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~ BARTIMEO EL CIEGO ~
1...?... Se pueden sentar, por favor. Me estaba fijando que mucha gente está poniendo peticiones y... para orar. Ahora, eso es una... Apreciamos eso mucho, porque la Biblia dice que ellos tomaban paños y delantales del cuerpo de Pablo, y espíritus inmundos salían de la gente, y enfermedades malas los dejaban, y padecimientos. Y Dios todavía es Dios; El lo es tanto hoy, como lo era en los días de–de San Pablo. El sencillamente no cambia. Ahora, mucha gente toma esas telas, y las unge con aceite, y las envía a los amados. Ahora, eso–eso está muy bien. Miren, todo lo que Dios bendiga, yo– yo lo apoyo, ¿Uds. no? Sí, señor. Pero Escrituralmente, Pablo no los ungía; ellos los tomaban de su cuerpo. Hechos 19, dice que “los tomaban de su cuerpo, y los–los espíritus malos salían de la gente”. Ahora, yo soy.... Sabemos que–que San Pablo... Nosotros no somos San Pablo, pero El todavía es Jesús. Así que entonces, El es tanto Jesús esta noche como lo era en los días de San Pablo. Así que El sencillamente honraba la fe de la gente en Su siervo, y El hará lo mismo por Uds. Los milagros más grandes que yo he sabido que se hayan efectuado, fueron cuando la gente envió pedacitos de tela de oración, o nosotros se los enviamos a ellos, y ellos fueron sanados; enviamos miles de esos a la semana por todo el mundo.
2Y yo recuerdo que en Suráfrica, en donde estábamos teniendo una gran reunión en un campo grande de aviación (ellos nos permitieron–nos permitieron usarlo para las reuniones), la gente... Fue en Capetown; había tantos, que no teníamos edificios con el cupo para meterlos. Los tuvimos en el campo de aviación. Y allí había un... Creo que ellos tenían... Eran alrededor de... Se me olvida cuántos sacos había de esos grandes sacos de arpillera llenos de correo, y... para que se orara por ello. Y oré por ese correo. Y uno de los reporteros dijo: “El Hermano Branham es muy supersticioso”. Dijo: “El estaba orando sobre las cartas para enviárselas a la gente enferma”. Bueno, ¿ven Uds.?, el–el hermano sencillamente no entendía que esa es una comisión que se nos ha sido dejada en las Escrituras, de que deberíamos orar sobre esas cosas.
3Y sólo contaré un pequeño incidente de ello, porque quiero... Esta noche es... estamos... Hemos dedicado el servicio en esta noche principalmente para orar por los enfermos. Hubo una... Hace algún tiempo, yo estaba leyendo uno de los testimonios que regresó. Una señora en Alemania, ella había estado inválida por algunos diecisiete años, sentada en una silla de ruedas. Y cuando enviamos estos... enviamos pedacitos de tela cuando ellos no nos los envían. Antes yo podía enviar pañuelos, pero cuando llegaron a los diez mil, y los pañuelos cuestan de como quince a veinte centavos cada uno, yo ya no lo pude hacer. Y así que, sencillamente compramos cienes de yardas de listones, y los cortamos en pedacitos, y yo oro sobre cada uno de ellos. Y si da el caso que Uds. necesitan uno, sólo escríbannos a la oficina; nosotros–nosotros oramos sobre ellos y los enviamos. Entonces Uds. recibirán una pequeña carta ya preparada, y la gente se levanta a todas horas de la noche, y se hace una cadena de oración por todo del mundo, para orar por los enfermos. La Biblia dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros”. Y así que nosotros... ¡Por toda la nación, y por todo el mundo!
4Así que esta señora recibió la de ella, y hay allí una instrucción que dice: “Si Ud.... Si es posible, llame a su pastor. Y entonces, si... Que ore él con Ud. cuando se ponga el listón sobre Ud. Y si Ud. no puede conseguir a su pastor, entonces llame a algún buen vecino Cristiano. Si Ud. sabe que ha cometido algún pecado, una maldad a cualquiera, ha hablado mal, o ha hecho algo mal, primero vaya y haga eso bien antes que Ud. se ponga el listón. Y luego... Prepárese. Y luego cuando se ponga el listón sobre Ud., entonces crea que Dios sana. Colóqueselo (yo les digo), en su ropa interior cerca de su corazón. Y a las tantas horas: a las nueve de la mañana, las doce del mediodía, y a las tres de la tarde, por todo el mundo, hay una cadena de oración sobre eso. La gente se levanta a las dos de la mañana y demás, para hacer esa cadena de oración por todo el mundo”. Y entonces, si quizás un millón y medio o dos millones de personas están orando al mismo tiempo unos por los otros, simplemente algo tiene que suceder. Dios sencillamente está obligado a oír eso. Y entonces....
5Así que en eso, ellos... Esa señora alemana... Estaba muy... bueno, yo no lo quiero decir como que es un sacrilegio decirlo, sino un poco curioso. Pero ella dijo: “Yo puse el pañuelito sobre mí”. Ella dijo: “Allí estaba... Mi vecina vino para orar conmigo”. Y ella dijo: “Yo había... Confesé todos mis pecados, y le pedí al Señor que me permitiera caminar otra vez para que yo lo pudiera glorificar”. Dijo: “Cuando hice todo, Hermano Branham”, dijo, “yo me puse el pequeño listón en mi ropa interior, y dije: ‘Muy bien, Sr. diablo, tú me has agarrado el tiempo hasta donde me ibas a agarrar”. Ella se levantó de la silla de ruedas y empezó a caminar. Fue así de sencillo. ¡Si Uds. sólo son sencillos! ¿Saben Uds.?, el problema con nosotros Cristianos, o mejor dicho, con nosotros seres humanos, es que ponemos a Dios tan lejos y lo hacemos tan complicado. ¡Simplicidad!
6Yo me he estado fijando cada noche en dos indios sentados por acá; no están aquí (me supongo) en esta noche. Pero alguien me dijo que–que había algunos cantantes que habían estado cantando, que unos muchachos indios habían estado cantando. Me gustaría haberlos oído antes que se fueran. Pero, de todas maneras, estaba pensando de la primera vez que les prediqué a los indios. Eran los apaches en–en Arizona, allá en San Carlos. Y así que, el indio es una persona muy rara. Me di cuenta de eso al ir a pescar la otra mañana. Yo le pregunté a uno qué estaba usando para carnada. El dijo: “Sólo carnada”. [El Hermano Branham se ríe–Ed.]. El no me decía. Yo dije: “Gracias, señor”. ¡Sin duda que él era un pescador! Y así que, yo estaba... Son extraordinarios.
7Recuerdo que mi hijo en una ocasión estaba repartiendo tarjetas de oración en una grande reunión de tienda en Phoenix. Y yo encontraba pasando en la línea de oración gente quizás con un dolor de cabeza, o un diente cariado, y había gente sentada allí con cáncer, muriéndose. Y yo dije: “¡Billy, no hagas eso! Tú pregúntale a la gente qué es lo que le pasa”. El generalmente sólo mezcla las tarjetas y se las da a cualquiera que las quiera. Así que entonces, yo dije: “¡No hagas eso!” Yo dije: “Tú pregúntale a la gente. Hay muchas personas muy seriamente enfermas allí, para nada más darle a un hombre una tarjeta que tiene un–un dolor de cabeza o un dolor de muela, y otro hombre sentado allí muriéndose con cáncer y queriendo que se ore por él”. Yo dije: “Mira, no deberías hacer eso”. Yo dije: “Sólo pregúntales qué es lo que les pasa”.
8Así que Billy fue esa noche a la reunión, y él... (era sólo un jovencito en ese entonces) y él tomó las tarjetas y las mezcló. Y él dijo: “Miren: cada uno de Uds. tienen que decirme qué es lo que les pasa. Mi papá dijo que–que no le diera estas tarjetas a la gente que sólo tiene un dolor de muela, y un dolor de cabeza, y demás, cuando hay gente que se está muriendo de cáncer”. Así que, el Jefe, él estaba sentado en el suelo como acostumbran, y con su sombrero puesto. Y así que, él se encaminó hacia allá, pues él se empezó a fijar que las tarjetas de oración de Billy se estaban disminuyendo más y más, a medida que las repartía. El le golpeó suavemente en el hombro; él estiró su mano. Y él dijo: “Jefe”, dijo, “mi papá dijo que yo... tú tenías que decirme qué es lo que te pasaba. ¿Estás muy enfermo?” Dijo: “¿Qué es lo que te pasa?” El dijo: “Yo enfermo”. Así que él dijo: “Bueno, ve siéntate, y tú....”
9El fue allá y empezó a repartirlas, y el Jefe se fijó que ese montoncito de tarjetas se estaba disminuyendo más y más. El regresó otra vez, y le golpeó suavemente en la espalda. El dijo–él dijo: “¿Qué te pasa, Jefe?” El dijo: “Yo enfermo”. Así que él dijo: “Bueno, yo... Espera un momento”. Y así que, él estaba diciendo: “¿Hay alguno que esté muy grave con cáncer o algo, para que le pueda dar una tarjeta de oración?” Después de un rato, el Jefe vio que quedaban sólo dos o tres. El corrió y agarró a Billy. El dijo: “Yo enfermo”. Billy dijo: “Toma esta tarjeta y escribe en ella: ‘¡Yo enfermo’, y ve y siéntate!” [El Hermano Branham se ríe–Ed.]. (“Yo enfermo”). Yo lo vi–lo vi en la fila de oración esa noche, y yo dije: “Jefe”, yo dije, “¿va Ud. a...? ¿Cree en Dios?” El dijo: “Está bien”. Y yo dije: “¿Va Ud. a ser un buen hombre después que el Señor lo sane?” El dijo: “Está bien”. Y todo lo que yo le dije, dijo: “Está bien”. Me vine a dar cuenta, que él únicamente sabía como dos o tres palabras. Y una de ellas era: “Está bien”. [El Hermano Branham se ríe–Ed.]. Todo estaba bien entonces.
10Fuimos a la reserva. Pudiera haber personas aquí que estaban en la reserva de San Carlos esa noche; miles de ellos se reunieron para que se orara por ellos. Y los indios, no son muy... El tiene que saber lo que él está haciendo; él no entra en algo nada más porque sí. Cuando estaba hablando, yo (como para encontrar favor con ellos)... y yo.... Si hay alguien, de cualquier nación, de cualquier gente en todo el mundo, por la que siento pesar, es por un indio. Correcto. Ellos recibieron un trato muy deshonesto de parte de nosotros. Eso es exactamente correcto. Si hay una mancha en la bandera americana, es la manera que ellos tratan al indio. Le quitan todas las ovejas, lo ponen allá en la región más pobre del mundo, y le dan diez dólares por mes para su sustento, o algo; eso no está correcto. No, señor. Después de todo, esta es su nación. Dios le dio esto a él; nosotros se la quitamos a él. Eso es exactamente correcto.
11Y así que, yo siempre sentí pesar por la gente pobre viviendo allá, y siempre quise orar por ellos. Y así que, le prometí al Señor en Phoenix, que si El sanaba al alcohólico y a la mujer tuberculosa, que yo iría a la reserva; y ambos trajeron de regreso los certificados que ellos estaban sanos. Así que entonces esa noche, yo fui a la reserva, y ellos me pararon en un lugarcito de pequeños escalones de la Asamblea de Dios, como un pequeño porche en la pequeña Asamblea. Allí estaba una señora... (Algunos de Uds. hermanos de la Asamblea pudieran...) [Alguien dice: “Hermana Marshal–Ed.]. Hermana Marshal, esa era la señora; ella era una... la misionera allí. Y me paré allí y les hablé a todos ellos, y ellos se sentaron alrededor, miles de ellos allí. Y ellos... Era hermoso verlos sentados sobre sus cobijas y cosas, esperando el servicio. Y por lo general cuando hago un llamamiento al altar, uno tiene una estampida. Pero....
12Yo dije: “Ahora, todos los que quieran que se ore por ellos...” (Uno no podía hablar su idioma, y nosotros... En esos días, no repartíamos tarjetas de oración de todas maneras). Así que yo dije: “Todos los que quieran que se ore por ellos, pónganse de pie”. No hubo nadie que se pusiera de pie. Y yo pensé: “Bueno, eso es raro”. Como que me sorprendí. Nadie se puso de pie. Bueno, yo dije (le dije al intérprete), yo dije: “¿Dijo Ud. lo que yo dije?” Dijo: “Cada palabra que Ud. dijo”. Yo dije: “¿Me permite decirlo otra vez? Todos los que quieran que se ore por ellos para que sanen, pónganse de pie”. Nadie se puso de pie. Así que la Hermana Marshal vino allí de adentro con una señora india. Los apaches son gente muy alta; son fuertes, gente fornida. Y salió una señora, y yo la estuve mirando sólo un momento. Y dije: “Ahora, la señora está enferma. Ella tiene una enfermedad venérea, pero no es debido a que vive inmoralmente. Es debido a que ella tiene que vivir de la manera que vive”. Y esa señora me miró como pensando: “¿Cómo sabía Ud. eso?” ¿Ven?
13Y oré por ella, y en un ratito, esa... Un hombre salió; él tenía glaucoma en los ojos. Y luego el siguiente que salió era una–una–una niñita, y ella tenía su cabecita inclinada. Y–y yo dije: “Bueno, ¿puedes mirar para arriba en esta dirección, cariño?” No, ella... Por supuesto ella ni siquiera podía entender lo que yo estaba diciendo. Y yo dije: “Bueno, el Señor lo puede revelar”. Y luego El dijo que ella había tenido fiebre, y que se ensordeció de los dos oídos. Y ella... Estando sorda, ella también se enmudeció; ella no podía hablar ni oír. Y cogí a la niñita en mis brazos, y dije: “Señor, si Tú por favor... yo... No estamos... No pedimos milagros; no pedimos esas cosas. Pero si lo hicieras, eso ayudaría a la gente, y... si Tú solamente lo hicieras. Yo quiero encontrar favor con esta pobre gente rechazada”. Y cuando yo oré por la niñita, la bajé de mis brazos. Yo dije: “¡Mírame!” Miró hacia arriba de esta manera. Yo dije: “¿Amas a tu mamá?”, le dije así, y ella empezó a decir algo entre dientes. Y me di cuenta que podía oír. Yo dije: “Uds. ven que ella puede oír. Pero ella probablemente hablará mejor”. Y la madre, parada con la niñita, dijo: “¡Mmm!, ella está hablando muy bien ahorita”. Yo sencillamente no la podía entender, no podía entender lo que ella estaba diciendo. Entonces, ¡entonces habló...!
14Había un muchachito bizco que era el que seguía. Yo nunca en mi vida he visto a Dios rechazar a un niño bizco. Me imagino que la razón es porque cuando mi bebé... Cuando yo sólo era un joven, perdí a mi esposa y a mi bebé, Uds. saben. Y la niñita sufrió tanto, al grado que sus ojos se le cruzaron, y yo casi me desmayé, mirándola. Y yo nunca puedo soportar ver a un niño bizco; el Señor siempre contesta la oración para eso. Y entonces cuando... ese niñito indio, los ojos de él estaban bizcos, y yo– yo tomé al niñito en mi brazos y oré. Yo–yo sabía que Dios lo había sanado, y yo dije: “Antes que aun voltee al niñito hacia la audiencia, si sus ojos no están perfectamente derechos, entonces yo soy un falso profeta”. Lo volteé hacia allá; y entonces, ¡hablando respecto a una fila de oración! Tuvimos una estampida. Y yo le pregunté al intérprete. Dijo: “Ellos pensaron primero que era falso, pero ahora ellos ven que es real”.
15Así que entonces, el que seguía en la fila era una anciana que la Hermana Marshal traía de adentro. ¡Y la pobre anciana! Si hay un indio aquí, por favor no piense que estoy diciendo esto... diciendo algo mal tocante a ser pobre. Pero probablemente la pobre hermana estaba tan... Ella no se podía costear unas muletas, y así que ella traía unos palos de escoba con una... ellos habían cortado unos bloquecitos de madera y se los habían envuelto con trapos. Y ella era la que seguía; artritis. Y ella estaba tan tiesa, que cogía estos palos de escoba, y ponía uno hacia adelante de esta manera y el otro así, y luego daba unos pasos de esta manera; y luego los ponía hacia adelante y daba unos pasitos; y cuando ella llegó allí.... Algunas veces es una–una costumbre de los indios de trenzar su cabello con cuero. Y ella me miró; esos ojitos que se miraban oscuros, y esas grandes y hondas arrugas en sus mejillas, las... y las lágrimas corriendo a través como de pequeños canales por sus mejillas. Ella me miró de esa manera, y pensé: “¡Oh Dios, esa es la madre de alguien! Sin duda que esas manos han limpiado los ojos de muchos bebitos llorando. Y quizás nunca tuvo muchas comidas substanciosas en toda su vida”.
16Y uno tiene que entrar en el sentir por la gente, si uno va a orar por ella. Y así que, parado allí mirando eso, ella sólo me miró, y se empezó a sonreír; yo nunca oré ni hice una sola cosa. Ella sólo cogió una muleta en una mano y la otra en la otra y me las entregó, y se bajó caminando de la plataforma tan bien como cualquier otro. Así de sencillo. ¿Ven? Ahora, nosotros–nosotros tratamos de hacerlo complicado. ¿Está bien sólo decir una cosita más tocante a...? Eran como las tres de la mañana, y yo todavía estaba parado en la fila. Y yo dije: “Yo oraré por todos ellos”, porque tenía que salir al día siguiente. Y me fijé que todos ellos venían mojados de muy arriba hasta aquí. Y yo dije: “¿Qué es lo que pasa con...? ¿Por qué–por qué están mojados?” Dijo: “Bueno, ellos están corriendo adentrándose en la–la reserva, y están trayendo a sus amados”. Y dijo: “No se están esperando para ir como a unas diez millas [unos 16 km–Trad.] hasta el vado”. Dijo: “Ellos están vadean-... cruzando el río, caminando con ellos, cargándolos en sus espaldas o de cualquier manera para traerlos aquí”.
17Y entonces yo... Venían, empujando por el lado, entrando por la puerta de atrás y saliendo por la de enfrente. Hubo un–un–un hombre que cogió un tablón y le puso dos palos atravesados. Y él traía a un anciano canoso con sus piernas amarradas en uno de los palos atravesados aquí y sus brazos amarrados en el otro palo atravesado, y lo venían cargando dos indios corpulentos, de apariencia fornida. Y uno estaba parado allí, y sus labios estaban muy azules, y estaba tiritando de frío, todo mojado. Y yo dije: “¿Habla Ud. inglés?” El dijo: “Poquito”. Y yo dije: “¿No piensa Ud. que va contraer una pulmonía, estando mojado?” (Estaba viendo lo que él iba a decir, Uds. saben. Yo estaba probando su fe). El dijo: “Jesucristo ha cuidado de mí; yo traje a mi papá”. Yo dije: “¿Qué es lo que le pasa a tu papá?” “El enfermo”. Y él estaba temblando de esa manera; tenía parálisis cerebral. Y él... El anciano estaba acostado allí, Uds. saben. Y yo dije: “¿Habla él inglés?” “No”. Yo dije: “Bueno, tráigalo aquí”. Lo trajeron allí. Me imagino que su hermano en la parte de atrás (él era un hombre de apariencia más joven); llevaron... lo trajeron. Yo puse mis manos sobre él, y dije: “Señor: que el Señor lo bendiga”. Yo dije: “Jesús ayuda a este pobre hombre querido que no se puede ayudar él mismo. Honra la fe de su hijo quien lo ha traído”. Dije: “Muy bien, llévenselo”. Y yo... Sólo en un momento, yo–yo oí a alguien gritando y dando gritos a voz en cuello. Yo volteé, y el indio anciano traía el tablón en su propio hombro, yendo por todos lados moviendo su mano a todos, saludando, y comportándose de esa manera...?.... Y muchas veces nosotros gente de cara pálida (¿ven?), sólo nos quedamos indiferentes y decimos: “Bueno, ore por mí otra vez; pasaré de nuevo por la fila, o...” ¡Oh, hermanos! Ellos sólo creen (eso es todo); sólo una fe como de niño. De esa manera lo tenemos que hacer. ¿Ven? Sólo creer; no es complicado.
18Allá en la ciudad de México, el año pasado, cuando el General Valdena [el Hermano Branham quiso decir: Valdivia–Trad.]... el Gene-... Muchos de Uds. hermanos (yo me imagino) conocen al General Valdena, el... uno de los generales sobresalientes en el ejército mexicano. Yo tuve el privilegio de ser el primer Protestante que fue invitado a la ciudad de México para orar por la gente enferma o para tener una reunión, por el ejército mexicano; y eso fue por medio del General Valdena. Lo acabo de encontrar el otro día en la convención de Los Hombres de Negocio del Evangelio Completo, lo saludé de mano. “Procure regresar otra vez”. Estuvimos allí únicamente tres noches. Fuimos a la plaza de toros, pero no la obtuvimos. Así que ellos tenían un enorme lugar allá en el campo, uno grande... otro grande como una arena. Y la gente... Ahora, ¡hablando tocante a querer a Cristo!, ellos llegaron allí a las nueve de la mañana, sin lugar para sentarse, y yo no llegué, sino hasta las nueve de la noche. Ellos sencillamente se reclinaban uno sobre el otro, como ovejas paradas en un campo.
19Y recuerdo que la segunda noche estaba lloviendo copiosamente, y esa pobre gente estaba parada allí en esa lluvia, sólo... La gente mexicana. Y la noche anterior, se había hecho un gran milagro. Hubo un anciano que pasó por la plataforma. Y en México, su economía está muy mal balanceada. Quizás, digamos que Pancho gana (él es un albañil), gana ocho pesos al día, y él tiene que trabajar cuatro días para comprarse un par de zapatos. Ahora, ese es el balance de la economía en México. Pero sin embargo, ellos tienen que gastar cincuenta centavos de eso, para prender una veladora en un altar de un millón de dólares. Pero entonces, cuando nosotros llegamos....
20Este anciano subió allí, y él estaba ciego. El tendría como la edad de mi padre, si él (mi padre) hubiera vivido. Y él no traía zapatos; sus pobres pies estaban todos maltratados, y las piernas de sus pantalones estaban rotas y viejas, con una camisa vieja puesta que se miraba polvorienta, y un sombrero viejo (amarrado con cordones), y–y él se estaba acercando, siendo el que seguía en la fila. Y así que ellos le dijeron: “El que sigue”. Y el Hermano (uno de los evangelistas allí de la Asamblea de Dios) Espinoza (todos Uds. pueda que conozcan al Hermano Espinoza de California, él–él era mi intérprete), y él le dijo a él que era el que seguía. Y él metió su mano en el bolsillo y sacó un pequeño rosario y empezó a rezarlo. Yo dije: “Eso no es necesario”. Y él se acercó; y yo lo miré. ¡Oh, qué compasión se sentía al ver a ese hombre! Un pobre hombre, quizás nunca tuvo una comida substanciosa en su vida, y él no traía zapatos, y yo estaba parado allí con un buen traje y un buen par de zapatos. Puse mi pie al lado del suyo para ver si mis zapatos le quedaban; yo le hubiera dado mis zapatos allí mismo. Y sus hombros eran mucho más anchos que los míos; mi saco no le hubiera quedado. Y luego, allí estaba ciego.
21Yo abracé al anciano y oré: “¡Oh Dios, ten misericordia!” Y de repente, yo oí un: “Gloria a Dios”. Y allí iba él corriendo de punta a punta en la plataforma (podía ver tan bien como yo puedo o como Uds. pueden), sencillamente teniendo un momento maravilloso. Y a la siguiente noche, con una plataforma tan grande como este cuarto aquí, un montón de sacos viejos, y pañoletas, y chales, así de alto, estaban puestos allí para que se orara sobre ellos. Cómo sabrían a quién les pertenecía qué, yo no sé. Y entonces estaba lloviendo, y ellos mojándose allí, en lo abierto, en una arena enorme. Y Billy vino y me dijo, él dijo: “¿Papá? Tú... Hay una mujer allá que tiene un bebé muerto que murió esta mañana”. Dijo: “Uno no puede hacer nada con ella”. Dijo: “Ella se encarama por encima de esos ujieres, caminando por arriba de sus hombros con ese bebé”. Y dijo: “La hemos echado fuera de la plataforma tres o cuatro veces. Siendo que nosotros no podemos hacer algo, vas a tener que venir a verla”.
22¿Cuántos conocen a Jack Moore, el Hermano Jack Moore de Shreveport, Louisiana? Me imagino que muchos de Uds. lo conocen. Bueno, él estaba conmigo. Y yo dije: “Hermano Jack: tú ve allá y ora por la damita, y por el bebé”. Yo dije: “Ha estado muerto desde esta mañana”. Yo dije: “Tú–tú–tú... Eso como que la confortará”. Yo dije: “No la puedo traer aquí; no tiene una tarjeta de oración”. Y yo dije: “No sería justo para la gente que tiene tarjetas de oración. Ellos tienen la prioridad de pasar a la fila de oración. Ellos estuvieron parados aquí temprano esta mañana y obtuvieron esas tarjetas”. Y así que, el Hermano Jack se empezó a encaminar hacia allá para–para ver a la señora. Y miré hacia la audiencia, y vi un bebito en una visión, haciendo “agú-agú”, palmeando sus manitas, un bebito mexicano. Me volteé. Yo pensé: “Bueno, yo... Quizás es mejor que vaya yo allá”. Y yo dije: “Traíganla aquí”.
23Y así que, ellos se abrieron camino. Era una hermosa damita como de unos (yo diría) viente años de edad; ella traía una pequeña cobija como así, y el cuerpecito yacía bajo la cobija. Y ella se postró de rodillas y empezó a gritar: “¡Padre!”, Uds. saben. Y yo dije: “¡Levántese, hermana!” Y yo puse mis manos sobre el bebito. Yo no podía hablar español, y–y puse mis manos sobre el bebito. Dios en el Cielo, quien es el Autor de esta Biblia, sabe que es verdad. Puse mis manos sobre ese bebito, y cuando menos pensé, dejó escapar un chillido, y empezó a hacer “agú-agú”, a moverse, y a chillar. Y yo dije: “Miren, no digan nada tocante a esto, no publiquen esto en ningún periódico, hasta que Uds. vayan y que el doctor firme una declaración de que ese bebé murió esta mañana”. ¿Ven?, eran como... De las nueve de esa mañana, hasta como a las nueve y media o diez de esa noche, el bebé había estado muerto. Y ellos obtuvieron la declaración firmada del doctor de que él pronunció muerto al bebé esa mañana a las nueve de la mañana. Y aquello fue a las diez... cerca de las diez de la noche de ese mismo día (entre las nueve y media y diez). Y el bebé está viviendo hoy en día. ¿Ven? Sólo por fe sencilla. Yo no tuve nada que ver con la sanidad del bebé. Por supuesto, vino la visión. Pero cuando habla la visión, no hay nada que pueda cambiar eso; siempre es perfecta; siempre es perfecta.
24Y al orar por los enfermos... Esta noche mientras oramos por los enfermos, el Señor pudiera venir a nosotros y dar las visiones. Y si El lo hace, recuerden que la visión no sana a la gente. La visión es únicamente una vindicación que la Palabra está correcta. ¿Cuántos saben lo que significa la palabra “profeta”? Seguro que Uds. saben. Un “profeta” significa que... “uno que predice o profetiza”. Y es una señal Divina de Dios, que esa persona que está hablando tiene la interpretación correcta de la Palabra Divina, porque la Palabra del Señor viene a los profetas. Y el profeta predecía y hacía esas señales, lo cual eran una vindicación de que él tenía la interpretación de la Palabra.
25¿Ven?, una señal tiene una voz. A Moisés se le fue dicho... Dios le dijo a Moisés, cuando El le dijo que hiciera una señal con su mano, luego que hiciera una señal con una vara, El dijo: “Si ellos no oyen la voz de la primera señal, ellos oirán la voz de la segunda señal”. Cada señal tiene una Voz, y la Voz de Dios nos habla a nosotros. Y si El hace eso, entonces yo quiero que cada una de Uds. personas crea con todo su corazón que Cristo, el Hijo de Dios, está aquí para sanarlo. Y ahora recuerden: cuando El está hablando, cuando El habla, no soy yo.
26Ahora, yo tomé dos noches de predicación muy fuerte y severa. Y yo–yo no me disculparé por lo que dije, porque es la verdad, amigos. Yo–yo–yo soy celoso de la iglesia. Y en esta noche, oír a este grupo de hombres... Yo me he sentado con grupos con más hombres, pero nunca me he sentado con un grupo más amable de verdaderos hermanos creyentes. Eso.... Puso su brazo sobre mí entrando hace unos minutos, y dijo: “Apreciamos ese mensaje anoche”. Yo dije: “Fue muy duro”. El dijo: “Pero también nos inspira a seguir adelante”. Yo–yo–yo tengo confianza en hombres como esos; sí, señor. Sí. Cuando tomamos... Si–si yo sólo lo estuviera diciendo para hacerme listo, entonces eso estaría mal. Yo–yo debería ir al altar y enmendarme con Dios. Pero cuando es la verdad, amigos, entonces deberíamos medirnos a la altura que Dios lo dice. ¿Ven?, eso es correcto. Dios lo sabe.
27Una noche de esta semana, quiero contarles a Uds. algo que me sucedió hace como un mes. Y Uds. entenderán entonces que... tocante a algo que sucedió... Si fue una visión o no, yo no sé. Yo se lo conté a los hermanos en el desayuno, y quería ver al director y a algunos del comité si estaba bien contarlo aquí de la plataforma alguna noche. Fue algo que me sucedió (como una visión). Y yo–yo amo a la gente; yo sencillamente amo a la gente. Y yo–yo quiero vivir para siempre con ella. Yo quiero vivir en la Eternidad con ella. Y yo–yo preferiría como conmoverlos sólo un poquito ahorita, en lugar de oírlos a Uds. parados allá en aquel día, como una muchacha que murió en la... nuestra ciudad recientemente, y....
28Hay una muchacha que va allá al Tabernáculo. Ella es una muchachita chapada a la antigua. Y–y así que, esta otra muchacha le hacía burla a ella, la llamaba “anticuada” y todo. Y–y le pidió que fuera a un baile con ella, y la muchacha del Tabernáculo le dijo: “Nosotros no vamos a bailes”. Ella dijo: “Ese pastor de Uds. de mente estrecha, el Sr. Branham”, ella dijo, “si él no fuera tan cascarrabias y un fanático religioso, tú tuvieras más libertad”. Ella dijo: “Yo no hago esto debido a las convicciones del Sr. Branham; yo hago esto por mis propias convicciones en Jesucristo”. ¡Mmm! ¡Dios bendiga a esa muchacha! Esa muchacha que le dijo eso a ella era una maestra de escuela dominical. El Sr. Perkins trabaja para una Señora... para el director de la funeraria allá en la ciudad. Como unos seis meses después que fue hecho ese comentario, esta muchacha se enfermó y murió; ellos no supieron lo que fue. Fue una enfermedad venérea. El Sr. Perkins, cuando él estaba metiendo el líquido para embalsamar el cuerpo de la muchacha, él seguía oliendo algo; como que se estaba saliendo. Y él la descubrió, y tenía hoyos comidos dentro de ella de esa manera, producidos por una enfermedad venérea. Correcto. ¡Y con el descaro de hacer burla y decir que alguien es un fanático!
29Cuando ella murió... (si está bien, yo contaré el testimonio), cuando la muchacha iba a morir, ella invitó a toda la clase de su escuela dominical; ellos estaban allí para mirarla que se fuera al Hogar al Cielo, por supuesto. Pero ella era muy mundana, muy, muy mundana. Y entonces cuando ella iba a morir, ella pensó que todo estaba bien. ¿Saben Uds.? “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. Bueno, esta muchacha, cuando iba a morir.... Su pastor fumaba cigarrillos en una boquilla, en una boquilla larga; usaba uno de esos cuellos volteados. Eso está perfectamente bien, si él quiere hacer eso. Pero... ¡Si él tan sólo hubiera predicado el Evangelio! Jesús.... Yo no pienso que Jesús mismo se clasificó diferente de cualquier otro hombre; El vistió como un hombre común, y anduvo entre los hombres. El era un Hombre entre hombres. Y así que, El fue nuestro ejemplo cuando se llega al vestuario o a cualquier otra cosa. Yo no pienso que debemos vestir... Yo pienso que nuestras vidas hablan mejor de lo que nosotros somos, que lo que habla nuestro vestuario.
30Así que entonces, este... (Pero, sin hacer caso omiso de eso). Pero el hombre estaba en el pasillo, y–y así que cuando la muchacha estaba lista para morir, cuando la muerte la hirió, en lugar de ver a los Angeles venir, ella dijo: “¡Dios mío, estoy perdida!” Y llamaron al pastor, y ella dijo... Y él dijo: “Mira, mira, mira, mira, mira”, dijo, “tú sabes que estás bien”. Dijo: “Tú has sido un miembro de la iglesia”. Ella–ella dijo: “¡Tú engañador de hombres!; tú eres la causa de esto. Yo me voy al infierno, y tú eres la causa de ello”. Y ella mandó llamar a aquella muchacha a la que le había dicho eso, de allá del Tabernáculo, a la Sra. Humes, pero ella no llegó allá a tiempo. La muchacha murió en esa... Y el–y el ministro dijo que ella estaba histérica, y pidió que el doctor viniera y le diera un tranquilizante; pero ella había muerto antes que el doctor llegara allí, diciendo toda clase de cosas malas contra ese ministro. Hermano, hermana, a mí no me gustaría pararme delante de una persona a la que le prediqué y oírla decirme eso. Si yo tengo que hacerlo muy duro algunas veces, yo–yo prefiero hacerlo de esa manera, y estar bien, y limpio, y recto con Dios, cuando llegue el tiempo.
31Ahora, antes que abramos Su Palabra, oremos mientras inclinamos nuestros rostros. Bondadosísimo y Santísimo Padre, nos acercamos a Tu Trono de justicia Divina en esta noche en el Nombre del Señor Jesús, suplicando Su Sangre sobre nuestras almas, para que no nos paremos en condenación. Pero sin embargo, sin esa Sangre derramada, todos estaríamos condenados, y no habría ninguna manera para acercarnos a Ti. Pero tenemos esta cosa bendita de parte de El, que “si pidiereis al Padre cualquier cosa en Mi Nombre, El la hará”. Entonces Padre, pedimos en esta noche que Tú nos perdones nuestras ofensas; cualquier cosa que hayamos hecho, o dicho, o pensado que estaba mal, perdónanos por ello.
32Si esa es Tu Divina voluntad, vamos a orar por Tus hijos que están enfermos y sufriendo en un momentito. Vamos a abordar un tema en unos cuantos momentos para edificar una plataforma (como diríamos), para que la fe de la gente descanse sobre este fundamento de la Palabra, la Palabra Eterna de Dios. ¿Nos suplirás, Señor, con un contexto del texto que he escogido para esta tarde? Que el Espíritu Santo tome la Palabra, y la coloque en cada corazón conforme a nuestra necesidad. Tú conoces nuestras necesidades, Señor, y oramos que Tú plantes la simiente del Evangelio en nuestros corazones, hasta que crezcan a ser grandes árboles de salvación y confort y salud para cada uno. Y estos pañuelos que están puestos aquí, Señor Dios, yo pongo mis manos sobre ellos en memoria de San Pablo, quien hizo esta comisión, creyendo que él la obtuvo de la Biblia, en donde Eliseo tomó el báculo y le dijo a Giezi: “Ve y ponlo sobre el niño”. Porque él sabía que era bendecido todo lo que él tocaba; y él sabía que ese báculo se... estaba bendecido, porque cuando el Espíritu Santo estaba sobre él, sus manos estaban en el báculo. Y luego hacer que la mujer lo creyera. Yo creo que de allí es de donde San Pablo ha de haber tomado la Escritura.
33Ahora, estos pañuelos representan (sin duda) niños enfermos, padres, madres, y amados enfermos, casas de convalecencia, papás ciegos que están en alguna parte de un cuarto, y que al caminar, van tocando el piso con una vara blanca, queriendo ver otra vez la luz del sol, queriendo ver los árboles, las hermosas aguas azules, pero el enemigo ha cubierto sus ojos con cataratas, una madre acostada allí enferma, un bebito con fiebre, esperando que regresen estos pañuelos. ¡Oh, Señor! ¡Oyeme, Señor!, te pido. Está escrito que en una ocasión los hijos de Israel iban en su camino a la tierra prometida, y el Mar Rojo se puso en el camino. Y fue dicho por un escritor que Dios miró hacia abajo a través de esa Columna de Fuego con ojos de ira, y el Mar Rojo se asustó, las aguas se separaron, e Israel marchó hacia adelante a la tierra prometida. ¡Oh, Padre Divino!, que Tú no únicamente mires a través de la Columna de Fuego, sino a través de la Sangre de Jesús. Y cuando estas pequeñas prendas sean enviadas a los enfermos y a los afligidos que están en cama, o en donde ellos estén, que Tú mires a través de la Sangre del Señor Jesús, sabiendo que El murió en el Calvario y que “El herido fue por nuestras rebeliones, por Su llaga fuimos nosotros curados”. Que el enemigo se asuste, y se haga a un lado. Y que esta gente enferma entre a esa tierra buena de salud, lo cual está escrito en la Escritura: “Yo deseo que seas prosperado... y que tengas salud”. Concédelo, Señor. Que toda enfermedad deje a la gente. Pues las enviamos en el Nombre de Jesucristo para ese propósito, mientras esta gran iglesia aquí en esta noche ora junto conmigo. ¡Amén!
34Ahora, Uds. pueden venir y recibirlas tan pronto como termine el servicio. Y si Uds. quieren una y no tienen una aquí, sólo escríbanme; todo es gratis; no tenemos nada que cobremos. Sólo escríbanme en cualquier momento a: Jeffersonville, Indiana; le enviaremos una. Si Uds. no tienen necesidad de ella, pónganla en su Biblia en Hechos el capítulo 19. Y si una enfermedad llega al hogar, y Uds. creen, entonces tomen ese pañuelito y pónganlo sobre ellos; será... creemos que Dios los sanará. Si tuviéramos tiempo, contaríamos muchos testimonios de eso, pero no tengo tiempo ahorita.
35Abramos nuestras Biblias, Uds. que están anotando las Escrituras, en San Lucas el capítulo 18, los versículos 37 y 38, sólo para un pequeño texto. Y ahora mientras Uds. lo encuentran, tal vez mañana en la noche y en las siguientes (no sabemos; sólo como el Espíritu Santo guíe), pensamos que quizás estaremos orando por los enfermos el resto de la semana cada noche, tomando a unos cuantos cada noche y lo que podamos, y... mientras venga la gente enferma y quiera tarjetas de oración para que se ore por ella. La razón que les damos tarjetas de oración es para formar una fila. ¿Ven? Uds. dirían... Digamos que hay mil personas aquí en esta noche; quizás quinientas de ellas quieren que se ore por ellas. No podemos traerlas a todas aquí arriba a la misma vez; sabemos eso. Y para... En la fila de discernimiento, sólo podemos tomar muy, muy, muy pocos, porque casi lo mata a uno. ¿Cuántos entienden eso, Escrituralmente? Seguro que lo entienden. ¿Ven? Y así que... Y entonces, no podemos traer muchos. Pero noche tras noche, trataremos de tomar sólo los que podamos. Muy bien. Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno. Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
36Era una mañana muy fría. El estaba cansado; él había estado despierto toda la noche. El ha de haber soñado toda la noche que él podía ver, y despertó tarde. Y en esos días, había muchos mendigos. Ellos se sentaban a los lados de la calle, y la gente entrando, los mercaderes yendo a su trabajo, tal vez tenían una limosna para darle a ellos. Y al primer mendigo que él encontraba, le daba su limosna, y eso lo arreglaba para ese día; él no tenía nada más que pudiera dar. Así que, muchos de ellos tenían como puestos, o lugares en donde ellos se sentaban y esperaban que alguien pasara y les diera una limosna. Y si ellos lo perdían, bueno, entonces ellos no recibían nada todo el día. Muchas veces ellos tenían cositas que hacer, como pequeños trucos. Yo estuve en la India, recientemente, y ellos... cada uno tiene una–una serpiente cobra, o un pequeño mono, o–o alguna cosa así para atraer la atención de los turistas.
37Esta ha de haber sido una mañana helada, fría; era tiempo de primavera, cerca de la Pascua. Y él estaba harapiento, y él llegó tarde. Y su lugar era sentarse a la puerta de Jericó. Su nombre era Bartimeo. Y Uds.... Se nos dijo que él estaba casado y tenía una niñita. Pero siendo que él estuvo despierto toda la noche, y que no durmió mucho, él se levantó tarde, y él perdió su–su hora de mendigar limosnas. La mayoría de los mercaderes de afuera, que vivían fuera de la ciudad, ya habían entrado; era muy entrado el día. Así que yo me puedo imaginar nuestra escena en esta noche mientras se abre al lado norte de la puerta que va hacia–hacia Jerusalén, la puerta norte de Jericó. Muchas de las piedras antiguas todavía estaban allí tiradas, que fueron derrumbadas durante el tiempo cuando la gente gritó, y Josué y los sacerdotes tocaron las trompetas, y las paredes de Jericó se derrumbaron.
38Imaginémonos ahora a Bartimeo sentado sobre una de las piedras, cerca del camino de adoquines que todavía permanecía como fue en los días de la antigüedad, y que dirige allá hacia el Jordán. Y mientras él estaba sentado allí, él entonces ha de haber estado pensando: “Yo probablemente no tendré algo para darle de comer a mi familia esta noche. Pues llegué muy tarde; yo no pude entrar. Todos los mercaderes ya han pasado, y yo no conseguiré nada hoy. Pero no pude evitarlo; yo estaba tan cansado y agotado esta mañana cuando llegué aquí”. Y él se sentó. Pensemos que él empezó a pensar tocante a: “¡Oh, si yo únicamente pudiera haber... si ese sueño pudiera haber sido una realidad, que yo pudiera ver otra vez! Yo he estado ciego ahora por muchos años”, él pudiera haber dicho. “¡Y si yo sólo pudiera ver como podía ver!”
39Entonces su mente empezó a pensar en el pasado cuando él era un muchachito. El solía jugar allá afuera en la primavera, la cual entraría en sólo, oh, unos cuantos días después. Y cómo en las colinas de las orillas del Jordán, las florecitas botón de oro florecían de arriba a abajo, y florecitas azules. ¡Y qué escena tan hermosa era! Y cómo él pensaba de cuando era un muchachito, cómo él andaba de arriba a abajo por esa colina, y retozaba y jugaba con los otros muchachitos. Y luego él recuerda, que después que su dulce madre judía lo llamaba adentro para su comida de mediodía, después que él comía, ella salía al porche, y ella lo sentaba en sus piernas, y apartaba su cabellito de sus ojos. Y ella lo miraba a él, y él veía cuán hermosa era ella, y cómo él.... Ella decía: “Bartimeo, tus ojitos son tan azules como los cielos arriba”. Oh, él pensaba: “Si yo sólo pudiera una vez más vivir otra vez esos días, cuando podía ver las flores, y perseguir las abejas, y ver... oír los pájaros hermosos y verlos, y ver a mi madre amorosa. Pero, ¡ay de mí!, la vejez la tocó; y ella se arrugó y finalmente murió, y la enterramos hace muchos años. Y aquí estoy yo, anciano, y necesitado, y afligido con pobreza, sentado aquí mendigando, ciego”.
40Y él pensaba de cómo apreciaba las historietitas de la Biblia que ella le contaba antes que se fuera a dormir; ella finalmente lo ponía en su regazo y lo mecía para que se durmiera. Y una de las historias que le solía gustar, era la historia a la cual yo me estaba refiriendo hace un rato, la del niño que Eliseo resucitó de los muertos. Cómo su madre solía citarle esa historia a él, y decirle: “Bartimeo, hubo una gran mujer; ella era una sunamita, y vivió allá en Sunem. Y ella tenía fe en un siervo de Dios llamado Eliseo, ese gran profeta poderoso. Y él pasaba por su casa muy seguido”. “Y un día, ella le dijo a su esposo: ‘Entendemos que este hombre que pasa por este rumbo, es varón santo. El es un gran hombre, porque Dios obra grandes señales y maravillas por medio de él. Así que te ruego que le mostremos aprecio edificándonos, al lado de nuestra casa (edificándole a él, mejor dicho), una casita para que él pueda parar y descansar’”.
41Luego, yo me puedo imaginar a ella decirle a Bartimeo: “¿Ves, Bartimeo?, nosotros debemos tratar bien a toda la gente. No debemos ser malos con nadie, y debemos honrar y respetar especialmente a la familia de Dios. Así que esta mujer... Ella estaba segura que este hombre que la visitaba era un gran profeta poderoso del Señor”. Y así que, su esposo le consintió. Y cuando Eliseo y Giezi, su siervo, pasaron otra vez por allí, estaba un cuartito bonito edificado aparte, al lado de la pared, con un pequeño jarro con algo de agua en él, y una cama pequeña, y un escabel, y un lugar para que él descansara. El iba rumbo a una cueva allá arriba en el monte Carmelo, adonde él iba a ayunar y a orar durante ciertos días, como en las lunas nuevas y días festivos, antes que el profeta hablara en las calles.
42Y cuando Eliseo entró y vio todo eso que esta mujer bondadosa había hecho, bueno, él llamó a Giezi y dijo: “Ve pregúntale qué podemos hacer por ella. Yo soy amigo personal del general en jefe, y también yo hablaré con el rey. ¿Pudiera hablar yo a su favor?” Y cuando Eliseo le preguntó esto, bueno, ella dijo: “No, yo habito con mi pueblo”. Y oh, ella era una mujer adinerada; ellos no tenían necesidad de nada. Ellos... Ella sólo lo hizo de la bondad de su corazón. Y de esa manera Uds. deben hacer todo, cuando lo hacen para Dios: háganlo de la bondad de su corazón. Cuando Uds. den algo, dénlo de su corazón. Si Uds. no pueden hacer eso, entonces no lo hagan, porque su dádiva no será respetada por Dios. Y sólo háganlo de la bondad de su corazón.
43Bueno... Y cuando el siervo regresó y se lo dijo al profeta: “Bueno, ella no necesita nada; todo está bien con ella. Pero una cosa le digo: ella se está envejeciendo un poco, y su esposo es un hombre anciano, y no tienen hijos”. No hay duda que el profeta vio una visión, porque ningún profeta (o alguien más), alguna vez hizo algo del Señor, de parte del Señor de esa manera, a menos que sea por medio de una visión. Ahora, recuerden: eso es correcto. Encuentren en cualquier lugar en la Escritura o en cualquier parte; eso siempre, primero, Dios se los dice a ellos. Si Dios... El hombre no puede hacer nada al azar; él es un siervo de Dios. Aun Jesucristo dijo: “Yo no hago nada de Mí mismo, sino lo que Yo veo hacer al Padre, eso hace el Hijo igualmente”. (San Juan 5:19). Y si el Hijo de Dios no podía hacer nada, sin que el Padre primero se lo mostrara a El, ¿cuánto mucho menos pudiéramos nosotros hacer algo, sin que Dios nos lo muestre primero? Por lo tanto, nosotros atrevidamente nos metemos en cosas algunas veces sin saber lo que estamos haciendo. Pero cuando Dios da una visión, y habla, y muestra exactamente lo que El va a hacer, es un drama sólo para actuarlo (eso es todo), porque Dios lo va a hacer; El ya lo dijo así, así que, eso está terminado.
44Ahora, así que él dijo: “Ve, llama a la sunamita”. Y ella se paró a la puerta, y él dijo: “Por este tiempo, abrazarás un hijo”. Ahora, ella dijo: “Yo estoy vieja”. Pero las palabras de Eliseo llegaron a cumplirse exactamente como él lo dijo. Pues en una cierta cantidad de meses, ella abrazó un hermoso bebito. Y yo puedo ver los ojitos de Bartimeo al decir: “¿Lo amaba ella, mamá, como tú me amas?” “Sí, igual que yo te amo. El era un muchachito hermoso; ella pensó que era el más hermoso que había en el mundo, como yo pienso de ti, como todas las madres piensan de sus bebés”. Y–y un día, cuando este muchachito había crecido, como de unos diez o doce años de edad, él estaba allá en el campo con su padre (porque su padre era un hombre rico, y la cosecha estaba en proceso). Así que él estaba en el campo con su padre. Y me supongo que el muchachito ha de haber tenido una insolación. El empezó a llorar: “¡Ay, mi cabeza, mi cabeza!” Era como a mediodía. Y uno de los siervos llevó al muchachito, y él se sentó en las rodillas de su madre como hasta el mediodía. Y el muchachito se puso peor, y más enfermo, y más enfermo, hasta que después de un rato, el muchachito murió.
45Ahora, yo quiero que Uds. se fijen, que cuando Dios empieza a lidiar con una persona, ellas algunas veces hacen cosas que ni siquiera se dan cuenta lo que están haciendo. Ella tomó a ese muchachito, y lo puso en la cama del profeta. ¡Qué lugar para ponerlo! ¡Fue exactamente correcto! Lo puso en la cama del profeta, en donde ella había edificado esa casita; y lo había llevado y puesto al muchachito en la cama del profeta. Y ella le dijo al siervo: “Enalbárdame una mulita y anda. No pares a menos que yo te lo diga”. Su esposo dijo: “No vayas al monte Carmelo. No es ni luna nueva ni día de reposo; el profeta no estará allí”. Pero ese corazón de madre por su niño... Ella estaba–ella estaba en angustia. Y ella sabía que si llegaba a ese profeta, que ella se daría cuenta por qué Dios le había quitado su niño. Si Dios le podía decir al profeta que iba tener al bebé, y ella lo tuvo, seguramente que Dios le podía decir por qué le quitó su niño. Ella dijo: “Todo está bien. Sigue adelante”.
46Y el siervo fue al monte Carmelo, y Eliseo estaba allí. El estaba parado a la entrada de la cueva, miró. Y él dijo: “Ahí viene esa sunamita”. Y dijo: “Ella está preocupada, pero Dios lo ha escondido de mí; El no me ha dicho lo que ella está... cuál es su problema”. ¿Ven Uds.?, Dios no les dice a Sus siervos todo lo que El hace; El sólo les da a saber lo que El quiere que ellos sepan. ¿Ven? Depende de Dios. Allí estaba ese gran hombre, pero él no sabía cuál era el problema de ella. Y así que, él le dijo a Giezi: “Sal corriendo ahora a recibirla, y dile: ‘¿Te va bien?’” Y él dijo: “¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien a tu hijo?” Miren a esa mujer. “Todo está bien”. ¡Amén! Me gusta eso. ¿Por qué? Su niño yacía muerto, su esposo se estaba apretando las manos nerviosamente y gritando, caminando de punta a punta el patio. Pero, “todo está bien”. Me gusta eso.
47Su propósito era entrar en la presencia de ese profeta quien tenía sobre él la unción del Señor. Y ella sabía que ese profeta sabría qué hacer, qué decirle. Ella sabía que él tendría: “ASI DICE EL SEÑOR” para ella. Y así que: “Todo está bien”. Si Dios se llevó al niño, muy bien, mientras fuera el plan de Dios. Dios dio, Dios quitó; bendito sea el Nombre del Señor. ¿Ven? Pero ella quería saber: “¿Por qué?” ¿Era algo que ella había hecho?, o, ¿qué estaba mal? Y cuando ella corrió a los pies de Eliseo, se postró a sus pies. Y así que, Giezi pensó que esa era una conducta un poquito fuera de orden, que una mujer se postrara a los pies de su maestro, así que él la levantó rápidamente. Y así que entonces ella empezó a decirle a él tocante a que el niño estaba muerto. Ahora, él le dijo a Giezi: “Toma mi báculo y ve allá, y ponlo sobre el niño. Y si alguien te hablare, no le contestes. Si alguien te saludare (que es: “¿Cómo está Ud.?”), no le respondas. Sólo concentra tu mente en llevar este báculo al niño, y empieza a caminar”. Me gusta eso. No tenemos tiempo de juguetear, el mensaje es urgente. La gente se está muriendo. Vayamos adelante.
48Y él tomó el báculo y se fue. Ahora, yo creo que si la mujer hubiera creído que eso haría la obra, hubiera sucedido. Pero su fe no estaba en el báculo; estaba en el profeta. Así que ella dijo: “Vive Jehová tu Dios, y vive tu alma, que no te dejaré. Yo me voy a quedar aquí mismo”. ¡Oh, me gusta eso! ¡Aférrense a eso! Cuando Uds. se aferren de Dios para algo, no lo suelten. Correcto. Si Uds. toman a Jesús como su Sanador, no dejen que ningún diablo, ni algo más los haga retroceder de eso. ¡Aférrense! “Yo me quedaré con ello”. Quédense allí. “Vive Jehová tu Dios, y vive tu alma, que no te dejaré hasta que me dé cuenta tocante al niño”. Bueno, Elías no se podía deshacer de ella. Así que, de esa manera Uds. deben ser con Jesús. Uds. sólo deben estar en Sus manos, y quedarse allí; clamar día y noche. ¡Esa es la manera! Sí, señor. No se suelten; no retrocedan ni un poquito. Si Uds. lo creen, quédense allí. Hay misericordia en el Señor. Quédense con eso.
49Así que, yo pienso que esa es la razón que María, (o mejor dicho, fue Marta que salió a encontrar a Jesús), ella sabía... Ella había leído esa historia del niño de la sunamita. Ella sabía que si Dios estaba en el profeta, seguramente que Dios estaba en Su Hijo. Y ella sabía que ella obtendría su petición, si ella iba con el acercamiento correcto. Esa es la cosa que sigue: la gente se acerca a Dios de la manera incorrecta. Uds. tienen que venir con el acercamiento correcto. No hace mucho tiempo, yo tuve el honor de orar por un rey. Ellos me quitaron los dobleces de las piernas de mi pantalón; me dijeron que nunca... que no volviera mi espalda a él; después que orara y cosas, que caminara retrocediendo de él. Nunca vuelva su espalda a un rey. Esa es una cosa muy buena; nunca vuelva su espalda al Rey de reyes, entonces. ¿Ven? Y es un acercamiento, un cierto acercamiento.
50En los tribunales, hay un juez en el estrado, y si Ud. quiere decir algo estando sentado allá atrás, y Ud. dice: “¡Oiga, espere un momento, juez! ¡Yo le quiero hablar un momento!” A Ud. lo sacarían de allí. Hay un acercamiento para acercarse a ese juez, y Ud. tiene que venir por ese acercamiento. Y hay un acercamiento por el que Ud. tiene que venir a Dios. Si Ud. viene a un don de Dios, Ud. tiene que venir en la correcta actitud mental. Ud. tiene que venir en el acercamiento correcto, o Ud. no recibirá nada cuando Ud. venga. Y de esa manera Marta lo hizo cuando Jesús vino; ella vino con el acercamiento correcto. Esa mujer sunamita, ella vino con el acercamiento correcto, con un corazón cargado, anhelando a Dios. Y ella se aferró a eso. Y Eliseo le dijo: “Bueno, yo sólo...” Ciñó sus lomos, y él se fue tras él. Cuando él iba allí, él se encontró con Giezi que venía de regreso. Dijo: “Yo puse el báculo sobre el niño, y no hubo vida en él. Y....” Por supuesto que no; la mujer no lo creía. Si ella lo hubiera creído, hubiera sucedido. Pero ella quería el profeta; ella no sabía tocante al báculo. Eliseo tenía fe para eso, pero la mujer tenía fe en el profeta.
51Así que cuando Eliseo llegó al cuarto... Quiero que Uds. se fijen: sin orar. Eliseo llegó allí... ¡Ud. habla de una situación! Allí estaba la gente en el patio, lamentando y alborotando; y el padre todo destrozado, y todos gritando. Y el niñito tendido en la cama del profeta, había estado muerto desde mediodía. Y Eliseo entró, y caminó de punta a punta (la Biblia dice: “a una y otra parte”), en el cuarto. ¿Qué estaba haciendo él? Esperando la unción. ¡Amén! Caminando de punta a punta (¡oh, hermanos!), sólo esperando la unción. Después de un rato, la unción del Espíritu Santo vino sobre él, y él se tendió sobre el niñito, puso sus labios sobre sus labios, su nariz sobre su nariz, su frente sobre su frente, y se quedó allí. El lo sintió, entró en calor; se levantó, caminó otra vez. ¡Oh, hermanos! Me gusta eso. Caminando de punta a punta, hasta que él sintió la unción sobre él otra vez. Cuando vino la unción sobre él otra vez, él se tendió sobre el niño otra vez, sus labios sobre sus labios, su nariz sobre su nariz. Y cuando menos pensó, el niño estornudó siete veces y vino a vida. ¡Amén!
52¡Oh, cómo el pequeño Bartimeo le gustaba esa historia! A mí también me gusta. “Oh”, él pensó: “¿sabes qué? Ese mismo gran profeta Eliseo... Y cuando Elías subió, él envió una doble porción de su espíritu sobre Eliseo. Y Eliseo fue un gran profeta”. Y entonces, justo en ese momento, sucedió que él pensó: “No hace muchos años, ese Elías y Eliseo caminaron por este mismo camino en donde yo estoy sentado al lado, juntos, rumbo al Jordán para abrirlo y cruzarlo caminando”. ¡Amén! ¡Oh, hermanos! Oh, el viento sopló y él se puso su viejo saco harapiento un poco más arriba, Uds. saben como que el sol se estaba moviendo hacia el otro lado del muro. El pensó: “No hace más de unos cuantos cientos de años, Elías y Eliseo caminaron por estos mismos adoquines viejos aquí, juntos, yendo allá. Y Elías se quitó ese manto e hirió el Jordán, dijo... y el Jordán se abrió. Y Eliseo lo tomó, e hirió el Jordán, y se regresó con el manto”.
53Oh, yo puedo oír a Bartimeo ahora, clamar en sí mismo y decir: “¡Oh, si yo únicamente hubiera estado sentado aquí en ese entonces! Si yo hubiera estado sentado aquí en ese entonces, yo hubiera corrido a la calle y dicho: ‘Oh, grandes y santos profetas de Dios, oren por mí, que el Señor Dios me recobre mi vista’. Y ellos hubieran puesto sus manos sobre mí, y yo... mi sueño anoche de que veía otra vez hubiera sido verdad; yo hubiera recobrado mi vista. Pero, ¡ay de mí!, mi sacerdote en el templo me dice que los días de los milagros han pasado”.
54¡Oh!, ¿cuándo fue que los días de los milagros pasaron? Cuando el día de los milagros haya pasado, el día de Dios ha pasado, porque Dios es milagros. Seguro que sí. Los días de los milagros nunca pasarán; nunca pasaron y nunca pasarán. Pero ellos decían que los–los días de los milagros habían pasado. En ese momento, él oye un–un pequeño chasquido viniendo por la calle. El escuchó. “Debe ser una... es una mulita. Hay alguien corriendo enfrente con sandalias puestas. Debe ser un hombre rico que está viniendo”. El no lo podía ver, pero él podía oír. “Debe ser un hombre rico, porque él está cabalgando una mula”.
55Así que él se levantó de su piedra, dijo: “¡Ayúdeme! Yo soy... Mi nombre es Bartimeo. Yo soy un hombre ciego. Yo tengo una niñita en casa, y una esposa. Por favor, ¿me daría Ud. una limosna? Yo–yo–yo llegué aquí muy tarde esta mañana”. Y el siervo paró, y dijo: “¿Maestro?” Y sucedió que el hombre allí dijo: “Escucha: ¡apártate de mi camino vagabundo, mendigo! Yo soy un sacerdote. Yo voy en camino allá para reunirme con la asociación ministerial. Hay un profeta fanático en la región, que reclama ver visiones y demás, y que sanaba a la gente enferma y demás. El es un profeta fanático de Galilea. Yo voy a reunirme con la asociación ministerial para ver que nada de ese fanatismo empiece aquí en Jericó. ¡Apártate de mi camino! Yo voy rumbo allá. “Yo soy el siervo del Señor (¡con una actitud como esa!), y voy rumbo allá”. Bartimeo encontró la manera para regresar, y encontró otra vez su piedra, pero la... Uds. saben, el sol se había ido al otro lado un poquito, y estaba un poco sombreado allí. Así que él–él se movió al sol otra vez; se encontró otra piedra y se sentó, se cubrió otra vez con su vestuario.
56Pensó: “Oh, ¿no fue eso hermoso, de pensar del pasado cuando yo era un muchachito, cuando mi mamá solía...? Oh, sí, yo también recuerdo que ella me dijo cómo el gran Jehová guió a los hijos de Israel (mi pueblo) dentro de esta tierra prometida; de las grandes historias que ella contó, de cómo Jehová llovió pan del cielo y los alimentó; cómo El causó que un poderoso viento soplara codornices; cómo El sacó agua de una roca. ¡Oh!, ¿qué ha pasado con ese gran Jehová? Pero el sacerdote me dice que los días de los milagros han pasado, así que no hay más que yo pueda hacer al respecto. ¡Oh, si tan sólo yo pudiera haber vivido en aquel día! ¡Si yo pudiera haber vivido en el día cuando Jehová estaba realmente vivo, y aquí en la tierra con Su pueblo! Pero, ellos me dicen que todo eso terminó, así que yo... no hay nada que yo pueda hacer al respecto”. Y mientras él estaba sentado allí, él empezó a pensar: “Sí, yo recuerdo al gran guerrero, Josué. Cómo mi madre solía decir: ‘Cariño: justo al cruzar de allí, justo en el vado, allá al sur de la ciudad, Josué, el gran guerrero poderoso quien tomó el lugar de Moisés...” Un tipo del Espíritu Santo ahora, tomando.... ¿Ven?, Moisés no llevó a los hijos a la tierra prometida. El era el dador de la ley, pero no llevó a los hijos a la tierra prometida; Josué los llevó. ¿Ven? Y el Espíritu Santo es el que los está llevando ahora. Cristo abrió el camino e hizo los planos y fue el dador de la ley y demás. Pero el Espíritu Santo lleva a la Iglesia a la tierra prometida, al rapto, levantándola, el Espíritu Santo en el rapto.
57Y cómo fue que Josué, el gran guerrero, se paró en la ribera allá después que él había visto a Dios moviéndose con Moisés. Y él se paró allí, y era el mes de abril, su madre le dijo. Y con toda el agua de la nieve de arriba de las montañas de Judea que se estaba derritiendo, el Jordán se había desbordado por todas las praderas allí. Pero el gran Josué se paró al otro lado, y él vio a Dios. Y El le dijo que juntara al pueblo, y que ellos mismos se santificaran, que se prepararan, porque El iba a abrir el Jordán. Y cómo fue que el gran Josué puso primero a Dios, puso primero a los sacerdotes, y al arca del pacto. Esa es una lección real; quisiera que tuviéramos tiempo para quedarnos en eso un rato. ¡Pongan primero a Dios si Uds. quieren ver algo! Si el doctor les dijo a Uds. que él ha hecho todo lo que él puede hacer por Uds., el hombre es honesto. Entonces si él ha hecho todo lo que puede hacer, pongan a Dios allí ahora. Pongan a Dios allí y manténganlo allí. Tomen a Dios como su Sanador, y vean lo que El hace. El doctor está limitado; Dios es ilimitado. El doctor puede hacer todo... El puede–él puede obrar en dos sentidos: lo que él puede ver y lo que él puede sentir; son los únicos dos de sus sentidos que le declararían algo. Dios (¡qué cosa!), El–El–El es sin... El tiene fuentes sin explorar, ¡todas las cosas! El puede hablar la Palabra, y será así. Pónganlo primero a El.
58Entonces ellos fueron al Jordán; el Jordán se abrió. Y él pensó: “¿Sabes qué?, la mismísima piedra en la que yo estoy sentado ahora, el poder de Dios sacudió la parte de arriba del muro, y lo derrumbó. La mismísima piedra en la que yo estoy sentado, el poder de Dios la derrumbó del muro allí. Por medio de la gente gritando y dando alabanza a Dios, el muro de Jericó se derrumbó, una piedra sobre la otra”. (Un poquito de gritos ayudan de vez en cuando, yo creo. Seguro que sí). “Y–y cuando ellos sonaron la trompeta y el pueblo gritó, el muro se derrumbó. Y pensar que el mismísimo....” Uds. dicen: “Bueno, quisiera que pudiera ir allá y sentarme en una de esas piedras”. El mismísimo asiento en el que Uds. están sentados, es la Palabra de Dios manifestada. La mismísima tierra en la que Uds. caminan es la Palaba de Dios manifestada. La tierra suelta en el suelo es la Palabra de Dios. ¡Amén! ¡Oh, hermanos! Este edificio es la Palabra de Dios; este púlpito es la Palabra de Dios. Dios lo creó. El lo creó con Su propia Palabra. No había nada de qué hacerlo; El dijo: “¡Sea!”, y El creyó en Su propia Palabra. Y un mundo vino a existencia. ¡Oh, hermanos! Yo estoy listo para poner mi alma en cualquier fase de Ella, y decir que es la verdad. Sí, señor. El dijo: “¡Sea!”, y fue, porque El es Dios. El hizo que Su propia Palabra sucediera. El todavía hace que Su propia Palabra suceda. El siempre la hizo que sucediera, y El siempre la hará. El respalda Su Palabra; lo que Dios promete, Dios lo hará.
59Abraham viajó en una tierra extranjera veinticinco años, envejeciéndose todo el tiempo; ya tenía setenta y cinco años cuando Dios lo llamó. [Porción sin grabar en la cinta–Ed.]. ¿Pudieran Uds. imaginarse a un hombre y a una mujer ancianos como ésos yendo a la oficina del doctor y diciendo: “Mire, doctor: queremos hacer preparativos con el hospital; yo voy a tener un bebé”? El diría: “Pobre anciano, hay algo mal en él”. De esa manera se piensa de todo verdadero creyente en Dios. “Sí, pienso que hay algo mal...” Sí hay algo mal; Ud. ha pasado de muerte a Vida. Ud. pasó de las cosas del mundo, a creer las cosas de Dios. El Cristiano mira a lo que no se ve, no a lo que él ve. El mira a lo que él no ve. Ud. no ve con sus ojos de todas maneras; Ud. ve con su corazón. Correcto. Ud. mira con sus ojos; Ud. ve con su corazón. Verdaderamente que así es. Ud. no.... Ud. entiende; ver es entender. Ud. mira directamente a la cosa, y dice: “Yo no lo veo”. Ud. quiere decir que no lo entiende. Esa es la verdadera palabra de ello.
60Ahora, entonces Abraham, él salió y dijo: “Sara: nosotros vamos a tener un bebé. Quiero que vayas ahora y compres muchos pañales y alfileres, y hagas algunas botitas, y te prepares”. Pasó el primer mes. “Abraham, no hay diferencia”. ¿Ven?, ella en ese entonces ya había pasado por mucho el tiempo de la menopausia. Dijo: “No hay diferencia”. Pasó el segunda mes. “No hay diferencia, Abraham. Igual que estaba”. “¡Aleluya! Vamos a tener el bebé de todas maneras”. “¿Cómo sabes tú?” “Dios así lo dijo; eso lo concluye”. Pasó un año. “¿Hay algo diferente, Sara?” “No, nada diferente”. “¡Gloria a Dios! Vamos a tener... Va a ser un milagro más grande que si hubiera sucedido el año pasado. Soy un año más viejo ahora; tengo setenta y seis y tú tienes sesenta y seis. ¡Aleluya! Es un milagro más grande que si hubiera sido el otro... un año más joven. ¿No hay diferencia todavía?” “No hay diferencia”. Pasaron diez años. “No hay diferencia todavía”. “¡Alabado Dios, lo vamos a tener de todas maneras!” 61 Y debemos ser hijos e hijas de Abraham, los hijos de Abraham. Y si no sucede en dos minutos después que se ha orado por nosotros, decimos: “Oh, no lo recibí”. ¡Oh!, Ud. es una pobre excusa de un hijo y una hija de Abraham, el ser de esa manera. Abraham.... Y en lugar de él ponerse más débil, la Biblia dice que “él se fortalecía todo el tiempo”. ¡Se fortalecía! Cuando él tenía cien años, él todavía le estaba dando alabanza a Dios. El lo iba a tener, y él lo tuvo. Ellos tuvieron este hijo, porque Dios lo dijo. Dios debe ser tomado a Su Palabra. Lo que Dios dice sucede, no importa cuánto tiempo sea, lo que sea. Dios lo dijo, y Uds. sencillamente aférrense a ello, eso es todo. Sólo quédense con ello; les dará la victoria.
62Allí estaba Bartimeo sentado allí, pensó: “¡Oh!, si esta mismísima piedra que estaba en el muro y el poder de Dios por medio de la gente gritando, cayó del muro... ¡Qué cosa tan hermosa!”, él ha de haber pensado. “Eso fue una cosa maravillosa. ¡Oh!, si yo únicamente hubiera vivido cuando Josué cruzó ese Jordán. Yo hubiera corrido allá adonde Josué, y dicho: ‘Josué, tú gran guerrero de Dios, yo sé que tú eres un hombre de Dios. Dios te ha llamado; tú eres un–tú eres un gran hombre. Ora por mis ojos ciegos, Josué. Y yo–yo sé que veré, si tú sólo oras por mí’”. Pero, “¡ay de mí!, los días de los milagros han pasado”, decía su iglesia. “Ya no tenemos eso. Dios ya no sana; El no hace milagros. El solamente es Dios. El espera que nosotros seamos muy buenos clérigos y que tengamos una buena educación, y que sepamos cómo hablar a la gente, y decir: ‘Amén’, muy bonito, y Uds. saben, y tales cosas como ésas, y–y que seamos intelectuales”. Tenemos esa misma cosa hoy en día; no ha cambiado ni una pizca. ¿Saben Uds.?, el–el diablo se lleva a su hombre, pero nunca su espíritu. Y Dios se lleva a su hombre, pero nunca Su Espíritu. Así que ellos todavía combaten en seres humanos de la misma manera. Uno dirá... ¡Oh, muy religiosos!, como Esaú y Jacob y los demás, Uds. saben, muy religiosos, pero todavía no creen en lo sobrenatural. Pero cuando viene lo sobrenatural, cambia las cosas. Dios mismo viene entre la gente y El mismo se muestra que El sí es Dios, que El es Jehová.
63Y entonces Josué, después de cruzar a este lado, un día él iba caminando alrededor inspeccionando el muro, viendo cuán grueso estaba y cuán grande era, caminando alrededor, y él vio a un Hombre. Y el Hombre desenvainó una espada, y se dirigió hacia Josué. Y Josué desenvainó su espada, y él se dirigió para encontrar al Hombre. Josué dijo: “Eres de los nuestros, o de nuestro enemigo?” Y el Hombre que tenía la espada desenvainada, dijo: “No; Yo soy el Príncipe del Ejército de Jehová”. El gran Josué tiró su espada, se quitó su yelmo, puso en el suelo su escudo, y se postró a los pies del Hombre: el Príncipe del Ejército de Jehová. ¡Oh, hermanos! “¡Yo soy el Príncipe del Ejército de Jehová!”
64Bartimeo el ciego ha de haber dicho esto: “¡Oh, pensar que ese Hombre se paró a no más de cien yardas [91 m.–Trad.] de donde yo estoy sentado! Si únicamente hubiera vivido en aquel entonces, yo hubiera corrido hacia ese Príncipe del Ejército de Jehová, y dicho: ‘¡Oh, gran Príncipe del Ejército de Jehová!, restaura mi vista para que pueda ver y sustentar a mi familia’. Y el Príncipe del Ejército de Jehová hubiera restaurado mi vista. Pero, ¡ay de mí!, ellos dijeron que los días de los milagros han pasado”. No se daba cuenta, no se daba cuenta, que a menos de cien yardas [91 m.– Trad.], estaba parado el mismo Príncipe, viniendo otra vez en el Nombre del Señor; venía en camino. Eso es lo que yo pienso ahora. Estas personas en las camas, y en las sillas, y con problemas del corazón, y lo que Uds. tienen, y cáncer, ese mismo Príncipe del Ejército de Jehová está aquí mismo en esta noche en la forma del Espíritu Santo. Si Uds. sólo abrieran sus ojos y miraran (su entendimiento), para que Uds. pudieran percibir que El está en nuestros medios.
65Fíjense. Cuando menos pensó, él oyó que un ruido se aproximaba. Uds. Saben, que hay algo extraño: en dondequiera que Uds. encuentran a Jesús, siempre encuentran mucho ruido (yo no sé por qué es), y nunca ha cambiado. Uds. todavía encuentran mucho ruido en donde El está. En una ocasión ellos trataron de mantenerlos callados. El dijo: “Si éstos callaran esas piedras inmediatamente clamarían”. Hay algo tocante a eso que es ruidoso. Y él oyó que un ruido se aproximaba. Y algunos de ellos estaban cantando: “¡Hosanna, hosanna el que viene en el Nombre del Señor!” Los otros estaban mofando, haciendo burla. Salieron por la puerta. Y ahí venía un Hombre joven en Sus treintas, caminando con Su rostro fijo hacia Jerusalén, las cargas del mundo, todos los pecados del mundo sobre El. Ese era el Príncipe del Ejército del Jehová; Ese fue el Mismo que estuvo con Josué allá en el desie-... mejor dicho, con Moisés en el desierto. Ese fue el Mismo que estaba con Eliseo allá en el pasado que resucitó al niño; el mismo Príncipe que estuvo con Josué, el mismo Príncipe que está aquí en esta noche, el Mismo que será por los siglos de los siglos, el mismo Señor Dios; El no cambia. El es el mismo Príncipe del Ejército de Jehová.
66Y ahí El iba caminando. Y yo puedo oír a la gente gritando: “¡Oye, tú! Veamos que hagas un milagro. Veamos que hagas un milagro. Lo queremos ver. Oímos que tú haces milagros”. Cuando uno oye a la gente decir eso, uno sabe qué clase de espíritu ellos tienen: ¡es el diablo! Miren lo que Jesús... cuando El encontró... cuando el... Satanás lo llevó al desierto. El dijo: “Si eres Hijo de Dios, convierte estas piedras en pan. Tú estás hambriento, y quieres algo para comer. Así que haz estas piedras pan, si eres Hijo de Dios. Y eso me hará creerte, si tan sólo haces eso”. Jesús no le presta atención al diablo. Ningún siervo de Dios le presta atención al diablo. Jesús dijo: “¡Escrito está! ‘No sólo de pan vivirá el hombre’”.
67Cuando ellos lo tenían en un... en los patios de los tribunales romanos, ellos le pusieron un trapo en Su rostro y cogieron un palo y lo golpearon arriba de la cabeza. Dijeron: “Ahora, ellos dicen que tú eres un profeta, que tú puedes decir cosas que han... lo que la gente ha hecho, y lo que la gente hará. Mira, dinos quién te golpeó; te creeremos”. El lo pudiera haber hecho, si El le hubiera estado prestando atención al diablo. El no lo hizo; El sólo se quedó allí y no abrió Su boca. Con un trapo sobre Su rostro y lo golpearon y dijeron: “Tú eres un profeta ¿eh?, dinos quién te golpeó ahora; te creeremos”. Ese mismo diablo vive en la gente hoy en día. Dice: “Si eres... Si hay un Dios, un Sanador, si este hombre tiene un don de sanidad Divina, que vaya allá y sane a este aquí. Déjame–déjame verlo; yo lo creeré. Déjame verlo...” Uds. saben que las iglesias publican esa clase de propaganda. Uds. sólo recuerden: ese es el espíritu... el mismo espíritu.
68Esos sacerdotes dijeron: “Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz ahorita. Desclava tus manos y desciende, y–y te creeremos”. Bueno, El podía haber hecho eso si hubiera querido. ¿Saben Uds.?, ellos le dieron a El el honor más grande que alguna vez le fue dado a El. Caifás, el sumo sacerdote, y ellos dijeron: “A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar”. Eso fue un honor. Si El salvó a otros, El–El no hubiera... Si El se hubiera salvado a Sí mismo, El no hubiera podido salvar a otros. Así que El se dio a Sí mismo para que El pudiera salvar a otros. ¿Ven? El mismo tuvo que darse para que El nos pudiera salvar. Si El se hubiera salvado a Sí mismo.... Como dijo Billy Sunday, en uno de sus escritos, en uno de sus libros que yo estaba leyendo hace algún tiempo, dijo: “Los Angeles estaban sentados en cada árbol, diciendo: ‘Sólo desclava Tu mano de la cruz y señala a uno de nosotros. Cambiaremos esta escena aquí’”. También El lo pudiera haber hecho. Pero si El lo hubiera hecho, ¿en dónde estuviéramos nosotros hoy? Pero El se quedó colgado allí con escupitajos en Su rostro, y clavos en Sus manos, y espinas en Su frente, y la Sangre corriéndole con lágrimas mezcladas, muriendo como un malhechor porque El nos amó. Correcto. Y nos estaba dando a nosotros la oportunidad para la salvación, dándonos la oportunidad de orar por los enfermos, y que pudieran ser sanados; dándonos esa oportunidad. El lo hizo por nosotros.
69Y ahí estaba saliendo ese Príncipe del Ejército de Jehová. Puedo oír a ese mismo sacerdote que le acababa de hablar hacía un rato y que dijo: “Apártate de mi camino. Nosotros no queremos ninguno de esos servicios de sanidad en nuestra ciudad. ¡Es un montón de gente todo excitada y todo de esa manera, sobre un montón de fanatismo, respecto a un profeta de Galilea que nació ilegítimamente! Y El nunca fue a nuestro seminario. El no sabe nada tocante a nuestras escuelas. El no pertenece a nuestra denominación. No sabemos nada tocante a El. Nosotros vamos a parar esa cosa. Nosotros no tendremos nada que ver con ello; yo estoy seguro de eso”. Nosotros pudiéramos oír a ese mismo sacerdote diciendo: “Oye: tenemos entendido que tú resucitaste a un hombre llamado Lázaro. Tenemos todo un cementerio lleno de ellos aquí; ven y resucita a uno de ellos. Ven aquí a la ladera de la colina. Los hemos estado enterrando allí por cientos de años. Ven aquí y resucita a uno de ellos. Te creeremos”.
70Pero, ¿saben qué? El nunca prestó ni una pizca de atención a ello. El iba camino a Jerusalén para ser ofrecido como un Sacrificio, toda la carga del mundo sobre Su alma preciosa. El estaba mirando hacia Jerusalén, subiendo el monte para luego llegar a Jerusalén y ser crucificado, por esa misma gente que se estaba burlando de El. Ellos le estaban tirando fruta podrida o huevos a El, haciendo burla de El, echándolo de la ciudad. Pero El nunca prestó ni una pizca de atención a ello; El sólo siguió adelante. Bartimeo se alarmó. El dijo: “¿A qué se debe todo esto? ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es todo este alboroto que yo oigo?” Y alguien dijo: “Apártate del camino, mendigo”. Otros de esta manera, y de esa manera. Y finalmente, creo que ha de haber sido una preciosa dama... El anciano había sido tumbado de la roca. Y él dijo... Ella dijo: “¿Se lastimó Ud., señor?” “No, señora, no me lastimé, pero no puedo entender. ¿A qué se debe todo este alboroto?” “Bueno”, ella dijo: “Jesús de Nazaret, el Profeta galileo, está pasando por aquí”. “Bondadosa mujer....”
71Ella ha de haber sido una seguidora de Jesús, porque los seguidores de Jesús, siempre son considerados, y son bondadosos de corazón, y les gusta ayudar a la gente, les gusta hacer algo para ayudar a alguien. Todos los seguidores de Jesús actúan de esa manera. Si hay ancianos tratando de cruzar la calle, un seguidor de Jesús no pasa nada más por allí y permite que se detengan allí para que sean atropellados. El se detiene y los ayuda a cruzar la calle. Y si ve a una persona anciana con un montón de comestibles, un seguidor de Jesús le ayuda a llevarlos a casa. Y–y si ellos ven a alguien en necesidad, ellos van a ayudarles. Eso es lo que hacen los seguidores de Jesús. Siempre son bondadosos, tiernos de corazón, mostrando compasión, haciendo cosas para alguien.
72Entonces, esta seguidora de Jesús dijo: “Mire, señor: ¿no entiende Ud. a los profetas?” “Bueno”, él dijo: “Yo apenas estaba sentado aquí como soñando de lo que los profetas solían... lo que mi madre solía decirme tocante a los profetas”. “Bueno, entonces”, dijo ella: “Ud. debe entender que ha de haber un Mesías que vendrá”. “¡Oh, sí, sí! Sabemos que habrá un Mesías que vendrá, porque Moisés dijo que el Señor, nuestro Dios, levantaría un Profeta como él. Y todo el que no oiga a ese Profeta, será cortado del pueblo. El será un gran Profeta cuando El venga”. “Bueno”, ella dijo: “Señor, este Hombre es ese Profeta. Bueno, El mira a la gente; El discierne sus pensamientos; El le dice la mismísima cosa que está en su corazón. El les dice las cosas que ellos han hecho, las cosas que serán. Y cada vez, es perfecto”. “Oh, ¿me quiere decir que ese Hombre ha llegado?” “Ese es El pasando por aquí”. “Bueno, ¿por qué está gritando la gente de esa manera, alborotada y burlándose de El?” “Porque no lo conocen a El. Pero nosotros lo conocemos, porque somos creyentes. Nosotros lo conocemos; lo seguimos diariamente. Observamos y vemos los milagros que El hace, y estamos persuadidos que éste es–éste es el Mesías. Bueno, yo lo vi (aquí hace algún tiempo) cuando El le estaba hablando a una mujer en el pozo”. “El dijo: ‘Ve, llama a tu marido’. Y ella dijo: ‘No tengo marido’. El dijo: ‘Bien has dicho. Cinco has tenido, y con el que tú estás viviendo ahora, no es tu marido’”. “Bueno, ella le dijo: ‘Señor, me parece que Tú eres profeta’. Bueno, El... ella dijo: ‘Yo... Nosotros sabemos (nosotros los samaritanos sabemos) que cuando el Mesías venga, El nos declarará estas cosas’”. “Y este Hombre dijo: ‘Yo soy, el que habla contigo’. Y ella entró corriendo a la ciudad, diciendo: ‘Venid, ved a un Hombre que me ha dicho lo que he hecho. ¿No es éste el Mesías?’ Y toda la ciudad de Samaria fue convertida”. “¡Ud. no quiere decir...! Bueno, si El es el Mesías, Ese es el Hijo de David”. “¡Sí, eso es correcto; Ese es el Hijo de David!” Y él clamó: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”
73Su sueño se podía cumplir ahora. Quizás el de Ud. pudiera, hermana en el catre. Su sueño de salud otra vez se pudiera cumplir. El de Ud. en la silla de ruedas, el de Ud. comido de cáncer, su sueño de regresar a la iglesia y renovar sus votos con Dios, quizás su sueño está casi listo para cumplirse. Quizás ese Príncipe del Ejército de Jehová va a pasar en un rato; yo confío que El va a pasar. “¡Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Ten misericordia de mí!” Oh, físicamente El no lo podía oír. El estaba al lado del camino, y cientos de personas reuniéndose por todos lados, unas gritando una cosa, y otras, otra. Y él arrojó al lado su viejo saco harapiento y gritó: “¡Oh, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Ten misericordia de mí!” Sólo tomemos una cosa pequeña que creo que él hizo; yo no sé si de seguro él lo hizo. Me puedo imaginar que él dijo en su corazón: “Si ese es el Hijo de David, entonces me puedo quedar aquí mismo y pedirle a Jehová. Jehová le hablará a El. (Correcto). Jehová lo puede detener, porque El sabe mi condición. Y yo he estado sentado aquí anhelando verlo”.
74Como Uds. saben, esa es la manera de hacer que Dios se acerque a Uds., es pensar tocante a El, hablar tocante a El. Sólo mantengan a Jesús... No hablen tocante a las cosas del mundo; hablen tocante a Jesús. Esa es la manera de hacerlo. La gente puede pensar que Uds. son un poquito raros, pero eso está bien. Sólo sigan... que su conversación sea tocante a El. Aquí.... Yo quiero detenerme aquí un momento. Mi hijo, Billy... (El anda por aquí en alguna parte). Hace como unos tres o cuatro años, estuvimos en una reunión. Y él... Ellos estaban tocando alguna clase de música o algo. Entramos después del servicio a Wood River, Illinois. Y entramos para conseguir algo– algo de comida. Y ellos estaban tocando una clase de canción. Yo no sé lo que era. Y él dijo: “Papá, ¿no es esa una canción bonita?” Yo dije: “¿Qué canción?” Y a mí me disgustan esos “tocadiscos”, o como Uds. los llamen. Yo he entrado en muchos restaurantes y dicho: “Señora, yo le doy dos dólares (yo traigo aquí mi familia), si Ud. desconecta esa cosa inmunda allí, hasta que yo y mi familia comamos. Ud. solamente desconéctela”.
75Esos rock and roll, y boogie-woogie, y toda clase de esas cosas, es una desgracia. Me pone tan nervioso, que no puedo comer. A mí–a mí–a mí no me molesta, porque tengo un pequeño como “cambio de velocidad” que yo mismo puedo entrar, y sólo continúo pensando tocante a Dios, y yo no la oigo en lo absoluto. Así que después de un rato (él estaba soltero en ese entonces, antes que él se casara), una damita pasó graciosamente por allí, y él dijo: “Papá, ¿no tiene ella cabello hermoso?” Yo dije: “¿Quién?” El dijo: “Papá, todo lo que tú piensas es tocante a la Biblia y a Dios”. Yo dije: “Gracias, hijo. Ese es un cumplido muy bueno. Eso es todo lo que yo quiero pensar”. Correcto. Pensar... Si yo tan sólo puedo mantener mi mente fija en El todo el tiempo, eso es todo lo que es necesario.
76Y allí... El se quedó allí, y él pensó: “Yo estaba pensando en El, y ahí El está cerca de mí ahora. Pero hay muchos entre yo y El. Yo–yo–yo no sé qué voy a hacer. ¡Oh, Jehová Dios, Ese es Tu siervo!; ¡Ese es Tu Hijo! Tú dijiste: ‘Mi siervo, en quien me complazco. Yo pondré Mi Espíritu sobre El; El mostrara juicio a los gentiles’ y demás. Ese es Tu siervo. ¡Oh, Dios!, ¡oh, permite que Jesús de Nazaret, permite que El me hable!” Y justo en ese momento, El se detuvo. ¡Oh, hermanos! El se detuvo, se dio la vuelta. El no lo oyó físicamente; El estaba muy lejos de él. Si Uds. alguna vez van a Jericó, miren el lugar en dónde sucedió... qué sucedió... en dónde sucedió. Con toda esa multitud, El no pudiera haberlo oído de todas maneras. Pero Uds. no... El no tiene que oírlos a Uds.; es su fe la que lo detiene a El.
77Miren a la mujercita con el flujo de sangre, abriéndose paso a través de la multitud. Y ella dijo: “Oh, si únicamente pudiera tocar Su manto, yo seré sana”. Y ella se abrió paso, hasta que ella tocó el borde de Su manto. Ahora, el vestuario palestino queda suelto. Es un manto, y tiene una prenda interior. Ahora, yo nunca lo sentiría físicamente a Ud. si me tocara mi bolsillo. Cuánto mucho más con un manto grande y suelto. El no la sintió físicamente. Pues El–El dijo: “¿Quién me tocó?” Y El miró para todos lados. Y Pedro lo reprendió. Dijo: “Bueno, todos te están tocando. ¿Por qué dices tal cosa como esa?” El dijo: “Pero Yo he conocido que ha salido poder de Mí”. Y El miró para todos lados, y miró hacia la audiencia. Y El encontró a la mujercita en la audiencia. Y El dijo que ella había tenido un flujo de sangre, y que su fe la había salvado. 78 Ahora, ese mismo Dios allá, sabía... Cuando El era el mismo Jesús que iba pasando, Bartimeo el ciego no podía llegar a El, él estaba muy lejos de El; pero su fe detuvo a Jesús. ¡Miren! El traía los pecados del mundo sobre El; El traía la–la muerte de toda criatura que murió, o que moriría, sobre El. El traía todo pecado que se había cometido, o que sería cometido, sobre El. Y El iba camino al Calvario, en medio de unos tumultos de gente religiosa gritando haciendo burla de El y retándolo que resucitara a los muertos o que sanara a alguien. Pero la fe de ese mendigo ciego lo detuvo en Su camino. Yo quiero predicar en una noche (si puedo) sobre: “Jesús se detuvo”. Ver cuántas veces sucedió. Cuando Jesús se detuvo allí, El se volteó. Dijo: “Traíganlo aquí. ¿Qué quieres que te haga?” Oh, lo puedo ver a él. ¡Cuando uno se da cuenta que ha captado Su atención! “Oh”, dijo: “He aquí, El te llama. Ten confianza”.
79El arrojó su saco. Y fíjense en él. El no lo dejó bien acomodado en un lugar para asegurar que cuando él regresara, lo pudiera encontrar. El sabía que si alguna vez se ponía en contacto con Jesús, él sería capaz de ver su saco cuando regresara. Así que esa es la manera; esa es la manera. Si él alguna vez venía y tenía una reunión con Jesús, sería diferente; entonces él podría ver desde ese momento en adelante. Así que él arrojó su saco. ¡Y ahí va! Y El dijo: “¿Qué quieres que te haga?” El dijo: “¡Señor, que recobre la vista!” Eso era lo que estaba en su mente. El no le habló a El de cuán hermoso era el Cielo. Sino que él tenía una necesidad: “¡Yo quiero mi vista! ¡Qué recobre la vista!” Jesús dijo: “Recobra tu vista; tu fe te ha salvado”, la fe que lo detuvo a El. Y si nuestra fe en esta noche puede detenerlo a El, si nuestra fe en esta noche puede traerlo a El aquí, podemos recibir nuestra sanidad, y lo que nosotros tenemos necesidad.
80Una pequeña historia antes de terminar. Yo leí una pequeña ficción (ha de haber sido una ficción; se supone que era verdad, pero yo lo dudo), tocante a Bartimeo. Era referente a la vida de los profetas y demás. Y leí un artículo sobre Bartimeo. Ellos decían que él había estado ciego desde que él era un–un niño. Y Uds. saben, en aquellos días, ellos... Hoy en día, cuando un hombre está ciego... Se me olvida cómo le llaman a esos perros que guían, Uds. saben... y... una clase de perro que guía un hombre ciego. [Alguien dice: “Perro lazarillo”–Ed.]. Perro lazarillo. En aquellos días, en lugar de tener un perro, ellos tenían un cordero que los guiaba. Y Bartimeo tenía un cordero, y él tenía dos tortolitas. Y la historia decía que una noche él tuvo... El tenía una hijita, una hijita rubia. Y una noche, la niñita se enfermó.
81Y él tuvo... El se fue para afuera y oró. Y él dijo: “Señor, si Tú permites que mi niñita sane, yo te ofreceré mis tórtolas mañana”. Esa era la única cosa... Las tortolitas daban maromas una sobre la otra. Y esa pequeña fascinación atraía la atención de los turistas, y ellos le daban algo para su... una moneda en su taza. Y él dijo: “Señor, si Tú le permites sanar, yo llevaré mis dos tórtolas a la iglesia mañana, y sacrificaré estas dos tórtolas para Ti”. Y la fiebre de la niñita se cortó, y sanó. Unas cuantas semanas después de eso, su esposa se enfermó. Y el médico dijo que no había nada que se podía hacer por ella. El había hecho todo lo que él sabía. Y él se fue para afuera de la casa, agarrándose del lado de la casa. Y él dijo: “¡Oh, Jehová, si Tú permites que viva mi querida esposa, yo te prometo... Yo no tengo nada más que darte a Ti, así que yo te daré mi cordero” que era lo que lo guiaba a él allá.
82Y así que a la mañana siguiente, su esposa estaba mejor. Así que él emprendió su camino, guiando... para llevar su cordero para sacrificio. La historia dice que él se encontró con el sumo sacerdote. El dijo: “Ciego Bartimeo: ¿adónde vas tú esta mañana?” El dijo: “Oh, sumo sacerdote de Dios, yo voy al templo para ofrecer mi cordero para sacrificio. Mi esposa sanó cuando yo oré por ella, y le prometí a Jehová que le daría este cordero”. Y el sumo sacerdote dijo... metió su mano en su bolsa de dinero, y dijo: “¡Oh, Bartimeo, tú no puedes ofrecer ese–ese cordero!” Dijo: “Yo te daré dinero, y tú ve adonde los–los compradores o los cambistas”. Y dijo: “Tú ve allá y cómprate un cordero para sacrificio”. El dijo: “Oh, sumo sacerdote, muchísimas gracias. Pero”, dijo: “Yo no le prometí a Dios un cordero; yo le prometí a El este cordero”. Mucho de eso es el problema hoy en día, amigo. En la pascua, llenamos los altares de lirios. Dios... El altar no fue hecho para lirios; el altar fue hecho para Uds. ¿Ven?, ¿ven? Pero nosotros–nosotros queremos traer algo más para que nos substituya. No podemos hacer eso; nuestro substituto ya ha sido traído: Cristo.
83El dijo: “Yo nunca le prometí a El un cordero. Yo le prometí este cordero”. Y el sumo sacerdote dijo: “¡Bartimeo: tú no puedes ofrecer ese cordero! Ese cordero son tus ojos; tú no puedes ofrecer ese cordero”. El dijo: “Oh, sumo sacerdote de Dios, verdaderamente así es. Pero si yo guardo mi promesa a Dios, Dios proveerá un cordero para los ojos de Bartimeo el ciego”. Fue esa mañana fría que el Cordero... Dios había provisto para ellos. El Cordero de Dios había sido provisto para los ojos de Bartimeo el ciego. Yo lo puedo ver a él después que El le dijo: “¡Recobra tu vista!”, pararse allí, y en unos cuantos minutos, mirar sus manos. “¡Oh, El me dijo que la recobraría! El dijo que recobraría mi vista”. La multitud iba por el camino. Después de un rato, él vio una sombra. El dijo: “¡Oh, ya veo! Yo empiezo a ver que mis dedos se mueven”. Y él se fue, glorificando a Dios. ¡Seguro! Dios había provisto un Cordero para los ojos de Bartimeo el ciego.
84Ese mismo Cordero está provisto para Ud., hermana, para Ud., hermana, para Ud., para Ud., para mí. Para quienquiera, Dios tiene un Cordero provisto para nosotros esta noche, para nuestros ojos, para nuestros ojos, para que nuestra vista espiritual se abra, y reconozcamos que es el Señor Jesucristo en nuestros medios. Que El lo conceda en esta noche, es mi oración. Nuestro Padre Celestial, te damos gracias por estas historias de la Biblia. Significan mucho para nosotros. Las amamos, porque ellas son Vida para nosotros. Vemos lo que Tú eras; y lo que Tú eras ayer, Tú eres hoy, y serás para siempre. Y ahora, Dios Santo, el Creador de los Cielos y de la tierra, envía otra vez en esta noche el Espíritu Santo. Jesús dijo: “Cuando venga el Espíritu Santo, El tomará estas cosas Mías, y se las mostrará a vosotros. El os mostrará cosas por venir; El testificará de la Verdad. El dará testimonio de Mí”, Jesús dijo. Y sabemos que es verdad.
85Y te pido, Padre, que en esta noche el Espíritu Santo haga las obras aquí en la audiencia que Jesús hizo cuando El estuvo aquí en la tierra, para que ellos puedan entender y que los ojos de esta gente se abra, de cada uno de ellos. Muchos de ellos son gente Cristiana, buena, fiel, y te aman. Y ellos te aman con todo su corazón. Ahora, Padre, abre sus ojos espirituales, para que ellos puedan entender, que estas cosas son exactamente lo que Tú dijiste que sucederían. Es exactamente Tu promesa, lo que Tú nos prometiste. Y que la veamos esta noche: la mano del Dios Viviente entre nosotros. Y entonces los ojos de toda la gente serán abiertos. Y luego todos nosotros recibiremos nuestra sanidad, nuestra salvación, y la....
86Cuando la iglesia se cierre en esta noche, que nos vayamos a casa como aquellos que iban a Emaús, después que Tú habías muerto, y sepultado, y resucitado, caminaste con ellos todo el día, y ellos no te reconocieron. Pero cuando Tú los tenías encerrados Contigo a solas esa tarde, Tú hiciste algo exactamente como Tú lo hacías antes que fueras crucificado. Ellos supieron que Tú ya no estabas muerto, que Tú habías resucitado de los muertos. Porque ningún hombre podía hacer esas cosas de la manera que Tú las hacías. Y ellos corrieron a casa regocijándose, diciendo: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino?” Concede que la misma cosa se repita en esta noche. Señor, ven entre nosotros. Toma nuestros cuerpos; toma este pobre cuerpo mío; si Tú lo puedes usar, úsalo. Padre, Tú no pudieras usar el mío sin usar el de ellos. Así que usa el cuerpo de la gente enferma; usa nuestras almas y cuerpo en esta noche para Tu honra y gloria, para que otros puedan ver y sean sanados. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús, el Príncipe del Ejército de Jehová. Amén.
87Si hubiese una manera posible para mí de hacer una sanidad, si yo pudiera hacer que esta señora aquí se levantara de ese catre en el que ella está acostada, y caminara, yo–yo–yo tomaría una moneda de un cuarto de dólar, y la empujaría con mi nariz por toda esta ciudad, sólo por el hecho de que se hiciera. Yo... ¿Qué si yo...? ¿Qué si fuera esa...? ¿Qué si fuera mi–mi hermana, mi madre, mi esposa, acostada allí? ¿Qué si ella fuera uno–uno de mis fami-...? ¿Qué si Ud. allá en la audiencia con cáncer o problema del corazón, qué si fuera mi madre o mi hermano, o mi hijo, mi hija? ¡Hermanos! Pero, yo quisiera que pudiera, pero no puedo. Y si Jesús se parara aquí con este traje puesto que El me dio, El tampoco pudiera; El ya lo ha hecho. ¿Cuántos creen que la salvación y toda bendición redentiva ya fue comprada? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. Entonces, ¿qué haría El si estuviera aquí? El actuaría como El actuó cuando El estuvo aquí en la tierra, haría algo para que Uds. vieran que El era el Jesús Viviente.
88Ahora, ¿cuántos saben esto, que Jesús dijo que en este tiempo del fin (hemos estado predicando sobre esto en esta semana) que el Espíritu de Dios vendría a la tierra, llamado el Espíritu Santo, y haría las mismas obras que El hizo? ¿Cuántos saben eso? Mostraría la misma señal que El mostró; El se la mostró a los judíos; El se la mostró a los samaritanos; pero El nunca se la mostró a los gentiles. No era su día. Tampoco los gentiles estaban esperando un Mesías. Pero hoy en día sí estamos esperando la Segunda Venida de Cristo. Ahora, debemos recibir la señal del Mesías, la cual es la última señal. Y, recuerden: ¿recuerdan que El habló de Noé? Pero El no lo dijo entonces. Pero dijo: “Como fue en los días de Sodoma”. El habló de la moral del–del día de Noé: ellos estaban comiendo, bebiendo, casándose, dándose en casamiento. Pero “como en los días de Sodoma”, El no tocó eso. ¿Ven? Eso es por revelación.
89Observen a los Angeles (como hemos estado hablando respecto a lo que hicieron ellos), los ministerios. Miren a Billy Graham hoy en día: ¡exactamente! Un moderno Oral Roberts y Billy Graham, esos evangelistas poderosos recorriendo el mundo, llamando a salir de Babilonia, salir de Sodoma, con todo lo que ellos pueden. ¿Se está mejorando? ¡Peor cada vez! Ahora: observen a la Iglesia elegida. ¿Creen Uds. en la elección? Uds. de seguro tendrían que creer, si Uds. creen la Biblia. “Nuestros nombres fueron puestos en el Libro de la Vida del Cordero antes de la fundación del mundo”, dice la Biblia. ¿Ven? Fuimos elegidos por Dios; por Su conocimiento previo, El nos eligió. Ahora.... Así que, entonces, si somos llamados... Uds. deberían estar agradecidos con Dios que Uds. fueron elegidos. Eso es por lo cual yo estoy tan agradecido: que Dios me llamó, me escogió. Yo no lo escogí a El; El me escogió. Uds. no lo escogieron a El. “Ninguno puede venir a Mí a menos que Mi Padre lo trajere primero. Y todo lo que el Padre me ha dado, vendrá a Mí”. Correcto. Así que, ¿ven Uds.?, si Dios los llama, El tocará en su puerta. Ese es el momento para que vengan Uds. Ahora, hoy es el día de los gentiles. Este es el día que el último mensaje... Y recuerden: Sodoma fue destruido, cuando el fuego descendió del cielo.
90¿Han estado leyendo Uds. en el periódico tocante a esta reunión política que se está llevando a cabo allá en California?, cómo esos hombres están hablando tocante a... se están cambiando de un partido al otro. Pero por supuesto, para mí, yo–yo estoy... Yo eché un solo voto; ese fue en Jesucristo como mi Salvador. Yo voy a ganar. Correcto. Eso está bien. Yo voté por el Señor Jesús para que sea mi Salvador, y eso es todo. ¿Ven? Ahora, yo creo en votar; yo creo que Uds. deberían hacerlo. Pero este púlpito no es el lugar para hablar tocante a eso. Uds. hablen tocante a eso en dondequiera que Uds. quieran. Este aquí es para el Evangelio. Esto es algo que yo sé que es recto y limpio y verdadero, y yo sé que va a suceder. Eso es todo. Ahora, cuando El esté aquí, cuando Jesús venga a nosotros esta noche, yo quiero que recuerden que toda bendición redentiva que El pudo haberles dado... “Mas El–mas El fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre El, y por Su llaga fuimos nosotros curados”. Todos fueron salvados, todos fueron sanados, cuando Jesús murió en el Calvario. Pero Uds. tienen que tener su propia fe personal en El, para ser salvado o para ser sanado.
91Ahora, si Jesús estuviera aquí esta noche, Ud. diría: “Señor Jesús, baja, y pon Tus manos sobre mí, y sáname”. ¿Sabe Ud. lo que El diría? “Hijo mío, ¿no–no crees Mi Palabra? ¿Crees Mi Palabra? Yo fui herido por tus rebeliones; por Mi llaga tú fuiste curado”. Ahora, Su Palabra debería ser suficiente. Pero entonces... Si Ud. no creyera mi palabra, yo probablemente lo dejaría a Ud. en paz. Si yo no creyera la de Ud., Ud. me dejaría en paz; pero no así Dios. Si Ud. no cree Su Palabra, aún así El todavía envió el Espíritu Santo con dones en la Iglesia. ¿Qué es primero? Apóstoles, profetas, evangelistas, maestros, pastores, todo para el perfeccionamiento de la Iglesia, para traer a la Iglesia al conocimiento de El. Un maestro, un pastor, un evangelista, un profeta, todas estas cosas son–son para dar a conocer....
92¿Cuánta gente Pentecostal hay aquí en esta noche? Bueno, Uds. creen en hablar en lenguas. Pablo dijo: “Si hay uno entre vosotros que habla en lenguas y nadie lo interpreta (a menos que sea para edificación, que haya alguien que lo interprete), a menos que sea para edificar la Iglesia, pues, el que es indocto entrará, se irá, y dirá: ‘Bueno, todos Uds. están fuera de sí, ¡todos están locos!’ (Lo cual “locos” significa: “fuera de sí”). Y dirá: ‘Bueno, todos Uds. están locos’. Pero si uno es profeta, y profetiza y revela la cosa, entonces tendrá que postrarse y decir: ‘Verdaderamente, Dios está con Uds.’” Porque esa es la última señal de Dios. Nosotros sabemos eso, y eso es todo. Estamos viviendo en eso hoy. El Señor los bendiga.
93Ahora, olvidé... (¿Dónde está Billy Paul? ¿Está...? Perdónenme). El está tan pequeño que no puedo verlo. (¿Cuántas tarjetas de oración repartiste? ¿Cincuenta? ¿Empezaste de la 50?, o... De la 1 a la 50; muy bien). No podemos formar una fila con todos al mismo tiempo, así que formemos una fila con ellos como podamos. Muy bien, la tarjeta de oración número 1, ¿quién la tiene? (¿Cuál es la letra? ¿“B”?) ¿B, número 1? [Porción sin grabar en la cinta–Ed.].... para ser real, o yo soy un falso profeta y un mentiroso, y la Biblia está errada. El Dios del Cristianismo prometió que El nos encontraría aquí. “En donde estén reunidos, Yo estaré con vosotros”. El envió a un Angel y me dijo: “No temas. Yo he enviado... Tú eres enviado para orar por la gente enferma; tú conocerás los mismísimos secretos de su corazón”. Yo....
94Ahora, las visiones empezaron a venir... La primera cosa que yo puedo recordar en mi vida, fue una visión; siempre ha sido. Uno nace con estos dones. No se imponen manos uno sobre el otro para esta clase de dones. Estos dones Dios los pone en la Iglesia. ¿No es correcto eso, hermanos? ¿Ven? Dios los pone en la Iglesia; uno nace con ellos. Son naturales, tan naturales como cualquier otra cosa. Ahora, yo estoy confiando que El concederá Su Presencia. Si El lo hace, que Sus grandes bendiciones sean sobre nosotros. Sean reverentes; crean. Uds. dicen: “¿Por qué se está deteniendo, Hermano Branham?” Yo lo estoy esperando a El. ¡Eso es correcto! Si El no viene, yo no puedo hacer nada. Pero si El me unge, yo lo puedo hacer.
95Y ahora, Ud. observe, quién sea que esté a cargo de este–este micrófono aquí. Porque pueda ser que yo... Mi voz en algunas ocasiones... Uno está inconsciente; uno no sabe lo que está diciendo. Es una visión; uno está viendo algo que está sucediendo y... en alguna otra parte. Así que ahora, si sucede que no esté lo suficiente alto, díganle a algunos de los hombres. Recuerden todos Uds.: los veremos a Uds. mañana en la noche si es la voluntad de Dios. Dios los bendiga. Ahora, que el Señor Jesús nos bendiga mientras quedamente cantamos: “Sólo creer”, cada uno de nosotros juntos, ahora. Sólo creer.... Yo lo puedo ver a El mientras desciende del monte, un niño epiléptico allí. El dijo: “¡Señor, ten misericordia de mi hijo. El padece muchísimo con el demonio”. Jesús dijo: “Yo puedo, si tú crees, porque todas las cosas son posibles, sólo creer”. ... Todo es posible, sólo creer.
96Yo tomo a todo espíritu aquí bajo el control del Espíritu Santo en el Nombre de Jesucristo. Ahora... (¿Es–es este el hombre? ¿Es este una de las personas para que se ore por ella?) ¿Cómo está Ud., señor? Ahora, nos estamos encontrando (me supongo) por primera vez en la vida. Eso es verdad. Muy bien. Solamente somos dos seres humanos que se reúnen. Yo no lo conozco a Ud., y Ud. no me conoce a mí. Y tal vez Ud. esté aquí por alguna enfermedad, o algún amado, o algún problema financiero (yo no sé lo que Ud....), problema doméstico. Lo que sea, Dios sabe todo al respecto. Ahora, pudiera ser que yo me dirigiera allí, después de haberle dicho a Ud. estas cosas que yo he dicho, y pusiera manos sobre Ud. y dijera: “Yo voy a orar por Ud., mi hermano”. Y Ud. se fuera y probablemente sanaría. O quizás yo lo pudiera hacer como algunos de nuestros hermanos ministros: sólo poner mis manos sobre Ud., y reprender ese espíritu y demás, como algunos de esos hermanos que tienen (lo que llamamos) verdadera “fe de bulldog” [perro caracterizado por su fuerza y tenacidad–Trad.]. Como el Hermano Oral Roberts que pone sus manos sobre ellos, y tiene una fe verdadera, y condena la cosa, y de esa manera. Ese–ese es el ministerio del Hermano Roberts. ¿Ven? Y Dios–Dios no lidia con dos hombres igualmente. Yo no puedo tomar el lugar del Hermano Roberts, y él no puede tomar el mío. Ambos tenemos ministerios, y tenemos que hacer lo que Dios nos dice que hagamos.
97Pero ahora, si yo subiera aquí y dijera: “Muy bien, hermano–hermano, yo tengo un ministerio de poner manos sobre Ud.” Y si yo le dijera eso, y Ud. se fuera, Ud. probablemente sanaría. Correcto. Pero mire, Ud. pudiera tener una pequeña duda tocante a eso. ¿Ve? “Bueno, ¿me dijo él la verdad o no?” Ahora, si Jesucristo todavía vive como vivió en los días del pasado, y yo puedo rendirme a Su Espíritu, sin conocerlo a Ud., entonces si algo entra en mí y empieza a revelarme algo que es... algo que Ud. ha hecho en su pasado, como El lo hizo con la mujer en el pozo, como El le dijo a Simón Pedro cuando él vino a El, y ¡oh!, en tantos lugares en la Biblia... ¿Ve? Si El le empieza a decir lo que Ud. era, bueno, Ud. sabrá si eso es verdad o no. Entonces Ud. será testigo de eso, y Ud. sabrá si eso está correcto o no. Y Ud. puede ser testigo si es así o no. Entonces si El le dice a Ud. lo que ha sido, luego le dice lo que será, si eso lo que ha sido es la verdad, entonces seguramente será verdad lo que El le dice a Ud. de lo que será. ¿Es eso correcto, audiencia? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. ¿Ven? Entonces Uds. no se lo tienen que imaginar. Ese es el Espíritu del Señor.
98Ahora, yo no digo que El lo hará; yo confío que El lo hará. Pero si El lo hace, la audiencia ya ha prometido... Esto aquí: si El le dice a este hombre, si hace la misma cosa como la que hizo cuando Simón vino a El... dijo: (“Tú–tú eres Simón, y tú eres el hijo de Jonás”, o... le dijo quién era él), o a Felipe, o a alguno de los otros, como esos, El lo hizo cuando ellos vinieron a El, bueno, eso haría a Jesucristo el mismo ayer, hoy, y por los siglos, ¿no lo haría? Confirmar Su Presencia aquí, el gran Príncipe del Ejército de Jehová. Ahora, yo no tengo idea de lo que... A mí me parece un hombre saludable; no hay nada tocante a él que pareciera no estar saludable. Pero seguramente que... El pueda que no esté enfermo. Puede ser otra cosa. El Señor sabe. Ahora, que el Señor me ayude. Que el Espíritu Santo de Dios venga a mí, y hable para que la gente sepa, sepa que es algún Espíritu, y ellos serán juzgados por lo que ellos lo llamen. Dios, Tú eres el Juez. Que sea así, por medio del Nombre de Jesucristo, para Tu gloria, Señor. No para un espectáculo, sino para Tu gloria. Amén.
99Ahora, si la gente todavía puede oír mi voz, el hombre se está alejando de mí. El tiene algo mal; su problema está en su cráneo, en su cabeza. El... Allí es en donde está su problema. Es... Eso es correcto, ¿no es así, señor? Si eso es correcto, levante su mano. Ahora, hay–hay algún poder que sabe eso tocante a ese hombre; yo no lo sé. Ud. dice: “Pudiera ser algún nuevo...” ¿Hay alguien aquí que nunca estuvo antes en una de mis reuniones?, levante su mano, que nunca estuvo antes en una reunión. Ud. pudiera pensar que lo adiviné. Muy bien, veamos. Dejemos que El.... Yo no sé lo que era. Las cintas allí lo tienen. Esa es la razón que guardamos esas cintas, todo lo que fue dicho. Nunca ha habido una sola cosa que se haya dicho, que el Señor no la haya confirmado que es la verdad. Sí, ahí está. El hombre está sufriendo con algo tocante a su cabeza. Es un... El se lastimó. Es algo tocante a troncos, o algo tocante a un golpe con el brazo de grúa para transportar troncos o algo. ASI DICE EL SEÑOR. Eso es correcto. Eso es correcto. Ud. no es de aquí. Ud. ha venido aquí a esta reunión. Ud. es de California. Correcto. ¿Cree Ud. que Dios sabe quién es Ud.? ¿Me pudiera El decir quién es Ud.? ¿Le ayudaría a Ud.? ¿Cree Ud. que le haría...? [El hombre dice: “Sí me haría”–Ed.]. ¿Le haría? Muy bien, Sr. Robinson, Ud. se puede regresar a casa y ser sanado. Jesucristo lo sana.
100¿Creen Uds. en el Señor? Ahora, ¿ven Uds.? Miren amigos, ese no soy yo. Yo... Dios sabe que yo no les puedo decir una sola cosa que fue dicho a ese hombre. Es una visión; yo estoy observando lo que está sucediendo. ¿Ven? Miren, esa es la misma cosa... ¿Cuántos aquí (creyentes) saben que eso es la misma cosa que hizo Jesucristo cuando El estuvo aquí en la tierra, y prometió que sería una señal del tiempo del fin? Ahora, ¿qué más podemos decir? El está aquí; ahora, crean en El. Eso debería concluirlo. Toda la audiencia se debería levantar, y decir: “Gracias al Señor. El me sanó”, y seguir adelante. Correcto. Todo está terminado. El lo ha probado. ¿Cómo está Ud.? ¿Es esta...? [Alguien dice: “Sí”–Ed.]. Yo no he perdido mi mente. Pero con las visiones, uno tiene que vigilar. Uno–uno está... Uno... ¿Ve Ud.?, yo la miro a Ud. aquí, y la miro en alguna otra parte. Ud. sabe lo que quiero decir: una visión. ¿Cree Ud. que yo soy Su profeta, mejor dicho, Su siervo? ¿Cree Ud. eso? Somos desconocidos uno del otro. Yo no la conozco, pero Dios la conoce a Ud.
101Ahora, este es otro hermoso cuadro, como el de San Juan 4 (Uds. lectores de la Biblia): un Hombre y una mujer se encontraron por primera vez en la vida, una mujer de Samaria, y Jesús de Nazaret. ¿Recuerdan Uds. esa historia? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. ¿Qué hizo Jesús? El tuvo necesidad de pasar por Samaria; Dios lo envió allá. Yo tuve necesidad de venir a Klamath Falls; Dios me envió aquí. Una mujer vino y Jesús le estaba hablando. Jesús le habló a ella lo suficiente como para contactar su espíritu, y encontró cuál era su problema y se lo dijo a ella. Y ella dijo: “Tú debes ser un profeta. Nosotros sabemos que cuando el Mesías (el cual es el Señor Jesús)... el Mesías, cuando El venga, El nos declarará estas cosas”. Jesús dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.
102Ahora, si–si Uds. alguna vez han estado en Samaria, es un pozo allí en un pequeño panorama, igual que este aquí. Aquí está la mismísima clase de historia revivida de nuevo. Ahí está ella; yo no la conozco, y somos desconocidos y nos estamos encontrando aquí por primera vez. No tengo idea de la causa por la que está la mujer parada aquí. Pero Dios sabe para lo que ella está aquí; El sabe todo al respecto. Si Dios me revela algo que es su problema, una cosa u otra que está mal, o–o para lo que Ud. está aquí, ¿creerá que yo soy Su siervo? La audiencia hará lo mismo. El otro fue un hombre. Que todas las mujeres crean. Ahora, la señora está consciente ahorita de que algo está sucediendo. Entre mí y la mujer está esa Luz. ¿Cuántos la han visto en la fotografía? ¿Tienen Uds....? Todas las fotografías están aquí. (Gene, ¿han–han estado Uds. trayendo las fotografías a la plataforma?) Uds. deberían adquirir una. Es una fotografía protegida por derechos de autor; está colgada en el Salón Religioso de Arte en Washington D.C.; es el único Ser sobrenatural que alguna vez haya sido fotografiado científicamente. Eso es por el gobierno. Fue fotografiado aquí en... (¿Cómo se llama ese lugar que sigue, al que vamos a ir, allá en California? [Alguien dice: “Lakeport”–Ed.]. Lakeport).
103Ud. como que tiene complicaciones: corazón, y diferentes problemas con los que Ud. está sufriendo. Ud. no es de aquí, de esta ciudad. Ud. ha venido de otra ciudad; se llama “Lago algo”. “Vista al lago” [Lakeview–Trad.], es de donde Ud. es. Correcto. Ud. también está interesada en alguien más por el cual Ud. está orando. El también tiene un problema del recto. Es algo como una– una hemorroide, únicamente que es más como un tumor. Ud. también tiene algo en la nariz que la está molestando, en su nariz. Correcto. Ud. trajo a una hija aquí. Correcto. Tiene alguna clase de problema como de piel, pies malos. Correcto. Eso es la verdad, ¿no es así? Su esposo no pudo venir, pero él también está enfermo. ¿Cree Ud. que puedo decirle a Ud. por medio del Espíritu Santo cuál es el problema de él? Hemorroides. Correcto. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir quién es Ud.? ¿La ayudaría? ¿Se iría Ud. a casa y creería que lo que yo le he dicho a Ud. es la verdad? Ud. lo haría de todas maneras. Bueno, Sra. Trotzel, entonces Ud. se puede ir a casa, y ser sanada. Jesucristo la sana. Dios la bendiga, hermana.
104¿Creen Uds. en el Señor Jesús? Eso debería concluirlo en la audiencia. ¿Cómo está Ud., señor? ¿Cree Ud. que yo soy Su siervo? Si Ud. cree eso con todo su corazón, Ud. está... Ud. es un hombre mucho muy amable; Ud. está parado aquí por alguien más... [el hombre dice: “Eso es correcto”–Ed.]. Tiene hidropesía. [“Eso es correcto”]. Correcto. Váyase creyendo ahora, y él sanará de eso. Amén. Sólo tengan fe en Dios. No duden. Esa señora sentada allá atrás, ella es la madre de unos niñitos enfermos. Ud. tocó algo en ese momento, señora. Ud. creyó, ¿no es así? Ud. misma tiene hemorroides, por lo cuál Ud. quiere que se ore. Eso es ASI DICE EL SEÑOR. Sus niñitos están enfermos; Ud. tiene dos pares de gemelos. Correcto, ¿no es así, señora? Si eso es correcto, levante su mano. ¿Qué tocó ella? Miren en dónde ella está sentada. ¿Qué hizo ella? Ella no me tocó a mí; ella lo tocó a El, el Sumo Sacerdote. El se volvió. No se preocupe, señora, Ud. está sanada, y sus niños serán sanos. Su fe la salva. ¡Si puede creer!
105Aquí está una señora con sus ojos hacia abajo de esa manera. Ella estaba orando por ella misma; tiene artritis. ¿Cree Ud. que el Señor la sanará, hermana, sentada allí? Ud. estaba orando. Ud. dijo: “Señor, permítele que me llame”. Si eso es correcto, levante su mano, si eso es lo que Ud. dijo en su oración. ¿Cómo sé yo lo que Ud. dijo en su oración? Tenga fe en Dios; no dude. ¿Cómo está Ud., señor? Somos desconocidos uno del otro. Yo no lo conozco, y–y... Pero Dios sí lo conoce. Si el Señor me revela algo tocante a Ud., ¿le creerá Ud. a El con todo su corazón? [El hombre dice: “Sí, sí le creería”–Ed.]. Sí le creería Ud. Su problema es en la... en su cabeza. Ud. está teniendo problema con su cabeza. Ud. tiene accesos, como desmayos y demás. Ud. también tiene una pequeña duda tocante a su salvación; no está exactamente seguro si Ud. está exactamente bien o no. Correcto. Y cómo esto sucedió, es que Ud. tuvo un accidente que produjo esto. Eso es correcto. Sr. Woodland, ¿cree Ud. que eso es la verdad? Eso es lo que Ud. necesitaba, ¿no fue así? Muy bien, siga adelante. Ud. estará bien. Dios lo bendiga.
106Sólo tengan fe. Crean con todo su corazón. Dios concederá su petición, si únicamente creen en El. ¿Están...? ¿Creen? Ahora miren: Uds. están conscientes que algo tiene que hacer eso. ¿Es correcto eso? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. Ahora, ¿qué clase de Espíritu es Ese? ¿Creen Uds. que es el Espíritu de Dios? [“Amén”]. Ahora, los fariseos le dijeron a Jesús que El era Beelzebú cuando El lo hizo. El dijo: “Yo os perdono por decir eso, pero cuando el Espíritu Santo venga, si Ud. habla una palabra contra El, nunca será perdonado”. ¿Es correcto eso? Ahora, pregúntenles a algunas de estas personas en quienes los milagros han sido hechos. Pregúntenles, vean si es real o no. Dios sabe que es muy real.
107¿Cómo está Ud., señora? Ud. es una persona de apariencia bondadosa. Sólo fíjese; ¿vea lo que le hace a uno? Uno sencillamente se pone tan débil, que me parece que toda la audiencia está dando vueltas y vueltas. Recuerde: Jesús vio una sola visión, una sola persona lo tocó, y El dijo: “Yo siento que virtud ha salido de Mí”. ¿Qué es virtud? “Su fuerza”. Algunos de Uds. allá en la audiencia que no tienen tarjetas de oración y demás, Uds. oren. Uds. allá en la audiencia, Uds. miren a Dios y digan: “Dios, yo te creo. Ese hombre no me conoce. Si Tú tan sólo me tocas, ¡oh, Señor Dios!, si Tú tan sólo me sanas... Permite que él me hable. Yo creeré con todo mi corazón”. Yo reto su fe en eso. No me crean a mí; creánle a El. Porque yo sólo soy un hombre, igual que este micrófono. No es el micrófono al que Uds. están oyendo; es mi voz. No soy yo al que Uds. están oyendo; ¡es El!
108El señor sentado allí con su problema de espalda: ¿cree Ud. que Jesucristo lo sanará a Ud. y lo hará saludable? Su esposa está sentada al lado de Ud. allí. Ella tiene problema con sus dedos. ¿Cree Ud. que Dios también la sanará a ella? ¿Cree Ud., hermana, también? Eso lo sorprendió a Ud., ¿no es así, hermano? Ud. no sabía que Ud. tenía tanto así de fe. Ponga sus manos sobre su esposa. Ella tiene como alguna clase de infecciones que le molestan sus manos. Pongan sus manos uno sobre el otro ahorita. Satanás, yo te reprendo. Sal de esas personas. En el Nombre de Jesucristo, que ellos sean sanados. Amén. Ahora, Uds. dos que acaban de ser llamados: ¿tienen...? Uds. no tienen una tarjeta de oración. Uds. no tienen una tarjeta de oración. Uds. no necesitan una. Muy bien. Ahora, ¿qué tenían Uds.? Uds. tenían fe. Uds. tocaron al Sumo... Yo no los conozco a Uds. Si eso es correcto, levanten sus manos, si somos desconocidos uno del otro. Ahora, yo nunca los he visto a Uds. en mi vida. Me imagino que Uds. nunca me han visto. Pero como que no sabían que tenían esa fe, pero Uds. tocaron algo, y El los recompensó por eso. Ahora, Uds. estarán sanos. No se preocupen; su fe los ha sanado. Si eso no es Jesucristo, el mismo ayer, hoy, y por los siglos, yo no conozco la Biblia. Correcto. Es verdad.
109Perdóneme, señora. Yo sólo miro... Es su turno para que se ore por Ud. Yo sólo estaba observando la audiencia, para que la gente viera que–que no se requiere una–una tarjeta de oración para sanar a la gente, ¿lo ve Ud.? Se–se–se requiere fe en Dios. Eso es correcto. Se requiere fe en Dios para sanar a la gente. Si Uds. sólo tienen fe y no dudan, Dios los sanará. ¿Qué piensa Ud. tocante a eso, Sr. Robison, sentado allí con una hernia? ¿Piensa Ud. que Dios lo sanará? ¿Sí lo piensa? Muy bien, señor. Yo nunca he visto al hombre en mi vida. Nunca lo he visto en mi vida, pero él estaba sentado allí pensando tocante a eso. Eso es correcto, ¿no lo es, señor? Levante su mano. ¿Ve?, Jesús sabía todo respecto a lo que Ud. estaba orando y todo al respecto. Sólo tenga fe. Si Ud. cree con todo su corazón que eso viene de Dios, cualquiera que sea su problema, se irá. El lo amó lo suficiente como para llamarlo a Ud. Cuando Ud. lo llamó a El, El le contestó. ¿No es El maravilloso?
110Está sufriendo de tremendos dolores de cabeza todo el tiempo, sentado allá atrás en el fin. ¿Cree Ud. que Dios lo sanará? Si Ud. lo cree, los días del dolor de cabeza se han terminado. Somos desconocidos uno del otro. Yo no lo conozco a Ud. Probablemente tenemos años de diferencia en edad, y–y vivimos separados millas de distancia, y–y aquí estamos encontrándonos. Pero Jesús nos conoce a ambos. Eso es correcto. Si El, por Su gran Poder, me revela algo tocante a Ud. que Ud. sabe que yo no sé, ¿le sería de gran ayuda? Sí le sería. Trataré esto una vez... uno más. Ver–ver si nuestro Espíritu Santo... Una persona tan bondadosa esperando todo ese tiempo. Luego oraremos por el resto de la gente. Ud. realmente está aquí a favor de alguien más. Ud. está aquí por una persona que tiene una condición nerviosa (nerviosa mentalmente), como perdiendo su mente. Correcto. Y Ud. ha puesto un pañuelo aquí arriba para llevárselo a esa persona. Eso es correcto. Ud. no es de esta ciudad; Ud. viene de un lugar llamado Grant’s Pass, allá en el Río Rogue. Correcto. Ud. tiene una clase de problema del corazón, complicaciones. Eso es verdad. Trajo una hija aquí en esta noche en la que Ud. está interesada. Ella de hecho es una hija adoptiva; ella está en la fila para que... está en la fila allá atrás, para que se ore por ella. Ella tiene un corazón reumático, y un tumor en la garganta.
111Ud. vino aquí por autobús. Ud. tiene que regresar mañana; esta es su última noche aquí. Eso es la verdad. ¡Oh!, Ud. ha sido ministro, una mujer predicadora. Eso es ASI DICE EL SEÑOR. Esa es la verdad. Ahora, ¿cree Ud.? Entonces, váyase a casa y reciba exactamente lo que Ud. ha pedido, y que el Dios del Cielo la bendiga siempre. Sólo siga adelante, hermana. Todo–todo se terminó; Ud. va a ser sanada. No–no lo dude. Sólo siga adelante y crea. Ahora, yo no podía ver a la muchacha, desde donde la mujer estaba parada, pero yo la vi aquí enfrente de mí. Ahora, ¿creen Uds., todos Uds., unánimemente? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. ¿Creen Uds. en el Señor Jesús, cada uno? “El que quiera, venga”. Señor, si Ud. cree en Dios, la artritis lo dejará. ¿Cree eso? Entonces siga su camino y regocíjese, y diga: “Gracias, Señor. Tú has sido muy bueno conmigo”. Y Ud. tiene la misma cosa. Otra cosa, siendo un hombre de su edad: tiene problema de la próstata, un pequeño desmayo que lo pone nervioso y demás. Si Ud. cree con todo su corazón... ¿Cree Ud.? Entonces siga su camino, y diga: “Gracias, Señor. Yo voy a estar sano”. Muy bien, señor.
112Ud. es una mujer muy joven para tener problema del corazón, pero, ¿cree Ud. que Dios puede sanar el problema del corazón? Siga su camino y diga: “Gracias, Señor Jesús, por sanarme”. Muy bien, venga, señora. Ud. está sombreada. Hay una sombra oscura que la sigue a Ud., lo cual significa que Ud. tiene cáncer. Está sombreada de muerte. ¿Cree Ud. que Dios la puede sanar y hacerla saludable? Levante su mano, y diga: “Yo lo acepto, Señor”. Siga su camino y sea sanada. Crea con todo su corazón. Venga, señora, por favor. Muy bien, Ud. tiene problema de la espalda. ¿Cree Ud. que Dios puede sanar su espalda? Siga su camino y sea sanada. Crea con todo su corazón. ¿Creen Uds. allá en la audiencia? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. Muy bien, venga, señor. Ud. tiene una condición asmática. ¿Cree Ud. que Dios lo puede sanar? Siga su camino, y diga: “Gracias, Señor”, y sea sanado. Venga, señor. Ud. tiene diabetes. ¿Cree Ud. que Dios puede sanar diabetes? Siga su camino y sea sanado. Crea con... todo su problema. Su problema está en su espalda; Ud. fue lesionado. ¿Cree Ud. que Dios lo sanará? Siga su camino y sea sano, y tenga fe en Dios.
113Venga, señor, por aquí. ¡Un momento!, percibo que este hombre tiene un espíritu de sordera. Inclinen sus rostros sólo un momento. ¡Oh Señor Dios!, Creador de los Cielos y de la tierra, Autor de Vida Eterna, Dador de todo buen don, abre los oídos de este hombre y hazlo que oiga, Señor. El no puede oír. Fe viene por el oír; este espíritu sordo está en él. Abre su oído, Señor, te lo pido en el Nombre de Jesús. Satanás, ¡suéltalo! [El Hermano Branham habla con el hombre–Ed.]. ¿Cuánto tiempo ha estado Ud. de esta manera? ¿Mucho tiempo? ¿Me puede oír Ud. bien ahora? Muy bien. Me oye Ud. ahora? ¿Me oye Ud. ahora? [El hombre dice: “Sí”– Ed.]. Diga Ud: “Amén”. [“Amén”]. “Amo al Señor”. [“Amo al Señor”]. “Alabado el Señor”. [“Alabado el Señor”]. Se están separando ahora muy bien. Ud. está sanado. A propósito, Ud. fue sanado antes en mis reuniones. Amén. Yo vi cuando sucedió. Amén. Dios... Dios–Dios lo sanó hace años. Dios lo bendiga. ¿No es El maravilloso? ¿No es nuestro Señor maravilloso? Ahora, díganme una cosa que El no haga.
114La razón que tomé a ese hombre allí por eso... yo no sabía cuán sordo estaba. El dijo que sus tímpanos fueron reventados por dinamita. Y así que, yo no sabía si él podía oír poco o nada; yo sólo supe que había una sordera en él. Y esa es la razón... Si él no puede–si él no puede oír... bueno, entonces, cuando oré por él, yo lo vi parado en otra fila y vi la Gloria de Dios sobre él, y él fue sanado en otra reunión. Y así que el hombre está bien ahora, perfectamente normal. Esa es la razón que uno lo detiene así y lo detiene hasta que sucede, ¡hasta que él puede oír! Y entonces la fe... El puede oír. Fe viene por el oír. ¿Creen todos Uds. en el Señor Jesús? ¿Cuántos aquí creen ahora y tienen confianza que el Príncipe, el Capitán del Ejército de Jehová está en el edificio? ¿Lo creen Uds.? Ahora, pongan sus manos unos sobre los otros. Tengamos una oración congregacional. Cada uno de Uds., ¿creen Uds. eso? “Estas señales seguirán a los creyentes”. Ahora, nosotros no podemos sanar. Pero crean; por favor crean. El está pasando por este camino.
115¡Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí! ¡Hijo de Dios, ten misericordia de mí! ¡Oh, Señor Dios!, Creador de los Cielos y de la tierra, Autor de Vida Eterna, Dador de todo buen don, envía Tus bendiciones sobre esta gente a quien yo bendigo en Tu Nombre. Dios, yo estoy tan débil que no me puedo parar aquí más tiempo. Te pido que Tu Espíritu venga en gran poder y unción, y tome control de esta audiencia. Que la gente se ponga de pie, clamando: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” ¡Oh, Dios, concédelo! Y que toda persona aquí sea sanada. Satanás, te condeno sobre la base de la Sangre derramada de Jesucristo en el sufrimiento vicario, la resurrección. ¡Sal de esta audiencia! ¡Deja a esta gente en el Nombre de Jesucristo!