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~ HIJO DE DAVID, TEN MISERICORDIA DE MI ~
1... ser recordado esta noche delante de Dios en... Nuestro Padre Celestial, estamos tan contentos que Tú contestas la oración. Tan contento de encontrarme después de muchos años, encontrarme con gente que desde allá del ’46 y ’47, todavía está sana, cuando se estaba muriendo de cáncer, inválida en sillas de ruedas, ciega que no podía ver. Y aquí está estrechando mi mano, diciendo: “Hermano Branham, yo estaba inválido; yo estaba ciego; me habían desahuciado con cáncer, y no he estado ni un día enfermo desde entonces”. Oh, Señor, sabemos que eso únicamente puede ser Tu gracia para ellos. Estamos tan contentos por esto, y pedimos Dios, que otros que están sufriendo hoy recuerden que Tú eres el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Pedimos que Tú nos bendigas esta noche mientras tenemos compañerismo alrededor de la Palabra escrita, que la Gloria de Dios pueda venir a nuestros medios. Estamos tan contentos de oír los resultados de la reunión de anoche, de que recibieron el Espíritu Santo y fueron salvos. ¡Oh, Señor!, cómo te damos las gracias por estas cosas. Pedimos ahora que Tú nos bendigas en el desarrollo del servicio mientras esperamos en Ti. En el Nombre de Jesús lo pedimos. Amén.
2[Porción sin grabar en la cinta–Ed.]... tal privilegio de tener una fina audiencia como esta para hablarle. Y–y lo hace tan fácil para Uds. para–para creer en Dios cuando esto sucede así. Ahora, yo he estado predicando por unas cuantas noches, y–y... sólo el Evangelio, porque yo pienso que si una–si una persona es sanada, si ellos viven mucho tiempo, ellos probablemente se enfermarán otra vez. Pero si Uds. son salvos, eso es Eterno, y Uds. tienen Vida Eterna. Y es tan... haciéndose tan tarde en las luces del atardecer, que siento que una gran cosa se necesita más que todo: eso es salvación. Y la sanidad Divina es meramente una... Como el Hermano Bosworth solía decir: “La sanidad Divina es la carnada que Ud. pone en un anzuelo. El pez no ve el anzuelo. El sólo toma la carnada y agarra el anzuelo”. Así que de esa manera es. La gente ve lo–lo sobrenatural, el fenómeno de lo sobrenatural: Dios sanando a los enfermos. Y entonces ellos–ellos logran eso, y cuando menos piensan, ellos... cuando menos piensan, están en los brazos del Señor Jesús, con gran fe para creer. Y eso... entonces ellos llegan a ser Cristianos, y tienen Vida Eterna. Ahora, un gran porcentaje del ministerio de nuestro Señor, como un ochenta por ciento, o más, creo que fue... es calculado que como un ochenta por ciento de Su ministerio fue de sanidad Divina. Así que El hizo eso para captar la atención de la multitud, y también para mostrar que él era el Mesías de ellos. El les mostró la señal Mesiánica para mostrar que ellos... que era el Mesías. Anoche (miren), creo que el Hermano Arganbright le preguntó a la audiencia tocante a cuántos les gustaría continuar en los–en los servicios de predicación y... o a cuántos les gustaría continuar sólo teniendo servicios de sanidad. Y yo pienso que como sólo un porcentaje pequeño de ellos querían el servicio de sanidad. Pero sin embargo, si abrimos nuestros corazones a Dios, Dios lo hará en cualquier momento. ¿Ven? Lo vemos de esa manera.
3Estoy un poquito cansado esta noche. Yo he estado... Yo tengo de entre uno a tres servicios al día, Uds. saben. Así que para cuando yo llego aquí ya estoy muy agotado para empezar. Así que yo estaba en la Antigua Iglesia Pisgah esta tarde, y... o el Hogar Pisgah, o como sea que lo llamen, y déjenme decirles, disfrutamos unos momentos gloriosos. Me–me di cuenta que algunos de los antiguos de la calle Azusa estuvieron allá en esa iglesia, adorando, de la antigua calle Azusa. Vi a esas mujeres ancianas y a esos hombres ancianos sentados allí. Yo–yo los quería abrazar, Uds. saben. Se–se miraban tan dulces. Yo pienso que un niño muy pequeño, o una persona anciana, Uds. saben.... Parecen estar indefensos la segunda vez, y yo–yo verdaderamente... Me gusta juntarme con una persona joven y tratar de animarlos en el camino correcto, y luego juntarme con una persona anciana y darme cuenta cuántas zanjas él ha cruzado y cómo las cruzó, y luego yo sabré cómo cruzarlas cuando llegue allá. Así que... Pero me gusta el joven y el anciano, y también el que está en medio de los dos. Me gustan todos. Yo–yo puedo decir eso de todo corazón. Si yo supiera esta noche que tuviera un enemigo... Lo pudiera tener. Tal vez lo tenga. Pero si lo tengo, yo simplemente no sé quién es. Si así fuera, de seguro yo no continuaría predicando hasta que primero fuera y enmendara eso, ver si lo pudiera enmendar, porque no debemos tener nada en contra de nadie, o si hay algo que podemos hacer, es no permitir que alguien tenga algo contra nosotros. ¿Ven? Y ahora si... Y que no dice la Biblia: “Si Ud. tiene algo contra un hermano”, sino, “si el hermano tiene algo contra Ud”., ¿ve? Ud. vaya a él (¿ve?), si él tiene algo contra Ud. Y de esa manera, bueno, vivimos en paz.
4El Hermano Goad aquí, un precioso hermano... Algunas veces alguien pregunta: “¿Por qué... a qué se debe el éxito de su servicio, Hermano Branham?” Por supuesto, es debido a Cristo. “¿Cómo se mantiene así, y sigue adelante noche tras noche?” Son mis hermanos, los... la gente que está conmigo. Este hermano aquí pasa algunas veces días sin aun comer, postrado en su rostro, clamando a Dios para que me ayude. Ahora, Dios no puede rechazar eso. ¿Ven? Mi esposa en casa, mis hijos, mis amados, la gente, mis amigos, ayunan y oran. A eso se debe el éxito. ¿Ven?, cada uno de nosotros... Todos nosotros no podemos predicar, y todos nosotros... algunos de nosotros no podemos hacer una cosa u otra. Pero todos podemos hacer algo, y eso ayuda. ¿Ven Uds.? Igual que este reloj aquí. Tiene una–una manecilla ahí que marca la hora. Ahora, yo no sabría cuántas veces esa otra cosita se mueve de lado a lado allí adentro para marcar la hora que es. La manecilla la marca. Pero si esa ruedita no se estuviera moviendo de un lado al otro de esa manera, no–no–no–no hubiera ninguna mano aquí para marcar la hora. ¿Ven? Yo no sabría qué hora es. Y si allí adentro no hubiera un resorte para darle cuerda a esa cosita allí, bueno, no se estuviera moviendo de lado a lado. ¿Ven? Así que nosotros–nosotros... Todo tiene que trabajar junto. Toda la iglesia tiene que orar, y todo el laicado tiene que orar, los diáconos y los síndicos, y el pastor; entonces todos juntos entramos en la Presencia de Dios así, como una sola gran unidad.
5¿Ven ahora?, digamos por ejemplo que ese piano da un sonido. ¿Cómo sé yo? ¿Cómo sé yo que da un sonido? Bueno, yo creo que lo dará. Esa es mi fe. Ahora, ¿qué haría Ud. para hacer que ese piano diera un sonido? Mi dedo lo tendría que tocar. Muy bien. Ahora, la primera cosa, mi cabeza, mi mente, lo tiene que pensar, y mi corazón me tiene que decir si dará un sonido o no. Eso es por fe. Ahora, digamos, mi dedo, es una gran cosa. Mi ojo, eso es la vista profética, lo que veo. Bueno, miren, si yo solamente me siento y miro el piano, digo: “Bueno, tocará”, bueno eso, eso no–eso no lo hará tocar. Ahora, ¿ven?, yo tengo que hacer... Mis pies tienen que trabajar. Ahora, qué si mis pies dicen: “Bueno, yo no soy el ojo, así que no voy a hacer nada al respecto”. Bueno, mis–mis pies dicen: “Yo te llevaré allá”. Muy bien, ahí vamos. ¿Ven? Mis pies me llevan acá. Ahora, miren, yo estoy aquí, yo estoy aquí. Bueno, mis ojos todavía están mirando, pero no–no–no pueden tocar las teclas. Los pies dicen: “Bueno, yo no toco las teclas, sino que se necesita el dedo”. ¿Ven? ¿Y ven?, si la–si la nariz dice: “Yo lo haré”, eso no me ayudará. Si el ojo dice: “Lo trataré de tocar”, no ayudará. ¿Ven? Tiene que ser mi dedo. Así que cuando todo funciona junto [el Hermano Branham toca una nota en el piano– Ed.], da el sonido. ¿Ven? Eso es.
6Ahora, ¿qué es fe? ¿Cuántos sentidos hay en el cuerpo humano? [La congregación dice: “Cinco”–Ed.] Cinco: vista, gusto, tacto, olfato, oído. ¿Es correcto eso? Bueno, es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, gusta, toca, huele, oye. ¿Es correcto eso? Es el sexto sentido. Si yo tuviera otra semana, predicaría sobre algunas de esas cosas, el sexto sentido, o mejor dicho, en un servicio de sanidad. Ahora, es sólo... yo pudiera.... Venga aquí, Hermano Borders. Miren, permítanme mostrarles a Uds. ¿Han oído Uds. alguna vez a la gente decir: “Ver es creer”? ¿Cuántos lo han oído alguna vez? Oh, Uds. lo han oído: “Yo soy de Missouri, Uds. saben, demuéstrenmelo”. Y ahora, hay un hombre que está parado delante de mí. El tiene cabello café, usando un traje que se mira café, corbata café, con una camisa blanca puesta. ¿Cuántos creen eso? ¿Ven? Bueno, miren, yo tengo un sentido que lo declara a él allí. Ese es mi vista. Ahora, retroceda sólo un poquitito. Muy bien. Ahora, es imposible que mi sentido de vista declare que él está allí, pero yo sé que él está allí ahora, tanto como si lo estuviera mirando. ¿Por qué? Miren, yo no lo puedo ver. ¿Quieren Uds. argüir conmigo que él no está allí?
7Ahora, Uds. dicen: “Ud. pudiera tener allí arriba al Hermano Buntane”. Oh, no, no, no, no. No es el Hermano Buntane; es el Hermano Roy, el Hermano Roy Borders. “¿Cómo sabe Ud. que es él? Ud. sólo le tiene agarrada la mano a un hombre”. Uds. no me han cambiado el hombre. El tiene un anillo matrimonial muy ancho (¿ven?), y yo sé que es él. ¿Ven? Así que yo–yo sé que es... Ahora, yo no lo puedo ver, pero sin embargo sé que él está allí, tan bien como si yo lo estuviera mirando. Así que ver no es creer, ¿lo es? No, no, no en esta ocasión. Seguro que no, porque sentir es creer. ¿Es correcto eso? Bueno, ahora, ¿ven ahora? ¿Qué es...? Gracias. ¿Qué es fe? Fe es la certeza de lo que se espera, la directa convicción de lo que no se ve, gusta, toca, huele, u oye. ¿Ven? Eso es. Uds. dicen: “Esa camisa es blanca”. Bueno, ¿qué si yo les dijera que la camisa es roja? Uds. dirían: “Un momento, Hermano Branham, esa camisa es blanca”. Bueno, yo diría: “No, es roja”. Bueno, ahora, de la única manera que pudiera ser... ¿Pudiera ser posible que sea roja? Sí. Si Uds. fueran ciegos al color, pudiera ser roja. ¿Ven? Así que ver no sería creer todavía. ¿Ven?
8Pero su fe... Cuando... La fe es positiva. Ud. no puede ser muy positivo... Como por ejemplo si Ud. estuviera en un–un... dando testimonio en un juicio. Entonces si Ud. miró a través de una ventana y vio un accidente, es difícil que ellos acepten su evidencia, porque Ud. pudiera haber tenido una ilusión óptica, y Ud. nunca lo vio de esa manera. ¿Ven? Y algunas veces Uds. piensan que están positivamente correctos. ¿Han ido alguna vez en la carretera y visto un espejismo? Se mira exactamente como si fuera agua. Yo leí en el periódico hace tiempo que un montón de patos pensaron que era–que era agua, y lo han de haber visto a través de sus ojos, y posaron de golpe en la carretera. Eso los mató a todos (¿ven?), porque era un espejismo. Muchas veces los seres humanos ven un espejismo, y ellos piensan: “Oh, aquí está”, y finalizan matándose ellos mismos. ¿Ven? Los vemos en el desierto cuando ellos andaban allí buscando oro. Ellos se quedaban sin agua, y sus cantimploras secas, y no tenían agua. Y empezaban a mirar espejismos y ellos pensaban que era agua, y corrían y se caían y se empezaban a arrojar sobre ellos lo que pensaban que era agua. Y ¿qué era? Estaban amontonando arena caliente. Y esa es la manera que el diablo lo hace algunas veces, y él les muestra un espejismo falso. Y Uds. piensan que es algo grande, pero cuando llegan allí, se dan cuenta que sólo están amontonando más y más arena caliente y pecado sobre Uds. mismos. ¿Ven?, no vayan tras el espejismo del diablo; dejen que su fe se ancle en la Palabra de Dios. Quédense con Ella (¿ven?), de esa manera. Tiene que salir bien. ¿Ven?
9Ese sexto sentido desafiará a cualquiera de los otros cinco. Hacemos... los cinco están bien mientras ellos estén de acuerdo con el sexto. Pero a los hombres no se les dio que vivieran por medio de los cinco sentidos; a él se le dio... ni permitir que los cinco sentidos lo guiaran. A él se le dio, estaba propenso a... nació aquí para ser guiado por el sexto sentido. Para eso es que Dios le dio a él el sexto sentido. Ese es el lugar de Dios en el corazón, para guiarnos. Así que somos guiados por el sexto sentido, si sólo se lo permitimos. Miren, si el sexto sentido dice que la–la Palabra está incorrecta, entonces no... Uds. no están en el sexto sentido. ¿Ven? Esos son los cinco sentidos. Pero el sexto sentido creerá cosas que los cinco sentidos no lo decla-... declaran. Es algo complicado pero–pero es verdad (¿ven?), que el sexto sentido es por el cual somos guiados.
10Yo estaba allí hace unos cuantos momentos, orando por una anciana querida que había estado esperando allí por cuatro días, esperando para que se orara por ella. Y qué cosa, déjenme decirles, me siento como que lo debería cambiar de alguna manera a un servicio de sanidad, al ver el Espíritu de Dios moverse de esa manera. Y esa pobre anciana, la tomé de la mano, y–y vi lo que estaba mal en ella. Y bueno, eso....
11¿Qué fue lo que Ud. leyó? Lucas, sí. Ajá. Muy bien. Ahora, yo quiero tomar un texto de eso, si es la voluntad del Señor. Ahora, si es la voluntad de Dios, mañana en la noche (yo lo prometí), yo quiero predicar sobre El sello de Dios. ¿Les gusta a todos Uds. las lecciones de enseñanza como esa? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. El sello de Dios. Y luego, La marca de la bestia la siguiente noche. Y esta noche yo quiero tomar un texto de esto, o mejor dicho, un tema de lo que él leyó aquí en San Lucas el–el capítulo 18. Y él leyó del versículo 35 al 43, inclusive. Ahora, yo quiero tomar el versículo 38 como texto. ¡Hijo de David, ten misericordia de Mí! Y tomémoslo más como un pequeño drama esta noche. Estoy un poquito cansado de mi garganta, y sólo tengamos un pequeño drama de ello por unos cuantos momentos.
12Nuestra–nuestra escena se abre en una mañana fría de primavera, y es en los muros, los muros derrumbados de Jericó. Y allí está un–un hombre sentado allí, el cual sabemos que es un mendigo llamado Bartimeo el ciego, o Bartimeo. Cualquiera de los dos, está bien pronunciado. Y así que en ese día había muchos mendigos. Y toda la noche él se había volteado de un lado al otro, y no había podido dormir. Muchos de nosotros sabemos qué clase de noches son ésas, sin descansar en lo absoluto. Y él se había volteado de un lado al otro de la cama, y no hubo descanso para el pobre hombre anciano. Y él se había levantado tarde, así que él había llegado tarde a su lugar. Por lo tanto, si–si ellos no llegaban allí temprano, entonces los mercaderes y los demás que iban entrando... Había tantos mendigos y gente incurable como ciegos, y leprosos, e inválidos, y demás, y gente que era paupérrima. Y al primer mendigo que encontraban, ellos le daban una moneda, y eso allí lo terminaba. Eso era todo lo que ellos podían dar por ese día. Así que él había llegado tarde a su lugar. Digamos que eran como las ocho de la mañana, y él debería haber estado allí como a las seis. Pero la razón que él llegó tarde, fue que él no pudo dormir bien. Toda la noche él se había volteado de un lado al otro y no podía dormir. Y él–él estuvo soñando toda la noche que él podía ver otra vez. El soñó que él había recibido su vista. Y despertaba, y se volvía a dormir. Uds. saben, yo creo que Dios nos advierte muchas veces en sueños. ¿No piensan Uds. así? El siempre lo ha hecho, y El prometió que en los últimos días El mostraría visiones y les permitiría soñar sueños. Y pensemos de Bartimeo, y él soñó que podía... él había recibido su vista, y que podía ver otra vez.
13Así que cuando él llegó allí esa mañana, llegó tarde, y todos los mercaderes ya habían entrado en la ciudad, y–y... una gran ciudad de comercio como lo era. Pero todos–todos ellos ya habían entrado, llegaron temprano a los lugares del mercado para vender su mercancía y demás. Así que quizás él se iba a tener que quedar sin limosna ese día. El no–no recibiría su moneda para ese día para comer. Y yo me puedo imaginar, como muchas veces lo hemos descrito con su vieja capa harapienta puesta, de esa manera, y sus brazos arrugados, y la barba canosa por toda su cara, y–y un ciego, yendo por el camino, tratando de llegar donde se sentaba y mendigaba. Cada uno tenía su propio lugar privado en donde ellos mendigaban. Eso es una cosa lastimosa. Yo he estado en la India y los he observado allí en donde hay... Hay cuatrocientos setenta millones de personas en la India; y honestamente, yo casi diría que cuatrocientos millones de ellos son mendigos. Uds.... Simplemente en dondequiera hay mendigos, mendigos, mendigos. Y cada uno tiene su puesto y su lugar, y alguna clase de encantamiento que ellos hacen para atraer la atención de los turistas. Y es una escena tan patética.
14Y entonces lo encontramos sentado allí. Y después de una mala noche, bueno, él supo que no había nadie allí, así que él pensó que quizás él se sentaría sobre una roca. Uds. saben que los muros estaban derrumbados en su día, debido a que Josué había entrado en aquella ocasión, y grandes rocas estaban tiradas a un lado. Así que él se ha de haber dirigido a tientas hacia el lado de la puerta del norte que guía hacia Jerusalén. Y él se sentó allí en lo soleado. Y estaba pensando: “Bueno, está entrando la primavera ahora, y creo que me sentaré aquí en lo cálido del sol. Tengo frío esta mañana y mi ropa es ligera; me sentaré aquí en lo cálido del sol por un ratito, y–y quizás pudiera haber uno que quedó afuera del cual yo pudiera conseguir mi moneda. Si no, mi familia tendrá–tendrá hambre hoy”. Y mientras estaba sentado allí, empezó a pensar tocante a su sueño. “Anoche soñé que yo podía ver. ¡Oh, cómo los cielos se han de mirar hermosos! Las colinas están empezando a florecer otra vez”. Luego su mente retrocedió al tiempo cuando él era un muchachito, cuando vivía en los alrededores de allí de la ribera del Jordán. Al iniciarse la primavera, bueno, salían los grandes botones de oro, y las florecitas. Siendo un muchachito, cómo solía vagar en la colina y sentarse y–y cortar esas flores, y acostarse allí, ¡oh!, en las mañanas, y pensar de cuán hermosos eran los cielos con las grandes nubes blancas pasando en la primavera, y cómo todo estaba reverdeciendo, y cuán azul era el cielo, y el Jordán en el tiempo de su desbordamiento por la nieve que bajaba de Judea, y cómo las flores se estaban abriendo.
15Y entonces él oía una voz familiar que a todos nos gusta oír, una dulce voz de una madre, llamando: “Bartimeo, mi pequeño, tu comida está lista”. Y entonces mientras su padre estaba en el campo en alguna parte trabajando, cómo él venía, y esa madrecita judía lo esperaba en los escalones, y lo levantaba en sus brazos y lo abrazaba, y lo sentaba para comer su–su comida. Y entonces después que terminaba, salía al porche. Y él se solía sentar en el porche, y cómo su madre lo mecía, y él tenía que tomar su siesta de la tarde. Así que, ella le apartaba su cabello de sus ojos, y–y él miraba hacia arriba y veía esos ojos grandes, hermosos y tiernos de una madre, y cómo ella besaba sus mejillitas y decía: “¡Oh, cómo le doy gracias al gran Jehová Dios por un muchachito tan bueno como tú, Bartimeo! Mira Bartimeo, cuando tú naciste yo te dediqué a Jehová. Yo siempre he creído que Jehová algún día te va a usar, Bartimeo, El te va a usar para Su gloria”. Y luego él pensaba: “Heme aquí sentado ciego, quizás ni siquiera a más de una milla [a más de un kilómetro y medio–Trad.] de donde jugaba y veía. Y, ¿cómo me pudiera usar Jehová? Yo estoy ciego. No hay esperanzas para mí”.
16Pero nosotros no siempre sabemos, Uds. saben. Dios obra en maneras misteriosas para ejecutar Sus prodigios. Si encomendamos algo a Dios y lo creemos, como nuestros hijos y todo lo demás, creamos entonces que Dios contestará esa oración. Hoy antes que saliera, el teléfono estaba constantemente sonando, y las madres con sus hijos diciendo: “Ya oré por ellos”. Yo dije: “Ahora, sólo encomiéndelos a Dios. Eso es todo lo que tiene que hacer. Y ya no ponga sus manos en eso. Permita que Dios lo tome en Sus manos”. Si Ud. va a hacer algo al respecto, entonces Dios se retirará y dejará que Ud. siga adelante hasta que Ud. termine. Pero cuando Ud. lo encomienda a Dios y permite que El lo tome en Sus manos, entonces El lo hará. Ud. sólo– Ud. sólo créale a El. Sólo hágase a un lado, y no obre, sino crea. Ahí es cuando la gracia le es contada por justicia, si Ud. cree que Dios lo hará.
17Entonces él dijo, sin duda, en su corazón, que él recordaba cómo su madre acostumbraba leerle historias Bíblicas. Uds. saben, solía ser que las madres tenían tiempo para leerle a sus hijos historias Bíblicas. Ellas ya no tienen tiempo ahora. Ellas se tienen que subir al automóvil nuevo, y salir e ir a la fiesta de baraja de las señoras, y–y todo. Solía ser que las madres tenían que cargar su propia agua del manantial y hervirla afuera. Yo recuerdo que mi madre tenía una olla grande y vieja de fierro, y la usaba cuando lavaba afuera, y... Ella tenía más tiempo que lo que tiene una madre moderna ahora, que sólo presiona un botón, así, para lavar ropa, platos, y todo lo demás, sólo presiona un botón. Pero yo no pienso que nuestras conveniencias modernas nos han llevado a alguna parte. Y lo que han hecho es hacernos muy perezosos, matándonos con problema del corazón, y todo lo demás. Susana Wesley tuvo diecisiete hijos. Y con esos diecisiete hijos hace muchos cientos de años atrás, ella todavía podía tomar de dos a tres horas al día, de su ocupado programa diario, para leer el Evangelio y orar por sus hijos. ¿Qué sucedió? Ella tuvo a un Juan y a un Carlos que salieron de allí, que trastornaron el mundo entero. Susana Wesley; yo estuve al lado de su tumba no hace mucho y puse mi mano sobre la lápida. Yo dije: “Dios, da a América algunas madres así”. Correcto. Ella dio un Carlos y un–y un Juan Wesley. Carlos le dio al mundo algunas de sus mejores–mejores alabanzas Evangélicas. Y Juan, ¡oh, hermanos!, él de seguro fue un tizón sacado del fuego. Correcto. ¡Qué hombre de Dios tan grande fue él!
18Miren, pero hoy día con todas nuestras conveniencias modernas, en lugar de leer la Biblia a sus hijos, les prende la televisión y los deja que ellos miren algo que ni siquiera es adecuado para que ellos lo miren. Ahora, eso es la verdad. Eso es la verdad. Y la otra cosa, es que les damos esos libritos de caricaturas, y libritos de historias que agarramos del estante de alguna tienda, que ni siquiera deberían ser vendidos para encender–encender leña con ellos, o para hacer una fogata de ellos. Y sin embargo metemos toda esa clase de cosas en nuestros hijos. Bueno, el americano... Yo les apuesto que hay... que casi todo niño en América le puede decir quién era Davy Crockett. Pero me imagino que no hay una tercera parte de ellos que le pueda decir a Ud. quién es Jesucristo. Correcto. Oh, el Llanero Solitario, o alguien así, o alguna estrella de cine, ellos saben todo al respecto, porque está puesto delante de ellos. Y la Biblia es el Libro que se ha puesto en el olvido. Y cuando viene el ministro, ellos la “desentierran”, y le quitan el polvo, y la ponen allí así. Nunca la leen. Lo que necesitamos hoy día son algunas madres chapadas a la antigua que regresen a sus hijos a la oración. Ese es el mejor remedio que yo conozco para curar la delincuencia juvenil (correcto), son madres buenas y honestas.
19Yo los oigo hablar tocante al analfabetismo de las madres de Kentucky, allá en la parte del país de donde venimos, de allá. Ahora, pueda que ellas sí lo sean. Ellas pudieran no saber cuál es la mano derecha y cuál la mano izquierda. Pero dejen que una de sus hijas llegue una noche con su cabello todo despeinado, y media vestida, y con lápiz labial embarrado por toda su cara, y de esa manera, y que algún medio borracho, descolorido, fumador de cigarrillos traiga a su hija al amanecer; déjenme decirles, ella no se podrá levantar de la cama por tres meses. Yo les garantizo a Uds. eso ahorita. Sí, señor. ¡Y Uds. hablan tocante al analfabetismo! Eso es... Nosotros necesitamos más de esa clase de mamás (sí, señor; sí, señor), que–que trae de nuevo la disciplina. En nuestro hogar teníamos los diez mandamientos. Ellos los colgaban sobre la puerta. Los diez estaban en un mango de nogal, salían del mango, así. Y déjenme decirles, de eso recibimos–recibimos nuestra educación. Correcto. Yo puedo ver a mi padre todavía estirar su mano hacia allá, y decir: “¡William!” Yo decía: “¡Oh, no!” Yo sabía lo que me esperaba. Pero yo–yo estoy contento que él lo hizo. Correcto.
20Bartimeo pensaba de su preciosa madrecita, cómo ella acostumbraba contarle historias Bíblicas tocante a lo que el Señor hizo. Ella decía: “Bartimeo, ¿sabes qué?, nosotros como gente judía por el escogimiento de Dios... El nos escogió para ser Su pueblo porque lo amamos a El y le servimos. Bartimeo, tú quizás vivas para ser un gran hombre algún día. Yo estoy esperando que tú seas el rey de Israel. Yo–yo quiero que tú...” Las anticipaciones de toda madre, es que su hijo sea algo grande, y eso es lo que ella debería tener. Y ella dijo: “Yo he orado. Y yo... cuando supe que tú ibas a venir a la tierra, cuando Dios te colocó debajo de mi corazón, bueno, yo–yo le entregué tu vidita a Dios. Y tú sabes, yo quiero que sirvas a este gran Dios. Yo te voy a decir cuán grande El es, Bartimeo. Y, ¿sabes qué?, nosotros fuimos sacados de Egipto. Fuimos esclavos en una ocasión, y El nos sacó de Egipto”, cómo El abrió el Mar Rojo, alimentó a los hijos de Israel con maná del Cielo, sopló un viento, y trajo carne, codornices para ellos, les dio agua de la roca en el desierto, y todas las grandes cosas que El hizo. Y, ¡oh!, sus ojitos brillantes.... El decía: “Oh, mamá, ¿vive todavía ese gran Jehová?” “¡Oh, sí, cariño! El es el mismo como siempre lo fue. El todavía es Jehová”.
21A él le gustaba esa historia. Y le contaba tocante a cómo los hijos de Israel solían... Decía: “Allí mismo en el viejo vado, un día el grande y poderoso Josué cruzó allí con los hijos de Israel. Allí al dar la vuelta a la ciudad adonde vamos a obtener nuestros comestibles allí en Jericó, Josué cruzó allí mismo, el grande y poderoso guerrero, el siervo de Dios. Cómo Moisés estuvo allí arriba de la montaña, miró las desbordantes olas del río, y cómo el incrédulo pensó: ‘Esta no es una buena época. Estamos seguros de eso. Dios es un mal ingeniero por escoger esta época del año para cruzar’”. Pero Dios algunas veces escoge la peor hora para probar que El es Dios. Sí, señor. Pareciera que El los hubiera llevado cuando el río... los hubiera llevado allí cuando el río estaba bajo. No, eso no es. El sólo les quiere probar a Uds. que El es Dios. A El–a El le gusta manifestar Su gloria. Y, ¡oh, a mí me gusta eso! ¡A mí me gusta eso, el ver y saber que El es Dios!
22Entonces, una de las historias que al pequeño Bartimeo le gustaba mucho, era la historia de la mujer sunamita, porque hablaba de un muchachito, Uds. saben. Hablaba de un muchachito allí que... Y ella le contaba tocante a ese grande y poderoso profeta Eliseo, cómo Dios lo hizo un profeta tan grande y poderoso. El vivió en el desierto y no tenía mucha ropa, y él se envolvía un pedazo de piel en él, y–y cómo él fue un grande y poderoso hombre de Dios. El vivió bajo la unción de Dios. Y él pasaba una cierta ciudad, y allí había una mujer sunamita. Ella era una mujer bondadosa, y también amaba a Dios. A pesar de que era una gentil, ella–ella amaba a Dios. Y yo pudiera decir que quizás ella le pudo haber dicho a Bartimeo: “¿Sabes qué?, Bartimeo, nosotros somos escogidos de Dios. Pero algún día, vendrá un gran Mesías. Y cuando El–cuando El venga, El será el que llamará a todas las naciones, porque esta mujer sunamita... Dios ama a todos aquellos que son amorosos. El quiere venir y ayudar a aquellos que quieren que se les ayude”.
23“Y Bartimeo, esta gran mujer, ella veía este hombre santo pasar por la ciudad. Así que ella le quería mostrar algo de favor, porque ella amaba a Dios, y sabía que ése era siervo de El, y ella lo quería ayudar, y hacer algo por él. Así que ella–ella lo veía venir, y salía y lo invitaba a que entrara y–y que se quedara con ellos. Así que, su esposo era un hombre rico. Un día ella le dijo a su esposo: ‘¿Sabes qué, querido?, este gran hombre santo de Dios pasa por aquí, y va allá a una cueva donde él está viviendo, allá arriba en el monte Carmelo. Así que mientras él pase por aquí, creo que sería bueno si le edificáramos un cuartito al lado de nuestra casa. Creo que sería muy bueno si hiciéramos eso, porque nosotros creemos en Dios, y El sí es Dios, y él es el representante de Dios. (Ese es el orden más elevado de Dios ahora en la tierra, es Su representante)’. Así que su esposo dijo: ‘Pienso que estaría bien’. Así que ellos le edificaron la casita allí”.
24“Y un día cuando Eliseo y Giezi, su–su siervo, pasaron por allí y vieron ese cuartito edificado allí, entraron. Ellos les tenían una buena camita blanda allí, y–y un pequeño banquillo y agua y todo. Así que dijo: ‘Ve, pregunta a esa sunamita qué pudiera hacer yo por ella. Ella ha sido tan bondadosa con nosotros; quizás pudiéramos corresponder su–su bondad. Quizás ella querrá que yo le hable al rey o quizás ella querrá que yo le hable al general del ejército, o a alguien’. Pero tú sabes, Bartimeo, que esa mujer no pidió nada. Pero cuando Giezi regresó, él dijo: ‘Déjame decirte, Eliseo, gran profeta de Dios; la mujer es estéril. Ella no tiene hijos. Ella nunca ha tenido un hijo’”. Y decía: “Bartimeo, tú sabes que cualquier madre quiere un pequeñito, un muchachito dulce como tú eres. ¿Ves? Esa es la razón que digo que Jehová ha sido tan bueno conmigo por darte... por darme un muchachito como tú. Y esa pobre madre quería un muchachito como tú. Así que Eliseo dijo: ‘Ve, y dile que venga delante de mí’. Y así que, sin duda Eliseo tuvo una visión de qué hacer. Así que entonces cuando la mujer llegó, él dijo: ‘De acuerdo al tiempo de la vida, tú vas a dar a luz a un hijo’. Y ella se fue. Y, ¿sabes qué, Bartimeo? Esa madre tuvo un muchachito dulce, un muchachito gentil, así como tú, que eres un muchachito judío. ¡Cómo esa madre amaba a ese muchachito! ¡Cómo ha de haber pensado ella que él era la cosita más dulce!”
25“Y cuando él tenía como unos once años de edad, un día él fue con su papá al campo para–para levantar la cosecha. Y yo creo que le ha de haber dado una insolación, porque él empezó a decir: ‘¡Mi cabeza, mi cabeza!’ El se puso más enfermo y más enfermo. Así que el padre estando muy ocupado con los que había contratado, él envió al muchachito con un siervo, y lo puso en el regazo de su madre. Ella lo mantuvo en su regazo hasta como a las doce, y el aliento salió de él, y el pobre muchachito murió. Pero mira, Bartimeo, quiero que te fijes ahora en esta mujer gentil, en lo que ella hizo. Ella lo llevó y lo acostó en la cama del profeta. Ahora, esa es una maravillosa revelación. ¿Ven? Ella no lo llevó a su propia cama, ni tampoco lo llevó a la cama de ella, ni a la cama del padre. Ella lo llevó y lo acostó en la cama del profeta, en el aposento en donde el profeta había dormido.
26“Y luego ella le dijo a su esposo: ‘Enalbárdame una mula, y tú ve adelante de mí’, mejor dicho, le dijo al siervo, ‘y no te detengas. Si alguien te saluda, no lo saludes, sino ve derecho al hombre de Dios, al monte Carmelo’”. “Mira”, decía: “Mira, su esposo dijo: ‘No es ni luna nueva, ni es día de Reposo, así que el hombre de Dios no va a estar allá’” “Y ella respondió: ‘Paz’”. ¡Me gusta eso! Cuando Ud. tiene ese verdadero agarre de fe, quédese con eso. Esa es una buena lección ahora para todos Uds. pequeños Bartimeos. Miren. “Y luego dijo: ‘Sigue–sigue adelante. No te detengas por llamadas sociales y cosas. Sólo sigue adelante. Continúa adelante. No te detengas hasta que yo te diga que te detengas’. Y por supuesto, cuando él se acercó al monte Carmelo, cuando el profeta....” Uds. saben, Dios no le revela todo a Sus profetas. Todos sabemos eso. El sólo le revela a Sus profetas lo que El quiere que sepan.
27“Y ahora cuando él se acercó, Eliseo salió, probablemente era anciano y quizás su vista estaba un poco oscurecida. El levantó sus manos y dijo: ‘Ahí viene esa sunamita, y parece que está preocupada. Pero Dios lo ha ocultado de mí’. Así que él le dijo a Giezi: ‘Sal y recíbela’. Pero ella venía con mucha prisa. Cuando ella llegó allí, él gritó: ‘¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien a tu hijo?’” “Y fíjate bien lo que esa mujer dijo: ‘¡Bien!’” ¡Amén! ¿Ven?, ella sabía que Dios estaba en ese profeta. Correcto. Ella sabía que ese era el orden más alto que Dios tenía en ese día. Yo pienso que de allí fue que Marta tomó la idea. Ella debió haber leído esa historia. Cuando su hermano Lázaro murió, ella sabía que si Dios estaba en ese profeta, Dios ciertamente estaba en Su Hijo. Correcto. Así que ella fue a El y dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará”. Me gusta eso. Me gusta eso. ¿Ven?, eso lo sobresaltó. ¿Ven? “Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará”.
28Este muchachito sentado aquí con ese pie magullado, y otro joven sentado acá, los vi que ambos estaban gritando anoche. Han de ser muchachos Pentecostales, han de tener a Dios en su corazón. Ud. dice: “Hermano Branham: probablemente yo nunca caminaré otra vez. El doctor dice que no caminaré”. Este aquí con problema de corazón, este aquí con lo que sea, lo que sea su problema, diga: “Bueno, el doctor dice que no podré. Yo nunca podré deshacerme de esto. Yo tengo cáncer. Yo tengo un tumor. Yo tengo esto y eso. Mas también sé ahora, Señor, que todo lo que pidas al Padre, El te lo dará”. ¡Eso es! “Mas también sé ahora, que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará”. De allí ha de haber sido de dónde Marta tomó la historia.
29La mujer sunamita dijo: “¡Bien!” Ahora, ella no estaba pidiendo por el niño, sino que ella sabía que Dios era poderoso, por medio de ese profeta, de decirle a ella por qué El se llevó al niño, y eso la satisfaría. Si El le pudiera decir por qué se llevó al niño, todo estaría bien. Así que ella estaba ante el representante de Dios, y todas las cosas estarían bien. Me imagino que los ojos del pequeño Bartimeo se le iluminaban. “¡Mamá, mamá, date prisa; dime qué sucedió!” ¿Ven Uds.?, los muchachitos se ponen ansiosos. Ellos quieren saber cuál es el fin. “Bueno, el gran profeta, después que ella le reveló a él y le dijo su historia, que el muchachito había muerto y estaba acostado en el aposento, entonces el profeta dijo a su siervo: ‘Toma mi báculo, y ve y ponlo sobre el niño’”. Ahora, yo pienso, otra vez en el Nuevo Testamento, que de allí fue dónde Pablo tomó la idea de tomar pañuelos y delantales de su cuerpo.
30Ahora, Eliseo sabía que todo lo que él tocaba era bendecido. Pero ¡si él podía lograr que la mujer lo creyera!, eso era todo. Si él podía hacer que la mujer creyera la misma cosa, un milagro hubiera sucedido de la misma manera como siempre, si la mujer hubiera tenido fe en lo que Eliseo le dijo que hiciera. Pero la fe de la mujer no estaba en el báculo. Ahora, me gusta de la manera que ella lo dijo de todas maneras. “Ella dijo: ‘Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré’”. ¡Me gusta eso!: determinada a sostenerse en eso. ¡Eso es! Si Ud. empieza creyendo en Dios, sosténgase en eso hasta que el Espíritu Santo venga, hasta que todo lo que Ud. ha pedido se cumpla. No ceda. “Yo no te dejaré. Yo estoy en Tus manos, Señor, hasta que me respondas”. Esa es la manera de hacerlo. Uds. saben, Jesús lo enseñó de esa manera. El habló del juez injusto, Uds. saben, cómo él–él–él no le hacía justicia a la viuda de su adversario. Pero él dijo: “Porque esta viuda me es molesta, le haré justicia de su adversario”. Bueno, cuánto más el bondadoso Padre Celestial de Uds. está dispuesto a dárselos a Uds. Pero miren, no... El dijo: “Buscad, y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Ahora... “Y pedid”. Ahora, si Uds. se fijan, no sólo es: “Señor, lo quiero”. “Es el que pide, busca”. Continúen buscando. Continúen llamando. Sólo continúen, continúen. Uds. han llegado allí, así que sólo continúen llamando hasta que suceda. “Yo lo creo, Señor. Yo estoy–yo estoy en Tus manos. Yo estoy en Tus manos”.
31Recuerden que el Señor me sanó del problema del estómago. El diablo dijo: “Tú–tú no has sanado”. Yo dije: “Entonces sólo quédate por aquí y escúchame testificar. Si–si tú quieres...?... Si tú quieres oír que Dios sea alabado, sólo quédate por aquí y escúchame un rato”. El se cansó y se fue. Así que él–él se irá. El otro día él trato de darme un mal resfriado. El me lo dio, y yo se lo regresé. El me lo dio otra vez. Yo se lo regresé a él otra vez. Y así peleamos sobre ello por tres o cuatro días, y finalmente se fue. Así que ahí lo tienen Uds. ¿Ven? Sólo sigan regresándoselo a él. No lo reciban; regrésenselo a él. Regrésenselo a él. Esa es la manera de hacerlo. Sólo estén determinados. Sosténganse en eso.
32De esa manera ella lo hizo. “Ella dijo: ‘Vive Jehová, y vive tu alma...’” Ahora, ¿ven?, ella creía que él tenía una alma que no moriría. ¿Ven? ‘Vive Jehová, y vive tu alma, (¿ven?), yo no te voy a dejar’. Yo me voy a quedar contigo hasta que sepa qué sucedió. Así que él no podía deshacerse de– de ella. Así que tuvo que ceñir sus lomos, y se fue”. Me fijé que cuando él entró al cuarto, miren lo que ese profeta tenía en su contra. El no sabía lo que el Señor iba a hacer. Allí estaba el padre, gritando a voz en cuello, toda la gente alrededor del vecindario gritando. Ese muchachito amable, de esta familia encantadora, estaba muerto, yaciendo en el aposento, todas las esperanzas perdidas. Ahora, ¿qué hizo Eliseo? Igual que hizo Jesús: los echó a todos fuera de la casa. Los sacó de donde él estaba, como lo hizo Jesús cuando la hija de Jairo estaba muerta. Y fíjense bien lo que el profeta hizo. El no tuvo que salir afuera y buscar y orar, y prepararse en oración, y alistarse. No. Yo–yo creo que deberíamos estar preparados en oración todo el tiempo, ¿no piensan Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”–Ed.].
33No hace mucho tiempo que hubo una mujercita irlandesa que venía viajando en un barco, ellos cuentan. Y como a unas treinta o cuarenta millas [como a unos 48, o 64 km.–Trad.], en alguna parte, antes de llegar a–a la bahía de Nueva York, llegó una tormenta terrible. Y en el barco pequeño no pensaron que pudieran sobrevivir. Ellos enviaron las señales de auxilio [SOS]. Y así que ellos les dijeron que la tormenta se estaba poniendo peor y peor. Si ellos la podían–si ellos la podían soportar por treinta minutos, ellos llegarían a la–a la–a la bahía. Pero si no podían, se iban a ir al fondo del mar. Así que toda la música de jazz se detuvo, y ellos empezaron a orar y a tocar Mas cerca de Ti mi Dios, y demás. Pero esa mujercita irlandesa, caminaba de punta a punta el piso gritando y regocijándose. Ella decía: “¡Aleluya!, ¡aleluya!, ¡aleluya!” El capitán dijo: “¿Me entendió Ud.?” Dijo: “Sí, señor. Yo lo entendí”. Dijo: “Bueno, ¿por qué no ora?” Ella dijo: “Yo ya estoy preparada en oración”. Así que eso–eso es. Estén preparados en oración, listos. De esa manera lo tenemos que hacer. Y ella dijo: “¡Estoy tan contenta!” Y se empezó a regocijar otra vez. El capitán dijo: “¿Cuál es la razón que Ud. se está regocijando?” Ella dijo: “Ud. dijo que si la soportábamos por treinta minutos, estaríamos en Nueva York. Si no la soportábamos, estaríamos en el fondo del mar”. Dijo: “Eso es correcto”. Dijo: “Yo vengo de Irlanda para ver a mi hija en Nueva York. Yo tengo una en Gloria; y en treinta minutos contando desde ahorita, yo veré a una de ellas”. Así que, eso es... Si el barco se hundía, ella subía...?... Así que, eso es. Uds. no pueden perder. ¿Ven? Así es que ella se estaba regocijando de cualquier manera. Ella sabía que en treinta minutos vería a una de sus amadas. ¡Oh, eso es! Estén preparados en oración.
34“El anciano Eliseo, cuando él se subió en el–en el barco, Uds. saben, o mejor dicho, se subió a la plataforma del lugarcito que ella le había edificado, él caminó de lado a lado por el piso. Y él se paseó a una y otra parte, la Biblia dice, en el cuarto. Y entonces después que sintió que vino el Espíritu sobre él, él fue y se tendió sobre el niño, y se tendió allí con su carne sobre el niño. Y luego él sintió que el niño estaba entrando en calor, así que se levantó, y se paseó de lado a lado otra vez por todo el cuarto. Regresó y él mismo se tendió sobre el niño otra vez, y estornudó siete veces y volvió a vida. El levantó al niño, y dijo: ‘Llama a la sunamita’”. Y, ¡oh!, cómo le gustaba eso al pequeño Bartimeo.
35El empezó a pensar: “¡Oh, cuando yo solía oír a mi madre contar esas historias!” En ese momento, él oyó unos chasquidos de una mulita que venía. Ha de ser un hombre algo rico, porque la mayoría de los viajeros venían a pie, o por... La gente rica viajaba en burros, y el ejército usaba carros. Y así que él– él dijo: “Este ha de ser un hombre rico que llega tarde”. Así que él se levantó, arrojó a un lado su saco, corrió, y dijo: “¡Una limosna para el ciego! ¡Una limosna para el ciego, por favor!” Y la mulita se detuvo, y él oyó una voz muy malhumorada que dijo: “¡Apártate de mi camino, mendigo! Yo soy el director de la asociación ministerial de Jerusalén. Ellos me dicen que va a haber un... Yo soy el siervo del Señor. Ellos me dicen que uno de esos así llamados profetas que ve visiones y demás va venir hoy aquí. Ellos van a tener un servicio de sanidad. Yo voy a reunir a todo el consejo aquí hoy. Yo tengo que reunir a estos ministros, para asegurar que no tengamos ninguna de esa tontería por aquí. ¡Apártate de mi camino!, yo voy en el camino del Señor”. Se fue por la calle en el burrito. Y así que Bartimeo pensó: “Bueno, ¡y ese es el siervo del Señor!”
36Bueno, él regresó de nuevo, tratando de encontrar dónde estaba la roca. Finalmente cuando él encontró la roca, el sol se había movido un poquitito y se puso un poco frío. Las sombras del muro estaban sobre la roca, así que él se fue un poquito más adelante, y dijo: “Bueno, creo que no tendré una moneda para el día. Así que, quizás yo sólo–sólo esperaré un ratito, y quizás me sentaré otra vez. Quizás yo continúe soñando despierto de cuando yo era un muchachito”. Entonces recordó también que su madre le dijo que años atrás ese gran profeta Elías y Eliseo, el que tomó su lugar, dos hombres poderosos de Dios caminaron esa misma calle adoquinada, cogidos del brazo, yendo hacia el Jordán, para abrir el Jordán. ¡Oh, qué cosa! Pasaron como a unos treinta pies [unos 9 m.–Trad.] de donde él estaba sentado.
37Pero, hay de mí, le había dicho el sacerdote: “Todos los días de los milagros ya pasaron. Jehová ya no sana a la gente, tú sabes”. Ese espíritu nunca murió. Así que ellos... “Oh, Jehová ya no hace esas cosas. Sólo debemos vivir bien, y–y pagar nuestros diezmos, e ir a la iglesia e ir a toda reunión, y entonces, eso es todo lo que debemos hacer. Pero Jehová no sana. El–El era Jehová allá en el pasado, pero hoy día El–El no está interesado al respecto”. ¡Oh, qué error! El siempre está interesado. Si El en alguna ocasión estuvo interesado, entonces El todavía está interesado. Sí, señor. El no puede cambiar Sus motivos. El no puede cambiar Su actitud. El todavía es Jehová. A mí no me importa cuántos digan que El ha cambiado. Es la gente la que ha cambiado, pero El no ha cambiado. La razón que no lo vemos a El haciendo esas cosas es porque no lo dejamos que El las haga. El está dispuesto.
38Nosotros pensamos que–que agotaremos Sus bendiciones abundantes. Nosotros pensamos: “Bueno, yo le pedí a Dios que me diera mi pan cotidiano. Yo no le debería pedir a El muchas cosas”. ¡Oh, hermanos! ¿Se pudieran Uds. imaginar a un pececito como así de largo en medio de este océano, diciendo: “Espera, vale más que beba de esta agua escasamente. Yo me la pudiera terminar algún día”? ¿Se pudieran Uds. imaginar a un ratoncito como así de grande debajo de los grandes graneros de Egipto, diciendo: “Vale más que me asigne medio grano de trigo al día; me lo pudiera terminar antes de la cosecha que viene”? ¡Qué cosa! Bueno, eso... Sólo multiplique eso por cientos de billones, y Ud. trate de agotar la bondad y misericordia de Dios. El está tratando de forzarse para entrar en Uds. con todo lo que El puede. “Pedid abundantemente para que vuestro gozo sea cumplido”. El quiere que Su pueblo sea feliz, pidiendo grandes cosas, creyendo grandes cosas. Uds. son una ciudad asentada en un monte, ambi-... ambiciones y expectaciones elevadas. Bueno, ¡oh Dios!, si nosotros vemos al ciego recibir su vista esta noche, yo quiero ver al muerto levantarse mañana en la noche. Sí, señor. Y yo quiero... Yo–yo sigo creyendo para cosas más grandes. Cuando la iglesia empezó a recibir el Espíritu Santo y hablar en lenguas, ¿por qué se quedaron en eso? ¡Qué cosa!, sólo sigan marchando hacia adelante. Vayan a la Tierra prometida. Nosotros vamos en camino a la Tierra prometida. Seguro. No tomen sólo una sola cosa. Digan: “Bueno, nosotros sólo... ¿Has hablado en lenguas? Bueno, entonces tú no tienes una gran bendición hasta que tú recibas eso”. Bueno, Uds. debieran estar un millón de millas más adelante de eso en el camino ahorita, ¡seguro!, cosas más grandes, expectaciones elevadas. Seguro que sí.
39Ahora, nos damos cuenta ahora que a Bartimeo le habían dicho que los días de los milagros ya habían pasado. Así que él dijo: “Bueno, qué si yo hubiera estado aquí, y en lugar de oír a ese hombre quien él mismo se llamó en este día el siervo de Dios... Y ¿qué fue eso que él dijo, que él iba allá para ver?, ¿tocante a qué? Me pregunto qué es lo que está sucediendo allá en la ciudad. Bueno, de todas maneras los días de los milagros ya pasaron. Y, ¿esa es la clase de siervos que Jehová tiene hoy? Hay mucha diferencia de lo que eran Elías y Eliseo”. “Ahora, si yo hubiera estado sentado en esta piedra, cuando Elías y Eliseo pasaron por allí, yendo hacia el Jordán... Y no fue sino un poquito más adelante de donde yo estoy sentado, que ese gran profeta se quitó su saco, su manto, lo dobló y golpeó el Jordán, y las aguas se apartaron (¡amén!), cientos de años después de que Josué había hecho la misma cosa”. ¡Amén! Eso mostró que Jehová todavía era el mismo, mientras El pueda hacer que alguien crea que El es el mismo. Sí.
40Luego, después que él había cruzado al otro lado... Miren, él estaba agotado. El había peleado con Jezabel y ellos al grado que él estaba... tocante a su pintura y conducta, al grado que él estaba cansado, él se iba al Hogar. Y así que el profeta joven tuvo que tomar su lugar. Así que él sabía que sólo al cruzar al otro lado del río allí, había un carro atado a algún matorral allá en alguna parte, y él–él iba a tomar un paseíto arriba al Hogar. ¿Ven? Pero el profeta joven estaba observando atentamente su nuevo ministerio, viendo lo que ese anciano estaba haciendo, pues él sabía que tenía que tomar su lugar. Así que el profeta joven captó su visión, y lo vio ascender, tomó su manto que le arrojó, levantó el mismo manto y golpeó el Jordán, dijo: “¿Dónde está el Dios de Elías?” ¡Oh, hermanos! Y se abrió otra vez. Correcto. ¿Dónde está el Dios de Pentecostés? ¿Dónde está el Dios que estuvo en Jesucristo? ¿Qué es lo que le pasa al ministerio hoy día en las iglesias?
41Me imagino que Uds. leyeron ese reporte en el periódico que me acaban de enviar (alguien aquí de la iglesia me lo envió), que decía que ese ministro Episcopal de aquí dijo que el nacimiento virginal sólo era un mito, y que no había tal cosa como el huerto del Edén, y todo de esa índole. Ese hombre no pertenece detrás del púlpito. No, señor. Miren, ese es el problema con eso hoy día. Eso es lo que... La gente muy educada de esa clase se para allá arriba, y tiene tanta educación que no tiene el suficiente valor como para saber cómo mantenerla. Eso es todo. Lo que necesitamos hoy... Pablo dijo: “Yo no fui a vosotros con palabras persuasivas o con educación. Yo fui a vosotros en la simplicidad, con el poder y la demostración del Espíritu Santo, para que vuestra fe esté... fundada en la resurrección y el poder de Dios, y no en algunas palabras delicadas”, o algo de algún así llamado obispo, o algo.
42Ahora, nos damos cuenta que un poco después, mientras Bartimeo se quedó sentado allí un poco más de tiempo, preguntándose qué sucedería, entonces él también recordó que un poco más adelante, no más allá de quinientas yardas [455 m.–Trad.] de donde él estaba sentado, ese gran Josué, ¡oh, hermanos!, ese gran siervo de Dios que tomó el lugar de Moisés, que cruzó el Mar Rojo, y que cruzó también sólo con dos del grupo antiguo allá en el desierto, los que creyeron que ellos podían poseer la tierra. Ellos miraron la Palabra de Dios. Ellos creyeron la Palabra de Dios. Diez de ellos dijeron: “¡Oh, no la podemos poseer! Parecemos langostas al lado de ellos. Las ciudades están todas fortificadas. Es imposible hacerlo”. Pero ese hombre no dijo eso. No, señor, hermano. El dijo: “¡Somos más que poderosos para poseerla!” ¿Por qué? Depende de lo que Uds. están mirando. Si Uds. están mirando a su mano inválida, se quedará de esa manera. Si Uds. están mirando a su tumor, permanecerá de esa manera. Quiten su mirada de eso. Miren a la promesa de Dios. Depende de lo que Uds. estén mirando. Los Cristianos miran al invisible. Abraham llamó las cosas que no eran como si fueran, porque Dios dijo que eran. De esa manera los Cristianos verdaderos lo hacen. No importa lo que el mundo diga, ni cómo se mire, eso no tiene nada que ver con ello. Es lo que Dios dijo al respecto, lo que cuenta. Sí. ¿Qué era...?
43Dios les dijo allí en Egipto: “Yo les doy esa tierra”. Pero El no dijo: “Yo iré allá y los echaré a todos fuera, adornaré las casas, y colgaré las cortinas, y todo, para que todos Uds. sólo se muden allí”. No, no. Ellos tenían que luchar por cada pulgada de terreno que tomaran. Correcto. Peleando, y poseyendo cada... peleando por cada pulgada. Pero El dijo: “Todo lo que la planta de vuestro pie pisare, eso es posesión”. Las huellas son posesión. Esa es la misma cosa que es hoy día. La sanidad Divina nos pertenece. El Espíritu Santo nos pertenece. Es nuestra propiedad, pero Uds. pelearán por cada pulgada de ello. Sí, señor. Pero hermano, las huellas son posesión. Sólo continúen peleando. Poséanla. El diablo dice: “Los días de los milagros ya pasaron”. Uds. digan: “¡Tú eres un mentiroso! Dios dijo que El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. Poséanla. Todo lo que la planta de vuestro pie pisare, eso es posesión. Correcto.
44Josué cruzó al otro lado del río con ellos, acampó allá. “¡Oh!”, dijo el ciego Bartimeo: “¿Qué si yo hubiera vivido en aquel día? Bueno, tan pronto como yo hubiera visto a esos sacerdotes caminando, y a Josué con su espada en alto, cruzando, bueno, yo hubiera ido allá, y me hubiera postrado y dicho: ‘Gran Josué, ora por mí’. Y yo creo que yo hubiera recibido mi vista si ese gran hombre hubiera orado por mí. Seguro. Pero, ¡ay de mí!, Josué se ha ido, y Dios, creo yo, se ha ido. Y todos los días de los milagros ya pasaron, como dice nuestro sacerdote. Así que, no hay esperanza. No hay nada que yo pueda hacer. Así que... sin esperanza”. Y entonces él dijo: “¿Sabes qué? Después que ellos rodearon los muros de Jerusalén por muchos días... Un día Josué, ese gran guerrero, iba dando un paseíto una tarde, estudiando la estrategia de cómo poseer esos muros de Jericó, cómo es que lo iba a hacer. El vio ese cordón de grana de Rahab colgado allí. El iba a perdonar esa casa. La estaba observando. Y de repente él miró, parado allí delante de él, y ahí estaba otro Hombre con Su espada desenvainada. Josué sacó su espada, y corrió a encontrarlo, lo desafió en un duelo. El dijo: ‘Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?’” El dijo: ‘Yo soy el Príncipe del Ejército de Jehová. Yo soy el Príncipe de Jehová, de Su Ejército’. Josué tiró su espada, se quitó su yelmo, y se postró a Sus pies”. El ciego Bartimeo ha de haber dicho: “¡Oh!, si tan sólo hubiera vivido en aquel día, yo hubiera corrido hacia ese Príncipe del Ejército de Jehová, y le hubiera hablado”. No tenía la menor idea que ése mismo Príncipe no estaba más lejos que cien yardas de él [91 m.–Trad.], pasando por la ciudad en ese momento, el Príncipe del Ejército de Jehová pasando por la ciudad.
45Uds. saben, es cuando empezamos a pensar tocante a El, cuando El aparece. Fue cuando Cleofas y ellos iban pensando tocante a El, cuando El les apareció. Siempre es cuando... “Que la meditación de mi corazón, y–y que todos mis pensamientos, y que todas mis alabanzas, que todo lo que soy, medite en Ti, Señor, día y noche”. Esa es la manera que hacen que Dios se acerque a Uds. Dejen de pensar tocante a lo que están haciendo los de apellido Jones, y lo que Uds. van a hacer la próxima semana, y todas esas cosas. Sólo manténganse... Sólo dejen... “Mi sendero de amor llena hoy, que Tu Espíritu guíe Mis pies, y que siempre al cantar lleno esté de Tu amor, el camino por donde voy”. Correcto. Sigan caminando, sin importar si la escuela lo enseña o no. Sino, saquemos al maestro, y sólo sigamos adelante creyendo en el Señor. ¿Ven? Mantengan sus meditaciones en Dios. Piensen en estas cosas. La Biblia dice: “Si algo digno de alabanza, si hay virtud alguna, en esto pensad”.
46Bueno, nuestros pensamientos siempre son negativos. Venimos a la fila de oración... Yo me fijo que vienen a la fila de oración: “Oh, si–si él me dijera... ¿Es esto...?” ¡Oh, hermanos!, Uds. nunca recibirán nada así. No. Uds. son muy negativos para empezar. Vengan igual que... “Venid a la fuente llena con Sangre que emana de las venas de Emanuel, donde los pecadores que se sumergen debajo del torrente pierden todas sus manchas de pecado”. ¡Eso es! Vengan con fe, creyendo. “El que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Yo no voy a pasar por la fila de Oral Roberts, luego por la fila de oración de Tommy Hicks, luego por la fila de oración de Osborn, y la fila de oración de Allen, la fila de oración de Branham, la fila de oración de Fulano de tal, ir a esta iglesia y a aquella iglesia. Bueno, Uds. sencillamente están desperdiciando tiempo; eso es todo. Eso es todo. La cosa que deben hacer es sólo–sólo decir y convencerse que “es Dios, y Dios así lo dijo, y yo voy a cumplir con Sus requisitos y eso lo concluye para siempre”. ¡Amén! Dios así lo dijo. Ir a mi pastor, decir: “Pastor, la Biblia nos dice que llamemos a los ancianos para orar y que nos unjan con aceite, y la oración de fe salvará al enfermo. Eso es todo lo que yo tengo que saber”. ¡Amén!
47Yo recibí una carta de una mujercita en Alemania no hace mucho tiempo. Ella había estado inválida como por quince años con artritis, no se podía mover. Yo le envié un pañuelo. Nosotros enviamos miles de ellos por mes. Y así que, ella recibió esta cartita. Y nosotros tenemos una cadena de oración por todo el mundo. Así que ella había... ella leyó eso, y dijo: “Bueno, dice aquí: ‘Si su pastor no está allí, o si él es un incrédulo, no lo llame. (¿Ven?) Pero si hay un vecino en alguna parte que sí es un creyente, llame al creyente. Confiese todas sus faltas. Pida a Dios que la perdone por todo lo que Ud. hizo. Enmiende todo. Luego ore. Ponga el pañuelo en su ropa interior, sobre su corazón. Luego crea’”. Así que ella cumplió todos los requisitos que le fueron enviados a ella. Y cuando lo hizo, ella puso su mano sobre su corazón. Ella dijo: “Mira, demonio, tú ya has estado en mí por mucho tiempo. ¡Sal!” Y ahí ella se fue caminando...?... Así es de sencillo. Sencillamente así de sencillo para creer.
48Allá en Arizona, estuvimos con los indios apaches. Yo siempre sentía lástima por los apaches. Y esa noche ahí estaban ellos allá afuera. Y parecían como un ejército sentado allí, y les empecé a hablar tocante al Señor. Y Uds. saben, el indio es un hombre algo raro. El es como una mula: él no come de la paja equivocada, mejor dicho, de la casilla de establo equivocada. Así que él lo escuchó; él pensó al principio que era falso. Y entonces él trajo... Yo dije... Llamé la fila de oración. Bueno, yo oí a alguien allí gritar: “¡Gloria a Dios!” Eran mis amigos latinos. Yo sabía que ellos hubieran tenido una fila de oración, si ellos hubieran estado allí para eso, porque ellos–ellos siempre tienen fe para creer. Así que ellos estaban... Pero esto era únicamente para los indios. Y miré para todos lados allí, y la primera cosa... La mujer de la Asamblea de Dios allí, tenía una pequeña misión. Yo estaba parado sobre unos–unos escalones así, y todos ellos estaban sentados afuera alrededor. Era un panorama hermoso. Y así que ella tenía a algunos allí adentro. Ellos trajeron la primera mujer. Tan pronto como ella salió... grandes y anchas muñecas. Ella traía en su espalda a un bebé, un niño pequeño indio allí atrás. Y yo la miré. Y pensé que trataría de encontrar favor; yo dije: “¿Qué si me da el bebé?” Ella rehusó eso. Así que yo sólo estaba captando su mente. Bueno, yo dije: “Bueno”, al intérprete yo le dije, “ella tiene una enfermedad venérea, pero es...” Y así que el intérprete dijo eso. Ella me miró muy fijamente. Yo dije: “Mire, no fue causada por vivir inmoralmente, sino por la manera que ella tuvo que vivir en suciedad y la inmundicia de esa manera”. Bueno, ella meneó su cabeza afirmando que era correcto. Yo oré por ella. 49 El siguiente caso fue de glaucoma de los ojos. Los indios tienen mucho de eso. Y oré por ese. La siguiente que salió fue una–fue una niñita y mantenía su cabeza así, inclinada. Y yo dije: “Mire...” Ella era una niña pequeñísima, como así de grande. Sucedió que ella era hija de uno de los jefes. Yo dije: “Mire, la niñita”, yo dije, “ella tuvo una fiebre, y la fiebre le produjo su sordera y su mudez. Ella no puede hablar ni oír”. Y el intérprete dijo eso, y la madre dijo que eso era correcto, que toditito era correcto. Esos indios entonces se empezaron a mirar uno al otro, Uds. saben. Ellos empezaron a ver algo que nunca habían visto. Así que yo dije: “Miren: yo no puedo hacer que la–la niña hable u oiga. Eso se requiere a Dios”. Yo dije: “Pero esto es sólo la– la señal que El está aquí, que Su Presencia está aquí. El nos tiene ungidos”. Y así que, yo tomé a la niñita de la mano. Yo dije: “Padre Celestial” (ellos no interpretan la oración), yo dije, “que este espíritu sordo y mudo deje a esta niña”. Y yo me incliné hacia ella, e hice esto [el Hermano Branham palmea su manos–Ed.]. Y ella volteó y me miró con esos grandes ojos negros. Y dije: “Tú di: “¡Alabado sea el Señor!” Ella hizo: “Mm-m” [el Hermano Branham imita a la niña–Ed.], algo así. Yo dije: “Ella hablará mejor”. Su madre dijo: “Habla bastante bien ahorita”. Y–y se fue. Así que entonces... “Habla bastante bien ahorita”.
50Entonces la siguiente fue una madre. Luego el siguiente fue un muchachito que salió de allí. Y yo dije: “Bueno, ¿cree Ud. que Dios...? ¿Habla Ud. inglés?” No, ella no hablaba inglés. Yo dije: “¿Cree Ud. que Dios sanará al pequeñito?” Y ella se agachó y tiró de arriba de la cabeza de él... ellos son muy bruscos, Uds. saben. Y su cabellito estaba tan grueso como una crin de caballo, y así que... lo agarró así. Yo dije: “El tiene los ojos bizcos, pero ¿cree que Dios...?” Ella oyó al intérprete decir: “Ojos bizcos”, así que ella lo tomó de la nuca, y tiró de su cabecita hacia atrás, y su ojitos estaban ahí de esa manera. Yo dije: “Mire, si Ud. cree que Dios enderezará sus ojitos”, yo dije, “entonces Dios lo hará”. Y así que el intérprete... Yo dije: “Mire, dígalo para que...” Ellos no tienen–no tienen oraciones ni puntuación. Ellos empiezan muy bajo, y van alto, alto, luego bajo. Ellos sólo... Uds. saben cómo son los apaches. Ellos son unos indios algo bruscos. Así que entonces dijo: “Sí”, que creería.
51Yo levanté al pequeñito. Era como tratar de domar a un bronco. Y yo tenía un pedazo de chicle. Se lo puse debajo de su nariz para que lo oliera, Uds. saben. Luego lo levanté así, lo abracé, tenía al muchachito en mis brazos así. Yo dije: “No interprete esto”. Yo dije: “Padre Celestial, esta pobre gente, estos son los verdaderos americanos”. Y eso es correcto. Nosotros no somos americanos. No. No somos americanos. Nosotros somos extranjeros que venimos y les quitamos la tierra. Ellos son los verdaderos americanos. Dios les dio esta tierra; nosotros se la quitamos a ellos. Yo pienso que es una mancha en la bandera de la manera que los tratamos. Correcto. Enviamos dinero allá a Japón y a todos esos lugares, para que nos destruyan, y nuestros indios están aquí muriéndose de hambre. Eso no es correcto. Seguro que no es correcto.
52Y entonces miré, y el pobre muchachito, yo lo tenía reclinado sobre mi hombro. Yo dije: “Señor, permíteme hallar favor con esta gente. Endereza los ojos del muchachito”. Yo estaba observando así, y vi una visión aparecer ante mí, sus ojitos estaban derechos. Yo dije: “Ahora...” El tenía su cabeza reclinada sobre mi hombro; yo le estaba dando palmaditas. Yo dije: “Ahora, para todos Uds.” (cientos y cientos estaban sentados por todas partes). Yo dije: “Ahora, si los ojos de este niño no están derechos, entonces yo soy un falso profeta. ¿Ven? Si sí se enderezan, entonces yo les he presentado a Uds. a Jesucristo. Yo no puedo evitar lo que el gobierno les hace a Uds.”, yo dije, “pero yo sé que Jesús lo tratará bien. Ahora, Uds. vean si esto es correcto o no”. Yo volteé su cabecita hacia ellos. ¡Uds. hablan de una fila de oración! Yo tuve una en ese momento. ¡Qué cosa!, hubo una estampida.
53Y luego la siguiente que venía, era una india anciana, y ella venía con una... Ella era la que seguía. Y, ¡oh!, ellos tenían... uno sólo tenía... Uno no les podía ganar. Y estaba allí una–estaba allí una india anciana que salió. Ella venía con dos palos de escoba con una–con una pieza de tela–de tela envuelta en la cosa que traía debajo de su brazo aquí, y ella estaba tratando de salir. Y había un muchachito indio que se había metido allí, y se estaba tratando de meter adelante de ella. Y no lo podíamos hacer entender, porque él no podía hablar inglés. Y el Hermano Moore (muchos de Uds. conocen al Hermano Jack), él lo agarró, y se lo llevó cargando. Y me fijé en la anciana. Ella se venía acercando de esa manera. Ellos entonces estaban creyendo. ¡Oh, Uds. hablan de una fila de oración! Así que ahí venía, muy... así. Y yo la observaba, y ella estaba usando esos dos palos de escoba como muletas así. Y ella ponía un pie adelante, Uds. saben, y lo asentaba, y luego el otro así, apenas se podía mover. Me imagino que ella tenía ochenta años de edad. Y me miró cuando se acercó. Y esas grandes y profundas arrugas en sus mejillas... Mi madre es cruzada de india (yo no sé si Uds. saben eso o no), pero ella también tenía esas grandes y profundas arrugas. Y miré cuando ella se acercó así, y las lágrimas salían rodando de esos ojitos de apariencia pálida. Yo pensé: “Es la madre de alguien”. Y ella sólo me miró de esa manera. Y yo pensé... yo... cuando yo... Antes que yo orara por ella, yo pensé: “¡Oh, Dios!, mira a esa pequeña barbilla temblando así, de la ancianita”. Ella me miró. Ella se empezó a sonreír. Ella sólo cogió una muleta y la puso con la otra, y me las dio, y se fue caminando bajándose de la plataforma. Sí. ¿Ven?, fe sencilla, de sólo creer.
54Yo–yo iba a tratar de orar por todos, pero, ¡oh, hermanos!, eran como las... Yo tuve que parar el discernimiento entonces. Así que como a las tres o cuatro de la mañana, ellos venían pasando mojados, hasta aquí arriba, tan mojados como podían estar. Y yo dije: “¿Qué es lo que les pasa a ellos?” Dijo: “Bueno, ellos pensaron primero que Ud. era falso”. El dijo: “Ahora”, dijo, “ellos están yendo al desierto y están trayendo a sus amados. Ellos están yendo hasta el vado, ellos están cruzando con ellos vadeando el río, de esa manera”. Así que ahí venía un hombre anciano, canoso. Y él tenía... El estaba en un tablón que tenía dos palos atravesados. Y él tenía sus piernas sobre los dos palos y sus brazos sobre los dos palos, y estaba temblando de esta manera a causa de la parálisis cerebral. Y así que, allí estaba un hombre fuerte y alto parado allí, bien parecido, un indio fuerte y alto, sus labios tan azules como podían estar, y mojado. Y yo dije: “¿No tiene Ud. miedo que le dé pulmonía?” El dijo: “No”. Yo dije: “¿Habla Ud. inglés?” Dijo: “Poquito”. Y dije: “¿No tiene Ud. miedo que le dé pulmonía?” “No”. Dijo: “Jesucristo me cuida. Yo traje a mi papá”. Yo dije: “¿Es aquel su hermano?” “Sí”. Yo dije: “Si yo oro por él, ¿piensa Ud. que sanará?” “Sí”. “¿Habla él algo de inglés?” “No”. Yo dije: “Pásenlo”.
55Ellos lo pasaron. Yo puse mis manos sobre él, su cabeza estaba temblando así. Yo dije: “Padre, él trabajó muchos días duros por estos muchachos. Ellos lo han honrado a él ahora, trayéndolo cruzando el río a esta hora de la mañana para que se ore por él. Yo te pido que Tú lo sanes”. Yo dije: “Llévenselo. Traigan el que sigue”. Cuando menos pensé, oí a todos gritando a voz en cuello, gritando. Miré, y el anciano traía el tablón sobre sus propios hombros, yendo por allí moviendo sus manos de lado a lado a todos, así...?... ¡Eso es lo que es! Sólo es fe sencilla para creerle a Dios. No es un abracadabra. Sólo es fe de niño. ¿Ven?, nosotros–nosotros nos desviamos mucho de ello tratando de explicarla. ¡Sólo créanlo!
56Correcto. De esa manera es con ese grande y poderoso Príncipe del Ejército de Jehová. El estaba allí esa noche, igual que estuvo allá. Y Uds. saben, hay algo tocante a eso. En donde está Jesús, Uds. siempre oyen mucho ruido. Yo no sé por qué, pero es–es de esa manera. En dondequiera que Uds. encuentran a Jesús, encuentran mucho ruido. [Porción sin grabar en la cinta–Ed.]... empujando y gritando, y algunos de ellos gritando una cosa: “¡Hosanna, Hosanna, al Profeta de Galilea!” Otros diciendo: “¡Fuera con el impostor! ¡Echenlo fuera de esta ciudad! ¡Nosotros no lo queremos aquí!” Y algunos le arrojaban fruta podrida, y probablemente huevos de la misma manera, Uds. saben, y comportándose así. Y él dijo: “¿Quién va pasando por allí?”, dijo Bartimeo. “¿Quién es el que va pasando por allí?” Y ellos lo atropellaron, y lo empujaron hacia atrás. Y quizás después de un rato él... ellos lo tumbaron al empujarlo. El se sentó, llegó a tientas otra vez a su piedra. La gente... El oía a alguien diciendo... uno estaba a favor de El, otro estaba en contra de El. Es de la misma manera hoy día: algunos están a favor de El, otros en contra de El. Directamente él oyó a ese sacerdote al que había oído al entrar, diciendo: “¡Oye!, Tú profeta, Tú, el que dices que resucitaste a un hombre muerto llamado Lázaro: nosotros tenemos todo un cementerio lleno de ellos aquí. Veamos que vayas allá y resucites uno. Nosotros te creeremos. Hasta que Tú hagas eso, Tú eres un falso profeta”. El dijo: “Ese es el mismo hombre que me dijo que él iba allá a detenerlo. Pero, ¿de qué se trata todo esto?” ¿Ven?
57Y él dijo: “¡Alguien dígame! ¡Alguien ayúdeme! ¡Alguien ayúdeme!, porque... ¿Qué...? ¿Quién va pasando por allí? ¿A qué se debe todo este ruido?” Nadie lo escuchaba a él. Y después de un rato, ha de haber sido una mujer joven. Ella vio al pobre hombre tirado allí, y ella lo levantó. Ella dijo: “Señor, ¿está lastimado Ud.?” “No, señorita”. Dijo: “Yo–yo quisiera que Ud. me dijera: ¿de qué se trata todo ese ruido?” “Oh”, ella dijo: “Jesús de Nazaret pasa por aquí”. “Bueno, ¿quién es Jesús de Nazaret?” “¿No es Ud. israelita?” “Sí soy”. “Bueno, mire Ud., yo soy una sierva de Jesús de Nazaret”. Miren, hay algo tocante a los siervos de Jesús de Nazaret, que siempre están dispuestos a ayudar a alguien que está en necesidad. Ellos siempre están dispuestos a detenerse y a ayudar a alguien que está en necesidad. Los siervos de Dios hacen eso. Ella dijo: “Yo soy una creyente de Jesús de Nazaret. Ahora, mire Ud., este Jesús de Nazaret es el Hijo de David, que....” “¿El Hijo de David? Bueno, yo recuerdo... Yo estaba sentado aquí pensando. Y mi madre me dijo que algún día vendría el Hijo de David”. “Sí, ese es El, el profeta de Galilea”. “¿Un profeta?”
58“Sí”. Dijo: “¿Recuerda Ud. a ese hombre de aquí de esta ciudad llamado Zaqueo, el hombre de negocios?” “Sí, lo recuerdo muy bien. Sí. El me ha dado antes monedas”. “Bueno, esta mañana... ¿Conoce a Rebeca, su esposa?” “Sí, yo recuerdo a Rebeca”. “Bueno, Rebeca había estado orando. Sabiendo que Jesús iba a venir a la ciudad, bueno, ella estaba orando que–que su esposo lo–lo recibiera a El como el Salvador”. “Sí, continúe hablando”. “Bueno, esta mañana, Zaqueo lo fue a ver, y él no quería que Jesús lo viera. Así que corrió a la esquina de la Avenida Aleluya y el camino Gloria aquí, y él–él cogió el bote de basura y lo puso allí, y se subió a un sicómoro, y se sentó en la horqueta de dos brazos”. “Y Rebeca le dijo que–que: ‘Mira, tú eres un judío y tú sabes que cuando venga el Mesías, El va a ser un profeta. El va a ser un Dios-Profeta, porque Moisés dijo: ‘El Señor vuestro Dios os levantará un profeta como a mí’. Pero Ud. sabe, Ud.–Ud. conoce a Zaqueo, que tan bueno... él–él es uno de los hombres de negocios aquí en la ciudad. Y él es muy amigo de los... El y el rabino juegan baraja juntos, y ellos tienen su, Ud. sabe, su–su... las cosas van muy bien. Así que ellos... el rabino y todos ellos han dicho que no crean en ese Hombre, porque El no es un profeta”.
59“Así que Zaqueo quiso ver si El lo era. Así que él se subió a ese árbol, y agarró todos los brazos, y se cubrió con todos ellos así, él mismo se ocultó. Y también él se cubrió con una hoja grande de palma la cual él iba a levantar para poder verlo cuando El diera la vuelta allí en la Avenida Gloria, Ud. sabe, para verlo al pasar por allí. Así que él se sentó ahí en el árbol todo encaramado, y nadie sabía que él estaba allá arriba. Y él dijo: ‘Bueno, yo veré si El es un profeta. Y lo miraré en Su cara, y sabré si El es un profeta o no. Yo sé cómo un profeta se debe mirar’”. “Y al dar vuelta a la esquina venían todos los discípulos. Y ahí venía el corpulento pescador, diciendo: ‘¿Se pudieran hacer a un lado, por favor? Nuestro Maestro está muy cansado. Lo–lo sentimos mucho que tengamos que hacer esto, pero ¿se pudieran hacer a un lado sólo un momento y permitir que El pase? El va adonde Levinski para cenar, así que Uds. tendrán... allá al restaurante (¿ven?), así que Uds.–Uds. se van a tener que hacer a un lado. Lo siento que tengamos que hacer esto, pero yo soy...’”. Yo espero que no haya uno de apellido Levinski aquí. Así que entonces... De todas maneras, yo sólo... les dije que sólo era un drama. “Así que iban pasando y diciendo: ‘Háganse hacia a un lado sólo un poquito’. Y ahí venían los otros”.
60“Y él–él levantó su hoja y miró. El dijo: ‘¡Ajá! ¿Quiénes son ellos? Oh, oh, esos deben ser Sus discípulos de los que Rebeca me habló. ¡Ajá! Esperaré un momento’. Luego después de un rato, él levantó la hoja otra vez, dijo: ‘Bueno, veamos si estoy bien cubierto. Sí, estoy sentado en una horqueta’”. Eso es en donde dos caminos se unen, y allí es en donde mucha gente se sienta: donde se unen el camino de Uds. y el de Dios. Correcto. Tienen que hacer una decisión allí mismo. “Así que él–él estaba sentado en ese brazo, Ud. sabe. Y él miró, y después de un rato él vio como un espacio vacante, y después de un rato, él miró que venía dando la vuelta de la esquina. El levantó su hoja muy cuidadosamente y miró, se asomó por debajo de la esquina de ella. Y, ¿saben qué? El lo miró a El en la cara. Y tan pronto como él lo vio a El en la cara, él dijo: ‘Hay algo un poco diferente tocante a ese Hombre. Lo puedo oír de la manera que El habla, y cuán compasivo El es; El–El es diferente. Pero Ud. sabe, yo tengo que saber si El es un profeta, porque si El no es un profeta, entonces El no es el Mesías, porque Moisés nos dijo que el Mesías sería un profeta. Así que yo le he puesto una trampa ahora. Lo puedo ver muy bien. Voy a regresar y le voy a decir a Rebeca. ¿Sabes qué?, yo sé lo que voy a hacer. Voy a brincar de este árbol y verdaderamente decirle lo que yo pienso’”, Uds. saben. Uds. saben cómo...?... “Creo que yo le diré que todos los días de los milagros ya pasaron, porque Levinski así lo dijo, y todo el resto de ellos. El rabino Jones y todos ellos dijeron eso (¿ven Uds.?), así que yo lo sé. Creo que yo lo haré. Pero es mejor que me quede quieto, porque estoy muy bien cubierto”.
61“Así que El caminó...” Dijo: “Y–y, ¿cómo se llama Ud., señor?” “Yo soy Bartimeo”. “Bueno, Bartimeo... El Señor caminó hasta que llegó debajo del árbol. Y cuando El llegó debajo del árbol, El se detuvo, miró hacia arriba, dijo: ‘Zaqueo, desciende ahorita. Yo voy a casa a cenar contigo’...?... Bartimeo, ¿pudiera Ud. creer que ese es el Hijo de David?” “¡Oh, sí! Eso es lo que El hará. ¿Dónde está El?” “El va muy adelante por la calle ahora”. El se puso de pie de un salto y arrojó su saco al suelo. “¡Oh, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Ten misericordia de mí! ¡Oh Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Sí, ten misericordia de mí!” Su última oportunidad, allí estaba El pasando por allí, El ya había pasado por allí, y, ¿cómo podría oír a ese pobre hombre ciego, insignificante? Y la gente dijo: “¡Siéntate!, ¡siéntate! No–no estés gritando de esa manera. ¡Siéntate! El ya pasó”. Entonces, ha de haber sido que Bartimeo dijo: “El es el Mesías. Yo sé que El lo es. De la única manera que yo seré capaz de hacer contacto con El ahora, si El ya está allá... Yo sé que el Mesías, cuando El venga, El nos declarará todas estas cosas. Sabemos que El será un profeta”. Así que él se ha de haber arrodillado y dicho: “Jehová Dios, si ése es el Mesías, entonces ése es Tu Hijo. Te pido que Tú lo detengas. ¡Oh, deja que El tenga misericordia de mí!” Y Jesús se detuvo. ¿Qué fue eso? No lo detuvo su voz, sino que su fe lo detuvo. Fíjense bien. “Tu fe te ha salvado”. ¿Ven?
62Fíjense bien. Con todas las cargas del mundo, El iba directamente a Jerusalén para ser crucificado. El lo sabía. Todas las cargas y los pecados del mundo, todo pecado que se había cometido, o que iba a ser cometido, estaba sobre El (¡piénsenlo!), sobre Su corazón. Aun los huevos y las frutas y cosas que le arrojaban a El, toda la gritería de: “¡Ven aquí y resucita a algunos muertos! ¡Muéstranos un milagro! Que te veamos hacer esto y eso si Tú eres el Mesías. Veamos...” Ese montón de la–la asociación ministerial de Jerusalén (¿ven Uds.?), o mejor dicho de Jericó. “Que te veamos hacer algo. ¿Ven?, les dijimos a Uds.; no vale la pena”. El no les hace caso a los demonios. Y todavía no les hace, ¿ven Uds.? Así que El sólo obra a medida que el Padre se lo muestra, El dijo.
63Pero ese ciego mendigo allá, diciendo: “¡Oh, Hijo de David!”, y El se detuvo. Hermano, me gustaría predicarles a Uds. en alguna ocasión: Y El se detuvo. Sí, señor. El se detuvo. Y cuando El se detuvo, El volteó. Ahora, su voz... El no la oyó, por supuesto que no. Pero su fe lo detuvo. Su fe lo detuvo a El. Y ellos lo llevaron a El. El dijo: “¿Qué quieres que haga?” El dijo: “Maestro, que recobre mi vista”. El dijo: “Tu fe te ha salvado”. ¿Ven? Si él tuvo la fe suficiente para detenerlo a El, la fe para tocarlo a El... ¿No ven cómo eso se compara con el resto de la Escritura? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. ¿Ven? Si él tuvo la fe suficiente para detenerlo a El, bueno, entonces él tuvo la fe suficiente para aceptar su sanidad. “Tu fe te ha salvado. Tu fe lo hizo”. Y El se fue caminando con Su rostro hacia Jerusalén (¡oh, hermanos!), yendo hacia Jerusalén. Yo puedo ver al ciego Bartimeo parado allí, diciendo: “El me dijo, El me dijo que mi fe... ¿Cuál fe? La fe con la que yo creo que El es el Mesías. ¿Cómo pudiera El haberme oído, cuando yo estaba sentado muy allá a doscientas o trescientas yardas [182 y 273 m. respectivamente–Trad.] junto a esa pared? Y con todos ellos gritando y alborotando, y actuando de la manera que ellos lo estaban, ¿cómo...? Bueno, yo tenía la fe suficiente para creer, y lo detuve, y El me dijo... ¡Mira, yo–yo–yo puedo ver mis manos!” Y la Biblia dice que él lo siguió entonces, regocijándose y alabando a Dios. La fe de un solo ciego mendigo lo detuvo a El en una misión tal como ésa. La fe de una sola persona aquí esta noche lo puede traer a El de la Gloria, aquí a este edificio. Seguro que lo hará. El los puede sanar a Uds. El les puede–El les puede dar a Uds. la liberación.
64Yo leí una pequeña historia sobre Bartimeo el ciego. Antes de terminar, pues mi tiempo ha terminado; pero sólo me gustaría decir esto antes de terminar, y haremos el llamamiento al altar. Ahora, fíjense sólo un momento. Yo leí una historia. Quizás fue ficción. Quizás lo fue; yo no sé. Pero yo estaba leyendo de Bartimeo el ciego, que decía que él había estado ciego desde que era un–un jovencito, cuando quedó ciego. Pero él estaba casado, y tenía una esposa y una niña de cabello rizado la cual nunca había visto en su vida. Y dicen que una noche se enfermó. Y ellos cuentan, la historia lo cuenta, que él tenía dos tortolitas que llevaba allá. Ellas daban maromitas una sobre la otra, y eso atraía la atención de los–de los que pasaban por allí. Y ellos observaban a esas palomitas dar maromitas una sobre la otra, y la gente se detenía y se reía un ratito, y luego le daban una moneda. Esa es la manera que todavía lo hacen.
65Y así que su niñita se enfermó. Ellos tenían un médico allá, y el doctor dijo: “Bueno”, dijo, “la fiebre está muy alta en la niña. Yo–yo no creo que la niña va a vivir, Bartimeo. No tenemos nada para quitar esa fiebre, así que yo– yo no creo que la niña va a vivir”. Y dicen que Bartimeo se salió al lado de su chocita de adobe–adobe, y se paró allá afuera, y él dijo: “Jehová, si Tú sanas a mi niñita y no la dejas morir, yo te prometo que mañana yo te ofreceré como sacrificio a mis dos tortolitas”. ¿Ven?, es algo que Uds. tienen que ceder. La gente piensa hoy que es sólo porque ellos hacen una cosita. No, es algo que realmente duele, algo que Uds. tienen que escarbar muy profundo para conseguirlo. Esa es la clase que Dios ve. “Yo te daré mis dos tortolitas y seguiré adelante sin ellas”. Y dicen que a la mañana siguiente, su... la fiebre desapareció. El fue y ofreció las dos tortolitas.
66Dicen que un tiempo después su esposa se enfermó gravemente. Y así que vino el médico y dijo: “Bueno, creo que ella va a morir. Yo no creo que sanará, Bartimeo”, después de estar atendiéndola por un tiempo. Y dijo: “No, yo... mi medicina no la ayudará. Ella va a morir”. Así que él se salió de la casa otra vez. Y Uds. saben de esos perros que guían a la gente hoy. No recuerdo cómo los llaman. [Alguien dice: “Perros para ciegos”–Ed.]. Perros para ciegos. Ellos los guían. Pero en lugar de perros en aquellos días, dicen que eran corderos los que los guiaban. Y así que Bartimeo tenía un cordero para ciegos. Así que él dijo: “Si el... Señor, si Tú sanas a mi esposa, y no permites que muera mi preciosa compañera, bueno, yo te prometeré que mañana yo te ofreceré mi cordero”. Y al día siguiente su esposa estaba mejor. Así que él iba rumbo para ofrecer el cordero. Y dicen que el sacerdote dijo: “¿Adónde vas tú, ciego Bartimeo?” El dijo: “Voy a–a–a ofrecer a mi cordero como sacrificio a Jehová. Yo le prometí a El que le daría mi cordero, porque El sanó a mi esposa”. El dijo: “¡Ah, Bartimeo!, tú no puedes ofrecer ese cordero”. Dijo: “Yo te daré dinero para que vayas y te compres un cordero, y luego ofrezcas ese cordero. Cómpralo de los cambiadores en el... allá en los atrios de afuera”.
67El dijo: “Oh, sacerdote, eso es bondadoso de parte de Ud. Pero yo nunca le prometí a Dios un cordero; yo le prometí a El este cordero”. (“Yo traeré a alguien más. Yo haré una buena acción”. Pero, ¿qué de Ud. mismo? ¿Ven?) “Yo le prometí a Dios este cordero”. (“Yo le prometí a Dios que si El únicamente me mostraba Su Presencia, yo le creería con todo mi corazón. No que la Sra. Jones le creería a El, sino que yo le creería a El con todo mi corazón”. Eso es. ¿Lo ven?) “Yo no le prometí a El un cordero, sino este cordero”. El dijo: “Bartimeo, tú no puedes ofrecer ese cordero. Ese cordero son tus ojos”. El dijo: “Si yo cumplo mi promesa a Jehová, Dios proveerá un cordero para los ojos del ciego Bartimeo”. En esa mañana fresca de primavera, Dios había provisto un Cordero para los ojos del ciego Bartimeo. “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”
68Ese mismo Cordero es provisto para todo pecador, y para todo enfermo. Dios ha provisto un Cordero para nuestros ojos espirituales, y para nuestros ojos físicos, para nuestra condición física, para nuestra condición espiritual. El es Jehová-Jireh, que ya ha provisto un Cordero para nuestra ceguera, para que pudiéramos... que viendo el mundo, ya no lo pudiéramos ver, y lo miráramos a El; que estando enfermos, que nosotros–nosotros pudiéramos saber que El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Inclinemos nuestros rostros sólo un momento para orar. ¿Hay un pecador aquí que le gustaría decir: “Hermano Branham, recuérdeme; yo–yo–yo–yo clamo: ‘¡Oh Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!, ¡ten misericordia de mí!; yo–yo–yo quiero recibir mi vista espiritual; yo te quiero ver cómo Tú eres, el verdadero Hijo de Dios; ¡ten misericordia de mí, Hijo de David!’”? ¿Levantaría sus manos a El? Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Allá en el balcón, levante su mano, diga: “Yo lo quiero ver a El. Yo... ¡Oh, Cordero de Dios, oh, Hijo de David!” Dios lo bendiga, mi hermano, muy allá atrás en el balcón.
69¿Alguien más, algunos de los jovencitos? Oigan mi historiecita tocante a Bartimeo cuando él era joven. Uds. saben, la madre de Uds. tal vez los dedicó a Dios también, cuando Uds. nacieron. ¿Ven?, Bartimeo finalmente cumplió la comisión que Dios había trazado para él cuando su mamá lo dedicó. Que sea esta noche que los ojitos de Uds. se abran, jovencitos, y que Uds. vean el Cordero de Dios. “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” ¿Levantaría su mano, alguien más? “¡Ten misericordia de mí, Hijo de David!” Dios bendiga a esta niñita. Dios bendiga a esta jovencita. Dios bendiga a esta dama sentada aquí. Dios bendiga a este muchachito aquí. “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” El hombre acá, sí, Dios lo bendiga. ¿Alguien más a mi derecha? “¡Hijo de David, ten misericordia!” La fe de Uds. lo puede tocar a El, lo puede traer aquí a Uds., así como lo hizo Bartimeo. El no está en... El se detendrá y dejará el Cielo para venir a esta iglesia de la Asamblea de Dios esta noche, para mostrarles misericordia, si Uds. sólo tienen la misma fe que tuvo Bartimeo. “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” ¿Habría otro en alguna parte del edificio que no ha levantado su mano? Ha habido como unos diez o doce que levantaron sus manos, que querían recibir misericordia. “¡Hijo de David!”
70Me fijé anoche... Una niñita está sentada aquí, que parece que tiene como unos diez años de edad. Ella levantó su mano hace unos momentos. Ella deseaba a Jesús. Es como de la edad de mi pequeña Becky, me imagino, mi pequeña Rebeca que está allá en casa. Y yo me fijé que una niñita vino al frente anoche. Cuando estaba en el altar, en cuanto ella llegó allí, empezó a hablar en lenguas. Alguien me dijo, algunos de los hermanos, que ella estaba corriendo por toda la iglesia hablando en lenguas y cantando en lenguas y todo. ¡Cómo el Señor bendijo a esa niñita! Anímela cuando su corazón está joven y tierno, antes que ella sea atraída por las revistas de “Historias verdaderas” y a la suciedad del mundo, y que se endurezca todo su corazoncito. Me gusta ver que vengan los pequeñitos. Dios... Tú dedica tu vida para El. El hará algo por ti también, cariño. El de seguro lo hará. ¿Alguien más ahora antes que oremos? “¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí!”
71Nuestro Padre Celestial, yo te los doy a Ti. Ellos levantaron sus manos. Ellos son Tus hijos por fe en Jesucristo. Ellos saben que Tú estás aquí, Padre. Ellos saben que Tú eres el Hijo de Dios. Ellos creen ahora que es porque Tú hablaste a sus corazones, que ellos están listos para que te reciban como el Salvador de ellos, porque Tú tenías que hablar primero. “Ninguno puede venir a Mí”, dijo el Señor Jesús: “Si el Padre no le trajere primero. Y todo lo que el Padre me ha dado, vendrá”. Y ahora, Señor, ellos han venido esta noche sobre la base de la Sangre derramada del Señor Jesús. Y como el sacerdote de ellos, o el–o el pastor de ellos, o siervo, yo–yo te lo pido, Padre. Mi oración de fe la dirijo a Ti. Y para que ellos sepan que están salvos, yo te voy a citar Tu Palabra. Tú dijiste: “El que oye Mi Palabra...” Yo la he citado constantemente la última hora o más. “El que oye Mi Palabra, y cree al que me envió, tiene (tiempo presente) Vida Eterna y nunca (nunca) vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a Vida”. Padre, eso es lo que Tú dijiste. Ellos levantaron sus manos afirmando que ellos lo creyeron. Y ellos–ellos lo creyeron; ellos lo han recibido. Así que ahora yo sé que Tú les has dado Vida Eterna, y los resucitarás en el día postrero. Tú dijiste que lo harías. Tú prometiste que Tú lo harías, y Tú eres Dios y Tú cumples todas Tus promesas. Tus promesas son sí y amén, así que Tú no te puedes retractar de Tu promesa. Tú–Tú dijiste que Tú lo harías y Tú lo prometiste hacer.
72Ahora, Padre, te pido que Tú les des valor para que sepan que ese Espíritu que estaba cerca de ellos diciendo: “Hijo, tú estás errado. Tú me deberías recibir esta noche. Yo me detendré en Mi ocupadísimo programa y voltearé hacia ti, y diré: ‘Tus pecados te son perdonados. Ve, y no peques más’”. Como Tú lo has dicho muchas veces, Tú se lo has dicho a ellos esta noche, porque ellos han hecho su decisión. Ahora, Dios Padre, te pido que Tú no permitas que ninguno de ellos... Yo no creo que ellos levantaron sus manos sólo por decir que levantaron sus manos. Yo creo que ellos fueron sinceros; ellos verdaderamente lo hicieron de corazón. Y ahora yo te los encomiendo a Ti, y pido que Tú perdones todos sus pecados. Yo estoy intercediendo por ellos con todo mi corazón, que Tú les perdones sus pecados, de todo pecador aquí, que Tú perdones todos sus pecados.
73Padre, este grupito, yo quiero encontrarme con ellos allí en aquel gran día del rapto cuando nos reunamos, verlos venir corriendo de una nación y de otra nación, reuniéndose. “Nosotros que vivimos, que habremos quedado, no precederemos a los que durmieron. Porque la trompeta sonará, y los muertos resucitarán primero y luego los encontraremos, y luego seremos arrebatados juntamente con ellos para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con El”. Señor, yo sé que Tú dijiste eso en–en el Libro de Tesalonicenses, el capítulo 5 [el Hermano Branham quiso decir 4–Trad.], y yo sé que es la verdad. Y yo me encontraré con ellos antes que nos encontremos Contigo. Así que estamos tan contentos por esto.
74Y creemos ahora que... Yo creo con todo mi corazón que porque levantaron sus manos, y porque yo he orado y pedido y he seguido el liderazgo del Espíritu lo mejor que sé, que ellos están perdonados de sus pecados. Ahora, ellos están contentos por eso, Señor. Ahora, hay una cosa más que Tú les pediste que hicieran. “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre y de los Santos Angeles”. Esta será una noche que ellos nunca olvidarán, estos jovencitos, al recordar que el pequeño Bartimeo escuchó la historia que su madre le contó, y saber que algún día Dios lo usó. Y esta es la hora que Tú los estás usando a ellos, usándolos y llevándolos dentro de Tu Reino. Los mayores que levantaron sus manos, ellos eran ésos que son quizás como Bartimeo, que después de un tiempo de estar ciego recibió su vista, su vista espiritual. Ahora, Padre, te pido que Tú les permitas llegar a ser Tus hijos esta noche, y se unan a una buena iglesia, y–y sean bautizados en el bautismo Cristiano, y reciban el Espíritu Santo. Concédelo, Señor.
75Ahora, con sus rostros inclinados, yo voy a ver y a pedir a Uds. que fueron muy sinceros, si Uds. creen que yo soy profeta de Dios, o Su siervo, mejor dicho, si Uds. creen que soy Su siervo con todo su corazón, y Uds. creen que yo les he citado a Uds. la verdad... Uds. oyeron la Palabra. “El que oye Mi Palabra (San Juan 5:24) y cree al que me envió...” Yo prediqué la Palabra; Uds. creyeron en Dios. Y Uds. levantaron su mano testificando que eran pecadores, y que Uds. ya no querían ser pecadores. Entonces Dios dijo: “Ninguno puede venir a Mí si Mi Padre no le trajere”. Entonces, ¿qué los hizo levantar su mano? ¡Dios! Uds. hicieron su decisión. Muy bien. Ahora, ¿qué dijo El? “El que a Mí viene no le echo fuera”. Entonces Uds. son Cristianos, si verdaderamente dijeron eso de corazón. Uds. muchachitos y muchachitas, y Uds. gente anciana, Uds. de edad mediana, y Uds. adolescentes, todos Uds., Uds. son Cristianos cuando lo creen.
76Ahora, todavía hay una cosa que Uds. tienen que hacer. Si Uds. realmente creen eso con todo su corazón, les voy a pedir que se pongan de pie, y lo digan por el sólo hecho de ponerse de pie... Uds. no tienen que decir una sola palabra, sino sólo ponerse de pie para que Uds. le puedan testificar a la gente que: “Yo ahora confieso todos mis pecados y acepto a Jesucristo como mi Salvador”. Ahora, Uds. que lo aceptan a El de esa manera, pónganse de pie. ¿Qué de ello, muchachita, que estás sentada aquí? ¿Crees tú que El es tu Salvador? Correcto. Párate allí, cariño. ¿El muchachito aquí? El está... Muy bien. Uds. allá atrás, Uds. en el balcón, el muchachito y la muchachita en el balcón, bien. En cualquier parte del edificio ahora que Ud. esté, que aceptó a Jesús como su Salvador, póngase de pie. “El que me confesare delante de los hombres, el que da testimonio de Mí delante de los hombres, Yo daré testimonio de él delante de Mi Padre y de los Santos....” Ahora, hay algunas de Uds. personas mayores que levantaron su mano. Aquí están uno, dos, tres, cuatro; yo estoy mirando a cuatro niños que se pararon debido a mi pequeña historia esta noche de Bartimeo. Ahora, ¿qué de algunos de Uds. mayores que levantaron su mano? ¿Tienen Uds....? ¿Ven cómo sus corazones están tiernos? Ellos–ellos creen y así que se ponen de pie, se ponen de pie para aceptarlo a El. “¿Creen Uds. que ellos están perdonados?” Seguro que lo están. Ciertamente que lo están.
77Ahora, algunos del resto de Uds. que lo quieran aceptar a El y decir: “Yo públicamente daré testimonio”... La Biblia dice que “todos los que creyeron fueron añadidos a la Iglesia”. ¿Creen Uds. que Jesús les perdona sus pecados esta noche? Pónganse de pie con estos niños. ¿Cuántos lo harán ahorita mismo? Muy bien. Dios lo bendiga. El muchacho en la silla de ruedas, este muchacho aquí, esta muchacha aquí, esta señora. Eso está bien. Bien. Alguien más que diga: “Yo lo acepto ahorita mismo sobre....” Ahora, no... ningún sentir. “Yo no estoy buscando un sentir. Yo lo estoy buscando porque El me lo prometió: ‘El que oye Mi Palabra, y cree al que me envió, tiene Vida Eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a Vida’”. Sobre esas bases de sus pecados confesados, y reconociendo que Ud. es un pecador, que se va a poner de pie y lo aceptará a El como su Salvador, ¡póngase de pie! Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. ¿No hay uno más? ¿Uno más por quien yo pudiera orar antes que Uds. se sienten? ¿Hay uno más? ¿Alguno de Uds. parado allá en–en el pasillo? Dios la bendiga, señora. Eso es maravilloso. Muy bien, ¿hay otro? Dios la bendiga, hermana. Muy bien, ¿hay otro? Hay siete. Ese es un número perfecto. Ahora, inclinemos nuestros rostros. Permanezcan de pie.
78Nuestro Padre Celestial, Tu Palabra no puede fallar. Es Eterna. Tú dijiste: “El que oye Mi Palabra, y cree al que me envió, tiene Vida Eterna”. Tú lo dijiste así, Señor. “Y no vendrá a condenación (o a condenación en el Juicio), mas ha pasado de muerte a Vida”, porque ellos han creído en el Señor Jesucristo, que El murió en lugar de ellos, llevando los pecados de ellos. Y por su injusticia, ellos son hechos la justicia de Dios por medio de Jesucristo. Allí están, Padre. Ellos son los trofeos del mensaje. Ellos están aquí. Ellos son Tus hijos. Ahora, pueda que nunca sea capaz de estrechar sus manos en esta tierra. Pero, Dios Padre, sobre la base de Tu Palabra, yo creo y acepto Tu Palabra, que Tú eres Dios, y Tú no puedes mentir, y Tu Palabra es Eterna. Yo los reclamo por el Evangelio. Yo los reclamo por causa de Dios por medio de Jesucristo, remitiendo todos sus pecados. Y Padre, te pido que Tú guíes a estos hijos a Vida Eterna. Guíalos al Bautismo del Espíritu Santo. Bautízalos, Padre, dentro del Espíritu y poder del Cuerpo de Jesucristo, para que ellos puedan ver con sus propios ojos que Tú eres el Hijo de Dios. Ellos lo han creído por fe ahora y lo han aceptado, y sobre esas bases Tú dijiste que ellos fueron salvos. Te pido por ellos y te los encomiendo en Tus manos en el Nombre de Jesucristo.
79Ahora, mientras Uds. ven a la gente parada (levanten sus rostros), los que están parados, quiero que estrechen sus manos a medida que ellos se sientan. Allá en el balcón, aquellos, y aquí, Uds., cualquiera de Uds. Cristianos cerca de ellos, mientras se sientan, sólo estrechen la mano de ellos, digan: “Dios le bendiga”. Estrechen la mano de ese muchachito aquí. Dios bendiga su corazoncito allí. Algunas de Uds. madres sentadas allí, allí mismo... Correcto. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga, hermano, allí con el pie quebrado. No se preocupe, Ud. estará bien. Yo supe eso hace dos noches, así que no se preocupe tocante a eso; Ud. está bien. Así que... Allá en el balcón, todos Uds. ¿Ven? Todo está bien. ¡Oh!, ¿no es maravilloso El? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” Dicen: “Hermano Branham: ¿cree Ud. que eso es la verdad?” Bueno, seguramente que creo que eso es la verdad. Yo no me pararía aquí y predicara algo que no creyera. Yo me meto en problemas todo el tiempo por predicar cosas que yo sí creo. Eso es lo que es. Yo... Pero lo creo porque Dios así lo dijo, y eso lo concluye para mí. Yo creo eso tal como... que esas personas, esa niñita, y los niñitos, y estas personas aquí, lo llamaron a El desde la Gloria lo mismo que Bartimeo el ciego lo detuvo a El en Su camino. ¿Creen Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”–Ed.].
80¿Cuántos de Uds. están enfermos?, levanten sus manos, los enfermos y necesitados. Amén. ¿Cuántos creen que ese mismo Dios...? Yo no sé. Muy bien. Yo–yo... Algo me impresionó en ese momento. El está aquí. El Angel del Señor que Uds. ven en esa fotografía, Dios siendo mi Juez, en el Día del Juicio Uds. se darán cuenta que El está aquí. Correcto. El Angel del Señor está aquí. Alguien, en alguna parte, en alguna parte, está sufriendo. Ellos tienen fe. Algo se ha movido. Alguien ha hecho algo en alguna parte, o hecho algo. El no hubiera venido de esa manera, cuando yo estaba tratando de mantener esto en un servicio de Evangelización. ¿Tienen Uds. tarjetas de oración? No tienen. Bueno, Uds. no las necesitan. Uds. no las necesitan. Uds. tengan fe y crean. Si yo he dicho... Uds. recién convertidos aquí, siendo que El está aquí... Muy bien. Amigos, Uds. nunca sabrán el sentir que es eso, cuando El–El lo impresiona a Ud. Ud. sabe entonces de lo que está hablando. Correcto. Sí, uno sabe de lo que está hablando. ¡Oh!, yo estoy tan seguro como puedo estar. Uds. tengan fe ahora. Sólo crean.
81Sara estaba sentada dentro de la tienda, y dijo entre sí... ella se rió. Y el Angel volteó y dijo: “¿Por qué se rió Sara diciendo entre sí que esto no podía ser así?” ¿Es correcto eso? ¿Qué de la mujer que tocó Su manto y El la buscó? ¿No creen Uds. que El es ese mismo Sumo Sacerdote esta noche? Y Uds. recién convertidos, les quiero probar a Uds. que ese que Uds. tocaron... Hermana querida aquí, Ud. y la joven... la hermana sentada aquí, y el hermano, el muchachito, y ese muchachito y muchachita sentados allá, yo les quiero mostrar a Uds. que fue el mismo Señor Jesús que hizo la promesa. ¡Oh, hermanos! ¡Oh!, quisiera que me pudiera sentir de esta manera todo el tiempo. Correcto. Tengan fe en Dios. Oren, todos Uds. Estén orando.
82Yo voy a voltear mi espalda hacia Uds. ¿Qué hizo ese Angel del Señor? Para mostrarles a Uds. que estamos en los días de Sodoma, y mostrarles a Uds. que estamos en los últimos días, que este país aquí es una Sodoma moderna, mostrarles a Uds. que el Angel del Señor todavía es el Angel del Señor... Ahora, Uds. no tienen tarjetas de oración, así que no tendremos una fila de oración. Pero Uds. no tienen que tener tarjetas de oración. La única cosa que yo les pido a Uds. que hagan, es que crean que yo les he dicho la verdad, la verdad del Evangelio, y que eso es Dios. Yo miro a estos ministros aquí detrás. ¿Creen Uds. esto, hermanos? ¿Con todo su corazón? ¿Creen Uds. que el Evangelio que yo he estado predicando, es la verdad? [Los ministros dicen: “Amén”–Ed.]. Dios bendiga sus corazones. Hay un sentir tremendamente bueno detrás de mí, la fe de Uds. hermanos. Muchas veces esta semana yo despedacé y corté y todo lo demás. Yo no quiero que piensen que los he lastimado a Uds. Yo los amo. Uds. son mis hermanos. Pero Uds. mismos saben que la iglesia se está desviando. La tenemos que traer de regreso, traerla de nuevo. La tenemos que traer de regreso.
83Ahora, aquí está. Está una mujer delante de mí. La estoy mirando directamente. Alguien allá en la audiencia está tocando al Sumo Sacerdote. Veo cómo se mira ella aquí. Un momento. Alguien lo tocó a El, igual que la mujer tocó a nuestro Señor Jesús. Eso es lo que esta mujer hizo, y yo sólo estoy actuando en Su lugar. ¿Ven Uds.?...?... ¿Están Uds. entendiendo? Ahora, será... Lo captaré en un momento. Hay... Proviene de... Ahora, alguien lo tocó a El. Todos Uds. que están orando, crean ahora con todo su corazón. Estén muy quietos; crean. Sí, señor. Es una señora sentada allí en el rincón. Sí, correcto. ¿Tiene Ud. una tarjeta de oración? No, yo sé que Ud. no tiene una tarjeta de oración. Yo no la conozco; Dios sí la conoce. ¿Ven?, ¿no...? Quiero que todos Uds. miren en esta dirección. ¿No pueden ver Uds. esa Luz posando allí sobre la mujer? ¿Ven esa–esa pequeña... sobre ella? ¿Ven esa Luz de apariencia mística posando allí sobre ella? Ahora, fíjense bien, se está abriendo. La mujer ha sido examinada por una clase de doctor, y ellos le dijeron a ella que tenía un crecimiento, una clase de... Ella tiene pendiente una operación, pero ella no quiere ser operada. Ella está tratando de confiar en el Señor por su sanidad. Si eso es correcto, levante su mano, señora.
84Ahora, Uds. recién convertidos... Esa señora sentada al lado de ella allí, parece ser una... Esa Luz se movió hacia la otra señora sentada al lado de ella. Allí está otra vez. Yo pensé que se había regresado a la señora, pero se fue a esa señora. Ella es una creyente, una creyente Cristiana. Ella tiene alguna clase de... como una alergia, una comezón en sus manos. Correcto. Yo no la conozco, ¿la conozco, señora? Ud. no tiene una tarjeta de oración, por supuesto. ¿Cree Ud. que va a sanar? ¿Cree Ud. que Ese fue Dios? ¿Cree–cree que eso... que yo le puedo decir a Ud. tocante a lo que estaba orando? ¿Cree Ud. eso? Por medio de Dios... (Manténganse quietos, manténgase quietos, siéntense, por favor). ¿Cree Ud.? Sra. Bossler, ¿cree ahora que Ud. va a sanar? Dios la bendiga. Esa es Ud., ¿no es así?
85¿Qué de ti, pequeñito sentado aquí? Allí está contigo. ¿Crees tú? Yo te veo con tus hombros algo caídos, de esa manera. Pero hay algo más además de eso que está mal en ti. Si Dios me dice lo que está mal en ti, ¿creerás que yo soy Su profeta, Su siervo? Es un problema del estómago del cual estás sufriendo. Eso es ASI DICE EL SEÑOR. Correcto. No es una úlcera; tú sólo estás nervioso e indispuesto de tu estómago, eso es lo que lo está causando. Eso es exactamente correcto. Si tú crees con todo tu corazón....
86¿Creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. Ahora, sean muy reverentes. No se muevan. ¿Ven Uds.?, cada vez que se mueven eso–eso–eso hace algo. ¿Ven Uds.? Sean reverentes. ¿Qué de alguien acá en esta dirección? Estuvo allá; ahora se fue acá. ¿Creen Uds.? [“Amén”]. Cuando tengamos tres o cuatro, digan–digan algo. Tengan fe; no duden. Yo sencillamente tengo que observar dónde... Yo–yo quisiera que sencillamente pudiera decir esto o eso. No puedo. Yo sencillamente tengo que observar. La fe es tan inconsciente para la gente. La mujercita sentada allí mirándome. No, detrás de Ud., hermana, allí... Sí. Tiene problemas con sus ojos. Correcto. ¿Cree–cree Ud. que El la sanará de eso? Si Ud. no cree, perderá su vista. Va disminuyendo todo el tiempo. Sólo crea Ud. con todo su corazón. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir quién es Ud.? Ud. sabe que yo no la conozco. Sra. Johnson, Ud. se puede ir a casa y ser sanada...?....
87La señora sentada al lado de ella, Ud. se tuvo que levantar e irse hace unos minutos. Satanás trató todo lo que pudo para robarle esto a Ud. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir tocante a su problema? ¿Me aceptará Ud. como el profeta de El, o mejor dicho, el siervo de El? ¿Cree Ud. eso con todo su corazón? Yo no la conozco a Ud. Yo nunca la he visto a Ud. en mi vida; pero realmente Ud. está en contacto con Dios ahorita. Correcto. Ud. está gravemente enferma. Eso es correcto. Es una condición de la vesícula. Eso es correcto. Otra cosa: Ud. tiene un corazón crecido. Eso es exactamente correcto. Sra. Miller, levante su mano si eso es correcto. Se puede ir, reciba su sanidad. Jesucristo la sana.
88Yo los desafío a Uds. a creer eso. Yo–yo sólo... Yo sólo les pido que lo crean. Muy bien. Tengan fe en Dios. ¿Le creen Uds. a El? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” ¿Le creen Uds. a El con todo su corazón? [“Amén”]. Entonces óiganme, escúchenme. ¿Cuántos creyentes hay aquí?, levanten su mano. Muy bien, si Uds. son creyentes... Ahora, bajen su mano. Todos Uds. son creyentes. ¿Cuántos están enfermos?, levanten sus manos. Muy bien, creyentes, pongan sus manos unos sobre los otros. Yo citaré la misma Palabra: “Estas señales seguirán a los que creen”. ¡Esto es! ¿Lo creen Uds.? Ahora, Uds. oren por alguien. Pongan sus manos sobre alguien al lado de Uds., o alrededor de Uds. Allá en el balcón, sí, crean. Esa señora sentada allá en medio, sufriendo con esa condición nerviosa...?... Muy bien. Eso es, hermana. Yo no la conozco, nunca la he visto en mi vida. ¿Es correcto eso? Ud. ha estado nerviosa, lo ha estado por años. Cristo la sana, la hace saludable. Muy arriba allí en el balcón. ¡Amén!, El los sana a todos Uds., si Uds. lo creen. Ahora, oren unos por los otros. Pongan sus manos unos sobre los otros.
89Padre Celestial, la fe de esta gente trajo al Señor Jesucristo en la forma del Espíritu Santo de nuevo en sus medios esta noche, salvando a los perdidos y sanando a los enfermos. ¡Oh, Señor, ellos son creyentes! Ellos tienen sus manos unos sobre los otros. Ellos creen que Tú eres el mismo ayer, hoy, y por los siglos, y el mismo Dios. “¡Oh Jesús, Hijo de David!”, ellos están clamando. Que el poder que resucitó a Jesús del sepulcro, los resucite y los ponga de pie con un testimonio, aclamando y alabando la gloria de Dios. Que ellos se paren como Bartimeo, mirando sus manos hasta que ellos vean que el poder de Dios los ha sanado. Concédelo, Señor.
90Continúen orando, continúen orando, sólo continúen orando. ¡Oh Señor!, únicamente hay una sola cosa que pudiera evitar un servicio espontáneo de sanidad, y esa sería incredulidad. Yo me fijé que sobre la audiencia mientras miraba allá, Señor, vi esa franja pequeña de oscuridad tratando de detener esa gloriosa Luz allí que está girando alrededor, tratando de encontrar la manera de atravesar esa oscuridad para tocar a alguien. ¡Oh Dios Padre, dame fuerza, dame fe! Que la gente entienda que Tú has probado, Señor, que yo les estoy diciendo a ellos la verdad. Tú dijiste cuando Tú estuviste aquí en la tierra, “Si Yo no hago las obras de Mi Padre, entonces no me creáis”. Si yo no hago las obras de mi Salvador, entonces que ellos no me crean. Pero Señor, Tú estás haciendo las mismas obras que Tú hiciste cuando estuviste aquí en la tierra. ¡Oh Padre!, yo confieso ahora que ellos sí creen en una porción. Dame fe para disipar esa oscuridad que está sobre ellos, Señor, para que ese poder y Luz de Dios pueda caer sobre toda alma aquí, para que los pueda sanar a todos ellos. ¡Satanás, tú estás expuesto! Bueno, tú eres un demonio, y estás tratando de mantener sujeto a este grupo de gente. Yo te desafío en el Nombre de Jesucristo, ¡sal de esa gente y déjalos en paz!