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~ TENIENDO CONFERENCIAS ~
1Muchas gracias. Pueden sentarse. Ciertamente estamos felices de estar aquí en esta noche en esta tercera noche de la... esta gran conferencia. Y estaba hablando con el Hermano Weston y el Hermano David duPlessis, mientras veníamos, sobre el–el progreso de la iglesia en este día: de cómo Dios se está moviendo entre todas las denominaciones, y sacando a gente, que está hambrienta y sedienta por el Espíritu Santo. Estamos verdaderamente agradecidos por estas cosas. Y ahora, yo me encontré con alguien allá afuera al llegar, estrechó mi mano. El dijo: “Hermano Branham, yo nunca tuve la oportunidad de conocerlo”, él dijo, “pero... mejor dicho, de hablar con Ud., pero”, dijo, “yo fui sanado en su reunión en Palm Beach (creo que fue, o en alguna parte)”. Y, oh, yo–yo me imagino que cuando cruce el río, yo espero ver a millares de ésos que–que han sido....
2Algunas veces la vida aquí se pone tan... Oh, yo no sé. Uno–uno anda de prisa, y anda apresurado, y acelerado, y ajetreado, como mamá solía decir; que casi nos encontramos a nosotros mismos cuando vamos de regreso. Y yo no veo por qué estamos en tal prisa. ¿Ven Uds.? No hemos hecho más de lo... más que lo que ellos hicieron en los días de Moody, y Finney, y Knox, y Calvino. Ellos viajaban en caballo y carreta, y tenían una reunión de campamento como ésta, y levantaban las tiendas allí en el bosque, y comían ardilla para el desayuno, y frijoles estilo vaquero para la cena, y estaba bien. ¿Recuerda Ud. eso, Hermano Sullivan, allá en los días pasados, allá en Kentucky? [El hermano contesta: “Sí, todavía me gustan”–Ed.]. A mí también, Hermano Sullivan. Son muy buenos. Ambos somos de Kentucky y tenemos muchas cosas en común, este hombre acá en el rincón. Y él pensó que él tenía una que yo no sabía cuando yo estuve aquí la última vez. Dijo: “Te apuesto que tú no sabes lo que es ‘acifidity’”. Yo dije: “No me digas que yo no sé. Yo–yo cargaba colgando de mi cuello una bola de eso en la escuela, a tal grado que yo... aun nadie se sentaba junto a mí. Seguro que sé”. ¿Cuántos saben lo que es? Bueno, miren a los de Kentucky aquí, ¡mírenlos nada más! Hermano Banks Woods: en dondequiera que Ud. esté, ¿levantó su mano,? Bueno, ya lo veo; está bien. Es una cosa buena que lo hizo. El Hermano Woods fue uno de los hombres que estaba allí, él y su hermano, cuando el pecesito regresó a vida ese día. El estaba–él estaba presente.
3Bueno, todos tenemos... Si todos Uds. están teniendo un buen momento aquí en el campamento como yo, bueno, visitando a las personas y cosas... Sencillamente estamos teniendo un momento maravilloso. Y ahora, yo pienso que deberíamos hacer que cuente cada onza de esta reunión para la gloria de Dios, sencillamente cada porción de ella. Ahora, yo estoy oyendo pros y contras: algunos están diciendo que deberíamos tener una noche para orar por los enfermos, y algunos dicen: “Hermano: no pare; mi alma se está alimentando”. Así que, no sabemos. Pero yo pienso que deberíamos tener una noche para orar por los enfermos, orar por ellos. Como Uds. saben, la gente está enseñada que deberíamos poner manos sobre los enfermos. Para mí, de la manera que lo veo, mientras sepa que el Espíritu Santo está allí, la obra esta hecha. ¿Ven? Eso–eso es todo; está terminada.
4Y nos damos cuenta que es de esa manera en ultramar, Hermano Mattson, que nosotros... Mientras ellos puedan ver algo suceder, si ellos saben que el poder sobrenatural de Dios está cerca, ellos sencillamente lo aceptan, y se levantan y se van caminando. Si ellos... Pueda que ellos se tambaleen un rato, si se están levantando de una silla de ruedas o algo, pero ellos siguen caminando hasta que lo logran. Y así que ellos.... Pero aquí, parece que uno casi tiene que poner manos sobre la gente; a ella se le ha enseñado eso. Ahora, si Uds.... Ahora, eso está bien; eso está perfectamente bien. Pero si Uds. están de acuerdo conmigo en las Escrituras, esa era una tradición judía, el de poner manos. Ahora miren: cuando la hija de Jairo estaba a punto de morir, Jairo dijo: “Ven, pon manos sobre ella y vivirá”. ¿Ven?, una tradición judía. Pero cuando El fue a la casa del gentil, en donde su siervo yacía a punto de morir, él dijo: “No soy digno de que entres bajo mi techo; ni aun me tuve por digno de venir a Ti”. Esa fue la razón que él envió a alguien para decirle a El. Dijo: “Sólo di la Palabra, y mi siervo vivirá”. El dijo: “Porque también yo soy un hombre bajo autoridad, y si yo le digo a este hombre: ‘Ve’, él va; y a éste otro: ‘Ven’, él viene”. En otras palabras: “todo lo que está bajo mi autoridad, tiene que obedecerme”. Y ¿qué le estaba diciendo él, un gentil, a Jesús? “Yo reconozco que Tú eres el Hijo de Dios, y toda enfermedad está bajo Tu autoridad. Tú puedes decirle a ella: ‘Vete’, y ella tiene que irse”. ¿Ven? Todo lo que está bajo Su poder está–está–está–está... Y él reconoció que la enfermedad, y el pecado, y todo, estaba bajo–bajo Su control, que El los podía controlar. Ahora, yo pienso que de esa manera lo deberíamos ver hoy en día; yo he intentado por años. Pero, ¿ven?, lo que lo causa, es que hay muchos otros hermanos en el campo, y ellos ponen manos sobre los enfermos y tienen gran éxito. Y de esa manera, yo lo descontinué y dejé de hacerlo hace como un año, y dije: “Bueno, bueno, mientras que esté en América, oraremos por los enfermos y pondremos manos sobre ellos”. Eso es exactamente correcto; porque siento que trae los mejores resultados.
5Pero realmente la verdad: si el Espíritu Santo puede estar aquí y pasar por toda esa audiencia allá, y hacer las mismas obras que El hizo cuando El moró en un cuerpo llamado Jesucristo, puede darles a Uds. fe para creerlo y darme a mí un don para probarlo, que es absolutamente la Presencia del Espíritu Santo, para mí, la obra está terminada; desde el Calvario, está terminada. Y ahora sólo créanla y continúen actuando sobre ella. No–no teniendo nada más que pensar tocante a ella, sino sólo que está terminada, y eso es todo. Dios así lo dijo, y eso lo termina. Si continúo hablando, bueno, Uds. se congelarán en esta noche sentados allí, ¿no es así? Este es un buen clima, el de aquí. Yo preferiría tenerlo como está, que si estuviera tan caluroso que Uds. estarían sentados aquí sólo abanicándose tan rápido como pudieran abanicarse.
6Así que, ahora, yo quiero leer en esta noche de la Escritura un texto, y trataré de dejarlos salir tan pronto como sea posible. Pero antes que lo haga, ¿cuántos piensan que sería bueno tener una–una noche de sanidad, pronto? Sólo me gustaría ver si es el deseo de la gente. Ahora, levanten sus manos, Uds. que piensan que deberíamos tenerla pronto. Muy bien. Parece que deberíamos tenerla pronto, ¿no les parece? Seguro que sí. Como el noventa y cinco porciento. Bueno, entonces tendremos un servicio de sanidad mañana en la noche. ¿Qué les parece? ¿Está bien eso? Mañana en la noche tendremos un servicio de sanidad, y oraremos por los enfermos. No sabemos lo que Dios hará. No diremos que la gente será sanada. Yo... Siempre ha sido sanada, pero confiaremos en Dios por los enfermos mañana en la noche. ¿Qué les parece? Y oraré–oraré por Uds. mañana en la noche. Y ahora, mañana en la tarde, yo creo (siendo que hay tantos)... Miro... Yo soy malo para calcular. Yo diría que hay cuando menos dos mil personas o más, aquí. Y así que basado en eso, habría como unas mil quinientas personas aquí, o más, por las cuales orar, si hay dos mil personas. Y entonces habría... Hubo un... Va a haber muchas, y habría empellones y apretones; así que pueda que tomemos mañana en la noche, y la siguiente noche. Yo pensé que en la conferencia, sólo le hablaría a la gente, si ella lo puede tolerar. Y luego después que termine la conferencia, yo tengo dos noches para quedarme aquí y orar por los enfermos, y eso es el sábado y el domingo. Y eso es lo que iba a hacer. Y sólo usar ésta, para llamar al altar.
7Ahora, yo estoy... Quiero decir esto: que yo pienso que la sanidad Divina es una gran cosa; es uno de los atributos de Dios (yo creo eso), el sanar a los enfermos. Pero yo creo que la salvación de una alma es mucho más allá de cualquier sanidad Divina. ¿Ven? Es mucho más allá. Y yo me fijé la otra noche, cuando pregunté que cuántos pecadores había en el campamento, únicamente había cuatro o cinco de ellos. Y ellos vinieron aquí y se pararon para salvación. Y luego, si Uds. están....
8Si Ud. todavía no ha recibido el Espíritu Santo, escuche, mi precioso hermano. Tantas veces la gente habla en contra de Ella, que no es para hoy en día; sí es para hoy en día. ¿Ve? El Espíritu Santo... Y no deje este campamento de conferencia hasta que Ud. lo haya recibido; quédese Ud. aquí con Dios. El– el... Sólo continúe... No–no–no haga su propia idea de cómo Ud. quiere recibirlo. ¿Ve? Ud. tiene en su mente de que tiene que ver algo, o tener alguna sensación. Cuando Ud. entre allí a orar, sólo entre diciendo: “Señor, yo entro para recibir el Espíritu Santo”. ¿Ve? Y El se encargará del resto de ello. Ud. sólo–sólo sea muy sincero, y deshágase de todo pensamiento de que no lo va a recibir. Recuerde: esta noche es la noche que Ud. lo va a recibir. ¿Ve? Eso es todo. Como fue con un anciano, en el pasado: él–él no podía... él no podía mantenerse salvo. El–él fue salvo, y luego después de un tiempo él hacía algo mal, y el diablo decía: “¿Ves?, tú nunca fuiste salvo”. Bueno, eso continuó por mucho tiempo. Y un día, él salió al campo; él oró fervientemente otra vez. El dijo: “Ahora, Señor, yo–yo–yo sé que Tú me salvaste”. Así que él dijo: “Satanás, yo te voy a hacer algo”. Entonces él fue allá y cogió una hacha, y cortó una grande y larga estaca; la clavó en la tierra, y dijo: “Satanás, si tú vienes en cualquier ocasión a mí y me dices que yo no soy salvo, yo te voy a traer de nuevo aquí y te apuntaré a esta estaca. Aquí mismo es donde sucedió. ¿Ves? Yo soy salvo desde aquí en adelante”.
9Ahora, sólo claven Uds. la estaca en esta noche. Digan: “Satanás, aquí mismo es en donde yo me voy a quedar con esta estaca hasta–hasta que Dios me dé el Espíritu Santo. Tú ya nunca más me lo vas a quitar de mí, y... o quitarme mis pensamientos de mí, haciéndome pensar que yo estoy muy cansado o que yo debería hacer algo más”. Mientras Uds. tengan esos pensamientos, Uds. nunca lo van a recibir. Uds. tienen que entrar allá diciendo: “Este es el momento que yo lo voy a recibir. Esta es mi hora”. Y–y Uds. lo recibirán. Uds. verdaderamente–verdaderamente hablen en serio con Dios, y Dios verdaderamente hablará en serio con Uds. Correcto. “Acercaos a Mí, y Yo me acercaré a vosotros, dice el Señor”. 10 Bueno, mañana en la noche, si es la voluntad del Señor, tendré a Billy Paul (mi hijo) aquí para–para que reparta tarjetas de oración a Uds. que quieran que se ore por Uds. Y, ¿cuántos hay aquí ahora de las afueras del estado, para que se ore por Uds., o de las afueras de la ciudad, en los campamentos?, levanten sus manos. ¡Oh!, hay lo suficiente para bastantes tarjetas de oración. Así que él las repartirá temprano, para que no interfiera con el resto de la reunión. ¿A qué hora Uds. generalmente... ellos empiezan a reunirse, Hermano Sullivan? [El Hermano Sullivan contesta: “En cualquier momento, de las cinco en adelante, Hermano Branham”–Ed.]. Muy bien, entonces de las cinco en adelante, hasta como a las seis y media, Uds. vengan aquí y–y nosotros repartiremos las tarjetas de oración mañana en la noche, y llamaremos la fila, y oraremos por ellos mientras pasan por la plataforma.
11Ahora, este texto en esta noche es un texto muy raro. Y sin embargo es un texto muy bueno para... y un texto muy conocido. Pero, se encuentra en Isaías, el capítulo 1 y el versículo 18. Y yo creo que... leamos unos cuantos versículos antes de eso, y hagamos un cont-... veamos si podemos sacar un contexto de ello. Empecemos en el versículo 15, o el 16, quizás sea mejor. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová... estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Y ahora, si yo le llamara un texto a esto, para sacar un contexto de ello, yo llamaría lo que yo quiero hablar en esta noche: “Teniendo conferencias”. Inclinemos nuestros rostros ahora para una conferencia con Dios, antes de seguir más adelante.
12Nuestro más bondadoso y amante Padre, el Dios de toda vida, que nos enviaste a Tu amado Hijo, el Señor Jesús, para que El pudiera ser la propiciación de nuestros... por nuestros pecados; tomó sobre El mismo la forma de carne pecaminosa, y fue hecho pecado por nosotros, para que nosotros gente indigna pudiéramos acercarnos a Dios, por medio del derramamiento de Su Sangre una vez por todas. Y nos hemos reunido aquí en esta conferencia, Señor, en estas noches, no sólo para ser vistos por otros, ni tampoco para asociarnos uno con el otro. Señor, pedimos que si esa ha sido la actitud de la gente hasta este momento (y de mí mismo), que Tú nos perdones por nuestro pecado. Hemos llegado, Señor, a la edad del moribundo. Hemos llegado a la hora cuando sentimos que no nos queda mucho tiempo. Y nos hemos reunido aquí por un solo propósito, y ese es para acercarnos a Ti. Queremos que nuestros pecados estén bajo la Sangre; queremos un compañerismo íntimo; queremos hablarlo Contigo, Señor, antes que Tú vengas. Pues en aquel día, será muy tarde entonces.
13Y pedimos en esta noche, Dios Padre, que Tú pongas tal hambre en los corazones de la gente, al grado que de punta a punta en estas riberas del río, reuniones de oración estén llevándose a cabo: hombres buscando a Dios en una condición desesperada, sabiendo que ellos deben encontrar descanso para sus almas y recibir el Espíritu Santo, o se hundirán algún día en la eternidad sin conocerte a Ti. ¡Oh, Dios, ten misericordia de nosotros! Y mientras vemos que nuestras iglesias y que nuestros propios grupos del Evangelio Completo se empiezan a enfriar, y parece que no hay un gran clamor por las almas perdidas; ya no hay más de esa sincera oración y meditación de toda la noche en la Palabra. Y parece que nos hemos desviado, Señor. Perdónanos, oh Dios, y permítenos renovarnos de nuevo nosotros mismos en esta noche en el Espíritu Santo. Cuando podemos pensar de los días que han pasado, en la edad de los Metodistas, cuando ellos oraban toda la noche, y lloraban con lágrimas amargas por los perdidos, y no tenían paz. Y en esta noche, parece que podemos vestir bien, y sentarnos y escuchar, e irnos a casa indiferentes. ¡Oh, Señor!, conmueve nuestros corazones en esta noche; pon un celo en nosotros por las almas perdidas. Que los ministros y el laico, toda persona lleguen a ser parte del Reino y con un deseo ardiente a tal grado que escudriñemos las ciudades y en todas partes, y saquemos a los perdidos de los arroyos y–y los hagamos como antorchas para el Señor. Concédelo, Padre.
14Leemos allí en la Biblia, que dice que “el Angel salió y puso una señal sobre aquellos que gemían y clamaban por las abominaciones que se hacían en la ciudad”. Y comprendiendo por las Escrituras, que esa fue la Primera Venida del Espíritu Santo pasando por la ciudad de Jerusalén. Y luego en Su Segunda Venida, en la... esta edad, para llamar fuera a un pueblo de los gentiles para Su Nombre, cuánto mucho más deberíamos estar preocupados, y gimiendo y clamando por las abominaciones que se hacen. Vemos iglesias practicando rock-and-roll, y jugando “binco”, y teniendo toda clase de competencias de natación, y demás en la iglesia, cuando las reuniones de oración y reuniones de esperar toda la noche, son olvidadas.
15Dios, regrésanos a la cosa real. Permite que el Espíritu Santo venga entre esta gente en esta noche, Señor, y empiece un Pentecostés aquí mismo. Concédelo, Señor, en cada corazón; ellos verdaderamente lo quieren hacer. Está en sus corazones hacerlo, pero los cuidados del mundo y el tiempo pasando con rapidez, los han atraído. Señor, empieza desde este púlpito, conmigo, y ve a la audiencia. Y muévete como nunca antes, y danos un celo por las almas perdidas. Concédelo, Señor. Estos comentarios que sacaré de la Palabra (si es Tu voluntad), pedimos que sean semillas en el corazón de la gente, para contestar esta oración de Tu siervo. Concédelo, Señor. Nosotros creemos, y yo creo con todo mi corazón, que si tal reunión surgiera en este campamento, que sería un servicio constante de sanidad todo el tiempo. Satanás y su poder no pudieran quedarse en un grupo tan santo como ése. Concédelo, Señor. Yo lo encomiendo todo a Ti, y esperando que Tú ahora hables las Palabras, y permite que Tu Espíritu Santo las interprete al corazón de la gente. Porque lo pedimos en el Nombre de Tu Hijo, el Señor Jesús. Amén.
16En el... Este texto en esta noche de “Conferencias”, últimamente hemos oído tanto tocante a conferencias. En dondequiera que uno toma un periódico, casi ve en donde algún... un diplomático o algún oficial, tuvo una conferencia en ciertos lugares, y–y ciertas cosas sucedieron. Y nos preguntamos: ¿para qué son las conferencias? ¿Por qué–por qué tenemos conferencias? ¿Qué es lo que deben hacer ellas? Ellas son para reunirse y razonar diferentes cosas. Cuando entramos en una conferencia, debemos razonar cosas juntos. Y yo pienso que ésta es una de las Escrituras más hermosas, cuando Dios dijo: “Venid, y tengamos tú y Yo una conferencia. Reunámonos, y estemos a cuenta en estas cosas. Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si Uds. únicamente vienen, y estemos a cuenta”. Y encontramos en esta noche (como todos saben), que realmente estamos perdiendo terreno. Estamos perdiendo terreno como un pueblo. El mundo está metiéndose sigilosamente entre nosotros de alguna manera. Uds. pueden verlo, sentirlo, y pueden notarlo. El mundo está entrando entre nosotros. Así que yo pienso que este sería un tiempo maravilloso para que nosotros tengamos una conferencia, y vengamos a hablarlo con Dios, y nos demos cuenta cuál es el problema.
17Yo estaba leyendo la autobiografía de Carlos G. Finney, él era un abogado. Y él... Hay muchas de nuestras leyes que están basadas sobre la Biblia, lo cual le causó estudiar la Biblia. Y allí, él estaba leyendo de... en donde Dios hizo estas promesas, y él vio a la iglesia, a muchos de ellos, orando por un avivamiento, y derrotados en su oración. Fue porque a ellos les faltaba fe. Cuando Ud. le pide algo a Dios, llámelo, y hable con El, y no se vaya hasta que Ud. reciba la respuesta. Entonces Ud. sabe cómo obrar desde allí en adelante. Y cómo él, de la manera sencilla que lo hizo, como un niño, hizo esa conferencia con Dios, y lo habló, y fue uno de los más grandes guerreros de la edad que ha habido desde San Pablo. Debido a que él lo habló con Dios, y obtuvo sus respuestas, y dónde él pararse, y cómo él se paró con Dios, y luego siguió adelante. Eso es lo que nosotros necesitamos hacer. Eso es lo que pudiera hacerse aquí mismo en este campamento, y lograría más que quinientas reuniones, salieran de eso.
18Así que Uds. dicen: “Dejemos que el predicador lo haga”. Esto es un asunto individual; es con cada uno de nosotros. El predicador lo pudiera hacer él mismo. El pudiera orar y recibir bendición en su alma, y quedarse toda la tarde bajo la unción del Espíritu Santo, para presentarse, ungido, ante la presencia de su congregación, sintiendo el poder de Dios, pero a menos que esa congregación haya estado de la misma manera... ¿Ven?, eso hace una diferencia. El tiene que hacer que la congregación esté bajo esa condición. Pues entonces si la congregación está lista para encontrarse con el Espíritu Santo, entonces yo les diré a Uds.: los pecadores llorarán hasta llegar al Calvario. ¡Si nosotros sólo podemos tomarlo como un individuo! Ud. es tan responsable como cualquiera de estos ministros. Dios lo va a hacer responsable a Ud. como individuo.
19Y El dijo: “Si hay cualquier pecado, si hay cualquier duda, si hay cualquier cosa mal, vengan y hablémoslo. Vengamos–vengamos a cuenta; démonos cuenta cuál es el problema. Y si vuestros pecados fueren como la grana (ahora, “pecado” es: “incredulidad”; nosotros sabemos eso), si Uds. han dudado, si Uds. se han preguntado si recibirían el Espíritu Santo, o si serían sanados, o todo lo demás; si sus dudas fueren tan rojas como el carmesí, como la nieve serán emblanquecidas”. ¿Ven? Dios hizo la promesa; Dios cumplirá Su promesa. Y El ha dado a cada uno de nosotros una invitación para venir. Vengamos. Al terminar la Biblia, dice: “El que quiera, venga. El que oye, diga: Ven. El que tiene sed, venga. El que quiera, venga”. Es una invitación. Y, ¿qué si Ud. pudiera tener tal inteligencia que el presidente de nuestro Estados Unidos le pidiera que fuera y llevara a cabo una conferencia con Khrushchev? Qué cumplido sería, que el presidente lo invitara a Ud. para ir a hablar con él, pensando que–que Ud. pudiera ser capaz de llevar a cabo una conferencia con Khrushchev. Pero recuerde: no el Presidente, sino el Dios del Cielo le ha dado a Ud. una invitación para venir a una conferencia con El, para su bien.
20Ahora, las conferencias son una reunión. Y generalmente, las conferencias son llevadas a cabo en un tiempo de un estado de emergencia. Ahora, nosotros tuvimos aquí hace algún tiempo, lo que nosotros conocemos como “La conferencia de los cuatro grandes”. Esa fue llevada a cabo en la II Guerra Mundial, cuando llegó un momento crucial. Cuando el mundo libre no sabía qué hacer, ellos reunieron a los más inteligentes que ellos pensaban que tenían. Y los reunieron, porque ellos tenían que–que poner junto todo lo que ellos tenían, para presentar la respuesta de qué hacer. Yo pienso que hoy en día, es hora que el pueblo Pentecostal se reúna, para deshacernos de nuestras diferencias, y reunirnos sobre una base común, pues nuestras iglesias se están poniendo muy sueltas. Yo pienso que necesitamos una conferencia con Dios de toda una noche y todo un día: “¿Qué debemos hacer?”, pues hay un momento crucial. Y cuando nuestro presidente de los Estados Unidos, y el Sr. Churchill, y diferentes diplomáticos provenientes de todo el mundo libre, se reunieron, ellos tuvieron una conferencia. Y ellos lo hablaron, y ellos decidieron sobre ciertas cosas, e hicieron decisiones de cómo hacerlo para ganar esa guerra, para que así el mundo pudiera permanecer libre.
21Yo recuerdo de un ministro en Louisville, Kentucky (un amigo mío). Durante el tiempo de esa conferencia, la gente estaba esperando para saber cuál iba a ser la respuesta, qué clase de decisión se iba a hacer. Y este ministro estaba... tenía su radio prendido, y él estaba oyendo la respuesta de la conferencia. Y–y eso fue cuando Mussolini, o Hitler y ellos, estaban avanzando exitosamente. Y mientras él estaba escuchando con todo lo que estaba en él, para oír, para ver cuál sería el desenlace (qué habían decidido ellos hacer), un hombre tocó a la puerta. Y él fue a la puerta, y allí estaba un hombre con un montón de papeles bajo su brazo, un muchacho, con cabello largo que le llegaba hasta su cuello, y una clase de pantalones de pechera que los usaba hasta sus caderas como un moderno “beatnik”. Y él dijo: “Oye, predicador, tú eres el pastor de esta iglesia aquí; tú tienes una gran influencia en esta ciudad”. Dijo: “Yo soy un–yo soy un escritor de poesía”. Dijo: “Yo–yo quiero que tú vengas y me des una recomendación, para que yo pueda publicar mi poesía”. Y este ministro dijo: “Hijo, entra sólo un momento. Yo estoy tratando de oír la respuesta de esta conferencia, para ver tocante a nuestra nación, ver qué han decidido ellos hacer”. Y él dijo: “Por qué no pasas y te sientas hasta que se termine esto”. “Oh”, él dijo: “Esto es más importante que escuchar eso”. ¡Oh!, para una persona... Si somos verdaderos americanos, no hay nada más importante que escuchar una conferencia como ésa, para ver en dónde estamos parados. Esa es la manera que la gente actúa en esta noche tocante a la iglesia. Ella sale y anda por todos lados, y se alborota con el mundo; y no tiene tiempo de ir a la iglesia para oír, o sentarse en una conferencia para oír el Evangelio ser predicado. ¡Oh!, deberíamos estar interesados en cada reunión y cada conferencia en donde el pueblo de Dios se reúne; deberíamos estar interesados en eso.
22Darse cuenta que hay un momento crucial. Entonces ellos tuvieron “La conferencia de los cuatro grandes”, y Dios les dio a ellos la dirección. Luego tuvimos “La conferencia de Ginebra”, y hubo otra llamada “La conferencia de París”. Y nuestro propio amado presidente, Dwight Eisenhower, recientemente ha estado en todo el mundo libre, teniendo conferencias y demás. Pero ¿saben Uds.?, también Dios tiene conferencias. Y cuando sucede un tiempo crucial, alguna gran urgencia, y la iglesia está en un estado de emergencia, Dios llama a una conferencia. Y regresemos ahora por unos cuantos minutos, y pongamos todo nuestro corazón en la Palabra ahora, y escuchemos por unos cuantos minutos. Miremos algunas de las conferencias de Dios. Vemos las conferencias del mundo, y nosotros oímos las respuestas de ésas. Ahora, vayamos al pasado a algunas de las conferencias de Dios.
23Yo quiero empezar en esta noche con “La conferencia del Edén”. Hubo... Cuando Dios hizo al hombre a Su imagen, y tomó de su lado una costilla e hizo una mujer, le hizo una ayuda idónea a él, y los colocó a ellos en el huerto del Edén para ser Sus amados hijos... Cuando Sus hijos llega-... se perdieron, esas noticias horrorosas llegaron al Cielo: “¡Tus hijos están perdidos!” Dios puso a un lado todo lo que había en el Cielo. El no enviaría un Angel para buscarlos; El no enviaría a una legión de Angeles. Dios mismo vino a buscar a Su propio hijo perdido, porque había un estado de emergencia. Qué cuadro tan hermoso para alguien que no cree en la deidad de Jesucristo. Cómo Dios fue manifestado en carne en Jesucristo, para venir a la tierra; no lo confió en las manos de un Angel o alguna autoridad de iglesia; sino que El mismo vino, se hizo carne y habitó entre nosotros, buscó a Su hijo perdido.
24Y allí, (sin duda) Miguel se ha de haber presentado, y Gabriel, cuando el mensaje llegó al Cielo: “Tus hijos están perdidos; ellos han pecado y se han perdido”, Dios no tomó a Gabriel, y dijo: “Ve abajo y busca a Mi hijos”, ¡El mismo vino! Era un trabajo exclusivamente para un hombre, un trabajo exclusivamente para Dios. Esa es la razón que yo creo que en este día que estamos viviendo, cuando ellos tratan de hacer a Jesús sólo un profeta, ¡El era más que un profeta!; El era Dios manifestado en la carne, el Divino Hijo del Dios Viviente. El era más que sólo un vidente o un buen hombre; El era Dios manifestado en carne. Dios descendió para El mismo redimir al hombre, lo mismo que hizo en el huerto del Edén. ¡Oh, bendito sea el Nombre del Señor! Eso es amor. “De tal manera Dios amó al mundo”, que El mismo se hizo un cuerpo en el cual habitar dentro, y se tabernaculizó aquí con nosotros para salvarnos.
25Con razón la gente se ha vuelto demente tratando de explicar el amor de Dios. Esa última estrofa (creo que es), de esa famosa, preciosa alabanza de: “¡Oh, amor de Dios, cuán excelso y puro!” Y si con tinta llenáramos todo el mar, Y de pergamino los cielos fueran hechos; Todo debiera... todo tallo en la tierra una pluma; Y todo hombre por oficio un escritor; Para escribir el amor de Dios Secaría el mar hasta extinguirlo; Ni el pergamino podría contenerlo todo Aunque lo extendieran de cielo a cielo. Esa última estrofa fue encontrada escrita en la pared de una institución de dementes. Ninguna mente pudiera alguna vez entender el amor que Dios tiene por Su pueblo. Cuando Su hijo estaba perdido, ¡El mismo quiso buscarlo! Una madre atravesaría un fuego para tomar a su bebé cuando está en peligro. Un padre saltaría de un edificio de cincuenta pisos para clamar... tratar de agarrar a su bebé, ¡todo!; daría su vida. Eso es lo que Dios piensa tocante a Su pueblo, Su iglesia, Sus hijos, cuando ellos están perdidos. “Estemos a cuenta, dice Jehová”.
26Cuando Dios supo de ese–ese horroroso estado de emergencia... Me supongo que el primero que alguna vez llegó al Cielo, fue cuando El oyó que Sus hijos estaban perdidos. Y El vino desesperadamente, de punta a punta, a través del huerto, El fue buscando bajo todo arbusto. “¡Adán! ¡Oh, Mi hijo Adán!, ¿dónde estás tú?” Allí estaban parados Adán y Eva con sus hojas de higuera cosidas, detrás de un arbusto. El Padre yendo de punta a punta, gritando: “¿Dónde estás tú? ¿Dónde estás tú?” Ese mismo Dios va de punta a punta por los pasillos noche tras noche, gritando la misma cosa: “¿Dónde estás tú? ¿Dónde estás tú?” Y El encuentra a Adán y a Eva de la misma manera, con alguna clase de credo que ellos tienen, o una denominación en la que ellos–ellos están dependiendo para que los salve, escondiéndose todavía detrás de alguna teología hecha por el hombre, cuando Dios hizo una preparación para Uds. cuando El dio a Su Hijo para morir en lugar de Uds. Uds. deben... tienen que nacer de nuevo. Los credos no funcionarán; esa conferencia se llevó a cabo en alguna sociedad. Pero la conferencia de Dios se llevó a cabo en el Edén, para resolver sus pecados. Y hubo una que se llevó a cabo en el Calvario (a la que llegaremos más tarde), para resolver sus pecados, y del problema del pecado, de sus enfermedades y de todo lo que alguna vez les pasará a Uds., el... Ya ha sido analizado; las preparaciones han sido hechas. Sólo la única cosa que tenemos que hacer, es venir a Dios, y estemos a cuenta, y decir: “Señor, yo–yo no quise hacerlo”. La provisión ya está hecha para eso.
27Entonces nos damos cuenta, que cuando Dios los encontró parados detrás del arbusto en algún lugar, tiritando, y con sus delantales de hojas de higuera puestos, Dios... Como siempre (las conferencias mundiales), ellos siempre tratan de ir a Ginebra y a Suiza, algún lugar hermoso, para que inspire. Escogen ciertos lugares, y luego llaman a una conferencia juntos. Yo me imagino que Dios, cuando El encontró a Adán y a Eva escondidos detrás de un arbusto allá... Ellos no podían salir. Ellos dijeron: “No podemos salir, Padre. Estamos desnudos”. “Y, ¿quién les enseñó que estaban desnudos?” Y entonces ellos empezaron, exactamente como siempre los es, lo que le llaman en el ejército, a “pasar la pelota” de uno al otro. Dios miró a los lados y El encontró un árbol, un cierto lugar, un lugar que El pensó que sería hermoso. Y El tomó algunas pieles, y las arrojó detrás de los arbustos, y dijo: “Cúbranse con esto y salgan delante de Mí”. Y ellos tuvieron una conferencia; ellos lo hablaron. Entonces Dios hizo una preparación para ellos. ¡Oh!, yo estoy tan contento que hubo una conferencia del Edén; no permitiéndonos andar bajo hojas de higuera y algo que podemos poner junto y coser, sino que Dios mató algo para cubrir sus pecados y dio una promesa, que por medio de la Simiente de la mujer, aplastaría la cabeza de la serpiente, previamente diciendo lo que El haría.
28Yo estoy tan contento del Ed-... de “La conferencia del Edén”; El abrió un camino, una preparación, un camino para quitar el pecado. El abrió un camino para que Ud. pudiera regresar otra vez, ser traído otra vez dentro del compañerismo. Cuando Ud. estaba perdido y parado en alguna parte arruinado sin Dios, Dios hizo una preparación en esa conferencia. Y El hizo una... sólo una preparación temporalmente, hasta que la real preparación fuera dada, por medio de la Vida sacrificadora de Cristo. El habló que El haría eso. Pero mientras tanto, un cordero tenía que morir hasta que llegara ese tiempo, hasta que viniera el Cordero de Dios, el que iba a herir la cabeza de la serpiente, y él le iba a herir el calcañar, hasta que llegara el Calvario. Esa conferencia fue exitosa. ¡Oh, vencerá a satanás en dondequiera! ¡La Palabra de Dios derrotará a satanás en cualquier lugar, en cualquier tiempo, en cualquier condición! “Si vuestros pecados fueren como la grana....” “¿Ud. dijo: ‘En cualquier condición’, Hermano Branham?” Eso es exactamente lo que dice. “Si tus pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. La única cosa que Yo estoy pidiendo que Uds. hagan, es venir a Mi lugar preparado, el altar”. Dios hizo un altar. Hay un altar; hay un lugar en donde Uds. se encuentran con Dios. “Vengan, háblenlo Conmigo. Yo tengo un lugar preparado y un remedio para Uds.”
29Empezó en el Edén, la primera conferencia. El hizo una–una preparación. La primera emergencia fue llamada, y Dios dio la respuesta, y dio la preparación. Pero por alguna razón la gente no quiere recibir esa preparación. Pero allí fue la primera conferencia que Dios llevó a cabo con el hombre, en un estado de emergencia; Dios hizo la decisión. No depende de nosotros hacer una decisión de lo que deberíamos hacer; ¡Dios hace la decisión de lo que se debe hacer! Fue Dios el que dijo: “Os es necesario nacer de nuevo”. No fue la– la asociación de alguna denominación; fue Dios el que dijo eso. Y fue Dios el que dijo: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede ver el Reino del Cielo”. [El Hermano Branham así lo cita–Trad.]. Ud. tiene que nacer; eso es el remedio de Dios; eso es lo que El decidió cuando trajo a la raza humana a Su Presencia. Ahí lo tienen. Si eso no es tajante, yo no sé lo que es. Esa fue Su decisión. La sangre fue el medio, no las hojas de higuera, ni alguna otra clase de cubierta. Pero la decisión de Dios, en la conferencia de Dios, para los hijos de Dios que estaban perdidos, la preparación fue la sangre, ha sido, siempre ha sido, y siempre será.
30Y manténganse firmes en eso, como Job de antaño sobre la ofrenda encendida. Ellos pudieran acusarlos a Uds. de ser esto, eso, o el otro, un “santo rodador” o lo que ellos quieran decir. Pero mientras Uds. estén firmes sobre esa ofrenda de Sangre, poniendo sus manos sobre la cabeza de Jesucristo, y confesando sus pecados, y dando Uds. la bienvenida al Espíritu Santo, y El dando testimonio que El los ha recibido a Uds.... Esa fue la decisión de Dios. Esa fue la preparación que fue hecha en esa primera conferencia. Yo estoy tan contento que tuvieron esa conferencia. Le puso fin al pecado para siempre, cuando El tuvo esa conferencia. En el cumplimiento del tiempo, El envió a Su Hijo, hecho en la imagen de carne pecaminosa, que quitó los pecados, y libertó a aquellos que estaban bajo la sangre de ovejas y machos cabríos, esperando ese tiempo, y los llevó dentro de la Presencia de Dios. ¡Oh!, qué cosa tan gloriosa, el saber que esa conferencia fue llevada a cabo. Yo estoy contento; yo sé que todo Cristiano aquí, está contento de que esa conferencia se llevó a cabo. Esa fue una conferencia.
31Luego, hablemos de otra conferencia en un estado de emergencia. Yo voy a llamar esta conferencia, “La–la conferencia de la zarza ardiendo”. Dios había hecho una promesa a Su pueblo, y el tiempo del cumplimiento estaba a la mano. Y El había escogido a un hombre, a un profeta, para sacar a Su pueblo de Egipto. Pero ese profeta había huido; lo había tratado de hacer él mismo. ¿Ven?, exactamente como fue en el Edén: tratando otra vez de hacer un delantal de hojas de higuera. Moisés era un hombre inteligente; él podía enseñar la sabi-... la sabiduría de su... enseñar sabiduría a los egipcios. El era inteligente; él fue enseñado en todo su aprendizaje; él era un hombre militar, y un gran hombre. Y él trató eso, basado en su intelectualidad: de cómo libertar al pueblo de la esclavitud egipcia por medio de su intelectualidad. No funcionó. Y no funcionará hoy en día. Dios tiene una manera provista; Dios tiene una manera para la liberación del pecado. Y no viene por medio de poderes intelectuales; viene por medio de la Sangre, y la cobertura del Señor Jesús.
32Moisés intentó sus hojas de higuera, y falló. Falló en aquel entonces; falló en el Edén; fallará hoy en día; fallará en todo momento. Ud. tiene que nacer de nuevo. Ud. tiene que venir por la manera de Dios, que Su conferencia... en donde ellos decidieron qué hacer por los pecadores. Y Ud. tiene que venir a esa preparación. Moisés intentó, como Adán lo hizo; él mismo se cubrió, y dijo: “Yo soy un gran hombre”. Y él vio a uno de sus hermanos siendo maltratado, y él dijo: “Bueno, yo soy un gran hombre; yo sé cómo hacer esto”. El mató al egipcio, lo cual estuvo mal. Así que, ¿ven Uds.?, él intentó la manera de las hojas de higuera, exactamente como Adán lo hizo, y así como miles en este país lo están intentando de hacer ahora. La manera de las hojas de higuera no funcionará; Dios la condenó en la conferencia. ¡Aleluya! Perdónenme. No, no me perdonen. No hagan eso. No, señor; digo eso en serio; correcto. Yo no estoy loco; yo sencillamente me siento bien. ¿Ven? Porque yo sé que únicamente hay una sola manera para llegar al Cielo: esa es por medio de Jesucristo; esa es la manera provista de Dios; de esa manera se hizo. El Espíritu Santo es la manera; no hay nada que tomará Su lugar; ni teología, ni iglesia, ni grandes edificios, ni organizaciones o nada, alguna vez tomará el lugar de la Sangre de Jesucristo. La manera de Dios, el Espíritu Santo, siendo llenos con el Espíritu Santo. La promesa es para Uds., si Uds. solamente la reciben. Dios hizo una preparación para el que quiera. La conferencia se llevó a cabo; las decisiones fueron hechas.
33Los hombres por todas las edades han tropezado en eso. Es tan sencillo: sólo acepten la Sangre. Uds. mismos no pueden cubrirse; tomen la cobertura de Dios. Uds. no pueden aprender cómo hacerlo; no hay aprendizaje al respecto. ¡Dios mismo lo hace!, ¡es sobrenatural! Es por medio de la Vida; Dios es el que cubre. Uds. no lo pueden hacer. Y todo cuanto lo intenten, no podrán Uds. mismos limpiarse del pecado a través de unirse a las iglesias y aceptar credos, tanto como un leopardo no pudiera lamiéndose, quitarse sus propias manchas. No, señor. Cuanto más él se las lame, más brillantes se ponen. Uds. tienen que morir a Uds. mismos, a sus propios pensamientos. Ríndanse, y permitan que el Espíritu Santo los cubra con Su Presencia y Su poder. Esa es la decisión de Dios. En eso fue establecida la conferencia; esa fue la decisión que se hizo. Eso es lo que.... Esas son las reglas de Dios. No tratemos de formular algo más. Sólo recibamos lo que El dijo al respecto; recibamos la manera provista de Dios. Eso es todo. recíbanla; acéptenla; créanla. Dios hizo la decisión. El no permitió que un Angel hiciera la decisión; El no permitió que Gabriel la hiciera; El no permitió que Miguel la hiciera. El vino para hacerla El mismo. ¡Aleluya! Y cuando El fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y murió por nosotros, El mismo abrió el camino. Esa es la razón que El es el Camino, la Verdad, y la Vida. Ningún hombre.... El lo habló a través de las edades. Siempre ha sido la manera de Dios. Dios mismo la hace. Son Sus propios hijos; El no se la confió a un Angel. Entonces si El no se la confió a un Angel, El no se la confiará a una conferencia, o a un grupo de hombres; sean obispos, papas, lo que pudieran ser, cuán finos sean, eso pudiera estar bien, pero Jesucristo es la manera provista de Dios; esa es la manera que El estableció. El decidió eso en Su conferencia. Esa es la manera. Eso es lo que debemos....
34Debemos cuadrar con El. ¿Qué si en la O.N.U., cuando estaban en la reunión, o mejor dicho, en la de Los–los cuatro grandes, qué si uno se hubiera ido, y dicho: “Bueno, yo lo haré de esta manera”, y la otra nación de esta otra manera? Ellos–ellos hubieran estado separados. Ellos hubieran perdido la guerra. Así es como estamos, pueblo Pentecostal; tenemos que unirnos nosotros mismos, y venir a Dios sobre Sus principios por medio del Espíritu Santo. Dios había decidido que este profeta iba a libertar a Su pueblo, y el profeta hizo exactamente como Su primer hijo hizo (Adán): él tomó la ruta de las hojas de higuera. Así que no fue bueno; Dios la condenó. Y luego, Dios tuvo que venir a buscarlo. El había huido allá, y se casó con una mujer, y tuvo un hijo, Gersón, y se casó con Séf-... Séfora, y vivió allá (un–un sacerdote de Madian, su hija) y era un amable pastor de ovejas, pasándola bien, nada mal. Y ahí vino Dios, exactamente como El lo hizo en el Edén. Hubo algo que subió delante de El; sorprendió otra vez al Cielo, como lo hizo en el Edén, o mejor dicho, antes de la conferencia del Edén. Sorprendió al Cielo; ¿qué era? “Yo he oído el gemir de Mi pueblo”. ¡Aleluya! “Yo he oído su gemido, y Yo he visto su sudor y sangre y faena a causa de sus capataces. Yo he descendido para averiguar por qué ellos no han salido de allí”. Así que, ¿qué encontró al buscar? El encontró a Su profeta huyendo a alguna parte: la ruta de las hojas de higuera.
35Eso es exactamente lo que El encuentra hoy: encuentra a Su predicador yendo a alguna escuela grande para aprender alguna teología, para ser probado por un siquiatra, para ver si él tiene la inteligencia suficiente como para ser un misionero o como para salvar a alguien. Allí es en donde El lo encuentra: allí en ese dilema. ¡Oh!, lo que la iglesia necesita en esta noche, es otra conferencia, ¡una conferencia que sea llamada por Dios! Sí. Así que El lo encontró a él. El buscó por todo el desierto, investigando por todos lados. Yo puedo ver esa Luz metiéndose en cada hendidurita, y en cada pequeño estanque, y en todas partes; yendo por todas partes para encontrar en dónde estaba ese hombre. Y después de un tiempo, El lo encontró despreocupadamente caminando al pie del monte Horeb. ¡Oh!, estaba teniendo un buen momento, quizás jugando con sus hijos y teniendo un momento agradable. Y tenía una esposita hermosa, y él estaba viviendo sin preocupación. Y El lo encontró a él en esa condición. Así que El dijo: “Yo tengo que llamar a una conferencia; Yo tengo que traer de nuevo a este profeta fugitivo al llamamiento”. Yo espero que El haga mucho de eso en este campamento. ¡Oh!, cuando menos piensa uno, El seleccionó.... El dijo: “Veré en dónde Yo puedo encontrar una zarza. Yo tengo que atraer su atención de alguna manera”. Así que El se subió arriba de una zarza y se posó allí. ¡Oh!, cuando Moisés vio esa zarza, en la parte de arriba de ella, con la gran Columna de Fuego posada allá arriba ardiendo, y la zarza no se quemaba... El llamó a una conferencia. Les estoy diciendo: cuando Uds. alguna vez caminan en esas arenas sagradas, en una de las conferencias de Dios, Uds. salen de allí una persona diferente. Una vez que....
36Adán salió de allí un hombre diferente; Moisés salió de allí un hombre diferente. Seguramente que sí. El entonces estaba equipado para ir. Oh, algunas veces lo hace a uno hacer cosas muy necias, para el mundo de afuera. Lo hará hacer cosas que uno piensa que no las haría. Pero recuerde: Ud. ha estado en la Presencia de Dios. Y permítame decir esto aquí mismo: nunca ha habido un predicador ordenado de Dios, que se pare detrás del sagrado púlpito, sin que él primero haya tenido una conferencia con Dios, y llegado a esas arenas sagradas en donde solo él y Dios se paran. Ud. no tiene ningún derecho de hacerlo; Ud. no tiene ningún derecho. A mí no me importa cuántos títulos de doctor Ud. tenga; eso ni siquiera significa tanto así para Dios [el Hermano Branham truena sus dedos–Ed.], absolutamente nada. Ud. tiene que tener una conferencia. Ellos tuvieron que tenerla allí, Moisés la tuvo, para encontrarse con Dios; él tuvo que recibir sus órdenes de Dios; y allí es en dónde fue.
37Y ahora, hay tantas diferentes doctrinas y cosas hoy en día, serpientes de lenguas engañosas, al grado que ellos pueden quitar todas las cosas de la Biblia por explicación, poniéndolas en algún otro día. Serpientes; yo no me disculpo por ello ni una pizca. Eso es exactamente lo que era. Grasientos, brillantes, bien arreglados, con cabello ondulado y con un traje de esmoquin puesto; de esa manera se mira el diablo. El no es un anciano “John Barleycorn”, con whisky saliéndole de su boca; él es un diablo bien arreglado en estos días, les estoy diciendo. La Biblia dice que él era tan engañoso que “engañaría a los elegidos si fuere posible”. Correcto. Oh, él es un estudiante de la Biblia, un erudito. Cuando él se encontró con Jesús, él le citó la Escritura a El, una tras otra. Jesús dijo: “Pero también está escrito...” ¿Amén? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. El era un hombre algo tremendo.
38Así que Moisés, allí estaba él, así como Ud. tiene que estar. No importa cuán engañosa sea la lengua de un hombre, no importa cuánto ellos traten de quitárselo por explicación, si Ud. ha estado alguna vez en la parte de atrás del desierto; si Ud. alguna vez ha sido llamado a la Presencia de Dios, y se ha parado allí, y le ha hablado a El, y ha sentido Su poder fluyendo a través de Ud., como lo estaba haciendo esa Luz que estaba saliendo de esa zarza allá sobre Moisés, y Ud. sabe que le ha hablado a Dios cara a cara, todos los diablos en el mundo nunca podrían quitárselo a Ud. por explicación. No, señor. Ese es el lugar en donde Ud. se encontró con Dios. Satanás no puede hacer nada más, porque es un lugar anclado en su alma, que nada más pudiera alguna vez tomar su lugar. Ud. ha pasado de muerte a Vida, y Ud. ha nacido de nuevo. Ud. está en esos terrenos sagrados, y nadie... el diablo no puede poner sus pies sucios en los alrededores de allí. El puede explicar la Escritura, y decir que fue para otro día, y ésta fue para otro día, y ésa fue para otro día. Eso no... Pero cuando se llega a conocer a Dios, Ud. lo ha conocido a El cara a cara, y sabe de lo que Ud. está hablando.
39Ahora, eso es lo que Moisés no había hecho todavía. ¿Ven Uds.? El tenía toda la teología, pero él tomó la ruta de las hojas de higuera. ¿Ven? Pero ahora... Lo mismo que hizo Adán. Pero él quería ser sabio; él quería saber algo. Recuerden Uds.: esa fue la táctica de satanás: “Tú serás sabia y sabrás. Tú no sabes ahora, pero yo te daré algo de sabiduría si tú vas a mi escuela”. El les dará a Uds. bastante de ella, toda la que Uds. quieran. Pero Uds. únicamente tienen que saber una sola cosa: Jesucristo murió para salvar pecadores, y vengan a El; acepten a El; arrepiéntanse. Eso es exactamente. Es tan sencillo, dijo: “Aun un necio no debería errar en el camino”, Isaías, dijo. Dios lo hizo tan sencillo. Yo estoy contento que El lo hizo, o yo nunca lo hubiera entendido. Así que El lo hizo sencillo, para que todos nosotros pudiéramos entender. Esa es la manera que Dios lo hizo.
40Ahora, y cuando El le habló a Moisés en la zarza ardiendo, y Moisés tuvo un vislumbre más cercano de Dios, él llegó a un lugar en donde él nunca había estado antes. Algo se ancló dentro de él; una fe se levantó dentro de él. Lo que él no pudo hacer con un ejército, ahí iba él mismo para hacerlo, él y Dios, con una vieja vara chueca. ¿Ven? El había tenido una conferencia. El fue allá a Egipto e hizo exactamente lo que Dios le dijo que hiciera. El hizo señales y prodigios y todo lo demás. Y Dios permitió que llegaran los momentos difíciles para abofetearlo, y tumbarlo al suelo, y voltearlo al revés, pero él se levantaba otra vez y decía: “¡Yo sé que está correcto! Yo me encontré con Dios; yo voy a sacarlos de allí”.
41Cuando Janes y Jambres se pararon y arrojaron sus varas al suelo y se convirtieron en una serpiente, y pudieron hacer todas las mismas cosas... Igual que un espiritista casi puede hacer hoy en día: “Engañará, si fuere posible, aun a los escogidos”, reunir grandes multitudes, y tener al gran Fulano de tal, y todo. Eso no lo detiene ni una pizca. Si Ud. alguna vez ha estado en la Presencia de Dios, Ud. sabe en dónde está parado. Ud. sabe quién es su Padre; Ud. sabe de dónde nació. Si un hombre no tiene más que un apretón de manos, y un nombre en un libro, y una carta en alguna iglesia, él no sabe quién es su papá. Correcto. Si hay algo de lo cual yo siento lástima, es el mulo. ¿Ud. no...? Ahora, Dios creó todas las cosas, pero El no creó un mulo. No, señor. Como el Hermano Booth-Clibborn solía decir: “El no lo creó”. No. Como Uds. saben, eso fue lo que el hombre hizo. El–él–él cruzó el caballo con la asna; eso es lo que produjo al mulo. El mismo no puede regresar otra vez a lo que era; él no puede reproducirse más. Correcto. El se tiene que quedar ahí en donde él está. Y si alguna vez hubo un ignorante, es el mulo. Correcto. Bueno, Ud. puede estar allí y gritarle, y gritarle tanto como Ud. quiera, y él levantará esas orejas grandes y sólo lo mirará a Ud. Eso es....
42Yo he visto a muchos de ellos en las reuniones. Uno habla tocante al Bautismo del Espíritu Santo; ellos se levantan y se van a casa como un mulo. Eso es exactamente correcto. Ellos no saben quién era su padre; sólo se paran allí y miran y hacen: “‘Ji-jau’. [El Hermano Branham imita a un asno–Ed.]. Los días de los milagros han pasado, ‘ji-jau’. No hay tal cosa como esa. ‘Jijau’”. Ahora, un caballo no es así. El es manso y dulce; viene, pone su cuello sobre el hombro de Ud. y lo acaricia; él es manso. Pero no así el mulo ignorante. Ahora, él no sabe quién era su papá, ni quién era su mamá. El mismo no puede regresar otra vez a lo que era; él no puede reproducirse. El es sólo un... El es un mezclado. Y eso es un... lo que pasa con muchos así llamados Cristianos hoy en día: están mezclados con el mundo. Con razón Uds. nunca pueden asentarse; de doble ánimo, “nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”. El hombre tiene que conocer a Dios por medio del nuevo nacimiento, y nacer y ser llenado con el Espíritu Santo; pararse en esos mares... esas huellas allí, en donde Moisés se paró; pararse en la Presencia de Dios y llevar a cabo una conferencia. Eso es cuando Dios llama a un hombre. Seguro que sí.
43Moisés fue a Egipto, y no importó qué cosa difícil vino. Todo lo que los egipcios y todos los demás podían ejecutar, y hacer, e imitar, eso no detuvo a Moisés. El siguió adelante, porque él había tenido una conferencia con Dios. Pudiera haber domadores de serpientes, y oh, yo no... caminantes de fuego, y todo lo demás que haya en el mundo, pero un hombre que ha recibido el Espíritu Santo sabe exactamente en dónde él está parado, si él alguna vez ha tenido una conferencia y hablado con Dios, y ha sido nacido, esas cosas no lo mueven; seguramente que no. El sabe en quién él cree; él sabe quién es su Papá. ¿No es magnífico mirar a un caballo purasangre? Uno va y busca en su genealogía, y uno sabe quién era su padre y quién era su abuelo, quién era su tatarabuelo; sencillamente uno puede seguir buscando hacia atrás. El tiene una genealogía. Les digo a Uds., tenemos muchos Cristianos rezagados sin genealogía. Dicen: “Yo era un Metodista la semana pasada, un Bautista la semana ante pasada, y un Presbiteriano antes de eso, y un Pentecostal antes de eso, y...” ¡Oh, hermanos!, ellos no tienen genealogía en lo absoluto.
44Pero un hombre que ha venido a Dios, y se ha parado en la Presencia de Dios, y ha aceptado la gracia de Dios y Su salvación, ha sido nacido de nuevo, y llenado con el Espíritu Santo, él es un hijo de Dios. ¡Aleluya! Todos los diablos en el infierno no pueden sacudirlo de eso; él sabe en dónde él está parado. El sabe quién es su Papá. El sabe de dónde viene su fuerza; él sabe en quién él ha creído, ¡él conoce a Su Dios! Seguro que sí. El conoce Su Palabra; él se queda con Ella. El le cree a Dios. El come–él come la comida de los hijos; él come comida de oveja. Muchos los están alimentando de hierbas hoy en día, en lugar de comida de oveja; los están matando de hambre. Lo que necesitamos hoy en día es el Espíritu Santo de regreso para que alimente a los hijos, allá al lado de los pastos verdes refrescantes, y de las aguas reposadas. Seguro que sí. La paz de Dios, como un río, fluyendo a través de nuestra alma, sabiendo que hemos pasado de muerte a Vida, que somos nuevas criaturas en Cristo Jesús.
45Muy bien, él hizo exactamente lo que Dios le dijo que hiciera. En su camino a salir, se topó con oposición. [Porción sin grabar en la cinta–Ed.]. Correcto. Ud. la va a topar allí mismo en la línea del deber, testificando para Dios, haciendo la cosa correcta. Ud. va a topar con un–Ud. va a topar con un tronco. El Mar Rojo estaba allí. Ahora, vamos a hablar tocante a otra conferencia. Vamos a decir... llamar a ésta, “La conferencia del Mar Rojo”: allí mismo en la línea del deber, donde Moisés topó contra un tronco. Allí estaba el Mar Rojo delante de él, el ejército de faraón que venía, montañas y desiertos a cada lado, sin manera de escapar, así parecía. Ahora, cuando estamos en la línea del deber, y topamos con algo así, es tiempo de llamar a una conferencia. Yo pienso que allí es adonde la iglesia Pentecostal ha llegado en esta noche. En la línea de intentar mantener elevada la cosa correcta, hay un lugar donde hemos topado con un tronco, en alguna parte. Es tiempo de llevar a cabo una conferencia del Mar Rojo. Tenemos que cruzar a la orilla; Dios dio la promesa. Tenemos que cruzar al otro lado.
46Y ellos toparon con esa conferencia del Mar Rojo. ¿Qué hizo Moisés? El no se puso todo confundido y desesperado, dijo: “Bueno, yo me uniré a éste, o iré a este otro grupo. O yo me contentaré con faraón; quizás yo estaba mal, y debería tener una conferencia de paz con él”. No, señor. El estaba en la línea del deber, y se quedó en la línea del deber. Pero la cosa que él hizo, fue ir allá y él mismo seleccionó una roca grande en alguna parte, yo–yo me imagino. Y él fue y se puso detrás de esa roca grande, y se quedó allí un rato, y dijo: “Señor Dios, yo estoy en la línea del deber; yo he hecho todo lo que Tú me dijiste que hiciera. Ahora, yo me he topado con algo”. ¿Saben Uds. qué decisión se hizo? Me imagino ver a los Angeles sentados alrededor, en cada roca, de esta manera. Allí estaba Moisés... Allí estaba Dios, parado allí escuchándolo. Dijo: “Yo estoy en la línea del deber, y allí viene el ejército de faraón. Y yo sé que Tú estás aquí en alguna parte, porque estabas brillando arriba en esa Columna de Fuego; así que Tú estas aquí en alguna parte”. Y todos los Angeles se reunieron alrededor, y los Angeles miraron hacia Dios, para ver lo que diría. Le dijo a uno de los Angeles: “Ve háblele, y dile que se ponga de pie, ¡que siga adelante!” ¡Amén! Ud. nunca oye a Dios decir: “Retrocede”. No retroceda; siga adelante mientras Ud. esté en la línea del deber. Nosotros tenemos... Si nosotros hemos recibido justificación y no sabemos lo que significa santificación, es una línea del deber; siga adelante. Si Ud. está santificado, y nunca recibió el Espíritu Santo, es una línea del deber; siga adelante. Si Ud. está enfermo y no puede sanar, Ud. ha hecho todo lo que el doctor le dijo que hiciera, y todavía no puede sanar, su línea del deber es seguir adelante. “Sigue adelante; di al pueblo, y luego sigue adelante”. Sólo continúa marchando hacia adelante. Moisés le habló al pueblo y dijo: “Tranquilícense”. Levantó su vara, y empezó a caminar hacia el Mar Rojo. El mar se dividió. Eso es lo que significa una conferencia: quitando la oposición. ¡Amén! Entonces Uds. pueden tener un servicio de sanidad; cuando saquen todos los “Tomases”, y todos los que dudan, y todo esto, eso, y lo otro, y todos los formales, quiten todas las hojas de higuera hasta que queden desnudos completamente, y los cubra la Sangre, entonces son hijos e hijas de Dios.
47Como con frecuencia he dicho: es como el tiempo de primavera; la madre pájara sale, y–y se hace un nido grande, y lo empluma todo, y se prepara para los pajaritos. Y ella pudiera poner un nido lleno de huevos, pero si ella no ha estado con el compañero, esos huevos se quedarán allí y se pudrirán. Nunca empollarán; no son fértiles. Y de esa manera son muchos miembros de iglesia: vienen a la iglesia, y uno tiene que palmearlos en la espalda; ellos visten bien, pagan bien en la iglesia, y todo, y casi se encargan del predicador; todo el tiempo están en alguna clase de reunión social o algo así, toda esa clase de cosas. Pero si ellos no han estado con el Compañero, Jesucristo, es exactamente como un nido lleno de huevos podridos. Más les vale que vacíen toda la cosa, y empiecen otra vez. Necesitamos el Bautismo del Espíritu Santo en una conferencia con Dios, para entrar en contacto con el Compañero, Jesucristo. El es el Compañero de la Iglesia; El es el Novio para la Novia. Entren en contacto con El, y sean llenos con Su Espíritu, el Novio.
48Así que Moisés tuvo esa conferencia del Mar Rojo, recibió órdenes y marchó hacia adelante. Hubo otra conferencia que me gustaría... tengo una docena de ellas escritas aquí, pero yo quise apresurarme para llegar a una ahora. Hubo una conferencia “La del Getsemaní” en una ocasión, donde Jesús como un Hombre... Jesús era el Hijo de Dios, el Hijo de Dios creado. Dios le hizo sombra a María, y creó una célula de Sangre en ella, que produjo al Hijo, Jesucristo. Y Dios descendió y habitó en El; en El habitó la plenitud de la Deidad corporalmente. 1 Timoteo 3:16 dice: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne... visto de los Angeles (y demás)... recibido arriba en el Cielo”. ¡Oh, Dios! No un profeta, ¡Dios! Se hizo carne y habitó entre nosotros. Allí estaba El, Emanuel. El Espíritu Santo lo llamó a El Emanuel: “Dios con nosotros”. Y ahora es Dios en nosotros, el mismo Espíritu. Nosotros lo recibimos en porción, en medida; El lo recibió sin porción o medida. En El habitaba la plenitud de Dios. Todo lo que Dios era, lo vació en Cristo, y todo lo que Cristo era, lo vació en la Iglesia. Amén. “En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en el Padre, el Padre en Mí, y Yo en vosotros, y vosotros en Mí”. ¡Oh, hermanos!, cuando llegue “ese día”. Ahora, nosotros estamos obrando; tenemos órdenes: “Sólo continúen marchando”.
49La del Getsemaní se llevó a cabo. El pudiera haber sido Rey; El nunca hubiera tenido que morir. Pero, ¿lo haría? El dijo en esa conferencia, cuando los Angeles estaban parados a cada lado para ver cuál sería Su decisión, cuando ellos estaban–ellos estaban escupiendo Su rostro, y le iban a hacer todo a El, El dijo: “No se haga Mi voluntad, sino la Tuya”. ¡Oh, si nosotros pudiéramos hacer eso! Ud. dice: “Bueno, mire Hermano Branham, si yo recibo el Espíritu Santo, mi madre, mi padre, mi jefe, mi...” Pero, ¿qué de su Señor? Eso es. ¿Qué–qué va a decir El tocante a ello, si Ud. lo desprecia? “Bueno, mi iglesia...” Bueno, yo sé; eso pudiera estar bien, pero, ¿qué de su Señor? ¿Ve?, su iglesia no lo puede salvar; se requiere al Señor. ¿Ve? ¿Ve?, Ud. tiene que hacer esa decisión; Ud. tiene que llegar a ese momento; cada uno tiene que. Todo hijo que viene a Dios debe ser probado por Dios, disciplinado, castigado, para ver si él es un verdadero hijo de Dios. Allí, El estaba parado allí. El dijo: “No se haga Mi voluntad, sino la Tuya”.
50Luego hubo otra conferencia, de la que yo quiero hablar ahora mismo. Y esa fue “La conferencia Pentecostal”. ¡Oh, hermano!, cuánto necesitamos otra de ésa. Esas personas eran ciento veinte en número. De todos los frutos de Su ministerio, de todas las grandes reuniones que El había tenido, de los millares y millares que El había sanado, El tenía ciento veinte que estaban listos para pararse por El, de toda una nación. Cuando ellos habían visto todo lo que se podía haber hecho, toda clase de obras poderosas y todo lo demás, El tenía ciento veinte que se quedaron con El. Y ellos habían oído a Dios decir esto: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y entonces me seréis testigos en Jerusalén, Judea, y Samaria, y todo el mundo. Uds. deben ir por todo el mundo y–y establecer la Iglesia, establecer la fe entre la gente. Y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Las obras que Yo hago, vosotros haréis también. Estas señales seguirán a los que creen: En Mi Nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, beberán cosa mortífera; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. ¡Oh, hermanos! “Pero espérense un momento, no se vayan todavía. Va a haber una conferencia que se va a llevar a cabo; Yo les enviaré Palabra. Uds. sólo vayan a Jerusalén y esperen allí. Prendan su radio y esperen las respuestas”.
51“¿Cómo van Uds. a operar esta Iglesia?” Yo digo esto decentemente, reverentemente, amablemente, y respetuosamente a todo hombre, a toda mujer, y a toda denominación: “Vamos a subir allá para darnos cuenta si nosotros vamos a tener denominaciones o no. ¿Vamos a operarla sobre un montón de credos? O, ¿vamos a operarla de esta manera, o de esa manera? ¿Cómo lo vamos a hacer? Bueno, subamos y esperemos hasta que termine la conferencia. Jesús ascendió al Padre; nos daremos cuenta qué es lo que regresa en unos cuantos minutos”. Así que ellos esperaron. “¿Cuánto tiempo van a esperar Uds.?” “Hasta que termine la conferencia”. “¿Cuántos días? ¿Dos?” “No, sólo hasta que termine: ‘Hasta...’”. “¿Hasta cuándo?” “Hasta que termine la conferencia”. Muy bien. Después que terminó la conferencia, todos ellos estaban allá arriba esperando, esos ciento veinte, esperando para ver lo que iba a suceder, cómo ellos deberían operar la Iglesia, qué debían hacer. ¿Deberían tener un enorme diario y anotar todos los nombres? O, ¿deberían...? ¿Qué deberían hacer? Ahora, ellos iban a tener los primeros frutos de eso.
52Y mientras ellos estaban sentados juntos, vino un sacerdote con la santa eucaristía en una caja, dijo: “Saca tu lengua”. ¿No suena eso necio? Ahí vino uno con un pequeño salero con agua, y dijo: “Debemos...” Uds. saben. Nada como.... O, ahí vino un predicador Protestante; el Dr. Tal y tal dijo: “Déme su diestra de compañerismo, y pondremos su nombre en el libro”. ¿No–no sonaría eso como los Pentecostales? De esa manera nosotros lo tratamos de hacer. ¿Qué es? No se enojen conmigo. ¿Ven? Todavía son las hojas de higuera. Absolutamente. Son las hojas de higuera. Ellos estaban esperando en esa conferencia para ver lo que sucedería a la Iglesia. Y dice: “De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba (las respuestas estaban regresando), el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.
53“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntaron; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua donde había él nacido”. “Mas otros, burlándose, haciendo burla, decían: ‘Estos están llenos de mosto’”. Observen al orador principal ahora, después que él tenía las respuestas de la conferencia. Dijo: “Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Estos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. (Las cantinas todavía no están abiertas. Sí, señor). Esta es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: ‘Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de Mi Espíritu sobre toda carne’”. De esa manera la Iglesia debe ser operada.
54¡Oh! “Se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros hombres: ‘Hermanos, ¿qué haremos?’” El dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa de la Iglesia, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Esa fue la respuesta proveniente de la conferencia de Dios con Su Hijo en el Cielo. De esa manera la Iglesia fue puesta en orden. ¡Aleluya! El Espíritu Santo debía operar a la Iglesia, no los obispos, y arzobispos, y papas, y padres, y abuelos; pero debía ser operada por el Espíritu Santo. De esa manera debía ser; eso es lo que la conferencia de Dios... esas fueron las respuestas. De esa manera debía ser. Cualquier cosa fuera de eso, es un montón de hojas de higuera, y no es bueno. ¡Salgan de detrás de ellas! Y luego arránquenlas de Uds.; desnúdense delante de Dios. Tengan una... Vengan y sean reconciliados. “Vengan y tengan una conferencia Conmigo; hablémoslo. Si vuestra incredulidad ha sido como la grana, como la nieve será emblanquecida”. El se lo probará a Uds. La conferencia, La conferencia de Pentecostés.
55Yo tengo otra conferencia, y luego vamos a parar. Tenemos tantas aquí, pero yo tengo una más a la que tengo que llegar. Luego, después de unos cuatro o cinco días después de Pentecostés, Pedro y Juan iban al templo un día para orar. Allí estaba un hombre tullido, algo cojo, desde el vientre de su madre, como de unos cuarenta años de edad. Y él sonó su pequeña taza y quería algo. Y yo puedo probar que Pedro y Juan eran predicadores Pentecostales; ellos dijeron: “No tengo plata ni oro”. Correcto; sí, señor. Ellos dijeron: “No tengo plata ni oro. Yo no tengo dinero; pero lo que tengo te doy”. ¡Dios, permíteme tener eso! ¡Yo no quiero dinero; yo quiero eso! “Lo que tengo... Yo tengo fe en El. Yo he sido llenado con Su Espíritu; El habita dentro de mi corazón. El vive dentro de mí, igual que El vivió en Cristo, no tanto así, pero El es... yo soy Su hijo. Lo que tengo te doy; en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. ¡Oh, hermanos! Se tuvo que llevar a cabo una conferencia.
56¿Qué hicieron ellos? La gran iglesia del Sanedrín, la gran organización, dijo: “Nosotros pararemos esa tontería. No queremos nada de esa sanidad Divina por acá; los días de los milagros han pasado”. Seguro que ellos lo creyeron. “Pudiera haber sido muy allá en los días de Moisés”. Pero Moisés dijo... El día de Moisés fue muy allá en el pasado; Uds. siempre lo ponen en el pasado o muy allá en el futuro. Yo oí a alguien decir en una ocasión que la sanidad Divina sería en el Milenio. Bueno, en ese entonces, Uds. tendrán un cuerpo glorificado, así que, ¿para qué necesitan Uds. sanidad Divina? Es el diablo–diablo el que los está tratando de poner a Uds. en algo muy allá, que en algún Milenio Uds. van a ser algo... Uds. son ahorita hijos e hijas de Dios. ¡Amén! Si su teología hecha por el hombre sólo les dio una pequeña papa fría y les dijo que esperaran, háganlo Uds.; pero yo tengo una cena de un menu completo del Espíritu Santo. Cómo... Bueno, bendito Dios, eso es correcto.
57Si ellos quieren decirles a Uds. que se paren a un lado aquí mismo, y coman algunos pellejos o mordisqueen algunos huesos, y decirles que la gallina se acabó hace años, no crean Uds. eso. Dios tiene un alimento completo y adecuado para un hombre completo, que tiene fe completa en el Hijo de Dios y lo cree, y que seguirá las instrucciones. El menu dice: “El que quiera, venga”. Y “para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. ¡Aleluya! (Creo que yo pudiera tocar esa cosa ahorita. Verdaderamente lo creo). ¡Correcto, hermanos! ¡El mismo Espíritu Santo con las mismas señales, los mismos prodigios, el mismo poder! Sí, señor; ¡el Espíritu Santo de Dios! Oh, yo sé que lo hace a uno parecer necio para el mundo, pero, ¿qué le importa a Ud. tocante al mundo?
58Yo pienso así como David pensó. El estaba tan lleno con la gloria de Dios. Cuando él vio que venía esa arca, salió allí y levantó sus piernas muy alto en el aire, y empezó a danzar todo alrededor. Y su esposa hecha a su propia manera (como la denominación), miró afuera por la ventana, y ella dijo: “¡Oh, cómo me avergüenza él!” Así que esa noche cuando David llegó a casa, ella dijo: “David, ¿qué estabas haciendo allá afuera (actuando como un retrasado, en otras palabras), danzando alrededor, alborotando, levantando tus piernas muy alto en el aire?” El dijo: “Yo estaba danzando, y regocijándome delante del Señor”. Dios miró hacia abajo desde el Cielo, dijo: “David, tú eres un varón conforme a Mi propio corazón”. Seguro. Y su esposa se indignó al respecto, y, ¿qué sucedió? Ella fue estéril el resto de su vida; Dios puso una maldición sobre ella. “Maldito es el hombre que tocare el ungido de Dios. No toquéis a Mi ungido”. Correcto. “Mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiese en lo profundo del mar, que aun hacer tropezar a uno (correcto) de estos pequeños que creen en Mí. Y estas señales seguirán a esos pequeños que creen en Mí”. Eso hace la distinción; eso les muestra a Uds. si han estado en la conferencia o no. Correcto. “Estas señales seguirán”. ¡Oh!, El es tan bueno. No hay lugar para parar, ¿hay? Terminemos esta conferencia.
59Ellos los llevaron allá, y dijeron: “Bueno, voltéenlos de espalda. Los azotaremos un poquito”. Ellos dijeron: “Les vamos a decir algo ahorita: ya no prediquen más la sanidad Divina en el Nombre de Jesús”. Pedro dijo: “Bueno, únicamente nos queda una sola cosa”. (Ellos los habían dejado en libertad). Dijo: “Juan: llevemos a cabo una conferencia”. Ellos fueron y tomaron al resto del grupo, y se reunieron. Uno hablando: “Bueno, el Señor hizo esto, y lo otro aquí”. Cuando ese grupo Pentecostal se reunió, los testimonios estaban viniendo de todas partes, de lo que Dios había hecho. Dijeron: “Llevemos a cabo una conferencia”. Así que todos ellos se reunieron, y se hincaron. (Así como nosotros deberíamos hacer en esta noche. Correcto). Todos se hincaron, y dijeron: “Señor, ¿por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas?” Dijeron: “Verdaderamente contra Tu Santo Hijo Jesús...” Y dijeron: “¡Oh, Señor!, danos poder y denuedo”, y que Sus manos Santas se extiendan para sanar a los enfermos. Ellos estaban llevando a cabo una conferencia, y ellos estaban esperando las respuestas. Y justamente en ese momento, las respuestas vinieron del Cielo. Y cuando vinieron, el poder llenó el lugar y el lugar en donde estaban congregados tembló. Y ellos hablaron la Palabra de Dios con denuedo, y predicaron sanidad Divina hasta que el último de ellos murió.
60Las conferencias: ¡oh!, hay muchas de ellas. Las emergencias: ¿qué iban a hacer ellos? A ellos les prohibía la ley hacerlo. “A quién vamos a obedecer: ¿a la ley o a Dios?” Pedro dijo allí mismo en medio de todos ellos.... Ellos dijeron: “Ya no prediquen más en el Nombre de Jesús”. El dijo: “A quién debería yo escuchar: ¿a Uds. o a Dios?” Correcto. Y ellos dijeron que él era del vulgo y sin letras; él no tenía la suficiente educación para firmar su propio nombre, y aun así, se le dejó las llaves del Reino. ¡Cómo Dios hace las cosas! ¿No es eso maravilloso? Sí, señor. Dios le dio las llaves y le dijo: “Lo que tú atares en la tierra, Yo lo ataré en el Cielo”. Y él ni siquiera podía firmar su propio nombre. No, señor. ¡Qué hombre para dejarle las llaves! Pero él... Pero ellos tomaron consideración de él, ellos supieron que él había estado con Jesús. Eso es lo que ellos quieren saber hoy en día. El había estado en una conferencia en una ocasión con Jesús, y él había recibido algo.
61Miren, hermanos: voy a... permítanme tomar sólo una pequeña conferencia más antes que termine. Miren: hay otra conferencia que viene. Uds. pudieran no haber asistido a la de Ginebra; ni yo tampoco. Uds. pudieran no haber asistido a la de Los–Los cuatro grandes, o a la de Paris, o cualquiera de esas otras conferencias. Y pueda que Uds. ni aun han asistido a ninguna conferencia aquí con Dios. Pero permítanme decirles a Uds. algo, mis amigos: hay una a la que Uds. van a asistir, y esa es ésta, “La del Juicio”. Todos estarán allí. Uds. van a asistir a esa conferencia. Y hay una sola cosa que Dios reconocerá: esa es la Sangre de Su propio Hijo. ¿Han sido Uds. cubiertos con Ella, amigos? Oh, Uds. van a ir a ella; a mí no me importa quiénes sean Uds. Uds. se van a parar en la Presencia de Dios, y eso va a determinar su destinación Eterna, lo que Su juicio.... “Y cuando Yo vea la Sangre... (Y nada más, sino la Sangre). Cuando Yo vea la Sangre, pasaré de ti”.
62¿Cuántas personas hay aquí, que nunca han asistido a “La conferencia de Dios del Espíritu Santo” y que no han sido llenas de El?, veamos sus manos; las que todavía no han sido llenas con el Espíritu Santo, levanten sus manos. ¿Cuántas en el edificio nunca han recibido el Espíritu Santo? ¿Hay un pecador aquí que nunca ha tenido una conferencia en lo absoluto con Dios?, levante sus manos y diga: “Yo nunca he tenido una conferencia con Dios. Yo–yo soy un pecador”. Ahora, sea honesto; sea honesto. “Yo nunca he tenido una conferencia”. Sólo Permítanme decir esto antes de terminar. Yo–yo estoy impulsado para decirlo ahorita mismo. Como un ministro, yo confieso, que siempre me asustaba cuando pensaba de la muerte, de qué me pasaría entre ahorita (cuando muriera), y la Venida del Señor Jesús. Cuando yo encontrara a mis amigos en el Cielo, ellos serían pequeños espíritus... Yo pensé que este espíritu se saldría de mí, y diremos que habría.... Yo vería al Hermano Sullivan, y diría: “Ese debe ser el Hermano Sullivan, ese pequeño espíritu. Yo no puedo darle un apretón de mano; su mano está podrida en la tumba. Yo–yo no puedo mirar sus ojos, porque no tiene ojos; yo no tengo tampoco. ¿Ven? Yo–yo–yo no lo puedo sentir, porque él sólo es un espíritu”. Eso me preocupaba; yo–yo quería hablarles a ellos.
63La otra mañana, hace como unos tres domingos, yo estaba acostado en la cama. Y desperté como a las siete; nosotros vamos a la iglesia a las nueve y media. Y yo me incorporé, y miré a mi esposa, y ella estaba bien dormida. Yo empecé a pensar tocante a eso. Y yo continuaba oyendo Algo decir: “Esfuérzate; sólo continúa esforzándote”. Yo dije: “Bueno, yo tengo cincuenta años de edad. Yo–yo tengo que hacer algo para el Señor; yo todavía no he hecho nada. Y El me dio mi vida, aquí, y yo... Y ¡hermano!, cualquiera sabe que algo me sucedió: yo era una cizaña, y El me hizo trigo. Yo–yo no sé cómo sucedió”. Yo dije: “¿Cómo pudiera haber sido?” Y yo dije: “¿Qué puedo hacer yo, Señor? Yo tengo cincuenta años de edad, y–y yo–yo... Mis días están contados; no me queda mucho más tiempo”. Yo dije: “¿Qué puedo hacer para hacer algo para Ti?” Yo continuaba oyendo una Voz diciendo: “Esfuérzate”.
64Ahora, recuerden amigos: aquí está mi Biblia. Si yo soy un fanático, yo no lo sé. Mi... Si lo soy, yo–yo no sé nada al respecto. Yo–yo creo que mi corazón está con Dios, y yo creo que El ha probado eso delante de Uds. Yo puedo estar mal en algunas cosas, pero si es así, estoy–estoy mal inconscientemente. ¿Ven? Y luego, cuando estábamos.... Yo–yo estaba pensando tocante a eso, y continuaba oyendo Algo decir: “Esfuérzate”. Yo dije: “¿Quién es Ese que habla?” Yo dije: “Debe ser mi esposa”. Yo dije: “¿Qué dijiste, cariño?” Ella no se movió. La sacudí; yo dije: “¿Meda?” Ella dijo: “¿Ah?” Ella estaba bien dormida. Y yo dije: “Bueno, no fue ella”. Yo lo escuché otra vez; dijo: “Continúa esforzándote”.
65Ahora, yo conozco las visiones. Esa pudiera haber sido una visión; si fue, yo nunca he tenido una como ésa. Y yo dije: “Quizás sea yo diciéndolo”. Porque en una ocasión, yo estaba todo cargado y afligido antes de ir a una reunión, y me arrodillé en el piso para orar y quitar la carga de mí. Y yo oí a alguien parado a la puerta hablando algo estrepitosamente, hablando alemán o algo. Yo pensé: “Bueno, me pregunto ¿quién será ése?”. Fui sigilosamente, y yo no pude ver a nadie. Yo pensé: “Bueno, ¿dónde está?” Era yo mismo hablando. ¿Ven? Y sólo me mantuve muy quieto hasta que terminó. Y eso fue cuando esa mujer (como Uds. saben; todos Uds. saben al respecto; creo que ya se los conté a Uds.), que fue sanada... Ella estaba acostada al lado de una carretera, sangrando de muerte. Y media hora después, ella estaba allá perfectamente normal y saludable; el Espíritu Santo intercediendo. Y luego.... Y yo pensé que quizás pudiera ser yo diciendo: “Continúa esforzándote”. Así que yo puse mi mano sobre mi boca, de esta manera. Y yo lo oí decir: “Continúa esforzándote, esforzándote”. Yo dije: “¿Quién eres Tú que me estás hablando? ¿Quién está en este cuarto?” Y de esa manera viene, igual que las visiones aquí. Es tan real, sólo una Voz, exactamente igual que Uds. oyen la mía. Decía: “Continúa esforzándote”. Y yo dije: “¿Continuar esforzándome?” Dijo: “La gran recompensa está justo por delante”. Y yo dije: “¿Te refieres a pasar la cortina?” Dijo: “Sí”. Dijo: “¿Te gustaría verla?” Yo dije: “Sí, me gustaría. Me ayudaría, si sólo la pudiera ver”.
66Y algo sucedió; yo sentí que dejaba este cuerpo. Ahora, yo nunca he tenido una visión de esa clase. Yo estaba mirando para atrás y hacia abajo, viéndome acostado allí, reclinado contra la cabecera de la cama con mis manos arriba de esta manera. ¿Ven? Y yo mismo me miré, y pensé: “Me estoy muriendo”. Y yo empecé a salirme, y cuando menos pensé, yo–yo entré a un lugarcito que está allí. Y tan pronto que llegué allí, ahí venían miles de personas, y todas se miraban jóvenes. Ahora, yo estoy en una multitud mixta. Yo soy su hermano. Y Uds. observen, yo digo esto en el Nombre del Señor: cada uno de Uds. me encontrarán allí, si están bien. Pero esas mujeres jóvenes viniendo a mí, abrazándome y gritando: “Mi precioso hermano....”
67Ahora, miren, yo he... Cuando yo era un pecador, nunca anduve con mujeres. Yo no fui vil, como para andar con mujeres. Y a mí no me importa cuán santo un hombre trate de vivir y cuán piadoso él viva, si una mujer abraza a un hombre, hay una sensación humana. Ahora, más le valdría... A mí no me importa, Ud. mismo puede llamarse santificado (y yo también creo en santificación), pero Ud. todavía es un humano. Exactamente correcto. Y hay una sensación. Yo no digo que Ud. haría algo mal, seguramente que no. El poder de Dios lo guarda a Ud., y Ud. sigue adelante. Pero en aquel lugar, aun esa sensación humana no estaba allí. Y ahí venían personas abrazándome, diciendo. “Mi precioso hermano”. Todas esas mujeres tenían cabello largo, túnicas blancas, descalzas. Ellas estaban jóvenes, como de... parecían tener como unos dieciocho años de edad, veinte. Yo.... Ellas me agarraban y me abrazaban, y decían: “Oh, nuestro precioso hermano”. Y me abrazaban de esa manera, y se iban. Y alguien más.... Yo vi que venía mi primera esposa. Ahora, ella murió cuando tenía como unos veintidós años de edad; ella no había cambiado. Ella vino corriendo. Yo dije: “De seguro ella me llamará ‘esposo’”. Y ella se acercó, y empezó a sonreír, me abrazó. Ella dijo: “Mi querido hermano”. Y luego ella abrazó a una mujer que me acababa de abrazar, a una muchacha.
68Y ahí venían los hombres, parecían que ellos estaban... tenían cabello como que llegaba hasta sus hombros. Y ellos eran las personas de aparencia más atractiva que alguna vez haya visto; los ojos como estrellas brillantes, dientes blancos, aperlados. Ellos me estaban abrazando, y diciendo: “¡Oh, nuestro precioso hermano!” Y uno de ellos le gritó al otro, dijo: “Piensa: él ha llegado. El al fin ha llegado”. Y yo pensé: “¿He muerto, y esto es... yo he entrado a la Gloria? ¿Esta es?” Y yo pensé: “No pudiera ser”. Y yo miré, y esa Voz que me había hablado allá abajo en mi cuarto, la oí otra vez. Miré para atrás y hacia abajo, y me vi a mí mismo acostado allá en la cama. A mí nunca me había sucedido algo así. Me ha hecho algo; yo ya no puedo más ser el mismo. Así que entonces.... Yo–yo miré, y pensé: “¿Qué es esto?” Yo pensé: “Bueno, todas esas personas se miran jóvenes”. Y me miré, y yo estaba joven. Yo–yo había regresado a ser un hombre joven otra vez. Yo dije: “Bueno, esto es extraño”. Y miré y.... Yo no lo puedo explicar. No hay palabras de las que yo pueda pensar. Si yo dijera “grandioso”, o–o–o “supremo”, o–o “perfecto”, eso no lo describiría. Ellos–ellos... No había–no había mañana; no había ayer. Ellos–ellos–ellos estaban en Eternidad. Y ellos nunca se cansaban; nunca tenían que comer. Sin embargo ellos tenían sentidos: yo podía sentirlos; ellos podían hablar; me estaban mirando. Ellos tenían sentidos. Y yo dije: “Yo–yo no entiendo esto”. Y esa Voz dijo: “Esto es amor perfecto”. Dijo: “¿No es eso lo que tú hablaste que era el Espíritu Santo?” Yo dije: “Sí”. “Y esto es amor perfecto”.
69Y en ese momento, un grupo grande de hombres me levantaron y me llevaron a un lugar, y me pusieron como en alto, como en una–una plataforma o algo. Y ahí había personas; yo podía verlas viniendo de todas partes por decenas de millares, cada una joven, hermosa, corriendo, abrazándome. Yo dije: “Bueno, no entiendo esto”. Y justamente entonces una hermosa joven se acercó corriendo. Y ella dijo: “¡Oh, mi querido hermano”. Ella dijo: “Estamos tan contentos de verte. Bienvenido”. Y ella se fue. Y yo dije: “Alabado el Señor, hermana”. Y miré a mí alrededor. Y luego pensé: “¿Qué es esto? ¿Qué está sucediendo? ¿Qué ha sucedido?” Justamente en ese momento, una Voz dijo: “En la Biblia, donde dice que Jacob fue reunido con su pueblo y los otros, esto es parecido a eso, donde tú te reunirás con tu–donde tú te reunirás con tu pueblo”. Y yo dije: “¿Todos ellos son Branhams?” Yo dije: “Yo–yo nunca pensé que había tantos así”. El dijo: “Ellos no son Branhams”. Dijo: “Ellos son tus convertidos; ellos son tus convertidos”. Dijo: “Esa mujer que tú estás admirando”, dijo, “¿sabes tú qué edad tenía ella cuando la guiaste a Cristo?” Yo dije: “No tengo la menor idea”. Dijo: “Pasado los noventa”. Dijo: “¿Ves?, ella es joven para siempre”. Y ella alzó su vista, mirándome. Ella dijo: “Hermano Branham: Jesús algún día vendrá, y luego nosotros regresaremos a la tierra”. Y dijo: “Entonces recibiremos nuestro cuerpo glorificado; luego viviremos juntos para siempre”. Yo dije: “Bueno, yo... Bueno, ¿para qué–para qué–para qué me pusieron Uds. aquí arriba?” Y ellos dijeron: “Tú eras un líder; tú nos guiaste”. Yo dije: “¡Oh!, permítanme ver a Jesús, si es que yo he muerto. Yo quiero verlo a El”. Y esa Voz dijo: “Tú no lo puedes ver a El ahorita”. Dijo: “El vendrá, pero primero El vendrá a ti”. Y dijo: “Te juzgará por el Evangelio que tú predicaste”. Y yo dije: “¿El Evangelio que yo prediqué?” “Sí”. Y yo dije: “¿Tendrá San Pablo que pararse ante sus convertidos?” Dijo: “Absolutamente; él también lo hará”. Yo dije: “Yo nunca varié en una sola palabra; yo me quedé exactamente de la manera que la Biblia lo dice. A mí no me importó lo que dijera cualquiera, o no dijera; yo me quedé justo con ello de esa manera. Así que si el grupo de Pablo es salvo, el mío también lo es”. Y un gran grito, de lo que parecía como millares y millares, dijo: “Nosotros sabemos eso”. Yo dije: “Alabado Dios, yo nunca estuve tan feliz de haberme quedado verdadero a la Palabra”. ¿Ven? “Yo nunca estuve tan feliz”.
70Y en ese momento, yo miré... Hace años, yo tenía un perro cazador; su nombre era Fritz. Y él era mitad Airdale y mitad Newfoundland [razas de perros–Trad.]; él era un perro enorme. Y solía ir conmigo a todas partes cuando yo iba a cazar, y era la mejor cosa que yo tenía. El se acostaba conmigo, y por él compraba mi ropa para la escuela, de lo que cazaba, encontrando él a zarigüeyas y a zorrillos trepados en los árboles, y todo lo demás que yo atrapaba. Y así que, por él compraba mi ropa de escuela. Y en cualquier parte que yo lo dejaba, él encontraba el camino a casa. Y un día, cuando nos cambiamos a la ciudad, un policía pasó y echó veneno para perro en el patio, y lo mató. Cuando llegué a casa y lo enterré (yo sólo tenía como dieciséis, diecisiete años de edad), y le di los últimos golpecitos a la tierra allí, yo dije: “Fritz, yo–yo–yo mataré a ese hombre por eso”. Entré a la casa y cogí mi rifle, y me dirigí hacia la estación de policía para matarlo. Entonces cuando iba en el camino, un pequeño automóvil Ford vino detrás de mí; era mi padre. El me arrebató ese rifle de mi mano (él era un hombre muy pequeño), me dio una palmada a un lado de la cabeza, y dijo: “¡Súbete al automóvil!” Y yo regresé, y dije: “Fritz...” Fui a su tumba, yo dije: “Fritz, esto es lo que haré: si mi papá no me deja hacerlo de esa manera, yo lo encontraré caminando en la calle algún día, y perderé control de mi automóvil. Yo te prometo que me desquitaré (¿ven?), por haberte matado”. Y yo lo dije en serio. Y como un año después de eso, yo fui salvo. Y guié a ese hombre a Dios, y lo enterré después de que él fue salvo: el Sr. Short, el policía.
71Mi perro había muerto. Yo siempre pensaba después que yo fui salvo, yo pensaba: “Me pregunto si cuando yo llegue Allá, si veré a Fritz”. Y mientras yo estaba allí, miré bajando de la colina, y ahí venía Fritz caminando hacia mí. Y él me estaba lamiendo con su lengua, Uds. saben, y jadeando de esa manera, mirándome. Y miré viniendo detrás de él, y ahí venía Príncipe, mi caballo, mi caballo de silla. Y él corrió a mí, y puso su cuello sobre mí. Y yo dije: “¡Oh, Dios!, ¿qué es esto?” En ese momento, una Voz habló y dijo: “Todo lo que tú alguna vez amaste, y todo lo que alguna vez te amó, Dios te lo ha dado. Todos están aquí reunidos”. ¡Oh, hermanos!, mi corazón sencillamente se derritió dentro de mí. “Todo lo que tú alguna vez amaste y todo lo que alguna vez te amó, está reunido aquí contigo para encontrar a Dios”. Y yo dije: “¡Oh, alabado sea Dios!” Y en ese momento, yo sentí que me movía. Yo dije: “Yo no tengo que regresar, ¿tengo?” Y continué... Y en un solo momento, yo estaba de regreso en la cama otra vez.
72Amigo, la muerte no cambia a un hombre; sólo cambia el lugar de su morada. Yo tengo una esposa, una esposa muy dulce, sentada allá. Yo tengo tres niñitos (dos niñitas y un niñito), y Billy Paul. Yo quiero vivir por ellos. Pero mi primer propósito, es vivir por Cristo, por mi ministerio. El segundo, es que me gustaría vivir el tiempo suficiente para ver a mi pequeño José, sentado allí, llegar a ser un ministro, recibir el espíritu que yo le dejaré. Que mi espíritu venga sobre él. Cuando yo le dediqué a Dios, estando allí en los brazos de su madre... Yo no sé, había como diez o quince bebés. Cuando lo levanté, el Espíritu me tomó y dijo: “José, mi hijo, tú eres un profeta”. Dios permite que mi espíritu en una doble porción, venga sobre mi hijo.
73Cuando yo llegue al fin del camino, y yo no pueda seguir más adelante, yo quiero pasarle esta Biblia a José, y decir: “Cariño, no te–no te comprometas ni en una sola palabra. Quédate verdadero a Dios; si se requiere todo lo que sea, tú quédate verdadero a Dios”. Cuando yo pueda ver que sucede eso, y vea a José tomar mi Biblia y caminar al púlpito como un siervo ungido de Dios, y que todo entonces haya terminado, todo lo que pueda hacer para Dios, será un día feliz cuando yo sepa que esta cáscara vieja arrugada y gastada, podrá ser cambiada. Cuando hay una gotera en este edificio viejo, la vida goteando de él, hay un Hogar mejor justo allá, al cruzar el río.
74Escuchen amigos. En donde sea que fue, no hay ni un solo respiro entre nosotros y Allá en esta noche. Con todo mi corazón (esta es la primera vez que yo he contado esto, fuera de mi propia iglesia), con todo mi corazón, por la gracia de Dios, con todo lo que pueda hacer, le prometí a Dios que sacaré a toda alma, si la tengo que forzar, y compeler, y todo lo demás, para que venga a Jesucristo. Porque qué momento fue ése, cuando esas personas... Esas mujeres y hombres con ojos brillantes parados allí abrazándome, exclamando: “¡Mi querido hermano!”, y saber que mi ministerio había sido la causa de que ellos estuvieran allí. Dios ayúdame siempre para ganar almas para Cristo, es mi oración. Oremos.
75Padre Celestial, mientras estamos ahora en la mera culminación de esta reunión, estamos aquí en una conferencia con nuestros hermanos, con preciosos hermanos, Señor, quienes creen este Evangelio. Estos predicadores del Evangelio completo se pararon en la calle, muchos de ellos aquí, cuando yo era un joven pecador, predicando esta misma Palabra, y el Bautismo del Espíritu. Muchas madres ancianas, canosas aquí, molieron maíz, e–e hicieron pan para sus hijos, y los racionaron en la mesa procurando que avanzara el Evangelio. Y aquí ellos están sentados en esta noche, ancianos y canosos, muchos de ellos agotados y con hombros caídos. Yo he estrechado sus manos aquí en esta reunión, y sé que ellos están aquí. ¡Oh, Dios!, sólo permíteles saber que justo después de este último respiro aquí, que ellos volverán de nuevo a ser hombres y mujeres jóvenes para vivir para siempre en una Tierra en donde nunca habrá un cabello canoso ni una arruga, donde nunca habrá una enfermedad ni un pesar. ¡Oh!, pues ese Lugar glorioso, en donde sea que fue, Señor, en el que estuve en esa noche, mejor dicho, esa mañana. Te pido Dios, que toda persona aquí (¡óyeme, oh Dios!; si yo alguna vez he encontrado gracia ante Tus ojos, permite que mi oración sea contestada), que toda persona que está aquí en estos campamentos, que yo las encuentre, a cada una, allá en ese glorioso Lugar, en donde sea que fue, o lo que haya sido, Señor. Permíteme encontrarlas en aquel Lugar. Yo las amo, y ellas me aman. Y Tú me dijiste, Señor: “Todo lo que alguna vez amaste, y todo lo que te amó, se ha reunido aquí para estar contigo”.
76¡Oh Dios!, concede que esa multitud se aumente en millones. Concédelo, Padre. Ten misericordia de nosotros. Nunca permitas que nunca, en toda mi vida, Señor, nunca permitas comprometerme con una sola palabra de esta Biblia. Porque sé que yo primero seré juzgado, y su destinación Eterna está descansando sobre eso. Ayúdame, Señor. Permíteme ser honesto y sincero, y– y decirle a la gente que debe ser llena con el Espíritu Santo (concédelo, Señor), deben nacer de nuevo. Concédelo. Ayúdanos; perdónanos nuestros pecados. Y Dios, en esta noche hay hombres y mujeres aquí que levantaron sus manos, que no tenían el Espíritu Santo. Concede, Señor, que esta sea la noche, que esta sea la ocasión, en la que tal espíritu, tome control de ellos, tal espíritu de anhelar y tener sed. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Tú así lo dijiste, Señor. Tú lo prometiste; yo te estoy citando Tu Palabra, Señor. Si ellos tienen hambre y sed, Tú prometiste que los saciarías, y yo creo que toda Palabra que Tú dijiste es la verdad. Señor, permíteles ser llenos en esta noche. Concédelo, Señor.
77Si algún pecador está aquí, y como que engañó a su propia conciencia hace un rato (la conciencia de él o de ella), que saben que son pecadores, y nunca levantaron sus manos, Señor, avergüénzalos. Llámalos que salgan de detrás del arbusto; cúbrelos con la piel del–del Señor Jesús, Su cubierta, el Espíritu. El estaba vestido y–y habitado por el Espíritu Santo. Permite que eso venga sobre ellos en esta noche, Señor; convéncelos. Que ellos salgan y lleven a cabo una conferencia Contigo, y sean reconciliados a Dios por medio de la Sangre de Jesucristo. Concédelo, Señor, te pido en el Nombre de Jesús.
78Y mientras tenemos nuestros rostros inclinados, ¿hay pecadores, algunos pecadores aquí, que les gustaría venir aquí al frente sólo un momento? Quizás esto no pudiera ayudarles, pero yo quiero estar seguro de esto. Yo les he dicho a Uds. la mera verdad, con la ayuda de Dios. Dios sabe eso. Yo quiero estar seguro que no haya un pecador en la reunión. Permítanme decir esto, ASI DICE EL ESPIRITU SANTO: “El que no naciere de nuevo, no puede entrar en el Reino”. Y si Uds. están aquí en esta noche... Y ASI DICE EL ESPIRITU DE DIOS que está en mí, yo les digo la verdad; no miento. La mera cosa que lo vindica es el retorno de ese Espíritu profético que discierne los pensamientos, les dice a Uds. lo que han hecho, lo que harán, lo que les sucederá, toda dificultad, cada vez perfectamente, año tras año. Esa es la vindicación que yo les he dicho la verdad, que esto....
79¿A quién vino la Palabra del Señor? Al profeta. El tenía la Palabra del Señor. No escuchen a alguna idea de hojas de higuera. Vengan y crean; vengan y reciban. Y Jesucristo, quien es mi Juez, sabe que yo les he dicho que entré a algún Lugar que era glorioso, donde el anciano llega a ser joven, donde ellos viven para siempre y nunca mueren, y con una promesa de regresar a la tierra para recibir un cuerpo glorificado. Dios sabe que eso es la verdad. Yo lo invito a Ud., mi amigo pecador. Por favor, permítame rogarle a Ud.; permítame persuadirlo a Ud. Si el ponerme de rodillas le hará algún bien, si llorar, si persuadirlo le ayudará, permítame persuadirlo. No siga de cualquier otra manera, sino venga ahora a Jesús, anciano y joven, y sean reconciliados a Dios. Yo me paro aquí como un ministro del Evangelio, listo para tomarlo de la mano y orar por Ud. ¿Vendrá Ud. a mí aquí ahora, y nos permitirá orar juntos, amigo pecador? Lo que Ud. sea, joven o anciano, yo espero para recibirlo a Ud. ¿Vendrá Ud. mientras hay tiempo para la gracia, y tiempo en el que Dios lo está llamando?
80Dios los bendiga, yo veo a dos, a un hombre y a una mujer, viniendo acá adelante, viniendo al frente. Hermano José, si Ud. por favor se moviera sólo un momento allí, y permitiera al hermano pasar por ahí, y a la hermana. Algún otro pecador, ¿me permitiría persuadirlo? ¿Vendrá para ser reconciliado a Dios? Ahí viene un muchachito y una muchachita. Yo les digo la verdad en Cristo; no miento. No hay ningún hombre que pueda tomar la doctrina que yo predico y refutarla. No hay ninguno que lo pueda hacer. Yo nunca he visto a ninguno que lo pueda hacer; es la verdad del Evangelio. Los discernimientos del Espíritu son perfectos; ningún hombre puede decir que alguna vez no hayan sido perfectos. Y les digo ahora: hay un Lugar perfecto, un Cielo perfecto, un Dios perfecto, un Salvador perfecto, una Sangre perfecta, un Sacrificio perfecto, un Ser perfecto para Ud.
81Ahora, si Ud. es un miembro de iglesia, y sólo ha hecho una confesión, rasgue esas hojas de higuera de Ud. en esta noche. Venga aquí delante de esta audiencia y párese aquí para que yo pueda orar con Ud. ¿Vendrá Ud.? Sólo mire a la gente reuniéndose aquí al frente ahora. Esto es lo que Jesús dijo: “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre y de los santos Angeles”. Ellos vienen aquí a pararse al lado de... Aun aquí está un hombre en muletas tratando de subir los escalones. Eso debería avergonzar a algunos de Uds. que pueden caminar, venir sin las muletas. Que él se devuelva sin las muletas, es mi oración. Venga; alguno de Uds. puede venir por este lado. Venga acá, venga por este lado, y venga acá. ¿Vendrá Ud.? Estoy esperándolo a Ud. Dios lo bendiga, mi hermano. Venga acá. ¿Algún pecador más...? Sólo levántese y venga. Permítame persuadirlo a Ud. en el Nombre de Cristo.
82Ahí viene una pareja de edad agarrados del brazo uno del otro. ¡Cuán dulce es eso, el saber que aun a esa edad, ellos vienen ahora para ser reconciliados a Dios! Escuchen, ¡miren acá!: si esta pareja aquí que esta viniendo en profunda sinceridad, yo digo esto en el Nombre del Señor Jesús; si ellos están viniendo en gran sinceridad, yo los encontraré en otra Tierra en donde ellos serán una pareja joven otra vez, y estrecharé la mano de ellos. ¡Oh!, Uds. lo pasan por alto; es tan sencillo. Dios no lo hizo complicado, que Uds. tienen que aprender un montón de reglas. ¿Saben Uds. lo que nosotros estamos tratando de hacer? Alguien dice: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Ud. dice: “Ud. tiene que dejar de fumar; Ud. tiene que dejar de beber”. Nosotros les estamos diciendo a ellos lo que tienen que dejar de hacer. Pablo le dijo lo que él debía hacer: “Cree en el Señor Jesucristo”. Eso es todo. No lo que Ud. tiene que dejar de hacer, sino lo que Ud. debe hacer para ser salvo. Creer primero; esas otras cosas ellas mismas se arreglan. Ud. primero crea.
83¿Vendrá Ud., pecador? Yo sólo voy a esperar un momento más. Porque antes que me levantara de esa cama, sacudí a mi esposa. Ella está sentada allí ahora; ella todavía estaba dormida, y yo la sacudí. Yo dije: “¿Cariño?” Ella dijo: “¿Qué?” Yo dije: “Algo ha sucedido”. Y le dije. Me levanté de la cama. Allí está un cuadro de Jesús justo por arriba de mi cama. Allí en este otro lado están las manos en oración que fueron talladas para mí en Alemania, regalos como recuerdos. En el otro lado está una vieja cabaña en la que solía vivir; un artista alemán la pintó en lienzo. Allá atrás en este otro lado, está la fotografía del Angel del Señor allí en... Uds. tienen la fotografía de El, muchos de Uds. Yo miré hacia arriba. Yo dije: “Delante de Dios, delante de Cristo, delante del ejército Celestial, yo te prometo, Dios, de persuadir e implorar y pers-... y aun compeler, para que la gente venga. Porque aunque tenga que hacerlos que se enojen un poquito conmigo ahora,....”
84Cómo esa anciana de noventa años de edad, parada allí en la belleza de una mujer joven, mirándome, dijo: “¡Oh, mi precioso hermano!” Y Ese que me estaba hablando, dijo: “La razón que ella está diciendo eso, es que ella había pasado los noventa años cuando tú la guiaste a Jesús. Ahora, ella ya nunca más podrá ser anciana o morir”. Con razón ella estaba agradecida. ¿No vendrá Ud.? ¿Hay otro? ¿Hay uno más que se levantaría? Yo me siento constreñido de alguna manera, que no–no–no estoy haciendo lo mejor que puedo. Venga. Permítame persuadirlo; permítame pedirle que venga. ¿Hay otro? ¿Hay otro, alguno que se levantara, y dijera: “Sí, hermano predicador, yo quiero venir ahora; yo creo que toda palabra que Ud. dijo es la verdad; yo vengo para ser reconciliado a Dios”?
85Todos Uds., mis preciosos amigos, desde este muchachito hasta este hombre de mediana edad, yo les aseguro con toda sinceridad, que les he dicho la verdad. Que Dios me mate, si yo no les he dicho la verdad. ¿Ven? Correcto. Yo he sido honesto con Uds. Yo los encontraré otra vez, si Uds. realmente son sinceros. Yo los encontraré otra vez en una Tierra donde todos Uds. serán jóvenes, donde la muerte ha desaparecido. Yo hablo en el Nombre del Señor Jesús; no miento. Eso es verdad. Ahora, Ud. ha venido; Algo lo atrajo a Ud. Algo le dijo: “Ven”. Yo espero que Dios haga un predicador de ti, hijo (yo espero), que llevará el Evangelio, después que quizás hayas ido a la tumba del Hermano Branham un día, y dicho: “Sí, él me habló una noche en Chatauqua, en Ohio”. Que El lo conceda a Uds. muchachitos, muchachitas.
86¿Cuántos aquí no han recibido el Espíritu Santo? ¿Les gustaría venir y pararse aquí mismo mientras oramos? Sólo vengan para orar. Recuerden: “El que no naciere de nuevo, no puede entrar en el Reino. Para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos....” Yo no pienso que tenemos lugar para ellos aquí al frente, Hermano Sullivan. Yo quiero que ocupen el pasillo allí sólo un momento; yo quiero orar. Yo–yo–yo–yo quiero que se haga esto bien; yo quiero que se haga correctamente. Ud. tiene correctamente... Yo sé, Hermano Sullivan, que Ud. no permitiría a cualquiera entrar allí en ese cuarto, sino a los que fueran verdaderos instructores. Eso es bueno. Todo esto ha sido puesto al cuidado de hombres piadosos.
87Ahora, nosotros no los estamos condenando. No estamos condenando su religión, al decir Presbiteriano, o Metodista, o Bautista. Eso está bien; Dios bendice al Presbiteriano, Metodista, y Bautista. Pero Ud. quiere ser un Presbiteriano, Metodista, y Bautista, y tener el Espíritu Santo. Eso es lo que Ud. quiere. ¿Ve? Lo que Ud. sea, Ud. quiere ser como Cristo. Ud. quédese– quédese en su iglesia; eso está bien. Ud. será una luz en esa iglesia para guiar a otros. Y permítanme decirles a Uds., amigos: Uds. no saben lo que es felicidad (recuerden), hasta que hayan cruzado allá a la Tierra, y realmente vean lo que es. Miren: ¿haría yo esto como un siervo de Cristo? Yo pongo esta Biblia sobre mi corazón, y digo: yo tengo... no pudieran subir... Si eso fue un... el primer Cielo que yo fui privilegiado de ver, y Pablo fue arrebatado al tercer Cielo, ¿qué vio él?
88Con razón él dijo: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. Ud. dice entonces: “Hermano Branham: Pablo dijo que debemos creer en el Señor Jesucristo”. Eso es correcto. Pero Pablo también dijo: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” Esa es la siguiente pregunta. Ahora, Uds. quieren recibir el Espíritu Santo, ¿no es así? Estas personas quieren ser salvas; Uds. quieren recibir el Espíritu Santo. Ahora, ¿son todos esos los que van a venir? ¿Son todos esos en el edificio, o por todo el edificio, que no tienen el Espíritu Santo? Muy bien.
89Ahora, si Dios guarda Su promesa... Yo puedo probar esto en este momento. El Espíritu Santo puede pararse aquí y llamar a un grupo de personas en esta audiencia, y hablarles a ellas. Es sólo un don. Uno sólo tiene que... sólo es encomendarse a Dios y esperar por ello, y empieza a hablar. Todos Uds.... ¿Cuántos han visto hacerse eso? Por supuesto Uds. lo han visto, noche tras noche. Yo digo la verdad. Ahora, si Uds. son sinceros y creen esto con todo su corazón, Uds. van a recibir el Espíritu Santo. Uds. van a recibirlo. Ahora, no presten ninguna atención si alguien que esté a su lado, quizás él esté haciendo una cosa, alguien más... No los miren; Uds. miren al Sacrificio. Uds. van a entrar para llevar a cabo una conferencia. Uds. van a hablarlo con Dios en estos momentos, van a llevar a cabo una conferencia. “Señor, algo me dijo que yo necesito el Espíritu Santo. Aquí estoy para recibirlo. Abre las ventanas, Señor; yo estoy listo para El”.
90Y para Uds. aquí: “Señor, yo quiero–yo quiero ser Tu hijo. Yo ahora recibo a Jesús como mi Salvador personal”. ¿Harán eso, cada uno de Uds.? ¿Harán...? ¿Lo recibirás, hijo, como tu Salvador? ¿Uds. que están allá? ¿Lo recibirán como su Salvador, todos en este lado, aquí? Muy bien. ¿Quieren recibir el Espíritu Santo? ¿Van Uds. a entrar para llevar a cabo una conferencia ahora, para recibir el Espíritu Santo? Si es correcto eso, levanten su mano a Dios. “Yo voy a entrar para recibir el Espíritu Santo”. Todos los que quieren amar a Jesús, levanten su mano. “Yo quiero servirle; yo lo recibiré en estos momentos. Nada que yo pueda hacer; yo lo acepto como mi Salvador, Alguien que murió por mí”.
91Ahora, ¿me atrevería yo a despedirlos a Uds. de aquí, sin que yo estuviera seguro (tan humanamente seguro como pudiera), que Dios...? Yo los quiero encontrar Allá a Uds. Yo los quiero encontrar a Uds., niños; yo los quiero encontrar a Uds. Yo los quiero encontrar a Uds. Ahora, con todo mi corazón, yo voy a orar. Y yo quiero que cada uno en este edificio incline su rostro; no quiero que traten de irse ahora. Vamos a orar por los enfermos en unos cuantos minutos. Y quiero que inclinen sus rostros, y quiero que oren conmigo que Dios salve a estas personas aquí. Yo creo en mi corazón, con todo lo que está en mí, que ellas ya están salvas. Yo sólo voy a ofrendar gracias a Dios. Ellas ya han aceptado a Jesús; levantaron sus manos que querían... ellas aceptaron a El como Salvador. Y, “el que me confesare delante de los hombres, Yo lo confesaré delante de Mi Padre y los santos Angeles. El que oye Mis palabras, y cree al que me envió, tiene Vida Eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a Vida”. Eso es la Biblia.
92Pero yo quiero que oren Uds.; yo quiero que den gracias a Dios. Luego todos nosotros vamos a entrar aquí en este otro cuarto, aquí, y quedarnos allí hasta que algo nos suceda. Inclinemos nuestros rostros en todas partes; oren conmigo, todos Uds. gente santa. A su propia manera, en su corazón, oren por estas personas. Querido Jesús, ¿cómo sé yo? Este pudiera ser el último sermón que yo daría. Esta pudiera ser mi última oportunidad para llamar a un pecador a arrepentimiento. Yo no sé, Señor; yo confío que sea capaz de hacerlo por años, hasta que Tú vengas, si eso sea posible y permisible Contigo. Pero aquí están jóvenes, y de mediana edad, y ancianos, parados en la plataforma, humildemente, dulcemente, aun estos niñitos con lágrimas en sus ojos, viniendo para recibirte como su Salvador. Tú dijiste esto en Tu propia Palabra: “Al que a Mí viene, no le echo fuera”. Ellos entonces son Tuyos, Señor; son los trofeos del mensaje de esta noche. Ellos son Tuyos, porque Jesús murió. Tú dijiste: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; ninguno de ellos se perderá. Yo le daré Vida Eterna, lo resucitaré en el día postrero”. Esa es Tu Palabra, Señor. Tú dijiste que “el que oye Mi Palabra, y cree al que me envió, tiene Vida Eterna; y no vendrá a condenación (o juicio), mas ha pasado de muerte a Vida”.
93Señor, yo los he llamado; el Espíritu Santo les habló a ellos. Ellos respondieron y vinieron; ellos ahora son Tuyos, Señor. Yo los encomiendo a Ti mientras–mientras Dios se los da a Jesús como dones de amor de Su gracia. Bendícelos, Señor. Que yo pueda en aquella Tierra, en donde Tú me tuviste el otro día, ver a estas personas otra vez, estrechar sus manos, me abracen de mi cuello, y yo los abrace de los suyos, llamándolos hermano y hermana. Cómo la vieja vida pecaminosa, carnal, habrá desvanecido, y toda la vieja naturaleza pecaminosa no será más, y nosotros seremos hermanos y hermanas verdaderamente genuinos. Qué momento será ése, Dios. Permite que llegue rápidamente, Señor Jesús; ven pronto. Transforma a estas personas en esta noche, Padre, pedimos. A todos los que Tú llamaste, Tú dijiste que los justificaste, y a todos los que Tú justificaste, Tú glorificaste. Yo pido que ellos sean Tuyos de aquí en adelante; los encomiendo en Tus manos, en el Nombre de Jesús, Tu Hijo.
94Aquí están parados muchos alrededor de este altar, al pie de esta barandilla: hombres y mujeres, muchachos y muchachas, que te han–que te han aceptado como Salvador personal. Ellos quieren ser llenos con el Espíritu Santo. Pedro dijo en el Día de Pentecostés, que la promesa era para ellos. Y nos damos cuenta que es la verdad en cada edad, desde entonces, y que todo hombre que viene sediento y hambriento, Tú nunca lo desechas. Tú siempre lo llenas; Tú cumples Tu Palabra. Yo pido, Dios, en esta noche, con todo mi corazón, y con todo lo que está en mí: no permitas que uno de estos... Yo reclamo a cada uno de ellos para Ti. Satanás, tú espíritu de duda, tú diablo de incredulidad, yo te condeno en el Nombre de Jesucristo, el Hijo justo de Dios, apártate de ellos. Que el Espíritu Santo de Dios caiga sobre ellos esta noche, y que sean llenos con el Espíritu Santo de Dios. Que cada uno de ellos salgan de estos campamentos mañana, predicando el Evangelio, testificando, yendo a todas partes; que diseminen las noticias por todas partes, que el Espíritu Santo todavía es real. Concédelo, Señor. Yo te los encomiendo a Ti con mi sincera oración. Y es dicho: “La oración eficaz del justo puede mucho”, cuando cientos de hombres y mujeres justos aquí, están orando. Dios recíbelos. Te los damos a Ti en el Nombre de Jesús. Amén.
95Muy bien, el líder aquí, ¿está la persona aquí para guiarlos? Den la vuelta ahora en esta dirección para ir al cuarto de oración. Sigan Uds. en esta dirección, hermano, hermana. El hermano está a la puerta allí, Uds. salgan por ésta... Pienso que esa es la manera para ir allá, ¿puede Ud. mover la cortina que está allá, para que ellos puedan entrar allí? Muy bien; el Hermano Sullivan se encargará de eso. Vayan ahora en esta dirección, para el–para el–el servicio de la búsqueda, el servicio de la espera. ¡No salgan Uds. de allí! ¡Entren Uds. allí con una determinación! Ud. dice: “Estoy cansado”. ¡Ese es el diablo! Ud. dice: “Yo voy a entrar; espero que lo reciba esta noche”. ¡Ese todavía es el diablo! “Yo voy a entrar para recibirlo, porque Dios me lo dio. El me lo prometió, y voy tras ello. Yo voy a llevar a cabo una conferencia, y yo voy a quedarme en esta conferencia hasta que Dios venga y me conteste”. Esa es la manera. “Dios, si Tú no me das el Espíritu Santo, Tú me vas a encontrar muerto aquí”. Eso es... Póngase sincero; Dios será sincero con Ud. Yo le amo, yo le amo, Porque.... [El Hermano Branham le habla a alguien–Ed.]. Aquí. Vaya allá atrás y recíbalo a El. El está allí mero esperándolo a Ud., en donde....
96Yo acabo de oír a algo encantador. Esa lindura, esa pequeña lindura rubia, casi como mi pequeña Sara sentada allí, ella dijo: “Hermano Branham, yo sólo quiero decirle a Ud. algo. Cuando Ud. estuvo aquí...” ¿Fue el año pasado, cariño? Fue cuando yo estuve aquí la otra vez. Ella tenía verrugas por todo su cuerpo. Dijo que yo oré por ella, y que todas las verrugas desaparecieron. Y en esta noche ella sintió que debía venir para darle su vida a Jesús. Dios bendiga su corazoncito. Dios te bendiga, amorcito. Ve allá atrás... Algunos de Uds....?... muéstrenle...?... allá atrás. Dios bendiga su corazoncito. Yo le amo (¡oh, hermanos!)... Porque El a (levantemos nuestras manos)... me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz. Tarareémosla. [El Hermano Branham empieza a tararear–Ed.]. (¡Oh, alabado Su Nombre! ¡Cómo estremece de emoción eso mi corazón!) ... mi salvación, Allá en la cruz.
97¿No están contentos Uds. que tuvieron una conferencia con El no hace mucho tiempo? ¿No están Uds. contentos que El estuvo allí para contestarles a Uds., sellarlos hasta el día de su redención con el Sello de Su gracia y Su Espíritu? Un hombre me dijo no hace mucho (un amigo muy precioso, un antiguo amigo predicador, allá cuando yo estaba en la iglesia Bautista), él dijo: “Hermano Branham, Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia”. Yo dije: “Eso es correcto, doctor”. El dijo: “¿Qué más podía Abraham hacer, sino creer?” Yo dije: “Nada más. Pero Dios le dio el sello de la circuncisión como una confirmación de su fe, de estar reconciliado”. Yo dije: “¿Lo ha sellado a Ud. alguna vez, doctor, con el Espíritu Santo?” ¿Ve? Si Ud. dice que tiene fe, y El nunca le ha dado todavía el Espíritu Santo, El nunca ha reconocido su fe. ¿Ve? Después que Abraham creyó a Dios, Dios le dio el sello de la circuncisión como una señal que El lo había reconciliado o reconocido su fe. Si Ud. dice: “Yo tengo fe en Dios”, y El nunca le ha dado el Espíritu Santo, El nunca lo ha reconocido todavía. Todavía hay algo que falta. Pero cuando El le da a Ud. el Espíritu Santo, El lo selló a Ud. hasta el día de su redención. ¡Oh, hermanos!, nada que temer; sólo camine y clame: “Yo le amo”. ¡Oh, hermanos!, sólo una vez más, eso suena tan bien. Escuchen: ¿no suena eso bien? ¡Muriendo! Ud. dice: “¿Suena bien que la gente muera?” Sí, me gusta oírlos morir de esa manera. ¡Amén! El Señor dijo: “Estimada es a Sus ojos la muerte de Sus santos”. Eso es correcto. Eso es correcto. Me gusta oírlos morir de esa manera; ellos se están muriendo a sí mismos. Sí, señor. Ud. dice: “Están haciendo mucho esfuerzo”. Bueno, se están esforzando para morir, eso es todo. Pero ellos–ellos–ellos morirán de seguro. Y entonces nacerán de nuevo. ¡Amén! Yo le amo, yo le amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.
98Yo estaba mirando mi reloj; los retuve tarde. Yo pensé: “Me disculparé”. Yo pensé: “No. Pablo predicó este mismo Evangelio toda la noche, una noche”. Un muchacho se cayó de la ventana y se mató. Pablo fue y tendió su cuerpo sobre el de él (porque él estaba lleno con el Espíritu Santo), tendió su cuerpo sobre el de él, y dijo: “Su vida está regresando a él. Todo está bien”. ¿Cuántos aquí tienen el Espíritu Santo? Muy bien. ¿Cuántos están enfermos?, levanten sus manos. Muy bien. Uds. que tienen el Espíritu Santo, pongan sus manos unos sobre los otros. El mismo Espíritu Santo que estaba en Pablo, está en Uds.; el mismo Evangelio está siendo predicado por el mismo poder. El no dijo: “Estas señales seguirán a los predicadores”. El dijo: “Estas señales seguirán a los que creen, a cada uno de ellos”.
99Pongan sus manos unos sobre los otros, y oren ahora unos por los otros; observen lo que sucede. Hermana, hermano, en esas sillas de ruedas y cosas, ¿qué de eso? Permitan que ésta sea la hora. Hermano Boze, ponga sus manos sobre... a lo largo de la fila de esa gente allí, y algunos del resto de Uds. Oren unos por los otros. ¡Eso es! Todos Uds. son predicadores, llenos con el Espíritu Santo: oren. Dios, en el Nombre de Jesús, derrama Tu Espíritu sobre esta gente. Envía el Espíritu Santo en gran poder; da unción. Sana a estas personas cuyos pañuelos y cosas las representan. Concédelo, Señor. Permite que Tu Espíritu y Tu poder entre en esta gente. Permíteles orar la oración de fe unos por los otros. “Estas señales seguirán a los que creen”. Esta es una conferencia. Permite que el Espíritu Santo venga y sacuda el edificio en donde estamos congregados, y que toda enfermedad y cosas se aparten y salgan de esta gente. Yo condeno al diablo y a todas sus obras, en el Nombre de Jesucristo. Amén.