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~ EXPECTATIVA ~
1Gracias... Buenas noches, audiencia. Muy contento de estar aquí en esta última noche de nuestros servicios, aquí en este país encantador de Los Estados Unidos, el cual amo con todo mi corazón. Pienso en nuestros antepasados cuando ellos cantan: Que nuestra tierra brille por mucho tiempo, Con la santa luz de la libertad, Protégenos con Tu poder, Gran Dios nuestro Rey.
2Estoy muy agradecido de ir a otras naciones a representar a una nación como ésta, (Los Estados Unidos) donde tenemos libertad de religión y podemos hablar como nos sintamos dirigidos por el Espíritu de Dios para hacerlo. Y estoy contento de sentir el llamamiento del Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios, que me ha llamado para ir a otros países a ministrarles.
3Durante mi viaje, siempre recordaré esta última noche, recordaré a Nueva York y a todos Uds. su gente. Uds. han sido muy amables con nosotros en esta breve estadía que hemos tenido. Confío que algún día me permitan regresar para estar nuevamente con Uds. y... Gracias.
4En toda mi vida he amado a los amigos. No hay nada que yo ame como a la gente, y quiero que la gente me ame.
5En aquellos días cuando era más joven, yo no tenía muchos amigos. Yo era más o menos… Bueno, yo… Siendo un muchacho que no fumaba, bailaba y así por el estilo, pues, la gente pensaba que yo era un afeminado, mis amigos. Luego, más tarde en mi propia iglesia cuando me convertí hace unos años, yo vi el Evangelio como el poder de Dios, y fui un fanático para ellos. Y entonces más tarde cuando me di cuenta que había un grupo que me creía y me aceptaron como su hermano, oh, ciertamente estoy agradecido que Dios me haya colocado con Uds.
6Y ahora, le doy gracias a cada uno de Uds., porque hace unos momentos Uds. estaban cantando: “Estoy orando por ti”. Eso es lo que quiero que hagan. Es la oración de la que yo dependo. Ese es el secreto de todos los misterios de Dios. Esa es la llave que abre la puerta a todo lo de Dios, la oración. Si Ud. ora y cree, cuando ora, entonces crea que recibirá lo que pide, y Dios lo dará a conocer.
7Un ministro de Louisiana me llamó hace un momento. Ellos se confundieron todos, y él ha dejado su iglesia porque alguien le llamó la atención. Él dijo: “Hermano Branham, yo simplemente quiero saber.” Dijo: “Ellos me dijeron que yo era esto y aquello en la iglesia”. Y dijo: “Yo dejé mi iglesia, y ahora no sé qué hacer”.
8Yo dije: “Yo le aconsejaría que regresara de nuevo a su iglesia”. Dios no está sacando a la gente de sus iglesias, Él está llamándolos a Sí mismo, para unirnos.
9Sabemos que en una ocasión la gente del Evangelio Completo era considerada un montón de fanáticos. Vivíamos en el callejón, en cualquier parte que podíamos conseguir un lugar para predicar. Y… Pero ahora, el cabello de Sansón ha crecido, y han llegado a unirse. Mientras ellos estaban divididos en diferentes denominaciones y tenían un prejuicio religioso, bueno, Dios no podía lidia con la gente. Pero ahora que esa pared intermedia ha sido rota, y nos hemos juntado como una unidad, es la Iglesia más poderosa sobre la faz de la tierra.
10Y ¿saben?, la mayoría de los cuadros famosos antes de que sean colgados en un salón de fama, tienen que pasar primero por el salón de los críticos, y tiene que pasar por los críticos. Entonces después que pasa por los críticos, es cuando puede ser colgado en un salón de fama.
11Ahora, yo pienso que esa es nuestra iglesita. Ha pasado por toda la crítica, ha sido llamada de todo nombre negro y feo. Pero yo pienso que Dios va a colgarla en el salón de la fama una mañana de éstas y va a levantarla, y yo quiero estar con ellos cuando ellos suban.
12No se olviden de orar por mí. Y cuando estén orando, y siempre que se acuerden de mí, canten: “Sólo creed.” ¿Lo harán? Ese es mi canto favorito. Es un… Paul Rader escribió ese canto. Él era un amigo mío. Y cierta noche lo estaban tocando al entrar a la iglesia. Yo ni siquiera sabía que él había escrito ese canto. E inmediatamente después que el Ángel del Señor me había visitado. Y algo me tocó. Y desde entonces ha sido el tema musical de la campaña: “Sólo creed”.
13Si yo tuviera que irme y ser sepultado antes de que Jesús venga, está arreglado que cuando sea colocado debajo del polvo, pues, que ellos canten: “Sólo creed, todo es posible”. Si Uds. se enteran que me voy en esa hora, sólo deténgase en algún lado y recuérdeme. Tararee para sí mismo: “Sólo creed”. Porque yo creo que algún día saldré de nuevo.
14Nosotros vamos hacia una cámara oscura, una cámara de muerte. Cada uno entra a esa cámara. Y cada vez que nuestro corazón late nos acercamos un paso más. Algún día, yo debo entrar a esa cámara. Y cuando llegue al último latido del corazón, yo no quiero entrar allí como un cobarde; yo quiero envolverme en Su justicia; colocarla alrededor de mí y entrar a esa cámara, sabiendo que lo conozco a Él en el poder de Su resurrección. Y cuando ellos... el Ángel clame, la Voz, la trompeta suene, yo quiero salir de entre los muertos.
15Espero verlos a todos Uds. allí. Cómo me gustaría tomarlos a cada uno en esta noche, sentarnos y conversar con Uds. por horas. Es casi imposible que yo haga eso, pero haré una cita con Uds., y por la gracia de Dios, la cumpliré. Si Uds. la hacen conmigo, algún día cuando esto se termine, sentémonos allá junto a los ríos de la Vida, donde conversaremos mil años el uno con el otro, y hablaremos de las cosas antiguas.
16Yo creo que eso va a estar allí. Yo creo que va a ser real, tal como lo dice la Biblia. Y no tendremos menos tiempo. Entonces cuando comience a conversar con todos Uds., tendremos la misma cantidad de tiempo, y será un tiempo glorioso. Y estamos esforzándonos, luchando por llegar a ese lugar.
17No deseo tomar mucho de su tiempo, pero antes de salir de aquí, me gustaría decir unas palabras. Yo estaba pensando hace unos momentos cuando llegué, algunos de mis amigos de Arkansas y de diferentes partes del país, han venido a despedirnos mañana. Y ciertamente estoy agradecido por eso. Veo a una dama aquí en el piano. Estuvo en un servicio cuando yo estaba predicando, o tratando de predicar. Yo no soy un predicador pero yo... Ella recibió el bautismo del Espíritu Santo en el servicio. Y así que me contenté de verla. Y el Hermano Moore me dijo que habían varios aquí de diferentes partes del país. Y estamos agradecidos por eso. Espero regresar algún día nuevamente con todos Uds.
18Ahora, en el libro de San Lucas, capítulo 2, deseo leer unas cuantas palabras. Quería llegar un poquito temprano y hablar un poco más, pero creo que debemos leer la Palabra de Dios en cada servicio. Vean, mis palabras fallarán, como todos los mortales, pero la Palabra de Dios no puede fallar. Es duradera y veraz por siempre.
19Y voy a hablarles un poquito antes de formar la línea de oración, San Lucas capítulo 2, comenzando con el versículo 25.
20Cuando veo la Biblia… tengo una Biblia Scofield aquí de letra pequeña. Mientras todos Uds. abren en el capítulo; me hace sentir muy feliz el ver la Biblia y poder leerla.
21Una vez estuve prácticamente ciego. Tenían que guiarme. Se me había ido la vista. Yo usaba unos lentes grandes y gruesos. Y en un momento mis ojos cambiaron de la ceguedad a la vista, y puedo... Mis ojos tienen 20 x 20. Y yo puedo leer la letra de un periódico a cinco pies de mí. Eso fue la gracia de Dios que hizo eso.
22Si el mundo entero lo dudara, yo todavía lo creería con todo mi corazón. Si yo orara por diez mil personas en ultramar, o aquí, y todos los diez mil murieran después de que orase por ellos, yo aún diría que la sanidad Divina es correcta. Es la palabra de Dios. Y si yo le predicara a diez mil, y todos ellos murieran, y estuvieran muertos por veinte años y regresaran de nuevo y dijeran que no hay tal cosa como Dios, que no hay eternidad, y que Jesús no era el Hijo de Dios, y si yo estuviera muriendo, yo diría: “Déjenme irme con Él, yo tomo mi barca”. No importa lo que alguien más dijera, yo creo en Él con todo mi corazón. Eso es correcto. Yo le creo a Él. En el versículo 25, leemos la adoración de la profecía de Simeón. Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, despides a Tu siervo en paz, Conforme a Tu Palabra; porque han visto mis ojos Tu salvación. Vamos a inclinar nuestros rostros por un momento para orar.
23Nuestro Padre celestial, mientras venimos a Tu Presencia en este momento, dedicándonos a nosotros mismos y a este edificio, y todo lo que está aquí para Tu servicio en esta noche, sabiendo que esta pudiera ser la última vez que algunos aquí llegaran a escuchar el Evangelio, o tendrían el privilegio de estar más en la iglesia; y esto pudiera probar el destino eterno de su ser. Así que ayúdanos, en esta noche Padre, a ser muy reverentes y fieles al Evangelio, y al llamamiento con que nos has llamado a este mundo. Y Te doy las gracias, Padre, en esta noche por el privilegio que tengo, de pararme delante de esta audiencia de gente.
24A menudo he pensado cómo es que yo apreciaría en mis manos, un plato que tuviese una gota de la Sangre de Tu Hijo. Pero en esta noche me doy cuenta que tengo algo mayor, en Su estima. Delante de mí está una compra de Su Sangre, que Él dio Su Sangre para que estos pudieran llegar a ser Suyos.
25Y Padre, es mi suerte en esta noche hablarle a estas personas. Así que pueda Tu Espíritu dirigir cada palabra. Y cuánto te agradecemos por la gracia de Dios, el saber que una vez fuimos extranjeros separados de Dios sin misericordia, sin esperanza. Cristo murió por nosotros en nuestro lugar, cargando los reproches y los pecados en Su propio cuerpo, y sabiendo que algún día Él ha de venir. Nosotros no sabemos lo que hemos de ser, pero sabemos que tendremos un cuerpo como el Suyo; porque le veremos tal como Él es. Y Padre, ese será un cuerpo glorificado, libre de enfermedad, tristeza, congojas y muerte. ¡Oh, nuestros espíritus gimen por esa liberación!
26Y ayúdanos en esta noche, Padre, a medida que seguimos en la jornada, sabiendo que Tú has provisto un camino para que el enfermo pudiera ser sanado, y el perdido pudiera ser salvo. Y mientras estamos reunidos aquí, como mortales con destino a la eternidad, ayúdanos a poner nuestra mira en las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Concédelo, Padre. Y que el Ángel de Dios, Quien me ha guiado a través de mi vida, me ha alimentado desde que nací, esté aquí en esta noche para sanar a los enfermos y afligidos. Porque lo pedimos en el Nombre de Tu amado Hijo, Jesucristo. Amén.
27Sólo como un texto, si debiera llamarlo así, deseo hablar por un momento o dos sobre la palabra: “Expectativa.”
28Nosotros siempre obtenemos lo que esperamos. Cuando la gente espera algo, bueno, entonces ellos normalmente obtienen lo que esperan. Es la actitud mental que Ud. tenga.
29Recuerden esto, y nunca lo olviden: la actitud mental correcta hacia cualquier promesa de Dios la traerá a cumplimiento, la actitud mental correcta hacia cualquier promesa de Dios.
30No se necesitan dones de sanidad para sanar a los enfermos, cualquier persona aquí tiene derecho de enfrentar a satanás en cualquier parte (si Ud. es Cristiano), y vencerlo en cualquier terreno en que él pudiera pararse.
31Cuando Jesucristo estuvo aquí en la tierra, y en Él habitó la plenitud de la Divinidad corporalmente, todos los grandes poderes de Dios estaban en Su Hijo, Cristo Jesús. Porque la Escritura nos dice que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo. Todas las cosas le fueron entregadas a Él, aunque Él no hablaba nada, sino lo que el Padre le decía. Él no sanaba a nadie que Él primero no viera sanado. Porque Él dijo: “De cierto os digo, que el Hijo no puede hacer nada de Sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre.” Eso fue San Juan 5:19.
32En San Juan 5:1, Él pasó junto al estanque de Betesda, y había grandes multitudes de cojos, mancos, ciegos, paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Y cuando las aguas eran agitadas, entonces la primera persona que se metiera al agua, por fe, recibía sanidad. Ellos tenían que creerlo. Y entonces, la virtud del Ángel entraba en la persona, y eran sanados. Y entonces la gente esperaba otro tiempo, quizá una semana o dos, un mes o dos. Y ellos permanecían allí, grandes multitudes de personas.
33Jesús pasó por allí y vio a un hombre, no era paralítico, sino con una enfermedad por treinta y ocho años. Y Él dijo: “¿Quieres ser sano?” Y Él dijo: “No tengo a nadie que me meta al agua.” Él dijo: “Toma tu lecho y vete a la casa.”
34Y era día de reposo aquel día, pero el hombre levantó su cama y obedeció. Y cuando fue interrogado por los Judíos, en el versículo 19 del mismo capítulo, los sacerdotes de aquel día, Él dijo: “El hijo no puede hacer nada en Sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre”.
35Lo que va a suceder siempre es visto anticipadamente por los dones del Espíritu. Es la revelación de Dios que es dada a conocer. Y por lo tanto, uno únicamente actúa y dramatiza lo que uno ya ha visto suceder.
36Mucha gente se confunde a veces con los dones y llamamientos. Los dones y llamamientos son irrevocables. Dios preordena esas cosas y las envía a la tierra. Y luego vindica que son.
37Aquí no hace mucho, una persona se me acercó. Ahora... Y muchas veces ellos lo hacen, y dijo: “ASÍ DICE EL SEÑOR, el Señor dijo: ‘Has esto’. Si tú no vas a un cierto lugar, o una cierta cosa, y haces una cierta cosa, el Señor va a castigarte y a quitarte este don.”
38Ahora, eso no es verdad. Eso no es verdad. Los dones y llamamientos son irrevocables. Hay espíritus que están en la iglesia. Eso es verdad, tales como dones de profecía, sanidad y así sucesivamente. Pero ellos están en el cuerpo entero. Ellos pudieran caer sobre una persona en esta noche (una profecía), y quizá no caiga más nunca en aquella persona; pudiera estar en algún otro lado en el cuerpo. Y esos espíritus deben ser juzgados: “Que uno hable y que dos o tres juzguen”, dijo Pablo.
39Ahora, esos son los espíritus de los dones que están en la iglesia. Pero la única persona que tiene derecho a decir: “ASI DICE EL SEÑOR”, es un profeta vindicado. Ud. nunca ha visto a alguien juzgar a Isaías, o a Jeremías o a esa gente. Ellos eran profetas, preordenados y nacidos en el mundo para ser profetas. Y ellos veían la cosa de antemano por medio de una visión, y entonces decían: “ASI DICE EL SEÑOR” porque el Señor ya lo había dicho.
40Así que lo que la iglesia necesita hoy es una enseñanza chapada a la antigua del Evangelio. Eso es correcto. Para saber en dónde ellos están... No me refiero simplemente a una enseñanza educada; me refiero a una enseñanza espiritual. Algunas personas hablan de Dios y no conocen nada de Él. Uds. no... Vean, Uds. deben ir a fondo y lidiar con el verdadero espíritu en sí, ¿ven Uds.?, para saber de lo que Uds. están hablando.
41Y ahora, Simeón era un hombre, un gran hombre, dirigido por el Espíritu Santo. ¿Creen Uds. en ser dirigido por el Espíritu Santo? Ciertamente. Todos nosotros los Cristianos creemos que el Espíritu Santo nos dirige.
42Y Simón era un gran hombre. Él era un hombre honorable, un sacerdote; y se nos dice que tenía como ochenta años. Y él permaneció en el templo.
43Y recuerden, su nombre tenía mucho prestigio, al ser un sacerdote, un maestro allí en Israel. Pero le fue revelado por el Espíritu Santo, de que él no iba a ver muerte hasta que primero viera al Cristo. Y él no tenía miedo de hacerle esa declaración a toda la gente. No importa cuál fuera su nombre, o su prestigio, o su título, el Espíritu Santo le había revelado que él no iba a ver muerte hasta que primero viera al Cristo.
44Ahora, fíjense. Nadie había visto nunca a Cristo. Se había hablado de Él desde el mismo amanecer del tiempo, desde el principio en el huerto del Edén. Y cuatro mil años habían pasado, y todos los grandes hombres habían esperado que Él viniera a la tierra. La corriente sanguínea Judía, (creo que es la más pura que hay sobre la tierra en esta noche), estaban esperando que viniera el Mesías. Y ellos esperaban que ese Niño naciera. Ellos lo estaban esperando.
45Así que, por lo tanto, todos ellos habían esperado. Pero Simeón tuvo una revelación del Espíritu Santo, de que él no iba a ver muerte hasta que primero viera a Cristo. Él no iba a morir hasta que viera a Cristo. Y él les dijo a todos que eso era lo que iba a suceder. No tenía miedo de que no sucediera, él sabía que si el Espíritu Santo se lo había dicho, tenía que suceder.
46Cuando Dios le dice algo a Ud., eso es ciertamente la verdad. Ud. no puede alejarse de eso, y tiene que suceder.
47Alguien dijo: “Hermano Branham, ¿No tiene Ud. temor de cometer un error cuando alguien viene a la plataforma y que Ud. les diga la enfermedad incorrecta?” No, señor. “¿No tiene Ud. temor...?”
48Aquí el otro día, un hombre fue arrestado en el Sur por decirle a un hombre que él había vivido infiel a su esposa, y demás, y fue arrestado, porque era un cuento. Claro, si es un cuento, cualquier cosa puede suceder. Ud. está obrando en sí mismo. Pero cuando Ud. se para bajo la Divina promesa de Dios, no hay temor en Dios. Eso es correcto. Tiene que ser. Es perfecto. Nunca ha fallado, y nunca fallará, porque Dios no puede mentir.
49Ud. únicamente puede creerle a Dios cuando Él habla y le dice, entonces Ud. actúe en base a lo que Él le diga que haga.
50Ahora, este sacerdote no se avergonzaba de decirle a la gente que él creía que Cristo iba a nacer, y que él le vería antes de morir.
51Ahora, noten. Cuando Dios le hace una promesa a Ud., Él la cumplirá. Ud. no tiene que tener miedo de que Él no cumpla Su Palabra, porque Dios cumplirá Su Palabra. Eso es verdad. Ud. simplemente debe confiar en Él.
52Y entonces yo me fijo en esto: Oh, cuando Jesús nació en aquel entonces, pues, allá... Ellos no tenían la radio ni la prensa, así como la tenemos hoy. La forma que ellos tenían para llevar un mensaje, era simplemente de boca a oído.
53Y ocho días después, María trajo al niñito Jesús al templo para hacer según la costumbre de la ley: ofrecer tórtolas, o palominos si ellos eran pobres, y demás cosas con que debían hacer el sacrificio, para la purificación de ella.
54Y noten, todo esto me conmueve cuando pienso en ello. Ahora, Simeón, probablemente estaba en un cuarto de oración allá en alguna parte, o fuera del templo. Y quizá esa mañana, diríamos que había probablemente cincuenta niños, haciendo la fila para ser circuncidados.
55Pero fíjense, exactamente cuando María trajo a Jesús, el Espíritu Santo le habló a Simeón en algún otro lado, afuera. Y él fue dirigido por el Espíritu Santo directamente al Niño Cristo. Entró en ese mismo instante, lo levantó en sus brazos y dijo: “Señor, permite que Tu siervo se vaya en paz, porque he visto Tu salvación”. ¡Piensen en eso!
56Ahora, él tenía la promesa. Y ¿no es extraño, que si el Espíritu Santo le dio esa promesa, y cuando la promesa vino, el Espíritu Santo dirigió a Simeón (el que tenía la promesa), directamente hacia ella? ¿Ven cómo lo hace Él?
57Ahora, yo no creo que haya nadie aquí… ¿Cuántos aquí están enfermos en esta noche, y quieren que se ore por Uds.? Veamos sus manos por todo el edificio. Yo no creo que Ud. venga para que lo vean. Yo no creo que Ud. venga para criticar. Yo creo que Ud. viene porque Ud. está esperando ser sanado, y Ud. cree en sanidad, ¿no es cierto? Ud. cree en sanidad Divina. Y la razón misma que Ud. cree en sanidad Divina, es porque hay algo en Ud. que hace que Ud. crea en sanidad Divina.
58Y ¿no es el mismo Espíritu Santo en esta noche, si Él prometió que enviaría estas cosas en los últimos días? ¿Prometió Él que enviaría esto en los últimos días?, “y acontecerá en los últimos días”, dice Dios. Cómo es que Él prometió en San Marcos 16: “Id por todo el mundo…”, eso es Nueva York. ¿Ven? “Predicad el Evangelio a toda criatura. Estas señales seguirán a los que creen” Él lo prometió. Y entonces Él prometió la lluvia temprana y la lluvia tardía. Y estamos viviendo ahora, hemos estado por años, bajo la lluvia tardía.
59Y justo antes de que Dios cortara la relación con los Judíos, Él puso nueve dones espirituales dentro de la iglesia. Y un poco antes de que la edad gentil se termine, Él está restaurando de nuevo en la iglesia esos nueve dones espirituales, dándole a la iglesia gentil su último llamado antes de regresarse a Israel.
60Y ahora en esta noche, siendo que estos dones fueron prometidos, y Ud. está enfermo, ¿No cree Ud. que el Espíritu Santo le guió aquí en esta noche así como guió a Simeón hacia Jesús cuando Él vino? El mismo Espíritu Santo guiando… El mero hecho que Ud. crea en sanidad, demuestra que hay algo ahí atrás que le hace creer en sanidad.
61Vean esto: antes de crearse un deseo en su corazón, tiene que haber un Creador que cree esa creación. ¿No es correcto eso? En otras palabras, es como esto: antes de que hubiera una aleta en el pez, tenía que haber agua primero para que él nadara, o él no hubiera tenido aleta. ¿Entienden lo que quiero decir?
62Antes de que creciera un árbol en la tierra, primero tenía que haber una tierra donde crecer, o no hubiera habido ningún árbol.
63Y si Ud. tiene un deseo en su corazón de ser sanado por medio de la sanidad Divina, tiene que haber una Fuente de sanidad en alguna parte, o ese deseo no estaría en su corazón.
64Si hay un deseo de adorar a Dios… aun los Hotentotes e Indios de hace años, ellos adoraban objetos, porque la misma creación de adoración estaba en su corazón, y ellos adoraban algo. Ellos adoraban algo como su creador. Y eso mostraba que había un Creador que adorar en alguna parte, un Dios. Si hay hambre en su corazón por más de Dios, tiene que haber más de Dios en algún lado para que Ud. encuentre.
65Mi madre solía tener una superstición. Los niñitos que yo… tuvo diez de nosotros. Y cuando los pequeños agarraban la costumbre de lamerse los labios, ella decía que querían algo. Y ella quizá les ponía compota en los labios. Eso no funcionaba. Quizá les ponía un poquito de miel, y eso no funcionaba. Quizá un poco de sandía, y no funcionaba. Pero después de un rato, cuando ella encontraba ese algo que ellos querían, pues, ellos dejaban de lamerse los labios.
66Bueno, eso pudiera haber sido una superstición. Pero cuando hay un hambre en el corazón del ser humano por algo, tiene que haber Algo creando esa hambre allí.
67En otras palabras, David dijo: “Cuando un abismo llama a otro abismo…” Y cuando hay un abismo llamado, debe haber un abismo que responda en algún lado. Y si hay un abismo clamando por más de Dios para sanidad, tiene que haber una fuente de sanidad y el poder de Dios en alguna parte para responder. ¿Creen Uds. eso? Con todo mi corazón, yo sé que esa es la verdad. Y mientras nosotros clamamos, y hay algo dentro de nosotros que nos dice que hay una tierra al otro lado del río.
68Yo enterré a mi esposa y a mi niñita hace unos quince años, y parado junto a la tumba, cuando parecía como que todo lo que estaba a mi alrededor, toda mi familia se había ido. Y ellos estaban rociando flores sobre el ataúd de la niñita, murió unas horas después que su madre. Y mi corazón estaba quebrantado; parecía como que yo no podía soportarlo más. Escuché al ministro decir: “Cenizas a las cenizas, polvo al polvo y tierra a la tierra…” Y parecía como que una brisa bajaba través de los árboles, y decía: Hay una tierra más allá del río. Que nosotros llamamos el dulce para siempre, Nosotros solamente llegamos a esa ribera mediante la fe; Uno a uno llegaremos al portal, Para allí morar con los inmortales, Algún día sonarán las campanas de oro para ti y para mí.
69[Espacio en blanco en la cinta—Ed.]… algo llamando, un abismo. Hay un lugar mayor, una tierra mejor. ¿Ven lo que quiero decir? Estoy esperando que eso esté allí. Estoy esperando que Dios… Hace unos momentos, cuando estaba orando en el cuarto antes de entrar al edificio, pareció como que Algo vino sobre mí que dijo que algo iba a acontecer aquí esta noche, una gran sanidad espontánea. Yo estoy esperando eso. Dios ha…
70Diré esto osadamente a Uds. los pastores. Uds. se darán cuenta que al menos del sesenta al ochenta por ciento de cada persona enferma en este edificio serán sanados en la próxima hora. Vean, si eso no es correcto, Uds. pueden catalogarme como un falso profeta. Yo sé de lo que estoy hablando. Eso es correcto.
71Ahora, yo lo creo. Yo oré y le pedí a Dios que se moviera sobre la gente en este servicio, y de alguna forma… porque únicamente llego a algunos. Pero le pedí al Padre que si Él sólo… Y cuando estaba orando, Algo vino suavemente sobre mí. Supe entonces que Dios iba a contestar mi oración. Yo no sé qué sucederá, pero habrá algo que sucederá, que lo hará. Quiero que estén constantemente en oración.
72Ahora, noten. Cuando Ud. espera algo, Simeón estaba esperando que Jesús viniera mientras él estaba vivo. Él estaba esperándolo, y Dios lo recompensó por su fe. Yo estoy a la espera de que Dios sane completamente al menos del sesenta al ochenta por ciento de la gente aquí en esta noche, antes de que termine este servicio. Yo lo creo con toda mi alma. ¿Ven? Yo estoy esperando eso.
73Daniel esperó que Dios lo liberara de la cueva de los leones. Los hijos hebreos cuando ellos entraron al horno ardiente, ellos dijeron: “Nuestro Dios es capaz…” Ellos estaban esperando que Dios los liberara. Y ellos dieron el último paso del camino antes de que Él viniera, pero Él siempre está allí en el último extremo. Jesús viene en las horas más oscuras, entonces Jesús viene. Ellos lo esperaban.
74La mujer con el flujo de sangre estaba en expectativa. Si ella podía tocar el borde de Su vestidura, eso terminaría. Cuando ella tocó el borde de Su vestidura, su expectativa se vio realizada. Si Ud. viene en esta noche esperando ser sanado, Ud. va a ser sanado. Si Ud. viene en esta noche esperando encontrar algo para criticar el servicio, Ud. ciertamente lo encontrará. Ud. consigue lo que viene a buscar. Eso es correcto.
75Noten. El ciego Bartimeo, él estaba en expectativa. Si él podía llegar a Jesús, o atraer Su atención, sería sanado. Así que ellos trataron que él se calmara, pero él clamaba aún más: “Hijo de David, ten misericordia de mí”, porque él sabía que si podía llamar la atención de Jesús hacia él, porque él esperaba que Jesús lo sanara.
76Si Ud. espera ser sanado en esta noche, Ud. será sanado. Cualquiera que sea su expectativa…
77El sólo pensar en las experiencias de mi vida personal... Voy saliendo dentro de un rato para cruzar a otro país. Y voy a decirles una cosita. Hay cosas que van ligadas a esto, amigos, que nadie sabe al respecto. Eso es correcto. Yo no le digo a la gente todo lo que Dios dice. Cada uno tiene eso en su propia vida. Eso es asunto privado entre Ud. y Dios.
78Pero esto ha sido una cosa gloriosa si yo nunca regresare. Yo creo que Dios ha vindicado y probado que yo le he dicho la verdad a la nación si yo no regresare nunca. Eso es correcto. Él lo ha probado científicamente. Y Él ha probado una y otra vez que yo he dicho la verdad. Ese Espíritu dirige. Él hace cosas que… Muchas veces en el cuarto, estoy allí orando y veo cosas que van a acontecer en los servicios y llamo a mis directores, los junto y les digo cosas que van a suceder en el servicio horas antes de que sucedan, a veces semanas antes de que sucedan. Y ciertas cosas… no que yo lo sepa, pero Dios me lo muestra, y yo sé que tiene que ser así. Yo lo creo.
79No hace mucho aquí en Fort Wayne, estábamos teniendo una reunión, una reunión maravillosa allí donde Paul Rader predicaba, B. E. Redigar, muchos de Uds. conocen a esos ministros de fama nacional e internacionalmente. Y yo estaba sentado en el cuarto cuando ellos estaban cantando: “Sólo creed” en el mismo cuarto en el que Paul Rader escribió ese canto, hace unos meses. Y nosotros nos estábamos hospedando en el hotel Indiana. Muchas veces, ellos no dejan que la gente sepa donde estoy.
80Ahora, eso es lo que es difícil para mí, tener que pasar a través de la gente que yo sé que me ama, y yo simplemente… Mi corazón clama por ellos. Pero uno… Hay tantos. Eso acaba con mi vida. Es… Algunas veces cuando esas vibraciones aparecen aquí en la mano, observen Uds. a mi hermano y a ellos. Ellos me vigilan. Ellos saben que cuando yo no puedo más, ellos me agarran y me sacan rápidamente de la plataforma. A veces, amigos, me desmayo completamente, y ellos me llevan a pasear por la ciudad quizá por dos o tres horas tratando de que yo vuelva en sí. Eso agota tanto mis fuerzas.
81Ud. pudiera pensar que eso es extraño. Ud. pudiera pensar que eso es raro para algo como eso, un don, pero eso jala de uno. Eso saca de uno. No es como predicar el Evangelio o simplemente poner las manos sobre los enfermos, es un Ser Divino obrando a través de un cuerpo mortal. La mano se me ha hinchado al grado que la meto en agua caliente por prácticamente una hora para que vuelvan las sensaciones, debido a las vibraciones de esos cánceres terribles y cosas, cómo ellos trabajan. Y casi nadie sabe esas cosas. Mis directores y demás lo saben.
82Pero recuerdo que en esa reunión, ellos habían descubierto donde yo estaba quedándome. Y al siguiente día, bueno, era patético ver a la gente.
83Me acuerdo que en una reunión en… en otra reunión donde estaba, tuve una noche de servicio, allá en Missouri en una ciudad muy grande. Y mientras salía del auditorio, era pequeño, casi como la audiencia en esta noche. Y subí al tercer piso. Caminé del auditorio hacia el tercer piso del hotel, estaba recostado durmiendo un poquito con mi ropa puesta, encima de la cama. Y debía encontrarme con mi esposa al siguiente día en Poplar Bluff, y tenía una transmisión radial y tenía que seguir hacia Arkansas.
84Y recuerdo que mientras estaba allí como por diez minutos, escuché alguien tocar la puerta. Y cuando fui hacia la puerta, era el gerente del hotel. Él dijo: “¿Es Ud. el reverendo Branham?”. Yo le dije: “Sí, señor”. Él dijo: “Bueno, Señor Branham, Ud. tendrá que irse del hotel”. Le dije: “Bueno, ¿Qué es lo que he hecho, señor?”.
85Él dijo: “Bueno, nosotros no podemos permitir esto alrededor del hotel”. Y él abrió la puerta, y amigos, había como cuatro líneas de oración viniendo desde la puerta hacia el vestíbulo, y yendo hacia la calle con gente que había seguido allí. Y yo miré hacia allá. Él dijo… Yo dije: “Bueno, yo no sé qué hacer, señor”. Él dijo: “Váyase por la salida de emergencia, y yo bajaré y le llamaré un taxi. Él vendrá por el callejón y lo recogerá”.
86Y bajé allí, y estaba nevando. Miré hacia fuera y vi a esas madrecitas allí sosteniendo cosas sobre sus bebés para evitar que esa nieve le cayera con sus rostros, y gente con bastones, temblando de parálisis. Yo simplemente no podía pasar por ahí.
87Salí allí a la calle y comencé una línea de oración. Me volteé y la calle comenzó a llenarse de gente. Y el Señor sanaba, y arrojaban las muletas y cosas, y se iban corriendo. Y los policías estaban todos allí dirigiendo el tráfico. Tuvimos un tiempo glorioso allí, porque la gente creía que serían sanados.
88Ahora, en Fort Wayne, ellos encontraron el hotel donde estábamos, el hotel Indiana. Y entonces en esa noche comenzamos a bajar. Nosotros sencillamente no podíamos salir. La gente se había congestionado tanto. Era horrible. Y entonces tuvimos que quedarnos tres días más.
89Mi hermano contrató al botones, y él le dijo por dónde deberíamos bajar, pasando por el cuarto de horno y salir hacia el callejón. Eso era algo difícil de hacer. Pero ellos me llevaron por ahí para ir a los servicios; a mi esposa y a una de las enfermeras de la clínica Mayo que fue sanada de cáncer, y estaba con nosotros.
90Así que, ellos estaban llevándome a desayunar, y yo había estado comiendo en un pequeño lugar llamado Toddle House, creo que era. Y… No, era Hobb´s House. Y una mañana, íbamos, la segunda mañana, me había quitado el abrigo y estaba caminando por la calle cargando mi niñita. Y de repente, el Espíritu Santo descendió. ¿Creen Uds. en ser guiados por el Espíritu? Y le pasé la niña a mi esposa, y ella dijo: “¿Qué pasa querido?” Le dije: “El espíritu Santo me está guiando”
91Y yo sentí al Ángel del Señor…Uds. han visto la fotografía. Eso sencillamente descendió. Y uno sólo hace lo que Él le dice. Y yo pensé que íbamos a ir directamente al Hobb´s House, que estaba como a una cuadra de ahí, y el Espíritu del Señor me dijo: “Voltea a tu izquierda”. Y yo fui ahí y simplemente seguí caminando. Ellos me estaban siguiendo. Y paré en un lugar que decía: “Cafetería Miller”. Y bajé al sótano, donde estaba la cafetería. Y justamente… Creo que compré unas ciruelas y pan tostado, y me había sentado a comer. Y escuché que alguien dijo: “¡Alabado sea el Señor”! Miré, y una dama se levantó, las lágrimas le bajaban por las mejillas. La Sra. Morgan (la enfermera) dijo: “¿Ve? Ya lo localizaron”. ¿Ven?
92Y yo dije: “Esperen un momento”. La dama se acercó y dijo: “Hermano Branham, yo lo he seguido de reunión en reunión”. Ella dijo: “Yo tengo un hermano aquí. Su corazón está partido en el diafragma”. Dijo: “No hay nada que pueda hacerse por él”. Dijo: “Él no puede vivir sino un poquito más”. Dijo: “Hemos vendido nuestros bienes para seguirle. Y hemos hecho todo lo que sabemos, para entrar a la línea de oración. Tenemos tarjetas, pero nunca fue llamado”. Y dijo: “Ya se nos acabó el dinero y todo”. Dijo: “Nosotros no podríamos hacer nada”. Y dijo: “Oré toda la noche, y esta mañana yo estaba arrodillada al lado de la cama en el hotel y me quedé dormida”. Y dijo: “Soñé que debería venir aquí a la Cafetería Miller a las nueve”. Miré mi reloj, y eran exactamente… [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]…
93¿Creen Uds. en ser guiados? Ese es el Espíritu Santo que guió a Simeón. Ahora esto es vida interior. Yo dije: “Traiga aquí a su hermano”.
94Bueno, en un momento el Señor lo había sanado. Él estaba llorando y clamando. Dijo: “Nunca me sentí así desde que era un muchacho”. Salió del edificio, y yo me senté de nuevo a comer, y Algo me levantó. Salí, mi esposa y los demás me siguieron. Tan pronto salí por la puerta, escuché a alguien decir: “Oh, gracias a Dios”. Era una mujercita vestida de negro. Ella se arrodilló en la calle y comenzó a llorar. Y yo dije: “Póngase de pie, hermana”. Y ella se paró y dijo: “Hermano Branham”. Ella era de Chicago. Ella dijo: “Tengo cáncer en el pecho, me he esforzado por llegar hasta Ud., en todos lados. Dijo: “No pude hacerlo”. Y ella dijo: “Esta mañana, empecé a comer, y estaba llorando, porque tengo que regresar a casa”. Y dijo: “El Espíritu del Señor dijo: ‘Ve y párate enfrente de la Cafetería Miller a las nueve y diez’”.
95Allí estaba. El otro día la encontré aquí en Arkansas, estaba gritando. Hace unas semanas. Dijo: “Todo ha desaparecido y se ha ido”.
96Y yo seguí caminando por la calle. Mi esposa dijo: “¿No vas a comer?” Yo dije: “No, el Espíritu del Señor está guiándome”.
97Y seguí para cruzar la calle. Y comencé a cruzar hacia la farmacia para comprar unos libritos para colorear. Teníamos que mantener a la bebé encerrada (una niñita de tres años de edad) en el cuarto todo el día con nosotros, debido a que paso mi tiempo en oración. Así es como yo conozco esas cosas, orando y orando.
98Y mientras comenzaba a cruzar la calle, Algo dijo: “¡Detente!”. Yo dije: “¡Oh, vaya!” Me di la vuelta. Mi esposa dijo: “¿adónde vas?”
99Yo dije: “Todos Uds. sigan para el hotel. Él tiene algo más para que yo haga”. Y yo me regresé a la esquina para mirar algunas cuerdas de pescar. A mí me gusta pescar y demás. Regresé allí, vi que no había nadie mirándome, y volteé la cabeza y dije: “Padre, ¿qué quieres que haga?”. Y me quedé parado allí. Ahora, no fue que me lo imaginé, yo oí una Voz que dijo: “Ve a la esquina”.
100Fui a la esquina, al otro lado de la calle. Y me quedé allí, y comenzaron a sonar el silbato, y el tráfico cruzaba la calle, y ellos caminaban allí con las luces. Y me quedé allí como por diez minutos. Y seguí parado allí. Después de un rato, el silbato sonó de nuevo, y el grupo de gente cruzó la calle tan ocupados como podían estarlo.
101Y noté que venía detrás de ellos una dama con un vestidito de cuadros. Tenía puesto un pequeño…Y llevaba una cartera en el brazo. Cruzó la calle y el Espíritu del Señor dijo: “Ve y acércate a ella.”
102Y yo caminé directamente hacia ella así, y ella pasó mirando hacia abajo, pasó cerca de mí. Ahora, yo pensé: “¡Qué extraño! Quizá Dios acaba de hacer algo ahí que yo no sabía.”
103Ella caminó como quince pies, se regresó y me miró así. Ella dijo: “¡Oh, Hermano Branham!” Y ella dijo: “¡Oh!...” Ella comenzó a golpearse así misma. Dijo… Oh, ella no sabía lo que había sucedido.
104Le dije: “¿Qué le pasa, hermana?”
105Ella dijo: “Yo soy de Canadá, he gastado cada centavo que tenía, y sólo me dan ciento cincuenta dólares, tengo una mano seca.” Y ella dijo: “Yo dormí en un vestíbulo anoche, y tenía cinco centavos para tomar un café esta mañana.” Y dijo: “Yo iba salir aquí a la carretera a pedir un aventón para regresar a casa.” Una mujer joven como de treinta años de edad. Ella dijo: “Y yo iba aquí como a dos cuadras, y Algo me dijo: ‘Cruza por aquí’”.
106¡Oh, hermano! Allí estaba. Yo dije: “Estire la mano, hermana.” Y la mano se le enderezó. Y ese enorme policía irlandés estaba parado allí mirando. Él dijo: “Yo lo conozco a Ud. Hermano Branham.”
107Y aquí vino él corriendo. ¡Vaya!, se formó un grupo de gente allí. Ellos tuvieron que formar un grupo para escapar. Todo el mundo alrededor, un servicio de sanidad. El Señor obrando.
108Dios guía. ¿No creen Uds. eso? Eso es correcto. No hace mucho tiempo aquí, viniendo de un servicio, yo iba saliendo. Esto sucedió en Camden, Arkansas. Yo iba saliendo del servicio. Y vean cómo lidia el Señor.
109Primero, antes de quitarme mi uniforme, yo era guardabosque del estado de Indiana hace tres años. Y antes de que me quitara mi uniforme, el Señor me había llamado, y me había aparecido, el Ángel del Señor. Y yo les he contado a Uds. cómo sucedió eso.
110Y yo fui, mi niñita apenas había nacido. Fui a comprarle algunas de esas tapas de biberón para su té de calaminto, o lo que fuera. Y yo tenía mi cheque de veintiocho dólares que iba a cobrar. Y entré a… Y el autobús se detuvo allí en la calle Spring, en la pequeña ciudad donde viví. Noté que un hombre actuando extrañamente se bajó, y me miró. Yo entré a la farmacia y cambié mi cheque, y compré las tapas para los biberones y regresé. Y al empezar a salir a la calle, alguien puso sus manos sobre mí. Yo me volteé y él dijo: “Señor, ¿Es Ud. un oficial?” Y yo dije: “Sí señor, yo trabajo para la Conservación de Indiana.” Él dijo: “Viendo que Ud. era un oficial, yo quería hacerle una pregunta.” Yo dije: “Sí, señor.” Y él dijo: “Será mejor que le diga a Ud. primero.” Él dijo: “Yo he estado mal de salud por dos años.”
111Y el Ángel apenas me había aparecido como cuatro o cinco días antes de eso y me dijo acerca de esto. Y él dijo… o acerca del don. Y él dijo: “Yo vivo en Padukah, Kentucky”. Dijo: “Anoche tuve un sueño extraño”. Él dijo: “Vi un Ángel descender del cielo. Y Él bajó y me dijo que viniera a esta ciudad de Jeffersonville, y que preguntara por alguien llamado Branham, para que ore por mí.” Dijo: “¿Sabría Ud. a dónde hay tal persona aquí, alguien llamado Branham?”
112¡Oh, hermano!, sentí como que mi corazón era así de grande. Y yo dije: “Mi madre tiene una pensión a la vuelta de la esquina.” Él dijo: “¿Ud. es…?” Yo dije: “Mi madre.” Él dijo: “¿Su nombre es Branham?”
113Y yo tuve que darle mis brazos, y yo… “Hermano, venga aquí a la esquina.” Y comencé a decirle lo que sucedió. Y él comenzó a llorar. Y nos arrodillamos allí en la calle, allí mismo en la calle y oré por él. Y cuando me levanté, la gente aguantaba a sus niños y se quitaban los sombreros en respeto allí en la calle. Y Dios se manifestó desde los cielos y lo sanó allí.
114Y unas semanas después, yo estaba saliendo de un edificio y oí a alguien gritar: “¡Misericordia, misericordia!.” Cuatro policías estaban sacándome de entre la multitud. Había miles presionando. Y la noche anterior, el Ángel del Señor entró directamente en el edificio donde yo estaba, descendió. Y había personas allí que eran paralíticas, cojos, ciegos, y de todo. Yo estaba tratando de explicar, haciendo que la gente lo creyera.
115Yo decía: “¿No pueden Uds. creer?” Decía: “Yo les he dicho la verdad”. Y dije: “Es la verdad.” Mi hermano pasando y diciéndome la hora. Yo sé que hablo demasiado. Eso es cierto. Pero yo los amo a Uds., y quiero decirles esto de todas maneras.
116Y había un… Al llegar allí al lugar, yo estaba hablando, contándoles acerca del Espíritu del Señor. Y casi en ese momento, entrando por la puerta de enfrente, allí vino Él. Yo dije: “Yo no tengo que hablar más. Aquí está Él por Sí mismo.”
117Y Eso vino directamente través del edificio de esa manera. Se movió en círculos alrededor de donde yo estaba, de esa manera. Y los ciegos, y los sordos, y mudos y todos los demás se levantaban y caminaban a través del edificio glorificando a Dios.
118Al siguiente día yo estaba siendo sacado por cuatro policías de la iglesia de donde estaba predicando. Comencé a salir del edificio y oí a alguien gritar: “¡Misericordia, misericordia, misericordia!” Y miré allí, y parado fuera de la multitud estaba un anciano ciego, de color, con un pequeño círculo de cabello blanco en la cabeza, con una cachucha, gritando: “¡Misericordia, misericordia!”
119Él no podía estar entre la gente blanca, por supuesto. Y él estaba gritando de esa manera. Y yo salí, y algo se movió y dijo: “Ve allá.”
120Y yo dije: “Vamos a donde está aquel hombre.”
121Y el oficial dijo: “Oh, Hermano Branham, Ud. no podría poner su mano sobre ese hombre.” Dijo: “Ellos lo arrestarían a Ud.” Dijo: “Ud. no puede hacer eso; Ud. está en Arkansas.”
122Yo dije: “Bueno, mire, pero el Espíritu Santo me dice que vaya allá…”
123Dijo: “Ud. provocaría un disturbio racial.” Dijo: “Ud. no puede hacer eso. Esto es el Sur.”
124Y yo dije: “Yo no puedo evitar dónde esté, el Señor me dice que vaya allí, y yo…”
125Ellos fueron conmigo. Y ellos hicieron un círculo alrededor. Y yo nunca me olvidaré. Escuché que su esposa dijo: “Querido, el pastor viene hacia ti, el pastor”.
126Y entonces salí, y llegué a donde él estaba. Y él dijo: “¿Es este Ud., pastor Branham?” Dijo: “¿Puedo tocar su cara?” Y puso sus manos temblorosas sobre mi cara. Yo dije: “Sí, señor.” Él dijo: “Pastor Branham, ¿Puede escuchar mi historia por un momento?” Dije: “Sí, señor. Siga adelante.”
127Y la gente trataba de abrirse paso, pero ellos los sujetaban por los brazos, los aguantaban. Y él dijo: “Pastor Branham” Dijo: “Mi anciana mamá tenía una religión como la que Ud. tiene”. “Religión como la suya”. Dijo: “Ella nunca me dijo una mentira en toda su vida”. Dijo: “Ella ya ha estado muerta por diez años.” Dijo: “Yo he estado ciego por casi ocho años”. Y dijo: “Anoche.” Dijo: “Yo nunca en mi vida había escuchado de Ud.” Y dijo: “Anoche como a las ocho”. Dijo: “Yo vivo como a ciento cincuenta millas de aquí”. Dijo: “Mi anciana mamá estuvo al lado de mi cama. Y ella dijo: ‘Querido hijo, ve a Camden, Arkansas y pregunta por alguien llamado Pastor Branham, y recibirás la vista’”.
128¡Oh, hermano! Yo solamente puse mis manos sobre su pobre y vieja cara arrugada. Yo dije: “Señor Jesús, yo no entiendo esto. Pero pido por su vista en Tu Nombre.”
129Y al quitarle la mano, amigos, Dios me juzgará en el tribunal del juicio. Y cuando le quité las manos, lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. Él dijo: “ ¡Querida, puedo ver!” Ella dijo: “ ¡Querido!” Ella comenzó a gritar y dijo: “¿Puedes ver?” Dijo: “Seguro, aquel carro que está allá es rojo.” Dijo: “Allí está el Pastor Branham.” Y él estaba gritando de esa manera. Y allí estaba él, perfectamente sano.
130Hace unos meses, al venir de Dallas, el avión no salió. Les diré esto antes de que me vaya. Fui detenido por un avión en Memphis, Tennessee. Me quedé toda la noche, y a la mañana siguiente nos llamaron y dijeron que el avión saldría a las nueve de la mañana.
131Y yo salí. Estaba contestando unas cartas, y fui a la oficina de correo, tenía mi maletín. E iba a la oficina de correos para enviar las cartas, e iba por la calle cantando ese cantito que cantan Uds. los pentecostales: “Estoy tan contento que puedo decir que soy uno de ellos.” ¿No es ese?, Algo que la gente canta por todos lados. Yo estaba tratando de cantar eso, Uds. saben. Y comencé a cruzar la calle, y algo me dijo: “Detente.”
132Y caminé de nuevo y vi que era el Espíritu del Señor. Retrocedí hacia la esquina de un banco y dije: “Padre, ¿Qué quieres que haga?”
133Él dijo: “Regrésate.” Me regresé, pasé junto al hotel, y seguí caminando, cantando: “Sólo creed, todo es posible…” Guiado por el Espíritu, llegué bien lejos cerca del río, y a unas chocitas de gente de color allí en el río. Y yo iba caminando hacia abajo. Él dijo: “Ahora dobla hacia tu derecha.”
134Yo iba bajando por una pequeña colina, así, una hermosa mañana, el sol estaba saliendo, las flores apenas estaban floreciendo en Memphis. El sol apenas se estaba asomando por encima de la colina, y había llovido la noche anterior, de modo que estaba todo hermoso allí en el Sur. Y miré, asomada allí sobre el portón a una típica mujer de color. Ella tenía una camisa de hombre atada alrededor de la cabeza. Ella estaba mirando por encima la puerta. Fui acercándome, haciendo [El Hermano Branham tararea--Ed.] yendo por la calle y mirando, preguntándome a dónde me estaba dirigiendo el Señor. Ella miraba, y había lágrimas sobre sus grandes y gordas mejillas. Ella dijo: “Buenos días, predicador.”
135Yo dije: “¿Cómo está, tiíta?” Eso me llamó la atención: “¿predicador?” Miré alrededor y dije: “¿Me conoce?” Ella dijo: “Sí, señor.” Y dije: “¿Sabe mi nombre?” Dijo: “No, señor.” Dije: “¿Cómo sabe Ud. que soy un predicador?” Dijo: “¿Ha oído hablar acerca de la mujer sunamita que tuvo un niño por… El Señor le prometió el niño, y el niño murió?” Y yo dije: “Sí”
136Ella dijo: “Yo era una mujer como esa. Y le prometí al Señor que yo criaría a mi hijo para Él”. Y dijo: “El Señor nos dio a mi esposo y a mí un niño encantador.”
137Y dijo: “Predicador, él tomó el camino equivocado hace algunos años.” Y dijo: “El contrajo una enfermedad peligrosa, una enfermedad venérea.” Y dijo: “La tenía hace mucho tiempo, nosotros no lo sospechábamos.” Y dijo: “Y ahora él está postrado en el cuarto muriéndose.” Dijo: “El doctor le ha dado todo tipo de inyecciones, pero él no mejora, y ha estado inconsciente desde ayer. El doctor estuvo aquí y dijo: ‘Esperen lo peor en cualquier momento.’ Que no había esperanzas para él. Su sangre era de cierto tipo, y nada podía ayudarlo en absoluto.” Y dijo: “Él está muriéndose. Y dijo: “Yo me arrodillé”. Y dijo: “Oré”. Y dijo: “Oré, ‘Oh Señor’” Dije: “Soy una mujer como la Sunamita, ‘¿Dónde está Tu Elías?’ Y comencé a orar”. Dijo: “Oré y oré”. Y dijo: “Esta mañana antes de que amaneciera”. Dijo: “El Señor me dijo: ‘Párate en esta puerta’”
138Y su espalda estaba mojada donde había estado parada. Ella no me estaba diciendo nada equivocado. Ella dijo: “Y mire.” ¡Oh, hermano! Comenzó a… Entré a la casa. Y había un gran muchacho de apariencia robusta. Y ella lo acarició con la mano. Él estaba acostado allí con una sábana en la mano, y hacía: “hum-hum-hum”, de esa manera. Y él estaba diciendo: “Mami, está muy oscuro, hum. Yo no sé a dónde voy, mami”, de esa manera.
139Ella dijo: “Querido niño, ¿Conoces a mami?” Querido niño. Él era… Por supuesto, no importa cuán viejo sea Ud., Ud. es el niño de mamá de todas maneras. No importa lo que Ud. haya hecho, Ud. aún es el muchacho de mamá.
140Y allí estaba ella, acariciándolo y amándole. Ella decía: “¿Conoces a mami?” Decía: “ ¿Conoces a tu mami?” Él no parecía reconocerla. Él estaba gritando: “ ¡Mami!”, haciendo así, él estaba como en una condición inconsciente. Y entonces ella dijo: “¿Podemos orar, predicador?” Yo dije: “Sí señora.”
141Y esa vieja santa se arrodilló allí y oró. ¡Oh, hermano! Conmovió mi corazón. Y yo me levanté y toqué sus pies. Estaban fríos y pegajosos; la muerte estaba sobre él. Y entonces nos arrodillamos de nuevo y comenzamos a orar. Y yo dije: “Querido Dios, yo no sé por qué Tú me enviaste aquí, pero Tú me devolviste en el camino de esa manera, y me trajiste aquí. Y yo sé que ya pasó el tiempo para la salida del avión”. Sin embargo, el avión fue retardado dos horas. Así que yo dije: “Yo no sé por qué Tú me trajiste aquí, pero ahora, en obediencia a la guianza del Espíritu, yo pongo mis manos sobre este muchacho en el Nombre de Tu Hijo, Jesucristo.”
142Él dijo: “Mami, se está esclareciendo.” Y en unos cuantos momentos él estaba sobre sus pies. Pasé por allí hace unos meses. Él fue a recibirme en la Estación Abbey´s. Él dijo: “Hermano Branham, ahora estoy perfectamente normal. Y todo se ha ido de mí.” 143 Oh, hermano y hermana, el mismo Dios que guió a Simeón está aquí en esta noche. eso es correcto. Él puede guiar a esos mismos… Yo podría testificar horas tras horas.
144Pero miren. En esa misma ocasión, había una profetiza ciega llamada Ana. Mírenla. Cuando Simeón tomó al niño Jesús, dirigido por el Espíritu Santo, directamente hacia Él… ¿No creen Uds. que es el mismo Espíritu Santo en esta noche? Y miren, haciendo zigzag entre la multitud venía una vieja y ciega mujer, Ana, abriéndose paso a través de la multitud. Nadie le dijo. Pero ella vino directamente a donde Él estaba, levantó sus manos y bendijo a Dios. El Espíritu Santo estaba guiándola a través de la gente.
145El guía al pez a través de las aguas sin rastro, a los pájaros a través del aire sin camino. Oh, hermano! Él puede guiar a Su pueblo, si Uds. solamente se lo permiten. Nosotros somos guiados por el Espíritu de Dios. Estamos aquí a la espera de que Dios haga algo en esta noche. Y yo creo que Él está aquí ahora para hacer algo en esta ocasión, para sanar a los enfermos.
146Padre, te damos gracias por Tu Espíritu y por Tu amor. Y estoy esperándote en esta noche, Padre, para que te muevas sobre los corazones de la gente y les dejes ver Tu programa Divino, de guiar al pueblo que Tú has llamado en este día. Y yo creo Padre, que Tú vas a traer a cumplimiento en esta noche, aquello que Tú me revelaste, de que muchos de los enfermos van a ser sanados en esta noche. Concédelo, Padre. Escucha la oración de Tu humilde siervo. Porque lo pido en el Nombre de Jesús. Amén.
147Mientras yo voy a orar, Uds. oren conmigo, por favor, y oren por mí. Los hermanos llamarán la línea de oración. Y Uds. oren conmigo. ¿Cuántos harán esto por mí, porque cuando yo salga, yo… Si Él me unge cuando yo regrese. Yo tal vez no pueda decir mucho. Pero vean, amigos, yo no puedo depender de mí mismo. Tengo que depender de Eso. Yo no digo nada; Él es el que habla.
148Ahora, miren, cuando Dios haga algo en la plataforma, todos Uds. créanlo. Esto no es sino solamente para mostrar la actitud de Dios. Si una vez pudo hacerse, debería probarle a Uds. que Jesús está aquí para hacerlo. ¿Es correcto eso?
149Moisés fue un profeta enviado por Dios. Él tuvo dos señales para mostrarle al pueblo que él tenía el Mensaje de Dios. Y cuando él obró esas dos señales, el pueblo creyó en él. Él nunca más tuvo que hacerlo, el pueblo le creyó.
150Y si yo vengo a Uds. de esa manera, y les pido esas cosas, ¿no deberían Uds. creer con todo su corazón? Si yo pudiera obrar las señales que Dios me prometió hacer, entonces todos Uds. deberían creer con todo su corazón. ¿No es correcto eso? Eso es verdad.
151Ahora, aun antes de que vaya a la plataforma, o a orar por la gente, yo quiero que Uds. crean. Entonces cuando Uds. vean estas cosas acontecer, quiero que cada uno de Uds. me prometan esto, de que Uds. harán exactamente lo que Dios diga que hagan.
152Yo le he pedido a Él que permita que este Ángel ungido, que viene a mí, que se mueva allá sobre esta audiencia, y toque a uno y después al otro, de esa manera. Y los sane en esta noche mientras el servicio continúa. Voy a pedir. Yo le he pedido a Él que haga eso. Y creo que Él lo hará. Yo lo creo con todo mi corazón. Uds. crean también, y que Dios les bendiga. [La congregación canta: “Sólo creed”.—Ed.]
153Inclinemos nuestros rostros sólo por un momento. Oh Padre, ayúdanos ahora para recibir a Tu amado hijo y Su promesa, sabiendo que Su Espíritu está en nuestros medios en esta noche. Y te pido que sanes a cada persona enferma en el edificio. Lo pido en el Nombre de Jesucristo. Amén. Ahora, Uds. pueden sentarse si lo desean…