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~ TU SIMIENTE POSEERA LA PUERTA DE SU ENEMIGO ~
1La mejor cosa que me puede suceder, es cuando vengo a la casa del Señor. Puedo estar tan cansado, y fatigado, y molesto, y... pero sólo permítanme llegar a la casa del Señor en donde todos los santos están reunidos y orando, y entonces inmediatamente me empiezo a sentir mejor. Hay algo al respecto que tranquiliza. ¿No piensan así, hermanos? Algo que simplemente tranquiliza y que parece quitar todas las contrariedades, y uno simplemente está satisfecho.
2[Porción no grabada en la cinta–Ed.]... resultados del servicio de ayer, de la primera noche, y orando que Dios continúe, Hermano Wagner, sólo continúe dándonos esa clase de servicios. Ahora, nunca sabemos, noche tras noche, lo que el Espíritu Santo va a hacer con nosotros. Sólo venimos aquí sin programa, sin ningún rito, sólo esperando en el Señor, y ver qué El nos guiará a hacer. Y creo que de esa manera deberíamos hacerlo: venir y esperar en el Señor. Una de estas noches yo quiero que uno de estos buenos cantantes de por aquí, me cante esa: “Los que esperan en Jehová sus fuerzas renovarán”. Oh, simplemente me gusta eso. Porque eso es lo que yo he tenido que hacer toda mi vida. Estoy tan contento que he tenido que hacerlo. Yo espero cada día y cada hora sólo en lo que El hará. Yo no tengo habilidades propias, ni–ni tengo educación en la cual depender; yo sólo tengo que depender en El. Y hora tras hora yo sólo espero en El, ver lo que El me dirá que haga. Trato de no frustrarme cuando hay cientos de llamadas, y hay enfermos muriéndose... Si Ud. se pone todo frustrado, entonces Dios no puede usarlo. Sólo aquiétese; El es lo bastante grande para decirle a Ud. Y así que, sólo manténgase en buenos términos con El, y El le dirá a Ud. qué hacer cuando llegue allí. Es mejor sólo cumplir nuestra comisión, luego dejar que El nos diga qué hacer después de que lleguemos allí. ¿No creen Uds. así? Muy bien.
3Yo estaba tan contento de oír que (espero que haya entendido esto bien), que todas las iglesias se están juntando para continuar cooperando para el domingo; teniéndolo el domingo en la tarde para que no interfiera con alguna de las iglesias y sus servicios. El Señor los bendiga, hermanos, eso es lealtad y está extraordinariamente bien. Yo aprecio eso, el permitir que la gente... y todos se reúnan. Nosotros estamos aquí para hacer eso: para cooperar juntos en todo, coordinar todos nuestros dones y fuerzas y demás, para la causa del Reino de Dios. Esa es la única manera que moveremos esta gran carga: es jalar juntos. Yo acostumbraba mucho a conducir caballos. Uno agarra una carga pesada, y toma a un caballo que jala, pero luego no jala, y el otro jala, y uno simplemente no puede llegar a ninguna parte. Pero déjelos que se aquieten; junte sus hombros, y luego empiece. Y una de las mejores maneras de hacer eso, de hacer que jale una carga de esa manera, es guiar a sus caballos. Y esa es la mejor manera que necesitamos hoy, es parar, dejar de temblar y brincar, y dejar que el Espíritu Santo nos guíe adelante. Esa es exactamente la manera: guiarlos y el peso de la carga continuará llevándose, estoy seguro.
4Ahora, antes que abramos la Palabra... Pues queremos que Uds. se levanten temprano en la mañana y asistan a su escuela dominical. Y ahora, Uds. visitantes aquí que son desconocidos en la ciudad, todos estos hombres aquí representan iglesias. Habrá una de ellas cerca de donde Uds. se están quedando. Uds. asistan a una de ellas mañana en la mañana y también mañana en la noche. Asistan a algunas de estas iglesias; Uds. serán bienvenidos a cualquiera de ellas. Y Uds. aquí que son miembros de la iglesia, los diferentes grupos, inviten a estas personas a casa con Uds. para que asistan a la iglesia. Dígales en dónde está ubicada su iglesia. Si yo viviera en San José, yo pertenecería a una de estas iglesias. Eso es exactamente correcto. Yo pondría a mis hijos en las escuelas dominicales de ellas, porque estas iglesias se paran por la mismísima Cosa por la cual yo estoy dando mi vida: este Evangelio, el Evangelio completo. Y yo ciertamente pondría a mis hijos para que fueran enseñados en escuelas como ésas, las que les enseñarían la Palabra de Dios y el camino de Vida. Y yo estoy seguro que ellas les harán bien, si tan sólo Uds. asisten a sus servicios mañana en la mañana. Mañana en la tarde estén aquí. Y mañana en la noche, regresen a una de las iglesias. Todas lo–lo apreciarán. Luego, la siguiente semana, empezamos de nuevo con nuestro avivamiento continuo, cada noche, de la siguiente semana.
5Ahora, antes que abramos la Palabra, hablemos al Autor. Alguien me dijo en una ocasión, dijo: “Hermano Branham”, dijo, “¡Cómo habla Ud. mal el inglés!” Y yo dije: “Yo sé eso”. Y dijo... Ese era un hombre muy inteligente, y casi todos Uds. lo conocen; él puede predicar en siete u ocho lenguajes, y así que él me dijo, él dijo: “Ud. simplemente no sabe su Biblia”, discutiendo algo conmigo. Y yo dije: “Pero conozco muy bien al Autor”. Y esa–esa es la cosa principal. Yo... mientras lo conozca a El, El me guiará en lo que es correcto. Yo creo eso. Así que hablemos con El ahora, con nuestros rostros inclinados, sólo por un momento.
6Gran Autor de Vida, el Escritor de las sagradas Escrituras que se nos han dado a nosotros, inspiradas por el Espíritu Santo, y que solamente pueden ser interpretadas por el Espíritu Santo... Y yo pido que Tú lo envíes a El en esta noche, el Intérprete Divino de esta Escritura, y lo coloques dentro de nuestros corazones, en cada uno de nosotros, para que así podamos recibir fe para todo de lo cual tengamos necesidad en esta noche. Si hay aquí esos que no te conocen como Salvador, que en esta noche la Escritura sea impartida a sus corazones por el Espíritu Santo, que Cristo murió por sus pecados de acuerdo a las Escrituras. Y concede, si ellos todavía no han recibido el Espíritu Santo, que esta sea la noche cuando esta parte de la Escritura sea impartida a ellos; y que reciban al bendito Espíritu Santo, para que obre la voluntad de Dios en sus vidas.
7Y pedimos, Señor, por aquellos que están enfermos y necesitados en esta noche. Los que no pueden salir de sus casas, y aquellos que están en el hospital en lechos de muerte. Oh gran Dios del Cielo, envía a Angeles al lado de la cama de ellos y sana sus cuerpos enfermos, Señor. Háblales la paz de Dios. Y aquellos que están presentes, que en esta noche la Escritura sea impartida a ellos por el Espíritu Santo, para que ellos puedan saber que la Escritura dice: “Yo soy Jehová que sana todas tus dolencias”. Y que no haya un pecador o una persona enferma entre nosotros cuando se termine este servicio en esta noche. Que los corazones de los santos sean elevados en grandes alabanzas y gozo, al grado que haya un “aleluya” por todas partes del– del edificio. Y al salir de aquí, cuando ellos se vayan, que digan como aquellos quienes venían de Emaús: “¿No ardían nuestros corazones mientras El nos hablaba durante el servicio?” Concédelo, Señor.
8Mañana, da a cada uno de estos ministros, Señor, te pido que Tú les des una unción tan grande mañana, al grado que cada iglesia tenga un fuego de avivamiento en ella. Que los pecadores sean salvos, y los creyentes sean llenados con el Espíritu, y los enfermos y los afligidos sean sanados en las iglesias. Que estén viniendo de toda la región mañana en la noche, testificando de cuán grandes cosas acontecieron en sus iglesias. Concédelo, Señor. Danos estas victorias, Padre. Ahora, santifica a cada creyente; escóndenos detrás de la Palabra, Señor. Que la Sangre expíe nuestros pecados. Y permite que el Espíritu Santo simplemente entre y tome control en nuestras vidas, desde la mera lectura de la Palabra, hasta la clausura del servicio. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús y para Su causa. Amén.
9Queremos leer algo de las Santas Escrituras en esta noche, en dos diferentes lugares de los que yo he seleccionado leer. Y quiero tomar el tema inmediatamente después de la lectura de la Palabra. Primero, vamos a leer de Génesis el capítulo 24, empezando con el versículo 56 y leyendo hasta el 60, inclusive. Y luego queremos empezar en Génesis 22, en el versículo 15 hasta el 18, inclusive. Ahora, en Génesis 24:56, dice así. Y él les dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor. Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle. Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré. Entonces dejaron... a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus hombres. Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes [tu simiente, Biblia en inglés–Trad.] la puerta de sus enemigos. Y en Génesis 22:15. Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia [tu simiente–Trad.] como las estrellas del cielo y como la arena... a la orilla del mar; y tu descendencia [tu simiente–Trad.] poseerá las puertas de sus enemigos; En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.
10Si yo lo titularía como un tema, sólo por unos cuantos momentos, yo diría esto: “Tu Simiente poseerá la puerta de su enemigo”. Dios había estado probando a Abraham para ver si él se aferraría a Su promesa con un corazón que estaba... con fe sin adulteración. Como Uds. saben, hay muchas personas que se pueden agarrar de la Palabra sólo por un momento. Les parece muy bien a ellos. Y luego después de unas cuantas horas, algo se presenta contrario a lo que la Simiente parecía decirles, y finalmente se debilitan. Algunos pueden guardarla por unos cuantos días. Pero parece que otros se agarran con tal agarre, al grado que ellos nunca la soltarán. Jesús habló de éstos en Su tiempo, de cuando la simiente cae en pedregales, y en espinas y cizañas, y luego algunos en tierra buena.
11Ahora, la última vez aquí, yo tomé tres tardes en serie en la enseñanza de Abraham, cómo fue que Dios le había dado a él la promesa cuando tenía setenta y cinco años, y le dijo que él iba a tener un hijo por Sara su esposa, que tenía sesenta y cinco en esa ocasión. Y Abraham creyó que lo que Dios dijo era la verdad. El no consideró cuán entrado en edad estaba, o cuán entrada en edad estaba Sara. La Simiente ha de haber tomado un arraigamiento profundo en el alma de Abraham, pues tomó veinticinco años para que esa Simiente aun tomara vida. Pero Abraham no la desechaba porque no la veía creciendo, y se miraba como que se estaba poniendo contrario todo el tiempo a la promesa, sino que Abraham sabía que era la Palabra de Dios y que Dios cumpliría Su Palabra. Ahora, el tiempo había llegado cuando Abraham tenía cien años de edad, y la Simiente ni siquiera había empezado a tomar vida.
12Y Dios, así como probó a Abraham, de la manera que El lo hizo con Abraham, El lo hace con la Simiente de Abraham. Y debemos darnos cuenta que nosotros, los creyentes, somos de la Simiente de Abraham. Pues la Biblia dice que cuando estamos muertos en Cristo, nosotros somos de la Simiente de Abraham, y herederos con él de acuerdo a la promesa. Y nosotros recibimos la Simiente de Abraham cuando recibimos el Espíritu Santo. Recibimos una fe con este Espíritu Santo, que era la fe que fue dada al padre Abraham. Pues cuando morimos en Cristo tomamos la promesa. Abraham, el gran hombre de fe, nosotros lo llamamos, y cómo fue que Dios confirmó todas Sus promesas a Abraham. Y prometió que en los últimos días El confirmaría la misma cosa que El le habló a Abraham; El la confirmaría otra vez con la Simiente de Abraham.
13Jesús lo tomó en el Nuevo Testamento y habló de lo que Abraham hizo en el pasado, y habló para esta generación en el futuro. Porque nos damos cuenta que un poco antes de la gran destrucción de Sodoma... Jesús se refirió a ello en Sus días, y dijo: “Como fue en los días de Sodoma, así será en la Venida del Hijo de Hombre”. Exactamente los mismos sucesos, así será con la Simiente de Abraham en los últimos días. Ahora, sabemos que la ciudad de Sodoma estaba dividida en creyentes y en incrédulos. Y los incrédulos eran perversos, muy inmorales, como son los incrédulos de hoy. Y la iglesia que estaba en Sodoma estaba en una condición tibia, así como está la iglesia en el mundo hoy. Pero había un grupo, de la Simiente de Abraham, que era llamado el elegido, que ellos mismos se habían separado del resto del mundo. Esa era la Simiente de Abraham. Y cuando llegó el tiempo de la visitación, antes de la aniquilación por un gran fuego cayendo del cielo y quemando la ciudad entera, lo cual fue un tipo de este día en el que vivimos en donde la destrucción del mundo va a venir por fuego....
14Fíjense. Un poco antes que sucediera eso, hubo allí tres Mensajeros que vinieron del Cielo. Y Ellos llegaron primero con Abraham, la Iglesia elegida, y se sentaron, y hablaron con él. Y dos de Ellos se levantaron y empezaron a encaminarse hacia Sodoma para sacar a la iglesia formal, la iglesia denominacional, una iglesia ritualista y formal. Pero Uno se quedó para hablarle a la Iglesia elegida, a la Simiente de Abraham. Y aquellos que fueron allá y le hablaron a Sodoma, a Lot, y a sus hijos, y a sus nietos, y a sus yernos, y demás, ellos les predicaron el Evangelio del juicio venidero. Si eso no es un tipo perfecto de un moderno Billy Graham, yo no lo sé. ¿Y se fijaron Uds.?, cegó los ojos de la gente. Y la predicación del Evangelio, si no es recibida, ciega al incrédulo.
15Pero hubo Uno en el cual queremos poner nuestra atención en esta noche, era el que se quedó y habló con Abraham. El dijo que era un Forastero y que había viajado de lejos. Y El le dijo a Abraham: “Abraham, ¿en dónde está Sara tu mujer?” Si El era un Forastero y no conocía a Abraham, ¿cómo sabía El que él tenía una esposa y que su nombre era Sara? Ahora, Simiente de Abraham: ¡despierta! ¿Cómo sabía este Angel, este Hombre, que Abraham estaba casado y que el nombre de su esposa era Sara? Dijo: “¿En dónde está Sara tu mujer?” Abraham dijo: “En la tienda”, la cual estaba detrás del Angel, o del Hombre que estaba hablando. Y El dijo: “Siendo que Abraham es el heredero del mundo, Yo no encubriré este secreto de él; sino que de acuerdo al tiempo de la vida Yo te voy a visitar, porque tú guardaste la promesa de Dios. Y Sara va a dar a luz a ese bebé que Yo te prometí hace veinticinco años”. Así es como la Simiente de Abraham guarda la promesa; ellos se aferran a la Palabra de Dios. “Dios te hizo la promesa hace veinticinco años, Abraham, y tú has sido fiel a ella, y tú ahora tienes cien años de edad. Yo ahora voy a probarte Mi poder, para que así la Simiente después de ti, sepa que debe aferrarse de la Palabra de Dios y aferrarse a Ella”. No importa cuánto tiempo Ella tarde, sin embargo contestará. Aférrense de la Palabra de Dios y no la suelten.
16Entonces, cuando Sara oye esto sentada en la tienda detrás del Angel, ella se rió dentro de sí misma. Y el Angel, mirando a Abraham con Su espalda hacia la tienda, dijo: “¿Por qué se rió Sara?” ¿Qué no ven que Dios, ese mismo Espíritu Santo que estaba en Ese, ha entrado en medio de la Iglesia en los últimos días? “¿Por qué se rió Sara?” Sara estaba asustada, y ella dijo: “No me reí”. El dijo: “Oh, sí, tú te reíste”. Porque estaba temerosa.
17¿Ven Uds. lo que dijo Jesús? Habrá señales en estos últimos días, y, “como fue en los días de Sodoma, así será en la Venida del Hijo del Hombre”. Ahora, Simiente de Abraham: ¡despierta! ¡Aférrate! Observa a Dios cumplir cada Palabra. Aunque de eso hace dos mil años, Dios ha cumplido Su promesa de lo que Jesús dijo que sucedería. Hay una Sodoma moderna: hay evangelistas por todo el país; hay una iglesia formal; hay una Iglesia espiritual. Observen en dónde están obrando esos dones, y en cuáles grupos están obrando. Dios cumple Su Palabra.
18Después que nació el pequeñito, Dios le dio a Abraham una prueba doble para probar que la Simiente de Abraham es fiel. Le dijo que sacrificara a su hijo. Y Uds. conocen la historia. Cuando él iba a matarlo, allí estaba un carnero balando en lo desolado detrás de él, y él sacrificó al carnero. Y era un carnero; no era una visión. La Sangre salió de él, y la sangre no sale de una visión. El mató al carnero, pues el carnero hablaba de la Venida de Cristo.
19Entonces cuando Dios vio que tenía a un hombre en el cual El podía tener confianza, El dijo: “Yo he jurado por Mí mismo”. Pues un hombre siempre toma un juramento de alguien más grande que él. Y nadie es más grande que Dios; así que El juró por El mismo que la Simiente de Abraham poseería la puerta del enemigo. ¡Oh, hermanos! El lo juró. Dios juró por El mismo que la Simiente de Abraham poseería la puerta del enemigo. Miren cómo El lo probó. Rebeca, yendo a llegar a ser parte de Isaac, quien también fue parte de la Simiente por la mujer... Y cuando su padre y sus hermanos y su madre y sus amados, familiares, creyendo en Dios, cuando ellos... ella hizo... fue puesta a prueba... Y cuando llegó a la prueba: “¿Irás tú con este forastero, o te quedarás con nosotros?” Su decisión fue hecha rápidamente, sin vacilación. De esa manera la hace el pueblo de Dios: firme y rápida. “Yo iré”, ella dijo. Sin saber a dónde iba, pero por fe fue, porque había algo dentro de ella que empezó a moverse, y supo que Dios estaba en ello. Y cuando la pusieron sobre el camello, ellos la bendijeron y dijeron: “Sea tu Simiente millares de millares”; millares de millares. Dios le dijo a Abraham: “Como las estrellas del cielo, o como la arena que está a la orilla del mar” (eso estaba introduciendo a los Gentiles), de esa manera será la Simiente de Abraham. Y ellos también dijeron: “Que tu Simiente posea la puerta de su enemigo”. Dios prometiendo a través de ella, a través de Abraham, que la Simiente poseería la puerta, y lo hará. Mientras haya uno de la Simiente de Abraham que quede, poseerá la puerta con la promesa de Dios, como Abraham lo hizo. Ella hará eso.
20Cuando Israel iba en su marcha y llegó a la tierra de Moab, había una puerta, y ellos dijeron: “No los dejaremos pasar a Uds.” Y ellos trajeron a su profeta para que maldijera al pueblo. Y en lugar de maldecir, él bendijo. Ellos trataron de mostrarle a él todas las cosas malas que este pueblo había hecho. Pero Dios le mostró a él las cosas buenas acerca de ello. Porque El vio esa roca herida y esa serpiente de bronce yendo delante, haciendo una expiación por ellos. Y en lugar de maldecir, él bendijo a la Simiente, y ellos poseyeron la tierra porque iban en su camino guardando una promesa de Jehová. Nada podía detenerlos, porque ellos eran de la Simiente de Abraham con una promesa que poseerían la puerta de cada enemigo. Y ellos la tomaron.
21Daniel, de la Simiente de Abraham, fue arrojado dentro de un horno ardiente, o perdónenme, de un foso de leones. Daniel fue arrojado dentro de un foso de leones para que fuera matado por los leones. Y el Angel del Señor vino esa noche y detuvo a los leones. Sin duda era esa gran Columna de Fuego que siguió a los hijos de Israel. Un animal le tiene miedo a la luz. Y cuando esa gran Luz se paró allí, los leones se echaron, y Daniel poseyó la puerta de su enemigo. Cerró la boca de los leones, porque él tenía la promesa de Dios y él era de la Simiente de Abraham. Los jóvenes hebreos, cuando fueron arrojados dentro de un horno ardiente, ellos poseyeron las puertas del horno. Y el Hijo de Dios descendió y quitó el fuego de ellos. Y ellos poseyeron las puertas de su enemigo. Elías, cuando... El también era de la Simiente de Abraham. Cuando toda la nación se volteó contra él, el rey, la reina, y todos, sin embargo él se paró allí en el Monte Carmelo en la promesa de Dios, y poseyó las puertas, las puertas internacionales de ese país. El lo hizo porque era de la Simiente de Abraham con la promesa de Dios.
22Cuando Moisés, de la Simiente de Abraham (había ido en una comisión de Dios, cumpliendo la Palabra de Dios), fue a Egipto y sacó al pueblo para llevarlos a la tierra prometida, el diablo les puso una puerta enfrente de ellos. Allí estaba él cercado por el ejército de Faraón, forzándolo al Mar Rojo. Pero Dios hizo que un viento fuerte empezara a soplar. Y ellos poseyeron la puerta del enemigo, porque El extendió una vara seca sobre el–el mar. Y ellos siguieron hacia la promesa caminando sobre tierra seca, porque eran de la Simiente de Abraham con una promesa jurada que “ellos poseerán la puerta del enemigo”. Cuando ellos salieron del desierto para entrar al Jordán, cuando Dios habló al célebre Josué, y le dijo a Josué que cruzara, que preparara al pueblo, era en el mes de abril, un mes de inundaciones. Todos los valles del Jordán estaban inundados. Parecía que era una mala estrategia de Dios de llevarlos a ese lugar, a ese Jordán lodoso, en la peor época que pudiera haber cuando el río estaba lo más crecido.
23Dios generalmente le permite a Ud. llegar a lo último del camino, a la última milla del camino, luego El entra. Si Ud. es de la Simiente de Abraham, crea en Dios y mantenga Su promesa de sanidad, de salvación, del bautismo del Espíritu Santo, todo lo que sea, todo lo que el enemigo sea; Dios algunas veces le permite llegar al fin del camino. Y se mira peor que lo que antes se miraba. El doctor dijo: “No hay una esperanza”. Pero Ud. es de la Simiente de Abraham con una promesa que poseerá la puerta de cada enemigo.
24Josué no pensó qué tan ancho estaba el Jordán o cuán lodoso estaba, dijo: “Reúnanse y santifíquense, y tomen el arca de Dios y marchen adelante”. Y él poseyó la puerta del enemigo. ¿Por qué? Porque él estaba llevando a un pueblo de promesa a una tierra prometida por una promesa de Dios, y eran los hijos de Abraham. Eso hace a un Bautista sentir como gritar. La Simiente de Abraham poseerá la puerta del enemigo. Sí, él cruzó el Jordán. Nosotros también tenemos que venir al Jordán en algún momento. Todos estos grandes guerreros tenían que morir porque fueron nacidos en pecado, nacidos por deseo sexual, formados en iniquidad, vinieron al mundo hablando mentiras. Pero siendo la promesa, siendo que eran de la Simiente de Abraham por la promesa que Dios le dio a Abraham, ellos conquistaron reinos, y obraron justicia, y taparon las bocas de leones, y evitaron filo de espada, retrocedieron las aguas y levantaron a los muertos, porque ellos eran de la Simiente de Abraham por una promesa de Dios mismo, de que El lo haría por ellos.
25Entonces, finalmente un día vino la Simiente Real no nacida de hombre, sino concebida en el vientre de una virgen por Dios mismo sin deseo sexual, nacido del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo le hizo sombra a una virgencita y concibió allí adentro la verdadera Simiente de Abraham, la fe que Abraham tenía en Dios... Dios había hecho una promesa de esta Simiente nacida de un nacimiento virginal, entonces El tenía poder sobre todas las puertas del enemigo. Cuando El estuvo en la tierra El tenía las puertas de la enfermedad bajo Su propio poder. El le habló a los enfermos y las puertas se abrieron, y ellos salieron libres. El tenía las–las llaves de la puerta de la lepra, de los inválidos, de las aflicciones, de las tentaciones. Ellos lo golpearon en la cara, y le hicieron todo; le jalaron la barba de Su cara, y lo escupieron, tratando de hacerlo que hiciera algo que estaba mal. El dijo: “Yo pudiera hablarle a Mi Padre, y de inmediato El me enviaría doce legiones de Angeles”. El pudiera haberlo hecho, pues El tenía el poder. Pero, ¿por qué? Porque El tenía que gustar la muerte. Todos estos otros guerreros habían tenido victorias y demás, pero El tenía que vencer a ésa que no podía ser vencida por estos hombres. Y cuando lo mataron en el Calvario, El estaba... alma bajó al infierno y El abrió con las llaves el infierno allá abajo, y abrió el lugar, y lo conquistó. El poseyó las puertas del infierno. En la mañana de Pascua, El poseyó las puertas de la sepultura. El tiene las llaves de la muerte, y del infierno, y de la sepultura, y resucitó triunfante.
26Y nosotros quienes estamos muertos en Cristo, somos Simiente de Abraham, y somos más que vencedores por medio de El quien venció todo para nosotros. No hay razón por la cual nosotros tengamos que venir y vencer algo porque ya está vencido. El último enemigo, enfermedad, muerte, tentación, todas las cosas están puestas bajo Sus pies. Y somos de la Simiente de Abraham. Estando muertos en Cristo, nosotros somos de la Simiente de Abraham, marchando de victoria, a victoria, a victoria, sosteniendo la promesa de Dios delante de nosotros, y yendo adelante; la Simiente de Abraham con una promesa jurada por Jehová Dios, que él poseerá la puerta de cada enemigo.
27La muerte ahora no tiene puerta para nosotros. “¿No tiene la muerte, Hermano Branham?” ¡No, no tiene! “¿Cómo es eso? ¿No piensa Ud. que morirá?” Yo nunca moriré; yo no puedo morir. Yo ya estoy muerto, mi vida... yo estoy sepultado, y mi vida está escondida en Dios por medio de Cristo, sellado por el Espíritu Santo; el diablo no pudiera agarrarme si él tuviera qué. “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección, en la cual la segunda muerte no tiene poder”. Nosotros hemos vencido porque Cristo lo venció por nosotros. Cuando El fue al Calvario tenía allí escupitajos colgándole en Su rostro, lágrimas y sangre mezcladas juntas con escupitajos de burla, ese manto mojado de sangre en Su espalda, golpeándolo en las piernas a medida que El subía el monte. La muerte empezó a zumbar alrededor de El. La muerte dijo: “Vengo a llevarte”.
28Oh, ese aguijonazo de muerte, uno lo observa en el rostro de una persona. Yo los he sostenido en mis brazos, y los he visto estremecerse y estirarse, luego estremecerse y estirarse, y llorar y gritar por misericordia; nada como un aguijonazo de muerte. Pero, como Uds. saben, cuando la abeja de la muerte empezó a zumbar alrededor de El... Como Uds. saben, si una abeja, un insecto que tiene un aguijón, si él alguna vez aguijonea lo bastante profundo, se le arranca su aguijón. Ya no tiene más aguijón después de eso. Y cuando la muerte ancló su aguijón en el Hijo de Dios de nacimiento virginal, El le arrancó el aguijón a la muerte. Ya no tiene más aguijón en ella. La única cosa es que es un fanfarrón. Una abeja que no tiene un aguijón puede zumbar, pero no puede aguijonear. Ha sido probado. San Pablo dijo, cuando la abeja empezó a zumbar alrededor de él, él dijo: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu victoria? Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. La verdadera Simiente Real de Abraham, nosotros poseemos la puerta de cada enemigo. Amén.
29¿De qué tenemos miedo? ¡Posea las puertas! Tenemos la promesa de Dios, tenemos Su Palabra, tenemos Su Espíritu Santo, los Angeles están acampados alrededor; todo está en orden. Toda pared puede ser derrumbada. Ya ha sido derrumbada. El Hijo de Dios va delante de nosotros, con Sus banderas ondeando, y no hay nada que pueda pararse en el camino de un santo yendo a encontrar una promesa de Dios. La muerte no puede pararlo; el sepulcro no puede pararlo. El diablo no puede pararlo. Nosotros somos más que vencedores. La enfermedad está vencida para Uds., amigos. La muerte está vencida para Uds. Incrédulos: ¿no lo recibirán Uds. a El? Los hábitos han sido vencidos para Uds. Las tentaciones han sido vencidas. Ud. dice: “Yo tengo un temperamento; yo no puedo deshacerme de él”. ¡Está vencido! El ya lo ha vencido, la gran Simiente final de Abraham. No hay ahora más conquistas que hacer; El venció por nosotros. Nosotros ahora por Su gracia, por medio de Su promesa, sólo creamos y continuemos aferrándonos. Eso es todo lo que hacemos. Ya está terminado. Nuestras enfermedades, nuestras transgresiones: “El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre El, y por Su llaga fuimos curados”.
30La gran Simiente Real de Abraham, Su Espíritu está aquí en esta noche. Todas Sus promesas son verdaderas. El cumple todo lo que El dijo. ¿Por qué es que algunos aquí serán sanados y otros no serán? Es sólo porque Uds. tratan de guardar un poquitito del mundo alrededor de Uds. Cedan todo; sean sencillos y miren a Dios y créanle con todo su corazón. Aférrense a ello, y tiene que suceder. Dios lo prometió. No hay nada que pueda evitarlo. ¿Creen Uds. eso? Entonces inclinemos nuestros rostros por un momento. ¿A cuántos les gustaría ser recordados en esta oración?, levanten sus manos y digan: “Dios, dame la fe. Oh, estoy avergonzado de mí mismo como un hijo de Abraham, la Simiente. Dame fe, Señor; quita todas las dudas; perdóname por mi incredulidad”. Levanten sus manos y digan: “Dios, sé misericordioso conmigo”. Dios los bendiga. El Señor los bendiga.
31Padre Celestial, parece como que la unción del Espíritu Santo me está sofocando. Parece como que El quiere hacer algo grande aquí en esta noche. Permite que suceda, Señor. Oh Señor, permite que suceda. Se les ha dicho a estas personas que ellas son de la Simiente de Abraham, y que son herederos con Abraham de acuerdo a la promesa. Dios ha jurado que la Simiente de Abraham poseerá la puerta de todo enemigo. Señor, si hay unos aquí en esta noche a los que Tú has tocado en la puerta de su corazón, y ellos todavía no te han recibido, permíteles saber que Tú quieres adoptarlos en la familia de Abraham. Y ellos dicen: “Bueno, yo bebo, fumo, apuesto, o–o miento, robo, o algo”. Permíteles saber que todas estas cosas están conquistadas por medio de Cristo Jesús. Sin duda hay muchos aquí, Señor, que a través de frustraciones y dudas y preocupaciones, han fallado de recibir el Espíritu Santo. Permíteles saber que Tú fuiste tentado en toda forma como nosotros lo somos, no obstante sin pecado. Tu tomaste nuestro lugar y conquistaste el enemigo por Tu Vida justa, para que nosotros quienes somos injustos todavía podamos tener la victoria mientras creemos en Ti, y reclamamos la promesa. Permite que aquellos quienes están enfermos, con los cuales los fieles doctores se han ocupado con empeño, y han procurado hacer lo mejor que pueden para salvar sus vidas, pero están postrados muriéndose muchos de ellos, con aflicciones que todavía no han sido reveladas al hombre, qué hacer por ellos... ¡Oh Señor Dios!, ellos son de la Simiente de Abraham. Permíteles ver en esta noche por el mensaje, que Dios juró a Abraham que su Simiente poseerá la puerta de todo enemigo. Estando entonces en Cristo Jesús nuestro Señor, nos hace la Simiente de Abraham. Todo enemigo tiene que ceder.
32Que la Sangre de Jesucristo santifique a este grupo de personas en esta noche. Que todas las dudas y frustraciones y temores sean quitadas, y que sea una venida del Espíritu Santo. ¡Oh Señor Dios!, envía Tu Angel en esta noche, ese gran Angel, el Espíritu Santo, que descendió en la forma de un Hombre un poco antes de la destrucción de Sodoma; como dijo Tu propio Hijo precioso: “Como–como fue en los días de Sodoma, así será en la Venida del Hijo del Hombre”. Ese, a quien Abraham adoró y le llamó el Señor Dios, Elohim, sabiendo que Dios estaba morando en esa carne de ese Hombre que comió un pedazo de carne de becerra y bebió leche y comió pan... ¡Oh, Señor Dios!, permite que ese Espíritu Santo que estaba en Ese en aquel día, simplemente rodee a cada uno aquí, y les dé la fe que Abraham tenía. Que El hable a sus corazones en esta noche. Que El hable por medio de nosotros, y con nosotros, para que sepamos que la Iglesia elegida lo ha recibido.
33Y Dios, pedimos por el mundo pecaminoso. Toda la ceguedad de la gente que ha sido cegada por la predicación del Evangelio, pedimos, Señor, que pronto Tú los llames a salir rápidamente antes que venga la gran destrucción. Sentimos que la Iglesia en esta noche ha sido llamada fuera y está segura, anclada en Cristo, y está lista para irse en el rapto. Así que pedimos, Padre, que Tú los llames a salir de todas las diferentes caminatas de la vida; y permíteles saber que eres Tú, y que estás dándoles la invitación para que vengan. Concédelo, Señor. Porque te lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén. Yo le amo, yo le amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.
34Ahora, Simientes de Abraham, el mensaje ha terminado; ahora entremos en una atmósfera de adoración para que el Espíritu de Dios pueda moverse ahora a través de nosotros. Cantémosla con nuestros ojos cerrados. Yo le amo, yo le amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.
35Oh, el gran Espíritu Santo está entrando nuevamente como gotas de rocío del cielo, como la Rosa de Saron, siendo ungido. Aarón, cuando él entró al lugar Santísimo, él estaba ungido con un aroma de olor grato. El entró con granadas que se golpeaban, estando entre campanas, tocando: “Santo, santo, santo, al Señor”. Permítenos entrar ahora al lugar Santísimo. Permite que toda Simiente de Abraham aquí en esta noche, en esta atmósfera Celeste, que todo aquel que cree que ha recibido el Espíritu Santo, todos Uds. de la Simiente de Abraham, caminen ahora ungidos con la dulzura de fe y entren en el lugar Santísimo diciendo: “Santo, santo, santo, al Señor”. Si Uds. tienen una necesidad, háganla notaria a Dios antes de llamar la línea de oración. Yo le amo (entren ahora), yo le amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.
36Ahora, no piensen de lo que está mal con Uds. Sólo piensen acerca de El cuando la cantemos otra vez. Piensen: “¿Le amo yo? ¿Es mi–es mi amor suficiente para El? ¿Lo he amado y lo he puesto primero? Cuando despierto en la mañana, ¿yo...? la primera cosa que hago, ¿le alabo? Durante todo el día, ¿le alabo? En mis decisiones, me pregunto yo mismo: ‘¿Es Tu voluntad, Señor?’ ¿Realmente le pongo primero en todo? ¿Es El el primero?” Si El es, cantémosla otra vez, y pensemos en ello. Yo le amo (primero), yo le amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.
37¿Sienten Uds. esa dulzura del Espíritu sólo moviéndose sobre la audiencia? Ahora, honestamente, delante de Dios, ¿cuántos realmente pueden sentir que el Espíritu Santo está cerca? Sentados en lugares Celestiales en Cristo Jesús. Muévete dulce Espíritu de Dios. Llama de muerte a vida. Habla a la Simiente de Abraham. Dáles fe. Permíteles saber que ellos pueden poseer la puerta de todo enemigo, porque todo enemigo ha sido puesto bajo los pies de Cristo, aun la muerte. Y nos paramos en El como un vencedor. Todo enemigo está bajo sus pies mientras Uds. estén en Cristo, porque todo está bajo Sus pies. ¿Cómo entramos en El? Por un Espíritu todos somos bautizados en un Cuerpo, hemos sido hechos participantes de la misma bendición, del mismo poder. La misma fe que moraba en Abraham, mora dentro de nuestros corazones. Esa misma fe que estaba en Abraham, manteniendo una promesa de Dios un poco antes de la destrucción del mundo, el mundo de Sodoma en los días de Lot, esa misma fe puede atraer a ese mismo Angel a este mismo... a este edificio y hacer las mismas cosas que El hizo en ese entonces. ¿Lo creen Uds.? ¿Cuántos creen, allá...?
38¿Cuántas personas enfermas hay allá en la audiencia?, sólo enfermas, levanten sus manos, o necesitadas de Dios por algo, levanten sus manos. A mí no me interesa en dónde estén Uds.; sólo levanten sus manos. Son muchos como para llamarlos a la plataforma. Si Uds. creen con todo su corazón que el Angel de Dios que vino a visitar a Abraham está aquí, crean en El con todo su corazón. ¿Qué no Jesús...? Ese mismo Angel, ese mismo Espíritu que estaba en el Hombre que le habló a Abraham, ¿qué no fue El manifestado aquí en un Cuerpo de carne para quitar el pecado? Una mujer tocó Su manto un día, y El dijo: “¿Quién me tocó?” ¿Y qué no nos dicen nuestras Escrituras que El ahora es un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades?
39En lugar de llamar una fila de oración aquí, sólo un grupo con tarjetas de oración, yo quiero que todos en el edificio, cada uno de Uds. allá, para que Uds. sepan que no necesitan tener una tarjeta de oración aquí... Yo–yo digo esto en el Nombre del Señor Jesús y en la Presencia del Angel de Dios, de quien soy siervo, Uds. pidan a Dios por lo que tengan necesidad ahora mismo, y reclamen la promesa, y vean si el gran Sumo Sacerdote no hablará exactamente como El lo hizo cuando El estuvo aquí en la tierra. ¿Creen Uds. que El puede hacer eso? ¿Le emocionaría su alma si El lo hiciera, los haría adorarle? Todas Uds. personas allá que están enfermas o afligidas o en necesidad de algo, ¿le–le emocionaría a Ud. ver a Dios hacer eso? ¿De prometerlo, ya que yo lo prediqué esta noche? Y Dios hizo la promesa que así sería un poco antes de la Venida del Hijo de Dios. Nunca ha sido desde entonces. Escudriñen la historia. Nunca ha sido desde entonces. Pero es hoy. ¿A quién fue? A los de la Simiente de Abraham, a aquellos que están llenos con el Espíritu Santo. ¿Hay algunas personas enfermas en esta sección?, levanten su mano, aquí; aquí en esta sección, levanten su mano. Oremos.
40Señor Dios, permite que alguien tenga fe. Concédelo, Señor, para que la gente pueda saber que Tú eres el mismo Dios, Tú eres el mismo que fue a Abraham en alguna clase de cuerpo de carne. Y Tú le hablaste a él. Y Tú le dijiste quién era él, o nombraste su nombre, y le dijiste acerca de Sara, y le preguntaste en dónde estaba ella, e hiciste esa señal. Tú prometiste que sucedería otra vez, y ha sucedido; estamos agradecidos. Permite entonces que la gente en esta audiencia sea un testigo en esta noche, para que en aquel día no haya preguntas. Concédelo, Señor. Si hay un pecador aquí, que él también sienta el impacto de la Presencia del Espíritu, para que él pueda correr rápidamente al altar y rendir él su vida o ella su vida. En el Nombre de Jesús lo pido. Amén.
41Sean tan reverentes como puedan, y toda persona orando. En cualquier parte del edificio, atrás, adelante, en dondequiera que Ud. esté, sólo ore. ¡Oh, qué momento! Uds. no saben cómo me siento en estos momentos. La puerta de esta cosa ahora me pertenece a mí. Dios abre las puertas: las puertas a–a sus aflicciones, las puertas al discernimiento de los pensamientos de su corazón. La Biblia ha prometido que el Espíritu Santo aun era un Discernidor de los pensamientos de la mente. Esa es una puerta que estaba prometida. Esa es una puerta que Dios da y abre.
42Muy allá en una esquina, en esta dirección (todos miren en esta dirección sólo por un momento): muy allá en la esquina hay un hombre y una mujer sentados allá. Ellos son esposo y esposa. Allá está la Luz posando sobre ellos. La mujer me está mirando; ella está sufriendo de algo mal en su pierna. El hombre tiene problema de estómago. ¿Creen Uds. que Dios los sanará? Levanten su mano si lo creen. Muy bien, Uds. dos vayan a casa y sean sanos. Jesucristo los sana. ¿Qué? Posea la puerta del enemigo. Ahí está la victoria. “Si puedes creer”. Oren.
43¿Qué de por aquí? Hay una mujercita sentada orando. Mire en esta dirección, hermana. Ella está sentada al lado de un hombre grueso. Ud. con artritis, con diabetes azucarada; Ud. estaba orando a Dios que la sanara. Si eso es correcto, levante su mano. Muy bien, vaya a casa y reciba su sanidad. Crean ahora.
44Alguno por aquí levantó su mano, a lo largo de esta línea aquí en alguna parte. ¿Ud.? ¿Cree Ud. con todo su corazón?, Ud., y su esposo, y sus pequeñitos. ¿Cree Ud. que Jesucristo me envió aquí por este propósito? ¿Cree Ud. que Cristo me puede revelar cuál es su problema? Ud. tiene problema de estómago. Su esposo tiene algo mal en sus ojos. Correcto. Pongan sus manos el uno sobre el otro, porque Jesucristo los sanó a Uds. dos en estos momentos. ASI DICE EL SEÑOR.
45Yo los reto a que crean. ¿Creen Uds.? Para que Uds. sepan que es el mismo Angel, yo me voltearé de espalda. Directamente detrás de mí está un hombre. El está orando... es una madre y un padre: problema cardíaco y artritis. Ellos vienen de Arkansas; el apellido de ellos es Smith. Crean con todo su corazón allá atrás, Sr. y Sra. Smith. Vayan a casa y reciban su sanidad y sean sanos, en el Nombre de Jesucristo. Amén. Si Uds. lo creen con todo su corazón, entonces vayan y recíbanlo.
46Ahora, sólo continúen orando. Alguien en esta sección. Hay una mujer sentada en esta dirección, y ella tiene problema en su espalda y en su–su cadera: Sra. Kirby. ¿Cree Ud. con todo su corazón? ¿Cree? Entonces Ud. puede irse a casa y ser sana, Señora Kirby. Jesucristo la sana. ¿Creen Uds.? El mismo Angel del Señor... Simiente de Abraham, ¿qué pasa?
47Hay una mujer mirándome cerca de donde está esa señora allá, ella está orando por alguien. Es su hijo. El está en un hospital para dementes, y ella está orando por él. Correcto, señora. ¿Cree Ud. que Jesucristo lo sanará a él? Si Ud. lo cree, levante su mano. Muy bien. Que sea así, como Ud. ha creído. Tengan fe en Dios.
48¿Qué piensa Ud., cariño? Esa niñita, mamá abrazándote allí, ¿crees tú? ¿Crees que Jesús te sanará de esa diabetes azucarada y te permitirá sanar? ¿Sí crees? Si crees, ponte de pie. Muy bien, vete a casa y sé sana, en el Nombre de Jesucristo. Que sea así.
49La damita sentada allá mirando a eso con regocijo, enfrentándose a una operación el lunes en la mañana, por un problema de mujer. ¿Cree Ud. que Dios la sanará y la sacará de eso? Si Ud. cree, vaya y créalo en el Nombre del Señor Jesucristo.
50¿Qué de Ud. en la silla de ruedas? Artritis. Si lo cree, Ud. también puede irse a casa y ser sana en el Nombre de Jesucristo. Allá ella se levantó de la silla de ruedas. ¿Cree Ud. con todo su corazón? Ud. puede recibir lo que ha pedido. Allá va ella, estaba inválida en una silla de ruedas, caminando en el Nombre del Señor.
51Pónganse de pie, todos. Todo los que están enfermos y afligidos, pónganse ahora de pie; den alabanza a Dios. Levanten sus manos y alaben al Señor, todos, por Su benevolencia, todos, por Su benevolencia. Vengan al Señor. Todo pecador, venga aquí en el Nombre del Señor Jesucristo; todo pecador venga aquí. Venga rápidamente, todo pecador, venga aquí y arrepiéntase de sus pecados. Yo le ordeno en el Nombre de Jesucristo, en la faz de este Angel quien hace al inválido caminar, que discierne los pensamientos del corazón, el Angel de Dios. Venga adelante pecador en el temor de Dios, y arrepiéntase de sus pecados. Eso es directo, y sin rodeos, pero es ASI DICE EL SEÑOR. Si Ud. viene, será salvo, así como esta mujer fue sanada y otros fueron sanados. Venga adelante pecador.
52Vengan Uds. aquí por este lado. Todos los que están buscando el Espíritu Santo, vengan por este lado. Si Uds. quieren recibir el Espíritu Santo, vengan por este lado; esta es la hora. Sodoma se va a quemar después de un tiempo. Vengan adelante, Uds. que están buscando el Espíritu Santo y quieren algo de Dios. Vengan aquí; esta es la hora de liberación. Si Uds. quieren librar su alma de la tentación, librar su alma del pecado, librar su alma del temor, librar su alma del pecado, en el Nombre de Jesucristo el Hijo de Dios, cuya Presencia ahora está aquí, yo los hago cargo a Uds. por el Dios viviente quien los juzgará a la Venida del Señor Jesús, que vengan adelante y reciban a Jesucristo. Vengan, esta es su oportunidad. Uds. están retados por el Espíritu Santo. El los juzgará en el Día del Juicio. Vengan en el temor de Dios. Vengan porque Dios está aquí. Vengan porque Dios está llamando. No vengan por causa de una historia patética; no vengan por nada sino porque Dios los ha invitado a venir. Vengan ahora. Esto es todo. En el Nombre de Cristo yo lo digo otra vez: que todo pecador, toda persona que está oprimida, toda persona que tiene pecado en su vida, incredulidad, y que no ha recibido el Espíritu Santo, toda cosa de lo que Ud. tiene necesidad en el aspecto espiritual, venga ahora adelante. Si Ud. tiene un temperamento que Ud. no puede vencer, si Ud. está tentado por el tabaco, si Ud. está tentado por el pecado, venga adelante y sea liberado, en el Nombre de Jesucristo.
53Miren a aquella pobre anciana. Yo no sé qué estaba mal en ella. Yo no sé lo que el Espíritu Santo dijo, pero allí estaba ella ligada a una silla de ruedas hace unos cuantos minutos, y allá está ella todavía de pie, dando gloria a Dios. Obreros, vengan con ellos, vengan adelante. ¡Oh, Simiente de Abraham: despierta, oren, prepárense!; la Venida del Señor está a la mano. ¡Vengan adelante! ¡Vengan adelante! ¡Sigan viniendo! ¡Qué momento! ¡Qué momento!, el Espíritu Santo simplemente ungiendo todo alrededor de aquí. Yo miro allá por encima de esta audiencia; simplemente algo dentro de mí parece que me está subiendo alto, alto, alto, alto. Algo está aquí: el poder de Dios está aquí; la gloria de los santos está aquí; el poder de Dios está entre el pueblo. Simiente de Abraham, Uds. tienen... toda puerta es suya. Toda puerta es suya. Levantemos nuestras manos en todas partes; todos Uds. pecadores penitentes, levanten sus manos; todos.
54¡Oh, Señor, Creador de los cielos y de la tierra!, envía Tu mensaje y Tu poder sobre estas personas. Permite que el Espíritu Santo tome la preeminencia en sus corazones en estos momentos. Llénalos con Tu bondad. Llénalos con el poder de Dios. Perdona sus pecados. Sana toda enfermedad en el edificio. Date gloria a Ti mismo. Concédelo, Señor, mientras los santos Te adoran. Concédelo, Padre, en el Nombre de Jesucristo.
55Mientras los santos están alabando a Dios, encontremos a estas personas aquí en el altar, dele vuelta allá a la esquina. Hermano Curly, alguno allí, para guiarlos... Aquí por este lado ahora para que podamos orar por Uds. en el cuarto. Aquí por este lado. Todos aquí, vengan ahora sólo por este lado. [Porción no grabada en la cinta–Ed.]. Uds. obreros, vayan ahorita con ellos hasta que nosotros vayamos al cuarto; ahorita. El resto de Uds., todos aquí que les gustaría unirse a este grupo.... En la marcha al Calvario. ¡Aleluya! En la marcha al Calvario. ¡Victoria en Jesús! ¡La victoria de Jesucristo! Ellos poseerán la puerta del enemigo, yo le prometo eso. Dios no llamaría a alguien a menos que él fuera de la Simiente de Abraham. Allí van ellos al Calvario. Allí van ellos a poseer las puertas de todo enemigo. Dios bendiga sus corazones mientras van, es mí oración. Vengan ahorita, hermanas, si Uds. van con ellos, sigan adelante. Cualquiera que quiera ir ahora, que no fue la primera vez, venga ahorita. La puerta todavía está abierta. Y allí es en donde Ud. puede poseer la puerta de cada enemigo que Ud. tiene; el enemigo que lo ahoga, el enemigo que lo hace hacer cosas que Ud. no quiere hacer, el enemigo que pone duda y miedo en su corazón, allí mismo es el lugar para vencerlo. Ya está vencido; sólo vaya y reclámelo. Ellos van en su camino hacia el Calvario. Yo le amo, yo... (levantemos ahora nuestras manos mientras cantamos) amo, Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz. Movamos nuestras manos de esta manera y cerremos nuestros ojos. Yo le amo (sólo miren eso, hermanos), yo... (Todos los que le aman, hagan a El un ademán de saludo con su mano). Porque El a mí me amó; Y me compró mi salvación, Allá en la cruz.