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~ GUIADOS POR EL ESPÍRITU ~
1Gracias, Hermano Lindsay. Buenas noches, audiencia. Disculpen la dificultad para hablar. ¿Pueden oírme? Muy bien, qué bueno. Dios seguramente nos resolverá eso. Nosotros tratamos de hacer lo que es correcto. Mañana en la tarde a las dos, el Hermano Lindsay me dijo que estén aquí para los servicios mañana a las dos de la tarde. Así no interferirá con los servicios de ninguno. Cada uno... el servicio en su iglesia... puedan venir y tener un servicio. Así que acuérdense de eso. Y entonces algún... Una vez más mañana en la noche habrá servicio normal de predicación, o de sanidad, mejor dicho. Mañana en la tarde será servicio de predicación. Y traten de venir si les fuere posible. Ciertamente estaremos contentos de tenerle.
2¿Cuántos aquí son cristianos? Veamos sus manos. Oh, ¿no es eso maravilloso? Como el noventa y nueve por ciento de la gente son cristianos. Me alegra eso, el saber que la mayor parte de la iglesia ya son salvos y han encontrado a Jesús querido en sus corazones.
3Ahora, primero deseo leer un poquito de la Palabra. Mi palabra fallará, pero la Palabra de Dios nunca fallará. En el libro de Mateo, el capítulo 9, comenzando con el versículo 27, Uds. que anotan... Y si el Señor lo permite, mañana en la tarde quería hablar sobre el tema… yo nunca sé, pero si Él lo permite: “Vengan y vean a un hombre que me ha dicho todas las cosas”. Muy bien. En el versículo 27 del capítulo 9 del Evangelio según Mateo, leemos lo siguiente: Pasando Jesús de allí, le siguieron los ciegos, dando voces y diciendo: “¡Ten misericordia de nosotros, hijo de David!”. Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos, y Jesús les dice: “¿Creeréis que puedo hacer esto?” Ellos dijeron: “Sí Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho.” Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: “Mirad que nadie lo sepa.” Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra. Mientras salían ellos, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló… ¿Se fijaron en lo que tenía atado al mudo? Un demonio. Yo estoy muy seguro que la ciencia moderna no estaría de acuerdo con eso, pero como cristianos creemos lo que dice la Biblia)... y el mudo... (Veamos sólo un momento) y... (Perdón, el versículo 33 de nuevo;) Y echando fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba y decía: “Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.” Pero los fariseos decían: “Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.” Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
4Hebreos dice que Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Él nunca cambia; Él es Dios.
5Y ahora, una de las cosas más maravillosas de Dios y el cristiano, la conexión del compañerismo entre Dios y los cristianos, es que los que son hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios.
6(¿Ahora pueden oírme bien allá atrás? ¿Está bien? Si me oyen, levanten las manos, si pueden oír bien allá atrás. Qué bueno. Estoy tratando de mantenerme lo más cerca posible de este micrófono. Quizás haga ruido, yo no sé).
7Pero la cosa más grande que he encontrado en la vida cristiana es dejar que el Espíritu Santo le dirija y le guíe a uno. Y Su obra es maravillosa. ¿Cuántos aquí alguna vez han sido guiados por el Espíritu? Veamos sus manos. ¡Oh, vaya!, eso es maravilloso. Guiados por el Espíritu de Dios... No hay nadie que le guiaría a Ud. al altar sino el Espíritu de Dios. No hay nadie que le traería a Ud. aquí en esta noche a menos que fuera el Espíritu de Dios. ¿Es correcto eso? Él se mueve en maneras misteriosas para obrar Sus maravillas.
8Muchas veces en la guianza... [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Desde que yo era un muchachito...
9El domingo que viene, si llegamos a quedarnos hasta entonces, deseo contarles la historia de mi vida, el servicio en la tarde del domingo que viene, para hacerles saber lo que han sido las lágrimas y sangre a lo largo del camino. Alguien pudiera pensar que todo es rosas, pero eso no es así, amigo.
10Ahora, muchas veces, la única vez que yo pueda decirle algo a la gente acerca de sus enfermedades y demás, es cuando soy guiado definitivamente por el Espíritu. Yo tengo que dejar que Él lo haga. Si yo dijera algo de mí mismo, ciertamente sería un error. Muchas veces me confunde cuando hay tantos. La mejor manera es cuando tengo al paciente solo, hablándoles individualmente, para hacer contacto con ellos personalmente... Pero cuando es… A veces cuando es en una audiencia mixta como ésta, es un poco difícil sentir lo que es exactamente, y saber lo que es. Pero uno tiene que ser muy sensible a los espíritus.
11Ahora, nos damos cuenta, y todos sabemos que hay espíritus. Entonces si hay espíritus, tiene que haber un Amo de ese espíritu, porque cambia la naturaleza de pecadores a cristianos. Y tiene que haber un Amo o Cabeza allá en algún lado, y ese es Dios. Y El envió a Su Hijo a la tierra, hecho a semejanza de carne pecaminosa, y Él murió para que nosotros pudiéramos ser redimidos y traídos de nuevo a Dios, para ser hijos e hijas de Dios, para caminar con Él nuevamente. Ése eslabón perdido desde el huerto del Edén, lo que Adán perdió, Cristo lo restauró de nuevo.
12Muchas veces... Ojalá tuviéramos tiempo para quedarnos allí y hablar de eso un poquito, pero solamente tenemos como ocho minutos, o diez. Me gustaría contarles unas cuantas experiencias sólo para abrirles mi corazón, hablar con Uds. Hay muchas veces, amigos cristianos...
13Me supongo que quizás no podremos tener más servicios de sanidad por más tiempo. Ahora, me temo que servicios como éste van a ser cerrados. Tenemos problemas por delante, y Uds. lo saben. Así que queremos hacer todo lo que podamos.
14Y probablemente cuando nos vayamos de aquí, quizá yo nunca vuelva a ver a muchos de Uds. el resto de mi vida. Tal vez no nos encontremos más. Así que seamos sinceros el uno con el otro, y sinceros con Dios, y Él lidiará con nosotros mientras tenemos esta oportunidad dorada.
15Me gustaría sentarme y hablar un día con cada uno de Uds. Pero yo no podría hacer eso. No podría ocupar mi tiempo en oración buscando a Dios. Pero haré una cita con Uds. Después que crucemos el río, pasaré todo el tiempo que Uds. deseen. Nos sentaremos allá junto al árbol de hoja perenne, junto al Mar de la Vida y allí conversaremos el uno con el otro por mil años. ¿No será maravilloso? En ese momento me gustaría estrechar su mano y decir: “¿Se acuerda de aquella ocasión en Minneapolis cuando tratamos de estar juntos? Mire cómo es ahora”.
16Si quieren saber cuando yo llegue a casa, pues, voy a tratar de cantar “Sublime Gracia” al cruzar el río. Yo no sé cantar, pero siempre he querido cantar esa canción. Yo creo que Dios me permitirá hacerlo, cuando llegue allá. Si sucede que Ud. se va antes que yo y escucha a alguien salir al porche en alguna mañana y oírle cantando: “Sublime Gracia”, diga: “El Hermano Branham llegó a casa”. Ese soy yo. Yo amo ese viejo canto, porque fue la gracia sublime que me salvó y me trajo hasta aquí.
17Muchas veces hay cosas que suceden en la guianza del Espíritu que yo ni siquiera menciono, no digo nada al respecto. Constantemente veo visiones. Y traté de explicarles cómo sucede eso. Son estos individuos... estos... la manera en que se están moviendo, lo que ellos han hecho en su vida. Y eso viene tan real como le estoy mirando a Ud. No creo que algunos de Uds. pudieran dudar eso después de verlo obrar en el servicio; lo cual todavía no ha llegado a su lugar, porque el servicio tuvo muchos problemas al hablar en una carpa. Somos nuevos el uno para con el otro, y esto aquí es nuevo.
18Pero estoy muy agradecido de que Uds. lo estén recibiendo maravillosamente. Siempre lo puedo sentir cada noche... parece como que hay más de ese impulso de fe levantándose todo el tiempo. Creo que antes que los servicios terminen, si Dios lo permite, va a haber una gran victoria como Uds. jamás han visto. Vean qué tan cerca está eso de ser correcto.
19Noten, a veces Él me muestra cosas que yo nunca digo. Ahora mismo, desde que he estado parado aquí, he visto cuatro o cinco cosas que ya han acontecido desde que he estado hablando aquí en este micrófono. Pero yo no lo digo hasta que veo que algo ha sucedido.
20Mi director y ellos muchas veces... Ahora, sé que esto parece un poco extraño, y tal vez un poco difícil, para los ministros y demás, de entenderlo ahora mismo, a menos que ellos sean de mente muy espiritual. Pero yo únicamente puedo ser honesto, y...
21Aquí no hace mucho, cuando estábamos en Inglaterra (Sólo un par de experiencias), yo estaba en mi cuarto un día y fui y le dije a mi director; dije… Estaba sentado en el cuarto y vi una visión de satanás viniendo a nosotros… [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Les dije exactamente cuándo sería aquello, en un período de veinticuatro horas, y así sucedió.
22Cierta mañana, me acuerdo que me levanté y fui hacia la ciudad como a las cinco. Él me despertó y me dijo: “Ponte la ropa”. Y fui a la ciudad, caminé como tres millas. Creo que eso estaba en… [Espacio en blanco en la cinta— Ed.] Y me metí debajo de un árbol junto a un río, y oré hasta las nueve de la mañana, desde las cinco hasta las nueve. Entonces como a las nueve, Él no me dejaba ir. Yo sabía que ellos estarían preguntándose dónde estaría yo, cuando fueran al cuarto y vieran que yo no estaba ahí. Así que yo estaba orando y escuché Su voz decir: “Ahora levántate”. Me levanté.
23Ahora, esto no es sólo imaginación, amigos. Su voz es tan audible, así como la mía es para Uds. Sólo que cuando Él se para aquí, no es lo que Ud. se imagina. Yo lo escucho cuando Él me está hablando, lo miro, hablo con Él como Ud. habla conmigo o yo hablo con Ud. Es un Ser, no simplemente una imaginación. Y puedo oírlo cuando pone Sus pies en el suelo y camina. Cuando Él habla, habla igual que yo. Oh, Él tiene una voz que es muy humilde en un sentido, y luego muy severa en otro. Sus características, ningún hombre podría pintar eso. Es como que si Él hablara, el mundo se voltearía boca abajo. Sin embargo, Él es tan manso cuando uno lo mira, que uno casi lloraría.
24Y Él dijo: “Levántate”. Y me levanté y comencé a caminar. Y caminé como una milla y... Iba pasando junto a una tienda que vi el día antes. No sabía qué hacer, sólo caminar; Él dijo: “Camina”. Pensé que sólo le daría la vuelta a la esquina. Y llegué a la esquina y Él dijo: “Voltea a tu derecha”. Fui a la derecha dos cuadras, y entonces Él dijo: “Voltea a tu izquierda”.
25Y en fracción de segundos, vi a mi intérprete de la noche anterior. Y sabía que algo iba a suceder, porque Él seguía acercándose más y más. Yo sabía lo que iba a suceder; iba a ser inmediatamente. Él se me acercó y estrechó mi mano. Y allí él dijo: “Hermano Branham, es algo extraño”. Yo le dije: “Espere un momento”, y empecé a decirle.
26Y él me miró, y cuando lo hizo, nos vi en una visión parados allí cuando él estaba traduciendo la noche anterior. Yo dije: “Ud. acaba de venir del hospital, ¿no es cierto?” Él dijo: “Sí, señor”. Yo dije: “A Ud. le sacaron uno de sus riñones”. Él dijo: “Eso es correcto”. Yo apenas lo había conocido el día anterior, en la plataforma esa noche. Yo dije: “Hace como tres o cuatro años Ud. debía hacer algo, y no lo hizo. ¿No es cierto eso?” Él dijo: “Eso es correcto”. Yo dije: “Entonces Ud. tuvo una operación. Y desde su operación eso se fue hacia el otro riñón. ¿Es cierto eso?” Él dijo: “Es cierto”. Le dije: “Anoche cuando yo estaba orando en una oración congregacional, ¿no tomó Ud. su mano y agarró mi abrigo así muy suavemente?
27Él comenzó a llorar. Levantó las manos al aire y dijo: “Eso es cierto Hermano Branham. Y yo le pedí anoche a Dios que si eso era así que Él lo confirmara. Y hace como media hora Él me dijo que me levantara y saliera a la calle”.
28Y sólo en cuestión de un segundo yo hubiera fallado en encontrarle. Y ahí estaba confirmada su sanidad. Cómo es que Dios obra en maneras misteriosas.
29Subí y me encontré con el Hermano Moore, el Hermano Lindsay y los demás. Fuimos al centro de la ciudad. El iba a pasearme un poquito por ahí, porque el Espíritu aún estaba ungiendo. Yo simplemente me mantengo caminando muchas veces de esa manera, porque entonces no puedo estarme quieto. Fuimos al centro. Estábamos parados, mirando en la ventana, y dije: “Hermano Moore”. Dijo: “¿Sí?” Yo dije: “Ahora, en el camino de regreso habrá un hombre con un traje oscuro y un sombrero claro, saldrá de un edificio y me pedirá que vaya a orar por su esposa, sólo que yo no puedo hacerlo”. Él dijo: “¿Cuándo sucederá eso?” Yo le dije: “Esta mañana en algún momento”, dije: “porque cuando vino la visión, es la misma mañana”.
30Y nosotros habíamos estado allí por media hora después de eso, y le dimos la vuelta a una esquina, y saliendo de un almacén venía un hombre con un traje negro y un sombrero gris. Se quitó el sombrero y dijo: “Hermano Branham, me alegra mucho encontrarle”. Dijo: “Tengo a mi esposa aquí en el piso de arriba. El Hermano Moore dijo: “¿Qué acerca de eso?” Nosotros entramos.
31El Hermano Baxter, el otro director. Esa tarde estábamos caminando y fuimos al centro de la ciudad, y estábamos parados allí en la calle. Yo dije: “Veo dos mujeres vestidas de negro que saldrán de una tienda y nos detendrán muy pronto, Hermano Baxter”.
32Y habíamos caminado como dos cuadras, y yo estaba mirando unas corbatas en una tienda de caballeros. Y en ese momento de esta misma tienda salieron dos damas vestidas de negro y corrieron hacia nosotros y empezaron a agarrarse de las manos. Ellas no sabían hablar inglés, pero querían un discernimiento del espíritu para ver qué estaba mal con ellas en sus manos.
33El Hermano Baxter dijo... Ahora, esas cosas suceden todo el tiempo. Pero yo no las menciono, amigos, a menos que sea algo que traiga algún beneficio de esa manera.
34Ahora, muchas veces son cristianos que están orando... Había una dama sentada aquí anoche que tenía un niñito. Ahora, muchos de Uds. probablemente estaban aquí anoche cuando la dama, a la cual yo estaba buscando con el niñito, ¿se acuerdan de eso? Ahora, ella había estado en oración por eso, y en el cuarto yo la vi. No podía distinguir qué tipo de vestido era ése, pero yo vi que ella tenía su cabello trenzado y era rubia, y tenía un niñito. Y el Señor había mostrado que el bebé iba a ser sanado. Y el bebé fue sanado antes de que saliera del edificio anoche. Ahora, eso es maravilloso.
35Recientemente en Fort Wayne, estábamos teniendo una reunión. ¿Cuántos han estado...? Pues, ¿Hay alguien aquí que estuvo en los servicios de Fort Wayne? Quizá alguien... Sí, hay dos o tres manos aquí, que estuvieron en los servicios de Fort Wayne. Unas multitudes maravillosas se reunieron. B. E. Redigar, ¿Cuántos han oído de B. E. Redigar, hace años? Paul Rader, escribió este canto: “Sólo creed” en su servicio allá. Bueno, el señor Redigar tenía unas hijas... Él ya se fue a la gloria hace bastante tiempo, uno de los hombres más sobresaliente en sanidad Divina de la nación.
36Acabo de regresar de Pensacola, Florida, donde tuve el más grande llamamiento al altar que haya tenido: Dos mil a la vez le entregaron sus corazones a Cristo, en un llamamiento al altar.
37Y yo apenas había llegado a casa y entré a la iglesita esa mañana. Y cientos de personas estaban reunidos alrededor de la iglesia. Ellos estaban tratando de sacarme, y alguien me dijo: “Hay un caso psicopático atrás en el deposito de carbón de la iglesia...” Dijo: “La señora Redigar”. Yo dije: “¿La señora Redigar?” “¿Qué relación tienen con B. E. Redigar?” Dijo: “Esa es su hija”.
38Y B. E. Redigar, un guerrero de Dios descansando en Gloria, y su hija con un caso mental, su otra hija murió en la misma condición. Ella había sido un caso mental en la institución por casi dos años. Ahí estaba ella, y su madre tratando de sostenerla, una joven muy hermosa, con el cabello colgándole, sentada allí atrás y sosteniéndola, sus ojos con la mirada fija.
39Entré a donde ella estaba; y ella comenzó a moverse hacia atrás, como que movía su boca así, y diciendo algo como: “penny” o algo así, y se movía hacia atrás de esa manera.
40Entonces la señora Redigar levantó la mirada y yo le dije: “Oh, vaya, ¿es esa la hija del Hermano Redigar?” Dijo: “Sí”
41Yo dije: “Querido Señor Jesús, ten misericordia de la muchacha”. Y pedí que ese poder del enemigo dejara a la muchacha. Y en un momento ella había vuelto en sí.
42Y hoy recibí una carta, ella va a casarse en agosto, ¡qué glorioso!, salió de la institución para dementes. Y ¡cuán glorioso es hallar Su guianza!
43Allí en Fort Wayne ellos habían encontrado en qué hotel estaba yo hospedándome, el hotel Indiana. Y la gente había llenado el vestíbulo al grado que tuvimos que contratar a uno de los botones para que nos llevara a una salida para salir. Y bajamos por el callejón a través de un montón de cenizas para buscar algo para comer—había mucha gente allí llenando ese lugar.
44Entonces de repente un día íbamos por la calle, mi esposa iba conmigo, teníamos a la bebé. Yo tenía el cuello de mi abrigo hacia arriba. Estaba… Iba por la calle cargando a mi niñita. Íbamos a un lugar llamado, creo “Toddle House”, o “Hobble House” o algo así, en donde estábamos comiendo.
45Allí es donde el señor Eaton, de Canadá, nos había encontrado en un cuarto esa mañana, había estado en los servicios para ser sanado de un problema estomacal. Y Dios lo sanó ahí mismo en el tabernáculo unos pocos días después. Él no quiso venir a donde yo estaba comiendo esa mañana; simplemente pagó mi desayuno.
46La mañana siguiente, al ir caminando por la calle, Algo me dijo: “Voltea a tu derecha”. La señora Morgan, una enfermera graduada por veintiún años, mi primer caso de cáncer, yo sentí las vibraciones. Pesaba treinta y siete libras, fue traída al servicio y no era nada sino piel y huesos. Ahora ella pesa ciento cincuenta y cinco y goza de perfecta salud. Y los doctores, los mejores que habían en la nación, le dijeron que sólo tenía unos pocos días de vida. Se le había regado en todo el cuerpo; ellos simplemente la abrieron y la volvieron a coser. El cáncer se había expandido a través de ella. Era maligno, no podía hacerse nada, ni siquiera se podía poner un bisturí sobre ella, no había nadie que pudiese operarla. Ahora ella pesa ciento cincuenta y siete libras y goza de perfecta salud.
47Ella iba conmigo, ayudándome a veces con los enfermos, de esa manera, porque es una mujer muy brillante. E íbamos caminando, y Algo dijo: “Voltea a tu izquierda”. Lo oí igual que Ud. me oye a mí. Volteé hacia la izquierda. Margie le dijo a mi esposa, dijo: “¿Qué es lo que pasa?” Dijo: “Déjalo que siga”.
48Yo seguí adelante. Seguimos caminando. A la izquierda me detuve enfrente de un lugar llamado “cafetería Miller”. Me preguntaba por qué. Algo dijo: “Entra aquí”.
49Entré a la cafetería, compré un pequeño desayuno con uvas pasas y demás, y me senté. Mi esposa dijo: “Ciertamente estás en un lugar grande como éste para que te atrapen”. La gente se reunía alrededor. Y empecé a comer. Y mientras pedía la bendición, oí a alguien decir: “¡Alabado el Señor!”.
50Miré y una pobre madre anciana estaba levantándose, limpiándose los ojos. Margie dijo: “Será mejor que se vaya”, dijo: “Si no lo hace, todo el grupo...” Yo dije: “Un momento, es el Espíritu Santo guiando”.
51Ella se acercó y dijo: “Hermano Branham”, dijo: Lo he seguido de reunión en reunión tratando de hacer que mi hermano entre en la línea, pero no pude hacerlo”. Dijo: “Su corazón se ha puesto tan mal que ha salido a través del diafragma”. Dijo: “Lo examinaron hace unos días antes de venir, y el doctor dijo que él sólo tenía poco tiempo de vida. Vendimos nuestra vaca para conseguir el dinero y venir aquí desde Texas”. Dijo: “He estado en varias reuniones; vendimos todo lo que teníamos”. Dijo: “Vi que no podía lograrlo, porque hay demasiados allá. He conseguido una tarjeta varias veces, pero el número nunca ha sido llamado”. Ella dijo: “Pero anoche estuve orando y ayunando toda la noche”, (ella dijo): “Y esta mañana al amanecer me desperté y tuve un sueño. Y soñé que yo debería de venir aquí a la cafetería y esperar a las nueve de la mañana”.
52Miré mi reloj, y eran exactamente las nueve. Dije: “Tráigalo aquí”. Uds. saben lo que sucedió, ¿no es cierto? El Señor lo sanó maravillosamente. La guianza del Espíritu. Él obra en ambos extremos.
53Entonces, salí por la puerta, y me iba. Salí por la puerta como dos minutos después. No comí. Y una joven vestida de negro que estaba parada allí, se cayó en la calle y comenzó a gritar tan pronto salí por la puerta. Ella vivía en los Altos de Chicago y tenía un cáncer maligno. Dijo: “Hermano Branham, he estado orando por semanas que pudiera llegar aquí”. Y dijo: “Sólo me queda poco tiempo”. Ella había estado en la clínica aquí y nada podía hacerse por ella. Su esposo era un gran hombre de negocio allí de algún tipo. Y ella dijo: “Esta mañana temprano”, dijo: “Algo me dijo que viniera a la cafetería Miller y me parara aquí a las nueve y diez”. Allí estaba. La encontré aquí en Little Rock hace unas semanas, gritando las alabanzas de Dios, completamente normal y sana.
54Seguimos caminando por la calle, y el Espíritu Santo dijo: “Detente aquí”. Le dije a mi esposa: “Uds. sigan para el--ellos te buscarán en el hotel”.
55Ella dijo: “Bueno, yo cruzaré a esa farmacia allí para comprar unos libros para colorear”. Teníamos que mantener a la bebé en el cuarto todo el tiempo.
56Me detuve, y regresé y miré unos equipos de pesca, y esperé un momento. Dije: “Padre, ¿qué es lo que quieres que haga?” Y esperé unos momentos. Escuché esa voz decir: “Ve a la esquina”. Fui a la esquina, y estando parado en la esquina dijo: “Cruza la calle”. Y crucé la calle y estuve parado ahí.
57Uds. los que son de Fort Wayne saben cómo dirigen el tráfico allá. Era un sábado por la mañana. Y estuve parado allí por un buen tiempo. Y después de un rato vi a una dama cruzar la calle, el silbato sonó muchas veces. Una dama cruzaba la calle, llevando un bolso en el brazo. Y llevaba puesto un traje y una pequeña boina de cuadros. Ella caminó. Y el Espíritu Santo me dijo: “Acércate a ella”.
58Fui y me paré allí. (La mujer pudiera estar en esta reunión en esta noche, que yo sepa). Y me paré allí mismo en la esquina. Y ella pasó muy cerca de mí, y siguió. Yo pensé: “¡Qué extraño!; Él nunca me ha dicho nada incorrecto”.
59Ella caminó como hasta ése poste. Estaba mirando hacia abajo, mirando de lado. Y se volteó y miró hacia atrás; dijo: “Oh, Hermano Branham”. Se regresó y comenzó a llorar. Y dijo: “Yo soy de Canadá”. Dijo: “Lo he seguido desde todo Canadá”. Dijo: “Vine aquí, y sólo me dieron cierta cantidad de dinero. Dijo: “Anoche dormí sentada en el vestíbulo de un hotel. Y esta mañana sólo tenía veinticinco centavos para una taza de café”. Dijo: “Yo iba salir aquí a pedir un aventón para llegar a casa”. Dijo: “Estaba a dos cuadras más abajo y el Espíritu Santo me dijo: ‘Voltea a tu derecha’. Bueno, yo fui hacia la derecha. Y Él dijo: ‘Voltea a tu izquierda’. Pero yo estaba siendo guiada por Él”, dijo: “Voltéate y ve”. Dijo: “Hermano Branham, mis manos han estado lisiadas”.
60Yo dije: “En el Nombre del Señor Jesús, déme la mano”. Y la mano se le enderezó. Un enorme policía irlandés sonando un silbato dijo: “Yo sé quién es Ud., Hermano Branham”. Hermano, en unos momentos teníamos una línea de oración ahí en plena calle. Estaban por donde quiera. ¿Qué es eso? Guiado por el Espíritu de Dios, eso es lo que es, amigo.
61Recientemente en camino a Dallas (Me apuraré rápidamente), en camino yendo a Dallas, el avión fue detenido. Y yo pensé, ¡oh, qué cosa! Me quedé toda la noche y a la mañana siguiente iba a depositar mi correspondencia en el buzón. Ellos nos dijeron que vendrían a recogernos.
62Yo iba por la calle, tratando de cantar ese viejo cantito cristiano que cantan los Pentecostales: “Contento de poder decir que soy uno de ellos”. ¿Alguna vez lo han escuchado? Es un... La gente casi por doquier, Los corazones ardiendo todos en llamas, Como el fuego que cayó en... El Espíritu Santo, Que nos hace a todos iguales, (o algo así).
63Y estaba tratando de cantarlo al ir por la calle, las cartas en mi mano, e iba caminando por la calle. Comencé a cruzar la calle y el Espíritu Santo dijo: “Detente. Estás exactamente enfrente de un banco”.-- Memphis, Tennessee.
64Yo pensé: “¡Oh, vaya! ¿Qué es esto?” Caminé hacia una esquina; dije: “Padre, ¿Qué quieres que haga?” Me quedé quieto por unos momentos, porque yo no estaba pensando acerca de eso. Sentí esa sensación bastante extraña moverse sobre mí, y dijo: “Voltéate y regrésate”.
65Y me regresé y pasé de nuevo por el hotel, y seguí caminando por la calle, tarareando para mis adentros: “Oh, estoy tan contento que puedo decir que soy uno de ellos”. Fui bien abajo al otro lado de Memphis, adonde está el barrio de la gente de color. Pensé: “¿Qué estoy haciendo aquí?” Simplemente era guiado por el Espíritu.
66Y miré. Dijo: “Cruza por aquí”. Y crucé la calle y fui al otro lado. Estaba yendo hacia allá. Volteé a mi derecha, y subí la calle por aquí. Allí estaban todas esas casitas blanqueadas, donde vive la gente de color.
67Pasé y vi a una típica mujer de color con una camisa de hombre amarrada alrededor de la cabeza y que estaba recargándose en el portón. El sol estaba saliendo, había rosas alrededor del portón y el sol estaba quitándole la fragancia a la rosa; el aire estaba lleno, los pájaros cantaban: qué glorioso. Y yo tenía mi mano, yendo así, cantando, guiado por el Espíritu.
68La miré al pasar. Ella estaba recargada sobre el portón. Dijo: “Buenos días, predicador”. Allá en el sur, es predicador, Uds. saben, en vez de...
69Yo le dije: “Buenos días, Tía”. Ella se limpió las lágrimas de los ojos y empezó a reírse. Le dije: “¿Cómo supo Ud. que yo era predicador? ¿Acaso me conoce?” Ella dijo: “No, señor”. Yo dije: “¿Cómo supo que yo era predicador?” Dijo: “Predicador, ¿ha oído acerca de una mujer en la Biblia, la mujer Sunamita?” Yo dije: “Sí”. Dijo: “¿El Señor le dio un hijo?” Dije: “Sí”.
70Dijo: “Yo era esa mujer que también era estéril, y el Señor me dio un hijo”. Y dijo: “Yo prometí criarlo para el Señor”. Dijo: “He hecho lo mejor que he podido”. Pero dijo: Predicador, él tomó el camino equivocado”. Dijo: “Él era un joven muy bueno y se descarrió”. Y dijo: “Él salió con las malas compañías”. Y dijo: “Aquí está él postrado ahora”. Dijo: “Los doctores ya le han puesto todas las inyecciones que pueden. Ya lleva dos días inconsciente. El doctor dice que va a morir; es una enfermedad venérea”. Dijo: “Ya le han dado todo lo que podía dársele, pero cuando lo detectaron era demasiado tarde, y él va a morirse”. Y dijo: “Predicador, yo sé que él está allí muriéndose como un descarriado”, dijo: “No puedo soportarlo”. Dijo: “Oré y oré y dije: ‘Señor, Tú me diste a ese muchacho, pero, ¿dónde está Elías?’” Así que dijo: “Oré y oré”. Y dijo: “Esta mañana, un poquito antes de amanecer”, dijo: “El Señor me dijo que viniera aquí afuera y me parara en este portón”. Y su espalda estaba mojada del rocío. Dijo: “Me quedé aquí porque”, dijo: “Yo creo en la guianza del Espíritu”.
71¡Oh, hermano!, ahí es donde Dios y el creyente se juntan en una base común de fe. Ella dijo: “Él me dijo que me parara aquí”. Y dijo: “El sol salió”. Dijo: “Seguí esperando”. “Cuando Ud. venía por la calle”, dijo: “Yo sabía que Ud. era el predicador”.
72Yo le dije: “Mi nombre es Branham”. Ella me dijo cuál era su nombre. Yo dije: “¿Alguna vez ha oído de mis servicios?” “No, señor, predicador”.
73Le conté al respecto, y las lágrimas comenzaron a bajarle por las mejillas. Dijo: “Yo sabía que el Señor no me fallaría”.
74Entramos al cuarto, y ahí estaba acostado un muchacho enorme, como de ciento sesenta o setenta libras, era un cuadro de muerte, tenía las sábanas en sus manos así, y hacía: “Ummm, ummm”. Ella se acercó y le acarició en la mejilla. Ella dijo: “El bebé de mamá”. Pudiera ser tan viejo como era. Pero Uds. saben, ese es el amor de una madre. Uno es siempre el bebé de mamá. Uds. saben, el amor de esa madre. No importa lo que Uds. hagan, eso nunca se olvida, el amor de una madre.
75Así que ella lo acarició en la mejilla y le dijo: “El bebé de mamá”. Y yo agarré sus pies, y estaban fríos. Pensé: “¡Vaya! él se está muriendo”. Le dije: “Tía, él está muy mal”. Dijo: “Sí, señor, predicador. El doctor dijo que él no volvería a recobrar el conocimiento”. Tomé sus pies y dije: “¿Oramos?”
76Ella dijo: “Sí, predicador”. Se arrodilló en el suelo y comenzó a orar. Les digo; esa santa hizo una oración que Ud. sabría que estaba hablándole a Dios también. Y cuando terminó de orar, dijo: “Gracias, querido Señor”.
77Me acerqué a donde él estaba. Lo miré por un momento, y puse mis manos sobre él. Dije: “Querido Dios, yo no sé por qué me guiaste hasta aquí. Mi avión ya está listo para salir”. Pero dije: “No sé por qué Tú me guiaste aquí, pero vine por Tu guianza. Y ahora, en el Nombre de Tu Hijo Jesús, pongo mis manos sobre este muchacho moribundo, por su vida, para que su alma sea salva”.
78Dijo: “Mami, oh mami”. Ella dijo: “Predicador, él está hablando”. Tenía dos días que no hablaba”. Dijo: “Mami, se está poniendo claro”. Dijo: “Se está poniendo claro aquí adentro, mami. Ahora puedo ver a dónde está yendo mi bote”. En unos minutos él estaba regocijándose en el piso, feliz.
79Como una semana después, recibí una carta de él en donde los doctores le habían declarado negativo. Él está viviendo en esta noche en Memphis, Tennessee, saludable y fuerte, porque su querida madre siguió la guianza del Espíritu Santo. Los que son hijos e hijas de Dios, son guiados por el Espíritu de Dios. ¿No es correcto eso? Inclinemos nuestros rostros.
80Nuestro Padre celestial, oh, Tú has sido tan bueno con nosotros. El tiempo se va tan fácil cuando hablamos de Jesús, cuando hablamos de Sus obras maravillosas, oyendo y hoy Él dijo: “Un poquito y el mundo no me verá más”. El mundo no entiende; ellos han sido cegados por el dios de este mundo, caminando en oscuridad, en su propio camino, en su propio deseo pecaminoso. Pero Te damos gracias que Tú has dicho: “Yo estaré con Uds., en Uds. hasta el fin del mundo”. En esta noche, dondequiera que puedas hallar un corazón sincero, Tú los guiarás por Tu Espíritu.
81Oh Dios, este sábado en la noche, cuando mucha gente está de compras, muchos están en tabernas, lugares de mala fama, jóvenes tirados en el piso de las cantinas, jovencitas en el camino equivocado, bailando y dirigiéndose hacia una tumba sin Cristo, y las oraciones de la madre anciana pasándoles por encima… Oh Maestro, guía a esa gente de alguna forma. Háblales en esta noche, y que ellos puedan encontrar un lugar mañana en un buen altar antiguo, y se conviertan en Tus siervos.
82Señor, que los resultados de este servicio sean el estallido de un avivamiento chapado a la antigua que se extienda por todas las ciudades y la nación, porque creemos que pronto Tú enviarás a Jesús. Reúnenos a todos.
83Hay muchos aquí en esta noche, Padre, que están enfermos y necesitados, que sienten Tu Espíritu ahora. Todos nosotros sabemos que Tú estás aquí. Tú dijiste: “Donde estén dos o tres reunidos, Yo estaré en medio de ellos”. Y nosotros te sentimos, literalmente con sentir espiritual. Sabemos que estás aquí.
84Y ahora, Padre, ya le he testificado a esta gente, acerca de un don de sanidad. Ellos únicamente tienen mi palabra a menos que Tú hables, Señor. Pero yo sé que Tú hablarás, lo vindicarás y testificarás de ello. Y toda alabanza y glorias a Ti, maravilloso Hijo de Dios. Tú fuiste tan maravilloso al redimirnos a nosotros, pobres y perdidos pecadores dignos de la muerte y separación, dignos del infierno. Pero Tú nos has redimido. ¡Oh, cómo salta mi corazón cuando pienso que soy redimido! Y tan cierto como Tú te levantaste de la tumba, algún día nosotros saldremos con un cuerpo nuevo que nunca más estará enfermo, ni sufrirá.
85Ahora, querido Dios, bendice en esta noche a aquellos que están aquí. Que el Espíritu Santo se mueva sobre toda esta audiencia ahora. Habla a cada uno de ellos y di: “Este es Mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. El Hijo de Dios, Jesús de Nazaret, Su Espíritu moviéndose con nosotros en esta noche, que ellos lo acepten dulcemente en la forma del Espíritu Santo, y sean salvos y sanados en esta noche. Porque lo pedimos en el Nombre de Tu Hijo, Jesús. Amén.
86Sí, sí. Yo no soy un tipo de persona muy emocional, pero mi corazón ha sido avisado extrañamente desde que vine aquí en esta noche por alguna causa. Yo no sé por qué. Confío que Dios derrame Su Espíritu en esta noche sobre toda la audiencia. Y mañana, ruego que haya una Luz reluciente de Dios alrededor de este lugarcito.
87Oh, pueblo, ayunen y oren, prepárense, Jesús viene pronto. Yo lo creo. Estén listos. ¿De qué nos aprovechará ganar a todo el mundo y perder nuestra alma? ¿De qué nos servirá? De nada en lo absoluto. Sirvámosle con todo nuestro corazón. Mientras ellos alinean a la audiencia, oremos nuevamente por un momento.
88Padre, acércate ahora, mora con nosotros, Jesús. Bendícenos en esta noche. Hay aquellos que están aquí que se ven tan ansiosos. Y parece como que una pequeña bendición extra está sobre nosotros en esta noche de alguna forma, o cerca de nuestro alrededor. Quizá Tú estás a punto de derramar el Espíritu sobre nosotros. Rogamos que así sea, Padre.
89Sana a todos ahora, el Ángel de Dios que me enviaste en mi nacimiento, que me ha guiado a través de la vida por Tu mano, el que se encuentra conmigo y me habla, y muestra las visiones de las cuales hablo. Oh Jesús, envíalo ahora en Tu Nombre, para que Él pueda discernir, el don de discernimiento, para conocer el corazón.
90Dijiste: “Las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis, y mayores”. Tú conocías los corazones de toda la gente. Tú conocías todas las enfermedades. Tú le dijiste a Felipe a dónde estaba él antes de que viniera a la línea de oración. Tú les dijiste a ellos donde podrían encontrar los caballos atados. Les dijiste a dónde estaba un aposento vacío para preparar la última cena. Oh, Tú le declaraste los pecados a aquella mujer.
91Y luego, un día ellos amarraron un trapo alrededor de Tus ojos, te arrancaron barba de Tu rostro y te escupieron. Dijeron: “Ahora, profetiza y di quién te golpeó”. Señor, Tú nunca abriste Tu boca.
92Estamos agradecidos por Tu vida maravillosa, por el Espíritu que nos has dado para vivir. Ayúdanos ahora.
93Y que toda enfermedad que pase por aquí, que grandes visiones y maravillas sean hechas en esta noche. Concédelo, Señor. Y mientras la gente ve estas cosas siendo hechas, que puedan ellos aceptarte allí mismo en Nombre de Tu Hijo Jesús. Amén.