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~ BARTIMEO EL CIEGO ~
1...?... que Tu gran Espíritu Santo, Señor, venga en esta noche en poder, y haga grandes milagros entre nosotros, sanando a los enfermos, llamando al hogar, al refugio, en tiempo de tormenta, a aquellos quienes están fatigados a lo largo del camino. Que aquellos quienes se han extraviado del sendero conocido, regresen en esta noche y sean reconciliados a Dios. Concédelo, Señor. Y cuando nos vayamos en esta noche, oramos que Tú hayas hecho algo entre nosotros, tan sobresaliente, que nos haga ir a nuestros hogares diciendo como aquellos que iban a Emaús: “¿No ardían nuestros corazones en nosotros, mientras El nos hablaba en el camino?” Pues lo pedimos en Su Nombre y por Su causa. Amén. Pueden sentarse. (Gracias, Hermano Roy).
2Nosotros somos... Estas cartas, oramos sobre ellas. Apreciamos su confianza en nuestras oraciones. Algunas de ellas están timbradas. Algunas, llegan al–al lugar en donde me estoy quedando... yo no... Ellos no las timbran, así que las estamos enviando de regreso tan rápido como nos es posible. Tuvimos una noche maravillosa, anoche, ¿no fue así? El Espíritu Santo nos bendijo. Ahora, yo veo allá en la–la área de la orquesta, a gente en camillas y catres. Ahora, sólo propónganlo en su mente ahorita, que esta es la última noche que Uds. van a sufrir. Uds. se van a ir a casa en esta noche y serán saludables. Uds. sencillamente van a creer eso en su corazón. Uds. no serán decepcionados. Por lo general, nosotros recibimos lo que esperamos ver, sólo lo que esperamos. Si yo pudiera entrar en esa pequeña área, y sacarlos a Uds. de allí, y hacerlos saludables, yo lo haría. Yo estaría tan feliz de hacer eso. Pero yo no puedo hacerlo; yo sólo soy un hombre, como este hombre aquí. Y yo–yo quisiera que pudiera. Pero yo sé que nuestro Señor está aquí. Y El es el Unico que puede hacerlos que salgan de las camillas, e irse a casa, y sean saludables. Confío que El lo hará. No únicamente a ellos, sino que a todos Uds. por toda la audiencia.
3Es hermoso ver esta fina audiencia en esta noche, un grupo fino de gente. Y nuestro precioso hermano ya ha hablado la Palabra. Y yo sólo quiero tomar unos cuantos minutos ahora, como en todas las noches. Yo no trato de predicar en la noche, sino sólo dar un pequeño drama, hasta que yo capto el sentir de la audiencia. Yo estoy seguro que Uds. entienden lo que yo quiero decir. Y luego, si es la voluntad del Señor, yo quiero predicar el domingo en la tarde sobre el tema: “Como el águila excita su nidada y revolotea sobre sus pollos”, eso es, si el Señor lo permite, el domingo en la tarde.
4Ahora en esta noche, sólo para... hasta que nos familiaricemos y... Todo esto es espiritual. Yo los miro a Uds. como seres humanos, como yo mismo lo soy, pero cada uno de Uds. tiene un espíritu. Y entonces cuando la unción del Espíritu Santo viene, es casi como un soplo, y uno puede sentir la fe, la incredulidad, y todo lo demás. Ahora, Ud. dice: “Eso es sicología, Hermano Branham”. Quizás lo es. Si es, nuestro Señor la usó, porque El–El llevó a un hombre fuera de la ciudad en una ocasión, para orar por él. Y luego en otra ocasión, sabemos que había una muchacha muerta en la casa, y la gente estaba haciendo una gran lamentación sobre eso. Y El sacó a la gente, y sólo dejó a los padres, y a Pedro, a Jacobo, y a Juan con El. Y El levantó a la–la muchacha de entre los muertos. ¿Ven?, hay algo al respecto. Y cada uno de Uds. están mirando. Su ojo es la puerta a su alma. Si Uds. pueden mirar a algo; casi gobierna los otros sentidos. Uds. pueden mirar a algo antes que lo gusten. Uds. pueden mirar a algo antes que Uds. lo huelan, y lo sientan, y demás. Generalmente el ojo es la puerta al alma. Y cuando Uds. están mirando... Y si Uds. únicamente pudieran permitir que sea eso una bendición para Uds., cuando ven con sus propios ojos, oyen con sus propios oídos, al Señor Jesús moviéndose entre el pueblo y haciendo cosas que El ha estado haciendo, debería entonces hacerlos tener una fe real.
5Ahora, Uds. no lo verán a El en un cuerpo físico, hasta que El venga por Uds. en la gran resurrección general. Entonces lo veremos a El. Y luego conoceremos como fuimos conocidos, lo veremos tal como El es. Esa es la hora por la que estamos todos anhelando y esperando, ese tiempo. Hasta que llegue ese tiempo, Su Espíritu está aquí. Y la Iglesia está llegando a ser más como El todo el tiempo. En la gran primera reformación en el tiempo de Lutero, la Iglesia se extendió ampliamente. Eso todavía era el Espíritu moviéndose en los días de Lutero. Luego llegó a la minoría otra vez durante el tiempo de Juan Wesley: santificación; él la llamó, la segunda obra de gracia. Y luego vinieron los Pentecostales: la restauración de los dones, todavía reduciéndose. Y se está reduciendo más ahora hasta que la Iglesia y Cristo llegan a ser uno. Cuando lo sean, será la Venida del Señor, y la resurrección de todos aquellos que duermen en El, se levantarán: Luteranos, Metodistas, Bautistas, Presbiterianos, todos los que tienen Su Espíritu, se levantarán para encontrarse con El en el aire. Dios, concede que ese tiempo sea muy pronto. Sí, ven, Señor Jesús.
6Yo estaba... Está en mi mente; vale más decirlo. Yo tuve un caso de eso, hace algún tiempo aquí. Yo fui a una–una ciudad, nosotros estábamos llevando a cabo una reunión, y yo... En alguna parte en Ohio (no recuerdo el lugar en estos momentos), y estábamos teniendo una gran reunión, de tal manera que, yo me fui al campo a quedarme en un pequeño motel. Había allí un pequeño restaurante Dunkard [restaurante germanoamericano de “la iglesia de los hermanos”–Trad.] justo al cruzar la carretera. Trabajaban allí las mujercitas más finas y de lo más limpio, y Cristianas en su aparencia. Y yo había estado ayunando como por tres días. Y los hermanos se habían ido al servicio. Yo iba a predicar ese domingo en la tarde. No iba a tener un servicio de sanidad. Y tenía una poca de hambre, así que yo pensé: “Yo voy a ir al restaurancito”. Pero ellos habían cerrado, y se habían ido a la iglesia; era domingo. Y justo al otro lado de la carretera, estaba una estación de gasolina, con un restaurancito americano común y corriente allí, y un pequeño lugar en donde vendían emparedados.
7(Es horrible el tener que decir esto, pero es la verdad). Y cuando entré, allí estaba un policía parado, como de mi edad (seguramente casado), y tenía su brazo alrededor de una mujer, jugando en una máquina tragaperras. El apostar es ilegal en Ohio, y allí estaba él apostando. Yo pensé: “Bueno, ¡es policía!” Yo miré a la parte de atrás, y uno de esos muchachos, de ese tipo “beatnik” con ese cabello largo colgándole en su cuello, y–y su chaqueta de mezclilla, y oh... y abajo de la cintura, como Uds. saben, con la ropa abajo, en su cadera. Estaba allí con su brazo puesto en una mesera como de dieciséis años, en donde no debía tenerlo. Yo pensé: “¡Oh, Dios!” Y miré hacia mi derecha, y allí estaba un hombre (era tiempo de verano) con un abrigo grande puesto (un abrigo del ejército), una bufanda grande, gris, en su cuello, y otro hombre sentado al lado de él, con una–una mujer anciana, lo suficiente anciana como para ser mi abuela. Y ella tenía este “manicura” en su cara, o como Uds. llaman esa cosa, lo “negrito...” Yo lo digo mal cada vez. ¿Cómo le llaman Uds. a eso? Es algo... Y... Es... de alguna manera... Les digo, que el usar eso, no es para los Cristianos; eso es de seguro.
8Yo soy misionero. Eso es una característica pagana. Eso es exactamente correcto. La gente Pentecostal no solía hacerlo, pero yo no sé qué sucedió. Cuando... Ellas no solían cortarse su cabello, pero yo–yo no sé qué sucedió. Alguien dejó caer las trancas en alguna parte. Nosotros solíamos decir una alabancita. Un anciano predicador Metodista la solía cantar: Dejamos caer las trancas, Dejamos caer las trancas, Nos comprometimos con el pecado. Dejamos caer las trancas; Las ovejas se salieron, Pero, ¿cómo entraron los chivos? La respuesta: Uds. dejaron caer las trancas.
9La pobre anciana con cabello que se le miraba azulado, estaba sentada allí, y tenía puesta una ropa muy cortísima, que un hombre estaría avergonzado de tenerla puesta. Y sentada allí... Y ella estaba borracha. Y yo miré alrededor, y yo pensé: “¡Oh, Dios!” Yo pensé: “Dios, ¿cómo puedes Tú...? ¿Cómo puedes Tú, siendo Santo y justo, mirar tal cosa como ésa? De seguro que Tú destruirías la cosa. ¿Mi pequeña Sara y Rebeca tienen que ser criadas en tal cosa como esa?” Y los dos hombres se excusaron y se fueron. Ellos dijeron que regresarían en unos cuantos momentos. Y yo estaba parado allí mirando a la mujer, criticándola con todo lo que estaba en mí, y pensando: “¡Qué cosa tan horrible!” Pero muchas veces, no deberíamos hacer eso. Nosotros no sabemos cuál es la historia que está detrás de ello. Y sucedió que Dios me enseñó una lección allí mismo.
10Yo sólo me fui detrás de la puerta. Algo me había dicho: “Ve para atrás”. Y cuando yo... me arrodillé para orar, miré y vi una visión del mundo dando vueltas de esta manera, se miraba como rociado de carmesí alrededor de él. Y yo mismo me vi primero, por así decirlo, parado en la tierra. Y cada vez que yo hacía algo mal, mis pecados empezaban a subir a Dios, pero Jesús actuaba como un parachoques para evitar... mis pecados que llegaban a Dios. Y cada vez que yo hacía algo mal, entonces parecía que mis pecados subían hacia Dios. Y luego Jesús los tomaba, y yo veía las lágrimas corriéndole por Sus mejillas y la Sangre sobre Su rostro, y El miraba hacia arriba y decía: “Padre, él no sabe lo que está haciendo. Perdónalo”. Y... de esa manera. Y yo pensé: “¿Son mis pecados los que están haciendo eso?” Y me acerqué a El; y miré, y allí estaba un libro abierto. Y mis pecados que estaban en él, eran terribles. Y yo dije: “Querido Señor Jesús, ¿me quieres decir que mis pecados son los que hirieron Tu costado, e hicieron salir las lágrimas de Tus ojos, y–y la Sangre en Tu rostro?” El dijo: “Sí son”. Yo dije: “Por favor perdóname”. Y El tocó Su costado, escribió en el libro: “Perdonado”, y lo arrojó por detrás de El. Yo dije: “Oh, yo siempre te estaré agradecido”. Y cuando El lo hizo, dijo: “Yo te perdono a ti, pero tú quieres condenarla a ella”. Y cuando El hizo eso, yo estaba mirando a la mujer otra vez.
11Yo me encaminé adonde estaba ella. Yo dije: “¿Cómo está Ud.?” Ella estaba bebiendo en demasía, y yo dije... Ella levantó su vista hacia mí, y dijo: “Oh, ¿cómo está Ud.?” Y yo dije: “¿Me pudiera sentar?” Ella dijo: “Ya tengo compañía”. Y yo dije: “No de esa manera. Yo sólo quiero decirle algo a Ud.” Y yo me senté, y le conté a ella. Y la miré, y ella estaba llorando. Y yo dije: “¿No está Ud. avergonzada?” Ella dijo: “¿Quién es Ud.? ¿Es Ud. ese ministro de allá en la armería?” Yo dije: “Sí, señora, el Hermano Branham”. Ella dijo: “Estoy avergonzada de mirarle a los ojos, Hermano Branham”. Ella dijo: “Mi padre era un ministro Metodista. Yo tengo dos hijas. Una de ellas es una Cristiana de mucho renombre. La otra es una maestra de escuela dominical”. Y ella me contó la historia de un esposo borracho, y cómo empezó ella. Ella dijo: “No hay esperanzas para mí”. Yo dije: “Si no hay esperanzas para Ud., ¿por qué Dios me mostró esa visión?” Y allí, yo la tomé de la mano, me arrodillé allí al lado de esa mesa, y la guié al Señor Jesús, allí mismo en ese lugar. Cuando me levanté, el policía estaba parado allí, y esa muchacha estaba parada allá atrás, llorando, e hizo una diferencia. ¿Ven Uds.?, debemos mirar las cosas de la manera que son. ¿Ven? Pues, nosotros no sabemos lo que está detrás de la historia.
12Abramos ahora a San Lucas el capítulo 18, el versículo 38. Me gustaría leer esto sólo para tener una pequeña plática antes que oremos y tengamos... por los enfermos. Entonces dio voces diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Nuestra escena empieza en la puerta del norte de la ciudad de Jericó, en el año 33 después de Cristo. Debe haber sido una mañana fría. El iba tarde. El había estado soñando toda la noche que él podía ver. Y él se había levantado tarde, y se dirigió a su pequeño lugar o sitio, en donde él mendigaba. Y, ¡oh!, en ese día había muchos mendigos. Si ellos no llegaban temprano a las puertas, cuando la gente iba entrando a sus negocios en la ciudad, bueno, ellos tenían que pillar a la persona. Quizás ellos podían proveer una sola moneda al día para un mendigo. Pero todos ellos habían entrado ahora, aparentemente, y él se quedó solo allí. El no podía oír a nadie en el camino. El miraba a... quiero decir, escuchaba para ver si alguien venía. Nadie venía. Así que él va y encuentra una roca, y se sienta. Y él empezó a pensar de la noche cuando estaba soñando. Entonces recordó... Ese cálido sol de Palestina empezó a calentarlo un poquito en su saco harapiento, mientras él estaba sentado en esa roca cerca del muro, justo fuera del alcance de la sombra. Y él tenía su rostro arrugado vuelto hacia el suelo.
13Y él pudiera haber estado pensando algo como esto: su mente regresó muchos años atrás, a esa misma ladera, o cerca de Jericó siendo un niño, cuando él podía ver, y cómo le gustaba a él correr de arriba a abajo por la colina, y cortar pequeños botones de oro en el principio de la primavera, y recostarse en la ladera, y observar las nubes blancas pasar, y los cielos azules reflejando. ¡Qué hermoso mundo era! Y ahora él estaba viejo, y todo se había acabado, y estaba ciego y mendigando por su sustento. ¡Cuán cruel parecía que la naturaleza había sido con él! Y mientras él estaba pensando en eso, él recordó de cómo su madre solía llamarlo desde el otro lado de la colina. Como a eso de las dos de la tarde, lo llamaba. Y después de que él había comido su almuerzo de mediodía, él... ella se sentaba afuera en el porche del lado que miraba hacia el río Jordán, y ella lo tomaba en sus brazos, y le movía hacia atrás los pequeños rizos oscuros judíos, pasándole su mano, y lo besaba y decía: “Bartimeo, eres el niño más dulce de todo el mundo. Estoy tan contenta que tú eres mi niño”. Y cómo él la miraba y veía sus hermosas mejillas, y los grandes ojos cafés mientras le sonreían a él, mientras ella abrazaba a su niño cariñosamente y lo besaba, y....
14Y él solía amar oírla a ella contarle historias antes de mecerlo para dormirlo. Una de sus historias favoritas era tocante a un niño. En una ocasión; en el tiempo de la Biblia, ella le contaba la historia de un poderoso profeta que vivió, de nombre Eliseo, que usó el manto de Elías, con una doble porción de su Espíritu. Y cómo este hombre fue un gran siervo de Dios; cómo Dios honraba sus oraciones, y honraba a aquellos quienes lo honraban a él. Y él pasaba por una cierta ciudad, y había una mujer en esta ciudad que era una mujer honorable (no era hebrea, sino que ella era una sunamita), pero ella honraba a ese hombre porque él era un gran hombre de Dios. Y ella creía en Dios. Y cómo ella le decía de la cortesía de la mujer honorable: lo invitaba a que entrara y comiera con ella y su esposo. Y un día ella le dijo a su esposo: “Me parece que este varón que cena con nosotros, cuando él pasa, para subir al monte, a su cueva en el monte Carmelo para orar, me parece que él es un varón piadoso, un varón santo, un gran varón de Dios. Yo pienso que deberíamos hacer algo para él”. Y ellos... dijo: “Te ruego, que aquí al lado de nuestra casa, le construyamos una pequeña casa para él, sólo para que... El se siente apenado, tal vez, de entrar y comer con nosotros todo el tiempo, así que pongámosle una mesa pequeña allí y una–una pequeña jofaina, y un pequeño candelero, y una cama, una silla para que él pueda descansar y él pueda refrescarse cuando pase por aquí.
15Y cuando el gran profeta pasó por allí y encontró esto, sencillamente le bendijo su alma al ver que ella amaba a Dios lo suficiente como para honrar a Su siervo. Así que ella... Entonces el profeta le dijo a su siervo Giezi: “Ve, pregúntale a ella si yo pudiera hablarle al general principal o si hay algún favor que yo pudiera hacer por ella”. Y el siervo regresó y dijo: “No, ella dice que ella habita en medio de su propio pueblo, y que no tiene necesidad de nada. Gracias, de todos modos”. Pero Giezi dijo: “Su marido es viejo, y ellos no tienen hijos”. Así que ha de haber sido Dios que le dio una visión al profeta. Entonces cuando él... Dijo: “¡Llámala a la puerta!” Y cuando ella se paró a la puerta, el anciano profeta se levantó y dijo: “ASI DICE EL SEÑOR, el año que viene, tú tendrás un hijo”. Sin embargo, la mujer no podía ver cómo eso pudiera ser posible, pero en el tiempo señalado ella tuvo un niño hermoso. Y cómo ella amaba a este niño.
16Y puedo oírla a ella decir: “Bartimeo, ¿sabes tú?, los niñitos y las niñitas son las bendiciones de Dios para una familia. Hay algo respecto a ello que ata a la familia junta. ¿Ves tú, Bartimeo?, Dios le dio a esa mujer solitaria un niño. Y Dios nos dio a ti, Bartimeo, a mi esposo y a mí, tú papi. Y ahora, tú eres nuestro tesorito aquí en casa. ¡Oh, te amamos tanto!” Y él ponía sus bracitos alrededor de su cuello y la abrazaba. Y allí él estaba ahora, arrugado y viejo. Y ella había muerto hacía años. Luego ella le contaba la historia de cómo el niño quería seguir a su papá, dijo: “Igual que tú, Bartimeo”. Iba al campo. Y un día, ha de haber sido como al mediodía, lo más caluroso en Palestina. Y le ha de haber dado una insolación por el sol, porque él gritó: “¡Ay mi cabeza, mi cabeza!” Su padre lo envió a casa. Y él se sentó en las piernas de su madre como hasta mediodía, y él murió. Pero cómo Dios lidió con esa mujer. Cómo ella se lo llevó a él, y fue a ese lugarcito y lo puso sobre la cama en donde el profeta se había acostado (el representante de Dios), lo puso sobre la cama.
17Ella enalbardó una mula y se fue al monte Carmelo. El profeta no sabía cuál era su problema. El envió a Giezi, y dijo: “Ve, y ve cuál es el problema de la sunamita. Ella tiene pesar en su corazón y Dios me ha encubierto el motivo”. Dios no les dice todo a sus profetas. El sólo les dice a sus siervos lo que El quiere que ellos sepan, nada más. ¿Ven? Ellos no pueden hacer que Dios les diga nada más. Dios sólo dice lo que El desea decir. Y entonces, el–el siervo tomó el báculo de Eliseo para ir a ponerlo sobre el niño, pero la mujer se mantuvo allí. Ella sabía que Dios estaba en ese profeta, y ella dijo: “Yo no te dejaré”. Ella quería saber por qué Dios le había dado a ella el bebé, y luego se lo había quitado. Pero, ¿ven Uds.?, todas las cosas les ayudan a bien para aquellos que aman al Señor. Ella le enseñaba a Bartimeo esas lecciones. Entonces él se detenía a pensar y decía: “Entonces, ¿cómo pudiera ser para bien que yo esté ciego? Pero mi madre, sin duda, estaba correcta”.
18Entonces él continuó con su sueño. Y después de un rato, empezó a pensar otra vez: “Mira: ¿sabes qué? Eliseo entró en ese cuarto, caminó de una punta a la otra, de atrás para adelante en el piso, fue y tendió su cuerpo sobre ese niñito muerto y el niño estornudó siete veces y volvió a vida”. ¡Oh!, cómo sus ojitos le brillaban, decía: “Mamá, ¿ese Dios todavía vive?” “Oh, sí, querido. El vive aquí mismo en estas colinas de Judea. El se queda en Su pueblo. El nunca los deja”. Eso estaba sonando dentro de su corazón. Toda la noche él había soñado que tenía su vista otra vez. El pensó: “Oh, cuán glorioso sería aquí, si yo pudiera ver las hojas de otoño caerse, si yo pudiera una vez más mirar alrededor”. (La ceguera es una cosa horrible. El mundo entero está aislado de Ud., el mundo visible).
19Y allí, sentado allí... Y luego él solía pensar de otra gran historia. Su madre se sentaba en el porche, mirando hacia el Jordán, y ella decía: “Bartimeo, justo allí mismo, a menos de media milla [a menos de 800 m.–Trad.], justo adelante del vado, en el mes de abril, cuando toda la nieve se había derretido y el río estaba hasta aquí en el–en el valle, Dios guió a Su pueblo al otro lado, y luego abrió el camino, y cruzó el Jordán en tierra seca. Y él pensaba en esas historias. El decía: “Oh, pero, ¡ay de mí!, me pregunto qué le sucedió a ese gran Dios. Nuestro sacerdote nos dice que ‘los días de los milagros han pasado; esas cosas ya no pueden suceder’”. Ese es el problema hoy en día. Tenemos mucho de eso, diciendo que Dios “era”, pero “no es” ahora. La Biblia dice que “El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. Tanto es Dios hoy en día como lo era en ese entonces, y El siempre será Dios. Si El alguna vez era Dios, El siempre será Dios. El no puede morir. El–El no puede envejecerse. El no puede cambiar Su mente. El no puede hacer nuevas decisiones sobre las cosas que El ya ha hecho decisiones. Su primera decisión fue correcta y por siempre tiene que ser correcta, o El hizo la decisión incorrecta cuando El la hizo. ¿Ven? El siempre tiene que mantenerse con Su primera decisión. El es perfecto, infinito, y no puede cambiar. ¡Oh!, esa es una consolación que debemos tener. Todo aquel buscando a Dios, debe tener esa firme consolación, que Dios no puede cambiar.
20Yo puedo decir algo, y decir: “Lo siento que lo dije”. Yo pudiera haber estado errado. Pero El no puede decir eso, porque El es perfecto, El es infinito. Nosotros somos finitos. Nosotros podemos hacer cualquier clase de error, pero El no puede. Y si El alguna vez fue llamado a la escena para sanar a una persona, y El sanó a esa persona de acuerdo a su fe, la siguiente vez que El es llamado, El tiene que sanar a la siguiente, y a la siguiente, y a toda aquella que venga a El. Si El es llamado a la escena para salvar a una persona, y El la salva sobre su fe, cada una que lo llame con fe, El tiene que salvarla. Correcto. Y recuerden: bienaventurado es Ud. cuando Dios lo llama a Ud., cuando Ud. siente el llamado de Dios, porque: “Ninguno puede venir a Mí, si Mi Padre no lo llamare primero”. Es Dios tocando a la puerta de su corazón. ¿Qué si El nunca tocara? Piénsenlo. Qué cosa tan horrible sería esa. Pero Dios le da a cada uno una oportunidad. Ud. mismo la rehúsa.
21Mientras Bartimeo estaba sentado allí, de repente él oyó el chasquido de las pezuñas de una mulita que venía caminando por los grandes adoquines, iba rumbo a Jerusalén. “¡Oh!”, él piensa: “Este debe ser un–un hombre rico que viene”. La única manera para viajar en ese entonces, era a pie o por medio de un burro. Y–y la gente rica podía cabalgar en una mula. El pudiera haber dicho: “Esta debe ser una oportunidad para poder obtener una limosna”. Así que él levanta sus manos, corriendo a la calle, o al camino, diciendo: “Ten misericordia de mí, yo soy un hombre ciego. Yo me quedé dormido esta mañana. Yo no tengo una moneda. No tengo mi leña para el invierno. No hay harina en el barril. ¿Me ayudaría, por favor?” Y el siervo detiene la mulita, y él oye una–una voz tosca diciendo: “¡Quítate de mi camino, mendigo! Yo soy el siervo del Señor. Yo soy un sacerdote de Jerusalén. Va a estar un fanático (así llamado profeta) aquí hoy, para tener un servicio de sanidad. ¡Quítate de mi camino! Vamos a traer aquí a la asociación ministerial, y asegurar que nada como eso suceda en nuestra ciudad. Nosotros no queremos nada de eso allí. No tendremos tales cosas como ésas allí. Tú quieres, ¿qué? ¡Quítate de mi camino, mendigo! Debo seguir mi camino”. Y la mulita continuó caminando.
22Bartimeo encuentra cómo regresarse. El sol ahora se había levantado muy alto y la sombra del muro había retrocedido un poco, así que él encuentra una roca cerca de la puerta, palpando alrededor las piedras viejas que... en donde el muro había caído. Y él se sentó en esa piedra. Y él pensó: “¿De qué estaba soñando? De mi niñez, cuando yo podía ver, cuando yo era un niño. Yo estaba pensando de un gran Jehová Dios, que una vez era. Oh, de seguro un siervo de Dios no actuaría de esa manera. ¿Qué fue lo que él me dijo tocante a un profeta? Oh, me supongo que no lo capté”. Y en... El se sentó y pensó: “Bueno, tú recuerdas que hace años, mi madre me había contado muchas veces, que allí por ese mismo camino, sobre esas mismas piedras, pasaron Elías y Eliseo, juntos, yendo para abrir el Jordán”.
23Sobre las mismas piedras, no más de veinte yardas [18.20 m.–Trad.] de donde él estaba sentado, un día dos grandes profetas caminaron juntos al Jordán. El mismo camino, las mismas piedras. “¡Oh, si yo hubiera vivido en ese entonces! Yo hubiera corrido allí y dicho: ‘Grandes siervos del Señor Dios, sólo pídanle a Dios. Dios oirá sus oraciones. Mis ojos se abrirán (como ese niño parado aquí anoche, que nació ciego). Mis ojos se abrirán, y podré ver. Y yo podré trabajar y–y ganar un sustento, y demás. Si...’ Pero, ¡ay de mí!, esos profetas murieron. Ellos dicen que no hay más profetas, y no hay nada más que quede, y Jehová nos ha abandonado y ya no hay más... los días de los milagros han pasado. Y El sólo espera de nosotros que vivamos para ir al Cielo. Y entonces cuando muramos, nos iremos Allá arriba. Pero ya no hay más ayuda para nosotros. Y yo creo que si yo hubiera ido allá adonde Eliseo y Elías, yo no hubiera sido tratado por esos siervos del Señor como lo fui por éste, que acaba de pasar. Yo creo que ellos hubieran considerado mi caso, y por lo menos, ofrecido una oración por mí mientras ellos pasaban por aquí”.
24¿Saben Uds.?, como un siervo de Dios, Uds. deben tener cuidado de lo que están haciendo, porque Uds. son cartas escritas, leídas por todos los hombres. Uds. Cristianos, siempre estén dispuestos a dar una mano, o hacer algo para ayudar a alguien, para hacer la vida un poco más placentera para ellos, mientras ellos están... Uds. dicen: “Bueno, yo no tengo ningún don de sanidad”. Uds. no tienen que tenerlo. Por lo menos ofrezcan algo. Ofrezcan una oración. Hagan algo. Háganlos que se sientan... Hagan lo mejor que Uds. puedan por ellos, de cualquier manera. Nunca vuelvan la espalda, ni traten con frialdad a ninguno, no importa lo que sean, aún si ellos lo han maltratado. Háganlo de todas maneras. Si Uds. no pueden hacerlo de corazón, entonces Uds. deberían venir al altar y quedarse hasta que ese Espíritu entre en Uds., y que de su corazón, Uds. puedan amar a esos que no los aman a Uds. Eso es cuando Dios contestará su oración, pues mientras haya cualquier cosa en su corazón... “Si yo concibo iniquidad en mi corazón, entonces Dios no me escuchará”. Eso es lo que David dijo, y eso–eso es la verdad. El no los escuchará.
25Entonces, Elías había pasado por allí y Eliseo, yendo allá, pero el pobre hombre ciego había sido enseñado que los días de los milagros habían pasado. Entonces él recordó que después de que Josué había cruzado al otro lado del Jordán, que como a unas quinientas yardas [455 m.–Trad.] de donde él estaba sentado, Israel acampó, hicieron su campamento. Y un día, ese grande y poderoso guerrero, Josué, quien tomó el lugar de Moisés para guiar a los hijos a la tierra prometida, y cuando él un día andaba afuera, caminando alrededor, mirando los muros de Jericó, pues su primer objetivo era tomar esa ciudad. Todos ellos estaban adentro, las puertas cerradas, y sus grandes rocas puestas arriba para arrojárselas a ellos cuando se acercaran. Y él estaba preguntándose exactamente cómo él iba a ser capaz de tomar esa ciudad, porque se les había sido dada a ellos, y cómo sería la manera que Dios había planeado hacerlo. Y dio la casualidad que él miró, y parado delante de él, allí estaba un poderoso Guerrero con Su espada desenvainada. Y Josué sacó su espada y fue a encontrarse con El. El dijo: “¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?” Y la espada brillaba sobre Su cabeza, El dijo: “No, Yo soy el Príncipe del Ejército del Señor”. El poderoso Josué arrojó su espada al suelo, se quitó su escudo, lo puso abajo, su casco, y cayó a Sus pies, ante El.
26Y luego Bartimeo el ciego pensó: “¿Sabes qué? Eso sucedió exactamente aquí mismo. Ese gran Príncipe del Ejército del Señor estaba parado en el suelo, allí mismo; pero los días de los milagros han pasado”. No tenía la menor idea, que a menos de unas cien yardas [a menos de 91 m.–Trad.] de él, estaba ese mismo Príncipe del Ejercito del Señor, abriéndose paso. Cuando pensamos en Dios, es cuando empezamos a soñar sueños de ser saludables, cuando soñamos sueños de ser salvos, cuando empezamos a pensar tocante a nuestros pecados y cuán crueles son ante Dios, es cuando El se acerca. Fue cuando esos discípulos, con el corazón destrozado, iban camino a Emaús, que Jesús salió del matorral y empezó a hablarles a ellos, mientras ellos estaban pensando en El.
27¿Ven Uds.?, el problema hoy día, es que tenemos tanto dinero y cosas en nuestra mente, que Dios no puede tener un lugar para entrar en nuestro pensar. Queremos ir al centro, comprar vestidos nuevos, o sombreros nuevos, o alguna otra cosa; y tenemos que ver a Susi y a Juan; vamos a jugar baraja esta noche; nosotros no podemos ir a la iglesia esta noche, porque se está pasando el programa: “Amamos a Susi”, o algo similar, los programas de televisión. Tenemos todo lo demás en nuestra mente. Las iglesias tienen tantas sociedades y cosas para mantenernos muy ocupados, que se dejan fuera las reuniones de oración. Necesitamos acercarnos a Dios, para que El se acerque a nosotros, amigo. Correcto. Pero todo lo demás ha tomado el lugar de la reunión de oración. Todo lo demás ha tomado el lugar de la real adoración espiritual. Oh, quizás dos o tres minutos en la iglesia. Pero a mí simplemente me gusta postrarme y bañarme delante de El en Su... ¿No les gusta a Uds. eso? Oh, sólo levantar sus manos y beber de la Fuente, hasta que Uds. simplemente no puedan beber más, sólo burbujeando en Su dulzura y en Su bondad.
28Yo le estaba hablando a un notable evangelista, mi hermano, T.L. Osborn. El dijo: “Yo estaba pensando, Hermano Branham, de cómo es que–que todo mi objetivo es salvar almas y dar todo mi tiempo para salvar almas para Cristo”. Dijo: “Luego por casualidad pensé: ‘¿Qué–qué de mi propio amor y devoción a Cristo?’” Cristo también lo ama a él. El nos ama a nosotros. Ponemos mucho tiempo y cosas, pero Dios quiere que nos apartemos, y que sólo nos sentemos, y le adoremos a El, y hablemos con El, hablarlo. Yo amo eso. Oh, esa dulzura. Ese es el momento más grandioso de la vida de cualquiera, es sólo sentarse y meditar, y no pensar en otra cosa. Si Uds. harían eso, no habría tanto nerviosismo por todo el país, si nosotros sólo pensáramos en Dios. “Acercaos a Mí, y Yo me acercaré a vosotros”. 29 Mientras nuestro ciego mendigo estaba sentado allí en esa mañana fría, tiritando, y tratando de que el sol cálido bañara su espalda, él pensó de ese grande y poderoso Guerrero que se paró justamente afuera de la puerta en donde él estaba sentado, y le habló a Josué y le dio todas las instrucciones, de cómo los muros caerían al toque de la trompeta, y demás. El estaba pensando: “Pero ese–ese gran Dios no puede morir. El está vivo para siempre”. En ese momento, él escuchó un ruido. Ese mismo gran Príncipe en jefe, iba saliendo por la puerta, rumbo a Jerusalén. Y ¿saben Uds.?, hay algo al respecto que en donde Jesús está, generalmente hay mucho ruido. Yo no sé por qué, pero se hace mucho ruido. ¿Saben Uds.?, el sumo sacerdote, cuando él entraba en el lugar Santísimo, él tenía... él estaba ungido con un–un perfume y con aceite de la unción. Y en su... el borde de su vestido, ellos tenían una granada y una campana. Y cada vez que él caminaba, eso tocaba: “Santo, santo, santo al Señor”. Y de la única manera que ellos sabían que él estaba vivo, cuando él estaba allí en el lugar Santísimo, era porque había ruido. Yo me pregunto si no hay falta de vida en alguna parte. Muy bien. Esa es la única manera que ellos sabían que él estaba vivo, porque estaba haciendo ruido allí adentro. Ellos estaban escuchando para ver si todavía había vida allí adentro, después de que él entraba al lugar Santísimo.
30Y cuando Jesús salió por la puerta, llegó allí una gran multitud agolpándose, y tal vez atropellaron al pobre anciano mendigo. Y él estaba ciego, y él dijo: “¿Qué está sucediendo? ¿Qué es lo que pasa?” Nadie le estaba prestando nada de atención a él, y él oyó la... a alguien diciendo: “¡Hosanna!, ¡Hosanna al que viene en el Nombre del Señor! ¡Hosanna!” Las mujeres estaban gritando. Los hombres estaban gritando. Luego él podía oír a otros mofándose y haciendo burla. Luego él oyó al–al director de la asociación de Jerusalén, a ese sacerdote, gritar y decir: “Oye, tú profeta impostor, ellos me dicen que tú resucitaste a un hombre muerto. Nosotros tenemos todo un cementerio lleno de ellos aquí. Sube allá y resucita a esos, y déjanos verte hacerlo”. Pero, ¿ven Uds.?, Jesús nunca obedeció a los diablos; El sólo los dejaba seguir adelante. El tenía... El le obedecía al Padre, lo que... El hizo lo que el Padre le mostraba a El hacer...?... El no convirtió ningunas piedras a pan. Ellos le pusieron un trapo sobre Su rostro en una ocasión, y lo golpearon en la cabeza, dijeron: “Ahora, si tú eres un profeta, dinos quién te golpeó. Nosotros te creeremos si...” Pusieron un trapo... Y El nunca abrió Su boca para decir una sola palabra.
31Colgando en la cruz, ellos dijeron: “Suelta tus manos. Desciende de la cruz, si tú eres el Cristo”. El pudiera haberlo hecho. Seguro que El pudiera. El pudiera haberlo hecho. Pero si El lo hubiera hecho, El le hubiera estado obedeciendo al diablo. Correcto. Así que, como Billy Sunday dijo en una ocasión, dijo: “En cada árbol había cincuenta Angeles sentados allí, dijeron: ‘Sólo–sólo suelta Tu mano y apunta hacia nosotros, y cambiaremos esta escena aquí en unos cuantos minutos’”. Caifás dijo: “A otros salvó, a Sí mismo no se puede salvar”, no sabiendo que él le estaba dando a El el cumplido más grande que jamás se le había dado. Si El se hubiera salvado a Sí mismo, El no hubiera podido salvar a otros, así que El mismo se dio para poder salvar a otros. Yo estoy contento que El fue capaz de resistir la tentación del diablo. Jesús... Cuando Uds. oyen a la gente decir: “Déjame verlo a El sanar a este; déjame verlo a El sanar a ese”, sólo sepan que ese es el diablo. Esa es la misma voz. ¿Ven?
32“Este hombre anciano aquí en la esquina, él tiene... vende lápices. Yo sé que él es un buen hombre. Ven y sánalo a él. Déjenme ver a sus sanadores divinos hacer eso”. Sólo recuerden: esa es la voz del diablo. Correcto. Sólo recuerden. Eso es lo que dice la Escritura. Y hay muchos de ellos que simplemente son muy semejantes a esos, pero... Por supuesto, los diablos no mueren. El–el diablo se lleva a su hombre, pero nunca su espíritu. Dios se lleva a Su hombre, pero nunca Su Espíritu. La batalla continúa lo mismo.
33Y entonces, estas multitudes se agolparon y ellos le gritaban a El, esto, eso. Entonces finalmente él dijo: “¿Qué está sucediendo? ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que pasa aquí? ¿De qué se trata todo este agolpamiento? ¿A qué se debe todo ese ruido?” Nadie le estaba prestando nada de atención a él. Y yo creo, pensemos que fue un buen creyente en el Señor Jesús, quizás una jovencita que se acercó: “El pobre hombre anciano”. Y ¿saben Uds.?, la gente que sigue a Jesús, tiene compasión por gente como ésa, los seguidores de Cristo. Se acercó, levantó al hombre anciano, y dijo: “Señor, ¿lo han–lo han tumbado aquí de la roca?” “Sí, señorita. ¿Qué está sucediendo?” “Oh, ¿Ud. no sabe?” “No”. “Bueno, ¿ha oído Ud. alguna vez de Jesús de Nazaret?” “No creo que haya oído”, dijo Bartimeo. “Bueno, Jesús de Nazaret es ese gran Profeta que Moisés dijo que se levantaría entre nosotros, de entre nuestro propio pueblo. El está pasando por aquí. Oh, si Ud. lo hubiera visto a El, yo estoy segura que El le hubiera restaurado su vista a Ud.”. “¡Oh!, ¿dónde está El?” “Oh, El está como a cien yardas o doscientas [ como a 91 m. o a 182 m.– Trad.] más adelante en el camino”. El se levantó: “¡Oh, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Ten misericordia de mí!” Algunos de ellos dijeron: “¡Oh, cállate! Tú haces tanto ruido que me das dolor de cabeza. Y el resto de ellos por todos lados, también gritando: ¡Cállate!” “¡Oh, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” Yo no creo que El pudo haber oído su voz; había mucha gritería y alboroto. Pero él sabía que si El era ese Profeta de Dios, El podía ser tocado. Yo creo que quizás él se arrodilló, y dijo: “¡Oh, Señor Dios, por favor detenlo! Por favor, Señor, sé misericordioso conmigo, mientras la misericordia está pasando por aquí”. Y Jesús se detuvo, miró hacia atrás.
34Yo lo creo. La mujer tocó Su manto. El sintió que virtud salió de El. Ese es el mismo Jesús, sólo unos cuantos días después. Sus–sus–sus gritos no lo detuvieron a El, sino que su fe lo detuvo a El. Y la Biblia dice: “Jesús se detuvo”. ¡Oh, hermanos! Cuando una fe de un mendigo ciego puede detenerlo a El en Su camino, un hombre que estaba sentado afuera de la puerta, excomulgado de–de lo que nosotros llamamos “la sociedad”. Y él era un mendigo, y pobre, y harapiento, y ciego, y miserable, pero su fe detuvo al Hijo de Dios. ¿Qué estaba sobre el Hijo de Dios? El iba en Su camino a Jerusalén para ser crucificado por los pecados del mundo. Todo el peso de todo pecado que alguna vez fue cometido en el mundo, estaba sobre Sus hombros preciosos. Su mente estaba angustiada. Le estaban arrojando fruta y verdura podrida a El: “Fuera con tal hombre”. Otros gritando: “¡Hosanna! ¡Hosanna!” El otro gritando: “Ven, resucita a los muertos. Muéstranos algo que puedes hacer tú”. Tal confusión como ésa, pero El mantuvo Su rostro hacia Jerusalén. El sabía que El iba allá para morir por la gente que estaba clamando por Su Sangre.
35¿Pueden Uds. imaginarse lo que era eso? Sus propios hijos, clamando por la Sangre del Padre. Eso es exactamente correcto. Y luego, con todo eso sobre Sus hombros, con todo eso enfrentándolo a El, y El sabía que iba para hacer eso, sin embargo, el clamor, y la oración, y la fe de ese solo ciego anciano mendigo, lo detuvo a El en Su camino. Y El volteó, y dijo: “Tu fe te ha salvado”. ¡Oh, hermanos! “Tu fe te ha salvado”. Yo puedo oír a algunos de ellos decir: “¡Ten ánimo! ¡Ten ánimo!” El continúa por el camino. El se para; él dijo: “¿Qué me dijo El? ¿Qué dijo? ‘Tu fe te ha salvado’”. Parado, mirando. Después de un rato, él empezó a ver sus dedos. Algo estaba sucediendo. Su fe estaba siendo confirmada. La fe de Uds. puede detenerlo a El en esta noche. En el gran agolpamiento, la Venida del Señor Jesús, y todo lo que hay, no hay una persona aquí demasiado pobre, o demasiado harapienta, o demasiado insignificante; Ud. no es de moral o vida demasiado baja, que Ud. no pueda detenerlo a El allí en donde El está ahora, y El se detendrá y lo llamará a Ud.
36Hace algún tiempo yo estaba estudiando una pequeña lección sobre Bartimeo que decía que él había estado ciego por muchos años. El tenía una esposa y una niña. Y una noche, su esposa se enfermó gravemente. Y él–él salió y oró. El dijo: “Señor, sana a mi esposa. Y si permites que mi esposa esté bien de salud....” El tenía–él tenía que hacer algo para hacer pequeños trucos para el público, o nunca sería capaz de detenerlos. Como en la India (y Hermano Osborn, si Ud. está aquí en esta noche, sabe de lo que estoy hablando), ellos tienen un pequeño mono, o alguna otra cosa, que ellos tienen que hacer para... o tienen una–una víbora cobra, o alguna clase de algo, encantamiento, para detener a los turistas para obtener dinero cuando ellos pasan por allí.
37Y ellos decían que Bartimeo tenía dos tortolitas y ellas hacían pequeñas volteretas una sobre la otra. Y eso atraía la atención del–del transeúnte, de los turistas, y de la gente entrando y saliendo de la ciudad. El dijo: “Señor, yo amo a mi esposa. Si Tú le permites que sane, mañana te daré esas dos tórtolas como sacrificio”. Bueno, su esposa sanó, y él llevó las tórtolas como sacrificio. Luego, después, su niñita que él nunca había visto en su vida (él ya estaba ciego cuando ella había nacido), como de unos doce años de edad... Decía que ella tenía cabello dorado muy hermoso. (Es una pequeña historia, por supuesto). Y decía que una noche ella se enfermó. Y el doctor había estado allí, y dijo: “Bartimeo: ella tiene fiebre. Ella sencillamente no puede vivir con esta clase de fiebre”. Y después de que se fue el doctor, él palpando salió para afuera de la casa, cuando el viento estaba soplando alrededor, junto al rosal. Y él miró hacia arriba adónde él pensó que estaría Dios, y él dijo: “Padre, yo no tengo nada. Yo sólo tengo una cosa que me queda, y ésa es mi cordero”. Y hoy en día, Uds. ven... no recuerdo cómo ellos le llaman cuando un perro guía a un hombre ciego. Y un ciego guía al ciego... el perro ciego guía al ciego... o mejor dicho, el perro guía al hombre ciego. En aquellos días ellos tenían un cordero que guiaba al ciego en lugar de un–un perro. Ellos entrenaban a un cordero. Bartimeo tenía un cordero, y lo guiaba a él a su lugar en donde él mendigaba. Y él dijo: “Señor, si Tú sólo permites que mi niña sane, yo llevaré mi cordero y lo sacrificaré para Ti”.
38Y la niñita sanó. Y al siguiente día, él iba en camino a llevar el cordero a la iglesia, al lugar de sacrificio. Y el sacerdote estaba parado en el... sobre los barandales del edificio; él dijo: “¿Adónde vas, ciego Bartimeo?” El dijo: “Yo voy al templo a sacrificar este cordero al Señor”. “Oh”, él dijo: “Ciego Bartimeo, tú no puedes sacrificar ese cordero. Mira, yo te daré lo que cuesta un cordero, y tú cómpralo en los establos, y sacrifícalo”. El dijo: “Yo nunca le prometí a Dios ‘un cordero’, yo le prometí a El ‘este cordero’”. El dijo: “Ciego Bartimeo, pero tú no puedes hacer eso: ese cordero son tus ojos”. El dijo: “Si yo cumplo mi palabra a Dios, Dios proveerá un cordero para los ojos del ciego Bartimeo”. Ese día frío de noviembre, eso es lo que Dios había hecho: había provisto un Cordero para los ojos del ciego Bartimeo. Permítanme decir esto en esta noche, mi querido hermano, hermana: ese mismo Cordero es provisto para Uds. y para mí. Dios ha provisto un Cordero para abrir nuestros ojos de entendimiento, para nuestra... este Cordero fue provisto para nuestra sanidad. El fue provisto para que Su Espíritu pudiera vivir entre nosotros hasta este día, para traer a Cristo a nosotros en una realidad. El Cordero de Dios es provisto.
39“¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Oremos. Bondadoso Dios, lleno de misericordia y verdad, “Tú, el torrente de toda mi consolación”, dijo la ciega Fanny Crosby, “más que vida para mí, ¿a quién tengo yo en la tierra aparte de Ti, o a quién en el Cielo sino a Ti?” Y ella clamó otra vez: “No pases de mí, o bondadoso Salvador, oye mi humilde clamor. Mientras a otros Tú estás llamando, no pases de mí”. Querido Jesús, esa es nuestra plegaria humilde en esta noche: no pases de este auditorio aquí en Tulsa en esta noche, sin detenerte, Señor, y visitarnos. Te amamos con todo nuestro corazón. Te alabamos con todo lo que está en nosotros. Y nosotros creemos que Tú eres el mismo gran Príncipe en jefe, el Príncipe de nuestra salvación. Y estamos esperando que Tú vengas en Gloria algún día, trayendo Contigo el ejército de Angeles, y para recibir a Tu preciosa Iglesia, que ha sido llamada a salir del mundo y ha sido lavada en Tu Sangre, llevando en su cuerpo, Tu Nombre.
40Te pido, Padre Celestial, que Tú concedas en esta noche, que si hay uno aquí, o muchos (yo no conozco sus corazones, pero Tú sí), si ellos no te conocen a Ti como su precioso Salvador, y sienten ese calor de compañerismo, Dios, permite que suceda en esta mismísima hora, que ellos te reciban y te amen, y que Tú te acerques a ellos. Que ellos piensen en Ti ahora y sean atraídos a Ti. Concédelo, Señor. Que no haya un pecador, muchacho, muchacha, hombre o mujer que salga de aquí en esta noche, que no haya un descarriado que salga en esta noche, sin que haya venido a Dios y sus pecados le hayan sido perdonados. Que clamen en su corazón: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Ten misericordia de mí!” Concédelo, Señor.
41Y mientras tenemos nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados, me pregunto, en esta audiencia visible en esta noche... Ahora yo quiero que sean muy honestos, y todos oren. Oren especialmente ahora por aquellos quienes no conocen a Cristo. ¿Hay algunos aquí, mientras Uds. están orando, que les gustaría levantar su mano? Aquí en el piso de abajo, levanten su mano, no a mí, sino a El, y digan: “¡Hijo de David!, yo he pecado contra Ti, yo he quebrantado Tus mandamientos. ¡Ten misericordia de mí en esta hora!” ¿Levantarían su mano, para que yo pueda ver y orar por Uds.? Dios los bendiga. Dios los bendiga, a todos aquí a lo largo del piso. A mi derecha, Dios los bendiga. Levanten su mano, digan: “Ore por mí, Hermano Branham”. Dios los bendiga. Eso es bueno. Dios los bendiga. “Yo he pecado contra Tus leyes, oh Señor. Yo quiero que seas misericordioso conmigo”. Dios bendiga a este hombre acostado allí en el... acostado en ese catre allí. Dios conceda en esta noche que Ud. se pueda ir a casa y ser saludable, señor.
42Allá en los balcones, a mi derecha, ¿levantarían sus manos? Dios la bendiga, señora. Dios lo bendiga; eso es bueno. Alguien más, levante su mano. Sólo levanten su mano, mientras todo ojo está cerrado y todos están orando. Permitan que sea sólo el Espíritu Santo y yo, por favor. En los balcones del– del centro aquí, ¿habría algunos allá arriba que levantarían su mano, dirían: “Ore...”? Dios lo bendiga, señor, Dios lo bendiga. Eso es bueno. En el balcón a mi izquierda, levanten su mano. Dios la bendiga, señora. Yo... Dios lo bendiga, jovencito. Esa es una gran decisión para un adolescente. Dios... Esta es la cosa más grande que alguna vez has hecho, hijo. Tú pudieras haber hecho muchas grandes cosas, pero ésta es la más grande. “No pases de mí, oh bondadoso Salvador, yo quiero Tus misericordias ahora. Ahorita, antes que muera, yo quiero que me recibas en Tu Reino. Yo no sé cuando será eso. Quizás sea antes que termine el servicio en esta noche. Quizás sea antes que llegue a casa”. Una de estas noches, en alguna parte, en algún lugar, en alguna hora del día o de la noche, Uds. van a sentir el pulso escapándose para entonces todo está terminado. ¡Oh, hermanos!, no permitan que suceda hasta que Uds. conozcan al Señor Jesús como su propio y querido Salvador personal. ¿Habrá otro ahora, antes que oremos? En cualquier parte, muchacho, muchacha, hombre, o mujer. Dios los bendiga.
43Nuestro Padre Celestial, sé misericordioso ahora. Ellos–ellos han levantado sus manos, clamando: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Y que ellos, en esta mismísima hora, reciban a Jesús como su Salvador personal. Que venga El en gran poder en su vida. Este hombre joven aquí, Señor, que levantó su mano, algo ha lidiado profundamente en mi corazón sobre ese muchacho. Te pido, Padre, (quizás Tú estás llamando a un ministro para el servicio), oh, yo te pido que Tú lo bendigas a él, y a todos estos otros que levantaron sus manos, jóvenes y ancianos; que ellos reciban a Jesús en estos momentos como Salvador. Y luego que salgan de aquí y sean bautizados en alguna buena iglesia, en fe Cristiana; reciban el Espíritu Santo, y salgan en el servicio de Dios para hacer todo lo que ellos puedan hacer para ayudar a traer a Jesús a esta nación moribunda y mundo moribundo. Concédelo, Padre. Pasa junto a nosotros, Padre, y visítanos. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
44Cantemos sólo una estrofa de ésa, antes que sigamos más adelante: “No pases de mí, oh, bondadoso Salvador”. ... de mí, oh, bondadoso Salvador, Oye mi humilde clamor; Mientras a otros Tú estás llamando, No pases de mí. Salvador, Salvador, Oye mi humilde clamor; Mientras a otros Tú estás llamando, No pases de mí. Dulcemente ahora. Todos nosotros creyentes, levantemos nuestras manos mientras la cantamos muy quietamente. Salvador (un Espíritu de adoración ahora; el mensaje terminó; adoremos al Señor)... Oye mi humilde clamor; Mientras a otros estás llamando, Oh, no pases de mí. Sólo tarareémosla. [El Hermano Branham empieza a tararear–Ed.]. Con sus ojos cerrados, sólo orando.
45Oh, ¿no lo aman Uds. a El? Díganme de algo más grande que el Amor. Dios es Amor. Ninguno jamás será capaz de expresar cómo Dios es tal Amor. El es Amor Agape, el Amor más grande de todos. Ahora, yo sólo iba a predicar y hacer un llamamiento al altar en esta noche, y luego cuando llegué aquí, me confundí todo. Yo encontré a Billy; yo dije: “¿Repartiste algunas tarjetas de oración?” Dijo: “No”. No repartió ninguna tarjeta. Pero no necesitamos tarjetas de oración para un servicio de sanidad. ¿Están Uds. deseosos...? ¿Piensan Uds. en esta noche...? ¿Lo aman a El? ¿Creen Uds. que El es el mismo Señor Jesús? ¿Creen Uds. que su fe pudiera extenderse, y decir: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!; yo estoy necesitado; ‘Yo te necesito; oh, te necesito; cada hora, yo te necesito; oh bendíceme ahora, mi Salvador; yo vengo a Ti’”? ¿Creen Uds. que pudieran tocarlo a El, hacerlo que voltee, y diga: “Tu fe te ha salvado”? ¿Creen Uds. que pudieran hacer eso, allá en la audiencia, sin una tarjeta de oración? ¿Creen Uds. que tienen la fe suficiente para hacerlo? Si lo creen, levanten su mano, digan: “Yo creo que tengo fe”. Oh, esa es de la manera que me gusta verlos levantar su mano. “Yo creo”.
46Muy bien. Yo no conozco a ninguno de Uds. El Espíritu Santo los conoce a todos Uds., pero El está aquí. Su Presencia está aquí. Y si El estuviera aquí hoy, El haría exactamente lo mismo que El hizo en aquel entonces. Si Uds. tuvieran fe para tocarlo a El, El voltearía. Eso fue lo que siempre hizo. ¿Es correcto eso? La fe es lo que lo tocó a El. La mujer tocó Su manto, y El volteó, dijo: “¿Quién me tocó?” El miró para todas partes hasta que El encontró a la mujercita, El dijo: “Tu flujo de sangre se detuvo, porque tu fe te ha salvado. (¿Ven?) Tu fe lo hizo”. Y “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. ¿Es correcto eso? Si la fe de Bartimeo el ciego lo pudo detener a El, si Felipe parado allí mirándolo a El, pudo ir a buscar a Natanael... Natanael pudo ser llevado delante de El, y El le dijo en dónde él estaba antes que él dejara... Cuando Andrés fue a buscar a su hermano, Simón Pedro (mejor dicho, era Simón en ese entonces), y lo llevó a él a Jesús. Y Jesús lo miró, dijo: “Tu nombre es Simón. Tu padre fue Jonás”. Ese es el mismo Jesús en esta noche. ¿Ven?
47Ahora, en cuanto a sanarlos o a salvarlos a Uds. se refiere, eso ya fue hecho. Uds. entienden eso, ¿no es así? “El fue herido por nuestras rebeliones. El fue molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra paz fue sobre El, y por Su llaga fuimos (tiempo pasado)....” Ahora, Uds. en los catres, acostados allí...?... de ellos... [Porción sin grabar en la cinta–Ed.].... en esta noche... Uds. en los catres... Uds. allá con cualquier enfermedad, lo que sea que Uds. tengan necesidad, por lo cual orar... [Porción sin grabar en la cinta–Ed.].... alguien más... no importa lo que sea, Dios conoce su [Porción sin grabar en la cinta–Ed.].... y...?... su fe. Ahora, si El hace eso, si El hace eso, ¿cuántos de Uds. en el edificio dirán: “Señor, te amo, yo creo que Tú estás aquí, yo te aprecio, yo aun voy a renovar mi pacto Contigo”? ¿Harían Uds. eso? Digan: “Yo sólo... yo mismo me renovaré a Ti”.
48Ahora, preciosos amigos, yo soy su hermano. Esta es la Palabra de Dios. La Biblia dice que si... Hemos estado predicando (para cualquiera que viene por primera vez aquí), nosotros hemos estado predicando esta semana y viendo al Espíritu Santo hacer eso. El Espíritu Santo prometió, por medio de Jesucristo, que en los últimos días, El haría esa misma cosa delante de la iglesia, justamente antes de Su Venida. ¿Cuántos han estado aquí esta semana, y lo oyeron ser enseñado, que Jesús dijo: “Como fue en los días de Sodoma...”? ¿Ven? Y aun el Angel tenía Su espalda volteada hacia la mujer cuando El le preguntó a Abraham: “¿En dónde está tu mujer, Sara?” Y él dijo: “En la tienda, detrás de Ti”. Y ella se rió entre sí. El dijo: “¿Por qué se ha reído Sara?” Jesús dijo: “Esa misma cosa sucederá justamente antes de la Venida del Señor”. Es la última señal. Hemos tenido sanidad... Observen cuando Jesús, El mismo se declaró. La primera cosa que El hizo, El fue bautizado por... con el Espíritu Santo, cuando Juan lo bautizó. La... nos fijamos que la siguiente cosa, El empezó en Su ministerio, El empezó sanando a los enfermos, y Su fama se esparció por todas partes. ¿Es correcto eso? Entonces, cuando eso aconteció, la siguiente cosa, El empezó a mostrarles la señal del Mesías. Y ahí fue cuando El fue rechazado. Ahí fue cuando ellos lo crucificaron y lo tomaron. Ahora, eso es exactamente... Nosotros hemos llegado al Bautismo del Espíritu Santo, a los servicios de sanidad Divina. Ahora nosotros hemos entrado en la gran señal de Su aparición entre nosotros. Cuán felices deberíamos estar, pues no sabemos en qué momento el mundo llegará a ser cenizas.
49¿Saben Uds. que pudiera ser posible que antes–antes que dejemos este edificio, que esta tierra pudiera ser estallada? La ciencia dice que es medianoche en estos momentos, el momento para que suceda eso. Todos los científicos y todo están temblando por todas partes. Y recuerden: la Iglesia se va al Hogar antes que suceda eso. Entonces, ¿qué tan cerca está la Venida del Señor? Estén listos, estén preparados, porque no sabemos en qué minuto u hora El pueda aparecer. Pudiera ser en cualquier momento. Nosotros estamos recibiendo nuestra última señal a la Iglesia, de Su Venida. Ahora, yo quiero orar por estos pañuelos, en este momento, mientras inclinamos nuestros rostros. Precioso Padre, estos pañuelos quizás vayan a alguna pobre preciosa madre, hijo, padre, alguien que está sufriendo. Somos enseñados en la Biblia, que ellos tomaban del cuerpo de San Pablo, paños o delantales, y espíritus inmundos salían del pueblo. Las enfermedades eran curadas. Padre, nosotros sabemos que no somos San Pablo, pero sabemos que Tú todavía eres Jesús. No era Pablo.
50Y fue dicho en una ocasión, que cuando el Mar Rojo tenía a los hijos de Israel obstaculizados de la tierra prometida, que Dios miró hacia abajo a través de esa Columna de Fuego con ojos de ira, y el mar se asustó, y se abrió. E Israel cruzó a la tierra prometida en tierra seca. Ahora, Padre, cuando estos paños y pedacitos de tela sean puestos sobre los enfermos, no tanto que mires a través de la Columna de Fuego, sino que mires a través de la Sangre de Tu propio Hijo, quien dio la promesa. Y que cuando estos pedacitos sean puestos sobre los enfermos, que se asuste el diablo . Que Tú lo mires, Señor, y que él sepa que esto es enviado de una reunión, en donde gente que está llena con Tu Espíritu está orando sinceramente. Y que él salga de ellos, y que pasen ellos a ese lugar bueno y saludable, en donde la Escritura dice: “Yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud”. Los enviamos en el Nombre de Jesús, para ese propósito. Amén.
51Ahora, sean reverentes. ¿Cuántos están enfermos allá?, levanten su mano. En cualquier parte que estén, sólo levanten su mano, por todas partes del edificio. Ahora, sean reverentes. Ahora, ¡qué hora! La expectación... Algo tiene que suceder. Algo tiene que suceder, o se dará cuenta que la Biblia está en error y yo soy un pretendiente falso; o, se dará cuenta que Ella es verdad y que nuestra fe es confirmada. No se preocupen; Cristo está aquí. El siempre... El lo prometió; El no puede hacer nada sino cumplir Su promesa, si creen Uds. ahora con todo su corazón. Sólo tengan fe; no duden. ¿Ven Uds. eso?: ¿Una Luz suspendida allí mismo sobre este hombre allí mismo? Tiene problemas con sus ojos. Correcto. Ud. estaba orando. Su hijo está sentado a su lado. ¿Cree Ud. que Dios puede decirme lo que está mal en su hijo? ¿Lo cree Ud.? Es una condición nerviosa. Correcto, ¿no es así, hijo? Ajá. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir quién es Ud.? ¿Lo haría sentirse mejor? Sr. Cullum. Eso es correcto. ¿Ve esa Luz? Ahora, Ud. reciba lo que pidió.
52[Porción sin grabar en la cinta–Ed.].... mismo... Miren: aquí mismo hay un hombre sentado, mirándome directamente. El está sufriendo de artritis. El ha tenido un ataque de corazón. El es un ministro. El no es de esta ciudad. El ni siquiera es de este estado; él es de Kansas. ¿Cree Ud. que Dios puede sanarlo, señor? ¿Regresaría a Coffeyville y se sentiría muy bien al respecto? ¿Lo haría? Su nombre es Reverendo Midland. Regrese y sea sanado, señor. Yo no lo conozco. Si eso es correcto, mueva sus manos de esta manera. Yo soy un desconocido para Ud. Su fe lo ha salvado, señor. Ese no fui yo, mi precioso amigo. Ese fue el Señor Jesucristo. El está allá entre Uds. Yo sólo soy Su portavoz, viendo con mis ojos lo que El está haciendo. Quisiera que Uds. pudieran ver lo que yo estoy mirando ahorita. ¿Ven?, es Su bondad. Un hombre sentado allí mismo al final, con una como camiseta o mangas... mangas cortas... Pero, él está orando por alguien más. El está orando por un hombre que está sentado allí mismo. Se mira como un hombre mexicano. Ud. tiene problemas de estómago, ¿no es así, señor? Ellos no le han dicho cuán... ¿Cree Ud. que Dios puede decirme quién es Ud.? Ellos lo llaman “Joe” [“Yo”, pronunciación figurada y nombre corto para José, lo cual es: “Joseph” (“Yosef”) en inglés–Trad.]. Ellos no le dijeron cuán grave estaba Ud., señor, pero váyase creyendo ahora. Ud. puede ser saludable. Tenga fe en Dios.
53Devuelta en esta sección. Si puedes creer... Aquí está una mujer sentada ahí mismo, la segunda sentada. Ella tenía su rostro inclinado. Ella estaba orando: “¡Oh Señor Dios!, permite que me toc-... llame”. Ella no estaba orando por sí misma; estaba orando por su esposo. Su esposo ha tenido un colapso nervioso. El ha estado asistiendo a las reuniones, pero él sencillamente no pudo regresar. El está postrado en cama. Y ella está llorando ahorita sobre su pañuelo que está en sus ojos, pues su pobre esposo yace casi al punto de muerte debido a un colapso nervioso. No tema, hermana. Tome ese pañuelo sobre el que Ud. está llorando, y póngalo sobre él. No dude. El saldrá de ello. Si puedes creer.... Allí está una mujercita sentada a cierta distancia de ella. Eso sencillamente tocó la fe de esa mujercita. Ella también está orando. Su problema, ella tiene problemas con su cabeza, y con sus ojos, y tiene un problema de estómago. Es la mujercita... Espere un momento. Su nombre es Annie. Annie, póngase de pie, Jesucristo la hace saludable.
54¿Aman Uds. al Señor Jesús? ¿Están Uds. listos para recibir Sus bendiciones? ¿Creen Uds. que yo soy Su siervo, que les he dicho a Uds. la verdad? Ahora, les diré esto: ¿pondrían manos unos sobre los otros allí? Hermanos ministros, algunos de Uds. predicadores fieles, vayan allí y pongan manos sobre estas personas allí. Yo quiero que Uds.... Especialmente sobre esa mujer allí. Uds. pongan sus manos unos sobre los otros allá en los balcones, en cualquier parte que Uds. estén. Ahora, ¿es Jesús...? Ese hombre allí, con ese problema de próstata, olvídelo, señor; Jesucristo lo hace saludable. Váyase a casa.
55Ud. ha estado teniendo dolores en sus pulmones, Ud. sentado allá atrás al lado de ese poste. No tenga temor. Lo ha dejado a Ud. Tuberculosis. Ud. puede irse a casa y ser saludable, Jesucristo lo hace saludable. Allí está. Simplemente está por todo el edificio; por todas partes. Por todas partes. No puedo... ¡Oh! No pases de mí, oh, bondadoso Salvador, Oye mi humilde clamor; Mientras a otros Tú estás llamando, No pases... (Oren ahora. Pongan sus manos unos sobre los otros y oren). Salvador, Salvador, Oye... (No sean carnales. Oren. Oren. Pongan su mente en Dios. No miren al hombre al lado. Pongan su mente en Dios, en todas partes). Mientras a otros Tú... (¡Hijo de David, ten misericordia de mí!) No pases de mí. ¡Oh Salvador!, ¡oh Salvador!... (Levanten sus manos ahora a Dios. Digan: “Gracias, Señor Jesús”). Padre Celestial, nosotros ahora retamos al diablo y lo reprendemos en el Nombre de Jesucristo. Que todo poder de enfermedad, toda tiniebla, salgan del lugar, y que puedan ellos ser sanados en estos momentos, por medio del Nombre de Jesús. Denle alabanza, todos Uds. El no pasará de Uds.