Photo

~ DESDE ESE ENTONCES ~
1...?... en otra ciudad aquí...?... Grant’s Pass. Y él está allá en alguna otra parte, en Oregón. Yo lo acabo de encontrar allá, y yo... Como Uds. saben, a uno lo conmueve encontrarse otra vez con viejos amigos. Me conmueve a mí. Y pienso en él todo el tiempo. El era el administrador en las reuniones...?... estuvo aquí un poco antes y le permitimos hablar algo. Dijo: “Yo puedo ir. Oh, yo tengo que ir allá para verte”. Y yo dije: “¡Qué bueno que puedas venir”.
2Otra cosa conmovedora que sucedió hace unos cuantos momentos, fue cuando Billy (mi hijo) me dio un paquetito. Y déjenme decirles, fue la cosa más dulce que yo–yo haya tenido en mucho tiempo. Hay aquí una niñita, y su almita se puso toda conmovida, y me envió una–una ofrenda. Bueno, miren, si los agentes federales piensan que yo voy a reportar esto, están equivocados. Y tiene una notita ahí que es muy hermosa. Ella dice: “Yo lo amo mucho. Yo tengo trece años de edad. Yo le doy esta ofrenda. La obtuve vendiendo botellas. Dios lo bendiga para siempre”. Son trece centavos. Eso fue verdaderamente dulce. Ella no la firmó; sólo: “Una niñita que ama al Señor”. Quienquiera que Ud. sea, amada hermana, Dios la bendiga. Eso es... Ud. no sabe lo que eso significa para mí. Eso es tan sagrado para mí, como si alguien me diera un billete de cien dólares.
3Pienso que fue el gran gitano Smith (leyendo algunos de los contextos de la historia de su vida), que le preguntaron a él en una ocasión cuál había sido la emoción más conmovedora que alguna vez él había tenido. El dijo que, bueno, una noche ellos iban a recoger una ofrenda de amor para él y al ir subiendo los escalones de atrás, él dijo que estaba una niñita gitana harapienta, parada allí. Y dijo: “¿Sr. Smith?” Dijo: “Nosotros provenimos de una familia pobre”. Y dijo: “Ud. ha guiado a mi madre y a mi padre al Señor Jesús”. Y ella dijo: “Yo supe que en esta noche le dieron su ofrenda de amor, y yo no tenía nada que darle a Ud.” Ella dijo: “Y una señora hoy me dio un–un pirulí, y no lo quería echar nada más así en la ofrenda, Sr. Smith, así que yo–yo lo envolví y pensé darle a Ud. personalmente mi ofrenda”. Un pirulí, una paletita de dulce. El dijo que él miró a esa pobre niñita harapienta, y lo que sucedió. Uds. lo saben, eso significa... eso proviene de un corazón verdadero. Como Uds. saben, eso sencillamente es algo que es dulce y enternecedor. Y yo pienso que allí es en donde está la vida verdadera: cuando proviene del corazón.
4Yo recuerdo de una–una cosita de esa índole, en una de las reuniones allá en Finlandia. Perdónenme, fue en... Sí, yo todavía pienso que fue en Finlandia; sí, fue en Kuopio. Yo no había pensado de ello por algún tiempo. Hubo un muchachito que resucitó de los muertos, que yo había visto en una visión dos años (aquí en América) antes que fuera a ultramar. Pudiera haber alguna gente aquí que me oyó contarla; yo salí... Sí, hay muchas manos levantadas. Que yo dije: “Habrá un muchachito en alguna parte, yaciendo en donde hay árboles, árboles de pino, y habrá grandes rocas amontonadas. Y el muchachito será matado en un accidente, y el Señor Dios lo resucitará”. Y yo venía bajando de la torre de... yo... hace mucho tiempo; yo no recuerdo el nombre de la torre. Fue allá en... Fue en Kuopio, Finlandia, hace como unos doce años. Y veníamos bajando....
5Un automóvil Ford, como de seis o siete años de uso en Finlandia, se vendía como por unos dos mil quinientos dólares, quizás tres mil. Y la gasolina cuesta noventa y cinco centavos el galón [3.785 litros–Trad.]. Así que había por lo menos, de veinticinco a treinta y cinco mil personas, y uno veía como unos dos o tres automóviles. Y allá, ellos–ellos conducen como un pequeño trineo, como un “travois” [red o plataforma arrastrada por el caballo o perro, originalmente que los indios de las llanuras de Norte América usaban– Trad.], un indio usa o viaja, y... acostumbraban... Viajaban en “travois”, y ellos tenían un caribú que los jalaba en ese “travois”. Y luego allá en el.... Yo subí en un automóvil y estuve allá en la cumbre de la montaña, y abajo estaba Kuopio, Finlandia. Su... Estuve allí durante el tiempo de mayo; el sol únicamente sale normalmente un solo día al año allí, únicamente hay un día completo. Se ve el sol por seis meses; y se oculta por seis meses. Y esto fue cuando sólo el sol estaba allí a la orilla del horizonte, a medianoche; simplemente podíamos leer un periódico en la medianoche; había bastante luz, igual que aquí. Luego sale otra vez. Y uno simplemente se acuesta a dormir cuando le da sueño; de esa manera uno se las arregla en el día mientras se ve el sol. Y luego se oculta por un año... mejor dicho, por seis meses. Luego... Eso es allá en las Laplands. [Región del norte de Europa, y partes norte de Noruega, Suiza, Finlandia, y noroeste de Rusia, habitada por los “Laps” (mongoles)–Trad.].
6Y bajando la montaña, en donde habíamos estado cantando, había estado un inglés borracho allá arriba; él no sabía qué era... El era un comprador de madera de Inglaterra, y él quería saber de qué se trataba ese cantar. Y como yo; él no entendía el lenguaje, yo... Cuando uno puede hablar finlandés, uno es bastante listo, porque creo que ellos tienen como unas cincuenta o sesenta letras en el alfabeto, y así que ellos... Ellos son una gente muy dulce, una de la gente más amable que yo haya conocido en mi vida. Y ellos eran una gente muy encantadora. Así que ellos... Mientras estaba allá arriba, ese inglés continuó así. Y le dije que era una reunión religiosa. Yo le pregunté si él conocía al Señor Jesús como su Salvador personal. El dijo no, él nunca aprendió nada tocante a religión. Así que, yo tuve el privilegio allí de ver al Señor Jesús dar sobriedad a ese hombre, y darle salvación a su alma, arrodillándose allí en ese lodo y mantillo en el patio en donde esa torre grande... Es una clase de torre de vigilia, una antigua torre de vigilia. Y estábamos allá arriba alabando a Dios desde lo alto.
7Y ellos me contaron cómo los rusos entraban durante el tiempo de guerra y bombardeaban la ciudad, y... pasaban sobre esa torre. Y luego podíamos mirar por encima de la Cortina de Hierro, dentro de Rusia, como a dos millas [como a unos 3 km.–Trad.]. Bajando de la... Nos reunimos para orar después que ellos vieron a ese inglés. Yo me había bajado y sólo estaba caminando al pie de la torre, y el Hermano Jack Moore estaba conmigo, y ese inglés acababa de venir a Cristo. Todos ellos bajaron, y algo vino sobre mí, muy extraño. Cuando tomaron una fotografía de eso (yo la tengo en casa), yo dije: “Recuerden: algo está a punto de suceder; yo lo presiento. Algo va a suceder. Yo no sé qué”. Así que ellos empezaron a preguntar: “¿Qué será?” Yo dije: “Yo no sé. Simplemente algo está a punto de suceder”.
8Como a una milla bajando la montaña [como a un kilómetro y medio– Trad.], vimos cuando un automóvil Ford hecho en América, como de unos cinco o seis años de uso... Algunas de las personas que estaban arriba en la montaña, en la torre, habían bajado, y algunos niñitos de escuela iban saliendo de la escuela. Y ellos... sus padres... Ellos viven en la ciudad (algo parecido a Alemania); ellos viven en la ciudad, y trabajan en el campo, y regresan a la ciudad. Dos muchachitos (uno como de nueve años de edad, y el otro como, oh, yo diría como de unos seis años de edad), ellos iban cruzando la carretera, y ese automóvil venía veloz. Y casi no había automóviles allí; ellos no estaban esperando un automóvil. Y los pequeñitos iban agarrados de la mano, y ellos vieron el automóvil girar con rapidez delante de ellos; y uno se fue en una dirección y otro en la otra. Y ellos estaban agarrados de la mano uno del otro. Finalmente, se soltaron de la mano, y el chofer se puso nervioso, y no supo en qué dirección ir, porque los niños... él se estaba yendo a ambos lados, y él perdió el control del automóvil.
9Y uno de los guardafangos del lado izquierdo, golpeó a un muchachito en medio de sus ojos de esa manera, y lo arrojó al aire, y lo estrelló contra el árbol, y le produjo una concusión del cerebro y quebró sus huesos. Y el otro, el automóvil pasó por encima de él, de esa manera. Lo atropelló, y lo arrojó (cuando la llanta trasera lo golpeó), al otro lado de la carretera en el césped. El automóvil subió la montaña y se estrelló en un montón de rocas, y se volteó. Nosotros llegamos a la escena. Allí había un... alguien más, una carroza que había llegado allí antes que nosotros y se llevaron al muchachito que estaba respirando, se lo llevaron al hospital. Y el hombre principal de la ciudad (lo cual es equivalente a un acalde de la ciudad), él estaba allí, el doctor había llegado allí, y... Pero la ley en Finlandia, no les permitía mover a ese niño, hasta que llegaran los padres. Así que ellos habían ido a caballo, o en la carroza, al campo a buscar a los padres del niño, para traerlos.
10Y bueno, nos detuvimos. El Hermano Gordon Lindsay, el cuñado del Hermano Hall, estaba allí, el Hermano Ern Baxter, y el Hermano Jack Moore, y varios de los hermanos; y nos detuvimos. Y la Sra. Isaacson, ella pueda que esté aquí en esta reunión en esta noche; ella vive por aquí en alguna parte. ¿Está Ud. aquí, Hermana Isaacson? Ella fue mi intérprete finlandés. Y así que, ellos se bajaron del automóvil para ver al muchachito, y regresaron. Vimos que había sucedido un accidente. Ellos regresaron y dijeron... Yo dije: “¿Qué fue eso?” Ellos dijeron: “¡Oh, salga y vea, Hermano Branham! Es un muchachito que fue matado. Hubo otro que ellos piensan que también fue matado; ellos ya se lo llevaron al hospital”. Yo dije: “¡Oh, yo no quiero ir!” Yo dije: “Yo pienso de mi propio muchachito, Billy Paul”. Y él sólo era un niño, y no lo había visto por meses. Y como todos Uds. saben, su madre está muerta, y yo he sido madre y padre para él. Y de hecho, hemos sido muy buenos amigos. Ella me pidió cuando se estaba muriendo que nunca dejara a Billy, y yo... El–él ha sido mi muy buen amigo desde entonces.
11Y yo–yo–yo no quería mirar al muchachito. Sólo traería... El sería como de la edad de Billy en ese entonces, como de unos nueve, diez años de edad. Y todos Uds. recuerdan cómo yo dije que se miraría el muchachito: él tendría uno de esos cortes de cabello muy corto, y ojos cafés. Y él estaba... un pequeño... usándolas lo que solíamos llamar en mis días: “medias largas hasta la cintura”, parecían. Y luego sus–sus calcetines largos, y su pie iba a estar aplastado atravesando su calcetín, y su... El iba ser matado en un accidente. Bueno, yo no fui allá, y la Sra. Isaacson dijo: “Creo que Ud. debería ir allá”. Fui a mirar al muchachito; yo fui allá y ellos tenían su saco sobre su rostro. Cuando yo vi a ese pobre muchachito yaciendo allí aplastado de esa manera, yo empecé–empecé a llorar. Me volteé y Alguien puso su mano sobre mí. Yo pensé que era el Hermano Moore. Y miré para todos lados, y no había nadie cerca de mí, y esa mano todavía estaba puesta sobre mi hombro. Bueno, yo dije: “¡Qué extraño!” Y la mano se fue de mí. Yo no sé si Uds. creen o no en... si todos Uds. creen en cosas sobrenaturales o no, pero sucedió de todas maneras. Y empecé a alejarme otra vez, y la mano se puso otra vez sobre mi hombro. Yo pensé: “Bueno, me pregunto qué significa esto. Quizás debo orar por ese muchachito”. Y pensé: “Bueno....”
12Miré para atrás otra vez, y ya habían cubierto su carita. Y había como trescientas personas paradas allí. Y empecé a alejarme, y la mano me detuvo. Bueno, yo dije... “Regresaré”. Y me regresé hacia el muchachito, y la mano– mano se fue, me dejó. Bueno, yo hice eso dos veces. Y dije: “Permítanme ver a ese muchachito otra vez”. Y ellos le levantaron el... La Sra. Isaacson habló por mí, lo interpretó, y le levantaron la–la cosa para que yo viera su rostro otra vez. Y lo miré. Yo pensé: “Eso es extraño. Parece que yo he visto a ese muchachito”. Bueno, el Doctor Manninen, él era el director de la asociación ministerial de–de Helsinki, y así que yo... El estaba conmigo. Y yo dije: “Dr. Manninen, ¿ese–ese muchachito ha estado en la fila de oración?” El dijo: “No creo”. Dijo: “Les preguntaré a algunos de los pastores locales”. Y ellos estaban parados allí. No, ellos nunca habían visto al muchachito, no lo conocían. Bueno, yo dije: “Es extraño; padespués que perdió control, lo aventó, y el hombre se quedó tieso en el–el acelerador de esa manera, y se fue sobre la montaña. El hombre no se lesionó; ellos lo sacaron de la escena del accidente, y él estaba solo. Y luego miré otra vez, y–y miré arriba a la montaña. Y allí estaban esos árboles de pino en la montaña, estos...?... de piedra. ¡Oh, hermanos! Amigos Cristianos: espero que algún día (si no, será...?... en la otra Tierra) cuando ese sentir que viene a uno cuando uno sabe... Yo quisiera que pudiera tener ese sentir todo el tiempo. Si pudiera... Es algo. Es un amor; es como un verdadero amor profundo. Y yo... si–si el diablo hubiera enviado todos sus demonios de tormento del infierno y se pararan allí en esos terrenos, no–no me pudieran haber quitado ese sentir en lo absoluto. Es algo que Dios había dicho que iba a suceder; uno lo podía ver allí mismo puesto delante de uno. Va a suceder.
13Entonces me fijé en el cortecito de cabello muy corto, los ojitos cafés saltados, yaciendo allí. Su piecito atravesando su calcetín, en donde había sido aplastado completamente de esa manera. ¡Oh, él estaba en una condición terrible! Ese automóvil arrolló al niño de esa manera, y la llanta trasera visión está hablando. Yo dije: “Muerte: ¡regresa su vida en el Nombre de Jesucristo!” El muchachito saltó y gritó...?... su pie. El estaba tan normal y sano como cualquier niño podía estar.
14Así que yo dije: “Yo conozco al niño”. Y el Hermano Moore y ellos estaban parados allí. Yo dije: “Miren en sus Biblias, Hermano Lindsay, en la guarda de la cubierta...” Uds. saben que les pedí a Uds. (cuando yo pasé por aquí); fue allá en Portland que lo escribieran en la guarda de la cubierta de sus Biblias. Yo la vi en un tren yendo a Florida. Y yo dije... Yo escribí... Yo dije: “ASI DICE EL SEÑOR, un muchachito (lo describí cómo se veía) será resucitado de los muertos”. Y él miró en la guarda de la cubierta de la Biblia, y el Hermano Moore dijo: “Ese es el niño”. Yo dije: “¡Ese es él!” Yo dije: “Ahora...” Y le dije a toda la gente (yo le dije a la Sra. Isaacson que les dijera), yo dije: “Ahora, dígales: ‘Sean reverentes’”. Yo dije: “Si este muchachito no está de pie, vivo, en cinco minutos contando desde ahorita, entonces Uds. me pueden echar de Finlandia; yo soy un falso profeta”. ¿Ven? Yo dije: “El muchachito va a resucitar de entre los muertos ahorita mismo”. Había estado muerto como por unos treinta minutos.
15Y así que... Estaban esperando al padre y a la madre. Y estaba pensando de cómo ellos se deberían haber sentido... cómo se sentirían de venir a ver a su muchachito aplastado y que yacía en el camino de esa manera. Su lengüita le colgaba al lado de su boca, la sangre saliéndole de sus oídos, y todo. Así que, me hinqué exactamente de la manera que la visión lo mostró, puse manos sobre el muchachito, y tan pronto como yo puse manos sobre él, yo dije: “Padre Celestial, hace diez años en América, Tú me prometiste la vida de este niño, que él resucitaría”. Ahora, la muerte no puede detenerlo, cuando esa rece que yo he visto al muchachito”. Empecé a alejarme otra vez, y esa mano se puso en mi hombro otra vez. Yo miré para atrás y pensé: “Algo....”
16Ahora, yo tengo eso escrito por el hombre principal de la ciudad de Kuopio, Finlandia, en mi estudio hoy día. Correcto. Y está escrito allí, y luego traducido en el otro lado, de lo que fue. Dijo: “Hermano Branham, nosotros somos pobres en Finlandia. No podemos ofrecerte nada. La única cosa que tenemos es papel. Así que, aquí está un libro de Kuopio, y un comentario mío”. Y tiene el sello de ellos en él, de cuando él mismo escribió el testimonio. Alguien me escribió de Finlandia no hace mucho tiempo. Dijo: “Eso fue falso”. Y él iba a escribir un libro sobre eso, de que era falso. Y yo dije: “Vaya, escriba el libro. Luego yo voy a publicar este testimonio del alcalde de la ciudad después de eso. Así que ahora, Ud. vaya y escriba lo que Ud. quiera”.
17(¿Tenemos un minuto o dos para algo más? Yo quiero terminar eso). Esa noche cuando salimos de Finlandia, esa... Ibamos entrando al lugar; había tantos allí, que ellos tenían que tener guardias en la calle. Y yo... Entrando al cuarto, ellos... yo iba caminando; había como seis o siete soldados alrededor de mí. (Esos pobres finlandeses, no siendo lo suficiente adultos todavía como para rasurarse; casi todos los otros hombres adultos habían sido matados por los rusos). Y así que, ellos me estaban llevando.... Y cuando uno nace en Rusia, si uno está a cuarenta millas [60 km.–Trad.] de su lugar de nacimiento, uno tiene que tener una visa. Pero no permitan que alguien alguna vez les diga a Uds. que no hay Cristianos en Rusia; hay millones de ellos. Y allí estaban esos soldados rusos que... Ellos allá no permiten transmitir cosas en la radio como nosotros transmitimos: rock and roll y todas esas cosas; nada excepto que sea negocio y comercial. Y ahí... Se había dispersado por toda Rusia. Yo....
18El Barón Von Bomburg me dijo no hace mucho tiempo (un muchachito que ellos trajeron de detrás de la Cortina de Hierro), dijo: “Estoy sorprendido, Hermano Branham, que su ministerio no es mejor conocido en América de lo que es”. Es mejor conocido en Rusia que lo que es aquí, cuando fue detrás de la Cortina de Hierro. Dijo: “Todos nosotros oímos en–en la radio que ese muchachito fue resucitado de los muertos allá”. Y ahora, este... Esos soldados rusos parados en la calle, dieron ese saludo ruso cuando yo pasé por allí. Y ellos decían... Un intérprete me estaba diciendo mientras pasábamos por allí, dijo que ellos dijeron: “Nosotros recibiremos a un Dios como Este”. Seguro que sí. 19 ¿Ven? Lo que es, fue la debilidad de la iglesia que levantó al Comunismo; de allí se produjo el comunismo. Si la iglesia está tomando todo el dinero que hay en un país y edificando altares de un millón de dólares, y la gente muriéndose en la calle, Uds. pueden ver por qué salen tales cosas como esas. Pero dejen que cualquier ser humano vea la real cosa de Dios, y él lo creerá, si él tiene algo con lo cual creer. Así que él estaba parado allí, y él dijo: “Nosotros recibiremos a un Dios como Ese, que puede resucitar a los muertos. Queremos saber tocante a eso”. Y déjenme decirles a Uds. (mientras estoy en este tema, yo diré esto): yo vi a soldados rusos agarrar a finlandeses, allí adentro del edificio, y abrazarlos y darse palmadas uno al otro (como hace la gente escandinava), abrazarlos y darse palmadas uno al otro. Cualquier cosa que haría a un ruso abrazar a un finlandés, y un finlandés abrazar a un ruso, concluiría las guerras para siempre. No necesitamos a la O.N.U.; necesitamos a Jesucristo. Eso es lo que necesita el mundo. ¿Ven?
20Entrando esa noche, hubo una muchachita que salió. Uds. han leído la historia; Uds.... El Hermano Gordon, nunca la escribió en detalles; él sólo como que la contó... Ella iba... salió del dormitorio de mujeres, o lo que tenían allí. Y empezamos a caminar en esta dirección y allí había soldados. Y esa muchachita, cuando ella salió, ella tenía... Una pierna estaba como tanto así más corta que la otra. Y entonces ella traía un–un cinturón grande alrededor de ella, y un–un–un aparato ortopédico que llegaba hasta abajo (hecho en casa), de esa manera, y ella traía dos muletas. Ella tenía una correa al terminar su dedo del pie, que subía y pasaba sobre su hombro y se conectaba allí atrás en la parte de atrás de ese cinturón. Y cuando ella empezó a caminar, ella tenía que poner su aparato ortopédico... o mejor dicho, sus muletas adelante, luego inclinaba su hombrito y levantaba su piernita y la ponía adelante de esa manera, y luego daba su paso. Y así que, ella me vio.
21Y nos habían prevenido de ellos, Uds. saben. A mí me gustan los niños, y me iba por la calle con algo de ese viejo dinero finlandés y compraba grandes montones de ese dulce, Uds. saben. ¡Y hermano!, se los daba a los niños. Yo tenía una fila como de dos cuadras de ciudad, que me seguían adondequiera, porque yo–yo amo a los niños. Y así que.... Cuando yo la miré, ella inclinó su cabeza de esa manera; ella tenía miedo de que había hecho algo mal. Y yo miré a esa niña, y empecé a caminar, y Algo dijo: “Háblale a esa niña; ella quiere hablarte”. Yo me detuve. Y los soldados seguían... Ellos no podían hablar inglés, así que ellos siguieron adelante. Yo los podía oír que estaban cantando: “Sólo Creer”. Y así que yo empecé... Esos soldados estaban parados allí. Y yo dije: “¡Un momento!” Esos otros soldados voltearon. Y yo dije: “¡Un momento!”. ¿Ven?
22Y así que esa muchachita, yo la miré, y dije: “Ven aquí, cariño”. Ella no podía entender; ella parecía tener como unos nueve o diez años de edad. Y yo dije: “Ven aquí, cariño”. Y ella inclinó su cabecita; por supuesto ella no entendía lo que yo estaba diciendo. Y yo–yo... Ella alzó su vista para verme otra vez, e inclinó su cabecita rápidamente, a la manera de un niño. Y yo le hice un ademán a ella de esta manera. ¿Ven? Y ella puso sus muletitas hacia adelante, y levantó esa pierna y ahí venía. Y yo me quedé quieto, y los soldados sólo se quedaron allí observando lo que estaba sucediendo. Ella se acercó hasta donde yo estaba, de esa manera. Ella se detuvo, mantuvo su cabecita inclinada, y su vieja faldita harapienta colgándole, su cabellito sobre su rostro. Yo me di cuenta después que ella era una pequeña huérfana de la guerra finlandés; su madre y padre fueron matados. Ella vivía en una carpa. Y–y miré, y ella me miró de esa manera. Ella alzó su vista para verme, y grandes lágrimas le corrían de sus ojitos, corriéndole por su rostro de esa manera.
23Ella extendió su mano y me agarró de mi saco, y me besó el bolsillo de mi saco. Y ella jaló su faldita hacia el lado de esta manera, su faldita harapienta; ella dijo: “Kiitos”. Eso significa: “Gracias”. Mi corazón se salía por mi boca; Uds. saben de la manera que uno se siente. ¡Esa niñita! Y miré en esta dirección, y la vi parada allá sin muletas o aparatos ortopédicos, sólo alabando a Dios. Yo dije... Creo que si hubiera sido el hipócrita más grande del mundo, Dios hubiera honrado la fe de esa niña. El de seguro lo hubiera hecho; El la hubiera honrado. Y yo dije: “Amorcito, yo voy... ¿Cómo te lo puedo decir?” Yo dije: “Tú estás sanada, cariño. Dios te ha sanado”. “Jesús”, ella dijo: “Kiitos, Jesús”. (Eso es: “Gracias, Jesús”). Yo dije: “Te....” Yo no sabía las otras palabras, y así que dije: “Te sanó. Kiitos, Jesús te sanó”. Ella no podía entender eso. Y luego ellos.... Ahí llegó el Hermano Baxter a la puerta, y dijo: “¡Dese prisa!, ¡dese prisa!” Y yo–yo pensé: “Bueno, Dios se lo hará saber a ella algún día”. Así que seguí. Ella iba a estar bien.
24Así que entré, y tuvimos una gran fila de oración. Uds. se fijaron en la fotografía, en el libro, de esos grandes montones de muletas y cosas, amontonadas alrededor de mí, de esa manera. Tan pronto como.... ¿Qué sucedió esa noche? Hubieron como ocho o diez personas que subieron a la plataforma. Y luego había una–una mujer del grupo de Lapland sentada allá atrás, que tenía un niño bizco; ella lo tenía acostado en el piso. El Espíritu Santo se movió por allí, y yo no la podía nombrar. Yo pensé: “Señor, yo no pudiera decir ese nombre; permíteme deletrearlo”. Y empecé a deletrearlo, y un pequeño... le dije quién era ella, todo lo referente a ella de esa manera, y lo que estaba mal con el bebé. “¡Levántelo y mírelo!”, El dijo. (Deletréalo). Que ella era una... Y cómo ella lo entendió, yo no sé. Ella cogió a ese bebé y lo miró, y sus ojos estaban tan derechos como podían estar. Ella como... Ella casi tuvo una crisis de histeria, corriendo de enfrente para atrás en ese piso gritando, en donde había miles de personas.
25Y entonces Howard (así como Billy lo hace ahora), mi hermano, cuando él me tocó en los lados... Yo estaba casi inconsciente bajo esas visiones. El me tocó de esa manera. “Es tiempo de irnos”. Y me empecé a ir, y Algo dijo: “Espera un momento; llama a algunos más”. Y yo dije: “Espera un momento, Howard”. Yo dije: “No me lleves ahorita”. El dijo: “¿Por qué?” Yo dije: “Llamemos cinco personas más”. Yo le dije a la Sra. Isaacson, yo dije: “Llame en finlandés los–los... los números que Ud. tiene que llamar”. Y ella llamó a los que seguían, y por la gracia de Dios, en el cuarto, esa muchachita era la que seguía con la tarjeta de oración. ¡Cómo Dios en Su soberanía...!
26Amigos: estoy contento que... La cosa más grande que alguna vez haya visto en mi vida es someterse a Dios y caminar en el Espíritu (¿ven?), día tras día, cómo El lo guiará y hará cosas. Y cuando vi venir a esa muchachita, yo pensé: “¡Alabado el Señor!” Ellos la trajeron a la plataforma, y la ayudaron a subir. Y dos o tres de los ujieres me la trajeron, la cargaron y la sentaron. Yo dije: “Ahora, Sra. Isaacson, observe esto”. Yo dije: “Mire: Ud. sólo diga exactamente las palabras que yo diga”. Y ella dijo: “Sí lo haré”. Y yo dije: “Amorcito, Jesucristo honró tu fe allá cuando tú besaste mi bolsillo hace rato. Tú estabas dando respeto a las cosas que tú pensabas que eran de Dios”. Yo dije: “Dios te ha sanado. Ahora, ve allá y siéntate, y que algunos de los ministros o alguien te quite esos aparatos de ti. Y tú mantén tu mano en tu cadera de esta manera”. Y... Le dí a ella algo qué hacer para mantener su valor. ¿Ven Uds.? Así que yo dije: “Cuando vengas... Cuando tú... Cuando ellos te quiten el aparato ortopédico, y el gancho grande de fierro de aquí debajo de tu pie, cuando ellos te quiten eso, pon tu mano en tu pierna hasta donde tú creas que ese aparato ortopédico llegaba, en tu pierna corta”.
27Y así que yo dije: “Traigan a la persona que sigue, ahora”. Y ellos trajeron a la siguiente. Y el ministro llevó allá a la Sra. Isaacson para que interpretara, y ellos se la llevaron, y empezaron a desbrochar la cosa. Así que, cuando menos pensé, yo la oí gritar. Y ahí venía cruzando la plataforma, con las dos piernas tan normales como podían estar, y esas muletas encima de su cabeza, gritando y alborotando. ¡Oh, hermanos! Era una cosa tras otra, tras otra, tras otra. Me fui a casa esa noche, miré a lo largo de allí, y vi a esos finlandeses caminar por allí, con sus manos levantadas, alabando a Dios. Eso fue cuando el Angel apareció tocante al otro muchachito. Uds. leyeron la historia de eso en el–en el libro. Y cómo ese muchachito que estaba acostado allí muriéndose, los doctores lo habían desahuciado, y él fue sanado la noche siguiente exactamente cuando el Espíritu Santo dijo que sería sanado. Y él salió y estaba completamente sano, viviendo hoy; todavía estoy recibiendo cartas de ellos, que el Señor los sanó. El todavía permanece Jesucristo. Si nosotros....
28Gracias, hermanita mía, por este diezmo. Como un ministro, yo debo recibir diezmos. Así que, te doy las gracias amablemente, amiguita mía. Y que Dios siempre te bendiga. Y no dejes que tu mami te diga que tú estás gorda. Tú no estás. ¿Ven? Muy bien. Ella dice aquí (yo no leí eso), ella dice: “Mi mami dice que estoy gorda, pero no estoy”. Yo tampoco creo que tú lo estás. Así que, si tú lo estás, Dios te dé el deseo de tu corazón, cariño, es mi oración, si eso significa algo, por lo que a Dios respecta.
29Ahora, en esta noche, yo iba a contar una experiencia que sucedió. Y primero, yo quiero leer la–la Palabra. Ahora, mañana en la tarde... (¿A qué hora empieza el servicio, Billy? Dos y media). Ahora, mañana a la una y media, todos los que quieran estar... pasar en la fila de oración, para que se ore por Uds., estaremos repartiendo tarjetas de oración, trayendo todo el grupo como lo hicimos anoche. De esa manera pienso yo que mi ministerio empezará y continuará, desde anoche. Todos Uds. los que quieran tarjetas de oración, vengan a la una y media de la tarde, no más tarde de–de... Estén aquí no más tarde de las dos o quince después, porque todas las tarjetas probablemente estarán repartidas para ese tiempo, y no interrumpirá el resto de la reunión. Ahora, si Uds. están interesados en algunos de los mensajes que prediqué, los hermanos los tienen aquí, el Hermano Goad y el Hermano Mercier. (¿En dónde están? ¿Saben Uds.?) En el puesto allá atrás del edificio. Ellos tienen discos y cintas. Estos hermanos, son de ellos, y estarán contentos que Uds. los obtengan. Y yo lo he investigado, sobre sus ventas y demás.
30Anoche yo les conté la historia de cómo los hermanos se pusieron en contacto conmigo. Y yo le escribí a un ministro, no hace mucho tiempo, para adquirir una cinta de él. El me cobró nueve dólares por ella. Y yo investigué a estos hermanos, y pienso que son como dos dólares y cincuenta centavos, o algo así; ellos ganan como treinta y cinco, cuarenta, quizás cincuenta centavos de cada cinta, comprando la mejor calidad de las cintas (cinta Scotch), y haciendo la mejor. Si ellos les ponen un precio alto a ellas, yo les diría en estos momentos: “No más venta de cintas”. No, señor. Ahora, ellos tienen que tener algo para costear su manejo, porque uno quiebra muchas cintas y todo. Entonces uno... Ellos tienen que vivir. Uno de ellos es un hombre casado, y así que nosotros... Ellos tienen que vivir, y tienen derecho de obtener una poca de ganancia de ellas. Y algunas veces, ellos las reciben dañadas y quebradas, y las envían y no les pagan por ellas, y... Uds. saben cómo es eso. Igual que nuestros libros allá atrás: yo los compro de la “Voz de sanidad” por menos del cuarenta por ciento de su costo. Y con eso tenemos que pagar para venderlos, y para el costo de transporte. Y yo siempre he dicho: “Si alguien quiere un libro...” (Yo doy la orden a los hermanos, siempre). Si alguien quiere un libro... Y si el anciano pobre va allí y mete la mano en su bolsillo, y dice: “¿Cuánto cuestan?” “Bueno, cuestan setenta y cinco centavos”, o lo que... dólar, o lo que valgan. Y si él dice que sólo trae cincuenta centavos, díganle: “Señor, coja el libro y se puede ir; no se preocupe por eso”.
31¿Ven? Déjenlo que se vaya. De esa manera, los libros ni siquiera cubren el costo de ellos mismos. La iglesia tiene que ayudarme con los libros. Nosotros... Para cuando pagamos por ellos, y por la impresión, y por la–la pérdida, y la rotura, y por todo de ellos, y los que tenemos que dar y cosas, bueno, ellos–ellos no... ellos no son... no cubren el costo de ellos mismos. Y así que por lo tanto, no tenemos nada de lo cual obtenemos ganancia de dinero. Todo lo que hacemos.... Y respecto a mí: mis ofrendas de amor van a los campos misioneros. Yo no las veo. Van para una buena cosa. Yo recibo cien dólares por semana de mi iglesia, ya sea que esté en América, o fuera de América, en donde esté, yo recibo cinco mil doscientos dólares al año. De eso es lo que yo vivo; y tenemos que vivir ajustados siendo que tengo una familia grande como la que yo tengo. Y yo tengo que vivir en la casa del párroco.
32Y no venimos aquí por dinero; esa no es nuestra intención. La única razón que compramos los libros y los vendemos otra vez, y vendemos las cintas y eso, es porque pensamos que eso avanzará la causa de Jesucristo. No hay ganancia en eso en lo absoluto. Pero no permitiré que los libros, o las cintas o algo más, sean vendidos en el día de reposo. Eso es mañana. Nosotros no los venderemos el domingo; nunca lo hicimos, y nunca es nuestra intención hacerlo. Y así que si Uds. quieren algunos de los libros, algunas de las cintas o los discos, estarán en la parte de atrás del edificio en esta noche. Y si Uds. los adquieren, y piensan que no... Si Uds. no tienen dinero, son suyos de todas maneras. Si adquieren uno, y no vale los cincuenta centavos, o lo que Uds. pagaron por él, envíenlo de regreso, o tírenlo y díganos... o dénselo a alguien más. Dénselo a alguien más, y escríbanos y díganos que no valía lo que pagaron, y el dinero les será restituido a Uds. Así que no queremos nada que... Ningunos gastos, y cosas como esas en lo absoluto; no es nada.
33Pero las–las ofrendas de amor son para los campos extranjeros. Yo mismo no las recibo; es tomada por mi secretario de campañas; es contada por los ministros, se la dan a él, y es depositada en el banco. Y cuando voy a ultramar y demás, me solventa los gastos en los campos extranjeros, para llevar este mismo Mensaje de liberación al pueblo que ni siquiera sabe cuál es la mano derecha y la izquierda. Allí es adónde va. Yo nunca sé ni siquiera de cuánto es la ofrenda, a menos que alguien me diga. Cuando llego a casa... no he estado por un mes, así que yo recibiré cuatro cientos dólares cuando regrese a casa, para pagar mis deudas y cosas. Ahora, esa es la manera que vivimos. Para que Uds. entiendan que no tenemos ningún... No, no, no estamos aquí por dinero u otra cosa como esa. Y respecto a lo que tenemos, yo quiero hacerlo muy claro para que así Uds. lo entiendan. Ahora, en esta noche antes... Yo quiero tomar un pequeño texto (si lo llamaría eso) del cual hablar por unos cuantos momentos. Antes de abordarlo, inclinemos nuestros rostros sólo un momento para orar.
34Padre Celestial, te damos gracias de lo más profundo de nuestro corazón. Cómo tengo experiencias de obras, Señor, que yo te he visto hacer en mis pequeñas reuniones, sin contar las de esos grandes hombres quienes están en el campo, como nuestro Hermano Roberts, y Tommy Osborn, y esos. Yo te he visto hacer lo suficiente en mis propios servicios como para escribir muchas Biblias. De grandes cosas: resucitar a los muertos (permitiendo a los doctores firmar una declaración sobre ello), sanar al ciego, al sordo, al mudo, predecir, decirlo exactamente, y verlo suceder cada vez exactamente correcto. Tú eres Dios, y sabemos que Tú eres Dios. Por favor, Padre, si hubiese en nuestros medios en esta noche uno que no cree, que algo sea hecho o dicho en esta noche, que llamaría a Tu simiente a rendir su incredulidad a Ti, y cambiarla por un verdadero Espíritu valeroso de fe de Dios, el Espíritu Santo. Concédelo, Señor. Tú estás listo para quitar su maldad y darles el bien. ¡Oh, Tú eres tan bueno, Padre!; te amamos por eso.
35Te pedimos que inspires a Tus ministros en todas partes. Que ellos lleguen a ser antorchas ardiendo en esta hora oscura en la que vivimos, mientras vemos que la así llamada civilización apaga la mismísima Luz de Dios si es posible. Pero, sin embargo esa antorcha arderá en los corazones de gente hasta que venga Jesús. Padre, añade más al grupo en esta noche, te pedimos. Sana a toda la gente enferma, a todos los que estén afligidos; pedimos que Tu gracia y misericordia descansen sobre ellos. Dales Vida Eterna en el mundo venidero, y dales buena salud en este mundo. Pues está escrito en la Biblia: “Yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud”. Inspira las iglesias por todo el valle, y en dondequiera que–que esté representado este gran avivamiento del Espíritu Santo, que ha recorrido el mundo. Pedimos, Padre, que Tú lo revivas otra vez en una gran manera. Que empiece aquí en Oregón otra vez, un gran avivamiento en cada iglesia.
36Mañana, el reposo, que las iglesias estén llenas, que los ministros estén en fuego, que almas sean traídas, que muchos vengan confesando sus pecados y pidan el bautismo en agua. Concédelo, Padre. Y que Tú llenes a cada uno con el Espíritu Santo que sigue a Tu prescripción, como lo enseñamos la otra noche. Yo pido, Padre, que Tú les des a saber que la promesa es para cada generación y “para quienquiera, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Eso es lo que dice Tu prescripción; nosotros creemos cada Palabra de ella. Te pido, Padre, que Tú le concedas esto a cada uno. Perdona nuestros pecados. Toma el servicio en Tus manos y date gloria a Ti mismo, en el Nombre de Jesús lo pedimos. Amén.
37Ahora, quisiera leer sólo una línea del capítulo 4, y el versículo 17 de San Mateo. Desde entonces [en la Biblia en inglés, son tres palabras–Trad] comenzó Jesús... predicar, y a decir:... el reino... Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Ahora, yo quiero tomar como tema: esas tres primeras palabras: “Desde ese entonces”. Ahora, hay... todos aquí pueden recordar “tal y tal ocasión”. “Desde ese entonces”, decimos. Como el muchachito, y la muchachita, nosotros podemos decir que estábamos haciendo una cierta cosa, y tal cosa sucedió, y “desde ese entonces”, las cosas cambiaron para nosotros. Y pudiéramos adentrarnos aquí en la ciudad, en esta noche y encontrar a la mujer más degradada e inmoral que camina por las calles de su encantadora y pequeña ciudad aquí en el valle. Y yo me sentara al lado de ella, y le dijera: “Señora, quisiera que Ud. me pudiera contar su historia”. Y ella empezaría; ella pudiera decir algo así: “Hermano Branham, hubo un día cuando yo era tan pura como un lirio. Y podía mantener mi rostro erguido entre la gente de renombre, y podía ir a la iglesia y sentirme bien. Pero una noche llegó la ocasión que salí con un cierto muchacho, y él añadió licor a la– la gaseosa de coca cola, y desde ese entonces....” O pudiera ser que alguna otra muchacha amiga que no era una creyente, se juntó con ella y la persuadió a que fuera a un cierto baile. Y ella se entregó a los brazos de algún muchacho, y desde ese entonces... Siempre hay una marca desde un entonces.
38O pudiera adentrarme aquí a su ciudad en esta noche, y encontrar al peor alcohólico que Uds. tienen. Y me sentara al lado de ese hombre, joven o anciano, y yo le dijera: “Amigo, quisiera preguntarle algo. ¿Por qué desperdicia su vida de esta manera? ¿Qué lo hace beber y actuar de la manera que Ud. actúa, cuando pudiera ser un–un gran obrero aquí en la ciudad? Ud. pudiera ser un obrero en alguna iglesia, o Ud. pudiera ser un verdadero esposo para alguna mujer, un padre para algunos niños”. O a alguna mujer borracha que pudiera ser una–una verdadera madre para algunos niños, una esposa dulce y amorosa para algún esposo. Y ellos empezarían de esta manera, y dirían: “Bueno, desde... Yo una vez fui un prohibicionista. Yo tenía una madre y un padre adorables quienes me enseñaron en contra de la bebida. Y en una ocasión yo entré en compañerismo con un cierto muchacho que era muy popular entre las muchachas; y yo–yo–yo también quería ser popular, así que yo pensé que lo acompañaría a beber. Y fui en contra de la enseñanza de mi madre y de mi padre. Y él me persuadió, dijo: ‘Mira: si tú quieres tener un buen momento esta noche, tú tienes que beber algunos tragos’. Y tomé mi primer bebida, y desde ese entonces....”
39De esa manera empieza. Hace algún tiempo en Nueva York, el Dr. Berg... El es un pastor ahora en el tabernáculo de la Hermana Brown, el Tabernáculo Betania, en la ciudad de Nueva York, en uno de los antiguos establecimientos Pentecostales, uno de los más antiguos en el mundo. Me imagino que nuestros hermanos lo conocen bien. Y allí... Mientras yo estuve allí, conocí a Sofía, la mujer que lavaba, la mujer suiza que iba y trabajaba en el bowery [distrito alrededor de esta calle de la parte baja de Manhattan, Nueva York, donde viven personas sin hogar, y hay tabernas, casas de prostitución, etc., etc.–Trad.]. con ella. Yo tuve que esperar allí dos días para recibir una inyección de fiebre amarilla; yo pensé que entraría a Africa sin aplicármela, pero ellos ni siquiera me permitirían pasar o entrar en el avión. Y tuve que esperar dos días para ir al arsenal de puerto para recibir una inyección de fiebre amarilla. Y el Hermano Berg dijo: “¿Qué le gustaría hacer a Ud.?” Yo dije: “Me gustaría visitar el bowery”. El dijo: “Muy bien, iremos allá”. Dijo: “Yo tengo varias misiones allá”.
40Y fuimos allá; y si yo... Yo pienso que sería una buena cosa que cualquier hombre llevara a su hijo al bowery y le permitiera ver. Pienso que si Uds. alguna vez van a Francia, lleven a su hija al Pigalle, y permítanle ver cuánto se puede degradar la vida humana. Así que, cuando fui allá al–al bowery, los hombres estaban acostados sin poder ayudarse, las moscas volando en sus rostros por haber vomitado, ¡oh!, personas con adicción de droga incontrolables, alcohólicos.... Y yo dije: “Oh, Hermano Berg”, yo dije, “quizás estos hombres aquí fueron criados en hogares que–que no les importaba lo que ellos hacían; los dejaron vagar por las calles”. El puso su mano sobre mi hombro, y dijo: “Ud. se sorprendería”. El dijo: “Allí en la misión adonde vamos, contamos a ciento ochenta que murieron allí el año pasado”. Sacándolos de las calles, alimentándolos y demás, y ellos finalmente murieron; no hay esperanza para ellos fuera de Cristo.
41Y ellos están aquí, pero ya están demasiado avanzados para eso. El dijo: “Mire, este hombre aquí”. Dijo: “Yo lo conozco. Levántelo”. Y me acerqué a él, y dije: “Señor: ¿pudiera hablar con Ud.?” El dijo: “Bueno, quizás él no pueda hablar”. ¡Oh!, no puedo decir la condición en la que el hombre estaba. El había llegado al punto que su ropa de la cintura para abajo, estaba en una condición terrible, mojado por todas partes. Y él estaba sencillamente en un–un estado horrible, ¡hedía! Y yo dije: “Señor: ¿pudiera hablar con Ud.?” Y el Hermano Berg lo sacudió. Yo... Lo levantó, y le dijo: “Yo soy el Hermano Berg”. Bueno, él no sabía nada tocante al Hermano Berg. El todavía estaba borracho. Y yo dije: “Quisiera hacerle una pregunta”. Yo dije: “¿En qué tipo de hogar fue criado Ud.?” El dijo: “¿Me darás suficiente dinero para un trago?”
42Y yo dije: “Yo soy un ministro del Evangelio. Yo no daría el dinero del Señor a un hombre para beber”. Yo dije: “Yo... El dinero que yo tengo proviene de los hijos de Dios, y debe ser gastado para el Reino de Dios. Yo le diré a Ud. lo que haré: le compraré a Ud. un emparedado, yo le compraré a Ud. su comida, o... si Ud. va conmigo. Pero, yo quisiera como un ministro, hacerle una pregunta”. El dijo: “Perdóneme, reverendo”. Y yo dije: “¿Cómo llegó Ud. a estar en esta condición?” El dijo: “Señor: yo dudo que Ud. creerá mi historia”. “Bueno”, yo dije: “Yo lo tomo a Ud. como un hombre de honor. Yo–yo creeré su historia; Ud. dígame; dígame de su corazón”. Y él dijo: “Señor”, él dijo, “yo fui criado en un hogar Cristiano”. Y yo dije: “¿Y luego caer en esto?” El dijo: “Sí, señor”. Dijo: “Yo tuve la familia más adorable: tres hijos (dos niños y una niña), y la esposa más dulce que jamás ha vivido”. Y grandes lágrimas le empezaron a correr por su barba canosa. El dijo: “Yo era el presidente de ese banco que está allí, en una cierta esquina”. Y yo dije: “¿Es eso verdad?” El dijo: “Vaya al banco y pregúnteles”. Y él... Yo dije: “Bueno, ¿qué causó que Ud. hiciera esto?” El dijo: “Señor, reverendo señor”, el dijo, “una noche llegué a casa y allí había una carta de ‘Querido Juan’ puesta sobre la mesa. Mi esposa me había dejado”. El dijo: “Y yo–yo nunca había bebido, pero yo pensé: ‘Yo tengo que hacer algo, o tomaré una pistola y me volaré mis sesos’. Y empecé a beber, y aquí estoy”. Pensé: “¡Dios ten misericordia!” ¿Ven? “Desde ese entonces...” Eso fue lo que lo empezó. Siempre podemos pensar de un entonces.
43Entonces, es igual que la pareja joven que se casa. ¡Oh!, ellos se aman a más no poder. Cuando menos piensa... Yo iría a esa mujer que ha dejado a su familia, y yo le diría: “Señora: ¿qué la hizo dejar a su familia? Ud. tenía un buen esposo”. “Oh”, ella me diría, ella diría: “Hermano Branham, yo–yo–yo era tan pura como el rocío del cielo. Me casé con mi esposo y vine a él como una mujer virtuosa. Y él era un gran hombre; él trabajó y batalló y tuvo cuidado de mí, y los niños estaban... Mi pequeño niño rechoncho, cuando él nació, puedo ver a mi esposo con el muchachito en su espalda, cabalgando de punta a punta en el piso. ¡Oh!, si tan sólo pudiera estar allí otra vez”. Yo diría: “Bueno, ¿qué sucedió?” Ella diría algo de esta manera: “Bueno, todo iba bien. Y un día, un vendedor tocó en la puerta con cabello bonito y ondulado, y grandes ojos cafés, y desde ese entonces...” ¿Ven? De esa manera empieza: marca una ocasión; eso es sólo el principio de ello. No piensen Uds. que el pecado está siempre en la calle, en el arroyo; el pecado viste elegante y es hermoso. Seguramente que lo es. Yo siempre he dicho que satanás usa un traje de esmoquin, y un sombrero de copa alta, y carga un bastón en su brazo. Vigile a ese con el cabello grasoso alisado. Eso es correcto. Satanás no es un tonto, Uds. saben. El–él–él sabe cómo vestir elegante; él lo hace atractivo. ¿Ven?
44Y entonces, no siempre es “Charley Barleycorn” [personificación del licor de maíz–Trad.] de allá con su sombrero hasta sus ojos; algunas veces ése es un verdadero corazón honesto. Si él hubiera tenido un–un principio bueno o algo que le ayudaría a lo largo del camino, él se hubiera conducido bien. Pero no siempre... Yo lo he visto muchas veces, cuando he caminado con gente tan harapienta como puede ser, y yo he mirado... (Y yo tengo una manera de Dios para saber quién me quiere y quién no. Uds. saben eso). Así que, cuando yo veo a un hombre todo sucio y todo, yo muchas veces prefiero tenerlo a él conmigo, que alguien vestido elegantemente con su (quizás) cuello volteado y que me palmee la espalda, y dice: “Oh, Hermano Branham, lo apoyamos”, y saber allí mismo que él está mintiendo. ¿Ven?, ¿ven? Eso es. Yo no quiero nada que ver con un mentiroso. ¡Hermano!, uno puede esconderse de un ladrón, pero no de un mentiroso. Así que, eso–eso....
45Pero cuando llegamos a esas ocasiones: “Desde ese entonces...” Luego llega el año nuevo. Todos Uds. van y escriben una resolución: “Esta noche, esposa, te prometo: voltearé una nueva página, y yo–yo ya nunca beberé”. Y la mujer que fuma tantos cigarrillos, al grado que ya no puede más amamantar a su bebé (le daría veneno de nicotina, lo mataría), ella va a parar de fumar el año nuevo. El borracho va a dejar de beber el año nuevo; la persona inmoral va a parar su inmoralidad el año nuevo, y así por el estilo. ¿Qué hace Ud.? Sólo voltea una página nueva y la regresa otra vez al día siguiente. ¿Ven? Uds.... Eso... Uds. no empiezan bien. Todas estas cosas están bien; yo no tengo nada en contra de ellas. Pero eso....
46Igual que en el mundo, después de la Primera Guerra Mundial... Muchos de Uds. hombres de mediana edad, y como de mi edad... Creo que yo tenía ocho o nueve años de edad cuando terminó la guerra. Y recuerdo cuando ellos primero declararon la guerra en 1914; yo era un niñito sentado en una carreta. Mi padre tenía un saco de frijol. Eso es de lo que vivíamos: frijoles y pan de maíz; todavía me gustan. Y así que, ellos... mi papá estaba hablando tocante a la guerra, y que él quizás tendría que ir a la guerra. Yo dije: “Si esos hombres... vienen por ti, voy a agarrar este saco de frijoles y los voy a golpear con él”. Y así que, bueno, eso fue cuando yo era muy niño. Y luego, recuerdo que cuando él me compró mi primer par de zapatos, él– él dijo que iba allá, él y mi mamá, a escogerlos. Yo había estado descalzo. Uds. saben, los niñitos allá en las montañas en donde fui criado, sólo tenían, lo que uno le llama el viejo “nogal”, un pequeño como mandil o una faldita cuando uno era un muchachito. Yo usé eso hasta que tenía como unos seis años de edad, me imagino. Y mi primer par de zapatos, tenían una cubierta, que tenía hoyitos en ella. Y yo siempre, cuando me metía una astilla en mi mano, corría adonde mi Mamá, y ella me la sacaba, de esa manera. Y yo pensaba que esos hoyitos en mis zapatos eran porque ellos habían tomado una aguja y los habían “sacado” de alguna parte, pues mi Mamá había dicho que ella tenía que ir allá y “sacarme” un par de zapatos. [Aquí la frase es “pick me out”, que es “escoger”; pero también el verbo “pick out” en inglés, es “sacar”. Su mente infantil al oír esta frase, lo relacionó con los hoyitos que tenían los zapatos en la cubierta, pues creía que su mamá los había hecho al tratar de “sacar” los zapatos con la aguja, de algún lugar–Trad.]. Yo pensé que ella los había hecho con una aguja. Así que....
47Pero después de la guerra mundial, yo recuerdo que salió el mensaje: “Nunca más tendremos guerra. La guerra ha terminado”. Esas fueron buenas intenciones; ellos dijeron eso en serio. Y luego, ellos formaron lo que conocemos como la Liga de las Naciones, tomando tantos hombres (soldados) de cada nación, y ellos patrullarían toda la tierra. Esas fueron buenas intenciones, pero no funcionó, porque no era el programa de Dios. Ahora, nosotros tenemos lo que llamamos la O.N.U.; y los que están en la O.N.U., casi están con las pistolas apuntándose uno al otro. Eso nunca funcionará. Pero sí hay algo con lo que Ud. en una ocasión se puede encontrar, y desde ese entonces, todo será cambiado. Eso es cuando Ud. se encuentra con Dios, y desde ese entonces, Ud. es una persona cambiada. Un hombre se puede encontrar con Dios, y decir: “Desde ese entonces...” Ud. nunca será el mismo después que se encuentra con Jesucristo. Permítame asegurarle eso: Ud. nunca, nunca será el mismo después que se encuentra con Jesús. Entonces Ud. siempre se referirá al pasado: “Desde ese entonces....”
48Entrevistemos en esta noche a algunas personas que se encontraron con Dios. Pensemos del padre Abraham. El sólo era un hombre común. El salió con su padre de Babilonia, y habitó en los valles de Sinar, en la ciudad de–de Ur, la tierra de los caldeos. El no era nada especial; él no era una persona santa. El sólo era un hombre común como Ud. o yo. Y un día... Tal vez él era un granjero allá en los campos de granjas y... o algo, y un día, él se encontró con Dios. El nunca tuvo más fe que cualquier otro hombre, pero cuando él se encontró con Dios a la edad de setenta y cinco años de edad, cambió todo su ser, porque él se encontró con Dios. Dios le dijo... El siendo de setenta y cinco años de edad, y él se había casado con su media hermana, Sarai; y en ese entonces, ella era de sesenta y cinco años de edad. Y Dios le dijo a Abraham que él iba a tener un bebé por medio de Sarai.
49Ahora, eso hubiera sido... Si hubiera sido alguien más que hubiera ido a él y dicho (algunos de sus asociados) y dicho: “Abram: tú vas a tener un bebé por medio de Sarai, y ella va a tener un niño. Y tú....” Abraham se hubiera reído, doblado de la risa, y dicho: “¿Yo? ¿Un anciano como yo? ¿Y mi esposa treinta años... o mejor dicho, veinte años pasada la menopausia? Y yo he vivido con ella desde que ella tenía diecisiete años de edad; ella es estéril, y yo soy estéril. Y, ¿cómo podremos tener un bebé, yo de setenta y cinco y ella de sesenta y cinco?” El se hubiera reído en la cara de su amigo. Pero él se encontró con Dios. Y desde ese entonces él llamó a toda cosa contraria a eso, como si no fuese. ¡Amén! El se había encontrado con Dios.
50Si la persona enferma alguna vez se puede encontrar con Dios, no importa cuán inválida permanezca, cuán enfermo Ud. permanezca, cuán ciego Ud. permanezca, si Ud. se encuentra con Dios, hay algo que se graba en Ud., y Ud. ya no ve ninguna de estas circunstancias. Ud. mira a lo que Dios dijo. Si Dios alguna vez pudiera–pudiera pasar por los cuidados de la vida para entrar en su corazón, e inculcar una fe allí, no hay nada en el mundo que lo sacuda de ello. Cuando un hombre se encuentra con Dios, desde ese entonces en adelante, él es una persona cambiada. Abraham era de cien años, y él todavía estaba llamando todo contrario a ello como que si no fuese. La evidencia se hizo más grande, y más grande, que se acumuló contra él; Sara era de noventa años y él era de cien. El todavía le estaba dando alabanza a Dios, fuerte, no dudó, por incredulidad, sino estaba dando alabanza a Dios cada día, que él tendría el bebé. ¿Por qué? Dios se había encontrado con él; Dios fue misericordioso. Dios confirmó el pacto con él.
51¿Tendríamos tiempo para tomar esa confirmación en el capítulo 16 de Génesis? O, ¿pudiéramos también tomar el capítulo 17?, cuando El se encontró con él en el Nombre del Dios Todopoderoso, lo cual significa: “El Shaddai”, que significa: “El...” La palabra hebrea: “El pecho de una mujer”. El Shaddai: “El Fuerte, el–el que Satisface, el que Nutre”. Era un hombre anciano, de cien años de edad, y Dios se encontró con él, y dijo: “Yo soy El Shaddai”. Ahora, “shad” significa: “El pecho de una mujer”, pero “shaddai” significa: “El que tiene pechos”, plural. Ahora, El no es únicamente un Dios con “un pecho”, sino que El es un Dios con “pechos”. “Mas El herido fue por nuestras rebeliones; por Su llaga fuimos nosotros curados”. Si Uds. necesitan salvación, aférrense y mamen de ese pecho de Dios, Su Palabra, Su promesa. Uds. vendrán de esos caminos de pecado e inmoralidad, para ser una persona piadosa y santa. Si Uds. están enfermos: “Por Su llaga fuimos nosotros curados”. Sólo echen mano de la otra promesa de Dios y mamen.
52¿Qué tiene que hacer el bebé? El bebé... Nosotros somos los bebés de Dios. Yo quiero que capten esto, hermanas, y todos Uds. allí. Nosotros somos los bebés de Dios. ¿Y qué hace el bebé cuando está enfermo y molesto cuando está muy molesto y enfermo? Ahora, la única cosa que Uds. tienen que hacer... La única cosa que lo pacificará, es que la madre lo levante, lo ponga en su regazo, y le dé de mamar. Ahora, ¿qué hace la madre? La madre produce la leche, y el bebé (amamantando al bebé) mama la fuerza de la madre. Entonces el bebé es fortalecido por medio de la fuerza de la madre. Y cuando echamos mano de la promesa de Dios en nuestro corazón, estamos mamando de la fuerza de Dios, el Fuerte. Estamos mamando...?.... Y pensar que cuando un bebito está acostado en la madre... en el regazo de su madre, eso se... eso para su molestia. Tan pronto como echa mano del pecho de la madre, se para su molestia. Ya no se molesta más; está satisfecho. Su molestia se termina. Entonces cuando echamos mano de la promesa de Dios, cuando Dios nos la revela: “Yo soy Jehová que sana todas tus dolencias”. “El que quiera, que venga”. Yo he guardado Su esperanza, entonces estoy satisfecho, mientras estoy mamando mi fuerza de nuevo de Jehová, el Dios Todopoderoso, el Dador de fuerza.
53Qué aliento para un hombre anciano de noventa años de edad, que estaba casi muerto, y la matriz de Sara, que ya estaba cerrada cuando ella nació estéril. Y qué mensaje: “Yo soy tu Dador de fuerza; Yo soy El Shaddai. Tú eres de cien años de edad, pero sólo eres un bebé para Mí. Acuéstate aquí en Mis brazos, y echa mano de Mi promesa; y nunca te sueltes de la promesa. Entonces: ¿qué puedes hacer tú? Mientras la barba de anciano aparece, mientras el cabello encanece, tú todavía puedes mamar y estar satisfecho que Yo cumpliré Mi Palabra”. El doctor puede decir: “Ud. se está poniendo peor y peor”. Eso no lo afecta a Ud. para nada. Ud. todavía está mamando del–del pecho de El Shaddai. “Dios, Tú lo hablaste a mi corazón; Tú me diste la promesa. Todos los diablos del infierno no me la pueden quitar. Yo estoy satisfecho que sanaré. Estoy mamando de El Shaddai”. ¡Amén! Déjeme decirle, hermano, eso le quita el hueso de pechuga y le pone un espinazo allí (seguro que lo pone), cuando Ud. echa mano de Dios.
54Cuando Abraham... Cuando El estaba confirmando el juramento, se fijan que El dijo: “Tráeme un alfolí... una cabra, un carnero; tráeme un carnero, y también tráeme una becerra de tres años. Y toma estos...” Y él los partió por la mitad, dejándolos una enfrente de la otra. El dijo: “Tráeme una tórtola y un palomino”. Pero, ¿se fijaron Uds....? Quisiera que tuviéramos tiempo de entrar en ello. Estoy observando ese reloj. Y yo estoy... Yo no quiero salirme de mi tema. Pero Abraham tomó.... Dijo: “Tráeme los dos... mejor dicho, una tórtola y un palomino”.
55Ahora, la tórtola siempre representaba, o mejor dicho era una expiación para la enfermedad. ¿Ven?, las tórtolas no eran partidas; los otros sí eran partidos, porque el–el pacto del Evangelio fue cambiado de la ley a la gracia, pero la sanidad Divina siempre ha permanecido igual. Para la cura de la lepra, ellos tomaban un palomino o una tórtola, y le cortaban su cabeza, y derramaban la sangre de una sobre la otra, y salía, para la limpieza de la lepra, clamando: “Santo”. Ahora, fíjense en esto: no partían la tórtola y el palomino. Ahora, fíjense en este símbolo. ¡Oh, hermanos! Espero que capten esto. En... Cuando Dios... Abraham espantaba a todos los pájaros de eso, las aves del aire, hasta que el sol se empezaba a ocultar. Y cuando el sol se ocultó (significando que el tiempo no será más), entonces un sueño profundo cayó sobre Abraham, como cae sobre todo mortal que nace en la tierra: entramos en el sueño de la muerte. Uds. no mueren, sólo se van y cambian sus lugares de morada.
56Ahora, un sueño profundo cayó sobre Abraham, y él miró, y delante de él estaba un–un horno humeante. Todo pecador que muere, y todo hombre que nace en este mundo, viene a través de un nacimiento sexual; está sujeto a muerte. Todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios, y todo hombre nace en este mundo como un pecador. A mí no me importa cuán santos eran sus padres, Uds. vinieron a este mundo de la misma manera que vino un pecador o cualquier otro. Somos... Uds. son pecaminosos. “Nosotros nacimos en pecado, formados en iniquidad, venimos al mundo hablando mentiras”, dice la Palabra. Uds. están–Uds. están–Uds. están derrotados para empezar. Y entonces, para todo mortal que muere, el infierno es su lugar de descanso. Ese es todo el descanso que recibe. Eso vino delante de Abraham. Fíjense: luego más allá de eso, después de la muerte viene el infierno, pero más allá del infierno, vino una Lucecita blanca. ¡Oh, hermano! ¡Bendito sea el Nombre del Señor! Esa Lucecita blanca pasó de un extremo al otro entre esos sacrificios. El dijo: “¿Ves, Abraham, lo que Yo voy a hacer?” El estaba confirmando el pacto con Abraham. Ahora, quizás explique eso rápidamente.
57Miren: hoy en día, nosotros americanos, ¿qué hacemos cuando confirmamos un pacto, cuando vamos a hacer un trato de negocio? Cuando menos se piensa, yo extiendo mi mano y estrecho la mano del compañero, y digo: “Trato hecho”. De esa manera hacemos un pacto: estrechamos. Estrechamos las manos. Lo confirmamos (correcto); estamos de acuerdo sobre eso. Eso es un pacto. Ahora, en Japón, ¿saben Uds. cómo hacen ellos un pacto allá? Ellos lo hablan, y luego toman un platito lleno de sal y se arrojan sal uno al otro. Eso es un pacto en Japón.
58Pero en los días de Abraham en el oriente, la manera que ellos hacían un pacto, era tomar una bestia, como una oveja o algo, y la mataban y la cortaban por la mitad; y cada uno pasaba entre esos dos pedazos de la bestia. (Ahora, ¿ven lo que la Lucecita blanca estaba haciendo?) Y ellos escribían este pacto: “Yo estoy de acuerdo en hacer esto y esto, y esto y esto”. Ahora, cuando ellos hacían este pacto entre ellos, ellos decían: “Si rompemos este pacto, si rompemos este pacto, que nuestros cuerpos sean como este cuerpo muerto de bestia sobre el cual juramos”. Entonces ellos tomaban el pacto y lo rompían por la mitad de esa manera, y uno tomaba un pedazo y el otro el otro. Nunca podían ser duplicados. Uds. nunca pueden duplicar ese pedazo de papel, no importa lo que Uds. hagan. Se tienen que juntar y coincidir, los pedazos de letras que fueron rotas. Uds. nunca serían capaces de hacerlo. Uno trae uno, y el otro el otro. Y cuando ese pacto es confirmado y traído... el juramento es confirmado, entonces juntaban estos dos pedazos, y encajan una pieza con la otra pieza.
59Ahora, ¿cuál era el pacto oriental que Dios le estaba dando a Abraham? Que por medio de la simiente de Abraham vendría el Señor Jesús, el Bendito. Dios lo llevó al Calvario y El lo rasgó, separó Su alma de Su cuerpo. Y Su cuerpo, Dios lo resucitó al tercer día, y lo llevó arriba y lo sentó a Su diestra. Y en el Día de Pentecostés, El envió el Espíritu que estaba en Jesucristo, el Pacto con la Iglesia. Y cuando la Iglesia venga junta en la resurrección, el mismo Espíritu que estaba en Jesucristo, que fue separado de El, tendrá que estar en la Iglesia. Uds. no pueden copiar nada como Eso; Uds. no pueden hacer nada diferente de Eso. Tiene que ser el mismo Espíritu Santo que habitaba en Cristo. Y cuando venga el rapto, cuando venga ese cuerpo, Su Novia que fue separada de El, hará... el Espíritu Santo hará que esa Novia encaje exactamente en el Cuerpo de Jesucristo. Y, ¿pueden ver Uds. desde los días de Lutero a Wesley, a los Pentecostales, y ahora el tiempo del fin, cómo ese Espíritu le está dando forma? Las mismas señales y maravillas que El hizo en la tierra están siendo hechas en la Iglesia hoy en día. Es ese pacto que Dios hizo con Abraham, y nosotros somos hijos de Abraham. “Estando muertos en Cristo, tomamos la simiente de Abraham y somos herederos de acuerdo a la promesa”. Desde ese entonces, la Iglesia tuvo un pacto. Sí, fue diferente.
60Ahora, cuando Moisés, un profeta fugitivo allá en la parte de atrás del desierto... Ese hombre nació para ser un profeta. Y él fue un gran hombre; él estudió las hazañas militares. Pero él trató de obrar eso con toda su intelectualidad. Bueno, él era tan inteligente, que podía enseñar a esos maestros egipcios. El era un hombre inteligente. Ahora, allá en la parte de atrás del desierto, ¿qué dijo él? “Yo fallé, así que mi pueblo todavía está en esclavitud. Quizás más vale que estudie un poquito de mis matemáticas, o de mi estrategia, o las estrategias del ejército, o alguna otra cosa. Voy a ir allá y tomaré dos años más de escuela, y quizás yo sea capaz de liberar a mi pueblo”.
61Haciendo él eso para adquirir inteligencia, es como enviar a un hombre para que aprenda a ser un predicador. Dios llama a los hombres que no saben la diferencia entre frijoles y café. ¿Qué importa eso? Mientras él conozca a Cristo, esa es la cosa principal. ¡Si Uds. alguna vez lo han conocido a El! Yo preferiría tener a alguien con uno de mis hijos aquí en un–en un campo de artemisa en alguna parte, junto a un tronco viejo, que ni siquiera sabe su abecedario, o sabe cuál es la mano derecha o la izquierda. Si él conoce a Jesucristo, me gustaría tenerlo al lado de mi hijo, antes de tener a cualquier profesor que sabe mucha teología, y que sabe tanto tocante a Dios como un conejo sabe tocante a zapatos para la nieve. Yo quiero... Déjeme decirle, hermano, lo que necesitamos hoy es regresar a la Biblia y regresar en la iglesia el Bautismo del Espíritu Santo chapado a la antigua, y cortar mucho de esta otra cosa. Yo no estoy tratando de apoyar la ignorancia. Yo quiero decir que si Uds. han recibido la educación más eso, amén. Pero el pacto educacional caerá uno de estos días; pero el pacto con Dios durará para siempre, y para siempre, y para siempre. Continuará a través de los eones de tiempo hasta la Eternidad.
62Ahora, Moisés, él no tenía que mejorarse en nada; la única cosa que él tenía que hacer era encontrarse con Dios. Y un día, Dios descendió y escogió una zarza allá, y dijo: “Ven aquí, Moisés. Yo te quiero hablar”. Uds. saben, hay una cosa extraña al respecto. Moisés podía decir: “Desde ese entonces, algo sucedió”. Mírenlo. El se había establecido detrás del monte... mejor dicho, al pie del monte. Y cuando él lo hizo, se casó con una hermosa mujer etiope; y ella era bonita, y ella tuvo un hijito llamado Gersón. Y oh, a él sencillamente le estaba yendo bien. El se había casado con una hija de sacerdote, un sacerdote de Madián, la hija de Jetro, Séfora, y ellos–ellos se llevaban bien; tenía una pequeña familia adorable, tenía bastantes ovejas. Y le estaba yendo bien, así que él se olvidó del pueblo. Pero cuando Dios lo encontró a él, El lo cambió. Mírenlo allí, ese gran pastor allí; pero a la mañana....
63¿Saben Uds.?, algunas cosas... una cosa al respecto: cuando un hombre se encuentra con Dios, uno siempre se da cuenta. El hará las cosas más ridículas, en comparación a las que él solía hacer. Miren a Moisés. Ahora, Moisés, a la mañana siguiente después que él se había encontrado con Dios en esa zarza ardiendo, y Dios le dijo que fuera a Egipto... El dijo: “Primero: muéstrame Tu gloria”. Y El le mostró sanidad Divina, cómo El podía sanar su mano leprosa. Y él iba rumbo a Egipto. Ahora mírenlo a la mañana siguiente; allí iba él rumbo allá. Ahora, era de ochenta años de edad. ¿Saben Uds.?, les tomó cuarenta años para meterle la teología en él; y le tomó a Dios cuarenta años para sacársela a golpes de él (correcto), para quitar de él lo que el mundo había metido en él. Pero Dios lo puede hacer en Uds. en cuarenta segundos, si tan sólo le permiten a El hacerlo. Pero luego....
64Ahora, allí estaba él a la mañana siguiente. Un día era un escolar instruido, con toda la sabiduría de los egipcios, y a la mañana siguiente, miren a ese escolar. El tiene a su esposa sentada a horcajadas en una mula; ella tiene a ese niño en su cadera. Y él tiene una grande y larga...?... El tiene una barba así de larga, su cabeza calva brillando, una vara en su mano, yendo allá, cojeando: “¡Gloria!, ¡gloria!” “¿Adónde vas Moisés?” “¿Qué dijiste? ¿Eh?” “¿Adónde vas?” “Voy allá a Egipto a conquistar”. Una invasión de un solo hombre. ¡Pero él lo hizo! ¡El lo hizo! ¿Por qué? El se encontró con Dios. Y cuando los problemas se pusieron fuertes, y la–y la... todo yendo mal, él recordó que se había encontrado con Dios en esa zarza ardiendo. Eso ardía en su corazón, no importaba cuán crueles se pusieron los egipcios, y cuánto ellos no dejaban ir a los hijos de Israel, cuántas veces ellos se quejaron en el desierto, y dijeron: “Hubiéramos querido que Dios...”, y querían apedrearlo, y.... [Porción sin grabar en la cinta–Ed.].... Yo creo que eso no le molestó ni una pizca a él; él siguió hacia la tierra prometida, pues él se había encontrado con Dios en una zarza ardiendo. Sí, señor.
65Fue la pequeña virgen María, sólo una muchachita común, en una ciudad más vil que ésta. Pero ella no fumaba o bebía; ella era una virgen. Y ella... Un día ella iba en su camino con probablemente una pequeña cubeta bajo su brazo, yendo hacia el pozo público para coger–coger algo de agua, el abastecimiento diario de agua. Sólo imaginémosla a ella caminando al lado del camino, caminando por allí hablando, o cantando para sí misma, quizás algún buen himno: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; confortará mi alma”.
66[Porción sin grabar en la cinta–Ed.].... era un cántaro en esos días, en lugar de una cubeta. Y de repente la gran Columna de Fuego bajó enfrente de ella. De ese fuego salió Gabriel, el Arcángel. Dijo: “¡Salve, María! (Eso significa: ‘Detente. Espera un momento’). ¡Detente, María! Bendita tú entre las mujeres. Tú has encontrado favor con Dios, y tú vas a tener un bebé, sin conocer hombre”. Dijo: “¿Cómo será esto?” Dijo: “El Espíritu Santo te cubrirá con Su sombra. Y ese Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. ¡Amén! Desde ese entonces en adelante, María fue una mujer diferente. Esa virgencita tímida iba por dondequiera testificando: “¡Yo voy a tener un bebé, sin conocer hombre!”
67Ella no esperó hasta que estaba segura; ella no esperó hasta que ella sintió vida; ella no esperó ninguna... La palabra del Angel fue suficiente para ella. Ella se había encontrado con Dios. Ahora, eso... Si Uds. pudieran hacer eso ahorita, si nosotros tuviéramos más Marías aquí en esta noche, si tuviéramos Marías que no esperan hasta que: “Yo esperaré hasta que... veré si yo me siento un poquitito mejor, antes que diga algo”. Antes que ella sintiera cualquier cosa o algo más, ella sencillamente tomó a Dios en Su Palabra y empezó a alabarlo por ello. ¡Oh, hermanos! Sigámosla por unos cuantos momentos; observémosla. Rápidamente.... Ella tenía una–una prima llamada Elizabet. Y Elizabet... El Angel le dijo a ella, le dijo: “Tu prima, Elizabet, está anciana...” Zacarías era un sacerdote; lo encontró en el templo, parado a la mano derecha del altar, y le dijo que él iba a tener un hijo por medio de Elizabet. Y ella iba a concebir después de los días de su ministración en el templo. Y ella....
68Bueno, él dudó. Ese... Sólo piensen que ese sacerdote anciano tenía muchos ejemplos como el de Ana en el templo, y–y Sara (de la que acabamos de hablar), ancianas y teniendo bebés, y sin embargo dijo: “¡Oh, esto no puede ser! ¡Mi esposa está muy anciana!” El dijo: “Yo soy Gabriel que vengo de Dios. Tú estarás mudo hasta el día que nazca el bebé. Tú lo llamarás Juan”. Y él estuvo mudo. Y él fue allá, y su esposa, ella concibió. Y ella tenía seis meses sin ninguna vida en el bebé, y ella estaba mucho muy preocupada. Así que María había oído tocante a esto. Así que veo sus mejillitas rosadas, mientras caminaba, tan feliz como podía estar; no sentía nada todavía. Jesús nunca dijo: “¿Lo sentiste?” El dijo: “¿Lo creíste?” Uds. deben creerlo. En el momento que Uds. creen....
69“Cuán preciosa esa gracia que se manifestó, la hora en la que primero sentí”. Eso no suena correcto, ¿suena? “La hora en la que primero creí. ¡Cuando creí en Dios!” Eso fue lo que la hizo preciosa. ¡Oh!, Dios está haciendo Su aparición noche tras noche en las reuniones, y mostrando las grandes señales y maravillas; ¡oh!, eso debería conmover nuestros corazones. Seguro que sí. “Cuán preciosa esa fe que se manifestó... gracia, la hora en la que primero creí”. Allí iba María, sus mejillitas rosadas, sus ojitos centellando, brillantes, se arregló toda, y por los montes de Judea se fue, adonde vivía su–su prima. Y yo puedo ver a Sara....
70Yo veo mujeres en la calle... Estando cenando hoy, yo–yo... Ellos me hubieran echado fuera del restaurante, si yo no hubiera vuelto mi espalda. Una mujer entró allí, ya para ser madre en cualquier momento, con unos pantaloncitos cortos puestos, una mujer muy robusta, ¡oh!, y fumando un cigarrillo. Y el doctor dice que es una de las peores cosas que mata. Escuche, hermano, eso es un sabotaje. Seguro que lo es. Y los doctores dando advertencias que produce cáncer en la garganta y en los pulmones... y fumando eso, pasándolo directamente a ese bebé. Pero eso.... Pero las mujeres eran diferentes en esos días. Ella fue y se escondió, se apartó de la vista de los hombres, y ella se metió y se escondió. Y estuvo allí por–por seis meses; el pequeño Juan no se había movido. El estaba formado en el vientre de su madre. Nosotros sabemos que eso no es normal.
71Así que quizás levantó la ventana, las cortinas, miró afuera de esta manera, y ella vio que venía una mujer hermosa, como de unos dieciocho años de edad. Ella miró otra vez. “¡Oh!”, ella dijo: “¡Es María! ¡Oh, qué cosa!” Y ella cogió su pequeño chal y se lo puso, y allí salió corriendo, rápidamente. Y su esposo estaba mudo en ese tiempo; él no podía hablar. Salió corriendo y tomó el–tomó el pequeño chal y se arropó con él, y salió corriendo. Ella había estado sentada allá al fondo, tejiendo botitas y cosas, Uds. saben, preparándose. Uds. saben, las cobijitas y cositas de tejido. Y así que ella salió corriendo, y ella dijo: “¡Oh, María!”
72En esos días, Uds. saben, ellos se abrazaban uno al otro; ellos tenían amor el uno para el otro. Hoy en día, uno ya no ve que lo hagan. Yo estaba en el centro. (Mi esposa no está aquí esta noche, pero yo lo he dicho cuando ella está presente). Bueno, fuimos al centro no hace mucho tiempo, y una hermana dijo: “Hola, Hermana Branham”. Yo dije: “No le contestaste a ella”. Ella dijo: “Sí, yo le contesté”. “Bueno”, yo dije: “¿Cómo te oyó ella allá en la calle, cuando yo estoy sentado a tu lado y yo no te oí?” “Oh”, ella dijo: “Me sonreí”. Yo dije: “Una sonrisita simple, eso no es nada. ¡Qué cosa! ¿Por qué no le hablaste a la hermana?”
73Me molesta ver esas cosas. Hace tiempo, yo estaba en Florida, y allí estaba un–un... Estábamos teniendo una reunión allí en unos campamentos que le pertenecían a una duquesa. Y ellos dijeron... Uno de los administradores vino y dijo: “La duquesa quiere verte”. “Bueno”, yo dije: “¿Quién es ella?” Y dijo: “Bueno, ella–ella es una gran mujer aquí. Ella es una duquesa”. Yo dije: “Bueno, eso... Ella sólo es una mujer, ¿no es así?” Dijo: “Sí”. Entonces yo dije: “Bueno, mire, si Ud. me va a dar tiempo para hablar con ella, ¿qué de algunas de estas pobres personas enfermas aquí que lo necesitan más?” ¿Ve? Y yo dije: “¿Qué del tiempo de ellos?” ¿Ve? “Oh”, dijo: “Pero ella–ella... la tendré detrás de la plataforma”.
74Y me encaminé allá. Ella estaba parada allí con un par de lentes en su mano con una varilla al lado, sosteniéndolos lejos de ella de esa manera. Ahora, cualquiera con sentido común sabe que uno no pudiera ver con–con lentes sosteniéndolos lejos de esa manera. ¿Ven? Era una mujer corpulenta, con suficientes joyas en su brazo como para enviar a un misionero cinco veces alrededor del mundo. Sí, señor. Colgándole en.... Y ella dijo: “¿Es Ud. el Doctor Branham?” Yo dije: “No, señora; no”. Yo dije: “Yo soy el Hermano Branham”. “Oh”, ella dijo: “Estoy encantada”. Y ella puso esa manota manteniéndola arriba de esta manera. Ahora yo agarré esa... Yo extendí mi mano hacia arriba, y tomé su manota gorda, y se la bajé hasta aquí. Yo dije: “Estoy contento de conocerla”. Yo dije: “Póngala aquí abajo para conocerla la siguiente vez que la vea”. ¿Ven? Correcto. A mí me gusta un fuerte saludo de manos chapado a la antigua. A mí–a mí–a mí me gusta que la gente sea exactamente lo que es. Pretendemos mucho de esto, “perro americano” [persona que pretende ser lo que no es– Trad.], como nosotros lo llamamos. Nosotros somos Cristianos. Vivamos como Cristianos y seamos hombres y mujeres, soldados de la cruz. ¡Todas estas tonterías aquí serán...! A mí me gusta ese bueno y antiguo saludo de mano, cuando uno lo siente.
75Paul Rader dijo en una ocasión, que él había dejado a su esposa sentada en la mesa, y ellos habían tenido una pequeña discusión tocante a alguna parte a la que él la quería llevar. (El gran Paul Rader, Uds. lo conocen; un buen amigo mío). El dijo que él–él como que se enojó, así que él–él se dirigió a la puerta. Y su esposa siempre lo esperaba allí y le daba un beso de despedida. Y salía por los escalones, y seguía caminando hasta el fin de la banqueta, y le respondía a ella con un gesto de despedida, y se iba a trabajar. Dijo que ellos habían tenido una pequeña discusión en la mesa tocante a algo. Y ella se quedó parada a la puerta, y él la besó. [El Hermano Branham hace un ruido imitando un beso–Ed.]. “Adiós”. Ella dijo: “Adiós”. Salió y se fue allá a la... y se volteó en el portalón, le hizo un gesto de despedida, y dijo que ella estaba parada a la puerta llorando. El dijo: “Adiós”. Y ella dijo: “Adiós”. Se fue por la calle, y dijo que algo empezó a obrar en su corazón (el Espíritu Santo echo mano de él, Uds. saben), empezó a obrar en su corazón. Y él dijo: “¡Oh, ¿qué si ella muere mientras no esté allí? ¿Qué si ella cae muerta? ¿Qué si yo muero? ¿Qué si me atropellan en la calle aquí en Fort Wayne antes que regrese? ¿Qué pudiera hacer?” Así, hablando de esa manera. ¡Oh, qué cosa! Dijo, él dijo: “Oh, tuve tal convicción, no sabía qué hacer”. El dijo: “Me regresé rápidamente, abrí el portalón de un jalón, y corrí y empujé la puerta para abrirla, y dije...Miré por todos lados y dije: ‘Elena, ¿en dónde estás? ¿En dónde estás?’” Dijo: “Yo oí un sollozo [el Hermano Branham imita un sollozo–Ed]”. Dijo: “Ella estaba parada detrás de la puerta”. Dijo: “Yo la miré de esa manera”. Dijo: “Yo no dije una sola palabra”. Dijo: “Sólo la abracé, y la besé, y yo dije [el Hermano Branham hace un ruido imitando un beso–Ed]: ‘Adiós’. Ella dijo: ‘Adiós’”. Así que él salió corriendo por el portalón, y volteó y miró para atrás. Y dijo: “Ella estaba parada a la puerta, y yo dije: ‘Adiós’, y ella dijo: ‘Adiós’”. Dijo: “Ella me hizo un gesto de despedida como lo hizo la primera vez, pero esta segunda vez había un sentir un él”. Así que eso es cómo....
76De esa manera es cuando le sirve al Señor, Ud. sabe. Ud. tiene que poner su corazón en ello; tiene que ser sincero. Ud. se tiene que encontrar con Dios, no ir a la iglesia y hacer una confesión fría de ojo seco; vaya allá y quédese allí.... Yo fui criado en una iglesia Bautista, Uds. saben eso. Y nosotros no éramos Bautistas como todos Uds. Bautistas aquí: entran y estrechan manos, y toman la diestra de compañerismo, y ponen su nombre en el libro, y son bautizados. Ibamos al altar y nos palmeábamos uno al otro en la espalda hasta que hacíamos contacto. Nosotros recibimos algo, hermano. Quiero decir... Uds. necesitan más... Uds. necesitan aquí a algunos Bautistas de Kentucky, de la antigua iglesia misionera Bautista. Déjenme decirles, ellos... La única diferencia que yo veo entre ellos y la gente Pentecostal, es que ellos no aceptaban hablar en lenguas; eso es todo lo que sé. Ellos.... Nosotros hacíamos contacto; nos quedábamos allí en el altar, y las madres ancianas alrededor de nosotros llorando y orando y palmeándonos en la espalda hasta que algo sucedía. Nos quedábamos allí hasta que moríamos, y nacíamos de nuevo, y llegábamos a ser una nueva criatura en Cristo Jesús. Sí, señor. Qué lástima que tengamos... Tenemos que encontrarnos con Dios. Cuando el hombre se encuentra con Dios, es diferente. El es una–él es una persona diferente desde ese entonces en adelante.
77Hubo un leproso en una ocasión, lleno de lepra. Y cuando él se encontró con Dios, desde ese entonces en adelante, él no tuvo lepra. Hubo una mujer inmoral que fue al pozo en una ocasión para coger agua. Y ella vio a un–un judío sentado al otro lado. Y ella bajó el cántaro; era tan inmoral que no podía venir con las mujeres decentes. Ellos las segregaban en ese entonces; ellos no lo hacen ahora. Así que ellos sólo... Eso es la sociedad. Así que ellos pusieron el pozo... Bajó el cántaro y empezó a subirlo de esa manera. Y cuando lo hizo, ella oyó a alguien decir: “Dame de beber, mujer”. O mejor dicho: “Mujer: dame de beber”. (De esa manera El lo dijo, porque el verbo siempre está antes del adverbio en esa región). Pero El dijo: “Dame de beber”. Y así que ella dijo: “No es costumbre que Uds. judíos le pidan tal cosa a los samaritanos. No tenemos tratos el uno con el otro”. El dijo: “Pero si tú supieras con quién estás hablando, tú me pedirías a Mí de beber. Yo te daría agua que tú no tendrías que venir aquí a sacarla”. “Bueno”, ella dijo: “El pozo es hondo, y ¿cómo tú...? ¿Cómo la vas a sacar de todas maneras?” El dijo: “El agua que Yo doy es Vida, Vida Eterna borboteando en el alma”. “Bueno”, ella dijo: “Nuestros–nuestros padres adoraron en este monte y tú dices que en Jerusalén....”
78Y El siguió con la–con la conversación hasta que El captó su espíritu. Cuando El captó su espíritu, El dijo: “Bueno, ve, llama a tu marido, y ven acá”. Ella... (Recuerden: ella era una mujer inmoral). Así que dijo: “Ve, llama a tu marido, y ven acá”. “Bueno”, ella dijo: “No tengo marido”. El dijo: “Tú has dicho la verdad; porque tú has tenido cinco, y con el que tú estás viviendo ahora no es tu marido. En esto bien has dicho”. Observen a esa mujer. Rápidamente... Ella se había encontrado con Alguien, el Mismo con el que Uds. se encuentran todas las noches. ¿Los cambiará a Uds. como la cambió a ella? Ella dijo: “Señor, me parece que Tú eres un profeta”. Qué diferente fue en comparación a ese sacerdote que dijo que El era Beelzebú. Ella estaba mejor instruida que la mitad de los predicadores, y sin embargo era una prostituta. Dijo: “Señor, me parece que tú eres profeta. Ahora, sabemos... Nosotros, los samaritanos, estamos esperando que venga un Mesías; El será un Diosprofeta. El será el Mesías, pero El nos declarará estas cosas. El hará estas mismas clases de obras cuando El venga”. ¿Es esa la señal del Mesías? Lo era en ese entonces. ¿Ven? Dijo: “Sabemos... Yo sé que tú eres profeta; me parece que tú lo eres. Nosotros sabemos que cuando el Mesías venga, El nos declarará estas cosas. Pero, ¿quién eres tú?” Jesús dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.
79Ahora, yo quiero que el incrédulo me diga de una sola vez que Jesús dijo... Muchos incrédulos dicen: “Jesús nunca reclamó ser el Hijo de Dios”. El lo reclamó allí. El dijo: “Yo soy, el que habla contigo”. Y rápidamente ella dejó ese cántaro, y desde ese entonces, desde ese entonces, ella supo que el Mesías estaba en la tierra. ¡Oh, hermanos! ¡Si únicamente nosotros pudiéramos hacer la misma cosa en esta noche! ¡Si pudiéramos comprender que El no está muerto! El está vivo por los siglos de los siglos; El vive para hacer intercesiones. “Porque Yo vivo, vosotros también viviréis”. Aquí El está en nosotros; Su Espíritu está entre nosotros. Desde ese entonces, los hombres de la ciudad creyeron en Dios debido al testimonio de la mujer. Jesús nunca lo hizo otra vez allí; El sólo fue allá y lo hizo en esa sola ocasión, y toda Samaria creyó en El. El nunca tuvo un solo servicio de sanidad; El estaba reservando eso para Felipe. Pero, desde ese entonces en adelante, esa mujer fue cambiada, esa ciudad fue cambiada.
80En una ocasión un pescador, con un delantal grasoso amarrado en él, su hermano, Andrés, lo trajo ante Jesús. Y tan pronto como él vino ante Jesús, Jesús dijo: “Tú nombre es Simón; tú eres el hijo de Jonás”. Y desde ese entonces, desde ese entonces, fue un hombre diferente. Felipe fue y encontró a Natanael y lo trajo ante El, y El dijo: “He aquí un israelita en quien no hay engaño”. El dijo: “Rabí: ¿cuándo me conociste?” El dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Y desde ese entonces, desde ese entonces, él fue un hombre cambiado. Cualquiera que alguna vez entra en contacto con Dios, es cambiado.
81Hubo un judiito de nariz aguileña... La Iglesia con las llaves habían hecho un gran desatino. Ellos habían ido por allí y dicho: “Miren: juntémonos todos”. (Veremos qué bien hicieron las llaves). Habían ido por allí y dicho: “Juntémonos todos y seleccionemos un hombre, uno que ha entrado y salido entre nosotros desde el principio, para que tome el lugar de Judas, porque está escrito en la Escritura: ‘Sea hecha desierta su habitación... y tome otro su obispado’”. Y dice que echaron suertes, y cayó sobre Matías, y él nunca hizo una sola cosa. Ese fue el escogimiento del hombre. Y Dios fue y tomó al hombrecito más malo que había en la ciudad, para que tomara su lugar: un judiito. El dijo: “Yo le mostraré lo que Yo haré que él haga por mí”. Y él observó a Esteban cuando él murió; eso como que lo conmovió. Luego cuando menos pensó, él iba en su camino allá. El traía una carta en su bolsillo, decía: “Yo agarraré a todos esos ‘santos rodadores’. Yo traigo aquí la carta del sumo sacerdote. Iré allá a Damasco, y los echaré a la cárcel; haré todo lo que yo pueda. Pararé esos chillidos, y gritos, y todo ese alboroto, el hablar en lenguas y cosas. Yo recibiré órdenes; yo lo haré”. Tenía una nariz curva de esa manera. Dios dijo: “Ahora Yo lo encontraré en el camino y lo cambiaré”. Como a mediodía, él iba por el centro del camino, y cuando menos pensó, esa Columna de Fuego le apareció delante de él, y dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” El cayó al suelo. El dijo: “Señor, ¿quién es Ese que yo estoy persiguiendo? ¿Cómo te llamas?” El dijo: “Yo soy Jesús, y es duro dar coces contra el aguijón”.
82Y desde ese entonces, él se deshizo de su carta y llegó a ser uno de ellos. Desde ese entonces... Sí, lo cambió. Ananías puso manos sobre él por una visión que él vio, y él recibió su vista. Lo llevó allá al río de Damasco y lo bautizó. El llegó a ser el... un santo para la iglesia gentil. Dios.... Ahora, miren esto. Cómo... Lo que él dijo... Cuando Pablo se convirtió, tal vez la iglesia dijo: “Oh, miren lo que tenemos ahora. Tenemos a este gran Pablo. Sabemos que ese hombre se sentó a los pies de Gamaliel; él es uno de los más grandes maestros en la nación. Y él es un fariseo; él es... Oh, él es un gran hombre. Lo pondremos allá en Jerusalén, y lo haremos la cabeza de la iglesia allá. Y tomaremos a Pedro... Por supuesto él es el que tiene las llaves; él es uno sin letras. El no puede (la Biblia dijo que él era uno sin letras y del vulgo)... Y él tiene las llaves, así que lo enviaremos a él a los pobres gentiles tontos. A aquéllos–aquéllos son a los que enviaremos a él, porque él hace muchos milagros. Pero a este gran hombre intelectual, lo traeremos aquí a este grupo intelectual”.
83El Espíritu Santo envió a Pablo a los tontos, y lo hizo que olvidara todo lo que él sabía, y tomó a Pedro (el tonto), y lo envió a los educados. ¿Cuál era el problema? Ellos se encontraron con Dios, y desde ese entonces en adelante, la intelectualidad no contaba. Correcto. Desde ese entonces en adelante, el récord fue cambiado. Cómo Dios sencillamente hace cosas contrarias al pensamiento del hombre. ¡Oh, hermanos! El no... El hace las cosas de manera tan sencilla. Sí, Pablo fue un hombre cambiado. Hubo un hombre ciego (sobre el cuál predicamos la otra noche) sentado a la puerta, mendigando limosnas. Y él se encontró con Dios, y desde ese entonces...?... Hubo un maníaco en Gadara, que se despojaba de su ropa desgarrándosela; él quería vivir en un cementerio. (Ese es un buen lugar para demonios). Así que él estaba allí, y lo habían encadenado. El era muy poderoso. Miren a un hombre....
84¿Han visto Uds. alguna vez a un persona demente? Bueno, ella es tres veces más fuerte, o cuatro. Y si una alma rendida al diablo, él le da cuatro veces más su fuerza, ¿qué sería si Uds. se rindieran al Espíritu Santo? ¿Cuántas miles de veces más sería su fuerza? No se asusten. ¿Por qué? El caminó después en el Nombre del Señor Jesús; esa es la unción. Encuéntrense con Dios y dense cuenta lo que sucede. Ese maníaco salió corriendo allí. El diablo dijo: “Ve agarra a ese tipito que viene allí que se mira todo flaco, con sus hombros caídos”. Dijo: “Ve agarra a ese tipito allí. Mira a toda esa gente, alrededor de él”. Dijo: “¡Ve allá y agárralo!” El salió corriendo, y cuando lo hizo, él se encontró con Dios. Y desde ese entonces en adelante, él se puso su ropa; él estaba en su mente cabal. ¿Cuándo? ¡Cuando él se encontró con Dios! Amigos: hay ocasiones cuando Uds. se encuentran con Dios; eso cambia a todo hombre.
85Sólo por un momento, yo voy a hacer una confesión ahorita. Quiero que Uds. escuchen esto. Yo he sido un ministro por treinta y un años. (Yo voy a terminar después de este testimonio). Yo nunca he tenido miedo de la muerte desde que he sido un Cristiano. Pero lo que me asustaba, o mejor dicho, me preocupaba, era el tiempo... si yo muriera antes que Jesús viniera, yo no quería ser un–un espíritu. Yo–yo siempre le tengo miedo a todo lo que se mira fantasmal; yo–yo–yo le tengo miedo a eso. Así que, yo–yo–yo pensé que cuando yo estaba... Yo–yo sé que este cuerpo... Yo pensé que me iría a estar con el Señor, pero que quizás yo vería a uno de mis hermanos, y que pasaría por allí como una nuvecita blanca, un espíritu, el alma de esa persona. Y yo diría: “¡Oh, allí–allí va mi hermano! ¡Oh, si tan sólo pudiera estrechar su mano! El no tiene manos; se pudrieron en la sepultura. ¡Si yo pudiera decir: ‘Hola’!, pero él no tiene... yo no puedo... yo no tengo lengua; mi lengua se pudrió allá en la sepultura. ¡Si yo lo pudiera abrazar!, pero no tengo... yo–yo soy un espíritu”. ¡Oh!, eso me asustaba mucho. A mí–a mí no me gustaba eso. Y yo–yo–yo soy una persona ignorante, y apenas puedo leer; tengo una educación elemental de 7mo. grado. Y así que entonces, yo pensé: “Bueno, ¡qué cosa!, si tan sólo pudiera... espero vivir hasta que venga el Señor”.
86Ahora, yo sabía que cuando El regresara, mi cuerpo sería resucitado. Yo sabía que tendría un cuerpo. Toda la vejez habrá cesado; uno nunca será anciano allá. No, señor. Todo símbolo del pecado será quitado, y la vejez es un símbolo del pecado. Así que, todo lo que representa pecado será quitado, porque por la maldición... No que Ud. fue el que pecó, sino que Ud. es uno de la raza de Adán, y Ud.–Ud. está volviendo al polvo. Y yo pensé: “¡Si tan sólo pudiera vivir para ver la Venida de Jesús!”
87Yo le he dicho al Hermano Gene aquí, y al Hermano Leo y a ellos muchas veces, y al Hermano Fred, a muchos de mis amigos, yo he dicho: “Oh, espero vivir para ver la Venida de Jesús. Porque cuando El venga, yo seré cambiado, y no tendré que ser ese fantasma. Yo no quiero ser eso. ¡No, señor!” Yo–yo he dicho: “Yo sería... La muerte está bien, pero yo–yo quiero estrechar manos. Yo amo a los seres humanos. Yo no conozco nada más que seres humanos, así que, a mí–a mí me gustaría ser eso”. Y la otra mañana (hace hoy como unas cinco semanas) yo había estado en una reunión y llegué a casa. Yo estaba cansado, y desperté en la habitación como a las siete. Y le dije a mi esposa: “Iremos al Tabernáculo esta mañana... o mejor dicho, en la mañana”. Y ella todavía estaba dormida, y como que me erguí un poco en la cabecera de la cama y puse mis manos por atrás de esta manera. Y sólo estaba acostado allí pensando. Yo dije: “¡Oye!, ya tienes cincuenta años. Tú todavía no has hecho nada para el Señor. Tienes que apresurarte y hacer algo”. Y yo dije: “Yo tengo... Estaré–estaré anciano después de un tiempo”. Yo dije: “Yo–yo tengo que apresurarme y hacer algo; yo no he hecho nada para el Señor”. Y yo dije: “Pero ¿sabes qué?, de seguro me disgustaría... Me disgusta la idea de tener que morir antes que El venga”. Yo dije: “Si El tan sólo viene...” Yo dije: “Tengo–tengo miedo de pensar que si me tengo que ir, si El tarda todavía unos cuantos años, y quizás yo no viva para verlo, que tenga que morir y llegar a ser un espíritu”. ¡Oh!, a mí no me gustaba eso en lo absoluto.
88Y mientras estaba acostado allí pensando eso, yo oí algo tan claro como Uds. escuchan mi voz, (como les estaba diciendo a Uds. anoche), dijo: “¡Sigue esforzándote a seguir adelante!” Bueno, yo–yo... primero yo... Viene de tal manera, como estas visiones aquí: uno lo dice, y uno no sabe que lo dijo. Uno está platicando, hablando, y uno no sabe que está hablando. Cuando yo veo una visión delante de alguien, yo no sé lo que dije. De la única manera que lo sé, es que voy a la cinta y lo encuentro. ¿Ven? Yo no sé lo que dije, porque uno está en alguna otra parte en otro lugar, quizás cuarenta, cincuenta años en el pasado de la vida de alguien, o mucho muy en el futuro en la vida de alguien. ¿Ven? Uno no sabe, y uno sencillamente no sabe que uno lo dice. Y yo–yo dije: “Me estoy esforzando a seguir adelante”. Dijo: “¡Sigue esforzándote a seguir adelante! ¡Sigue esforzándote a seguir adelante!” Dijo: “La gran recompensa está al fin del camino”.
89Ahora, yo le pedí permiso al–al presidente y a los demás para decir esto. Yo creo que fue una visión, pero si fue, yo nunca he visto nada como eso. Yo he visto visiones desde que tenía como unos tres años de edad, quizás más joven que eso. Y yo nunca he visto nada como eso, nunca tuve una experiencia tal, que me sucediera. Yo estoy leyendo un libro, que el pastor aquí me dio, de alguien más que tuvo una experiencia similar. Yo lo leí, pues decía que el Hermano (¿cuál fue? ¿Wigglesworth?, o...) Price, el Hermano Price tuvo una experiencia algo similar a esa; yo quería conseguir su libro y ver lo que fue. Yo–yo quería darme cuenta. Yo no quiero decir “traslación”, porque pareciera que (si uno diría eso) estuviera tratando de copiar a San Pablo. No, yo quiero–yo quiero ser exactamente lo que yo soy. ¿Ven? Sólo... Yo no puedo ser San Pablo, pero sirvo al mismo Dios que él sirvió.
90Y así que, yo dije... Sólo seguía diciendo: “¡Esfuérzate a seguir adelante!” Y yo–yo–yo contesté, y dije: “Bueno, me estoy esforzando a seguir adelante”. El dijo: “La gran recompensa está al fin del camino”. Yo dije: “Yo entiendo...” Yo dije: “¿Quién...? Esa ha de haber sido mi esposa”. Yo dije: “¿Qué dijiste, cariño?” La sacudí; yo dije: “¿Meda? ¿Qué dijiste?” Ella dijo: “¿Eh?” Ella estaba dormida. Y yo dije: “Bueno, ese no fue ella”. Yo dije: “Quizás ese fue el Espíritu Santo”. Yo dije: “Bondadoso Padre Celestial, ¿le estabas Tú hablando a Tu siervo? ¿Qué quieres que yo sepa?” Nadie habló. Esperé un ratito. Lo oí otra vez, diciendo... Parecía que podía oír a alguien que cantaba esa alabanza: “Señor, déjame mirar más allá de la cortina del tiempo”. ¿La han oído Uds.? ¿La saben? Señor, déjame mirar más allá de la cortina de sombra... de pesares y temores; Déjame oír el dulce repique de las campanas de amparo. Haría brillar mi sendero, Y desvanecería todo temor; Señor, déjame mirar más allá de la cortina del tiempo. Parecía que podía oír a alguien que cantaba eso. Yo pensé: “Me pregunto: ¿qué es eso?” Yo estaba como lo estoy ahorita. Y oí decir algo: “¡Sigue esforzándote a seguir adelante!” Yo dije: “Seguiré esforzándome a seguir adelante”. El dijo: “¿Te gustaría ver más allá de la cortina?” Yo dije: “¡Eso me ayudaría!” Y en ese momento, sentí que algo me sucedió. Y pensé: “¿Qué está sucediendo aquí?” Y miré hacia atrás, y me podía ver a mí mismo acostado en la cama.
91Ahora, si esto–si esto es un tropiezo para Uds., entonces que Dios me perdone por contarlo. ¿Ven? Yo nunca lo he contado antes; únicamente a mi iglesia, a mi propia iglesia. Y miré hacia atrás... Y espero por la gracia de Dios, que Uds. no me clasifiquen como un fanático. Yo–yo... Si lo soy, yo no lo sé. Yo–yo no lo quiero ser. No. Pero yo... Dios en el Cielo sabe que esto es la verdad, mientras mantengo mi Biblia aquí, como lo que les dije a Uds. anoche tocante a las ardillas. Esto sucedió recientemente. Miré hacia atrás, y yo mismo me miré, y no me estaba moviendo. Yo me volví para mirar hacia este lado; se miraba como un lugarcito descendiendo. Y yo–yo–yo digo esto no como una disculpa, pero yo he sido muy duro con las mujeres. Yo he sido llamado un odiador de mujeres, pero no lo soy; yo–yo no lo soy. Yo–yo amo a mis hermanas, pero no me gusta ver a las mujeres actuando de la manera que estas mujeres modernas americanas actúan. Cuando yo fui a San Angelo, a las catacumbas en Roma, en–en Italia, había un letrero allí al lado de las catacumbas que decía: “Por favor, mujeres americanas, pónganse su ropa antes de entrar a este lugar para honrar a los muertos”. ¡Un aviso para las mujeres americanas! Bueno, ¡es una desgracia! Ellos me preguntaron: “¿No tienen Uds. algunas mujeres decentes allá?” Yo dije: “¡Oh, seguro que las tenemos! Eso es sólo el... Esa es la otra multitud”. ¿Ven? Pero ellos las conocían sólo como americanas; eso es lo que era.
92Y así que, esto... yo he... yo no tendré tiempo en esta reunión para decirles. En 1933... Esta es una nación de mujer. Es el número trece: aparece en el capítulo trece de Apocalipsis; trece estrellas; trece franjas; trece... Todo es trece. Todo es una mujer. Y recuerden: ASI DICE EL SEÑOR, habrá una mujer que dominará antes del tiempo del fin. Ella, o será presidente, o vice presidente, o será la iglesia Católica como una mujer. Yo la vi: una gran mujer; la nación se inclinó ante ella. Habrá una antes del tiempo del fin, ASI DICE EL SEÑOR. Escríbanla y dense cuenta, Uds. jóvenes. Vean si eso sucede. Si no sucede, yo soy un falso profeta.
93Ahora, sólo recuerden: eso es el fin. Esta América es una nación de mujer. Es un lugar en donde ella es diosa sin ninguna restricción, y el hombre no le dice nada a ella. Ella es mandona; ella controla todo, negocios y todo, y aun se metió a la iglesia, a la plataforma, al púlpito, y controla eso ahora. Así que, ahí lo tienen. ¿Ven?, es... Y eso es absolutamente tan en contra de la Escritura como–como Caín y Abel... o mejor dicho, como Abel sería el... como Caín. Ciertamente. En todas estas cosas, ella es una dominante. Y ella es–ella es una diosa (eso es verdad) en América. No Uds. hermanas. Pero yo siempre fui un poquito duro con ellas de esa manera. Y quizás yo– yo opiné un poquito muy duro quizás algunas veces. Pero, ¿cómo no podría yo? Si Uds.–si Uds. son espirituales, lo captarán en estos momentos. ¿Ven? ¿Cuántos de Uds. piensan que entienden lo que quiero decir? Muy bien.
94Miren a Elías. ¿Qué clamó él? El no lo podía evitar. El clamó en contra de esa Jezabel, ¿no lo hizo? Cómo... Ahí venía Juan el Bautista con el mismo espíritu de él. ¿Cómo pudiera él evitar clamar tocante a que “no te es lícito tener la mujer de tu hermano”? Le costó su cabeza. ¿Ven Uds.? Dios se lleva a Su hombre, pero nunca Su Espíritu. ¿Ven? Continúa moviéndose hacia adelante. El precursor de la Venida del Señor Jesús, como El lo habló allá en el río en–en 1933 cuando yo estaba bautizando allá, y Uds. vieron lo que sucedió. ¿Ven? Es exactamente lo que El dijo que sucedería. Así que uno no lo puede evitar. Y cuando miré, me pareció que venían corriendo hacia mí, un millón de jovencitas, como de veinte años de edad. Yo nunca vi mujeres tan hermosas en toda mi vida. Sus ojos se miraban como estrellas, sus dientes tan blancos como perlas, con su cabello largo hasta su cintura, con túnicas blancas hasta sus pies, y estaban descalzas. Y cada una de ellas estaba... Ahora, yo... (Ahora, perdónenme, Uds. mujeres). Cada una de ellas venía corriendo y me abrazaba, y gritaba: “¡Mi precioso hermano!”
95Ahora, miren: Dios sabe que cuando yo era un niño (Uds. leyeron mi historia), cuando yo tenía siete años de edad, el Angel del Señor me encontró como un remolino en ese árbol ese día, y dijo: “Nunca fumes, bebas, o contamines tu cuerpo”. Yo nunca fumé en mi vida, nunca bebí en mi vida, y yo tengo... yo no he conocido mujer sino a mi esposa. Y así que entonces, yo no viví inmoral cuando yo era un pecador. Y... Pero yo... Desde que he sido un Cristiano, yo he tratado de vivir tan recto como sé vivir, y Dios sabe que eso es la verdad. Y–y permítanme decir esto: a mí no me interesa cuán santo sea un hombre, mientras sea humano, él no puede abrazar al otro sexo (una mujer) sin tener una sensación humana. Y a mí no me interesa; Ud. me dice eso, y yo le diré a Ud. que Ud. está mintiendo. Eso es... Si Ud. es completamente un hombre, si Ud. verdaderamente es un–un hombre, es de esa manera; Ud. no lo puede evitar. Ud. es un humano. Mire: yo no digo que Ud. haría algo malo; pero la sensación está allí exactamente sin faltar. Pero en este lugar, no había. ¡Alabado sea Dios!, no había allí. Era como... no como cuando yo abrazo a mi propia hermana Dolores. Ni era como una madre abrazando a su bebé. Yo–yo no sé. ¡Era perfecto!
96Y yo miré y ahí venía un grupo de hombres, parecía millones de ellos, que venía de esta dirección. Y todos ellos estaban... tenían puestas túnicas blancas, y ellos tenían el cabello largo hasta su cuello, como sin peinar. Y ellos me estaban abrazando y gritando: “¡Nuestro precioso hermano!” Yo dije: “Yo–yo no sé”. Y me volteé; miré, y ahí estaba yo acostado en la cama. Ahora, en donde sea que eso esté, no está muy lejos de aquí. Si es otra dimensión o qué, no lo puedo decir. Pero miré hacia atrás y me vi a mí mismo acostado en la cama; miré en esta dirección, y ahí estaba esta gente. Y eso... Si yo dijera: “Perfecto”, eso no lo describiría. Si yo dijera: “Sublime”... yo no puedo encontrar la palabra inglesa. No había ayer, ni mañana, todo era presente; ni enfermedades, ni dolores, ni pecado, ni cansancio. Ellos no comían ni bebían; ellos no dormían (no tenían que hacerlo), pero sin embargo eran seres. Y ellos me abrazaron, y lo sentí igual que siento mis propias manos, de esta manera.
97Y miré abriéndose paso entre la multitud, y ahí venía mi propia esposa querida. Ella murió cuando ella tenía veintidós. Y ahí venía ella, la madre de Billy. Y ella vino. Yo dije: “Ella me llamará su esposo”. Ella se estaba abriendo paso entre las mujeres, moviendo su mano en ademán de saludo de esa manera. Yo podía ver esos ojos negros brillando. (Ella era un muchacha alemana). Ella se acercó corriendo y me abrazó. Ella dijo: “¡Mi precioso hermano!” Y estaba una mujer muy hermosa parada allí que me abrazó, y dijo: “¡Nuestro precioso hermano!” Y entonces Esperanza abrazó (esa era mi esposa), ella abrazó a esa otra mujer; ella dijo: “¿No es maravilloso? El ahora está con nosotros”. Yo dije: “Yo–yo no entiendo esto”. Yo dije: “Yo–yo no puedo entender.”
98Y estos hombres me levantaron, y me pusieron en un lugar alto y grande, y me sentaron. Y ellos estaban alabando a Dios. Ninguno de ellos me estaban besando, sólo me estaban abrazando diciendo: “¡Hermano, nuestro precioso hermano!” Y yo miré, y la gente estaba viniendo de todas partes. Y yo dije: “¿Qué es esto?” Y esa Voz, que no provenía de ninguno (la misma Voz que me había hablado en la habitación todavía estaba conmigo), El dijo: “Esto es Amor Perfecto”. Y yo siempre he enseñado que la evidencia del Espíritu Santo es Amor Perfecto. ¿Ven? Yo creo en hablar en lenguas, seguro. Pero, “si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, nada soy... vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe”. Así que, cuando Ud. hable en lenguas y tenga amor con ello, eso se lo mostrará a Ud.
99Y el amor que tenemos aquí sería como empezar aquí de una sombra, de la sombra, de las sombras, a la sombra. Y de la sombra a una llovizna, y a una pequeña humedad, y a un arroyuelo, a un río, y luego al océano. Allí es adónde llega. Todo simplemente perfecto. Ud. no podía morir; Ud. no podía estar en pecado. ¡Oh!, yo nunca... Yo–yo nunca podré explicar lo que era ese Lugar. ¿Ven? Es–es–es sencillamente... Era sencillamente perfecto; más allá de perfecto. Y en ese momento, allí estaba un.... Yo dije: “Yo–yo no entiendo lo que es esto”. Y una mujer muy hermosa se acercó corriendo, y ella dijo: “¡Oh, mi precioso hermano!”, ella dijo, “estoy tan contenta que Ud. ha llegado”. Y ella se dio la vuelta y se fue, y yo la miré, y pensé: “¡Qué cosa!, todas son tan hermosas y tan jóvenes y tan...” Y yo dije: “¿Qué es esto?” Y esa Voz dijo: “Aquí, todo lo que se asemeja a la vejez y todo, es regresado a perfección”.
100¿Ven?, nosotros comemos comida hasta que llegamos a cierta edad... Cuando yo tenía dieciséis años, yo comía el... Que la ciencia me conteste esto: yo comía la misma comida cuando tenía dieciséis años de edad, que la que como ahora: frijoles, pan, papas, carne. Y cada vez que como, renuevo mi vida (todos saben eso); las células rojas, y eso es cómo venimos aquí. Y ahora... Un doctor sentado aquí diría lo mismo. Luego, me puse más fuerte, más fornido todo el tiempo. Y cuando llegué como a los veintidós (Uds. también), yo todavía como la misma comida, y me estoy poniendo más viejo y más débil todo el tiempo, poniendo vida nueva en mi cuerpo. Explíquenmelo, científicos. Si yo estoy vertiendo agua de un jarro a un vaso, y cuando llegue a la mitad de lleno, yo sigo vertiendo más y se sigue bajando. Científicamente, díganme tocante a eso. ¿Qué es? Es una cita que Dios hizo. Cuando uno llega a esa edad, El lo tiene a Ud. exactamente en donde El lo quiere y dice: “Ven muerte; entra”. Pregúntenle a la ciencia si Uds. no empiezan a morir después de los veintidós años de edad más o menos. No importa cuán bien Uds. coman, Uds. se están muriendo, yéndose. Finalmente... La muerte está tras de Uds. allí mismo. Pero Uds. están creciendo hasta que llegan a esa edad. Desde unos... están en lo mejor de su vida de como los quince hasta como los veintidós. Correcto.
101Esa gente se miraba estar en su culminación, sencillamente en lo mejor de su vida. Y yo los estaba mirando a ellos allí y cómo ellos se miraban. Así que eso... Yo pensé: “¿No es eso maravilloso?” Y cuando vi a mi muchachita, ocho meses de edad, cuando... Uds. recuerdan la noche, y lo han leído en mi historia. Cuando yo la vi, ella era un mujer joven. Ella dijo: “¡Hola, papá!” Y yo dije: “¿Papá? Bueno, tú eres de la misma edad que yo. Yo no lo entiendo”. Ella dijo: “Papá, en la tierra, yo era tu pequeña Sarón”. Y yo dije: “En dónde está tu madre?” Dijo: “Ella está allá en tu casa, esperándote”. Ella dijo: “Yo esperaré aquí a Billy Paul, mi hermano”.
102Y cuando salí de la visión... Esperanza tenía su brazo puesto sobre mi hombro allí, y cuando salí de la visión (parado en la habitación) ella todavía tenía su brazo puesto sobre mi hombro. Y yo no estaba en ninguna visión, ni coma; yo estaba parado como lo estoy ahora. Y ella me estaba dando palmaditas en este hombro. Dios es mi Juez. Y yo dije: “Esperanza: tú todavía estás aquí, ¿no estás?” Ella dijo: “Billy, prométeme que tú no te preocuparás tocante a mí y a Sarón”. Yo estaba a punto de... yo tenía una pistola en mi mano unos minutos antes que eso. Yo tiré todo el disparador hacia atrás tratando de cometer suicidio. El mismo día, yo traté de poner mi mano en una línea de treinta y tres mil voltios, cuando estaba trabajando como electricista. (Uds. saben mi historia). Y cuando menos pensé, yo estaba en el suelo, sentado allí sudando, sin saber qué había sucedido. Eso significa que Dios estaba reservando este ministerio para Uds.; yo me hubiera ido en ese momento. Y así que ella tenía su brazo puesto sobre mi hombro. Yo dije: “Esperanza, tú todavía estás aquí”. La habitación estaba oscura. Ella dijo: “¿Me prometes?” Yo dije: “Te prometo, Esperanza”. Y cuando ella lo dijo, me dejó. Me palmeó, como que me abrazó, y me dejó. Yo dije: “Tú todavía estás aquí, Esperanza, en alguna parte, ¿no estás?” Y palpé alrededor buscándola. Encendí la luz, y busqué en toda silla y por todos lados. Yo dije: “¿En dónde estás, cariño? ¡No me dejes!; ¡no me dejes!” Fui por toda la habitación, palpando, buscándola de esa manera. Sólo era un joven; hacía poco que me había casado, y Billy y Sarón habían nacido.
103Y yo la vi a ella. Cuando la vi a ella en esta ocasión, ella se miraba igual. Y yo estaba sentado allí en ese Lugar. Y yo dije: “Yo no entiendo esto. ¿Por qué me pusieron aquí arriba?” Dijo: “Tú eras un líder. Naciste un líder, para guiar a la gente”. Y yo dije: “¡Oh, qué cosa!” Yo dije: “Bueno....” El dijo: “Bueno, esto es perfección”. Dijo: “Esto es como cuando los patriarcas se reunieron con su pueblo”. Y yo dije: “¿Es esto...? Yo–yo–yo–yo... ¿Es esto después de la muerte?” “Sí”. Y volteé y miré hacia atrás. Yo estaba allí todavía acostado en la cama. El dijo: “Esto es después de la muerte”. Y yo dije: “¡Oh, entonces yo he muerto! Bueno, esto es maravilloso; es bueno para mí estar aquí. Me gusta esto”. Y luego esa mujer, una muchacha muy bonita que me acababa de abrazar de esa manera.... Y dijo: “¡Sigue esforzándote a seguir adelante!” Y yo dije: “Bueno, ¿por qué...? Yo no lo puedo entender”. Yo dije: “¿Son todos estos Branhams?” Parecía que había millones de ellos. Yo dije: “¿Son todos estos Branhams?” Esa Voz dijo: “Ellos son tus convertidos”. Y yo dije: “¿Convertidos?” Dijo: “¿Ves a esa mujer que tú estás admirando?” Dijo: “Ella había pasado los noventa cuando tú la guiaste a Cristo. Mírala a ella ahora. Con razón ella gritó: ‘¡Mi precioso hermano!’” Yo dije: “¡Oh, si yo únicamente pudiera regresar! ¡Si yo únicamente tuviera una oportunidad! Yo los arrebataría; yo tiraría de ellos; yo los persuadiría. ¿Ven? No permitiría que alguno perdiera esto. Esto es–esto es perfección”.
104Y en ese momento, yo miré. Y yo tenía un perro. Solíamos cazar; él me vistió, me pagó la escuela, cazando zarigüeyas, cazando mapaches y cosas. Y cuando nos cambiamos a la ciudad, un policía lo envenenó. Cuando en su tumba dí palmaditas, cuando lo enterré en nuestro patio de atrás, yo dije: “Fritz, si hay un lugar...” Yo era un pecador, como de unos diecisiete años de edad. Yo dije: “Si hay un lugar llamado Cielo, tú estarás allí”. Después, yo me convertí. Yo siempre pensé.... Ahora, algunos... Yo le conté esto a alguien, y dijo: “¡Un animal en el Cielo!” Absolutamente que hay animales en el Cielo. Yo quiero preguntarles algo a Uds. para quitar rápidamente la crítica. Díganme qué le sucedió a esos caballos y carros que descendieron y levantaron a Elías, y subieron. ¿En dónde estaba ese caballo que Jesús venía cabalgando, con Su vestidura teñida en Sangre, cabalgando un corcel blanco? ¿Ven? ¿En dónde se van a alimentar juntos ese lobo y ese cordero, y en dónde el león comerá paja como el buey? ¿De dónde viene eso?
105Y yo miré descendiendo de la colina, ahí venía “fritz”. El me miró, y vino a mí y me lamió la mano, y yo lo acaricie palmeándolo quedamente. Y en ese momento, “príncipe”, mi caballo, vino y puso su cuello sobre mi hombro y empezó a relinchar. Yo dije: “¡Oh, Dios!” Yo miré hacia arriba. Y El dijo: “Todo lo que alguna vez amaste, y todos los que alguna vez te amaron, están reunidos aquí”. Y yo dije: “Yo quiero ver a Jesús. Yo quiero ver al que yo he amado y–y por el que he trabajado”. Y ellos dijeron: “Tú no lo puedes ver ahorita; El está más alto que esto. Pero algún día El regresará. Y cuando El venga, El vendrá primero a ti. Y tú serás cuestionado en el Evangelio que tú predicaste. Y entonces, si tú pasas la prueba, entonces nosotros iremos contigo para regresar con El, de regreso a la tierra, y vivir juntos para siempre en un cuerpo, un cuerpo de carne en el cual comeremos y beberemos”. Y yo dije: “¿Me quieres decir que El me cuestionará en la Palabra que yo prediqué?” Dijo: “Sí”. Y lo dijo esa Voz que me hablaba. Y yo dije: “Bueno, ¿San Pablo también será cuestionado?” Dijo: “Seguro que sí, con su congregación”. Yo dije: “Entonces, si San Pablo la pasa, yo también la pasaré”. Yo dije: “Yo lo he predicado exactamente de la manera que él lo hizo, no quité una sola palabra”. Y entonces esos millones gritaron: “¡Sabemos eso, y estamos descansando seguros!” Y en ese momento, yo oí la Voz decir: “¡Sigue esforzándote a seguir adelante!” Y sentí desprenderme. Yo dije: “Yo no tengo que regresar, ¿tengo?” “¡Sigue esforzándote a seguir adelante!” Y volteé y miré mi cuerpo; lo vi moverse. Yo estaba volviendo en sí, y en un momento, yo estaba otra vez en la habitación.
106Amigos: desde ese entonces, yo he sido una persona cambiada. Yo no sé lo que Uds. pensarán tocante a esto, pero con mi mano en la Biblia, eso es la verdad. Eso... En donde sea que es... Yo no sé si era aquí, o si era una visión. Yo nunca he tenido una igual. Y digamos que fue una pequeña traslación (yo no digo que lo fue), digamos que mi espíritu salió y fue Allá. Yo no sé lo que fue. Si–si eso es glorioso bajo ese primer Cielo, ¿qué ha de haber visto Pablo cuando fue al tercer Cielo y regresó y dijo: “Ojo no ha visto; oído no ha oído; ni tampoco ha entrado en el corazón del hombre, lo que Dios ha preparado para aquellos que le aman”. Yo he estado más determinado. Yo he... Este es mi segundo avivamiento desde entonces. Yo he estado más determinado a hacer todo lo que pueda, para persuadir a los hombres y a las mujeres: ¡por favor estén seguros de esto! Si el amor de Dios no se ancla supremamente en su corazón... No tome ninguna sensación ni emoción. Esté seguro que Ud.–Ud. puede voltear la otra mejilla, que–que Dios es... Cristo es todo en todo para Ud. ¡No se lo pierda, mi hermano!
107Sólo recuerden (yo diré esto): con la fe que tengo en esa visión, o lo que era, yo hablo en el Nombre del Señor: a menos que Uds. tengan ese Amor Perfecto, Uds. nunca estarán Allá, porque nada pudiera estar Allá sin Ello. El espíritu de Uds. estaría fuera de lugar Allá. No pudiera ir; no hubiera manera para que fuera. Igual que no hubiera manera para que un grano de maíz se levantara del suelo sin un germen de vida en él; no importa cuán natural se mirara, no se podría levantar. Mis amigos, Uds. ancianos, Uds. jovencitos, Uds. no saben en qué hora van a partir. Nosotros no sabemos eso. Pero permítanme persuadirlos a Uds. como un hermano Cristiano, uno que los ama: a menos que nazcan de nuevo, y que el Espíritu de Dios de amor entre en sus corazones, Uds. ciertamente fallarán de estar en ese Lugar. Permítanme preguntarles: si Dios me ha dado– me ha dado favor entre Uds., y Uds. me creen... Yo soy honesto; qué sucedió, yo no sé. Pero Dios en el Cielo quien es–quien es omnipresente y está aquí ahora... Cuando yo deje este mundo, Padre Celestial, por favor permíteme descansar allí hasta que Jesús venga. Esa es–esa es... Esa será–esa será la recompensa suficiente para mí, si yo sólo puedo descansar en ese Lugar, hasta que yo lo vea a El venir.
108Y luego, me fue revelado: “Si esta morada terrestre se deshiciere, tenemos una esperando”. Tenemos una esperando. Hermano, hermana, eso es verdad. Ahora, yo pienso que tengo el Espíritu de Dios. Si el Espíritu que está en mí no es eso, yo no lo sé. Miren: tomemos la naturaleza de ello. Tomemos la Columna de Fuego que siguió a los hijos de Israel, de la cual ellos tomaron la fotografía. Sin duda muchos de Uds. la tienen; si no la tienen, recojan una cuando Uds. salgan. Fue examinada por el gobierno federal, por los agentes del F.B.I. [departamento federal de investigaciones–Trad.] de huellas digitales y documentos; está colgada allá en el salón. Una está colgada en el Salón religioso de arte en Washington D.C. como el único Ser sobrenatural que alguna vez fue fotografiado. Ha sido vista en la plataforma. Los santos lo saben; ellos la han observado. Millares tras millares de personas alrededor del mundo la han observado obrando, la han visto aparecer personalmente en la plataforma.
109Mi esposa, hace como unos seis meses, la vio por primera vez. Ella estaba en el río ese día cuando apareció allí, cuando el artículo salió por todo el–el mundo de habla inglesa en la Prensa Asociada: “Luz mística aparece sobre un ministro Bautista local mientras bautizaba”. Se quedó allí; habló; la gente la oyó hablando. Miles de personas estaban paradas allí observándome bautizar a quinientos conversos de mi primer avivamiento, en el río Ohio. Fue publicado en el periódico, lo tenemos en recortes de periódico. Lo publicó la Prensa Asociada, Canadá lo publicó, y por todo el país. “Luz mística....” Ahora, el mundo científico la ha fotografiado. Ahora, ellos la han fotografiado en tres o cuatro ocasiones diferentes. Alemania la ha fotografiado. Ellos la fotografiaron allá en California no hace mucho tiempo. Esos son hombres reales con cámaras reales. El fotógrafo alemán dijo: “Me pregunto si nuestra cámara pudiera captarla”. Yo dije: “Ud. lo puede intentar”. Y cuando el Espíritu venía descendiendo, ellos la fotografiaron descendiendo, la fotografiaron cuando estaba discerniendo, y la fotografiaron ascendiendo. ¡Oh, hermanos! Millares de millares cayeron ante la Cruz en Alemania. Y allí es adónde voy a regresar tan pronto como ellos... que pueda desocuparme para regresar a Alemania otra vez, allí a Lucerna, Suiza, ir otra vez.
110Ahora, observen la naturaleza de Ella. Si una vid, si eso... Si el primer pámpano... Jesús dijo: “Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos”. San Juan 15, creo yo. ¿Es correcto eso? “Yo soy la Vid”. Ahora, ¿cuál fue el primer pámpano que produjo la Vid? El primer pámpano fue la Iglesia de Pentecostés. ¿Es eso correcto? Entonces el segundo pámpano que produzca, será otra Iglesia de Pentecostés. Ahora, no vemos la Iglesia de Pentecostés en todas las iglesias, ¿la vemos? No. Bueno, ¿qué es? Es una vid injertada. Uds. pueden tomar a un árbol de durazno, o Uds. pueden tomar un... yo diría un árbol de naranja, e injertarle casi cualquier clase de frutos cítricos. Uds. pueden injertar un... casi todo, toronjas o lo que sea; pero está injertado. Pero si la vid original produce un pámpano, producirá la misma clase de fruto que produjo el primero.
111Ahora, si Jesucristo es la Vid, y Su Vida... Ahora recuerden, Su... La vid no lleva el fruto; los pámpanos llevan el fruto, pero es energizado por la vid. ¿Es correcto eso? Bueno, entonces si la Vida de Cristo está en nosotros, producirá Su Espíritu y Sus obras. ¿Es correcto eso? Tiene qué, porque es la Vid de Dios. Ahora, miren, observen este Angel del Señor. Sabemos que eso es verdad. Ahora, observen qué clase de naturaleza El tiene. Lleva el mismo fruto que llevó cuando estuvo aquí en la tierra. Ahora, está de regreso en la iglesia, llevando el mismo fruto, formando otra Iglesia de Pentecostés, exactamente de la manera que lo hizo la primera vez. Ahora, esa iglesia selló su testimonio con su sangre. Ellos eran gente piadosa; amaban a Dios; se quedaron con eso.
112Y por lo que más quieran, por lo que más quieran, amigos (permítanme preguntarles a Uds.; si Uds. me creen que soy un siervo de Dios, permítanme decirles algo), no fallen en ir a ese Lugar maravilloso. ¡No fallen en ir! Inclinemos nuestros rostros por un momento. Me pregunto ahorita, antes que sigamos más adelante en el servicio: ¿hay uno aquí, dos, una docena, cuántos hay aquí que les gustaría decir: “Hermano Branham: recuérdeme en oración ahorita; desde que Ud. contó esto... yo he tenido un poco de temor de la muerte; yo–yo–yo quiero tener esa seguridad; yo quiero levantar mi mano a Dios y decir: ‘Ore por mí’”? Dios te bendiga, ahí, hijo. Dios lo bendiga; Dios lo bendiga, a Ud., a Ud. Sí, a todos allá atrás. Dios los bendiga. Dios los bendiga, por todo el edificio; en los balcones, vemos sus manos allá arriba. “Yo quiero tener esa paz que pasa todo entendimiento”.
113Yo estoy observando, orando. Levanten sus manos. Que el Espíritu Santo hable. Si Ud. muere en esta noche, ¿se va a ir adónde hay lamento–lamento y crujir de dientes? O, ¿quiere Ud. entrar en ese bendito y dulce descanso en El? Yo lo digo en el Nombre del Señor, con la unción del Espíritu Santo. Dios te bendiga, cariño. Dios lo bendiga allá atrás; Dios la bendiga, hermana. ¿Alguien más? Levante su mano. Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Correcto. Dios lo bendiga. Estoy observando, sólo esperando un momento. Todos estén con sus rostros inclinados, orando. Muy bien, sólo continúen. Dios lo bendiga; yo lo veo. Yo estoy observando algo... Dios lo bendiga; eso está bien. Muy bien. ¿Alguien más? Sólo continúen esperando.
114Padre Celestial, Tú ves sus manos. Yo estaba observando, observando algo que estaba aconteciendo. Tú sabes todo al respecto, Padre. Te pido ahora que Tu Espíritu esté dulcemente sobre ellos. Permíteles saber que esto que yo he dicho, sea para que ellos puedan decir: “Desde ese entonces en adelante...” Sus actitudes hayan sido cambiadas; la dureza que estaba en su corazón se haya desvanecido. Dulce paz y amor Divino hayan tomado su lugar. Concédelo, Padre. Que cada uno de ellos reciba el Bautismo del amor de Dios en sus corazones, que ellos puedan voltear la otra mejilla, que vayan la segunda milla. Como El lo hizo con escupitajos en Su rostro y con espinas en Su frente, con los cielos y la tierra en Sus manos, caminando humildemente a la cruz para morir por la gente que lo estaba matando. Dios, cómo.... Haznos de esa manera, Padre. Quita ese corazón de piedra de nosotros, y pon un corazón bondadoso, verdadero, dulce en nosotros; pon un Espíritu en nosotros como el que El tiene. Que el Espíritu de Dios descanse sobre cada uno de estos; hubo como treinta o cuarenta personas que levantaron sus manos. Te pido, Padre, que Tú les des Vida Eterna. Que ellas nunca se avergüencen de Ti; que dulcemente vengan a Ti.
115Que ellas comprendan ahora, que Algo las hizo a ellas levantar su mano. ¿Qué es? El Espíritu Santo. El Espíritu de Dios que está sobre ellas ahora, les causó que levantaran sus manos para hacer una decisión. Que esta noche sea la noche que se... ellas puedan decir: “Desde ese sábado en la noche allá en aquel auditorio de escuela, yo encontré a Dios. Algo me sucedió a mí; yo he sido cambiado desde entonces”. Concédelo, Padre. Yo los encomiendo a Ti como los trofeos del mensaje. Y Tú dijiste: “Todo lo que el Padre me ha dado, vendrá, y ninguno se perderá”. Oh Señor, Tú me dijiste que les darías Vida Eterna y los resucitarías en el día postrero, esa Vida Eterna, ese amor, que los traería dentro de la presencia de ese gran Lugar que tuve el privilegio de ver hace unas cuantas semanas.
116Padre, yo no puedo decir lo que era; yo no sé. Tú conoces mi corazón, que yo únicamente soy honesto en lo que estoy diciendo. Tú eres mi testigo, Padre. Y yo... ¡Es un Lugar tan dulce! Dios, cuando mis días se terminen, me gustaría ver al pequeño José ser un hombre en el que yo pudiera poner esta Biblia en su mano. Porque en el día de su dedicación, Tú hablaste; dijiste: “José, tú eres un profeta”. Te pido, Dios, que Tú permitas que esté en mi hijo una doble porción del Espíritu. Si Tú tan sólo me permites vivir para ganar almas para Ti hasta que envejezca, y luego poner–poner esta Biblia en las manos de mi hijo, José, y decirle que continúe con el mismo Evangelio, eso sería una vida completa, Padre. Sin embargo, cuando Tú estés listo para mí, ¡amén! ¡Qué hermoso descanso! Yo–yo anhelo ver ese Lugar otra vez. Señor Jesús, que cada uno que está aquí esta noche, toda persona que ha oído el Mensaje en esta noche, que ninguna de ellas se pierda. Pero que a cada una, yo la vea Allá. Luego cuando corramos y nos abracemos uno al otro, cuando no haya diferencia entonces entre hombre y mujer....
117No hay diferencia; la–la–la huella del pecado ha desaparecido. Entonces verdaderamente seremos hermanos y hermanas, en donde podamos vivir, ya nunca el pecado podrá entrar, ni pensamientos malos, nada puede entrar a esa clase de Lugar. No puede haber contaminación. Todos seremos uno en Cristo. Permítenos aparecer allí, Señor. Permite que estas ancianas y ancianos comprendan que yo les he dicho la verdad. Es–es–es la verdad. Permite que estos jóvenes conformen sus vidas a esto; que se paren en las encrucijadas esta noche, que ellos escojan la manera correcta para que no haya tristeza en el día de su partida. Concédelo, Padre. Yo los encomiendo en Tus manos ahora, en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.
118¿Se sienten muy bien? ¿Creen Uds. que el Espíritu de Dios les causó que Uds. levantaran su mano? ¿Creen Uds. que fue eso? ¿Creen Uds. que proviene de Dios? Lo conté de mi corazón.
119Cuando le hablé a un rabí aquí no hace mucho tiempo, él dijo: “Sr. Branham: Ud. lo llama a El, el Hijo de Dios”. Dijo: “Lejos sea de Dios que tenga un hijo”. Yo dije: “El sí fue el Hijo de Dios”. Dijo: “¿Que Dios tenga un hijo? El no era ni Jesús ni el Cristo”. Dijo: “El pudiera haber sido Jesús, pero El no era el Cristo”. (Fue, mejor dicho, de esa manera). Yo dije: “Señor, ¿creería Ud. a los profetas?” El dijo: “Sí, seguro que yo creo a los profetas”. El era un rabí, un rabí judío, en Benton Harbor, Michigan. Yo dije... John Rhyn había sido sanado, estando ciego por veinte años, se sentaba en la calle. El dijo: “Yo le he dado muchas limosnas a John”. El dijo: “¿Con qué–con qué poder, con qué autoridad le dio Ud. a él su vista?” Yo dije: “Yo nunca le di a él su vista. El recibió su vista por medio de fe en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios”. El dijo: “¿Cuál Hijo de Dios? ¿Cómo pudiera Dios tener un hijo?” Y yo dije: “El tuvo un Hijo”. Yo dije: “¿Cree Ud. en Isaías 9:6?” Dijo: “¡Seguro!” Yo dije: “¿De quién estaba hablando el profeta? ¿Del Mesías?” Dijo: “Sí”. Yo dije: “¿Qué–qué relación tendrá el Mesías con Dios?” El dijo: “¡El era Dios! ¡El será Dios!” Yo dije: “Así también era Jesús. El era Dios hecho carne y–y habitó entre nosotros. Dios mismo se expresó a través de un cuerpo. El–El era Dios hecho carne; el Espíritu de Dios habitó en El en la plenitud. Nosotros lo tenemos por medida”.
120Y nosotros observamos Su vida. Ahora, el Espíritu de Dios está en nosotros; pero el problema es que nosotros no podemos abrir esos pequeños canales obstruidos, para permitir al Espíritu fluir a través de ellos. Ahora, el Espíritu de Dios (si El estuviera en la iglesia en esta noche) daría testimonio del Espíritu de Dios. ¿Es correcto eso? ¿Hay algunas tarjetas de oración en la reunión? (¿Repartió él las tarjetas de oración? ¿No?) ¿Hay tarjetas de oración? No, no hay tarjetas de oración, pero hay un Dios. Su Nombre es Jesucristo; El es el Hijo de Dios. Yo creo que tengo Su unción. El Mensaje que yo les he predicado a Uds., si es de Dios, que Dios vindique Su propia Palabra. Yo no planeé hacer esto. Pero yo–yo siento una urgencia por esto, antes que yo diga algo más. ¿Cuánta gente enferma hay aquí? Levanten su mano, que Uds. están enfermos, y necesitan a Dios. Levanten su mano. Sólo levanten su mano, digan: “Yo creo”.
121¿Creen Uds.? Si Dios viene aquí y hace las mismas obras que El hizo... ¿Cuántos creen que Jesucristo es el Sumo Sacerdote en estos momentos...? (En el libro de Hebreos, ¿es correcto eso, hermanos? ¿Es correcto eso?) El es el Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades. ¿Cuántos saben que eso es la Biblia? ¿Cuándo es El? Ahorita. Bueno, si El es... Y la Biblia dice (Hebreos 13:8): “El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. ¿Es correcto eso? Muy bien. Si El es el mismo Sumo Sacerdote, entonces si... y El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, si Uds. lo tocan a El, ¿cómo actuaría hoy? Si El es el mismo, El actuaría de la misma manera. ¿Es correcto eso? Entonces una mujer en una ocasión, se abrió paso entre la multitud y tocó Su manto, y ella sintió en sí misma que estaba sanada, y se fue y se sentó en la multitud. Mucha gente lo estaban tocando a El, diciendo: “Oh, hola rabí. Estamos contentos de que estés aquí”, y demás. Y entonces esta mujer.... Jesús dijo: “¿Quién me tocó?” Pedro lo amonestó, pero El dijo: “Yo he conocido que ha salido poder (fuerza) de Mí”. Y El miró por todas partes en la audiencia, hasta que encontró a la mujercita; le dijo que ella tenía un flujo de sangre y que su fe la había salvado. ¿Es correcto eso?
122Bueno ahora, si El es el mismo Sumo Sacerdote, ¿no haría El la misma cosa en esta noche si El fuera tocado? Ahora, ¿cómo la haría El? El es la Vid ahora; nosotros somos los pámpanos. ¿Es eso correcto? Bueno entonces, El actuaría a través de los pámpanos. Si es un pámpano correcto que sale de la Vid, actuaría de la misma manera que la Vida que estaba en la Vid. ¿Es correcto eso? Ahora, Uds. oren; Uds. crean. Yo oro; yo creo. Y sobre la posición que yo he tomado por Dios alrededor del mundo... Y este ministerio de discernimiento ahora se está yendo, y yo estoy entrando en un ministerio más elevado de hablar la Palabra. Y, ¿ven Uds. lo que Dios ha hecho? El lo ha puesto de nuevo en las manos de la gente. Que ellos vengan con el acercamiento correcto, y observen lo que sucede. Pero ellos tienen que tener el acercamiento correcto. ¿Ven?, ¿ven? ¿Ven?, nadie puede sanar; El es el Sanador. Pero yo no lo puedo decir hasta que El me lo diga. ¿Ven? Pero Uds. ahora lo pueden hablar con su fe y recibir su sanidad, si Uds. lo creen. Uds. sólo... Uds. empiecen a orar en su corazón: “Señor, permítele que me hable”. Vean lo que sucede. Y si El lo hace, quiero que cada uno que levantó su mano, que venga aquí y se pare alrededor del altar y haga su paz con Dios. Uds. oren, tengan fe.
123Ahora, Padre Celestial, después de predicar de esa manera, esto es un... completamente un cambio. Te pido, Padre, que Tú me des fuerza para yo mismo relajarme y para relajar a la gente allá en la audiencia, para que juntos podamos permitir a Tu Espíritu obrar a través de nosotros. ¿Qué bien haría si Tú obraras a través de mí y no a través de ellos? No habría respuesta. Tú llegaste a Tu propia ciudad en donde te habías criado, y ellos se ofendieron de Ti. Y Tú dijiste que muchas obras poderosas no pudiste hacer, debido a su incredulidad. Tú eres el mismo en esta noche, pues Tú eres el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Que toda incredulidad sea quitada. Que... Si la incredulidad me toca y dice: “No funcionará esta noche”, yo rechazo eso. El me prometió, y yo le creo a El. Ahora, que la incredulidad deje este edificio, y que Cristo, El mismo, pruebe que está vivo como El dijo que lo haría. Entonces, Padre, si el fin viene en la mañana, entonces, Señor, ellos se irán sin una excusa. Que estas personas que levantaron sus manos que te quieren, que ellas sepan que es el verdadero Espíritu de Dios que les está hablando a ellas en el edificio en esta noche. Sometemos estas cosas a Ti en el Nombre de Jesucristo. Amén.
124Ahora, yo tomo todo espíritu aquí bajo mi control en el Nombre de Jesucristo, bajo el control del Espíritu Santo. Ahora, Uds. oren. Hay una señora sentada ahí, la segunda ahí a la derecha, que tiene problema del riñón, está orando por su sanidad. ¿Quiere Ud. ser sanada, señora? ¿Cree Ud. que Dios la sanará? ¿Lo acepta Ud.? Muy bien, levante su mano entonces. Váyase a casa y sea sanada. Pregúntenle a la mujer si ella no estaba orando por su problema del riñón. Correcto. ¿Es correcto eso, señora? Si eso es correcto, levante su mano para que la gente pueda ver. Ahora, ella no tiene una tarjeta de oración. Yo no conozco a la señora; yo nunca la he visto en mi vida. ¿Es eso correcto, señora? ¿Somos desconocidos uno del otro? Mueva su mano. Ahora, tenga fe y crea.
125¿Lo hace eso a El el mismo? ¿Qué hizo ella? Ella tocó al Sumo Sacerdote; el Sumo Sacerdote habló a través de mí y me mostró una visión, exactamente lo que El dijo que haría. Jesús dijo: “Yo no hago nada, el... (San Juan 5:19). De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre;... también lo hace el Hijo igualmente”. ¿Es correcto eso? ¿Cuántos saben que eso es la Escritura? San Juan 5:19. Oren, sólo oren; oren humildemente.
126Ahí, yo veo a una anciana sentada ahí atrás, directo hacia donde mi dedo apunta. ¿No ven Uds. esa Luz suspendida sobre la mujer ahí? Miren allí; vuelvan su rostro y miren directo allí. La mujer levantó su cabeza. Ella está muy anciana; tiene cabello canoso. Ella tiene problema con su ojo. Ella ha tenido una cata-... tiene una catarata en su ojo, y ellos van a intentar quitársela. Y ella tuvo antes una operación de catarata. Eso es ASI DICE EL SEÑOR. Ahora, madre, eso es correcto, ¿no lo es? Si eso es correcto, mueva su mano. Si somos desconocidos uno al otro, mueva su mano. Ahí lo tienen Uds. Ahora, ¿cree Ud. con todo su corazón? Ahora, tenga fe; sólo crea a Dios.
127Ahora, ¿qué tocó ella? Ella tocó al Sumo Sacerdote. Si Uds. creen, todo es posible. Si puedes creer... Todo es posible para aquellos que creen. Yo estoy observando; sólo continúen orando en donde Uds. estén, en el balcón o en dondequiera que Uds. estén, no importa. Continúen orando. Sólo digan: “Señor, recuérdame. Yo estoy enfermo”. Ahora, no se vayan a poner nerviosos. Sólo digan: “Señor, yo creo que el hombre me está diciendo la verdad. Yo creo”. Ahora, ¿ven? ¿Qué me dijo el Angel? “Si puedes hacer que la gente te crea (no que me crean como hombre, sino que crean el mensaje que les estoy diciendo; que me crean) y eres sincero cuando ores, nada se opondrá delante de tu oración”. Eso es lo que el Hombre me dijo.
128Yo veo a una mujer llorando, limpiándose las lágrimas de sus ojos. Si ella me cree como profeta de Dios (ella está sentada aquí mismo enfrente de mí), Dios la sanará. Yo no la conozco a Ud., nunca la he visto a Ud. Pero Ud. no es de aquí; Ud. es de Grant´s Pass. Si Ud. cree con todo su corazón, será sanada. Dios, se le va a pasar por alto; no permitas que se le pase por alto, Señor. ¿Sra. Kruger? Yo la reto a que Ud. le crea a El. Tenga fe. Yo no conozco a la mujer; yo nunca la he visto en mi vida. Dios sabe eso. No hay manera en el mundo que yo la conozca. Ella sólo es una mujer sentada allí. Si somos desconocidos uno al otro, señora, levante su mano. Bueno, lo que El le haya dicho a Ud., ¿es eso verdad? Mueva su mano de un lado al otro de esta manera. Muy bien. ¡Si Ud. cree!
129Yo veo a una mujer sentada allá muy atrás. Ella tiene un vestido azul con diseño de bolitas blancas. Ella tiene un crecimiento en su lado izquierdo. Tenga fe; no dude. No le pase por alto. Dios... Sra. Griffith, tenga fe en Dios. Crea con todo su corazón, y el Dios Todopoderoso la sanará y la hará saludable. ¿Creen Ud. ahora con todo su corazón? ¿Qué piensa Ud. tocante a El? ¿Cree Ud. que Dios la puede sanar, hermana? Seguro que El puede. ¿Cree Ud. que se le va a ir, su...? Muy bien, Ud. puede obtener lo que Ud. pidió. ¿Creen Uds. ahora en El? Entonces el Espíritu que me llevó Allá, es el mismo Espíritu que está aquí, que el mundo científico fotografió como un Ser sobrenatural que por primera vez fue fotografiado. Es una gran Columna de Fuego. La misma que guió a los hijos de Israel, aquí está Ella ungiéndonos en esta noche, haciendo las mismas obras que Ella hizo cuando estaba en Jesucristo, estando El en la tierra. “Un poco, y el mundo no me verá más”, dijo Jesús. “Pero vosotros me veréis, porque Yo (‘Yo’ es un pronombre personal), Yo estaré con vosotros aun en vosotros, hasta el fin del mundo”, “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”.
130¡Hermanos! (¡oh, Dios!), ¿qué no pueden comprender? No presten ninguna atención a este hombrecito calvo con hombros caídos, parado aquí procurando decirles a Uds. estas cosas. No me miren a mí, sin educación, tosco; no se fijen en eso. Observen la naturaleza del Espíritu que está obrando a través de mí. ¡Crean al Señor Jesús! No soy yo; yo no los conozco, no sé nada tocante a Uds. Es El, Cristo cumpliendo Su Palabra, de lo que El dijo que haría. Recuerden: el fin se está acercando. Busquen refugio mientras puedan, mientras las puertas de misericordia están abiertas para los gentiles. Tomen refugio; eso es ASI DICE EL SEÑOR.
131Yo invito a cada uno de Uds. que no tiene esa paz que lo llevaría Allá, que venga aquí, párese aquí en este altar. Todo pecador que hay aquí, todo descarriado, quiero que Uds. vengan y se paren aquí en el altar. Si el Espíritu de Dios está aquí que los conoce a Uds., de seguro El sabrá qué hacer. Dios lo bendiga, señor. Levántense y vengan aquí; sepan cuán sinceros son. ¿Vendrían de allá para acá, si es que significa la diferencia entre ir al Cielo o perder su salvación? Ud. dice: “Yo soy un miembro de la iglesia. Yo he nacido de nuevo”. ¿Tiene Ud. ese Amor? ¿Está seguro? No tome riesgos en eso. Cantemos ahora. Yo le amo, yo le amo, Porque El a mí me amó (Dios lo bendiga, mi hermano) Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.
132Que todo pecador venga ahora. ¿Lo hará? Párese aquí? No importa su afiliación de iglesia, su credo, su color, quienquiera que sea Ud. Dios lo bendiga, jovencito. Que el Señor lo haga un predicador. Muy bien, vengan. ¿Vendrán ahora, aun antes que cantemos la alabanza? Uds. que levantaron su mano, que quieren encontrar esa paz: vengan. ¡La paz que pasa todo entendimiento! ¿No vendrán Uds.? Yo le amo (se necesita Su amor para llevarlo Allá), yo... (levántense y vengan aquí, ¿lo harán?) Porque.... Y... (¿No vendrán? Hubo como unas treinta manos que se levantaron).... salvación, Allá en la cruz.
133Ahora, un momento. Dios los bendiga a Uds. que están parados aquí, Uds. tres hombres. Yo pensé que eran las mujeres las que llevaban la delantera. Escuchen. Esto es para la iglesia, esto es en el Nombre del Señor. (Yo estoy profetizando). Esa es la razón que no podemos tener avivamientos; esa es la razón que el Espíritu de Dios no se puede mover en la audiencia; esa es la razón que mi ministerio, al parecer, ha llegado a ser impopular para la gente. El Espíritu Santo viene y confirma todo lo que El dijo que El haría, y la gente levanta sus manos y se queda en sus asientos. ¡Eso no es sinceridad! ¿Cómo entonces pueden Uds. esperar tener un servicio de sanidad? ¿Cómo pueden Uds. esperar que la iglesia siga adelante a su perfección?, cuando treinta personas levantan sus manos y sólo tres vienen. ¡Escúchenlo! Esto es en el Nombre del Señor. América ha visto su día; ¡nunca más se levantará! ¡Va a su ruina! Yo hablo en el Nombre del Señor. Yo....