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~ LA PUERTA DENTRO DE LA PUERTA ~
1Muchas gracias. Pueden sentarse. Yo ciertamente considero este un gran privilegio el estar aquí este lunes en la noche, y ver a este gran grupo de gente hambriento y sediento por Dios. Yo creo que la Escritura dice: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Y si Dios nos ha dado esa bendita promesa, entonces la única cosa que nos impide de ser llenos con todo de lo que tenemos sed, sería porque no le creemos. Si sólo pudiéramos creer ahorita, que Dios nos dará la mismísima cosa por la cual estamos aquí, todos nos iríamos a casa esta noche muy felices y satisfechos. Yo estoy tan contento que El suple toda nuestra necesidad. El prometió que El haría eso. Ahora, El nunca prometió que El supliría nuestras “cosas que queremos”, sino que serían nuestras necesidades las que El supliría. Yo estoy tan contento por eso, porque hay muchas veces que nosotros queremos cosas que no son de provecho para nosotros.
2Yo estaba pensando en eso justamente el otro día, cuando estaba tratando de afeitarme con una navaja de barbero. Y ¡qué cosa!, fui muy torpe con ella; nunca antes lo había tratado de hacer. Y mi hijito, José, estaba diciendo: “Papi, déjame hacerlo también yo”. Tiene cinco años de edad. Y yo pensé: “Ahora...” Y él lloró porque yo no lo dejé que usara la navaja. Pero, ¿ven Uds.?, yo sabía que no era conveniente hacer eso. Y de esa manera es Dios. Algunas veces pensamos que debemos obtener ciertas cosas, y únicamente nosotros mismos nos dañaríamos con eso. Así que si sólo fuéramos sumisos y humildes, como niñitos delante de El, Dios suplirá la necesidad que tenemos. Y si–y si yo, siendo un padre en la carne, y terrenal, amo a mi hijito lo suficiente para no permitirle usar una navaja de barbero, sin importar cuánto él llore por ella, ¿cuánto mucho más sabe nuestro Padre Celestial, aunque lloremos por algo que pensamos que necesitamos? Pero El nos prometió “que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudarían a bien”. Y, otra vez está escrito: “No quitará el bien a los que andan en integridad delante de El”. ¿No es esa una promesa? [La congregación dice: “Amén”–Ed.].
3Así que, yo tengo un pequeño dicho que siempre se lo digo a la gente: haz tres cosas en la vida: la primera cosa, es hacer el bien; ese es su deber para con Dios. Luego, piense bien; eso es su deber para Ud. mismo. Y haciendo esto, Ud. está seguro de salir bien. Eso es exactamente correcto. Haga Ud. el bien, y luego piense bien. Y mientras Ud. esté yendo bien, no puede estar yendo mal. Cuando mi hijo, Billy, como de unos catorce años de edad... Antes que lo enviara a la escuela Bíblica, él estaba en la escuela pública, y no tenía un buen fundamento. Y todos los niños, muchachas, muchachos, estaban fumando y comportándose mal. Y un día llegué a la casa y me senté. Y Billy se estaba quedando con su abuela. Y mientras la Presencia del Señor estaba cerca, hubo una visión: yo vi a mi hijo con un cigarrillo en su mano. Eso casi me mató.
4Así que, después de un rato, llegó al frente de la casa en su bicicleta, y él entró y dijo: “Hola, papi”, y corrió y me abrazó. Le tomé en mis manos, y dije: “Billy: ¿cuándo empezaste eso?” El dijo: “¿Qué, papi?” Yo dije: “A fumar”. El dijo: “Yo no...” Yo dije: “¡No me digas; tú sí fumas, Billy!” Y él empezó a llorar. Yo no lo pude soportar. Me fui al baño; me senté allí, y lloré como un bebé. Yo pensé: “Su madre está en la Gloria, y la última cosa que me dijo fue: ‘Cuida a Billy’. Y yo he tratado de poner el ejemplo delante de él” y verlo hacer una cosa como esa, casi me mató.
5Así que lo llevé afuera junto a la pared. Yo dije: “Hijo: tú te vas a salir de allí inmediatamente. Yo te voy a enviar a una escuela Bíblica, no importa cuán solo tú te sientas”. Y así que dije: “Quiero que abras tus brazos de esta manera”. Y él lo hizo. El dijo: “¿Qué sucede?” Yo dije: “Esta es la izquierda, y esta es la derecha. Ahora, tú no puedes ir en ambas direcciones al mismo tiempo. Tú estás en la forma de una cruz”. Y yo dije: “Mientras estés yendo bien, tú pudieras pensar que estás yendo mal, pero sí vas a salir bien. Tú no puedes ir al este y al oeste al mismo tiempo. Tú no puedes estar haciendo el bien y el mal al mismo tiempo”. Algunas veces la gente va mal, pensando que está haciendo bien; pero resultará mal. Así que siempre piensa bien, haz el bien, y saldrás bien; tienes que salir bien. Eso es exactamente. Haga el bien; ese es su deber para con Dios. Piense bien, sepa que Ud. tiene que salir bien, ¡y Ud. sí saldrá bien!
6Luego, yo tenía un pequeño dicho que siempre le decía a la gente que yo los casaba. Cuando uno ve a la pareja joven, y ellos vienen delante de mí, yo siempre pienso de Cristo y Su Novia, esa gran Cena de las Bodas a la que todos nosotros estamos ansiosos de asistir. Y al verlos allí: están jóvenes, vigorosos, y tienen ojos brillantes, al estar parados allí para tomar ese voto que los une a través del viaje de esta vida. Siempre les digo algo así: “Ahora, Uds. quieren ser felices, y no pueden ser felices sin Cristo. No hay un hogar que sea feliz sin Cristo”. Yo quiero que Uds. me muestren uno. Uds. tienen alguna pretensión, pero Uds. no pueden ser felices sin Cristo. Correcto. No. Uds. sólo están–están pintando un fuego. Es como una persona que está pretendiendo ser un Cristiano. ¿Cómo puede Ud. calentarse con un fuego que ha sido pintado? El fuego pintado no calienta. Se necesita un verdadero fuego para que caliente.
7Podemos leer lo del pasado y ver lo que el Espíritu Santo hizo en el Día de Pentecostés. Eso fue en Pentecostés hace dos mil años. Si ese mismo fuego no trae los mismos resultados hoy en día, ¿qué bien nos hace a nosotros un Dios histórico, si El no es el mismo Dios hoy? Es como alimentar a su canario con vitaminas para que produzca alas y plumas buenas y fuertes, y ponerlo dentro de una jaula. ¿Qué bien le hace sus alas a él? ¿Ven? Si uno no va a predicar el Evangelio completo, y creer todo, y recibir el Espíritu Santo como fue en aquel entonces, ¿qué bien hace tener una Biblia, si El no es el mismo Dios? ¿Ven?, es–es un... El tiene que ser el mismo, o... No hace nada de bien el ir a la escuela y aprender teología y cosas, si Uds. quieren ponerlo a El en el pasado como un Dios histórico. El es el mismo en esta noche.
8Y yo siempre les digo esto a mis parejas jóvenes: que la felicidad no consiste de cuántas cosas del mundo Uds. posean, sino cuán contentos están con la porción que está asignada para Uds. Eso es correcto también. Yo he visto parejas que no tenían nada. Yo casé a una pareja hace algunos años. Yo no sé cómo fue que me pidieron que los casara, pero el muchacho era amigo mío. Su padre trabajaba en la compañía de servicios públicos conmigo. Era un joven muy listo, de aparencia inteligente, y él se casó con la hija de un millonario. Las perillas de la puerta en la casa de ellos, eran de catorce quilates. Y yo tenía que practicar mucho la–la ceremonia regresando allí adentro, y arrojando arroz y cosas, y arrodillándome en una almohada de seda. ¡Y oh, tal ceremonia!
9Pero cuando los casé, como unos tres meses después, mi hermano me dijo que sabía de una pareja que se iba a casar, únicamente que el muchacho no tenía dinero suficiente para casarse. El tenía una novia, pero no tenía el dinero para pagarle al predicador. Y él dijo: “Bueno, mi hermano nunca le ha cobrado a nadie por nada”. Y yo... Como Uds. saben, yo tengo cincuenta y un años de edad, he estado en el ministerio treinta y un años, y nunca he recogido una ofrenda en mi vida. Nunca he recogido una ofre-... Nunca intento recoger una. Así que, yo–yo no lo hago. Está... Se tiene que hacer. Pero yo sólo... Lo que sea... Si alguien me da algo, está bien; si ellos no me dan, está bien de todas maneras. El–El puede llover comida del Cielo, así que yo simplemente lo permito de esa manera. Así que, yo sólo le creo a El. Nunca me ha faltado una comida; yo he pospuesto algunas [el Hermano Branham se ríe–Ed.], pero yo no he... no me ha faltado una todavía. Pero siempre ha sido bueno conocerlo a El.
10Así que cuando–cuando vino esa pareja joven, yo miré a ese muchacho parado allí. Durante el tiempo de esa depresión, él... Traía unos pantalones desteñidos, y una camisa vieja, con un cuello... una porción del cuello abotonada más alta que la otra. ¡Un corte de cabello!, lo necesitaba mucho. Esa jovencita había viajado en autoestop desde Indianápolis hasta allí; casi no traía zapatos. Yo estuve a punto de comprarle a esa niña un par de zapatos. Era una muchachita muy bonita. Y cuando yo... Yo dije: “¿Adónde la vas a llevar, hijo?” El tenía un vagón viejo de carga allá al lado del río, en donde solía estar la fábrica “Dial” de obra de herraje, en donde ellos solían... batir el hierro allí en el horno. Bueno, él iba a ir allá, y vivir en ese vagón de carga. Y yo dije: “¿Qué vas a hacer si ese trabajo se termina, si tú no tienes nada, ni siquiera tienes algo para comer?” Ella dijo: “Yo–yo lo amaré de la misma manera”. Correcto; eso es.
11Bueno, un día yo fui allá, para visitar a mis amigos que vivían en “Silver Hills”. Y a Herman, lo conocía muy bien, Herman Holtz, un muy buen amigo mío; él se casó con la hija de E.V. Knight. Y ellos tenían un hermoso hogar; él ya no tenía que trabajar más, tenían el éxito asegurado, porque ellos tenían bastante dinero, eran dueños de las grandes compañías de arena, y cosas en el río, y demás. Y fui allá para verlos en el tiempo preciso, me supongo. Uno estaba sentado en un rincón, y el otro en el otro, discutiendo. Y ellos habían estado en un baile la noche anterior, en una fiesta, y un hombre había bailado con ella, y la había hecho enojar, o mejor dicho, lo hizo enojar a él. Y así que allí estaban; estaban discutiendo.
12Y cuando llegué al porche, ¿saben Uds. lo que hicieron? Se apresuraron para tomarse de la mano uno al otro, y llegaron a la puerta, y dijeron: “¡Hola, Hermano Branham!” Miren: eso es fuego pintado. Eso no dura. Eso no es bueno. Yo dije: “Bueno, estoy contento de verlos”. Yo dije: “¿Son felices?” “Oh, sí, querido, ¿no es así?” Lo supe en ese momento; yo ya los había oído cuando me acercaba a la casa. ¿Ven? Yo sabía que estaban discutiendo. Bueno, ellos continuaron, y uno podía ver que no estaba bien, el espíritu no se sentía bien. Un día, pensé darme cuenta de lo que había pasado con esa pareja que había casado, y que vivía en un vagón de carga. Así que yo estaba trabajando por la compañía de servicios públicos; yo era uno que instalaba las líneas allí por diecisiete años. Fui al río y como que jugué el papel de un hipócrita; me puse mis espuelas y el cinturón de seguridad, y me fui caminando a lo largo del río como que estaba revisando los postes.
13Me acerqué sigilosamente, y vi su viejo Chevrolet allí afuera con las luces delanteras amarradas con alambre. Y me acerqué a la puerta. Yo los oí hablando. Y él había conseguido un trabajo en la P.W.A. o la que haya sido; ellos trabajaban allí. Y él estaba trabajando en alguna compañía maderera allí, ganando como unos ocho o diez dólares a la semana. Eso era muy buen dinero. Y así que, él había.... Habían tomado ese vagón viejo de carga y habían colgado periódicos con “tacky buttons”. ¿Quién sabe lo que es un “tacky button”? ¿De qué parte de Kentucky es Ud., hijo? [El Hermano Branham se ríe–Ed.]. Tomen un pedazo de cartón y pónganle una tachuela y clávenla en la pared. ¿Ven? Y tenían papel y periódicos. El había traído algunas cajas viejas y habían hecho una mesa de eso. ¡Pero, hermano!, si alguna vez encontré el Cielo en la tierra, fue allí. Ella estaba sentada en sus rodillas. Se había quitado su sombrero viejo, había aplastado la copa de él, y había puesto su paga allí. Y ellos tenían separado allí tanto para la comida, y tanto para el seguro, y tanto para lo otro. Y él dijo: “Cariño: yo quiero tanto comprarte ese vestido”. Creo que costaba como un dólar veinticinco, algo así. Ella dijo: “Pero, cariño, nosotros... Yo aprecio eso”, con su brazo sobre él de esta manera. Y él la miró a ella. Y yo estaba parado allí como un hipócrita, observándolos, Uds. saben. Y así que, ellos empezaron a contar ese dinero, y no tenían lo suficiente para cubrir todo. Y él dijo: “Bueno, yo trabajé hasta... yo he intentado todo lo que puedo. El vestidito está colgado allí en el escaparate, cuesta un dólar veinticinco. ¿No pudiéramos dejar de pagar el seguro?” Ella dijo: “No, cariño, yo aprecio eso”. ¡Oh, él la abrazó! Yo me quedé allí, y me volteé hacia esta dirección y miré hacia arriba de la colina, y yo podía ver el hogar de la otra, las torres arriba de la casa. Yo pensé: “¿Quién es el hombre rico? ¿A quién escogerías, Billy, si tú fueras a hacer tu elección?” Yo escogería a la real y genuina esposa, una que me ame. Yo escogería vivir aquí en un vagón de carga. Pues, déjenme decirles: que la felicidad y el contentamiento no se pueden comprar con dinero. El dinero no puede comprar amor. Esas son las cosas reales.
14Bueno, empiezo a platicar, y cuando menos pienso, el tiempo se ha ido, y... Inclinemos nuestros rostros sólo un momento y hablémosle al Señor ahora. Nuestro precioso Padre Celestial, nos acercamos a las sombras de Tu misericordia en el Nombre del Señor Jesús, sabiendo esto, que El nos ha prometido que podemos tener una entrevista Contigo en cualquier momento y estamos seguros que la recibiremos, si venimos en Su Nombre. Por lo tanto, Señor, no tenemos justicia, ni nombre. No hay nada que poseamos en esta vida, o de que sepamos aquí en la tierra, con lo que pudiéramos acercarnos a Tu trono, únicamente por medio del Nombre de Jesús. Y venimos humildemente, Señor, ofreciéndote la adoración de nuestros corazones por enviarlo a El a la tierra, para que pudiéramos tener esta gran avenida para entrar en Tu Presencia por medio de la Sangre derramada en el Calvario, y tenemos la seguridad de que Tú oirás nuestra oración.
15Te damos gracias, Santísimo Padre, por todo lo que Tú has sido para nosotros en esta reunión hasta estos momentos. Hemos visto Tu grande y poderosa mano bajar en la audiencia, y convencer a pecadores que estaban mal, verlos venir al altar en penitencia y–y aceptarte a Ti como su único Salvador y Señor. Hemos visto a ésos, Señor, que estaban enfermos y afligidos, salir del edificio sanados, levantarse de las sillas de ruedas y salir caminando. Estamos agradecidos Contigo, Padre Celestial, por estas cosas. Luego hemos visto a Tu Santo Espíritu ungir esta audiencia, al grado que no hubo un solo secreto en el corazón que Tú no lo hiciste saber, cumpliendo las mismísimas Palabras que El prometió que sucederían. ¡Oh, Padre nuestro!, sé misericordioso con nosotros, criaturas indignas. No podemos expresarte a Ti, Señor, de la manera que quisiéramos, cuánto te amamos y te apreciamos por estas cosas.
16Sabiendo que en esta hora oscura de las escenas de la clausura de la historia del mundo, cuando los hombres están confusos, y la gente está corriendo de iglesia a iglesia, y de lugar a lugar, cambiando cartas y llevándolas de lugar a lugar, y sin embargo nosotros hemos encontrado ese Lugar de reposo, de morada, en Dios. Cómo te damos gracias por el Espíritu Santo que nos da consolación en esta hora. Y pedimos, Padre, que El more en nosotros para siempre, mientras las sombras se están extendiendo, y sabemos que el sol se está ocultando en la civilización. Dios, pedimos ahora por esta gran nación nuestra, que está en el momento de cambiar de Presidentes. Pudiera parecer que es una cosa sin importancia, pero, Dios, pudiera cambiar el destino de esta nación. ¡Oh, Señor!, Tú que pudiste escoger a los profetas y–y ungir a los reyes, pedimos que Tu Espíritu Santo unja al hombre correcto para nosotros en esta hora. Concédelo, Señor. Cuando las grandes campañas se están desarrollando de ambos partidos... Padre, comprendemos que Tú no estás interesado en partidos; es el hombre en el que Tú puedes confiar. Así que pido, Padre, que de alguna manera ellos escojan el hombre correcto para la hora. Sabemos que la hora también tiene que llegar cuando el hombre incorrecto será escogido–escogido. Así que oramos, Padre, que Tú nos des un poco más de tiempo para traer a los perdidos. Haz que si hay uno de ésos aquí en esta noche, viendo que las sombras se están extendiendo, que ellos vengan dulcemente al Señor Jesús y sean salvados. Sana a los enfermos y afligidos. Fortalece a la Iglesia. Porque lo pedimos en Su Nombre. Amén.
17El Hermano Borders, que leyó la Escritura hace unos cuantos momentos... Algunas veces yo mismo la leo, y pensé en esta noche que le pediría al Hermano Borders que la leyera por mí: Apocalipsis el capítulo 3, el versículo 14, hasta el fin de ese capítulo. Pues después que leyeron las Escrituras, entonces la alabanza se empezó a cantar, y fue cuando yo apreté las manos del Hermano Mercier parado allí detrás de eso. El dijo: “¿Por qué hiciste eso?” Yo dije: “Escuche la alabanza”. El dijo: “Ya veo lo que me quiere decir. Sólo creer; sólo cree lo que ha sido escrito”. Este mensaje es un mensaje a esta edad de la iglesia, la edad de la iglesia de Laodicea, la cual era una edad de la iglesia tibia. Ahora, yo estoy confiando que Dios en esta noche saque del texto que yo escogeré, siendo el versículo 20. De este texto, yo quiero decir esto, que dice: “He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi Voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él Conmigo”. Yo quiero tomar de allí el tema: “La puerta dentro de la puerta”.
18Ahora, esto es una escena muy fuera de lo común. Y es un texto fuera de lo común. Pero saben Uds., Dios es fuera de lo común. Dios hace cosas de una manera fuera de lo común, en una hora fuera de lo común, en un lugar fuera de lo común, algunas veces para gente fuera de lo común. Dios es fuera de lo común; El muchas veces hace lo inesperado. Y entonces nosotros también pudiéramos decirle a una audiencia aquí de varios cientos de gente: “¿No es ese un texto poco pequeño para elaborar: ‘La puerta dentro de la puerta’, escoger como unas siete palabras de un solo versículo?” Bueno, no es la cantidad de algo lo que cuenta; es la calidad lo que cuenta.
19Hace tiempo, hubo una–una pequeña historia que oí de un muchachito que andaba buscando en el desván. Y él, en un viejo baúl, encontró un estampilla, una pequeña, cosita, amarillenta por el tiempo. Y el muchachito tenía en su mente un helado de nieve. Así que él sabía de un colector de estampillas más adelante en la calle, al cual él corrió apresuradamente para venderle la estampilla; pensó que él recibiría cinco centavos, el costo de un cucurucho con helado de nieve. Cuando el colector la puso bajo la lupa y la miró, él dijo: “Te daré un billete de un dólar”. Bueno, la transacción del negocio se cerró rápidamente, porque él estaba contento de recibir ese dólar. Se fue por la calle soñando en su mente de varios cucuruchos con helados de nieve. Después, tengo entendido que ese colector vendió esa estampilla por quinientos dólares. Y luego llegó a valer cientos y cientos de dólares. Y se me olvida ahorita cuánto vale esa estampilla. El papel en el que estaba escrito, ni siquiera valía la pena levantarlo. No era el papel; era lo que estaba en el papel lo que contaba.
20Y no es el tamaño de mi texto en esta noche; no es el valor del papel en el que está escrito; es lo que está escrito en el papel. Es la Palabra del Dios Viviente, un ofrecimiento de perdón. Un perdón... Es un perdón. La Palabra es un perdón para cada hombre, o mujer, o muchacho, o muchacha que la reciba.
21Hace algunos años en la Guerra Civil, o en la Revolución, en una, fue... Creo que fue en el tiempo de Abraham Lincoln (sí fue), que hubo un soldado que había hecho una violación. Y él había huido en el tiempo de batalla, había desatendido su puesto del deber. Y ellos capturaron al hombre. Y lo juzgaron en los tribunales y lo encontraron culpable. Y la sentencia fue de ser fusilado por un pelotón de fusilamiento. Y había un hombre que estimaba mucho a este muchacho; él era un muchacho nervioso, turbado. Y cuando los mosquetes y cañones empezaron a disparar, él huyó, porque él estaba muy asustado. Pero él había desatendido su puesto del deber, y él iba a ser matado. Su ejecución había sido asignada para un cierto día. Y un amigo de él fue adonde el presidente de los Estados Unidos, el bondadoso Abraham Lincoln. Y el buen Abraham, cuando iba entrando a un cuarto de hotel, ese amigo de él corrió hacia él, y dijo: “Sr. Lincoln”, y él dijo: “Yo sé que Ud. es un hombre Cristiano. Ud. es el comandante en jefe del ejército. Y este cierto hombre es culpable de lo que ellos lo han juzgado a él. Pero sus condiciones, él estaba asustado. El es un buen hombre. Y yo sé que Ud. no cree en quitarle la vida a un hombre. Con su firma sobre un pedazo de papel, la vida de él será perdonada, aunque él tenga que quedarse en la prisión federal. ¡No permita que él sea matado! El es un buen muchacho. Yo lo conozco a él; crecí en la vecindad con él”.
22El buen Abraham tomó un pedazo de papel y escribió sólo unas pocas palabras allí: “Perdonen a esta hombre, Abraham Lincoln”. Oh, el muchacho regresó rápidamente a las celdas de la prisión, y él se lo mostró a su amigo. El dijo: “¡Tú estás perdonado gratuitamente!” El dijo: “No te burles de mí, sabiendo que voy a morir en la mañana”. El dijo: “Mira, el presidente de los Estados Unidos, el comandante en jefe, él firmó tu perdón”. Y el muchacho lo miró, dijo: “Eso es sólo un pedazo de papel. No vale nada. Tú estás tratando de hacer mi muerte más miserable de lo que ya es. No lo recibiré”. Y él se fue para atrás, a la parte de atrás de la celda, y rehusó mirar más el papel, porque él dijo: “Si el Sr. Lincoln hubiera firmado mi perdón, hubiera tenido el... todo el–el membrete y demás, y su sello en él y demás. Así que, por lo tanto, no lo recibiré porque es únicamente una burla”. A la mañana siguiente el hombre murió ante un pelotón de fusilamiento. Ahora, ¿qué va a suceder? Allí el comandante en jefe del ejército dijo que ese hombre estaba perdonado, y entonces él fue fusilado por un pelotón de fusilamiento. ¿Qué vamos a hacer ahora? Fue juzgado en los Tribunales Federales de nuestra nación, y allí estaba el veredicto del Tribunal Supremo o el Tribunal Federal. Dijo: “Un perdón no es un perdón, a menos que sea recibido como un perdón”.
23Por lo tanto, esta Palabra en esta noche es un perdón para todo aquel que la reciba. Pero si Uds. no la quieren recibir, no es un perdón. “He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi Voz y abre la puerta, entraré a él”. ¡Qué invitación! Hay una pintura famosa. No recuerdo el artista griego que lo pintó. Muchos de Uds. pudieran saber el nombre del artista. Pero le tomó toda la vida pintando el cuadro de Cristo a la puerta, tocando. Y cuando.... Todos los grandes cuadros, antes que puedan ser cuadros famosos, tienen que pasar por los críticos. Y cuando los críticos estaban criticando o tratando de encontrar algo en el cuadro para criticar, un crítico le dijo: “Señor: su pintura es una gran pintura. Muestra que Cristo tiene la luz en Su mano, mientras El viene en la oscuridad al pecador. El está viniendo en la hora de la noche; no hay nada que yo pudiera decir tocante a eso. Pues así es cuando El viene al hombre: cuando él está en oscuridad. Y la expresión de Su rostro al tocar en la puerta, con una expectativa de oír a alguien en el interior responder a Su Voz o a Su toque...” Y dijo: “Todo está hermosamente dibujado e ilustrado aquí”. Pero dijo: “Hay una cosa que yo debo decir que Ud. olvidó”. El dijo: “¿Cómo podría entrar El? Ud. no puso una cerradura en la puerta”. Y el pintor dijo: “¿Es esa su crítica?” El dijo: “Lo es”. El dijo: “Señor, yo pinté el cuadro de esa manera”. El dijo: “¿Ve Ud.?, esta es una clase diferente de puerta. La cerradura está por dentro”.
24De esa manera es. Cristo no puede por Su propia voluntad abrir la puerta y entrar. El únicamente puede tocar, y luego Ud. abre la puerta. La cerradura depende de Ud. El puede tocar, pero Ud. tiene que abrir. Así que de esa manera es. Y entonces cuando pensamos de un hombre tocando en una puerta, eso no es una cosa fuera de lo común. La cosa, lo que cuenta principalmente, no es que el hombre está tocando en la puerta, sino es la importancia del hombre que está a la puerta. Mucha gente toca en las puertas todos los días. Pero, ¡es la importancia del hombre! Y una persona tocando está... ¿Qué está haciendo él, de todas maneras? El está tratando de... El está... Quizás él tenga un mensaje para Ud.; o quizás él quiere que Ud. haga algo por él; o quizás Ud. tiene algo que él quiere. Hay alguna razón por la cual él está tratando de lograr entrar, tratando de atraer su atención, tratando de que Ud. abra para tener una audiencia con Ud., tratando de platicar con Ud. sólo un ratito. Y han habido muchos toqueteos en muchas puertas por muchos grandes hombres.
25Por ejemplo, en los días de Roma, cuando Roma controlaba el mundo conocido, ¿qué si el gran emperador de Roma, César, llegara a la casa de un campesino, en donde vivía una–una persona pobre, y tocara en la puerta, y el hombre pobre mirara a la vuelta de la esquina, y viera que era el gran emperador de Roma que está tocando en su puerta. ¿Qué piensan Uds. que pensaría ese campesino pobre? ¡Qué honor sería que ese emperador romano llegara a la puerta de un hombre pobre y tocara en su puerta! Ese campesino iría a la puerta, abriría la puerta de par en par, y diría: “Gran emperador de Roma, tú honras mi casa. ¡Tú me has honrado grandemente! Bondadoso señor: bienvenido a mi pequeño hogar. Y si hay algo aquí que yo tenga que tú quieras, tú eres más que bienvenido a todo lo que yo tengo. Si hay algo que mi señor desee de mí, yo con mucho gusto daría aun mi vida a él”. Oh, sería un honor para ese hogar, que el–el emperador de Roma visitara el hogar.
26O en las últimas guerras, este finado Adolfo Hitler, el líder de Alemania, en los días de su gran éxito y su dictadura sobre Alemania, ¿qué si este gran Adolfo Hitler fuera al hogar de un soldado, un soldado raso de su ejército, y tocara en la puerta? Y ese soldadito levantara la cortina y viera que era el gran líder de Alemania parado a la puerta, ¡qué honor! Cómo pudiera él erguir su pecho y decirle a los otros soldados: “Hitler llegó a mí puerta. Yo fui el invitado de honor. Fui honrado de que Hitler viniera a mi casa”. El estaría contento de decir eso. El abriría la puerta de par en par, se pararía en posición de atención, y daría el saludo alemán, y diría: “Señor: ¿hay algo que el líder de Alemania desee de su siervo? Yo estoy listo aun para morir por ti. ¿Hay algo en mi casa que tú desees? Tú puedes poseer todo lo que yo tengo. ¡Qué honor es para mí! Hoy es el día de mi coronación, de saber que el gran gobernante de Alemania está parado a mi puerta, y yo sólo un soldado raso, sólo un soldado en el ejército. Y tú me honras, señor, aun de pararte en mi suelo”. Bueno, ciertamente que hubiera sido un honor.
27Oh, ¿qué si, aun en esta noche, si nuestro más honorable y amado presidente, Dwight Eisenhower, si él viniera a la... a su casa, si él viniera a la– a la casa del mejor demócrata en este valle? Aunque Ud. no estuviera de acuerdo con él en la política, sería un honor para Ud., porque él es un hombre importante. El todavía es el presidente de los Estados Unidos de América. Y él es un hombre altamente honrado. Uds. pudieran no estar de acuerdo con él en la política, pero sin embargo, él es uno de los más grandes americanos de hoy día, es nuestro presidente, Dwight Eisenhower. Bueno, si él llegara a su casa en la mañana y tocara en la puerta, Ud. sería un hombre honrado. Todo periódico en Oregón incluiría ese artículo, que el presidente Dwight Eisenhower fue a su casa. Todos pensarían de cuán humilde él era al ir a nuestra casa, nosotros gente pobre, él siendo el presidente de los Estados Unidos. Sería un gran honor para Ud. recibirlo a él. Ud. diría: “Sr. Eisenhower: entre a mi hogar. Ud. bendice... Su presencia nos bendice. Ud. nos ha honrado”. Y mañana, los periódicos lo dirían, y la–la radio, y las televisiones publicarían el artículo: “El presidente Eisenhower vino a Klamath Falls, y visitó a un–a un hombre pobre”. Bueno, eso sería una cosa muy humilde para que él lo hiciera. Y sería una gran cosa para Ud. el recibirlo, y Ud. estaría muy contento de cumplirle sus deseos, lo cual sería una gran cosa.
28O recientemente, cuando la reina de Inglaterra, cuando ella vino aquí a visitar, si ella hubiera ido adonde alguna de Uds. mujeres de aquí, ido a su hogar y dicho... tocado en la puerta, y Ud. hubiera ido a la puerta, y ella hubiera dicho: “Yo soy la reina de Inglaterra”, aunque ella no... Ud. no tiene nada que ver con ella, su dominio no está en América, pero sin embargo, ella es la reina más eminente que tenemos en la tierra. Ella es una mujer importante. Sería un honor para Ud. tener como huésped a la reina de Inglaterra. Ud. diría: “Entre, reina. Ud. honra mi casa”. Si ella le pidiera alguna cierta cosa, una baratija, o algo, Ud. pensaría que sería un honor darle eso a la reina de Inglaterra. Ella es una gran mujer.
29Hace algún tiempo en Canadá, mi amado hermano y amigo, el Doctor Ern Baxter... Cuando el finado rey Jorge y la reina pasaban por la calle, se nos había dicho que él estaba sufriendo terriblemente de úlceras y de cirrosis del hígado. Eso fue antes que oráramos por él en Londres. Y él estaba sufriendo tremendamente ese día. Pero él se sentó allí en ese asiento del carruaje tan valiente, con su amada reina sentada a su lado, con su vestido azul de ceremonia puesto. A medida que pasaban, el Sr. Baxter dijo que cuando él los miró, dijo que se estremeció y lloró. Y yo dije: “¿Por qué, Ernie?” El dijo: “Nuestro rey y nuestra reina iban pasando allí”. Dijo: “Seguro que me hizo llorar de gozo”. Yo pensé: “Si el rey de Inglaterra pasando por allí hace a un canadiense llorar de gozo, ¿qué será cuando pase el Rey de Gloria?” ¡Qué efecto tendrá en la Iglesia del Dios Viviente, cuando veamos a Jesús!
30Seguro que si ella tocara en su puerta, Ud. pensaría que sería un honor el tener de huésped a la reina. Y sí sería una gran cosa para Ud. el hacer eso. Pero, ¡oh, cuántos honores recibiría Ud. por eso! ¡Cuán honroso sería! Pero escuchen: hay Uno que viene a las puertas. Jesucristo, el Hijo de Dios, toca en más puertas que todos los reyes y potentados que hay en el mundo. ¿Quién es más grande y más importante que El? Y, ¿quién es más rechazado que El? Piensen Uds.: ¿qué si César hubiera sido despreciado?, ¿qué hubiera hecho? Bueno, él hubiera asesinado a ese hombre y quemado su–su casa, y a su esposa y a sus hijos. Hitler hubiera derramado gasolina sobre ese soldado, y lo hubiera incinerado. Pero Jesús continuamente regresa y toca en la puerta. Si lo rechazan una noche, regresa a la otra noche. Si Ud. lo rechaza otra vez, El regresará otra vez.
31Y si la reina viniera a visitarlo, o nuestro Presidente, o alguna gran persona, sin duda que ellos querrán un favor de Ud. Pero Jesús no quiere un favor de Ud. El está tratando de traerle Vida Eterna a Ud. El está tratando de salvar su alma de un infierno del diablo y de una destrucción y separación eterna de la Presencia de Dios. Y todavía lo rechazamos. Y sí sería una humillación para el presidente de los Estados Unidos el venir a su hogar, sin embargo el Rey de Gloria, el Señor Jesús, desciende al hombre más pobre del país, al contrabandista de licores, al borracho en la calle, a la mujer inmoral, al hijo desobediente; a cualquiera que El pueda venir y tocar en su puerta, Jesús viene y toca. No importa cuán bajo Ud. sea, cuán pequeño Ud. sea, cuán inmoral Ud. sea, cuán indecente Ud. sea, cuán lejos de la sociedad Ud. haya sido expulsado, sin embargo, el Hijo del Dios Viviente lo ama a Ud. y toca en su puerta día tras día y noche tras noche. Y Ud. lo rechaza. Eso es terrible. Ni siquiera suena cuerdo el hacer tal cosa, el rechazar al Hijo de Dios quien viene, no para quitarle algo a Ud., sino para salvarlo de la destrucción; y luego es rechazado. ¡Qué escena tan lastimosa! No parece estar bien mentalmente el rechazarlo. No está bien mentalmente el rechazarlo. Es haber perdido la mente el rechazar al Hijo de Dios cuando El toca en la puerta de su corazón. Y sin embargo, El es rechazado y El regresará.
32Ahora, quizás Ud. me diría a mí: “Un momento, predicador. Yo abrí mi corazón hace mucho tiempo, y le permití entrar al Señor Jesús”. Bueno, estoy muy contento que Ud. hizo eso. Y quizás eso fue todo lo que Ud. hizo: abrió su corazón y le permitió entrar. Pero, ¿eso es todo lo que Ud. hizo? Dios quiere hacer algo más. Mire aquí en las Escrituras: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él”. Oh, Ud. dice: “Yo lo acepté a El como mi Salvador”. Bueno, quizás Ud. lo hizo. Pero eso no es suficiente. El quiere ser su Señor. Ud. estuvo contento de permitirle ser su Salvador. Nadie quiere ir a una destrucción eterna. Nadie quiere ir al–al–al infierno. Pero Ud. quiere evadir el infierno, pero no lo deja a El ser su Señor. El quiere entrar para ser Señor, y “Señor” es: “ser soberano, ser dueño”. El quiere ser dueño de Ud. Porque Ud. no es dueño de Ud. mismo; Ud. fue comprado por precio. El quiere tomar control de Ud.
33Oh, Ud. dice muy contento: “Entra, Señor. No permitas que vaya al infierno”. Pero, qué si yo voy a su casa, y toco en la puerta (yo–yo creo que Uds. no... Uds.... muchos de Uds. no me conocen, pero siendo un ministro, probablemente me darían la bienvenida al entrar; yo creo que Uds. lo harían), y Ud. diría: “Entre, Hermano Branham”. Bueno, si me da la bienvenida al entrar, yo me sentiría como en mi hogar. Si–si voy a su casa, y Ud. solamente me da la bienvenida al entrar y me dice: “Mire, espere un momento. Entre, pero quédese aquí en esta puerta. No vaya más adelante”. Yo–yo... Más le valiera no darme la bienvenida al entrar, porque yo no me sentiría bien. Si Ud. viene a mi casa, y Ud. dice: “Hermano Branham: yo estuve en su reunión de Klamath Falls, Oregón. Y yo–yo oí que acaba de regresar, así que, pensé venir”. Y yo le dijera: “Entre”. Ud. dijera: “Gracias”. Y yo dijera: “Pero, no vaya más adelante. Ud. quédese allí mismo”. Si yo alguna vez lo hago bienvenido al entrar a mi casa, Ud. es bienvenido a cualquier parte de mi casa.
34Como Uds. saben, después que uno entra por la puerta del corazón, como Uds. saben, hay algunas puertitas más allí adentro, muchas puertitas en la casa. Uds. tienen un pequeño “clóset” allí, y un cuartito acá, y un cuartito allá. Hay varias puertas. Mucha gente está lista para darle la bienvenida al entrar el Señor dentro de su corazón, porque no se quiere ir al infierno, pero ella es... no quiere que El sea Señor cuando entra. Bueno, si yo entro a su casa, y Ud. dice: “Bienvenido, Hermano Branham”, bueno, ¿sabe Ud. lo que yo haría? Yo entraría, iría al refrigerador, y tomaría un pedazo de queso, y algo de salchicha ahumada, y cortara una rebanada de cebolla, y cortara una rebanada de pan, le pondría mostaza, y lechuga, y todo, e iría y me quitaría mis zapatos, y me acostaría en el sofá o en la cama, y me comería ese emparedado, y–y bebería una gaseosa, si Ud. tuviera una, y, ¡oh, hermanos!, yo mismo me sentiría como en casa, colgaría mi sombrero. Si Ud. dijera: “Bienvenido”, yo lo tomaría a Ud. a su palabra.
35Pero, ¿realmente nosotros le damos la bienvenida al Señor Jesús, lo tomamos a Su Palabra? Así, que, ¿puede El tomarnos a nuestra palabra? Ahora, miremos alrededor y veamos estas puertitas que están en el corazón en los cuantos minutos que siguen. La primera puertita que está al voltear a la derecha (digamos así), y entra al corazón, es una puerta allí llamada orgullo. ¡Oh, qué cosa!, como Ud. sabe, Ud. no quiere que Jesús se quede parado en esa puerta, porque El quita todo eso de Ud. El abre completamente esa puerta. Oh, si Ud. pudiera.... Ud. dice: “Mira, espera un momento, Jesús. Tú me puedes salvar, pero no te empieces a meter con mi orgullo. Mira: si yo me voy a tener que parar allí y actuar como actúa alguna de esa gente, yo no pudiera hacer eso”. Entonces El no es bienvenido. Y permítanme decir esto: El tampoco se quedará mucho tiempo; Ud. puede estar seguro de eso. Yo no me quedaría si Ud. me dijera eso. Ud. no se quedaría si yo le dijera eso. Así que El no se quedará si nosotros le decimos eso a El. ¡Orgullo! “Mire ahora, déjeme decirle, Hermano Branham, si yo tengo que ir allí a ese altar, llorar, hacer que me odie mi novia, que me desprecie mi novio, que me diga mi esposa que soy un “santo rodador”, que me diga mi esposo que he perdido mi mente, ahora, si Tú vas a hacer algo así, ¡no entres Jesús!” Eso es exactamente lo que ellos dicen, en pocas palabras: “No lo haré”.
36Aquí no hace mucho tiempo, le estaba hablando a... aquí en Oregón, a una damita que me vino a entrevistar. Y ella tenía una–una libretita en su mano, y me iba a entrevistar para el periódico. Y yo dije: “¿Ha estado Ud. en una reunión?” Ella dijo: “Yo estuve allí anoche”. Yo dije: “¿Cuál fue su impresión de la reunión?” Ella dijo: “Yo nunca he oído a tantos idiotas en toda mi vida”. Yo dije: “¿Es Ud....? Yo sé ahora que Ud. no es Cristiana”. Y ella me dijo la clase de iglesia a la que ella pertenecía. Y yo dije: “Me gustaría mostrarle, mi hermana, que en la Biblia su diosa, María, a la que Ud. le ora, esa mujer tuvo que subir allá en el Día de Pentecostés y recibir el Bautismo del Espíritu Santo y tambalearse bajo el impacto de El, como una persona ebria, antes que Dios le permitiera ir al Cielo. Y si Dios hizo que la bendita virgen María hiciera eso, ¿cómo va a llegar Ud. allá sin eso?” Ella le dio a luz, en un nacimiento virginal, al Señor Jesús. Pero sin embargo, ella no podía entrar, hasta que fuera llena con el Espíritu Santo. Yo le señalé con mi dedo la Escritura, y la mujer ni siquiera tuvo la audacia de mirarla. ¡Vaya que si era grosera!
37Allí, cuando ella volteó y me miró, y dijo: “Yo no creo eso”. Yo dije: “¿Cree Ud. la Biblia? La Biblia dice que María, San Juan, San... todos los otros santos, Pedro y todos los demás, tuvieron que subir allá y permanecer hasta que cayó el Espíritu Santo. Y todos ellos fueron llenos con el Espíritu Santo y empezaron a tartamudear con sus labios, y luego empezaron a hablar en otras lenguas, y actuaron de tal manera que la audiencia afuera dijo: ‘Esta gente esta llena de mosto. Ellos están ebrios’”. ¿Ven?, nosotros queremos aceptar a Jesús para que sea nuestro Salvador, pero no nuestro Señor. Aquellos no fueron los apóstoles actuando de esa manera; fue Cristo actuando en ellos. Fueron los Hechos del Espíritu Santo en los apóstoles. Los apóstoles eran hombres, como Uds. lo son y como yo lo soy. Pero el Espíritu Santo los hizo actuar diferente, porque El había llegado a ser el Soberano completo en sus vidas. Ellos no tenían más prestigio ni orgullo. Miren a Nicodemo quien vino de noche y dijo: “Señor, sabemos que has venido de Dios como Maestro; porque nadie puede hacer esas cosas que Tú haces, si no está Dios con él”. Jesús dijo: “Que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”. ¡Orgullo! ¿Qué estaba deteniendo a los fariseos de hacerlo a El su Señor? Ellos creyeron que El era el Cristo, pero era su orgullo. Ud. dice: “Bueno, yo pertenezco a una iglesia que hace...” A mí no me importa; eso es bueno. Permanezca en esa iglesia, pero permita que Jesús sea Señor en su corazón. Permítale tener control. Ya no es Ud.; es El. Entonces pues, dejemos esa puerta. Pudiéramos quedarnos allí mucho tiempo.
38Pero vayamos a la siguiente puertita. “¡Oh, no te acerques a ésa!” ¿Qué es? “Mi propia vida privada”. Oh, Ud. no quiere que nadie se entrometa con su vida privada, diciéndole que Ud. ya no puede beber, Ud. ya no puede fumar, Ud. ya no puede ir a su club de mujeres y jugar baraja. No, Ud. no quiere que se meta en eso. Pero, déjeme decirle a Ud.: si Ud. alguna vez permite que Jesús llegue a ser Señor de su corazón, Ud. renunciará eso. ¡El satisfará todo anhelo! Ud. se avergüenza de El. Ud. se avergüenza de que Ud.... de que Ud. traiga reproche sobre su familia, sobre sus amigos. Yo prefiero que me abandone toda persona en el mundo, pero que nunca traiga reproche sobre El. Sino que viva por la Palabra, la Palabra de Dios. ¡Mi vida privada! “Ahora, nosotros... todas las tardes vamos aquí y allá”. Y alguna gente, aun Cristianos, ¡oh!, gente que se llama a sí misma Cristiana, que profesa ser gente santa, se está alejando mucho. Ya no quiere más el señorío de Cristo.
39Me estoy quedando en un motel. Y anoche... Al cruzar de donde yo estoy, hay una–una iglesita. Y, ¡oh!, yo estaba sentado en mi cuarto, y oí algo llorando. Yo no podía abrir la ventana, porque las ventanas no se abrían. Bajé los escalones corriendo, y busqué por todos lados del motel. Yo dije: “Eso me suena bien”. Y un montón de gente estaba parada afuera en el patio, riéndose de la gente al cruzar de la calle que estaban en una pequeña reunión, llorando por un alma, pidiéndole a Dios. Yo dije: “Para mí suena como el Cielo”. ¡Qué cosa! Permita que Cristo entre, que sea Señor; ¡libre! “A quien el Hijo hace libre, es verdaderamente libre”.
40Si Ud. está ligado por su posición social, su prestigio social... La gente americana está contaminada de prestigios sociales. Sus iglesias están contaminadas con reuniones de cenas, y juegos de apuestas, y lotería, y tonterías en las iglesias. ¡Algunos de los predicadores despidiéndolos temprano el domingo en la mañana para que los–los miembros puedan ir a pescar o a cazar! Pescar y cazar están bien, pero no se tiene que hacer el domingo. Ese es el día del Señor. Mucha gente despiden a sus iglesias temprano para... en nuestra región, porque las cantinas abren a las doce; ellos pueden disfrutar una tardecita en paz. Cualquier hombre que hace eso, está mal con Dios.
41Perdóneme, audiencia, si hago una interrupción ruda aquí. ¿Les pareciera una cosa mala a Uds., o una cosa fuera de lo común, ver a un cerdo en un establo, comiendo en el montón de estiércol? Seguramente que no. Esa es su naturaleza. Pero cuando Ud. ve a un cordero en ese mismo lugar contaminado, bueno, eso realmente sería algo horrible, porque muestra que ese cordero ha sido pervertido. El se adaptó a la naturaleza de un cerdo. Y cuando yo veo a un Cristiano, que reclama ser siervo de Dios.... Sentado ayer en el restaurante, llegó una damita amable; ella dijo: “¿Está Ud. en conexión con el grupo de allá que está teniendo esa reunión?” Yo dije: “Yo soy el Hermano Branham”. Ella dijo: “Quiero decir que esa gente que ha estado aquí es la gente más amable que yo haya visto”.
42Y al mismo tiempo, dos clérigos estaban sentados allí con el cuello al revés, y estaban bebiendo martinis y vino. Y cuando ellos terminaron su cena, tenían una gran pipa. Y mi niñito de cuatro o cinco años de edad dijo: “Papi, ¿son esos siervos de Dios?” Un niño de cinco años de edad sabía que no se debía hacer eso. Nada en contra de esos hombres; quizás estén sentados aquí ahora. Lo que quiero decir, hermano... Ud. dice que es salvo; la Biblia dice: “Por sus frutos los conoceréis”. No me parece mal ver a un pecador allá en la calle, borracho. No me parece mal ver a un pecador con una pipa en su boca o un cigarrillo en su mano. No está mal; yo–yo no pienso nada tocante a ello. El es un cerdo; él no sabe otra cosa mejor. Cuando yo oigo a una persona profesar ser un Cristiano.... Yo le dije a uno: “¿Por qué hace Ud. eso?” El dijo: “Esto es relajante; esto es mi placer”. ¡Cómo el diablo ha pervertido eso! Dios hizo al hombre para que tuviera sed. Dios hizo al hombre para que quisiera placer. Pero El hizo al hombre con un lugar en su corazón para querer, y para desear vehementemente, y para relajarse y tener placer. Pero ese placer está en el Señor. ¡Cómo se atreve Ud.! ¡Ud. no tiene derecho! Ud. dice: “Yo soy un ciudadano americano”. Sí, pero si Ud. es un cordero, un cordero cede sus derechos. Un cordero no tiene más que una sola cosa: esa es lana. El se acuesta allí, no hace un berrinche tocante a ello; los deja que le trasquilen todo lo que tiene.
43Si Ud. es un verdadero Cristiano, un verdadero cordero de Dios, Ud. está dispuesto a ceder sus derechos americanos para ser un Cristiano, porque su naturaleza es cambiada. ¡Dios en un corazón, un señorío completo, en control! Ud. dice: “Bueno....” La gente se avergüenza de decir: “Amén”. La gente se avergüenza de alabar al Señor. Creo que fue Finney, Carlos G. Finney (no estoy seguro si fue Finney; creo que fue), que iba detrás de su estudio, o mejor dicho, de su oficina para orar. Y un día cuando estaba arrodillado allí en la... bajo un árbol viejo que el viento lo había tumbado, él estaba orando. Y cuando él estaba orando, pensó que alguien venía, y él paró de orar rápidamente, y aclaró su garganta haciendo: “Mmm, mmm” [sonido figurado al que uno hace al aclararse la garganta–Trad.]. Y se levantó y miró para todos lados. Y allí Dios lo convenció. El le dijo: “Tú te avergüenzas de Mí. Pero tú pensarías que sería una gran cosa si alguien te viera platicando con tu jefe. Tú te pararías allí al lado de tu jefe y platicarías, pensarías que sería un privilegio, dejar que toda la gente de la oficina viera que tú tuviste el privilegio de platicar con tu jefe. Y yo soy tu Señor y tú te avergüenzas de Mí”. El se postró en su rostro, y dijo: “Señor Dios, ¡perdóname como un pecador!” El dijo que él predicó los mismos mensajes que él había predicado antes, pero la siguiente vez que los predicó, estaban inspirados; eso hizo algo. El Espíritu Santo tomó control de él. El llegó a ser uno de los ministros más grandes desde San Pablo. ¿Por qué? Permitió que Dios entrara y tomara control, tomara su propia vida privada, su orgullo como erudito, todo lo que él era.
44Si Ud. está dispuesto a hacer eso, si Ud. está dispuesto a permitirle a Dios tener la preeminencia en su corazón... Vayamos a otra puerta antes que dejemos el tema. Hay otra puerta en el corazón llamada “fe”. Esta es una gran puerta. ¡Oh!, Ud. permitió entrar a Jesús para salvarlo, pero cuando llega para darle la fe que Dios da, Ud. lo rechaza de esa puerta. “No te entrometas en esto. Mi iglesia predica que los días de los milagros ya pasaron”. Pero si Cristo alguna vez entra en esa puerta, estas son las palabras que El dirá: “Yo soy el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. El lo prueba a aquellos que abren la puerta de fe. Ud. no será contaminado con los candados en la puerta. Permita que Cristo se pare a la puerta. El le dirá a Ud. que las Escrituras son verdaderas.
45Cuando Pedro predicó en el Día de Pentecostés, cuando la gente se estaba tambaleando bajo el impacto del Espíritu Santo, y el mundo religioso, hombres santificados, grandes eruditos, y autores, doctores de la ley, estaban afuera y se rieron de las ciento veinte personas tambaleándose y actuando como si ellos estuvieran ebrios.... Cuando les preguntaron tocante a ello, al apóstol Pedro, a quien se le había dado las llaves del Reino, ellos dijeron: “¿Qué podemos hacer para recibir esto?” El dijo: “Arrepentíos cada uno de vosotros...” Les dijo a aquellos así llamados creyentes que se arrepintieran de su incredulidad. “Arrepentíos, y bautícese en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos (y para aquellos en Klamath Falls, Oregón); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”, la promesa es para nosotros. Y cuando alguien trata de cerrar esa puerta y decir: “Eso fue para otra edad; el Espíritu Santo no es para esta edad”, ellos niegan la Palabra del Dios Viviente.
46Pero cuando el Espíritu Santo, Cristo, entra para ser Señor, El dirá Hebreos 13:8: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. El dirá San Juan 14:7, u 8 mejor dicho, versículo 12: “El que en Mí cree, las obras que Yo hago, él las hará también”. El dirá que Marcos 16 fue la última comisión que El le dio a la Iglesia: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En Mi Nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”. Si Cristo puede entrar en el corazón, entrar en la puerta de fe, El lo hará creer que todas las cosas son posibles para aquellos que creen.
47¿Se fijaron que la Biblia habla de esta iglesia en este día? “Porque tú dices: Yo soy rico...” Son los tiempos de más riqueza que la iglesia alguna vez haya tenido. La edad más próspera en la que la iglesia alguna vez haya vivido, es ahora: grandes edificios, hermosos lugares, ministros educados y eruditos. Tenemos mejores ministros que lo que alguna vez hayamos tenido, tenemos mejores iglesias que lo que alguna vez hayamos tenido, y el mundo se está hundiendo cada día en pecado. Tenemos los púlpitos más débiles que alguna vez hayamos tenido, y esa es la razón que la gente no se quiere rendir a Dios, no quiere.... Oh, ellos dirán: “Yo soy salvo. Yo permití que Jesús me salvara”. Pero Ud. no le permite ser Señor, así que El no se quedará con Ud. mucho tiempo. Y esa es la razón que Ud. se regresa al mundo otra vez. Eso es exactamente correcto. Ahora, ¿qué sucede? En esta hora en la que estamos viviendo, cuando Jesús entra... Fíjense lo que El dijo: “Tú... Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad...’” Tenemos los mejores pastores, la audiencia mejor vestida, las iglesias más finas, que la iglesia alguna vez haya tenido. Nosotros... “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes...” Ahora, ¿ven?, ellos son profesantes; le permiten a Cristo entrar al corazón para salvarlos. “Pero no sabes que tú eres un desaventurado, miserable, desnudo, ciego, y no lo sabes”. [Porción sin grabar en la cinta–Ed.].
48Y ella está ciega. Y vaya y trate de decirle: “Señora, entre a la casa rápidamente. Ud. se está–Ud. se está exponiendo. Ud. está desnuda”. Ella le dirá: “Apártese de mí, santo rodador. Yo sé lo que estoy haciendo”. Hay algo mentalmente mal con la mujer. Ella está en esa condición, y no lo sabe. Ella de hecho no lo sabe. Ella no está fingiendo que no lo sabe. ¡Ella no lo sabe! La Biblia dice que no lo sabe. Ella está desnuda, y no lo sabe. Ella está tratando de cubrirse con hojas de higuera, como Eva lo hizo en el jardín. Pero para pararse delante de Dios, ella no lo puede hacer; miserable, desventurada, desnuda, ciega, y no lo sabe. Si un hombre fuera pobre, miserable, desventurado, ciego, y desnudo, y si él lo supiera, él mismo trataría de ayudarse. Pero cuando un hombre está en esa clase de condición y no lo sabe, y no lo escucha, uno no se lo puede decir a él. El no escuchará.
49¡Oh!, “Yo estoy a la puerta y llamo”. [El Hermano Branham toca en el púlpito–Ed.]. Esa es la edad en la que El se pararía y tocaría. “Si tan sólo tú la abres y me dejas entrar y tomar control, Yo te vestiré con lino puro”. ¡Oh!, la justicia del Espíritu Santo. “Yo te vestiré. Yo te quitaré toda la vergüenza de ti. Yo pondré tu nombre en el Libro de la Vida del Cordero. Yo te daré Vida Eterna”. Oh, serán odiados por el mundo, seguro que sí. “Todos los que viven piadosamente en Cristo Jesús”, dice la Biblia, “sufrirán persecuciones”. Yo los haré a Uds. lo que deberían ser”.
50Y recuerden: la Biblia dice que ellos estaban ciegos, ciegos. ¡Oh, hay tanta gente ciega hoy en día! El dijo: “Yo te aconsejo que compres de Mí colirio, para que Yo lo pueda poner en tus ojos para que puedas ver; algo de colirio”. Ese colirio es el Espíritu Santo. Yo fui criado en Kentucky y mi... Nosotros vivíamos en una pequeña cabaña, que tenía... hecha de troncos y las grietas las embarrábamos con lodo. Y mucho de eso se había caído, porque estaba viejo. Y teníamos tejamaniles en el techo de la casa. Y fueron puestos bajo la luz de la luna, y los tejamaniles se habían enriscado, de esa manera. Y la lluvia entraba con el viento, y la nieve entraba con el viento. Y sólo teníamos dos cuartos, sin piso en ellos, sólo la tierra. Y recuerdo que mi papá había hecho una–una banca para que nosotros los niños nos sentáramos a la–la mesa de madera, que había sido serrada de un pedazo de tronco, con palos abajo de él para sostenerlo. Y la pequeña estufa estaba allí adentro. Mi mamá tenía un baúl viejo puesto sobre dos pedazos de– de madera, que tenía pequeñas hendiduras en él; un gabinete viejo que estaba igual. Y eso... y un par de camas; eso era todo lo que teníamos.
51Y nosotros niños teníamos que dormir en el desván. Y había un... Ellos tenían dos palos cortados de árboles con renuevos que los clavaron atravesados. Y allí arriba, había un–un colchón de paja. Y sobre este colchón de paja había un colchón de plumas. Luego mamá subía allá en la noche y ponía todas las cobijas que ella tenía sobre nosotros, y los abrigos. Y luego encima de eso, ella ponía un pedazo de lona, para que si llovía, nos pudiéramos meter debajo de esa lona, si nevaba, nos cubriéramos nuestros rostros de la nieve. Y estos tres pequeños Branham acostados allá arriba, con el viento soplando a través de esos tejamaniles en la noche, quizás contraíamos un resfriado. Contraíamos un resfriado en nuestros ojos. Y a la mañana siguiente, mi mamá nos llamaba; ella decía: “¡Billy, baja!” Y yo trataba de abrir mis ojos; yo no podía hacerlo. Y yo empujaba con el codo a Edward; yo lo llamaba “Humpy” [Jam-pi, pronunciación figurada– Trad.]. Yo decía: “¿Puedes bajar tú?” El decía: “Mis ojos también están pegados”. Luego empujábamos con el codo a Melvin, para ver si él podía bajar. “No, mis ojos también están pegados”. Mama nos decía que habíamos contraído un resfriado durante la noche. Y yo decía: “Mamá: yo–yo–yo no puedo bajar”. Ella decía: “¿Qué es lo que pasa, Billy?” Yo decía: “¿Sabe qué?, mis ojos están llenos de legañas”. Ella la llamaba legañas; yo no sé lo que era; era resfriado. Y ella decía: “¿Están tus ojos llenos de legañas?” Ella decía: “Bueno, sólo espera un momento, cariño”.
52Ahora, mi–mi madre es media india. Su padre era uno de los cazadores más grandes que yo alguna vez haya conocido. Y él solía cazar, y atrapaba mapaches y los vendía. Y, ¿saben Uds.?, cuando él atrapaba esos mapaches, estaban gordos. Y así que él les derretía la grasa. Y la grasa de mapache era el “curalotodo” en nuestra casa. Eso es todo lo que teníamos por medicina allá en aquellos tiempos. Me pregunto cuántos aquí, alguna vez se sentaron al lado de una candela de grasa: un pedazo de estambre en un... Seguro. ¿Cuántos alguna vez quemaron un nudo de pino, para...? Bueno, de esa manera teníamos que hacerlo. Y si al vecino se le apagaba el fuego, agarrábamos fuego de nuestra propia chimenea e íbamos y le ayudábamos a hacer... Sin cerillos o nada. Uno tenía que empezarlo con un pedazo de pedernal o algo, o nos llevábamos fuego uno al otro. Y recuerdo que ellos solían hacer eso muchas, muchas veces, lo llevábamos en una pala, e íbamos muy lejos por el camino adonde los vecinos. Y cuando... Era muy difícil en esos días.
53Y luego, yo recuerdo que mamá decía: “Espera un momento, cariño”. Y ella... Nosotros contraíamos el “crup”. ¿Saben Uds. lo que ella hacía? Ella tomaba una cucharada llena de esa grasa de mapache y–y le ponía algo de trementina en ella, y le rociaba un poquito de azúcar, y nos la teníamos que engullir. Yo no sé qué hacía eso para un dolor de garganta. Pero, de todas maneras, sanábamos. Dios es un Dios misericordioso. Luego cuando nuestros ojos estaban todos pegados, ella decía: “Espera un momento, cariño”. Y ella ponía en la estufa la lata vieja de grasa de mapache. Y ella la calentaba muy bien. Y subía los escalones, esa pequeña escalera. Subía allá y daba masaje a nuestros ojos con esa grasa de mapache, hasta que– que se abrían. Bueno, eso estaría bien para el ojo natural. Pero yo le estoy diciendo: ha habido mucho clima frío entrando a la iglesia. Correcto. Y ellos tienen sus ojos cerrados espiritualmente. Y se requerirá más que la grasa de mapache para abrirlos. Se requerirá el poder del Espíritu Santo que entre en los ojos.
54“Te aconsejo que vengas y compres colirio de Mí mientras Yo toco en la puerta. Permíteme entrar y abrir tus ojos, y poner colirio en tus ojos. Eso abrirá tus ojos”. Tú no sabes. Como Eliseo, con... allá en Dotán con su siervo. Cuando el–el ejército, los aliados, subió y rodeó a toda la ciudad de Dotán, y él dijo... El siervo despertó, y él dijo: “Mi padre, el ejército entero de los sirios está sobre nosotros”. Y el profeta anciano, como Uds. saben, él podía ver. Así que él se levantó y miró por todos lados; él dijo: “Sí, eso es correcto. Pero hay más con nosotros que lo que hay con ellos”. Y él dijo: “Yo no veo a nadie sino a ti”. Y él puso algo de colirio en él. El extendió su mano y le tocó su cabeza y dijo: “Señor, abre los ojos de este muchacho para que él pueda ver”. Y cuando su vista espiritual vino a él, todo alrededor de ese profeta anciano, había Angeles de fuego, y carros de fuego, y montañas en fuego. ¿Ven?, él estaba ciego y no lo sabía. Hay mucha gente hoy en día que está ciega, y no conoce la bondad del Señor; gente sincera, honesta, que no conoce la bondad. Ud. no entiende cuán bueno es Dios, qué placer es servirle a El, qué–qué descanso es.
55Algún día tengo que parar. Algún día cerraré mi Biblia por última vez. Tengo que encontrarme con Dios y dar cuenta por cada uno de Uds. Y toda persona... Yo me imagino que he predicado directa o indirectamente, a veinte o treinta millones de personas por todo el mundo, e ido siete veces alrededor de él. Y yo–yo–yo sé que tengo que responder por eso. Y yo tengo que estar en lo más profundo de mi sinceridad, y saber que yo les estoy diciendo a ellas la verdad. Uds. no comprenden la bondad de Dios. ¡Si una persona, un pecador, únicamente pudiera abrir sus ojos y ver cuán bueno es Dios! ¡Si El sólo pudiera frotar un poquito de colirio en sus ojos y ellos pudieran mirar alrededor y ver cuán bueno El es!
56Allá en Shreveport, Louisiana, no hace mucho tiempo, había un... Yo estaba allá predicando en una reunión de tienda. Yo pensé de Billy Graham allá en el–el estadio de béisbol. Y–y allí estaba un hermano anciano de color. Y él era un gran predicador anciano, un alma buena. Y él tenía un anciano en su iglesia por nombre... Su nombre era Gabriel, pero nosotros lo llamábamos Gabo, como sobrenombre. Y.... Pero él nunca se enmendaba con la iglesia. El iba a la iglesia, y él tenía una buena, piadosa, y santa esposa. Y ellos oraban por Gabo, e hicieron todo lo que podían hacer para que Gabo fuera a la iglesia y se enmendara. Pero él sencillamente no lo hacía. Pero a él le gustaba ir a cazar.
57Y un día él y el pastor estaban allá cazando. Era un sábado en la tarde. Y el anciano Gabo era un mal tirador; él no le podía pegar a nada. Pero esa tarde cuando él venía, él y el pastor sencillamente estaban cargados de toda caza que podían cargar: pájaros y conejos y ardillas. Y ellos venían por un sendero conocido, en el que ellos habían viajado muchas veces. Y el sábado en la tarde, el sol se estaba poniendo en el oeste. Y el pastor, guiando el camino, con su rifle sobre sus hombros, y la caza colgando sobre ambos, caminando allí, y él se fijó al mirar hacia atrás, que Gabo continuaba mirando hacia atrás, por encima de su hombro, hacia la puesta del sol. El pastor no estaba muy alarmado tocante a eso. Así que él sencillamente siguió caminando.
58Y después de un rato, una mano grande y negra se posó sobre su hombro. Y él volteó para mirar a Gabo. Y las lágrimas le corrían por sus mejillas abultadas y negras. Y él dijo: “Pastor: mañana en la mañana yo voy a sentarme con mi esposa amada en la primera fila de la iglesia. Y quiero que Ud. me bautice en el bautismo Cristiano. Y allí permaneceré hasta que Jesús me llame al Hogar”. El volteó y miró hacia la puesta del sol otra vez. El dijo: “Gabo, tú sabes que yo aprecio eso”. Dijo: “Yo quiero preguntarte algo”. El dijo: “¿Qué sermón prediqué yo que te causó que cambiaras, o qué himno cantó el coro que causó que cambiaras, e hicieras esta decisión por Cristo?” El dijo: “Pastor, yo aprecio cada sermón que Ud. me predicó. Yo aprecio cada oración que los santos hicieron por mí, y los himnos que el coro cantó. Pero”, dijo, “¿sabe Ud.?, eso no fue lo que lo causó”. Dijo: “Yo miré a esa puesta de sol, y comprendí que mi sol también se estaba poniendo”. El dijo: “Luego miré la caza colgando de mí”. El dijo: “Como Ud. sabe, yo no puedo pegarle a nada”. Y dijo: “Sin embargo hoy, El me ha dado toda esta caza, lo suficiente para que me dure toda la semana entrante”. El dijo: “Seguramente que El me ama, o El no hubiera sido tan bueno conmigo”. El dijo: “Yo lo sentí a El tocar en mi corazón. Y yo volteé, mientras Ud. iba caminando, y yo abrí mi corazón y dije: ‘Entra, Señor Jesús, y toma Tu lugar en mi corazón’”. Y dijo: “El hizo eso. El es mi Señor ahora, desde este momento en adelante”.
59¡Oh, si tan sólo miráramos hacia atrás, por encima de nuestro hombro y viéramos cuán bueno Dios ha sido con nosotros, sólo viéramos Su bondad para el pecador, viéramos que El lo ha cuidado hasta aquí! Estando aquí en su mente cabal, mire hacia atrás. ¿Quién lo ha alimentado? ¿Quién lo ha vestido? Cuando esos frenos estaban rechinando y casi chocaba el automóvil, ¿quién lo protegió entonces? ¿Quién fue Ese en esa hora de enfermedad, cuando el doctor meneó su cabeza y dijo: “Ya no sé qué más hacer”. Pero Ud. está aquí en esta noche. Mire un poquito hacia atrás, y vea qué sucedió. A Ud. Cristiano: sólo mire alrededor y vea el mundo pecaminoso, cómo está, y saber que Dios, antes de la fundación del mundo, lo escogió a Ud. por elección, y puso su nombre en el Libro de la Vida del Cordero, y tocó en su corazón. [El Hermano Branham toca–Ed.]. Y Ud. abrió y le permitió entrar. ¡Cuán bueno es El!
60“He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo. Y si tú abres la puerta, Yo entraré a ti y cenaré contigo”. ¡Cenar con él y él Conmigo! “Cenar”, significa: “ser huésped, tener compañerismo, cenar uno con el otro”. Es “tener comunión, compañerismo uno con el otro”. ¿Pueden abrir su corazón, toda puerta, y decir: “Señor, entra? No sólo sé mi Salvador, sino sé mi Señor, mi Soberano, mi Controlador. Tómame como soy. Tal como soy, sin más decir, mas que Tu Sangre fue derramada por mí. Tal como soy, Señor, yo te creeré”.
61Inclinemos nuestros rostros sólo un momento para orar. Antes de orar, me pregunto si habría alguien aquí que no conoce al Señor Jesús como su Salvador, y le gustaría a Ud. levantar su mano y decir: “Verdaderamente, predicador, es verdad que yo–yo–yo no lo conozco a El; yo nunca le he permitido ser mi Señor”. Quizás Ud. lo ha aceptado a El como su Señor, pero nunca ha sido capaz, ni ha querido rendir toda su vida a El, rendir todo lo que Ud. tiene a El. Abra toda puerta y sólo hágalo a El bienvenido y diga: “Señor Jesús: yo–yo te permitiré entrar en todo mi corazón. Tú toma mi torre de control, y Tú contrólame desde aquí en adelante”. ¿Les gustaría sólo levantar sus manos y decir: “Señor, recuérdame”? Dios te bendiga, pequeñita. ¿Habría...? Dios lo bendiga, señor. ¿Habría algunos más que levantarían su mano, dirían: “Dios, toma completo control”? Dios la bendiga, jovencita. Dios lo bendiga, hermano. Eso está muy bien.
62Todos oren, ahora: “Señor, unge mis ojos en esta noche. Quizás yo he sido un hijo necio. Si la muerte llegara a mi cuarto en esta noche, y yo enviara rápidamente por el doctor, y él viniera allí y dijera: ‘¡Es un ataque al corazón! Jovencito, jovencita, persona anciana, no hay nada que yo pueda hacer por ti. Hay un coágulo en su corazón’”. Ud. siente las venas enfriándose en sus manos, subiendo por sus brazos, y Ud. está presionando una almohada muriéndose, mientras Ud. se está disipando. ¡Oh, cuánto querrá que El tome completo control en ese entonces! Pero, ¿por qué no ahorita? Será muy tarde en ese entonces. Quizás si Uds. sólo levantan sus manos, significaría mucho en esta noche. Dios la bendiga, jovencita. ¿Habría otro? Dios lo bendiga a Ud., allá atrás. No les estamos pidiendo que se unan a una iglesia. Uds. vayan a cualquier iglesia que quieran. Nosotros sólo les estamos pidiendo que permitan a Jesús tener completo control. Dios no me va a preguntar en aquel día respecto a qué iglesia yo guié a la gente. Yo no los estoy guiando a ellos a una iglesia; yo los estoy guiando a ellos a Jesús. Vengan, permítanle a El entrar. ¿Lo harán?
63No será mucho tiempo. Quizás esté Ud. tirado al lado de la carretera en un accidente mañana, al día siguiente, en un mes a partir de hoy, diez años a partir de hoy, la sangre brotando de sus venas, y Ud. sabe que unos cuantos esfuerzos más y Ud. se morirá, revolcado en su propia sangre.... Jovencito en la flor de su vida, en la belleza de la vida (bueno: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”), ¿por qué no levantas tu mano para aceptarlo a El ahora? Algún día, te vas a envejecer, si vives. No serán más que unas cuantas horas... Tú sólo estás... Tú sólo maduras desde los quince a los veinte años de edad, de acuerdo a la ciencia. Luego empiezas a morir después de eso. Jovencita: ¡hermosa, adorable! ¿Quién la hizo a Ud. de esa manera? ¿Por qué fue hecha Ud. de esa manera? No para paja del infierno, hermana querida, sino para el Reino y alabanzas de Dios. ¿No lo reconocerás ahora? Esa adorable carita que tienes, esa personita hermosa que tú eres, no va a pasar mucho tiempo hasta que esos cabellos se tornen grises, esos hombros se achicarán, los muchos afanes de la vida en los pocos años que siguen, se te acabarán. Tú quizás lo contristarás a El de tu corazón por última vez. Recuerda: cuando El toque, permítele entrar. ¿Levantarías tu mano, dirías: “Recuérdame, pastor. Ora por mí”, antes que oremos? Dios la bendiga, señora. Eso está muy bien. Dios la bendiga, hermana. Dios lo bendiga. Eso está bien. Dios lo bendiga. ¿Alguien más diría: “Recuérdeme, hermano. Yo–yo–yo quiero el... que Dios venga a mi corazón. Yo–yo–yo...”?
64Es la cosa más esencial que les pueda suceder. Recuerden: la vida sólo son setenta años, como máximo. Pero la Eternidad es para siempre. Pues la Eternidad no tiene principio ni fin. Para siempre es sólo un espacio de tiempo. La Eternidad continúa y continúa; eones y eones de tiempo todavía continuarán moviéndose. ¿Uds....? ¿Cuántos Cristianos hay aquí que nunca han abierto completamente su corazón a Cristo, para permitirle a El ser Soberano, Señor, y Dios? Si a Uds. les gustaría que El hiciera eso, y quisieran que El lo hiciera en sus vidas, la vida que les queda... Uds. pudieran estar jóvenes. Pudiera haber muchas personas sentadas aquí que tienen setenta años de edad, que sobrevivirán a muchos muchachos o muchachas de quince, dieciséis años de edad. Si Uds. viven hasta mañana, Uds. sobrevivirán cientos de ellos.
65Levanten su mano y digan: “Dios, ten misericordia de mí. Señor, toma completo control de mi corazón. Toma todo lo que soy. Yo te lo doy a Ti tal como soy”. ¿Levantarían su mano? Dios lo bendiga a Ud., a Ud. Cristiano, a Ud. Cristiano, a Ud., a Ud. Sí, ¡qué cosa!, por todos lados, por todas partes. Uds. se sentirán diferente cuando levanten su mano. Eso muestra que es algo. Si Uds. se paran por Cristo aquí, El se parará por Uds. Allá. Si Uds. se avergüenzan de El aquí, El se avergonzará de Uds. Allá. ¿No lo recibirán Uds. a El ahora? Me pregunto (mientras cantamos ésta muy quietamente: “Tal como soy, sin más decir, que a otro yo no puedo ir”) si... me pregunto si Uds. que levantaron sus manos, y Uds. los que no las levantaron, si les gustaría hacer una... si al Cristiano le gustaría venir con el pecador en esta noche. El pecador viene porque él comprende que Dios le ha perdonado su vida y lo ha guardado del infierno todo este tiempo. El Cristiano viene porque sabe y aprecia que Dios ha sido muy bueno con él al salvar su vida, él o ella. Me pregunto en esta noche, si no sería el momento indicado para que nosotros viniéramos alrededor del altar y tuviéramos una oración de consagración aquí mismo ahora en la iglesia. Uds. miembros de iglesia, cada uno de Uds., vengan al altar mientras cantamos, ¿lo harán? Tal como soy, sin más decir, Que a otro... (venga, amigo pecador, descarriado, miembro de iglesia, Cristiano) ir, Y Tú me invitas a venir: ¡Bendito Cristo, heme aquí! Tal como soy, en aflicción, Expuesto a muerte y perdición; Buscando vida y perdón: ¡Bendito Cristo, heme aquí! Pecador, venga; Cristiano, venga. Muestre su aprecio. Párese por Dios. Sólo venga aquí al frente. Si Ud. quiere que Jesús entre a su corazón, abra toda puerta, dele a El el derecho de entrada. ¡Venga!
66Aquí hace algún tiempo... Muchos de Uds. han oído la historia. (Mientras la gente se está reuniendo aquí). Daniel Greenfield, él fue un gran evangelista. El cruzó... él pasó aquí por Oregón, hace casi cincuenta años, cruzó los Estados Unidos. Una noche él soñó que había muerto. Yo quiero que me escuchen. El pensó que murió en su sueño, como lo cuenta en su libro. Y dijo que llegó a las puertas del Cielo. Y él dijo que allí en la puerta del Cielo, el port-... el portero dijo: “¿Quién se acerca a este Lugar Santo?” Y él dijo: “Yo, Daniel Greenfield, el evangelista americano. Yo me acerco al Trono de la gracia de Dios. Yo deseo entrar para tomar mi Hogar Celestial”. El dijo: “Un momento, Sr. Greenfield. Permítame ver si su nombre está en el Libro”. Y él salió de nuevo; él dijo: “Lo siento, señor. Su nombre no está en el Libro”. El dijo: “Oh, de seguro, Ud. cometió un error”. El dijo: “Yo tengo todos los nombres. Y su nombre no está en este Libro”. El dijo: “¿Qué debo hacer? Yo era un evangelista”. El dijo: “Unicamente hay una sola cosa que sé que Ud. puede hacer, y esa es pararse ante el Trono de Juicio”.
67Bueno, eso es todo lo que él podía hacer; no había más decisión qué hacer. El dijo que empezó a moverse (él pensó, en el sueño), por el espacio. Y a medida que él empezó a entrar en una Luz, él empezó a moverse despacio, más despacio y más despacio a medida que la Luz se hacía más brillante. Finalmente, brilló tanto la Luz que casi él no podía ver nada. Y él se detuvo, y dijo que oyó una gran Voz. (Y cuando yo leí eso, mi corazón se estremeció. ¡Ese gran evangelista!) Y él dijo que él oyó una Voz que dijo: “¿Quién se acerca a Mi Trono de justicia?” El dijo: “Yo, Padre, Daniel Greenfield, el evangelista americano”. El dijo: “Yo llegué a las puertas de la Ciudad, y fui rechazado. Y tuve que apelar mi caso delante de Tu justicia”. El dijo: “Yo estoy parado en la sombra de Tu justicia, Señor. ¿Hay algo de misericordia para mí?” El dijo: “Entonces yo te juzgaré por Mi ley”.
68Amigo: nunca espere hasta llegar al Trono Blanco de Juicio. Más le vale obtener misericordia ahora. Y El dijo: “Yo te juzgaré por Mis leyes”. El dijo: “Daniel Greenfield: ¿dijiste una mentira alguna vez en toda tu vida?” El dijo: “Yo pensé que había sido honesto y que había dicho la verdad. Pero”, dijo, “en la Presencia de esa gran Luz, yo vi que había dicho cosas que no estaban exactamente bien”. El dijo: “No, yo–yo mentí”. El dijo: “Entonces, Daniel Greenfield: ¿has robado alguna vez?” Y él dijo: “Si había algo que yo había pensado que había sido, era honesto. Pero”, dijo, “en la Presencia de esa Luz, yo vi muchos pequeños tratos que hice que no estaban exactamente correctos”. Y hermano: Ud. no pudiera pensar mucho tocante a ello en esta noche, o hermana. Pero en la Presencia de esa Luz, Ud. pensará de muchas cosas en ese entonces. No será como lo es ahora.
69Y El dijo: “Daniel Greenfield” (después que El había citado todos los Mandamientos), El dijo, “¿has sido perfecto? Mi justicia requiere perfección”. El dijo: “No, Señor. Yo no fui perfecto”. Y dijo: “Yo estaba esperando oír esa gran Voz como estruendo: ‘Apártate de Mí, obrador de iniquidad, entra en una destrucción para siempre, la cual está preparada para el diablo y sus ángeles’”. Y dijo: “Justo en ese momento, cuando parecía que mis huesos se habían salido de su lugar”, dijo, “yo oí la Voz más dulce que jamás había oído”. Dijo: “Volteé para mirar, y miré el rostro más dulce que jamás había visto”. Dijo: “No hay voz de madre o rostro de madre, que pudiera ser tan dulce como ese rostro”. Y dijo: “El se encaminó hacia mí, y me abrazó”. El dijo: “Padre: es verdad que Daniel Greenfield no fue perfecto en la tierra. Pero cuando él estuvo allá, él hizo una cosa: él se paró por Mí mientras él estaba allá. Y ahora, Yo me pararé aquí por él. Permite que toda su culpa sea puesta sobre Mí”.
70Yo pregunto en esta noche, hermano, hermana, si Ud. pudiera tener a alguien más, a un pastor, o a un amigo, o a una iglesia, o a algo más que se pudiera parar, aparte de la Sangre del Señor Jesús. ¿No se pararía Ud. por El en esta noche, para que El se pare por Ud. en ese día? Si Ud. quiere, Ud. es bienvenido a venir a que se consagre al Señor mientras cantamos una vez más. Tal como.... Párense por El. Jesús dijo: “Si tú te avergüenzas aquí de Mí, Yo me avergonzaré de ti Allá”. Vengan ahora, ¿no se pararán? ¡Conságrense, Cristianos! Dediquen de nuevo su vida. Párense allí en el pasillo si Uds. quieren. Si no hay lugar en el pasillo, pónganse de pie. Allí mismo donde Uds. están, pónganse de pie. ... vida y perdón: ¡Bendito Cristo, heme aquí! [El Hermano Branham empieza a tararearla–Ed.].... sin demorar, (escuchen esto), Del mal queriéndome... (sólo un solo mal, eso es lo que se requiere para condenarlo) Tú sólo puedes perdonar: ¡Bendito Cristo, heme aquí!
71Inclinemos nuestros rostros ahora. Cada uno en su propia manera, de la manera que Ud. ora en su iglesia... Los pecadores que están parados, como el pecador en la Biblia que únicamente se podía golpear el pecho y decir: “Señor, ten misericordia de mí, un pecador”. El se fue a casa justificado. No temas, pecador. Tú te irás de la misma manera en esta noche si sólo oras la oración del pecador: “¡Ten misericordia de mí, oh Dios!” Uds. Cristianos, ofrézcanle a El la adoración de su corazón, las alabanzas. Esta ciudad, desde que yo he estado aquí, percibo que Uds. necesitan un avivamiento. Un avivamiento no es traer nuevos miembros, sino revivir lo que Uds. tienen. Ahora, hay muchos ministros parados. Hay gente piadosa que está parada que está agradecida con Dios. Hay pecadores, descarriados, miembros de iglesia parados. Ahora, mientras inclinamos nuestros rostros, recuerden: El ha tocado en su corazón. “Ninguno puede venir a Mí si Mi Padre no lo trajere”. ¿Saben Uds. eso? ¿Qué si Ud. fuera esa persona a la que Dios nunca le hablara? ¿Qué si Ud. fuera predestinado a eterna destrucción, como lo fue faraón, como lo fue Pilato? Dios nunca pudiera tocar su corazón.
72No hace mucho tiempo allá en Tennessee, en una iglesia Bautista, yo fui guiado a ir adonde una jovencita, en la parte de atrás de la iglesia. Ella era una hija de un diácono. Y yo le pregunté, yo dije: “El Señor está lidiando con Ud., ¿no es así, hermana?” Ella dijo: “Si yo quisiera que alguien me hablara de esa manera, yo tomaría a alguien que tuviera más sentido”. Caminé afuera del edificio. Y un rosal estaba allí. Cuando le di la vuelta, ¡oh cuán rudo me habló esa mujer! Era una jovencita muy atractiva. Como unos dos años después, yo pasé por el lugar. Y allí iba ella caminando por la calle (una dama que había sido de un carácter amable), con su ropa interior colgándole; se miraba sucia, fumando un cigarrillo. Y me parecía que era la muchacha. Y crucé al otro lado de la calle, y me fui en la otra dirección, como detrás de ella. Ella sabía que alguien la iba siguiendo, y ella disminuyó su paso. Cuando ella estaba cerca, dijo: “Hola, predicador”. ¡Oh, hermanos! Y ella dijo: “¿Me recuerdas?” Yo dije: “Sí, señora, la recuerdo”. Ella metió su mano en su bolsa; ella dijo: “Fúmate un cigarrillo”. Yo dije: “¡Debería darte vergüenza!” Ella dijo: “Quizás te querrás tomar un trago”. Y yo dije: “Esto no ha sucedido, ¿ha sucedido?” Ella dijo: “¿Pasarías aquí a mi apartamento? Yo quiero hablar contigo”. Yo dije: “¿No pudieras hablar aquí a la puerta?” Y ella dijo: “¿Recuerdas aquella noche que hiciste aquel llamamiento al altar?” Yo dije: “Sí, señora, sí me recuerdo”. Dijo: “Yo quiero decirte algo. Esa fue mi última oportunidad”. Ella dijo: “Yo lo contristé por última vez”. Ella dijo: “Sr. Branham”, ella dijo, “mi corazón ha estado tan endurecido desde ese entonces”. (Ahora escuchen esta declaración. Yo le pedí si yo podía citarla, y ella dijo que yo podía). Ella dijo: “Mi corazón ha estado tan endurecido, al grado que yo pudiera ver el alma de mi madre freírse en el infierno como panqueque, y reírme de eso”. Eso es por rechazarlo a El. No lo rechaces a El, no lo rechaces a El, Jesús es...?... para guiar tu corazón. Aunque tú te hayas descarriado. ¡Oh, cómo necesitarás que El diga: “Bien hecho”, En aquel Día Eterno! No rechaces al querido Salvador de tu corazón, No lo rechaces a El.
73Inclinemos nuestros rostros. Nuestro Padre Celestial, el precioso Evangelio antiguo, aunque ha sido perseguido y arrastrado por toda clase de lugares sombríos, sin embargo excede en brillantez a todo lo que el mundo alguna vez haya ofrecido: una limpieza para el alma, un bálsamo en Galaad para el inmundo. Estamos tan contentos por la Sangre de Jesucristo en este día, cuando sabemos que nuestra nación pronto va a estallar en pedazos, de acuerdo a la profecía de la Biblia. No pasará mucho tiempo, Señor, cuando veamos las armas de fuego y las armas atómicas que están guardadas en cada nación, sólo esperando que una cruce la pantalla del radar, y entonces todo el mundo entrará... Los científicos ya han dicho que faltan menos de tres minutos para la medianoche. ¡Los hombres del mundo científico muchas veces lo ven antes que los así llamados Cristianos puedan reconocerlo! Ese gran hombre el otro día, dijo que si él lo publicara en la radio o en televisiones (nuestro científico más notable en esta nación), dijo que la gente estaría frenética en las calles, clamando por misericordia. ¡Dios! Y pensar que antes que eso suceda, Tú prometiste que vendrías por Tu Iglesia. ¿Cuán cerca está Tu Venida, Padre? Estamos parados aquí en esta noche en las sombras de Tu misericordia. Yo te traigo a Ti esta audiencia, Señor. Yo les he dado a ellos el Evangelio de la Biblia, tan verdaderamente como pude, de que Tú estás parado en esta edad de Laodicea, en donde la gente se está justificando ella misma por pertenecer a la iglesia o recitar algún credo. Y sin embargo, ellos no te dan la bienvenida a Ti como Señor en su corazón. Hice lo mejor que pude hacer, Padre, por medio del liderazgo del Espíritu Santo.
74Literalmente cientos están parados. Te pido, Señor Dios, que cada Cristiano aquí consagre su vida de nuevo a Ti ahorita. Señor Dios, que el pecador se rinda completamente, abra toda puerta, toda avenida que ellos tengan por la cual ellos viven, y que Cristo sea la Cabeza de la casa, la Cabeza de la puerta, la Cabeza de su alma, su mente, y que obre a través de ellos, para hacer Su voluntad. Concédelo, Señor. Bendice a todos y a cada uno aquí. Bendice a los enfermos y a los afligidos. Que aquellos que están parados ahora que están enfermos, concede que el gran Espíritu de sanidad de Dios, se mueva en este edificio. Sana a toda persona enferma que está parada aquí. Concédelo, Señor. Salva a todo pecador, y llena a todo creyente, y anima a todo Cristiano a seguir adelante. Concédelo, Señor. Te ofrecemos la adoración de nuestro corazón. Te alabamos con todo lo que está en nosotros. Levantamos nuestros corazones. Levantamos nuestras manos. Levantamos nuestra voz. Levantamos todo lo que somos, Señor, en Tu Presencia. Recíbenos, ¡oh, Señor! Nos consagramos ahora a Ti. Toma esta gran Iglesia redimida del Dios Viviente. ¡Santifícala, Padre! ¡Llénala con el Espíritu Santo!
75Que el Espíritu de Dios se mueva por todo este edificio ahora, embriague a la gente. ¡Oh, Dios!, dales el gozo del Señor, para que sean llenos con el Espíritu Santo, como ellos lo fueron en el Día de Pentecostés; que desde esta hora en adelante, el poder de Dios vaya a toda iglesia y a toda persona, que ellos puedan ser llenos con la bondad de Dios, que el poder de Dios pueda obrar a través de todos, y que cada alma sea bendecida. Que la gente esté en las calles mañana, testificando, glorificando a Dios. Hombres y mujeres en sus trabajos, dándole alabanzas a Dios. La hora ha llegado, Señor, en la que estamos esperando Tu Venida en cualquier momento. No nos permitas pararnos con caras avergonzadas. Permítenos ser llenos con Tu bondad y Tu Espíritu. Concédelo, Señor, mientras te ofrecemos nuestra oración ardiente.
76En el Nombre de Jesucristo damos esta audiencia a Ti. Yo mismo me doy a Ti; yo te di mi vida a Ti hace treinta y un años, Señor. ¡Oh, Dios!, ayúdame a vivir para el Reino de Dios. Ayúdame, Señor, a guiar a almas a Ti, para que entren en esa bendita Presencia de esa esperanza Eterna que está al otro lado. ¡Oh, Dios!, te damos gracias por esto. Nuestras almas están restregadas; nuestros espíritus se sienten limpios. Hemos hecho esta consagración a Ti. Padre Santo, guárdanos en el centro de Tu voluntad, haciendo Tus mandamientos, caminando tras las órdenes de Dios, tomando los mandamientos de Dios y viviendo por medio de ellos. Concédelo, Señor. Y que la gracia de nuestro Señor Jesucristo siempre permanezca sobre nosotros. Por medio de las misericordias de Dios, imploramos en el Nombre de Jesucristo. Amén.
77¿A cuántos de Uds. Cristianos en esta noche les gusta la...? La predicación de la Palabra es igual que un... bueno, es como un anestésico que lo pone a Ud. a dormir para que lo operen, para que Dios le pueda sacar de Ud. las cosas del mundo. El anestésico del Espíritu Santo, mientras sopla sobre Ud., Ud. se duerme, y el gran Médico lo empieza a operar con Su cuchillo y corta las cosas del mundo. ¿Cuántos sienten que desde que Uds. se pusieron de pie, y han consagrado sus vidas a Dios, que se sienten como una persona diferente?, levanten sus manos de esta manera. ¡Gracias a Dios! Cantémosle a El el hermoso y antiguo himno de la iglesia, todos nosotros juntos. Yo le amo, yo le amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz. Muy bien, todos juntos ahora, todos juntos. Yo le amo... (levantemos nuestras manos mientras lo cantamos) yo le amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz. Yo... (Cántenlo con su corazón ahora. El mensaje ha terminado. Sólo adoren en el Espíritu). Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.
78Ahora, mientras lo tarareámos, quiero que Uds. estrechen manos con alguien a su lado, y digan: “Lo saludo, amigo Cristiano, peregrino”. Estrechen manos uno con el otro, digan: “Dios lo bendiga”. Metodista, Bautista, Presbiteriano, Pentecostal, Nazareno, Santo Peregrino, lo que Uds. sean, estrechen manos. Yo le amo, yo le amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz. Ahora, levantemos nuestras manos y cantémoslo a Dios con nuestros ojos cerrados, tan alto como podamos, para Su alabanza. Ahora, cántenselo a El. Yo le amo, yo le amo, Porque El a mí (menee su mano a El) me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.