocasión a Sus apóstoles, Él dijo: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Uds. han estado mucho tiempo en servicio”.
39Así que mañana en la tarde, esperamos tener la línea de oración y la gente que tiene las tarjetas de oración de... a menos que algunas de ellas tal vez hayan quedado de anoche. Y no sé si él repartió algunas esta noche o no. Sin embargo, trataremos de concentrarnos en mañana en la noche... o mañana en la tarde, para que sea la línea de oración, donde venimos y oramos por todas las personas que quieran que se ore por ellos.
40Así que, si Uds. no obtuvieron una tarjeta de oración ayer o–o esta noche (si es que él repartió algunas esta noche; eso no lo sé; olvidé preguntarle), vengan mañana. (¿A qué hora empieza el servicio, hermano?) A las tres. Entonces vale más que Uds. estén aquí como a las dos y media, para que así no interrumpamos la reunión. Y cualquiera que desee las tarjetas de oración puede obtenerlas, y nosotros oraremos por todos.
41Ahora... Y miren, confiamos que Uds. visitantes que están aquí en la ciudad, que son de fuera de la ciudad... Aquí hay algunas finas iglesias. Los ministros que están aquí representando esta reunión y este lugar, visítenlas mañana para la escuela dominical.
42Y luego mañana en la tarde, cuando termine la escuela dominical, entonces tendremos nuestro servicio aquí, pues los–los hermanos preciosos que nos permitieron usar este hermoso santuario para adorar a nuestro Señor en él, ellos tienen servicios mañana en la mañana y luego yo... tal vez mañana en la noche. Así que no tendremos servicios aquí mañana en la noche.
43Ahora, me gustaría llamar su atención a una sola Escritura aquí que viene a mi mente para hablar sobre Ella por unos momentos, si lo llamaríamos un texto, para sacar de él un contexto, en el Evangelio de San Mateo, el capítulo 4, y el versículo 17. Y desde entonces comenzó Jesús a predicar... diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
44Si pudiera llamarlo un texto, para formar un pequeño contexto sobre ello, para ver si Dios entra en Su Palabra y bendice nuestros corazones, me gustaría tomar el tema: Desde Ese Entonces, las tres palabras: Desde Ese Entonces.
45Uds. saben, eso tiene un gran significado para muchos de nosotros. Y si nos sentáramos esta noche y recordáramos, nosotros podemos empezar muchas cosas en un cierto tiempo en el que empezaron: Desde Ese Entonces.
46Pudiéramos decir que “algo sucedió” cuando éramos niños. Tal vez si algunos de Uds. muchachos que–que fuman... Yo no creo que Uds. mujeres canadienses se degradarían tanto como para fumar cigarrillos. Pero nosotros... ellas fuman allá en América y demás. Pero yo no pensaría que Uds. hicieran una cosa así.
47Pero–pero los muchachos, cuando ellos fumaron, Uds. recuerdan que el–el primer cigarrillo que Uds. fumaron, quizás fue hecho de borlas secas de maíz, o nosotros lo llamamos... (Un sureño se rió). Muy bien. Eso es lo que ellos hacen allá en el sur: los muchachos empiezan con cigarrillos de borlas de maíz.
48Pero cuando Uds. fumaron ese primer cigarrillo, y pensaron que su mamá olería eso en su aliento, Uds. agarraron granos de café y–y se los comieron... los masticaron para evitar que su mamá lo oliera en el aliento de Uds. Y entonces ella dijo: “Hijo, ¿has estado fumando?” ¿Qué es? Miren, en primer lugar, una luz roja empezó a destellar: “¡Dile la verdad! ¡No vayas por ese camino, muchachito!; ¡eso es incorrecto! ¡No mientas!”
49“No, señora. Yo–yo–yo–yo–yo–yo–yo no he fumado”. Y el corazoncito de Uds. se aceleró mucho. Uds. salieron sintiéndose muy mal. Luego, fue dos veces más fácil decir una mentira la siguiente ocasión. Desde ese entonces, Uds. empezaron a mentir. ¿Ven?
50Y nosotros tenemos diferentes cosas que empezaron en ese tiempo, desde niños. De muchos hábitos en la vida, podemos pensar: “Desde ese entonces”.
51La mujer inmoral, ella quizás se levante para testificar y diga: “Yo en una ocasión era tan pura como un lirio. Mi madre me crió para ser una dama. Mi padre era un hombre piadoso y mi madre también. Ellos me enseñaron a ir a la escuela dominical y a hacer lo que era correcto. Y eso hice por años y años.
52“Y finalmente, en una ocasión hubo un joven que visitó nuestra iglesia. Y me fijé que él–él no era igual que los jovencitos que eran salvos. Pero él era un jovencito bien parecido. Y salí con él en una cita, y él me persuadió una vez a que–a que tomara una–una coca-cola. Y estaba... tenía algo dentro de ella, y cuando volví en sí, yo había sido–yo había sido mancillada. Y desde ese entonces, yo empecé en el mal camino. ¿Ven? Desde ese entonces, eso lo empezó”.
53Podemos regresar al pasado y saber el momento. “Yo sentí que las virtudes de mi vida se habían arruinado y qué importaba ya. Y así que sólo empecé a comportarme desordenadamente”. ¿Ven?, desde ese entonces; sucedió en una cierta ocasión. El borracho, el hombre que es un alcohólico....
54No hace mucho, yo estaba en la ciudad de Nueva York, sólo por... Yo siempre lo hago un lugar de partida. Y–y voy a ese coliseo allí, donde ellos llevan a cabo todas esas luchas y boxeo. Y nosotros rentamos esa, porque tengo miles de amigos en Nueva York, y ellos por lo general la llenan hasta el tope para una reunión de dos o tres noches: el coliseo de San Nicolás, allí es dónde es.
55Y el Dr. Burg y yo éramos muy buenos amigos. Así que, ellos tenían varias misiones allá en el Bowery [barrio típico de Nueva York—Traductor.] Y yo dije: “Dr. Burg....”
56Yo tenía... Yo estaba tratando de evitar ponerme la inyección para la fiebre amarilla para ir a África, y ellos no me dejaban abordar el avión; así que, tuve que esperar dos días e ir allá al departamento de marina y ponerme una inyección para la fiebre amarilla. Ellos no me aceptaban, no me permitían entrar al país sin la inyección. Así que, yo–yo dije: “Vamos al barrio”.
57Y él dijo: “Muy bien, Hermano Branham”. Caminamos hacia barrio, y nos bajamos... o mejor dicho, fuimos al barrio en automóvil y llegamos y nos bajamos. Y tal vez muchos de Uds. han estado allá en el barrio, bajo el caballete.
58Y la razón que me hizo ir, es que estuve conversando con una mujer sueca, no recuerdo su nombre ahorita, una santa anciana piadosa que era amiga de Sofía, la lavandera. Y quién no ha leído de Sofía la lavandera, y... de–de Nueva York. Guió incluso al alcalde de la ciudad a Cristo.
59Cuando A.B. Simpson murió, las flores que... ellos pensaron poner algunas de las flores de A.B. Simpson después que él fue sacado... Ellos tenían tantas que no se las podían llevar al cementerio. Y pensaron enviar algunas a Sofía.
60Y cuando ya estaban listos para predicar el funeral de ella, quién fue el que entró sino el alcalde de la ciudad y se sentó, y el jefe de la policía. Y todos ellos empezaron a testificar unos a otros, de cómo Sofía la lavandera los había guiado a Cristo.
61Y la compañera de ella, una mujer sueca o noruega, que estaba allí hospedándose en el hogar de la Sra. Brown, me estaba contando de cómo ella y Sofía hicieron una obra en el barrio. Y eso hizo surgir un entusiasmo; yo quise ir allá y ver lo que era el barrio.
62Así que yendo por la calle, entramos a una misioncita. Y él me presentó al pastor, y él dijo: “Hermano Branham, ¿pudiera Ud. predicarnos esta noche?” Yo dije: “No. Yo tengo... Yo–yo voy a esperar. Tengo una próxima reunión grande en África, donde probablemente hay ciento cincuenta, doscientas mil personas esperando. Así que, es mejor que descanse”. Y él dijo (hablando de los alcohólicos muriéndose), él dijo que el año pasado, de septiembre hasta marzo, ellos sacaron ciento ochenta muertos de la iglesia, que murieron ahí mismo durante la reunión, por causa del alcohol. Y ellos... se drogaban... Y yo pensé: “¿Qué lo causó?”
63Así que caminamos por la calle y allí estaban hombres que no hacían daño, en cuanto a ser inmorales. Ellos estaban más allá de eso. Las mujeres estarían perfectamente libres de peligro al pasar por allí, pues ellos–ellos estaban más allá de eso. Estaban acostados en las calles. Algunos de ellos estaban acostados ahí, y su ropa toda sucia por no poder levantarse. ¡Y–y oh, tal condición! ¡Era horrible!
64Y allí estaba un hombre acostado con sus brazos hacia atrás contra el poste, y sus piernas hacia la calle. Y su ropa estaba toda mojada. Y yo dije: “Saquémoslo de la calle”.
65El Hermano Burg dijo: “Bueno, él probablemente va volver a rodarse”. Dijo: “Ellos los vigilan aquí”. Entonces yo dije: “¡Oh, ese pobre hombre!” Dije: “¿Qué lo metió en esa condición?” Dijo: “Pregúntele”.
66Así que me acerqué. Y él estaba muy inconsciente. Caminé por la calle un poquito más adelante, y estaba... Cuando llegué más adelante, encontré a otro hombre. Él estaba parado allí, reclinado contra el poste así. Y él estaba drogado. Y yo dije: “¿Cómo está Ud., señor?” Él dijo: “¿Me darías veinticinco centavos?” Yo dije: “¿Para qué quieres veinticinco centavos, mi buen hombre?” Él dijo: “Yo–yo quiero comprarme otro trago”. Le dije: “Yo soy un ministro del Evangelio. El dinero que tengo proviene de los diezmos del pueblo de Dios. Por lo tanto, yo no pudiera darle dinero a Ud. para beber”. Dije: “Yo le compraré un emparedado, una taza de café, o algo así, pero yo–yo no pudiera hacer eso”. Él dijo: “¿Es Ud. un reverendo?” Yo dije: “Sí señor”. Él dijo: “Perdóneme señor”. Y yo dije: “Me gustaría preguntarle a Ud., mi buen hombre: ¿qué hizo que Ud. esté en esta condición?” Él dijo: “Me da vergüenza decirle esto, pero si Ud. pudiera levantar su cabeza y pasar por arriba de ese caballete, Ud. pudiera ver la puerta del banco del cual yo era presidente”. “Oh”, dije yo: “No puede ser”. Él dijo: “Yo soy Fulano de tal”.
67Yo miré al Hermano Burg y él asintió con su cabeza que era correcto. Yo dije: “Un hombre de su estatura, un hombre de su calibre, ¿estaría tirado aquí en la calle, un borracho así?” Él dijo: “Señor, en una ocasión yo era un ciudadano respetable, muy conocido”. Y él dijo.... Yo dije: “Cuénteme su historia un momento”, yo dije: “si a Ud. no le molesta, y si no le molesta que la repitiera en el púlpito”. Él dijo: “Claro que no me molesta”. Él dijo: “Bueno, yo tenía un hogar encantador, dos niños hermosos. Un día llegué a casa, y yo siempre había tenido sospechas de mi esposa”, dijo: “pero había una carta de ‘Querido Juan’ sobre la mesa”. Él dijo: “Yo nunca había bebido en mi vida, pero esa noche salí, y desde ese entonces…”
68Ahí lo tienen. Desde ese entonces. ¿Qué lo causó? Su esposa le había dejado una carta de que ella lo estaba abandonando. Él la amaba de tal manera, que no podía soportar el estar sin ella. Así que él pensó que arruinaría su vida, o que se dedicaría a la bebida. No tenía el suficiente valor como para suicidarse, así que él simplemente lo estaba haciendo de una manera gradual.
69Ahora, así es como suceden esas cosas: desde ese entonces. Empiezan en una cierta ocasión…
70La mayoría de las veces, la gente que hace mal, en el Año Nuevo ellos dicen: “Bueno, vamos a voltear una nueva página ahora. Vamos a estar bien después de esta noche”. Y, ¿qué hacen ellos? Ellos voltean una nueva página para sólo regresarla al día siguiente. Todos los votos del Año Nuevo se desvanecen. Eso no funcionará.
71Hace tiempo, yo iba a entrar al–al cuarto para psicópatas al salir del auditorio, para orar por la gente en–en... algunos de ellos en camisas de fuerza.
72Bueno, ¿cuántos...? Uds. han escuchado a Charles Fuller, La Hora Del Avivamiento Chapado A La Antigua en el... Bueno, allí es en donde estaba: Long Beach. Acabamos de partir de allí hace unos días, donde el gran auditorio estaba... ¡Oh, hermanos, qué tremenda reunión tuvimos!
73Y cuando estuvimos allí previamente, el Hermano Fuller, un hermano Cristiano maravilloso, él iba saliendo esa tarde; y mientras él se estaba bajando de la plataforma para salir, allí iba saliendo su grupo, gente bien vestida, intelectual. Y él había hecho un llamamiento al altar. Y una señora había levantado su mano indicando que ella quería recibir a Cristo: maravilloso. Él dedicó unos cuantos bebés, y salió. Charles Fuller es un gran santo.
74Tuve el privilegio de estrechar su mano, y es un hombre muy fino. Pero conocerlo personalmente, decir que lo conozco, yo–yo no lo conozco. Sólo lo conozco por el hecho de estrechar su mano.
75Pero me fijé en su grupo que iba saliendo esa tarde. Y nuestro grupo esperó afuera en los malecones y lo demás, hasta que su reunión fue despedida. Y ahí venía entrando mi grupo: sillas de ruedas, muletas, camisas de fuerza. Hay mucha diferencia. Cuando Ud. se puede parar y hablar alguna clase de teología... Nada en contra del Dr. Fuller, él es un hombre piadoso. Pero pararse y hablarles acerca de que Cristo vive y que los salvará, y que levanten sus manos y pongan su nombre en un libro de registro, eso es una cosa. Pero cuando la fe de Ud. tiene que resistir contra sillas de ruedas, y muletas, y ciegos, sordos, mudos, dementes, vociferando, con barba en toda la cara, eso es totalmente diferente. El diablo está sentado en todas partes, para ver si hay un solo error en ello, para que él pueda sofocarlo a uno.
76Así que cuando entré al cuarto para psicópatas... Algunas veces los tienen afuera, lo que ellos llaman las emergencias. Y nunca olvidaré a una jovencita muy hermosa que estaba sentada allí. Y allí algunos de ellos... ¡Oh, hermanos! Espero que esto no sea una cosa mala. Pero he entrado en lugares y visto un... ¡Es una cosa tan horrible, la demencia! He visto a una–una jovencita usar un urinal de cama y luego lavarse su cara así con el... ¡Oh!, es simplemente... Gente encantadora, pero ese es el demonio. Ese es un demonio.
77Cómo es que pudiera... Yo me he abstenido de contar testimonios que he visto, al estar en las reuniones entre Uds. Los cuales han sido... Bueno, se escribirían volúmenes de libros. Pero me abstengo de contarlos, porque a mí–a mí–a mí no me gusta contarlos. Jesús dijo: “Mira, que nadie... no lo digas. Sólo sigue adelante. Dios recibirá la gloria por ello”.
78Y yo no creo en dar mucha publicidad de muchas cosas, que se han hecho. Déjenlo... sólo déjenlo en paz, dejen que Dios se encargue de eso. A mí–a mí me gusta más eso.
79Y así que, esa jovencita, ella me dijo, dijo: “¿Es Ud. el Hermano Branham?” Yo dije: “Yo soy”. Y ella dijo: “Bueno, ¿me atendería primero a mí?” Y pensé: “Bueno, ¿Ud. no está en el... en este cuarto para psicópatas?” Ella dijo: “Sí, se supone que debo estar aquí”. Y yo dije: “Bueno, ¡qué cosa, una mujer tan bonita!” Parecía que tenía como unos veinte años de edad. Parecía que ella pudiera ser una joyita, una amada, para cualquier ministrito.
80Y déjenme decirles hermanos, como todos nosotros sabemos, ya sea ministro o no, no hay nadie que lo pueda consolar a Ud. como una esposa amorosa, una verdadera esposa. Cuando Ud. llega cansado y agotado, y alguien se puede sentar y tomarlo de la mano y decir: “entiendo, y sé que es difícil”, hay algo al respecto. Dios sabía lo que estaba haciendo cuando Él le dio una esposa a un hombre.
81Y luego pensé: “Qué joyita pudiera ser ella como esposa de cualquier hombre”. Y dije: “Cuénteme su historia, señora”. Yo dije: “No hay nadie que parezca estar apresurado ahorita. ¿Qué de su historia?” Ella dijo: “Muy bien”. Dijo: “Yo fui criada en un hogar Cristiano estricto”. “Sí señora”.
82Y ella dijo: “En una ocasión, yo empecé (en contra del consejo de mis padres) a salir con un muchacho que cargaba una botella de licor en su bolsillo. Y una noche, él me persuadió a que bebiera un trago”. Y dijo: “Finalmente, bebí ese trago. Y todos ellos me decían que yo era una aguafiestas si yo no hacía esto, aquello. Y cuando menos pensé, me envicié a la bebida”. Ella dijo: “Luego empecé en la prostitución pública”. Y dijo: “Yo... Me enviaron al ‘Hogar Del Buen Pastor’, lo cual es una institución católica”. Ella dijo: “Cumplí mi tiempo allí, tres o cuatro años, y me convertí en una católica”.
83Dijo: “Cuando salí de esa institución”, dijo, “entonces yo era Católica. Empecé otra vez a beber y a la prostitución. La ley me arrestó y me dio cuatro años en la penitenciaría para mujeres. Cuando estuve allí, cumplí bien y me mantuve alejada de esas cosas, porque yo era... tenía... yo no podía encontrar esas cosas allí para beber y lo demás”. Dijo: “Cuando salí, no me hizo nada de bien. Me uní a otra iglesia. Me he unido a dos o tres iglesias”. Y dijo: “Ahora, ellos finalmente me declararon demente”. Y dijo: “Ellos me vigilan”. Dijo: “Yo sólo soy un–un caso mental”.
84“Bueno”, yo dije: “Ud. de seguro no habla como un caso mental”, tratando de contactar su espíritu (¿ven Uds.?), ver lo que ella estaba... lo que estaba mal. Y por alguna razón no lo podía captar. Y ella dijo... siguió conversando.
85Yo dije: “¿Alguna vez ha pensado Ud. en casarse, y tener un esposo amoroso y bondadoso, y unos bebitos, como anhelan todas las verdaderas madres... o mejor dicho, como a las verdaderas mujeres les gusta tener pequeñitos? Como por ejemplo ven a su niñita empujar su carrito con su muñequita en él. Y Uds. saben, es porque ella también va a ser una madre. Por esa razón es que ella tiene que cuidar algo como una madre”. Y ella dijo: “Oh, sí, yo lo he pensado, Hermano Branham”, ella dijo, “pero, ¿quién se casaría conmigo?” Dijo: “¿Qué podría yo prometerle a un hombre? Ni siquiera un hogar, yo no sirvo para nada”. Y cuando una persona puede comprender que ellos no sirven para nada, entonces ellos están en condición; de ellos se puede hacer algo. Pero cuando Uds. piensan que son algo cuando no son nada, entonces Uds. no tienen esperanzas.
86Jesús dijo allí en la Biblia: “Y no sabes que tú eres desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. ¿Pudieran imaginarse a alguien en la calle que estuviera miserable, desventurado, desnudo, y ciego, y no lo supiera?, y Uds. se acercaran a ellos y les dijeran: “Ud. está desnudo, señor”, “Ud. está desnuda, hermana. Venga....” “¡Tú cállate! Yo me encargaré de mis propios negocios. Tú encárgate de los tuyos”. ¿Ven? Ahí Uds.... Ese es un caso sin esperanza.
87Pero cuando Ud. puede... un hombre puede comprender su condición, que él está sin Dios, sin esperanza, y sus pecados no están debajo de la Sangre, y él es–él es un pecador que va al infierno del diablo... Y si él no sabe que se encuentra así, entonces él está en una condición miserable.
88Así que esta muchacha tenía algo con lo que uno podía trabajar. Y yo... Después que ella habló unos cuantos momentos, la visión vino. Y entonces vi lo que era. Y le dije: “Jovencita, ¿alguna vez se le ha ocurrido–se le ha ocurrido pensar que–que todas esas cosas, esas reformas, y el voltear páginas y demás, sólo han sido una rutina ritualista, de unirse de una iglesia a la otra, y hacer votos y demás?” Ella dijo: “Sí señor, sí se me ha ocurrido”. Y dije: “¿Pensó Ud. alguna vez que era el diablo el que la está impulsando a Ud. hacer esas cosas que Ud. no quiere hacer?” Ella dijo: “Sr. Branham, yo siempre he creído eso”. Esos grandes ojos negros destellaron. Y dije: “Eso es lo que es, hermana. Ud. no podría firmar las suficientes promesas o unirse a las suficientes iglesias, o si Ud. tuviera libros acumulados tan alto como este edificio, no le haría ni una pizca de bien. Es el diablo que la está impulsando a Ud. a esas cosas, haciéndola a Ud. hacer cosas, una esclava de él”.
89De esa manera es con los borrachos y–y los adictos a los cigarrillos, y–y los inmorales: todo eso es el poder de satanás que tiene a la gente en su control. Y ellos no lo pueden romper. Pero hay Uno que sí lo puede romper. Ajá.
90Y yo dije: “Aquí en su corazón, Ud. me está diciendo que le gustaría estar casada y tener un esposo”. Yo dije: “Ud. es una muchacha hermosa. Ud. sería una verdadera novia para algún predicadorcito de Dios cansado”. Ella dijo: “Yo no podría prometerle nada a un predicador, ni a nadie más, estando en esta condición, Sr. Branham”. Yo dije: “Pero quiero decirle algo: sus pecados quizás sean tan negros y tiznados como el infierno, pero yo sé que ‘hay una fuente llena con Sangre, que emana de las venas de Emanuel, donde los pecadores que se sumergen debajo del torrente, pierden todas sus manchas de culpa’. Puede hacerla a Ud. tan blanca como la nieve”. Ella dijo: “Oh, eso parece que pudiera ser simplemente un mito, Sr. Branham”. Ella dijo: “Yo quiero ser eso”. Yo dije: “¿Orará Ud. conmigo?” Y ella dijo: “Sí, señor”.
91Así que ella se volteó, se arrodilló al lado de la silla donde ella estaba, y yo me arrodillé al otro lado. Dije: “Ahora, ore Ud.” ¿Ven? Ella podía orar por sí misma. Así que le dije: “Ore Ud.” Y ella oró muy sinceramente. Yo simplemente me quedé quieto, sintiendo si el espíritu se iba de ella.
92Pero después de un ratito, ella se levantó, y dijo: “¿Sr. Branham? Yo voy a tomarlo a Ud. de la mano y hacerle a Ud. una promesa que de este día en adelante, yo no volveré a fumar, no volveré a beber, ni nunca más volveré a jugar el papel de una prostituta”. Yo dije: “Yo creo, mi hermana, que Ud. dice eso en serio, pero el caso aún no ha terminado. Ud. ha hecho eso muchas veces, pero el caso aún no ha terminado. Algo tiene que suceder”. Ella dijo: “¿Qué quiere Ud. decir, Sr. Branham?” Yo dije: “Arrodíllese otra vez. Y sólo siga orando”.
93Puse mi mano sobre su hombro, empecé a orar y dije: “Señor Dios, Tú hiciste a esta mujer de esta manera. Ella es una sierva, y ella es Tu... pudiera ser Tu sierva y pudiera ser una esposa de algún buen hombre. Ella es una mujer hermosa y Tú–Tú–Tú puedes ayudarla, Señor. Y–y el diablo la ha atado. Te pido, Señor Dios, haz que él la deje”.
94Ella continuó orando. Y de repente, empezó a cambiar el tono de su oración. En otras palabras, ella dio un “cuadrangular”. Algo sucedió. Y ella volteó de repente y me vio con esos ojos grandes mirándome fijamente, que parecían entonces como los de un ángel, y las lágrimas le corrían por sus mejillas; ella se puso de pie, y dijo: “Señor, yo nunca me había sentido así en toda mi vida”. Yo dije: “Ahora sí está concluido”. Algo....
95Eso hace como unos seis años o siete. Ella está casada ahora y tiene dos niños hermosos. ¿Ven? Ella fue una prostituta hasta ese momento, hasta ese momento cuando Cristo tomó control. Ella fue una buena muchacha hasta que el demonio tomó control, desde ese entonces.
96Muchos de Uds. hombres aquí pueden recordar conmigo (yo sólo era un muchacho en ese tiempo) cuando la Primera Guerra Mundial terminó en 1919, hace como unos cuarenta y un años, o cuarenta y... sí, hace como unos cuarenta y un años, de la Primera Guerra Mundial. ¿Recuerdan Uds. las buenas intenciones que ellos tenían? Ellos dijeron: “Ya no tendremos más guerras; ésta lo concluyó. Enviaremos nuestros soldados a ultramar, y conquistaremos el... esto, y ya no habrá más guerra”.
97Pero, ¿qué sucedió? Vino otra. ¿Qué hicieron ellos...? Entre esos tiempos, ellos formaron lo que fue llamado la Liga de las Naciones. Ellos dijeron: “¡Oh!, hemos logrado algo. Tenemos una Liga de las Naciones. Ellos vigilarán el mundo”. Pero entramos en otra guerra.
98Y ahora tenemos lo que llamamos la O.N.U., y está jugando el mismo papel. ¿Por qué está haciendo Castro lo que él está haciendo, si hay una fuerza policíaca que puede detenerlo? ¿Ven? Nosotros pensamos que podemos hacer estas cosas, pero no podemos. Hay alguna cosita que lo empieza, y de allí empieza a desenvolverse.
99Esa es la misma cosa que comienza en una iglesia. Un pequeño chisme comienza en la iglesia, y se desenvuelve hasta un punto que dividirá la iglesia y la separará. Eso es lo que dividió los grupos pentecostales. Eso es lo que hace que sean como unas veinte o treinta diferentes organizaciones. Eso es lo que dividió a los luteranos. Y ahora, somos novecientas y tantas organizaciones diferentes, de todas las iglesias protestantes.
100Y es debido a que empezó alguna cosita. Nosotros no deberíamos estar divididos. Deberíamos ser una sola Iglesia, unidos como hermanos, una sola hermandad, parados hombro a hombro en estos días.
101La pareja joven de casados pudiera decir esto: “Juan y yo nos llevábamos muy bien. Pero un día entramos en una discusión. Y desde entonces continuó hasta que finalmente nos divorciamos. Aquí estoy yo con los niños, y Juan se casó otra vez”.
102O pudiera haber sido: “Yo viví tan fiel a Juan como podía vivir. Pero un cierto vendedor de cabello ondulado vino un día a la puerta. Y yo–yo no sé qué sucedió”.
103O él podría decir: “Yo era tan fiel a María como podía ser. Pero un día yo estaba en una cierta tienda, y esta muchacha pasó por ahí, y bueno, desde ese entonces…” Ahí lo tienen. ¿Ven?, tiene que haber un tiempo en el que empieza.
104Bueno, continúo hablándoles de cosas que empiezan mal y terminan mal. Pero, ¿hay algo que pueda suceder que tenga lo Eterno en ello, algo que pueda durar, que sea bueno? Sí, yo quiero decir que sí hay, y eso es cuando un hombre se encuentra con Dios. Desde ese momento en adelante, él es una criatura cambiada. Él ya nunca más es el mismo.
105A mí no me importa cuánto esté degradado en el pecado, a mí no me importa cuán inmoral haya sido la mujer, o cuán bajo haya sido el hombre, cuánto tiempo él haya estado sin Dios, y cuántas veces él ha despreciado Su gracia, sin embargo cuando él se encuentra con Dios, desde ese momento él es un hombre cambiado, o una mujer cambiada.
106Hablemos de unos cuantos personajes que se encontraron con Dios. Pensemos en Abraham. Él simplemente era un hombre común y corriente. Él no era una persona especial. Uds. no tienen que ser una persona especial para encontrarse con Dios. Uds. sólo tienen que ser lo que son, y luego encuéntrense con Dios.
107Miren, Abraham no era un judío. Abraham era un gentil de la tierra de los caldeos y de la ciudad de Ur. Y él simplemente era un hombre común y corriente, caminando allá en los–los campos. Y tal vez él venía de–de la torre de Babel con su padre. Y él habitaba en la tierra de Sinar, y–y quizás él salía en la mañana para recoger fresas y se las comía, e iba a lo desolado y mataba un animal para conseguir sus proteínas y demás; probablemente vivía una vida normal.
108Él se había casado con su media hermana, la cual era Sara. Y cuando ella tenía sesenta y cinco años de edad y él tenía setenta y cinco años....
109Yo tengo un buen amigo aquí. No creo que él esté en el edificio esta noche. He mirado para todas partes buscándolo. Me agrada el hombre. Es Milo Durney. Creo que él no está aquí. Alguien dijo que él estuvo aquí la otra noche. Pero si él está aquí, él de seguro ha cambiado desde que lo vi.
110Sr. Durney, si Ud. está presente y no lo reconozco, perdóneme por un momento.
111A mí me agrada el Señor Durney. Él es hombre de verdad. Y el compañerismo que tuvimos un día, cuando yo... maté un oso arriba de la montaña. Y subimos allá a recoger un alce que el Reverendo Sr. Rasmusson, al que todos Uds. conocen muy bien, había... creo que había... No, yo... el Sr. Baxter había–había matado un alce, y–y el oso estaba en el lugar donde íbamos a limpiarlo. Y nosotros estábamos... Yo había matado al oso. Y él se estaba riendo de mí, porque le había disparado de tan lejos, y le había dado en el blanco.
112Y luego mientras íbamos bajando, tuvimos una conversación muy buena. Y hay algo acerca del hombre que–que–que–que a mí–a mí me agrada. Y ahora, me enteré que él está muy, muy enfermo. Y yo–yo pienso que él llamó hoy al–al lugar donde me estoy hospedando. O alguien me estaba diciendo algo al respecto. Si Uds. lo conocen, o si él está aquí, no deje, Sr. Durney, de estar aquí en esa línea de oración mañana.
113Pueda que Ud. se esté poniendo viejo, eso es verdad. Pero Dios sana a los ancianos. Uno nunca llega a estar demasiado anciano para eso.
114Miremos a Abraham. Él era apenas un hombre común y corriente como Ud., Sr. Durney, que probablemente vivía en el desierto y demás. Pero cuando él tenía setenta y cinco años de edad, Dios se encontró con él un día, y dijo: “Tú vas a tener un bebé por medio de tu esposa, Sara”. Y hacía como unos veinte años que ella había pasado la menopausia. Y él había vivido con ella desde que ella era una jovencita; era su media hermana. ¡Una imposibilidad! 115 Pero, ¿qué hizo Abraham? ¿Dijo él: “Bueno, mira, espera; yo estoy muy viejo”? No. La Biblia dice: “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios”. Sólo… Pudiera... Espero que no suene sacrílego, pero tomemos su conversación familiar por un momento.
116Puedo oírlo entrar y decir: “Sara, cariño, quiero decirte algo. Jehová me habló allá en el campo hoy, y me dijo que vamos a tener un bebé”; ella de sesenta y cinco, y él de setenta y cinco. Bueno, yo me lo puedo imaginar a él, después de tomar a Dios a Su Palabra, que él fue al centro de la ciudad y consiguió estambre, y dijo: “Sara, teje los escarpines. Y ten preparadas todas las cositas, porque vamos a tener un bebé”.
117¿Pudieran imaginarse a un hombre anciano y a una mujer anciana así, ir adonde el doctor aquí en Dawson, y decir: “Doctor, queremos reservar un cuarto de hospital, porque pronto nosotros vamos a tener un bebé en nuestra casa, mi esposa y yo?”
118Oh, me imagino que el doctor diría: “Pobre anciano, él está un poquito mal de la cabeza. Déjenlo–déjenlo en paz, él–él es inofensivo. Él no le hará daño a nadie”. Pero, ¿qué? Era–era la verdad de Dios.
119Los primeros veintiocho días pasaron. Y recuerden que hacía varios años que ella había pasado la menopausia. Así que, puedo oír a Abraham ir y decir: “Sara, querida, ¿cómo te sientes?” “Nada diferente”. “Bendito sea Dios, vamos a tenerlo de todas maneras”. Un año pasó: “Sara, ¿cómo te sientes, querida?” “Nada diferente”. “¡Aleluya!, vamos a tenerlo de todas maneras”. Pasaron diez años. “¿Todavía tienes los escarpines, cariño?” “Sí, los tengo aquí”. “¡Alabado sea Dios!, vamos a tenerlo”. “¿Cómo lo sabes?” “Dios así lo dijo. Eso lo concluye. Yo me encontré con Dios, y le creo a Dios. Eso lo concluye”. Desde ese entonces, Abraham fue un hombre cambiado.
120Y veinticinco años después, él tenía cien y ella tenía noventa. “¿Cómo te sientes ahora, querida?” “Nada diferente”. “¡Gloria a Dios!, vamos a tenerlo de todas maneras. El milagro va a ser más grande que lo que era al principio, hace veinticinco años”. Pero nosotros reclamamos ser la Simiente de Abraham, y si Dios no nos sana instantáneamente, decimos: “Bueno, perdí mi sanidad”. Y, ¿decimos que somos la Simiente de Abraham?
121La Simiente de Abraham toma a Dios en Su Palabra y se aferra a Ella. Ellos se encuentran con Dios en las condiciones y dicen: “Aquí está, Padre. Está concluido aquí mismo esta noche”. Así es la real Simiente de Abraham. Nada los puede mover de ello, ni daños, ni dolores, ni aflicciones, ni nada más, ni doctores, ni... Diez mil se pueden parar y decir: “Tú te estás muriendo”.
122Uds. dirán: “No es así”. ¿Ven? Ellos rehúsan. Rehúsan oír otra cosa cuando Uds. se encuentran con Dios
123Y algunas veces cuando Uds. se encuentran con Dios, los hace actuar ridículos para el mundo de afuera. ¿Pudieran imaginarse a Abraham salir, queriendo... diciéndole a la gente que él iba a tener un bebé por medio de su esposa? Pero él tenía que separarse de toda la incredulidad.
124Y eso es a lo que Dios llama a todo hombre o mujer. Cuando Él se encuentra con Ud., y le perdona sus pecados, y lo llama para que sea Su siervo, Él espera que Ud. se separe de toda incredulidad, se aparte de todas las cosas que son impías. No mire al mundo. Salga del mundo. “No toquéis lo inmundo; y Yo os recibiré, dice el Señor, y vosotros me seréis hijos e hijas, y Yo seré vuestro Dios”.
125Sí. Salgan de entre la incredulidad. Sepárense. Segregación. Dios es un segregacionista. Llamó a Israel a salir fuera. Él llamó a Su pueblo a salir fuera. Él llama a Su... La misma palabra Iglesia significa: “Llamados a salir fuera”.
126Miren, Él es un segregacionista. Dios no quiere que Sus hijos se mezclen con el mundo ni con las cosas del mundo. Pero ellos tuvieron el bebé de todas maneras.
127Miren, Moisés. Él era un gigante intelectual. Él había sido enseñado por su mamá que él iba a ser el libertador. Y él sabía que se estaba acercando el tiempo, pues Dios le había prometido a Abraham que su simiente peregrinaría cuatrocientos años en una tierra extranjera, y sería sacada por una mano fuerte.
128Y su mamá, quizás, le contó y le dijo: “Moisés, cuando tú eras un niñito... Tu padre, Amram, cuando él estaba trabajando en el horno cociendo ladrillos, él oraba todas las noches, durante toda la noche: ‘Dios, envía un libertador’.
129“Una noche en una visión estando en el piso de arriba, él vio a un gran Ángel parado con una espada y apuntó al norte, y dijo: ‘Yo estoy listo para sacar al pueblo’. Y yo te concebí, Moisés, allí bajo la amenaza de Faraón. Y te escondí en los juncos, y allí entre los cocodrilos que ya estaban bien gordos a base de los bebés de Egipto. Pero Dios te liberó. Y tú eras un niño apropiado cuando naciste. Tú naciste para ser un profeta, Moisés. Tú eres el siervo de Dios. Y luego tú fuiste criado ahí mismo en el palacio de Faraón. Tú eres el próximo Faraón. Pero recuerda (como Jocabed debió habérselo dicho), recuerda los mandamientos del Señor”.
130Entonces Moisés estudió y fue un gran hombre militar. Él fue un gigante intelectual. ¡Qué cosa!, cómo los intelectuales... Él podía... él era tan sabio, que podía enseñarle sabiduría a los egipcios. Pero entonces él trató de liberar a los hijos a su propia manera. Uds. no pueden hacer eso. Uds. tienen que olvidar su manera y escoger la manera de Dios.
131Eso es lo que estoy tratando de decir esta noche. La sanidad Divina no está basada sobre algún capricho mental. Ni tampoco está basada sobre algún aceite saliendo de las manos de alguien, o algún truco mágico; la sanidad Divina está basada sobre la Sangre derramada de Jesucristo, la Expiación. “Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, y por Su llaga fuimos nosotros curados”. Así que está basada en la Expiación. Y mientras nosotros tratemos de obtener una iglesia para Dios, vamos contrarios, en contra de Su voluntad. Debemos permitir que el Espíritu entre a nuestras vidas, tome control de nuestras vidas. Permitir que Él tenga la preeminencia en nuestro corazón.
132Nuestras grandes iglesias, yo no tengo nada en contra de ellas. Pero sin embargo, hermano, en todo eso, todavía necesitamos a Dios. Nosotros tenemos las mejores iglesias que jamás hemos tenido, los más grandes ministros que jamás hemos producido, gigantes educacionales, ¿pero dónde está el poder de Su Resurrección? ¿Dónde está eso que Jesús dijo: “Las obras que Yo hago, vosotros las haréis también?” ¿Dónde–dónde están ellas?
133Fíjense. Moisés entonces lo intentó por sí mismo y mató a un egipcio. Y, ¿qué sucedió? Cuando él mató al egipcio, se asustó y huyó al desierto, y encontró a una hermosa mujer joven etíope allá, llamada Séfora. Se casó con ella, y se estableció, y tuvo un hijo, el pequeño Gersón, y probablemente él estaba bien satisfecho, debido a que él iba a heredar el rebaño de ovejas de Jetro.
134Él se puso viejo, y la visión de liberación ya se le había olvidado por completo. Él ahora estaba satisfecho de sólo ser un pastor de ovejas común y corriente. Y tenía ochenta años de edad.
135Un día mientras se encontraba en la parte de atrás del desierto, caminando por un pequeño y conocido sendero, él fue atraído a una zarza ardiendo. Y desde ese entonces, Moisés fue un hombre diferente.
136Fíjense. Dios dijo: “Yo voy a enviarte de nuevo a Egipto. Vuelve allá dónde... Mira, no vuelvas allá y obtengas un–una Licenciatura en letras. No vuelvas allá y estudies más psicología. No vuelvas allá y obtengas tu doctorado. Sino voy a darte una vara torcida; toma esto y diles que el YO SOY te envío”. Bueno, ¿qué era eso?
137Al día siguiente, un hombre educado, el más inteligente en el país, se encontraba en la escena más ridícula. Él tenía a su esposa sentada a horcajadas sobre una mula, con un niño en su cadera, así, y la barba volándole a él, y una vieja vara torcida en la mano, guiando a una mula. “¡Ven, vamos!” “¿Adónde vas, Moisés?” “Voy a Egipto a conquistarlo”.
138Una invasión de un solo hombre. Pero la cosa es que él lo hizo. ¿Por qué? Aquí está la razón: él se había encontrado con Dios. Y desde ese momento, él fue un hombre cambiado. Era la misma vara que tenía el día anterior al lado del monte. Pero en las manos del profeta ungido de Dios, llegó a ser la vara de juicio de Dios que hirió a Egipto con plagas. Y fue una invasión de un solo hombre la que liberó a los hijos, porque él se había encontrado con Dios. Él no necesitaba un ejército. Él simplemente necesitaba a Dios.
139Voy a detenerme aquí un momento en mi mensaje, y Uds. perdónenme. Uds. tienen grandes posibilidades. Uds. son gente fina, Uds. canadienses de realeza. Pero hay una cosa que Uds. necesitan: es unirse y encontrarse con Dios, por medio del bautismo del Espíritu Santo derramándose aquí sobre sus iglesias. Entonces cosas sucederán. Uds. son personas finas, fieles, pero Uds. necesitan encontrarse con Dios una vez; entonces las cosas cambian cuando Uds. se encuentran con Dios. Sí, los hace actuar ridículos. Y hace que el mundo se ría de Uds. Pero la cosa de ello es que si Dios... si Uds. se han encontrado con Él y Él lo ha dicho así, entonces Uds. pueden hacerlo. Dios así lo dijo. Eso lo concluye.
140Un día una virgencita... Ella probablemente tuvo unos momentos difíciles, una hermosa damita. Ella se mantuvo limpia del mundo, y vivía en una ciudad mucho más envilecida que Dawson Creek. Ella vivía en Nazaret. Pero se había propuesto en su corazón que serviría a Dios. Y ella sólo era una mujercita común y corriente. Ella estaba comprometida con un hombre que era viudo con cuatro hijos, y su nombre era José.
141Y ellos estaban planeando casarse. Y un día ella quizás llevaba el cántaro sobre la cabeza, yendo al Pozo de la virgen. Ellos lo llaman el “Pozo de la virgen”. Y mientras bajaba de la colina para buscar... Quizás, digamos que era lunes en la mañana; ella iba a buscar el abastecimiento diario de agua. Y esas mujeres pueden cargar un cántaro de agua sobre la cabeza, uno en cada cadera, y caminar con paso seguro.
142Ella iba allá a buscar el agua, y tenía el cántaro tal vez debajo del brazo, e iba caminando meditando en una Escritura que ella quizás había oído del Rabí... O quizás ella y José, estaban mirando al monte desde el porche de enfrente, donde ellos iban a establecer su hogar. Él era carpintero. Y todas las puertas tenían que encajar perfectamente, Uds. saben, y los corazoncitos en la pared, porque él iba a llevar a su noviecita a ésta. Esta era una casa especial. Él y su amada iban a vivir en ella.
143Y ellos estaban leyendo el pergamino y... estando en el porche de enfrente. Y José leyó esta Escritura el día anterior: “Porque un Niño nos es nacido, Hijo nos es dado, y el principado sobre Su hombro; y se llamará Su Nombre Consejero, Príncipe de Paz, Dios Fuerte, Padre Eterno. Y Su Reino no tendrá fin”.
144Y quizás María dijo: “José, ¿quieres leer esa Escritura otra vez, cariño?” Y él la leyó otra vez. “¿De quién estaba hablando Isaías allí?” “Oh, sin duda del Mesías. Él vendrá algún día”.
145Y a la mañana siguiente en el camino, sólo una pequeña... una muchachita común de como unos dieciocho años de edad, yendo a buscar agua allá en el pozo. Y por el camino esa mañana, ella tal vez vio un–un destello de Luz. Y dijo: “Debe haber sido quizás el sol”, saliendo en las mañanas tempranas de Judea. Y el rocío deteniendo la fragancia en el suelo, ¡qué hermoso!
146Yo pienso que el rayar del día es el momento más hermoso del día. ¿Ven?, todos los demonios han cesado de vagar, y–y el Espíritu Santo... Yo pienso que cualquier hombre que viene al púlpito para predicar, debería quedarse en la quietud de Dios, y salir como un olor grato, ungido con el Espíritu Santo para hablar la Palabra de Dios. Salir en la mañana, después de la noche, entrar en la brillantez del Espíritu Santo.
147Y lo veo allí a medida que él... que ella iba caminando. Y de repente, una gran Columna de Luz se apareció delante de ella. Y debajo de esa Columna de Luz estaba parado el gran Ángel, Gabriel. Él dijo: “Salve, María (‘detente’, en otras palabras), bendita tú entre las mujeres, pues has hallado gracia delante de Dios”. Y le dijo de su prima Elisabet, cómo es que ella había concebido en su vejez, y la que una vez fue llamada estéril iba a tener un hijo. Y dijo: “Has hallado favor con Dios, y Dios va a darte un bebé, sin conocer varón”. Ella dijo: “¿Cómo serán estas cosas?” Dijo: “El Espíritu Santo te cubrirá con Su sombra. Y ese Ser Santo que nacerá de ti, será llamado el Hijo de Dios”.
148Fíjense: María, ella se había encontrado con Dios. Ella no esperó hasta que ella... (Perdónenme, hermanas). Pero ella no dijo: “Esperaré hasta que sienta vida, esperaré hasta que esté segura. Entonces testificaré de esto”. No. Ella no tuvo que esperar. Ella tomó a Dios en Su Palabra. Ella se había encontrado con Dios. E inmediatamente ella empezó a testificar: “Yo voy a tener un bebé, sin conocer varón”. Sí señor.
149¿Por qué? Ella estaba segura. Ella se había encontrado con Dios. Las cosas habían cambiado. Ella no estaba avergonzada. Para ella era como si ya tuviera el bebé en sus brazos, porque Dios lo dijo así. Oh, Dios, dale a Dawson Creek algunas Marías como ésa.
150[Espacio en blanco en la cinta–Ed.] “... por Su llaga estoy sano”. Yo tenía el problema del estómago y satanás me dijo, dijo... Él seguía diciéndome: “Mira, tú no has mejorado hoy. Tú sabes, tú no puedes comer nada”. Y yo comía de todas maneras, y vomitaba como en dos minutos. Comía otra vez y lo vomitaba otra vez, y comía otra vez. Y él dijo: “Tú sabes que sólo estás trayendo vergüenza”.
151Yo dije: “Mira, tú, sinvergüenza: si tú quieres oírme testificar, quédate por aquí. Pero si te estás fastidiando, vete. Porque yo voy a testificar mientras tenga aliento en mi cuerpo. Yo le voy a dar alabanza a Dios por permitir que Jesucristo viniera a esta tierra para sanarme. Yo lo acepto como mi propiedad personal”. Él me dejó. Seguro. Él se cansa de oírlo a Ud. testificar acerca de Jesús. Él trata de apartarlo a Ud. de eso. Pero no lo haga. Ud. se ha encontrado con Dios. Dios está presente. Ud. sabe que Él está allí. Y aquí está Su promesa revelada a Ud.: “Por Su llaga yo soy sano”. Entonces algo sucede.
152Fíjense. Ella se fue por las montañas. Oh, yo puedo ver a esa virgencita (perdónenme por tomar tanto tiempo), puedo ver a esa virgencita mientras sube las montañas, Uds. saben, su carita enrojeciéndose. ¡Oh, cómo iba subiendo el camino alabando a Dios!
153Y Elisabet, Uds. saben, la esposa de Zacarías, ella tenía como unos cincuenta y cinco o sesenta años de edad. Pero ellos habían orado toda su vida para tener un hijo. Y su esposo era un sacerdote en el templo. Y cuando él estaba... En los días de su ministerio de ofrecer el incienso mientras el pueblo estaba orando, Gabriel vino a él y le dijo que ella... él... que su esposa concebiría.
154¿Ven a qué clase de hogares vienen los Ángeles? A hogares que confían en Dios. Correcto. Correcto. No importa qué clase de hogar pudiera ser, mientras Uds. confíen en Dios. Si es una chocita humilde, o lo que sea, si Uds. tan sólo confían en Dios, eso es todo.
155Y nos damos cuenta que Elisabet se había recluido ya por varios meses. Ella iba a ser madre. Pero estaba preocupada. Y miren, Uds. saben, yo veo a estas damas... Por favor, hermanas, perdónenme por decir esto. Pero esas mujeres que van a ser madres usando esos pantalones afuera en la calle, yo pienso que es la cosa más deshonrosa para la raza humana. Es lastimoso pensar que ellas harían eso. 156 Oh, por supuesto, estoy seguro que ellas no lo hacen aquí en Dawson, pero–pero sí lo hacen allá en los Estados Unidos. Es terrible. Ellas me odian por decirlo. Pero sin embargo....
157Una mujer me dijo hace tiempo, ella dijo... Yo les estaba diciendo con respecto a usar esa ropa inmoral. Dije: “Dios las hará responder por cometer adulterio”. Ella dijo: “Yo estoy... No cometo adulterio”.
158Yo dije: “Pero Jesús dijo: ‘Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón’. Entonces cuando ese pecador responda por adulterio, ¿con quién lo cometió? Fue porque Ud. se presentó de esa manera. Eso es correcto. Ud. responderá en el Día del Juicio. Eso es exacto”. Y ella dijo: “Bueno, yo le diré a Ud. ahorita”, ella dijo: “yo no uso pantaloncitos cortos. Yo–yo–yo uso pantalones”.
159Yo dije: “Eso es peor. La Biblia dice que es una abominación ante los ojos de Dios que una mujer se ponga ropa que pertenezca al hombre”. Dios no cambia. Eso es exactamente correcto.
160Yo estaba hablando esta mañana de esa mujer, mujer inmoral, lavando los pies sucios de Jesús, y secándolos con su cabello. Algunas de nuestras hermanas pentecostales tendrían que pararse de cabeza para así poder tener el cabello suficiente para secarle los pies. Se lo han cortado todo. ¿Ven? Eso es correcto. Solía estar mal que Uds. hicieran eso. Todavía está mal que hagan eso. La Biblia claramente enseña que si una mujer se corta el cabello, su esposo tiene el derecho de divorciarla, de repudiarla.
161Dice que si ella se corta el cabello, deshonra su cabeza, su esposo. Y no se debe vivir con una mujer deshonrosa. Vale más que me calle ahora. Haré que Uds. predicadores aquí.... Yo únicamente les estoy diciendo la verdad. Uds. se van a encontrar conmigo acerca de eso en el Día del Juicio. Eso es ASÍ DICE EL SEÑOR, en Su Palabra.
162Una señora dijo: “Ellos no... Todo lo que ellos hacen son estos vestidos sensuales de Hollywood”. Yo dije: “Todavía tienen máquinas de coser y telas”. No–no trate de buscar excusas, no, señor.
163Puedo verlo a él... A Elisabet sentada allá atrás, cociendo, tejiendo los escarpines y cosas para el bebé que venía. Abrió la cortina, y miró, y vio a María, esa hermosa muchachita, corriendo tan aprisa como podía.
164En aquellos días tenían amor los unos por los otros. Oh, ella se levantó, y corrió muy aprisa, y agarró a María, y la abrazó, y le dijo: “¡Oh querida, estoy tan contenta de verte!” A mí me gusta ver que la gente haga eso. Yo–yo creo en ser verdaderos hermanos.
165Hace tiempo, yo estaba teniendo una reunión en la Florida. Fui allá, y tenían una carpa levantada allí en un terreno grande. Tuvimos una gran reunión. Hubo como unas ocho mil o diez mil personas que asistieron a la reunión. Y uno de los administradores me dijo, dijo: “Hermano Branham”, dijo, “la Duquesa quiere verlo a Ud.” Yo dije: “La, ¿quién?” Dijo: “La Duquesa”. Yo dije: “¿Qué es eso?” Dijo: “La mujer, la Duquesa, que es la dueña de todo este terreno aquí, donde su–su carpa está levantada”. Yo dije: “Bueno, mire, mire a esa pobre gente enferma que también quiere verme”. “Oh”, dijo: “Pero ella es la Duquesa”. Yo dije: “Bueno, ¿eso–eso la hace a ella diferente de los demás?” ¿Ven? Para nada.
166Uds. saben, nosotros alzamos la nariz como si... que si lloviera nos ahogaríamos, y pensamos que somos alguien. Y después de todo, nosotros sólo valemos ochenta y cuatro centavos en substancias químicas, eso es todo. Uds. ponen un abrigo de visón de cincuenta o de cien dólares sobre ochenta y cinco centavos. Uds. verdaderamente cuidan de ello. Pero Uds. tienen un alma que vale diez mil mundos, y le meten cualquier cosa. Sí.
167Yo... Cuando yo iba saliendo de la carpa esa noche, había una mujer muy corpulenta parada allí, con suficientes joyas en la mano como para patrocinar un misionero diez veces alrededor del mundo. Ella dijo: “¿Es Ud. el Dr. Branham?” Yo dije: “No señora”. Dije: “Yo soy el Hermano Branham”. Ella dijo: “Encantada”. Y ella tenía esa manota extendida aquí en alto.
168Yo dije: “¡Bájela aquí para así reconocerla cuando la vea otra vez!”, de esa manera. Me desagrada ver a alguien “dándosela de importante”, ¿a Uds. no? Lo que ellos llaman “dársela de importante”.
169Y ella tenía un par de anteojos, los tenía conectados a una vara, sosten-... Uds. saben que nadie puede ver de esa manera, sosteniendo esos anteojos lejos de esa manera. Miró y dijo: “¿Es Ud. el Dr. Branham?” Eso es sólo... eso es tratar de ser algo que uno no es, que Ud. no es.
170Como dijo una vez el Senador Upshaw: “¡Ud. no puede ser nada que no es!” Miren, ese fue un senador de los Estados Unidos. Muchos de Uds. conocen su testimonio. Lo llevaron a Los Ángeles en esa ocasión. Él había estado en una silla de ruedas por sesenta y seis años. Yo vi la visión que se posó por arriba de él. Y dije: “Señor: ¡Jesucristo lo sana!” Y él corrió hacia la plataforma, tocándose los pies una y otra vez. El Senador Upshaw, un anciano querido santo de Dios. Conocía a Winston Churchill, igual que yo conozco a uno de mis hermanos ministros, y a todos ellos. Fue y le testificó a él acerca de su sanidad y todo eso. Y sencillamente era un glorioso anciano; no hace mucho se fue a Casa para encontrase con Dios a la edad de casi noventa y algo de años, hace un año o dos.
171Miren, cuando... El otro día yo iba por la calle con mi esposa. Y había una hermana yendo por la calle, y nosotros íbamos manejando. Y esa hermana dijo: “¿Cómo está Ud., Hermana Branham?” Yo miré, y dije: “Cariño, esa mujer te habló”. Y ella dijo: “Yo le contesté”. “Bueno”, yo dije: “Estoy seguro que ella no te oyó”, dije, “porque yo estoy ni a un pie de ti, y no te oí. Así que, ¿cómo va ella a oírte estando allá a veinte pies de la calle?”
172Y ella dijo: “Yo me sonreí”. ¡Una simple sonrisita! A mí me gusta ese antiguo, grande y fuerte saludo de manos, “¡póngala aquí!”, Uds. saben, de esa manera, ¿no les gusta eso?, que Ud. tenga un sentir en ello. Eso es correcto.
173Paul Rader dijo en una ocasión, dijo que él estaba sentado a la mesa, y que él y su esposa tuvieron una pequeña discusión. Él tenía que irse a trabajar, y él siempre la besaba en la puerta, y decía: “¡Adiós, cariño!” Salía, y ella esperaba hasta que él llegaba al portón, le decía “adiós” con la mano, y él se iba por la calle.
174Dijo que esa mañana tuvieron una discusión, una pequeña riña familiar. Y así que, dijo que él empezó a caminar por la calle. Y ella dijo: “¡Adiós!”, y le saludó en el portón, “¡adiós!” Y él dijo que se puso a pensar: “Ella es una mujer tan buena. ¿Qué si ella muriera? ¿Qué haría yo? ¿Qué haría yo sin ella?”
175Así que dijo que se puso a pensar más acerca de ello y pensó: “Yo pudiera morir. Y yo–yo no querría... ¡Oh, ella es un encanto!” Él se dio la vuelta rápidamente, y corrió por la calle, abrió el portón y entró corriendo, abrió la puerta de un tirón, y no la veía en ninguna parte. Escuchó como alguien llorando, y miró detrás de la puerta, y ella estaba parada allí con su cabeza reclinada contra la pared, llorando. Él simplemente la volteó, y la besó, le dijo: “¡Adiós, mi amor!” Ella dijo: “¡Adiós!” Él salió por el portón y volteó, dijo que miró para atrás, y ella estaba parada en la puerta. Y él dijo: “¡Adiós!” Ella dijo: “¡Adiós!”
176“Pero”, dijo: “Ella meneó su mano como lo hizo la primera vez”, dijo él, “pero la última vez había un sentir en ello”. Así que, de esa manera es. Nosotros–nosotros–nosotros tenemos que hacerlo de corazón.
177Y así es con nuestra religión. Si no hay un sentir en ella de una adoración Divina a Cristo, de que Ud. cree que Él es el Hijo de Dios, que Ud. lo ama con todo su corazón, no importa cómo Ud. pudiera recitar el credo del apóstol o la doxología... Ud. pudiera–Ud. pudiera cantar como un ruiseñor, pero si no tiene un sentir en ello, Dios no lo tomará en cuenta. Eso es correcto. Ud. tiene que tener un sentir de adoración piadoso en su corazón.
178Así que, yo me imagino que cuando Elisabet abrazó a María, puedo oírla decir: “¡Oh María, pues, tú estás tan hermosa!” “Bueno, Elisabet, tú no has cambiado en lo absoluto”. “No. Bueno, gracias. Bueno, María, me imagino que te enteraste de la noticia”. “¡Oh, sí! Ya me enteré de la noticia. Vas a ser madre”. “Oh, sí. Sí, así es”. Ella dijo: “Bueno, tú sabes, yo también voy a ser madre”. “Oh, ¿tú y José ya se casaron?” “No, no. No estamos casados”. “Oh, ¿tú estás casada... te casaste con alguien más?” “No, yo no me he casado todavía”. “Y, ¿vas a ser madre?” “Sí”. “¿Cómo lo sabes?” “Dios así lo dijo”. Eso es. Eso es. “¿Cómo va a ser eso? ¿Cómo lo vas a tener?” “El Espíritu Santo me cubrirá... me cubrió con Su sombra”. Y ella dijo: “Y ¿tú?” Ella dijo: “Oh, ya tengo cuatro... mejor dicho, seis meses de ser madre”. Miren, escuchen. Uds. escuchen a su doctor, yo soy su hermano. Miren, eso no es normal. ¿Ven?, la vida aparece como a los tres o cuatro meses. Dijo: “Ya tengo seis meses, y no hay–no hay vida todavía”. Dijo: “Yo–yo estoy muy preocupada”. Y ella dijo: “Oh, el Espíritu Santo me cubrió con Su sombra, y dijo que yo iba a dar a luz un Hijo también”. “Oh, ¿tú vas a dar a luz?” “Sí”. “¡Oh, María, no puede ser!” “Sí”. Y ella dijo: “Yo daré a luz un Hijo, y llamaré Su Nombre Jesús”. Y tan pronto como ella dijo: “Jesús”, la primera vez que ese Nombre, Jesús, fue pronunciado por labios humanos, el pequeño bebé Juan recibió el Espíritu Santo y vivió, y empezó a saltar de alegría en el vientre de su madre.
179Si el Nombre de Jesucristo hizo a un bebé muerto saltar en el vientre de su madre, ¿qué debería hacerle a la Iglesia nacida de nuevo?
180Dijo: “¿Por qué viene a mí la madre de mi Señor? Porque tan pronto como la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”. ¡Oh, hermanos! ¿Qué? Juan se encontró con Dios en el vientre de su madre. Él fue siempre un hombre cambiado.
181Jesús dijo: “¿Qué salisteis a ver? ¿Una caña sacudida por cualquier viento? No así Juan”. Dijo: “¿Un hombre que tiene su cuello volteado al revés, y–y que está vestido con esa ropa fina, como clérigo?” Dijo: “Esa clase besa a los bebés y da discursos en las escuelas y está en los palacios del rey”. Uds. saben, los intelectuales. Dijo: “¿Qué salieron a ver? ¿A un profeta?” Dijo: “Más que profeta, pues éste es de quién está escrito: ‘Yo enviaré Mi mensajero delante de Mi faz’”. Dijo: “Entre los que nacen de mujeres, no hay otro mayor que Juan el bautista”. Sí señor.
182¿Qué era él? Él recibió el Espíritu Santo en el vientre de su madre. Él se encontró con Dios en el vientre de su madre. Él fue cambiado desde su... antes de nacer, él fue cambiado.
183Pedro, el pequeño crítico de su hermano Andrés, un día fue a la iglesia… fue a la costa de Galilea; había estado pescando con la red toda la noche, y fue allá para ver a Jesús, se consiguió un trozo de madera y se sentó. Me imagino que cuando Jesús empezó a predicar, Pedro se acercó más. Y Jesús lo miró y dijo: “Tu nombre es Simón. Tú eres el hijo de Jonás”. Y desde ese entonces él fue un hombre cambiado. Seguro que sí. Él se había encontrado con Dios.
184Pablo, el pequeño judío nariz aguileña, tan malhumorado e insolente como podía ser. Oh, la gran Iglesia, ellos habían hecho su elección: Matías, seguro que sí. Él era el apropiado; ellos echaron suertes. Pero Él nunca hizo una sola cosa. Esa fue la elección de la Iglesia.
185Pero Dios escogió a un pequeño judío que era tan sarcástico como podía ser, y lo moldeó. Él lo encontró un día en el camino y lo tumbó y lo humilló y él se revolcó en el polvo. Eso es correcto. Dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Dijo: “Señor, ¿quién eres Tú?” Dijo. “Yo soy Jesús”. Había regresado a la Columna de Fuego otra vez. ¿Ven Uds.? “Yo soy...” Jesús dijo: “Yo he salido de Dios y a Dios voy”.
186¿Entienden Uds. ahora? Él era la Columna de Fuego, el Logos (cualquiera de Uds. hermanos lo sabe), que guió a los hijos de Israel, el Ángel del pacto que guió a los hijos de Israel a través del desierto. Ése era el Cristo, el Ungido. Fue manifestado en un Hombre.
187Y cuando Ella estuvo aquí en la tierra, miramos lo que Ella hizo. E inmediatamente Él dijo: “Yo he salido de Dios, y a Dios voy”. Después de Su muerte, sepultura y resurrección, Su ascensión, Pablo se encontró con Él en el camino a Damasco, y ¿qué era Él otra vez? La Columna de Fuego. Eso es correcto. 188 Miren, si esa Columna de Fuego está… Si Ella está aquí, hará las mismas obras que Él hizo, porque es la misma naturaleza. ¿Ven?
189Miren, nos fijamos. Y en su camino allá, él se encontró con Jesús. Él fue un hombre cambiado. De un fariseo sarcástico a un santo piadoso, un mensajero de la Iglesia. ¡Pablo, qué diferencia hubo en él!
190Un hombre ciego, Bartimeo, estaba sentado al lado de la puerta un día, clamando. La multitud pasaba. Quizás algunos de ellos lo tumbaron. “¡Quítate del camino!” Puedo oír a un sacerdote decir: “Oye tú, así llamado profeta galileo”.
191Antes de eso, el pequeño Zaqueo que había estado sentado en un árbol y se escondió, dijo: “Rebeca me dijo que Él era un profeta, pero yo lo dudo”. Se escondió completamente. Ahí venía Jesús dando la vuelta a la esquina, se detuvo justo debajo del árbol donde Zaqueo estaba, y dijo: “¡Zaqueo, desciende! Voy a casa contigo a comer”. ¡Mmm! Sabía exactamente dónde él estaba y sabía cuál era su nombre. Seguro que sí. Él todavía es Jesús. Uds. se pueden encontrar con Él esta noche, de la misma manera que Uds. se encontraron... que él se encontró con Él en aquel entonces.
192Cuando Él salió por la puerta de Jerusalén, y empezó a ir en la otra dirección, ¿qué sucedió? Allí estaba el anciano ciego Bartimeo en la puerta.
193Zaqueo fue un hombre cambiado. Él quiso hacer restituciones por todo el mal que había hecho. Él se encontró con Dios.
194Allí, cuando Él salió por la puerta, allí estaba un hombre ciego. Puedo oír al sacerdote, el presidente de la asociación ministerial, decir: “Mira, ¡vete de aquí fanático! Me dicen que tú resucitas a los muertos. Nosotros tenemos aquí un cementerio lleno de ellos; ven y resucita a algunos de ellos”. ¿Ven? Pero Dios no hace payasadas para la gente. Jesús sólo hacía (como Él le decía), como el Padre le mostraba. San Juan 5:19 dice: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; eso también lo hace el Hijo igualmente”.
195Me imagino que Bartimeo se inquietó un poquito. Y dijo: “¿Quién va pasando?” Y, “¡oh, cállate!” Si–si Uds. van y marcan el lugar, estaba como a unas doscientas yardas de Él. “¿A qué se debe todo ese ruido?”
196Es algo extraño, que dondequiera que está Jesús, hay mucho ruido. Donde está Dios, se hace mucho ruido. Yo no sé por qué es, pero ellos sí hacen mucho ruido. Cualquier cosa sin ruido, sin emoción, está muerta. Eso es científico. Y si su religión no tiene un poco de emoción en ella, vale más que la entierren (eso es correcto), porque ciertamente está muerta.
197Fíjense. Entonces nos damos cuenta que Él... Mientras Él pasaba, esa... dijo... Quizás una mujer joven se acercó y le dijo: “Señor anciano: ¿lo han tumbado ellos a Ud. o qué le pasa?” “Señora, ¿podría decirme por favor a qué se debe todo ese ruido?” “Oh, el–el Profeta va pasando, el Profeta galileo, Jesús de Nazaret. ¿Ud. no ha oído nunca de Él?” “No”. “Oh, Ud. es judío, ¿no es cierto?” “Sí, yo soy judío. Bueno, mi madre solía contarme, cuando yo era un muchachito que podía ver, cuando yo jugaba en estas colinas de Judea aquí a lo largo del Jordán, ella solía contarme que algún día vendría un Mesías. Él sería el Profeta del cual Moisés habló”. “Oh, eso es correcto. Ese es Él”. “Bueno, si Él es un Profeta, bueno... ¡Oh, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”
198Miren, había todo ese vociferar y alboroto, burlándose de Él, y algunos arrojándole fruta podrida, y algunos diciendo: “¡Salve al Profeta!” Los otros estaban diciendo: “¡Fuera con ese hipócrita!”
199Él nunca lo oyó a él, pero lo sintió. Y en Su... traía los pecados del mundo en Sus hombros, yendo al Calvario para ser crucificado. Pero la fe de un solo mendigo ciego lo detuvo a Él de repente. Ese es Dios.
200Él se detuvo, igual que cuando una mujer tocó Su manto. Bartimeo lo había tocado. Él dijo: “Tu fe te ha salvado”. Él... Desde ese—ese entonces, él podía ver. ¿Por qué? Porque Él se había encontrado con Dios. Su fe había detenido a Dios. Si Ud. está ciego en esta noche, ciego espiritualmente, su fe puede detenerlo a Él. Si Ud. se pregunta qué es lo que le pasa a la gente cuando están clamando y adorando a Dios, y Ud. piensa que hay algo mal mentalmente en ella, la fe de Ud. puede detenerlo a Él y Ud. será una persona cambiada de allí en adelante. Eso es correcto. La fe de Ud. puede detenerlo a Él. Seguro que sí.
201En una ocasión el maníaco de Gadara vino a Su encuentro, un maníaco que era fuerte. Mucha gente dice que eso es “ser un hombre”. ¿Ven lo que él era? Él era un maníaco. Algunas personas dicen: “¡Oh, él es un hombre! ¡Mira los músculos que tiene!” Eso no es ser un hombre; eso es ser una bestia bruta. Oh, yo he visto hombres que pesan doscientas libras, y no tenían una onza de hombre en ellos. Un hombre no es medido por sus músculos. Él es medido por su carácter.
202Ver a un hombre que pesa doscientas libras arrebatar a una niña de los brazos de su madre y violarla. ¿Dirían Uds. que eso es ser un hombre? Eso no es ser un hombre; eso es ser una bestia bruta.
203Ese maníaco podía romper cadenas. Ellos no podían–ellos no podían domarlo. Él quería vivir en el cementerio. Rompía cadenas (piénsenlo), porque el diablo tenía completo cont-... control de él. Él tenía súper poder, porque el diablo tenía control. Si al tomar control el diablo de la persona, le puede dar súper poder, ¿qué podría hacer ella cuando Dios toma control? El cojo puede caminar; el ciego puede ver; el pecador puede ser emblanquecido. Los males serán enmendados cuando un hombre se encuentra con Dios. Cuando ese maníaco se encontró con Dios, él fue un hombre cambiado de allí en adelante.
204La mujer junto al pozo, una prostituta, como hablamos hace unas noches, cuando ella se encontró con Dios allí en el pozo, ella no sabía quién era Él. Él era sólo un Hombre. Pero Él la miró y le dijo: “Dame de beber”. Y ella dijo: “Tú no tienes nada con qué sacarla”, y demás. La conversación continuó. Después de un rato, Él dijo: “Ve, llama a tu marido, y ven acá”. Ella dijo: “No tengo marido”. Dijo: “Bien has dicho. Tú has tenido cinco, y con el que ahora estás viviendo, no es tu marido”. Ella dijo: “Señor, me parece que eres Profeta. Nosotros sabemos que cuando el Mesías venga, Él nos declarará todas estas cosas”. Él dijo: “Yo soy, el que habla contigo”. Ella fue una mujer cambiada. Ella se encontró con Dios.
205¿Qué hizo ella? Ella estaba viviendo por medio de una Fuente, no del pozo de Jacob, sino de una Fuente dentro del alma que le hizo correr por la calle. Aunque era pecaminosa, ella corrió por la calle y dijo: “Venid, ved a un Hombre que me dijo las cosas que yo he hecho. ¿No es éste el Cristo?”
206Un comentario más que quisiera hacer, es éste. ¿Saben qué? La muerte se encontró con Dios en una ocasión. ¿Sabían Uds. eso? La muerte siempre... El diablo nunca creyó (hasta que Él estaba muerto) que Ése era el Hijo de Dios. Él lo encontró a Él en el monte ayunando, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. ¿Ven? Ese mismo diablo vive hoy.
207Dicen: “Si estas... si la Sanidad Divina es correcta, ¿qué del anciano Sr. Jones allá que vende periódicos? Este anciano en la silla de ruedas, ¡ve y sánalo!” ¿Ven Uds. ese demonio?
208Cuando Él estaba en la cruz, él dijo: “Si eres Hijo de Dios, desciende y te creeremos”. ¿Ven?
209Miren cuando le pusieron un trapo sucio, los escupitajos de esos soldados borrachos, carraspeando y escupiendo en Su precioso rostro, y arrancando la barba de Su rostro, golpeándolo de un lado y del otro. Y luego le pusieron un trapo sucio cubriéndole Su rostro y le escarnecieron. Y lo golpearon en la cabeza con una vara y dijeron: “Mira, si tú eres Profeta, dinos quién–quién eres Tú... quién te golpeó y te creeremos”. Él pudo haberlo hecho. Pero dijo: “Yo sólo hago lo que el Padre me muestra”.
210¿Qué era eso? Él siempre creyó que Él... ¿Cómo podía satanás decir que ese Hombre pudiera ser Dios? Un Hombre que podía aceptar el reto de un sacerdote, y permitir que un soldado borracho le escupiera Su rostro. Hoy en día tenemos el concepto errado del poder. Poder es vencer, es devolver bien por mal, eso es verdadero poder, eso que puede amar a su enemigo, hacer bien a aquellos que le hacen mal a Uds. Eso es verdadero poder; eso es el poder de Dios. Sí.
211Los maníacos pueden romper cadenas, pero se requiere un verdadero hombre para devolver bien por mal, de corazón, no porque es un deber religioso, sino de su corazón.
212Fíjense ya para terminar. El diablo dijo: “Ese no es el Hijo de Dios. El no pudiera soportar y permitir que los escupitajos le cuelguen en Su rostro. Y tantas veces que Él ha discernido esas cosas y demás, y predicho cosas, y ellos golpeándolo en la cabeza con una vara, él probaría en ese momento que es el Hijo de Dios. Él no es el Hijo de Dios”.
213Así que para terminar, hagamos un viajecito, un viaje mental. Miren, escuchen atentamente. Regresemos a Jerusalén, hace mil novecientos años. Era una mañana extraña, rara, nunca hubo una mañana como esa mañana. El sol salió, pero se veía muy extraño. Algo andaba mal.
214Como a las nueve, estamos parados en un cuarto. Yo oigo al populacho gritando, algunos diciendo: “¡Fuera con Él!”
215Veo a una mujercita ponerse enfrente del populacho, y decir: “¿Qué ha hecho Él? ¡Díganme!: ¿qué ha hecho Él? Él únicamente ha sanado a sus enfermos y ha traído esperanzas a los perdidos. ¿Qué ha hecho Él para merecer esto?” Me pregunto: ¿De quién está hablando ella?
216Miro hacia atrás; oigo algo haciendo: “Pom, pom, pom”. Ahí está una cruenta cruz que es arrastrada por la calle. La Sangre fluyendo, la cruz arrastrando Sus huellas sangrientas, viniendo por la calle, escupitajos colgándole en Su rostro, Sangre y escupitajos mezclados, lágrimas y suciedad rodando juntas, una corona de espinas puesta sobre Su preciosa cabeza: “Pom, pom”.
217El diablo iba caminando por ahí diciendo: “Mira, si Él fuera el Hijo de Dios, Él no soportaría algo así”.
218Al poco rato, Su cuerpecito débil cayó. Pusieron la cruz sobre un etíope. Ahí va Él subiendo el monte. Miren, veo que Él trae puesto un manto blanco. Pero hay pequeñas manchas rojas por todo ese manto blanco. ¿Qué son ellas? A medida que Él sube el monte, ellas se hacen más grandes, más grandes, más grandes, más grandes. Después de un rato, todas se unen en una sola gran mancha ensangrentada que chapotea contra Sus piernas, yendo hacia el Calvario.
219Veo a satanás decir: “¡Vamos, muerte! Ya lo tenemos. ¡Vamos!; yo te ordeno, muerte”, dice satanás. “Tú sabes que te tengo bajo mi control. ¡Aguijonéalo!, pues él no es nada más que un hombre; él es sólo un hombre. Él no soportaría eso”. Puedo ver esa abeja venir, dándole vueltas a Él, la muerte, el aguijón de la muerte.
220Pero como Uds. saben, un insecto que tiene un aguijón, una abeja, si esa abeja alguna vez hunde ese aguijón muy profundamente, ella nunca más puede aguijonear, porque le saca el aguijón. Hermano, allí fue en donde la abeja de la muerte cometió el error. Cuando ella aguijoneó ese Cuerpo precioso, Él le sacó el aguijón a ella.
221Ahora, para el creyente, como Pablo de antaño, cuando estaban construyendo una—una guillotina para cortarle la cabeza, y la abeja empezó a zumbar alrededor de él (la muerte), él dijo: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. ¿Qué fue eso? La muerte se encontró con Dios. Y desde allí en adelante, la muerte ya no tiene aguijón. Ella puede zumbar y hacer ruido, pero no puede asustarnos.
222Porque yo puedo mirar al pasado y decir: “Ella ancló ese aguijón en la carne de Emanuel; así que por lo tanto, ‘hay una Fuente llena con Sangre que emana de las venas de Emanuel, donde los pecadores que se sumergen en ese torrente, pierden toda su mancha de culpa’. Y la muerte ya no tiene aguijón”. ¿Creen Uds. eso?
223Uds. pueden encontrarse con esto; Uds. pueden encontrarse con su fortuna; Uds. pueden encontrarse con la compañera de su vida; Uds. pueden encontrarse con sus deudas; Uds. pueden encontrarse con su enemigo; Uds. pueden encontrarse con todas esas cosas; no tienen mucha importancia. Pero una vez que se encuentran con Dios, Uds. son cambiados eternamente. Inclinemos nuestros rostros por un momento, mientras oramos.
224Voy a hacerles a Uds. una pregunta sincera, sabiendo que quizás nosotros nunca nos encontremos, Uds. y yo, en la tierra otra vez. Mañana por la tarde está dedicado principalmente para orar por los enfermos. Pero me pregunto esta noche si hay alguno en este edificio que nunca realmente se ha encontrado con Dios.
225Oh, Ud. ha leído Su Biblia, y ha hecho confesiones, y ha puesto su nombre en los libros o algo así, y se ha unido de una iglesia a la otra. Pero realmente Ud. nunca se ha encontrado con Dios. Pero a Ud. le gustaría encontrarse con Él. Con todo rostro inclinado y todo ojo cerrado, me pregunto si Ud. sólo levantaría su mano y con eso decir: “Hermano Branham, recuérdeme en oración, que yo me encuentre con Dios en el perdón de mis pecados, antes que tenga que encontrarme con Él en el Juicio”.
226[Espacio en blanco en la cinta–Ed.].... “Yo quisiera... Si yo quisiera enmendarme con Dios”, dijo, “yo... ¿sabes tú lo que yo haría? Yo conseguiría a alguien que fuera más inteligente para que hablara conmigo”. Yo dije: “Perdóneme entonces, jovencita. Yo sólo me sentí guiado. Yo... Estaba siguiendo la manera como fui guiado”, así como me sentí guiado para llevar a cabo este llamamiento al altar.
227Como unos dos años después, regresé a la misma ciudad. Ella era una muchacha honorable, una muchacha fina. Ella iba caminando por la calle, sus enaguas le colgaban. Yo pensé: “¡No puede ser la misma muchacha!” Me acerqué, y ella volteó y dijo: “Hola, predicador”. Y yo dije: “¡Oh, no!” Ella se rió. Ella metió la mano en su bolso, y dijo: “¿Quieres un cigarrillo?” Yo dije: “¿No te avergüenzas de ti misma?” Ella dijo: “¿Quieres tomar un trago de mi botella?” Y yo dije: “¿No tienes vergüenza de ofrecerme a mí, un ministro, un trago de tu whisky?” Ella dijo: “Quiero decirte algo antes de que te vayas”.
228Miren, escuchen esto mientras tienen el rostro inclinado, orando. Ella dijo: “Sr. Branham, ¿recuerdas aquella noche que tú me hablaste acerca de mi alma?” Yo dije: “Yo siempre lo recordaré, jovencita”.
229Ella dijo: “Tú ciertamente tenías razón”. Dijo: “Yo contristé el Espíritu de Dios por última vez”. Dijo: “Yo me fui de peor en peor”. Y dijo: “Mi corazón está tan endurecido”, dijo ella, “que yo pudiera ver el alma de mi propia madre freírse en el infierno como un panqueque, y reírme de ello”. Eso es lo que Uds. reciben por contristar el Espíritu Santo. No lo rechace a Él, No lo rechace a Él, ¡Oh, cuánto desea Ud. que Él diga: “Bien hecho!” En aquel día Eterno, No rechace al querido Salvador de su corazón, No lo rechace a Él.
230Uds. quizás lo rechacen esta noche por última vez. Sólo levanten su mano y digan: “Ore por mí, Hermano Branham”. [Espacio en blanco en la cinta–Ed.].
231¿Qué pudiera hacer Él ahora por nosotros? Él puede darnos mucho más, abundantemente por encima de todo lo que pudiéramos hacer o pensar. ¿Creen Uds. eso? ¿Cuántos de Uds....? ¿Cuántos están enfermos allá en la audiencia, levanten sus manos, y necesitados? Solo levanten sus manos, digan: “Yo estoy necesitado. Yo tengo necesidad”. Inclinemos nuestros rostros por un momento entonces.
232Sólo oren y digan: “Dios Padre, permite que sea yo”. Sólo tengan fe. Sólo continúen orando. Hay una señora sentada aquí en la línea de enfrente. Ella está orando por un amigo que no está aquí, que está enfermo. ¿Cree Ud. que Dios sanará a ese amigo y le dará salud? Ud. puede recibirlo. Dios la bendiga.
233Sólo sigan creyendo. Aquí atrás a mi izquierda (pueden levantar el rostro), un hombre está sentado allí con problema de la espalda. ¿Cree Ud. que Dios le sanará su espalda, señor? Él sí lo sana.
234El hombre al lado tiene algo mal en su costado. Es su costilla, señor. Eso es correcto. ¿Levantará su mano, si eso es verdad? Ud. ha recibido su sanidad.
235La señora sentada allí al lado de él: artritis. ¿Cree Ud. que Dios puede sanar su artritis y darle salud? Algo anda mal con sus manos, esa señora sentada allí, sus manos y pies, ambos; ¿cree Ud. que Dios los sanará? Si Ud. lo cree con todo su corazón, Ud. puede recibir su sanidad. Dios la bendiga, madre.
236Miren, ¿qué tocaron ellos? Díganme qué tocaron. Ese es el Sumo Sacerdote, ¿es correcto eso? ¿Qué no ven? Ellos se encontraron con Dios. Yo no conozco a esas personas. Todos Uds. allá a los que se les habló mientras las visiones se estaban presentando, si no me conocen y yo no los conozco, levanten sus manos, todos Uds. por allí, dondequiera que estaban, levanten sus manos. Eso es correcto. Muy bien. Perfectamente. Él está aquí, ¿no creen Uds. eso? Ellos se encontraron con Dios.
237Hay una señora sentada aquí atrás al lado derecho. ¿No pueden ver Uds. esa Luz sobre la mujer? Ella tiene reumatismo. Ella también tiene un crecimiento en su pecho. Ella es de Fort Saint John. Su nombre es Agnes. Póngase de pie si eso es verdad. Yo no la conozco; yo nunca la había visto a Ud. en mi vida. ¿Son correctas esas cosas? Levante la mano si eso es correcto. Ud. ha recibido su petición. ¡Ella se encontró con Dios! Eso es lo que lo logra. “¡Si puedes creer!”
238Hay un hombre sentado allá atrás que va a morir muy pronto, si él no cree en Dios. Él tiene cáncer del pecho, cáncer de los pulmones. Si Ud. cree con todo su corazón, Dios lo sanará. Póngase de pie y acepte su sanidad entonces, en el Nombre de Jesucristo.
239¿Qué es lo que lo logra? Yo no conozco al hombre. Él es un completo desconocido. Pero eso es correcto, ¿no es así, señor? ¡Ud. se encontró con Dios! Puede irse creyéndolo. ¡Amén! ¿Tienen Uds. fe en Dios?
240Esa mujer allí está orando por su hijo que tiene problemas de los senos faciales. Si Ud. cree con todo su corazón, él sanará. Eso es correcto, ¿no es así, señora? Si es correcto, levante la mano. Ud. tiene otro amigo enfermo por el cual está orando también, que no está aquí. Sólo crea con todo su corazón, y puede recibir lo que pidió.
241¿Le creen Uds. a Dios? Si eso no es Dios, yo no sé lo que es Dios. Ese es Cristo entre Uds., amigos. ¿Lo creen Uds.? Uds. se están desvaneciendo de mi vista ahora. Por todo este edificio se ve como una gran Luz blanca. ¿Qué pudiera suceder ahorita si Uds. lo aceptan? ¿Qué sucedería ahorita si esta audiencia realmente pudiera creer por un momento? Sólo hay una sola cosa que impide a toda persona aquí que sea sanada: esa es su incredulidad.
242Rompan ese pequeño estandarte de negrura y observen al Espíritu Santo caer en este edificio y toda persona aquí ser sanada. ¿Lo creerán? Pónganse de pie y acéptenlo entonces, en el Nombre de Jesucristo. Levanten sus manos ahora a Él, digan: “Yo te creo, Señor”. Yo le amo, yo le amo, Porque Él me amó a mí primero…
243¿Lo aman Uds. con todo su corazón? ¿Con todo el corazón? Levanten sus manos en alto y alábenlo a Él. Digan: “Gracias, Señor Jesús”.
244¿Cuál es el problema, jovencito soldado? Tú no vas a cometer suicidio. El diablo te está mintiendo, jovencito. Tú únicamente tienes una fobia. Él te está mintiendo. Él te volverá loco si tú le crees. ¡Niégalo a él! ¡Renuncia al diablo!
245Yo te ordeno en el Nombre de Jesucristo que renuncies al diablo y aceptes a Jesucristo como tu Sanador. Tú regresarás y serás un caballero y un verdadero, un verdadero hombre. ¿Lo harás? Levanta tus manos a Dios y di: “Alabado sea Dios”. Eso es correcto. ¡Oh, amén! Ahora, puedes irte a casa y sé sano.
246Todos los que creen en Él, levanten sus manos y denle alabanza a Él. (Yo le alabaré...) Yo le alabaré, yo le alabaré, Alabaré al Cordero inmolado por los pecadores; Denle gloria a Él todos Uds., Pues Su Sangre ha lavado toda mancha. Yo le alabaré, yo le alabaré, Alabaré al Cordero inmolado por los pecadores; Denle gloria a Él todos Uds., Pues Su Sangre ha lavado toda mancha. Ahora, mientras la tarareamos. Yo le alabaré... (Voltéense y estrechen manos con alguien, digan: “¡Dios te bendiga, peregrino! Dios te bendiga, hermano, hermana, peregrino”)... alabaré, Alabaré al Cordero inmolado por los pecadores; Denle gloria a Él todos Uds., Pues Su Sangre ha lavado toda mancha.
247Todos los que lo aman a Él, digan: “¡Alabado el Señor!” Díganlo otra vez. “¡Alabado el Señor!” Yo le alabaré, yo le alabaré, Alabaré al Cordero inmolado por los pecadores; Denle gloria a Él todos Uds., Pues Su Sangre ha lavado toda mancha. ¡Oh!, ¿no es Él maravilloso? Oh, maravilloso, maravilloso, Jesús es para mí (ahora, adórenle), Oh, Consejero, Príncipe de Paz, Poderoso Dios es Él; Oh, me salva, me guarda de todo pecado y vergüenza, Maravilloso es mi Redentor, ¡alabado sea Su Nombre! Yo estaba perdido, pero ahora estoy salvo, libre de condenación, Jesús da libertad y completa salvación; Me salva, me guarda de todo pecado y vergüenza, Maravilloso es mi Redentor, ¡alabado sea Su Nombre! Oh, maravilloso, marav-... (Cántenla en el Espíritu), Jesús es para mí (sólo cierren sus ojos y miren cuán bueno Él es), ... -jero, Príncipe de Paz, Poderoso Dios es El; Oh, me salva, me guarda de todo pecado y vergüenza, Maravilloso es mi Redentor, ¡alabado sea Su Nombre!
248¿No lo aman Uds.? Después del mensaje cortante y demás, y luego ver a los pecadores venir a la Fuente llena con Sangre, luego ver al Espíritu Santo venir, confirmando que es Él, mostrándose Él mismo vivo, el Mesías de Dios, andando entre nosotros allá en la audiencia esta noche, entonces podemos cantar en el Espíritu y adorarlo a Él. ¡Oh, hermanos! ¡Oh!, cantemos esa otra vez. ¿Nos daría otra nota? Maravilloso, maravilloso, Jesús es para mí, Él es el Consejero, Príncipe de Paz, Poderoso Dios es Él; Me salva, me guarda de todo pecado y vergüenza, Maravilloso es mi Redentor, ¡alabado sea Su…!
249Todos los que se sientan muy bien, digan: “¡Alabado sea Dios!” Qué bien. Inclinemos nuestros rostros sólo un momento ahora. Me pregunto: ¿saben Uds. esa alabanza aquí en Canadá (es una de nuestras grandes alabanzas del sur): Lleva El Nombre De Jesús Contigo? Muy bien, denos la nota en esa, hermana. Muy bien. Cantémosla dulcemente ahora. Todas esas buenas vocecitas noruegas, canten ahora. Uds. quizás no sean unos– unos cantantes melodiosos, pero canten con el corazón.
250Yo–yo–yo no... A mí me encanta el buen cantar antiguo, pentecostal, pero no me gusta una voz demasiado entrenada, aguantando la respiración, Uds. saben; yo sólo... A mí me gusta oír el buen cantar pentecostal. Sí señor. Muy bien. Muy bien. Lleva el Nombre de Jesús contigo, Hijo de pena y dolor; Te dará gozo y consuelo, Oh, llévalo.... (Ese problema del oído se ha ido de Ud...) ... nombre, ¡Oh cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo; Nombre precioso (nombre muy precioso), ¡Oh cuán dulce! Esperanza de la tierra y gozo del Cielo. Ahora con nuestros rostros inclinados, cantemos: Inclinados ante el Nombre de Jesús, Cayendo postrados a Sus pies, Rey de reyes en el Cielo le coronaremos, Cuando nuestra jornada completa esté. Precioso... (¿Cuántos creen que Uds. están sanos ahora?, levanten sus manos en la... Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Dios... ¡Oh, sólo miren!)… Esperanza de la tierra y gozo del Cielo; Precioso Nombre, ¡Oh cuán dulce! (¿no es eso encantador?) Esperanza de la tierra y gozo… Lleva el Nombre de Jesús contigo, Como un escudo para cada trampa; Cuando las tentaciones te ro… (Cuando el diablo le diga: “Tú no estás sano”, miren, ¿qué hacen Uds.?) Simplemente susurra ese Nombre santo en oración. Precioso Nombre.... Pastor, aquí tiene su audiencia. Dios le bendiga.