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~ EL LIBRO DE EXODO2 ~
1Dios les bendiga. Oremos. Nuestro Padre celestial, te damos gracias en esta noche por Jesús el Hijo de Dios, Quien ha venido a la tierra y murió para que nosotros pudiéramos tener compañerismo el uno con el otro, mientras que Su Sangre nos limpia de toda inmundicia y nos junta en este momento de compañerismo. Y rogamos que Él nos sonría en esta noche y nos dé de Sus bendiciones. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén. Pueden sentarse.
2Gracias, Hermano Joseph. Soy indigno de un cumplido como ese. Pero sé que eso es… Espero que el Señor piense así de mí cuando yo abandone este mundo. Gracias, Hermano Joseph. Oren todos por mí. Y gracias a Uds. también, amigos, por sus cumplidos tan amables…
3Hace tiempo, alguien, yo estaba predicando y salí, había un… Alguien, un hermano dijo: “Oh, Hermano Branham, yo realmente aprecié eso”. Había un individuo parado allí; él dijo: “Sabe, yo no permitiría que la gente dijera eso acerca de mí”. Dijo: “A mí no me gusta que la gente diga cosas. A mí no me gusta que se jacten de mí”. Yo dije: “A mí sí”. Dije. “Hay una sola diferencia entre Ud. y yo, y es que yo soy sincero al respecto”.
4Y yo creo que eso es correcto. A todos nosotros nos gusta que alguien diga algo bueno, ¿no es cierto? Sí. Pero… Y luego, yo creo que a Jesús también le gusta que nosotros le digamos cuánto le amamos. ¿No les parece? Eso es correcto.
5Gracias. Estoy un poco cansado en esta noche. Tuvimos un servicio esta tarde y—y así que nosotros…Es—con esta son ocho noches consecutivas, así que es… Estoy un poquito casado, no mucho, pero lo suficiente para sentirlo. Lo que pasa es que no he estado durmiendo de noche. No duermo lo suficiente. Y eso es lo que me estorba un poco.
6Ahora, ¿le aman todos en esta noche con todo su corazón? [La congregación dice: “Amén”—Ed.] Amén. Así es; qué bueno.
7Ahora, mañana en la noche, el viernes por la noche, y confío que la señora Branham pueda venir el sábado; no estoy seguro si ella podrá o no. Y—y ojalá que se traiga a José…
8Uds. saben, recuerdo, al pequeño José, como seis años antes de que él naciera, yo estaba en Minneapolis, orando. Estuve leyendo sobre la vida de José, qué persona tan maravillosa era. Y entonces hubo… Me metí en un pequeño ropero donde tenía la ropa colgada, y cerré la puerta. Y estuve llorando y—y agradeciéndole al Señor por José. Y Algo me dijo, no fue una visión, pero Algo me dijo: “Tendrás un hijo y le llamarás José”.
9Entonces pensé: “Bien, ¡qué bueno! Gracias, Señor”. Y empecé a contarle a la gente al respecto. Bueno, inmediatamente, más o menos, oh, como un año después nació en nuestra casa un bebé. Cuando ya se acercaba, algunos de ellos dijeron: “¿Es éste José? Yo dije: “No lo sé”. Dije: “Yo no puedo decir eso”. Porque el otro había sido una niña, cuatro años antes. Así que cuando nació el bebé, era una niñita. Entonces cómo se burlaban de mí, especialmente mis hermanos, Uds. saben, hermanos en la carne que dijeron: “Yo pensé que eso era correcto cada vez, Billy”. Yo dije: “Lo es. No te preocupes. Él estará aquí”. Dijo. “Oh, sí. Meda tiene treinta y cinco años de edad y parto sexual cada vez. Dijo: “Yo sé que estará aquí”. Yo dije: “Seguro”. Dijo: “¿Estás seguro de eso?” Yo dije: “Estoy seguro”. Dije: “Dios siempre dice la verdad. Tendré un niño y se llamará José”.
10Y entonces ellos dijeron: “No puede ser”. Dos años, pasó un año, dos, tres, cuatro, entrando al quinto año. Y José nada que venía.
11Después de cierto tiempo cuando vino José, pues, yo estaba en el hospital y mi esposa estaba en el cuarto. Y ahí venía la enfermera. Algunos de ellos habían dicho: “¿Es éste José?” Yo había dicho. “No lo sé”. Dije: “Yo sé que José va venir pero no sé cuándo”. Yo dije: “Él estará aquí”.
12La enfermera bajó los escalones y dijo: “¡Reverendo Branham!”. Yo dije: “Sí”. Dijo: “Ud. tiene un buen muchacho de siete libras”. Yo dije: “José, tardaste bastante en llegar aquí pero estoy muy contento de que hayas llegado”. [La congregación se ríe—Ed.] Dije… Así que yo…
13Cuando el Señor le diga algo a Ud., créale porque Él—Él lo hará. ¿Ven? No se preocupe. Tal vez tarde un poco, pero Él lo hará en Su debido tiempo, ¿no es así? Así que nosotros le amamos a Él porque así es como podemos confiarle en cualquier promesa. Lo que Él diga, eso es lo que hará. Y nosotros lo creemos con todo nuestro corazón.
14Ahora, al mirar aquí en la—en el área de la orquesta, ¿es correcto eso? ¿Es así como le llaman? [Alguien dice: “Sí, seguro”.--Ed.] No veo muchos músicos, no creo, pero veo algunos grabando las cintas. Me alegra verlos, Leo, y Gene, mis hermanos allí adentro. Escuché que tenías la boca inflamada debido a una muela que te sacaste. Bueno, me alegra saber que ya está mejor. ¡Qué bueno! Muy bien. Que el Señor sea misericordioso con nosotros mientras le adoramos en esta noche.
15Y deseo leer un texto aquí para continuar con nuestro servicio de anoche sobre el Libro de Redención. Tengo entendido que el sábado es el desayuno y el domingo en la tarde mi Hermano Tommy Hicks va a hablar aquí, ¿es cierto eso? Estoy seguro que todos Uds. se gozarán con Tommy porque acaba de regresar de Rusia, de detrás de la frontera.
16Y Uds. saben, lo extraño de eso fue que cuando él dijo que iba para allá, todos estábamos en el desayuno de los Hombres Cristianos de Negocios y él dijo que iba para Rusia. Y el señor Fisher, que podría estar sentado aquí ahora y es el abogado de los Hombres Cristianos de Negocios, muy bueno, viene desde los días de la Calle Azuza, él es pentecostal y es muy admirado por toda la nación.
17Entonces el señor Fisher entabló una conversación y dijo: “Bueno, yo--yo creo que él va a ir para allá”. Y él dijo: “Bueno, pues, ¿el señor Fisher?” Él dijo: “Bueno, primero veremos si los rusos le permiten entrar y después los comunistas averiguarán quién realmente es cristiano y quién no”. Y dijo: “Otra cosa, ellos pensarán que ese pobre muchacho tonto no va a causar ningún daño por allí”. Así que le permitieron entrar. Ellos—ellos le permitieron.
18Pero me imagino que sí les hizo daño porque él es un—es un predicador del Evangelio y un buen hombre en eso. Estoy agradecido que haya estado por allá. Ahora, lo extraño fue que yo me arriesgué un poco y dije: “Bueno, Tommy, si vas y regresas, entonces yo iré”. Así que ahora no lo sé pero estoy en eso. Me--me gustaría ir, eso sí, pero yo—yo espero que sea la guianza del Señor cuando vayamos para allá.
19… Ahora, en el Evangelio de… En el libro de Éxodo, mejor dicho, el capítulo 14. Me gusta el final de este capítulo 13, la Columna de Fuego, una Columna de Fuego que guió a los hijos de Israel de día y de noche. De día parecía una nube y de noche parecía una Columna de Fuego guiando a Israel. Y ése era el Ángel del pacto quien no es otro que Jesucristo mismo, antes de hacerse carne y venir en el vientre de María.
20¡Era Cristo! Moisés siguió a Cristo. Cristo dijo, la Escritura dice que Él estaba en el desierto con Moisés. Y eso era Él, el Ángel del pacto. Y ahora, en el versículo 15, leemos así: Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. A mí me gusta eso, ¿a Uds. no? Que el Señor añada Sus bendiciones a Su Palabra.
21Ahora, esta noche es mitad de semana y yo iba a llamar a todas las personas que tuvieran sus tarjetas de oración. Pero después que salí para acá, estoy tan cansado que creo continuaré y tendré un culto normal para los enfermos.
22Tal vez mañana en la noche si Dios lo permite, quiero orar por todos los que tengan una tarjeta de oración. El Hermano Moore incluso me dijo (y el Hermano Brown), que así fue como comenzamos en un principio. Ellos me dijeron: “Nosotros iremos a la plataforma a ayudarlo, Hermano Branham”.
23Y ellos siempre están ansiosos de que yo regrese a ese tipo de servicios y yo también estoy igual de ansioso de volver a eso. Tal vez parezca un poco extraño por un tiempo, pero obrará muchísimo mejor que ahora. Así que mañana en la noche, todos los que tengan una tarjeta de oración serán llamados a la plataforma.
24Creo que repartieron tarjetas de oración. Hace un momento les pregunté al joven y a los hermanos que están allí, si se habían repartido tarjetas de oración y ellos me dijeron que ya han repartido unas doscientas. Las I y las K. Y dijeron que las--esas son las letras y que si yo quería llamar algunas en esta noche, llamara unas de esas y que mañana en la noche oraríamos por todos.
25Ahora, anoche estuvimos hablando y estudiando una serie de--de Escrituras del Libro de Éxodo. Nos dimos cuenta que “éxodo” significaba: “el llamado a salir”, Dios separando a Su pueblo de los incrédulos. Y luego, más adelante, cuando Él tomó… Nos dimos cuenta en las Escrituras que hubo una multitud mixta que salió y eso fue lo que metió en problemas al creyente verdadero porque era una multitud mixta. Esos fueron los que derritieron sus zarcillos y demás, e hicieron un becerro y--para volver a Egipto.
26Ahora, cuando se efectuó lo--lo fenomenal, cuando se llevó a cabo el milagro de Dios, todo el mundo corrió hacia allá y le siguió una multitud mixta, porque ellos estaban yendo… Fueron circuncidados, guardaron la Pascua y demás, pero aun así era una multitud mixta: incrédulos con creyentes. Y finalmente eso se dejó ver.
27Ahora, luego hallamos que había tres principios importantes de los que íbamos a hablar. Y eso… Y este Libro de Éxodo sacó, separó y es también un libro de redención. Y los tres principios de los que íbamos a hablar eran: el poder del diablo, el poder de la fe y el poder de Dios.
28Y anoche nos dimos cuenta que el diablo sí tiene un poder y ése poder es la muerte. Y después de la muerte el diablo no puede hacer más nada. Él se acaba con la muerte. Y cómo es que él trajo la… Cuando él averiguó que Moisés iba a nacer, pues, él mató a todos los niños tratando así de eliminar al siervo de Dios que sería un instrumento escogido. Cómo es que él hizo lo mismo con Abel, al darse cuenta que por la línea de Abel vendría la simiente justa. Y entonces Dios, por supuesto, trajo a Set para que ocupara su lugar. Y luego con la Simiente Real allá en Crónicas y también acá en el Libro de Mateo (con Jesús), cómo es que él mató a todos los niños tratando de interrumpir o detener el programa de Dios. ¡Pero no hay manera alguna de detener el programa de Dios!
29Aquí no hace mucho hicieron un anuncio que ya no se podía gritar más, y todas estas cosas, estaban tratando de aprobarlo en el Congreso; dijeron que cerrarían todas las puertas y que toda persona que no perteneciera a cierta denominación, cuando la confederación de iglesias se uniera, y ya está en proceso para formar la marca de la bestia en este país, este mundo… Cuando todos ellos se unieran iban a cerrar todas las puertas y en algún momento lo harán.
30Todo el que no pertenezca a cierta denominación que esté en esta confederación de iglesias, tendrá que aceptar la marca. Y al hacerlo, bueno, entonces, ellos creen que haciendo eso detendrán todo esto como la sanidad Divina y otras cosas que las—que las iglesias no aceptan. ¡Pero jamás lo lograrán; no podrán hacerlo! ¡La Iglesia de Dios seguirá adelante tan cierto como que el mundo existe! Ya lo intentaron antes, los echaron a los leones y los quemaron en la hoguera, pero la Iglesia de Dios siguió adelante igual. Dice: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella”.
31Eso mostraba que todas las puertas y los poderes del infierno estarían contra Ella, pero jamás prevalecerían. Dios seguirá adelante con Su Iglesia. Siempre será así.
32Han tratado de detenerla. Han intentado sacarla de la gente quemándola. Han tratado de echársela como comida a los leones y los leones no se la comieron. Y así ellos—ellos han intentado muchas cosas, para acabar con esta religión antigua, pero ella seguirá siendo buena hasta que Jesús venga. ¡Amén! ¡Así que no hay forma de detenerla!
33El diablo es un tipo astuto, eso sí, y carga con él el poder de la muerte; pero eso es lo más lejos que él puede llegar, la muerte. Pero entonces, nos damos cuenta que la fe intervino entonces.
34En la hora de la muerte, entonces intervino la fe y reconoció a un Dios de resurrección. No importa cuando vayamos al sepulcro, cuando sepultemos a nuestros seres queridos, cuando las lágrimas corran por nuestras mejillas, haya tristeza y veamos a una madre joven con su bebé en brazos, como lo hice yo con mi propia esposa. Y todas esas cosas allí…
35Yo recuerdo ese día, estaba parado allí y Billy Paul me tenía abrazado, era un niñito de dieciocho, como unos dieciocho meses de nacido, yo lo tenía en mis brazos y miraba a su madre y a su hermanita en los brazos de su madre, mientras las sepultaban. El ministro tomó un puñado de tierra y dijo: “La ceniza regresa a la ceniza, el polvo al polvo y la tierra a la tierra”. Cuando oí esos terrones cayendo en el rostro de mi hija y de mi esposa, mi corazón se desgarraba. Pero mientras estaba parado allí escuché venir entre los pinos lo que parecía ser un canto: ¡Hay una tierra al otro lado del río!
36¿Ven? Justo en medio de la muerte donde vi lo que satanás había hecho, más allá de eso vi la resurrección. “Yo soy la Resurrección y la Vida”, dice Dios: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel…” ¿Qué fue eso? Fue la fe. Me acerqué allí y dije: “Dios las bendiga queridas; que sus almas descansen en paz. Y algún día las volveré a ver”. Amén.
37Aquí no hace mucho, Billy y yo le llevamos una florecita al sepulcro de su madre. Hace… Él era apenas un niñito. Tenía como unos ocho o diez años de edad, fuimos a la tumba y él comenzó a llorar. Era antes de que saliera el sol, yo puse la flor allí y él tenía su sombrero en la mano. Nos arrodillamos junto a la tumba, él recostó su cabeza sobre mí y comenzó a llorar diciendo: “Papá, allí está mi mamá”.
38Yo le dije: “No, no, tu mamá está allá, (¿ves?), no aquí”. Yo dije: “Querido, nosotros aquí estamos mirando a un montículo. ¿Ves?, está amontonado”. Yo dije. “Debido a que yo la metí en una caja de concreto”, dije: “No se desmoronará, pero hay un montículo aquí que está amontonado. Pero allá al otro lado del mar, hay uno cuyas puertas están rotas. Y está… Y Aquel que resucitó de los muertos dijo: ‘El que cree en Mí aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente’”.
39Le dije: “Ellas estaban seguras en Sus brazos, así que más allá de esta nube oscura que vemos, la fe vislumbra la resurrección, más allá, de un Dios”.
40Así que estoy agradecido que haya esperanza más allá de la tumba y que haya una fe que nos lleva a ese lugar. Aunque yo… La fe puede ocupar su--su lugar sobre la Roca de la Palabra de Dios, y todas las olas del infierno golpean contra su fundamento pero ella tomará su vista de águila para remontarse más allá de las nubes y ver al Dios de la resurrección y de la promesa. Estoy muy agradecido por eso en esta noche y sé que Uds. también, todo creyente lo está.
41Piensen: Nosotros tenemos un ancla (Amén) que está en el velo. Algunas veces no podemos verla pero sabemos que está allí. Es como el niño que volaba un cometa y le preguntaron: “¿Dónde está? Yo no puedo verla”. Él respondió: “Yo sé que sigue allí porque puedo sentirla”.
42Así que eso es correcto. Tal vez no podamos verla. El tiempo se oscurece y las nubes pueden esconder Su rostro bendito por un momento. Pero recuerden, las nubes pudieran esconder Su rostro pero no pueden esconderlo a Él. Pueden ocultar al sol de Ud. pero él sigue brillando detrás de las nubes. ¡Y la fe mira al sol que está detrás de las nubes!
43Y aquí estaba la madre de Moisés en el conflicto de la prueba de su fe. ¡Y todo niño, todo hijo que viene a Dios debe ser probado primero! ¡Dios prueba la fe de Uds.!
44Ahora, pareciera que Dios podría simplemente pasar por alto la cosa entera y no tener ningún—apropiarse de una manera, y simplemente cortar esa cosa, pero es mejor cuando Él le envía una prueba y luego viene a Ud. mientras está en la prueba. A mí me gusta eso, ¿a Uds. no? Las mayores experiencias de mi vida han sido cuando he llegado a una montaña que no puedo subirla, no puedo pasarle por debajo ni darle la vuelta, sólo puedo quedarme tranquilo y Dios hace retroceder aquello. Y Él se moverá… No importa cuán oscura sea la nube, la fe la atraviesa con un ojo que mira más allá de cualquier cosa que el diablo pueda ponerle por delante, porque Dios es nuestra victoria. Amén.
45Aun la misma muerte no causa ningún terror. Con razón el creyente puede levantarse y decir: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo”. ¡Esa es la fe que no vergüenza! ¡Esa es la fe que vence!
46Y ahora, esta madre con su único bebé hasta donde sabemos. No, discúlpenme, no era su único bebé. Ella tenía otro: María. Así que nosotros… La madre con su niñito, metido en una cestita calafateada y hecha de juncos, que por fe, que Dios, moviéndose por revelación…
47¿Sabían Uds. que toda la Iglesia del Dios vivo está edificada sobre la revelación del Señor Jesús? En el huerto del Edén, después de que los hijos de Israel… Perdón. Después que Caín y Abel y los demás fueron echados del huerto, ¿se dieron cuenta cómo Caín, que no era un comunista, fue y adoró al Señor, y—y ofreció un sacrificio, e--e hizo todo lo que podía…? Caín era muy religioso, pero Abel no fue por obras sino con fe y la Biblia dice que le ofreció a Dios mejor sacrificio que Caín. Dios dio testimonio de que eso--él era justo, porque él vio el programa de Dios que le fue revelado…
48Ahora, ellos no habían… En ese entonces la Biblia no había sido escrita. Así que Caín su hermano, que estuvo bajo la misma enseñanza de padre y madre, fue y llevó frutos para la ofrenda… Pero Abel, por revelación, vio que no fueron frutos lo que los sacó del jardín del Edén, como todavía algunos creen que fue. Pero no fueron frutos. Fue la sangre de su madre la que lo hizo mortal, o la de su padre. Así que él fue y ofreció la sangre de un cordero por revelación Divina. No había nadie que le dijera aquello, pero por fe él vio venir al Hijo de Dios y ofreció un cordero en tipo figurativo, al ver que Jesús era el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo. Y Dios testificó: “¡Esa es la verdad!”. Dios siempre dará testimonio de la verdad.
49Es por eso que yo me siento tan feliz cuando podemos presentarle a las naciones del mundo ¡a un Jesucristo resucitado! No es una historia ficticia, una historia de ficción. ¡Es una declaración absolutamente verdadera de parte del mismo Jehová Dios que levantó a Jesús de entre los muertos! ¡Y puede ser demostrada! Esa es la parte buena.
50Ahora, Caín, cuando él vio a su hermano, por supuesto, él mató a su hermano porque estaba celoso. Pero fíjense cómo fue que Abel recibió esto.
51Ahora, cuando Jesús vino a la tierra, un día al descender del monte de la transfiguración, o de la montaña, ellos dijeron: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Y algunos respondieron: “Bueno, unos dicen que eres Moisés, otros Elías y así por el estilo, uno de los profetas”. Él preguntó: “¿Pero Uds. quién dicen que soy Yo?” Pedro respondió: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!”.
52Él se volteó hacia Pedro y le dijo: “Bienaventurado eres Simón Barjona (en otras palabras: hijo de Jonás), porque carne ni sangre te ha revelado esto. Tú nunca lo aprendiste por medio de ninguna lectura. No lo aprendiste por ningún seminario. No lo aprendiste por medio de ningún estudio. ¿Ven? Carne ni sangre te ha revelado esto, sino Mi Padre que está en los cielos te lo ha revelado. Y te digo que tú eres Pedro y sobre ésta Roca…”
53¿Qué? La revelación espiritual de que Jesús es el Cristo. No fue una concepción mental sino una revelación espiritual. “Carne ni sangre te lo ha revelado sino Mi Padre que está en los cielos, ¡y sobre esta Roca edificaré mi iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella!”.
54¿Qué es eso? Una revelación. ¿Qué es fe? Es Dios, por medio del Espíritu, revelándole a Ud. algo que Él va a hacer o que ha prometido.
55Ahora, si Ud. sólo oye: “La fe viene por el oír”, pero oír no es fe. Se compra un pan por veinticinco centavos, pero los veinticinco centavos no son el pan. ¿Ven? Oír hace… Oír sólo trae la Palabra que produce fe. Pero “Fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de lo que no se ve”. Entonces fíjese, Ud. oye la Palabra y Dios se la revela a Ud., que Ella es la Verdad; y por una verdad revelada por el Espíritu, confirma su fe hacia Dios. ¿Lo entienden?
56Ahora, fíjense. Entonces esa es la Iglesia que Dios edificó sobre la Roca que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
57Ahora, si Uds. se fijan cómo es que María la… O no, la madre de Moisés, mejor dicho, cuando ella estaba parada allí con su hijo para echarlo a la muerte… Todo niño varón era echado al río tan pronto nacía. Ellos… Si veían que era varón lo lanzaban al río. Y aquí está parada la madre ahora, sabiendo que él era el niño apropiado. Él era el hijo predestinado de Dios. Ahora, no…
58La palabra “predestinar”, esa no es una buena palabra para ser usada. La palabra “conocimiento anticipado” es mejor. Predestinación mira hacia atrás al conocimiento anticipado y el conocimiento anticipado mira hacia el destino. Pero Dios puso en orden un pequeño orificio por donde Ud. debe pasar y no puede ir por otro camino; pero Dios, para poder ser Dios, ya conocía el fin desde el principio y podía predecirlo y poner las cosas en orden para que ocurrieran.
59Ahora, noten. Por medio de la sabia providencia de Dios, Él había revelado, por revelación espiritual, que éste sería Su instrumento escogido. Y su madre no tuvo temor del mandamiento del rey, porque por fe ella lo vio con los hijos de Israel, colocándolos en la Tierra Prometida. Amén.
60¡Qué ojos de fe! ¡Qué poder tiene la fe! ¡Oh, ella va mucho más allá el poder del diablo! El diablo lo lleva a Ud. a la muerte, ¡pero la fe mira más allá de eso! El diablo le muestra el cementerio a Ud. y le dice: “¡Todos Uds. van para allá!”. Eso es correcto. ¡Pero gracias a Dios que volveremos a salir! Cuando Jesús venga, los que durmieron en Él ¡saldrán con Él! ¡Así que la fe es mucho más poderosa que cualquier cosa que el diablo tenga!
61El diablo puede poner espantapájaros y todo lo demás, puede ponerle sombras y decirle: “Vas a morir en la mañana, esta es la hora final. Y esto es aquello y lo otro”. ¡Pero eso no asusta al creyente! Él es solamente un fanfarrón. Si Dios me revela que eso no va a ocurrir, ¡a mí no me importa lo que él diga! ¡De todas maneras yo voy a salir de allí!
62Cuando los hermanos Mayo me dijeron que me quedaban pocos días de vida en este cuerpo, yo les creí y dije: “Bueno, parece que todo acabó para mí”. Pero entonces el Espíritu Santo me reveló: “¡Tu ministerio apenas está comenzando!”. ¡Aleluya! No importaba lo que dijeron los hermanos Mayo, ¡yo no pensé en lo que ellos dijeron sino en lo que Dios había dicho!
63Aquí no hace mucho, hace como unos seis o siete años, o quizás un poco más, estaba yo en un hospital con un joven que se estaba muriendo con difteria negra… Su padre me llamó para que fuera a orar por el niño, o el muchacho, mejor dicho. Él tenía como unos quince años de edad y se estaba muriendo. Y el--el médico no me permitía entrar y me dijo: “No puede entrar porque Ud. tiene hijos”. Yo le dije: “Pero correré el riesgo”. Él me dijo: “Pero le pasará la difteria a sus hijos”. Yo le dije: “Si yo tengo fe suficiente para entrar donde hay difteria, tengo fe suficiente que Dios no permitirá que mis hijos la contraigan”. Él me dijo: “Ud. no puede hacer eso”. El hombre era de fe católica. Yo dije: “Bueno, si yo fuera un sacerdote que estuviera parado aquí y le fuera a dar los últimos ritos a ese muchacho, ¿Ud. me permitiría…?” “Oh”, dijo él: “Eso es distinto”. Dijo… Yo le dije: “No, no lo es. Para nosotros esto es tan sagrado como lo serían los últimos ritos para Ud.”
64Bueno, lo convencí. Entonces él subió y me vistió todo de blanco y--y me puso algo grande sobre el rostro. Y yo—yo casi no podía ver a dónde iba. Allí iba yo con una bata que se arrastraba detrás de mí. Uds. nunca me hubieran reconocido entonces. Bajé por allí y no había problema. Sólo había una forma de entrar allí y es siguiendo las reglas. Juegue siempre limpio y ganará.
65Así que bajé por allí, y la madre y el padre iban conmigo. Allí estaba el muchacho muriendo, había estado inconsciente durante dos días. Fui alrededor y traté de hablar con él pero no hablaba. Entonces me arrodillé, miré al padre y él me miró con los ojos llenos de lágrimas. Puse mis manos sobre el muchacho y dije: “Amado Padre celestial, Tú dijiste: ‘Yo soy la resurrección y la vida’. Tú fuiste el que nos prometió estas cosas y el padre de este joven me ha llamado para que ore, creyendo que Tú me has enviado a orar por los enfermos. Y esto… Padre, con todo mi corazón hago la oración de fe que podría tocar Tu manto. Con fe que no puede fallar, hasta donde yo sé en mi corazón, creo por este joven para que se recupere”. Dije: “Lo pido en el Nombre de Jesús. Amén”. Y me levanté.
66El padre miró a la madre y dijo: “Oh, mamá, ¿no es maravilloso?” El joven seguía en igual condición, pero él decía: “Oh, estoy tan contento”. La enfermera que estaba allí llorando, se volteó y dijo: “Señor, yo no entiendo”. Dijo. “¿Sabe Ud. que su hijo se está muriendo?” Él le respondió: “No señorita, no lo sé”. Ella entonces le dijo: “Bueno, mire…” Él dijo; él dijo: “Mi hijo no se está muriendo, mi hijo va a vivir”. Dijo: “Dios lo prometió”. Y dijo… Ella le dijo: “Pues, mire, es bueno tener fe señor, pero le diré…” Ella le mencionó el cardiograma o algo que le habían hecho, una máquina que le habían conectado a su corazón y dijo: “Cuando se llega a un estado como ese, en la historia médica no se sabe de uno que haya regresado. El muchacho no puede vivir más de tres o cuatro horas”.
67Nunca olvidaré a aquel hombre, él puso su mano sobre el hombro de la joven que probablemente ya estaba en la última etapa de la adolescencia y le dijo: “Querida hermana”, dijo él: “Ud. está viendo esa máquina porque es todo lo que tiene que mirar, pero yo estoy viendo una promesa Divina”. Amén.
68Al día siguiente el joven desayunó y hoy está casado y tiene un hijo. ¿Ven? Todo lo que la dama sabía era hacer lo que decía la máquina; pero ese hombre miró y la fe traspasó más allá y vio a Dios Quien era más que capaz para hacer lo mucho más abundantemente, el Dios que ha prometido nunca fallarnos, dejarnos ni abandonarnos. Él…
69Depende de lo que Ud. esté mirando, los cristianos miran cosas que ellos no ven, porque caminan por fe. ¿Es correcto eso? Nosotros lo creemos porque la Biblia así lo ha dicho. Ellos lo creen. Así es como creemos, porque Dios lo ha dicho. ¡La fe es probada, examinada y sale cien por ciento bien! ¡Dios está en la obligación de responder a esa fe!
70Fíjense en lo que hizo aquella madre allá cuando llevó a su hijo a la misma muerte por la que habían pasado los otros niños. Aquella cesta más o menos grande, con el niño adentro, probablemente de unos tres meses de nacido, iba en una cesta de cierto tamaño que no era otra cosa que un montón de juncos, como sauces, entretejidos y con un poco de brea y asfalto, y la empujó hacia el carrizal donde había cocodrilos y de todo. Por… Pues, aquello pudo haber significado la muerte. Sí, seguro. Estaba en el mismo río de la muerte. Pero por fe, una expiación fue hecha para eso, por fe, no por un acto de leyes naturales sino ¡por fe! Por las leyes naturales los cocodrilos habrían olfateado al niño y eso hubiera sido el fin. ¿Ven? O la primera ola lo habría volteado y eso lo hubiera concluido. ¡Pero la fe miró más allá de eso!
71Ella sabía que la mano de Dios estaba sobre aquel niño, por lo tanto no temió a lo que el rey había dicho. Y miren lo que hizo la fe. La fe lo sacó del río de la muerte y en resurrección lo llevó al palacio de faraón, lo crió y lo educó allí mismo en el palacio del instrumento del diablo. Si esa no fue una oportunidad donde Dios engañó a satanás… Faraón era el instrumento del diablo que mataba a los niños y al mismo niño al que iba a matar, Dios se lo envió como Su instrumento e hizo que lo criara. ¡Aleluya!
72No traten de burlar a Dios. Dios obra por senderos misteriosos para obrar Sus maravillas. Faraón, ese endemoniado cruel andaba matando a todos los niños judíos porque el diablo lo había ungido; lo llevó al mismo rey de ellos, lo crió, lo educó, lo alimentó y aparte de eso, llevó a su misma madre para que fuera su nodriza. ¡Amén!
73¡Eso es lo que hará la fe! La madre vio eso, ella lo vio por fe; por eso fue que fue hasta allá y esperó hasta que llegara su hija y la llamara para que fuera la nodriza. ¿Ven?, ya ella lo tenía en su mente ¡porque Dios se lo había revelado! ¡Amén!
74Si Dios le revela a Ud. en esta noche que su enfermedad se ha ido mediante la expiación, igual que se lo reveló a aquella madre, ¡está consumado! ¡Amén! ¡El poder de la fe! Ella puso a su hijo exactamente en las garras de la muerte, teniendo el poder de la fe para saber que se levantaría de nuevo. Amén. Lo puso en las meras garras de la muerte…
75Algunas veces vienen las pruebas sobre nosotros y la gente dice: “Oh, ojalá yo no… Dios, si yo soy un cristiano ¿por qué me sucedió esto, Hermano Branham?” Dios permite que eso venga sobre Ud. para poder mostrarle su--Su amor, para poder probarle que: “¡Yo soy la Resurrección y la Vida!”.
76La muerte dice: “Yo tengo derechos”. El mandato del rey era ahogar a todos los niños, echarlos al océano. Ella dijo: “Yo lo voy a echar al océano o a la--las aguas bajo esto, por revelación. Yo he preparado una vía de escape”. Amén. Y ella lo echó a la muerte pero la fe lo sacó de allí y lo convirtió en el hijo de la hija del faraón, haciéndola a ella la nodriza. ¿Vieron cómo hizo Dios? Dios estaba obrando del todo para Su propia gloria poniéndolo justo debajo de la nariz de satanás, diciéndole: “Sólo quiero probarte lo ciego que estás, satanás”. Puso al niño debajo de su misma presencia e hizo que satanás lo alimentara, lo cuidara y lo nutriera, usando al mismo hombre que iba a destruir a toda la nación y llevaría al pueblo a una victoria. ¡Aleluya! ¡Oh, nuestro Dios es maravilloso! ¡Tengan fe! ¿Más fuerte que la muerte? Ciertamente la fe es más fuerte que la muerte. Así que ahí va el poder de la fe moviéndose.
77Y ahora, noten. Ahora, de día él estaba… Supongo que Egipto era el país de mayor fuerza militar en el mundo, el gran centro comercial de todo el mundo. Y sin duda que Moisés recibió entrenamiento en el R.O.T.C. [Campamento de entrenamiento para oficiales de la reserva, por sus siglas en inglés—Traductor] y todo lo demás. Dios tuvo que entrenarlo de esa manera porque él iba a guiar a un ejército. Y Dios hizo que satanás entrenara a Moisés para conducir al ejército que lo destruiría a él mismo. ¡Aleluya! ¡Ese es el poder de la fe!
78Ella vio eso por la fe. Y no sólo eso sino que también hizo los preparativos, puso al niño dentro de la expiación, salió allí y se quedó en la orilla esperando que viniera su llamado. ¡Gloria! ¡Allí lo tienen! Esperando el momento y ¡por la fe se sostuvo, mirando al Invisible! Ella sabía que ése era el niño adecuado, conocía lo que Dios había prometido y que el tiempo de la liberación se acercaba, ella sabía que ése era el niño. Amén.
79Y ahora, durante el día los comandantes, el mejor entrenamiento que se podía traer… Su comida le era traída por satanás en una bandeja, él lo alimentaba. ¡Oh, hermano!, si fuera hoy sería pollo frito, bistec, papas, té, de todo… Y él sentado allí. Dios dijo: “Satanás, ¿te das cuenta de lo que Yo puedo hacer? Después de todo no eres tan grande ¿Te das cuenta? Lo llevaron a la muerte como tú lo demandaste, pero esa madre vio lo que Yo haré allá por medio de Jesucristo con todos los que crean en Mí. Ella lo ha hecho por fe”.
80Y Moisés ya entrenado como un verdadero oficial, debido a que él… Faraón pensaba que él iba dirigir… Después que ya tenía su pie en el trono… Faraón dijo: “Algún día él será el faraón”. Y entonces lo entrenó lo mejor que pudo, pero era Dios el que hacía todo aquello. Pues los Amor… Amorreos y aquellos no tenían oportunidad contra aquel hombre bien entrenado, Moisés, cuando él formaba su ejército en orden y salía con ellos. Pues, claro que no. Él los conquistó igual que hizo Grant con Richmond. Él… Ellos no tenían nada que buscar, se los digo, él simplemente avanzó porque había sido entrenado en toda la sabiduría de los egipcios.
81Y luego después que terminó su educación, después de su noche de estudio, su mamá lo llevó al dormitorio y estuvo entrenándolo. ¡Aleluya! ¡Ella era una maestra de la justicia! Así que vean Uds., cada madre es una predicadora. Ella tiene una pequeña… Ella—ella tiene una—una pequeña congregación en su propia casa.
82Así que ella entrenó a Moisés, le decía. Ahora, él le dijo: “Madre, yo entiendo. Ahora, hemos tenido todo este entrenamiento hoy, pero ¿qué estabas diciendo que iba hacer Jehová?”
83Y ella le comenzó a leer por fe. Y cuando él alcanzó la edad de ocupar el trono, él rehusó ser llamado hijo de la hija de faraón. ¡Porque por fe! (aleluya), él vio lo que eso había hecho por su madre y él ¡aceptó lo mismo!
84Yo veo lo que eso hizo por Pablo; veo lo que hizo por Pedro. Veo lo que ha hecho por otros. ¡Yo quiero esa misma cosa por fe! No importa cuán oscuras parezcan las nubes, eso no le hace. El sol está brillando más allá de eso. Nosotros seguiremos adelante hasta que brille el sol.
85“Las tormentas no pueden esconder Su rostro bendito”. Amén. Oh, Él no ha prometido que la travesía sería tranquila, pero siempre ha prometido: “Yo estaré contigo”. Amén. Así que, ¿qué importa cuántas tormentas hayan, mientras Él esté presente? Las olas y los vientos obedecen Su voluntad. Amén.
86Ahora, ¡oh, podríamos pasar horas en eso, en esa cosa tan maravillosa de la fe! Cómo él guardó la Pascua por fe, cómo se encontró con Dios y habló con Él. Por fe él fue y guardó al cordero Pascual, salió y se puso en camino. Era Dios haciendo todo aquello mediante el poder de la fe… ¿Ven lo que hará la fe?
87Ahora, ellos lo llevaron por todo el camino hacia la Tierra Prometida. Uds. saben de toda la confrontación que hubo entre Dios y faraón allá, cómo fue que por fe él hizo esto, y por fe hizo aquello.
88Y ahora, en nuestro texto de esta noche los encontramos en su jornada. Miraron hacia allá y allí estaba el Mar Rojo, había montañas a ambos lados, levantaron sus ojos y miraron hacia atrás y allá venía faraón con todo su ejército, con todos sus soldados entrenados, sus carros y los capitanes de cada carro. Venía una gran nube de polvo mientras las decenas de miles, sí, tal vez un millón o más de hombres armados; y aquí estaba este montón de ovejitas arrinconadas por aquella manada de lobos que se les venía encima.
89¿Qué ocurrió entonces? Lo humano, igual que hacemos todos nosotros. “¿No había suficientes sepulcros en Egipto para que nos sepultaran allá?” Así es como nosotros pensamos. Se habían olvidado de todo lo que la fe había hecho por ellos unos días antes.
90Eso es lo que nosotros hacemos. Con el primer dolorcito que nos da, después que se ha orado por nosotros: “Oh, bueno, creo que la perdí”. ¡Oh, qué cosa!
91Los escuchamos, una vez que han pasado a la plataforma y han sido sanados de cáncer, ciegos cuyos ojos han sido abiertos, los que habían sido cojos caminan nuevamente y todas las demás cosas. Vemos eso, lo miramos, lo examinamos y seguimos avanzando; pero luego se presenta el primer conflicto y nos olvidamos de todo. Vemos al Señor Jesús en el poder de Su resurrección, pero nos olvidamos tan rápido. Esa es la parte humana.
92Pero ellos vieron aquello y estaban indefensos. Ahora, ¡qué lugar! ¿Podrían Uds. imaginárselo? Un pueblo que había caminado reverente delante de Dios, que había guardado cada uno de Sus preceptos, se había comido el cordero de la Pascua, había aplicado la sangre y seguido todas instrucciones que Moisés les había dado, reverentemente; y que luego Dios los lleve hasta allá y ¡queden atrapados! ¡Oh, qué cosa! ¡Estaban indefensos, no podían hacer nada!
93Allí estaba el Mar Rojo, por acá montañas en ambos lados, ellos estaban justo en el pequeño “istmo” y por aquí venía el ejército de faraón. Dios los había guiado a una trampa. Pero, ¡oh, hermano, Dios antes que el mundo fuera creado, ya había dibujado el mapa de su jornada para que pasaran por allí! ¡Aleluya!
94No crean que estoy loco porque grito “aleluya”, no lo puedo evitar porque reventaría. Yo creo esto. “Aleluya” quiere decir “alabad a nuestro Dios”. Aleluya, alabad a nuestro Dios. ¡Muy bien!
95Esa es una palabra que yo puedo hablar en alemán o en cualquiera de los otros idiomas, aun entre los Hotentotes de Sudáfrica. No importa dónde sea, es la misma palabra; aleluya es igual. Alabad a nuestro Dios.
96Ahora, aquí están ellos, completamente arrinconados, Dios había sacado a Sus hijos de esa parte de--de Egipto, subieron por allí y los atrapó en ese lugar. El Dios del cielo los había guiado por medio de una Columna de Fuego ¡llevándolos hasta esa trampa!
97Ahora, la incredulidad diría: “¿Por qué? ¿Por qué hizo Él eso?” Fíjense que inmediatamente después que salieron de allí llegaron al desierto de Zin, de allí cayeron en murmuración y todo lo demás. Dios guía a Sus hijos a través de esa clase de senderos. Algunos a través de las aguas, Otros a través de inundaciones, Unos a través de grandes pruebas, Pero todos a través de la Sangre...
98Amén. ¡Así es! ¡Sólo sigan! No importa dónde Él los guíe, ¡simplemente síganlo! Y eso fue lo que hizo Israel y cayó en una trampa. Pero del lado humano, ellos se olvidaron de todos los milagros, se olvidaron del gran Dios que los había estado guiando y comenzaron a preguntarse: “¿Qué podemos hacer?”
99Entonces Moisés clamó al Señor y una voz respondió: “¡Estad firmes (¡Aleluya!), y ved la salvación de Dios!”. ¿Ver qué? La salvación. Ahora, Dios…
100Satanás había desplegado y probado su parte: Muerte en el río. La fe, el poder de la fe había sido probado mediante la aniquilación, saliendo de Egipto, y todas las cosas que ellos habían hecho. La fe había probado que era poderosa.
101Ahora, ¿qué me dice de Dios? Ellos están atrapados y es hora que Dios demuestre algo, ya el pueblo no podía hacer más nada. Ellos habían seguido todos los preceptos y estaban en una trampa. ¡Ahora era hora de que Dios actuara! Ud. dirá: “¿Por qué hizo Él eso?” Para mostrarles Su amor.
102Tal vez sea por eso que Ud. se enfermó. Él quiere mostrarle Su amor. Él quiere que Ud. llegue al final de su camino una vez. Uds. saben, a veces es lamentable, pero de vez en cuando Dios tiene que tumbarnos para que podamos mirar hacia arriba. ¿Es correcto eso? ¡Sí! Él quería mostrar Su amor. Él quería mostrar Su poder. A Dios le gusta manifestar Su poder.
103Él le había dicho a Abraham cuatrocientos cuarenta años antes (veinte años antes, o cuatro—cuarenta,) antes de ese tiempo, que Él sacaría a los hijos de Israel con mano poderosa y Dios tiene que cumplir Su promesa. El mismo Dios que dijo que los sacaría con mano poderosa y lo cumplió al pie de la letra, es el mismo que dijo: “Sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán”. Él cumplirá eso al pie de la letra.
104No importa cuántos críticos y personas se levanten con sus teologías y concepciones mentales de la Palabra, sin revelación, ¡Dios cumplirá Su Palabra de todas maneras! Amén.
105No les estoy gritando. Esta cosa tiene un sonido tremendo y yo me estoy sintiendo muy bien ahora mismo. Así que trataré de alejarme de él.
106Fíjense, ¿no es maravilloso ver a Dios en acción? Hace algún tiempo aquí en Arlington, Texas, yo estaba en una pequeña… Una noche cuando iba al hotel donde me hospedaba, oí llorar a una mujer y pensé: “Alguien está en problemas”. Volteé para mirar y allí en aquel lugar estaban dos jovencitas probablemente como de veinte, veintiuno o veintidós años de edad, una de cabello rubio y otra de cabello negro, estaban abrazadas y lloraban. Yo les dije: “Disculpen señoritas, ¿podría yo…?” Dije: “Yo soy un ministro, ¿podría ayudarlas?” Y ella dijo: “Sí, Hermano Branham”. Entonces supe que ella me conocía. Y le pregunté: “¿Qué ocurre?”
107Ella me dijo: “Vimos que no pudimos conseguir una tarjeta de oración para entrar a la fila. Supimos en qué hotel Ud. se estaba hospedando, así que nos quedamos aquí mismo. Pensamos que tal vez su sombra podría pasar sobre mi amiguita y ella sería sanada”. ¡Oh, hermanos! Le pregunte: “¿Cuál es su problema?” Ella dijo: “Es mental. Yo la traje a ella hasta aquí”.
108Estando parado allí frente aquella gran fe, no manufacturada sino fe de verdad, apareció una visión. Le dije: “Sí, Uds. vienen del norte de Texas, cerca de Lubbock”. Dije: “Tú la trajiste hasta aquí en un Buick amarillo, pasaron por un lugar donde una parte de la carretera era de concreto y la otra era—era de asfalto”. Dije: “Cuando comenzaron a doblar en la esquina ambas se estaban riendo, (tenía la capota puesta) y por poco tuvieron un accidente”. Ella gritó a voz en cuello. Y yo le dije: “Y ASÍ DICE EL SEÑOR; ella está sana”. Eso es correcto. Y allí…
109Al día siguiente, ella casi encendió aquel pueblo. Le alborotó el nido al diablo. Permítanme decirles esto: si Uds. quieren que el diablo se moleste, comiencen a predicar sanidad Divina. El día de Pentecostés Pedro predicó y tres mil almas fueron salvas, y satanás ni siquiera se movió; pero dos días después él sano a un cojo en la puerta llamada La Hermosa y todo el infierno se desató sobre él. ¡Correcto! Al diablo no le gusta ver que Dios despliegue Su poder. Él cree que tiene mucho poder, pero él—él está acabado. Amén. Nuestro Cristo es predominante. ¡Tome la iniciativa! No permita que él ponga algo sobre Ud.
110Ese mismo día… Dos días después de eso aquí vinieron las jovencitas… Vino el Hermano Baxter y me dijo: “Hermano Branham, se va armar un tremendo lío”. Yo le pregunté: “¿qué es lo que sucede?” “Oh, ellos dijeron que—dijeron que esta noche lo iban a exponer a Ud. como Simón el mago”. Yo le dije: “Oh, ¿es cierto eso?” Dijo: “Sí”, dijo: “Hermano Branham, ellos han repartido tarjetas por toda la ciudad”, y dijo: “Ud. sabe, esas dos jovencitas que fueron sanadas…” Yo le dije: “Sí”. Dijo: “Ellas están en la planta baja llorando y empacando la ropa para volver a casa”. Dijo: “Es patético, Hermano Branham”. Yo le dije: “¿Qué es lo que pasa?” Él dijo: “Bueno, ellas dijeron que se sienten mal porque sus testimonios han armado un gran alboroto por aquí”. Ellas eran metodistas. Y entonces, ellos dijeron: “Han armado un gran alboroto, que iban a… El F.B.I. [Departamento Federal de Investigaciones de los Estados Unidos de América.--Traductor.] lo iba apresar a Ud. esta noche y que lo iba a exponer como Simón el mago”. “Bueno”, dije yo: “Si así es, yo debería ser expuesto”. ¿Ven? Yo dije: “Seguro”. Él dijo: “Bueno, será mejor que Ud. baje y hable con ellas”. Dijo: “Están en la planta baja. Ahora…” Yo le pregunte: “¿En qué habitación están?” Él me dijo y fui y toqué a la puerta. Y ellas estaban llorando y empacando la ropa. Dijeron: “Oh, Hermano Branham, estamos muy apenadas”. Yo les pregunté: “¿Apenadas por qué?” Yo dije… Ellas me dijeron: “Hemos causado muchos problemas, lo metimos en problemas”. Yo les dije: “¿Verdad? ¿Porque alguien haya sido sanado?”. Yo dije: “Uds. no me han metido en problemas, metieron al diablo en problemas”. Yo dije: “Ése es…Él es el que está en problemas, no yo”. Y dijeron: “Bueno, Hermano Branham”, ella dijo: “Lo sentimos mucho”. Dijo: “Hoy nos sentamos junto a una mujer y ella nos preguntó: ‘¿Uds. no andan con la gente de Branham?’ Nosotras le respondimos: “No, señora”. Ella dijo: “Oh, sí, sí es verdad”. Le dijimos: “No, yo simplemente fui sanada allí en un--en un hotel la otra noche”. Ella dijo: “Escuchen”, dijo: “Ese hombre es un brujo”. Dijo: “Nosotros lo sabemos”. “Pues”, dijo ella: “Mire señora, mi--mi amiga que vino conmigo iba a ser llevada a la institución para dementes. Y examínela, ella está completamente normal”. Dijo: “Oh, sí, yo sé. Una vez yo llevé a un muchacho a mi reunión—a su reunión que tenía tuberculosis. Y él subió allí y le hizo su encantamiento”. Y dijo: “El niño se sanó de la tuberculosis, pero ese fue el diablo”.
111Y cualquiera que no sepa más que eso, para saber que ¡el diablo no tiene ningún poder ni nada para sanar! ¡Yo reto eso! Si el diablo puede sanar, él está en—él está asociado con Dios. “¡Yo soy Jehová el que sana todas tus dolencias!”. El diablo no tiene…
112Esa fue la gran contienda entre los--los egipcios allá, cuando ellos sacaron a sus adivinos y demás. Ellos podían hacer cosas pero no podían sanar. Cada vez que los—los—los magos hacían algo… Moisés hacía algo, ellos lo imitaban. Ellos podían traerlo pero no lo podían quitar. ¡Así que eso demuestra que Dios es el único que puede sanar! Amén.
113Entonces ella me dijo: “Lo sentimos, nos vamos a casa”. Y dijo: “Lo sentimos mucho”. Estamos… Yo dije: “Bueno miren, Uds. saben que la joven está sana”. “Sí”. Yo le dije: “¿No es Dios maravilloso en la sanidad?” Ella dijo: “Sí”. Yo le dije: “Deberías verlo en batalla. Oh, Él es maravilloso”. Dijo: “¿No va Ud. a estar allí?” Yo le dije: “Bueno, tú no esperas que yo huya, ¿verdad?”. Le dije: “Claro que voy a ir allí”. Dijo: “Hermano Branham, el F.B.I. lo va a exponer a Ud.” Yo le dije: “¿Exponer qué?”. Dije: “¿Qué es lo que van a exponer?” Yo dije: “Estoy tratando lo mejor que puedo para ser expuesto, tratando de hacer lo mejor para que el Evangelio llegue a todos los que pueda”. Dije: “Me gustaría que me ayudaran un poco”. Dijo: “¿Quiere decir que Ud. sí irá?”
114Le dije: “Claro”. Dije: “Ven y ve al Señor en batalla. Tú sabes que Él es maravilloso en la sanidad, pero míralo en batalla una vez y ve qué--cuán grande es Él allí”. Dije: “Oh, Él es maravilloso en batalla”. Dije: “Todavía no lo he visto en batalla sin que salga con la victoria. Incluso cuando fue enviado al infierno puso Su pie sobre el cuello del diablo y le quitó las llaves de la muerte, se levantó al tercer día ¡y aun en la muerte salió triunfante!”. Dije: “Satanás no tiene nada que ver con Él”.
115Bueno, fui y esa noche cuando llegué allá tenían… El custodio hizo que unos muchachitos hispanos fueran y recogieran… Decía: “Escrito en actitud de oración. La sanidad Divina puede estar correcta, pero Simón el mago aún está en la escena”.
116Y entonces caminé… Yo dije: “Hermano Baxter, todos Uds. salgan del auditorio; regresen”. Había como tres o cuatro mil personas allí, tal vez cinco mil. Apenas… La reunión estaba comenzando y yo dije: “Acá tengo un anuncio que dice que yo soy Simón el mago y que el F.B.I. me va a exponer”. Dije: “Más vale que arreglemos esto ahora mismo. Vengan y expónganme aquí mismo. Quiero que vengan”. Esperé un poco y entonces dije: “¿Dónde están? ¿Por qué no vienen acá?” Esperé preguntándome de qué se trataba aquello. Yo no sabía de qué se trataba.
117A mi derecha, en la esquina me di cuenta que había algo allí, era una gran sombra negra. Me pregunté: “¿Qué será eso?”. Volví a mirar y se movió de allí, pasó entre la gente, subió hasta el balcón y se quedó sobre un hombre que tenía un traje azul y otro con un traje gris. Vino una visión.
118Yo les dije: “No es el F.B.I., son aquellos dos predicadores descarriados que están sentados allá”. Ellos se agacharon así y yo les dije: “¡No se agachen!”. Dije: “Ahora…” Y tres o cuatro de esos Tejanos grandes y rudos salieron a buscarlos. Yo les dije: “No, no, no, no hagan eso. Este no es un asunto de carne y sangre. Déjenlos quietos”. Porque ellos les habrían puesto una soga al cuello.
119Así que yo dije: “No hagan eso. Pero permítanme mostrarles algo. Si yo soy Simón el mago necesito ser expuesto. Vengan a esta plataforma aquí, si yo soy Simón el mago. Y si yo soy Simón el mago, caeré muerto en esta plataforma. Y si yo soy un hombre de Dios, vengan, y si Uds. están errados y soy un hombre de Dios, Uds. caerán muertos en la plataforma y que la audiencia vea quién está bien y quién está mal. Y sea Dios el que testifique quién está bien”.
120Entonces ellos se quedaron sentados allí un rato y yo dije: “Bueno, cantaremos un himno”. Cuando empecé a cantar el himno ellos se levantaron, tomaron el pasillo y salieron. Esperamos como media hora y nadie apareció. Desde entonces no han aparecido. ¡Seguro!
121Yo dije: “Estoy harto de esto, en todas partes”. Dios es grande en batalla. Cuando Él lo envíe a Ud., no tenga miedo, ¡párese allí y vea la salvación de Dios!
122Dijo: “¡Estad firmes!”. Sólo hay Uno que puede producir salvación y ése es Dios. ¡Más nadie puede traer salvación sino Dios! Él dijo: “Ahora, estad firmes y ved la salvación de Dios”.
123Aquí venía el ejército. Oh, cuando medito en eso… Aquí venía un ejército levantando el polvo. Y cuando Moisés se quedó quieto para ver la salvación de Dios, la gran Columna de Fuego que estaba delante de ellos y que los había guiado hasta esa trampa, ¡se movió, se apartó y se puso entre Israel y el ejército de faraón! Y ellos habían rechazado la luz.
124Y cualquier hombre que rechaza la Luz recibe lo mismo que recibieron ellos. Se le convirtió en tinieblas de media noche. La misma Luz que alumbró a los hijos de Israel para que caminaran, cegó los ojos del faraón y de su ejército. ¡Y el mismo Evangelio del Espíritu Santo al que Uds. llaman “necedad” y que se llevará la Iglesia a la gloria, oscurece los ojos de los teólogos modernos en esta noche!
125¡El mismo Espíritu Santo en poder que resucitó a Jesucristo y que está-- está en este edificio esta noche, ciega los ojos del predicador moderno y su iglesia! ¡Y la cosa que los ha cegado, ha dado Luz (Aleluya) desde la resurrección de Jesús y el día de Pentecostés! ¡Dios lo hará! ¿Puede Ud. explicarlo? Pero si Ud. no acepta la Luz, se le convertirá en tinieblas. Ud. la criticará y la llamará “aleluya”, pero sería mejor que le colgaran una piedra de molino en el cuello y lo ahogaran en la profundidad del mar.
126Si Ud. blasfema el Espíritu Santo no hay perdón. Dice: “Cualquiera que hable una palabra contra el Hijo del Hombre le será perdonado, pero si habla contra el Espíritu Santo ¡nunca le será perdonado!”.
127Pero, oh, Ud. sabía tanto. Así que se burló de la gente que andaba en el Espíritu de Dios, los que creían en sanidad Divina, la resurrección de Cristo y los poderes de Dios. Ud. se burló de eso, lo menospreció y se fue de la iglesia.
128Quiero que vea lo que va a ocurrir cuando se pare delante del Rey que envió este Mensaje. Ajá. Oh, Ud. cree que todo está bien, pero sólo espere hasta que llegue aquel día. Este es el día del hombre, el día del Señor está por venir. Eso es correcto.
129Noten. ¡Qué maravilloso! El mismo… Yo… Oh, ya me sobrepasé, será mejor que termine. ¡Dios en Su poder! (Sólo un momento). Dios moviéndose en Su poder, Él dijo: “Moisés, ¿por qué clamas a Mí? Toma la vara que tienes en la mano y levanta tu mano y marcha”. ¡Aleluya! Aquí va Moisés con la vara en su mano y con la otra mano levantada diciendo: Andaré en la Luz, Preciosa Luz, Donde se encuentra cual rocío el perdón.
130El Ángel de Dios iba delante de ellos en una Columna de Fuego y los guió hasta la orilla, ¡cuando llegaron allí fue como una pared para ellos (aleluya), y salieron de la trampa, Dios mostró Su amor y poder! “Cuando más nada podía ayudar…” Amén.
131¡El poder de satanás es limitado! ¡El poder de la fe hace cumplir la revelación de Dios! Dios ayuda a los que no pueden actuar ni ayudarse ellos mismos. Hay un dicho antiguo que deshonra a Dios y dice: “Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos”… ¡Qué ridículo, Dios ayuda a los que no se pueden ayudar a sí mismos! Amén. Oh, ¿no es Él maravilloso?
132Lo que hace el poder de Dios. El poder de Dios es lo único que puede dar Vida Eterna. El poder de Dios es la única cosa. El poder de Dios es lo que crea un árbol. Toda la ciencia del mundo no puede crear un árbol. ¡El poder de Dios creó al árbol! ¡El poder de Dios me mantiene a mí vivo!
133¡Si Dios lo llama a Ud., ni todos los hospitales, cámaras de oxígeno y otras maquinas en el mundo podrían mantenerlo aquí! ¡La salvación es del Señor! Es el poder de Dios que alimenta al gorrión. ¡Es el poder de Dios que le habla a un patito allá arriba! Nadie va allí y lo espanta del lago diciéndole: “¡Vete a Louisiana!”. ¡No, señor! Es el poder de Dios que lo espanta del lago. Ese animalito no sabe a dónde ir. ¡Es el poder de Dios que lo dirige hacia el sur! ¡Aleluya!
134¡Es el poder de Dios que los dirige a Uds. hacia Jesucristo! ¡Fue el poder de Dios que llevó a los magos hasta el pesebre! ¡Es el poder de Dios que emociona el alma de cada creyente! Amén. El poder de Dios para ayudar a aquellos que no se pueden ayudar a sí mismos. ¡Amén!
135Uds. tal vez hayan leído el librito, una pequeña historia antes de terminar. Yo soy cazador; Uds. saben eso, soy amante del bosque. Aquí hace algún tiempo, como tres, cuatro, o quizás tres meses, yo estaba con los que yo llamo mis dos estudiantes, Leo y Gene, sus muchachos de por aquí. Ellos vienen y me siguen por todos lados. Ellos estaban sentados en el porche y yo les estaba enseñando sobre las cosas de Dios.
136Una joven de nuestra ciudad había dado a luz un niño pero no lo quería, era una joven muy hermosa. Entonces tomó al niño, lo envolvió en una manta y lo amarró con alambre, luego tomó un taxi y fue hasta el puente donde lo dejó caer al río. Ella fue atrapada.
137Así que estábamos sentados allí hablando de eso, juntos con el señor y la señora Wood, el que vende los libros, ellos estaban allí, viven al otro lado— son mis vecinos. El lechero acababa de llegar y estábamos sentados allí en el porche esa mañana. Hacía mucho calor y me di cuenta que algo venía por la carretera y entró. Había cuatro casas entre yo y el Arctic Springs, un bosque allí. Allí venía una zarigüeya arrastrándose. Había pasado por todos esas casas que no tenían cercas y llegó hasta la mía, que tiene un muro de piedras con una cerca. Ella comenzó a subir por la—la entrada.
138Ahora, yo entiendo mucho a los animales. Los he estudiado. Yo fui guardia de cacería durante años. Me encanta la vida silvestre, vivir allí y estudiarla. La zarigüeya es ciega durante el día, igual que la lechuza. Ella sale de noche y no lo hace durante el día, a menos que la molesten y salga huyendo.
139Bueno, allí venía esta zarigüeya y yo me preguntaba por qué había llegado exactamente hasta mi casa. Dije: “Puede que tenga rabia”. Entonces le dije a Gene y a Leo: “Iré…” Fui a buscar un rastrillo que estaba en el patio, el cual el Hermano Wood había estado usando para amontonar la grama y se lo--lo puse encima a la zarigüeya. Y normalmente ellas hacen lo que llaman “jugar a la zarigüeya”, simplemente gruñen y se echan en el suelo.
140Pero en vez de eso, mordió el rastrillo y yo pensé: “Bueno”, dije: “Supongo que tiene rabia o está gravemente herida”. Me di cuenta que, disculpen esto porque es un poco asqueroso decirlo, pero tenía cresas por todos lados, por las moscas; y además las moscas verdes revoloteaban sobre ella. Su pata había sido mordida por un perro o--o atropellada por un carro o algo, la tenía quebrada y la arrastraba de esa manera. Bueno, ella… Estaba mordiendo eso.
141Entonces me di cuenta que estaba muy agotada y cuando le puse el rastrillo encima… Ahora, el canguro y la zarigüeya son los únicos dos animales que tienen una bolsa donde cargan a sus crías. Y por supuesto que tienen como un nervio que la mantiene cerrada. Y ella estaba tan agotada que la bolsa estaba abierta. Entonces me di cuenta porqué era que luchaba tanto: tenía nueve crías como así de largo. Y cuando ella se quedó tranquila, bueno, entonces les dije a los muchachos; dije: “Miren muchachos, vengan acá y les enseñaré una lección. Realmente hay más de maternidad en este animal mudo, esta zarigüeya, que la que hubo en aquella mujer que ahogó a su bebé”. Eso es correcto.
142Yo dije: “Vean, esa mujer saludable, joven y hermosa, sólo por poder ir a los bares y disfrutar, ahogó a ese pobre e inocente bebecito en el río”. Y dije: “Ahora, esta madre zarigüeya que probablemente tiene sólo veinte o treinta minutos de vida porque está muy mal herida”. Y dije: “Tal vez no pueda vivir más de treinta minutos pero dará esos treinta minutos para luchar por sus crías”. Yo dije: “Hay más maternidad y verdadera moral en esta zarigüeya que en aquella mujer”.
143Esa es una… Una mujer es algo maravilloso y un hombre también, pero cuando se han alejado de Dios, ¡llegan más bajos que los animales! Correcto. Ellos harán cosas que un animal no haría. Así que entonces, yo me di cuenta.
144Entonces le quité el rastrillo de encima y ella no titubeó ni un instante. Se levantó y siguió subiendo y se echó junto a los escalones. Bueno, me acerqué y la--la toqué un poco pero ella no se movía. Estaba acabada. Ellos dijeron: “Está muerta”. Yo les dije: “No sé”. Le puse el palo encima y no, no estaba muerta. Y esas pequeñas crías se estaban alimentando de ella, trataban de hacerlo.
145Bueno, la señora Wood que está sentada aquí y es una Cristiana encantadora nacida de nuevo, si es que alguna vez he visto una; ella es veterinario y me dijo: “Hermano Branham, lo único humano que se puede hacer con esa zarigüeya es matarla”. Dijo: “Le digo, Hermano Branham”, dijo: “vea a esas crías alimentándose de ella y posiblemente está muerta o lo estará dentro de unos minutos”. Y dijo: “Esas crías morirán. ¿Ve?” Dijo: “Morirán de hambre”. Y dijo: “Lo único que se puede hacer es quitarles las crías y matarlas y matar a la madre zarigüeya, porque Ud. no podría criarlas, son muy pequeñitas”. Dijo: “Ud. no podría criarlas”. Yo le dije: “Hermana Wood, sé que eso es correcto”. Pero dije: “Es que no puedo hacerlo”. “Pues”, dijo ella: “Ud. es cazador, ¿no es cierto?” Yo le dije: “Sí, pero no un asesino”. Yo dije: “Yo—yo simplemente no puedo hacerlo”. Y ella… Yo dije: “Esas zarigüeyas son comestibles. La gente come esas cosas, y sirven de alimento”. Dije: “Yo he matado muchas pero lo hice para comer”. Pero dije: “No--no así”. Y ella dijo: “Bueno, deje que Banks lo haga”. Ése es su esposo, mi buen y querido amigo. Y dijo: “Deje que Banks lo haga”. Yo le dije: “Yo—yo no quiero que él lo haga”. Entonces ella se fue, era lo único que podía hacer.
146Oh, el día había sido largo. Yo traté de alimentar a la zarigüeya, pero ella no se movió más y las pequeñas crías estaban tratando de alimentarse. Estando allí echada bajo el sol caliente que caía sobre ella, pensé: “¡Oh, vaya! ¡Qué escena!” Tenía la pata muy hinchada, como así, y cresas por todas partes, y las moscas revoloteaban alrededor de ella. Traté de echarle agua, Uds. saben, para ahuyentarle las moscas, pero regresaban de nuevo. Y, oh, ya tenía gangrena, y demás. Entonces dije: “¡Vaya, eso se ve horrible!”
147Entonces llegó la noche y el Hermano Wood vino y me dijo: “Hermano Branham, Ud. ha estado ocupado hoy con tanta gente entrando y saliendo, y de todo”, dijo: “Será mejor que demos un paseo”. Así que él y su esposa y mi esposa y yo, nos metimos al carro y salimos a pasear por el campo. Estábamos paseando cuando de repente, creo que fue mi esposa la que dijo: “Oh, ¿viste a ese cachorrito que estaba allá?” Entonces di la vuelta y me regresé.
148Bueno, salí a buscarlo y el pobre animalito era como de este alto y como esto de largo. Estaba muy lleno de sarna, tenía capa sobre capa y lleno de piojos, o pulgas; estaba comido. Y dije: “Pobrecito”. La hermana Wood dijo: “Creo que debería matarlo”, dijo: “porque se va a morir”. Yo dije: “Me lo voy a llevar a casa, a ese animalito”. Fui y me compré un remedio para la sarna y algunos polvos y lo curé. Y, oh, ahora él es un buen perro enorme.
149Pero, entonces, cuando llegué a… Esa noche llegamos a casa como a las diez y media o las once y allí estaba la zarigüeya. El Hermano Wood dijo: “Ya no se va a mover más”. Dijo: “Cuando oscureció se habría movido, pero ya no lo hará”.
150Bueno, ella estuvo allí toda la noche y yo no podía quitarme a esa zarigüeya de la mente. A la mañana siguiente, salí; Billy llegó. Él había estado pescando o en alguna parte. Él llegó como a media noche y la zarigüeya todavía estaba allí. Así que yo…
151Al día siguiente yo salí como a las seis y media o siete, cuando me levanté, salí y ahí estaba la zarigüeya. Bueno, pensé: “Ella está muerta”. La moví un poco con el pie, así, y vi que gruñía un poco así de un costado, cuando la tocaba. Y dije: “Vaya”. Y la pobrecita parecía que todavía estaba tratando de alimentar a sus crías. Pensé: “¡Qué lástima! No tiene fuerzas para cerrar su bolsa”.
152Bueno, mi hijita Rebeca, Uds. saben, la que está en las reuniones y ora por los enfermos, salió, la miró y dijo: “Oh, papi, mira a ese pobre animalito”. Yo le dije: “¿No es eso terrible, querida?” Y ella dijo: “Oh, no puedo mirarla”. Y volvió a la casa.
153Me fui a mi cuarto de estudio, me senté y levanté mis manos así y dije: “Bueno, me supongo que hoy”, dije: “no sé qué tendré que hacer con esa zarigüeya”. Estaba sentado allí meditando de esa manera. Y de… Algo me dijo: “Bueno”, dijo: “Tú estuviste predicando un sermón sobre ella ayer, que era una verdadera madre”. Yo dije: “Sí, lo sé”. Y dije: “Le estuve predicando a Leo y a Gene, y a los demás, les decía de ella, qué… y al--al lechero y a todos ellos, sobre la verdadera madre que ella era. Eso es correcto”. Dijo: “Bueno”, dijo: “Tú estabas hablando acerca de que ella quería cuidar a sus crías”. Yo dije: “Sí, eso—eso es correcto”. Y dije: “Bueno, ¿qué hay de eso?” Él dijo: “Bueno”, dijo: “Yo la envié aquí, ella ha venido y se ha echado frente a tu puerta, como una dama, durante veinticuatro horas esperando su turno para que le ores y tú no le has dicho ni una palabra”.
154Y dije: “Bueno, yo…” Pensé: “¿Con quién estoy hablando?” Pensé: “Bueno, ¿qué pasó aquí? ¿Con quién estaba yo hablando?” Dije: “Yo le estaba respondiendo a alguien”. Y en ese instante lo sentí, Uds. saben. Y pensé: “Oh Dios, ¿eras Tú? Perdona a Tu pobre y estúpido siervo”.
155Y salí allí, donde estaba la zarigüeya. Yo me enfrentaré a Uds. en el juicio con esto. Salí allí, yo lo he visto en otras oportunidades, no sólo con la zarigüeya sino… [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]… cosa.
156Fui hasta donde estaba la zarigüeya y allí estaba ella echada sin vida. Dije: “Padre celestial”, dije: “Yo sé que Tú me muestras visiones de seres humanos enfermos. Tú hablas a sus corazones para que vengan y se ore por ellos. Tú me mostraste al Hermano Bosworth, la visión con el momento exacto, el Ángel de Dios trajo el telegrama hasta aquí veinticuatro horas desde Sudáfrica y me dijo que él estaba allá postrado en esa condición. Pero, ¿es Tu gracia soberana para este pobre animalito sin entendimiento? Ella no tiene alma, no sabe de revelación, pero el Dios de amor y el Dios de Vida, que conoce al pajarillo tan insignificante que incluso se necesitan dos para hacer un cuarto… Jesús dijo: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto de centavo? Pero vuestro Padre los conoce a todos”.
157Allí estaba aquella zarigüeya y yo dije: “Si el Espíritu Santo ha guiado a esa zarigüeya sin entendimiento y aquí está ella inconsciente. Dios, perdóname”. Dije: “Entonces y… Si Tú quieres… Y si Tú también querías que yo orara por ella, si la enviaste aquí pero yo fui tan tonto para no saberlo, te ruego, entonces Padre, en el Nombre de Jesús, que sanes a esta madre”.
158Y Dios siendo mi juez, aquella zarigüeya se volteó, me miró, se levantó, juntó a sus crías y las metió en su saco, ya no cojeaba ni nada, miró hacia atrás, hacia a mí como diciendo: “Gracias, señor”. Y se fue muy contenta por el jardín de esa manera. Bajó por el portón y salió de la casa tan sana y saludable como pudiera estarlo.
159¿Qué fue eso? ¡El poder de Dios! ¡Aleluya! ¡Dios gobierna en la naturaleza! ¿Quién hace que las estrellas salgan de noche? ¿Qué ciencia podría hacerlo? ¿Quién hace que el sol se oculte por la noche y salga por la mañana? ¿Quién mantiene al mundo en su órbita? ¡El poder de Dios! ¿Quién sostiene el alma suya en Su…? ¡El poder de Dios! ¡Aleluya! El poder de satanás es limitado. ¡El poder de Dios es ilimitado! ¡Yo creo en Dios!
160Oremos. Nuestro Padre celestial, te damos gracias en esta noche por Jesús el Hijo de Dios, por Su misericordia y por todo lo que ha hecho por nosotros. Te damos gracia por los ejemplos de la bendita y antigua Biblia. Esta amada y antigua Biblia forrada en negro, Ella le ha señalado el camino al peregrino a través de las edades. Te damos gracias, Señor, Tu Espíritu Santo se mueve sobre Ella como la Gloria Shekina. Que los hombres puedan abrir esa Biblia, mirar en Su rostro y entrar al lugar Santísimo, para vivir bajo la Gloria Shekina en la Presencia del Dios Todopoderoso, y atravesar el velo rasgado. ¡Oh, gloria a Su Nombre!
161Te damos gracias por Tu poder. Dios Todopoderoso, en esta noche ven a la plataforma junto a Tu siervo inútil y haz aquello que hiciste cuando estuviste aquí en la tierra, para que la gente pueda saber que ni el hombre ni la ciencia pueden producirlo. Eso debe venir por el poder de Dios.
162¿Quién hace a la flor crecer? ¿Quién pone lo rosado en una rosa y lo—lo amarillo en la otra? ¿Quién pinta los cielos? ¿Quién toma el pincel durante el otoño y se va moviendo con una escarcha blanca y pinta las hojas de rojo y amarillo? ¡Aleluya! El toque del Maestro, el Dios de toda la eternidad. ¿Quién levanta a los enfermos cuando están postrados bajo las sombras de la muerte? Sólo Dios.
163Te ruego, Padre, que en el Nombre de Jesús, te muevas en esta noche y levantes a los enfermos y afligidos para Tu gloria. Amén.
164Lamento mucho haberlos retenido hasta tarde. ¡Oh, yo le amo! El sólo pensar que estamos viviendo en la Presencia del Rey. ¿Alguna vez han cantado este canto antiguo? Aleluya, aleluya He cruzado el velo rasgado donde las glorias nunca fallan, Aleluya, aleluya; Estoy viviendo en presencia del Rey.
165¡Aleluya! Cruzamos el velo rasgado donde las glorias nunca fallan, donde la Gloria Shekina de Dios se mantiene viva, deja de contaminarse, deja de entregarse a los placeres del mundo y se aparta, santifica al creyente, sacándole todas las cosas del mundo, todas las dudas y oscuridad de su mente y le da un corazón puro. En una ocasión Dios escribió Sus Leyes y las puso en la mesa debajo del arca. Y hoy, el hombre que vive en la Gloria Shekina, bajo el propiciatorio, Dios escribe Sus Leyes en su corazón y los mantiene.
166No quiero comenzar otra vez. Amén. Estoy muy contento de que podemos vivir en la Presencia del Rey.
167Creo que hay unas K, I o J, o… ¿Hay alguien que tenga tarjeta de oración K? Veamos si estuve en lo cierto. Muy bien.
168Comencemos entonces con unas de esas, traigamos a unas cuantas personas. Veamos. No queremos demasiados. Veamos. ¿Alguien tiene la tarjeta de oración K-85? Levante la mano. Dense cuenta si tienen una K-85. Sí, ¿la señora? ¡Qué bueno! Muy bien. 86, ¿quién tiene la 86? Levante la mano por favor. ¿K-86? Muy bien. 87, ¿están aquí? 87, muy bien. 88, venga acá. 89, ¿quién tiene la 89? Señora aquí, ¿tiene Ud. la 89? 89, ¿quién la tiene? Levante la mano, por favor, si puede. Si no puede, dígale al que está a su lado que levante la mano. ¿89? Muy bien, bien. ¿90? Muy bien, la señora aquí. 91, 92, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 99, 100. ¿Quién tiene la tarjeta de oración 100? Levante la mano. Tarjeta de oración K-100. Muy bien.
169Ahora, si podemos pasar a éstas, comencemos de nuevo. Creo que las que siguen son las J o las I, una de esas. Comenzaremos con algunas de esas.
170Oh, ¿le aman? [La congregación dice: “Sí”. —Ed.] ¿No es Él maravilloso? Solíamos cantar un cántico. Fe en el Padre, fe en el Hijo, Fe en el Espíritu Santo, éstos tres son Uno; Los demonios temblarán y los pecadores despertarán; Fe en Jehová sacudirá cualquier cosa.
171Amén. ¡El diablo odia esos cantos antiguos de jubileo! Cantémoslo juntos. ¡Vamos! Fe en el Padre, fe en el Hijo, Fe en el Espíritu Santo, éstos tres son Uno; Oh, los demonios temblarán y los pecadores despertarán; Fe en Jehová sacudirá cualquier cosa.
172Amén. ¡Sacudan esas cosas del infierno ante los ojos del mismo diablo! Correcto. Dios les hará saber a ellos quién es quién.
173Hermano Groat, ¿está Ud. aquí? ¿Sabes en dónde aprendí esa canción? Henry Groat, ¿estás en el edificio? Levanta la mano. ¿Dónde está? Lo vi hoy. ¡Oh, aquí atrás detrás de mí! ¿Recuerdas que cantábamos eso juntos allá en el campo de maíz? Vaya, vaya. Maravilloso.
174Su papá estaba orando por mí. Tengo que decir esto. Hoy lo dije en la iglesia. Su papá, un holandés típico, tiene un bigote pequeño. No sé. ¿Está él por aquí? Espero que me perdone por esto. Él estuvo allá en nuestra ciudad. Uds. saben, es igual a las otras ciudades. Hubo una jovencita que salió de una tienda vestida inmoralmente, unas ropitas muy menuditas como las que usan por aquí y en todas partes, Uds. saben, muy indecente.
175Mujeres, escuche hermana. Querida, déjame decirte algo. ¿Sabías qué es eso que está sobre ti? Eso es un espíritu inmundo que te hace hacer eso. Eso es correcto. Es un demonio. Tú no lo sabes. Yo no digo que seas inmoral pero te estás metiendo en el terreno equivocado allí. Nada sino un espíritu inmundo haría eso.
176Ella salió con esas ropas así y el Hermanito Groat, él es un bromista de todos modos. Él dijo: “Oh, oh”, dijo él: “¡Hermana, se le olvidó la falda!”. [El Hermano Branham imita una risa falsa—Ed.]
177Me llevó al campo de maíz y estuvo orando por mí. Puso su brazo alrededor de mí, nos inclinamos para orar y él dijo: “Ahora, Papá Dios, dijo él: “ven y sana al Hermano Branham”: Papá Dios.
178¿Dónde estás, Hermano Groat? Él está por aquí en algún lado. Oh, allá está en la parte de atrás con la mano levantada. ¿Te acuerdas de aquel día en el campo de maíz? Amén. Él lo hizo Hermano Groat. Amén. ¡Oh, Él es maravilloso!
179Me siento muy bien en esta noche, muy religioso. Amén. ¿Todos le aman? Y ahora, ¿cómo va eso, hermanos? Esa Luz está… ¿Están…? ¿Ya está formada la fila de oración allá, Hermano Rasmusson o quien sea, ya los alinearon allá? Muy bien.
180¿Dónde estás, Hermano Wood? ¿Vas…? ¿Quieres ayudarme? No veo a Billy. Ven acá y ayúdame, por favor. Muy bien.
181Me pregunto ahora… [Un hermano le habla al Hermano Branham—Ed.] Oh, eso está bien, si las apaga creo que sería bueno porque son—son muy fuerte y entonces al mirar de frente a la persona a veces se cruzan en el— mientras estoy hablando con las personas. ¡Qué bueno! Gracias, quien haya hecho eso. Ahora se ve mucho mejor. ¿Por qué no pensé en eso hace rato? Muy bien.
182Ahora, el Señor Jesús, el Hijo de Dios venga a la escena ahora, así como lo hizo por Israel. Aquí estoy en una trampa, llegué hasta aquí pero yo sé lo que Dios ha prometido. Él permitió que los hijos de Israel fueran al horno ardiente para probar que Él era Dios. Él permitió que Daniel fuera al foso de los leones para probar que Él era Dios. Él permitió que Lázaro muriera y se pudriera en el sepulcro para probar que Él era Dios. Amén. Y Él puede hacer lo mismo en esta noche, ¿no es cierto? Él puede demostrar que Él es Dios.
183Ahora, esta dama que está parada delante de mí, me supongo que somos desconocidos el uno al otro, ¿es cierto, señora? Así es. Pero hay una cosa que es segura; hay Alguien que nos conoce a ambos, hermana. Eso es correcto. Y algún día, nos pararemos en Su Presencia y daremos cuenta de todo lo que hemos hecho en esta vida. ¿Está Ud. consciente de eso? Le digo que algo ha sucedido. En este momento, antes de decir cualquier otra cosa, el Ángel del Señor vino y ungió ahora mismo. ¡Alabado sea Dios! Incluso tocó a la señora, rápidamente. Ud. lo sabe. Algo la tocó a Ud. cuando yo iba decir algo. ¿Es correcto eso? Eso es cierto.
184Ahora, siendo que soy un extraño para Ud. y no la conozco, nunca en mi vida la había visto, si Dios me permite saber cuál es su problema, o para qué está Ud. aquí, ¿aceptará Ud. a Jesús? ¿Lo hará? ¿Lo hará la audiencia?
185Ahora, nosotros estamos en Su Presencia. Y Él pudiera—Él pudiera quitar de nosotros, o Él pudiera herirnos con una enfermedad y moriríamos con ella. Él es Dios, así que debemos ser reverentes en Su Presencia.
186Uds. creen eso, ¿no es cierto? Así que veo a la dama. Ud. es muy nerviosa, tiene un problema de los nervios, es extremadamente nerviosa. Y veo que Ud. ha ido a un doctor por algo. Es una—es una infección. Ud. tiene una infección y esa infección la tiene en el pecho. Correcto. Y es en el pecho izquierdo. Veo que el doctor le dice que él no sabe lo que es, qué es lo que lo está causando. Correcto.
187Ahora, ése no era yo hablando; eso eran mis labios diciendo las palabras pero yo no tuve control sobre eso. Pero lo que dijo es la verdad. ¿Es correcto eso? Ahora, ¿se ha levantado Jesús de los muertos? Recuerden amigos, eso es lo que hizo Jesús cuando estuvo aquí en la tierra. Eso es Jesús en esta noche.
188Entonces aquí está lo que Él dijo, las últimas palabras que Él dijo antes de irse de la tierra. Se las citaré. Él llevó a Sus discípulos hasta Betania y los bendijo. Y dijo: “Id por todo el mundo (eso es Chicago también, ¿no es así?) y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado. Y éstas señales seguirán a los que creen hasta el fin del mundo”.
189¿Hasta dónde? Hasta… Este Evangelio… ¿Hasta dónde? ¿Hasta el fin de los apóstoles? Hasta el fin del mundo. En Mi Nombre echarán fuera espíritus malignos, hablarán con nuevas lenguas, si tomaren cosas mortíferas, o una serpiente, no les hará daño. Y si pusieren las manos sobre los enfermos, sanarán”. Eso es lo que Él dijo.
190¿Ud. cree eso? Entonces estando Él aquí presente… Crea. Yo creo que si le impongo las manos y oro, Dios ha hecho una promesa; si Ud. cree eso, sanará. ¿Es correcto eso? Entonces pase adelante.
191Nuestro Padre celestial, con las manos puestas sobre esta mujer, con este problema que ni ella misma sabe, y su doctor no se lo diría… Pero Señor, te ruego que tengas misericordia de ella y la sanes. Yo condeno a este demonio que entró para quitarle la vida a esta mujer. Y ¡sal de ella, satanás, en el Nombre de Jesucristo! ¡Tú estás derrotado! ¡Espíritu de muerte, estás derrotado! Nosotros vemos al Señor resucitado. Él está aquí y con los ojos de la fe miramos más allá de esta sombra a donde el sol está brillando para nuestra hermana en buena salud. Hacemos esto en el Nombre de Jesús y a Su mandato. Amén. Ahora, váyase, Ud. va sanar. Amén. Dios le bendiga.
192Muy bien, ¿quiere venir, señora? Tenga fe. Mientras viene, hermana, crea en Él con todo su corazón. Normalmente, oh, yo—yo… Cuando me canso. Estoy agotado pero así es mejor, porque William Branham está acabado. Entonces Jesús puede hablar. Yo no la conozco. Ud. me parece que es una mujercita muy santa. Yo nunca la había visto a Ud. pero Dios la conoce. No parece como que hubiera algún problema en Ud., pero Dios sabe si lo hay o no. ¿No es correcto eso?
193Ahora, hay alguien en la audiencia que movió al Espíritu santo hacia ellos. No lo capté. Ahora, sean muy reverentes. No se muevan. Sólo quédense quietos ahora.
194¿Puedo hablar nuevamente con Ud., hermana? Ahora, veo a la dama alejándose de mí, aquí está Eso nuevamente en ella. Ella también está extremadamente nerviosa porque está preocupada. Ella está inquieta por algo. Ella ha tenido una operación y esa operación fue por un cáncer. No tuvo mucho éxito y Ud. está preocupada por eso. Pero no se preocupe, Ud. está parada en la Presencia del Señor Jesucristo. Él es la Resurrección y la Vida. ¿Lo cree Ud.? Venga acá un momento.
195Padre celestial, yo bendigo a esta mujer en el Nombre del Señor Jesús y te ruego que la sanes y hagas que esté bien, por el poder de Dios. Amén. Dios le bendiga, mi hermana. Vaya y créale a Él con todo su corazón. Muy bien.
196¿Cómo está Ud.? Ahora, ahí está ese espíritu oscuro. Sean todos reverentes. No se muevan de acá para allá; no lo hagan por favor. Vean, éstas cosas salen de uno a otro, y si Uds.… Uds. no se dan cuenta para qué yo hago eso. Cuando el cáncer sale de aquí, va ir a algún otro lugar. Seguro que sí. Y yo no puedo detenerlo. Si Uds. se mueven, yo no puedo decir adonde va. Es una sombra oscura que yo veo… Hay un cáncer colgando sobre esa mujer ahora mismo. Es una sombra oscura. Si esa sombra se va de ella… ¿Cómo sé yo cuál es el problema? Es por visión. Y yo veo esa muerte oscura colgando alrededor de la mujer. Ella de seguro morirá si Dios no la ayuda. Bueno, cuando él sale de aquí, él está enojado, si es echado fuera; él hallará un lugar donde ir si puede. ¿Sabían que esa es la verdad?
197¿Se recuerdan en los tiempos Bíblicos cuando alguien estaba tratando de echar fuera un ataque epiléptico, saben lo que sucedió, quién no tenía realmente la autoridad para hacerlo?
198Ahora, Ud. está padeciendo de un cáncer. Eso es muerte. Y sólo Dios puede sanarle. ¿Cree Ud.? Ahora, siendo que alguien se movió, yo sólo quiero hablar con Ud. por un momento. Ud. no es de esta ciudad. Ud. viene de otra ciudad. Y creo que es donde… Veo una torre; es Joliet, Illinois. Y su nombre es Klein, Leona Klein. Ahora, vuelva a casa y sea sanada, ya la oscuridad se ha ido de Ud. Dios le bendiga.
199Tengan fe en Dios. Oh, vaya, cómo el diablo tiene que reconocer la autoridad suprema de Jesucristo. No a mí, él me odia. Él no tiene que obedecerme a mí, pero él tiene que obedecer a Quien yo represento. Él tiene que obedecer a Quien me envió aquí. ¡Aleluya!
200¿Cómo está? ¿Cree Ud. de todo corazón, señora? Yo soy un extraño para Ud. Ud. es una extraña para mí. Pero hay Uno en medio nuestro Quien nos conoce a los dos: Jesucristo. Si Jesús me dice cuál es el problema, ¿lo aceptaría Ud. entonces y lo creería? Muy bien. Mire hacia acá. La razón por la que digo que mire, es porque Moisés en la Biblia levantó una serpiente de bronce y le dijo a los hijos de Israel que miraran y vivieran. ¿Es correcto eso? Él lo hizo. Ellos debían mirar.
201Pedro y Juan pasaron por la puerta llamada la Hermosa y dijeron: “Míranos”. Por esa razón digo: “Mire”. Yo deseo su atención. Pero veo una franja larga de agua. Y no es… Ud. no está aquí por Ud. misma. Ud. está aquí por una mujer anciana. Y esa mujer está padeciendo de un problema del corazón. Y ella es su mamá. Ella no está en este país, ella está en alguna parte donde esa—esa religión es perseguida. Ella está por allá en alguna parte, veo a un soldado ruso marchando… Ella está en Rusia. Correcto. Ahora mismo, padeciendo del corazón. Jesucristo el Hijo de Dios la sanará. ¿Lo cree Ud.? Entonces vaya y crea con todo su corazón. ¡Bendito sea el Señor Jesucristo el Hijo de Dios! ¡Aleluya! Tenga fe. No dude.
202Venga señora. Venga creyendo. ¿Cree Ud. que yo soy el siervo del Señor? Tenga fe en Dios. Yo no la conozco a Ud. pero hay Alguien aquí que ambos sabemos en cuya Presencia estamos. Él nos conoce. Ahora, Ud. está aquí para pedirme que ore por sus ojos. Ud. tiene un problema de la vista. Y luego veo otra vez, aquí viene una extensión de agua. Y—y es otro país donde hay muchas colinas y es hermoso. Tiene una tierra de lagos. Y hay alguien allí que se parece mucho a Ud. Es su hermana. Y ella está siendo tratada con una especie de enfermedad en su sangre, una enfermedad en la sangre. Y es Suecia, ¿cierto? Y ese pañuelo es para ella. Bueno, vaya y envíeselo en el Nombre de Jesucristo y que sea sanada. ¡Aleluya!
203Tenga fe en Dios. ¿Cree Ud.? Jesús dijo: “Todo es posible para el que cree. Si puedes creer, todo es posible”. ¿Lo cree? Tenga fe.
204Sí, hermana, sentada allí con el sombrero rojo puesto, mirándome, su fe hizo contacto en ese momento. ¿Ve? La artritis con la que ha estado tan coja la ha dejado a Ud. Aquí Ud. puede… ¡Alabado sea Dios!
205Aquí, sentada aquí mismo, aquí abajo, como la tercera en esta fila, Ud. también tiene un problema con la vesícula biliar. Si cree, Ud. puede ser… Eso es correcto, hermana. Su fe hizo un contacto con Dios. Cuando esa mujer fue sanada, eso le pegó también a Ud. Ud. está sana. Jesucristo le sana. ¡Aleluya! ¡Bendito sea el Nombre del señor! Tengan fe en Dios. Jesús dijo: “Yo puedo, si puedes creer”. ¿Creen Uds.?
206¿Cree Ud. que fue sanada de ese problema de la espalda y… mientras estaba sentada ahí en la silla justo en ese momento? Así fue. Amén. Así que vaya regocijándose; eso es todo, diciendo: “Gracias a Dios”.
207Venga, señora. Las enfermedades de la sangre y esas cosas son muy fáciles para que Dios las sane. Ud. lo cree, ¿no es cierto? Vayamos Ud. y yo al Calvario para una transfusión. En el Nombre de Jesucristo yo condeno al demonio que ha perturbado a nuestra hermana y que salga de ella en el Nombre de Jesús. Amén. Siga hermana, vaya regocijándose, creyendo que Dios la sana y puede recibir lo que pide.
208Su problema de los riñones ya se ha ido, hermana. Vaya… Crea. Tenga fe. Su fe la ha sanado. Crea con todo su corazón.
209Venga acá señora. Quiero que voltee y mire hacia acá. ¿Ve a esa dama sentada allí con ese pañuelo sobre la boca? Ella padece de lo mismo que Ud. padece. Hay una raya negra saliendo de cada una de Uds. Es artritis. Correcto. Amén. ¡Aleluya! Ahora, bajen de la plataforma agradeciéndole a Dios. Sean fieles. ¡Gloria! ¡El Hijo de Dios vive!
210Papá, sentado allí con su mano abajo, orando, justo allí al final de la fila, sí, Él lo escuchó. Ud. estaba orando. Yo escuché su oración. Ud. estaba orando en silencio pero Él me permitió saber cuál era su oración. Ud. dijo: “Señor, permite que yo sea el próximo a quien él llame. Permite que esto—este sea mi tiempo. Correcto. Sí, Ud. ha tenido una crisis nerviosa, ¿no es cierto? Ajá. Eso es correcto. Y sabe, Ud. no es de esta región, Ud. es de un lugar, puedo deletrear la ciudad. Es U-t-i-… Utica, Utica, Michigan. Muy bien, puede volver a casa, su crisis ha terminado. Su fe le ha sanado. ¡Aleluya! Jesús, el Hijo de Dios, vive y reina. ¿Lo creen Uds.?
211Pase señora. ¿Cree Ud. que ese problema femenino le dejó sentada allí? Muy bien, así fue. Así que lo Ud. ha pedido, eso recibió. Crea.
212¿Qué piensa Ud. de eso, señora, sentada allá atrás? Observó a esa mujer irse que fue sanada… ¿Ud. lo cree? Sí, Ud. está padeciendo, tiene problema con sus ojos, ¿no es cierto? Correcto. Aquí mismo detrás de la dama con el chaleco blanco, el Ángel del Señor está sobre ella. Sí. Ajá. Ajá. ¿No es eso maravilloso, hermano? [Un hombre dice: “Él acaba de responder mi oración por esa señora”—Ed.] Amén. Qué bueno. Yo nunca en mi vida la había visto a Ud., señora, ¿es cierto? No, señor, nunca. Pero Ud. no es de aquí, Ud. es de mi estado, Indiana. Correcto. Anderson, Indiana, allí donde están los molinos. Ajá. ¡Aleluya!
213La señora que está sentada a su lado allí, ella padece de un problema en el pecho. Eso es correcto. Ajá. Ud. es de Muncie, Indiana. Váyase rápido a casa, regocijándose. ¡Aleluya!
214¿Cree Ud. que será sanado? En el Nombre del Señor Jesús reciba… [El Hermano Branham le habla a la persona en la línea de oración—Ed.] Vaya creyendo. Tenga fe.
215Venga acá por un momento, señora. Quiero que se voltee y mire hacia acá. Hay como un setenta por ciento de esas personas padeciendo con su misma condición. Correcto. ¿Cuántos están padeciendo de problemas con los nervios? Levanten la mano. ¿Ven cómo están jalando los espíritus? ¿Cuántos creen que Jesús está aquí para sanarlos? Levanten la mano. Ahora, váyanse a casa. Ha terminado. Amén. Dios les bendiga.
216Digamos: “¡Alabado sea el Señor!” [La congregación dice: “¡Alabado sea el Señor!”—Ed.] Quiero preguntarle, señora, la misma vez que lo dije para ellos, Ud. tenía lo mismo. Y cuando yo iba… dije eso, Algo vino sobre Ud., ¿no es cierto? Muy bien. Ahora Ud. ha sido sanada de su problema nervioso; es la menopausia. Váyase a casa creyendo.
217¿Qué cree Ud., señora? ¿Cree de todo corazón? Yo no la conozco a Ud., nunca la había visto. Dios hizo algo. Amén. Ud. está aquí orando por alguien más. Es una amiga suya. Y veo una iglesia grande, con estatuas pequeñas y cosas así. Su amiga es una católica convertida. Ella tiene cáncer y lo tiene en cara. Muy bien. Llévele ese pañuelo y en el Nombre de Jesucristo, que ella se recupere y sea sanada.
218¿Cree Ud.? Entonces en el Nombre de Jesucristo póngase de pie y reciba su sanidad, mientras oro por Ud.
219Dios Todopoderoso, yo echo fuera todo demonio. En el Nombre de Jesucristo, que él se aparte de estas personas en esta noche y se vaya. ¡Satanás, tú estás condenado! ¡Los ojos de fe captan que Dios está presente! ¡Sal de ellos, satanás, en el Nombre de Jesucristo!
220¡Levanten las manos y denle alabanza!