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~ UNO DE LOS HOMBRES MAS VILES DE LA CIUDAD ~
1Hermano Carlson e invitados honorables, Hermano David duPlessis, y Hermano Roy Weed, Hermano Mattsson-Boze, y todos, estamos contentos de estar aquí en esta mañana para… en el servicio del Señor. Y me siento satisfecho esta mañana, al oír todos esos maravillosos testimonios y observar cómo causan una reacción en la gente. Yo estaba oyendo el testimonio del alcohólico y estaba observando a Rosella sentada allí, para ver qué efecto tenía en ella; estaba observando a ese hermano bautista aquí, su profecía que Dios le dio de que venía un avivamiento que abarcaría toda la nación, observando la reacción sobre la gente; estaba oyendo al Espíritu Santo hablar en lenguas e interpretar, y decirnos que estamos justo en el fin, está aquí ahora mismo. Cómo es que Dios le dio ese mensaje, y luego lo incluyó a él mismo en eso. ¿Ven?, sólo…
2Cómo es que si nosotros tan sólo miráramos alrededor y viéramos qué tan gloriosamente Dios se está moviendo, y haciendo exactamente lo que Él dijo que haría. Cómo es que debemos despertar, y recordar que no es en el futuro; es ahora. Sigan adelante, ahorita mismo. Simplemente—simplemente sigan adelante.
3Y oí al Hermano David aquí. Yo estoy seguro que Uds. oirán algunas cosas tremendas esta tarde en la reunión de la tarde, del Hermano duPlessis, de quien yo estaba hablando la otra noche en la plataforma. Y luego anoche allí estaba él, allí mismo. Yo no tenía la menor idea de que él iba a venir, pero siempre ha habido un gran compañerismo entre el Hermano David y yo, en esto de viajar y ministrar por todo el mundo en este último día.
4Y el capítulo de Chicago aquí ha sido tan amable conmigo, en las muchas veces que he estado aquí en este compañerismo. Yo lo aprecio cada vez. Cada vez que menciono de venir a Chicago, pues, Billy y Leo, y todos ellos saltan de gozo. A ellos les—a ellos les gusta venir a Chicago. Ellos dijeron: “Nosotros nos sentimos muy bien en Chicago, por alguna razón”. Así que, estamos muy contentos.
5Estaba pensando aquí hace unos momentos en un fiel y verdadero amigo mío, el Hermano Roy Weed. Recuerdo que él se paró a mi lado en una hora de necesidad, cuando recién me inicié en el campo; y cómo es que él se paró a mi lado cuando no tenía que hacerlo. Pero Dios… De la bondad de su corazón se paró firme conmigo... Y cada vez que pienso en las Asambleas de Dios, o—o encuentro a algún hermano que quizás yo pienso que él hizo algo que no debería haber hecho (y me imagino que él piensa lo mismo acerca de mí pero…), yo siempre pienso en Roy Weed. ¿Ven?, yo pienso que nosotros… puso su hombro con tal firmeza y se paró conmigo en una hora cuando yo… se tenía que tomar una decisión, porque yo había tomado mi decisión en base a mi palabra prometida. Y el Hermano Roy pensó que quizás delante de sus hermanos pudiera traer un reproche o algo. Entonces el Hermano Roy se paró firme conmigo en la plataforma. Yo nunca lo olvido a él.
6Luego pienso que ahora que estoy… el Señor me ha ayudado a tener amigos y todo, que yo quizás vea algún otro amigo que yo también pueda ayudar de esa manera, recordando de dónde yo vengo también. Pienso que todos nosotros deberíamos hacer eso: recordemos el lugar de donde fuimos sacados.
7Ahora, nosotros no tenemos el tiempo suficiente aquí para que yo predique, sabemos eso, porque yo me prolongo mucho. Y estaba pensando que ojalá algunos de los hermanos se quedaran allí arriba, Uds. saben, para que cuando yo subiera allí, yo sólo pudiera dar un testimonio y—y sentarme. Pero miren, sí me da tiempo para leer una Escritura, creo yo, para salir… yo no… no queremos quedarnos más que hasta las once, si es posible, porque pienso que ese es el tiempo permitido. El Hermano Carlson es muy bondadoso.
8Billy está sentado aquí aclarando su garganta y riéndose de mí, porque él todavía no cree que yo puedo predicar un sermón de treinta minutos y bajarme de la plataforma. Él siempre se ríe de mí, porque él dice: “Papá, yo no… Cuando yo te encontré allá esta noche, tú dijiste: ‘treinta minutos’, pero yo me fijé bien en los treinta minutos”. Dijo: “Tú ni siquiera habías empezado cuando llegaron los treinta minutos”.
9A manera de lectura de la Escritura, para que podamos entrar directamente en ella… Y esa bienvenida tan maravillosa que Uds. hermanos me dieron, yo nunca olvidaré eso. Yo nunca la olvidaré. Y yo—yo haría cualquier cosa por Uds. Algunas veces yo… Miren, estos aquí son como una familia, como nosotros decimos allá en el sur. Algunas veces Uds. me oyen amonestar; y realmente yo me voy a casa y me siento, y algunas veces tomo una de esas cintas y digo: “Seguramente que yo no dije eso. Seguramente que yo no pude haber dicho eso”. Y—y entonces pienso: “Bueno, lo he dicho, he dicho, y fue—fue bajo inspiración, de lo que yo sé que es inspiración”. Así que no me avergüenzo de ello. Y yo—yo no lo digo para lastimar a alguien. Si ese fuera mi—mi motivo, entonces mi objetivo está errado. ¿Ven? Yo—yo sólo… yo—yo no sería… para hacer eso.
10Pero algunas veces yo me subo allí, y pienso que leeré un texto… Yo tengo como cinco textos aquí de los que iba a hablar esta mañana. ¿Ven Uds.? Y yo—yo dije: “Ahora bien, si yo tengo treinta minutos, yo voy a hablar sobre esto. Si tengo veinte minutos, hablaré sobre esto. Si tengo una hora y media hablaré sobre esto”. Y así que yo tengo aquí mi texto de treinta minutos esta mañana. Por supuesto, yo creo en multiplicación, Uds. saben, si el tiempo se prolongara lo suficiente…
11Abramos, si Uds. quisieran, en el Libro de San Lucas, el capítulo siete y el—el versículo cuarenta 40: Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
12Sabiendo que el sistema de sonido está muy malo… y ¿me supongo que Uds. pueden oírme bien allá en la parte de atrás? Nuestro hermano aquí se sentó aquí con una mirada de preocupación en el rostro, porque su… lo observé y sentí lástima por él; y observé cómo esa alabanza lo alentó hace rato, la que la hermana estaba cantando, y cómo es que hay gracia. Nosotros creemos eso, la sublime gracia de Cristo. Y pensé que quizás esta mañana hablaríamos sobre un tema que sería quizás corto, algo como un pequeño drama, sobre: Uno De Los Hombre Más Viles De La Ciudad. Ahora, ese es un texto tremendo para escoger en un desayuno de hombres de negocio. Pero quizás algunas personas no saben exactamente lo que verdaderamente es un hombre vil. Así que, a nosotros—a nosotros nos gustaría hablar acerca de uno.
13El sol debe haberse estado ocultando cuando el mensajero llegó. Había sido un día muy tremendo, y Jesús había estado orando por los enfermos, predicando. Y, ¡oh!, la gente se reunía sólo para aferrarse de una palabra que Él dijera. A mí me hubiera gustado haber estado allí. Yo con frecuencia me he imaginado cómo hubiera sido al oírlo a Él extendiendo sus manos, y decir: “Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados”. Yo tal vez ni siquiera aun viva para ver el día cuando ellos capten esa vibración, para oír cómo sonaba. Luego no sabiendo hebreo, yo no podría entenderlo. Pero yo sí espero oírlo a Él decir en aquel día: “Bien hecho, mi buen y fiel siervo”.
14Las multitudes estaban inquietas, y por muchos de ellos no se había orado. Y ellos se estaban preguntando dónde Él iba a estar al siguiente día, porque no sabían de un día para el otro en dónde Él… El Espíritu lo llevaría a Él. Y los discípulos ya estaban muy fatigados de hacer para atrás a la gente, y diciendo: “No, no empujen; sólo sean reverentes, y nuestro Maestro los atenderá a Uds. tan pronto como pueda”.
15Ese mensajero llegó, y debe haber hablado, digamos con Felipe. Y él tal vez dijo: “Yo tengo un—un mensaje para tu Maestro. Me ha enviado un hombre de negocio y debo darle este mensaje a Él”.
16Y Felipe quizás dijo algo como esto: “Nuestro—nuestro Maestro está muy agotado señor, porque ha estado ocupado todo el día. Nosotros hemos presenciado con nuestros ojos, grandes milagros y señales que Dios ha hecho por medio de Él”.
17Pero el mensajero no estaba interesado en lo que eran los milagros. Él únicamente estaba interesado en lo que su amo lo había enviado a él a decir. Finalmente Felipe, siendo un caballero cristiano, se abrió pasó con el mensajero hasta llegar a la Presencia del Maestro. Y él le dijo: “Este joven trae un mensaje de otra ciudad, en donde hay un hombre de renombre, y quiere hablar contigo acerca de su amo”.
18Y puedo ver los ojos cansados, fatigados de nuestro Señor cuando Él volteó y dijo: “¿Qué es lo que tienes que decir?”
19Yo he pensado con frecuencia: “¿Qué si yo pudiera haber sido ese mensajero?”
20Pero él dijo: “Mi amo te ha dado un honor. Él va a tener una gran fiesta, y quiere que Tú seas su invitado especial en esta fiesta. Y nos gustaría que Tú nos prometas que estarás con nosotros tal y tal día. Quizás es un evento anual. Y—y de todos los hombres, Él te escogió a Ti para que fueras”.
21Uds. saben, yo creo que si hubiera estado parado allí así de cerca del Señor Jesús, yo me hubiera olvidado de todo lo que Simón me hubiera dicho que dijera. La primera cosa que yo hubiera dicho, hubiera sido. “¡Señor, ten misericordia de mí, pecador!” Pero de esa manera muchos de nosotros nos volvemos. Pensamos que nuestra tarea diaria y lo que nuestro trabajo demanda es más importante que todo lo demás. Y yo creo que si alguna vez estamos en la Presencia de Dios, que nuestro prestigio terrenal, nuestros asociados terrenales, nuestro mensaje, o nuestro trabajo debería ser lo último. Presentémosle nuestra confesión a Él. ¡Oh, me hubiera gustado haber caído allí a Sus pies, y haber dicho: “Yo tengo un mensaje de mi amo, pero primero yo también tengo un mensaje: ¡ten misericordia de mí, oh, Dios; yo soy un pecador! Y yo sé que Tú eres el Hijo de Dios, y yo he anhelado esta oportunidad; y ahora aquí estoy arrodillado a Tus pies; ¡ten misericordia de mí!”
22Pero él, al igual que muchos de los jóvenes de hoy, tenía otras cosas en su mente. Él quería entregar el mensaje, y estaba cansado. Sus piernas estaban sudadas por correr y… para llegar allí, porque él no sabía dónde estaría el Maestro al día siguiente. Así que él lo tenía a Él acorralado en un cierto lugar, que pudo hablar con Él.
23Yo quiero que Uds. se fijen en la actitud que Jesús tomó hacia el hombre. No hay duda que Él miró con respeto a ese adolescente moderno de ese día, y supo que quizás él debería pedir perdón por sus pecados. Pero aunque fuera así, Él… con todo Su gran itinerario… Él no tenía itinerario terrenal que yo sepa, sino sólo hacer la voluntad de Dios en cada paso que Él daba. No sabía exactamente adónde el Padre lo llamaría al día siguiente, pero estaba dispuesto y presto para ir. Con todo Su itinerario ocupado y con todo lo que Él tenía que hacer, Él todavía volteó Sus ojos fatigados hacia ese mensajero. Dijo: “Ve y dile a tu amo, que allí estaré”.
24Ahora, no hay duda en mi corazón, y creo que en muchos de los nuestros hoy, de que Jesús supo lo que estaba reservado para Él cuando llegara allí, porque Él sabía el secreto del corazón de los hombres. Y Él sabía que Simón tenía algo planeado, pues, ¿cómo podía un hombre, un fariseo, tener compañerismo alguno con Jesús, y querer verlo a Él, a quien él odiaba? Los fariseos no tenían nada que ver con Jesús.
25Y cuando Uds. ven a la gente que… como ésa, gente del mundo, que los quieran invitar a Uds. a alguna parte, a una fiesta, llevarlos a una fiesta de Navidad, algunos de Uds. cristianos que trabajan para el Señor, y Uds. tienen que trabajar allí para su diario sustento… Cuando Uds. oyen a sus patrones que beben, fuman, cuentan chistes sucios entre la gente, cuando él los invita a Uds. a una cierta fiesta, él tiene algo oculto. Las tinieblas y la luz no tienen compañerismo.
26Cuando Uds. ven a una niñita como de cinco años de edad pegada a su abuela, algo anda mal. ¿Ven? Miren, o ella es la consentida de la abuela, o la abuela tiene una bolsita de dulces en alguna parte. Hay demasiada diferencia en sus edades. La niñita quiere hablar de muñequitas, y demás; la abuela es una mujer anciana, ella tiene algo más de qué hablar. Así que, ¿ven Uds.?, la niñita, como diríamos, tiene algún motivo escondido por allí. Hay alguna razón por la cual ella anda pegada a su abuela. Y cuando el mundo lo trata de palmear a uno en el hombro y decir: “¿Vendrías aquí?”, o—o algo así, algo anda mal en alguna parte.
27Y Jesús sabía que cuando ese Simón fariseo lo invitó a Él a una cena de banquete, algo andaba mal en alguna parte. Sin embargo a pesar de todo eso, Él estuvo dispuesto a ir. Él es… Él siempre irá adonde es invitado… sin importar las circunstancias y lo que Él sabe que sucederá. Si Uds. lo invitan a Él, Él estará allí. Sí, Uds. pueden contar con eso.
28Miren, Él dijo, cuando el tiempo se acercaba para ese gran banquete… Yo me puedo imaginar viendo a ese fariseo, el cual era rico. En aquellos días no había gente de clase media. Era tal vez como lo es ahora en la India y por dondequiera, donde se encuentran realmente los pobres y los ricos. Aquellos que verdaderamente son ricos, son ricos; y aquellos que son pobres, son extremadamente pobres. No hay gente de clase media. Y los ricos tenían todo el dinero; los pobres no tenían nada. Y algunas veces cuando esa gente rica podía dar un banquete, ellos realmente daban un banquete tremendo.
29Así que, a medida que el tiempo, la fecha señalada se acercaba… Sin duda que Simón lo fijó en una fecha cuando todas sus uvas estarían maduras, y habría un—un olor agradable por todo el lugar, de los grandes viñedos llenos de uvas maduras, y las abejas zumbando. Y ellos mataban sus corderos gordos y los asaban. Y sacaban los vinos de primera calidad, y los ponían en el patio de enfrente, y convidaban a sus invitados ricos; y ellos realmente pasaban un tiempo maravilloso, pero los pobres ni siquiera podían entrar a la puerta.
30Y entonces cuando llegó el día, y todo el banquete estuvo listo, y ellos… los animales fueron matados, y las parrillas estaban humeando con carne delicadamente preparada, con salsas finas puestas en ella. Yo me imagino a los pobres pasando por allí, lamiéndose los labios…
31Entonces para asistir a una de esas fiestas, Ud. tenía que ser invitado, tener una invitación. Y entonces cuando Ud. llegaba, pues, ellos siempre, ellos… Ud. tenía que ser bienvenido cuando Ud. llegaba. Cuando… Alguien estaba allí para recibirlo a Ud. y recoger su—su invitación, y ellos lo tenían a Ud. anotado, quiénes debían estar allí. Y “Este es Fulano de tal y (tachaban su nombre)… ha llegado”.
32Yo recuerdo, mientras estaba estudiando acerca de cómo ellos atendían en aquellos días en el Oriente, que la gente… su única manera para viajar, o era por carretera, o por caballo, o—o caminando. Los ricos podían viajar en un carruaje o carreta; algunos viajaban en el lomo de animales, y otros caminaban. Y cuando Ud. iba caminando, pues, ellos usaban una ropa suelta, algo como un manto que colgaba suelto. Y debajo de ese manto usaban una ropa por dentro, porque al caminar, y demás, con el manto suelto… Entonces cuando Ud. llegaba a la casa donde lo habían invitado, cuando Ud. era invitado…
33Uds. oyen que la iglesia (nosotros lo practicamos en nuestra iglesia) todavía practica el lavamiento de pies. Miren, ellos dicen que es tradición, pero sin embargo es—es un mandamiento. Ellos dicen que aquellos lo hicieron en aquel entonces como una tradición, y sí lo hicieron. Pero Jesús lo dejó como un ejemplo. Y entonces si Él lo dejó, es un mandamiento. Así que entonces nosotros…
34Cuando el… El hombre de paga más baja en el trabajo era aquel que ellos llamaban el hombre lavador de pies. Él verdaderamente sólo era un criado. Él ganaba el—el sueldo más bajo de todos ellos, porque en la casa él únicamente lavaba los pies de los invitados cuando ellos entraban.
35Entonces yo pienso en nuestro Señor. Algunas veces nosotros pensamos que somos alguien, cuando el Dios del Cielo cambió Su forma de ser Dios a llegar a ser un hombre, y Él tomó la posición, no de un rey, sino de un sirviente lavador de pies, al lavar los pies de Sus discípulos y secarlos con la toalla con la cual Él estaba ceñido. Luego si nosotros no recibimos el honor más alto cuando somos los invitados, o vamos a ser atendidos… Nosotros tenemos que tener la atención de todos. Entonces yo pienso acerca de nuestro Señor, cómo es que Él nos dio un ejemplo de tomar la posición más baja que había, como el de lavar los pies de los invitados.
36Y miren, sus pies se ensuciaban a medida que ellos caminaban, porque ellos usaban sandalias, algo como las sandalias romanas que ellos usan hoy. Eso era considerado sus zapatos. Y luego también, se ensuciaban sus piernas, pues el manto de adentro subía alto. Y a media que—que el manto se movía al caminar por los pequeños senderos que subían por las montañas… Ellos no tenían los caminos anchos como los tenemos nosotros hoy. Los animales también viajaban por esos senderos: camellos, mulas, caballos, y diferentes maneras de viajar. Y en el transcurso del camino se ponía polvoriento, y—y el mal olor se impregnaba en el polvo.
37Y a medida que caminaban en ese polvo, ese manto arrastrándose en el polvo levantaba la tierra. Y mientras ellos estaban sudando… lo cual, el calor del sol palestino es muy fuerte, y con el sudor de ellos, se ponían—se ponían “pegajosos”. Y ese olor de los caballos, y los— los animales que viajaban por el camino, recogían ese polvo y se les pegaba. Ellos olían mal, debido a que ellos iban caminando, y ese polvo se les pegaba.
38Entonces cuando Ud. invitaba a un invitado a su casa, la primera cosa que sucedía para hacer bienvenido a ese invitado, después de que tenía la invitación… Primero ellos tenían que ser invitados. Y luego, antes que ellos pudieran verdaderamente sentirse en casa, tenían que estar preparados para eso. Yo quisiera únicamente que tuviera tiempo para expresar lo que está en mi corazón respecto a nosotros cuando tenemos un avivamiento. Nosotros lo invitamos a Él, pero me pregunto: “¿nosotros lo atendemos a Él cuando viene, o lo empujamos a un lado?
39Entonces el criado lavador de pies, como yo lo llamaría, cuando un hombre llegaba a la puerta, ése era el primer hombre que lo iniciaba todo, porque él—él estaba… no olía bien, estaba todo empolvado. Así que la primera cosa que hacían era quitarles las sandalias, y lavarles los pies y las piernas; y luego tomaban sus sandalias y las guardaban, y le daban un par de algo como una pantufla, un pañito que él le ponía en sus pies para así caminar en las hermosas alfombras importadas en los hogares de esa gente rica.
40Y luego, la siguiente cosa que hacían, después que el criado les lavaba los pies, entonces él extendía su mano hacia la repisa y agarraba perfume. Y algunas veces ese era muy, muy costoso. Y el invitado extendía sus manos, y él le derramaba el perfume en sus manos, lavaba sus manos con él, luego le ponía en el cuello, lavaba su cara y su barba, luego tomaba una—una toalla, y lo limpiaba con ella; y algunas veces sus cuellos estaban quemados por el sol. Y ese cierto perfume estaba hecho de un incienso real, muy costoso (la gente rica lo tenía). Se dice que algo de eso aun era algo de lo que la reina de Sabá le trajo a Salomón. Es encontrado muy en lo alto de las montañas, es muy raro. Ellos lo hacen de un botoncito de una rosa, que llega a ser una manzana. Y ellos tenían que escalar alto, y es muy raro hacer ese perfume que la gente rica usaba para—para ungir a sus invitados cuando ellos entraban.
41Y luego, ellos tomaban la toalla y le limpiaban la cara, y el cuello, y entonces se sentía refrescado, y su pies estaban limpios, y él estaba descansado. Él se sentía en condición para encontrarse con el amo de la casa. Luego él pasaba al otro cuarto, y quién estaba allí sino el amo de la casa. Entonces era… Ellos se encontraban (póngase de pie sólo un momento, hermano) algo como esto. Cuando el invitado entraba, miren, él no se sentiría en condición como para encontrarse con el amo de la casa si él estaba… sus pies estaban sucios y su cuerpo estaba apestando con el olor de los animales que habían caminado en el sendero, y con sus pies todos adoloridos y polvorientos, y su cuello quemado por el sol. Él estaba…
42Después que él era lavado y—y estaba… que el mal olor se había quitado de él, y él estaba perfumado y limpio, él se encontraba con el amo. Y luego ellos ponían sus manos y se palmeaban el uno al otro, de esta manera. Y luego cuando ellos lo hacían, se saludaban el uno al otro con un beso en ambos lados del cuello (¿ven?), así que entonces ellos (póngase de pie un momento), de esta manera, se besaban uno al otro en ambos lados del cuello. (Perdónenme. Debí haber terminado con el resto de la demostración).
43Y entonces después que él era lavado y perfumado, su cuellos sin polvo en él, sin olor de estiércol, sino que traía puesto su perfume allí, entonces él—él se sentía refrescado, para que el—el que lo había invitado a él se sintiera libre para besarlo en el cuello.
44Y luego cuando él le daba el beso, el beso era la bienvenida: “¡Entra! Todo es… ¡Siéntete como en tu casa!”, cuando él lo besaba y lo saludaba. “Entra. Todo es tuyo. Tú eres uno de nosotros ahora. Tus pies están lavados, y tú estás—tú estás perfumado, y arreglado, y ahora yo te he dado un beso de bienvenida. Mira, entra a mi casa, y ve al refrigerador, y toma algo para comer, acuéstate, haz lo que quieras hacer. Tú estás en casa ahora, porque yo te he hecho bienvenido”.
45¿Cómo fue que ese criado lavador de pie lo pasó a Él por alto? Yo quisiera haber podido estar allí. Yo—yo hubiera estado atento esperándolo a Él. Hubiera tenido una palangana especial de agua preparada para Él. A mí me hubiera gustado haberlo recibido a Él. Yo no sé; algo debió haber pasado. Él estaba… Él no estaba allí; él lo pasó por alto. Y nadie lo besó; nadie lo lavó; nadie lo acicaló; nadie lo hizo bienvenido. Pero Él llegó de todas maneras, porque fue invitado.
46Yo me pregunto, algunas veces cuando nosotros lo invitamos a Él: ¿pensamos en esas cosas? Háganlo bienvenido a Él. No se avergüencen de Él. Cuando Él entre en su corazón, adórenle. “Señor, ven a mi corazón”. Entonces cuando Él viene, ¿se avergüenzan debido a que Uds. están parados en la presencia de alguien más? Cuando Uds. oyen a alguien tomar Su precioso Nombre en vano, ¿se avergüenzan Uds. de ir a ellos y decir: “No hagan eso; eso me lastima mucho; ese es mi Maestro del que Uds. están tomando Su Nombre en vano?” Me pregunto: ¿Nosotros verdaderamente lo hacemos bienvenido a Él? Espero que sí.
47Hay tantos hoy en día que lo invitan a Él a la ciudad para un avivamiento; y luego Él puede venir, y entonces nada más dicen: “Oh, pasen por alto esa cosa. No vale la pena”. Nosotros le invitamos, pero nunca lo hicimos bienvenido. Algunas veces quizás pensamos que Él diría algo que estaría en contra de nuestra creencia.
48¿Por qué Simón no estaba… por qué él no estaba interesado en Él? ¿Cómo fue que ellos fallaron en verlo a Él? Pero allí Él estaba sentado en el rincón como un “despreciado”, Su preciosa cabecita inclinada hacia abajo; todos iban pasando a un lado de Él. Oh, ellos estaban interesados en los asuntos de la ocasión. Y el pastor estaba allí, y ellos tenían sus reuniones sociales y sus conversaciones; pero, ¿qué del pobre Jesús? Pues, Él no fue bienvenido y Él… Nadie… Pues, a Él—a Él ni siquiera le lavaron los pies. Había un mal olor. Él no fue amado; Él no fue bienvenido.
49Yo me pregunto, algunas veces en este gran camino hermoso que llamamos “santidad”, “dulzura”, me pregunto si las vidas que nosotros algunas veces le presentamos a la gente, no lo hace a Él también un poco no bienvenido, debido a nuestro carácter. Nosotros no vivimos correctamente, no somos la clase correcta de persona para representarlo a Él. Nos retractamos, retrocedemos, y somos débiles, movidos de esta manera y de esa manera. Si Él ha venido a nuestra casa, deberíamos estar agradecidos; ¡ese Forastero de Galilea!
50Allí estaba Él, sentado en el rincón, habiendo dejado Su itinerario ocupado. Y Él estuvo allí puntual. Jesús nunca falla en asistir a una cita. Él las cumple todas. Uds. pueden contar con eso. Cuando Él hace una cita, Él está allí para cumplirla.
51Y hay una cita en la que todos nosotros vamos a estar, porque Él la hizo con todos nosotros. Esa es la del Juicio. Él va a estar allí, y Uds. también. Todos nosotros vamos a estar allí.
52Pero allí Él estaba en el rincón. Cuando pienso en eso algunas veces, hace que mi corazón se sienta raro. Yo pienso: “Jesús sentado en el rincón con pies sucios”. Como los franceses lo llaman a Él: “Jésus”, Jésus con pies sucios. Suena sacrílego, pero Él estaba en esa condición. Ellos lo dejaron a Él en esa condición. Ellos lo dejaron sentado en esa condición, con pies sucios. Se suponía ser un Invitado de honor, y ellos estaban tan ocupados con sus cosas, a tal grado que Jesús estaba sentado con pies sucios. Yo me pregunto si nosotros hoy no estamos tan interesados de ver que nuestro grupo crezca más grande que el otro, a tal grado que lo dejamos a Él sentado en la misma condición. Pero allí estaba Jesús con pies sucios, sin ser bienvenido...
53Había una mujercita en esa ciudad que ganaba su sustento en una forma muy mala. Ella era una mujer de la—de la luz roja, de la prostitución. Uds. entienden. Y ella quizás iba a la calle un poquito tarde esa mañana. Y ella había contado sus denarios romanos que estaba ahorrando, quizás para algún día comprarse un vestido mejor. Y de la manera que ella ganó su dinero era por la prostitución. Ella tenía un mal nombre entre el pueblo, sin embargo, pensemos que sólo era una mujer joven que había sido echada fuera a la calle; quizás no era porque ella era delincuente, sino porque ella tenía padres delincuentes. Ellos no trataron de cuidar de ella. Esa es la razón que muchas de ellas andan en la calle hoy en día: no por delincuencia juvenil, sino por la delincuencia de los padres.
54Estaba oyendo esta mañana cuando salí de mi cuarto, que cinco niñitos perecieron en Chicago anoche en un incendio, porque una madre dejó una muchachita adolescente que los cuidara, y la casa se quemó y quemó a sus hijos. Había salido a una fiesta en alguna parte.
55Mi esposa y yo íbamos por la calle ayer, y vimos como unos cuatro niñitos sentados en un automóvil. Y la niñita mayor no tenía más de siete años de edad, con un bebito de pecho. Y uno de los niñitos se quería ir con su mamá; y ella se salió del automóvil y prendió un cigarrillo, y cerró la puerta con fuerza, y dijo: “¡Tú quédate allí!”, y se fue al centro, y entró a una cantina. Y una niñita de siete años de edad estaba en las calles de Chicago, en una calle muy conglomerada, la parte sur de Lincoln. Y allí dentro de ese automóvil estaba un bebito, un bebito de pecho. Y ese viento estaba soplando tan fuerte que yo casi me helaba. Yo no sé; algunas veces pienso que es la culpa de los padres.
56Quizás esta muchachita fue criada en un hogar como ese, y ella había sido echada fuera a la calle. Si ella hubiera tenido una madre que oraba como tuvo este hermano alcohólico, quizás las cosas hubieran sido diferentes. Él dijo que su madre había orado por él. Permítanme decir esto. Cuando el romano fue convertido, Pablo… El carcelero de Filipos, allá en Filipos, él dijo: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” La mayoría de nosotros le diríamos a él qué no hacer: dejar de beber, dejar de robar, dejar de mentir, dejar de fumar. Pero esa no fue su pregunta. “¿Qué debo hacer?”
57Pablo dijo: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”.
58Ud. dice: “Cuando un hombre es salvo, ¿salva eso a su casa?” No. pero si él tiene suficiente fe como para ser salvo él mismo, él tiene suficiente fe para que su casa sea salva también, la misma fe que los salvó a él. Eso es lo que pensó esa madre. Ella ha estado en la tumba hace tiempo, pero sus oraciones acaban de ser contestadas.
59Una madre delincuente y un padre delincuente, hace un hijo delincuente. Quizás, digamos que esta damita tuvo un padre y una madre que no tuvieron cuidado de ella, y ella se fue a la calle y se metió en mala compañía. Cuando lo hizo, ella llegó a ser una desechada. Nadie tuvo cuidado de ella.
60Este predicadorcito sentado aquí, tomando estas notas ahorita, me estaba diciendo que él tenía como unas cuarenta esquinas aquí en Chicago en las que él predicaba, o en las que enviaba a la gente a predicar. ¡Dios bendiga a ese jovencito! Dennos más de esas reuniones de calle. Así es como Uds. traen a los borrachos y demás. Algunos de nosotros nos volvemos demasiados sofisticados y nos sentimos muy “de clase”, como para pararnos otra vez en la esquina, o para ir a los barrios bajos. Jesús dijo: “Vayan por los caminos y los vallados (por todas partes), y fuércenlos a entrar. La hora está a la mano”.
61Pero tal vez en aquellos días ellos no tenían una reunión así en la calle allí en la ciudad de ella. Pero ella salió, después de cerrar con llave la puerta, y bajó unos escalones crujientes que estaban allá en un callejón; y saliendo, se había arreglado para encontrarse con los publicanos para adquirir más dinero en el transcurso del día, en su manera de ganar el sustento. Y la cosa extraña era que no había nadie en la calle. Parecía que todos se habían ido. Así que mientras caminaba en la calle, bueno, ella se preguntó: “¿Qué clase de día de fiesta es? ¿Qué es lo que anda mal? Toda la gente se había ido por alguna razón”.
62Y ella olió el aroma de ese cordero asado que venía del aire. Y quizás ella no había comido por algunos días, tratando de ahorrar, algo de su dinero para comprarse un vestido que se mirara decente. Ella olió ese aroma, y dijo: “Oh, alguien debe estar celebrando una— una fiesta”. Y ella lo siguió hasta que llegó cerca. Y por fuera de las rejas de la hermosa y grande mansión en la que vivía Simón, mientras la fiesta estaba en proceso, la gente pobre estaba parada allí, respirando el aroma y saboreándose los labios. Y los ricos estaban allí adentro bebiendo vino y preparándose para su cena.
63Y esta mujercita se abrió paso entre la gente. Y cuando la vieron venir, por supuesto ellos se hicieron a un lado porque ella era una persona de mala fama. Y ella finalmente llegó tan cerca al grado que ella alcanzó a dar una ojeada a lo que estaba dentro de las rejas, para ver si podía mirar eso que estaba despidiendo ese aroma satisfaciente, para mirar la parrilla, para ver cómo estaban asando el cordero, y pensar que en una ocasión de su vida ella quizás pudiera sentarse a comer una buena comida. Y ella probablemente había agarrado su hermoso cabello y se lo había arreglado todo en alto, Uds. saben, pues ella era mujer de la calle.
64Y a medida que miraba alrededor de toda la audiencia, ella vio a Simón el fariseo parado allí, con sus discursos delante de los dignatarios de la ciudad. Allí estaba el doctor Jones con su Ph. D, LL.D., y el pastor, y allí estaba su asociado, y allí estaban todos los dignatarios provenientes de las diferentes ciudades, parados allí, Uds. saben, muy respetables.
65Ella pensó: “¡Oh, mira eso, cómo los ricos lo tienen todo!” Mirando para todos lados ella pensó: “Bueno, déjame decirte: ellos siempre invitan, por supuesto, a su propia clase, y nosotros nunca tenemos una oportunidad”.
66Pero al poco rato sus ojos se dirigieron hacia el rincón. Allí estaba sentada una pequeña Persona inadvertida. Y ella podía ver que había polvo sobre Él. “Bueno, ¿cómo logró Él entrar allí? Me pregunto: ¿quién es Ese?” Tenía Su cabeza inclinada. Nadie le estaba prestando nada de atención a Él. Ella pensó: “Me preguntó: ¿cómo logró Él entrar? Pues, Él debe haber entrado disimuladamente sin ser invitado. Sus pies no están lavados; Su ser, Su rostro, no está acicalado. Nadie le está prestando nada de atención a Él. Me preguntó por qué”
67Y mientras ella miraba, Él levantó Su cabeza. Sus ojos se encontraron con los de Él. Uds. saben que cuando eso acontece, algo sucede. Ella lo miró a Él en el rostro. Ella dijo: “Yo nunca he visto a nadie con un aspecto así. Me pregunto: ¿quién pudiera ser Ese? Me pregunto”. Y quizás a alguien parado al lado, ella le preguntó: “¿Por qué está sentado allí Ese Hombre?”
68Bueno, ahí iba llegando uno de los miembros de la iglesia de Simón, así que él pudiera haber dicho: “¿Por qué es ese…? Oh, ¿no entiendes? Nosotros nos vamos a divertir hoy con él. Simón, nuestro amo, él lo invitó aquí. ¿No sabes tú quién es ése?” “No, yo quisiera saber”. “Oh, ese es el profeta galileo llamado Jesús de Nazaret”.
69Y cuando ese Nombre tocó el corazón de esa prostituta, ella dijo: “¿Jesús de Nazaret?” “Sí”.
70Ella miró de nuevo hacia el rincón, y allí estaba Él sentado. Y ella dijo: “¡Oh, pensar que Él está invitado, y que Él no está arreglado, ni tampoco Sus pies están lavados! Yo recuerdo que ellos me cuentan que una mujer fue echada a la calle, o arrastrada hasta la calle por prostitución, para ser apedreada como yo lo sería, y Él le perdonó todos sus pecados. Si tan sólo yo pudiera hacer algo por Él, quizás Él me perdonaría mi pecado. Pero, ¿qué puedo hacer? Yo ni siquiera puedo conseguir entrar a la puerta. Si tan sólo pudiera llegar a Él, le pediría que me perdonara”. Así que ella pensó: “Él no está ungido, ni tampoco ha sido lavado, ni ha sido hecho bienvenido”. Si yo tan sólo pudiera llamar Su atención, yo lo haría bienvenido. Si Él tan sólo me hablara, yo lo haría bienvenido”.
71Así que ella se volvió, y se fue rápidamente por la calle, y llegó y subió los escalones crujientes que estaban por atrás. Ella pensó en algo. Ella metió la mano en su calceta que ella tenía encerrada con llave, y sacó esas monedas de—de plata romana. Ella pensó: “Oh, yo no puedo hacer esto. Si yo fuera y comprara ese alabastro, bueno, Él sabría exactamente cómo obtuve ese dinero, porque me dicen que Él es el Mesías, y yo lo creo. Y si Él es el Mesías, Él sabrá que yo soy esa clase de persona incorrecta”.
72Y ella tomó el dinero y empezó a ponerlo de nuevo en la caja, pero algo le decía: “Esta es tu oportunidad. Quizás no vuelvas a tenerla”.
73Así que eso es una lección. Nunca rechacen esa primera oportunidad de poder encontrarse al… con Él. No importa cuál sea el precio, cuánto tengan Uds. que confesar que están mal, háganlo ahora, porque de todos modos se va a saber en el Juicio. Ella tomó las moneditas de plata que había estado ahorrando. Ella dijo: “Esto es todo lo que tengo; pero qué importa, con tal de que yo pueda llegar a Él”.
74Se fue por la calle, y entró en la perfumería, y ahí salió ése que por supuesto no quiso ir a la fiesta, porque Él pensó que perdería una venta en alguna parte. Uds. saben, el que dijo: “¿Qué beneficio es si dejáramos a José allí en la—la cisterna? Vendámoslo, y obtengamos dinero de esto”.
75Salió… Ella tocó en el mostrador, y él salió y vio quién era, y él estaba dando la vuelta para regresarse, pero ella vació esos denarios romanos en el… Oh, seguro, dinero; cualquiera podía entrar entonces. Él no la quería en su lugar de negocio, hasta que él se dio cuenta que ella tenía dinero. Entonces siendo que ella tenía dinero, oh, bueno, eso era diferente. ¿Ven Uds.? “¿Qué deseas?”
76“Yo quiero lo mejor que tengas. Yo no quiero tan solamente un frasco de alabastro ordinario, de ese ungüento; yo quiero lo mejor que tengas en el mostrador. Es para una ocasión especial”. Eso es lo que Uds. le tienen que dar a Jesús. Aprovechen su primera oportunidad de llegar a Él, y denle lo mejor de Uds. Denle a Él su corazón. Denle a Él todo lo que Uds. tienen, pues Él tal vez no vuelva a pasar por aquí. Hagamos todo lo que podamos por Él mientras podamos.
77Ella se puso el frasco de alabastro bajo el brazo, y se fue por la calle. Llegó a las rejas, y allí estaba Jesús con pies sucios, todavía sentado, nadie le estaba prestando nada de atención. Ella pensó: “¿Cómo podré entrar?” Después… Sólo unos cuántos minutos antes, habían hecho el brindis, y habían bebido los finos y costosos vinos, y todo. Ella quizás se dio cuenta de que el criado lavador de pies se había ido, así que ella entró sigilosamente, entró sigilosamente por la parte de atrás. Uds. saben, hay algo acerca de eso. Si Uds. alguna vez lo miran a Él, Uds. harán todo para llegar a Él, a mí no me importa lo que sea. Si Uds. tienen que deslizarse por debajo de la parte trasera de una carpa o lo que sea, Uds. harán algo para llegar a Él. Si Él alguna vez los mira a Uds. a los ojos, y Uds. pueden ver Quién es Él...
78Ella entró sigilosamente por la parte de atrás y pasó sigilosamente por el grupo, procurando que nadie… Porque ella era… tenía un nombre malo. Pues, Simón hubiera mandado que la arrojaran por encima de la cerca. Así que… pero ella estaba decidida, no importaba... Ella iba a hacer un esfuerzo de todas maneras. Algunas veces la iglesia pudiera pensar que si Uds. van allá donde ese montón de “aleluyas”, que Uds. va a ser echados fuera por la puerta. Bueno, ¿qué importa eso? Con tal de que Uds. lleguen a Jesús, esa es la cosa principal. Esa es la cosa principal.
79Ella se acercó por el lado, por el lado de la pared. Y ahí Él estaba sentado con Su rostro inclinado, y Su cabello polvoriento, y Su—Su rostro todo polvoriento, y Su barba polvorienta, Sus pies con Sus viejas sandalias para caminar puestas, Sus piernas polvorientas y hediondas. Yo la puedo ver postrarse a Sus pies. Ella vino de la manera correcta; ella cayó a Sus pies. Ella alzó su mirada hacia Él; ella se asustó. Ella pensó: “¿Qué—qué si Él—qué si Él dice: ‘Quién eres tú? ‘¿Qué estás haciendo aquí?’” Pero yo lo puedo ver extender Su pie. (¡Gloria!). Él sabía que ella iba a venir.
80Ella dijo: “Oh, si Él—si Él sabe—si Él sabe que yo soy una prostituta… (Él lo sabe de todas maneras. Sí). Pero yo quisiera hacer algo por Él. Yo quisiera mostrarle mi aprecio, porque yo creo que Él es Dios. Y yo quiero mostrar algo, algo de aprecio”. Y cuando ella alzó su mirada a Él, y Él miró….
81Ella supo que estaba a los pies de Jesús. Las grandes lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. Ella lo acarició a Él con palmaditas en Sus pies. Ella estaba a los pies de su Señor. Ella empezó a acariciar los pies de Él, y las grandes lágrimas de arrepentimiento le empezaron a rodar, cayendo en los pies de Él. Ella estaba tan agradecida de estar a Sus pies.
82Ella miró, y Sus pies se habían mojado con sus lágrimas. Ella estaba llorando con su rostro inclinado; sus—sus hermosos rizos deben habérsele caído hacia abajo, a los lados de esta manera. Ella no tenía una toalla, y su ropa probablemente estaba demasiado sucia como para lavar o enjugar Sus pies, así que ella simplemente tomó su cabello y empezó a lavarle los pies, y [El Hermano Branham lo ilustra—Ed.] a besar Sus pies. Ella estaba agradecida.
83¡Oh, cómo deberíamos nosotros sentirnos de la misma manera!, no como unos “almidonados”. Muchas de nuestras hermanas pentecostales tendrían que ponerse de cabeza para hacer eso. Ellas ya se cortan el cabello. Pero su cabello… Ella estaba lavando Sus pies, besándolos. Oh, ella estaba a los pies de su Señor, besando Sus pies.
84Y al poco rato Simón volteó y miró: “¡Mmm!” ¡Oh!, su rostro se enfureció. “¡Pues, miren quién está en mi casa!” Yo invité aquí a ese ‘aleluya’, y miren lo que… Su—su propia clase vino. Allí están aves de un mismo plumaje”. Ellos todavía tienen esa misma idea. ¡Yo estoy tan contento! Yo quiero… me gustaría tener lágrimas para lavar… ¡Qué agua tan hermosa!: lágrimas de arrepentimiento lavando los pies de Jesús, lágrimas rodando por las mejillas de una mujer de mala fama, lavando los pies de Jesús; fue el agua más dulce con la que Él alguna vez… con la que Sus pies jamás fueron lavados: con lágrimas de arrepentimiento cayendo en los pies de Jesús. Esa joven hermosa estaba allí…
85Simón volteó. Él susurró a su grupo, dijo: “¿Ven Uds.? ¡Eso muestra qué tan profeta es Él! Si ese hombre fuera un profeta, Él sabría qué clase de mujer es la que le está lavando Sus pies” ¡Hipócrita! ¿Crees tú que Él no lo sabía? Dijo: “¿Ven Uds.?, yo les dije que Él no era profeta”.
86¿Ven?, ellos tenían su propia idea acerca de la religión. Ellos tenían su propia idea acerca de Dios, pero estaba a un millón de millas de la cosa verdadera. De esa manera es hoy día: nosotros tenemos nuestros propios credos que hicimos y nuestros pensamientos al respecto. “Mientras que seamos metodistas, bautistas, presbiterianos, o pentecostales, todo está bien”. Pero en lo que a mí respecta, yo tomo las lágrimas de arrepentimiento. Tomen mi vida y todo lo que tengo, para ayudar a lavar ese nombre sucio de “santo rodador” de ese verdadero Señor Jesús, de ese verdadero Hijo de Dios que piensan hoy que es algún fanático, que es telepatía, o alguna persona mentalmente perturbada.
87Que yo en mi vida derrame no únicamente mis lágrimas, sino mi corazón, y todo lo que está dentro de mí, que me pare firme y trate de vivir lo que es correcto por Su gracia, que nunca comprometa ese Evangelio hermoso, ese Espíritu Santo que me salvó. Llámenlo lo que Uds. quieran, pero para mí, es Jesús. Y el mundo está dejando que Él se quede con Sus pies sucios, con un nombre sucio como el de “santo rodador”, “alguna persona con mente delincuente”, o algo así, “la única clase que Él tiene”. Eso es lo que ellos piensan.
88Simón, con su rostro enrojecido: “¡Pues, fíjense en esto!, invitamos a este “santo rodador” para tener una… Nosotros pensábamos que nos divertiríamos con él. Yo iba a probar que él no era profeta. Él se llama a Sí mismo un profeta; él únicamente es un telépata. Él está poseído por el diablo. Él es un adivino. ¡Y eso prueba mi punto! Allí está Él, sentado en un rincón, y su propia clase está con él. Y allí está esa mujer de mala fama, allí lavándole los pies”. Y quizás al criado lavador de pies se le ordenó no lavarle los pies, sólo para que ellos se pudieran divertir con Él.
89Mucha gente viene a nuestras reuniones sólo para burlarse, piensan que se pueden divertir con Él. Él conoce su corazón. Ud. se parará delante de Él algún día, pecador.
90Recientemente un grupo de personas se reunieron en la parte de atrás, ministros estudiantes. Y cada vez que yo empezaba a predicar, ellos decían: “¡Aleluya!, ¡alabado sea el señor!, ¡aleluya!”, sin saber que el mismo Dios del que ellos estaban haciendo burla, será el Juez de ellos algún día. Eso es correcto.
91Pero ella continuó, sin importarle lo que Simón decía. Ahora, Simón estaba aclarando su garganta, y con su rostro enrojecido, y su ira justa se levantó, y él estaba listo para explotar. Llamó la atención de toda la gente, al voltear y enderezarse. “¡Mmm!” El miembro de iglesia, fariseo con su propia justicia, hipócrita, ese es el pícaro más vil que yo conozco, es un manufacturado ultra conservador. Él es más vil que todas las prostitutas y adolescentes estafadores que hay en el país. Él desviará a la gente más lejos de Dios que todo lo demás, que toda cantina que hay en la calle.
92Allí estaba Él sentado. Y entonces ella se levantó y tomó el frasco de alabastro y trató de quebrarlo. Ella estaba nerviosa ahora, porque cuando ella miraba hacia arriba, Él la estaba mirando directamente a ella. No se preocupen. Él los está observando a Uds. también. Él los está mirando a Uds. ahora mismo. Nosotros podemos sentir Su Presencia penetrante. Ella estaba nerviosa. Ella trató de—de quitarle la tapa. Ella rompió la tapa y lo derramó sobre Su cabeza, y lo empezó a ungir. Oh, toda la multitud estaba mirando. “Sí, miren eso. Allí está él. Nosotros no nos habíamos fijado antes en Él. Él está sentado en el rincón, y una prostituta está junto a él”.
93Yo puedo oír a Simón decir: “¿No se los dije? Ahí está vuestro profeta. Ahí—ahí está él. ¿Ven? Él sabría con qué clase de gente está asociado”.
94¡Oh, cuántas veces me han dicho eso en mi cara! “Hermano Branham, si ese don fuera de Dios, Ud. no estaría con ese grupo de pentecostales”. Ellos son los que lo reciben. Ellos son los que lo creen.
95El otro día yo estaba hablando con un hombre de la iglesia metodista. Él había venido para escribir una tesis sobre sanidad Divina. Él dijo: “¿Por qué no va Ud. a la iglesia metodista?” Yo dije: “¿Por qué no me invita Ud.?” Yo dije… Él dijo: “Yo soy un pastor”. Yo dije: “Bueno, junte Ud. a sus diáconos y a su directiva, y a su presbítero estatal, y a todos ellos, y vea si ellos me invitarían”. Él dijo: “Oh, ellos no lo harían, Hermano Branham”. Yo dije: “Eso es lo que pensé”. Él dijo: “La única cosa que ellos pueden tener en contra suya, es que Ud. es un pentecostal. Ud. dejó la iglesia bautista y llegó a ser un pentecostal”.
96Yo dije: “Esos son los que lo han recibido”. Correcto. Ellos son los que están dispuestos a enjugar los pies sucios de Jesús, soportar el reproche del Nombre de Jesús.
97“Miren, si Él fuera profeta, entendería con qué clase de persona se está asociando”.
98Así que entonces ella se asustó cuando vio a todos… que hubo silencio, y que todos estaban mirando. Yo puedo ver a las mujeres de alta sociedad, Uds. saben, usando esos lentes sostenidos lejos de esa manera, Uds. saben, y a todos lo dignatarios parados mirando, Uds. saben, con sus cuellos estirados, y Jesús sin ponerles atención a ellos. Él estaba observando quién le estaba ministrando a Él. A Él no le importaba cuántos Ph.D. Uds. tengan o cuántos L.L.D. A Él no le importa a qué sociedad pertenezca su iglesia en la ciudad. Él está queriendo encontrar a alguien que le ministre a Él.
99Si ellos son blanco o negros, amarrillos, morenos, pobres o ricos, esclavos o libres, varón o hembra, Él quiere que alguien le ministre a Él. Él está en el… Su causa está en necesidad hoy. Necesita que se le lave. A Él no le importa cuántas organizaciones tengamos, cuántos hombres grandes levantemos, cuántas escuelas construyamos. Él quiere a alguien que le ministre a Él, alguien que viva la vida, a alguien que testifique tener el Espíritu Santo, que viva una vida por encima de reproche (correcto), a alguien que viva la vida que puede producir, y cuando ellos hablen acerca de Jesús, produzcan entonces a Jesús, a alguien que ayude a lavar la tierra del nombre de Pentecostés.
100La mujer estaba asustada; ella pensó: “¡Oh!, ¿qué he hecho ahora?” Quizás lo vemos a Él entonces… Si Él hubiera movido un dedo del pie, ella se hubiera levantado de un salto y salido fuera de allí, así de rápido. Pero Él no lo hizo. Él se quedó perfectamente quieto y la observó a ella. Él sólo estaba observando lo que ella estaba haciendo.
101Ahora, cuando se hizo el silencio, ella se preguntó: “¿Qué ha sucedido ahora?” Y ella miró hacia arriba. “¿Qué va a decir Él?” Yo lo veo a Él levantarse. Él se pone de pie. Ella está en el piso. Su cabello hermoso está todo a sus lados de su cara. Las lágrimas han corrido dejando “rastros” en su cara. Sus grandes ojos lo están mirando a Él. “Oh, ¿va Él a echarme fuera? ¿Qué va a hacer Él por causa de este servicio? Oh, yo sólo quería hacerlo porque yo—yo sé que en una ocasión Él perdonó a una mujer como yo. Y yo sé que Él es Dios, y ¡si yo tan sólo pudiera hacer algo! Y porque lo he hecho, ¡oh, tengo miedo de lo que va a suceder!”
102Él se pone de pie, mira alrededor. Él dice: “Simón, tengo algo qué decirte. (¡Oh, aleluya!) Yo tengo algo que decirte. Tú me invitaste aquí como tu Invitado. Y yo abandoné Mis avivamientos para venir a ser tu Invitado. Yo dejé a aquellos que estaban llorando y rogando que me quedara, para venir a ser tu Invitado porque tú me invitaste. Yo dejé a aquellos que estaban hambrientos y sedientos, para venir aquí contigo. Y Yo estuve aquí puntualmente (como Él lo está en estos últimos días). Yo estuve aquí a la hora correcta. Pero cuando llegué, nadie me lavó Mis pies. Ellos no estaban dispuestos. Y luego no había nadie que ungiera Mi cabeza. No hubo nadie que… para ungir mi cabeza y para… y Mi cuello, y para enjugar Mi rostro, para así estar presentable delante de la gente.
103“Y Simón, cuando Yo entré por la puerta, tú no estabas parado allí para darme un beso de bienvenida. Tú no estabas parado allí, Simón. Tú estabas muy interesado en ese nuevo programa de edificación y cosas así que tú tienes en proceso. Tú estabas muy interesado en conseguir más miembros en tu asociación. Tú no estabas allí para darme un beso. Tú te avergonzaste de Mí delante de este grupo. Tú no estabas allí para darme la bienvenida, y darme un beso metiéndome dentro de tu corazón, para darme la bienvenida. Pero desde que Yo… que esta mujer entró (Él sabía quién era ella; ¿qué ahora del profeta?), ella continuamente ha besado Mis pies. Ella no ha cesado, sino que ha besado, besado, besado Mis pies. Tú no me diste agua con qué lavar Mis pies, pero ella los ha lavado con sus lágrimas. Tú no me diste ungüento, pero ella me ha estado ungiendo continuamente desde que Yo he estado aquí. Y yo sé que ella es una mujer de mala clase, pero—pero Yo te digo…” ¡Oh, cómo reprendió Él a Simón!, ¡cómo fue rechazado!
104Ahora Él se volteó hacia ella, y Sus ojos destellaron sobre ella. ¡Oh, permíteme que yo oiga eso! Que eso sea—eso sea lo que Él me diga a mí en aquel día. “Uds. fueron los que me invitaron, Uds. miembros de iglesia. Uds. me invitaron, pero no me hicieron bienvenido. Uds. no lavaron Mis pies; Uds. no me dieron nada con qué limpiarme. Uds. no me dieron la oportunidad de hablar por medio de Uds., y hacer otras cosas. Uds. no lo hicieron, porque se avergonzaron de Mí. Uds. me dejaron sentados en el rincón con pies sucios. Pero esta mujer continuamente ha lavado Mis pies con las lágrimas de sus ojos (esa hermosa agua cristalina de arrepentimiento), los enjugó con sus cabellos. De cierto les digo que sus muchos pecados le son perdonados”.
105Eso es lo que yo quiero que Él me diga a mí: “Tus muchos pecados te son perdonados”. Yo no quiero ser “de clase”. Yo no quiero pertenecer a Tal y tal, para que así ellos puedan decir: “Él perteneció a esto”. Yo sólo quiero tomar mi vida y lavar Sus pies, con lo que me queda en ella. Y en aquel día yo quiero oírlo a Él decir: “Tus muchos pecados te son perdonados”.
106Inclinemos nuestros rostros sólo por un momento. Nosotros estamos en este desayuno esta mañana, como invitados. Y Jesús está aquí. En gratitud, tenemos los ojos humedecidos y los pañuelos están enjugando los ojos. ¿Qué es? Es Jésus en la forma del Espíritu Santo. Oh, Simón, o mujercita u hombrecito que nunca lo has aceptado a Él, ¿por qué no lo haces ahora? Esta es su oportunidad. Mientras estamos orando, ¿dónde está Ud.? Él lo ve a Ud. Él conoce su corazón. Mientras todo ojo está cerrado y los rostros están inclinados, en este gran momento, ¿cuántos aquí que no lo conocen a Él les gustaría decir: “Señor Jesús, yo quiero lavar Tus pies esta mañana con mi arrepentimiento?” ¿Levantaría su mano rápidamente y diría: “Ore por mí, Hermano Branham?”
107Dios lo bendiga, Dios lo bendiga. Dios lo bendiga, Dios lo bendiga. Otros que levantarían sus manos, y dirían… Dios lo bendiga. Dios lo bendiga, a Ud., a Ud. Otros allá atrás a mi derecha, levanten su mano, digan: “¡Jésus, oh, Jésus, Tú eres mi Señor! Yo me he avergonzado muchas veces de Ti. Yo he oído a la gente usar Tu Nombre en vano. Yo—yo incluso me avergoncé de decir algo al respecto. Me pesa haber hecho eso, Jésus. Yo me arrepiento, ¿no me recibirás?” Levante su mano, diga: “Recuérdeme, Hermano Branham, al orar”. Allá atrás a mi derecha, allá en la audiencia, yo veo sus manos. Dios lo bendiga. Dios la bendiga, señora. Dios la bendiga, hermana. Dios lo bendiga, hermano. Dios la bendiga, hermana. Dios lo bendiga. Otro, Dios lo bendiga, hermano. Dios lo bendiga, hermano. ¿Habría algunos más? Levanten sus manos, luego bájenlas.
108Directamente enfrente de mí ahora, Dios lo bendiga, Dios lo bendiga. Jésus. Dios lo bendiga, Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. A mi izquierda, Dios le bendiga, señor. Dios lo bendiga. El Señor la bendiga, hermana. Dios lo bendiga, muy atrás allá atrás. Dios lo bendiga. Sí, yo lo veo, casi detrás de la cortina allá. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Por todo el edificio: “Jésus, en esta mañana yo me arrepiento”.
109¿Cuántos de Uds. miembros de iglesia ahora, después de que unos treinta o cuarenta pecadores han levantado sus manos…? ¿Qué de Uds. miembros de iglesia que han tenido la oportunidad delante de otros de reclamar el Nombre de Jesús, pero Uds. se avergonzaron, y voltearon su cabeza, y se fueron? Cuando ellos hablan acerca de sanidad Divina o del poder de Él, Uds. se avergüenzan un poquito de decir: “Yo soy pentecostal”. Digan: “Jésus, yo te dejé sentado allí también, pero no volveré a hacerlo. Yo me arrepiento. Déjame lavar Tus pies, Jésus”.
110Que el miembro de iglesia que ha estado avergonzado, levante su mano, y… Dios lo bendiga, Dios lo bendiga. Esa es una verdadera confesión. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Sí, sí. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga, por todas partes. Miembros, sí. Dios lo bendiga. “Yo dejé pasar la oportunidad. Yo me avergoncé. Era mi patrón, o era mi vecino, y—y ellos dijeron cosas malas acerca de la reunión. Pero yo no dije nada; yo sólo me mantuve callado y me fui. Pero de ahora en adelante, yo no haré eso. Yo me voy a parar por el Nombre de Jesús. Yo lo voy a hacer. Jésus, yo quiero… Yo quiero que me recibas en esta mañana. Yo quiero que me digas que soy perdonado”. Qué bueno. Dios sea con Uds. Mientras tenemos nuestros rostros inclinados, quiero que Uds. se arrepientan en su corazón. …de una mancha oscura A Ti cuya sangre puede limpiar cada mancha ¡Oh Cordero de Dios, yo vengo! ¡Yo vengo! Tal como soy, Tú… (Él nunca los rechazará) recibirás, Me darás la bienvenida, (nuestros pecados que son muchos son todos perdonados), limpiarás, recibirás; Porque Tu promesa yo creo, ¡Oh Cordero de Dios, yo vengo! ¡Yo vengo!
111[El Hermano Branham empieza a tararear—Ed.] Jésus, muchos aquí esta mañana han reconocido que ellos te han dejado sentado. Ellos te pasaron por alto, pero ya no lo harán, Señor, nunca más. Ellos recordarán esta pequeña cafetería en este auditorio de escuela. Jésus pasó por aquí. Ellos prometieron que creerían. Ellos querían ser recordados en oración. Ellos levantaron sus manos hacia Dios, diciendo que: “Ahora, yo—yo creo. Yo me rindo, Señor. Yo—yo he terminado con la vida de incredulidad. Yo vengo como Tu siervo ahora”. Muchas personas… Vi incluso a ministros levantar sus manos, manifestando así que ellos se avergonzaron de las oportunidades que tuvieron para testificar, las cosas que habían hecho, miembros de iglesia, pero sin embargo fueron tardos. Perdónanos a todos por ese pasado, Señor. Perdónanos de eso, para que nos podamos ir de aquí siendo mejores personas, sabiendo que…
112Nosotros te invitamos aquí esta mañana. Nosotros te invitamos a que vinieras a Chicago para esta reunión con nosotros. Noche tras noche, día tras día, vemos Tu gran mano moviéndose entre nosotros. Sabemos que eres Tú. Y estamos tan agradecidos, Señor. Nosotros— nosotros te hacemos bienvenido. Te damos gracias con todos nuestros corazones.
113Te pedimos ahora que bendigas a estas personas. Que ellos escojan una buena iglesia en alguna parte donde asistir, una buena iglesia del Evangelio completo y lleguen a ser Tus siervos y vivan para Ti hasta ese día cuando nos encontremos otra vez. Quizás nunca nos encontremos en otro desayuno, pero sí—sí nos encontraremos alguna noche en la Cena, la Cena de las Bodas.
114Te pido, Dios, hasta que llegue ese tiempo, que la gracia de Dios nos de suficiente poder y testimonio para alabar a nuestro Dios, y para vivir para Él, y nunca avergonzarnos de Él. Pues yo te presento estas personas a Ti en el Nombre de Jesucristo, y yo mismo con ellos, Señor. Yo me presento como un siervo. Heme aquí, Señor, después de haber intercedido por ellos. Toma juntamente nuestras vidas. Que sean usadas como un trapo para enjugar, Señor, para Tus pies, sólo un trapo para los pies, o para cualquier cosa, Señor, para cualquier cosa. No importa lo que la gente diga acerca de nosotros, permítenos vivir, y vivir por Jesús, el que nos ha lavado nuestros corazones esta mañana mediante el perdón de nuestros pecados. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén. Yo le amo, yo le amo, Porque Él me amó a mí primero (¿Lo dices Uds. con todo su corazón?) Y compró mi salvación, En la cruz del Calvario. Levantemos nuestras manos ahora y cantémosla. Yo le amo, yo le amo, Porque Él me amó a mí primero Y compró mi salvación En la cruz del Calvario.
115Ahora, en la dulzura del compañerismo, démonos la vuelta mientras la cantamos otra vez, y saludemos de mano a alguien que esté al lado de nosotros, diciendo: “Saludos, conciudadano del Reino”. Esas personas que levantaron sus manos, asegúrense de saludar a alguien más, y digan: “Yo era uno de los que levantó la mano. ¿Puedo ir a su iglesia?”. O invítenlos, si ellos le dicen eso a Uds. Háganlo.
116Busquen a un buen ministro que los bautice dentro del compañerismo de creyentes, y allí Dios los bautizará con el Espíritu Santo. Vivamos para Él el resto de nuestros días. No importa cuál sea el precio, no nos importa; si es que nos hace pasar vergüenza, o lo que sea, sólo vivamos esa vida correcta, y vivimos para Jesús. Yo le amo (Dios lo bendiga…) yo le amo, Porque Él me amó a mí primero Y compró mi salvación, En la cruz del Calvario. Todos los que verdaderamente lo dicen en serio, levanten sus manos ahora. Yo le amo, yo le amo, Porque Él me amó a mí primero Y compró mi salvación, En la cruz del Calvario.