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~ EXPERIENCIAS 3 ~
1… Hubieron milagros tras milagros realizados: sordos, mudos, ciegos, cojos, y de todo. Un hombre vino a la plataforma totalmente ciego y recibió la vista; me siguió para todos lados, dio vueltas por toda la plataforma, y por el pasillo de esa manera. Y otro hombre que llegó ciego, recibió la vista. Hubo, oh, unas tres o cuatro mujeres más jóvenes, y jovencitas, niñitas que eran bizcas, horriblemente bizcas y fueron sanadas en el acto.
2Y dos doctores estaban allí… ambos a mi lado derecho, inspeccionándolo, observándolo, y examinando a los pacientes y así por el estilo. Y vinieron al micrófono y testificaron que ellos estaban perfectamente… Eran doctores en medicina; uno es un especialista en San Francisco, California.
3Así que Dios es Dios. Él todavía es el gran Yo SOY, no el Yo era, Yo SOY, ahora, tiempo presente. Y Él está aquí siempre para sanar a aquellos que creen. Pero sólo aquellos que crean son los que van a ser sanados, sea lo que sea. Ud. tiene que creerlo.
4Dios pudiera permitirle aquí mismo en esta tarde estar paralítico y levantarse, y caminar en esta plataforma. Ud. pudiera irse, y si la duda e incredulidad llegara a su corazón, su condición regresará a Ud. de nuevo. Y si Ud. se va y no le sirve a Él, una cosa peor le vendrá otra vez. Eso es correcto. Ud. debe servir a Dios reverentemente toda su vida, creyéndole con todo su corazón.
5Y ahora, hoy, tenemos suficiente tiempo en esta tarde, porque vamos a orar por todos en el edificio en esta tarde. Porque disponemos del tiempo para hacerlo. Y entonces antes de irme, quiero orar por todos, antes de irme de Phoenix. Y no les hablaré mucho porque quiero aprovechar el tiempo. Uds. tienen buenos predicadores aquí. Tienen un grupo de ministros muy buenos. Y ellos predican; y para empezar yo no soy un predicador. Así que Uds. pueden... Estos ministros pueden hablarles a Uds., así como lo hicieron esta mañana en sus servicios.
6Y ¿cuántos asistieron a la iglesia en esta mañana? Veamos sus manos, por todo el edificio. Bueno, eso está bien. Y ¿cuántos piensan asistir esta noche? Veamos sus manos, por todo el edificio, que van a ir a la iglesia esta noche. ¡Qué bueno! Eso es como una tercera parte de Uds. que no lo hicieron; espero que lo hagan esta noche. Espero que vayan a la iglesia esta noche. Congréguense en algún lugar. Nunca dejen de ir a la iglesia el domingo. Y… al servicio de oración.
7Necesitamos gente, quienes no tengan iglesias aquí, que están luchando. Mi consejo sería que se mantengan en su puesto del deber, tan fiel como puedan a la causa de Cristo, y respalden a su ministro y todo lo que se esté haciendo por la causa de Cristo. Hagan eso, y Dios les bendecirá. La única manera en que Uds. pueden respetar a Dios es respetándose los unos a otros. ¿Es correcto eso? Si Ud. quiere que alguien diga algo bueno de Ud., diga Ud. algo bueno acerca de otra persona y ellos dirán algo bueno de Ud. “Echa tu pan sobre las aguas; regresará a ti”. Como dijo un hermano en Canadá el otro día: “Sí, el Hermano Branham le puso mantequilla”. Así que eso es más o menos correcto. ¿Ven Uds.?, si Ud. lo echa al agua, regresará con mantequilla. Así es, porque yo... así que Uds. háganle…, háganle a los demás como a Uds. les gustarían que le hicieran. Así que esa es una buena regla por la cual vivir.
8Ahora, quiero tomar sólo un poco de tiempo para explicarles unas cuantas cosas que son muy esenciales. Y pienso que algunas de las cosas que estorban nuestros servicios en muchos lugares, es por causa de la falta de tiempo para quedarme. No consigo quedarme lo suficiente en un lugar. Quizás dos días, o tres días, o algo así. Los servicios deberían durar treinta días.
9Eso suena como un tiempo muy largo. Pero yo he notado esto: que cada día que me quedo, al día siguiente hay una multitud más grande, con nuevo entusiasmo. Y cada día aumenta y aumenta, y entonces los resultados de las sanidades son... Oh, no hay comparación en la diferencia.
10Ahora, es como en nuestro servicio aquí en Phoenix; tenemos un sólo domingo y el diablo tiene una oportunidad de nublarle la mente a la gente antes de que puedan regresar el domingo siguiente. Eso es correcto. Uno tiene que tomar la cosa y golpearla y seguir dándole. Uno no puede darle un golpecito a un clavo, e irse, y dejar que los niños jueguen con eso un rato, y entonces regresar al domingo siguiente para darle otro golpecito. Uno tiene que meter ese clavo hasta el fondo, así, y clavarlo bien en la madera.
11Bueno, así es con la fe. Uno tiene que hacer que se ancle en la gente. Ellos vienen corriendo aquí un domingo y en unos momentos están desesperados: “¿Se va a orar por mí?” Ellos se meten apresurados a la línea de oración, y ni siquiera saben a qué vienen. A la semana siguiente se juntan con los críticos y dicen: “¡Qué va, no hay nada en eso! Yo sé que se oró por la esposa de fulano de tal y no le ayudó en nada.” Eso es cierto, no era para la esposa de fulano de tal, es para Uds. los que creen. Eso es para creyentes. Es solamente para creyentes. Y recuerden, si Ud. no tiene fe, eso no le hará ningún bien.
12Ahora, en primer lugar, este don no fue dado para hacer la obra que estoy haciendo con él en estos servicios de auditorio. Ese no es el plan Divino de Dios para hacerlo. El plan Divino de Dios es que si yo tuviera la oportunidad de quedarme unas cuantas semanas aquí para explicarlo todo. Eso viene por revelación. De noche, de día, cuando me encuentro con este Ángel, Él me envía a un cierto lugar. Él me dice: “Anda a éste lugar”. Y nunca antes lo he visto.
13Permítanme darles una ilustración, algo así para que puedan entender. Yo voy a cierto lugar tan normal como estoy parado aquí. Quizás hay una dama que me recibe en la puerta. Ella lleva puesto un suéter rojo. Y en el jardín hay un azadón. Yo noto eso al entrar por el portón. Y hay una Biblia en el tocador, y hay alguien postrado en una cama, paralítico.
14Bueno, yo voy a esa casa, y finalmente encuentro el lugar. Y cuando entro a esa casa, veo el azadón en el jardín. Sí, la dama del suéter rojo me recibe en la puerta. Yo entro. Pero la Biblia no está en el tocador; está en el escritorio. Ahora, yo no puedo decir: “ASI DICE EL SEÑOR”. Yo no puedo decirles hasta que alguien agarre esa Biblia y la ponga aquí en el tocador, sin saber ellos lo que están haciendo. Entonces uno puede pararse y decir: “ASI DICE EL SEÑOR”. Y... [Espacio en blanco en la cinta--Ed.]
15Ésta vendrá a mí: “Hermano Branham, ¿voy a sanar?” Confío en que sí, hermana. Éste otro vendrá a mí y dirá: “¿Qué de éste? Oímos a mi tío, mi... oh…” Pues, eso lo vuelve loco a uno. Si uno deja que eso continúe en su mente todo el tiempo, pues, uno acabará con un problema mental. ¿Ven Uds.?, no se necesitarían sino unas cuantas horas para hacerlo. Bueno, entonces, yo no sé acerca de eso.
16Pero en estos servicios de auditorio, la razón que los permitimos, es que hay una gran cantidad de gente. Ahora, este Ángel muy raramente me envía hasta que algún caso... Pero me doy cuenta, que cuando Él me envía a un caso, se ve más la gloria de Dios ahí que si uno tuviera quince reuniones de auditorio. Eso es correcto. Porque uno va con el ASÍ DICE EL SEÑOR. Y allí acontece.
17Escuchen. Tenemos suficiente tiempo. Quiero contarles de un solo caso, para que Uds. entiendan. Esto aconteció recientemente, y les daré el nombre de la persona, para que puedan escribirle. Yo estaba en la casa de mi madre (esto sucede muy a menudo), y estaba orando en el cuarto. No iba irme a casa, porque quería estar solo allí. Sentía como que quería estar solo, tenía una carga en mi corazón por orar. ¿Alguna vez se han sentido así algunos de Uds.? Y comencé a orar. Fui, y estaba acostado en la cama. Y me quedé dormido. Y me desperté; y debió haber sido como las dos de la mañana. Y todavía tenía esa carga. Comencé a orar de nuevo. Y me arrodillé en el piso para orar. Miré así hacia el rincón.
18Y nosotros somos gente muy pobre, y teníamos un… Mamá usualmente lava la ropa, la recoge y la pone sobre una silla. Yo no sé si Uds. las mujeres alguna vez hacen eso o no. Pero la amontona en una silla ahí en el rincón.
19Y pensé: “Bueno, pobre mamá, ahí está la ropa lavada”. Vi algo grande y blanco allí en el rincón. Dije: “Bueno…” Y sucedió que me fijé en esa ropa, no lo había notado antes. Pero parecía como que esa ropa se movía así, en el aire. Bueno, pensé que era porque el cuarto estaba oscuro, y me froté los ojos, y… Entonces noté que… O yo estaba yendo hacia esa ropa, o ella estaba viniendo hacia mí, algo blanco… Me di cuenta que no era una ropa lavada en el cuarto; era una nube de niebla blanca que estaba en el rincón. Y aquí venía hacia mí.
20Ahora, recuerden, cuando testifico esto delante de Uds., yo voy a tener que dar cuenta por estas palabras algún día en el Juicio.
21Ahora, me doy cuenta que Ud. ha predicado acerca del fanatismo. Dios le bendiga, hermano, estoy encontrando bastante de eso. (Eso es cierto.), de puro fanatismo. Y es únicamente las obras del diablo para estorbar todo lo que él pueda en contra de Dios. Eso es correcto.
22Y esto se me acercó. Y yo entré en esa nube, o algo. Yo no sé lo que sucedió. Pero cuando yo iba hacia eso, me di cuenta que iba hacia una casa blanca y larga de tres cuartos, o de dos cuartos, que estaba construida en forma de lo que llamamos una “casa de escopeta”, que es como una casita recta.
23Y entré por la puerta de enfrente, y cuando lo hice, miré a mi derecha, y había un mueble rojo. Había una madre anciana sentada allí, llorando. Hacia mi derecha había un sofá cama y un joven de cabello rubio y ondulado estaba sentado allí. Había una mujer de cabello negro apoyándose sobre la puerta que daba hacia la cocina, o al otro cuarto, y estaba llorando. Y miré aquí hacia la cama, una camita de hierro con cabecera de madera, y una de las escenas más horribles que haya contemplado en mi vida. Un muchachito estaba acostado allí con unos overoles de pana azules puestos. Y una de sus piernitas había estado torcida así, al grado que la tenía enrollada contra su pequeña cadera. Y la izquierda la tenía torcida de esa manera. Y cada brazo estaba torcido en viceversa contra su costado. Y algo había estado aquí sobre su pechito, y su cuerpecito estaba torcido de esa manera. Oh, era una… Y su padre, un hombre alto de tez oscura estaba de pie llorando por el niño.
24Bueno, yo dije: “¿No es eso extraño? Yo estaba en la casa de mi mamá… Tan extraño que no era…” No estaba soñando. Era como cuando uno tiene una pesadilla. Era tan real como sé que estoy aquí en Phoenix Arizona, en este auditorio, o más. Y pensé: “Bueno, eso sí que es extraño”. Y empecé a voltearme… Siempre viene a mi derecha. Y cuando me volteé hacia la derecha, allí estaba parado el Ángel del Señor, con Su--Ese Hombre quien viene a mí. ¿Quién es Él?…
25Ahora, recuerden, capten esto. Cuando el Hermano Branham se vaya, no… Yo no sé cuál es Su Nombre. Él nunca me lo ha dicho. Él es un hombre grande. Pesa más de doscientas libras, me supongo, en peso humano, viste un manto blanco, y tiene cabello oscuro. Y Él se paró de esta manera. Y estaba parado a mi derecha. Y dijo: “¿Podrá vivir ese bebé?” Y yo dije: “Señor, yo no sé”. Él dijo: “Ora por él”.
26El padre me lo trajo. Puse mis manos sobre él así, y oré por él. Se soltó de los brazos de su padre, y cayó en una de esas piernitas torcidas. Y cuando cayó en esa piernita, empezó a desenrollarse. La primera pierna se desenrolló. Dio otro paso, y la otra pierna se desenrolló, la izquierda. Y llegó al rincón, y dio el siguiente paso, y su cuerpecito se desenrolló. Regresó caminando hacia mí y puso sus manitas en las mías, y dijo: “Hermano Branham, estoy completamente sano”. Y yo dije: “¡Bueno, alabado sea el Señor!”
27Y entonces este Ángel caminó nuevamente hacia mi derecha. Y me levantó, y me puso en una pequeña carretera de campo. Y estando parado allí, Él me mostró un cementerio y dijo: “Anota esos números”.Y lo hice. Él me puso a un lado, y yo estaba en un lugarcito donde había una pequeña estación de gasolina y un almacén con el frente pintado de amarillo. Y hubo un anciano que salió con unos overoles azules de pana y una gorra de pana amarilla, y de bigote blanco. Él dijo: “Él te enseñará el camino”.
28Entonces me llevó a una casa en esta dirección, volteando del norte hacia el sur. Y cuando entré allí, había un… Entré, y había una vieja estufa allí, un quemador de leña, lo que llaman un “fogón”. No creo que Uds. los tengan aquí en Arizona. ¿Cuántos saben lo que es un “fogón”, deje…? ¿Es Ud. de Arkansas? Allí es donde ellos tienen muchos de ellos. ¿Cuántos hay aquí de Arkansas?, veamos. Ya me lo imaginaba. ¿Ven? Muy bien.
29Y ellos tenían un… [Espacio en blanco en la cinta--Ed.]… Ellos ya han quitado esos letreros en los hogares modernos y ponen la fotografía de una mujer atractiva. Yo prefiero tener el viejo letrero: “Dios bendiga nuestro hogar.” ¿Uds. no? Eso es correcto.
30Y entonces… Noté que en una cama grande de hierro, a mi izquierda, estaba una muchacha o un muchacho. Tenía una apariencia masculina en el rostro. Pero pensé que tenía cabello largo. Tenía labios en forma de corazón como una mujer. Y su mano derecha estaba así, y la pierna izquierda estaba torcida en los dedos del pie, torcida de lado. Yo pensé: “Bueno, ¿No es eso extraño?” Pensé: “¿Será un hombre o una mujer?” Y yo estaba mirando. Y escuché que Algo me habló, y miré y ahí estaba parado este Ángel. Dijo: “Ahora, anda y ora, y ponle las manos así,” ambas rectas, encima del estómago de ésta persona.
31Bueno, pensé: “Debió haber sido una muchacha, o un muchacho, Uds. saben, porque si era una muchacha, es una jovencita”. Él me dijo que pusiera mis manos encima del estómago de la persona. Bueno, yo no me atrevería a no hacer lo que Él me dijo que hiciera. Y puse mis manos sobre el estómago de la persona y oré.
32Y cuando lo hice, oí una vocecita decir: “¡Alabado el Señor!” Y miré, y vi esa mano lisiada enderezarse, sus piernas regresar a su condición normal. La vi levantarse. Y cuando lo hizo, la pierna de la pijama se alzó, y mostró la rodilla redonda, como de muchacha. Uds. saben cómo es la rodilla de un hombre, como huesuda. Bueno, la rodilla de la muchacha era redonda. Vi que era así, cuando se le levantó la pierna de la pijama. Y ella fue sanada completamente.
33Y casi en ese momento, escuché a la gente diciendo: “¡Oh, gracias a Dios!”
34Bueno, yo pensé: “¿No es eso extraño?” Escuché a alguien gritando: ¡Oh, Hermano Branham, oh, Hermano Branham!”.
35Pensé: “Escucho a alguien”. “Oh, Hermano Branham…”
36Yo estaba volviendo en sí en el cuarto. Estaba parado allí en medio del piso. No había estado en ninguna parte, parecía, pero estaba allí en el piso. Había alguien que había venido a la puerta. Yo dije: “Sí, pase.”
37Alguien… Él abrió la puerta y entró. Dijo: “¿Qué sucede?” Y yo dije… Él estaba llorando. Él dijo: “Hermano Branham, ¿se acuerda de mí?” Y yo dije: “No, señor, no.”
38Y Él dijo: “Mi nombre es John Emmel”. Él dijo: “Hace como cuatro años, Ud. me bautizó a mí y a mi familia”. Y dijo: “Durante la guerra, aquí en la planta de pólvora, Ud.…”
39Dije: “Ahora me acuerdo de Ud. Ud. mató a un hombre, ¿no es cierto?”
40Él dijo: “Sí, señor. Lo golpeé con el puño y le quebré el cuello en una pelea.” Y dijo: “Y huí”. Dijo: “Me descarrié”. Y dijo: “El año pasado, mi hijito murió de pulmonía”. Dijo: “Me queda uno, y el doctor Brunner de nuestra ciudad dice que él está muriéndose de pulmonía”. Y yo dije: “¿Es cierto eso?” Dijo: “Sí. ¿Orará por él?” Yo le dije: “Sí, señor”.
41Él dijo: “Bueno, voy a ir a buscar a Graham Snelling…” Él ahora es mi pastor asociado en el Tabernáculo Branham, en Jeffersonville. Él dijo… “Yo soy…” Ese era su primo. “Voy a buscar al Hermano Graham para que vaya con nosotros”. Y él dijo: “El bebé…” Dijo: “¿Sabe Ud. dónde vivo?” Y yo dije: “No, señor”. Él dijo: “Yo vivo como a cuatro millas de Utica, Indiana”. Y Utica está a siete millas de Jeffersonville. Yo dije: “Muy bien, iré”. Él dijo: “Bueno, no lleve su carro, yo lo llevaré en el mío”. Y yo dije: “Muy bien”.
42Y tan pronto como él salió, mi madre me llamó y dijo: “Querido, ¿qué le pasaba a ese hombre?” Él se mantenía estremeciendo y llamando, estremeciendo la puerta”.
43Y yo le dije: “Mamá, algo ha sucedido”. Dije: “Yo estaba en una visión”. Ella dijo: “Oh, ¿verdad?” Y dije… Ella dijo: “¿Es algo bueno?” Y yo Dije: “Sí, el hijo de ese hombre va a ser sanado”.
44Y en unos momentos él regresó, entré al carro y arrancamos hacia la Marina. Y yo… Así que íbamos por el camino, y él dijo… Yo dije: “Señor Emmel, me supongo que esto es demasiado duro para Ud. ahora que está descarriado”.
45Él dijo: “Sí, Hermano Branham”, dijo: “Estoy avergonzado de mí mismo. Hasta tenía pena de venir a buscarlo a Ud.” Dijo: “El bebé ha estado enfermo por casi dos semanas”. Pero dijo: “Yo tenía pena de venir a buscarlo”. Dijo: “Y el doctor Bruner dijo que iba a morir”. Dijo que él había salido como a las dos. Ya eran casi las cuatro, las cuatro y media. Él dijo: “Él dice que va a morir. Así que no había nada que hacer, sino venir y tomar lo último que yo sabía…” Le dije: “Señor Emmel, ¿Ud. dice que vive más arriba de Utica?” Él dijo: “Sí, señor”. Y dije: “Ud. vive en una casita blanca, ¿no es cierto?” Y él dijo: “Sí, señor”. Y dije: “¿La puerta de enfrente está hacia el sur de Ud.?” Y él dijo: “Sí, señor”. Yo dije: “Ud. tiene un sofá cama rojo en esa casa, ¿no es cierto? Él dijo: “Sí, señor”. Y yo dije: “Ud. tiene rodapiés rojos, o por los lados, así, macho, hecho de machihembrado”. Dijo: “Sí”. Le dije: “Su bebé es de casi… Diría que tiene como tres años de edad, y está vistiendo un pantalón de pana azul”. Él dijo: “¿Ha estado Ud. alguna vez allí?” Dije: “Bueno, no en la manera que Ud. pensaría que estuve”. Él dijo: “Bueno Hermano Branham, eso es…” Yo dije: “Y el bebé apenas respira, ¿no es cierto?” Él dijo: “Así es”. Bueno, dije: “ASÍ DICE EL SEÑOR, su bebé va vivir”. Él dijo: “¿Hermano Branham?” Y yo dije: “Bueno, es… Como…” “Bueno, ¿Ud. nunca estuvo en mi casa?” Yo dije: “Estuve allí hace unos momentos”. Él dijo: “Bueno, yo nunca lo vi a Ud., Hermano Branham”. Dije: “No, yo estuve… Era una visión, Hermano Emmel”. Y él dijo… Yo dije: “Pero no se preocupe, su bebé vivirá”.
46Él pisó los frenos de ese viejo Ford Modelo T que tenía, y extendió sus brazos alrededor, uno alrededor del Hermano Graham, y uno alrededor mío. Y yo nunca había escuchado a un hombre llorar y arrepentirse tanto en mi vida.
47Él dijo: “Dios, estoy avergonzado de mí mismo”. Dijo: “Yo nunca, nunca más te dejaré, si tan sólo me perdonas”. Y allí, él le entregó nuevamente su corazón a Cristo ahí en nuestra… Y estuvimos allí como quince minutos, y él estaba llorando. Y él sintió que Dios lo había perdonado. Él subió, y entró a la casa. Y tan pronto como yo entré, vi a la madre.
48Ahora, aquí es donde uno siempre puede hablar fuera de tiempo. Siendo que traje este caso, es en donde yo casi fallé, e hice que algo sucediera. Uno tiene que vigilar lo que hace. Y entré al cuarto, y allí estaba el pequeño bebé acostado. Allí estaba el rodapié. Allí estaba el mueble con el sofá. Y el hombre que estaba conmigo era el Hermano Graham Snelling… [Espacio en blanco en la cinta--Ed.] Dios no tiene prisa… los que tenemos prisa, pero no Dios.
49Y dije: “Tráiganme al bebé ahora, si tienen fe. Ellos traje… [Espacio en blanco en la cinta--Ed.] Y la madre estaba… El bebé estaba vivo a duras penas. La única forma de saberlo era ponerle un pedazo de papel fino en la nariz para ver si la respiración iba y venía de su nariz. Así de mal estaba.
50Bueno, vi que tenía el cuerpo torcido debido a la pulmonía. Estaba prácticamente muerto, todo hasta aquí arriba, y ése era el único lugar donde se veía que respiraba, debido a la torcedura. Yo dije: “Tráiganlo aquí”.
51Y ellos lo trajeron, y hermano, cuando oré por él, lo único que hizo fue ponerse peor. Los ojitos se le pusieron fijos; se le salió la lengua; la cabecita se le fue hacia atrás.
52Bueno, yo pensé: “Esperen, hay algo que no está bien”. Nunca en mi vida había visto eso fallar, porque es tan verdadero como la Biblia. Ya Dios lo había hablado. Algo… No hay manera que Ud. pueda dudar eso. Ud. no tiene que preguntarle a la persona. “Si Ud. tiene fe…” Eso ya ha sido pronunciado por el Dios Todopoderoso. Va a suceder.
53Y pensé que había algo que no estaba bien, entonces pensé: “Pues, hay una persona que no estaba en la casa. Y nada estaba en orden”. Esta madre anciana… No había nadie allí con esos lentes puestos. ¿Adónde estaba ella? Bueno, pensé: “Bueno, ahora, eso…”
54Y ellos llevaron allí al pequeño, y se estaba asfixiando [El Hermano Branham hace como que se está asfixiando--Ed.] Y la madre corrió hacia él, y el padre, y empezaron a auxiliarlo, y le pusieron ésta cosa sobre la nariz, y cosas así. Y los dos se pusieron a llorar, y dejaron solo al bebé. El Hermano Graham empezó a auxiliarlo. Así que… Como que… Ya tenía morado el cuerpecito, y estaba tieso así. Los pulmones ya… Los pulmones estaban congestionados. Incluso estaba doblado, y empujando así sus costillitas donde los pulmones estaban hinchados en el pequeñito. Y así era como estaba acostado allí.
55Y yo pensé: “Oh, Dios, algo no está… Yo sabía que esa madre no estaba allí. Entonces supe que le había fallado a Dios.
56Así que ellos estuvieron auxiliando a ese bebé hasta que amaneció y el sol salió. No dije una palabra más. No podía decir nada. No podía decirles. Pero había visto el sofá; había todo.
57Entonces llegó la hora en que el Hermano Snelling tenía que irse a trabajar. Y el Señor Emmel iba a llevarlo de regreso a su casa. Él dijo: “Hermano Branham, ¿desea irse?”
58Y yo dije: “No, señor. Me quedaré aquí”. Y pensé: “Oh Dios”. Estaba orando: “Perdóname. Perdóname”.
59Eso es… Bueno, Uds. recordarán que hace dos, tres domingos, yo hice algo estando aquí en púlpito. Esa es la única cosa que yo… Oh, es… Yo miro la humanidad, y trato de escuchar lo que alguien dice, en vez de esperar para ver lo que Dios dice. Oren por mí. Allí es cuando necesito sus oraciones. Ahora, hoy estoy abriéndoles mi corazón aquí, porque… Pudiera ser la última vez que nos encontremos en esta vida.
60Y entonces, me di la vuelta, y no sabía qué hacer. Él dijo: “Bueno, ¿quiere ir con nosotros, Hermano Branham?”
61Dije: “No, esperaré aquí”. Sabía que si Dios escuchaba mi oración y me perdonaba, había una oportunidad para el bebé. Pero todavía… Cada… Nada estaba alineado correctamente. Y…
62Ahora, eso tal vez no signifique mucho para Uds., pero delante de Dios, significa todo. Tiene que ser al pie de la letra. Eso es correcto. Y yo había visto al muchacho…
63El Hermano Snelling dijo: “Bueno, tengo que irme porque tengo que ir a trabajar”. Él conducía un tractor en la Colgate, donde estaba la compañía Palmolive Peet. Así que él se puso el abrigo. Y yo pensé: “Oh, Dios, si él se va, yo tal vez tenga que quedarme aquí dos o tres días hasta que él regrese”. Porque yo sabía que él era el hombre que tenía el cabello rubio y rizado que estaba en la visión.
64Bueno, Ud. no sabe cuánto pensaba yo, amigo. Y nunca lo sabrá hasta que nos encontremos en el juicio, el día en el que tendré que responder por estas palabras que estoy diciendo junto a este micrófono.
65Me senté en el sofá. Y el sol estaba saliendo. Hacía un frío terrible. Era la época de invierno. Y yo estaba sentado allí. El hermano Emmel tenía puesto su abrigo, y su enorme y pesada gorra. Y el Hermano Snelling tenía puesto su abrigo y su chal. Y ellos empezaron a salir. Y él le dijo… Él estaba hablando con su esposa, (el Hermano Emmel). Y yo estaba junto a la ventana, mirando así, hacia abajo. Y me fijé que venía por la acera (era un caminito), un caminito de tierra alrededor de la casa. Y aquí venía la abuela del niño. Ella traía lentes puestos. ¡Oh, hermano! Ud. no sabe cómo me sentí entonces. Pensé: “Oh, si tan sólo ellos no se van ahora”. Pensé: “¡Oh Dios, cuánto te agradezco!”
66Y la mujer siempre viene por la puerta de enfrente. Así es como ellos visitan, entrando por la puerta de enfrente. Pero esa mañana, mi carro no estaba allí, sólo el carro de su yerno. Ella se había ido en algún momento en la mañana porque el bebé estaba tan mal. Y se había ido a casa para dormir un poco. Y vino por la puerta trasera. Yo no podía decir nada. Sólo tenía que quedarme allí y observar, ¿por qué?
67Pero Uds. nunca sabrán cómo me sentí cuando observé y vi a esa mujer acercarse. Reconocí que era ella. Nunca antes la había visto en mi vida. Pero reconocí que era ella, al verla pasar de esa manera. Pensé: “¡Oh Dios! ¡Alabado sea el Señor!” Y el Hermano Snelling estaba… Todos ellos estaban listos para irse. Y ella entró por la puerta de la cocina, y llegó a la puerta del medio, y la tocó. Y si ella no hubiese hecho eso, la visión aún no hubiera estado completa. Su hija fue hacia la puerta para abrirla y ver quien era. Y era su madre.
68Y ella dijo: “¿Cómo está el bebé? ¿Está mejor?” Y la Sra. Emmel dijo: “No, mamá, no”. Y alzó las manos así, para llorar, Uds. saben. Recargó la cabeza contra la pared. Y exactamente así estaba en la visión.
69Bueno, yo estaba sentado en el sofá donde el Hermano Snelling debía de estar. Me levanté del sofá, caminé así, preguntándome qué iba suceder. Pensé: “Ella tiene que estar sentada en este mueble rojo”. Y me quedé parado allí por un ratito. Y me preguntaba. Y el Hermano Snelling comenzó a llorar también, porque la veía llorar a ella. Él se quitó el sombrero, y se sentó en el sofá.
70Yo pensé: “¡Oh Dios!” Sólo faltaba que sucediera una cosa más. Miré alrededor para ver cómo estaba todo. Y miré bien, y la señora estaba… Oh, no, ella puso en el suelo el pequeño bolso que tenía. Y retrocedió aquí, y se sentó en el mueble, se quitó esos lentes y comenzó a limpiarlos, exactamente como estaba en la visión.
71Entonces pude sentir Algo parado cerca de mí. Yo sabía que Él estaba allí. Y dije: “Hermano Emmel” Y él me miró. Dije: “¿Ud. todavía tiene fe en mí?” Él dijo: “Hermano Branham, yo le amo con todo mi corazón”.
72Yo dije. “Quiero decirle que estoy apenado por lo que hice hace un rato. La visión no estaba completa. Pero ahora Ud. tiene que demostrar que todavía tiene fe en mí”. Si Ud. lo cree… El bebé estaba morado a más no poder. Y yo dije: “Si Ud. todavía tiene fe en mí, tráigame el bebé”. [Espacio en blanco en la cinta--Ed.] El bebé… [Espacio en blanco en la cinta--Ed.]…La visión. Siento mucho lo que hice hace un rato. Perdona a Tu siervo y sana a esta bebé en el Nombre de Jesucristo”.
73Y cuando dije eso, el niñito extendió sus manos alrededor del cuello de su papá y dijo: “¡Papi, papi”! ¡Oh, tremenda gritería se formó en esa casa! Y entonces… Ellos empezaron a correr.
74Yo dije: “Pónganlo de nuevo en la cama; pasarán tres días antes de que se recupere, porque su sanidad completa se dará en tres pasos”.
75Yo me regresé y le conté a la iglesia lo que había pasado. Y al tercer día, dije: “Ahora, no oiré más al respecto. Al tercer, iré allá y veré si él no viene por el piso y pone sus manitas en las mías, y dice: “Hermano Branham, estoy completamente sano”.
76Así que, entonces Uds. pueden imaginarse cuántos fueron allá para verlo: la iglesia entera. Había carros por todo el camino de arriba abajo. Y no le dije a ninguno que fuera. Yo tenía que ir primero. (¿Ven Uds.?) por ellos, para que pudieran ver que eso venía de parte del Señor. Y ellos se reunieron alrededor.
77Me dirigí hacia la puerta y toqué. La madre estaba atrás en la pequeña cocina. Ella vino corriendo por la casa y abrió la puerta. Dijo: “Oh, es el Hermano Branham. Pase, Hermano Branham.” Dijo: “Mire la diferencia en él”. Él había estado tomando chocolate con leche y tenía uno de esos bigotes, Uds. saben, de chocolate con leche en él. Y vino caminando por el piso. Todos estaban parados allí mirando por las ventanas y demás. Él salió, se paró en el piso, nunca dijo una palabra. Se acercó y puso sus manitas sobre las mías y dijo: “Hermano, Branham, estoy completamente sano”. ¿Ven?
78Yo empecé a contar el resto. Dos semanas después, estaba saliendo de mi oficina. Y generalmente tenemos unas casillas donde ponemos el correo. Pero Herbert Scott, un hombre muy fino allí, dijo: “Hermano Branham”, dijo: “antes de irse, en mi escritorio aquí (Yo andaba patrullando.)… Él dijo: “En mi escritorio hay una carta para ti”
79Dije: “La recogeré”. Y empecé a bajar las escaleras para ir hacia la parte principal de la oficina, ya que nuestra oficina local estaba en la parte de arriba. Empecé a bajar, y pareció como que algo me movió extrañamente, acerca de esa carta. Me acerqué adonde estaba la carta y la recogí; la miré, decía de quién era. La abrí, y la miré. Y dije: “Bueno, dice…”
80La miré y decía: “Soy la Sra. Harold Nail”. Ella decía: “Reverendo Branham, tengo una hija enferma de dieciséis años de edad”. Y decía: “Ella ha estado enferma por algún tiempo y la artritis ha comenzado en esta aflicción.” Y dijo: “Ella llora día y noche”. Y dijo: “Yo pertenezco a la iglesia Metodista en… Mencionaré el lugar en un momento. Está más abajo de Salem, Indiana.
81¿hay alguien aquí de cerca de Salem, Indiana?, Hay alguien allá atrás. ¿De qué parte de Indiana es Ud., hermana? ¿De qué parte de Indiana? ¿Salem? Salem, Indiana. ¡Vaya!… ¿Ud. conoce a Harold Nail? ¿Conoce a Harold? Miren, qué bueno. Ahora, esta es la evidencia. La tenemos aquí mismo. ¡Qué bueno! Quiero verla al terminar el servicio. Eso es… Ahora, les diré dónde queda eso… South Boston. ¿Sabe dónde queda South Boston? Eso es… Muy bien. Ahora tenemos la historia junto con la evidencia. El otro día yo estaba… Me gusta que la gente esté cerca. Muy bien.
82Ahora, me llevé esa carta. Decía: “Vivo en Salem Indiana, o en South Boston, Indiana”. Y decía: “Nuestro pastor vino y nos dijo… Tuvimos un servicio de oración y alguien nos trajo un librito titulado: ‘Jesucristo es el mismo de ayer, hoy y por los siglos’”. Y dijo: “Estuvimos leyendo ese librito concerniente a la sanidad y algo movió mi corazón para enviar a buscarlo a Ud. para que venga y ore por esta muchachita”. Y cuando ella dijo la noche que era, resultó ser la misma noche que la visión vino a mí. ¿Ven? Ahora, verifiquen eso.
83Me fui a casa y le dije a mi esposa. Dije: “Mira esto”. Ella dijo: “Sí.” Dijo: “Oh, esa es una visión, ¿no es verdad? Yo dije: “Así es”.
84Me fui al servicio de oración esa noche y la mostré. Todos querían ir. Y había gente allí de apellido Brace: Ad Brace.
85Los he buscado muchas veces. Ellos pudieran estar en esta reunión. ¿Está aquí Ad Brace de Texas? ¿O alguien que lo conozca? Ellos habían ido allá para ser sanados, la Sra. Brace. Ella tiene un caso de tuberculosis. Así que ellos querían ir. Y yo dije: “Ahora, en primer lugar, ¿Dónde queda South Boston?”. Alguien me dijo donde quedaba. Así que…
86Y fui allá más abajo de New Albany. ¿Conocen a Hoosier, allá atrás? Fui más abajo de New Albany, mucho más abajo. Y allí estaba New Boston, en vez de South Boston. Bueno, yo nunca había escuchado de South Boston. Pensé: “Bueno, esto es extraño, ¿no es cierto? New Boston”. Bueno, me regresé.
87Y había un pescador anciano llamado Wisehart, allá abajo en el río. Él me dijo: “No, South Boston queda por allá… Suba hacia Salem, Indiana”.
88Así que entonces, subí hasta Henryville para desviarme. Ellos me dijeron que me desviara en Henryville. Y supongo que Uds. saben cómo es esa carretera que conduce a través de Henryville. Era un camino muy fangoso. Así que volví a tomar esa carretera de grava y seguí avanzando. Y había una cantito que ellos… Ellos eran gente pentecostal. Y estaban enseñándome un canto acerca de: Hay gente casi en todas partes, Cuyos corazones están todos encendidos. El fuego que cayó en Pentecostés, Que los purificó y los hizo limpios; Oh, está ahora ardiendo en mi corazón, ¡Oh, gloria a Su Nombre! Tan contento de decir que soy uno de ellos.
89¿Alguna vez lo han escuchado? Bueno, ellos estaban tratando de enseñarme ese canto. Ahora, hay algo allí que decía… algo así como que al cojo hizo andar, y así por el estilo. Y yo pensé que era muy bueno. Dije: “Vamos, cantémoslo de nuevo”. Y estábamos cantando y yendo de esta manera.
90Y de repente, me pegó Algo que casi me dejó paralizado. Y pensé que tal vez estaba enfermo y detuve el carro. Y estaba arriba en la cima de una pequeña colina. Y hacia mi izquierda había una iglesia. Pensé: “Tal vez sea el Ángel del Señor. Estoy pasando por una iglesia”. Me bajé y fui hacia la parte de atrás del carro. Y yo tenía un Ford viejo de un solo asiento. Y puse mi pie allí atrás junto al baúl. Y estaba parado allí. Y pensé: “Me pregunto qué será”. Y sucedió que miré hacia mi izquierda y había un cementerio. [Espacio en blanco en la cinta--Ed]
91Ese pedazo de papel. Y ella lo trajo allí, y chequeamos los nombres y los números de las tumbas. Y era exactamente el lugar. Dije: “Este es el camino. Ahora estamos en el camino correcto. Y ese fue el Ángel del Señor que me detuvo”. Había pasado de largo y no lo había notado. ¿Ven? Uds. saben dónde está situado el cementerio Bunker Hill. Y nunca en mi vida había estado en esa región, no sabía nada acerca de ella. Así que seguí avanzando. Y encontré a un hombre parado al lado de un lugar donde había una estación de gasolina; él estaba enrollando un cigarrillo. Y dije: “¿Es este el camino a South Boston?” Él dijo: “Sí, señor. Siga derecho”. Dije: “¿Conoce a alguien por allá llamado Harold Nail?” “Sí, señor”.
92Muy bien. Así que seguí adelante. Continué avanzando. Ellos dijeron: “Ahora, si encuentro el lugar… (O sea, South Boston). Habrá un hombre que saldrá con unos overoles azules puestos. Él tendrá una gorra de pana con un bigote blanco”. Dije: “Él saldrá del pequeño almacén que tiene el frente de color amarillo”.
93Entonces la señora Brace dijo: “Bueno, nunca he visto nada así, Hermano Branham”. Dijo: “No sé qué más hacer”. Dijo: “Cuando pienso en esos nombres allá atrás”. Ella no podía superar aquello. Nunca había visto nada como eso.
94Así que seguimos. Bajé… Habíamos pasado unas curvas, y me confundí con el camino allí. Y le dije al hombre, él dijo: “Bueno, Ud. sabe donde queda Indiana. Vaya por la derecha, cruce a la izquierda”. Así que tal vez tomé el cruce equivocado. Así que de todos modos, yo… Él dijo: “Siga derecho por este camino”.
95Otro hombre que estaba parado allí dijo: “Ud. llegará a South Boston. Son como cuatro o cinco millas”. Yo iba conduciendo. Estábamos hablando, Uds. saben. Después de un rato, llegué a ese lugarcito; lo pasé. Dije: “Ese es el lugar. Allí está, allí mismo”. Un lugar amplio en el camino, Uds. saben, como un pequeño camino de campo allí. Dije: “Allí está el lugar, allí mismo. Ese es el almacén con el frente amarillo. Observen”.
96Nos acercamos un poquito más. Del almacén salió un hombre con los overoles azules puestos, la gorra de pana amarilla y de bigote blanco. La Sra. Brace se desplomó en el carro y se desmayó. Y ella no sabía…
97Yo dije: “Allí está. Ése es el hombre”. Dije: “Ahora, observen, él actuará bastante raro, porque el… El poder de Dios está tan cerca de él”. Y me acerqué y dije: “Señor”. Dije: “Ud. debe decirme dónde está Harold Nail”.
98Y los labios del anciano comenzaron a temblarle así. Él dijo: “Sí, señor”. Dijo: “Suba por aquí por este camino y luego baje. Es la tercera casa a mano derecha, donde hay un establo grande y rojo en la colina”. Yo dije: “Ajá”. Él dijo: “¿Por qué? Y yo dije: “¿Él tiene una hija que está bastante enferma o algo? Dijo: “Sí”. Yo dije: “Ella va ser sanada”.
99Lágrimas enormes empezaron a bajar por sus mejillas. Y dimos la vuelta. El Hermano Brace le hablaba a la Hermana Brace, y le frotaba el rostro con la mano. Y dimos la vuelta, subimos otra vez y bajamos por el camino, giramos y llegamos al lugar.
100La Sra. Nail, una dama robusta, salió caminando de la casa. Y dijo: “Sé que Ud. es el Hermano Branham, por su fotografía en el libro”. Yo dije: “Sí, señora”. Ella dijo: “Pase”.
101Entramos. Ellos iban entrando conmigo, dimos vuelta hacia la parte donde estaba. Y cuando entramos por la puerta, yo dije: “Observen ahora lo que hay en el cuarto”. Tan pronto como pasen por la puerta, habrá un fogón viejo allí. Hay un letrero arriba: “Dios bendiga nuestro hogar”. Allí estaba la enorme cama con cabecera de madera. La muchacha estaba acostada allí, de aspecto áspero como el de un muchacho, y sus manos encogidas con artritis, y su pie de esa manera. Y el papel de la pared era amarillo con figuras rojas.
102La Sra. Brace volvió a desmayarse. Se desplomó nuevamente cuando vio eso y se dio cuenta de lo que había sucedido.
103Ahora, y entonces pareció como que algo extraño sucedió. Pareció como si mi espíritu, o mi ser, o algo, se salió de mí. Y recuerdo que me acerqué y puse mis manos sobre el estómago de esa jovencita. Y dije: “ASI DICE EL SEÑOR, hermana, Ud. va sanar”. Y comencé a orar.
104Y cuando comencé a orar, escuché algo decir, una vocecita decir: “Alabado sea el Señor”. Y ésa era ella. Había estado llorando día y noche con esa aflicción. Y cuando me fijé, su mano se había normalizado, su pie estaba derecho, y cuando se levantó, la pierna de su pijama se alzó lo suficiente para mostrar su rodilla redonda. Y cuando la Sra. Brace vio eso, se fue al suelo nuevamente. Así que ella se desplomó en el suelo y dijo: “Madre, madre”.
105La muchacha salió caminando del cuarto y regresó vestida, peinándose el cabello con esa mano lisiada, y su pie lisiado. Y hoy ella vive en Salem, Indiana.
106¿Por casualidad la conoce Ud., hermana? ¿Cuál es su nombre? Laurel. De Salem, Indiana. ¿Conoce Ud. a la Sra. Nail? ¿Conoce a la muchacha y sabe del caso? Allí está un testigo.
107Ahora, digamos todos: “Alabado sea el Señor”. ¿Qué está haciendo Ud. por acá en esta región? Es un lugar excelente, ¿no es cierto? Realmente lo es. Eso está muy bien. De Salem, Indiana… Eso está como a treinta millas, treinta y tres millas de mi casa, creo yo, de Salem Indiana. Ahora, ¿Ven Uds.? Ahora, ése es solamente uno de los casos de cómo Dios obra para hacer estas cosas.
108Me pregunto si tengo tiempo para contarles de uno que está en mi mente rápidamente, por unos momentos. Me pregunto si pudiéramos hacerlo. ¿Dirían: “Amén”, si desean escucharlo? ¿Les aburre hablar de ellos? Si desean escucharlo digan: “Amén” [La congregación dice: “Amén”.--Ed.]
109Eso fue en Little Rock, Arkansas. ¿Cuántos conocen a G. H. Brown, un pastor de Little Rock, Arkansas, G. H. Brown? ¿Hay alguien aquí allá atrás? Muy bien. ¿Ud. lo conoce, verdad? Ahora, Uds. escríbanle a él pidiéndole este testimonio. Y ahora, este hombre, si Uds. desean escribir por este testimonio, primero véanse con aquella dama allá atrás, si lo desean. Y luego escríbanle a la Sra. Harold Nail en South Boston, Indiana. O escríbanle al otro, al Sr. John Emmel, Utica, Indiana, RFD 2. Y si desean escribirle a este hombre por este testimonio, ya les voy a decir, es: Reverendo G. H. Brown, Calle Hickory 505, Little Rock, Arkansas. Y trataré de darles éste lo más rápido posible, oraremos y luego comenzaremos la línea de oración.
110¿Cuántos están aquí hoy para que se ore por Uds.? Veamos. [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]… Tiene mucho que ver con la fe de la persona. Pero cuando Él me envía a algún lugar, amigo, a mí no me importa si la persona ha estado muerta allí en su tumba por cincuenta años; ellos saldrán de nuevo. Porque Dios ya lo ha dicho. Tiene que ser. Ahora, eso es tan cierto, amigos, como que estoy parado aquí. La Biblia dice: “En boca de dos o tres testigos, conste toda palabra”. ¿Es correcto eso? Ahora, pregunten Uds.
111Ahora, así es como se supone que debe estar obrando el don. ¿Ven? Ahora, quiero que se fijen en esto. No fue mi oración sincera la que trajo este don. Los dones no son traídos por oraciones sinceras. Los dones son preordenados por Dios. Ellos son ordenados y enviados.
112Aquí en el puente municipal. Hermana, sin duda que Ud. sabe dónde queda el puente municipal que cruza de Jeffersonville a Louisville, ¿no es así? Hace veintidós años, cuando yo era un muchachito, apenas un niñito como de cinco o seis años de edad, cuando el Ángel del Señor apareció en el arbusto... Ud. me ha escuchado contar eso, cuando yo estaba cargando agua, ¿no es cierto?
113Bueno, como dos semanas después de eso, yo estaba jugando canicas con mi hermanito. Y pensé que me había enfermado, me vino una sensación muy extraña. Y fui y me senté al lado de un árbol. Y miré hacia el río, y había un puente enorme que cruzaba el río. Y conté dieciséis hombres que cayeron de ése puente y se ahogaron. Y fui y le dije a mi madre. Y le dije que yo lo había visto. Y ellos pensaron que yo estaba loco o algo así. Pensaron que yo era un niño un poquito nervioso e histérico. Y veintidós años después de eso, en el mismo terreno, se construyó el puente municipal, y dieciséis hombres perdieron sus vidas en él. ¿Ven? No fue nada que... Fue Dios que lo envió. Sus oraciones lo trajeron. ¿Ven?
114Y pudiera estar sentado aquí mismo en este edificio, el hombre que dice que hay un profeta divino que vendrá. Él pudiera levantarse y reclamar cosas. Generalmente hay mucho fanatismo que sigue estas cosas. Tengan cuidado con eso. Yo les estoy advirtiendo antes que venga. Pero Dios testificará de Su don. ¿Es correcto eso? Él testificará de eso.
115Ahora, noten. Y acérquese bien a esto. Uds. me han escuchado contarles de la sanidad de aquella mujer, de aquella endemoniada el otro día, que estaba sobre su espalda en Little Rock, Arkansas. Uds. se acuerdan que yo les conté acerca de eso. Acabo de recibir una llamada telefónica, el Hermano Brown vendrá a buscarme. Y recibí una llamada telefónica desde Memphis, Tennessee.
116¿Hay alguien aquí de Memphis, Tennessee? ¿De cerca de Tennessee? Hay muchos. Veo algunos carros de Tennessee aquí afuera. Así que pensé... Muy bien, esto fue en Memphis, y es a su administrador de correos a quien le sucedió. Y… Cualquiera, ¿cómo se llama aquél lugar en Arkansas, hermanos, donde eso sucedió? Eso es. A donde la hija de Paul Morgan... Walnut Ridge, Arkansas. ¿Hay alguien aquí de Walnut Ridge? ¿Cuántos conocen a Paul Morgan, de Walnut Ridge, Arkansas?, levanten las manos. Muy bien, entonces Ud. sabrá del caso. Eso está bien. Walnut Ridge, Arkansas...
117Bueno, yo estaba en Corning, Arkansas, en el servicio, cuando se presentó el caso de Walnut Ridge. Ellos estaban colocados en la... Uds. saben cómo son ellos en Arkansas. Allá el clima no los detiene a ellos; ellos los traen de todas maneras. Y los colocaban allí en las calles, y alrededor de la iglesia, y de la casa pastoral. Y en aquellos días yo estaba ocupado de día y de noche. Eso es lo que me pasa ahora. ¿Ven? Estoy quebrantado.
118Al principio yo estaba... Ellos no tenían horario fijo para terminar, esas iglesias me mantenían ministrando toda la noche. Y entonces había un teléfono que se mantenía sonando y sonando. ¿Y conoce Ud. a la Sra. Nelly Riggs ahí en Little Rock? O... ¿No en Little Rock sino en Corning? Bueno, ella era la que contestaba el teléfono. Ella dijo: “Bueno, no podemos despertarlo, señor”. Dijo: “Acabamos de acostarlo”. Y el hombre siguió insistiendo. Así que yo dije: “Déjenme hablar con él”. Ella dijo: “Es Paul Morgan”.
119¿Qué era él, hermano? ¿Qué es él allá en Arkansas? El cobrador de impuestos de ese condado. No creo que lo era entonces, ¿verdad? Secretario, el secretario de la cámara municipal o del condado.
120Así que fui al teléfono. Él dijo: “Yo soy el secretario del condado aquí en Walnut, Ridge”, lo cual está como a setenta y cinco millas más abajo de donde yo estaba. Y dijo: “Señor, he escuchado de las grandes obras de Dios”. Dijo: “Deseo que venga y haga un milagro con mi hija”.
121Yo le dije: “Señor, Morgan”, dije: “bueno, yo no puedo hacer ningún milagro”. Dije: “Dios es el Sanador”.
122Él dijo: “Bueno, yo he escuchado...” Dijo: “Mire Señor”. Dijo “Mi hijita se está muriendo”. Y dijo: “Ella está en una condición muy seria, y no esperamos que viva sino dos o tres horas más”. Y dijo: “Yo amo a mi hijita”. Dijo: “Ella es mi única hija. Y tiene como doce años de edad”. Y dijo: “Yo desearía que Ud. viniera”.
123Yo le dije: “Señor Morgan, me gustaría ir. Pero fíjese en esto, señor”. Dije: “Aquí hay gente que está de pie en la entrada con niñitos. Y ellos están empapados de estar parados aquí toda la noche en la lluvia”. Dije: “Ellos ni siquiera pudieron acercarse al lugar”.
124Y él dijo: “Yo sé eso señor”. Dijo: “Y lo aprecio”. Pero dijo: “Ud. también es padre, ¿verdad?” Yo dije: “Sí, señor”.
125Dijo: “Sólo piense. Esas madres, sus bebés no se están muriendo”. Dijo: “Ellos tal vez tengan cosas diferentes”. Pero dijo: “Mi niña tiene pulmonía. Y el mejor especialista que he podido conseguir dice que ella no va a vivir sino como tres horas más”.
126Yo dije: “Bueno, señor. Yo no pudiera llegar allí ni en tres horas”.
127Él dijo: “Pero Hermano Branham” Dijo: “No piense que estoy tratando de usar mi autoridad para presionarlo”. Y el señor Morgan es un hombre muy fino. Él nos siguió por un buen tiempo, ¿no es así Hermano Kidson? Por todos los servicios. Él dijo: “Si Ud. solamente viniera”. Dijo: “Ud. no sabe lo que...” Dijo: “Señor, los bebés de ellos, si han estado de pie toda la noche”. Dijo: “Tal vez ellos puedan esperar un poquito más. Pero mi niña no”. Él dijo: “Yo acabo de perder una hijita hace como doce años. Mi primera hijita murió”. Dijo: “Eso fue mucho antes de que vinieran estas cosas de sanidad”.
128Y yo sabía cómo se sentía él con esa pobrecita muriéndose. [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Dijo: “Bueno, Hermano Branham, Ud. no puede ir para allá”. Dijo: “Pues”, dijo: “Ud. está casi muerto”.
129Yo dije: “Bueno, déjeme recostarme en la parte trasera de su… [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Carro Plymouth”. Y manejó por esa carretera a la velocidad de setenta millas por hora, a través de Arkansas. Y yo iba orando por el camino. Y el Ángel del Señor se sentó un ratito conmigo en el carro. Él dijo: “Dile esto a él: ‘ASÍ DICE EL SEÑOR, las aguas están corriendo claras adelante’, esa es Mi Palabra para él”. Cuando Él se fue, yo estaba tan despierto como lo estoy ahora. Y comencé a gritar y alabar al Señor, y el Hermano Johnson dijo: “¿Qué sucede?”
130Yo dije: “El Ángel del Señor estaba sentado aquí”.
131Él dijo: “Oh, Hermano Branham...” Si algunos de Uds. conocen al Hermano Johnson, saben que él es un hombre muy fino. Él pisó los frenos y comenzó a llorar. Yo dije: “Siga adelante. Siga recto hacia adelante”.
132Y cuando llegamos allí, bueno, la gente de Arkansas se aman mutuamente. Y ellos aman a Paul Morgan. Y había gente reunida por todas partes alrededor de esa clínica, esperando las últimas palabras. Ellos se habían quedado allí toda la noche esperando las últimas palabras acerca de la niñita. Todos ellos la amaban. Pero Uds. no saben cómo se sentía aquello. Salí de allí y comencé a pasar, empujando entre la multitud. Y aquí estaban los doctores parados en la puerta. Ellos no dejaban entrar a más nadie, sólo a los que pudieran llegar a las escaleras. Y ellos estaban esperando; todos los amaban. Él dijo: “¿Es Ud. el reverendo Branham?” Yo dije: “Sí, señor”. Él dijo: “El señor Morgan lo está esperando”. Dijo: “¿Lo acompaño al cuarto?” Yo dije: “Sí, señor”. Dije: “¿Vive aún la niña?” Y él dijo: “Sí”. Y yo dije: “Allí…” Y luego en la... Conocimos al médico residente. Él dijo: “Éste es el reverendo Branham”, dijo: “El señor Morgan lo está esperando”. Así que... Bueno, el médico residente regresó conmigo, y dijo: “¿Lo dejamos solo Hermano Branham?” Yo dije: “Prefiero. Me gustaría ver primero al padre y a la madre”. Dijo: “Bueno, hay dos enfermeras en el cuarto, y le están poniendo oxígeno”.
133Ellos no pudieron colocarla en una cámara, tuvieron que ponérselo con una máscara de goma. Ahora, si hubiese un doctor aquí, yo nunca había visto eso antes. Se lo pusieron allí, y le metían el oxígeno a la fuerza al bebé. Y ella respiraba un par de veces, y hacía... [El Hermano Branham lo ilustra—Ed.] Luego le volvían a colocar eso y hacía… Luego bajaba otra vez y la enfermera agarraba eso y lo empujaba, hacía… Agarraba eso así y esa es la manera en que ellos la estaban manteniendo viva.
134Cuando comencé a tocar la puerta, oh, hermano, sentí Algo parase cerca. El Hermano Johnson estaba parado allí, y dije: “No entre, Hermano Johnson, déjeme entrar solo”.
135Llegué a la puerta, y una de las enfermeras la abrió. Ella dijo: “¿Qué desea?” Yo dije: “Soy el Hermano Branham. Deseo ver...” Dijo: “Pase”. Yo entré. El señor Morgan dijo: “¿Es Ud. el Hermano Branham?” Yo dije: “Sí”. Y él vino y puso sus brazos alrededor de mí. Uds. saben cómo es él, un hombre muy grande y muy fino. Él dijo: “Hermano Branham”, dijo: “Yo trato de vivir correctamente, de hacer lo que es correcto. No sé por qué Dios se está llevando a mi bebé”. Yo dije: “No se agite, Hermano Morgan, siéntese”. Me acerqué a la enfermera, y ella dijo: “Tendremos que mantenerle puesto este oxígeno”. Yo dije: “No hay problema. Quiero que lo hagan”.
136La muchachita estaba acostada, un poco inclinada así. Puse mis manos sobre ella y dije: “Ahora, padre (al padre)”, dije: “¿Ud. y la madre prometen servirle a Dios y testificar a donde quiera que vayan acerca de esto?” “Lo haremos”.
137Yo dije: “No teman, tengo una palabra para Uds., porque es de parte del Señor, después de que ore por su niña”. Poniendo mis manos sobre la niña, invoqué sobre ella el Nombre de Jesucristo. Y cuando lo hice, ellos ya no tuvieron que ponerle el oxígeno en la nariz. Me volteé y dije: “ASÍ DICE EL SEÑOR, Sr. Morgan”. Dije: “Muchos especialistas han declarado que su niña va morir, pero ASÍ DICE EL SEÑOR, ella vivirá”. Yo dije: “Se recuperará. Y esta es la palabra para Uds. Acuérdense de esto los días de su vida. ‘Las aguas corren claras adelante’”.
138Ud. no tiene el testimonio ahí, ¿verdad? No. Y fue firmado por un notario. Entonces yo salí fuera del edificio. Y al tercer día, la niña regresó a la escuela, estaba sana, bien. ¿Ven?
139Ahora, luego en Little Rock, mandaron a buscarme para que fuera a… ¿Cómo se llamaba aquél hombre? Era el administrador de correos allá en… Quien sea, me supongo que Uds. los de Memphis saben de quién estoy hablando. Él es un hombre alto. Pero de todas formas, cuando termine con la descripción aquí, Uds. sabrán. Y el hombre que estaba con él se llamaba Kenny. Me acuerdo de eso, el señor Kenny. Y ellos mandaron a buscarme para que fuera a orar por este hombre, decían que se estaba muriendo. Bueno, me preparé para irme en el primer vuelo. Y en vez de ir… Estaba preparándome y poniéndome el traje. Y escuché algo como un viento soplando en el cuarto, empezó hacer: Fuiu, fuiu, fuiu. [El Hermano Branham lo ilustra— Ed.] Yo pensé: “¡Vaya, el viento sí que está fuerte hoy! Y estaba poniéndome la camisa, Uds. saben, el abrigo y demás. Estaba cantando. Y el Hermano Brown iba hacer los arreglos para que yo fuera allá, dijeron que el hombre se estaba muriendo.
140Y aquél hombre que fue donde el doctor General Patton… ¿Todos Uds. se acuerdan de él? Ellos lo habían traído ahí en avión para ver a este hombre. Todo decía que él se estaba muriendo, un caso de pulmonía también. Dijo: “Él se está muriendo. No puede sanar”, tenía asma, pulmonía asmática. Así que comencé a ponerme el abrigo, y estaba pensando que el Hermano Brown estaría allí en cualquier momento. Y ellos no podían conseguir un… Y el señor Kenny había venido en un carro muy veloz. Él era alguna clase de oficial allí, Uds. saben, y tenía una luz roja y una sirena en su carro. Y él se vino, había salido muy temprano de manera que pudiera recogerme, para no perder el avión.
141Y miré hacia allá, y había como un remolino dando vueltas en el cuarto. Y me arrodillé a orar. Y cuando lo hice, el Ángel del Señor habló y dijo: “No vayas para allá. Su hora ha llegado”. Muy bien. Me levanté y volví a quitarme el abrigo. En unos cuantos momentos ellos llegaron a la puerta. Y el Hermano Kenny entró corriendo y dijo: “¿Es Ud. el Hermano Branham?”
142Yo dije: “Sí”. Y el Hermano Brown estaba con él. Ahora, todos Uds. conocen al Hermano Brown, o si alguno de Uds. quisieran escribirle para pedirle este testimonio. Él puso su brazo alrededor de mí y dijo: “Oh, yo había tenido fe para saber”. Dijo: “Él es un amigo personal de Paul Morgan”. Dijo: “Él sabía de su hija”. Y dijo: “Por supuesto, ahora él está inconsciente”. Pero dijo: “Él es un buen amigo mío”. Y dijo: “Ud. sabe…”
143Yo le dije: “Pero señor, Ud. probablemente encuentre muerto a su amigo cuando regrese. Porque ASÍ DICE EL SEÑOR, él va a morir”.
144Bueno, Uno casi… Bueno, uno casi… “Bueno, el Espíritu Santo me ha advertido que no vaya. Él me habló aquí en el cuarto hace unos momentos”.
145Él dijo: “Pero Hermano Branham”, dijo: “ellos… Su esposa dijo… Ellos salieron de una iglesia grande, Ud. sabe, y entraron a su iglesia”. Y dijo: “Si Ud. tan sólo…Si Ud.”, dijo: “eso significaría mucho para ella”. Yo dije: “Pero no puedo evitarlo, señor. No puedo ir en contra de la voluntad de Dios. No puedo ir”. Él dijo: “¿Quiere Ud. decir que mi amigo va a morir?” Yo dije: “Él posiblemente esté muerto cuando Ud. regrese”. Dije: “De todas maneras, ¿a qué hora regresará Ud.?” Él dijo: “Yo regresaré como a las ocho de esta noche”.
146Yo dije: “Llámeme en la mañana. Estaré orando”. Dije: “Estoy interesado en él. Y avíseme cuando fallezca. Yo dije: “Llámeme en la mañana, e infórmeme de su condición, y cuando haya fallecido, si él hubiese fallecido cuando Ud. llegue allá. Y no se tome la molestia de llamarme esta noche, porque estaré en el servicio. Y no me llame porque no sé, tal vez no haya regresado del servicio sino hasta las dos o tres de la mañana”. Bueno, él estaba tan… Él comenzó a llorar y dijo: “Mi pobre amigo, mi pobre amigo”. Y se fue llorando de esa manera.
147Bueno, me fui al servicio esa noche, y ésa fue la misma noche que el endemoniado fue sanado. ¿Ven? Regresé como a las dos de la mañana y me acosté. Y a la mañana siguiente, me desperté en el cuarto… Ahora, quiero que escuchen esto con mucha atención, para que puedan obtener la historia del Hermano Brown. Cuando desperté en el cuarto, yo simplemente… de esa manera. Y pensé: “¡Vaya, ya es de día!”. Y miré, y había una dama sentada al lado de la cama. Bueno, la puerta de mi cuarto estaba cerrada con llave. Ella tenía puesto un traje marrón, un traje marrón claro. Tenía el cabello como mezclado con gris. Tenía una blusa blanca, o como lo llamen las mujeres. Creo que se llama chaleco de traje, ¿no es así?, cuando tiene el vestido y el chaleco aquí arriba del mismo color, Uds. saben, la misma cosa. Así que ella estaba sentada allí. Y ella se veía muy triste, así de lado.
148Y me levanté y pensé: “Bueno, ¿cómo entró aquí ésta mujer? La puerta está cerrada, y aquí está la llave. Y allí está sentada esa mujer”. Y empecé a levantarme para decirle: “Señora…” Y cuando lo hice, miré aquí atrás, y ahí estaba un hombre sentado. Y él era un hombre alto, usaba un traje claro, tenía cabello gris, y tenía puesta una corbata roja. Y él se veía muy triste, así. Y ella lo miró, y él como que se sonrió. Y ellos se miraron el uno al otro.
149Y pensé: “Bueno, ¿qué es esto?” Y me levanté… Tan natural, amigos, (Dios es mi juez), como si yo estuviera aquí mirándolos a Uds., así. Y dije: “Bueno, ¿qué es esto?” Y levanté la mirada, y estaba yo parado en la plataforma de una iglesia, en alguna parte. Bueno, yo… Bueno… Me mordí el dedo para ver si es que estaba dormido, o si algo estaba mal conmigo. Y me di cuenta que esto era una visión. Y la miré, y en ese momento se fue desvaneciendo. Y vi que ellos se reían el uno del otro. Y ellos inclinaban sus rostros hacia mí, así, y se sonreían el uno al otro e inclinaban sus cabezas así. Y en un momento se desvanecieron del cuarto.
150Bueno, me levanté y oré. Dije: “Dios, yo no los conozco a ellos, ¿qué significa eso? Tal vez sea alguien que vendrá hoy con esa descripción”. A veces veo gente entrar al servicio de esa manera. Dije: “Ahora, cuando los vea…” Uds. me han oído muchas veces ir y decir: ASÍ DICE EL SEÑOR, póngase de pie”. ¿Ven? Por cuanto ya Dios ha hablado eso. Eso tiene que suceder. Y pensé: “Bueno, alguien vendrá así”.
151Y pensé: “Bueno, leeré mi Biblia”. Esta misma Biblia. Dije: “Señor, ¿dónde quieres que lea en Tu Biblia en esta mañana?” A mí me encanta leer la Palabra del Señor. Yo tomé mi mano así, la puse sobre la Biblia y la abrí. Y se abrió en donde Isaías fue enviado a decirle a Ezequías que su hora había llegado. Ezequías volteó su rostro contra la pared y oró al Señor. Y el Señor oyó su voz y regresó y le habló a Isaías y le dijo: “Ve y dile que le he dado quince años más”. ¿Se acuerdan de eso? “Bueno”, dije: “¿no es eso algo extraño?” Bueno, yo dije que esa Escritura parece… Ya me había olvidado de aquel caso allí. Dije: “¡Qué extraño!, ¿verdad?”.
152Y casi en ese momento, el teléfono sonó. Yo dije: “Bueno, ése es el Hermano Brown que viene a buscarme para llevarme”. Uds. saben cómo… Habían dos o tres con él. Pensé: “Ése es él que viene a llevarme a desayunar”. Y levanté el auricular, y dije: “¿Aló?” Él dijo: “Aló. ¿Hermano Branham?” Yo dije: “Sí, señor. ¿Cómo está Ud. Hermano Brown?” Él dijo: “No soy el Hermano Brown, soy el Hermano Kenny de Memphis”.
153Dije: “Oh”. Pensé que nadie sabía en qué habitación me estaba hospedando. (¿Ven Uds.?) Sino sólo el Hermano Brown. Y supe que el Hermano Kenny también sabía. Dije: “¿Sí?”. Dije: “Bueno, ¿qué clase de noticias tiene?”
154Y en ese momento vino a mi mente lo que fue la visión. Y él dijo: “Bueno, Hermano Branham, hemos estado despiertos toda la noche. Pensamos que él iba a partir”. Dijo: “Ellos están aquí ahora”. Dijo: “Están esperando el último minuto en cualquier momento”. Dijo: “Hermano Branham, pienso que pudiera llevar a mi esposa a su próxima reunión, cuando Ud. vaya a Jonesboro, el primero del año”. Dijo: “¿Llevarla allí y colocarla en el servicio?”
155Dije: “Pudiera ser, señor”. Pero dije: “¿Está Ud. diciendo que…?” Él dijo: “Sí”. Dijo: “Él se está muriéndose”. Yo dije: “¿Está su esposa ahí?” Dijo: “Sí”. Yo dije: “¿Ha usado su esposa un traje como marrón que tiene una blusa blanca, y es una mujer como de cabello canoso?” Dijo: “Seguro”. Yo dije: “¿Alguna vez ha usado él un traje de color claro? ¿Tiene él cabello canoso, y usa una corbata roja?” Él dijo: “Así es como él viste todo el tiempo. ¿Por qué? ¿Lo conoce Ud.?” Yo dije: “Sí, señor. Dígale a su esposa que venga al teléfono”. Él dijo: “Bueno, Hermano Branham, le dije que ellos están esperando que él se vaya en cualquier momento”. Yo dije: “Bueno, dígale que venga al teléfono”. Dijo…Bueno, dijo: “Yo ya le dije a ella que Ud. dijo que él iba a morir”. Yo dije: “Pero quiero que ella venga al teléfono”. Ella vino al teléfono, y yo dije: “¿Aló?” Y le pregunté si era ella. Dijo: “Sí”. Y yo dije: “Bueno, soy el Hermano Branham”. Dijo: “Sí”. Dijo: “Ya escuché, Hermano Branham”. Yo dije: “Pero mire, hermana, ¿Está Ud. lista ahora? Ella dijo: “¿Qué quiere decir Ud.?” Yo dije: “ASÍ DICE EL SEÑOR, su esposo vivirá”. Dije: “¿Cree Ud. eso?” Y no escuché respuesta. Dije: “¿Cree Ud. eso?” Y no escuchaba ninguna respuesta.
156Y escuché que alguien se alborotó ahí porque ella se había desmayado. Y se había caído al suelo. Así que entonces el Hermano Kenny agarró el teléfono: “¿Qué es lo que sucede, Hermano Branham? Esta mujer se desmayó”. Yo dije: “Yo le dije a ella, ASÍ DICE EL SEÑOR, su esposo va a vivir”. Él dijo: “¿Cómo?” Yo dije: “Sí, él va a vivir”. Dije: “Yo lo describí a él, lo vi en la visión hace unos momentos. Ella va vivir… o él va a vivir”. Él dijo: “Oh, ¿Puedo ir a buscarlo a Ud.?” Yo dije: “Sólo tomaré el próximo avión. Estaré allí”.
157[Espacio en blanco en la cinta—Ed.]… Fui a ese hospi… [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]… doctores estaban allí. Entré. Y aquí venía su hermana por el pasillo y dijo: “Esto es el colmo… Un predicador santo rodador por aquí, y mi hermano muriéndose allí adentro. Pienso que es una desgracia”.
158¡Oh, hermano! Eso no podía… Nada podía detenerlo. El diablo no podía enviar suficientes diablillos del infierno para detener eso. No hay nada. Está absolutamente ahí. Eso es todo. Ya se había sido dicho: ASÍ DICE EL SEÑOR. Ahí está. Oh, Uds. no saben cómo me sentí al entrar allí. Caminé por el pasillo, y ahí venía saliendo una enfermera, Uds. saben. Y yo dije: “¿Hay alguien allí adentro, señora?” Y ella dijo: “Sí, hay dos doctores”.
159Yo dije: “Díganles que salgan”. ¡Oh, hermano! Uds. no saben cómo me sentía. Sólo estaban ellos dos en el cuarto. Caminé allí…
160Amigos, Uds.… Yo sé que Uds. piensan... Algunos de Uds. me juzgarán como un fanático, pero Dios es mi Juez, en Cuya presencia estoy. Entré al cuarto así, y esos doctores salieron, con esa mirada sarcástica, Uds. saben. Entré, y pobre hermanita, ella estaba a punto de desmayarse. Y yo dije: “No se preocupe”.
161Yo no tenía mi abrigo, y tomé prestado el del Hermano Brown. Y yo tenía esta Biblia metida en el bolsillo. Y el abrigo me quedaba demasiado grande; me lo llevé solamente para hacer… Se miraba muy mal. El clima estaba frío. Así que puse el abrigo ahí en la silla y le dije a ella: “Ahora, vaya y agarre la Biblia y ábrala en cierta Escritura”, en donde yo la había visto en Isaías. Y ella comenzó a leerla.
162Yo lo miré, y ése color de aspecto lodoso en sus ojos, Uds. saben, de donde esa agua salía de sus ojos. Su boca estaba hacia atrás, y sus oídos así de ésta manera. Él estaba acostado de esa manera allí bajo esa cámara de oxígeno, Uds. saben.
163Y metí la mano dentro de la cámara de oxígeno y le tomé de la mano. Había vibraciones. Y lo estremecí un poquito, y dije: “¿Ud. me escucha, señor?” Él dijo: “Ajá”. Tenía como dos días allí. Dije: “Ud. no duda ni una sólo palabra que yo diga, ¿verdad?
164Ella dijo: “No señor. En lo absoluto”. Ella es una mujercita muy fina. Yo lo tomé de la mano y dije: “Querido Dios, Tú Quien me hablaste esta mañana en una visión, yo sé que esta gente son… Jonesboro, Arkansas… o… Porque yo estaba parado en esa plataforma y éste es el hombre y la mujer”. Dije: “Ahora, permite que el Ángel del Señor hable”. Sentí que la vibración se fue. Yo seguí orando. Sentí que él agarró mi mano. Yo sabía que Dios estaba allí. Sentí que él agarró mi mano; sabía que ahí había vida. Al instante levanté la mirada, y empecé a ver que se le mojaban los labios. Ella estaba todavía llorando al pie de la cama. Y yo esperé un poquito y de repente vi que él miró así. Yo dije: “¿Me conoce?”
165Y ella se levantó rápidamente y miró. Ella lo vio levantar la cabeza, como en su mano, así, mirándome. Dije: “¿Me conoce?” Dijo: “Sí, es el Hermano Branham”.
166¡Vaya!, ella casi se metió en esa cámara de oxígeno y dijo: “Papá, papá, papá, papá”, de esa manera. Lo agarró así, y empezó a abrazarlo y demás. Yo me salí rápidamente del cuarto, mientras ellos estaban en eso, bajé rápido las escaleras, y regresé de nuevo al avión. Cuando comencé a ir hacia el avión, las Asambleas de Dios tenían suficiente gente allí, yo no sé dónde estaban ellos... Estaban pasando a través de la línea. Había una niñita con polio. Ellos tuvieron que cargarla para llevarla al piano. Y cuando me detuve en el avión aquí… El viaje después de éste, yo estaba sentado ahí en un restaurante, la niña vino y se sentó a mi lado y dijo: “¿Se acuerda de mí Hermano Branham?”. Yo pensé… Casi me desmayé sobre el piso por unos momentos. Y yo dije: “No, señora. No”. Ella dijo: “Ud. oró por mí. Yo tenía polio… Allá”. Y allí… [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]
167Y al segundo día después de eso, el hombre se había levantado de la cama, se afeitó y comió jamón y huevos en el desayuno. Se fue a casa y regresó a su trabajo. Él está viviendo allí ahora. ¿Por qué? Fue ASí DICE EL SEÑOR. ¿Ven lo que quiero decir?
168Ahora, pueblo de Phoenix, de esto se trata. Así es como Dios quiere que este don funcione perfectamente. ¿Lo entienden todos? Si es así, digan: “Amén”. [La congregación dice: “Amén”.--Ed.] Ahora, recuerden, escríbanle a ese hombre para que les de el testimonio. Reverendo G. H. Brown, Calle Victor 505, Little Rock, Arkansas. Y el otro es Harold Nail, en South Boston, Indiana. Y a John Emmel, en Utica, Indiana, RFD 2. Ahora, Para obtener estos testimonios. Caso tras caso…
169Ahora, cuando el Ángel del Señor habla de esa manera, no hay nada que pueda hacerle frente. Es absoluta… Entonces qué… ¿Mi fe? Bueno, yo sé que va a suceder. No hay necesidad de decir más nada al respecto; tiene que suceder. Si esa persona hubiera estado muerta y en la tumba por veinticinco años, y Él dijera: “Ve allí y habla”, yo creería que todo el cielo se saldría fuera de su órbita antes de que esa oración fuera rechazada de ser contestada. Dios lo hará. Ahora, eso es cuando es realmente ASÍ DICE EL SEÑOR.
170Ahora, cuando venimos a estos servicios, yo detecto vibraciones. A veces yo puedo ordenarle a las vibraciones, y Dios honra mi oración. Él echará eso fuera. Eso es verdad. Pero si hay algo entre Ud. y Dios, y Ud. no lo arregla… Si es que su fe es débil, y Ud. está esperando una línea lenta para que eso sea echado fuera… Si su fe no está bien, eso regresará a Ud. Simplemente se hará a un lado. Porque yo he orado por ellos. No les había dicho esto, pero he orado por ellos al pasar por la línea y los he sentado allí en alguna otra parte, y he regresado en quince minutos para examinarlos, y eso está de nuevo sobre ellos. ¿Ven?
171Su fe es la única cosa que podría hacerle algún bien a Ud., su creencia, su fe en Dios. ¿Ven lo que quiero decir? Sin fe es imposible. ¿Es cierto eso? Ahora, Ud. créalo de todo corazón cuando pase por aquí, que Ud. va a sanar, y Ud. sanará. Si Ud. no lo cree, no sanará, no importa lo que suceda. Ud. no será sanado, a menos que lo crea con todo su corazón.
172Ahora, miren. ¿Cuántos de Uds. dirían que yo tengo puesta una camisa blanca? ¿Cuántos de Uds. allá dicen que tengo puesta una camisa blanca? ¿Cómo saben Uds. que tengo una camisa blanca? Uds. la ven. Esa es la única manera en que Uds. lo saben. ¿Están seguros que es blanca? Bueno, ahora miren. La vista es un sentido del cuerpo. ¿Es cierto eso? La vista es uno de los sentidos. ¿Cuántos sentidos hay en el cuerpo? Vista, gusto, tacto, olfato y oído. ¿Cuántos sentidos hay en el espíritu? Dos: fe y duda.
173¿Son Uds. dos personas en una? Ud. es alma… Su alma, esa se la naturaleza del espíritu, por supuesto. Pero ahora, Ud. es cuerpo y espíritu. ¿Es correcto eso? Ud. es un cuerpo, carne, y es espíritu por dentro. ¿Es cierto eso? Muy bien. Si el hombre interior sale, el hombre exterior muere. ¿Es correcto eso? [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]
174Creo que tengo ese… ahora… Muy bien. Ahora, miren aquí. Yo creo que hay un hombre parado delante de mí ahora, y él tiene puesto un abrigo oscuro. ¿Cuántos piensan que estoy correcto? [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Tiene una camisa blanca. ¿Creen Uds. que estoy correcto? Muy bien.
175Ahora, piensen que yo sé que él está parado ahí. Yo lo veo a él. ¿Es correcto eso? ¿Hay alguna otra manera en el mundo en que yo pudiera decir que él está ahí, sino sólo porque yo lo veo a él? Esa es la única manera, ¿no es cierto?
176Ahora, miren aquí. Ahora yo no veo a ese hombre, ¿verdad? Pero él todavía está parado ahí. ¿Cómo sé yo que él está ahí? Yo lo toco. Ése es el sentido del tacto. Cualquiera que tenga el sentido del tacto sabría la misma cosa. Ahora, quizás él me discuta que yo no lo veo. Pero sin embargo yo lo toco. Yo no lo toco, pero lo veo. ¿Ven los sentidos? Ellos son directos, ¿no es cierto? Ellos son perfectos, lo que Ud. llama perfecto.
177Pero, ¿pudiera yo estar equivocado en eso? Seguro que sí. Yo pudiera ser daltoniano. Ese abrigo… Ud. pudiera ser daltoniano. Sí, señor. Ud. pudiera ser… Pudiera ser completamente diferente. Puede ser que él no tenga una camisa blanca. Ud. no… Pero Ud. juraría por eso. ¿Lo toco yo? Yo diría que él está ahí, porque lo toco. ¿Ven? Pero yo pudiera estar equivocado con eso. Pero aún así, yo lo sé, creo con todo mi corazón que él está parado ahí, porque el sentido del tacto me dice que él está ahí.
178Ahora, quiero que noten. (Acérquese al piano). Yo tengo otro sentido. Quiero que se fijen en esto. Si… (Una nota aquí y allá). [Un hermano toca notas en un piano—Ed.] Yo oigo música. Hay música en la sala. (Siga tocándolas, hermano, toque las notas aquí y allá, ahí en cualquier parte). ¿Cuántos oyen eso? ¿Cuántos saben que eso…? ¿La veo yo?, ¿La toco?, ¿La pruebo…? [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] ¿La huelo…? [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] ¿Cómo sé yo que eso está sonando allí? Yo la oigo. Es el sentido del oído. ¿Ven?
179Ahora, yo sé que alguien diría: “Ud. no oye eso”. Sí, yo lo oigo. Tóquelo de nuevo, hermano. Yo sé que sí, ¿no es cierto? ¿Por qué? Ud. lo oye, Ud. no lo ve, pero lo oye. Ud. no puede ver la música, ¿verdad? Ud. no puede probar la música, palpar la música, ¿verdad? Pero, ¿cómo sabe Ud. que es música? Ud. la oye. Eso es correcto.
180Bueno, hermano, la fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que Ud. no ve, prueba, toca, huele, u oye. Pero Ud. lo sabe. Es una fe.
181Oh, Dios bendiga sus corazones. Ojalá yo pudiera hacer que Uds. lo entendieran. Miren aquí amigos, es positivo. ¿Es blanca esa camisa? Bueno, entonces la sanidad es correcta, si Uds. creen. [Espacio en blanco en la cinta— Ed.]
182La sustancia, no lo que Ud.… La mayoría de la gente sólo espera, y dice: “Oh, yo creo que sanaré”. Novecientos noventa y nueve de cada mil que pasan por aquí no conocen el primer principio de la fe. Eso es cierto. Ellos tienen esperanza en vez de fe. Fe es positiva.
183Oh, yo… Cuando Ud. puede saber que va a ser. Si Ud. sabe que va a ser sanado en esta tarde… Si su sentido de fe… Aquí está, cáptenlo: si su sentido de fe le declara que éste es un don que viene de Dios, y que Ud. va a ser sanado; así como su vista declara que ésa es una camisa blanca, Ud. de seguro la obtendrá cuando pase por aquí. ¿Ven lo que quiero decir?
184Ahora, si Ud. puede confiar en la parte humana, ¿por qué no confiar en la parte sobre humana? Si Ud. puede confiar en el cuerpo, ¿por qué no confiar en el espíritu? Porque el espíritu es superior al cuerpo. Amén. Allí lo tienen. ¿Ven lo que quiero decir? Es fe, la sustancia de las cosas que se esperan.
185Miren. No es esto de… No es esto de: “Yo lo creo, yo lo pienso”. Ud. lo sabe. Es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que Ud. no ve, prueba, toca, huele u oye. Si Ud. lo cree, está allí de todas maneras.
186Algunas personas se van y dicen: “Bueno, no me siento nada mejor. Se oró por mí la semana pasada”. ¡Já! Y probablemente nunca se sienta mejor. Eso es correcto. Ud. tiene que creerlo. No si… Jesús nunca dijo: “¿Lo sentiste?” Él dijo: “¿Lo creíste?” Créalo. Y tenga fe para saber. Entonces, cuando esta revelación del Ángel venga, no hay suficientes demonios del infierno que puedan impedir que acontezca.
187Ahora, no vaya por ahí diciendo: “Bueno, me he sentido mal por dos o tres semanas, y se oró por mí, pero no me siento mejor”. No le haga caso a eso. Si Ud. cree que verdaderamente éste es un don de Dios, levántese y no importa cómo se sienta, vaya regocijándose y alabando a Dios. Se ha ido. Eso es todo. Ud. lo sabe.
188Cuando yo fui sanado del problema estomacal, pues, yo recuerdo que me agarraba el estómago al andar por ahí. Y cuando se oró por mí, yo no tenía a nadie con el don de sanidad para que orara por mí. El anciano me ungió con aceite. Él me dijo… Yo lo leí en la Biblia. Yo vi que la Palabra de Dios era correcta. Y yo sé que él tenía derecho. A pesar de que él era un predicador Bautista, él vino ungido: “Así dice la Biblia”. Él derramó un poco de aceite sobre mi cabeza y dijo: “Ahora, ¿crees que sanarás?”
189Yo dije: “…Dios, te lo pido con todo mi corazón. Déjame sanar”. Me fui directo a casa y comencé a comer. Y había estado bebiendo agua de cebada y jugo de ciruela por tres o cuatro meses. El doctor dijo: “Un bocado de comida sólida te mataría ahora mismo”. ¿Saben Uds. lo que hice? Me fui directo a casa y cenamos pan de maíz, frijoles, y cebollas.
190Yo no sé si Uds. la comen así o no. ¡Oye, qué sabroso! Yo pudiera comerme un poco ahora mismo. Mi mamá lo horneaba con un pan grande de harina de maíz de esa manera. Y yo siempre agarraba la esquina donde queda bien grasoso, Uds. saben, y quebradizo.
191Así que todavía tenemos suficientes Bautistas en casa para partir el pan. Uds. saben, nosotros no lo cortamos. Jesús partió el pan y lo bendijo. Así que nosotros lo horneábamos… Y agarrábamos y partíamos un pedazo. Así que yo…
192Mi mamá decía… Nosotros nunca habíamos tenido una oración en casa. Y papá era Católico… Así que yo dije: “Ahora, voy a tratar de pedir una bendición”. Y nunca olvidaré cómo lloró mi pobre y viejo padre. Y mamá dijo: “No me importa que tú tengas una religión, querido, pero tú… El doctor dijo que te mataría”.
193Yo dije: “Pero Dios dijo que yo viviría”. [Espacio en blanco en la cinta— Ed.] “…Y si muero, yo vendré a Tu casa. Y cuando te encuentre en la puerta, yo morí confiando en Tu Palabra”. Yo dije: “He probado con los doctores lo suficiente, y ellos no han podido ayudarme en nada”.
194Y agarré ese enorme bocado de frijoles y una cebolla, y un trozo grande de ese pan de maíz, y comencé a comerlo. Y lo mastiqué. Sabía muy bueno, un poquito raro, pero… Yo no había comido algo sólido por más de un año. Y cuando me tragué el primer bocado, se me regresó hasta aquí. Entonces me puse la mano en la boca para que no subiera. Agarré otro bocado, hasta que me comí el plato entero. Cuando me levanté de la mesa, tuve que ponerme la mano en la boca. Estaba tan ácido a más no poder.
195Mi madre llamó al doctor. Dijo: “Él morirá. Eso es todo. Un bocado lo matará. Eso es todo…
196Y aquí estaba yo, yéndome por el piso, Uds. saben. Ella dijo: “¿Cómo te sientes?” Yo dije: “Maravilloso, bien”. Ella dijo: “Estás a punto de morir”. Yo dije: “No, mamá”. Y tragué lo más rápido que pude. Se me venía agua caliente a la boca, Uds. saben, me fui al otro lado, y vi que todos se habían ido. Me metí al cuarto, empecé a rodar por el piso, diciendo: Yo puedo, yo lo haré, yo creo. Yo puedo, yo lo haré, yo lo creo. Yo puedo, yo lo haré, yo creo, Que Jesús me sana ahora. Te tomaré en Tu Palabra. Te tomaré en Tu Palabra. De esa manera, Uds. saben. Y así sucesivamente, creyendo eso con todo mi…
197Y me debilité tanto que casi me caí en la cama, así, y pensé: “Oh, misericordia, misericordia”. Y me levanté al día siguiente y caminé por la calle, Uds. saben. ¡Oh, a mí no me importaba! Mi madre entró, ella me vigiló toda la noche, y pensaba que seguramente moriría, Uds. saben. A la mañana siguiente, todos esos frijoles estaban allí en el mismo lugar. Dijo: “¿Qué quieres?
198Dije: “Quiero más frijoles y pan de maíz”. Sí… Oh, el diablo no me iba a engañar. No, no. Dios lo dijo”. Y cada promesa en el Libro es mía, Cada capítulo, cada versículo, cada línea. (¿Es correcto eso?) Yo estoy confiando en Su Palabra divina, Porque cada promesa en el Libro es mía.
199Eso es correcto. Yo prefiero que Él dijera: “Todo aquel que quiera”, que decir: “William Branham. Pudiera haber cien William Branhams. Pero cada: “Todo aquel que quiera”, yo sé que eso significa que es mío. Eso es correcto. Yo dije: “Te creo”. Sí, señor. Y seguí por la calle… Decían: “¿Cómo se siente Hermano Branham?”
200Y yo decía: “Maravilloso.” Yo iba por la calle haciendo… Con la boca llena de frijoles, me los volvía a tragar. No, no. Yo no iba a vomitarlos. No, señor. Me los volvía a tragar. El Señor los bendijo. Ellos eran míos. Seguí… Andaba por ahí, y si alguien me decía: “Hola, Hermano Branham” Yo decía: “Hola”. “¿Cómo se siente?” “Maravilloso”.
201No hace mucho alguien me dijo: “Hermano Branham, Ud. estaba mintiendo”. No. No.
202Ellos me preguntaban cómo se sentía mi cuerpo; yo respondía cómo estaba mi fe. Estaba maravillosa. Sí, señor. Sí, señor. Mi fe estaba sintiéndose maravillosa, porque yo tomé a Dios en Su Palabra. A mí no me importaba cómo me sentía. Si todavía estuviera eructando, aún así diría que estoy sano. Amén. Eso es correcto. Seguro, porque la Palabra de Dios es correcta. ¿Lo creen Uds.? Entonces cantémoslo. Cada promesa en el Libro es mía, Cada capítulo, cada versículo, cada línea. Estoy confiando en Su corazón divino, Cada promesa en el libro es mía. Todos los enfermos, por los que se va a orar ahora, cántenlo conmigo. Cada promesa en… (Levanten la mano) es mía, Cada capítulo, cada versículo, cada línea. Estoy confiando en Su Palabra divina, Cada promesa en el Libro es mía. ¿Qué tenemos que hacer? Sólo creed, sólo creed, (Eso es todo lo que Uds. tienen que hacer). Todo es posible, sólo creed.
203No soy un director de cantos muy bueno, pero yo sé en mi corazón que uno tiene que creerlo. ¿Es correcto eso? Muy bien. Ahora, hermano, dénos una nota para que lo agarremos. Muy bien. Todos una vez más. Sólo creed, sólo creed, Todo es posible… La Biblia así lo dijo, ¿no es cierto? ¿No lo dijo Dios así? ¿No les prometió Él el don a Uds.? Ellos están aquí. Otros están siendo sanados, ¿no puede Ud.? ¿Ud.? ¿Ud.? ¿No puede Ud.? … sólo creed, Todo es posible, (Alabado sea Dios. Sí, lo es.) Sólo creed. Creo Señor, creo Señor (¿Cree Ud.?), Creo Señor, Todo es posible, creo Señor, Creo señor, creo Señor, Pues todo es posible, creo Señor. Escuchen, si yo no… [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]…en el Juicio, yo aun así diré que cada promesa es verdad. Es correcta. ¿Lo creen Uds.? Muy bien. Inclinemos nuestros rostros ahora, toque esa melodía, hermano, por favor. Inclinemos nuestros rostros mientras ellos se preparan para la oración.
204Nuestro Padre Celestial, te agradecemos en este día por cada promesa en el Libro. Te damos gracias porque Tú has traído al Espíritu Santo, para la gente que lo posee, y en quienes mora. Y te rogamos, Dios, que Tú los recibas, a cada uno, que sean salvos y estén en Tu Reino en aquel día, porque ellos han sido amables en abrir sus puertas para dejarnos entrar. Bendice a cada uno Señor. Bendice a los doctores de esta ciudad. Bendice a todas las enfermeras, a las instituciones.
205Dios, haz que la gente sepa que yo estoy aquí tratando de ayudar a la pobre y sufrida humanidad. Yo no estoy aquí por otra causa, sino para tratar de ayudar a estas personas enfermas y moribundas de ojos hundidos. Y oh Dios, ¿cómo pudiera alguien decir algo malo en contra de algo como esto, cuando estoy tratando de presentarles a un Cristo amoroso, Quien sana todas las enfermedades y dolencias?
206Bendice a Tus ministros, Señor. Que ellos sean carbones de fuego ungidos. Y que comience aquí en Phoenix un avivamiento chapado a la antigua, y que vaya de iglesia en iglesia, de lugar en lugar, hasta que este sea un lugar en donde toda la nación diga: “Vengan a Phoenix, Arizona, porque el Espíritu Santo está siendo derramado nuevamente allí, y grandes señales y maravillas están siendo hechas entre la gente”. Oh Dios, Tú sabes cuánto amo a esta pequeña ciudad. Y te ruego que la guardes, Señor. Concédelo, Señor, y envía un avivamiento chapado a la antigua.
207Sana a todos, Padre. Y que Tu Ángel, de quien he tratado de aclararle a la gente, que yo solamente puedo hablar a medida que Él habla. Mi oración es únicamente a favor de la fe de la gente. Pero oh Dios, que ellos puedan tener fe para creer en esta tarde, mientras ellos pasan en fila a través de esta línea. Hay varios centenares de personas. Y mientras ellos pasan, que puedan ser sanados, y nosotros Te daremos toda la alabanza y la gloria a Ti, porque lo pedimos en Su Nombre y para Su gloria. Amén.
208Ahora, como canto de despedida, mientras ellos terminan la línea de oración, dénos la nota allí, hermano, de “Él Cuida De Ti”. ¿Puede hacerlo? “Él Cuida De Ti”. Ud. sabe.
209Esto es lo que yo quiero cantarles, y Uds. cántenmelo a mí ahora, todos. ¿Cuántos lo saben? “Él Cuida De ti”, veamos sus manos. (Muy bien, diríjanos ahora. Muy bien.) Él cuida de ti, Él cuida de ti; En sol o sombra, Él cuida de ti. Ahora cantémoslo todos juntos. Vamos. Él cuida de ti, Él cuida de ti; En sol o sombra, Él cuida de ti.
210Escuchen. Dejemos que este pasillo de en medio se lo cante a los demás. Cántelo conmigo, sólo los de este pasillo de en medio por aquí. ¡Vamos pues! Él cuida de ti, (Ellos les están cantando a todos Uds.) Él cuida de ti; En sol o sombra, Él cuida de ti.
211Todos los enfermos que puedan ponerse de pie, todos los enfermos, pónganse de pie, los que van a estar en la línea de oración. Ahora, Uds. aquí que están bien, Ud. y yo cantémosle a los enfermos que van a estar en la línea de oración. Él… (Señálelos a ellos con el dedo). Él cuida de ti; En sol o sombra, Él cuida de ti. (Ahora pónganse todos de pie) Él…
212Ahora, dense la vuelta y saluden de mano a su vecino. Todos canten “Él cuida de ti”. Salude de mano a alguien al lado suyo. Él cuida de… (Eso es correcto. Dense la vuelta con un buen apretón de manos). Él cuida de ti. (Cantémoslo otra vez). Él cuida de ti, Él cuida de ti; En sol o sombra, Él cuida de ti.
213Digamos todos “Amén”. Vamos. No le hará daño. Ahora digan: “Alabado sea el Señor”. Vamos… Alabado sea el Señor. Ahora, escuchémonos todos diciendo juntos: “Yo amo a mi vecino”. [La congregación dice: “Yo amo a mi vecino”. —Ed.] “Desde este momento en adelante, yo trataré de ser el siervo de Cristo”. De hoy en adelante, trataré de ser el siervo de Cristo. Él cuida de… (Oh, hermano, entren en eso). Él cuida de ti; En sol o sombra, Él cuida de ti.
214(Más despacio, hermano). Ahora, inclinemos nuestros rostros. El gobernador de su estado está en una condición seria, y mandó a decirme que ore por él ahora. Inclinen sus… [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Oh Padre, cooperando con nosotros tan amablemente. Este hombre está en un lugar alto, en los lugares altos, en una alta posición, teniendo dominio sobre la gente… Dios, libra la vida de nuestro gobernador aquí, de Arizona. Dios, nosotros le amamos y sabemos que Tú le has puesto aquí para ser un supervisor de la gente, y de las cosas de la nación aquí en este estado. Y te ruego que envíes Tu Ángel a él ahora mismo, y hazle saber que nosotros estamos orando por él en este momento. Y Dios, contesta nuestra oración, y que él se recupere inmediatamente. Que él esté bien, y te ame todos los días de su vida. Concédelo, Padre. Pido que la vida del gobernador sea librada en el Nombre de Jesucristo, el Hijo del Dios vivo. Amén. Ahora, todos tomen asiento. Gracias. [Un Hermano da instrucciones a la gente en la línea de oración y a los ujieres—Ed.]