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~ GUIADOS POR EL ESPIRITU SANTO ~
1Permanezcamos de pie para orar. ¡Oh Señor! Estamos agradecidos a Ti en esta noche por esta gran oportunidad de venir a Ti y llamarte nuestro Padre. ¡Oh, qué privilegio para un mortal llamar a Dios Su Padre! Todo esto fue hecho posible por el amor de Tu amado Hijo y Su sacrificio cuando murió en el Calvario para redimir a esta raza caída de Adán restaurándola nuevamente con Dios. Estamos muy agradecidos contigo en esta noche por haberlo enviado y te pedimos que Su Espíritu, que está con nosotros ahora, nos bendiga en la otra parte de este servicio. Bendice estos débiles esfuerzos que hacemos para engrandecer Su Nombre.
2Señor, salva a los perdidos y permíteles darse cuenta en esta noche de su grave situación al estar alejados de Dios en esta gran hora de oscuridad en que vivimos. Que ellos puedan regresar y si alguna vez han aceptado a Jesús como Su Salvador, que en esta noche se apresuren a encontrarse con Él nuevamente. Estoy seguro que Él estará esperando con Sus brazos abiertos. Permite que en esta noche se haga o se diga algo que los haga actuar de esa manera.
3Y oramos por los enfermos y afligidos, que la presencia del Espíritu Santo traiga fe a los corazones de la gente para que acepten la sanidad que Jesús les dio hace unos mil novecientos años, cuando fue azotado en el pretorio de Pilato.
4Perdona nuestras faltas. Coloca nuestra incredulidad bajo Su Sangre. Que cuando salgamos en esta noche, podamos decir como aquellos que venían de Emaús: “¿No ardían nuestros corazones en nosotros mientras Él nos hablaba?”. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén. Pueden sentarse.
5Yo estaba hablando esta noche, o esta tarde, quise decir, con el papá del pequeño Ricky. Y ellos van a tener al pequeño Ricky el jueves en la noche, aquí en la plataforma. Estoy seguro que todos Uds. se contentarán de verlo. Él es aquel de quien testificábamos anoche. Ellos van a traerlo. Era un caso sin esperanza, los médicos lo habían desahuciado con cáncer, y con su carita hinchada ni siquiera podía sacar la lengua fuera de la boca… El Señor Jesús lo tocó inmediatamente y hoy está vivo. Su padre estuvo aquí anoche y si el Señor lo permite, el jueves en la noche lo va a traer aquí a la plataforma con su madre.
6Los he estado despidiendo tan tarde cada noche que me da pena, así que voy a darme prisa en esta noche para pasar la línea de oración.
7Deseo leer una pequeña cita, lo cual simplemente voy a tomar unos momentos para tratar de sacar un contexto de esto que voy a leer como texto. Quiero leer del capítulo 2 y el versículo 25 de San Lucas, que dice así: Y he aquí había un hombre en Jerusalén llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.
9Nuestra escena se abre en esta noche en aquella gran ciudad histórica de Jerusalén, hace unos dos mil años. Imaginémonos que era un lunes en la mañana después de un gran día antes de la adoración. Y para ese tiempo había en Palestina unos dos millones de judíos que eran muy religiosos y consagrados a sus leyes. Y había una ley que les había sido dada, que después de haber nacido un hijo varón, debía ser circuncidado a los ocho días y entonces la madre debía ofrecer un sacrificio para su purificación, para su limpieza.
10Y habiendo en aquel tiempo tantos niños, o tanta gente en Jerusalén y en las regiones vecinas, todas las mañanas debía haber una fila enorme de mujeres listas para ofrecer su sacrificio de purificación por su bebé—por ellas mismas al tener al bebé.
11Y esa mañana no fue la excepción. Debió haber una fila muy larga de mujeres y quizás conversaban, como lo hacen las madres mientras cargan a sus hijos. Y por supuesto, como piensan todas las madres de sus hijos, que son los más bonitos del mundo. Ellas deberían pensar eso. Y muchas venían muy arregladitas, Uds. saben, para este gran evento.
12Y para los que podían permitirse tal cosa, se proveía un cordero para el sacrificio. Eso era para la familia que pudieran permitirse tal cosa. Pero si la familia era pobre y no podía traer un cordero, una tórtola servía de igual manera.
13Puedo ver a lo largo de esa fila de mujeres al lado del templo, a los bebés con hermosas chaquetitas, escarpines y demás, como les gusta vestirlos a las madres, mientras esperaban el evento. Y debió haber sido una escena dramática observar esto.
14Pero en esta mañana veo en esa fila a una dama (creo que tenga dieciséis o dieciocho años de edad) y en sus manos tenía una o dos tórtolas para su purificación. Y nos damos cuenta que este bebé que ella estaba cargando no tenía una chaquetita azul ni ropitas bordadas. Pero noto que está envuelto en pañales.
15Y si comprendo bien en qué estaba envuelto este niño, era algo que había sido quitado del yugo de un buey, que estaba colgando en el establo, en una cueva en Belén donde nació.
16Y, por supuesto, como se creía que esta dama había tenido este hijo fuera del matrimonio, pueden imaginarse cómo se sentían las mujeres: “Manténganse alejadas de ella porque ese niño no nació bajo el santo matrimonio, ella fue madre antes de que José y ella se casaran”. Guardaban la distancia… Pero aún así aquella mujer judía cargaba en sus brazos un Tesoro que sabía de dónde venía.
17Y yo creo que así es hoy con todo aquel que ha recibido a Cristo, podría ser excomulgado de los suyos y de lo que llaman la popularidad del mundo, puede que no sean tan populares entre la gente del mundo como pudieron haber sido, pero en el corazón de esas personas que han recibido a Cristo, ellos saben lo que tienen.
18A veces ellos tienen que soportar el nombre de ser fanáticos. Otras veces el diablo les ha puesto ese nombre tan ridículo de “santo rodador”. No importa qué clase de nombre tengan que soportar, ellos saben lo que tienen.
19Eso no molestó a María mientras miraba a su niño y lo acariciaba en la barbilla con sus dedos observando la sonrisa de su rostro. No importaba cuán lejos se mantuvieran de ella, ella sabía lo que tenía.
20Así sucede con los cristianos en esta noche. Ellos saben lo que tienen cuando recibieron a Cristo en sus corazones.
21Había llegado el momento cuando no quedaban muchos creyentes, pero Dios siempre ha tenido un remanente que le ha creído. Y se nos dice que en aquel tiempo había en Jerusalén un anciano llamado Simeón. Él era un hombre bien conocido. Era un maestro en Israel. Digamos que tenía unos ochenta años de edad, con su barba y cabellos blancos, pero era un hombre consagrado que creía en Dios y esperaba que Él cumpliera Su promesa.
22Me gustaría detenerme aquí por un momento para decir esto: Si Ud. le hace una promesa a alguien, está obligado a esa promesa. Y si Ud. es un hombre o una mujer de honor, hará todo lo que pueda por cumplir esa promesa. Pero pudiera ser que ocurriera algo y Ud. no pueda cumplirla.
23¿Pero sabían Uds. que Dios está más obligado que Ud. a cumplir Su promesa? Cuando Dios hace una promesa, tiene que cumplirla para poder ser Dios. Todas las promesas que Él hace son verdad y Él está obligado a esa promesa. Si Ud. mantiene eso en su mente mientras pasa por la línea de oración en esta noche, algo le sucederá para que sepa que Dios no puede hacer una promesa que no cumpla. Él tiene que hacerlo.
24Y Él siendo infinito conoce todas las cosas. Nosotros somos finitos y podemos hacer una promesa y tener que retractarnos, pero Él no puede porque es perfecto. Él conoce todas las cosas, conoce el fin desde el principio. Así que Él tiene que cumplir Sus promesas. Y Él siempre ha tenido a alguien que crea eso. Permita Dios que yo sea uno de esos. No importa cuánto tenga que ser criticado y se rían de uno, déjenme creer las promesas de Dios y quedarme con ellas.
25Este anciano era un hombre honorable y tenía una gran reputación entre el pueblo. Y un día, quizás en el cuarto de oración o en su estudio, el Espíritu Santo vino a él y le hizo una promesa, y le dijo: “Simeón, tú no vas a morir hasta que veas al Cristo”. Él lo creyó y tenía derecho a creerlo, porque el Espíritu Santo le había dado la promesa. Y el Espíritu Santo, Quien dio la promesa, estaba obligado a traerlo a Cristo cuando Cristo viviera.
26La razón por la que Ud. está aquí en esta noche por sanidad Divina, es porque Ud. creyó que Dios hizo la promesa. ¿Cuántos creen en sanidad Divina?...
27Uds. saben que en una ocasión David dijo: “Un abismo llama a otro abismo”. Si hay un abismo llamando, tiene que haber otro abismo que responda a ese llamado. Yo siempre he hecho esta declaración: que antes que el pez tuviera una aleta, tenía que haber agua donde nadar o no habría necesidad de que la tuviera. Antes que hubiera un árbol en la tierra, tenía que haber primero tierra donde creciera.
28Hace unos años leí en un periódico sobre un niñito que se comía los borradores de sus lápices en la escuela, y un día su mamá lo encontró en el porche comiéndose los pedales de la bicicleta de su hermano. Preocupada ella lo llevó a la clínica y después que los doctores lo examinaron lo mejor que pudieron, hallaron que su cuerpecito necesitaba azufre y este se haya en la goma. ¿Por qué se comía los pedales de la bicicleta? Porque había algo en él que pedía azufre y si en él algo le pedía azufre, primero tenía que haber azufre o eso nunca hubiera estado en él.
29En otras palabras, antes que hubiera una creación, tuvo que haber un Creador que la formara. Y si en esta noche Ud. tiene sed del poder sanador de Dios, tiene que haber una fuente abierta en alguna parte o Ud. no sentiría sed. ¿Cuántos anhelan caminar más cerca de Dios? Todos. Bueno, debe haber una manera de caminar más cerca de Dios en alguna parte o Ud. no la anhelaría.
30Algo en Ud. ha creado un deseo de caminar más cerca de Dios, algo ha creado en Ud. un deseo de ser sanado por Dios. Bien, antes de que eso sucediera en su cuerpo, en su espíritu, tenía que haber un Creador y ese es el Espíritu Santo. Es por eso que Ud. está aquí en esta noche, porque el Espíritu Santo lo ha guiado hasta aquí.
31Ahora, Simeón leyó en las Escrituras que vendría un Mesías y mientras estaba sentado leyendo esta Escritura, el Espíritu Santo le dijo: “No morirás hasta que lo veas”. Él no tuvo miedo de su testimonio. A él no le importó su prestigio sino que le decía a todo el mundo: “Yo viviré para ver venir al Mesías”.
32¡Oh!, por supuesto que Uds. saben lo que el mundo pensaría de eso, quizás algunos dijeron: “Ese anciano está un poco mal de la cabeza. Le está fallando la mente”. Tal vez digan eso de Ud.
33Cuando la gente toma a Dios en Su Palabra y cree Su promesa, eso es tan sobrenatural que se convierte en locura para la gente del mundo. Si ellos tan sólo… Dios es mucho mayor--Sus promesas, Su poder, Su Ser y Su manera de existir. Sus expectativas de nosotros son mayores que las cosas del mundo, a tal grado que llegamos a estar locos para el mundo. ¿No dice bien la Escritura que: “Todos lo que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución?”. Bienaventurados cuando sean perseguidos por causa de Él.
34Ahora, vemos ahora a este anciano andando por allí y contándole a la gente, él lo creía sin importar lo que dijeran porque tenía una buena razón para creerlo. El Espíritu Santo lo había guiado y había creado en él una fe para que creyera eso.
35Por eso es que Uds. están aquí en esta noche por sanidad, Uds. lo leyeron en las Escrituras que es una promesa de Dios. Y mientras él leía la promesa de la venida del Mesías, entonces el Espíritu Santo le dijo: “Tú lo vas a ver”.
36El mismo Espíritu Santo… No hay dos Espíritu Santo, sólo uno. El mismo Espíritu Santo que guió a Simeón para que testificara de eso, lo ha guiado a Ud. hasta aquí en esta noche.
37Allí estaba él. Digamos que esa mañana él estaba sentado en su estudio y de repente sucedió algo. A mí me gustan los movimientos repentinos de Dios, ¿a Uds. no? Eso lo sacude a uno de repente y uno responde. Algo está a punto de suceder.
38Entonces Simeón estaba sentado en su estudio y digamos que metió la mano al bolso, extrajo un pergamino y comenzó a leerlo. Y decía algo así: “Porque un Niño nos es nacido, Hijo nos es dado. Y se llamará Su Nombre Consejero, Príncipe de Paz, Dios Fuerte, Padre Eterno”. Y en ese momento el Espíritu debió haberle dicho: “¡Simeón, ponte de pie!”.
39Y sin la menor duda el sabio anciano dejó caer el pergamino sobre la mesa y se puso de pie. “Comienza a caminar, Simeón”. “¿Señor, a dónde iré?”. “Eso no es asunto tuyo. Simplemente sal fuera y yo te guiaré el resto del camino”.
40Igual sucede con Uds. que están en sillas de ruedas en esta noche, Uds. que están en camillas o donde se encuentren, si Dios los guía... Los doctores dicen que Ud. va a morir, eso es lo mejor que él conoce, pero si algo le dice que se levante y acepte a Cristo como su Sanador, comience a caminar. Es asunto de Él encargarse del resto.
41Ud. dirá: “Hermano Branham, no me he movido por tanto...” Eso no importa si nunca se ha movido. Si Dios le dice en su corazón que se mueva, hágalo. Porque los Hijos e Hijas de Dios son guiados por el Espíritu de Dios, Romanos 8:14
42Y Simeón comenzó a caminar guiado por el Espíritu y entró al templo. Parece muy extraño, sin saber a dónde iba, pasa por la fila de mujeres y algunas de ellas comentan: “Ahí viene el honorable reverendo Simeón”. Sigue a lo largo de la fila y otras dicen: “¡Oh!, tú sabes, ese es el anciano que algunos dicen que está un poco mal de la cabeza. Él se ha vuelto demasiado religioso”.
43¿Creen Uds. en esta noche que él era demasiado religioso? Seguro que no. En nuestra escena él es un santo y esta noche está en el cielo gozando del compañerismo con todos los redimidos.
44Mientras recorre la fila lo veo detenerse junto a esta damita de la que todos se apartaban. Bueno, alguien pudo haber dicho: “Allí lo tienen. Vean, aves de un mismo plumaje se juntan”. Eso es verdad. A mí también me gusta eso. 45 El mandamiento de Dios es: “Salid de en medio del mundo y apartaos”. “Apartaos y yo os recibiré”. Y allí va ella acercándose a Simeón mientras él le extiende sus brazos al bebé. Puedo verlo mirar el rostro de este niño, levantar el rostro hacia el cielo y lágrimas de gozo deben haber corrido por su blanca barba mientras dice: “Señor, despide a tu siervo en paz de acuerdo a Tu Palabra, porque mis ojos han visto Tu Salvación”. Guiado por el Espíritu…
46Allá en un rincón, sentada en la oscuridad del mundo y sin vista para ver, aunque veía mucho mejor que muchos teólogos hoy con buena vista de aquí de Los Ángeles. Su nombre era Ana. Ella era una profetiza que no salía del templo, sino que permanecía allí día y noche ayunando, alabando a Dios y esperando la venida del Mesías. Y el Espíritu Santo debió haberle dicho: “¡Ana, ponte de pie!”.
47Ella no veía pues estaba ciega, pero ahí va abriéndose paso entre la gente, guiada por el Espíritu Santo. ¿Qué Espíritu Santo era ése? El mismo que en esta noche lo guió a Ud. hasta aquí, todavía se mueve sobre los hijos e hijas de Dios.
48Mientras se movía guiada por el Espíritu, se acercó al niño, levantó sus manos y bendijo a Dios. Si el Espíritu Santo pudo tomar a una anciana ciega en un rincón y guiarla a Cristo, ¿cuánto más debería Él guiarnos a nosotros en esta noche? Guiados, movidos. Dios obra por senderos misteriosos para obrar Sus maravillas.
49Me viene a la mente un pequeño testimonio de algo personal. No hace mucho yo venía de Dallas (hace unos años), y se presentó una tormenta en el aire. Yo estaba en una de las aerolíneas y aterrizó en Memphis. Me dijeron que fuera al… La limosina me llevó al hotel Peabody. Es un lugar magnifico, pensé que sería bueno si al menos una vez me quedara en un buen hotel y me dieron una habitación muy hermosa por cuenta de ellos.
50Momentos después que había llegado sonó el teléfono. Yo había estado escribiendo unas cartas y me disponía a leer la Biblia para luego orar y acostarme. Me dijeron: “Reverendo Branham, el avión saldrá mañana a las siete. Este vuelo no saldrá sino hasta las siete. La limosina lo pasará recogiendo a las siete”.
52Yo le dije: “Muy bien, señor”. Colgué el teléfono, terminé mi correspondencia, oré y me acosté. Y les pedí que me llamaran. Al día siguiente me levanté temprano y pensé: “No quiero desayunar. De algún modo siento que es una mañana hermosa”. El Sol había salido muy bonito y era primavera. Así que pensé: “Iré rápido al correo y enviaré estas cartas antes que la limosina me recoja para ir al aeropuerto”. Y salí con las cartas en mi mano, yendo calle abajo.
53Y de repente Algo me dijo: “Detente y regresa por el otro camino”. ¡Oh!, pensé que quizás era una impresión, ¿por qué quería regresarme por aquel lado? Así que seguí y eso continuó aumentando al punto que dije: “Debo orar. Esto pudiera ser el Espíritu Santo”.
54Y había… Sucedió que pasé por una tienda que vendía equipos de pesca. Entonces subí por la pequeña entrada para mirarlos o actuar como que estaba interesado. Y vi a un policía de tráfico Irlandés haciendo señas y dejando cruzar a la gente. No había nadie a mi alrededor, así que incliné mi cabeza y dije: “Señor, ¿eres Tú el que me dices que me regrese?” Y Algo me dijo: “Da la vuelta y regresa”.
55Estaba seguro que era Dios. Creo que los que son nacidos del Espíritu Santo entienden de lo que estoy hablando, es algo que lo impresiona a uno, no es una voz audible o una visión, sino algo que lo impresiona a uno. La gente nace, son puestas en la iglesia para ver visiones y demás. Pero el Espíritu Santo obra de muchas maneras diferentes. Y es tanto el Espíritu Santo verdadero de esta forma como de aquella. Todo eso es el Espíritu Santo.
56Así que me di vuelta y empecé a caminar y caminar y seguí caminando. Finalmente llegué al barrio de la gente de color. Miré mi reloj y eran las siete y diez. Pensé: “Oh, perdí mi avión”. Pero Algo seguía incitándome: “Sigue, sigue caminando”.
57Confío que en esta noche cuando se haya orado por Ud., sea en la plataforma o no, ese mismo Espíritu Santo le dé una visión de la promesa de Cristo para Ud. y le incite a seguir adelante. “Apenas puedo mover un dedo”. Pero siga moviendo ese dedo hasta que pueda mover la mano, luego el brazo, después una pierna y así sucesivamente, y luego siga.
58“Me siento un poquito mejor”. Bueno siga alabándolo. Siga adelante. No se desvíe hacia un lado: “Quizás regrese nuevamente a la línea de oración”. Eso no es bueno. Siga como va. Déjese guiar por el Espíritu Santo. Si Ud. tan sólo le abre su corazón a esa vocecita, Ud. la escuchará.
59Fíjense. Mientras Él y yo íbamos por la calle, Él me guiaba. Y oh, era una mañana muy hermosa. El sol ya estaba saliendo y las rosas florecían en los macizos de los rosales y demás. La lluvia fresca y el sol saliendo traía la fragancia de la madreselva. Y era una mañana muy hermosa.
60Y yo iba por allí sin saber a dónde me dirigía, al igual que si saliera de mi hotel esta noche en sentido contrario. Iba guiado por el Espíritu y pensé: “Oh, ya perdí mi avión, así que tomaré otro. De todos modos no tengo prisa, todavía me quedan tres o cuatro días más antes de otra reunión”. Seguía caminando y pensaba: “Señor, no sé a dónde me llevas, quizás a un lugar de oración”.
61Pasé junto a un montón de cabañas donde vive la gente de color. Y reclinada sobre un portón vi... Mis queridos amigos de color en esta noche, al tratar de imitar la voz de esta dama no estoy tratando de burlarme de su gramática, porque la mía es peor que la de Uds. Pero ella estaba asomada, una típica sureña, con una camisa de hombre amarrada a su cabeza, pómulos muy abultados y mirando hacia la calle mientras yo pasaba.
62Yo iba cantando esa alabanza que Uds. los pentecostales cantan: Estoy Tan Contento Que Puedo Decir Que Soy Uno De Ellos. Creo que así es como dice: Estaban reunidos en el aposento alto, Todos oraban en Su Nombre. Fueron todos bautizados con el Espíritu Santo, Y vino poder para servicio. Y lo que Él hizo por ellos en aquel día Lo mismo hará para ti. Estoy tan contento que puedo decir Que soy uno de ellos. Y yo estaba tratando de aprenderme esa alabanza.
63Yo iba andando, tarareándola para mí mismo. Y noté que esta dama tenía una gran sonrisa en el rostro, mientras se asomaba por el portón. Dejé de cantar y cuando iba seguir de largo, ella me dijo: “Buenos días, predicador”. Le dije: “¿Cómo está, señora?”. Ella comenzó a reír mientras lágrimas corrían por sus mejillas. Le pregunté: “¿Cómo supo que yo era predicador?”. Ahora, “predicador” quiere decir “un ministro”. Y ella dijo: “Yo sabía que Ud. vendría”. Le dije: “¿Cómo lo sabía Ud., señora?” Me dijo: “Bueno, le diré cómo fue predicador”. Dijo: “¿Ha leído en la Biblia la historia de la Sunamita a quien Dios le dio un hijo por promesa, por medio del profeta Eliseo?” Le dije: “Oh, seguro, estoy familiarizado con el relato, hace unas semanas prediqué sobre eso”.
64Ella dijo: “Bueno, yo soy ese tipo de mujer que no tenía hijos y mi esposo y yo deseábamos mucho tener un hijo. Yo oré y el Señor me dio este hijo y le dije que se lo dedicaría a Él. Yo he lavado ropa, predicador, soy la lavandera en este sector y crié este muchacho lo mejor que pude para que amara al Señor, pero él salió con malas compañías y contrajo una mala enfermedad, nosotros no sabíamos nada de esa enfermedad y el muchacho se enfermó cada vez más. Finalmente lo llevamos al médico y él nos dijo que no había esperanzas para él, que estaba acabado, la enfermedad había alcanzado el torrente sanguíneo y se había comido partes de su corazón. Y cuando bombeaba la sangre, parte de ella se perdía pues las válvulas fueron comidas por esa enfermedad”. Y dijo: “El doctor me dijo que no había oportunidad para él y allí ha estado en la cama inconsciente por dos días”. Dijo: “No puedo soportar ver a mi hijo morirse así, y anoche oré toda la noche diciendo: ‘Señor, Tú me has dado este hijo, ¿pero dónde está el Elías?’”
65Uds. pueden imaginarse cómo me sentí. Y pensé: “¿Era esto, Señor?”. No dije ni una palabra de cómo había sido guiado hasta allá y le dije: “Mi nombre es Branham, ¿ha escuchado Ud. alguna vez de mí?” Ella dijo: “No señor, creo que no”. Yo le pregunté: “Bueno, ¿cómo sabía Ud. que yo iba venir?” Ella me dijo: “Me acosté como a las tres de la mañana y soñé que veía venir a un hombre con un traje oscuro y un sombrero del oeste a un lado de la cabeza, traía algunas cartas en su mano y el Señor me dijo: ‘Sal y espéralo’ y desde esa hora lo he estado esperando”.
66Le di una palmadita en la espalda y sentí que estaba mojada por el rocío. Era verdad. Y le dije: “Bueno, señora, mi ministerio es orar por los enfermos”.
67Ella no estaba interesada en eso. Ella dijo: “¿Quiere pasar?” Abrió ese portón con puntas de arado sujeto por una cadena. Entré a esa cabañita esa mañana, era una cabañita de dos cuartos, no había felpudo en el piso, ni nada, una camita con cabecera de madera, grietas en el piso lo suficiente grandes que, oh, el viento se colaba.
68Yo he estado en palacios de reyes y supongo que he tenido el privilegio de estar en los hogares más hermosos del mundo, pero en toda mi vida no me había sentido como en casa, que en esa casita aquella mañana. Cuando miré las paredes no habían allí fotografías de mujeres sino una pequeña inscripción: “Dios bendiga nuestro hogar”. En una esquina había una vieja cocina de madera y en esa cama estaba acostado un hombre enorme, bien parecido, parecía que pesaba como unas ciento setenta libras y medía como unos seis pies de estatura. En sus manos tenía una manta y hacía: “Humm, humm”. Decía: “Oh, está oscuro”. Le pregunté: “¿Qué dice él?”
69Ella me dijo: “Predicador, él ha estado hablando acerca de… desde hace dos días está inconsciente”. Dijo: “En su inconsciencia, él cree que está en alguna parte del mar, perdido en la oscuridad y está remando en un bote tratando de llegar a tierra. Predicador, yo no puedo soportar ver a mi hijo morir así”.
70Ella se acercó, le acarició la cabeza, lo besó y le dijo: “Dios te bendiga, niñito de mamá”. Era un tipo enorme, estaba muriéndose en vergüenza y pecado y aún así era un niño para su mamá. No importaba en qué desgracia se encontraba o cuánto había deshonrado a la familia, todavía ese amor de madre estaba allí por él.
71Algunas veces recuerdo eso y pienso: ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz?, pero Dios dijo: “Yo no puedo olvidarme de ti. Tengo tu nombre esculpido en las palmas de mi mano”.
72Así que descarriado, recuerde en esta noche que Ud. no puede apartarse de esto. Él todavía lo ama. Es por eso que Ud. está aquí en esta noche. Él está tratando de darle otra oportunidad, tocando a su puerta.
73Me arrodillé en el piso para orar. Ella se arrodilló al lado de su cabeza y yo a sus pies. Toqué sus pies y parecía que estaban fríos y pegajosos, seguramente la muerte estaba cerca del muchacho. Yo dije: “Señora, siendo que Ud. es la madre del joven, ¿le gustaría orar primero?”.
74Ella respondió: “Seguro, predicador”. Inclinó su cabeza y ¡qué oración más tremenda!, podríamos decir que esta no fue aprendida en ninguna escuela, salió de lo profundo de su corazón. Hablando con Dios, Ud. podría asegurar que ella había hablado con Él antes, sabía lo que estaba diciendo. Y cuando terminó de orar, se secó los ojos con el viejo delantal que llevaba puesto y me miró.
75Yo dije: “Ahora oraré yo”. Puse mis manos sobre sus pies y dije: “Señor, no sé qué decir, ¿es esta la razón por la que me hiciste perder el avión, para que viniera a orar por el hijo de esta mujer? Señor, si es así, que se sepa que Tú eres Dios y respetarás su oración y sinceridad”.
76En ese momento, el joven dijo: “¡Oh, mamá!”. Dijo: “Ahora se está aclarando en el cuarto, se está yendo la oscuridad”. En unos minutos estaba sentado en la orilla de la cama conversando con nosotros.
77Salí rápidamente, paré un taxi y me fui al aeropuerto. Y cuando llegué a la puerta, hacían el último llamado para ese vuelo. Dios había detenido en tierra aquel avión por la fe de una mujer que quizás no se sabía el abecedario, una pobre mujer de color, ignorante como la llamaríamos nosotros. Dios hizo aterrizar aquel avión, y lo detuvo allí hasta que su oración fuera respondida. En esta noche Él es el mismo Dios que era entonces.
78Como dos años después de eso, yo iba en tren hacia Phoenix y pasé por Menphis, no había vuelto a saber de ellos. Si alguno de Uds. ha estado alguna vez en Menphis, el tren del este entra a la estación así y hace una parada de veinte minutos. Yo quería comprar unos emparedados porque en el tren son más caros, como cuarenta centavos por un emparedado muy pequeño, con eso casi podría comprar una bolsa de hamburguesas, llevármelas en el tren y comérmelas durante el viaje cuando me diera hambre.
79Así que bajé para comprarme una bolsa de hamburguesas. Empecé a caminar rápido y escuché que alguien dijo: “Hola, pastor Branham”. Miré y allí estaba parado un joven con una gorra roja, haciendo señas con sus ojos, corrió y se acercó a mí. Le dije: “¿Cómo está joven?” Me dijo: “¿Ud. no me conoce, verdad?” Le respondí: “Creo que no”. Él dijo: “Hace como dos años, una mañana, Ud. fue a mi casa”. Yo le dije: “Tú no eres aquel joven”. Él me dijo: “Sí, lo soy”. Dijo: “Ahora soy cristiano y le sirvo al Señor”.
80¡La guianza del Espíritu!... Ese mismo Espíritu Santo lo ha guiado a Ud. hasta aquí en esta noche. Lo ha guiado aquí, no para que regrese a casa enfermo sino sano. Lo ha guiado a Ud. amigo pecador, para que vuelva a casa como un cristiano, muerto para las cosas del mundo. Uds. descarriados, los ha traído aquí para que vuelvan con Dios en esta noche nuevamente. Mediten en eso mientras inclinamos nuestros rostros.
81Oh Señor, mientras medito en estas experiencias de treinta años en el campo del ministerio, no sé dónde está ese muchacho en esta noche Señor. Tú sí sabes. Pero uno de estos días cuando la vida haya terminado para ambos, me encontraré con él de nuevo. Oh Señor, mientras haya luz permítenos caminar en la Luz del Espíritu Santo, porque viene la hora cuando oscuridad y densa oscuridad cubrirá a los moradores de la tierra.
82Señor, en esta noche te pedimos que tomes a esta gente, a las que has guiado y has hecho sentir en sus corazones que hay un Dios que los ama, quiere salvarlos y sanarlos. Ahora que los has guiado aquí por la misma causa, creo que es porque Jesús, el Hijo de Dios, está presente para quitar los pecados y enfermedades de la gente; y comienza en nuestros corazones un avivamiento a la antigua y que se beneficien todas las iglesias de este lugar. Señor, creemos que estás aquí y pedimos que bendigas nuestros esfuerzos.
83Y ahora, Padre, nos damos cuenta que hablar de un Dios es una cosa, pero cuando ese mismo Dios viene y manifiesta que está vivo, que sólo murió temporalmente como expiación para que pudiéramos tener estos privilegios de ser guiados por Su Espíritu... Que Él venga ahora entre el pueblo con gran poder en esta noche y haga, actúe y muestre que Él está vivo por medio de las mismas señales, maravillas y milagros que hizo cuando estuvo aquí en la tierra. Que Él se manifieste a la gente en esta noche como lo hizo con la mujer en el pozo.
84Que Él se manifieste en esta noche en la forma como Él le dijo a ella que tenía maridos que—que no eran maridos legales y discernió los secretos de su corazón. Y ella le dijo: “Sabemos que cuando el Mesías venga nos declarará estas cosas”. Tú le dijiste: “Yo soy el que habla contigo”. Señor, permite que eso suceda otra vez.
85Y concede que en esta noche se sepa también, que Él es el mismo que sabía dónde estaba Natanael y quién era, que Él se dé a conocer en esta noche también.
86Y cuando aquellos iban acongojados de Jerusalén a Emaús, en aquella primera mañana de Pascua, cuando acababa de ocurrir la resurrección unas horas antes del tiempo, Él estaba entre ellos y no lo sabían.
87Señor, estoy seguro que en esta noche es igual. Tú estás aquí, pero quizás la gente no lo sabe. Haz con nosotros como lo que hiciste por ellos en aquel tiempo. Cuando hiciste que entraran al aposento y cerraron la puerta, Tú hiciste algo igual a lo que habías hecho antes de ser crucificado. Y con eso ellos supieron que era su Señor resucitado. Y ellos corrieron rápidamente a decirles a los demás. Y que así suceda en esta noche y cuando salgamos de aquí, que no seamos sólo de pies presurosos sino también de corazones diligentes para decirle a los demás que Jesús ha resucitado de los muertos. Que Él perdona los pecados y sana las enfermedades de la gente, porque lo hemos visto manifestarse a Su Iglesia. Pedimos esto en el Nombre de Jesús y por Su causa. Amén.
88Creo que se repartieron cien tarjetas de oración hoy. Por razón del tiempo y de los visitantes que están aquí por primera vez voy a decirles algo: Yo no afirmo ser un sanador Divino. No creo que haya tal cosa.
89Yo creo que Jesucristo los redimió a Uds. de una vida de enfermedades así como de pecados. Si el antiguo pacto (la expiación con sangre de corderos, cabras y vacas) incluía sanidad, ¿cuánto más sanidad incluye este mejor pacto por la Sangre de Jesús, el propio Hijo de Dios?
90Ahora, Uds. ya son sanados, cada uno de Uds., pero la única razón por la que no pueden aceptarlo, tal vez, es porque quieren pasar por una rutina de imposición de manos. Eso está bien, pero eso no lo sana a Ud. Ud. es sanado por su fe en una obra consumada que Dios hizo por Ud. en el Calvario. Su sanidad viene por medio de eso.
91Ahora, el Espíritu Santo lo ha guiado a venir aquí en esta noche. ¿Por qué? Porque Ud. cree en sanidad. Y si hay una fuente abierta en alguna parte, Él está obligado a guiarlo a ella. Lo demás depende de Ud.
92Ahora, nosotros deberíamos asegurarnos que Él está vivo. Y si está vivo, Él actuará como lo hizo ayer, porque dice la Escritura que Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. ¿Qué fue Él ayer? ¿Anduvo Él con el pecho inflado diciendo: “Yo soy un sanador?”. Nunca. Eso no se parece a nuestro Señor, Él nunca reclamó ser un sanador. Él dijo: “No soy Yo el que hace las obras sino el Padre que mora en mí, Él es el que hace las obras”. En San Juan 5:19, Él dijo: “De cierto, de cierto os digo: no puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”.
93En otras palabras, Dios le mostró por visión todos los milagros que Él hizo. Ahora, trace eso a través de las Escrituras y se dará cuenta que es la verdad.
94Algunas veces la fe de la gente tocó a Dios a través de Él. Él se debilitó cuando una mujer con flujo de sangre le tocó, causó una debilidad en Su cuerpo. Pero todo eso sucedía por visión, lo que el Padre le había mostrado, porque no podía decir nada equivocado. Él dijo: “Yo no hago nada hasta que el Padre me lo muestre (no que lo revele), sino que me lo muestre”.
95Elías preparó la leña y demás cosas, puso el sacrifico y dijo: “Señor, por mandato Tuyo he hecho todo esto”.
96El hombre no puede hacer lo que quiera según su propia voluntad. Ni siquiera el mismo Jesús hizo eso. Dios tiene un programa y nosotros debemos cumplirlo.
97¿Qué si Ud. tuviera un pozo artesiano en esta montaña y una cosecha se estuviera quemando arriba de este otro lado? Ud. podría parase y gritar toda la noche y eso nunca regaría la cosecha. Pero si Ud. obra conforme a las leyes de la gravedad, eso llevará el agua hasta su cosecha.
98Así sucede aquí, el Espíritu Santo lo ha guiado a Ud. hasta aquí. Ahora, si Ud. obra de acuerdo a la guianza del Espíritu Santo que lo ha traído aquí, hay suficiente poder en este recinto para sanar a toda persona que se encuentra aquí. Yo estoy seguro que el Espíritu Santo está aquí. Entonces, si Él está aquí según Su promesa que: “Donde estuvieren dos o tres congregados en mi nombre allí estoy Yo en medio de ellos. Si se pusieren de acuerdo acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho”. Ahora, si nosotros nos ponemos de acuerdo…
99Sería casi imposible para mí orar individualmente por cada persona que se encuentra en este edificio. Yo no podría hacerlo. Pero si el Espíritu Santo viene y nosotros nos rendimos, Ud. se rinde y yo me rindo... Ud. tiene un don, yo tengo un don. Es el don del Espíritu Santo. Entonces dejemos que el Espíritu Santo nos rodee con Su poder, hasta el punto que yo no sepa lo que estoy diciendo y pueda estar tan rendido a Él, para que Él hable a través de mis labios y revele los secretos de su corazón como hizo cuando estuvo aquí en la tierra, como hizo cuando Pedro vino a Él, le dijo: “Pues, tu nombre es Simón y tu padre es Jonás”. Dijo: “De aquí en adelante serás llamado Pedro”. Era la primera vez que lo veía…
100Cuando Felipe vino, Él dijo: “He aquí un verdadero Israelita en quien no hay engaño”. Él le preguntó: “¿Rabí, de dónde me conoces?” Él le dijo: “Antes que…” Cuando Natanael vino, mejor dicho, dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Piensen en eso.
101La mujer junto al pozo… Él miró a las gentes y ellos dijeron en sus corazones: “Él es Beelzebú”. No lo dijeron en voz alta, pero Jesús percibió sus pensamientos. ¿Es correcto eso?
102Dijo: “Los perdonaré por llamarme Beelzebú”, pero en otras palabras: “Algún día, cuando venga el Espíritu Santo, entonces hablar en contra de eso jamás les será perdonado”. Meditemos en eso.
103Y si nuestro Señor, Quien nos ha guiado aquí en esta noche a esta congregación… Cuando cada uno de nosotros se pare en el día del juicio a dar cuenta por esta noche... Nosotros sabemos eso. Y si el Espíritu Santo viniera aquí y se diera a conocer, que Él es el Cristo resucitado, cada uno de Uds. deberían creerlo unánimes, para cualquier cosa que Uds. necesiten, porque la promesa es para todo aquel que crea.
104Ahora Señor, es… Yo me encomiendo a Ti ahora para este servicio. Bendice estas palabras que han sido dichas, aunque entre cortadas Señor, pero quizás, Tú las puedas unir y hacer que lleguen a los corazones y mentes de la gente para que puedan entender. Y que el Espíritu Santo haga esto.
105Señor, ven y revélate a nosotros en esta noche como ese mismo Jesús resucitado que está presente y cumple Su promesa: “Yo estaré con vosotros y en vosotros hasta el fin del mundo. Y las obras que Yo hago vosotros también las haréis”. Señor, permite que esas obras estén aquí, para que ellos puedan ver con sus ojos y oír con sus oídos la manifestación de la resurrección de Tu amado Hijo, el Señor Jesús, porque lo pedimos en Su Nombre. Amén.
106(¿Cuáles? ¿Las A o las B? Las B). Las tarjetas de oración B, mi hijo me dijo que se repartieron cien de ellas. Comenzaremos con la B, número 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10. Que vengan esas primero y formen una fila aquí. La número 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10. Sólo esas diez y dentro de unos momentos las llamaremos a todas, pero no queremos que se forme una confusión. Nosotros estaremos…
107Muy bien, mientras ellos están hablando, me gustaría pedirle a la audiencia... Por favor, tengan mucha reverencia porque estamos en la casa del Señor, Uds. creen eso, ¿no es cierto? Debemos ser muy reverentes, respetarnos y amarnos los unos a los otros.
108Creo que aquí hace unas noches (o en otra parte) un paralítico…No, fue una mujer paralítica. Creo que fue en Jamaica, ella estaba sentada allí y por respeto a una mujer que tenía problemas del corazón le cedió su lugar para pararse en la línea. Y debido a eso el Espíritu Santo vino y la sanó. ¡Eso es! ¡Así se hace! Ámense y muestren respeto los unos para con los otros.
1091, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10. Muy bien. Queremos alinear diez, a los primeros diez. Tan pronto estén formados alinearemos más, y a otros más hasta que los alineemos a todos.
110Ahora, mientras esperamos por ellos, yo me pregunto, ¿cuántos aquí en el edificio están enfermos y no tienen una tarjeta de oración, pero creen que Dios los va a sanar? Levanten la mano. Los que no tengan tarjeta de oración. Uds. que no tienen tarjeta de oración pero creen que Dios los va a sanar y van a estar bien. Dios les bendiga. Parece que hay por todos lados.
111Mientras pasan las B, permítanme decirle esto a los que están aquí cerca. En una ocasión Jesús iba de camino por medio de una visión a sanar--levantar a una muchachita llamada… No sé cuál era su nombre, pero el de su padre era Jairo, un sacerdote. Y él había venido a buscar a Jesús para que fuera a poner Sus manos sobre la niñita. Y mientras Él iba, alguien vino y le dijo: “No molestes más al Maestro, ella está muerta”. Y el corazón de este hombrecito casi se le partió. Jesús se volteó y le dijo: “Si tan sólo puedes creer”.
112Y mientras Él iba en camino, la gente le atropellaba. Había una mujercita que sabía que no podía atraer a un Hombre de esa manera. Así que dijo dentro de sí...
113No fue así, Uds. conocen el relato, pero vamos a decirlo así: “No tengo una tarjeta de oración, así que no podré estar en la línea de oración. Pero yo creo que Él es el Hijo de Dios, así que me voy a acercar y creo que si tan sólo tocare Su vestidura seré sana”.
114¿Están familiarizados con el relato? Y ella se abrió paso entre la gente hasta que llegó a un lugar y tocó Su vestidura. Se regresó y se sentó. Jesús se detuvo y preguntó: “¿Quién me ha tocado?
115Y ellos le reprendieron, dijeron: “Pues…” Pedro, y le dijo: “Todos te tocan, ¿por qué dices algo como eso? Él le respondió: “Siento que fuerza ha salido de Mí, virtud ha salido de Mí”. Y Él miró por toda la audiencia hasta que encontró a la mujercita que no tenía tarjeta de oración. Y Él le dijo acerca de su flujo de sangre que había tenido, le dijo: “Tu fe te ha salvado”.
116Ahora, ¿creen Uds. que Él es el Sumo Sacerdote de acuerdo al libro de Hebreos? El Sumo Sacerdote en el cuerpo que Cristo se manifestó, porque Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo...
117Ahora, Dios está en Su Iglesia reconciliando consigo al mundo. Cuando Jesús murió para hacer la expiación, se levantó al tercer día y Dios levantó ese cuerpo y lo sentó a Su diestra en Gloria. ¿Creen Uds. eso? Él está sentado en el trono de Dios, la diestra de poder y majestad en gloria. Entonces cuando nosotros hacemos confesiones, ese cuerpo está allí como una expiación perpetua. Y cuando nosotros confesamos que Él ha hecho algo, Él es el Sumo Sacerdote que se para en nuestro lugar, un sacrificio en la presencia de Dios con Su propia sangre para interceder en base a nuestra confesión.
118Aquí está lo que Ud. debe hacer, diga: “Señor Jesús, Gran Sumo Sacerdote del Pacto, vengo a Ti humildemente confesando mis pecados”.
119Ahora, pecado es incredulidad. Fumar, adulterar, beber no es pecado; esos son atributos de la incredulidad, porque si Ud. creyera no haría esas cosas. ¿Ven? Sólo hay un pecado y es incredulidad. “El que no cree ya es condenado”. ¿Ven? Ud. fuma, miente, roba, bebe y comete adulterio porque no es un creyente, un creyente no hace eso porque ha pasado de muerte a vida. “El que oye mis palabras y cree al que me ha enviado tiene vida eterna y no vendrá a juicio más ha pasado de muerte a vida”. Juan 5:24
120Muy bien. ¿Ya tenemos a esos? ¿Del 1 al 10? Ahora del 10 al 20. Que se pongan de pie, otros diez. Las A del 10 al 20… 25. A del 10 al 25. Que vengan aquí y entren… O, la B, quise decir. Son las tarjetas de oración B, de la 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, y así hasta la 25. Entonces no tendremos confusión, Uds. saben, con demasiados caminando en el piso.
121Ahora, ¿creen Uds. que la Escritura enseña que Él es un Sumo Sacerdote que puede ser tocado por nuestras debilidades? ¿Enseñan eso las Escrituras? Bueno, si Él es el mismo Jesús, el mismo Sumo Sacerdote que anduvo aquí en la tierra… Y para mí, yo creo que no hay otro mediador entre Dios y los hombres sino Jesucristo Hombre. Eso es correcto. Yo creo que Dios lo hizo Sumo Sacerdote y el único mediador entre Dios y los hombres.
122Ahora. Y entonces si Él está sentado en el trono para hacer intercesiones y Ud. tocara a ese Sumo Sacerdote con sus debilidades, ¿cómo actuaría Él? Igual que lo hizo cuando estuvo aquí en la tierra. ¿Es correcto eso?
123Entonces ¿cómo podría Él hacer eso? Dejando que Su Espíritu Santo nos lleve a un punto donde podamos creerlo y por medio de un don Divino que Él me ha dado, relajándome, hasta que el Espíritu Santo pueda decir a través de mí lo que está mal con Ud. o lo que tiene que hacer, igual como Él hizo con la mujer que tocó Su manto... ¿Creen Uds. eso?
124Muy bien, entonces no piensen en una tarjeta de oración, piensen en lo que el Señor Jesús ha prometido.
125Ahora, las B del 25 al 50. Que se pongan de pie. Si pueden ir por la parte de atrás, quizás Uds.… ¿Hay un espacio libre por allá en la parte de atrás? Si Uds. pueden dar la vuelta por la parte de atrás, yo creo que sería mucho más fácil que viniendo por aquí. Formen una fila los de la 25 a la 50.
126Ahora, el resto de Uds. que no tienen tarjetas de oración, manténganse con mucha reverencia. Miren hacia acá. Y si Uds. creen ahora mismo, antes que comience la línea de oración o algo, Él los sanará.
127Ahora, del 25 al 50. Los ujieres… Eso es correcto, hermanos. Métanlos en la fila.
128Muy bien. Tan pronto como salga ese grupo llamaremos otros más. Y si salen por aquí, yo creo que no se apretarán entre la gente.
129Y ahora, recuerden que mañana en la noche, el miércoles en la noche hay el culto normal de oración. No fallen en venir. El jueves en la noche estará aquí el pequeño Ricky. Y el viernes, sábado y domingo en la mañana… El sábado en la mañana debo hablar en el desayuno de los Hombres de Negocio en Los Ángeles. Creo que lo harán en la cafetería Clifton. ¿Es correcto hermano Kopp? En la cafetería Clifton. Y luego el sábado en la noche de nuevo aquí en el Templo.
130Y el domingo en la mañana en una iglesita Armeniana, allá en… Sólo caben como veinte personas. Es un viejo amigo mío. Voy a ir a sentarme en su iglesia y luego regreso. No voy a estar aquí. Así que si voy a una donde todos los ministros cooperadores…
131Sólo voy a reunirme con un viejo amigo mío. El domingo en la tarde regresaremos aquí al Templo y en la noche será el cierre de la reunión hasta donde sabemos... A menos que el Espíritu Santo haga algo diferente, continuaremos si eso está bien con la gente y si le place al Señor.
132Luego, de allí vamos a San Diego y de allí iremos a San José, luego regresaremos a casa por unos días. Tan pronto como Billy regrese de Sydney voy a Nueva Zelanda, Australia, Tailandia y alrededor del mundo.
133Muy bien. Ahora, las B de la 50 a la 100, que vayan allá a la parte de atrás y comiencen a regresarse por allá y tomen sus lugares.
134Ahora, si alguien aquí tiene una de esas tarjetas de oración y es paralítico, que no puede caminar, bueno que los traigan hasta aquí y yo bajaré a orar por ellos.
135Ahora, nosotros los que estamos esperando, inclinemos nuestros rostros. Y que el organista nos dé la nota del “Sólo Creed”, por favor.
136Sean todos muy reverentes ahora mientras ordenamos las filas, y hagamos todo en el mejor orden posible para que a cada persona se le haga más fácil de entrar a la fila. Cada persona tome su lugar y posición.
137Ahora, deseo que todos los que no están en la línea sean reverentes y oren tranquilamente. En los próximos minutos algo sucederá, estoy seguro de eso. Y si Él viniera aquí a la plataforma delante de esta audiencia e hiciera lo que hizo cuando estuvo aquí en la tierra, haciendo… probando por la señal Mesiánica que Él todavía es el Mesías, entonces, ¿cuántos lo creerían con todo su corazón? Levanten su mano a Él y digan: “Señor, yo sí, yo creeré”. Sólo creed, Sólo creed, Todo es posible, Sólo creed; Sólo creed, Sólo creed; Todo es posible, Sólo creed
138Cantémoslo de esta manera, con mucha dulzura, mientras levantamos nuestras manos y cerramos nuestros ojos: Hoy creo yo. Hoy creo yo, (¡Escúchanos Señor!) hoy creo yo, Todo es posible, hoy creo yo; Hoy creo yo, hoy creo yo, Todo es … hoy creo yo. ¿No es Él maravilloso?
139Ahora, en un momento comenzaremos la línea de oración y me gustaría preguntarle a este gran grupo de personas que están alineadas, no hay duda que muchos de Uds. están familiarizados con el ministerio que el Señor Jesús me dio. Anoche intenté explicar eso, cuando vino la primera visión ya no pude detenerlas, siguieron viniendo y me criticaron porque no oraba por mucha gente.
140Mi ministerio no es orar por un grupo de personas e imponerle las manos. Mi ministerio... La señal no es que yo deba imponer las manos sobre la gente sino que Uds. crean que el Señor Jesús está presente y lo acepten de esa manera. ¿Ven?, a mí me gusta de esa manera.
141Si yo pongo las manos sobre alguien y se sana, él podría decir: “Uds. saben, el Hermano Branham me impuso las manos”. Realmente, eso no tuvo nada que ver con esto. Yo prefiero que sea otro el que ponga las manos sobre Ud. allá. Son las manos de Jesús las que Ud. espera que se le impongan, así que yo no tengo nada que ver en eso. ¿Ven?
142Y si yo pudiera llevar mi ministerio aquí en Estados Unidos como lo hago en el extranjero... Yo puedo hacer que traigan a la plataforma dos o tres personas y esas cosas pueden suceder, honestamente habría veinte o treinta mil personas sanadas al mismo tiempo.
143Por aquí tengo el nombre de un hombre, el gobernador o algo así, de la isla en donde acabo de estar, él dijo: “Así era que lo queríamos aquí”. Dijo: “Viene un evangelista, pone las manos sobre los enfermos y cuando se va parece que Dios también se fuera”. Pero dijo: “En su ministerio Hermano Branham, Ud. nos hace saber que Dios está con nosotros también y ponemos las manos los unos sobre los otros”.
144Vean, yo sólo los reunía, a la gente allí y les decía: “Yo ni siquiera sé hablar su idioma, pero si el Espíritu Santo me revelara algo que Uds. saben que yo no sé, ¿creerían Uds.?”. Ellos lo creían y el Espíritu Santo venía y revelaba eso, tal vez iba a la audiencia y escogía a una persona de esa manera. ¡Oh, hermano! Eso es todo lo que se necesita. Ellos dejaban sus sillas de ruedas, catres, camillas y todo. Eso lo concluye.
145Les dije: “Pongan sus manos los unos sobre los otros y no ore por Ud. mismo, ore por aquel sobre quien tiene sus manos puestas y él estará orando por Ud.”. La Biblia dice: “Sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán”. ¿Quién? ¿William Branham? No, el creyente. “El que creyere”. Así que Ud. es un creyente y tiene el derecho de poner las manos sobre alguien, reconociendo la presencia de Cristo.
146Ahora, en esta noche haremos pasar nuevamente esta larga línea. Y quizás una de estas noches durante esta semana, traiga uno de esos temas fundamentales para que puedan ver en las Escrituras que Cristo murió por Ud. y que es su fe la que lo sana. Dios le bendiga, mi querido amigo.
147Veo que todavía están tratando de ordenarlos a todos en la línea allá atrás, así que estoy esperando un momento para ver si los acomodan.
148Ahora, inclinemos nuestros rostros por un momento mientras nos preparamos. Sean reverentes ahora y estemos esperando, cada uno ahora, por el Espíritu Santo.
149Ahora, Ud. que está en la línea de oración: si en su vida hay un pecado sin confesar, sepa que Dios nunca lo sanará mientras que Ud. tenga pecado sin confesar en su vida.
150Por eso es que yo hago pasar esa línea lentamente, para que el Espíritu Santo me revele. Y todos Uds. son testigos de eso, de cómo se les ha dicho a la gente de su pecado, y de esta mujer aquí en adulterio con este hombre sentado aquí arriba. Uds. saben cómo han sucedido esas cosas y por eso es que yo reviso el caso muy bien antes de hacer una oración de fe por ellos. Porque ¿qué si Dios permitió que el diablo pusiera esa enfermedad sobre ellos para disciplinarlos y aquí vengo yo con un don Divino de fe y la hecho fuera de ellos? ¿Ven? Yo me meto en problemas con Dios, como Moisés que golpeó la roca en vez de hablarle.
151Ahora, ¿ven el problema en que uno se mete? Así que recuerden, esta noche sólo voy a orar imponiendo las manos sobre los enfermos. Si Cristo viene y se manifiesta aquí y yo siento que Él quiere que me detenga con alguien en la línea, lo haré. De otra manera, voy a comenzar a orar por los enfermos y dejo que siga así.
152Ahora, y recuerde que si Ud. tiene pecados sin confesar, sepa que yo no soy responsable. Yo se lo estoy poniendo en sus manos. Si Ud. tiene pecados sin confesar, sálgase de la línea y arregle eso con Dios antes de pasar por esta línea. Y el Señor le bendecirá por eso si Ud. es así de sincero. Pero si Ud. está preparado en oración, muy bien. Ahora, oremos todos.
153Señor, con nuestros rostros inclinados, en este momento, se tiene que saber que Tu Escritura es la verdad y que yo la he dicho, o si no, yo estoy errado y soy un falso profeta, o Tu Escritura nos ha guiado mal. Ahora, Señor, sabemos que no es así. Sabemos que Tus Escrituras son la Verdad. Nosotros hemos hablado y leído de Tus promesas. Ahora la cosa es, ¿es así? ¿Estás vivo? ¿Estás aquí? ¿Cumples Tu promesa, Señor? Oh, me siento sacrílego al decir tal cosa, aun en la oración.
154Señor, Tú sí cumples Tu promesa, cada una de ellas, verdaderamente. Es nuestra incredulidad lo que nos separa de Tus promesas.
155Ahora, Señor, Te ruego que te manifiestes en esta noche delante del pueblo y quites toda incredulidad de ellos, que esta pueda ser la noche de sanidad más grande que este Templo haya presenciado jamás desde los días de su fundador. Concédelo, Señor. Ofrezco esta oración para la gloria de Dios en estos últimos días de problemas, en el Nombre de Jesucristo. Amén.
156Ahora, me supongo… [El Hermano Branham habla con un Hermano— Ed.] Hay muchos que faltan en la línea. Mi hijo dijo que había muchísimos que faltaban en la línea. Los que tengan tarjetas de oración del 1 al 100, tomen su lugar en la línea. Tienen la libertad para hacerlo. B-1 al 100. Muy bien, la número… Muy bien. Párese ahí junto a ese micrófono, señora, por favor.
157Ahora, quiero que todos tengan reverencia. Y ¿cuántos allá prometen que estarán orando por estas personas? Esta es la madre de alguien, el padre, la hija o el hijo... Tráiganle una silla a ella. Que se siente en una silla. La señora está tan débil que no puede permanecer de pie.
158Ahora, siendo que está débil y es la primera persona en la línea voy a hablar con ella por un momento. Hermana, yo sé que Ud. está enferma, sé que Ud. tiene que estar enferma, o no estaría parada allí de esa manera. Así que si yo me acercara a Ud. y le dijera: “Voy a poner mis manos sobre Ud. ¡Alabado sea Dios!, Ud. va a sanar”. Ud. debería creer eso porque es la pura verdad que tenemos esa promesa. Pero entonces Ud. se preguntaría si esa es la palabra del Hermano Branham o es la Palabra del Señor Jesús.
159Ahora, pero si Él viniera aquí y me revelara la razón por la que Ud. está aquí. Somos desconocidos el uno para el otro, supongo yo. Si eso es correcto, ¿levantaría su mano?, o ¿puede Ud.? Muy bien. Esta es la primera vez que nos encontramos.
160Ahora, la audiencia puede ver eso. No conozco a la mujer, nunca la he visto en mi vida y es la primera vez que nos encontramos. Ahora, si Jesús haría… Aquí está un hombre y una mujer, San Juan cuatro nuevamente, para comenzar. Si el Señor Jesús me revelara algo sobre esta mujer, algo que ella haya hecho, que debería hacer o que está mal con ella, algo que ella sabe que yo no sé, que ella sea el juez si es la verdad o no. ¿Cuántos creerán que viene de Jesucristo de acuerdo a Su promesa?
161Ahora, aquí estamos los dos y aquí está la Escritura, la Biblia, sobre el púlpito sagrado. No nos conocemos. Y entonces si Él hiciera eso…
162Ahora, yo generalmente atiendo uno por uno, hasta… Para cuando llego al número siete u ocho estoy tan débil que casi no puedo permanecer de pie aquí. Así que de esa manera, pues, yo dejo uno y luego continúo hasta que me repongo de nuevo y me detengo en otro y continúo así. Pero el mismo Espíritu Santo está aquí que… Él tiene que estar aquí en alguna parte. Él no podría hacer eso. ¿Es correcto? Él tiene que estar. Así que la gente en Estados Unidos pone las manos sobre ellos y eso está muy bien.
163Ahora, que el Señor conceda eso, hermana. Voy a hablar con Ud. como lo hizo el Señor con la mujer en el pozo. Y esta es la primera vez que nos encontramos. No nos conocemos el uno al otro, pero le pido a Dios me revele cuál es su problema y Ud. será el juez.
164La señora está sufriendo… Ella está sumamente nerviosa, casi al borde de una crisis. Eso es verdad, ¿no es así? Ahora, ella no lo aparenta porque una persona nerviosa es normalmente muy delgada. Uds. pudieran decir: “Hermano Branham, Ud. adivinó eso”. Muy bien. Sólo para quitarles los escrúpulos a Uds., hablemos con ella nuevamente. Sean muy reverentes.
165Ahora, yo no sé lo que Él le dijo que estaba mal, pero lo que haya dicho es la verdad. Uds. son testigos. Sí, la veo temblando y tratando de sostener algo, lo está dejando caer. Es una condición nerviosa. Eso es correcto. Es una condición nerviosa. Y Ud. tiene complicaciones, hay muchas cosas malas en Ud. Y Ud. tiene un problema interno y es un tumor, ese tumor está en los intestinos. Eso es correcto. Está lista para ser operada. Ahora, algo ha sucedido y Ud. lo sabe. Así que puede irse a casa y ser sana. Ahora puede bajar de la plataforma e irse a casa.
166Ahora, ¿cree Ud. con todo su corazón? Vean, la fe de esa pobrecita la sanó. Ahora, le damos gracias al Señor por eso. Muy bien. Ahora, ¿cree Ud. que Él está aquí? Tenga fe, no dude y crea que todo es posible ahora. Vuelva a su puesto, manténgase quieta y ore.
167Venga, señor. Señor Jesús, bendigo a mi hermano en oración y que sea sano en el Nombre de Jesucristo. Amén.
168Dios misericordioso, te pido en el Nombre de Jesús que bendigas a esta hermana. Señor Dios, Creador de los cielos y la tierra te pido que bendigas y sanes a mi hermano. Vaya y coma ahora; su problema estomacal se ha ido y también la artritis, siga en movimiento. Tenga fe ahora y crea con todo su corazón.
169Oh, Señor Dios, Creador de los cielos y la tierra, bendice a nuestra hermana y sánala, te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén.
170Venga, señor. Señor, en el Nombre de Jesucristo, bendice a este nuestro hermano y sánale. Amén. [El hermano Branham continúa orando por los enfermos en la línea de oración—Ed.]…
171Pase. ¿Cómo está Ud.? ¿Viene por Ud. o por el niño? ¿Por el niño? Pues, una criaturita que no podría entender lo que digo, pero, ¿qué de Ud. como su madre? ¿Creería Ud. que si Dios me revelara qué tiene el niño, elevaría eso su fe? Veo al niño con la sombra de la muerte y por eso fue que quise preguntarle para que su fe se elevara y creyera. Si Dios me revelara el problema del niño, ¿creería Ud. que yo soy Su profeta, o Su siervo? Yo tengo cuidado con esa palabra, profeta, delante de la audiencia. ¿Ven? ¿Ven? Sólo hay alguien que… Es Dios… No yo, yo no tengo nada, sólo soy un instrumento parado aquí.
172Yo no la conozco a Ud., nunca la he visto ni a Ud. ni a su bebé. Ud. sabe que esa es la verdad. Pero si Dios me revela qué tiene el niño, entonces Ud. creerá, ¿no es cierto? Es un problema del corazón. Eso es correcto. Y los doctores no creen que vivirá, pero su doctor le dijo que si el niño vivía hasta un año o un poco más tratarían de operarlo y Ud. está luchando por su vida, ya que perdió uno antes de este. Esto es ASÍ DICE EL SEÑOR. ¿Cree Ud. que si yo pongo las manos sobre él sanará? Señor Dios, Creador de los cielos y la tierra, Quien salvaste la vida del pequeño Ricky, yo condeno el demonio que está… a este bebé. En el Nombre de Jesucristo, que él pueda vivir. Ahora, por fe pongo la Sangre de Jesús entre este problema del corazón y el niño, en el Nombre de Jesucristo. Amén. Ahora su niño vivirá. Vaya y crea con todo su corazón. [El Hermano Branham sigue orando brevemente por los enfermos en la línea de oración a medida que van pasando—Ed.]
173Un momento. Algo sigue sucediendo aquí en la plataforma, hay alguien que está orando por otra persona allá afuera. No puedo hallarlo en este momento. Sólo continúen orando.
174Señor, te ruego que sanes a esta hermana, en el Nombre de Jesús.
175Parece que viene desde aquí. Hay alguien que está orando por un ser querido que está en el hospital y tiene colitis. Tenga fe y crea. En el Nombre de Jesucristo, que sea sanado, Señor.
176Pase, mi hermano. Señor Dios, Creador de los cielos y la tierra, Autor de la Vida Eterna y dador de toda buena dádiva, permite que Tus bendiciones caigan sobre nuestro hermano. En el Nombre de Jesús, que él sea sanado. Amén.
177¿Creen Uds.? ¿Creen todos con todo su corazón? Vean, el Espíritu Santo está aquí con dulzura, reverentemente, pero con poder. Algunas veces nosotros nos confundimos al decir que porque recibimos una bendición del Señor, que ése es el poder del Señor. No, esa es la bendición del Señor. El poder del Señor es cuando Él está moviéndose, haciendo algo, manifestándose a Sí mismo. ¿Creen Uds. eso?
178Señora, sentada allí con un tumor, orando, ¿cree Ud. que Jesucristo la sanará? Si lo cree, Ud. puede recibirlo con todo su corazón. Dios le bendiga, puede volver a casa ahora y quedar sana.
179Y… Por acá con un problema estomacal. ¿Cree Ud. que Dios le sanará? El que está sentado allí al final. ¿Lo cree? Entonces puede irse a casa y recibirla.
180Si tan sólo puede creer, Dios hará grandes cosas por Ud. ¿No creen Uds. eso? Seguro. Ahora, ¿cuántos de Uds. creen con todo su corazón que Jesucristo el Hijo de Dios está en esta reunión? ¿Ven? Esta es Su manifestación.
181Quiero que pongan las manos los unos sobre los otros. Sólo pongan las manos los unos sobre los otros ahora, todos los que están enfermos.
182Oh Señor, Creador de los cielos y la tierra, Autor de la Vida Eterna y dador de toda buena dádiva, estamos conscientes de que Tu Espíritu está aquí. La gente está tomando aliento porque saben que el gran Espíritu Santo está moviéndose en el edificio, esa Luz que estoy mirando y que se mueve como una Columna de Fuego colgando en el edificio. Oh Cristo, ellos saben que Tú estás aquí porque has desplegado el mismo poder y las mismas bendiciones. Y satanás está tratando de atrapar a la gente. La única forma en que puede hacerlo es por la incredulidad, pero yo condeno esta incredulidad. Satanás, has perdido la batalla. Has sido expuesto, satanás, sal fuera de esta gente. En el Nombre de Jesucristo, que ese demonio de incredulidad salga y que toda persona aquí sea sanada en el Nombre de Jesucristo.
183¿Creen Uds. con todo su corazón que están sanos? Si es así, pónganse de pie. No importa cuál sea su problema, póngase de pie y déle alabanza a Dios. Pónganse de pie. Así es.
184Hermana, dénos la nota de: “Yo le alabaré, “Yo le alabaré”. Cantemos todos ahora: Yo… Yo le alabaré. Yo le alabaré, yo le alabaré, Alabaré al Cordero inmolado por los pecadores; Denle gloria todos Uds. pueblo, Pues Su sangre puede lavar toda mancha.
185Bien alto ahora, subámosle y alabémosle por lo que Él ha hecho hoy. Yo le alabaré, yo le alabaré, Alabaré al Cordero inmolado por los pecadores;