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~ YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA ~
1… va a las naciones extranjeras. Y yo siempre trato de venir y hablarle un poquito al pueblo. Yo… El Hermano Baxter y ellos recogen la ofrenda. Y todo el dinero en nuestras campañas ha sido algo muy raro. Yo… Muy contento de… que puedo decir esto aquí, pero el Evangelio de Jesucristo, no ha sido para mí una fuente de ingresos. Si yo pensara de esa manera al respecto, y si esa fuera la única alternativa que tuviera, yo me regresara a casa, regresara y me consiguiera un—recuperara mi trabajo como guardabosques del Estado de Indiana, y me pusiera a trabajar.
2Yo prediqué doce años allá en el Tabernáculo sin un centavo de salario, ofrendas ni nada. Trabajé, y eso era todo. Ahora, si fuera en alguna parte donde yo pudiera conseguir… Ahora, esto parece muy extraño, pero si yo supiera que estuviera en Chicago, si pudiera conseguir un empleo… Nadie me emplearía a menos que quizás fuese por aquí con un pico y una pala en la calle. Yo haría lo que tuviera que hacer para mantenerme. Ahora, no digo esto para ser humilde, sino lo digo de corazón. ¿Ven? Y yo pudiera relajarme más. ¿Ven Uds.? Pero entonces en esta clase de reuniones uno no puede hacer eso, uno tiene que permanecer constantemente con Dios, para saber exactamente lo que será en la próxima reunión.
3Porque recuerden… En los servicios más grandes, donde nos sentamos juntos, hay críticos y de todo. Satanás está esperando que se dé un paso en falso y entonces…Todo lo que él pueda para entonces aprovecharse de eso. ¿Ven Uds.? Así que eso… Yo debo tener mucho cuidado.
4Sólo piensen, amigos, en estas reuniones que pasaron, ¿qué si eso no hubiera sido exactamente la verdad? Fíjense en lo que hubiese ocurrido.
5Muchos de Uds. han leído mi libro titulado “Un Hombre Enviado de Dios”. Uds. vieron los testimonios y demás. ¿Qué hubiera sucedido en algunos de esos lugares cerrados donde críticos, locos, y de todo corrieron directamente hacia la plataforma y dijeron: “Te mataré ahora mismo. Agarraré y te trituraré todos los huesos del cuerpo?”. Bien podrían hacerlo… Ministros se acobardaron y huyeron de él. Pararse allí y ver al Dios Todopoderoso golpear sus vidas, y esa persona caer al suelo…
6Pararse allí y verlos decir: “Eso es psicología; Ud. le está adivinando los pensamientos a la gente”. Agentes de diferentes cosas, predicadores correr a la plataforma y decir: “Bueno, eso es psicología. Ud. simplemente le está adivinando los pensamientos a la gente”. Pero vemos el poder del Dios Todopoderoso descender y hacer retroceder esa cosa (¿Ven?), donde eso…
7En Suecia, Finlandia, África, dondequiera que uno va la oposición siempre está allí: satanás. Por eso es que muchas personas… Uds. no saben cuánto quisiera yo ir a visitar a muchos de Uds. Yo quisiera hacerlo, pero en este caso… Ahora, yo no puedo comparar mi vida y decirles que vivan de la manera que yo lo hago. ¿Ven Uds.? Yo tengo que vivir de la manera que Él quiere que lo haga.
8Ahora, yo pudiera o ser el siervo del hombre o el siervo de Dios. Para ser el siervo de Dios, yo debo abstenerme. No importa cuánto yo los ame a Uds., yo debo abstenerme de la gente. Yo no soy un aislacionista. Uds. no conocen mi corazón, cuánto amo yo a la gente. Pero tengo que mantenerme apartado de la gente para poder mantenerme con Dios. No importa quién sea la persona, aun mi propia familia… Mi propio hermano condujo hasta acá el otro día, mi esposa se sentó con ellos. A propósito, mi hermano… ¡Y era mi hermano en la carne! Dijo: “Tú tienes años que no vas a mi casa”. Mi mamá lloró y dijo: “Billy, ¿porqué no los visitas?” Pero yo… Ésa es mi madre y yo la amo, pero la razón…
9Hay una dama sentada en este…esta tarde, que es mi esposa. Yo le prometí a Dios y a ella que todo mi amor afectuoso sería para ella, en ese aspecto como esposa. Yo prometí eso.
10Ahora, si yo voy por la calle y viene una—una jovencita y me pregunta: “¿Es Ud. el Hermano Branham?”. “Sí, señor”. “¡Pues, yo lo amo a Ud.!”.
11Bueno, en primer lugar, si yo pensara que amara—tuviera amor por esa muchacha sería falso. Mi primer deber es el amor que yo le prometí a mi esposa. Yo debo pensar en eso primero. Eso es primero. Luego yo… No importa cuánto yo piense aquí, yo sé que no puede ser correcto, porque esto tiene que estar bien primero. Si es contrario a eso, yo debo tomar esto primero. Eso es lo que yo le prometí a Dios. Y así es con la verdad, con el Evangelio, con Cristo y con la gente. Yo amo a la gente con todo mi corazón, pero mi primer amor es para con Cristo. Mi primer deber es para con Él. Por lo tanto, yo debo servirle. Uds. entienden, ¿verdad?
12Y esta ofrenda misionera, yo he procurado gastar el dinero… Nunca en mi vida recogí una ofrenda, nunca lo hice.
13Recuerdo que una vez (a veces cuento esto), mi esposa me reclama, así que más vale que se prepare para reclamármelo otra vez hoy, porque se los contaré. Después de tener como dos años de casados. Uds. saben, aquellos tiempos de la depresión económica fueron difíciles. Yo… Sencillamente no llegábamos a final de mes. ¿Alguna vez se han encontrado Uds. en esa condición? A todos nosotros nos ha pasado. Yo creo que a Uds. también. Y yo ganaba como, oh, como dieciséis, dieciocho dólares a la semana, y con niños que mantener y todo eso, yo pensé: “Vaya, ¿qué haré?” Entonces le dije: “¿Sabes qué? Esta noche voy a recoger una ofrenda”. Ella dijo: “Bueno, voy a ir a observarte hacer eso”. Yo nunca había recogido una, pero ella dijo…
14Cuando construimos la iglesita, justo en el año 1932, yo pedí prestado el dinero para construirla, y nunca recogí ni una sola ofrenda. Había una cajita en la parte de atrás de la iglesia que decía: “Por Cuanto Lo Hiciste A Uno De Mis Pequeñitos, A Mí Me Lo Hiciste”. Yo nunca le dije a la gente que eso estaba allí, pero cuando llegaban mis pagos allí estaba. Ésa es la vida de fe. Uno confía en Dios para eso. Vean, eso fue lo que yo hice.
15Y entonces, recuerdo que esa noche fui e iba recoger una ofrenda. Ahora, no era porque la gente no me la daría. Ellos ciertamente morirían por mí, pero ellos… Si fuera necesario, ellos— ellos harían eso. Pero yo no lo quería. Era joven y trabajaba, tenía un empleo. Los demás trabajaban y ¿por qué no yo? Eso no me estorbaba mucho en mi ministerio, así que yo seguí adelante.
16Pero recuerdo que esa noche me dije… “Bueno, amigos”, dije: “No me gusta decir esto, pero yo—yo estoy en un aprieto Yo— yo—yo—yo… Recogeremos una ofrenda”. Yo dije: “Hermano Wisehart, ¿podría agarrar mi sombrero?”. Ellos no tenían platos de colecta. “¿Quisiera tomar mi sombrero?”.
17Él dijo: “Sí, señor, Billy”. Me miró un poco raro, y fue y agarró mi sombrero. Yo miré hacia abajo y había una damita de apellido Ware sentada cerca… Una madre ancianita tenía…delantales a cuadritos, de esos que tienen el bolsillo del lado adentro del delantal (¿Los conocen Uds.?), aquí de lado. Uds. saben de lo que estoy hablando, algunas de Uds. que son madres. Así que yo la vi meter la mano y jalar hacia atrás éste delantal y sacar unos de estos monederos pequeños que se abren con un broche en la parte de arriba. ¿Los conocen? Ella abrió este pequeño monedero y empezó a sacar esos centavitos allí. ¡Oh, yo no podía aceptar eso! Eso me hubiera atormentado el resto de mi vida, que yo tomé el dinero de esa pobre mujer. La miré y se me hizo un nudo enorme en la garganta. Dije: “Bueno, amigos, yo simplemente estaba probando la fe de Uds. Eso no era en serio”. Dije… Mi esposa que estaba sentada allí me estaba observando para ver cómo me iba, Uds. saben.
18Había un anciano. Generalmente él está en cada una de estas reuniones por aquí. No sé si él se encuentra aquí o no. Su nombre es Juan Ryan. No el Juan Ryan que era ciego. Es otro Juan Ryan. Uds. pensarían que él perteneciera a la Casa De David; él usa cabello largo y barba larga. Él estuvo en las reuniones de Hammond y en las de Zion. Pudiera estar aquí en algún lado, que yo sepa. Él vino a visitarme y se vino en su bicicleta. Posiblemente esa bicicleta le costó tres dólares. Era una—era una genuina… Uds. saben. Y allí venía él con ese cabello largo moviéndosele, la barba de un lado, viniendo a visitarme. Bueno, yo creo que se le averió mientras él estuvo allí.
19Ahora, ésa es una palabra difícil para un bautista, ¿no es cierto? “Averiado”. Pero él… De todas formas fue la bicicleta. Él se levantó y dijo: “Hermano Bill, puedes quedarte con esta cosa”. Y pidió un aventón para regresar. Así me regaló la bicicleta.
20Después que me fui a casa esa noche, mi esposa me dijo: “Yo pensaba que ibas a recoger esa ofrenda”.
21Ahora, el lunes pensé: “¿Qué voy hacer ahora?”. Fui y me compré una lata de pintura por unos quince centavos, arreglé la bicicleta, la pinté y la vendí por diez dólares. Después de todo, no tuve que recoger—recoger la ofrenda. Así que… Ahora, eso…
22Pero sentí que yo no podía aceptar… Yo sabía que esa pobre ancianita iba a depositar esos centavos y demás, ella quizás había estado ahorrando eso para otra cosa. Yo era joven y ella tenía sesenta y cinco años de edad, o algo así, yo no podía hacer eso.
23Así que nosotros procuramos hacerlo de la misma manera. Nuestros servicios no son para pedirle dinero a la gente. Si alguna vez yo llego a saber que uno de mis administradores está pidiendo dinero, ése es el fin de ése administrador. No tenemos más administradores así, porque cuando Dios no supla mis necesidades aquí, es que Él quiere que me vaya a casa. Y entonces nosotros—y esperamos por otra visión.
24Así que yo soy—yo—yo no soy muy bueno es eso Hermano Boze, soy… Veo que estoy—posiblemente estoy muy cerca de eso. Recuerdo la primera vez que intenté hablar a través de uno de esos, yo estaba muerto del miedo. Nunca había visto algo como eso. Estaba en una reunión pentecostal, y me habían invitado a la plataforma. Yo no sabía qué tan cerca, y le tenía miedo a esa cosa. Yo lo miraba y retrocedía, y—y era por aquí cerca de Mishawaka. [El Hermano Boze habla—Ed.] Sí. Muy bien. Ahora, [El Hermano Branham habla con alguien—Ed.] Sí, señor. Es posible que sea, porque yo ciertamente no conozco nada de esto. Estoy—estoy seguro de eso. Muy—muy bien.
25Oiga, Ud. sabe, después de todo, el dinero juega un gran papel, ¿no es cierto, hermano? Yo ciertamente lo iba hacer. ¡Qué bueno! ¡Gracias, hermano! Muy amable.
26Ahora, en esta tarde mientras estamos—estamos aquí… El Hermano Baxter dijo: “Bueno ahora, el Hermano Branham, para una misionera…”. Ahora, yo no podría… Yo podría… Si llegara el momento en que yo tuviera que recoger una ofrenda para el Señor, yo podría hacerlo. Pero no podría hacerlo para mí mismo.
27Aquí no hace mucho, hubo una gran suma de dinero (Muchos de Uds. supieron de eso) que me fue dado, y yo me negué a aceptarlo. Yo podía haberlos hechos a todo Uds. felices, sólo escoger así… Ahora entre nosotros. Un millón quinientos mil dólares. ¿Ven Uds.? Yo incluso me negué a mirarlo. ¿Ven? Ellos publicaron un artículo sobre eso en el periódico. Pero yo—yo no lo quise. No se trata de dinero.
28Un hombre que tenga la mente puesta en el dinero, la popularidad y cosas como esas, él seguramente está del lado afuera.
29Hay tres cosas que he notado al leer la historia, que arruinan la vida de un ministro desde un principio: una de ellas es el dinero, el amor a ello. La siguiente es la popularidad. Cuando él cree que es algo y no es nada de todos modos. Y la otra es las mujeres. Correcto.
30El hombre toma dinero, mujeres, popularidad. Esas han sido las tres cosas mayores con las cuales Dios ha tenido problemas con Sus hijos. Muchas de las otras cosas que acompañan a eso también. Pero lo principal es cuando Dios comienza a bendecir a un hermano y a darle algo un poquito más que—o alguna otra cosa para ayudar a la gente, y entonces ese hombre empieza a pensar: “¿Ven quién soy?”. En ese mismo instante él comienza a caer.
31¿Uds. quieren que les diga cómo subir? Bajen. La manera de subir es bajando. El que se humilla, Dios le ensalzará. ¿Es correcto eso? El que se ensalza será humillado.
32Ahora, para hablar en la tarde de esta manera… Yo—yo no soy un—un predicador. Cuando vengo detrás del Hermano Baxter, Starr, el Hermano Boze y éstos otros ministros que están aquí, los cuales son hombres que son educados; déjenme decirles que mi educación de primaria no llega muy lejos.
33En una reunión en Fort Wayne, nunca me olvidaré de esto. Yo estaba allí predicando fuertemente, Uds. saben, y regresé detrás de las cortinas después del servicio para descansar; estaba demasiado débil para caminar. Y hubo un erudito muy fino que se me acercó y me dijo: “¡Hermano Branham!”, dijo: “Su gramática es horrible”. Yo dije: “Sí, señor, lo sé”. Dije: “Yo sólo tuve una educación de séptimo grado. Mi padre había muerto y yo tuve que mantener a diez…” “¡Oh, eso no es excusa!”. Él dijo: “¡Vaya!”, dijo: “¡Los errores que Ud. cometió esta noche!”. Dijo: “Ud. debería—Ud. debería conocer una mejor gramática que ésa. La gente para la cual Ud. predica”, dijo: “¡Pues, es una vergüenza!”. Creo que él formaba parte del Sr. Webster, Uds. saben, así que le dije: “Bueno, señor”, dije: “Yo sé que eso es cierto”. Dije: “Pero…” Él dijo: “Bueno, Ud. podría hacer un--un curso por correspondencia”. Yo dije: “Sí, señor. Pero vea Ud., en aquellos tiempos”, dije: “Yo estaba… Yo tenía que mantener a una familia grande y todo eso, y para llegar a final de mes”, y dije: “Y ahora”, dije: “la obra del Señor es tanta—me mantiene tan ocupado”, dije: “que no tengo tiempo para--para hacerlo”. Él dijo: “Oh, eso no es excusa”. Dijo: “Yo lo escuché a Ud. esta noche allí diciendo: ‘Todos Uds. los que pasen por este poulpito en esta noche, creyendo serán sanados’”. Yo dije: “Sí, señor. ¿Qué hubo de malo en eso?”. Yo no sé cual es la diferencia. Y él dijo: “Pues, Ud. no debería decir ‘poulpito’”; dijo: “Ud. debería decir: ‘púlpito’”. Él dijo: “Esa gente lo apreciaría más a Ud. si Ud. dijera: ‘púlpito’”.
34Pero él me incomodó un poco, Uds. saben. Entonces yo le puse la mano en el hombro y le dije: “Hermano, no es mi intención herir sus sentimientos (¿Ven?), pero a esa gente allí no les importa si yo digo: ‘poulpito’ o ‘púlpito’. Ellos quieren que yo predique el Evangelio y produzca aquello de lo cual estoy predicando. Ellos ven a Jesucristo y eso es todo lo que a ellos le importa”. Correcto… Bueno entonces, yo… Es por esa razón que yo no digo que soy un ministro o predicador.
35Cuando yo era muchachito, mi padre era un—un jinete, y él solía asistir a los rodeos y demás, y cabalgar con estilo. Él tenía buena puntería con las pistolas, y yo solía verlo sacar una hilera de latas, tomar esas latitas pequeñitas, así, colocarlas así, y tomar dos pistolas e ir rodando esas latas. Pues, yo no podía pegarle a una lata de manteca de esa manera con un rifle, así que… Ver cuál era la diferencia. Y como jinete, pues, él podía… Yo lo he visto cabalgar hasta que la sangre se le salía por la nariz y los oídos. Y yo pensaba: “Bueno, vaya, eso es… Él…”
36Cuando ya llegué a ser un muchacho de buen tamaño, dije: “Yo voy a ser como mi papá”. Así que, nosotros teníamos allí a un viejo caballo de arar. Yo viví en Indiana la mayor parte de mi vida.
37Teníamos allí a un viejo caballo de arar que tenía como unos catorce años de edad. Arábamos con él todo el día y teníamos un abrevadero que había sido tallado de un--un tronco. ¿Alguna vez han visto uno de esos, cuando uno corta un tronco viejo? Bueno, ¡miren a esos campesinos aquí!, ¿quieren? ¡Vaya!, qué bueno. Bien, ahora me quitaré el--el saco y la corbata.
38Así que eso—nuestro viejo abrevadero, de esos donde se tiene que bombear el agua, Uds. saben. Uno de los niños tenía que ponerse a bombear por casi media hora antes de que saliera suficiente agua para abrevar al caballo.
39Así que nos íbamos a la parte de atrás del establo para que papá no nos viera. Y yo entraba sigilosamente y agarraba su silla de montar, Uds. saben, y se la colocaba al viejo caballo después que lo habíamos abrevado, le quitaba la montura, la guarnición, y agarraba un puñado de cardos y se lo ponía debajo de la silla, Uds. saben, y le sujetaba la cincha. Me subía en el centro de este pobre caballo de arar con este sombrero de paja, Uds. saben. Y el pobre caballo era tan viejo y estaba tan tieso y cansado que no podía levantar las patas del suelo. Él simplemente berreaba. Se quedaba parado allí y berreaba. Yo agarraba el sombrero en mi mano, vociferaba y gritaba, y mis hermanos estaban todos sentados ahí en los postes de la cerca, todos ellos sentados ahí. Yo sí que era un vaquero. ¡Vaya, yo realmente sabía montar! Ese pobre caballo viejo, pues, él era como montar un caballito de balancín de ésos de por aquí, no sería tan mal.
40Entonces cuando ya tenía como dieciocho años, pensé: “Bueno, ya tengo suficiente edad. Me voy a ir al oeste para ser un vaquero”. Posiblemente había visto demasiadas películas. Así que me fui al oeste. Y llegué a Arizona exactamente en el tiempo de un rodeo. Bueno, fui allá; tenía un poco de dinero e iba ir a comprarme un par de zamarros. Tenían que conseguirme un par muy bonito, Uds. saben. Me los puse así. Al fin y al cabo, yo era apenas un muchacho, Uds. saben, y cuando me los probé, me quedaban como dieciocho pulgadas de cuero arrastrando en el suelo. Me parecía a uno de estos pollitos enanos, Uds. saben, con esas plumas colgándome detrás, así. Yo pensé: “Bueno, aquí en Arizona son demasiado grandes para nosotros los Kentuckianos”.
41Entonces me—me compré un par de pantalones Levis y me fui, me subí a la cerca del corral donde estaban montando los caballos en el rodeo. Y los escuché decir: “Ahora el siguiente será El Salvaje De Kansas. Él va ser montado por fulano de tal”. Y seguía diciendo de esa manera, el hombre que anunciaba, mientras pasaba. Yo miré a todos esos vaqueros desfigurados (Uds. saben), que estaban allí al lado de esa cerca, sentados allí, quemados por el sol, Uds. saben. Los miré a todos y pensé: “Allí es donde yo debo estar, con esos tipos”. Así que me bajé y me subí allí y me senté sobre esa cerca de corral, Uds. saben, con mis pantalones Levis, un sombrero y con ambas orejas colgando pues me quedaba demasiado grande. Sólo costaba como un dólar noventa y cinco centavos, así que no era mucho, Uds. saben.
42Bueno, yo pensaba que era un genuino vaquero porque había montado aquel caballo de arar (Uds. saben), y pensé: “Yo también puedo hacer eso”. Pero yo nunca había visto montar a un verdadero caballo salvaje, Uds. saben.
43Así que al poco rato estaban metiendo a este caballo a la casilla, de esa manera, al corral de toros. Y cuando salió, este hombre estaba parado allí, y tenía que agarrarse como pudiera al caer ahí en la silla, una vez que se la ciñeron. Cuando escuché a ese caballo gritando, berreando y resoplando, pensé: “Oh, oh. Ése no aquél viejo caballo de arar que yo tenía en casa”.
44Cuando salió de allí, éste hombre saltó directamente sobre la silla; dio como dos vueltas de lado, así de rápido e hizo una embestida; y la silla, el hombre, y todo se salieron. Cuando cayó al suelo, los jinetes agarraron al caballo y la ambulancia se llevó al hombre. La sangre le salía por la nariz, los oídos y todo. El anunciante pasó por allí diciendo: “Le daré cincuenta dólares a cualquiera que lo pueda montar por treinta segundos”.
45Bueno, yo… Pasó cabalgando por allí y dijo: “Bien”. Todos esos vaqueros estaban sentados en la cerca… Dijo: “Le daré cincuenta dólares a cualquiera que lo pueda montar por treinta segundos”. Hoy, eso sería como ofrecer dos mil, casi. ¡Caramba!, esos cincuenta dólares sonaban muy bien. Él me miró y me preguntó: “¿Eres jinete?”. Yo le respondí: “No, señor”. Ése no era ningún caballo de arar.
46Es por esa razón que cuando yo hablo acerca de… Cuando estoy en casa cerca de la iglesia, me preguntan: “¿Es Ud. predicador?”. “Sí”. Pero cuando me encuentro así entre éstos predicadores, y me preguntan: “¿Es Ud. predicador?”. Yo digo: “No, señor”.
47No. Pero sí amo la Palabra del Señor, y me encanta adorarle en cualquier lugar cuando tenemos compañerismo alrededor de la Palabra del Señor.
48Ahora, unos cuantos textos que normalmente yo utilizo así de esta manera. Allá en mi iglesia yo me profundizo en la Biblia, enseñando el Antiguo y el Nuevo Testamento, y así por el estilo, no en… Griego y Hebreo, porque yo no lo conozco. Es simplemente de la manera en que yo lo veo aquí, y de la manera en que el Espíritu Santo me lo revela.
49En esta tarde, si es la voluntad del Señor, quisiera tomar un pequeño texto aquí. Posiblemente yo—algunos de Uds. aquí pudieran haberme escuchado predicar sobre ello. He predicado sobre cuatro o cinco pequeños temas distintos a través del país, algo así como: “Venid Y Ved A Un Hombre”. Normalmente yo utilizo eso en alguna ocasión. Eso es… “La Mujer Junto Al Pozo”, y generalmente trato de abordarlo de una manera diferente, de modo que cada vez será distinto. Un pequeño texto como ésos, debido a que no quiero irme demasiado lejos de ese lado, porque cuando vuelva esta noche a tomar los servicios, es un unción diferente y a veces eso me perturba. ¿Ven Uds.? Así que, o “¿Crees Esto?” o—o “Cuatro Maneras De Ver A Dios”, o “Entonces Él Lloró”, o cositas como ésas. Así que en esta tarde deseo leer de San Juan el—el—del… “Mas Ahora Sé, Señor”.
50Deseo leer de San Juan el capítulo 11. Y la lectura de la Palabra… Dios producirá los resultados por la lectura de la Palabra. ¿No creen Uds. eso? He hablado antes sobre esto en alguna parte; tal vez en el vecindario, por aquí en algún lado, o en algún sitio a través del país. Si es así, voy a tratar de abordarlo de una manera diferente, por causa de aquellos…
51Y ahora, el Hermano Baxter es el que predica. Yo simplemente vine. Esto me relaja un poco en esta tarde y luego para esta noche.
52El capítulo 11 de San Juan, y comencemos como en el 18 o 19—digamos que en el versículo 18, y leamos sólo una pequeña porción allí de la Escritura. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. Ahora, inclinemos nuestros rostros por un momento para hablar con el Autor de este Libro.
53Señor Jesús, Maestro de Vida, Dador de toda buena dádiva, sabemos que somos salvos por Tu gracia, no por causa de nuestros méritos, sino porque la gracia de Dios ha sido derramada en nuestros corazones, por el Espíritu Santo. En un tiempo éramos extranjeros, separados de Dios, Gentiles, adorando a ídolos mudos. Pero a su debido tiempo Cristo murió, el Inocente por los culpables, llevándonos al Padre. Y ahora, somos hijos e hijas de Dios. Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que tendremos un cuerpo como el Suyo, pues le veremos como Él es. Señor, cómo gemimos en estos cuerpos, para ser revestidos de inmortalidad, para ser revestidos de Su Espíritu, que algún día…
54Sabemos esto, que en el Antiguo Testamento la sangre de toros y machos cabríos no podían quitar el pecado. Sólo cubría el pecado. Y los vivos sólo esperaban en—en el paraíso que llegara el día en que el pecado sería quitado. Pero cuando vino Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías, Él quitó el pecado. Él lo divorció, no lo cubrió sino que lo quitó. Luego, ahora, desde entonces, si este tabernáculo terrestre se deshiciere tenemos uno esperando en la gloria; nosotros vamos directo a la Presencia del Padre, para allí ser revestidos de inmortalidad.
55Oh, si este tabernáculo terrestre, si fuere quitado en esta tarde… Nacido en pecado, formado en iniquidad, vinimos al mundo hablando mentiras, pecadores por naturaleza, luego Dios nos ha redimido y redimió nuestra alma, y tenemos un cuerpo bendito esperándonos, que nunca estará enfermo, que incluso estará por encima de la tentación, un cuerpo como Su propio cuerpo glorioso, entonces le veremos como Él es.
56Ahora, Padre, estamos abordando Tu Palabra. No hubo hombre alguno que fuese digno de abrir el Libro, o de desatar sus Sellos. Mas el Cordero que fue inmolado desde la fundación del mundo, Él fue digno. Y vino y tomó el Libro de la mano derecha de Él, y abrió el Libro y desató los Sellos.
57Y ahora, que el Espíritu Santo venga y entre en éstas palabras que acabamos de leer. Y que Tú puedas hablar hoy, y pasar sobre esta audiencia aquí, y que el Espíritu Santo le dé a la Iglesia aquello de lo cual tenemos necesidad: ¡fe!
58Señor, prepara el servicio de esta noche. Que esta noche sea el servicio más grandioso, no por causa de nosotros aquí, ¡sino porque Tú está aquí! Que sea el servicio más grandioso que ésta Iglesia De Filadelfia haya tenido desde que fue establecida.
59Que en esta noche haya un sacudimiento, que haga que el Dios Santo del cielo nos coloque allá en un estadio grande, en un auditorio en alguna parte, que sacuda a Chicago por tres o cuatro meses. ¡Concédelo, Señor!
60Haz hoy lo mucho más abundantemente. Prepara los corazones ahora mismo. Ara el terreno, arranca todos los abrojos verdes, los espinos, las zarzas, y raíces de amargura, y haz caer el Espíritu Santo de tal manera en esta noche, que el Ángel de Dios pueda pasar por este edificio en una gran reunión, porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén. Gracias, Hermano.
61Abordemos la Palabra ahora por unos momentos… Me quitaré mi reloj. No sé dónde está el reloj de pared… Es un… Y trataré de ser lo más breve posible para que así Uds. tengan el tiempo suficiente para prepararse.
62Hace unos momentos, mi hijo me pidió que le anunciara a las personas que deseen tarjetas de oración para esta noche, que estén aquí esta noche a las seis en punto, si es posible, para que reciban las tarjetas de oración; aquellos que estén afligidos y necesitados, que estén aquí esta noche a las seis en punto para recibir las tarjetas de oración.
63Ahora, hoy nuestra Escritura se remonta a un poco antes del… O este tiempo era durante el ministerio de nuestro Señor. Él acababa de hacerse muy famoso por causa de que Dios estaba con Él. Él era un Hombre, no había hermosura en Él para que lo deseáramos. Él era—Él no aparentaba mucho, probablemente era un Hombrecito de apariencia débil. Y la Biblia dice que Él no era hermoso, en el sentido de ser como de seis pies o de siete pies de altura, así como Saúl. Pero Él era un Hombre pequeño.
64La Biblia dice que: “Como que escondimos de Él el rostro, y le tuvimos por azotado—azotado, por herido de Dios y abatido”. Pero las obras que Dios estaba haciendo en Él eran tan sobresalientes, que la gente sabía que Él venía de parte de Dios. Pues aun aquel gran maestro dijo, el que vino a Él de noche, llamado Nicodemo. Él dijo: “Sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie pudiera hacer estas cosas que Tú haces, si Dios no estuviere con él”. Ellos lo sabían sin lugar a dudas.
65Ahora, los ministros de aquellos días dijeron: “Bueno, Él es un psiquiatra. Él es un—Él es uno que adivina los pensamientos. Así es como Él sabe qué está mal con esa gente; Él le adivina los pensamientos a uno”. Él lo hizo. Jesús era uno que adivinaba los pensamientos. Eso los escandalizó a Uds., ¿no es cierto? Pero Él lo era. Él percibía sus pensamientos. ¿Es correcto eso? Bueno, ¿qué es adivinar los pensamientos? ¿Ven? No uno de éstos que se sientan por allí, una de éstas mujeres que se sientan por ahí en la esquina y le leen la mano; ése es el sustituto que tiene el diablo, algo para imitarlo. Ése es el dólar falso del verdadero. ¿Ven Uds.?
66Para todo lo que Dios ha hecho, el diablo ha fabricado un sustituto, hizo algo falso. ¿Ven? Y esa es la razón de que en los últimos días los dos espíritus son tan parecidos, son tan formales y fundamentalistas que fallan enteramente en ver el Espíritu (¿Ven Uds.?), de esa manera. Y algunos de éstos del lado radical se desvían completamente en ismos con ello, pero la verdadera Iglesia de Dios anda en el mero centro del camino, estando llena del poder de Dios. Allí es donde está.
67Ahora, ciertamente, todo lo que Dios tiene, satanás tiene algo para falsificarlo. Vean, él hace algo de eso. Y Jesús percibía sus pensamientos, y entonces los grandes ortodoxos de aquellos días dijeron: “Ése Individuo es el mejor adivino que hay en el país. Él es belcebú, el príncipe de los demonios”. ¿Es correcto eso? Ahora, eso es lo que dijeron los predicadores. Y los grandes maestros de la Biblia de aquél día dijeron: “Él es belcebú”. 68 Ahora, veamos lo que decían los demonios. Los demonios dijeron: “Él es el Hijo de Dios. Nosotros sabemos Quién Eres, el Santo de Dios”. ¿Es correcto eso? En ese caso los demonios tenían más conocimiento de Dios que el ministerio. ¿Es correcto eso?
69Cuando Pablo y Silas estuvieron allá y estaban haciendo unas obras tremendas para Dios, había un pequeña adivina que salía corriendo por la calle, todos los días, y daba voces detrás de Pablo diciendo: “ ¡Éstos hombres nos anuncian el camino de la vida! ¡Ellos son hombres de Dios!”. Y por acá estaban los predicadores que decían: “Ellos son impostores. Ellos trastornan el mundo. No sirven para nada”. Y el… Allí estaba el ministerio diciendo: “Ellos son impostores”. Y el demonio diciendo: “Ellos son hombres de Dios” ¿Cuál tenía la razón? Vean, el diablo tenía la razón. ¿Es correcto eso? Claro que sí. Así que vean Uds., aun esa gente…
70Ud. puede meterse tanto en la Palabra, Ud. piensa: “Oh, la Palabra, la Palabra”. Correcto. Pero el Evangelio no sólo vino en Palabra, sino en poder y demostración del Espíritu Santo, hasta que la Palabra es hecha Vida. ¿Ven?
71El trigo está bien estando en su mano, pero Ud. nunca obtendrá una cosecha de él. Ud. tiene que enterrarlo y dejar que cobre nueva vida. ¿Es correcto eso?
72Ahora, la Palabra está correcta; ésta es la manera de Dios, desde luego. Pero sólo la Palabra, “La letra mata, mas el Espíritu da Vida”. ¿Ven lo que quiero decir?
73Ahora, y por lo tanto, el enemigo tenía que testificar de Dios. En Su ministerio aquí Él salió, y cosas comenzaron a suceder. Y entonces todas las iglesias le cerraron las puertas a Él y dijeron: “Ahora, si alguno va allá a escucharle, le quitaremos su… Entregaremos sus papeles y Uds. tendrán que irse. Ya Uds. no pertenecen aquí”.
74Pero habían unas personas llamadas Marta, María y Lázaro, que eran hermanos. Y ellos escucharon a Jesús, y habían visto Sus milagros, así que a ellos no les importaba si Él era—lo que dijeran los ortodoxos, lo que dijera la iglesia o nada al respecto. Ellos le creían y andaba con Él. Y ellos le creían porque sabían que Él era un Hombre de Dios. Así que Él fue a quedarse en su casa, en—en Betania.
75Y ahora, mientras Él estaba viviendo allí con—con ellos, Su ministerio se hizo tan grande, que un día Él tuvo que marcharse de la casa. Ellos se le amontonaban demasiado, había demasiada gente alrededor de la casa. Y la gente venía a Él por miles, y Él se escurría de ellos, y se iba a otra parte (¿Ven?), para estar a solas con el Padre, para orar.
76Las ciudades lo mandaban a llamar, pero Él subía sólo a la montaña, para ver en qué dirección le guiaba el Padre. Él vino para hacer la obra del Padre. En eso es que deberíamos ocuparnos hoy, en los negocios de nuestro Padre (Eso es correcto), no tanto en los círculos sociales y—y demás cosas, sino en los negocios del Padre.
77Ahora, tomemos a este Jesús tan maravilloso sólo por un momento, y observemos Su venida. Un poco antes de Él venir, hubo un… Primero, antes de Su venida, hubo un anuncio. La iglesia estaba toda descarriada y enredada, casi igual como lo está hoy. Unos tenían esto, los fariseos, saduceos, publicanos, oh, había toda clase de ismos. Y así, incluso se levantó un hombre quien reclamaba ser un grande, y llevó a centenares al desierto y perecieron. Uds. conocen la historia. ¡Y todo de esa manera!
78Pero finalmente llegó la hora para que Él apareciera, Él… El remanente le estaba esperando. Y cierto día… Observemos. Veo a un anciano y a una mujer, que hacía mucho había pasado de la edad para tener hijos, la mujer. Y ella dijo que habían orado durante todos esos años para que Dios le quitara su afrenta, y que ella pudiera tener hijos, ya que era una honra para cualquier mujer hebrea tener un hijo.
79Cómo han cambiado eso hoy. Es casi un—una—deshonra tener un hijo. Ahora, ¿no es cierto eso? Uds. tal vez no digan amén, pero esa es la verdad. Una mujer prefiere pagar cien dólares por un perrito nariz chata, y darle el amor de una madre, que tener un bebé. Ahora, Uds. saben que esa es la verdad.
80Lo pasean por la calle con un suetercito puesto. Yo vi una de las clínicas más grandes que he visto, casi, por aquí, y es una clínica para perros. Yo no entiendo eso. No lo puedo comprender. Muy bien. De todos modos, eso es entre Ud. y Dios.
81Ahora, fíjense. Entonces Zacarías era un varón justo, un sacerdote. Y él vino a la casa de Dios; su oficio allí era de—de ofrecer incienso mientras que la gente estaba orando. Y entonces, cierto día mientras ofrecía incienso, el tiempo de la promesa se estaba acercando. Y Dios envío un Ángel al altar. ¿Creen Uds. en Ángeles? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¡Sí, señor!
82No hace mucho alguien dijo: “Hermano Branham, Ud. está equivocado con respecto a ese Hombre que le habla a Ud.”. Dijo: “Ese fue el Señor”. Yo dije: “Fue un Ángel”. Él dijo: “Yo soy enviado de la Presencia de Dios”. Él no era el Señor. Era un Ángel. “Oh”, dijo: “eso está bien errado”. Dijo: “Hermano Branham, Dios en tiempos antiguos, en la Biblia, habló”, dijo: “allí estaba Daniel y todos ellos. Sí, ellos eran—tuvieron Ángeles y demás, de esa manera, pero no es una doctrina del Nuevo Testamento”. Y esta persona era un hombre, dijo: “Nosotros hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla”. Yo pensé: “Cuán callado estuvo Él acerca de muchas cosas de que habló la Biblia”. Yo dije: “¿Quiere Ud. decirme que no cree eso, que los Ángeles de Dios…? El hombre dijo: “No, señor. El Espíritu Santo es quien guía a la Iglesia”. Yo dije: Eso es correcto. Pero ellos tienen espíritus administradores enviados de la Presencia de Dios”. Él dijo: “No en el Nuevo Testamento, hermano”. Yo dije: “Oh, sí, en el Nuevo Testamento”. Él dijo: “El Espíritu Santo, no Ángeles, el Espíritu Santo…” Yo dije: “Mire, quiero preguntarle algo”. Dije: “Fue el Ángel de Dios que se encontró con María”. Él dijo: “Sí, pero eso fue antes de Pentecostés”, dijo él: de allí en adelante fue el Espíritu santo”.
83Yo dije: “Verdaderamente el Espíritu Santo guía a la Iglesia; eso es verdad. Pero mire”, dije yo: “¿Cree Ud. que Felipe tenía el bautismo del Espíritu Santo?” ¿Lo creen Uds., todo Uds.? ¡Claro que sí! Bueno, cuando él estaba en Samaria llevando a cabo un avivamiento, ¿quién fue que le habló y le dijo: “Ve allá al desierto de Gaza”? ¿Fue el Espíritu Santo? ¡No, señor! Un Ángel del Señor le habló. ¿Es correcto eso? “Ve al desierto de Gaza, y habla”.
84Miren, ¿cuántos creen que Pedro tenía el Espíritu Santo? Veamos. ¿Creen Uds. que él tenía el bautismo del Espíritu Santo? Aquella noche cuando él estaba en la cárcel, y en la casa de Juan Marcos estaban teniendo un servicio de oración por él, ¿quién fue que brilló como una luz en la ventana y le abrió las puertas? ¿Fue el Espíritu Santo? ¡El Ángel del Señor!
85¿Cuántos creen que Pablo tenía el Espíritu Santo? Bueno, Cuando él estaba allá en el barco catorce días y noches, no había luna, estrellas, y se habían perdido las esperanzas, él bajó a la galera para orar, regresó y dijo: “ ¡Tened buen ánimo!, porque el Ángel de Dios, de quien yo soy siervo, estuvo conmigo anoche y me dijo: ‘Pablo, no temas’”. ¿Es correcto eso? El Ángel del Señor…
86El Libro de Apocalipsis fue escrito por medio del testimonio de un Ángel. “Yo, Jesús, he enviado a Mi Ángel para que testifique de estas cosas y las escriba a la Iglesia”. ¿Es correcto eso? Juan se postró para adorar al Ángel. El Ángel le dijo: “No lo hagas”. Ahora, no es José Smith. Pero Él dijo… Un Ángel verdadero no permite ser adorado. Uds. saben eso. No, señor. Él dijo: “¡Adora a Dios!”.
87Dios todavía tiene Ángeles, y ellos visitan a la gente… No una adoración de Ángeles. Pero seres Angelicales Quienes son atributos de Dios, enviados para ministrarle a la Iglesia, a través de la gente. ¡Oh, hermano! ¡Qué escasos estamos hoy de la bendición de la verdadera Iglesia apostólica!
88Nosotros que reclamamos estar allí, que reclamamos haber besado el borde de la copa de las bendiciones, ¡qué cortos nos hemos quedado! ¡Cómo jugamos con las burbujas en la superficie del agua jabonosa, y no sabemos lo que es la profundidad! ¡Eso es cierto!
89Ahora, amigos, cuando yo me paro aquí atrás, soy responsable, no para con la audiencia, sino para con Dios. Correcto. Y mis palabras deben ser… Yo sé que tengo muchos millones de personas que escuchan y vigilan cada palabra que uno dice, así que de todo corazón, yo debo ser lo más fiel a Dios que pueda. Y hoy puedo decir que aún no hemos tocado la superficie. Eso es correcto. La Iglesia debería profundizar. ¡Hermano! Estamos… Es lectura—Es como lectura, escritura y aritmética.
90¡Noten! Ahora, este Ángel vino, Él era Gabriel. Ahora, Dios envía Ángeles menores (Correcto), tal vez como el que viene aquí. Y algunas personas se envanecen con Ángeles y cosas, a quienes piensan ellos que han visto, y cosas así. Eso es sólo lo falso.
91Si alguien ha visto un Ángel, y se encontró con Dios quien le comisionó—ese Ángel le comisionó de parte de Dios, y si Él fue enviado de parte de Dios, dará testimonio todo el tiempo, que es la verdad. ¿Creen Uds. eso? Pero si no lo hace, no es la verdad. Eso es algo en lo que Uds. pueden confiar: “Por sus frutos los conoceréis”. ¡Cierto!
92Ahora, fíjense en esto, que este Ángel era Gabriel. Ahora, estos Ángeles menores vienen; pero cuando Uds. ven o escuchan de que Gabriel viene, prepárense porque algo mayor está a punto de suceder. Gabriel fue el que anunció la primera venida de Jesucristo. ¿Es correcto eso? Y somos enseñados en la Biblia que Gabriel anunciará la segunda venida. Él tocará la trompeta de Dios, (¿Es correcto eso?), la venida del Señor, el Ángel de Dios, Gabriel, Quien está a la diestra de Dios.
93Ahora, este gran Gabriel descendió y entró allí y el sacerdote estaba ofreciendo su incienso, quemándolo, mientras que la gente estaban orando afuera. Él estaba parado frente al altar. Y miró hacia al—el lado del altar, y allí estaba parado el gran Arcángel. Eso atemorizó al sacerdote. Y Él le contó todo acerca de su vida, y cosas, y lo que Él iba hacer. Dijo: “Después de los días de tu ministerio aquí, ve a casa, a Elisabeth tu mujer. Y ella dará a luz un hijo y le llamarás Juan”.
94Pues, miren. Ese sacerdote dijo: “¿Cómo pueden ser estas cosas? Ella es vieja”. ¿Ven?
95Hay gente justa que caminan en toda la Luz del Señor; ésa es la clase de hogar a la que Dios puede entrar. Ahora, si lo que Ud. hace es servir todo tipo de—de fiestas, y cerveza, y de todo en su casa, Dios nunca lo visitará a Ud. allí. Correcto. Pero si Ud. tiene un hogar que está limpio y viviendo para Dios, con oración y la Biblia abierta, en la que haya algunas manchas de lágrimas, Dios puede visitarle. Correcto. Porque Ud. ha abierto un canal al que Él puede venir. Y allí es donde estaba.
96Ahora, Cuando Dios hubo respondido la oración de Zacarías y Elisabeth, por supuesto que eso casi lo mató del susto. Él no creía que eso pudiera suceder. Pero Él dijo: “Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios, y mis palabras se cumplirán a su tiempo”. Y luego él salió y la gente… Él quedó mudo e iba permanecer así hasta que el niño naciera. Y luego que Zacarías salió, la gente… Él le hablaba a la gente por señas. Ellos se dieron cuenta que él había visto una visión o algo. Así que él se fue a casa y Elisabeth concibió y se recluyó en casa por seis meses. Ella iba ser madre.
97Entonces vigilen, allí en Nazaret, la ciudad más vil del país, posiblemente peor que Chicago. Entonces, casi de mala como Jeffersonville, de donde vengo. Luego, de repente, bueno, allí, cierto día una virgencita, comprometida con un hombre como de cuarenta y cinco años de edad, viudo como con cuatro hijos.
98Pues, ella iba a casa, como era típico en el oriente. Posiblemente era un lunes y ella cargaba su agua para lavar en la cabeza, quizás en una tinaja, como ellas lo hacen, caminando. Y de repente, frente a ella brilló una gran Luz. Ella… Eso asustó a la virgencita. Ella miró y ahí estaba Gabriel parado a su lado. Le dijo: “Salve María”, o “¡Detente!”. Dijo: “Bendita eres entre las mujeres”. Y le dijo, le contó cómo es que su prima Elisabeth había concebido en su vejez, e iba a dar a luz un hijo. Y dijo que el—que ella iba tener un Niño, sin haber conocido varón.
99Ahora, mire la diferencia entre Zacarías, aquel ministro que había estudiado las Escrituras una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, y tenía muchos ejemplos: Ahí estaba Sara, Ana, y así sucesivamente, allá en el Antiguo Testamento, muchos ejemplos. Él—él dudó que así fuese. Pero ésta muchachita no dudó. Ella dijo: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a Tu Palabra”. ¡Qué diferencia!
100Ahora, a veces Ud. puede encallecerse. Leyendo la Biblia, y así como lee un periódico, y teniendo casi la misma clase de fe que Ud. tendría, tiene en uno, entonces Ud. se encallece. Cuando Ud. lea la Palabra de Dios, créala así como dice que está allí y tome a Dios en Su Palabra.
101Ahora, tan pronto como ella leyó esto, o vio esto frente a ella, y el Ángel del Señor le dijo: “Tú vas a tener un bebé”. Fíjense en lo que ella tenía que creer. Pues, ella tenía que creer algo que nunca antes había ocurrido. Zacarías no tenía que… Eso había ocurrido muchas veces a través de las Escrituras. Él tenía muchos ejemplos. Pero María tenía que creer algo que era completamente imposible, y que nunca antes había ocurrido. Pero sin embargo, ella no dudó de aquello; ella simplemente dijo: He aquí la sierva del Señor. Hágase conmigo”. ¡Ella tomó a Dios en Su Palabra!
102Y hoy, aquí mismo en este momento, mientras centenares de personas alrededor del mundo han sido sanadas en estas grandes campañas, en este último avivamiento que está barriendo el mundo. ¡Hoy mismo, en este mismo instante, cantidades y un gran número de personas, en reuniones aquí en los Estados Unidos, están siendo sanadas ahora mismo por el poder de Dios!; ejemplos de sobra, cada día, cada noche, y sin embargo nos quedamos sentados y nos preguntamos: “Dios, ¿Por qué no haces esto”, y “por qué no haces aquello?”. ¡Tomen a Dios en Su Palabra!
103María dijo: “He aquí la sierva del Señor”. Ella comenzó a regocijarse. Ella estaba contenta. Dios lo había prometido; ella sabía que iba tener al bebé. Yo creo que anoche hablé algo acerca de eso. Ella no esperó hasta sentir vida. Ella no esperó hasta estar segura. Ella no esperó hasta que hubiera una señal visible. ¡Ella simplemente creyó que lo que el Ángel le había dicho era la verdad! ¡Allí lo tienen!
104¡El problema es que nosotros cuestionamos a Dios! Y si cuestionamos a Dios, no podemos creerle. Fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que Ud. no ve, gusta, siente, huele o escucha. ¡Amén!
105Ya empiezo a sentirme un poquito religioso. Yo… Muy bien. ¡Oh, tomen a Dios en Su Palabra! Ella empezó a regocijarse y alabar a Dios, tan pronto escuchó. “La fe viene por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”. ¿Es correcto eso? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] “La fe viene por el oír”.
106Tan pronto como Ud. escuche la Palabra de Dios que dice que Ud. puede ser libertado, ¡créalo! ¡Regocíjese con eso! Dios mostrará la evidencia después que Ud. la haya aceptado. Pero primeramente acéptelo.
107Cristo murió por los pecadores. Yo lo creo. Lo acepto. Comienzo a regocijarme. Dios obra justicia por medio de eso.
108Yo creo que Él fue herido por mi sanidad. Yo lo creo. Lo acepto y Dios obra la sanidad para mí. ¿Ven? Tan pronto yo lo creo. Él no puede ayudarme hasta que yo crea. Primero yo tengo que creerlo y confesarlo, y luego Dios está comprometido con Su Palabra. Y si Él es el Dios Todopoderoso, Él puede hacer todas las cosas. Y si Él no puede hacer todas las cosas, Él no es Dios Todopoderoso. Ahí está. Muy bien.
109¡Noten! ¿Qué clase de muchacho habría de ser éste? ¿Qué clase de persona? ¡Dios cumpliendo Su Palabra, si Dios ha prometido hacer alguna cosa, Él lo hará!
110Cuando los hijos de Israel fueron sacados de Egipto, Dios prometió cuidar de ellos mientras viajaban a través del desierto. Dios dijo que cuidaría de ellos ¡y lo hizo!. No importaba adónde los conducía la senda, todo enemigo que se interponía en la senda de Dios, cedía.
111Puedo verlos llegar al Mar Rojo. Dios tenía trazado Su mapa, el camino por donde los iba a llevar. Avanzaron hasta llegar al Mar Rojo y no había manera de cruzarlo en lo absoluto. Acá estaba el ejército de Faraón, las montañas a un lado, el ejército de Faraón aquí, y el Mar Rojo frente a ellos. ¡Moisés alzó sus manos! El Salmo 72 dice que Dios miró hacia abajo. Él miró esa senda que estaba a través del fondo del mar. Ahí estaban Sus hijos justo allí, necesitando la promesa, tomando a Dios en Su Palabra.
112Dios miró hacia abajo a través de la Columna de Fuego con ojos enojados. Y cuando lo hizo, el mar—mar se asustó y retrocedió rápidamente, hizo una senda, e Israel pasó en tierra seca. ¡Tomen a Dios en Su Palabra!
113Cuando cruzaron el Mar Rojo, aquellos incircuncisos, aquella gente que fingía ser (como el manufacturado hoy), tratando de hacerlo, ¡perecieron! Entonces vino una gran victoria cuando ellos vieron al lado contrario perecer.
114María entró en el Espíritu, agarró un pandero y se fue por la orilla, danzando. Es un poco sorprendente, ¿no es cierto? Danzando y tocando un pandero. ¡Y las hijas de Israel la siguieron, tocando panderos y danzando en el Espíritu! Si ése no es un avivamiento chapado a la antigua, yo no conozco nada al respecto: ¡Victoria!
115¡Allá atrás quedaron los muertos, aquellos que…! ¡Y todas las cosas que los habían molestado…!
116Cuando esa enfermedad que lo ha molestado a Ud., ese problema estomacal. ¡Oh, hermano! Cuando esa pipa, ese pecado, esas cosas que le han impedido y no le han dejado avanzar; cuando Ud. pasa más allá por medio de la Sangre de Jesús, y Dios ha purificado su alma, habrá otra fiesta de danzas. Las campanas de gozo del cielo sonarán en su corazón.
117Allí estaba el líder, Moisés. Él se emocionó tanto (¡Sí!), que levantó las manos al aire y cantó en el Espíritu. Eso suena como una campaña, ¿verdad? ¡Sí, señor!
118Ahora, ellos se habían desprendido de todas sus cosechas. Se habían desprendido de todo lo que tenían, la pequeña cesta de pan amasado que habían cargado sobre la cabeza se les había acabado, ya no tenían pan ni nada qué comer. “¡Dios había prometido!”. Muy bien.
119Esa noche se acostaron. A la mañana siguiente se levantaron y la tierra estaba llena de maná: Dios estaba supliéndoles todo lo que necesitaban. Había maná regado por toda la tierra. Ellos salieron a recogerlo y cuando empezaron a comerlo, ¡sabía a miel! ¡Oh, hermano! ¿Alguna vez han comido Uds. un poco de ello, del maná? ¡Qué tipo tan hermoso!
120Ahora, Él dijo: “No recojan suficiente, hoy, el sábado. Solamente el sábado, para que les dure para el día de reposo”. Él les dijo: “Recojan hoy lo suficiente para comer hoy, y mañana recojan nuevo”. El problema con la gente hoy, es que están tratando de depender de la experiencia que tuvieron hace como veinte años. ¿Saben Uds. lo que le pasaba a ese maná? Le caía gusanos, de un día para otro.
121Y eso es lo que sucede con muchas de nuestras experiencias pentecostales, confiamos en algo que sucedió allá en el pasado, y le cae gusanos, y se pone rancio. ¿Qué tal hoy? Este es el día. Hoy es el tiempo. ¡Muy bien!
122Ahora, yo me fijo en eso. Maravilloso… Dice que sabía a “miel en la peña”. David dice lo dulce que era. Hay algo acerca de la miel que a Dios le gusta.
123Noten, David siendo pastor, el pastor acostumbraba cargar— cargar una alforja a su lado. En esta alforja ellos llevaban miel, y cuando una de sus ovejas enfermaba, ellos tomaban un poco de esa miel y la frotaban sobre una roca. La oveja iba y empezaba a lamer sobre esa roca, y al lamer la miel, le quitaba la piedra caliza a la roca ¡y la piedra caliza sanaba a la oveja enferma!
124¡Qué tipo tan hermoso de hoy! Escuchen amigos, yo tengo toda una alforja llena de miel aquí, y la voy a vaciar sobre la Roca, Cristo Jesús, y Uds. ovejas que están enfermas comiencen a lamer ahora, y de seguro se pondrán bien, tan cierto como cualquier cosa. ¡Laman del Calvario!, no de las manos de algún hombre o de alguna superstición, ¡sino del Calvario!, no de la iglesia bautista, metodista, presbiteriana o pentecostal; ¡sino del Calvario, de la Roca de los Siglos! Laman de eso. Y ellas se ponían bien. Y si alguna vez ha habido un tiempo en que las ovejas enfermas debieran empezar a lamer, es hoy.
125Noten, Dios dijo: “Ahora, quiero que hagan esto: Salgan y llenen unos gomeres grandes de eso, y guárdenlo, métanlo al lugar santísimo, para que todas las generaciones que seguirán después, cuando ellos entren…”. Cada hombre que entrara al sacerdocio, que fuere candidato para el sacerdocio, pudiera entrar y obtener un bocado del maná original. Eso allí en el lugar santísimo no se corrompía. ¡Conservaba todo su valor! Y todo sacerdote, después de ser ordenado, podía venir al velo, y entonces todos podían comer un poco del maná original que cayó el primer día que cayó el maná. Por eso fue que Dios les dijo que fueran a recoger unos gomeres del primero.
126¡Qué tipo tan hermoso del Espíritu Santo, en el día de Pentecostés! ¡Así como Dios guió a la Iglesia natural a través del desierto, hoy Dios está guiando a Su Iglesia espiritual! Y nuestro maná, nuestro recurso sustentador de vida, viene por medio del Espíritu Santo. Y tan pronto como los discípulos habían cruzado todo el temor y dudas, y se reunieron en el aposento alto, Dios les dio el bautismo del Espíritu Santo. Cuando Él cayó, ése era nuestro maná viniendo de Dios, del cielo, como un viento recio que soplaba, y llenó toda la sala donde ellos estaban sentados. Lenguas repartidas como de fuego se asentaron sobre ellos; salieron a las calles y empezaron a predicar y a testificar, Dios obrando milagros. ¿Es correcto eso? ¡Nuestro maná!
127Ahora, ¿guardó Dios un poco de eso? Pedro dijo en Hechos 2:30 y 38, dijo: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para remisión de sus pecados, pues Uds. recibirán el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llamare”.
128¡Entonces si Dios aún está llamando hoy, cada hombre o mujer que viene a la fuente llena de Sangre, sacada de las venas de Emanuel, y llega a ser un sacerdote, o un hijo, un hijo nacido de Dios, en el Reino de Dios, tiene derecho al bautismo original del Espíritu Santo, no sólo un bocado, sino toda un alma llena del mismo poder que cayó en el día de Pentecostés!
129No estoy alterado. Yo sé en donde estoy. Permítame decirle algo hermano. Lo que la iglesia necesita hoy, no es un nuevo alcalde de la ciudad, o un nuevo partido Demócrata o Republicano. ¡Ella necesita un avivamiento del Espíritu Santo chapado a la antigua, enviado por Dios, y al Espíritu Santo de la Biblia de vuelta en la iglesia nuevamente! Eso es lo que Ella necesita. ¡Qué maravilloso! ¡Sí, señor!
130Cuando ellos tuvieron sed, golpearon la peña. Ellos bebieron del desier—de la peña. Cuando estuvieron necesitados, Dios les suplió sus necesidades. Cuando el Cristo estaba listo para venir a la tierra, Dios hizo los preparativos.
131Ahora, miren a la pequeña María. Ella se va allí al desierto, a las montañas para visitar a su prima Elisabeth. Jesús y Juan eran medio—eran primo segundos. María y Elisabeth era prima hermanas. Y fueron a las montañas, (ella), para disfrutar del compañerismo de su prima.
132Eso es lo que necesitamos hacer hoy. Sólo… La cosa más muerta que hay en el mundo es el Mar Muerto, el cual acepta todo y no da nada. Oh, si nosotros venimos a una reunión y Dios llena nuestras almas de gloria, deberíamos hablarle a cincuenta personas al día, en todos lados, todos los días, hablarle a otros cincuenta y a otros cincuenta. ¡Den! Eso hace que la cisterna se mantenga limpia. ¡Muy bien!
133Noten. Ellos entonces se fueron a las montañas. Y puedo verla a medida que ella se acercaba. Veo que aquella mujer salió corriendo. Ella estaba allí sentada. (Dramaticemos esto un poquito). Puedo verla allí sentada, tejiendo, Uds. saben, o haciendo croché, o lo que hacían las mujeres en aquellos días. Cuando ella vio que María venía, tiró al suelo su croché y su tejido. Se levantó rapidito y la agarró en los brazos, la abrazó y la besó, y le dijo: “¡Oh, María, estoy tan contenta de verte!”. El amor del uno por el otro, ya todo eso casi se ha acabado. Ahora, ¿no es cierto eso? ¡Se ha acabado!
134Pues, hoy día, Ud. ni siquiera sabe que el vecino ha muerto hasta que lo lee en el periódico. ¿No es correcto eso? Yo recuerdo cuando podíamos pedir dinero prestado y todo de la granja, del otro agricultor. ¡Intente Ud. hacerlo hoy! Hay que tener alguna garantía. ¡Es una vergüenza!
135¡Amor!, eso es por lo que el mundo está muriendo hoy: ¡amor! Ellos no necesitan ser tan ortodoxos en su enseñanza. Alguna persona, quizás no hayamos dos de nosotros aquí que estemos de acuerdo acerca de la misma cosa, pero sí podemos concordar en esto: En que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Tengamos amor el uno por el otro. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.
136Ahora, hace poco yo estaba en Florida. Quiero comentar esto. El Sr. Bosworth, muchos de Uds. lo conocen, el anciano Papá Bosworth, F.F. Bosworth, él celebró grandes reuniones aquí hace años. Y algunos de Uds. madres y padres ancianos se acuerdan de cuando él estuvo en Chicago. Y cuando nosotros estuvimos allí, él simplemente… Cuando él llegó la primera vez a mi reunión, estábamos teniendo… Yo fui allí con un muchachito que estaba teniendo una reunión. Ellos tenían… Él dijo que: “Él estaba a punto de fracasar”. Así que fui y tuve un servicio, y esa noche vino una duquesa. Creo que así las llaman, una de esas mujeres, Uds. saben, de la alta sociedad.
137Y entonces el hermano Bosworth dijo: “Hermano Branham, esta duquesa que es dueña de esto, de toda esta propiedad aquí, quiere verte”. Yo dije: “Bueno, ahorita no puedo”.
138Así que esa noche cuando pasamos por la carpa, ella estaba parada allí atrás en un cuartito de oración. Oh, hermano, semi-vestida y demasiado pintada, Uds. saben. Llevaba puestos dos aretes enormes que parecían los estribos del diablo, Uds. saben, con la silla de montar colocada exactamente entre el cuello, y cabalgando rumbo abajo. Ella estaba allí y tenía un par de anteojos que se había quitado y los tenía en la mano. No me estoy burlando de esa mujer, pero es que no tenía puesta ropa suficiente para rellenar el cañón de un fusil. Y allí estaba ella parada con estos anteojos sobre una vara, así, Uds. saben, sosteniéndolo así de esa manera. Ella dijo: “¿Es Ud. el Dr. Branham?”. Yo dije: “No, señora”. Ella dijo… Yo dije. “Yo soy el Hermano Branham”. Ella dijo, “Bueno, estoy muy encantada de conocerle”.
139Bueno, yo no sabía de qué estaba hablando esa mujer. Estiré mi mano así y agarré la suya que era bien gorda, y me pareció que tenía como unos cuarenta anillos en ella. La agarré y dije: “¡Bájela aquí para que pueda reconocerla cuando la vuelva a ver!”. Sí. ¡Dándosela de alguien! ¿Qué era ella? Seis pies de tierra, de allá afuera. Correcto.
140¡Oh, de esa manera es hoy! ¿Cómo se puede esperar algo más, cuando la gente sencillamente satura sus almas de todo tipo de corrupción y cosas? “Aves de un mismo plumaje se juntan”. Y Uds. saben que algunos de los pájaros más bonitos que hay en lo exterior, son carroñeros. Correcto. Bueno, si ellos no se fijan en lo exterior, lo que cuenta es lo interior. Correcto. Muy bien.
141María salió corriendo allí a recibir… María fue… Elisabeth, y la abrazó. Ella le dijo: “¡Oh, vaya!, me alegra tanto saber que vas a tener al niño”. Ella respondió: “Sí, voy a tener al bebé. Eso es cierto”. Y dijo: “¿Sabes que el Señor se me apareció a mí también?” ¿Ven? Ella tenía una bendición que—que explicar. Dijo: “El Señor se me apareció y me dijo que yo iba a tener un Bebé, sin conocer varón, y que lo llamara Jesús”. 142 Y el pequeño Juan, hasta donde sabemos, no había recibido vida. Elisabeth dijo que estaba asustada. Ya tenía seis meses de embarazada, con el bebé, y no había vida. Eso es anormal, completamente anormal, como en dos o tres meses. Y aquí ya eran seis meses y nada de vida.
143Pero tan pronto María pronunció el nombre “Jesús”, el pequeño Juan recibió vida y empezó a saltar de gozo en el vientre de su madre. ¡Si la primera vez que el Nombre de Jesucristo fue pronunciado por labios mortales, trajo vida a un bebé muerto, ¿Qué debería hacerle a una Iglesia nacida de nuevo?! ¡Aleluya! ¿Qué debería hacerle a una persona enferma? ¡Ese Nombre “Jesús” trajo a un bebé muerto a la vida!
144Y dice la Biblia que Juan recibió el bautismo del Espíritu Santo, o recibió el Espíritu Santo en el vientre de su madre, ¡y nació lleno del Espíritu Santo! ¡Aleluya! Allí lo tienen. Recibió gozo y empezó a brincar y a saltar. Y el Espíritu Santo vino sobre su madre ¡y ella profetizó! ¡Oh, qué cosa! ¿Hablando de estar cortos del Reino de Dios? ¡Sí, señor!
145Luego María se regresó después de quedarse con ella muchos días.
146Miren al pequeño Juan cuando nació. “¿Qué clase de niño habrá de ser éste?”. “Bueno, me supongo que tendremos que enviarlo al seminario”, cementerio, como Uds. quieran llamarlo. Ambos son un lugar para muertos.
147Un predicador de seminario me hace recordar a un pollo de incubadora. Un pollito de incubadora es producido mecánicamente; el animalito simplemente pía y pía llamando a una mamá, pero no tiene una a la cual acudir. Eso se parece mucho a un predicador de incubadora. Él tiene lectura, escritura y aritmética, sabe cómo pararse correctamente e inclinar su cabeza y gritar “amén” como un becerro moribundo. Pero no sabe más de Dios de lo que sabe un hotentote acerca de un caballero egipcio. ¡Correcto! Uds. saben que ésa es la verdad. Tal vez no le digan “amén” a eso, pero es la verdad. Correcto.
148Oh, a mí no me importa si mi hijo ni siquiera se sabe el abecedario, ¡yo quiero que él conozca a Cristo en el completo perdón de sus pecados y que reciba el bautismo del Espíritu Santo! ¡Aleluya! Aunque no sepa diferenciar los garbanzos partidos del café, eso no me importa nada, ¡con tal de que conozca a Cristo y el perdón de pecado!
149Fíjense en este hombrecito a los nueve años de edad, se fue al desierto, no a algún seminario para que le inyectaran algún líquido para embalsamar. ¡No, señor! ¡Él se fue al desierto! y vivió allí con Dios hasta que tuvo treinta años. Uds. conocen el nacimiento de Jesús. Se nos acaba el tiempo, así que no tomaré tiempo para repasarlo. Ya Uds. saben eso.
150Pero a los treinta años: “¿Qué clase de predicador habría de ser éste?”. Aquí sale él del desierto, no con el cuello volteado al revés, y luciendo un—un esmoquin, comiendo pollo frito con bizcochos todos los días en la cena. ¡No, señor! ¡Aleluya! Él salió del desierto con unos pantalones viejos y peludos, y con un cinturón de piel de oveja ceñido de esa manera. ¡Pero él predicó arrepentimiento!
151Puedo verlo. Herodes se presentó, Uds. saben, estaba viviendo con la esposa de su hermano Felipe. Puedo oír algunos de los ancianos salir y decirle: “Mira, no prediques hoy sobre casamiento y divorcio porque ahí está Herodes”. Y Juan, lleno del Espíritu Santo, (¿podrían Uds. imaginarse detenerlo?), él se le acercó a la cara y le dijo: “¡No te es lícito tenerla!”. ¡Correcto! ¡Dios, danos unos Juanes! 152 Pues, yo digo que lo que necesitan los bautistas hoy, son unos Juanes más ¡como Juan el Bautista, quienes no se comprometerán, sino predicarán las riquezas—las riquezas inescrutables de Cristo!
153Hermano, él no tenía ninguna educación, no se sabe que él haya tenido un día de instrucción. Él nunca tuvo un título de ningún tipo, no era licenciado o tenía una licenciatura, o como sea que Uds. quieran llamarlo. D.D, D.D., o como sea que quieran llamarlo.
154¿Saben Uds. qué significa D.D.? Perro muerto. [Dead Dog, en inglés—Traductor] Muy bien. ¡Él no tenía nada de eso, pero les dijo en dónde vivían y qué hacer! ¡Dios, danos unos Bautistas más como ésos! Esa es la pura verdad. Se paró allí y dijo: “¡No te es lícito tenerla!”. Cierto.
155El otro día un individuo… Yo estaba hablando acerca de cierta dama; estaba citando una historia de cierta dama que estaba arriba tocando el piano. Y Uds. pueden… Ahora, esto es asunto suyo. Depende de Uds. ¿Ven? Pero la dama tenía tanto maquillaje, esa mujer tenía tanta pintura casi lo suficiente como para pintar un establo. Y este hombre que estaba ahí dijo: “Hermano Branham, ésta es mi esposa”. Dijo: “Ella es una santa”. Yo le dije: “Hermano, no quiero herirle sus sentimientos pero ella parece un ‘espanto’. En mi opinión, ella no parece ninguna santa”. Eso es lo que…
156¿Saben Uds. lo que es un ‘espanto’? Allá en el sur, eso es un fantasma. Muy bien. Permítanme decirles. Escuchen. La única mujer en la Biblia que se pintaba la cara para encontrarse con un hombre era Jezabel, y Dios la dio de comer a los perros. Así que si Ud. ve a cualquiera de estas personas que se supone que son tan buenas, y que tienen el Espíritu Santo, Ud. le puede decir: “ ¿Cómo está Ud., señorita Carne para Perros?”. Así es como Dios la llama, para Él es carne para perros. ¿Lo ven? Muy bien.
157Permítanme decirles que lo que necesitamos hoy son predicadores que se quiten los guantes y se paren en el púlpito, y declaren el Evangelio de Jesucristo con el poder y la demostración del Espíritu Santo. Que hagan que la gente… Uno tiene que sacudirlos un poquito de esta manera, y se comprometen un poquito de aquella manera. Eso es precisamente lo que han hecho los luteranos. Eso es lo que han hecho los metodistas, lo que han hecho los bautistas, y es lo que están haciendo los pentecostales. ¡Fuiu! Uds. no me van a querer después de esto. Pero yo no…
158Permítanme decirles algo. Es lo principal, por lo que yo soy responsable delante de Dios ahora. Correcto. Yo pudiera… Yo creo que esa es la verdad solemne de Dios. Sí, señor. Lo único que uno tiene que hacer es enmendar ese corazón.
159Ahora, todos nosotros vivimos aquí en éstos medio este— estados del medio este. Aquí tenemos el roble. Cada año, durante todo el invierno, el roble mantiene sus hojas igualitas. En la época de la primavera, ahí está esa hoja en el árbol. Uno no tiene que ir a quitárselas. Sólo dejen que brote la nueva vida y las hojas viejas se caerán.
160Cuando un hombre realmente ha nacido de nuevo, y un… su corazón, sea hombre o mujer, la vieja vida se va y la nueva viene a ocupar su lugar. Sólo—sólo dejen que se enmienden con Dios y entonces Uds. lo podrán notar. Por sus frutos los conoceréis.
161Y permítame decirle, amigo mío. Será mejor que me calle con esto. Correcto. Yo recuerdo en la historia de mi vida, la primera vez que probé salir. Yo tenía una amiguita, y pensaba… Uds. saben cómo es cuando uno tiene su primera novia. Oh, ella tenía ojos como de paloma, un cuello como de cisne y dientes como de perla. Yo pensaba que ella era la cosa más linda que jamás había visto.
162Y salimos, nosotros… un amigo y yo; compramos unas coca-colas y unos emparedados. Yo salí para darle un emparedado a mi amiguita. Ella se lo comió y nos bebimos las coca-colas. Fui a devolver las botellas y cuando regresé… Ésos eran los días cuando ya las mujeres habían empezado a perder la gracia, Uds. saben. Y así que, ella—ella estaba ahí fumándose un cigarrillo. Yo la miré. Siempre tuve mi opinión acerca de una mujer que fumara un cigarrillo, y todavía la tengo hoy. Es la cosa más baja que ella haya hecho. No permitan que se les sonroje el rostro. ¿Ven? No se levanten y se vayan, aunque sean culpables. Bien. 163 Pero permítanme decirles algo. Si Dios piensa… Si Él piensa acerca de eso así como el Ángel de Dios me da testimonio aquí, en esta misma tarde sobre esta plataforma, les digo que a Uds. se les hará difícil entrar por aquellas puertas cuando lleguen delante de Él. Primero: ¡Abandonen! ¡Dejen! ¡Pongan aun lado éstas… La hora del juicio está a la mano! Y si la virgen María tuvo que ir al aposento alto allá, y esperar hasta recibir el bautismo del Espíritu Santo, y salió tambaleándose como una mujer ebria, Uds. nunca se irán al cielo con algo menos que eso. ¡Correcto!
164Mujeres y hombres, escúchenme. Les estoy diciendo la verdad. Tengan a Dios aquí adentro, y Él se encargará de lo demás.
165Ahora, entonces sólo miren alrededor. Uds. no tienen que decir…”Bueno, lo tengo”. Los frutos muestran que no. Pero eso… No digan nada. Simplemente sigan adelante; Uds. saben en dónde están. Muy bien.
166Ahora miren. Luego veo a Juan, cuando él salió allí y empezó a predicar, oh, sólo con arrepentimiento, tan duro como podía predicar. Colocando el hacha a la raíz del árbol, y que todo árbol que no diera buen fruto sería cortado y echado al mar. Y entonces noten, o al fuego, mejor dicho.
167Luego vino Jesús. Cuando Él fue bautizado, salió luego del agua, y la Voz de Dios habló y dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Y se fue al desierto para ser tentado por el diablo. Todo hombre o mujer, tan pronto como Ud. es bautizado con el Espíritu Santo, inmediatamente el diablo lo ataca por todos lados. Si no fue así, entonces será mejor que regrese.
168Entonces cada vez que Ud. es sanado, ahí vienen los síntomas a rodearlo a Ud. nuevamente. Si no fue así, tenga cuidado. ¿Ven? Satanás siempre estará allí para detectar lo que Dios ha hecho.
169Entonces Su ministerio se hizo grande y Él se marchó. Se fue al… Luego llegamos a nuestro texto. Rápidamente ahora. Luego vemos que Lázaro… Él se fue del hogar. Y tan pronto Jesús se fue del hogar, entró la enfermedad, entró el pesar. Y escuchen, cristianos, cuando Jesús se va de su hogar, la enfermedad y los problemas entrarán rápidamente. Cuando Él se va de su hogar, prepárese porque los problemas ya vienen en camino. Denle la bienvenida a Él en su hogar. Dejen que Él sea el huésped Invisible. Siéntense a la mesa y nunca coman sin darle gracias a Él por eso.
170Yo veo a mucha gente que se llama cristiana, y nunca dan gracias, son tan analfabetas como un cerdo debajo de un manzano. Un cerdo puede estar debajo de un manzano, y las manzanas lo golpean en la cabeza todo el día y él comerá hasta que ya casi no pueda gruñir; pero él nunca mirará hacia arriba para ver de dónde vienen ellas.
171Correcto. Esa es la pura verdad. La gente es tan “ingrata, impía, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, teniendo apariencia de piedad, pero negando la eficacia de ella; a éstos evita”. Eso es lo que dijo el Espíritu en Timoteo. ¿Correcto?
172Aquí están ellos viviendo en eso hoy día, y los pentecostales están entrando directamente en eso. Uds. la gente de la santidad están entrando en eso, de cabeza. 146 Eso es cierto. ¡Oh, qué cosa! ¡Qué cuadro más triste! ¡Hermano, lo que necesitamos hoy es un avivamiento, un despertamiento, un quebrantamiento, hacer pedazos, ir nuevamente a la casa del alfarero!
173Observen. Veo que ya Jesús se fue de la casa y Lázaro enfermó. Ahora, esto es historia; se nos dice que él tenía hemorragia en los pulmones. Yo no sé. Eso no lo dice la Biblia; eso es sólo el escrito de un historiador, de que él tenía hemorragias. Cuando Jesús se fue del hogar, entonces Marta, María y todos ellos, habían dejado la sinagoga y estaban siguiendo a Jesús. Mandaron a buscar a Jesús para que viniera a orar por Lázaro. ¿Creen Uds. que Él lo hizo? Él siguió su camino y se fue.
174Ahora, si hubiera sido Ud., já, si Ud. mandara buscar a su pastor y él no viniera, Ud. diría: “Pues, ése hipócrita. Nunca más volveré a la iglesia Filadelfia. Más nunca regresaré porque Él no vino”.
175Pero si María y Marta hubieran pensado eso, qué día hubiera sido. Ahora, él no me pidió que dijera eso, yo simplemente dije eso. Eso es con cualquier iglesia. Uds. tienen que tener fe en su pastor como un hombre de Dios. Si él no es—no lo es, entonces sáquenlo y pongan a alguien allí que lo sea. Correcto. No detengan a la iglesia. Eso es correcto, sigan adelante. Si él no es un hombre de Dios, si él no vive, hace, actúa y predica lo que debería, sáquenlo y pongan a alguien que sí lo haga.
176Ahora bien, entonces Uds. tienen que tener confianza. Esta es la casa de juicio, la casa de Dios, donde Dios desciende y pronuncia Su juicio. Su pastor está llamado a ser un hombre justo. La congregación debe estar con él, cien por ciento. Uds. deben estar cien por ciento unidos. Y en eso, si no es así, entonces satanás tiene una vía por donde entrar. Uds. tienen una abertura en alguna parte, así que arreglen todo.
177Entonces ellos—ellos volvieron a mandar a buscar a Jesús, y en vez de hacer eso, él simplemente siguió su camino; no fue ni dijo nada al respecto. Él tuvo una visión de parte del Padre. Si puedo, hablaré de eso esta noche. Él había tenido una visión de parte del Padre, de que Lázaro iba morir y Él tenía que seguir Su visión. Por supuesto que Él lo hizo. Él siguió Su camino.
178Después de cierto tiempo, ellos dijeron… Él dijo: “Nuestro amigo Lázaro duerme”. Bueno, los discípulos, ellos dijeron: “Bueno, si él duerme, entonces está bien; se está recuperando. Se está poniendo mejor”.
179Entonces Él les hizo saber en su propio lenguaje. Él dijo: “Él está muerto. Y me alegro por vosotros de no haber estado allí; mas voy a despertarlo”. Él sabía adónde iba… Ya Dios se lo había dicho. Él obedeció lo que el Padre le dijo que hiciera, no lo que el hombre le dijo, sino lo que Dios le dijo. Él sabía exactamente qué hacer.
180Puedo oír algunos de ellos decir: “Oigan, ése aleluya estuvo por aquí predicando sanidad Divina, y oh, Él dijo que él se había enfermado de esas hemorragias, eso fue demasiado trabajo para Él. ¿Ven cómo se escabulló? Ahora, nos encargaremos de eso”. Muy bien. Entonces Él dijo: “Voy a despertarlo”
181Ahora, pasó el primer día… Las cosas habían empeorado y Lázaro murió. Lo tomaron, embalsamaron su cuerpo, se lo llevaron y lo enterraron en la sepultura. Se habían perdido todas las esperanzas. Pasó el segundo día y aún estaba oscuro. Pasó el tercer día y la corrupción comenzó en su cuerpo. Al cuarto día ya él estaba podrido.
182Entonces de repente, Uds. saben, alguien llegó y María y Marta estaban sentadas allí en la casa, llorando. El que ganaba el pan se había ido, todos se habían ido. Miren lo que había sucedido. Ellas habían dejado su iglesia y ahora el hombre en el que habían depositado su confianza, aparentemente las había traicionado. Se habían perdido todas las esperanzas. Su hermano estaba muerto. Ellas fueron echadas de su iglesia. Este Hombre estaba predicando sanidad Divina, y su--su pastor, como que se había ido. Todas las esperanzas, todo se había perdido.
183Y casi en ese momento Jesús apareció. Es allí cuando Él usualmente aparece: ¡justo en la hora más oscura! Era la hora más oscura cuando Jesús llegó.
184Yo estaba acostado allá en el hospital. El doctor entró y me miró. Él dijo. “Hijo mío, te quedan tres minutos de vida. Tu corazón late diecisiete veces por minuto”. ¡En la hora más oscura, entonces Jesús llegó! ¡Sí!
185Fue E. Howard Cadle, aquí en Indianápolis, tirado allí en la calle, ¡borracho y con las moscas revoloteándole en la boca! Él entró tambaleando a la iglesia, donde se había descarriado. Y los demócratas la habían convertido en un gran salón de reunión, ¡así que él bajó al sótano, borracho, tropezó con la pila de carbón, y allí estaba la fotografía de su madre! Allí oró. Era la hora más oscura que él había vivido; tenía frío, ¡estaba borracho y desmayado! Entonces llegó Jesús. Sí.
186Allá, cuando los hermanos Mayo me dijeron que me quedaba un tiempo corto de vida, Jesús se hizo presente. Es siempre en la hora más oscura cuando Él llega. Él siempre lo hace, justo a tiempo, en el tiempo correcto, Jesús apareció.
187Ahora, Marta, ella había sido dilatoria en cuando a las cosas, pero yo—en cuanto al Reino de Dios, y demás. Pero yo admiro su valor. Tan pronto ella escuchó que Jesús llegó, salió tan rápido como pudo. Puedo oírlos decir: “Ahora mírenla a ella, ahí va; dicen que ése aleluya está regresando”. Ella no le hizo caso. ¡Ella quería llegar a Jesús!
188Marta había estado leyendo allí en alguna parte de la Biblia donde una vez había una mujer Sunamita que le hizo un gran favor a un profeta. Ella sabía que él era profeta y su nombre era Elías. Y Elías la bendijo y le dijo que iba tener un niño en cierto día, y en cierto tiempo. Y ese niño nació cuando ella ya había pasado de la edad para concebir. Pero tuvo al bebé. Y al niñito debió haberle dado una insolación o algo. Él dijo: “Mi cabeza, mi cabeza”. Él había estado afuera en el campo con su padre, como a las once del día. Él mandó a un siervo a que pusiera al niño en el regazo de la madre, y el niño permaneció ahí hasta el medio día y murió. Fíjense en esa mujer Sunamita, ¡qué fiel!
189Ella llevó al niño hasta la pequeña recámara donde Elías había estado durmiendo. Ella le había hecho un lugar ahí, donde él pudiera dormir cuando pasara por allí. ¡Qué lugar tan bueno donde llevarlo, a la cama del profeta, donde el profeta dormía! Ella lo acostó en el—en la cama. Luego fue donde el siervo y le dijo: “Enalbárdame una asna, anda y ¡no te detengas!”, ¡oh, hermano!, “sino cuando yo te lo dijere”. Dijo: “Vayamos al monte Carmelo donde está el profeta”. Y su esposo le dijo: “No es nueva luna, ni día de reposo. Él no estará allí”. Ella dijo: “Todo está bien. Déjame ir”. Me gusta esa determinación. ¡Me gusta eso! ¡Aleluya!
190“Aleluya” significa: “alabado sea nuestro Dios”, en hebreo, así que no—no se preocupen por eso. ¡Muy bien!
191Ella salió y dijo: “Guía y no te detengas. Guía esta mula tan rápido como pueda andar”. Cuando ella llegó al monte Carmelo, sabía una cosa y era que Dios le había dado ese niño. Y el representante más cercano sobre la tierra que ella conocía era Elías, Su profeta. Ella no sabía por qué Dios se había llevado al bebé, pero sabía que si podía hacer contacto con ese profeta, porque Dios estaba en él. “Y si yo pudiera llegar a donde está ese profeta, averiguaré por qué ni niño ha muerto. Fue él quien me dijo que él vendría y yo sé que ése es el profeta de Dios. Si tan sólo pudiera llegar ante él, quizás tenga que guiar rápido, y tal vez tenga que guiar muy lejos. Pero si puedo llegar al profeta, él puede decirme por qué este niño ha muerto”.
192Así que ahí estaba el profeta. Dios no siempre les dice a sus profetas todo lo que sucede. Así que Elías salió a la puerta y Giezi estaba con él. Y él dijo: “Ahí viene la Sunamita”. Dijo: “Ella se ve preocupada. Algo anda mal”. Él dijo: “Dios me ha encubierto el motivo. No sé qué es lo que pasa”. Así que él dijo, cuando la vio venir, ella se acercó y él le preguntó: “¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo?”. Escuchen esto. “Todo está bien”. ¡Gloria! Saben, Uds. casi no tienen espacio suficiente aquí arriba para predicar ahora mismo.
193Permítanme decirles algo. “Todo está bien”. ¿Por qué? El niño era un cadáver, ¡su esposo estrujándose las manos y caminando de acá para allá, y el corazón de ella destrozado! “Todo está bien”. Um
194Su fe era, que si ella pudiera llegar al profeta. Eso era todo lo que ella necesitaba hacer. “Te encontré Elías, tú eres el representante de Dios. Dios está en Su profeta y yo he venido hasta aquí. Estoy convencida que Dios lo revelará. Todo está bien”. Ella corrió y cayó a sus pies. Giezi pensó: “Mire”. Él debía mantener a la gente alejada de su amo, así que la levantó bruscamente. Él le dijo: “Déjala tranquila”. Dijo: “Su corazón está afligido. Y yo no sé de qué se trata”.
195Entonces ella empezó a manifestarle lo que había ocurrido. ¡Ahora observen! Él dijo: “Giezi, toma mi báculo y anda, ve donde está el niño. Si alguien te habla, no le contestes. Si alguien te saluda; no los saludes tú a ellos. Si alguien te dice: ‘Hola’, no les digas nada. Sigue derecho”.
196Ése es el problema hoy. Cuando tenemos un Mensaje, nos detenemos para ocuparnos de un evento social, nos detenemos para participar de cenas, fiestas y cosas así, y para reuniones de costura y puntada, y para hablar de la señorita fulana de tal. ¡Con razón no podemos llegar a ninguna parte! Un hombre que tiene el mensaje de Dios: “¡Vayamos hacia delante!”. Muy bien. “Pero toma mi báculo”. Elías tocó ese báculo. Él sabía que todo lo que él tocaba era bendecido. ¿Por qué es que nosotros ponemos las manos sobre los enfermos? ¿Por qué ordenamos a los ancianos imponiéndoles las manos? ¡Elías sabía que lo que él tocaba era bendecido! Yo pienso que de allí fue que Pablo sacó lo de tomar pañuelos de su cuerpo. ¿Ven Uds.?
197Pablo sabía que cualquier cosa que él tocara era bendecida. Si la gente quiere creerlo, dicen que obtienen la misma bendición, igual que cuando se ora por ellos y se les impone las manos, sea lo que fuere.
198Y Elías sabía que ese báculo sería bendecido. Él dijo: “Giezi, toma mi báculo en tu mano, sostenlo delante de ti y anda. Y no te detengas por nada. Si alguien te habla, no le hables. Ahora tú tienes una comisión. Ve y lleva este báculo”
199Eso estaba bien. El pañuelo estaba bien. Pero esa mujer Sunamita, ella no sabía si Dios estaba en el báculo o no, pero ella sabía que Dios estaba en el profeta. Ella dijo: “Vive…” Él dijo: “Anda con ella ahora”.
200Ella dijo: “Vive Jehová, y vive tu alma que no te dejaré”. Oh, allí lo tienen. “Yo voy a quedarme aquí mismo, a tu lado, me tienes en tus manos ahora, hasta que sepamos respecto a esto”. Él dijo: “Ve con…” “No”.
201Y Giezi fue, se ciñó sus lomos y salió con ella. Ahí van. La mujer con el profeta, el deseo de su corazón, yendo allá. Elías dijo: “Yo no sé. Él no me ha dicho nada al respecto. No puedo decirte. Iré allá pues.
202Giezi regresó y él le preguntó: “¿Colocaste el báculo sobre él?”. “Sí”. “¿Hubo alguna señal?”.
203“No hay vida. Él todavía duerme. Todavía está muerto. Se ha ido”. ¿Ven? La fe de la mujer no estaba en eso. Estaba en el profeta. Ella sabía que… Bueno, si ella hubiese creído que Dios estaba con ese báculo, la misma cosa habría sucedido. Pero ella sabía que Dios estaba en Su profeta.
204Así que allí—Elías fue allí. Todos los vecinos se habían reunido en la puerta, y estaban llorando y gritando, y gimiendo, y comportándose de esa manera. El anciano Elías pasó entre una multitud como esa. Entró y haló la puerta, la cerró. Ahí estaba el cuerpecito, había estado muerto por muchas, muchas horas, posiblemente ya era bien tarde de la noche. Elías caminó de un lado a otro en la habitación. ¡Oh, qué cosa! ¡Aleluya! Caminaba de un lado a otro en la habitación, se acercó… Él sabía que Dios estaba con él. Puso su cuerpo sobre el niño, sus labios sobre sus labios, su nariz sobre su nariz y su frente sobre su frente. Mantuvo su cuerpo allí, sin orar; sólo puso su cuerpo y se mantuvo allí.
205Al poco rato sintió que su carne se estaba calentando. Se levantó y volvió a caminar. ¡Oh, hermano! Caminaba de un lado al otro, de acá para allá, afuera estaban llorando, gritando y comportándose así, Elías caminaba… Volvió a poner su cuerpo encima del niño, y el pequeño estornudó siete veces. Lo levantó y dijo: “¡Ahora llamen a la Sunamita!”. ¡Allí lo tienen!
206Y sin duda que Marta había estado leyendo eso. Ella sabía que si Dios estaba en Su profeta, seguramente Él estaba en Su Hijo. ¡Aleluya! “! Mi hermano está muerto, pero déjenme llegar hasta el Hijo de Dios! Tendré consuelo cuando llegue allí”.
207Ella corre hasta allá. Ahora, fíjense. Parecía como que ella pudiera haberle reprochado. Parecía como que ella pudiera haberle despreciado diciéndole: “¿Por qué no viniste a mi hermano? ¿Por qué no viniste cuando te llamamos? Nosotros lo hemos dejado todo por seguirte. Hemos abandonado la iglesia. Hemos perdido todo nuestro prestigio en la ciudad. Hemos hecho todo. Y cuando mandamos a buscarte para que vinieras a orar por tu propio amigo del alma, Tú rehusaste hacerlo”. Parecía como que ella tenía derechos de hacerlo, pero si ella hubiese hecho eso, esta historia jamás se hubiese escrito.
208Es su actitud hacia ello. Su actitud hacia el don Divino de Dios, obtendrá lo que Ud. pida. ¿Entienden Uds.? Oh, cómo me gustaría detenerme aquí mismo, Hermano Boze, y martillar eso como por media hora, pero no puedo hacerlo. ¡Su actitud! Dios puede enviar un don, y no importa lo que Ud… Depende de qué actitud tome Ud. hacia ello.
209Fíjense en aquellos que lo golpearon en la cabeza y le escupieron, y de todo, no hubo virtud en eso. Pero una mujer que creía que si tocaba el borde de Su vestidura sería sanada. ¿Es correcto eso? Muy bien. Depende de lo que Ud. piense al respecto. Dios lo envía. Es la actitud suya hacia cualquier don Divino, que determina lo que Ud. saque de ello.
210Así que… Ella sabía. Y corrió hacia Él. Mírenla. A mí me encanta esto. Ella se acercó, esta joven doncella judía tan hermosa cayó a Sus pies y dijo: “Señor”. Eso es lo que Él era. Fíjense en ese título. Yo creo que Tú eres el Señor. “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Fíjense en eso. Toda la oscuridad, todas las dudas, todos los temores, todo había pasado; ya ella estaba con Jesús. Ella sabía que si Él—si Dios estaba en Su profeta, Dios estaba en Su Hijo. Y ése era el Representante de Dios en ese entonces. ¿Es correcto eso? Dios tiene un representante mayor sobre la tierra a la vez. Él tuvo un Elías, y tan pronto como Elías fue llevado, entonces vino Eliseo. ¿Ven? Sólo un representante mayor. ¿Saben Uds. Quién es Su Representante mayor hoy? El Espíritu Santo; ése es Su Representante.
211Ahora, si Ud. puede llegar a Él en esta tarde y sentir que Él lo bendiga, oh, oh, ¡algo va suceder! Allí lo tienen. Tan pronto Ud. lo sienta a Él—sienta que Él lo toque una vez en su cuerpo, y si la fe lo confirma allí: “Sí, yo lo creo”. Algo va acontecer.
212Ella cayó a los pies de Jesús y dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”.
213Ahora, así como fue la Sunamita para el profeta, también fue María para el Hijo de Dios. Ella reconoció que Él era el Hijo de Dios. Eso es lo que Él era. Ella lo reconoció a Él como el Señor. Eso es lo que Él era. No importaba lo que fuesen las otras cosas, Él era el Hijo de Dios. Ella dijo: “Si hubieses estado aquí…” Si ella tan sólo podía hallar gracia delante de Él ahora, ella recibiría lo que pidiera.
214Por esa razón la mujer Sunamita quería hallar gracia delante de Elías. ¿Ven? Ella sabía que ése que estaba allí era el representante de Dios, y que si ella podía hallar gracia con él, es por eso—por eso es que ése caso allí tenía que ser resuelto. “Ahora, si tan sólo yo puedo hallar gracia delante de Jesús, eso resolvería el caso”.
215Ahora, si tan sólo podemos hallar gracia con el Espíritu Santo en esta tarde, eso resolvería el caso. Eso lo concluiría ahí mismo: Él es el Representante de Dios. “Todavía un poquito y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis. Porque estaré con vosotros, y en vosotros”.
216¡Halle favor con Él, y observe cómo Él lo llamará a Ud. a través de la audiencia en esta noche, con su enfermedad o lo que sea! ¡Halle favor con Él y observe las cosas suceder esta noche en la iglesia o incluso no esta noche sino ahora mismo: ahora mismo!
217Oh, ella llegó ante Él y dijo: “Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Pero miren: “Señor, mi hermano está muerto aquí. Ha estado muerto por cuatro días. Los gusanos de la piel entran y salen de su cuerpo. La corrupción, ha comenzado una hediondez terrible. Él está muerto. Él hiede allá en el sepulcro. Si Tú hubieses estado aquí, él no habría muerto. Mas ahora sé Señor, que todo lo que le pidas a Dios, Dios lo hará”.
218Ella tenía un sentir aquí adentro de que algo iba suceder. ¿No creen Uds. eso? “Mas ahora, Señor, todo lo que le pidas a Dios, Dios lo hará”
219¡Oh, cómo quisiera yo que toda persona enferma de cáncer aquí, todos los que tengan problemas con el corazón, todos los que tengan cualquier clase de enfermedad…! Ud. quizás haya buscado solución en casi todos los consultorios que hay en Chicago. Quizás Ud. ha ido a todas las clínicas, ha ido a todas partes, o lo que fuere; “Mas ahora sé, Señor, que todo lo le pidas a Dios, Dios lo hará”. “Mas ahora sé…”
220Ud. dirá: “Hermano, Branham, el doctor dijo que yo no viviría sino sólo un poco de tiempo”. Mas ahora sé, Señor, que todo lo que le pidas a Dios, Dios lo hará”. La oración cambia las cosas. ¿Es correcto eso?
221Ud. dirá: “Hermano branham, yo no puedo caminar; me dijeron que nunca más caminaría. Mas ahora sé, Señor, que todo lo que le pidas a Dios, Dios lo hará”. Allí lo tienen. Miren, ¡entonces algo tiene que suceder!
222Vean, miro a Jesús. Él dijo: “Tu hermano resucitará”. ¡Oh, hermano! Ella le dijo: “Sí, Señor, él era un buen muchacho, un judío excelente. Él era un buen hombre. Él nunca hizo lo malo. Él ha hecho de todo; él te creía a Ti, y demás, yo sé que él resucitará en la resurrección general”.
223¡Mírenlo! La Biblia dice que no había hermosura en Él para que lo deseáramos; un Hombrecito de apariencia débil y encorvado. Pero Él enderezó Su Cuerpecito y dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida”. ¡Aleluya! ¡Él es ahora! ¡Oh! “Yo soy la Resurrección y la Vida. ¡El que en Mí cree, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no verá muerte! ¿Crees esto?”. Ella respondió: “Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Hijo de Dios que había de venir al mundo”. Algo tenía que suceder.
224Tengan a Dios en su mente ahora. Tranquilícense. Aquí lo tienen. Ella estaba junto al Profeta de todos los profetas. Si la mujer Sunamita se paró al lado de un profeta que nació aquí en carne mortal y demás, ese profeta Elías, y sabía por medio de sus señales y maravillas y predicciones que él era un profeta; y la mujer Sunamita obtuvo lo que pidió, igual podía María. Ella vino a Él y lo llamó “Señor”. Ella sabía quién era Él. Ella dije: “Yo creo que Tu eres el Hijo de Dios que había de venir al mundo”. Hay un confesor; hay una creyente con una imposibilidad en su corazón para que Él hiciera, pero ella está reconociendo el don de Dios. Ella está reconociendo al Hombre de Dios, Su Hijo; ella está en el lugar preciso. Cada uno de esos engranajes se estaba moviendo perfectamente, de esa manera, al lugar exacto. Algo tenía que acontecer.
225“Yo creo que aunque él esté muerto, y se esté pudriendo allá en el sepulcro; él ha estado muerto por cuatro días. Yo no tengo nada en contra de nada. Ya ni siquiera pienso en eso. Tú eres el Hijo de Dios que había de venir al mundo, y yo creo que todo lo que le pidas a Dios, Dios lo hará”. ¡Oh, hermano!
226Él dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que en Mí cree, auque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Ella respondió: “¡Sí, Señor!”. “¿Dónde le habéis sepultado?”.
227Ahí va Él. Oh. Cuatro días antes de eso, esa procesión fúnebre, unos pocos judíos con el corazón destrozado, lloraban, y Jesús lloró mientras iba al sepulcro. ¿Es correcto eso?
228Aquí no hace mucho, vino a mí una profesora muy fina de cierta iglesia y me dijo: “Hermano Branham, Ud. alardea demasiado de Jesús”. Yo le dije: “¿Que alardeo demasiado de Él? ¡Yo no puedo hablar lo suficiente de É!”. Ella dijo: “Oh, Él fue sólo un hombre. Él fue un filósofo”. Yo le dije: “¡Él era Dios!, eso es lo que Él era”. Ella dijo: “Oh, no. Él no era Divino, Hermano Branham”. Dijo: “Él no era Divino”. Yo dije: “Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo”. Ella dijo. “Oh, en el sentido de Su amor y así por el estilo, Él era Dios”. Yo dije: “¡No, Él era Jehová!”.
229La gente trata de marginarlo, diciendo que Él sólo era un buen hombre, un hombre común y corriente. ¡Él era el Divino, Dios manifestado en carne!, visto por los ángeles, predicado y recibido arriba en gloria, y que está sentado a la diestra del Padre. Ciertamente que Él era Dios.
230Él era más que un hombre. Él era un Dios-hombre. Él era Hombre en la carne pero era Dios en el Espíritu. Eso es lo que Él era, Dios descendiendo para sufrir tentación y martirio, para llevar los pecados sobre Sí mismo, que él le había pasado a la raza humana, Él mismo llevando nuestros pecados.
231Ella dijo: “Yo puedo probarle a Ud. por medio de la Biblia si Ud. tan sólo abre su mente de que Él fue sólo un hombre”. Yo dije: “Hágalo por medio de la Biblia y yo lo creeré”. Ella dijo: “Cuando Él fue allá a la resurrección de Lázaro…” dijo: “En Su camino hacia allá, Él lloró con las demás personas. La Biblia dice que: ‘Jesús lloró’. Y eso probó que Él era un mortal”.
232Sí, dije yo: “Él pudo haber llorado. Eso es cierto. De camino a ver a Lázaro, Él era humano en lo que a humano se refiere. En Su carne Él era humano, pero en Su Espíritu Él era Dios”. Yo dije: “Él lloró. Eso era un Hombre llorando. Él era Hombre cuando estaba llorando, yendo al sepulcro de Lázaro, pero cuando Él se paró allí y enderezó ese Cuerpecito y dijo: ‘¡Lázaro, ven fuera!’. Y un hombre que había estado muerto por cuatro días ¡volvió a la vida, eso era más que un hombre! Eso era Dios hablando a través de allí”. ¡Aleluya! ¡Dios estaba en Su Hijo! ¡Eso era Dios hablando a través de carne humana! ¡La corrupción reconoció a Su Maestro! ¿Crees esto?
233¡Él era Hombre cuando estuvo allá en esa montaña aquella noche, bajó y buscó en todos lados en esa higuera allí y no había nada de comer!
234Él tuvo hambre. ¡Él era un hombre cuando tuvo hambre! Pero cuando tomó cinco panecillos y dos peces y alimentó a cinco mil personas, ¡eso era más un hombre; eso era Dios en el Hombre!”. ¡Aleluya!
235Él era un hombre cuando estaba acostado en la parte de atrás de la pequeña barca esa noche, cuando diez mil demonios del mar juraron que lo iban ahogar. Surgió una tormenta, y la barquita se mecía como un tapón de botella allí en el lago, de esa manera. El diablo dijo: “¡Esta noche lo vamos ahogar!”.
236Él estaba tan cansado; virtud había salido de Él todo el día debido a la predicación y a las sanidades, al punto que estaba tan cansado que la tormenta no lo despertó. Pero cuando los discípulos lo despertaron, Él era un hombre acostado allí durmiendo. Pero cuando puso Su pie sobre la orilla de la barca y dijo: “Paz, calma”, ¡allí eso fue más que un hombre! ¡Eso era Dios hablando a través de Su Hijo! ¡Aleluya! Sí, así era. ¿Crees esto?
237Él era un hombre cuando clamó allá en el Calvario: “Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Él murió como hombre; ¡pero en la mañana de Resurrección Él se levantó, rompiendo los sellos de la muerte, de la corrupción, resucitó para ascender al Padre en las alturas, mostrando así que era más que un hombre! ¡Él era Dios en carne! ¿Crees esto?
238La Biblia dice que Jesucristo es el mismo de ayer, de hoy, y por los siglos. ¿Crees esto? Una mujer con un achaque en la carne, con un flujo de sangre por muchos años, tocó el borde de Su vestidura, y su flujo de sangre se estancó, se detuvo inmediatamente. ¿Crees esto?
239La hija de Jairo estaba muerta. Y puedo verlo a Él cruzando el río para ir hacia allá; Él dijo: “Iré a orar por ella”. Y llegó ahí un mensajero que dijo: “Tu hija ya está muerta; no molestes al maestro”. El corazón de Jairo empezó a desfallecer. Y esos ojos oscuros de Jesús miraron alrededor y le dijo: “¿No te dije que no temieras y verás la gloria de Dios?”.
240Él entró a esa recámara de muerte donde estaban esas personas allí, y dijo: “Ella no está muerta, sino que duerme”. Oh, ellos dijeron: “Ése fanático de por aquí…”
241Él dijo: “¡Sáquenlos para afuera!”. Cuando los hubo sacado a todos del cuarto, se acercó, y estaba tan poseído del poder del Espíritu Santo que podía hablar en otra lengua. Y todas estas cosas terrenales le fallarían, y entonces Él habló en otra lengua allí y dijo: “Tabita”, que era: “Hija, levántate”. Y de la región de los espíritus, donde una muchacha había estado muerta e ida, acostada en un sofá, ¡Él dirigió una palabra hacia la región de los espíritus, y esa muchacha que había estado muerta, se puso de pie y volvió a la vida! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¿Crees esto? Él está aquí hoy. ¿Crees esto?
242Hace como siete años, mientras estaba allá en Green´s Mill, Indiana, yo estaba allí angustiado y perturbado por causa de visiones y cosas, que un poder sobrenatural me hablaba desde arbustos, y ministros me decían que eso era el diablo, y que no tuviera nada que ver con eso.
243Estando allí una noche, una Luz alumbró en el suelo, y un Hombre vino caminando hacia mí con los brazos cruzados, dijo: “Yo soy enviado de la Presencia del Dios Todopoderoso para decirte que tú habrás de orar por los enfermos. Todas estas cosas sucederán: tú conocerás los secretos de los corazones, y así por el estilo. Y si logras que la gente te crea y eres sincero cuando ores, nada le hará frente a tu oración”. ¿Crees esto?
244Yo creo que Él está aquí ahora mismo. Creo que éste sentir que se está moviendo en la iglesia ahora mismo como una vía Láctea viniendo sobre el edificio, yo creo que ése es el mismo Espíritu Santo que cayó en el día de Pentecostés. ¿Crees esto?
245Yo creo que ahí en su corazón se está moviendo y está a punto de hacerle explotar allí mismo. Yo creo que ése es el Espíritu Santo tratando de entrar en esta tarde. ¿Crees esto? Yo creo que Él sanará a cada persona enferma aquí ahora mismo. ¿Crees esto? ¡Levantemos nuestras manos y alabémosle! ¡Aleluya!, ¡aleluya!
246Señor Jesús, estamos… Te damos gracias por Tu bondad. ¡Oh Dios, creemos que Tú estás aquí! ¡Creemos que estás aparejando a un pueblo! ¡Oh, ven, Señor Jesús, y sana a este grupo de personas! Envía al Espíritu Santo por aquí. ¡Oh Dios, fluye como un viento recio de arriba abajo por éstos pasillos! Toca a cada corazón, ¡siento la fe! ¡En el Nombre de Jesucristo! ¡Aleluya! ¡Aleluya!...