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~ LA CREENCIA DE MARIA ~
1Gracias, hermano. Ciertamente fue... Yo tengo que decir “amén” a eso. El Señor nos bendijo esta mañana de una manera muy fuera de lo común. Yo tenía algo en mi mente de lo que yo iba a hablar, y sencillamente lo cambió. Y esas son la clase de reuniones que me gustan: la dulzura del Espíritu Santo entrando, fluyendo sobre el edificio. Y luego, el Espíritu Santo.... Anoche, me imagino que ha de haber sido una profecía: yo les dije a los ministros que estaban detrás de mí, que su tiempo llegaría. Ellos se estaban sacrificando. Y esta mañana, bueno, antes que yo pudiera aun empezar, la bondad del Espíritu Santo salió entre esos ministros, y los pronunció sanados, allí, diciéndoles de sus condiciones y enfermedades, y lo demás. ¡Oh, El es bueno!, ¿no lo es? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. El ciertamente lo es. El es un Padre maravilloso. Estamos tan agradecidos por El.
2Ahora, mañana en la tarde, si es la voluntad del Señor, vamos a cambiar el servicio de mañana en la noche, a la tarde. Y pienso que eso es bueno; les da a todos una oportunidad que mantengan sus servicios en sus iglesias. Y yo siempre pienso que es el deber de un Cristiano estar en su puesto del deber. Y de esa manera, cuando tenemos una reunión como ésta, bueno, yo... y los hermanos que estén dispuestos a cerrar sus iglesias y enviar a su gente aquí... Yo les digo a todos Uds. visitantes aquí ahora, que están aquí de fuera de la ciudad y lejos de estas iglesias, que vayan a la iglesia mañana. Escojan Uds. la que prefieran. Hay un grupo aquí de hermanos finos y algunas iglesias finas que creen en el mismo Evangelio que estamos predicando. Ellos están aquí presentes. Y estarán contentos de que asistan a sus escuelas dominicales mañana en la mañana, y a sus iglesias mañana en la noche. Y ahora, estén seguros de asistir a alguna iglesia, a la iglesia que Uds. escojan. Me imagino que los hermanos les han dicho en dónde... ellos hicieron alguna clase de arreglos para decirles en dónde están y todo tocante a ello. Ellos por lo general hacen eso. Y Uds. están invitados a todas ellas. Y así que, ahora la iglesia a la que Uds. vayan, a la que Uds. representan, lo que Uds. quieran hacer, bueno, eso estará bien. (Ahora, yo los veo meterse en los cines o algo). Así que hay un gran espíritu entre la gente, un gran avivamiento parece que se está moviendo en esta dirección. Yo confío que nunca se pierda ese Espíritu hermoso que estaba en la reunión esta mañana. Eso es–eso es algo sobresaliente cuando Uds. ven la bondad de Dios y Su misericordia venir y bendecirnos, y hacer las cosas que El hizo esta mañana.
3Ahora, si es la voluntad del Señor, mañana en la tarde, yo la quiero hacer como una buena reunión Cristiana, y que todos vengan. Solo vamos a predicar un sermón de evangelización mañana en la tarde, si es la voluntad del Señor. Y el Hermano Leo, nuestro hombre de los libros, dijo: “Hermano Branham, Ud. debería predicar una vez aquí a esta gente como esa predicación antigua sin rodeos”. El Señor siendo bueno con nosotros, queremos que abran sus Biblias, si desean... o pueden sólo anotar el texto. Yo sólo tengo un versículo para leer en Lucas, el primer capítulo, el versículo 37: porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.
4Inclinemos nuestros rostros sólo un momento. Nuestro Padre Celestial, venimos en el Nombre del Señor Jesús para pedir misericordia y perdón por nuestras faltas. Nosotros pedimos en esta noche, Señor, que Tú continúes visitándonos en estas grandes visitaciones de Tu Espíritu Santo, para que Tú mismo te puedas mostrar vivo, hasta que aparezcas otra vez en forma física en la segunda Venida. Pedimos, Padre Celestial, que si hay algunos entre nosotros que todavía no te han aceptado como su propio querido y amante Salvador, que esta noche sea esa hora en la que ellos te harán el Todo Suficiente: “Sí, Señor, yo creo”. Aquellos que han empezado de esa manera y que todavía no han llegado al Bautismo del Espíritu, te pedimos que ellos también se entreguen esta noche al Bautismo del Espíritu Santo. Anoche estábamos tan felices, Señor, de verte ir entre la gente, aquellos que levantaron sus manos que no tenían tarjetas de oración; ver Tu gran Espíritu Santo ir y sanar a los enfermos, y afligidos, y llamarlos, haciendo lo mismo que Tú hiciste cuando habitabas en el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, mostrando que Tú todavía estás en Tu iglesia: la gente levantándose de las camillas y salir caminando; y aquellos que se estaban muriendo, en la última esperanza, vieron la Luz de Dios y la aceptaron, yéndose sanados. La gran reunión esta mañana en el compañerismo con el Espíritu Santo, mientras estábamos sentados en Lugares Celestiales en Cristo Jesús, ¡oh Dios, cómo amamos eso!
5Y pedimos que Tú nos des de Tus bendiciones Celestiales esta noche. No mires nuestra indignidad, Señor, porque somos indignos, y no hay nada que pudiéramos hacer para merecer algo. Así que humildemente confesamos que estamos–que estamos mal, y que somos injustos y que solo Tú eres justo. Y venimos en el Nombre del Señor Jesús, siendo que El nos ha llamado, prometiendo que recibiremos lo que pedimos. Dios, yo te voy a pedir una gran cosa. Te pido que el Espíritu Santo escudriñe todo corazón aquí esta noche: si ellos necesitan sanidad, sánalos, Señor; de todo lo que ellos tengan necesidad, concédelo, Señor. Y no te olvides de mí aquí. No te olvides de este grupo amoroso de ministros, Señor. Bendice sus iglesias mañana. Que ellas estén atestadas y el Espíritu Santo se mueva entre ellos. Que surja un avivamiento chapado a la antigua en esta región aquí y por toda la nación. Bendice a toda la gente en dondequiera, Padre. Ahora, mientras yo he leído estas cuantas palabras, te pido que Tú las bendigas a nuestro corazón. Lo pedimos en el Nombre del Señor Jesús. Amén.
6El sol de la mañana apenas estaba saliendo de detrás de la colina mientras ella iba caminando por una callecita conocida, que bajaba de la colina en donde ella vivía. Y mientras ella caminaba con el cántaro bajo su brazo, ella tal vez estaba pensando, meditando, como generalmente las jovencitas alrededor de esa edad pueden caminar pensando. Y ella iba rumbo al pozo de la ciudad para coger el abastecimiento diario de agua. Se nos dice que su madre había muerto, así que ella como que se encargaba allí de la casa sola con su anciano padre. Y ella estaba pensando del día anterior.
7Ha de haber sido el primer día de la semana, después que habían tenido el servicio del sábado, y el sol ya había salido completamente y estaba subiendo en los cielos azules palestinos. Y la dulzura de las flores mientras el sol subía, esa atmósfera, ese aroma de las flores y las madreselvas, a medida que el calor las seca, justo unas cuantas horas antes que las seque, a mí me gusta esa hora de la mañana. Yo pienso que es una frescura. Me gusta salir a los jardines. Yo pienso que un ministro debería venir a la plataforma no cargado con muchos problemas, sino salido de la frescura de la Presencia del Señor. Salir temprano en la mañana después que todos los demonios se han ido a acostar, y los alborotos de la noche están para terminar. Y luego se asienta y se aquieta, y puede oler ese aroma, la dulzura. Y yo creo que si un ministro sólo se queda delante de Dios hasta que él salga al púlpito, él saldrá como un olor grato, ungido con el Espíritu Santo para traer el mensaje de Dios a la gente de corazón hambriento que está esperando.
8Mientras ella iba caminando a lo largo del sendero, creo yo (o pudiera decir esto, como un pequeño drama) que ella estaba pensando tocante a lo que sucedió el día anterior. Después que ellos habían regresado de la iglesia, bueno, era costumbre que su esposo prometido, José, iba a ir a la casa ese día a cenar con ella. Y mientras la cena estaba siendo preparada, bueno... Ellos habían cenado, y como era costumbre, ellos se sentaron en el porche, mirando a lo largo del vallecito al otro lado de la colina. José era un carpintero. Y sabiendo que él se estaba preparando para casarse con esa hermosa joven doncella judía, siendo un carpintero, él estaba construyendo su hogar futuro allá en la otra colina. Así que, Uds. saben, yo me imagino que tenía que tener ese toquecito especial en ello, porque él iba a llevar a su hermosa novia joven a ese hogar. Las puertas tenían que cuadrar exactamente. Y–y él estaba tomando su tiempo para construirlo, porque él no quería hacer un trabajo de prisa en ésta. El debe... Las ventanas debían cuadrar exactamente, y las puertas exactas. Yo me imagino que cuando él empezó a hacer el portón, pudiera haber tenido forma de un corazón grande; así que cuando él entró por el portón, era en la forma de un corazón. Las rosas estaban todo alrededor de la casa. 9Y ellos habían planeado esto por algún tiempo, desde su compromiso. Y ellos salían allí, digamos, el domingo en la tarde, y se sentaban en el porche, y miraban al otro lado donde estaría su hogar futuro. Y como una costumbre, ellos hablaban tocante al Señor, porque ambos eran grandes creyentes en Dios. Y ese domingo era uno especial. Ellos se apresuraron a cenar y ella lavó los platos, y José ya estaba esperando sentado en el porche cuando María llegó; y– y ha de haber sido una conversación algo como ésta; pues ellos por lo general hablaban tocante a la manera que la casa estaba progresando, y cómo se miraría, y que los rabíes iban a ir a casa para cenar con ellos. Pero en lugar de eso, ellos entraron en el tema del mensaje de la mañana que habían oído del rabí, el notable y el honorable rabí. Y tal vez fue María que dijo: “José, ¿no fue ese un mensaje impresionante esta mañana que el rabí predicó, nuestro amado pastor?”
10“Oh”, José ha de haber dicho: “Ese fue un mensaje sobresaliente. Me gustó mucho cuando él habló de ese gran Jehová Dios quien guió a nuestro pueblo para salir de Egipto. ¿No te emocionó cuando él leyó los pergaminos de Exodo cuando ellos fueron sacados, y cómo Jehová los guió por una Columna de Fuego? Y ellos no tenían brújula para orientarse, pero ellos iban bajo el liderazgo del Espíritu. ¡Oh, María!, ¿no sería maravilloso si pudiéramos vivir durante toda nuestra vida observando esa Columna de Fuego, y ser guiados como ellos lo fueron? “Y que cuando ellos necesitaron comida El les llovió maná del cielo; ellos tuvieron pan. Y entonces cuando ellos necesitaron carne, El sopló codornices de la costa, llenó el suelo. Y cuando ellos necesitaron agua, El tenía una roca herida. Cuando ellos estaban enfermos, El tenía una serpiente de bronce como una expiación para sus enfermedades, y, ¡oh, cuán grande era eso!” “Pero”, él dijo: “Cariño, yo creo que él echó a perder toda la cosa cuando él dijo: ‘¡Pero, ¡ay de mí!, Jehová ya no hace eso’. De una manera u otra yo siempre he creído que ese Jehová siempre permanece el mismo. El sencillamente no puede fallar. Y yo creo que la razón que hemos... que estamos viviendo en los días que estamos, es porque nuestro pueblo ha perdido la fe en Jehová”.
11“Yo creo que El es inmortal, y El no se envejece ni se desvanece. El es simplemente el mismo Jehová, y El no espera que nosotros... yo no pienso que no le haría caso o le faltaría respeto al rabí honorable, pero cuando él dijo esta mañana en su mensaje que Jehová ya no hacía milagros, que la única cosa que El quería que hiciéramos era ir a la iglesia, y que pagáramos nuestros diezmos, y viviéramos una vida tan buena como pudiéramos, y El nos llevaría allá arriba al Hogar en la Gloria, yo–yo difícilmente puedo creer eso, María. Yo–yo creo que Jehová quiere que nosotros andemos con El como ellos lo hicieron en aquel día”. Y luego ha de haber sido María que dijo: “Oh, querido, ¿sabes?, deberíamos leer las Escrituras primero”. Bueno, si Uds. alguna vez han estado en un hogar Palestino y vieron algunos de los linderos antiguos, los libros de la Biblia fueron guardados como en un... es llamado un pergamino, enrollado como en una vara. Y ellos los guardaban en un depósito como un cesto para la basura. Y sólo los metían allí en ese cesto. Como el pergamino de Isaías, el pergamino de Jeremías, y todos esos profetas estaban allí, así que no importaba cuál leían ellos, porque sabían que todos ellos estaban ordenados de Dios, porque eran Sus profetas.
12Así que José dijo: “Bueno, mi querida, ¿irás–irás adentro y tomarás uno de los pergaminos?” Ella sólo metió su mano y por casualidad tomó ese pergamino y lo sacó. Ella dijo: “Bueno, querido, hoy parece que leeremos del Libro de Isaías”. Así que él abrió el pergamino, y José empezó a leer, y su mente... sus ojos se fijaron sobre esta porción: “Una virgen concebirá y dará a la luz un Hijo... Se llamará Su Nombre Consejero, Dios Fuerte, Príncipe de Paz, Padre Eterno”. Y cuando él llegó al fin, la damita virgen sentada al lado, dijo: “Un momento, José, querido. ¿Qué quiere decir el profeta de una virgen concibiendo?” Bueno, José pudiera haber dicho esto: “Querida, eso es un poquito profundo para mí. Yo no lo entiendo, pero lo creo. Eso es sencillamente lo que la Biblia dice. Yo no sé cómo alguna vez llegará a suceder; pero sabemos esto, querida: sabemos que Isaías era profeta de Jehová. Por lo tanto siendo ungido con el Espíritu de Dios sobre él, él no podía profetizar mal, porque él nació un profeta y sabemos que sus palabras son verdad. Y cuando él dijo: ‘Una virgen concebirá’, ese no era Isaías, sino ese era nuestro Jehová, y Jehová es poderoso para hacer todo lo que El dice que El hará”.
13Y mientras ellos hablaban al respecto, y de cómo Su Nombre sería llamado Consejero, Príncipe de Paz, Dios Fuerte, Padre Eterno, y el principado será sobre Su hombro, y no habrá fin a Su reino, y demás, ella dijo: “Ha de ser el Mismo que el profeta Moisés nos prometió: ‘El Señor vuestro Dios levantará un profeta como yo’. Por lo tanto debe ser el Mesías”. José dijo: “Yo creo que los escribas lo interpretan de esa manera, que éste sería el Mesías que iba a venir”. Y a medida que pasaba la tarde, y el servicio de la noche se aproximaba, bueno, ellos regresaron de nuevo a la iglesia.
14Y fue a la mañana siguiente mientras ella iba por el agua... Ella podía oír el martilleo al otro lado del camino, en donde... y el serrucho, en donde José estaba edificando la casa de ellos. Y ella se levantó y desayunó, y puso el pequeño cántaro bajo su brazo, y empezó a caminar hacia el pozo público de la ciudad. (Ahora, si tuviéramos tiempo me gustaría quedarme en ese pozo por un rato, pero no tenemos el tiempo). Así que mientras ella iba caminando con su cabeza inclinada, pensando, ella no lo podía quitar de su mente. Y ella dijo: “Ese comentario que me hizo José cuando yo lo detuve en esa Escritura de Isaías 9:6, y cómo fue que él–él me dijo: ‘Querida, tú sabes, yo pienso que tú... siempre pensé de ti como la mujer más hermosa que alguna vez he visto, pero de alguna manera en los últimos minutos tú has estado más hermosa que nunca. Tus grandes ojos cafés resplandecieron, y fue justo cuando mencionamos esta Escritura. ¿Te emocionó? O, ¿qué sucedió?’” Bueno, ella se preguntaba: “¿Qué fue eso, cuando él dijo que un Niño nos es nacido, un Hijo nos es dado? Me pregunto, ¿qué me hizo sentir de la manera que me sentí?” Y justo en ese momento, mientras que la jovencita iba caminando, ella notó como el parpadeo de una Luz. Y ella miró para todos lados, y... “Ha de haber sido el sol”, ella dijo, “que brilló contra una roca allá en el desierto montañoso, allá en alguna parte”. Y a medida que iba en su camino, pensando tocante a lo que estaba sucediendo, y tocante a lo que ellos habían estado hablando, ella dio la vuelta a la esquina que va al pozo de la ciudad en donde las mujeres se reunían allí temprano en la mañana y bajaban sus cubetas o sus ollas de barro (parecían más como una olla, o un cántaro). Tenían un cuello largo, y dos agarraderas. Había un gancho en el pozo al que ellas lo enganchaban, y una polea. Ellas bajaban el cántaro. Y siendo que era hecho de barro, bueno, se hundía. Ellas sacaban el agua con la polea, y luego se lo ponían arriba de sus cabezas, y caminaban de regreso a casa; y quizás contenía cinco o seis galones de agua, lo suficiente para el día (a menos que estuvieran lavando, y entonces ellas iban por lo general, a los lugares que estaban designados para lavar).
15Ahora, al dar la vuelta a la esquina, ella vio esa Luz parpadear otra vez. Y mientras miró, cuando tuvo que pasar por un pequeño lugar estrecho en donde sólo una sola persona podía pasar, allí se paró Gabriel, el Arcángel. No era el sol el s-o-l que ella vio reflejándose. El la iba siguiendo, y El la encontró en un lugar en donde ella lo tenía que ver a El. Y ella miró, y El estaba resplandeciendo en Luz todo alrededor de El. Eso asustó a la virgencita, y sin duda que ella agarró su cántaro de agua, y esos grandes ojos se quedaron fijos mirando al Arcángel. El dijo: “¡Salve, María! (o deténte), tú eres muy favorecida delante de Dios”. ¡Oh, me gusta eso! Esa mujercita en la ciudad más vil que había en el mundo en ese tiempo, conocida como la ciudad más vil, de todas maneras, en Palestina... Y allí ella había vivido tal vida al grado que Dios la escogió para una cierta obra que El iba a hacer. Allí ella miró Su rostro, y la estremeció de miedo.
16Uds. saben, es por lo general cuando estamos pensando en esas cosas... La Biblia dice: “Si hay algo digno de alabanza, si hay virtud alguna, esto pensad”. Yo pienso que la razón que no vemos más de ello que lo que vemos, es porque tenemos nuestras mentes en muchas otras cosas. Yo pienso que los Angeles todavía nos aparecerían a nosotros si únicamente mantuviéramos nuestras mentes en Ellos. Pero estamos pensando en algo más, adónde vamos a ir, de un cierto programa que tenemos que mirar, o una cierta compra que tenemos que hacer. Pero nuestras Escrituras nos dicen: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas otras cosas os serán añadidas”. Y entonces allí es cuando vemos eso, que El dijo: “Tú eres muy favorecida delante de Dios”.
17Y notamos otra vez... Yo no quiero dejar esta Escritura, pero fue Cleofas y su amigo en el camino a Emaús, mientras ellos caminaban allí, tristes, acongojados, hablando de que Jesús había sido crucificado y que estaba muerto, y de las historias que ellos habían oído tocante a que El había resucitado de entre los muertos, y que ellos no las creyeron... En el camino hacia allá, quizás yendo de regreso a trabajar otra vez el lunes en la mañana, en el camino de regreso hacia allá, fue mientras ellos iban pensando en El que El les apareció, salió del lado de los arbustos y les empezó a hablar como un hombre común. El dijo: “Oh, ¿por qué están tan perturbados? ¿Qué pasa con Uds.?” Ellos dijeron: “¿Eres forastero aquí?” ¿Creen Uds. ahora? Esto es algo delicado, pero la gente que había caminado con El, y hablado con El, y caminaron todo el día con El después de Su resurrección, el mismo Jesús, no lo conocieron. El–El mismo revelará a quien le quiera revelar. ¡Oh!, yo pido esta noche que El quite la oscuridad de los ojos de cada uno de nosotros y que venga a este edificio y El mismo se revele en el poder de Su resurrección, para que toda persona lo vea a El: el pecador como su Salvador, los enfermos como su Sanador. Y nos fijamos que El caminó con ellos todo el día. Y luego El actuó como que iba a alguna otra parte o como que se iba yendo, y ellos lo constriñeron a entrar. ¡Oh!, me gusta eso: lo constriñeron a entrar. “¡Oh, Jesús!, Tú–Tú estás aquí en la iglesia esta noche. Tú vente conmigo a casa. Yo te quiero llevar a mi casa. Yo nunca quiero perder este sentir de Tu Presencia. Déjame llevarte a casa, y entra y mora conmigo. Nunca quiero perder ese sentir”. ¿No sería eso maravilloso?
18Uds. saben, yo me quiero detener aquí en mi mensaje sólo un momento para decir que las cosas más gloriosas que yo he visto suceder fue cuando Algo me ungió. Quisiera que me pudiera quedar en ese lugar todo el tiempo. Uds. leyeron en el libro de esa noche cuando el maníaco subió corriendo en la plataforma allá para matarme, en–en ¿dónde fue? Portland. ¿Tú estabas allí, Hermano Jack, o era...? El Hermano Brown estaba allí, cuando ese maníaco subió corriendo para matarme, y amenazó de hacerlo. Era un hombre corpulento, y grande. Y en lugar de odiar al hombre, yo lo amé. El no hubiera hecho eso. El probablemente era un hombre con una familia, como yo la tengo, y él no hubiera hecho eso. Era el diablo sobre él el que estaba haciendo eso. Y cuando lo amé, entonces yo no estaba temeroso de él. El amor echa fuera el temor. ¡Es cuando Ud. puede amar! Uds. oyeron la historia tocante a la madre zarigüeya llegando a la casa. ¡El amor! Se necesita amor para conquistar. La ocasión cuando ese toro me iba a matar allá en el campo, iba corriendo hacia mí. Y no era que yo lo odiaba. Yo era un guardabosque. Extendí mi mano para tomar mi pistola, pero la había dejado en mi automóvil. Estoy contento que la dejé después de todo. El corrió hacia mí, y yo pensé: “Bueno, si yo tengo que morir, más vale que muera enfrentándome a él. Yo no puedo correr de él. No hay nada para dónde hacerme a un lado”. Y justo en ese momento yo pensé: “Bueno, si tengo que morir quiero morir mirándolo a él”. Y cuando él hizo eso, corrió hacia mí (porque de todas maneras él me iba a atrapar)... Y él tenía una cadena colgada de su nariz. Acababa de matar a un hombre de color unas cuantas semanas antes que eso. Se me olvidó que él estaba en ese campo. Yo iba a orar por un hombre enfermo. El puso su cabeza hacia abajo, así, y golpeó el suelo, bufó, ¡y ahí venía!
19Y yo no sé por qué, pero algo sucedió. Siempre cuando acontece una sanidad, o cualquier cosa, hay algo que sucede. Un amor viene que... y sencillamente quita todo lo demás del camino. ¡Oh!, les digo hermanos, Uds. pueden tener toda la teología que Uds. quieran, pero a mí, cada vez dénme amor. “Desde que por fe yo vi ese torrente que Tus heridas fluyendo suplieron, amor redentivo ha sido mi tema y será hasta que yo muera”. ¡Amor! ¡Oh, si yo únicamente pudiera vivir en esa atmósfera todo el tiempo! Y al tocarme eso, yo dije: “Criatura de Dios, yo soy el siervo de Dios. Yo voy rumbo a orar por uno de Sus hijos enfermos. Mira, yo estoy en tu territorio, yo estoy aquí en tu campo. Yo no te quise perturbar. Pero en el Nombre de Jesucristo regresa y échate. Yo no te molestaré”. Y parecía que él todavía venía. Y ahí venía, tan veloz como podía. Yo sólo me quedé quieto, no más asustado que lo que estoy ahorita. Y cuando él llegó como a unos tres pies de mí [como a unos 90 cm.–Trad.], se detuvo. El me miró. El miró a un lado y luego al otro muy agotado, se dio la vuelta, caminó hacia allá, y se echó. Pasé al lado de él como a unos dos pies [a unos 60 cm.–Trad.], pasé al lado de él. El amor conquista. Algo sucede, algo acontece.
20La otra noche yo les estaba contando a Uds. de allá en México cuando el Hermano Jack estaba allá. Había un anciano mexicano que subió a la plataforma. El estaba totalmente ciego, y el pobre hombre, su... La economía de ellos está tan pobremente balanceada que ellos no tienen nada que comer. Ese anciano no traía zapatos, y con un sombrero viejo en su mano, cosido con cuerda, y con un saco viejo andrajoso puesto, y pantalones casi hasta sus rodillas, y todo empolvado. El vino caminando a lo largo de la plataforma con un rosario en su mano, un montón de cuentas. Y él se acercó a mí diciéndome algo. Alguien lo iba guiando. Y me detuve y lo miré. Déjeme decirle, hermano, hasta que Ud. pueda sentir la condición del otro hombre, nunca lo podrá ayudar. Correcto. Esa es la razón que “Dios amó tanto al mundo”; El sentía por él. Y yo lo miré. Yo pensé: “Ahí está él. Probablemente con un montón de niñitos en alguna parte, trabajando por unos cuantos pesos al día. Y ahora, después de todo esto quizás otro... nunca tuvo una buena comida en su vida. Y aquí está en esa condición. Ahora la naturaleza ha sido tan contraria a él, o mejor dicho, su destino lo ha cegado”. Y él estaba.... Yo puse mi pie al lado del de él. Yo pensé: “Aquí estoy yo con un buen traje puesto, y un par de zapatos puestos, un par de zapatos buenos; yo no sé si alguna vez él tuvo un par de zapatos en su vida”. Yo pensé: “No está bien eso. Yo tengo un par en casa. Yo tengo otro traje en casa. Ese hombre tiene tanto derecho a ellos como yo lo tengo”. Yo puse mi pie al lado del de él, y pensé darle mis zapatos antes que yo dijera algo. Bueno, su pie era mucho más grande; y–y sus hombros eran mucho más amplios, mi saco no le quedaría. Yo pensé: “¡Dios!, ¿qué puedo hacer por él? Si mi anciano padre hubiera vivido él hubiera tenido como la edad de él”.
21¿Qué era? ¡Entrando! De repente algo sucedió. Empecé a sentir esa presencia de amor, de simpatía por el anciano. El cogió un pequeño rosario y empezó a gritar: “Avemaría, madre de Dios, bendita....” Yo dije: “Eso no es necesario. Guárdelo”. Y él le dijo al Hermano Espinoza: “¿Dónde está el sanador? ¡Yo quiero estar delante de él!” Y–y yo dije: “Sólo dígale que incline su rostro”. Yo abracé al pobre hombre. Yo empecé... Yo dije: “¡Señor Jesús, este pobre hombre anciano! Yo no le puedo dar mis zapatos, él no los puede usar. Yo no le puedo dar mi saco. Pero, Señor Dios, Tú eres el Unico que le puede ayudar ahora. Tú le puedes dar algo que “le quede”; eso es la vista. Eso es lo que él está deseando vehementemente”. Y en cuanto dije eso, yo oí a alguien gritar: “¡Gloria a Dios!” Y allí estaba él; él podía ver tan bien como yo podía, corriendo por la plataforma tan rápido como él podía. Y a la noche siguiente había un montón de ropa, bufandas viejas, y delantales, y sacos viejos, y trapos, y sombreros apilados allí, dos o tres veces más largo que esto aquí, y como de esa altura. Cómo yo... cómo ellos cogieron el correcto, yo no sé. Pero, ¿qué? Ellos habían visto algo. ¡Oh!, cuando algo sucede, algo acontece.
22De esa manera fue con María aquella mañana. Algo ha de haber acontecido cuando ella estaba pensando tocante a El, y allí El apareció en su presencia. Fue la misma cosa con Moisés, como lo fue con María. El dijo: “Tú vas a concebir en tu vientre y darás a luz un hijo”. Ahora, ella sabía que el mensaje del Angel era Escritural. A mí no me interesa qué clase de ángel fue el que apareció, si el mensaje de ese ángel no es Escritural, y no es una promesa de Dios, déjenlo en paz. Ha habido toda clase de ángeles apareciendo, todo, y ellos traen toda clase de mensajes. Si el Angel del Señor, siervo del cual soy, viniera... si ese Angel viniera, no importa cuánto se pareciera a la Columna de Fuego, cuánto pareciera como la Luz, si su mensaje no cuadraba con esta Palabra, yo lo dejaría en paz y que fuera anatema. Tiene que estar en Esto. José Smith, Uds. saben, vio un ángel (él dijo), pero no cuadraba con la Palabra. Y María sabía que ella apenas había leído el día anterior, en Isaías 9:6, que algo iba a suceder. Y ella sabía entonces que iba a suceder.
23Moisés, lo mismo, cuando él cedió todas las esperanzas de su teología, y estaba en la parte de atrás del desierto, apacentando las ovejas de Jetro, y un día él vio una–una bola de fuego asentada en una zarza allá. Y se acercó y se quitó su calzado como le fue ordenado, y él escuchó para ver lo que era. Pero cuando él vio que ese Angel era Escritural... Dijo: “Yo he oído el clamor de Mi pueblo y Yo he recordado Mi pacto”. El sabía que Dios había hecho la promesa, y era... ese era el Angel que iría con él. “Yo recuerdo Mi promesa y Mi pacto. Yo he visto los sufrimientos de Mi pueblo y Yo he descendido para liberarlos”. Moisés sabía que ya no era él, debido a que: “Yo he descendido para liberarlos”. ¡Oh, esa es la parte buena! “Yo he descendido. Tú sólo serás un portavoz para Mí”. Así que él vio que era absolutamente Escritural. Y María vio que era absolutamente Escritural, pues el día anterior ella la había estado leyendo, quizás, en el pergamino, como nuestro pequeño drama se desarrolla. Déjenme decirles a Uds., vale la pena leer la Palabra de Dios diariamente. Jesús dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en Ellas tenéis la Vida Eterna; y Ellas son las que dan testimonio de Mí”. En otras palabras, El dijo: “Si Yo no hago las obras de Mi Padre (que se debían hacer cuando El viniera), entonces no me creáis. Pero si hago las obras aunque no me creáis, creed a las obras, porque ellas son las que son enviadas de Dios”.
24Estamos esperando a un Visitante Celestial en este día. Es una promesa de Dios. Pongan rápidamente a obrar su pensar profundo espiritual, y recuerden que ahora estamos esperando a un Visitante y hay muchos que lo reclaman. Pero de la única manera que conoceremos a este Visitante Celestial, es porque El dará testimonio de la Palabra. Ella sabía que ese Angel venía de Dios cuando ella vio Su acción. Lo miró. Debía ser un Angel. El dijo: “Yo soy Gabriel que estoy a la diestra de Dios”. Ahora, cuando Dios está listo para hacer algo, El envía un Mensajero. Siempre, siempre lo ha hecho; El siempre lo hará. Gabriel anunció la Primera Venida de Cristo. Gabriel anunciará la Segunda Venida de Cristo. Eso es correcto. Algo grande está a punto de suceder. Y nos fijamos en este Angel, cuando El dijo: “¡Salve, María!”, y le dijo lo que iba a suceder, ella no lo dudó, porque ella sabía que El era perfectamente Escritural, que debía ser de esa manera.
25Ahora estamos esperando un Mensajero en estos últimos días, porque Jesús dijo que sería, porque todos los profetas dijeron que sería. Malaquías dijo que sería. Todos los profetas habían testificado. Jesús, en la misma sombra de la cruz, habló más de Su segunda Venida que lo que habló de Su partida. Y cuando vemos estas cosas empezar a cumplirse, más nos vale escudriñar las Escrituras, porque El dijo que se levantarán falsos cristos y falsos profetas y que harán señales y prodigios, que engañarán, si fuere posible a los escogidos. Billy Graham dijo en un mensaje hace unas cuantas semanas, que ya había engañado a los escogidos. Yo no estoy de acuerdo con el evangelista. No puede engañar a los escogidos, porque son escogidos de Dios.
26Jesús habló que en los días justo antes de la Venida del Hijo del Hombre, sería como fue en Sodoma. Y como lo hemos estudiado antes... an-... en esta semana, hubo un Angel que fue a Sodoma, tres de Ellos, para las tres clases de gente. Uno de ellos eran los sodomitas, el otro era la iglesia tibia, el otro era la Iglesia escogida y llamada a salir fuera: Abraham y su grupo; Lot y su grupo; y Sodoma y el grupo de ellos. Todos.... Dos de ellos fueron allá. El evangelista fue allá a predicar a Sodoma y para sacar ese grupo de gente, los creyentes de allá. El sólo sacó unos cuantos de ellos.
27Pero nos fijamos que el que se quedó con la Iglesia elegida, El mostró una señal. Y era Dios haciendo eso; no era un mito, no era una teofanía. Una teofanía no come. El comió la carne de un becerro, y comió algunos panqueques, pan de maíz, y mantequilla en ellos, y bebió la leche de la vaca. Una teofanía no come, ni bebe. ¡Era Dios manifestado en carne! ¡Seguro que lo era! Y, ¿de qué estaba hablando El? Jesús dijo: “Como fue en ese día, así será...” Dios vendrá otra vez, se encarnará en Su pueblo que El ha comprado y santificado, y le mostrará a Su Iglesia escogida la misma señal que El mostró a Su Iglesia escogida allá en el pasado.
28No le dijo: “Salid de ella”. No le dijo esto, eso. El ya estaba fuera de eso, Abraham lo estaba. Pero los otros Angeles los estaban llamando a salir fuera, llamando a salir fuera de allí. Pero Abraham ya estaba fuera. Y la iglesia, la mismísima palabra iglesia, significa: “Llamado a salir fuera”. La iglesia de Dios ya fue llamada a salir fuera. Ya fue llamada a salir fuera. Y El le dio una señal de que El era Ese. Y cuando lo hizo, con Su espalda volteada, El dijo (Sara estaba en la tienda detrás de El, riéndose), por un poder, la misma cosa que Jesús manifestó en Su Venida, la manifestó a ambos, a los samaritanos y a los judíos... Y está profetizado que en estos últimos días que El enviaría a Su Mensajero otra vez. Y ese Mensajero en esta noche no es un hombre. No, señor. Es el Espíritu Santo. Ese es Su Mensajero. Dios en Su Iglesia moviéndose, mostrando las señales y prodigios justo antes de Su Aparición.
29Ahora, recuerden: este Angel tiene que ser un Angel Escritural. Aparte de eso, nosotros somos advertidos de Dios tocante a falsos profetas. La Biblia dice: “Si hay un hombre entre vosotros que se cree profeta (o demás), y lo que él dice no se cumple, entonces no le temas; Yo no estoy con él. Pero si lo que él dice se cumple, entonces Yo estoy con ese profeta. Oiganlo”. Eso es verdad. Así que nos damos cuenta hoy en día que ese mensaje es un verdadero Mensaje Bíblico. Es regresar al Bautismo del Espíritu Santo, regresar al poder de Dios, regresar al Pentecostés otra vez, restaurando los corazones de los padres hacia los hijos, mejor dicho, el corazón de los hijos hacia los padres, quise decir, en estos últimos días. Estamos esperando un Mensajero Celestial, y yo creo que El está aquí esta noche. ¡Amén! Yo creo que El está aquí. ¿Qué hace El? El da testimonio.
30Ahora, escuchen, amigos. No tomen un substituto. No sólo le den un apretón a la mano de un hombre y pongan su nombre en el libro. Eso es–eso es–eso es... En cuanto a eso respecta, está bien. Eso le pudiera ayudar a salir de la cantina e ir a un lugar decente y tratar de vivir bien. Pero, sin embargo eso no lo logrará. “El que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”. Ahora, ver, significa: “entender”. Hay mucha gente que dice que ha nacido de nuevo y no puede entender el Mensaje de Dios, no puede ver el Angel del Señor. Sus ojos están cegados, hermano. “El que no naciere del Espíritu Santo”; el mismo Espíritu Santo que escribió la Palabra confirmará la Palabra, y la misma confirmación del Espíritu Santo en Uds. (¿ven lo que quiero decir?), dará testimonio de El mismo. Entonces nuestro espíritu da testimonio con Su Espíritu, porque Su Espíritu da testimonio de Su Palabra. “La Palabra de Dios es más cortante, más eficaz (Hebreos 4) que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir... el tuétano de los huesos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Eso es “ASI DICE EL SEÑOR”, la Palabra del Señor, exactamente Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, apareciendo en Su Iglesia escogida.
31Oh, tenemos grandes avivamientos recorriendo las naciones en todas partes, llamando a salir fuera de Sodoma, y demás; pero en la Iglesia escogida tenemos esa Persona, Dios, el mismo Dios que estuvo allá en el pasado. Unicamente hay Uno de ellos; y Ese estaba en Su Iglesia, manifestándose El mismo ser el Señor Jesucristo resucitado, el mismo ayer, hoy, y por los siglos. ¡Escritural! Si El no cuadrara con la Escritura, no diera testimonio de la Escritura, no confirmara Su Palabra, entonces yo no le creería. Pero siendo que El lo hace, entonces yo sé que El proviene de Dios, igual que María lo supo (¡amén!, ¡oh!), igual que Moisés lo supo, o cualquiera de los demás. Si no fuera Escritural...
32Ahora, allá en el Antiguo Testamento ellos tenían más de una manera para darse cuenta. Si un hombre soñaba un sueño, o un profeta profetizaba, ¿saben Uds. lo que ellos hacían con eso? Ellos los llevaban allá delante del Urim y Tumim que estaba colgado en el poste. Se cree que el Urim y Tumim eran esas doce piedras de nacimiento en el nacimiento de Aarón, mejor dicho, en su pechera, cargando la piedra de nacimiento de cada uno. Luego lo colgaban en el poste, y si el profeta se paraba y profetizaba (y no importaba cuán real sonaba), si lo sobrenatural no contestaba con una conglomeración de luces de arco iris alrededor, y esas no resplandecían de esa manera, no importaba lo que el profeta dijera, él estaba mal. No importaba lo que el soñador soñaba, estaba mal. Pero Dios siempre contesta en una manera sobrenatural. ¡Amén! Ahora, y ese sacerdocio terminó, y el Urim y Tumim fue quitado, pero Dios tiene otro Urim y Tumim. Aquí está: la Palabra de Dios es el Urim y Tumim. Esa es la Palabra de Dios. “Toda palabra de hombre sea mentira y la Mía verdadera”, dijo Dios. “Cielos y tierra pasarán”, dijo Jesús: “Pero Mi Palabra nunca pasará”. Ahora, entonces si alguien habla y no es Escritural, no le crean. Si él habla y es Escritural, esperen un momento; pruébenlo con el Urim y Tumim. Luego si lo sobrenatural contesta que es la verdad, entonces créanle. Esa es la manera para creer un mensaje verdadero. Si la Biblia promete algo y la Biblia dice que es así, eso es el Urim y Tumim de Dios. Si el predicador predica, y predica como la Biblia lo dice, ese es el mensajero de Dios, el testigo de Dios. Entonces si es así, entonces lo sobrenatural de esa Palabra será manifestado y probará Ella misma ser Dios. ¡Dios cumple Su promesa!
33Estamos esperando nuestro Mensajero. Ese Mensajero es el Espíritu Santo. La Biblia dice: “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; (Jesús lo dijo), pero vosotros me veréis”; “porque Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. “Las obras que Yo hago, vosotros las haréis también; y aun más haréis, porque Yo voy al Padre”. Ahora, la palabra allí más, en la correcta traducción... Yo la estoy usando allí como más, porque en la versión King James dice mayores. ¿Quién pudiera hacer mayores? El levantó a los muertos, detuvo la naturaleza, hizo todo. Pero en ese entonces El estaba en una sola Persona. Todo Dios estaba embotellado en un solo Hombre, Jesucristo. Pero en este tiempo El está por todo el universo en Su Iglesia, haciendo más de ello, de las mismas obras. “Las mismas obras que Yo hago, ellos las harán también. Más que estas haré, porque Yo regreso a la Columna de Fuego en la que estaba antes que fuera hecho carne y habitara en la tierra. Yo mismo me muestro vivo por las mismas obras y las mismas manifestaciones que Yo hice”. Eso es exactamente correcto. Jesús dijo cuando El estuvo aquí en la tierra: “Yo salí de Dios y regreso a Dios”. ¿Es correcto eso? [La congregación dice: “Eso es correcto”– Ed.]. Muy bien. Si El era Dios....
34Le estaban hablando a El allí un día, y ellos le estaban diciendo a El que todavía no tenía cincuenta años de edad, ¿y cómo El había visto a Abraham? El dijo: “Antes que Abraham fuese, YO SOY”. YO SOY era esa Columna de Fuego que estaba en la zarza con Moisés. Esa fue una Columna de Fuego Escritural. Ese mismo es el YO SOY, no el Yo era, ni el Yo seré, sino el YO SOY, para siempre, exactamente el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Nosotros vemos cuando el YO SOY se hizo presente entre nosotros en el cuerpo de Su propio Hijo. El creó Su propio cuerpo. Cambió Su forma de ser Dios para llegar a ser un humano, con el fin de regresarnos a la salvación y regresarnos al huerto del Edén otra vez. El mismo se cambió, extendió Su tienda entre nosotros, y comió como nosotros, y durmió como nosotros, y caminó como nosotros y se parecía a nosotros. El llegó a ser nosotros para que por medio de El pudiéramos llegar a ser El, coherederos con El en el Reino.
35Entonces, nos dimos cuenta que esa Columna de Fuego, cuando estaba con El, Ella hizo señales y prodigios y El confesó: “No soy Yo el que hace las obras; es Mi Padre que mora en Mí, El hace las obras”; “porque de cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Y el Hijo hace lo que el Padre le muestra a El. El trabaja ahora, y Yo trabajo”. ¡Amén! ¡Correcto! El murió, resucitó al tercer día. Y unos cuantos días después de eso, hubo un pequeño judío crítico, de nariz aguileña, con un montón de cartas metidas en su bolsillo, yendo allá a perseguir a la iglesia, todos los que estaban en este Camino. Fue a... iba en su camino a Damasco, y él fue derribado. Y cuando él miró hacia arriba, miró una gran Columna de Fuego suspendida allí, diciendo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” El dijo: “¿Quién eres Tú, Señor? ¿Quién es esa Columna de Fuego?” “Yo salí de Dios, y voy a Dios”. Aquí El dijo: “Yo soy Jesús; y dura cosa te es dar coces contra el aguijón”.
36El profeta dijo que habría una lluvia temprana y una lluvia tardía; y en la lluvia tardía estarían ambas, la lluvia temprana y tardía juntas, una gran Iglesia universal que recorrería de un lado del mundo al otro lado del mundo. Un gran mensaje, grandes señales y prodigios se cumplirían por esta Iglesia. Daniel dijo: “El pueblo que conoce a su Dios en aquel día, hará proezas”. Allí es exactamente en donde estamos viviendo en este día. Ahora, el ojo mecánico de la cámara nos muestra sobre nosotros, que esa Columna de Fuego es la misma Columna de Fuego que guió a los hijos de Israel. Miren, tiene que hacer las mismas cosas que hizo cuando estaba en El o no es la misma Columna de Fuego. Pero si Ella hace las mismas cosas, ¿cómo la pueden dudar? ¡Es Escritural!
37“Salve, María, bendita tú entre las mujeres. Tú has encontrado favor con Dios”. “¡Oh, salve, Iglesia! Bendita tú entre la gente, porque has encontrado favor con Dios. Tú has creído para Vida Eterna, y Dios te ha dado el Bautismo del Espíritu Santo”. ¡Correcto! Este Mensajero será un verdadero Mensajero de Dios, el Espíritu Santo, el cual es el Mensaje de Dios. Fíjense, María, tan pronto como ella vio que era Escritural, ella no dijo: “Iré allá y veré si el Dr. Jones dice que está correcto o no”. Ella no fue a ver si el Rabí Kabinski pensaba si estaba correcto o no. Ella nunca tuvo nada que ver con ello. ¿Saben Uds. lo que ella dijo? Ella dijo: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a Tu Palabra”. Pues ella sabía que esa Palabra era la Palabra de Dios, ese Mensajero era el Mensajero de Dios, ese Angel era el Angel de Dios, porque se quedó con la Palabra de Dios. Amén. “He aquí la sierva del Señor”; dijo: “¿Cómo será esto?” Dijo: “El Espíritu Santo te cubrirá con Su sombra, y este Santo Ser que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios”. Ella dijo: “Heme aquí. Yo no sé cómo va a suceder. No importa. Tú lo dijiste, es Escritural, yo lo creo, yo lo acepto”. Ella empezó de inmediato a alabar a Dios, antes que sintiera vida, antes que ella sintiera cualquier señal de algo. Ella no quería más señales. Ella tenía Su Palabra y eso era todo lo que era necesario. ¡Amén! ¡Me gusta eso!
38Moisés, tan pronto como él se aferró de Dios y vio que era Escritural, él se fue a Egipto. Tan pronto como María se aferró de... el Angel la tomó a ella, mejor dicho, y ella lo vio a El, y supo que era Dios, porque era Escritural, ella tomó Su Palabra y fue para todas partes testificando de algo que ni siquiera mostraba una sola evidencia de existir. Otra cosa: ella testificó de algo que nunca había sucedido antes. ¡Oh, alabado sea el Señor! Ella testificó de algo que nunca había sucedido. Nunca había concebido una virgen. Pero ella tenía la Palabra del Angel, y el Angel era Escritural. Así que ella sabía que había sido prometido; y el Angel tenía la Palabra del Señor y lo había prometido. Y porque ella pensaba humilde y mansamente de ella misma, sin embargo Dios la había escogido, así que ella simplemente estaba feliz tocante a ello. Y ella salió con su mensaje, diciéndoles a todos que ella iba a tener un bebé antes que ella aun tuviera la primera señal de un bebé. Ella no esperó y dijo: “Mira, espera, permíteme sentirlo y ver si yo me siento mejor o no”. No, no. ¡Oh, Dios, danos más Marías!
39Beaumont y el resto del mundo necesita Marías como ésa, que puedan tomar a Dios en Su Palabra y se empiecen a regocijar antes que cualquier cosa suceda. ¿Qué de Uds. mujeres en las sillas de ruedas, y Uds. hermanos y hermanas aquí con problemas de corazón y enfermedades, y de todas cosas, cuando la Presencia del Señor está tan cerca? ¡Hermanos, hermanos! Uds. saben que es la Palabra del Señor. El Señor lo prometió. Ud. dice: “Hermano Branham, si Ud. viene y pone manos sobre mí...” Eso no es. Ud. ya está sanado, porque “mas El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre El, y por Su llaga fuimos nosotros curados”. Ya es tiempo pasado. Sólo recíbalo y empiece a regocijarse. “Gracias, Señor. Ahora lo veo. Alabado sea Dios, yo estoy sanado. A mí no me importa lo que alguien más diga o cómo me sienta, yo estoy sanado de todas maneras”. Eso es.
40¡El mensaje del Angel! Siempre ha sido de esa manera. De esa manera Dios lo quiere. ¿Qué lo hizo? El cambio... Por tomar a Dios en Su Palabra, cambió todo el curso natural de la vida para ella. Hará la misma cosa para Ud. Seguramente que lo hará. Los tomará a Uds. pecadores y los lavará tan blancos como la nieve. Los tomará a Uds. críticos, y los hará uno de nosotros. De seguro que lo hará. Los tomará a Uds. que están enfermos y los sanará. Los tomará a Uds. que van camino al infierno y los cambiará completamente y los iniciará en el camino al Cielo. Sólo tómenlo en Su Palabra, y créanlo, y empiecen a regocijarse. El Mensajero del Señor está aquí, el Espíritu Santo, moviéndose para todas partes por encima de la gente, ungiéndola. Si Ud. es un desconocido, y quiere saber que es lo que le pasa a esa gente, eso es lo que es. Joel lo prometió. En el Día de Pentecostés Pedro dijo: “Esto es eso”. Yo quiero añadir algo a eso. Si esto no es eso, yo quiero mantener esto hasta que eso venga, porque yo estoy disfrutando un momento tremendo con esto. Y yo creo que esto es eso. Es el mismo eso que lo era en aquel día. ¡Oh!, Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
41María no esperó. A ella no le importaba tocante a los críticos, a ella no le importaba lo que alguien más dijera; ella se había encontrado con un Angel, ella vio Su voz, mejor dicho, vio Su Presencia y supo que El le había dicho a ella la verdad, porque era Escritural; le prometió una bendición a ella, y que sólo siguiera adelante creyéndolo. Y ella supo que iba a suceder. ¡Oh!, ella... Hay algo tocante a ello, cuando a Ud. le impacta algo así, no se puede mantener quieto al respecto. El Angel le dijo a ella que su prima Elisabet estaba... (ella vivía en la región montañosa de Judea; era anciana, como de unos setenta años de edad), y ella había concebido e iba a tener un hijo. Ya tenía seis meses de ser una madre. Por supuesto, el bebito, el pequeño Juan, todavía no tenía vida. Ellos estaban algo preocupados tocante a eso. Así que nos damos cuenta que Elisabet... Zacarías era su marido, el cual era un sacerdote. El estaba en el templo como unos seis meses antes que esto sucediera. Uds. saben, Dios empieza a arreglar las cosas entre la gente humilde.
42Miren a Zacarías. Miren, el Angel Gabriel vino a él. El estaba en el templo ministrando, y cuando él lo estaba haciendo (quemar incienso era su suerte, parado en el altar), sucedió que al mirar hacia su lado derecho, al lado derecho del altar... Me imagino que Uds. siempre se preguntan por qué traigo a la gente por este lado. Es en donde El se para. Así que, al lado derecho del altar, allí estaba un Angel, y le dijo que después de los días de su ministración allí, que él se iba a ir a casa y estaría con su esposa, y que ella concebiría y daría a luz un hijo, un niño. Y ese predicador dudó esa Palabra. Bueno, él tenía muchos ejemplos, si él iba a ser el padre del hijo. Miren a Sara. El tenía algunos ejemplos en la Biblia. Miren a Ana en el templo. Tenía muchos ejemplos como ése, y todavía él dudó. ¡Cuánta diferencia había entre ese maestro de filosofía con callo, cuánta diferencia había allí entre ese ministro de seminario, y esa virgencita! Ella nunca lo cuestionó. Ella dijo: “He aquí la sierva del Señor”. Eso es todo. Ella lo tomó a El en Su Palabra y eso lo concluyó. Pero este hombre no lo pudo creer. El dijo: “Yo soy Gabriel que estoy delante de la Presencia de Dios; ¡Mi Palabra será cumplida!” El sabía de lo que El estaba hablando. El dijo: “Porque tú has dudado de Mí, estarás mudo hasta el día que el bebé nazca”. El se fue a casa. Su esposa concibió y ella se recluyó por seis meses.
43María pensó: “¡Oh!, ¿no es eso maravilloso? Ahora yo voy a tener un bebé, y allá Elisabet, mi prima (Jesús y Juan eran primos segundos), allá... Déjame decirte, va a ser maravilloso, eso de que ella va a tener un bebé, y yo voy a tener un bebé. Yo sencillamente no lo puedo retener por más tiempo. Voy a ir a contarle a ella”. Y se fue por la montaña, tan veloz como podía ir. Yo puedo ver su carita hermosa brillándole (ella sólo tenía como unos dieciocho años de edad, me imagino) y su cabello negro volándole hacia atrás por el viento, así. Y ella iba en su camino, con su pequeño manto envuelto en ella. Y Uds. saben, Elisabet se había recluido. Como que me gusta eso. Yo pienso que se mira tan vergonzoso ver a las mujeres afuera aquí con esos pantaloncitos cortos puestos, y cosas, cuando ellas están para ser madres. Se mira de dar lástima. ¡Qué diferencia! Eso es horrible. (Yo sé que uno no debería... quizás no debería decir eso. Si yo las ofendo, perdónenme. Pero Uds. escucharían a su doctor; yo soy su hermano, ¿ven?) Así que allí la mujer estaba en esa condición; pero ella misma se recluyó. Me la puedo imaginar sentada allá en el fondo, Uds. saben, llorando un poco, con... tejiendo unas pequeñas... ¿qué son? Botitas tejidas, Uds. saben, teniéndolas listas así, y tejiendo una pequeña cobija. Pero ella estaba... temía porque ella dijo: “Bueno, yo estoy anciana y....”
44Fíjense, el Angel del Señor... Ellos eran justos, la Biblia dice, ella y Zacarías. Ellos eran justos, guardando todos los mandamientos de Dios. Allí es en donde los Angeles aparecen: siempre aparecen en una familia justa, en alguna parte en donde Dios puede usar algo, algo con lo cual obrar. Y entonces, ella estaba haciendo estas botitas. Y me imagino que había una ventanita, como lo son en Palestina algunas veces; no una ventana que deja pasar la luz por ella, sino una pequeña persiana colgando. Y ella oyó algo. Ella se levantó y miró que alguien venía, y ella dijo: “¿Sabes qué?, creo que se parece a mi prima María. ¡Mira su carita brillándole! Bueno, ¡ella ha crecido! Oigo que se va a casar”. Así que ha de haber sido que... “Bueno, ella es una mujer joven, pero esa es María”. Así que se pone su pequeño manto, Uds. saben, y corre a encontrarla.
45Y las mujeres en aquellos días no eran como ellas son ahora, Uds. saben. Ellas–ellas corrieron y se abrazaron una a la otra y se apretaron con los brazos una a la otra. Uds. saben, a mí me gusta ser amistoso, ¿a Uds. no? A–a mí no me gusta ver esas cosas ridículas, esta versión de amistad de 1960. ¡Oh, hermanos!, no hay lo suficiente de ello. Ahora, Uds. sureños de aquí del sur no lo notan tanto aquí, pero allá en el norte, ¡oh, hermanos! Yo fui adonde mi tío no hace mucho tiempo, en Nueva York. El había estado viviendo en una casa por veinte años, y su vecino estaba tan cerca de él como esa bandera tejana allí, y yo le dije: “¿Quién vive allí?” El dijo: “Yo no sé”. Yo dije: “Has caído de gracia”. Yo dije... El dijo: “Bueno...” Yo dije: “¿Cuánto tiempo hace que él vive allí?” Dijo: “Estaba allí cuando yo llegué aquí”. Uno no sabe que su vecino está muerto hasta que uno lo lee en el periódico. Correcto. No hay amistad.
46No hace mucho tiempo, el Hermano Moore y yo, y el Hermano Brown fuimos a ver a un muchachito llamado David, hace unos cuantos años allá en Cal-... o mejor dicho, en Florida. Ellos nos tenían allá. Y el Hermano Hukstra, creo que era, me dijo, dijo: “La duquesa lo quiere ver a Ud.” Y yo dije: “¿La qué?” Dijo: “La duquesa”. Yo dije: “¿Qué es eso?” Y dijo: “Es la mujer que es dueña de toda esta propiedad”. Dijo: “Ella es acaudalada”. “Bueno”, yo dije: “No la puedo ver. Hay mucha gente enferma”. Dijo: “Pero ella es la duquesa”. Yo dije: “Eso no la hace a ella diferente de alguien más”. Así que él dijo... Bueno, ellos la tenían allí cuando yo salí. Y cuando salí... Yo no soy... Dios me perdone si yo... Uds. piensan que estoy haciendo burla de la mujer. No lo estoy. Pero ella tenía las suficientes joyas en sus manos como para enviar a un misionero alrededor del mundo diez veces, con el Evangelio. Correcto. Estaba parada allí. Y ella traía puestos un par de anteojos. Ella no los traía puestos, sino que los traía en una vara sosteniéndolos lejos así. Una mujer vieja, gorda y corpulenta. Y ella salió. Yo salí de la tienda. Y yo dije: “Yo no tengo tiempo de verla. Si tengo algún tiempo libre, déjenme ver a esa gente enferma allá”, ¿ven?
47Y dijo: “Pero ella le permite que use el terreno”. Yo dije: “Bueno, eso está bien. Si ella le permite que David use el terreno, nosotros apreciamos eso. Pero ella está saludable, no hay nada mal en ella. Déjenme ver a estas personas aquí”. Bueno, ellos querían que yo la viera a ella, así que cuando salí, ella dijo: “¿Es Ud. el Dr. Branham?” Yo dije: “No, señora”. Yo dije: “Yo soy el Hermano Branham”. Ella dijo... Ahora, Uds. saben que nadie puede mirar a través de un par de anteojos que están así de retirados de uno. Y ella miró por encima, así, ella dijo: “Bueno, Dr. Branham”, ella dijo, “estoy encantada”. Extendí mi mano hacia arriba y miré esa mano (tenía su mano extendida aquí arriba para saludarme de mano; bueno, yo pensé que debía ser un caballero), tomé su mano grande y tiré de ella hacia abajo. Yo dije: “Póngala aquí abajo para que yo la conozca la próxima vez que la vea a Ud.”, así de esa manera. ¡Oh, a mí–a mí me gusta algo que tenga un sentir!
48Pablo Rader, el hombre que escribió esa alabanza que yo canto aquí, Sólo creer, dijo que una mañana él y su esposa estaban discutiendo un problemita familiar, una discusión insignificante entre uno y el otro. Dijo que cuando menos pensó, él estaba leyendo el periódico, y ella dijo algo: “Pablo, ¿me puedes dar dinero?” Dijo: “Yo no tengo dinero”. Y siguieron así un momentito, y dijo que después de un rato... El no se fijó que lastimó sus sentimientos. El como que se quedó sentado allí; y él dijo: “Bueno, si así de fácil se lastiman sus sentimientos, que se quede sentada allí”. Uds. saben cómo lo hacemos, hermanos, algunas veces, me imagino. Y así que, entonces él dijo que ella siempre se paraba a la puerta y lo besaba cuando él salía. Luego él se iba al portón, y cuando él volteaba, le meneaba la mano en señal de despedida, y ella le meneaba la mano en señal de despedida. Dijo que él se levantó y tomó su sombrero, y dijo: “¡Qué se quede haciendo pucheros!” Dijo que fue a la puerta, y dijo... ella estiró sus labios, la besó, salió afuera hasta llegar al portón, volteó y miró. Dijo que ella estaba parada allí a la puerta. Dijo que él le meneó la mano en señal de despedida, y ella le meneó la mano en señal de despedida. Dijo que él empezó a caminar por la calle. Dijo que algo empezó a lidiar con él: “Tú hiciste mal, Pablo”. (Pobre Pablo, está en la Gloria esta noche). Pero dijo: “Tú hiciste mal, Pablo. ¿Qué si algo le sucediera a ella hoy?” Dijo que él empezó a pensar tocante a eso. ¡Oh, qué cosa! “¿Qué si algo le sucediera y tú nunca la vieras otra vez en la tierra?” ¡Oh, qué cosa! Dijo que se puso peor y peor, así que él dijo: “¡Señor, perdóname! Me voy a regresar y lo enmendaré”. Dijo que él se regresó apresuradamente, y abrió el portón, abrió la puerta de un empujón, miró por todas partes. El podía oír algo haciendo así [el Hermano Branham imita el sonido de un lloriqueo–Ed.]. Dijo que ella estaba parada detrás de la puerta, llorando. Dijo que él la abrazó (él no dijo una sola palabra), y él hizo así [el Hermano Branham imita el sonido de un beso–Ed.] la besó otra vez, salió corriendo de vuelta al portón, y volteó y le meneó la mano en señal de despedida. Dijo que ella le meneó la mano en señal de despedida, exactamente como lo hizo la primera vez, pero la segunda vez, tenía un sentir en ello. Así que yo pienso que de esa manera es hoy. Nosotros queremos un... Yo quiero un sentir en ello, algo que sea real para mí.
49Yo estaba... No hace mucho tiempo, mi esposa y yo estábamos en el centro. Había una señora que dijo: “¿Cómo está Ud., Hermana Branham?” Y yo la miré a ella, y le dije: “Oye, oye, esa señora te habló, cariño”. Dijo: “Yo le respondí”. Yo dije: “Bueno, yo sé que ella no te oyó. Yo no te oí. Yo estoy sentado aquí a tu lado”. “Oh”, ella dijo: “Yo le sonreí a ella”. “¡Oh!”, yo dije.... [Porción sin grabar en la cinta–Ed.].
50Ella dijo: “¿Sabes qué, María?, yo voy a ser madre”. “Sí, sí”, dijo María, sus ojitos le resplandecían, Uds. saben, casi llenos de lágrimas de gozo. “Sí, sí, yo–yo sé todo al respecto”. “¿Tú sabes todo al respecto?” “Sí, sí, yo sé todo al respecto”. “Bueno, pero, María, yo estoy preocupada. Tengo seis meses de ser madre ahora, y el bebé nunca se ha movido”. Bueno, Uds. saben que eso es–eso es absolutamente anormal. Como a los tres meses está bien, pero estos eran seis meses, y el pequeño Juan nunca se había movido todavía. Así que ella dijo: “Yo estoy un poquito preocupada al respecto y todo”. Ella dijo: “Sí, yo–yo lo entiendo”. Y dijo: “¿Sabes que yo voy a tener un bebé también?” “¡Oh, ya veo! ¿Tú y José ya se casaron?” “No, no estamos casados”. “¿Qué, María? ¿Tú no estás casada y vas a tener un bebé?” “Sí, eso es correcto”. “¡Oh, cariño!, ¿qué quieres decir?” “Bueno, de la misma manera que yo supe que tú ibas a tener un bebé. El Angel Gabriel me encontró, y El me dijo tocante a tu caso, y El dijo que el Espíritu Santo vendría sobre mí, y ya lo ha hecho. Y el Bebé que yo tendré será el Hijo de Dios”. Y dijo: “Ella aun me dijo... El me dijo cómo llamara Su Nombre”. Dijo: “Yo lo llamaré Jesús”. Y yo puedo ver el rostro de Elisabet iluminarse, dijo: “¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, mi bebé saltó de alegría en mi vientre”.
51Yo les quiero preguntar algo, amigos. Si la primera vez que el Nombre de Jesucristo fue hablado por labios mortales, trajo a vida a un bebé muerto en el vientre de una madre, ¿qué debería hacer a una congregación nacida de nuevo, que reclama estar llena con el Espíritu Santo? ¡Aleluya! ¡Amén! Debería sanar el cáncer, abrir los ojos del ciego, liberar a los cautivos, llenar con el Espíritu Santo, y hacer toda clase de cosas en ese precioso Nombre del Señor Jesús, hacer que el pecador lamente por sus pecados. ¡Oh, hermanos! Toda la audiencia me parece que está dando vueltas y vueltas. ¡Oh, lo que Dios pudiera hacer ahorita! El Mensajero del Espíritu Santo de Dios está en el edificio hoy, el Mensajero, el Espíritu Santo, trayendo paz, reflejando a Jesucristo. La gran Columna de Fuego posa sobre nosotros. Uds. dicen: “Yo no la veo”. Pero Uds. la pueden sentir; así que un–un sentido del cuerpo es tan bueno como el otro. Así que su vista los pudiera engañar más que su sentir. Así que entonces si no hace la misma obra, entonces no es el mismo Espíritu Santo; pero si hace la misma obra, entonces sí es el Espíritu Santo, el Mismo. ¡Amén! ¿Creen Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. ¿Cuántos...? ¿Hay pecadores aquí? ¿A cuántos aquí les gustaría decir: “A mí me gustaría disfrutar estas bendiciones, sentarme en esta Gloria Chequina con Uds. y disfrutar las bendiciones de Dios”? ¿Levantaría su mano, diría: “Recuérdeme, Hermano Branham, mientras Ud. ora”? Dios lo bendiga, hermano. Dios lo bendiga, hermano. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga, hermano. A Ud., por allá, y a Ud., y a Ud. ¡Correcto! Otro que levante su mano, y diga: “Hermano Branham, ore por mí”. Dios te bendiga, jovencito. Eso está muy bien.
52Esta mañana mientras iba entrando al desayuno, un dulce muchachito vino, me abrazó del cuello. Su padre es uno de los pastores de aquí de las Asambleas de Dios. Yo creo que él está en la plataforma; él estaba aquí esta mañana. Y el muchachito fue llamado en una reunión en alguna parte, y tenía sus ojos bizcos; y sus ojitos están tan derechos como están los míos. De eso hace años. Y otro hermanito vino y me saludó de mano y dijo que su niñita tenía un bocio muy grande en su cuello. Y yo estaba allá en la iglesia del Hermano Jack Moore. Y dijo que el Espíritu Santo se posó sobre ella y la llamó allí en la audiencia y le dijo a ella. El bocio sencillamente se desvaneció y desapareció y se fue. Ahí estaba ella. ¡Oh, hermanos! ¿Qué es? ¿Qué es esa Columna de Fuego? Es el Angel del Señor. ¿Qué es el Angel del Señor? El Mismo que estaba en la zarza ardiendo, el Mismo que estaba en Jesucristo, el Mismo que está en Uds. esta noche. ¡Amén! El Mismo aquí, el mismo gran Señor Jesús.
53¿Habría otro, antes que oremos, que le gustaría levantar su mano y decir: “Recuérdeme, Hermano Branham, recuérdeme”? Dios lo bendiga, señor. Dios lo bendiga. Y al muchachito allá muy atrás, y muy allá afuera, allá muy atrás. Sí. En dondequiera que Uds. estén, Dios lo sabe. Ahora, inclinemos nuestros rostros por un momento. Y ahora, hermana, ¿me tocaría: El gran Médico cerca está ahora ? Sólo denos una nota, por favor, hermana.
54Me recuerdo que cerca de Fort Wayne... o mejor dicho, yo estaba en Fort Wayne, Indiana... Yo he estado en el púlpito ahora por treinta y un años. De esto hace como unos veintiocho años. Yo estaba orando por un niñito, y esa alabanza se estaba tocando. El niñito fue sanado. Saltó de mis brazos, un paralítico, corrió, saltó a los brazos de su madre. Y cuando él hizo eso, una muchacha menonita estaba tocando el piano, y ella se levantó, su cabello le cayó en su espalda, así, y ella empezó a cantar en el Espíritu, y el órgano, mejor dicho, el piano en el que ella estaba tocando, sus teclas de marfil siguieron tocando, El gran Médico cerca está ahora, Jesús, el que se compadece, con cientos de personas paradas mirando eso. Y no hace mucho, hace dos domingos en mi Tabernáculo, con trescientas o cuatrocientas personas paradas allí, apareció esa Columna de Fuego visiblemente por segunda vez en Jeffersonville. (La primera vez fue cuando tomaron la fotografía allá en el río). Y allí se quedó por quince minutos, permitiendo que todos la vieran y la miraran. Hermano, estamos al fin del camino.
55Nuestro Padre Celestial, venimos ahora, Señor, a Ti como a una Piedra Viva. Venimos, Señor, porque creemos que Tú eres, y que eres galardonador de aquellos que diligentemente te buscan. Te pedimos Tus bendiciones. Pedimos que Tú ayudes a esta audiencia en esta noche, y a aquellos que levantaron sus manos; que ellos sean participantes de este gran Espíritu Santo, el Mensajero del último día. “Yo derramaré Mi Espíritu sobre toda carne”. Tú lo prometiste. En los últimos días Tú dijiste que habría una lluvia temprana y tardía juntas: eso es, que en un lado de la tierra y en el otro lado de la tierra, de ambos lados, vendría una lluvia. En los campos misioneros, y en estos campos, vendría una lluvia. Así que creemos que esa hora está aquí. Vemos al Espíritu Santo manifestando las mismas cosas que El hizo cuando El estuvo aquí antes. Bendice a esta gente querida, Padre, te pido. Que estés cerca de ellos. Dales Vida Eterna. Concédelo, Señor. Yo los encomiendo a Ti ahora, en el Nombre del Señor Jesús. Con nuestros rostros inclinados, oremos un poquitito. ... Médico cerca está ahora, Jesús, el que se compadece. El habla al corazón decaído para animarlo....
56¡Oh, sopla en nosotros, Espíritu Santo! Entra a Tu Iglesia, Señor Jesús, la gran Estrella de la Mañana, la Columna de Fuego. Quema toda incredulidad al ir atravesando hacia adentro de los corazones de la gente, esta noche. Que ellos sean como María; que puedan ver Tu presencia y sepan que eres Tú, entonces Tus promesas todavía son buenas, toda promesa. Tú prometiste hacer esto. Tu promesa fue que Tú ya los habías sanado, porque Tú fuiste herido por sus rebeliones, “por Su llaga fueron curados”. Concédelo, Padre, para esta audiencia que espera. Estamos esperando en Ti ahora. Ven, en el Nombre de Cristo, yo lo pido. Sólo estoy vigilando por unos cuantos momentos para ver qué sucederá. ¡Oh, cuán dulce! Levantemos nuestros rostros ahora. Yo estaba esperando que Uds. se aquietaran. ¿Cuántas personas hay aquí que están enfermas y no tienen una tarjeta de oración?, levanten sus manos para que Dios las sane a Uds. Una confirmación es tres, yo creo, ¿es eso correcto, en la Biblia? Si yo les he dicho la verdad, he predicado la verdad, entonces Dios está obligado a respaldar esa verdad, si esa es Su verdad.
57Ahora, tenemos un montón de tarjetas de oración aquí. No las vamos a llamar. Yo sólo quiero que Uds. sepan que no se necesitan las tarjetas de oración. Pregunten a los ministros si se necesitan. Pregunten a los hermanos que van conmigo para todas partes. Vamos manejando por la calle, y yo digo: “¡Esperen! En la otra esquina que sigue va a haber una cierta cosa. Un hombre va a estar parado allí. El tiene una cierta cosa, y quiere que yo vaya a un cierto lugar, para una cierta cosa. Nos vamos a ir por aquí, esto va a suceder”. Seguro. Nunca falla. No puede fallar; ¡es Dios! Ahora, ¿qué está haciendo eso? Vindicando que El es el mismo. Ahora, no soy yo; ¡es El!
58Yo no veo una persona enfrente de mí que yo conozca, con excepción de estas dos niñitas. Creo yo que son las dos niñas del Hermano Evans, ¿es correcto eso? Aquí. Esas son las únicas que yo conozco. Yo estaba mirando para ver si podía ver a alguien que yo realmente conozco. Pero los únicos que veo que conozco... Yo vi al Hermano Evans en alguna parte hace un rato, pero ya no lo veo. Oh, sí, allí está el Hermano Dauch, sentado allí, de Ohío, el Hermano Bill Dauch, un amigo mío, sentado ahí, y la Hermana Dauch. Allí está la Hermana Evans. Ahora la miro a ella, allá atrás... Muy bien. Allí en esa área, está el Hermano Evans, o mejor dicho, la Hermana Evans. ¿Dónde está el Hermano Welch? Sentado allá. Muy bien. Para que ellos sepan quiénes son Uds., levanten su mano. Cualquiera aquí que me conozca, y sabe que yo lo conozco, levante su mano, que sabe que yo– que yo lo conozco. Muy bien, ¿ven? Ahora, Uds. que saben que yo no los conozco, y que están enfermos, levanten sus manos. Levanten sus manos. Sólo para mirar y ver en dónde están. ¿Ven? Están por todas partes. Muy bien.
59Si el... si Jesús es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, la Biblia dice que en el principio era la Palabra y la Palabra era Dios. ¿Es correcto eso? Y la Palabra fue hecha carne. Allí fue cuando la Palabra de Dios, que El habló, fue hecha carne. ¿Saben Uds. que la mismísima tierra en la que están sentados es la manifestación de la Palabra de Dios? Esa es la Palabra de Dios manifestada. Si no es así, ¿de dónde provino? El hizo el mundo de las cosas que no se veían. ¿Ven? El formó la tierra. Sólo habló la Palabra, dijo: “¡Sea!”, y fue. El es un Creador. Muy bien. Así que la silla en la que Uds. están sentados es la Palabra de Dios. La tierra en la que el piso está, es la Palabra de Dios. Todas estas cosas provienen del polvo de la tierra, la Palabra de Dios. Y Uds. mismos, son la Palabra de Dios. Correcto. Entonces, ¿por qué no puede ese corazoncito allí empezar a echar fuera toda la duda de esta cosa aquí? ¡Que sea así!
60Ahora, y “la Palabra de Dios es más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el tuétano de los huesos y los... penetra hasta partir los tuétanos; y la Palabra de Dios (la cual es Jesús), discierne los pensamientos del corazón y de la mente”. ¿Es correcto eso? Ahora, cuando la Palabra estuvo aquí y se hizo carne y habitó entre nosotros en la forma del Hijo de Dios, Jesucristo, una mujercita por fe tocó Su manto un día. El no lo sintió físicamente, pero El volviéndose, miró, y dijo: “¿Quién me tocó? ¿Quién me tocó?” Aun Pedro lo reprendió, dijo: “Señor, todos te están tocando”. El dijo: “Sí, pero Yo–Yo percibo que virtud salió de Mí. Me debilité. Mi fuerza me dejó”. Y El dijo... Miró por toda la audiencia y El encontró a la mujercita, le dijo respecto a su flujo de sangre que ella tenía, que su fe la había salvado (¿es correcto eso?) Ella fue sanada. El nunca dijo: “Yo lo hice”. Ella misma lo hizo. ¿Ven? Dijo: “Tu fe te ha salvado”.
61Ahora, la Biblia dice que El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Y el Libro de Hebreos dice que El es el Sumo Sacerdote que se compadece de nuestras debilidades. Y si El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, si Uds. tocan ese mismo Sumo Sacerdote, el mismo Sumo Sacerdote actuará de la misma manera. De la manera que El actuó la primera vez, tendrá que actuar la segunda vez. Si El no lo hace, El actuó mal cuando lo hizo la primera vez. Si El mismo se dio a conocer como el Mesías a los judíos y a los samaritanos por percibir los pensamientos de sus mentes y decirles quiénes eran ellos, o lo que ellos eran, y demás así, o algo que ellos habían hecho.... ¿Cuántos saben que eso es la verdad, que eso–eso es la verdad de la Biblia, que es la manera que El mismo se dio a conocer? Bueno, si esa es la manera que El se dio a conocer a los judíos y a los samaritanos, El se tiene que dar a conocer de la misma manera a los gentiles, o El cometió un error con ellos. ¿Ven lo que quiero decir? Ahora, todos los que crean eso, levanten su mano, digan: “Yo creo que El me lo prometió”. Gracias. Eso lo logró. ¿Ven? ¿Recuerdan lo que el Angel dijo? “Si tú puedes hacer que la gente te crea”. ¿Ven? No que me crean a mí; es El, sino creer que El me envió a Uds. Ahora, Uds. oren y toquen al Sumo Sacerdote. Y si El me vuelve de esta plataforma y me dirige a hablarles a Uds., Uds. permitan... Uds. sean el juez si está correcto o no. Uds. sean el juez si está correcto o no.
62Uds. sólo digan... Ahora, aparten su mirada de mí como un hombre, y digan: “Señor Jesús, yo tengo necesidad”. Y no traten de esforzarse, porque entonces no llegarán a ningún lugar. Sólo relájense, digan: “Yo lo creo, Señor; no hay una duda en mi mente. El hombre no me conoce, y yo estoy muy distante de él. Yo estoy aquí en la audiencia (aquí muy atrás, o parado alrededor del cuadrilátero, o en alguna parte así). Ahora, yo sé que te creo. Y si Tú tan sólo me permites tocarte, permites que él voltee hacia mí, yo sabré que ese no es el Hermano Branham porque él no me conoce. Ni tampoco él sabe quién soy yo, o lo que yo he hecho, o lo que yo he hecho, o lo que yo haré. Pero Tú lo sabes. Así que si Tú le permites voltear, yo sabré que eres Tú. Yo creeré su mensaje entonces, porque Tú lo tienes a él bajo control. ¿Ve?, eres Tú hablando por medio de él, ¿ve?” ¿Creerían Uds. eso? ¿Cuántos lo creerían, si lo pudieran ver hacer con sus propios ojos? No allá en algún cuarto oscuro, sino aquí mismo ante el público como nuestro Señor lo está haciendo. No tiene... No es nada secreto; está aquí. Es sólo para los creyentes. Ahora, Uds. sólo oren.
63Pudiera haber sido que me equivoqué; yo pensé que El estaba en algún lado por allí, pero no ha de haber sido. Yo lo vigilo; es–es una Luz. ¿Levantaron sus manos en este lado, afirmando que estaban enfermos también, y que no me conocían? Ahora, El está aquí mismo. Uds. los que han visto esas fotografías y cosas, sólo piensen que ese ojo mecánico de la cámara lo vio antes que mucha gente lo viera, al tomar la fotografía. Si yo muero esta noche, si este es mi último día en la tierra, mi testimonio es verdadero. El ojo mecánico de la cámara lo ha probado siete u ocho veces en diferentes naciones. Es verdad. La iglesia lo sabe alrededor del mundo. Yo les he dicho la verdad, porque yo hablo de El. Esa es la razón que yo no tengo miedo de que El no hable de nuevo que yo les he dicho la verdad, porque yo no estoy testificando de mí mismo; yo estoy testificando de El. Ahora, sean muy reverentes y crean. Dice: “¿Qué está esperando, Hermano Branham?” Yo estoy esperando en El. Si El no me lo dice, yo no lo puedo hacer, eso es todo. Se requiere la fe de Uds. para hacer algo. O quizás El no esté agradado que nosotros lo hagamos. Entonces, ¿cuántos tienen tarjetas de oración? ¿Tiene alguno tarjetas de oración? 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, como unas ocho tarjetas de oración que quedan, 9. Las llamaremos para que suban si El no lo hace. Me gusta verlo hacer sin tarjetas de oración, para que Uds. vean que las tarjetas de oración no tienen nada que ver con ello.
64¡Dios, ayúdanos esta noche! Ahora, yo pido que Tú lo concedas. Yo he venido aquí con buena fe, vengo aquí creyendo, creyendo que Tú lo harás. Te pido que Tú me ayudes ahora. Dame de Tu Espíritu, Señor. Concédelo, para que pueda ser para Tu gloria. Te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén. Sí, aquí está. Gracias, Señor. ¿Cree Ud. que Dios la sanará de esa hernia, señora, la sanará? Muy bien. Acéptelo. Levante su mano. Muy bien. ¿Tiene Ud. una tarjeta de oración? No tiene. Ud. no la necesita. Yo nunca he visto a esa mujer en mi vida. ¿Somos desconocidos uno para el otro, hermana querida? Yo no la conozco a Ud. Si eso es correcto, levante su mano para que la audiencia pueda ver. ¿Fue ese su problema? Ud. estaba sentada allí, orando, ¿no estaba Ud.? Ahora yo tengo contacto con Ud. Ud. le estaba orando a Jesús: “Permite que sea yo”. ¿Es correcto eso? Mueva su mano de un lado al otro, así. Levante su mano (muy bien), mueva su mano, para que ellos vean. Ahora, ¿cómo supe yo lo que ella estaba orando y las palabras que ella estaba diciendo? ¿Ven? ¿No ven Uds.? ¡Es Cristo! Aquí, una mujercita que se acaba de cambiar de lugar, está ahora sentada allí. ¿Quiere Ud. deshacerse de ese problema de corazón, hermana? Ud. no tiene que venir aquí arriba. Sólo mire en esta dirección. ¿Quiere Ud. deshacerse de su problema de corazón? Muy bien. Levante su mano, diga: “Yo lo acepto”. Muy bien, váyase a casa, su problema de corazón se terminó. Jesucristo la sana.
65La mujercita sentada justo detrás de ella, Ud. tiene un problema de mujer. Póngase de pie si eso es correcto. Muy bien. ¿Tiene Ud. una tarjeta de oración? Ud. tiene una. Yo no la quise llamar. Muy bien. Váyase a casa. Ud. está... Ud. tenía... está preocupada por sus ojos; también se le están empeorando. ¿Es correcto eso?, mueva su mano. No lo digo porque tiene puestos los anteojos, pero se le están empeorando. Muy bien. Ya no se le empeorarán ahora. Ud. puede irse a casa, Jesucristo la sana. Mire, hágame un favor, ¿lo hará? (Para que ellos puedan saber, siendo que Ud. tenía una tarjeta). Esa señora sentada allí al lado de Ud., ella... acá en este lado, sufriendo allí de bocio, ¿cree Ud. que Jesucristo la sanará? Es un bocio, pero eso está bien. Crea, y se irá de Ud. Muy bien.
66Ahora, si Ud. cree que soy un profeta de Dios, ponga su mano sobre la mujer al lado de Ud., llorando allí. El Angel del Señor está sobre ella. Ella tiene un problema en su cabeza. Si eso es correcto, póngase de pie, señora, la que acabo de llamar. Muy bien. Párese si eso es la verdad, la que tiene el pañuelo en su mano. Muy bien. Jesucristo la sana. Ud. puede irse a casa, sea sana. ¿Le creen Uds. a El? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. Ahora, ¿es ese Angel Escritural? Allá, muy atrás allá, allí está El allá muy atrás allá, muy atrás. Hay un hombre y su esposa. La esposa tiene diabetes, y el hombre tiene artritis. ¡Oh, si yo tan sólo los pudiera hacer entender! ¡Dios, ayúdame! Sr. y Sra. Wilkerson, pónganse de pie. Jesucristo los sana a Uds. Váyanse a casa y sean sanos. Cristo los sana. ¿Tienen Uds. una tarjeta de oración? ¿No tienen? Uds. no tienen una; no necesitan una. Mientras Uds. están de pie (escuchen esto, amigos): yo no los conozco en lo absoluto, ¿los conozco? Si yo no los conozco a Uds., muevan sus manos de un lado a otro. ¿Ven?, yo no los conozco. Uds. estaban sentados allí, orando. ¿Es correcto eso? Algo les ha sucedido a Uds., ¿es correcto eso? Muy bien. ¿Ese era su problema? ¿Ese era el apellido de Uds.? ¿Es correcto todo lo que El dijo? Muevan su mano de esta manera, si es correcto. Muevan su mano. Muy bien, ahí lo tienen. Váyanse a casa, Jesucristo los sana. ¿Qué tocaron ellos? ¿Creen Uds. que el Angel que está delante de nosotros, es el Angel de Dios? No soy yo. Yo no conozco a esa gente. Yo estoy testificando; ellos están testificando; somos desconocidos uno del otro, así que tiene que ser el Angel del Señor. Y El está haciendo las mismísimas cosas Escriturales que Jesús dijo que El haría antes que se quemara, como Sodoma. ¡Amén!
67Veamos. ¡Si Uds. creen! Aquí, aquí está otra vez, aquí en el rincón. Esperen, es la señora... No. Esperen un momento. No, no es la señora parada allí. Es la señora sentada allí. Correcto, una mujercita sentada allí. Yo vi una niña, pero es una señora que está sentada, y ella sufre de hemorroides. Y ella... Esa es su niñita sentada allí. Ella sufre de asma. Eso es “ASI DICE EL SEÑOR”. Póngase de pie y acepte su sanidad. Jesucristo la sana. Párense, ambas. Si somos desconocidos uno del otro, levanten sus manos y muevan sus manos de lado a lado. Muy bien. Vete a casa, cariño. Todo ha terminado, niñita. Vete, y sé sana. ¿Creen Uds.? Miren allí, miren allí, miren allí, miren allí. ¿No puedes ver eso, Hermano Jack? Miren aquí, aquí mismo, está suspendida sobre ese hombre aquí. El hombre está sufriendo de una hernia. Correcto. El no es de esta ciudad; es de una ciudad llamada Orange. Correcto. Su nombre es Sr. Sack. ¿Es correcto eso, señor? Si yo soy desconocido para Ud., mueva sus manos de un lado al otro, así. Ud. estaba sentado allí diciendo: “Permite que sea yo, Señor”. ¿Es correcto eso? Mueva su mano de lado a lado. ¡Oh Dios!, ¿cómo pueden fallar en verlo? Yo le ordeno a toda persona enferma aquí, que se ponga de pie y reciba su sanidad en el Nombre de Jesucristo. ¡Amén! ¡Levántense!; no tengan temor. Créanle a El con todo su corazón.